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NelsónGarrido:La estéticadelofeo
Jurac Radah Davidson

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Comercon losojos
Marco Aguilar
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Lafotografía Gastronómica: cuestióndeintención comunicativa
José Ramón Briceño Diwan
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NelsónGarrido:La estéticadelofeo
Jurac Radah Davidson

Comercon losojos
Marco Aguilar
Lafotografía Gastronómica: cuestióndeintención comunicativa
José Ramón Briceño Diwan

Nelson Garrido ha desarrollado un lenguaje iconográfico único en su trabajo, en el que confluyen provocadoramente la religión, el sexo, el humor y la imaginería popular. Su obra, impregnada de violencia e irreverencia, se construye sobre una constante experimentación de medios y un profundo cuestionamiento de las normas y creencias aceptadas por la sociedad. Con su enfoque radical, ha desestabilizado convenciones visuales y morales, explorando territorios incómodos y desafiando al espectador
Su obra no solo busca transgredir visualmente, sino también generar una reflexión crítica. Con cada imagen reta los límites de lo aceptable; crea un diálogo entre lo explícito y lo implícito, lo simbólico y lo literal. Garrido no solo crea imágenes, construye un universo visual en el que cada elemento es un detonante para desestabilizar las estructuras basadas en dogmas y el orden preestablecido.
Sus series de naturalezas muertas no son las tradicionales composiciones de frutas y flores; en su lugar, presenta escenarios cargados de simbolismo, en el que lo cotidiano se mezcla con lo macabro, creando imágenes que resultan tan perturbadoras como cautivadoras. Estas naturalezas muertas evocan una estética barroca, marcada por el dramatismo y la opulencia en los detalles, pero magistralmente reinterpretada desde una perspectiva contemporánea.
Garrido retoma los excesos visuales del barroco la teatralidad, el juego de luces y sombras, la complejidad compositiva para transformarlos en escenarios de crítica social y existencial: lo sublime y lo extravagante coexisten de manera inquietante.
Lo que podría parecer un homenaje a la tradición artística se transforma, bajo su lente, en un espacio para la desobediencia: cuerpos fragmentados, animales en descomposición y objetos cotidianos, deliberadamente yuxtapuestos con despojos industriales,
evocan tanto la belleza como la decadencia. Estas obras son una reflexión sobre la corrupción, el poder y la fragilidad de la vida dentro del complejo contexto sociopolítico de Venezuela. La "estética de lo feo", como él la define, rompe con los cánones de armonía y simetría para exponer lo grotesco, mientras que el erotismo es reinterpretado desde una óptica sacrificial, en la que lo sensual y lo violento se entrelazan de manera indisoluble.
La puesta en escena fotográfica es el eje central de su obra. El espacio y los elementos alegóricos se organizan de manera meticulosa para generar una narrativa visual llena de símbolos y significados profundos. Aquí, la violencia no es solo un tema recurrente, sino un motor emocional que provoca reacciones viscerales en el espectador Cada composición parece diseñada para incomodar, obligando al observador a enfrentarse a la crudeza de la existencia y a las tensiones que atraviesan lo religioso, lo político y lo social. El contraste entre la belleza técnica de sus imágenes y su contenido brutal genera una tensión que desafía la mirada y nos obliga a enfrentar nuestras propias sombras. Garrido emplea el juego de luces y las sombras para acentuar esa ambigüedad, dotando a sus obras de carácter casi sacramental: la muerte y la descomposición adquieren un aura mística. La fragilidad de la vida y la brutalidad de la muerte se vuelven temas centrales, intensificados por un manejo magistral del claroscuro que subraya el drama visual y conceptual.

Su obra trasciende lo estético; sus naturalezas no son meras contemplaciones de la mortalidad, sono reflexiones profundas sobre el estado de




la humanidad, especialmente dentro de los contextos de crisis.
Garrido desafía las convenciones al presentar alimentos en estado de descomposición o deterioro, subvirtiendo así la noción tradicional de la comida como un elemento placentero y decorativo. Su obra invita a la reflexión sobre la relación que tenemos con la alimentación, cuestionando la estética y el valor asignado a lo que consumimos. A través de esta provocación, se plantea un diálogo sobre la fugacidad de la vida y la naturaleza efímera de la belleza.
