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Las Mujeres y el ADN Wesleyano

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Las mujeres y el ADN Wesleyano

First Fruits Press

Wilmore, KY

c2026

ISBN: 9781648173998

Las mujeres y el ADN Wesleyano

Editado por Rachel L. Coleman

Published in the U.S.A. by First Fruits Press, 2026. Digital version at http://place.asburyseminary.edu/firstfruitsspanish/5/

First Fruits Press is a digital imprint of the Asbury Theological Seminary, B.L. Fisher Library. Asbury Theological Seminary is the legal owner of the material previously published by the Pentecostal Publishing Co. and reserves the right to release new editions of this material as well as new material produced by Asbury Theological Seminary. Its publications are available for noncommercial and educational uses, such as research, teaching and private study. First Fruits Press has licensed the digital version of this work under the Creative Commons Attribution Noncommercial 3.0 United States License. To view a copy of this license, visit http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/us/.

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B.L. Fisher Library

Asbury Theological Seminary 204 N. Lexington Ave. Wilmore, KY 40390 http://place.asburyseminary.edu/firstfruits

Las mujeres y el ADN Wesleyano [electronic resource] / editado por Rachel L. Coleman. – Wilmore, Kentucky : First Fruits Press, ©2026.

1 online resource 109 pages ; : port.) : digital.

ISBN: 9781648173998 (uPDF)

ISBN: 9781648174001 (Mobi) OCLC: 1577213641

1 Methodist women. 2. Women in church work--Methodist Church 3 Methodist Church Theology I. Title. II. Coleman, Rachel L.

Cover design by Amanda Kessinger

First Fruits Press

Te Academic Open Press of Asbury Teological Seminary 204 N. Lexington Ave., Wilmore, KY 40390 859-858-2236

frst.fruits@asburyseminary.edu asbury.to/frstfruits

Capítulo

Capítulo

Introducción

El ADN es ese código genético que, de diversas maneras y por procesos invisibles, forma muchos aspectos de nuestra existencia corporal y mental. Este volumen editado busca explorar el ADN del movimiento wesleyano1 y cómo ese “código” incrustado en la teología y las prácticas wesleyanas ha formado, está formando y puede formar tanto la experiencia de las mujeres dentro del movimiento como su impacto en la vida de las mujeres en general, particularmente en el contexto hispano y latinoamericano. No es un tema periférico al movimiento; de hecho, mucho se ha escrito sobre la fuerte in!uencia de Susana Wesley en la vida de sus hijos, Juan y Charles, y sobre la trayectoria de inclusión de las mujeres a todos niveles de la obra misional y eclesiástica en el la historia del movimiento. Esta selección de un artículo por el teólogo nazareno Jerome Van Kuiken ilustra la atención dada al tema:

Generaciones posteriores de metodistas colmaron de elogios a Susana Wesley como “la madre el metodismo”--¡hasta “la Madona del metodismo”!—que capacitó teológicamente a sus hijos, dirigía ejercicios religiosos para los feligreses cuando su esposo viajaba, y persuadió a su hijo Juan a aceptar a los predicadores metodistas laicos. Sin embargo, Susana es simplemente la primera en una serie de mujeres de in!uencia en los círculos wesleyanos y periféricos al mundo wesleyano. Durante la vida de Juan y Charles Wesley, Hester Ann Rogers dirigía reuniones de clases, mientras Sarah Crosby y Mary Bosanquet Fletcher predicaban con frecuencia. Después de la muerte de los hermanos Wesley, estos dejaron el legado de la agitación evangélica en la cual las novelistas como Jane Austen, Hannah More y Charlotte Brontë emplearon su fe

1 Hemos optado por usar consistentemente el adjetivo “wesleyano” en vez de “metodista”, porque abarca la amplitud de tradiciones eclesiásticas con raíces teológicas en el movimiento iniciado por los hermanos Wesley. Sin embargo, en algunas secciones donde la referencia es directamente al movimiento metodista primitivo o alguna denominación en particular, se retiene el adjetivo “metodista”.

