Cuentos artesanos y encadenados M.B. Gloria Pérez Sánchez
EL PINO PRESUMIDO
Entre todos los pinos que poblaban la Sierra de Pi-
nos Verdes, había uno que llamaba la atención. Además de su descomunal altura, tenía una característica inusual en este tipo de árboles. Estaba engalanado de unas preciosas y llamativas flores color naranja con forma acampanada. Este rasgo diferenciaba al pino del resto de masa verde que poblaba la sierra, tanto, que los lugareños elegían siempre para sus excursiones domingueras, la sombra de este árbol tan peculiar que pronto fue bautizado con el nombre de «El Pino presumido».
—¿Dónde vas este domingo? —comentaba un vecino. —¡A comer al Pino Presumido! —le contestaba el otro. El árbol adquirió tanta fama que los excursionistas venían desde los pueblos más lejanos para comprobar este extraño fenómeno. —¡Qué maravilla! —balbuceaban los visitantes asombrados—. ¿Por qué brotan flores de este pino y no del resto? Presumido, sabiendo la expectación que causaba, se esforzaba porque todas las flores que lo adornaban estuvieran bien visibles, y cuando había un poco de brisa, sus hojas se movían y dejaban al descubierto los llamativos colores de las hermosas campanillas escondidas entre su ramaje. Verdaderamente era un raro espectáculo. Pero había una explicación que el pino guardaba celosamente en secreto para no perder la atención de sus múltiples visitantes. A corta distancia de la parte trasera de Presumido, entre la maleza, crecía una enredadera trepadora que había escogido a este árbol; al ser el más alto de la sierra; para desarrollarse en todo su esplendor y a la vez que el esbelto pino crecía, la enredadera se extendía por todas sus ramas creando un jardín aéreo espectacular. Pasó el tiempo y la planta trepadora envejeció, dejando de florecer y conformándose con abastecer de clorofila todas sus hojas y ramas e inevitablemente, el
color naranja desapareció de Pino Presumido, confundiéndose los tallos y hojas verdes de la enredadera, con las ramas de igual color del gran pino. Al extinguirse el raro fenómeno Pino Presumido pasó a ser «Pino a Secas», un árbol más de la Sierra de Pinos Verdes, cayendo así en el olvido. La historia debería contar que se sumió en una tristeza profunda, pero no fue así... Tras unos días de decepción, reaccionó y decidió buscar nuevas ilusiones para mantenerse ocupado. —¡Me voy a dedicar a la observación de la zona, y contaré a mis compañeros del pinar cuanto acontezca por los alrededores! Y se puso manos a la obra. Con sus largas ramas, observaba todos los pueblecitos que rodeaban el bosque. Podía ver las casas blancas con tejados rojizos que, en su parte delantera, lucían unos preciosos jardines de flores de colores y también divisaba, desde su fabulosa altura, los perritos y gatitos que permanecían sentados en las aceras, dándose un baño de sol cuando el tiempo lo permitía. Por las tardes, mantenía largas conversaciones con los demás pinos, explicándoles todo lo que había visto y oído durante el día. Les contaba en qué consistían los juegos preferidos de los niños que jugaban al atardecer en la plaza del pue-
blo, y también las cancioncillas que cantaban de camino al colegio. Una de ellas decía así: «Somos los niños de Sierra Pinos Verdes. Aquí todos crecemos sanos y fuertes. Los días de Fiesta, jugamos en el pinar, hasta que nuestros padres, nos llaman para cenar». En primavera Pino a Secas invitaba a los pájaros que venían cansados, volando desde países lejanos, a pasar una temporada en sus fuertes ramas, donde anidaban, descansaban y tenían a sus polluelos. En verano durante el día, disfrutaba dándose baños de sol y escuchando las conversaciones y las risas de las familias que se bañaban en el río cercano. Por la noche observaba extasiado el cielo poblado de innumerables y brillantes estrellas. Cuando llegaba el invierno, era feliz empapándose de agua de lluvia y estrenando cada año un nuevo abrigo blanco de nieve. Si esta cuajaba, se divertía asistiendo a las guerrillas de bolas de nieve en las que grandes y pequeños, lanzaban enormes proyectiles blancos, utilizando los abetos como escudo para interceptar los posibles bolazos. Una noche, en el transcurso de una feroz tormenta, un enorme rayo cayó en una de las mejores ramas de Pino a Secas, partiéndola y precipitándola violentamente hacia el oscuro suelo.
