
ASI FUE EN EL PRINCIPIO, HASTA LLEGAR A NUESTRA HISTORIA
Hace 65 millones de años. Cretácico
Superior. El último día de los dinosaurios
Había varios grupos de elasmosaurus cerca de la costa Este de lo que será en un futuro la Australia en el extremo sur de Pangea. El cielo estaba plagado de pteranodones, había algunos mosasaurios atacando a unos cuantos elasmosaurus, mientras un liopleurodon se acercaba bajo las aguas, a donde se encontraban reunidas las crías recién nacidas de elasmosaurus. Al llegar hasta ellas capturó a una por su largo cuello, arrastrándola hacia aguas más profundas, por donde pasó
cerca de un joven arrecife de coral en formación, y asustando a su vez a un gran banco de peces que sin ninguna duda eran alevines distrayéndolos y enviando a algunos de ellos a ser capturados por otros depredadores de los arrecifes.
Mientras tanto, un asteroide de doce kilómetros es seguido de cerca por otros meteoroides más pequeños, los cuales llevaban cayendo en distintos puntos del planeta durante las últimas dos semanas, aunque este, el grande, el que provocara la extinción de los dinosaurios, está a punto de entrar en la atmósfera terrestre. A su vez, las madres de elasmosaurus, siguen con la mirada al liopleurodon con la cría ya muerta, atrapada por el cuello con sus formidables fauces para luego volver a su tarea de comer pescado. Están acostumbradas a la perdida de alguna cría por
los demás depredadores del océano, pero mientras la mayoría se salven, no había ningún problema. Entonces todos movieron sus cabezas hacia el cielo donde una gran bola de fuego, que no era otro que el meteoro que por la fricción de la roca contra la mesosfera ardía intentando esta que frenara y destruirlo, inútilmente, pues el meteoro cruzaba el cielo en un ángulo de 55º y caía en picado hacia lo que se conoce actualmente como la península del Yucatán, donde impactó el meteorito doce segundos después con una fuerza comparable a la de diez mil millones de bombas nucleares con una capacidad cien veces superior a la que fue lanzada sobre Hiroshima, generando una explosión con una potencia de cien millones de megatones, creando todo tipo de efectos geológicos destructivos para la


vida, como un terremoto de magnitud superior a 11, generando Tsunamis que se expandieron por miles de kilómetros incluso por encima de los continentes.
Hubo incendios forestales que se extendieron por todos los continentes a grandes distancias en un primer momento, y climáticos debido a la gran cantidad de polvo lanzado a la atmósfera que bloqueó la luz solar en unos días y durante un siglo después, dando lugar a la extinción casi total de la mayoría de las especies animales y vegetales del planeta.
46 millones de años después, Océano Índico
Desplazándose por la zona de luz solar, un grupo de más de doscientos ejemplares de elasmosaurus, liopleurodones, macroplatas y mosasaurios con crías de cada
grupo, surcan el océano Índico en dirección a África. Es la ruta migratoria de estos últimos ejemplares supervivientes de la era de los dinosaurios en la que primero pasaron por el mar de Arafura dejando debajo la costa norte de Australia, siguieron por el norte de la cuenca australiana septentrional y tomaron la fosa de Java, dejando atrás la isla de Navidad, y siguieron camino hacia las Maldivas, y fue allí donde se encontraron con un grupo de megalodones que los empezó a perseguir. Después de entablar combate y salir victoriosos frente a los megalodones, giraron hacia las Seychelles tomando la llanura de Mascarene, pasando cerca de Mauricio y Reunion, dirigiéndose hacia la llanura de Madagascar. Por último, antes de entrar en el Atlántico, atravesaron la Cuenca del Cabo. Toda esta migración
la hacen siguiendo el recorrido de las corrientes de aguas cálidas.
Tiempo después y encontrándose ya en el océano Atlántico, suben entonces por la cuenca de Angola hasta llegar a la cuenca de Sierra Leona, desde donde partieron hasta las islas Canarias, donde se pararon para descansar y reponer energía con la fauna de la zona. D ías después se desplazaron a las Azores, no para alimentarse ni para descansar, sino para aclimatarse al agua fría, pues ya llegaban a su refugio de anidación de la estación invernal.
Cuando esto ocurrió, es decir, cuando se aclimataron, subieron por la llanura de Porcupine, hasta situarse al sur del mar de Noruega, para luego entrar por la zona norte del mar del Norte hasta el Lago Ness, donde anidarían duran -
te la estación fría para luego dirigirse otra vez en la estación más cálida, hacia el sur por la llanura de Sohm en las Bermudas, bajando por el mar de los Sargazos hasta la llanura de Demerara.