Rachel L. Coleman cristiana para desa ar las convenciones matrimoniales de su época con el n de promover el bienestar de las mujeres. Febe Palmer llegó a ser “la madre del movimiento de santidad” y escribió e Promise of the Father (La promesa del Padre), una larga defensa del privilegio femenino de predicar el evangelio. Su apoyo in!uenció a Catherine Booth, “la madre del Ejército de Salvación”, cuya hija Evangeline llegó a ser la primera mujer que sirvió como General de los salvacionistas. Otras mujeres wesleyanas notables han incluido a la evangelista Hannah Whithall Smith, de los cuákeros de santidad; la compositora prolí ca de himnos, Fanny Crosby; las exesclavas, predicadoras y activistas Sojourner Truth y Amanda Berry Smith; la presidenta de la Unión Femenina Cristiana para la Abstinencia de Bebidas Alcohólicas (Women’s Christian Temperance Union), Frances Willard; la innovadora ministra metodista ordenada Anna Howard Shaw, que apoyó el sufragio femenino; Iva Durham Vennard, fundadora de varios institutos evangelísticos de santidad. . . ; la “General de las montañas de Kentucky”, Lela G. McConnell. . . ; la super-estrella pentecostal, in!uenciada por los metodistas y salvacionistas, Aimee Semple McPherson; Rosa Parks, “la madre del movimiento para derechos civiles”; Jacquelyn Grant, co-fundadora de la teología mujerista; la Superintendenta General Emérita de la Iglesia wesleyana, JoAnne Lyon, la Obispo Linda Adams de la Iglesia Metodista Libre y la Superintendenta General nazarena, Carla Sunberg. Todas estas y muchas más han respondido al llamado del Cristo ascendido a pastorear su rebaño, buscar los perdidos y “servir la edad presente” en su nombre. Han sido las madres de nuestro movimiento de diverss maneras que incluyen y van más allá de simplemente dar a luz a hijos biológicos.2

Algo notable por su ausencia en esta reseña de Van Kuiken es la consideración del rol de las mujeres en el movimiento wesleyano en el mundo hispanohablante. Este es el vacío que el tomo actual desea empezar a llenar.

2 Jerome Van Kuiken, “Methodists, Mothers, and Messiah’s Ascension”, Firebrand Magazine, 7 mayo, 2024. Traducción mía. https:// rebrandmag. com/articles/methodist-mothers-and-messiahs-ascension. A la lista provista por Van Kuiken, se pueden agregar los nombres de Carolyn Moore y Leah Hidde-Gregory, elegidas obispos de la Iglesia Metodista Global en su primera conferencia general en Costa Rica, octubre 2024.

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Los cinco capítulos del libro examinan distintos aspectos o elementos del ADN wesleyano y cómo estos han in!uido e in!uyen en la experiencia de las mujeres que son parte del movimiento. En el capítulo 1, la Dra. Vicky Ruiz examina el ADN histórico del movimiento wesleyano, considerando estas preguntas: ¿Qué ha sido el rol de las mujeres en el movimiento wesleyano, particularmente en las formas del metodismo que se sembraron en Latinoamérica, y cómo se compara el rol de las mujeres en el movimiento en el Siglo 21 con el papel que jugaron en el período inicial del movimiento? La Dra. Ruiz explora la trayectoria del tema desde los inicios del movimiento en Europa y Norte América y cómo se desarrolló en el contexto latinoamericano cuando los misioneros wesleyanos del norte llegaron para establecer iglesias del movimiento, particularmente en México y el Caribe.

En el capítulo 2, la Dra. Colleen “Carolina” Weaver desglosa el ADN teológico del movimiento wesleyano en relación con las mujeres. Ella explora las respuestas a estas preguntas: ¿Cuáles eran las perspectivas teológicas que formaron las prácticas wesleyanas en relación con las mujeres en el período inicial del movimiento? ¿Cuál es el estado de esas perspectivas en el movimiento wesleyano hoy en día? La Dra. weave examina cinco perspectivas teológicas de Juan Wesley que tienen implicaciones para nuestro tema. Una de estas es el poder y la responsabilidad del testimonio evangélico, tarea dada sin excepción tanto a mujeres como a hombres; la Dra. Weaver ilustra este elemento con una reseña de su propio testimonio como pastora y misionera.

El capítulo 3, escrito por el Dr. Óscar Aguilar, se dedica al tema del ADN bíblico del movimiento wesleyano. Contempla estas preguntas: Puesto que Juan Wesley se declaró “hombre de un solo libro”, ¿cómo in!uyó su estudio de la Biblia en su perspectiva sobre el rol de las mujeres? Y, trayendo hacia la actualidad esa perspectiva, ¿cuál es una “lectura wesleyana” de los textos bíblicos que a veces se usan para restringir la participación de la mujer en el ministerio de la iglesia? El Dr. Aguilar describe con claridad y sencillez la estrategia y postura hermenéutica de Juan Wesley frente a las Escrituras y

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Rachel L. Coleman cómo ésta formó sus decisiones en relación con la participación plena y activa de las mujeres en el movimiento metodista primitivo. Identi ca tres características fundamentales del marco de referencia interpretativo de Wesley, y las aplica a dos de los pasajes que han sido y son usados para restringir la actividad ministerial de las mujeres (1 Tim. 2:11–12 y 1 Cor. 14:34–35).

