Introducción
La Desmovilización de los Movimientos de Mujeres: El Caso de Palestina Por Islah Jad* Introducción Han transcurrido ya ocho años desde el comienzo del segundo levantamiento palestino, o Intifada, en septiembre del 2000, y quince años desde la creación de la Autoridad Palestina (AP) tras la firma del Acuerdo de Oslo en 1993 entre el estado de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) con el fin de terminar con casi medio siglo de conflicto por los territorios palestinos. En el 2002, a dos años del segundo levantamiento, regresé a Palestina para hacer trabajos de campo con la actual ocupación israelí como telón de fondo. Originalmente mi investigación consistía en explorar las implicaciones del establecimiento de la AP para los movimientos de mujeres palestinas1 desde una perspectiva de género y en examinar los cambios ocurridos en la constitución de estos movimientos para adaptarse a la nueva era de “construcción del Estado”. Para mí la investigación representaba un nuevo desafío en el sentido de que buscaba explorar la incongruencia de un Estado nacido luego de muchos años de colonización, pero que no podía denominarse postcolonial dado que la colonización todavía se manifestaba flagrantemente en todos los aspectos de la vida palestina. Me intrigaba particularmente de qué manera este cuasi Estado manejaba temas relacionados con el control de sus recursos y la planificación del desarrollo y cómo todos esos elementos incidían en las relaciones de género y los movimientos de mujeres. También me interesaba investigar las difíciles conexiones entre un movimiento de liberación nacional orientado a movilizar sus grupos de interés para una larga lucha y una nueva burocracia estatal que necesitaba distintos tipos de estructuras, electorados y discursos. El estudio de los movimientos de mujeres palestinas tampoco era un desafío menor. Al igual que los movimientos de mujeres en todo el mundo, los movimientos de mujeres palestinas se enfrentaban tanto a “viejas” agendas de movilización y liberación como a agendas nuevas sobre la igualdad de las mujeres y su empoderamiento. Bajo circunstancias normales, es difícil analizar ambas agendas; y más aún cuando ante una situación extraordinaria donde la misma existencia física del Estado y la sociedad está amenazada por una ocupación militar.
Contexto El carácter extremo de la situación se hizo muy palpable en marzo del 2002 cuando convoqué a algunas líderes mujeres para analizar la posibilidad de volcarnos a las calles para detener el avance de los tanques israelíes que estaban reocupando nuestras ciudades. La respuesta fue simple pero a
la vez muy elocuente: “No estamos organizadas”, dijeron. La era de la construcción del Estado evidentemente había disminuido la capacidad de movilización no sólo de un Estado en desvanecimiento y de una sociedad decreciente. Las incipientes estructuras estatales no estaban bien preparadas para ayudar a la organización de la resistencia del pueblo y de los movimientos de mujeres. Me di cuenta de que yo iba tras un momento pasajero,
*. Women’s Studies Institute, Berzeit University 1. Me refiero a los movimientos de mujeres, en plural, por dos motivos. Primero, es importante reconocer las variaciones y cambios históricos que han ocurrido en cada movimiento, de acuerdo al contexto histórico en el que emergieron. Segundo, los movimientos de mujeres que analizo, como los islámicos y los seculares, han tenido diferentes objetivos e intereses; y dentro de cada movimiento de mujeres existe una amplia y fluida gama de actividades y pertenencias que no pueden agruparse.
Contexto un proyecto que se desvanecía y que era sobrepasado por la historia. Los diversos conflictos que yo estaba indagando entre los distintos grupos de mujeres, que intentaban posicionarse y articular un nuevo discurso y nuevos intereses feministas, dependían de la existencia de un aparato estatal al cual pudieran dirigir sus demandas, protestas o presentar oposición. La destrucción física de la mayoría de los edificios oficiales, incluyendo la sede del jefe de estado, junto con instituciones y recursos, me obligó a concentrarme en los escenarios y las oportunidades de las mujeres en la sociedad civil para continuar resistiendo la ocupación, a la vez que trabajaban por un orden con mayor igualdad de género. Este cambio hacia el activismo de las mujeres en la sociedad civil es importante no sólo para Palestina, sino también para muchos otros países árabes en Medio Oriente, donde estados débiles bajo la presión de agencias internacionales y algunos grupos de interés, insisten para lograr una legislación con mayor “igualdad de género”. Este proyecto ha sido cuestionado y rechazado no por el Estado, sino por los “representantes del pueblo” en las nuevas democracias en desarrollo, así como por el contra-activismo de muchos grupos islámicos en la sociedad civil. Éste fue el caso en Jordania en enero del 2000, por ejemplo, cuando el Parlamento rechazó la reforma de la ley orientada a endurecer las penas para los varones que asesinan a sus hermanas como forma de proteger su “honor”. También fue éste el caso en Egipto en febrero del 2000, cuando el Parlamento rechazó una modificación al derecho de familia que le otorgaba a las mujeres la libertad de viajar sin el consentimiento de sus “custodios” varones. En el Líbano, el Parlamento rechazó la aplicación de una ley civil unificada de familia para todos los ciudadanos y ciudadanas.
ONG-ización y movimientos de mujeres Las respuestas de las mujeres a estos desarrollos y su capacidad para proteger y preservar sus derechos son de vital importancia. Pero ¿Dónde estaban estas respuestas y qué ha sido de estas capacidades? ¿Qué fue del vibrante movimiento
de mujeres que había logrado movilizar grandes números de mujeres tanto urbanas como rurales para emprender proyectos nacionalistas y feministas durante la primera Intifada palestina en 1987? A partir de mis lecturas y de la investigación empírica que desarrollé desde que volví a Palestina, sostengo que en los últimos quince años aproximadamente, un movimiento social animado de masas, donde mujeres de organizaciones de base de toda Palestina trabajaron en una agenda feminista-nacionalista combinada, ha dado lugar a un proceso de “ONG-ización”, iniciado por miembros de los partidos políticos de izquierda. ONG-ización es el término que empleo para denotar el proceso mediante el cual los temas de interés colectivo son transformados en proyectos aislados del contexto general en el que se originan, sin contemplar los factores económicos, sociales y políticos que lo afectan. Sostengo que este proceso no contribuye al empoderamiento de las mujeres y que ha transformado una causa en pos del cambio social en un “proyecto” con un plan, un cronograma y un presupuesto limitado, del que se ha “apropiado” y que ha utilizado una pequeña elite profesional con fines de rendición de cuentas en relación con los donantes extranjeros. Finalmente, creo que la “ONG-ización” también se ha apropiado de la agenda nacional palestina de liberación nacional, al transformarla en un conjunto particular de temas alrededor de la construcción de la paz, la resolución de conflictos y temas conexos en el proceso y al crear un bloque de grupos que se han convertido en los interlocutores de las agencias internacionales. Con el fin de comprender la magnitud e importancia del cambio, es necesario observar la evolución de los movimientos de mujeres en Palestina. Antes de ello, sin embargo, es necesario observar la existencia de un movimiento de mujeres importante que surgió en Palestina desde que se inició el proceso de ONGi-zación. Este movimiento consiste en organizaciones de mujeres islámicas, la incorporación más reciente al ámbito del activismo de mujeres palestinas. En mi tesis doctoral sobre mujeres activistas en el Partido Islámico de Salvación Nacional (un componente de Hamas), problematizo la relación entre el Islam (considerado intrínsecamente antisecular y en consecuencia antimoderno) (Bill y Springborg, 1990; Lewis,
Evolución de los movimientos de mujeres en Palestina 1964, 1988; Kedourie, 1992; Crone, 1980), el secularismo y el feminismo. Al considerar la yuxtaposición de la imagen del agente “moderno” y secular de la sociedad civil con el de la mujer islámica considerada por muchas palestinas feministas como una “tienda móvil”2 antifeminista “tradicional” y “atávica”, sostengo que éstas son caricaturas que impiden el reconocimiento de un posible tema en común entre los grupos de mujeres. No nos ayudan a comprender ni a involucrarnos con la creciente fuerza de los islámicos en la sociedad civil en Medio Oriente en general o en Palestina en particular. Por último, sostengo que pese a que la creciente influencia de los movimientos islámicos en Medio Oriente a menudo se atribuye a la retirada del Estado de las prestaciones sociales para sus ciudadanos y ciudadanas, éste no es el caso en Palestina. Más bien, han sido las transformaciones socioeconómicas y políticas producidas por la ocupación israelí que fueron decisivas para conceder, directa o indirectamente, un espacio significativo en el escenario público a los islámicos palestinos. Israel desempeñó un papel crucial, por ejemplo, en el debilitamiento de la OLP y luego de la AP, provocando así el fortalecimiento de los movimientos islámicos en Palestina. Los islámicos utilizaron este espacio gracias a su flexibilidad para cambiar su discurso y adaptarlo a bloques más amplios, especialmente de mujeres.
las preocupaciones de las mujeres, y luego volver rápidamente a los hechos ocurridos a finales de la década de 1970.