Siempre siguiendo la línea de costa llegan hasta la llanura Argentina y las islas Malvinas, donde por el pasaje de Drake cerca de la Antártida, entran al océano
Pacifico hasta Tahití, luego siguen rectos hasta el archipiélago de las islas de Hawái, donde hacen un alto en el camino para reproducirse y alimentarse al final de la primavera.
Allí permanecerán un par de meses para luego dirigirse hacia Australia, donde en el mar del Coral nacerán sus crías en la estación veraniega, permaneciendo allí hasta haber dejado atrás la más inmediata infancia y se acerque a una edad más adulta.
Para ello, estos animales han acelerado su proceso de crecimiento como una ventaja evolutiva, para alimentarse lo hacen en distintos puntos del planeta y aumenta al llevar consigo un mayor número de crías jóvenes. Cuando estas crías han crecido lo suficiente retoman la ruta que los lleva al lago Ness. Algunas veces no todas coinciden con las migraciones de los grandes cetáceos, aunque normalmente las migraciones de estos seres de leyendas son contrarias a la de los mamíferos.
Pero retomando el camino inicial donde los encontramos en el norte del océano Índico, al encontrarse con esos megalodones se mantienen juntos, pues la manada de siete ejemplares de otodus megalodón se dirige hacia ellos por detrás, siendo solo uno de ellos un ejemplar adulto. Lleva siguiéndolos un trecho de
cuarenta millas náuticas. En esto que un par de liopleurodones y tres mosasasurios se quedan rezagados del grupo para enfrentarse a la manada de megalodones. Los atacan desde distintos ángulos, los tres mosasaurios atacan a las crías de megalodón, las cuales solo llegan a los nueve metros; y mientras los mosasaurios arrancan las aletas caudales de los más jóvenes y se produce la expulsión de sangre en el agua, el adulto entra en un frenesí asesino y ataca sin piedad a uno de los liopleurodones matándolo, pero mientras se alimenta de él, el otro liopleurodon le arranca su aleta caudal, por lo que el megalodón adulto ya no puede maniobrar en el agua y se hunde hasta el fondo muriendo por ahogamiento. El único megalodón superviviente mide siete metros, y loco por la sangre vertida al agua
se lanza hacia su primera presa que es el liopleurodon muerto. En ese momento los tres mosasaurios atacan al megalodón superviviente descuartizándolo, lo que da lugar a la muerte del megalodón. No lo devoran, sino que dejan que se hundan hasta el fondo del Índico, al igual que el liopleurodon muerto. Luego se unen nuevamente a su grupo en dirección a su destino, un lago al norte de su posición que es donde crían.
Año 1938 de nuestra era, costa norte de Alemania
Durante una gran tormenta en el mar Báltico, un grupo de crías de meyerasaurus se despista y acaba varado en las playas que bordean esa parte del mundo, más concretamente, en la playa de War-
nemünde, que es bastante ancha y larga y que se encuentra situada en la cercana región de Rostock, de la costa norte de Alemania, donde acaban muriendo debido a numerosas heridas en sus cuerpos de seis metros de largo.
A la mañana siguiente, un grupo chavales en busca de ámbar se encuentran con los ocho cuerpos de Nessie, inmediatamente llaman a las autoridades alemanas, que tras examinar los cuerpos dictaminaron que eran de especies animales las cuales se creían extintas. Comprendieron que la leyenda del monstruo del lago Ness era cierta, por lo que llamaron por radio al ejército para que trajesen varios camiones y grúas, donde metieron los cuerpos y los llevaron a la funeraria del zoológico de Rostock, en Barnstorfer Ring 1, situado a unos tre-
ce kilómetros de distancia. Pero debido a tan delicada y pesada carga tardaron más de una hora en llegar. Cuando lo lograron les realizaron las necropsias a los cuerpos, en las que vieron características propias de su especie, por lo que dictaminaron que eran de raza pura
Este descubrimiento aumentó el ego de Hitler, que ya de por sí estaba muy impresionado por los ejemplares encontrados. Fue tanta su buena impresión que mando a Himmler a una misión secreta, la captura de un ejemplar vivo de Nessie.
Los protectores no pudieron ocuparse de rescatar los ocho cuerpos, pero nada estaba decidido …