El capítulo 4 abraza el énfasis de Wesley en la obra del Espíritu Santo. La Dra. Miriam Figueroa explora el ADN pneumatológico del movimiento wesleyano, contestando estas preguntas: ¿De qué manera la pneumatología de Wesley in!uyó en sus prácticas en relación con el rol de la mujer en el movimiento metodista? ¿De qué manera una pneumatología wesleyana impacta (o debe impactar) el rol de la mujer en el movimiento wesleyano hoy en día? Figueroa explora el desarrollo del pensamiento y la práctica de Wesley sobre la participación de las mujeres en el ministerio y misión de la iglesia, desde un comienzo renuente hacia una plena aceptación. Ella explora cómo la recuperación del ejemplo de Wesley puede ser un elemento esencial en transformar no solo la experiencia de las mujeres sino también de la iglesia entera en nuestros días y en el futuro.

En el capítulo 5, el Dr. Wilmer Estrada contempla el tema cultural: “Las mujeres, el ADN wesleyano y la cultura latina”. Empleando entrevistas con mujeres hispanas y latinoamericanas que son parte de varias tradiciones eclesiásticas del mundo wesleyano, él explora: ¿Cuáles son los puntos de concordancia y apertura en relación con el ADN wesleyano en la cultura latina (particularmente la cultura eclesiástica)? ¿Cuáles son posibles obstáculos para la participación wesleyana de la mujer en las iglesias hispanas y latinoamericanas? Interactúa de cerca con mujeres latinas, tanto en la academia como en la iglesia wesleyana hispana y latinoamericana. Finalmente, la conclusión (Dra. Rachel Coleman) une los hilos de los cinco capítulos, resumiendo sus percepciones importantes e identi cando desafíos y posibilidades signi cativos para las mujeres en el movimiento wesleyano actual en el contexto hispano y latinoamericano. Los hilos genéticos (los temas) de los cinco capítulos necesariamente se entrelazan y se enriquecen; en

Introduction 9 conjunto, la historia, la teología, la hermenéutica, la pneumatología y la naturaleza contextual del movimiento wesleyano proveen terreno fértil para una incorporación más e caz de las mujeres en el ministerio del evangelio.

Nuestra esperanza es que este libro se lea en comunidad (grupos pequeños, equipos de liderazgo, etc.) y que genere conversaciones importantes y relevantes sobre el tema del “ADN wesleyano y las mujeres”. Por eso, en cada capítulo, después de la exposición del tema, el lector hallará dos cosas adicionales. La primera es una serie de preguntas para re!exión y conversación. Estas servirán no solo para re!exión personal sino también para socializar el tema entre los miembros de un grupo o equipo. La segunda es una lista corta de “lecturas adicionales”, recursos que se pueden explorar para más información relacionada con el tema del capítulo.

Una nota lingüística de la editora: Reconocemos la gran diversidad de vocabulario regional y de patrones gramaticales (por ejemplo, tutear o no tutear) en el mundo hispanohablante. Por eso hemos tomado dos decisiones editoriales. Primera: Hemos hecho un esfuerzo de eliminar “regionalismos” o jergas del lenguaje del libro. Segunda: En las preguntas al nal del capítulo (y dentro de los capítulos, si el autor o la autora se dirige directamente al lector), hemos optado por usar tú (en vez de usted o vos) para la segunda persona del singular y ustedes para el plural.

Los autores: Óscar Aguilar M., presbítero, teólogo y educador de la Iglesia Metodista de Costa Rica, es el presidente de la Universidad Metodista de Costa Rica. Tras obtener una Maestría en Teología (#M) en la Universidad Nazarena en Costa Rica y un Doctorado de Ministerio (DMin) en Asbury #eological Seminary, se ha dedicado a la docencia en distintas instituciones teológicas durante casi tres décadas, particularmente en las áreas de teología sistemática, doctrina wesleyana y metodología de la investigación. Es traductor de libros al español, entre ellos: El yugo de la obediencia: El signi cado de la ordenación en el metodismo-wesleyanismo (Dennis M. Campbell); Madres en

Rachel L. Coleman Israel (Donna L. Fowler-Marchant); Modelos de evangelismo (Priscilla Pope-Levison); La reunión de clase (Kevin Watson); y Marcas de un movimiento (Win eld Bevins). El Dr. Aguilar es parte del equipo de trabajo de Wesley Heritage Foundation y del Instituto de Estudios Wesleyanos, encargados de las Obras de Juan Wesley en español.