Evolución de los movimientos de mujeres en Palestina
El trabajo de beneficencia emprendido por las elites urbanas dominó el activismo de las mujeres hasta la formación de la Unión General de Mujeres Palestinas –al-itihad al-‘am lil-maraa al-falatineyya (GUPW, por su sigla en inglés) en 1965 como uno de los organismos populares de la Organización para la Liberación de Palestina. El activismo de la GUPW varió según la lealtad de las comunidades palestinas. En el apogeo de la era “revolucionaria” cuando la OLP se estableció en el Líbano, la GUPW allí estaba controlada por mujeres activistas de diferentes facciones (Sayigh, 1987, 1988; Peteet, 1991). En Cisjordania y Gaza, las actividades de beneficencia y las mujeres de la elite continuaron dominando el trabajo y el activismo de la GUPW hasta la formación de las organizaciones de mujeres de base a partir de 1978 (Taraki, 1989; Jad, 1990; Hiltermann, 1991).
La opinión que plasmo en este documento es que ha sido la supremacía de un nuevo tipo de organización de mujeres seculares en la sociedad civil palestina –las “nuevas” ONG’s– y su cooptación de muchas líderes del movimiento secular de masas, lo que ha abierto un camino para el florecimiento del movimiento de mujeres islámicas. En este documento, sin embargo, me interesa investigar los cambios entre los dos tipos de actividades seculares que llevaron a esta apertura en la sociedad civil palestina donde se mueve y ahora florece el movimiento de mujeres islámicas. Esto implica volver la mirada brevemente un siglo atrás, hacia las primeras manifestaciones organizadas a favor de
Fase I: El movimiento secular de masas de mujeres palestinas (finales de los 70 hasta principios de los 90) Hacia finales del Siglo veinte, las mujeres en Palestina, como en el resto del mundo árabe y sus países vecinos, establecieron sus propias organizaciones benéficas en los centros urbanos (Badran, 1995; Baron, 1994; Chatty y Rabo, 1997; Joseph, 1997). Las pioneras en ese ámbito fueron principalmente mujeres cristianas que se habían beneficiado de la educación misionera y que gracias a ella habían logrado un empoderamiento (Al-Tibawi, 1956; Husseini-Shahid, 2000). Las mujeres musulmanas también fueron alentadas a unirse a la lucha nacional, a establecer sus propias organizaciones y a superar las barreras religiosas. Ambos grupos eran urbanos, de clase media y estaban impulsados por el deseo de “modernizar” el orden social “tradicional” al “elevar” a las mujeres rurales a través de la educación (Mogannam, 1937; Flieschmann, 2003).
2. Esto es en referencia a sus largos y a menudo oscuros velos y túnicas, que parecen una tienda.
Evolución de los movimientos de mujeres en Palestina En 1978, se formó la Federación Palestina de Comités de Mujeres para la Acción –itihad lijan al-maraa lil ‘amal al-nissaei (PFWAC, por su sigla en inglés; en adelante, la Federación). En 1981 se formó la Unión de Comités de Obreras Palestinas –itihad lijan al-maraa al-‘amela. En 1982 se creó la Unión de Comités de Mujeres Palestinas –itihad lijan al-maraa al falastineyya (UPWC, por su sigla en inglés). Estas tres organizaciones de mujeres pertenecían a partidos políticos marxistas de izquierda y eran consideradas marxistas, seculares y nacionalistas. La Unión de Comités de Mujeres para el Trabajo Social –itihad lijan al-maraa lil’amal al-ijtima’I–, se creó en 1983 y estaba afiliada a Fateh. Comúnmente se las conoce como uttor nassaweyya –literalmente, “organizaciones feministas”3. Es en este punto donde pueden identificarse los inicios de un movimiento de mujeres palestinas de amplio alcance. La función de estas primeras ONG’s, establecidas antes del acuerdo de Oslo, difería considerablemente del rol de las organizaciones de la etapa posterior al acuerdo. Antes de la formación de la AP, la sociedad palestina se organizaba en partidos políticos y organizaciones de base, y alrededor de estos. Las ONG’s estaban vinculadas a estos partidos bajo el paraguas de la OLP, que impulsaba y apoyaba económicamente a los partidos y a sus organizaciones satélites. Si bien la OLP y sus partidos políticos estaban prohibidos por Israel, sus organizaciones satélites en alguna medida tenían permitido funcionar, puesto que eran consideradas prestadoras de servicios. Entre el fin de la Intifada de 1987 y la firma de los acuerdos de Oslo en 1993, el sector de las ONG’s fue utilizado como el canal principal de la ayuda extranjera para el suministro de servicios a nivel de las bases. Los servicios incluían centros médicos, guarderías y proyectos de generación de ingresos. Como resultado, las actoras de estas ONG’s se volvieron importantes e incluso adquirieron mayor poder que sus partidos asociados. La elite de mujeres que lideraba estas organizaciones provenían de distintos contextos so-
ciales, desde los urbanos hasta los rurales o de refugiados, y las organizaciones que lideraban lograron salvar las diferencias entre las mujeres rurales (ahora refugiadas) y las urbanas. Todas lograron organizar y movilizar un gran número de mujeres en diferentes actividades políticas durante la primera Intifada palestina que comenzó en 1987.4 Si bien con el tiempo la GUPW incluyó a líderes mujeres que retornaban del exterior tras la formación de la Autoridad Palestina, además de las mujeres radicadas en Cisjordania y Gaza, sus visiones acerca del rol de la Unión y cómo se suponía que debía relacionarse con la AP eran bastante distintas de las visiones de las activistas de la GUPW que vivían en Cisjordania y Gaza. Son estas últimas, las utor nassaweyya, las que yo caracterizo como nacionalistas seculares. Eran nacionalistas porque desplegaron su activismo bajo el auspicio de la OLP, la organización que encabezaba el movimiento nacional palestino. Se consideraban a sí mismas seculares porque buscaban establecer un estado palestino independiente basado en principios liberales o socialistas, más que en principios religiosos y porque creían que la religión debe estar separada del estado. Algunas de estas organizaciones, espacialmente la PFWAC, tenían una orientación claramente feminista, mientras que otras estaban en proceso de desarrollo de plataformas feministas en relación con las políticas de la AP. De manera crucial, mediante su activismo, las organizaciones de mujeres de izquierda desarrollaron su propio tipo de feminismo, que combinaba la lucha por la liberación nacional con lucha por la emancipación de las mujeres. En el caso palestino, el activismo y el feminismo de las mujeres históricamente han sido complementos del nacionalismo. Los atribulados vínculos entre las mujeres y sus movimientos nacionales en Palestina no son distintos de las experiencias en otros países del Tercer Mundo donde la elite nacionalista actuaba como “modernizadoras” para sus ciudadanos y para “sus” mujeres (Jayawardena, 1986; Kandiyoti, 1991, 1991a; Molyneux, 1998; Badran, 1995;
3. En el contexto palestino, las mujeres se diferencian entre el término nassaweyya (feministas) y nissaeyya (relacionadas con la mujer). 4. La primera Intifada se desencadenó cuando siete trabajadores palestinos fueron asesinados desde un automóvil conducido por israelíes en Gaza. La segunda Intifada fue provocada por la visita de Ariel Sharon a la Mezquita de al-Aqsa en una evidente provocación a los sentimientos musulmanes en septiembre de 2000.
La Federación Palestina de Comités de Mujeres para la Acción Chatterjee, 1990, 1993; Mohanty, 1991). Las elites nacionalistas estaban guiadas por el impulso paradójico de luchar contra la dominación colonial al mismo tiempo que asimilaban y aplicaban los valores modernistas del colonizador (Mohanty, 1991; Chatterjee, 1993; Kandiyoti, 1991; Sharkey, 2003). Las mujeres tuvieron que forjar un espacio para sí mismas con el fin de poder unirse a la lucha nacional en pos de la igualdad, quizás especialmente en Palestina, donde las formas sucesivas y vigentes de opresión colonial han dificultado particularmente los esfuerzos orientados a desvincular el proyecto para la emancipación de las mujeres del de la liberación nacional. La construcción del nacionalismo palestino se centraba en el varón combatiente como el libertador de la nación, y en la lucha y el sacrificio como formas de la contribución a la nación. El activismo de las mujeres introdujo cambios en las imágenes de género del nacionalismo palestino que hicieron posible para las mujeres actuar como militantes y activistas sin desafiar abiertamente el orden de género. Lo que hicieron las mujeres fue identificarse con el nacionalismo y al mismo tiempo reconstruirlo mediante su activismo en un intento por derribar las fronteras de género. Con el fin de ilustrar la transición del movimiento de masas de mujeres más temprano hacia el fenómeno de la ONG-ización, analizaré dos organizaciones diferentes de mujeres en palestinas. La primera es la Federación Palestina de Comités de Mujeres para la Acción (PFWAC, por su sigla en inglés) mencionada antes. La segunda, es el Centro de Asistencia Letrada y Asesoramiento Jurídico de la Mujer (WCLAC, por su sigla en inglés) que se desarrolló más tarde, un nuevo tipo de ONG, con una agenda diferente y que representa un nuevo tipo de organización. Las analizaré en orden.