Su capacidad para transformar lo supuestamente lúgubre en algo hermoso, y lo banal en algo filosófico, convierte sus imágenes en potentes manifestaciones visuales que nos invitan a reflexionar sobre la condición humana, tanto en su dimensión individual como colectiva.
Distinguido como el primer fotógrafo venezolano en recibir el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1991, Garrido se ha consolidado como una figura clave en el panorama del arte contemporáneo. Su aptitud para entrelazar lo sagrado con lo profano, lo bello con lo perturbador, le ha permitido construir un lenguaje visual profundamente crítico A través de su obra, invita al espectador a reflexionar sobre las contradicciones inherentes a la condición humana y los sistemas que nos rigen.
“Yo me dedico a hacer imágenes, no me gusta la palabra fotógrafo ni artista. Soy más bien un iconógrafo de una época que me tocó vivir, la cual expreso a través de imágenes mediante el oficio de la fotografía, usando elementos contemporáneos.”
Nelsón Garrido

La fotografía culinaria, de alimentos, de comida o gastronómica como me gusta llamarla, es un “boom” que crece día a día con las cámaras fotográficas en los teléfonos (ahora son cámaras con teléfono) y la aparición de aplicaciones para compartir esas imágenes.
Soy fotógrafo, soy cocinero, escribo sobre gastronomía y soy un Glotón Ilustrado Estas cuatro aristas, que a primera vista pareciera que se complementan y apalancan, pero a veces no es así. Si tengo la gorra de cocinero, me cuesta suicharme y ponerme la gorra de fotógrafo.
Casi nunca fotografío lo que cocino en casa, a menos que sea para trabajo, o lo que como en restaurantes o casas de amigos y mucho menos publicarlo en las redes sociales.
Disfruto fotografiando productores, agricultores, mercados, el producto en su esencia En Caracas, en pueblos y ciudades del interior de Venezuela o en otros países, recorrerlos, detenerse, ver y probar los productos locales, el “terroir”, vegetales, carnes, quesos, vinos, licores, etc., es un verdadero placer.
Luego el proceso de elaboración de un plato, la documentación del paso a paso, su cocción, su emplatado Me gusta fotografiarlo para otros chefs y que fotografíen mi trabajo de cocinero.
Luego el proceso de elaboración de un plato, la documentación del paso a paso, su cocción, su emplatado. Me gusta fotografiarlo para otros chefs y que fotografíen mi trabajo de cocinero.
He tenido buenas experiencias con la gorra de fotógrafo gastronómico, por ejemplo, en el año 2012 el libro Cocina Extraordinaria de la chef venezolana Helena Ibarra ganó el primer premio en su categoría en el Gourmand World Cookbook Awards.
A veces fotografío algún plato para los blogs que he tenido o para blogs o redes sociales de amigos
En definitiva, no me gusta el “comer con los ojos” de hoy en día Gente que tiene mal gusto para comer y ni hablar para fotografiar
Sigo creyendo en el buen producto, en la buena mesa, en los buenos comensales.
¡Salud!!!
Marco Aguilar
La fotografía gastronómica se centra en capturar la esencia visual de los alimentos, transmitir experiencias sensoriales y contar historias culinarias a través de la técnica fotográfica
Diferenciándose de la fotografía de alimentos, más orientada a la documentación visual directa, la gastronómica busca un enfoque artístico y narrativo que refleje el contexto cultural y la preparación del plato Desde sus inicios limitados en el siglo XIX, ha evolucionado con tecnologías avanzadas y ahora, en la era digital, se enfrenta a nuevos retos y oportunidades. A pesar de los cambios, la intención comunicativa sigue siendo crucial para destacar en este campo donde convergen arte y técnica.
Antes de entrar en profundidades debemos hacer un aparte para afinar conceptos, la Fotografía
Gastronómica debe estar centrada en generar un concepto, capturar la apariencia visual de los alimentos, transmitir una experiencia sensorial completa, contar historias a través de la comida, utilizando todo el acervo de técnica y oficio fotográfico para destacar la apariencia del plato, su contexto; ingredientes, preparación y cultura culinaria como parte de su propuesta visual. El ambiente natural de este género fotográfico son las publicaciones culinarias, libros de cocina, revistas especializadas y campañas de marketing gastronómico, donde la presentación del plato se considera una forma de arte en sí misma.