Rachel (Raquel) Coleman es Profesora A liada de Estudios Bíblicos (Asbury #eological Seminary), Profesora Adjunta de Nuevo Testamento (United #eological Seminary) y la Coordinadora Regional (Latinoamérica) para Educación Teológica de la One Mission Society. Sirve en el equipo de editores de Firebrand Magazine y la Junta Directiva de la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia. Es anciana ordenada en la Iglesia Metodista Global. Es autora de e Lukan Lens on Wealth and Possesions: A Perspective Shaped by the emes of Reversal and Right Response (2019) y Una fe multiplicada (2012). Vive en Ohio con su esposo, el Rev. Randy Coleman; ellos tienen dos hijos adultos y dos nietos, todos viven en Lexington, Kentucky.

Wilmer Estrada-Carrasquillo es Profesor Asociado E. Stanley Jones de Evangelismo en el Seminario Teológico de Asbury. Sus áreas de interés son las intersecciones entre la teología y la cultura, el evangelismo y la misión, y la espiritualidad pentecostal y wesleyana. Ha publicado tres libros: Familia, comunidad y mesa: Hacia una eclesiología hispana-latina (2025 2da edición), Beyond the Temple: Pentecosal Spirituality as a Lived Ecclesiology (2021) y Iglesia y migración: Una visión teológica para el pueblo de Dios (2022). Además, Wilmer es obispo ordenado de la Iglesia de Dios (Cleveland) y vive en Cleveland, TN junto a su esposa Laura y con sus hijas, Kalani, Mía y Valeria, y su hijo, Anthony.

Miriam E. Figueroa es puertorriqueña residente en Tennessee. Es profesora asociada de Ministerios Pastorales en el Seminario Teológico Pentecostal (PTS) de la Iglesia de Dios y es Directora del Centro para Estudios Latinos del seminario. Actualmente

Introduction 11 pastorea junto a su esposo la Iglesia de Dios Comunidad de Esperanza. Ha escrito Hacia una teología pentecostalista: Mujeres impulsadas por el Espíritu Santo (2016) y “Risking All to Pursue the Call: Pentecostal Perspective,” en Hacia una teología de la mujer pentecostal (2016). Actualmente es miembro del Comité Intercultural de la Iglesia de Dios. Es bendecida por su familia: esposo, hijos e hijas, nueras y yerno y ocho nietos y nietas, además de su madre y hermanos.

María (Vicky) Ruiz es psicóloga clínica, nacida en Puerto Rico, donde se especializó en intervenciones psicológicas con mujeres, trabajando con sobrevivientes de violencia doméstica y abuso infantil. Su tesis doctoral fue “Diseño de una capacitación para pastores para desarrollar una intervención saludable con víctimas de violencia doméstica”. Fue profesora de posgrado en la Universidad Carlos Albizu, el Seminario Evangélico de Puerto Rico y la Ponti cia Universidad Católica de Puerto Rico. Trabajó directamente con la Iglesia Metodista de Puerto Rico en la expansión del currículo “Santuarios Seguros”. Desde el 2017 vive en Florida y se encuentra bajo la tutela de la Comisión de Ministerios de la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo como candidata pastoral y cursa estudios conducentes a la Maestría en Artes (Liderazgo y Ministerios Latinos) en Asbury #eological Seminary. Reside en St. Cloud, Florida, junto a su esposo y sus dos hijas.

Colleen (Carolina) Weaver es Profesora A liada de Formación Espiritual y Estudios Bíblicos (Baltic Methodist #eological Seminary, Tallinn, Estonia), coordinadora global de Hacer Discípulos y la coordinadora regional (Europa) para Educación Teológica (One Mission Society). Es autora de e Fruits of Listening: Applying Qualitative Research Methods in the Design of Contextually Responsive eological Education (Wipf & Stock, 2024). La Dra. Weaver vivió en Madrid (España) por 14 años, donde trabajó con iglesias locales y sirvió como profesora de Teología Práctica en el Centro Teológico Koinonía (2013–2017).