La Federación Palestina de Comités de Mujeres para la Acción (PFWAC) La PFWAC fue una poderosa organización de masas, constituida por mujeres desde finales de la década de 1970 hasta comienzos de los noventa. Fue un movimiento social importante que trabajó
con organizaciones de mujeres de base. Su agenda consistía en lograr derechos iguales para las mujeres con relación a los varones en la “esfera pública” en materia de salarios, oportunidades laborales, educación y participación política (Hasso, 1997: 220). Uno de los ingredientes más importantes para el éxito de la Federación fue su compromiso para ayudar a las mujeres al enfocarse en sus necesidades específicas (Caldeira, 1998) o en lo que pasó a denominarse necesidades prácticas (Molyneux, 1985; Moser, 1989; Álvarez, 1990; Young, 1993; Kabeer, 1992; Nelson y Chowdhury, 1994), que a menudo incluía medios de generación de ingresos y provisión de servicios preescolares y de guardería. La tarea no se basaba tanto en la “satisfacción de las necesidades surgidas del lugar de las mujeres en la división sexual del trabajo” (Molyneux, 2001: 153), sino más bien en la satisfacción de las necesidades prácticas en tanto un puente para responder a “intereses más estratégicos” (Ibíd., 1985: 153; Moser, 1989) de liberación nacional, así como la transformación de las relaciones sociales, con el fin de garantizar una reubicación de las mujeres más perdurable dentro del orden de género y de la sociedad en general (Siham, Amal, Zahira, en entrevista). Como movimiento marxista, la Federación se basaba en el supuesto de que la opresión de las mujeres es producto de la tríada nación, clase y género (qawmi, tabaki, jenssi). Así, los intereses estratégicos de género (Molyneux, 1985) serían atendidos organizando y movilizando a las mujeres en la lucha nacional. El método consistió en trabajar lo más intensamente posible para satisfacer las necesidades prácticas de las mujeres más pobres y las de clase obrera. La prestación de servicios para atender las necesidades inmediatas de las mujeres en materia de salud, educación, asistencia social y empleo era vista como garantía para la liberación social de las mujeres de las restricciones provocadas por la dependencia en los varones (comités de trabajo de mujeres palestinas [PWWC, por su sigla en inglés], 1985: 7; PFWAC, 1998). En cuanto a la opresión de género, las activistas estaban al tanto del tema pero debían manejarlo con cautela, e indirectamente, dentro del círculo de las integrantes de la organización y los seguidores de los partidos políticos. Esta relación entre intereses estratégicos y necesidades prácticas de las mujeres se vio reflejada
La Federación Palestina de Comités de Mujeres para la Acción en la diversidad de proyectos de la Federación. Los proyectos de generación de ingresos diferían de los proyectos de las organizaciones benéficas de mujeres en el sentido que la Federación tenía un compromiso declarado con la toma grupal de decisiones. Asimismo, los objetivos de los proyectos de la PFWAC no consistían en obtener lucro o de caridad, sino que eran objetivos de organización y movilización. La organización intentó prestar los servicios que las mujeres buscaban, una forma de independencia económica mediante el trabajo remunerado, y un espacio politizado compartido con otras mujeres. Además, la Federación deseaba incrementar el apoyo de las masas y el de su partido asociado, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP). La creación de proyectos de generación de ingresos para las mujeres y las niñas también estaba motivada por la convicción de la Federación de que para reclutar a mujeres de las aldeas y de la clase obrera, debían ofrecer un ambiente de trabajo seguro que las familias y las comunidades consideraran aceptables (Hasso, 1997: 223, Siham, en entrevista). Durante la primera Intifada, la demanda de proyectos de generación de ingresos se incrementó y, a medida que la situación económica general se deterioraba, la participación de las mujeres en los proyectos de la PFWAC comenzó a aumentar. Francis Hasso (1997) investigó sobre la PFWAC en distintos períodos, incluyendo sus primeros años de florecimiento, así como el momento de división y de deterioro de su base de apoyo. Mi análisis de la Federación se basa en gran medida en su trabajo y en las entrevistas que mantuve con las líderes y las activistas en la organización. Al promediar la década de 1980, la organización había establecido una vasta red de jardines de infantes y guarderías, en su mayoría en las aldeas y los campos de refugiados/as, que prestaban servicios a la comunidad sin cargo o a un costo nominal. Para 1987, la Federación empleaba a más de 48 docentes y cinco directoras, y atendía a 1.504 niños/as (Unión Palestina para el Comité de Mujeres Trabajadoras (PUWWC, por su sigla en inglés), 1987:a: 15, citado en Hasso, 1997: 224). La filosofía de la Federación sostenía que el cuidado infantil era una responsabilidad más bien social que estrictamente individual. Sus líderes descubrieron que este servicio era un prerequisito necesario para movilizar a las mujeres: “Cuando les
preguntábamos a las miembros cuáles eran sus problemas, respondían: ‘Los niños y las niñas. Si queremos estar activas, ya sea yendo a trabajar o participando en los comités, necesitamos jardines de infantes y guarderías para nuestros hijos/as’” (al-Labadi, 1993, citado en Hasso, 1997: 224). A partir de su extenso estudio sobre las mujeres, Hasso concluye que sus relatos tenían un fuerte contenido feminista y que la mayoría de ellas tenían una firme conciencia feminista, aunque esto no necesariamente se tradujo en acciones feministas. Es decir, pese a tener algunas ideas muy radicales, las mujeres no siempre creyeron que podían efectuar cambios significativos en sus vidas. Si bien todas las mujeres palestinas están relativamente desempoderadas por el control corporativo de la sexualidad femenina (Kandiyoti, 1988), las leyes de familia o sobre derechos personales que protegen la autoridad patriarcal, y la falta de derechos nacionales, los problemas de las mujeres de clase obrera están exacerbados por la pobreza ya que limita severamente el ámbito de sus acciones. De allí que la acción (o la inacción) no siempre reflejará de forma transparente la conciencia política de las personas relativamente desempoderadas (Scott, 1985; 1990; Kandiyoti, 1988). La Federación logró, en gran medida, construir una identidad de grupo del tipo mencionado en los escritos de muchos estudiosos de los movimientos sociales (Touraine, 1981, 1988; Mdelucci, 1985; Laclau, 1985; Laclau y Mouffe, 1987), según el cual solían referirse a sí mismas y hacerse llamar banat al-‘amal al-nissaei, Hijas de la Acción de las Mujeres (es decir, PFWAC). Si consideramos que el género es un “proceso contingente” bastante “fluido caracterizado por la confrontación, la ambivalencia y el cambio” (Ong y Peletz, 1995: 1-3), entonces como grupo, manifestaban sus identidades a través de festivales culturales, ventas benéficas, manifestaciones y publicaciones. El empoderamiento provenía de su rol en la lucha nacional (Jayawardena, 1986) y de un sistema de género en el que los partidos seculares de izquierda tenían hegemonía sobre las organizaciones de masas y sobre la cultura, en toda su manifestación artística y simbólica. Empoderadas por redes masivas de relaciones, lograron establecer vínculos con las mujeres en las ciudades, aldeas y campos de refugiados/ as a través de sus líderes que eran muy respe-
La Federación Palestina de Comités de Mujeres para la Acción tadas y elocuentes y de su acción colectiva (Tarrow, 1994). Agarwal (1994) hace referencia a la manifiesta resistencia que tiene lugar cuando las mujeres tienen una base de poder; y se refiere a las formas encubiertas de resistencia que se dan cuando las mujeres son débiles. En este clima, las mujeres de la PFWAC declaraban “abiertamente” sus demandas e intereses y podían actuar como grupo. Afirmaban que la liberación de la patria no sería posible sin la liberación de las mujeres, que las mujeres debían trabajar junto a los varones por la liberación nacional y que debían recibir igual paga por igual trabajo. Así, en una coyuntura histórica y espacial particular, la negociación de los significados, las obligaciones y los derechos de género pueden terminar en una confrontación rotunda, si no en el nivel nacional, entonces en el plano local, ritual y personal de la vida cotidiana (Ong y Peletz: 3-4). Fue en esos momentos cuando las mujeres de la organización tenían movilidad y eran enérgicas y ganaron la reputación de ser quaweyyat (poderosas). En su trabajo, Hasso captura este cambio en la vida cotidiana de las mujeres. Una de sus entrevistadas, una lugareña de 28 años, enfatizó la importancia de su afiliación a la PFWAC más que al empleo en la PFWAC per se, cuando relató una serie de mejoras en su vida: No es correcto decir que las cosas cambiaron cuando comencé a trabajar. Es más exacto decir que las cosas cambiaron cuando me uní a la Federación. Ahora, si quiero irme, no les rindo cuentas [a su familia] ni les tengo que decir nada. Antes nunca me dejaban salir de la casa. Ahora puedo ir de visita, viajar, ir a la oficina de la Federación, a donde quiera. Estaba acostumbrada a esperar que mis padres me dijeran ‘no’ a todo. Hace poco le pregunté a mi padre si podía viajar a Jordania y me dijo ‘sí’ (Entrevistada Nº 47, 1989, citada en Hasso 1997: 244).
