Brief 9 El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
Impactos de género de la crisis económica: La necesidad de estimular al sector social Rania Antonopoulos y Taun Toay1
Preámbulo
E
sta serie de artículos breves publicada por la Asociación para los derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID), presenta perspectivas subregionales de los impactos de la crisis en los derechos de las mujeres. Estos análisis subregionales son un aporte clave de expertas en temas de género y activistas por los derechos de las mujeres de las diferentes subregiones. Esta serie también incluye un análisis inter-regional que releva los aspectos comunes y diferenciales del impacto de la crisis a través del globo, así como un artículo sobre la nueva arquitectura internacional. Las mujeres están en el centro de la crisis actual que definimos como una crisis sistémica y estructural ya que combina varias crisis interrelacionadas: una recesión económica global, la crisis del cambio climático y la crisis del precio de los alimentos, la crisis energética y la crisis de la economía del cuidado. A este panorama de crisis sistémica se suma el aumento de la pobreza y la desigualdad en distintas partes del mundo, así como los impactos de la pandemia del VIH/SIDA. A la vez, están cambiando las relaciones tradicionales de poder entre los actores internacionales y los llamados países de “ingresos medios”. Entre ellos, los llamados BRICs (Brasil, Rusia, India y China), se han posicionado claramente como poderes claves de la escena internacional. Brasil y China se han convertido en acreedores de Estados Unidos e importantes inversores del Fondo Monetario Internacional, y poseen algunas de las reservas más importantes del mundo.
1 Rania Antonopoulos es investigadora y directora del programa de Igualdad de Género y Economía del Levy Economics Institute; Taun Toay es investigadora analista del Levy Economics Institute.
El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
La situación actual no sólo sugiere una nueva dinámica de poder, sino que además es el resultado del capitalismo agresivo promovido en las últimas décadas y pone en tela de juicio los modelos de desarrollo dominantes. La crisis no es algo nuevo para la mayoría de los países en desarrollo que han enfrentado varias crisis en las décadas pasadas (una crisis por década al menos) y también a comienzos de esta década. Sin embargo, la crisis alcanzó proporciones globales cuando impactó en las economías centrales y dejó en evidencia la interrelación creciente de los países desarrollados y en desarrollo en este mundo cada vez más globalizado. Esta crisis sistémica cuestiona a los gobiernos, a cada participante del desarrollo, activistas y analistas, el gran desafío de reinventar el sistema en el largo plazo y de reducir los impactos negativos de esta recesión a corto y mediano plazo. En este sentido, como ya lo han dicho muchos, la crisis también representa una oportunidad histórica para arriesgar y proponer formas creativas en el intento de corregir los errores del modelo de desarrollo neoliberal imperante. Los derechos de las mujeres y la igualdad de género como objetivo de desarrollo no puede ser ignorado o soslayado en este contexto. No solamente porque las mujeres se ven particularmente afectadas por estas crisis, sino también porque son actoras claves del desarrollo en la mayoría de las comunidades, son relevantes y vitales en la propuesta de enfoques eficaces para mitigar los impactos de la crisis expandiendo el cumplimiento de los derechos humanos, la sostenibilidad ambiental y los compromisos de desarrollo en todo el mundo. Durante la preparación de la Conferencia de Naciones Unidas de Alto Nivel sobre la Crisis Financiera Económica y Mundial y su Impacto en el Desarrollo (realizada entre el 24 y 26 de junio de 2009 en Nueva York), varias organizaciones de derechos de las mujeres expresaron su preocupación acerca de los impactos de la crisis en las vidas de las mujeres2 y en sus derechos, y sobre las limitaciones de las respuestas a la crisis implementadas o propuestas hasta el momento. El Grupo de Trabajo de Mujeres sobre Financiamiento para el Desarrollo (WWG por sus siglas en inglés), del que AWID forma parte, ha estado muy activo y comprometido en la promoción del rol crucial de Naciones Unidas como espacio legítimo para abordar la crisis desde una perspectiva multilateral e inclusiva.3 AWID tiene un fuerte compromiso con la participación y el apoyo a iniciativas colectivas para influir en este proceso y también en la construcción de alianzas con otros movimientos sociales. Las soluciones o respuestas a la crisis que han diseñado los mismos actores que produjeron esta debacle financiera y económica son inaceptables. Las respuestas a la crisis deben emerger de procesos amplios, en los que tanto los gobiernos como la sociedad civil participen en un diálogo enriquecedor y en donde los procesos de toma de decisiones den más respuestas a las necesidades de las personas y al cumplimiento de los derechos humanos. Tanto la sociedad civil como los gobiernos de todos los países del mundo, incluyendo los países de bajos ingresos, deberían ser actores centrales en este proceso de diálogo global sobre políticas. Los ámbitos multilaterales en el seno de Naciones Unidas son los espacios más inclusivos y equilibrados existentes hasta la fecha en el sistema internacional, y son los únicos que cuentan con mecanismos claros para la participación de los países en desarrollo y de la sociedad civil.