Capítulo 1

Las mujeres y el ADN histórico del movimiento

wesleyano

María (Vicky) Ruiz

“Si las mujeres tuvieran que guardar silencio, entonces no tendríamos ningún testimonio de la resurrección” (Jürgen Moltmann)

El relato bíblico de la resurrección de Jesús es transcendental en la historia y doctrina del cristianismo. La resurrección de Jesús representa la victoria sobre la muerte y la esperanza de salvación y vida eterna. Ya lo dice el cántico, Porque Él vive, enfrento el mañana; porque Él vive, ya no hay temor; porque yo sé que Él tiene el futuro, mi vida vale porque vive mi Señor. 1 En una sociedad en donde aún hay quién crea que la mujer no tiene lugar en la predicación o en el ministerio, es de inspiración recordar que fue a una mujer a quién Jesús se le apareció por vez primera. En el relato de la resurreción del Evangelio de Juan, María Magdalena se queda en el sepulcro llorando al no encontrar el cuerpo de su amado Maestro, sin imaginarse que el propio Jesús resucitado se le aparecería. Cuando ella lo reconoce, Jesús procede a darle una gran encomienda: “No te aferres a mí – le dijo Jesús – porque todavía no he subido al Padre; pero ve a buscar a mis hermanos y diles: ‘Voy a subir a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes’. María Magdalena encontró a los discípulos y les dijo ‘¡He visto al Señor!’. Y les dió el mensaje de Jesús” (Juan 20:17, NTV). Como comenta Paul Chilcote, “Desde el mismo día de la resurrección, las mujeres han proclamado las buenas nuevas que descubrieron en Cristo”.2 Durante toda la historia del cristianismo las mujeres han sido parte escencial de la expansion de la iglesia, a pesar de que se han encontrado con la interpretación que algunos hombres en posición de poder han utilizado para intentar callarlas. El movimiento wesleyano no ha sido la excepción.

1 “Because He Lives”, Bill y Gloria Gaither (1971).

2 Paul Chilcote, Ella ofreció a Cristo: El legado de las mujeres predicadoras en el metodismo primitivo. (San José, CR: Abingdon Press, 2018), 11.

La teología wesleyana puede describirse como una teología inclusiva, pues es receptiva a las voces de varias comunidades. Chilcote a rma que la igualdad de mujeres y hombres en el metodismo primitivo comienza con el simple hecho de que ambos tenían historias de sus vidas que contar y todos honraban el testimonio de su fe.3 Y es que una vez nos encontramos con Cristo, todos y todas tenemos historias hermosas que contar. Juan Wesley centró su mensaje en el carácter del cristiano, el cual debe vivir en una conducta ética, basada en el amor, la virtud y en la santidad. Si se revisan sus sermones, Wesley señalaba prácticas injustas, como la esclavitud, hablaba sobre el sabio uso del dinero, sobre la visitación y acompañamiento a los enfermos; en n, promovía acciones basadas en el amor a Dios y el amor al prójimo. Este mensaje fue recibido por las mujeres de su época como uno de esperanza, que no solo las incluía, sino que las impulsaba al servicio. A continuación, una revisión histórica del trabajo de las mujeres en el movimiento wesleyano.

¿Cuál ha sido el rol de las mujeres en la historia del movimiento wesleyano?

Inglaterra durante el ministerio de Juan Wesley

El padre del metodismo es Juan Wesley (1703-1791). Todo el que ha leído su historia y biografía conoce de la in!uencia que sus padres, en especial su madre Susana Wesley, tuvieron en su vida y posterior formación ministerial. Por eso procederemos a discutir aspectos medulares de la vida de Susana.

Susana era la hija de un teólogo muy distinguido entre los puritanos, Samuel Annesley. Entre sus familiares se encontraban personas que habían fungido como líderes del movimiento puritano dentro de la iglesia de Inglaterra, buscando reformarla. El padre de Susana, el Dr. Annesley, educado en Oxford, se destacó como ministro, pero tuvo sus di cultades por no conformarse a las normas de la Iglesia Anglicana. En sus mensajes y escritos hacía énfasis en la santidad, la fe trabajando en el amor y el rol del Espíritu Santo en la

3 Paul Chilcote, “La igualdad bíblica y la espiritualidad de las primeras mujeres metodistas”. Historic Arminian Women Leaders Vol 22, No2 (2008), consultado en cbeinternational.org

Las mujeres y el 15 vida cristiana, temas similares a los posteriores escritos de su nieto Juan Wesley.