En el caso de la Federación, la participación nacionalista, combinada con una agenda feminista, con frecuencia significaba empoderamiento para las mujeres, al transformar su sentido de sí mismas como ciudadanas y como seres con género (Hasso, 1997: 310). Esta combinación fue importante para establecer un sistema de convicciones aceptables para otros grupos sociales; es decir, la obligación de oponer resistencia a un poder de ocupación y, bajo esta bandera, la necesidad de
transformar las relaciones sociales y el orden social a través del activismo diario y la participación democrática directa (Tornquist, 1999: 155). Como en otros países, el movimiento nacional ofrecía un entorno favorable para el crecimiento de un movimiento feminista amplio y radical. Este movimiento no reclamaba exclusivamente los derechos de las mujeres, sino que reclamaba derechos nacionales con ingredientes feministas. ¿Estos “ingredientes” feministas afectaron las relaciones de poder de género imperantes en la sociedad y en la esfera “privada”? ¿Reemplazaron la estructura de poder masculino con un liderazgo de las mujeres paralelo? Hasso, observando algunos cambios en la vida de las mujeres, asegura convincentemente que sí, pero señala algunas contradicciones en lo relativo a la vida de las mujeres en la esfera doméstica. Expresa que, por ejemplo, más de la mitad de las mujeres casadas (57%), independientemente de su propia situación laboral o de la de sus esposos, realizaba la mayoría de las tareas de cuidado de los niños y las niñas, domésticas y de cocina, y que pocas veces cuestionaban a sus maridos en este aspecto. Sin embargo, sobre las consecuencias del activismo de las mujeres de la Federación en sus vidas y matrimonios, Hasso sostiene que “evidentemente, la auto elección y, en algunos casos, el apoyo de un hogar liberal no pueden descartarse como una explicación parcial para muchas ideas y acciones feministas de las mujeres en relación con el matrimonio. [De todos modos,] dado el alcance de su participación en la PFWAC y los propios relatos sobre el efecto de la PFWAC en las ideas y la cosmovisión de género, estas ideas y acciones muy probablemente también sean el resultado de la concienciación feminista de la PFWAC” (Ibíd., 279). La identidad nacional o cualquier otra identidad social siempre están evolucionando. Es a través de la acción organizada colectiva y sostenida de resistencia que los grupos sociales oprimidos y marginados que adquieren poder. En una situación donde una sociedad entera se encuentra constantemente bajo amenaza externa, existe una necesidad crucial de colectividad y sentido de “unión” (Harris, 2000). El nacionalismo, con sus asociaciones de izquierda, actuó como aglutinante social para esta “unión”. Esto no quiere decir que el na-
La fragmentación y el deterioro del movimiento de masas y la transición de una agenda social hacia una agenda de género cionalismo de izquierda haya sido un refugio para la igualdad de género (Jad `1990; Sayigh, 1993; Peteet, 1991; Joseph, 1995). Sin embargo, las mujeres activistas, con acciones colectivas, forjaron un espacio para los distintos significados del género y los roles de género; superaron obstáculos de forma diaria; forjaron una estructura alternativa de empoderamiento separada de sus lazos familiares y de parentesco; y “abrieron nuevas áreas de lucha y renegociación de las relaciones entre los géneros” (Kandiyoti, 1988: 275) en la sociedad y en el movimiento nacional.
La fragmentación y el deterioro del movimiento de masas y la transición de una agenda social hacia una agenda de género A comienzos de la década de 1990, sin embargo, todo esto comenzó a cambiar. Para comprender la drástica transformación que tuvo lugar en las organizaciones de mujeres en esa época, es necesario tener en cuenta los procesos que se iniciaron con el establecimiento de la Autoridad Palestina. En ese momento, había una atmósfera de euforia como si se hubiera alcanzado la independencia nacional y Palestina estuviera encaminada a ser un Estado soberano. Las nuevas posibilidades que se percibían animaban al movimiento de mujeres a pasar de combinar la lucha nacional con la emancipación de las mujeres a una fase donde pudieran presionar para consagrar los derechos de las mujeres. Además, el “proceso de paz” desencadenó divisiones entre los distintos partidos políticos y organizaciones dentro del movimiento nacional y dentro de las organizaciones de mujeres, incluyendo la PFWAC. El deterioro de las organizaciones populares de base, incluyendo la Federación, comenzó en los primeros años de la década de 1990 y se relacionó con el deterioro de lo que Vivian denomina “política institucional”, entendida ésta como la política practicada por los partidos políticos y los sindicatos. El deterioro de la política institucional en la sociedad palestina en general y en el FDLP en particular se debió a una escisión interna. La escisión se atribuyó a los desacuerdos acerca de si el
partido debía participar en las negociaciones con Israel, acerca del rol de la Intifada en el contexto de un “Estado en transición” como parte de una solución entre dos Estados, y acerca del reparto del poder entre los líderes “locales” del Frente y los “repatriados voluntarios”. El retorno de aproximadamente 100.000 palestinos de la diáspora con el establecimiento de la Autoridad Palestina provocó tensiones entre quienes habían permanecido en Cisjordania y Gaza y quienes habían vivido en el extranjero. Los “repatriados voluntarios” eran considerados parte de un poder corrupto, que distribuía favores e influencias a sus seguidores (Roy, 1993: 29). Hacia septiembre de 1990, el Frente y la Federación se habían dividido informalmente en cuatro organizaciones (Hasso, 1997: 187). La división reflejó una polarización más importante dentro de la sociedad palestina acerca del rumbo a futuro, y las mujeres formaban parte de ese proceso. La PFWAC fue la primera organización de mujeres en verse afectada por la división de su base de apoyo institucional, el FDLP. La disolución progresiva del Frente combinada con la confusión para responder a las nuevas políticas y medidas israelíes, pospuso los temas feministas de la PFWAC. Las medidas israelíes provocaron la separación de Gaza de la Oficina Ejecutiva de la PFWAC en Jerusalén en los primeros años de la Intifada de 1987. El aumento del número de miembros a finales de 1987 hizo que los líderes varones adoptaran a comienzos de 1988 la decisión de fusionar las organizaciones de masas, incluyendo las organizaciones de mujeres, en unidades regionales “mixtas” y reubicar a las mujeres de la PFWAC en el trabajo partidario. Las intervenciones del partido en la estructura de liderazgo de la PFWAC, la nueva atención puesta en el reclutamiento de las miembros de la PFWAC como miembros del FDLP, y la arremetida directa contra la organización por parte de dos grupos rivales del FDLP pusieron fin a la autonomía y a la estructura de masas de la PFWAC. Hasso indica que “muchas mujeres del Frente y/o de la Federación pensaban que sufrían un desempoderamiento sistemático por parte de los varones de todas las opiniones políticas, al debilitar a la Federación y al acabar con el poder histórico de las mujeres del Frente en los territorios” (Ibíd. 187) La autora atribuye este resultado a “cierto afán masculino [debido al hecho] de que las mujeres
La fragmentación y el deterioro del movimiento de masas y la transición de una agenda social hacia una agenda de género estaban a cargo … y [al hecho] de que una causa importante del desempoderamiento institucional de las mujeres se encuentra en la naturaleza de la propia construcción del Estado” (Ibíd. 187). Esta conclusión que enfatiza el “afán masculino” y el patriarcado puede refutarse con dos argumentos. Primero, según esta opinión, las mujeres son vistas como rehenes disputadas por los varones, sin concederles ninguna entidad. Yo señalaría, sin embargo, que los varones y las mujeres competían por la PFWAC puesto que ambos grupos sabían que la organización de las mujeres representaba una verdadera base de poder para el FDLP: En aquel momento, la PFWAC estimaba que su membresía excedía en 6000 o 7000 personas la membresía del partido. Como expresó la líder de la Federación, “Si fuéramos débiles, no competirían con tanta ferocidad por el control [de la organización]” (Siham, en entrevista). En segundo lugar, el énfasis en el “afán masculino” privilegia el género de las mujeres sobre su ideología política; las mujeres también estaban divididas desde el punto de vista político, ya sea a favor o en contra del “proceso de paz”, al aceptar o rechazar las negociaciones como único camino hacia la liberación nacional. Como indicó Siham:
el objeto de incidir en la agenda social. La facción más feminista, por su parte, consideraba que este grupo de mujeres no era lo suficientemente feminista para desear unirse y congregarse alrededor de los intereses de las mujeres, y por lo tanto, lo consideraba más nacionalista que feminista. De esta forma el feminismo fue utilizado para socavar una visión política rival, abriendo así una brecha entre el feminismo y la política nacional. Este uso particular del feminismo se repetiría cuando el Centro de Asistencia Letrada y Asesoramiento Jurídico de la Mujer (WCLAC) intentó legitimar su desvinculación de la PFWAC, que hasta entonces había combinado el feminismo con la lucha nacional, y declarar un feminismo independiente de su contexto nacional, una maniobra que culminó en el nacimiento de lo que yo denomino la política de la “agenda de género”.
Así, las mujeres se dividieron por razones de ideología política e intereses propios. Asimismo, considerando que la mayoría de las mujeres estaban fuera del mercado laboral, sus decisiones estaban influidas también por la necesidad de mantener sus medios de vida. Como señala Goetz, “Las restricciones de recursos limita la incidencia de las mujeres en la política” (Goetz, 2003: 38).
El intento por formar un “frente de mujeres” no partidario para este fin, fracasó. La Federación intentó formar un “frente de mujeres” mediante el establecimiento de “Centros Especializados de Mujeres”, que más tarde, a mediados de la década de 1990, se transformaron en organizaciones no gubernamentales. El primer fracaso por construir un “frente de mujeres” tuvo lugar cuando la separación de la PFWAC fue recibida con “beneplácito” por otros grupos de mujeres. Las mujeres también demostraron divisiones debido a sus diferentes intereses y orientaciones políticas. La titular de la Unión General de Mujeres Palestinas (GUPW) en Cisjordania respaldó una conferencia general que formalizó la división y declaró que la organización de mujeres pertenecía al FDLP. Las organizaciones de mujeres que pertenecían a los partidos políticos de Fateh y el FPLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina) también respaldaron la separación por distintos motivos, el primero de ellos fue quitar del camino a un fuerte organismo rival y afirmar la hegemonía de Fateh, y en segundo lugar para debilitar a quienes defendían las negociaciones y la “paz” como opción estratégica para la autodeterminación de Palestina. La separación mostró que los temas de género no podían unir a las organizaciones de mujeres por encima de los temas políticos.