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2 Ver la declaración: The G20 committed to save the global economy at the cost of women, 17 noviembre, 2008, 11º Foro Internacional de AWID, en http://www.awid.org/eng/Enjeux-et-Analyses/Library/LE-G20-DECIDE-A-SAUVER-L-ECONOMIEMONDIALE-AUX-DEPENS-DES-FEMMES/(language)/eng-GB 3 Grupo de Trabajo de Mujeres sobre Financiamiento para el Desarrollo, Declaración de la Segunda Consulta de Mujeres convocada por el Grupo sobre FpD en Nueva York entre el 24 y 26 de abril, 2009, en http://www.awid.org/eng/About-AWID/AWIDNews/A-call-for-structural-sustainable-gender-equitable-and-rights-based-responses-to-the-global-financial-and-economic-crisis
Impactos de género de la crisis económica: La necesidad de estimular al sector social
Sean cuáles sean las propuestas que surjan de estos procesos de alto nivel para enfrentar la crisis, deberán de integrar un análisis sobre cómo estas tendencias repercuten en las comunidades y cómo impactan a las mujeres en diferentes sectores y territorios. La asignación de recursos para estas respuestas también debería de integrar la perspectiva de igualdad género y asegurar que aquellos sectores claves del desarrollo social como la salud o la educación no sean los que se desfinancien en aras del crecimiento económico y la estabilidad financiera. Los logros en el desarrollo social que han sido alcanzados en las últimas dos décadas, aún siendo limitados, estarán en un riesgo mayor si el foco de las respuestas a la crisis se limita al crecimiento económico y al retorno al estado de ”más de lo mismo”. En este sentido, los compromisos con los derechos de las mujeres y la igualdad de género, contenidos en instrumentos como la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Plataforma de Acción de Beijing, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, no deben ser negociables en la definición de las respuestas a la crisis. Es en este espíritu que las autoras de los documentos incluidos en esta serie aceptaron el desafío de explorar respuestas a las siguientes cuestiones: • Considerando la diversidad de situaciones en que viven las mujeres, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentan las mujeres en su subregión en el contexto de la crisis actual? • ¿Puede identificar acciones o iniciativas (respuestas a la crisis) concretas que ya hayan tenido impactos negativos y/o positivos en la vida de las mujeres? • ¿Los grupos de mujeres de su región están experimentando creciente discriminación como resultado directo o indirecto de la crisis financiera? • Si los paquetes de estímulo no incluyen perspectivas de derechos humanos y de igualdad de género, ¿hay posibilidades de que estos paquetes sean reformulados para incluir las dimensiones de género y de derechos? • Si los gobiernos de la región o subregión (u organismos regionales) no han concebido aún paquetes o medidas de estímulo, según su visión ¿cuál será el impacto al no abordar la crisis de manera oportuna a nivel nacional y regional? • ¿Cuáles son los futuros impactos potenciales en las mujeres de su región en el contexto de la recesión global? ¿Cuáles son las principales debilidades de la región en relación a la crisis económica? • La Comisión Stiglitz de la ONU4 y el G20 están intentando identificar iniciativas internacionales para reducir el impacto de la crisis en el desarrollo. ¿Cree que estas iniciativas globales tienen en cuenta los desafíos que enfrentan las mujeres de una manera que pueda ayudarlas a enfrentar la crisis en su región? Los análisis subregionales presentados en esta Serie son un intento inicial de contribuir a identificar potenciales desafíos, respuestas y propuestas desde una perspectiva de derechos humanos que tenga en cuenta las diferentes realidades e impactos que la crisis está teniendo en las distintas regiones del mundo. Los análisis también buscan contribuir a cimentar las respuestas a la crisis desde la igualdad de género y un sistema internacional más democrático y equitativo. 4 Ver las Declaraciones del Grupo de Trabajo de Mujeres sobre Financiamiento para el Desarrollo sobre la Comisión Stiglitz en http://www.awid.org/eng/Issues-and-Analysis/Library/Women-s-Working-Group-on-FFD-Contributions-to-the-Stiglitz-Commission/(language)/eng-GB y las Recomendaciones de Stiglitz en http://www.un-ngls.org/spip.php?page=cfr 3
