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En la carretera con la abuela

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BRASIL Brasil es el país donde nació el papá de Ayan y la abuelita de este libro. Aunque hacen muchísimo años que lo dejaron, un pedacito de sus corazones permanece aún allí. Añoran la música, y su gente que continúa viviendo en Brasil; a veces, la comida y la naturaleza con el olor exuberante de la selva. ¡Sí! La selva tiene olor, ¿lo sabías? Las cascadas y las olas grandes del océano. A veces les viene un antojo de comer arroz y frijoles, pan de queso, y las frutas... ¡Mmm, las frutas…! ¡Uf! Podríamos hacer una lista enorme de frutas deliciosas, como los mangos, las piñas dulces dulces, los maracuyá, que también se conocen como «fruto de la pasión», y una con un nombre más complicado aún: la jaboticaba, que son unas bolitas negras y grandes como canicas, que nacen en el tronco en lugar de las ramas. Y sabéis que antes de que nazca el fruto hay una flor, ¿no? Pues la flor de maracuyá es muy pero que muy bonita. El pueblo brasileño es muy diverso, pues hay muchas mezclas de razas. Está la india original, a la que se suman la raza negra, oriental y europea.


ESPAÑA La abuela vino a vivir a España con su hijo Nico. Fue aquí donde Nico, el papa de Ayan, conoció a la que un día sería su mama, Sonia. España tiene una naturaleza diferente, pero también es preciosa, llena de olivos, pinos, almendros, cerezos… Tiene el mar Mediterráneo, en el que no hay muchas olas (tu papá añora un poco las olas del Atlántico), pero posee un precioso color turmalina y es muy transparente, casi cristalino. En el norte de España está el mar Cantábrico. Allí sí que hay olas grandes y el agua está muy fría. Existen bosques con venados y hay nieve en las montañas para ir de trineo. El pan con tomate y aceite son deliciosos, y también los melocotones, las cerezas y unas naranjas «sangre» con las que se hace un zumo rojo. La gente también es linda. Tu mamá nació en España y allí viven tus otros abuelos, tus tíos y tu primito Mael. Y como el corazón de las personas es grande y cabe mucho amor, podemos amar Brasil, amar España y también amar este mundo tan grande que esta abuelita está empezando a enseñarte…


CUBA Todo empezó un día que esta abuela estaba en La Habana, capital de un país llamado Cuba. Allí la música suena en cada esquina: al son de tambores, timbales, güiros. Y fue en esta isla que esta abuelita conoció al «Buena Vista Social Club», un grupo de música que llego a ser muy famoso por músicas como «Chan Chan» y «El Cuarto de Tula»; seguro que te gustarían.

Ella y Buena Vista empezaron a trabajar juntos, los acompañaba durante las giras por todo el mundo, haciendo conciertos y llevando la música de Cuba a todos los continentes. Fueron tantos años viajando juntos, de un lugar al otro, que se convirtieron en una pequeña familia.


Este país es muy colorido. Por las calles vemos coches antiguos preciosos, de todos los colores, algunos rosas, otros azules y otros morados y verdes. Todos brillan tanto y están tan bien cuidados que no parecen tener los setenta o más años. Los cubanos también usan otro tipo de transporte, el «coco taxi»… No, no, «¡caca taxi!» no, «coco taxi», porque es redondo como un coco. Paseando por las calles de adoquines (que palabra tan divertida, ¿no?) de La Habana, se encuentran muchas imágenes de Che Guevara, que para muchos, fue un héroe de Cuba. Continuamos nuestro viaje. Próxima escala, ¡Chile!


Durante las giras por el mundo, es muy común tener pequeñas aventuras y anécdotas. Un día, los músicos y la abuela viajaron hacia un pequeño pueblo de Chile, donde existen unos lagos azules. Son azules porque el agua viene de los trozos grandes de hielo derretidos de los glaciales. En estos lagos hay unos volcanes. Cuando hace frío, y allí hace mucho frío, se cubren de blanco con la nieve. Dentro de estos volcanes hay muchos gases, y, de vez en cuando —algunos, no todos—, entran en erupción. Como si alguien allá arriba, en el cielo, hubiera cogido una cerilla gigante, encendiese el volcán, y este empezara a escupir fuego, lava roja y naranja y mucha ceniza. Muy peligroso para las personas que viven cerca, pero sin duda, un espectáculo digno de ver.

Justo el día en el que íbam a coger el avión, un volcán entro en erupción y todos los vuelos fueron cancelados.

¿Por qué? Porque con tanta ceniza los pilotos no podrían ver el camino, y también porque estas partículas en el aire podrían entrar en el motor del avión, provocando una avería. Aquel día no viajaron. Se quedaron viendo las noticias para saber si el volcán se tranquilizaba y dejaba de escupir fuego. Y esto fue lo que pasó. Al día siguiente volaron a Frutillar, un pueblecito en el sur del país. Al aterrizar, el cielo aún estaba oscuro aunque fuera de día, pero como sobraban las cenizas de la erupción, el sol permanecía escondido.


CHILE

Fue allí donde la abuela conoció las llamas, un animal que se parece un poquito a las ovejas y un poquito a los camellos. Están cubiertas de lana que les calienta durante el invierno. Cuando termina el invierno, sus dueños les esquilan la lana, o sea, se la cortan, y así ellas están fresquitas, desnuditas para el verano que se acerca. Con esta lana se hacen ponchos, jerséis, calcetines para calentar a niños y adultos en el próximo invierno. Pero no os preocupéis, las llamas no pasarán frío el invierno siguiente, porque les crecerá la lana y todo empezará otra vez… Se acaba el invierno, les esquilan la lana, se tejen ponchos y jerséis para niños y adultos, y así año a año a año...


Arte y crea

ISBN 978-84-18499-63-0

9 788418

499630


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En la carretera con la abuela by BABIDI-BÚ - Issuu