el eslabón | abril de 2011
diario del juicio | página 1
JuIcIo Díaz BESSonE
El dolor, el miedo y la verdad El testimonio de Marta Vennera en el juicio a la patota que actuó en el Servicio de Informaciones durante la última dictadura revela uno de los costados más trágicos del impacto del terrorismo de Estado en miles de familias argentinas. por Juane Basso a testigo Marta Vennera brindó el martes 15 de marzo un relato repleto de emociones encontradas, donde el miedo, la culpa y el dolor vividos esos años se hicieron presentes. “Después de muchos años de silencio quiero reivindicar a mi marido como un militante de la Juventud Peronista”, expresó la testigo.
L
Militantes de la vida Marta Vennera declaró que el 27 de septiembre de 1976 ocurrió la desaparición de su marido antonio Ángel López. Y recordó que “en la mañana del 27 era lunes, Antonio salió temprano, antes de ir a trabajar tenía una tarea como militante de la Juventud Peronista, tenía que volantear la zona de Villa Diego, iba con un grupo, él tenía una moto, era una misión riesgosa, porque era una época difícil, habían caído muchos militantes, las citas y controles estaban cantados, el riesgo hizo que el día anterior antonio reuniera a la familia”. Luego Vennera continuó: “Yo no militaba pero apoyaba la militancia de antonio. Después de la volanteada tenía que ir al trabajo, en un estudio de arquitectura. Yo trabajaba de preceptora en el colegio Misericordia, estaba embarazada de dos meses, y estaba angustiada esperando el llamado. Llegó el mediodía, y me fui a casa de mi mamá, porque si antonio había caído lo habitual era un allanamiento. estuve todo el día en casa de mi mamá, a quien no le dije nada, esperando que antonio me venga a buscar. no le dije nada a mi mamá porque en mi familia había muchos policías y no sabíamos que había pasado, si yo hablaba podía estar echándole la policía encima a estos chicos. Disimulando que estaba todo bien me fui a casa de un hermano de antonio, Jorge, me quedé a pasar la noche ahí un par de días más. en casa de mi cuñado decidimos ir a vivir a casa de unas tías abuelas de antonio que me hacían pasar por una sobrina que llegó de otro lado”. Marta realizo un conmovedor relato de aquellos tiempos en los que pretendía no perder la esperanza de reencontrarse con su compañero. “trate de no llorar, yo tenía que estar bien, si no veo un cadáver, yo tengo derecho a esperar una persona que está viva”, dijo a los jueces la testigo. a continuación Vennera dijo: “Lo primero que hice fue una denuncia de desaparición y busca de paradero, eso fue el 9 de octubre, habían pasado un poco mas de 10 días. Fue en ese tiempo que me llega una versión. La historia de una pareja que iba en moto, que un auto, que el muchacho que maneja para, levanta los brazos y le disparan en la nuca, que la chica corre y la meten adentro del auto y al muchacho también, levantan los volantes, y la moto quedo tirada muchas horas en ese lugar. Parecía creíble. Yo me aferré a la posibilidad que un balazo habría terminado enseguida con la vida de antonio, que no hubiera sufrido torturas”. La versión de ese operativo es la misma que la familia Moro-De Vicenzo obtiene sobre la posible “caída” de Miriam, la hermana de ana Moro, fundadora de Familiares de desaparecidos y testigo de
la causa que ya declaró meses atrás. “gerardo, mi hijo –siguió el testimonio de Marta– ya había nacido, y recuerdo haber ido con mi cuñado Jorge, a fines del ‘77 a verlo al padre Héctor garcía, que nos aseguró que lo había visto a antonio, que estaba bien, que pronto iba a salir. Por la ilusión, confiamos en el cura”. Luego Vennera comentó que un día su familia se conecta con alguien de la Policía Federal de quien, en un primer encuentro, no obtiene respuestas. De la segunda vez que se encuentra con esa