Susana nació y creció dentro de un ambiente de discusión religiosa y teológica. Debido a que su padre tenía recursos económicos, Susana Annesley recibió una educación excelente, que comprendía losofía, teología y varios idiomas. Esto hizo de Susana una mujer independiente, no sólo en el ámbito social, sino también en el teológico. Desde muy joven Susana era juiciosa y organizada con su tiempo. Sacaba tiempo para períodos de meditación y mantenía un diario espiritual. En lugar de seguir las normas establecidas por la sociedad con respecto a someterse a las ideologías y la teología establecidas, antes de tomar una decisión, Susana dedicaba tiempo a estudiar las tradiciones e implicaciones teológicas de cualquier asunto en cuestión. Esto es evidente en su teología de la iglesia, ya que después de examinar las bases y fundamentos teológicos de la familia Annesley, Susana decidió abandonar la iglesia de su padre para hacerse miembro de la iglesia o cial, la Iglesia Anglicana.4 Se casó con Samuel Wesley, que tuvo varios nombramientos dentro de la Iglesia Anglicana. Cuando su hijo Juan nació, Samuel fungía como rector de Epworth en Lincolnshire. Juan Wesley fue el decimoquinto de diecinueve hijos.

La educación de sus hijas e hijos fue la tarea principal de Susana, y a través de ella transmitió sus conocimientos y mentalidad independiente a todos sus hijos. Adicionalmente, Susana hizo estudios en educación para buscar los mejores métodos de instrucción y utilizarlos con su familia. De esta manera, el horario y la vida en general de la familia estaban sujetos a una disciplina estricta, de tal forma que ella pudiera mantener el control y organización de todos sus hijos. Susana no sólo estaba preocupada por la habilidad intelectual de sus hijos, sino también por su crecimiento espiritual. Por ejemplo, al enseñar a leer a cada uno de sus hijos e hijas, el texto de lectura siempre fue la Biblia. Además, cada semana Susana pasaba cuando menos una o dos horas conversando con cada uno de sus

4 Howard Snyder, e Radical Wesley: e Patterns and Practices of a Movement Maker (Franklin, TN: Seedbed Publishing, 2014).

hijos acerca de la importancia de las virtudes cristianas y de cómo desarrollar un carácter cristiano rme en un mundo en donde había di cultades y pecado. También les enseñaba oraciones clásicas y sencillas, les explicaba con palabras fáciles de entender las diferentes posiciones teológicas y de controversia.

Samuel Wesley viajaba frecuentemente a Londres por negocios eclesiales y políticos, dejando a Susana y a sus hijos solos en Epworth. Los estudios y métodos de enseñanza bíblica que Susana empleaba con su familia fueron adquiriendo notoriedad entre los habitantes de Epworth. En una ocasión, mientras Samuel se encontraba de viaje, varias personas de la parroquia de Epworth le pidieron a Susana que les enseñara de la Biblia y teología como lo hacía con sus hijos. A principios del 1712 (Juan Wesley tenía 9 años) Susana comenzó a reunir un grupo pequeño en la casa parroquial. Muy pronto, vecinos, adultos, y niños comenzaron a asistir con regularidad a la residencia para aprender de ella. El número de este grupo llegó a crecer hasta cerca de doscientas personas, comparado con una asistencia de aproximadamente 30 personas a los servicios del domingo. En estas reuniones Susana leía un sermón, oraba y hablaba con las personas que asistían. Susana tuvo reacciones a sus “reuniones en casa” sobre todo por estar dirigidas por una mujer. Ella defendió sus reuniones argumentando cómo las mismas habían contribuido al crecimiento de la iglesia.

Durante la vida y ministerio de Juan Wesley y la posterior formación de la Iglesia Metodista se puede ver la in!uencia e inspiración del pensamiento y ejemplo de su madre Susana. Se podría decir que las mayores aportaciones de Wesley al cristianismo incluyeron la creación de bandas, grupos pequeños de estudio y oración, predicadores laícos y el cuidado personal por otros. Estas disciplinas tenían raíces en los valores y enseñanzas que vio en su casa, del ejemplo de sus padres, en especial su madre. Wesley evaluaba el llamamiento con base en los dones, la gracia y el fruto del Espíritu. “Wesley no concibió nunca la predicación laica, masculina o femenina, como un derecho que debía aprovecharse. Por el contrario, era una dádiva de Dios para algunas personas excepcionales, la cual