Los fotógrafos dedicados a la gastronomía por lo general colaboran estrechamente con chefs, en el caso especializado se hacen acompañar por estilistas de alimentos para lograr la composición perfecta que transmita la esencia del plato y despierte el apetito del espectador. Por todo el trabajo que conlleva hacer este tipo de fotografía se considera un género en sí misma.
En cambio, la fotografía de alimentos podría considerarse una suerte de hermana menor de la fotografía gastronómica, ya que se enfoca más en la documentación y la representación visual directa de los alimentos. Aunque no escapa a la búsqueda estética de los platos, su objetivo principal es mostrar los alimentos de manera clara y atractiva, a menudo con un enfoque más técnico y menos narrativo que la fotografía gastronómica, en estos tiempos de redes sociales y propaganda web se hace complicado para muchos ver la sutil diferencia entre uno y otro tipo de fotografía, mientras la fotografía gastronómica roza lo artístico, la de alimentos solo está obligada a intentar documentar exactamente los alimentos sin tener a mano una búsqueda estética muy complicada, dada la necesidad comunicativa podríamos decir que mientras la fotografía gastronómica busca transmitir un concepto completo que de una idea al espectador sobre todo lo que involucra tal o cual estilo de cocina, la de alimentos se restringen a espacios editoriales menos exquisitos.
La imagen y algo de historia
La necesidad humana de construir imágenes es, además de cumplir la función de ilustración, también constituye una forma bastante efectiva de ejercer la comunicación, desde las cuevas de Altamira hasta la Capilla Sixtina, el asunto comunicacional es la piedra angular que justifica la existencia de la imagen, de hecho, es una forma de comunicación que alcanza a todos los niveles, pues, se salta explicaciones de conceptos complicados para pasar directamente a la decodificación y traducción del símbolo dibujado / pintado sobre un soporte determinado. La fotografía nace con al menos dos mil años de teorías estéticas a cuestas, en el caso que nos ocupa (la fotografía gastronómica) hay un poco menos de historia, al menos en el caso de la teoría estética que determina el nivel de calidad esperado en cuanto a composición, encuadre y disposición de los elementos gastronómicos (comida y bebida), hablamos de los bodegones que se comenzaron a hacer populares en el siglo XVII y han tenido un largo viaje desde los Países Bajos hasta la globalización total del siglo XXI.
Aparece la fotografía
A mediados del siglo XIX se inventó la fotografía, inicialmente, la fotografía gastronómica se utilizaba para capturar recetas, técnicas de cocina y presentaciones culinarias en libros de cocina y publicaciones especializadas. Durante el siglo XIX y principios del XX, la limitación tecnológica de las cámaras y los procesos fotográficos restringía la calidad y la creatividad en la a, técnica y maña que fueron evolucionando junto con los procesos fotográficos.
Las dinámicas de los medios de comunicación hicieron también que lo que usualmente era solo para ilustrar recetas de cocina, fuesen evolucionando hacia la publicidad que bien podía ser sutil si la integraban a un reportaje sobre tal o cual restaurante, un Chef famoso o lo que comían los personajes célebres de la época o descarada haciendo énfasis en la presentación de los platos, sub dividiéndose en segmentos distintos que van desde lo popular hasta lo exquisito, siempre dependiendo del medio en el que fuese dispuesta esa imagen, hasta la entrada del siglo XXI cuando la fotografía digital y el internet entraron a saco para que en solo 20 años todo cambiase.
