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Chelísimo, la turbulenta vida de un violonchelo

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Britta Schlagheck

Ilustrado por Pilar Baena

CHELÍSIMO la turbulenta vida de un violonchelo Inclu y para e códigos lectu acompañ QR r a co n la m ar la úsica


Tengo voz y alma, muestro alegría y tristeza, y soy un buen compañero en todo momento. Estoy hecho de madera, pero no suelo ser de carácter duro, sino más bien suave. Soy un violonchelo.


Nací hace más de trescientos años en una ciudad pequeña llamada Cremona, al norte de Italia, de las manos de un hombre que se llamaba Giuseppe. Era lutier, tenía un taller donde fabricaba violines y violonchelos, cada uno único e inconfundible. Era un poco raro el hombre porque hablaba consigo mismo, y a veces se quedaba dormido con la cabeza apoyada en su mesa de trabajo. Pero sabía mucho y entregó su vida entera a su trabajo. Elegía meticulosamente la madera con la que fabricaba sus instrumentos y la tallaba con mucha precisión. Los violines y violonchelos que salíamos de su taller éramos de los más bonitos que jamás se habían visto. Bueno, por lo menos eso es lo que Giuseppe nos decía. Sabía que estaba a punto de salir de su taller cuando me puso mis primeras cuerdas y las pulsó suavemente una tras otra para escuchar por primera vez mi voz. Probó cómo sonaba, y por su sonrisa sabía que estaba satisfecho con su trabajo. Estaba listo para ser entregado a la que iba a ser mi primera dueña, la señorita Emilia. Me despedí de Giuseppe con un nudo en la garganta, pero con muchas ganas de empezar mi vida nueva. ¿Quieres escuchar la voz del chelo?


Emilia era una chica que amaba las flores, las mariposas, el olor a primavera, amaba bailar, pero sobre todo amaba la música. Vivía con su familia en un palacio decorado con muebles preciosos y con lienzos de retratos de miembros de su linaje. Había una estancia dedicada solamente a la música, el llamado «Salón de la Música». Emilia y yo pasamos largas horas juntos, todavía recuerdo cómo me acariciaba y cómo me decía qué hermoso era mi sonido.


Una vez a la semana venía el señor Moretti, el profesor de violonchelo de Emilia. El señor Moretti le enseñaba cómo hacerme sonar más bonito y claro. A veces era un lío porque le decía: «Pon el brazo más arriba, más hacia adelante, no, no tanto, un poco hacia atrás, no tan fuerte...». ¡Emilia era tan paciente!… Era muy dulce e intentaba hacerlo lo mejor posible. Muchas veces tocaban los dos juntos y ofrecían pequeños conciertos en nuestro Salón de la Música.

¿Quieres escuchar a Emilia tocando con el señor Moretti?


En uno de esos conciertos vi por primera vez a Antonio, un hombre alto y delgado, con ropa elegante y una mirada muy firme, sonreía poco y hablaba aún menos. No me preguntéis por qué, pero Emilia se enamoró de él, y él de ella, y así fue que al final se casaron. Nos mudamos a la casa de don Antonio, otro palacio muy parecido al de los padres de la joven. Emilia, con el paso del tiempo, ya no me tocaba tanto, tenía «otras obligaciones», como ella decía.


ISBN 978-84-17679-90-3

9

788417

679903


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