Dentro de la PFWAC, la principal diferencia entre los grupos de mujeres estaba en la labor del “grupo por la paz” para aunar a las mujeres y construir un “frente de mujeres” autónomo con
La falta de avances en las “negociaciones de paz” se agravó con el deterioro de la situación económica de Palestina, incluyendo el aumento del desempleo, lo que erosionó aún más el apoyo
Nosotras, en la organización de mujeres también somos miembros del partido ... Sí, muchas de nosotras trabajamos arduamente para mantener la integridad de la organización de mujeres porque muchas tenían con ella un vínculo orgánico, pero las mujeres también tuvieron que optar por una visión política … para forjar alianzas entre sí. Algunas siguieron a sus esposos; otras se divorciaron; y otras eligieron según sus propios intereses y se aliaban con quien fuera que pagara sus salarios” (Siham, en entrevista).
Fase II para la AP y condujo al ascenso de los islámicos. Para debilitar el apoyo a la organización islámica (Hamas), la AP falló en contra de las acciones “reaccionarias” de aquéllos (los islámicos) quienes supuestamente hostigaban a las mujeres para que observaran un código de vestimenta recatado. A su vez, Hamas cambió su interés “políticamente costoso” en la insistencia en un código de vestimenta (Ibíd. 23) para orientarse a un análisis de los intereses islámicos. En febrero de 1994, Hamas presentó un documento donde explicaba su relación con la AP. Se trazaron “líneas claves” alrededor de los siguientes puntos: El sistema educativo, que se basaría en principios nacionales islámicos; la difusión de la cultura islámica, en particular a través de las mezquitas, que no debería ser obstruida; y la shari’a, en la que se basaría el Derecho de Familia (Usher, 1997; Jad, 2000: 40). Así, la agenda de género se convirtió en parte del conflicto entre la AP y los islámicos. Hamas, a mediados de la década de 1990, aún no había formulado una visión de género coherente. Los intentos por construir el Estado añadieron otras complicaciones al funcionamiento de estos grupos y organizaciones diferentes. El “proceso de paz” había disparado un proceso de construcción del Estado donde la agenda de género se convirtió en rehén que se disputaban quienes buscaban una nueva base de legitimidad tras la división de su partido (la PFWAC), quienes buscaban nuevos apoyos electorales (la AP), y quienes deseaban forjar un nuevo espacio en el escenario público (las ONG’s) exigiendo el estado para los derechos ciudadanos y los derechos de las mujeres. En un intento por recuperar el poder como movimiento de movilización de masas, la Federación buscó enfocarse en la consolidación de la agenda de género. Como expresó la Federación, esto se basaba en un complejo análisis de
las distintas fuentes de opresión de las mujeres, que según entendían consistían en la Ocupación, la pobreza y las relaciones desiguales de género, en particular al interior de la familia. El intento de la PFWAC para promover una agenda de género llevó a la creación de los centros especializados de mujeres mencionados antes, que se proponían examinar tanto empírica como sistemáticamente las distintas realidades de la opresión de las mujeres. Esta maniobra resultó imprevistamente en la proliferación de ONG’s separadas y apolíticas. Una de ellas fue el Centro de Asistencia Letrada y Asesoramiento Jurídico de la Mujer (la WCLAC), una organización que nació dentro de la estructura de la Federación, pero que más tarde se transformó en un centro independiente con rango de ONG. En esta entidad me concentraré ahora en tanto organización emblemática del derrotero de las nuevas ONG’s.
Fase II: El surgimiento del Centro de Asistencia Letrada y Asesoramiento Jurídico de la Mujer y el advenimiento de la “ONG-ización” (de principios de los 90 hasta la actualidad) Efectúo el análisis dentro del contexto de la “revolución asociativa” y del florecimiento de las ONG’s5 (Comité Técnico de Asuntos de la Mujer). Se trata de una nueva organización que se auto proclama feminista, y que es percibida por otros como tal. El Centro de Asistencia Letrada y Asesoramiento Jurídico de la Mujer (WCLAC) asegura salvar la brecha entre la agenda nacional y la agenda social que estaba desatendida por las organizaciones de mujeres y las activistas que subsumieron su feminismo en el nacionalismo (Informes del WCLAC
5. El crecimiento de las ONG es un fenómeno mundial, tanto en el norte como en el sur. El número de ONG para el desarrollo registrado en los países industrializados del norte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) aumentó de 1.600 en 1980 a 2.970 en 1993. Durante el mismo período, el gasto total de estas ONG se incrementó de $2,8 mil millones a $5,7 mil millones en precios corrientes (OCDE, 1994). Las 176 ONG internacionales que existían en 1909 se convirtieron en 28.900 en 1993. En la mayoría de los países del sur se han informado cifras similares. Por ejemplo, el número de ONG registradas ante el gobierno en Nepal aumentó de 220 en 1990 a 1.210 en 1993; en Bolivia, la cifra aumentó de aproximadamente 100 en 1980 a 530 doce años más tarde; y en Túnez, había 5.186 ONG registradas en 1991 en comparación con 1.886 en 1988 (Edwards y Hulme, 1995: 3). Este enorme incremento hizo que algunos autores hablen de una “revolución
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Fase II 1999, 2000, 2001). El Centro afirma revertir este desequilibrio mediante el establecimiento y la provisión de distintos servicios y productos que buscan transformar las relaciones de género imperantes al trabajar en la reforma legislativa. Irónicamente, el WCLAC es hijo de la PFWAC, la misma organización cuya existencia luego menoscabó. La expansión de la Federación a mediados de la década de 1980 había provocado la creación de una sofisticada estructura interna. Se establecieron muchas oficinas especializadas como parte de una burocracia permanente para administrar las actividades diarias (p. ej. la oficina de alfabetización y guarderías, la oficina de salud, la oficina de producción, la oficina de organización y renovación interna, etc.). Estas oficinas fueron creadas de forma gradual para cumplir las crecientes funciones de la organización. La idea de contar con una oficina “especializada” para el asesoramiento de las mujeres surgió a finales de 1985 como resultado del contacto diario con las mujeres.6 La impulsora de la idea y la oficina explicaron su razón de ser. Luego de seis años de trabajo en las organizaciones de mujeres, Amal fue elegida secretaria del comité para la región de Ramallah (incluyendo la ciudad y sus aldeas). En nuestro trabajo con las mujeres, solíamos toparnos con muchos casos de mujeres con problemas sociales con sus familias, ya sea mujeres de nuestro grupo o de otros. Nos topábamos con ellas en nuestro trabajo diario en distintos lugares. Los problemas provenían de su creciente participación en la Unión (la PFWAC) y debido a la sensibilización que adquirieron con su trabajo. Al principio la titular de la Unión y su suplente dedicaban mucho tiempo y energía a resolver estos problemas. No podíamos seguir así; necesitábamos
una oficina “especializada” y más específica en la Unión, como nuestras oficinas de salud, producción, programas de alfabetización. Se nos ocurrió llamarla “Oficina de Asesoramiento para la Mujer”. La idea no sólo consistía en ofrecer asesoramiento para las mujeres, sino también en lograr su empoderamiento; muchas de estas mujeres con problemas sociales viven en situación de pobreza y no tienen educación, un empleo o destrezas. A través de nuestras distintas oficinas, queríamos apoyar a las mujeres de forma integral en todos los aspectos, y no sólo resolver sus problemas monetarios y sociales (Amal, en entrevista).
Amal fue designada por la Unión para efectuar una misión para esta nueva oficina, especialmente debido a que implicaría obligaciones económicas y trabajo burocrático. La idea era nueva y su aplicación requería una compleja red de relaciones entre la oficina de asesoramiento (que se transformó en el WCLAC) y otras oficinas. A medida que se desplegaba la iniciativa, diferentes actores se involucraban en el proceso de deliberación para formular y articular sus opiniones. Algunas de estas posiciones llevaron a la formulación de proyectos de búsqueda de fondos apoyados en la noción de los derechos humanos universales de las mujeres. El enfoque basado en los derechos podía verse como un mecanismo propicio para reclamar los derechos de las mujeres en todo el mundo, pero también podía ser utilizado, como señalo, para entorpecer un proceso verdaderamente participativo para comprender y articular los distintos intereses y necesidades de las mujeres. El enfoque basado en los derechos universales de las mujeres (empleado por muchas otras orga-
asociativa” (Salamon, 1993: 109; Korten, 1987). Las ONG de mujeres son consideradas actores activos en esta revolución y agentes de la democratización (Fowler et al. 1992). Esta proliferación de ONG comúnmente es considerada testimonio del debilitamiento de los partidos políticos ideológicos y de la retirada del estado de la prestación de servicios y programas sociales (Omvedt, 1994: 35) debido a las políticas de ajuste estructural impuestas a la mayoría de los países del Tercer Mundo por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y bajo la presión de las políticas de reforma neoliberal (Hann, 1996; Edward y Hulme, 1995; Vivian 1994; Omvedt, 1994; Petras, 1997). 6. Todas las entrevistadas mencionaron aprendizajes sobre casos que las motivaron a continuar resolviendo otros problemas. Una fue el relato sobre un niño pequeño que sufría de una infección constante de oídos. Cuando su madre fue llamada por el médico en el centro de salud para mujeres, se develó que ella golpeaba al niño porque se parecía a su padre, quien a su vez la golpeaba. Otro caso fue el de una mujer que acudió a la oficina de una abogada con los pechos hinchados y doloridos. No podía amamantar a su bebé de 7 meses porque su padre lo había secuestrado.