El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
En los artículos subregionales resaltan algunas áreas de preocupación que reflejan desafíos comunes para los derechos de las mujeres en todo el mundo. La manera en que las mujeres se ven particularmente afectadas debido a su fuerte participación en la economía informal, la falta de reconocimiento de su trabajo no pago y reproductivo, así como los altos niveles de discriminación y desigualdad que enfrentan. Sin embargo, hasta la fecha la falta de perspectiva de derechos y de igualdad de género en los paquetes de estímulo o en las respuestas de políticas a la crisis a nivel nacional parece ser un denominador común a través de las diversas regiones. En todas las regiones, cuando el rol del estado se redujo, varias de las prestaciones sociales como la atención de la salud, el cuidado y la educación, fueron absorbidas por las mujeres, añadiéndose en general a su trabajo pago. Desproporcionadamente las mujeres han cargado sobre sus hombros el peso de las consecuencias de la reducción del estado, en particular en lo concerniente a la satisfacción de sus derechos económicos y sociales como la vivienda, la salud y la educación.5 Entre otros, estos hallazgos comunes expresan la necesidad de una nueva comprensión del rol del Estado y de la forma en que afectan sus decisiones a las mujeres. En particular, de la economía del cuidado donde los roles reproductivos claves que las mujeres cumplen sostienen a su riesgo el sistema económico. También se resalta la importancia cada vez mayor de concretar la agenda del trabajo decente. Si está emergiendo una era post-neoliberal, el nuevo sistema internacional se debería de construir a partir de las experiencias comunitarias, nacionales, regionales y globales y a partir de las agendas históricas de derechos humanos y de los derechos de las mujeres. Estas luchas de tan larga data deberán de ser reinterpretadas y comunicadas ampliamente para promover pensamientos alternativos acerca de las respuestas a la crisis. Un pensamiento alternativo desde una perspectiva de derechos debe de responder a visiones endógenas del desarrollo y promover respuestas holísticas a la crisis sistémica. En este sentido, nuestros propios esfuerzos desde los movimientos y organizaciones de mujeres; por construir discursos alternativos e influir en el sistema internacional deben de apoyarse en distintos tipos de conocimiento, tanto formal como informal. Nuestro discurso alternativo también debe de estar basado en un enfoque holístico y transversal que asegure que se oigan todas las voces, incluyendo las de los grupos más excluidos.6 La Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID)
Copyright © La Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID), Octubre, 2009 Autora: Rania Antonopoulos y Taun Toay Coordinación: Cecilia Alemany Traducción: Laura Pallares Edición: Guillermo Garat Corrección: Verónica Vidal Producción: Michele Knab Diseño y Diagramación: Miriam Amaro (sicdos.org.mx)
5 NOTAS DE LA REUNION DE ESTRATEGIA para el seguimiento de los esfuerzos en torno a la eficacia de la ayuda, la igualdad de género y el impacto de la crisis en las mujeres, 6-7 agosto 2009, Nueva York. Editado por Cecilia Alemany (AWID). 6 NOTAS DE LA REUNION DE ESTRATEGIA para el seguimiento de los esfuerzos en torno a la eficacia de la ayuda, la igualdad de género y el impacto de la crisis en las mujeres, 6-7 agosto 2009, Nueva York. Editado por Cecilia Alemany (AWID).