De lo analógico hasta lo digital
Comencé en el camino de la imagen en los años 90 a finales del año 1994 tuve mi primer empleo en un periódico, actividad que combinaba con ser asistente de iluminación de un fotógrafo de mi ciudad natal (Maracay, estado Aragua), fue una época bastante movida en el asunto, no solo tenía bastante trabajo, también aprendí un montón y descubrí (no sin cierta tristeza) que mucha de la fotografía de alimentos (y mucha de la gastronómica) estaba hecha con facsímiles, pues los procesos de iluminación y la dinámica analógica, que era bastante lenta si la comparamos con los procesos actuales no permitían a los fotógrafos tener un producto de calidad (fotografía) donde los alimentos estuviesen lo más apetitosos posible, eso iba desde las grandes cadenas de comida rápida donde absolutamente toda la referencia gráfica de sus platos estaba constituida por hamburguesas, vegetales y papas
fritas de goma, helados hechos con grasa vegetal pintada con tinte de repostería, hasta las cervezas heladas de las vallas publicitarias estaban pintadas con barniz y el hielo no era más que trozos de plástico que aparentaban hielo, lo que en un país tropical como este es indispensable para cualquier marca que quiera vender una bebida refrescante, hasta la publicidad de los grandes restaurantes que exigían una atención al detalle todavía más dedicado, al menos en aquellos años.
Por supuesto en todas las épocas había presupuestos de todos los tamaños, los pequeños se conformaban con fotografiar el plato tal cual sale de la cocina y los grandes orquestaron un equipo de producción gigante solo para hacer un par de fotografías, un trabajo editorial con todo el presupuesto posible fácil podía tardar meses solo en la fase de producción, sin pasar a la de postproducción, eran tiempos que ahora vemos como de limitaciones tecnológicas pero de muchísimo ingenio técnico. Ahora, en estos tiempos digitales, donde los equipos son más eficientes, pequeños y con un rendimiento mucho más rápido dadas las facilidades en el antaño largo proceso de postproducción, no solo es más barata de producir, también es mucho más eficiente si le sumamos ayudas como las IA generativas que con un plugin de Photoshop hacen milagros en cuestión de segundos los procesos han cambiado de modo vertiginoso.
La intención comunicativa
Todos los fotógrafos contemporáneos con los que he conversado, han lamentado profundamente que el oficio de la
imagen se está llenando con muchachos y muchachas que cobran la mitad, pero presentan lo que el cliente busca, las facilidades de la IA generativa sumadas a las otras tantas que otorgan los nuevos adminículos digitales que van desde cámaras (Mirrorless hasta móviles de media y alta gama) , cuyas características permiten a los fotógrafos instalar pequeños estudios a un lado del local y hacer las fotos para terminar luego el trabajo con su PC en casa sin mayor problema que conocer de cerca el concepto requerido por el cliente y que ha traído una disminución bastante fuerte con respecto a los honorarios que antaño cobraban por su trabajo.
Sin embargo, a modo personal creo que estamos ante una repetición de la Revolución Industrial, pero al estilo del siglo XXI donde cambiarán los modos de producción, pero los resultados serán los mismos según las necesidades de los clientes, las cualidades del producto fotográfico serán determinados por la inversión que a su vez alterará el resultado solo para los ojos del espectador especializado. Si los colegas actuales o futuros no se dedican con pasión y conocimiento a estudiar todo el proceso culinario que hay tras cualquier propuesta gastronómica, difícilmente podrían resaltar en el inmenso universo de ofertas y opciones donde convergen en eterna pugnacidad los dos géneros fotográficos hermanados al nacer y separados por el marketing, al final de todo lo que importa es la intención comunicativa.
Sin importar mucho la herramienta utilizada una fotografía gastronómica siempre será una imagen destinada a contener tantos elementos del concepto
como se puedan integrar, siempre en busca de no romper el delicado equilibrio visual que en el primer descuido puede matar la intención, solo con elegir demasiados elementos, por lo que el artista siempre prevalecerá por sobre el mago que sabe usar los recursos del internet para repetir (ad infinitum) las fórmulas mágicas propuestas por la tecnología
Como en todas partes siempre habrá fotógrafos Gourmet y fotógrafos de alimentos, es solo cuestión de intención comunicativa, recordemos que estéticamente llegamos más de siglo y medio tarde a la fotografía y si hablamos de pintura la brecha es casi de milenios, si de mi sabiduría dependiera les aconsejaría a los nuevos fotógrafos en principio conocer la diferencia entre la fotografía gastronómica y la de alimentos, el otro es hacer investigación exhaustiva sobre el tipo de cocina a la que dedicaran su trabajo, mientras más conozcas la cultura (o fusión de ellas) que hay tras una propuesta gastronómica , tanto mejor será su trabajo, la gastronomía seduce, lo otro es , a veces; gula pura y simple.
José Ramón Briceño Diwan
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