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Fase II nizaciones de mujeres además del WCLAC) ha recibido numerosas críticas.7 Opino que, en el contexto de una nación no constituida, la separación de los derechos de las mujeres de los derechos nacionales colectivos puede inadvertidamente llevar a la marginación de las mujeres como grupo social y posteriormente a la fragmentación del grupo. El enfoque adoptado por numerosas ONG’s de mujeres, incluyendo el Centro, basado en los derechos individuales y universales de las mujeres, se fundaba en el supuesto de que el poder social descansa en el Estado, en este caso en la AP, y no en otros grupos sociales y políticos opositores o en disputa con éste (es decir, los islámicos). Este enfoque, basado en convenciones internacionales, ignora en gran medida los feminismos desarrollados en el ámbito local. Para efectuar el cambio de orientación propuesto, las mujeres involucradas tuvieron que resolver qué tipo de estructura adoptarían. Conocían la importancia de contar con “profesionales” para la prestación de servicios muy específicos, como los de asesoramiento y educación en temas jurídicos. Sin embargo, la contratación de profesionales (abogadas, asesoras y psicólogas) aumentaría la carga económica de la organización e incrementaría el trabajo burocrático. Para evitar estas cargas, se decidió tener una oficina central a nivel del organismo ejecutivo para que funcionara como órgano coordinador, cuya función consistiría
en diseminar las tendencias y los servicios en todo el partido (énfasis agregado). El objetivo era crear una estructura interna que combinara la agenda nacional con la agenda de género de una forma más pública en todos los niveles del partido, así como en otras organizaciones de mujeres. Amal recuerda: “Solía viajar por todo el territorio palestino, desde Gaza en el Sur hasta Jenín en el Norte para ‘integrar’ la idea en las oficinas regionales y evaluar la necesidad de capacitar a nuevos cuadros en alfabetización jurídica con el fin de sensibilizar a las activistas en estas oficinas para que fueran receptivas y apoyaran a las mujeres con sus problemas sociales” (Amal, en entrevista).
Había una gran necesidad de contar con un programa como ese: “Las mujeres estaban sedientas de información sobre su situación jurídica” (Hanan, en entrevista). La necesidad de este tipo de cursos para las mujeres y de contratar más profesionales era el motivo para la búsqueda de apoyo financiero, al igual que la necesidad de una profesional especializada en recaudación de fondos. Estos cambios finalmente transformarían la visión y la estructura de todo el departamento de asesoramiento para las mujeres. Amal, la impulsora de esta oficina especializada en asistencia letrada y asesoramiento jurídico para las mujeres, mencionaba la necesidad de una recaudación de fondos profesional.
7. Traducido al lenguaje individualista y acotado de los derechos (West, 1998 en Charlesworth, 1994: 77), el discurso de los derechos simplifica excesivamente las complejas relaciones de poder y su promesa se torna ampulosa con las feministas intelectuales. Ha sido afirmado por algunos de ellos que el énfasis en la adquisición de derechos puede no ser beneficioso (Kingdom, 1991, en Charlesworth, 2001), que las experiencias e intereses de las mujeres son constantemente frustrados por las desigualdades estructurales de poder (Smart, 1989 en Charlesworth, 1994: 67-8). Recurrir al lenguaje de los derechos puede dar un floreo retórico a un argumento, pero brinda sólo una ventaja efímera de polémica, y a menudo oscurece la necesidad de un cambio político y social (Charlesworth, 2001: 209). Se ha dicho también que el individualismo promovido por los razonamientos tradicionales de los derechos restringe sus posibilidades al ignorar “la naturaleza relacional de la vida social” (Tushnet, 1984 en Charlesworth, 2000: 209). “En síntesis, la libertad no se trata sólo de tener derechos en los papeles, requiere encontrarse en una situación material para ejercitar dichos derechos” (Nussbaum, 2002: 54). Aunque esta crítica al enfoque de derechos humanos universales es defendida por algunas voces feministas, encuentra las mismas reservas en otros lugares del sur. Entre otras críticas, se ha indicado que el entusiasmo occidental por la articulación de los derechos de las mujeres no sólo ignora las realidades históricas del colonialismo y los roles impuestos en las mujeres o aceptados por ellas en los contactos coloniales, sino que también convierte en insostenibles y existencialistas los supuestos sobre la uniformidad de la situación de las mujeres en todo el mundo (Nesiah, 1996: 11). Coomaraswamy sostiene que la misma noción de derechos tiene poca resonancia en muchas culturas, y que el discurso de los derechos de las mujeres asume una mujer libre e independiente, una imagen que puede ser menos fuerte para la protección de los derechos de las mujeres que otras ideologías como la de las “mujeres como madres” (Coomaraswamy, 1994: 55).
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Fase II “Teníamos poco dinero, y para contratar profesionales, necesitábamos fondos. Después de la división, no teníamos ningún recurso. En este caso, era natural pensar en trasladar el programa del lugar donde había nacido (la PFWAC) hacía un contexto más amplio donde pudiera se adoptado por todos los grupos de mujeres. Recaudamos algunos fondos de unos talleres, pero no alcanzaban para seguir trabajando. Fue en ese momento que nos acercamos a una amiga que tenía muchos contactos con financiadoras y que estaba trabajando en una organización extranjera de asistencia jurídica, principalmente para reclusos. Le propusimos que nos ayudara a encontrar recursos para nuestro centro. Ella aceptó y con su excelente capacidad de administración, nos ayudó de forma voluntaria primero, y comenzó a organizar el centro financiera y administrativamente (Amal, en entrevista).
De hecho, la decisión de que la organización necesitaba profesionales para recaudar fondos surgió luego del fracaso de muchos proyectos de generación de ingresos de la PFWAC. Luego de la Conferencia de Madrid en 1991, muchas organizaciones de la sociedad civil en Cisjordania y Gaza, que hasta entonces dependían económicamente de sus partidos políticos o de sus patrocinadores, creían que la Intifada terminaría con el establecimiento de un estado palestino. Mientras tanto, muchas organizaciones de ayuda internacional querían establecer vínculos económicos y políticos con organizaciones en los Territorios Ocupados. En consecuencia, existía un importante flujo de fondos hacia los Territorios Ocupados desde organizaciones no gubernamentales, multilaterales y gobiernos extranjeros (como Oxfam, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Comunidad Económica Europea). Por primera vez desde su establecimiento a fines de 1970, por lo tanto, gran parte del dinero iba directamente a las organizaciones de base palestinas, violando órdenes militares israelíes que le otorgaban a Israel poder de veto sobre los financiamientos para infraestructura y proyectos de desarrollo palestinos. Las organizaciones de masas de mujeres, especialmente la reconocida PFWAC, a menudo eran las receptoras de los fondos extranjeros. (Hasso, 1997: 225). Sobre el rol clave de los donantes en aquél momento (en los ochenta), Hasso señala: Mientras que algunos donantes parecían estar sinceramente comprometidos con los proyectos
ejecutados de manera democrática que propiciaban el empoderamiento de las mujeres, muchas de sus políticas y prácticas contradecían este compromiso. En general, descuidaban la falta de destrezas y los problemas de infraestructura (p. ej., la debilidad o inexistencia de comunicación, viajes, servicios bancarios) al momento de despachar los fondos. Las propuestas de proyectos de una página obtenían cientos de miles de dólares que eran canalizados hacia organizaciones que en su mayoría no podían administrar con eficacia estos fondos o crear proyectos sostenibles de generación de ingresos. Para 1990-1991, cinco proyectos importantes de generación de ingresos habían fracasado y la mayoría de los jardines de infantes patrocinados por la Federación fueron cerrados (Ibíd. 225-6).
El cierre de los jardines se debió a la suspensión de los salarios por parte del partido político. La Unión tenía mucho interés en comprender qué había sucedido y aprender de sus errores; sin embargo, la proliferación de organizaciones más “profesionales” no permitió que esto sucediera. Era más fácil, parece, para los financiadores tratar con mujeres que ya sabían cómo administrar una organización de manera profesional. La proliferación de ONG de mujeres dificultó aún más la supervivencia y el sostenimiento de las actividades de las viejas formas de las organizaciones de masas de mujeres. La necesidad de profesionales, o, en lenguaje local, motakhassissin (especialistas), no provenía solamente de la satisfacción de las necesidades de mayores fondos por parte de las activistas. Surgió también porque las mujeres se daban cuenta de que necesitaban gente con conocimientos especializados para “promover nuestro trabajo”. Esta necesidad fue percibida, por ejemplo, cuando con la contratación de una especialista para asesorarlas en el trabajo de sus guarderías, la escuela registró considerables mejoras. Como señala una de las líderes: La mujer activista era fantástica para movilizar a las personas, pero no podía encabezar un programa especializado en producción o asesoramiento, por ejemplo... Por lo tanto, nos interesaba atraer, incluso pagando, a estas especialistas con el fin de mejorar nuestro trabajo. Necesitábamos una revista de mujeres basada en estudios para provocar debates sobre nuestra labor, el movimiento y sobre la situación de las mujeres. Los centros que establecimos con algunas profesionales fueron vistos como un desarrollo natural
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Fase II (énfasis agregado) para la organización, ya que establecíamos oficinas para ejecutar nuestros proyectos sobre salud, producción, cuidado infantil... etc. Pero dado que queríamos vincular los problemas generales de las mujeres como: Violencia (doméstica y pública), matrimonio precoz, y la deserción escolar de las niñas (que surgieron masivamente en la primera Intifada) con los temas nacionales, necesitábamos una visión y destrezas profesionales que nos dijeran cuál sería la mejor forma de tratar con el gran número de mujeres con diferentes problemas e intereses. (Siham, en entrevista).