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Impactos de género de la crisis económica: La necesidad de estimular al sector social
1. Introducción A medida que el impacto de la crisis financiera continúa repercutiendo en todo el mundo, los países del Sur y del Norte están enfrentando inmensos costos humanos y económicos. Independientemente de que los países compartan o no la responsabilidad de haber provocado el desastre, las desigualdades preexistentes no han permitido a todos los países cosechar niveles similares de recuperación. Algunos países pueden costear políticas contracíclicas7 y medidas de protección social, pero otros están condenados a soportar la situación sin muchos recursos para afrontarla. Desafortunadamente para los países en una posición más débil, no existieron acciones que hicieran realidad los acuerdos en las reuniones del G20 y los documentos emergentes del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta asimetría, enquistada en diferencias de poder y “voz” a nivel global, también se observa al interior de los países. En Estados Unidos, objeto de este artículo, las víctimas más vulnerables de la crisis, los pobres y la gran mayoría de personas desempleadas, mayormente mujeres, han recibido un escaso apoyo en comparación con los perpetradores de la crisis. Si bien el gobierno de Barack Obama ha tomado ciertas medidas para apoyar los seguros de desempleo en los estados y los pagos de transferencias médicas a nivel federal, pocas medidas están destinadas a los grupos de menores ingresos. La dura realidad en Estados Unidos sigue siendo la severa reducción en los servicios sociales y un hambre cada vez mayor (Nord et. al. 2009). Los últimos datos oficiales revelan que solo entre 2007 y 2008, 2,5 millones de personas cayeron en la pobreza, sumando un total de 39,8 millones de personas pobres, la cifra más alta de la última década. El aumento de la pobreza, fuertemente ligado a la pérdida de empleos, continuó durante 2009, cuando
el desempleo oficialmente alcanzó 10 por ciento o 15,3 millones de personas desempleadas. Un escenario más inquietante surge al agregar a las 9,4 millones de personas que trabajan medio horario porque no encontraron empleo de tiempo completo o sufrieron reducción horaria, y a los 2,5 millones que buscaron empleo durante 2009 pero ya no lo hicieron el mes pasado (BLS 2010). Una estimación conservadora ubica el déficit de puestos de trabajo entre 22 y 25 millones. Algunas partes del país, en particular las comunidades desfavorecidas, enfrentan tasas de desempleo que superan 25 por ciento. Para las madres solteras la tasa es de 13 por ciento, mientras que para las trabajadoras y trabajadores afro estadounidenses y latinos / as el desempleo alcanza 16 y 13 por ciento respectivamente, y el desempleo juvenil se sitúa en 27 por ciento (ibid). Para implementar políticas sociales que protejan a las personas más vulnerables y brinden oportunidades de empleo reales para quienes más las necesiten, el gobierno debe tener un panorama claro de cómo se distribuyen las cargas totales que hacen vulnerables a los individuos. De lo contrario, se corre el riesgo de reforzar las desigualdades ya existentes y, en gran medida, esto sería lo opuesto al mandato con el que el presidente Obama fue electo. En muchos países en desarrollo los sectores orientados a la exportación y altamente feminizados son los que más sufren el impacto de la crisis, pero estas industrias no siguen la demografía del género en Estados Unidos, donde la mayor vulnerabilidad entre las mujeres se concentra en el sector del trabajo doméstico, la atención de la salud y los cuidados en el hogar. Irónicamente, estas son las mismas industrias que debían experimentar el mayor crecimiento del empleo femenino en 7 Políticas gubernamentales destinadas a revertir la dirección de un ciclo económico particular a fin de minimizar sus potenciales impactos negativos (ej. estímulo del gasto durante una recesión).
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El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
las próximas décadas, y en gran parte han hecho frente a la crisis con cierta resiliencia (BLS 2009).
de aquellas personas que se han sumado a las filas del desemplo que permanecen fuera de la fuerza laboral.
Sin embargo, el mundo del trabajo de las mujeres tiene una dimensión oculta, en especial para las mujeres marginalmente empleadas o privadas de sus derechos cuando los servicios sociales y el consumo se recortan en tiempos de crisis (Emmett 2009). Inevitablemente, las mujeres y las niñas soportan la carga del tiempo extra destinado al trabajo no pago de reproducción social cuando el hogar se ve forzado a cambiar sus patrones de consumo (Opiyo et al., 2008; Picchio, 2003; Elson, 2000). Estas son precisamente las áreas ignoradas por el debate en torno a las políticas de respuesta a la crisis, aun cuando las mismas tienen consecuencias de largo alcance en los hogares y los medios de vida de las personas, especialmente en las mujeres.
