Después de la muerte de su abuelo, Carla intenta aprender a seguir con su vida, mientras tiene la sensación de que todo ha cambiado. Por situaciones vividas en la escuela, en su casa y en los silencios de familiares y compañeros de clase, aprende a nombrar la ausencia, a vivir en la nueva realidad y a recordar con cariño. A través de pequeños gestos cotidianos, descubre que el dolor no desaparece, pero se transforma.