Era necesario contar con profesionales en muchos ámbitos, y su inclusión en juntas o administraciones, introdujeron distintos intereses y una visión alternativa. Como recuerda la primera abogada del Centro: “Surgió un problema cuando la nueva directora intentó formar una nueva junta. El centro debía ser una institución independiente y profesional, y no política” (Hanan, en entrevista). La activista que elaboró la declaración de intenciones de lo que se convertiría en el WCLAC, y que realizó las primeras tareas necesarias para propagar la idea en el partido, rápidamente fue sacada de los espacios de toma de decisiones, bajo la bandera del profesionalismo. Lo mismo sucedió con la abogada: “Cuando comenzamos el programa, yo solía asistir a todas las reuniones, pero cuando comencé a trabajar tiempo completo, ya no se me permitió participar en la adopción de decisiones” (Hanan, en entrevista). Para garantizar que no surgieran conflictos, ambas mujeres tuvieron que elegir entre trabajar como personal pago, con una descripción de funciones, o formar parte del órgano de decisión. Una vez que una junta se nutría de profesionales, desarrollaba un perfil propio. Siham, líder de la PFWAC, reflexionaba: Aquí, una vez que aceptas a otros profesionales, ya no puedes controlar la dirección de la organización; de otro modo, trabajas dentro de tu propia organización sin involucrar a otros con visiones distintas. Pero en aquel momento, si hubiéramos tenido en el comité las aptitudes necesarias para administrar todos los centros desde nuestra visión, no hubiéramos incorporado a gente de afuera. No teníamos suficientes personas calificadas, especialmente en recaudación de fondos, en formulación de proyectos y en administración (Siham, en entrevista).
Por ello, si bien el profesionalismo fue el principal vehículo utilizado para introducir nuevos actores y
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actoras a los movimientos de mujeres, éste en sí mismo no era una fuente suficiente de legitimidad. Tampoco estaba claro si el profesionalismo podría salvar la brecha entre la “comprensión” de la situación de las mujeres (ya sea de forma “científica” o de otra manera) y la construcción de un “frente de mujeres”. Esto se evidencia cuando observamos los cambios que atravesó el Centro cuando se aplicó el profesionalismo a su estructura, grupos de intereses comunes y programas. Los primeros años de profesionalización condujeron a un crecimiento constante del WCLAC y al éxito de la organización en materia de financiamientos, a la prestación de valiosos servicios de salud, educación y alfabetización jurídica para las mujeres; y a la difusión de mayor información sobre la condición jurídica de las mujeres y su situación doméstica, incluyendo la violencia doméstica. Sin embargo, con la profesionalización, el WCLAC también experimentó un gran cambio en su misión y sus prioridades. El enfoque bien integrado sobre la tríada de opresiones (nación, clase y género) orientado a revertir la situación de las mujeres en la sociedad, así como la orientación del movimiento nacional, tal como lo promovían las iniciadoras del centro, se redujo a un enfoque legalista donde el énfasis estaba puesto en “la comprensión desde el punto de vista jurídico de la opresión de las mujeres” (Vogel, 1998: 135). Para cumplir estos objetivos, la organización comenzó en 1992 con tres empleadas pagas. Para 1999, ese número se había ampliado a veintiocho, supervisadas por una directora idónea y estaba presidido por un Consejo de Administración de 13 miembros. Las actividades de los programas se implementaban a través de cinco Unidades principales: Asistencia Letrada, Trabajo Social, Salud, Capacitación y Promoción, y Trabajo en Red. Los mecanismos adoptados para cumplir los nuevos objetivos de la organización incluían talleres sobre conocimientos jurídicos, asesoramiento jurídico, orientación y ayuda social y psicológica. El WCLAC también se embarcó en la documentación de las violaciones de los derechos de las mujeres, estudiando su condición jurídica y social y diseminando información sobre conciencia jurídica y capacitación en género para líderes mujeres. Se comprometió a cooperar con todos los centros e instituciones que trabajaban en el campo de la asistencia letrada, social y psicológica y en
Fase II orientación en salud para las mujeres palestinas. Además, se analizó como una misión importante la expansión de las relaciones entre el centro y las instituciones regionales árabes e internacionales que trabajan por los derechos humanos en general y por los derechos de las mujeres en particular (WCLAC, Plataforma Interna, Artículo 3). El cambio de rol del WCLAC se vio reflejado en su nueva organización interna, en la cual la iniciadora del centro perdió poder. Surgieron algunos conflictos, pero fue una causa perdida ya que ella carecía de las aptitudes necesarias para operar la nueva estructura. La diferencia de los dos roles, el de activista política de género y el de profesional comenzaron a cristalizarse. La nueva visión adoptada por el WCLAC estaba impulsada por la noción de “modernización”. Esto profundizó la separación entre las activistas políticas, que tenían experiencia de trabajo y apoyo de base, por un lado, y por el otro, las profesionales, que si bien tenían experiencia en formulación de proyectos y recaudación de fondos, carecían de estas conexiones. Las profesionales consideraban que la sociedad necesitaba ser modernizada por mujeres instruidas a través de la aplicación del estado de derecho. Como expresaba la directora, “Vivimos en una sociedad tradicional, donde los problemas se resuelven a través de métodos tribales, y no por medio de la ley” (Maha Abu Dayya en una reunión pública, 12/2/2002). Una iniciativa fundamental fue el proyecto “Parlamento Modelo Palestino: Mujeres y Legislación”8 lanzado por el Centro a comienzos de 1998. Éste se proponía alcanzar un conjunto de metas incluyendo la aprobación de una legislación palestina que garantizaba la igualdad y los derechos humanos de las mujeres palestinas, el derecho a participar en la construcción de una sociedad civil basada en la justicia, la igualdad y el respeto de los derechos humanos y el estado de derecho. En este proyecto, la participación “real” era considerada un obstáculo que consumía gran parte del tiempo de la organización. No era considerado ventajoso para la agenda en discusión; y si bien el
Centro había instrumentado una serie de talleres como mecanismo de consulta, al final del cual se hizo evidente que existían diferencias de opiniones, la organización intentó preservar su propia visión e ignoró algunas reacciones importantes que llevaron a la creación de una organización separada en Gaza (Mashraqiyyat) impulsada por una visión distinta sobre la reforma jurídica basada esta vez no totalmente en los derechos universales sino en la reforma de los derechos religiosos. El Parlamento Modelo así ilustraba una situación donde prevalecía lo que denomino “lógica de proyecto”. La “lógica de proyecto”, que es parte integral del proceso de ONG-ización, implica un enfoque menos participativo para tratar los temas de interés público. También implica un énfasis en la ‘apropiación’ del ‘proyecto’ y un enfoque exclusivo en sus aspectos exitosos, minimizando sus dificultades y lagunas, y dejando por lo tanto la puerta abierta a errores recurrentes. El profesionalismo y la lógica de proyecto han brindado una nueva base de poder a las ONG’s de elites, que determinan qué temas de mujeres deben atraer la atención pública. Impulsadas por la lógica de proyecto, las profesionales de las ONG’s carecen de conocimientos sobre las fuerzas activas en la sociedad civil y la esfera pública, y esta debilidad da lugar a una influencia desproporcionada de los donantes sobre la agenda de la organización. Esto es especialmente peligroso dado que las relaciones entre ONG’s y donantes se dan de tal manera que la agenda de los donantes siempre prevalece. Si bien la relación entre estos dos actores es problemática y compleja, los representantes de las ONG sí tienen el poder de manipular, renegociar y legitimar las agendas de los donantes. Forman parte de una “elite globalizada” en el sentido de que están atadas a actores internacionales y alimentadas por agendas globales. Estos vínculos han sido decisivos en la “ONG-ización” de la agenda nacional que pasó de ser una agenda que en un principio buscaba constituir una nación soberana y con autodeterminación a convertirse en una agenda de “proyectos” para que financien los
8. Para un estudio exhaustivo del Proyecto de Parlamento Modelo, ver mi tesis: Hossneya Islah Jad Gad (2004) Women at the Cross-Roads: The Palestinian Women’s Movements between Nationalism, Secularism and Islamism, Tesis Doctoral, Department of Development Studies, School of Oriental and African Studies, University of London.
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La Segunda Intifada donantes, donde estos últimos desempeñan un papel clave al escoger a sus interlocutores locales. Desde la década de 1990 en adelante, los efectos de la ONG-ización comenzaron a hacerse sentir en la formulación de la agenda nacional. Muchas posiciones políticas sobre temas vitales, por ejemplo, refugiados, la cuestión de Jerusalén, formas de resistencia y la forma del futuro estado, son llevados a conferencias por representantes de ONG’s en el escenario internacional sin tener un consenso nacional acerca de qué solicitar a la comunidad internacional. Si bien es cierto que no existe un único interlocutor con quien consultar, y que este enfoque no consultivo no es exclusivo de las ONG’s palestinas, la diferencia es que los activistas de estas últimas no están respaldados por ningún actor político legítimo en la Autoridad Palestina o en la sociedad civil, ya que no pertenecen a ningún grupo de interés, partido político u otros representantes de organizaciones. La credencial feminista y el profesionalismo son el principal criterio de selección para participar en estos foros. En un contexto como éste, los informes elaborados de manera profesional y las vías simples y eficaces de comunicación son importantes. Por último, algunas de estas ONG’s de elite carecen de todo tipo de formación o experiencia en activismo político, lo que podría comprometer su legitimidad al regreso en su comunidad.