Lo que se necesita con urgencia en esta coyuntura es la identificación de proyectos de trabajo viables que tengan el potencial de la creación masiva de puestos de trabajo, así como de una asignación del gasto equiparable a la escala del problema en cuestión. Hasta ahora la creación directa de empleos ha tomado la forma de inversión en infraestructura física y energía verde, industrias en las que predominan los hombres. Hasta la fecha se han hecho pocos esfuerzos para abordar la difícil situación de las mujeres en esta crisis, un aspecto demográfico con gran necesidad de ser tenido en cuenta en las políticas de respuesta a la crisis. 3. Pobreza y desempleo: un panorama de las mujeres en Estados Unidos
2. Las respuestas dadas hasta ahora Reconociendo que las fuerzas del mercado no bastarían para hacer frente a la rápida pérdida de empleos a partir de 2007, el gobierno de Obama inició una política fiscal expansiva, con reducciones impositivas según ingresos percibidos y por menores a cargo (Earned Income Tax Credit y Child Tax Credit). Además de la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (ARRA, su sigla en inglés), aprobada en febrero de 2009, el presidente Obama convocó una cumbre del empleo e hizo una propuesta de creación de puestos de trabajo. Asimismo, en diciembre de ese año la Cámara de Representantes aprobó en el Capitolio la ley de empleo Jobs for Main Street de 2010, que incluye disposiciones para la extensión de los plazos para recibir beneficios por desempleo, desarrollo de infraestructura (básicamente autopistas y vías públicas), y empleos en el sector público (sobre todo en educación). Estos son esfuerzos bienvenidos, pero es necesario hacer más para hacerse cargo 6
Según datos de 2007, al comienzo de la crisis financiera más de la mitad de los 37 millones de estadounidenses desempleados eran mujeres (Zarcharia et. al., próxima aparición). Además, las mujeres estadounidenses están rezagadas en relación a otros países desarrollados, y la brecha entre las tasas de desempleo de hombres y mujeres estadounidenses es la más alta del mundo occidental. La feminización de la pobreza se alimenta de la raza, el nivel de habilidades y el nivel educativo. La pobreza femenina alcanza niveles especialmente altos entre las poblaciones negra e hispana. Datos recientes revelan que 26,5 por ciento de las mujeres afrodescendientes son pobres en comparación con 22,3 por ciento de los hombres afrodescendientes, y que 23,6 por ciento de las mujeres hispanas son pobres en comparación con 19,6 de los varones hispanos (BLS 2010). Esto se suma a la pérdida de empleos que desproporcionadamente impacta a las mujeres más pobres, en especial a las jefas de hogar y a las madres solteras (Figura 1).
Impactos de género de la crisis económica: La necesidad de estimular al sector social
Tabla 1: Tasas de pobreza por sexo y educación (porcentaje) Todos los niveles educativos Sin título secundario Nivel secundario, sin nivel terciario Algo de nivel terciario, título por menos de 4 años de educación terciaria Título por 4 años o más de educación terciaria
Ambos Hombres Mujeres sexos 13.2 23.5
12 20.5
14.4 26.6
12.6
10.6
14.7
9.4
7.7
10.9
4.1
3.5
4.6
Fuente: Oficina del Censo de Estados Unidos, Current Population Survey, 2009 Annual Social and Economic Supplement.
Cuando se trata de la pobreza, también hay que tener en cuenta importantes diferencias etarias entre mujeres y hombres. Entre los 18 y los 24 años, 20,6 por ciento de las mujeres son pobres, en comparación con 14 por ciento de los varones. Esta brecha se estrecha, pero nunca se cierra a lo largo de la vida adulta, y más que se duplica entre los adultos mayores (Figura 2). Además, si bien la educación reduce considerablemente la tasa de pobreza, acorta muy poco la brecha de género en los salarios (Tabla 1). Las mujeres enfrentan mayores niveles de pobreza por varias razones relacionadas entre sí, incluyendo a los grupos industriales, las cargas de trabajo no pago y la discriminación. Casi la mitad (43 por ciento) de los 29,6 millones de mujeres empleadas en Estados Unidos en 2007 se concentraban en solo 20 categorías ocupacionales, con un pago promedio de 27.383 dólares anuales (Cawthorne 2008). La bien documentada brecha entre salarios de hombres y mujeres en las distintas industrias es una corroboración más de la discriminación contra las mujeres.
