Jacobo Valcárcel Castro
Ilustrado por Onalú
Todos le llamaban «el niño inútil». No lo era. Era muy vago. Solo jugar, no estudiar. Un día salió con el balón de fútbol. Caía la tarde.
Anuja poseía poderes mágicos que muchos no tenían, pero ella nunca los compartía, y se sentía muy triste y sola porque sus amigos ya no le decían ni «hola», pues ellos muy cansados estaban, ya que ella nunca les ayudaba, y hasta las pociones les quitaba.
Pelotas de nieve como hojas en blanco. Soplaba el viento como un terrible huracán. Cuando el niño inútil estaba lejos de casa, el viento se las llevó. El niño inútil luchaba contra las bocanadas de aire. El niño gritó de desesperación. Había perdido todo.
Los muñecos de nieve fumaban en pipa y se le acercaban. Todos decían al unísono: ¡Queremos jugar contigo! El niño inútil tenía los ojos muy grandes y chillaba: «¡ «¡No No!!». El viento sopló, sopló y sopló. Era invierno. Llegó la lluvia.