Poco a poco, los negros nubarrones se fueron disipando y la tormenta cesó, aunque dejando grandes destrozos a su paso en Sierra de Pinos Verdes. Y esta vez, nuestro protagonista tampoco perdió la alegría. Pensó: «La herida que me ha dejado la rama rota, pronto sanará, y en la próxima primavera brotará otra en el mismo lugar que, con el tiempo, se hará larga y fuerte». Ahora debía decidir qué hacer con la rama que se había desprendido de su tronco y pensó nuevamente: «¡¡Ya lo tengo! Quiero que mi rama siga siendo útil, aunque ya no forme parte de mi tronco». Pero miró al suelo y vio que su rama estaba enterrada debajo de miles de hojas, arrastradas por el temporal de la noche anterior. Entonces, empezó a agitar fuertemente sus enormes ramas y creó una corriente de aire que rápidamente limpió el lugar, dejando completamente al descubierto su rama para que pudiera ser fácilmente vista por algún lugareño que rondara la zona. No había pasado mucho tiempo cuando aparecieron por allí un padre y su hijo, que iban recogiendo leña para almacenarla y alimentar el fuego cuando llegaran los fríos del invierno. Sabían que después de la tormenta habría muchas ramas caídas en el suelo del pinar. El padre, observando la rama de Pino a Secas, le dijo a su hijo:
—¡Esta rama es gruesa y fuerte! ¡Sería una pena quemarla en la chimenea. La llevaré a la carpintería y la utilizaré para fabricar utensilios de cocina. —¡Sí, papá! —dijo el hijo mientras examinaba con detenimiento la rama que tenía en sus manos. —Creo que de aquí saldrían por lo menos diez cucharas y ocho tenedores de muy buena calidad.
POSTCUENTO Según el cuento, Pino a Secas describía a sus compañeros del pinar, los juegos con los que los niños se divertían al aire libre. Uno de ellos se llamaba LAS CUATRO ESQUINAS o LOS CUATRO ARBOLES, dependiendo de que el juego se desarrolle en un portal o en el campo. Hay que elegir, si es en el campo, cuatro árboles que formen un cuadrado. Se necesitan cinco personas; cuatro de ellas se sitúan cada una en un árbol, y la quinta, en el centro del cuadrado que forman los árboles. El quinto jugador, llamado Candelero, irá de árbol en árbol saludando con la frase «Hola, soy el Candelero. ¿Necesita candela?». Este jugador no podrá moverse hasta que no termine la frase.
Mientras tanto, los demás jugadores, colocados cada uno en un árbol, intentarán cruzarse por parejas, procurando no ser apresados por el Candelero. Si al terminar la frase el Candelero consigue atrapar a alguno de los restantes jugadores fuera de su sitio, el jugador apresado pasará a la posición del centro, asumiendo el papel de Candelero, y el que estaba en el centro, ocupará el árbol que queda libre. Y… ¡vuelta a empezar! Vamos a investigar un poco, ¿te parece? Hace algunos años, los niños pasaban mucho tiempo jugando en las calles y plazas. Seguro que vuestros padres y abuelos conocen muchos juegos. ¿Por qué no les preguntas? Incluso puedes anotar las reglas para poder practicarlos en el patio del colegio o en tu lugar de vacaciones de verano. ¿No crees?
PREGUNTAS •
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¿Sabes cuál es la forma de un pino? ¿Y de un abeto? ¿Son todos los pinos iguales? Y los árboles ¿son todos iguales? ¿Qué diferenciaba a Pino Presumido del resto de pinos de Sierra Pinos Verdes? ¿Y qué más?
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¿Crees que cuando algo va mal, hay que enfadarse mucho, o se puede hacer otra cosa? ¿En qué te pareces y en qué te diferencias de tu amiga o amigo? ¿Te gusta ser único?
Cuentos artesanos y encadenados traslada
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nuestra imaginación a los pueblecitos de la sorprendente «Sierra de Pinos Verdes». Lo hace a través de once relatos donde los jue-
gos, las canciones y la risa forman parte natural
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del día a día de los niños y las niñas que lo habitan.
Dentro de las páginas de este libro esperan multitud de personajes con desbordante imaginación, a los que les encantaría contarte su historia y compartir contigo curiosidades, trucos y manualidades. Un libro concebido desde la sencillez, el cariño, la calidez, la imperfección y la singularidad que resultan de todo lo artesano. Las historias que aquí se cuentan son de temática diversa, pero tienen un hilo conductor que las relaciona, quedando así encadenadas.
VALORES IMPLÍCI TOS: El objetivo general de cada cuento es meramente educativo. Pretende despertar y fomentar la creatividad y la flexibilidad mental desde edades tempranas, hacer crecer valores como la empatía y el compañerismo, y alentar el esfuerzo personal como herramienta para cumplir las metas. Los cuentos están diseñados para que los niños puedan crear su propia imagen mental sobre la historia y los personajes, ejercitando así su imaginación.
www.babidibulibros.com ISBN 978 84 19454 07 2
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