Estas tendencias subrayan la necesidad de implementar políticas directamente dirigidas a las mujeres. Desafortunadamente, hasta el momento gran parte de los fondos de recuperación se han destinado a los sectores ya mencionados, dominados por hombres, así como las subvenciones impositivas que favorecen a las mujeres casadas y con trabajo pago. Si bien las disposiciones de la ARRA prevén reducciones impositivas (Earned Income Tax Credit y Child Tax Credit) y expandieron el número de familias elegibles, solo representan una fracción del gasto en infraestructura. Hay que tener en cuenta que a esto se añade la dimensión de las mujeres que no forman parte de, o están marginalmente ligadas a la fuerza de trabajo y no tienen acceso a los incentivos fiscales ni a los seguros de desempleo que constituyen parte sustancial de la respuesta del gobierno. En resumen, hasta ahora la respuesta se ha centrando estrictamente en los segmentos de la economía de mercado en los que las mujeres están poco representadas. La producción para cubrir las necesidades de la vida tiene lugar dentro de los mercados, pero no exclusivamente. De hecho, gran parte de lo necesario se obtiene a través del trabajo no pago, un área fuera de los límites estrictos de las transacciones del mercado. Si bien este foco en el mercado es aún más problemático para los países en desarrollo, en Estados Unidos hay una gran cantidad de trabajo no pago e informal. Las actividades del trabajo no pago incluyen el trabajo rutinario de mantenimiento del hogar como la cocina, la limpieza, las compras, el lavado de la ropa, el cuidado de las niñas y los niños y otras tareas diarias. El tiempo empleado en esas actividades puede ser pensado como un “subsidio” de la economía, como una transferencia o un “regalo” (Folbre, 1994) de la institución hogarfamilia al mercado y al Estado (Folbre, 2006; Budlender, 2004). Se ha argumentado que sin el trabajo no pago y sus servicios, los salarios deberían ser más altos para permitir a la población adquirirlos en el mercado o en 7
El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
Tasas de Desempleo Mensual de acuerdo al Estado Civil Ajustadas por Temporada
Tasas de Desempleo Mensual de acuerdo al Estado Civil 14.0
Total Ajustadas por Temporada Hombres casados TotalMujeres casadas Mujeres solteras Hombres casados Mujeres casadas Mujeres solteras
b D En re icie e 2 m Fe ro 00E7 br br 20 ne e 2 er 0F8 ro 00 o M 20 ebr 20 7 ar e 0 zo 08 ro 8 2 M Ab 20 0 ar 0 08 ril 8 zo M 200 Ab 20 0 a y 8 ri 8 l o Ju 2 0 M 200 ni 08 ay 8 o o J 20 Ju 2 0 Ag ulio 08 nio 08 Se o 2 2 pt sto 00A Jul 00 em S2 8g io 8 0 o 2 O bre ep0t8 sto 00 8 ct e 2 N ub 0 mb 20 ov r 0O8 r 08 e c e i D em N20 tub 20 ic br o0v8 r 0 8 i e e ie e m D2 m 20 b 0 En re ic0ie8 bre 08 er 20 mb 2 0 Fe o 0E8 re 0 br 20 ne 2 8 er 0F9 ro 00 o M 20 ebr 20 8 ar e 0 zo 09 ro 9 M 20 2 Ab 0 0 arz 09 ril 9 o 2 M 200 Ab 0 0 a y 9 ri 9 l o Ju 2 0 M 200 ni 09 ay 9 o o 20 Ju 2 0 09 nio 09 20 09
Porcentaje
Porcentaje
12.0 14.0 10.0 12.0 8.0 10.0 6.0 8.0 4.0 6.0 2.0 4.0 0.0 2.0
D
ic
ie
m
0.0
Figura 1
Nota: Las cifras de mujeres jefas de hogar no están ajustadas trimestralmente. Fuente: BLS, Household Data: http://www.bls.gov/
Tasas de Pobreza por Sexo y Edad 25.0
Tasas de Pobreza por Sexo yHombre Edad Hombre
Mujer
Mujer
M de en 5 os añ de 5 a o 17 5 s 5 a ño añ a s os 17 a 18 ño s a 24 1 8 añ a os 2 4 25 añ a os 34 2 añ 5 a os 3 4 35 añ a os 44 3 añ 5 a os 4 4 45 añ a os 54 4 5 añ a os 5 4 55 añ a os 59 5 añ 5 a os 5 9 60 añ a os 64 6 0 añ a os 6 4 65 añ a os 74 6 añ 5 a 75 os 7 4 añ añ os 75 os y añ m o ás s y m ás
20.0 25.0 15.0 20.0 10.0 15.0 5.0 10.0 0.0 5.0
M
en
os
0.0
Figura 2 Nota: Cálculo de las autoras. Fuente: Oficina del Censo de Estados Unidos, Current Population Survey, 2009 Annual Social and Economic Supplement.