bre. Me mostraron fotos, había varias fotos, en una estaba antonio muerto, un muerto tirado entre yuyales, boca abajo, en otra de frente vestido, tenía como un trapo o una tira rasgada en la cabeza, lo que me dio la idea de que podía haber sido una venda o mordaza. Me desespero, porque pienso que entonces no había caído enseguida. Había otra foto que parecía tomada en una morgue, porque era el cuerpo sobre una mesa; se veía la parte superior del torso, era una situación de morgue, tenía los ojos cerrados y el gesto crispado, tenso, era anto-
“Un policía federal me empieza a decir que quizás Antonio se había ido con otra. Yo le dije que no, que estábamos bien, que él estaba contento con el bebé que esperábamos, y me pregunta si prefería que esté muerto o se hubiera ido con otra...” persona de la Policía Federal, Vennera recordó el siguiente diálogo: “Un policía federal me empieza a decir que quizás antonio se había ido con otra. Yo le dije que no, que estábamos bien, que él estaba contento con el bebé que esperábamos, y me pregunta si prefería que esté muerto o se hubiera ido con otra. Y yo le di la respuesta más espantosa, que prefería que esté muerto. Y me dijo «bueno vamos a buscar entre los muertos». Dijo que había unos cadáveres aparecidos en un camino de tierra que, por la descripción y la fecha, podía ser antonio. Y llamó a un empleado que no estaba uniformado, que me acompañó a los tribunales”. Luego la testigo ofreció el tramo más tremendo de su relato: “allí me hicieron algunas preguntas en relación a la fecha de mi casamiento, nosotros nos habíamos intercambiado anillos, así que si ese era antonio tenía un anillo con mi nom-
nio yo no tenía dudas”. el suspenso creado por el relato de la testigo no bajaba su intensidad, Vennera comentó que “había otras fotos” de “un cuerpo de una mujer con los ojos entreabiertos y pelo desordenado”, y describió a los jueces: “Me preguntaron si yo tenía idea de quién podía ser, yo pensé que podía ser Miriam (Moro). Pero yo había negado en todo momento la militancia de antonio, yo dije que no sabía quién podía ser, tenía miedo no sólo por lo que pudiera pasarme a mi sino la consecuencia sobre otras personas, cómo justificar quién era Miriam qué había ido a hacer antonio. Yo estaba ahí, enterándome de que antonio había sido asesinado”. La testigo pareció revivir durante su testimonio las sensaciones contradictorias que la atravesaron en aquel instante de hace 34 años: “Yo había cortado todo vínculo con la vida anterior, dejé de ver a los amigos de antonio, me quedé en el
círculo cerrado de mi trabajo y la casa de mi familia. La idea era no arriesgar a nadie que tuviera relación conmigo y mi entorno, en esa escena, en ese espacio de opresión, no sé que respuesta podría haber dado más que esa negación que me espanta, porque eso impidió que la familia Moro recupere los restos de Miriam, en un tiempo que le hubiera permitido recuperarlo. seguramente alguien sabía lo que había pasado y me veían a mi ilusionada, esa es la tragedia, esperar la aparición con vida, ponerme a mi delante de las fotos era decirme basta, deja de esperar. La decisión que tomé fue la de negar, no la conozco, no sé quién es, fue un dilema”. Más adelante en su testimonio, Marta comentó que en diciembre de 1983, se encontró con ana Moro. “Le pregunte si había podido saber sobre Miriam –declaró Vennera–, yo le dije que sabía que había pasado con antonio. ana se puso mal y me pidió que la acompañe a la calle Corrientes, a la oficina de la aPDH, donde estaba Delia rodríguez araya. Le hablé del expediente, trámite y fotos. Delia me reprochaba como había podido callar tanto tiempo, que locura tenía encima. se ve que yo seguía mal, esta traba a asumir toda la historia, cuando a raíz de las actuaciones de ana Moro, soy citada a los tribunales, yo sigo sosteniendo que antonio salió a trabajar y que no estaba en nada”. en ese momento Marta dijo: “Por ello yo quiero reivindicar la figura de antonio como un militante político de la Juventud Peronista”, y luego agregó: “Cuando ana llega al cementerio de Casilda, (donde estaba los cuerpos de antonio y el de Miriam Moro), se encuentra que en ese pedazo de tierra pública habían levantado un edificio de nichos y no era posible rescatar el cuerpo de Miriam”.