Las mujeres y el 17 debía ejercitarse con un profundo sentido de responsabilidad.”5

Es importante recordar que el movimiento de avivamiento y búsqueda espiritual iniciado por Juan Wesley y su hermano Carlos Wesley nunca tuvo como objetivo fundar una nueva denominación. Ellos continuaron con esa inquietud que venía de sus padres y abuelos de renovar la iglesia de Inglaterra. Por consiguiente, ellos organizaron grupos pequeños dentro de la vida de la iglesia para redescubrir una fe viviente cimentada en el amor. En estos grupos se pretendía llevar a sus participantes a una jornada espiritual, buscando experiencias religiosas personales y el poder del Espíritu Santo para transformar tanto al individuo como a la sociedad. El avivamiento de un cristianismo esencial envolvía un redescubrimiento de la Biblia, un énfasis en la experiencia de la conversión o fe salvadora, y una visión de actividad en la vida del mundo en la que mujeres y hombres juntos participaban en la misión de Dios. Todos estos elementos se ven re!ejados en los escritos de las primeras mujeres metodistas.

El énfasis de Wesley en la conversión y la lectura de la Biblia trajo liberación y un cambio de mentalidad en las mujeres. Por ejemplo, el proceso de conversión conllevaba un proceso de arrepentimiento personal, transformación moral y un compromiso con el amor. En consecuencia, se sentían llamadas a realizar justicia social y, como a rma Chilcote, las mújeres entendieron la misión. Y esa misión les daba un nuevo sentido de propósito. Como buenas alumnas, escuchaban y aprendían los conceptos enseñados por Wesley y querían ponerlos en práctica. Uno de los conceptos más importantes de la teología wesleyana lo fue la perfección cristiana, entiéndase el amor a Dios y al prójimo llenando y dirigiendo el corazón y la vida de los creyentes. Esto de hecho se convirtió en la meta a la que aspiraban todas las mujeres metodistas de la época.6

Las mujeres tuvieron un papel importante en el establecimiento y expansión del metodismo en Inglaterra. Participaban en la creación

5 Paul Chilcote, Ella ofreció a Cristo: El legado de las mujeres predicadoras en el metodismo primitivo. (San José, CR: Abingdon Press, 2018), 74.

6 Paul Chilcote, Her Own Story. Autobiographical Portraits of Early Methodist Women. (Nashville, TN: Abingdon Press, 2001), 23.

María Ruiz de bandas, eran an trionas de predicadores laicos, auspiciaban la construcción de capillas y visitaban los enfermos y con nados. De acuerdo al recuento histórico, el 4 de abril de 1739 se inició en Bristol la primera sociedad metodista de mujeres. En palabras del propio Wesley, “Al caer la tarde, tres mujeres, arreglaron encontrarse una vez por semana con las mismas intenciones que las de las otras personas de Londres, para confesar sus faltas y orar unas con las otras y así poder ser sanadas”.7 En cada una de estas actividades las mujeres fueron tomando iniciativas en la predicación, estudios biblicos y oraciones públicas.

Daniel Bruno clasi có la participación de las mujeres en tres grupos: las Predicadoras, las Misioneras y las Sostenedoras.8 Las predicadoras desarrollaron su trabajo en pequeños grupos, pero en ocasiones en grupos grandes, orando, exhortando, predicando y viviendo una vida de piedad. Las misioneras incluían mujeres que visitaban enfermos, realizaban trabajo pastoral en las prisiones y asistían a las personas necesitadas. Las sostenedoras eran las que prestaban sus casas para las reuniones o sostenían económicamente los trabajos evangelisticos y sociales.

Chilcote describe el impacto de estas mujeres en el inicio del movimiento wesleyano en Inglaterra:

Provenientes de todos los niveles de la sociedad británica, a menudo vivieron sus vidas con una orientación contracultural y con un fuerte énfasis en el papel formativo de la comunidad wesleyana en su praxis cristiana. Estas mujeres tomaban en serio la teología. Estudiaron, hablaron sobre ello y re!exionaron sobre ello constantemente. Su papel formador en el naciente movimiento de renovación fue monumental. 9

Estas mujeres se aventuraron a trabajar en áreas tradicionalmente de hombres, y por supuesto encontraron resistencia.