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Impactos de género de la crisis económica: La necesidad de estimular al sector social
el sector público que debería que brindarlos. También se ha sugerido que es el trabajo no pago de las mujeres el que aumenta para hacer frente a situaciones difíciles, en particular durante tiempos de crisis cuando los ingresos y los bienes públicos disminuyen (Opiyo et al., 2008; Picchio, 2003; Elson, 2000). 4. Apoyar al sector social: un ejemplo ilustrativo A la luz de estas consideraciones en torno al trabajo no pago e informal, las políticas deberían orientarse a incorporar subsidios como respuesta a la recesión. Dado que el desempleo y la pobreza están estrechamente vinculados, la creación de empleos públicos ha sido periódicamente usada por muchos países como una intervención política (Antonopoulos, 2007) para aliviar las duras consecuencias y males sociales que los acompañan. En estos casos, el gobierno asume el rol de “empleador de último recurso”, creando empleos de salarios mínimos para las personas desempleadas en proyectos que construyen y mantienen obras de infraestructura, como redes viales y bienes del sector público. Si bien en algunos países este tipo de políticas han sido usadas desde hace siglos, Estados Unidos tiene la experiencia relativamente reciente de la creación de empleos a través del “New Deal” y sus esfuerzos por mitigar la Gran Depresión. Estas experiencias subrayan que la recuperación puede superar el crecimiento del desempleo, en especial cuando muchos empleos “invisibles” son atraídos al sector formal a través de fondos de estímulo. Sin embargo, si se tiene en cuenta que muchas mujeres se encuentran en las márgenes del mercado formal (ya sea fuera del sector formal o subempleadas), los paquetes de estímulo deberían incluir elementos que expandan el empleo para las mujeres. Un área potencial para esta expansión es el sector social, puesto que con frecuencia las mujeres son socialmente rele-
gadas a este tipo de trabajo. Una simulación realizada por el Instituto Levy en base al gasto de apenas 50.000 millones de dólares en proyectos de fomento a la infraestructura social en provisión de cuidados reveló que los fondos destinados al sector social, primordialmente al cuidado en los hogares y al desarrollo temprano de la primera infancia logran crear muchos más empleos que los fondos gastados en infraestructura o energía verde (Tabla 2). Este gasto tiene la doble ventaja de aliviar a las mujeres la carga de su trabajo no pago y de desarrollar habilidades que pueden traducirse en empleo formal una vez superada la crisis. La Oficina de Estadísticas del Trabajo (BLS, 2009) pronostica que el cuidado directo en los hogares será una de las ocupaciones de crecimiento más rápido durante la próxima década, a medida que la poblacion envejezca y viva más años. Tabla 2: Creación de empleos tras un gasto adicional de un millón de dólares Número de empleos creados Distribución de los empleos creados por nivel educativo Secundario o menos Algo de nivel terciario Título terciario Total
Energía Infraestructura Cuidado Verde8 Social 178
11
23
8
8
16
5 4 17
1 2 11
4 3 23
Fuentes: Modelo de Microsumulación del Levy Economics Institute (LIMM). Por más detalles ver Zacharias, Masterson y Kim (2009)8. 8 Para la creación de empleos en energía verde utilizamos Pollin, Heintz y Garrett-Peltier (2009a, 2009b). Las cifras presentadas aquí para el sector de la energía verde deben ser leídas con precaución pues incluyen un efecto inducido de creación de empleos a partir de efectos multiplicadores de la economía que infla el número de empleos directamente creados.