La Segunda Intifada La erupción de la secunda Intifada en septiembre del 2000 puso en suspenso los proyectos de mu-
chas organizaciones de mujeres, incluyendo los del WCLAC. No obstante, el trabajo en la agenda de género introdujo al Centro y a otras organizaciones de mujeres similares en una importante comunidad de donantes o, como las denomina Carapico “agentes y empresarios de la democracia y la consolidación de la paz” (Carapico, 2002). Éstos buscan actores locales apropiados que implementen su agenda en Medio Oriente con el fin de difundir la democracia y mejorar las organizaciones de mujeres. La prevalencia del tipo de proyectos mencionados antes comúnmente está relacionada con el poder de la comunidad de donantes para dictar las agendas de las ONG’s locales e incidir en ellas (Kunibert y Singer, 1996; Pinto-Duschinsky, 1991).9 Carapico observó esta tendencia en Medio Oriente, donde se ha desarrollado una industria de financiamientos y proyectos alrededor de temas relativos a la democracia, la consolidación de la paz y los derechos de las mujeres, por medio de la cual los agentes en Europa, América del Norte y Australia se mantienen ocupados elaborando propuestas y presentando ofertas a las burocracias públicas para sus proyectos en el mundo árabe. Ésta es una industria que depende de fondos públicos administrados por medio de subsidios y contratos y vinculada a las políticas exteriores de los grandes poderes (Carapico, 2002). Pero nuevamente, sería una simplificación excesiva considerar a las ONG’s como receptoras pasivas y a los donantes sólo como entes que siguen y ejecutan las políticas de sus gobiernos. Se ha dicho que las ONG’s locales, así como los actores internacionales, tienen un espacio donde negociar sus relaciones. Cohen y Comaroff, por
9. Algunos afirman que este flujo de proyectos no refleja necesariamente la política orquestada por parte de las ONG y los donantes internacionales, que no son monolíticos sino que están impulsados por distintos intereses, visiones y políticas. Chabbot, por ejemplo, sugiere que existen algunos especialistas en desarrollo internacional que, con el tiempo, han utilizado sus preocupaciones, las cuales difieren de las de sus financiadores, para dar forma a un papel más importante para las ONG internacionales en la política mundial (Chabbot, 1999: 223). Asimismo, una combinación de formación y experiencia laboral ha producido un cuadro especializado de expertos en desarrollo internacional que pasan la mayor parte de su vida laboral en una serie de misiones en metrópolis y capitales globales de países de bajos ingresos. Chabbot sostiene que estos profesionales de alguna manera se desvinculan de sus países de origen. Debido a su proximidad con los financiadores, los profesionales tienen grandes oportunidades y tentaciones para ejercitar prerrogativas personales y profesionales (Ibíd., 243). Son estos profesionales, más que los políticos y diplomáticos de los países, quienes han generado el discurso del desarrollo internacional, han elaborado informes de la ONU, escrito presentaciones para conferencias, diseñado estrategias de seguimiento de las conferencias, y ayudado a las nuevos estados-nación a diseñar sus políticas nacionales de desarrollo (Carapico, 2000; Chabbot, 1999: 244).
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Comentarios finales ejemplo, sostienen que las ONG’s “no responden a una necesidad, sino que negocian relaciones al convencer a las contrapartes sobre el significado de las organizaciones, los hechos y los procesos ... Actúan como agentes de los significados” (Cohen y Comaroff, 1976: 88, citado en Hilhorst, 2003: 191). Yo sostengo que, además de su capacidad para convencer a los donantes internacionales acerca de la vitalidad de su trabajo, los “activistas de la paz” están igualmente involucrados en este proceso, impulsados por sus propios intereses. La participación de muchas ONG’s en las actividades del “proceso de paz”, incluyendo el WCLAC, además de garantizarles fondos, les permite adquirir poder y legitimidad. El activismo del “proceso de paz” puede constituir una base de poder para las ONG’s de elite, al permitirles alcanzar posiciones en los espacios de decisión, ya sea en la AP o en el liderazgo de los movimientos de mujeres palestinas y demás movimientos sociales.
Comentarios finales En el análisis anterior, he intentado explorar las interrelaciones y las condiciones de participación entre dos tipos distintos de organizaciones de mujeres: un movimiento de masas de mujeres y un nuevo sector emergente de ONG’s. Me he expresado a favor del rol de la movilización para producir acciones colectivas mediante las cuales las mujeres han podido ganar poder y articular sus diferentes necesidades e intereses de género. El “viejo” discurso feminista producido por la PFWAC y otros grupos no se apoyaba en la aplicación de agendas universales para la promoción de los derechos de las mujeres y su empoderamiento. Más bien, la organización amplió su membresía como resultado de un fuerte trabajo y contactos diarios con mujeres cuyas preocupaciones nutrían la agenda para el empoderamiento de las mujeres. Así, las “no empresarias” se empoderaban
por medio de la acción colectiva que se sostenía y que implicaba un proceso que tomaba tiempo, esfuerzos y trabajo en red. El papel de las ONG’s en Cisjordania y Gaza cambió bajo la influencia del proceso de construcción del estado iniciado por la Conferencia de Madrid en 1991. Sostengo que la dinámica dual de la construcción del estado y la ONG-ización llevaron a la desmovilización de todos los movimientos sociales. El ciclo vital limitado de los “proyectos” indujo la fragmentación más que provocar lo que Tarrow denomina “trabajo en red sostenible” (Tarrow, 1994), por medio del cual los vínculos forjados con los miembros y las organizaciones se mantienen de manera regular. La ONG-ización también tiene una dimensión cultural que difunde valores a favor de la dependencia y los nuevos modos de consumo.10 La ONG-ización como proceso también ha producido cambios en la composición de los movimientos de mujeres de elite (Goetz, 1997), lo cual ha resultado, sostengo, en un cambio en las relaciones de poder. Mi estudio muestra un cambio del “poder para” las mujeres en las bases hacia un “poder sobre” ellas por parte de la nueva elite. En este contexto, creo que las ONG’s de mujeres y los nuevos discursos que introdujeron en la esfera pública en relativo aislamiento del contexto social, económico y político en general puede haber desempoderado y deslegitimado inadvertidamente a la sociedad civil y los actores seculares y sus movimientos. El “profesionalismo” puede ser un mecanismo inapropiado para difundir ideas sobre equidad de género entre las bases o en el estado, pero ha mantenido la atención en los intereses de algunas mujeres y les ha brindado una base de poder. La profesionalización, como parte del proceso de ONG-ización, puede no producir mayor participación para los “grupos beneficiarios” o las bases. La “lógica de proyecto”, también, puede provocar una mayor concentración de poder en manos de los administradores. La ONG-
10. En avisos publicados en periódicos palestinos, es frecuente leer sobre acciones comunitarias colectivas, organizadas por grupos de jóvenes y que implican limpiar calles, plantar árboles, pintar murales..., seguidos de un pequeño símbolo que indica el nombre de los donantes que financiaron estos proyectos. También es evidente que muchas actividades de las ONG tienen lugar en hoteles elegantes, donde se sirve comida extravagante, se distribuye material en papel satinado y se contrata a jóvenes “presentables” para ayudar a organizar el evento o la actividad, lo que lleva a la desaparición de la “vieja” imagen del activista informal con acento y aspecto campesino.
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Comentarios finales ización empuja a la estructura de las ONG’s a ser exclusivas y no inclusivas. La “lógica de proyecto” insta a una participación vertical hacia arriba, y no hacia abajo como en una participación horizontal. Cuando los donantes son movidos por la lógica de la eficacia de sus fondos, los líderes de las ONG’s y su personal pueden ser impulsados a demostrar su alto nivel de “profesionalismo” y eficacia. La concentración de poder en manos de los administradores puede no ser útil para extraer lecciones del activismo. Las ONG’s pueden ser copartícipes con los donantes en el ocultamiento de errores y dificultades. El discurso no consiste en meras palabras, más bien se trata de “marcos de acción colectiva para las movimientos sociales y sus estructuras de poder” (Snow y Bentford, 1998: 198; Tarrow, 1994: 122). Puede interpretarse que el “nuevo” discurso,
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utilizado por las ONG de elite, desacredita las antiguas formas de organización y es un medio para cooptar organizaciones populares. El nuevo discurso de las ONG’s ha sido empleado para forjar un espacio en el escenario público a expensas de las antiguas organizaciones de masas. La cuestión aquí es preguntar si este supuesto discurso “contra-hegemónico” es desplegado para incrementar o reducir el activismo social de las mujeres y su poder político. Creo que todo discurso contra-hegemónico debe considerar la “totalidad de la situación histórica, que incluía tanto elementos estructurales como supra-estructurales” (Bobbio, 1987: 89), ya sea que se trate de una ocupación militar, una Autoridad Palestina incompetente, partidos políticos débiles, organizaciones débiles de mujeres, o del creciente poder de los movimientos islámicos. No creo que el activismo de las ONG’s comience a hacer esto.