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El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
Como ilustra la Tabla 2, dos tercios de los nuevos empleos en un programa del sector social son puestos de trabajo en servicios que requieren escasas habilidades, por ejemplo cuidado de niñas y niños y ayudantes de salud en el hogar. Estos son empleos que las mujeres tienen más posibilidades de obtener. Si bien este ejemplo es meramente ilustrativo, es importante destacar que la expansión de la cobertura no debe tener lugar en detrimento de la calidad del servicio. La equiparación con las redes comunitarias existentes y con las personas que brindan cuidados puede ayudar a formalizar la capacitación y a asegurar que la provisión del servicio cumpla con estándares de calidad aceptables. Sin embargo, las cifras resultan ilustrativas porque refieren a un sector caracterizado por el empleo intensivo y porque se orientan (aunque indirectamente) a las mujeres. 5. Reflexiones finales En Estados Unidos, como se ha discutido, gran parte del estímulo está dirigido a los seguros por desempleo y la infraestructura, dos áreas que poco tienen en cuenta a las mujeres. Una política clara basada en las simulaciones del Levy Economics Institute consiste en inyectar fondos de estímulo al sector social, brindando un mayor número de empleos a un sector altamente feminizado. Para aliviar la sobrecarga de las mujeres es necesario fortalecer y expandir los servicios sociales que actualmente están siendo recortados por los estados en el intento de cumplir los requisitos del equilibrio presupuestal. Asimismo, si bien existen ciertos incentivos impositivos a los hogares con niñas y niños, muy pocos están directamente dirigidos a las mujeres. Los reembolsos y las transferencias de ingresos a las madres solteras ofrecen mecanismos potencialmente estabilizantes para los hogares tradicionalmente más vulnerables.
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Finalmente, en relación a los temas relativos a la inmigración, políticamente delicados en Estados Unidos, hay un conjunto de reformas que podrían asistir a los sectores con notables niveles de empleo inmigrante femenino. Si bien la discusión sobre los méritos de las diversas alternativas supera el alcance de este artículo, hay un tema de particular importancia en lo referente al segmento informal y al segmento no pago de la sociedad. Los periodos de cataclismos económicos siempre son desestabilizantes, y en consecuencia los resultados son inciertos. En esta coyuntura enfrentamos por lo tanto un gran peligro, así como una gran oportunidad. El gran peligro es que los esfuerzos (y los fondos) de “recuperación” favorezcan los puestos laborales más fuertes, reforzando así las desigualdades existentes. Por el contrario, la oportunidad radica en el hecho de que pueda emerger un liderazgo y una eficaz acción de políticas que reduzcan las inequidades, incluyendo las inequidades entre hombres y mujeres, abriendo así un camino de posibilidades transformadoras.
Impactos de género de la crisis económica: La necesidad de estimular al sector social
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El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
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El impacto de la crisis en los derechos de las mujeres: Perspectivas subregionales
PERSPECTIVAS SUBREGIONALES Brief 1 América Latina Crisis Económica e Impactos Sociales y de Género Por Alma Espino y Norma Sanchís
Brief 2 El Caribe El Impacto de la Crisis en las Mujeres del Caribe Por Rhoda Reddock y Juliana S. Foster
Brief 3 Asia El Impacto de la Crisis en las Mujeres de Asia Por Jayati Ghosh
Brief 4 Islas del Pacífico Impacto de la Crisis Económica Global en las Mujeres de las Islas del Pacífico Por Karanina Sumeo
Brief 5 Asia Central El Impacto de la Crisis Global en las Mujeres de Asia Central Por Nurgul Djanaeva
Brief 6 África Occidental La crisis financiera global y las mujeres en África Occidental: Impactos en el desarrollo y políticas para promover la recuperación Por Dzodzi Tsikata
Brief 7 Europa Occidental El Impacto de la Crisis en las Mujeres de Europa Occidental Por Wendy Harcourt
Brief 8 Europa del Este El Impacto de la Crisis en las Mujeres de Europa Central y del Este Por Ewa Charkiewicz
Brief 9 Estados Unidos El Impacto de la Crisis en las Mujeres de los Estados Unidos Por Rania Antonopoulos y Taun Toay
Brief 10 África del Este El Impacto de la Crisis en las Mujeres en África del Este Por Zo Randriamaro