7 Inés Simeone, “Las mujeres en el metodismo naciente”, Teología e Historia, Vol. 2 (2004), 209-214.

8 Daniel Bruno, “Mujeres Metodistas, abriendo camino en el ministerio femenino”, elevangelistamexicano.org.

9 Chilcote, Her Own Story, 29

Las mujeres y el 19 Inglaterra luego de la muerte de Juan Wesley

Luego de la muerte de Juan Wesley las mujeres confrontaron muchas di cultades para ejercer su liderazgo y ministerio. Los líderes del movimiento metodista en aquel momento censuraron formalmente el movimiento de las mujeres predicadoras. Esto hizo que algunas mujeres salieran del movimiento metodista y se unieran a nuevos grupos wesleyanos. Las mujeres simplemente no podían callar luego de haber encontrado la inspiración y la motivación al estudiar la Biblia en la manera en que Wesley las había inspirado. En adición algunas recordaban aún las enseñanzas y el apoyo de Juan Wesley: “A nadie, incluyendo a las mujeres se le debe prohibir que haga el trabajo de Dios, en obediencia al llamamiento interior de su conciencia”.10 Como se mencionó al inicio, en este pensamiento se veía la in!uencia de su madre. Sin embargo, para el Siglo XIX las restricciones y actitudes conservadoras fueron más dominantes en contra de las mujeres sirviendo en el ministerio, el cual se reservaba sólo para los hombres.

Mujeres metodistas en Estados Unidos

El movimiento metodista se expandió por el mundo y las mujeres continuaron sirviendo. El metodismo llegó a los Estados Unidos en el 1784, siendo Francis Asbury el primer presbítero y Obispo. Las mujeres aún no podían ocupar cargos pastorales o predicar en los Estados Unidos. Sin embargo, se dedicaron a otras labores como la educación, el cuidado de enfermos, a la lucha por los derechos de la mujer, a la organización de grupos pequeños, a la búsqueda de recursos para atender personas en necesidad y a la ayuda en la construcción de iglesias, colegios y universidades. Ya para inicios del siglo XIX fueron formándose Sociedades de Mujeres en Nueva York, Baltimore y Alabama.

La primera mujer nombrada como ministro protestante en los Estados Unidos lo fue Antoinette Brown Blackwell, en el año 1853, bajo la Iglesia Congregacional. Para el año 1900, con la constitución de la Iglesia Metodista Episcopal, las mujeres lograron el derecho 10 Paul Chilcote, Ella ofreció a Cristo: El legado de las mujeres predicadoras en el metodismo primitivo. (San José, CR: Abingdon Press, 2018), 148-149.

María Ruiz de participar de las Asambleas con voz y voto. La ordenación de la primera mujer como Presbítera fue en 1898 por la Iglesia Metodista Episcopal Zion y fue una mujer negra.11

Los wesleyanos en los Estados Unidos se unieron al movimiento antiesclavista para el año 1873. Una mujer wesleyana, Laura Smith Haviland, abrió su casa a la primera estación de Ferrocarril Subterráneo de Michigan, fundó la primera escuela de integración racial en su estado y condujo a la libertad a grupos de esclavos refugiados. La Iglesia Wesleyana abogó tambien por los derechos de las mujeres, celebrando la primera convención sobre los derechos de la mujer en la historia de los Estados Unidos en el año 1848.

Mujeres dentro del movimiento wesleyano en América Latina

En un principio el movimiento protestante en Europa no consideraba América Latina como territorio para ser evangelizado, pues consideraban que era un área ya cristianizada por la vasta extensión del catolicismo. Sin embargo, el movimiento wesleyano en Estados Unidos sí vio a la región de América Latina como campo misionero. El metodismo llega a América Latina junto a otras corrientes del protestantismo.

La Primera Conferencia Misionera se realizó en Panamá en el 1916, en donde hubo ministros de la Iglesia Discípulos de Cristo, Iglesia Metodista Episcopal y la Iglesia Presbiteriana. Dicho congreso fue tan importante que Laínez a rma que “el ecumenismo de nido como un compromiso común para la búsqueda de la unidad de los cristianos a través de la misión, nació en América Latina en la conferencia misionera de 1916 en Panamá.”12 El Congreso de Panamá tuvo como propósito establecer las bases para un trabajo unido entre las denominaciones estimulando la fraterninad y la tolerancia entre todos, logrando por primera y única vez la delimitación de los campos misioneros, permitiendo el trabajo sin celos denominacionales y

11 Inés Simeone, “Las mujeres en el metodismo naciente”, Teología e Historia, Vol. 2 (2004), 209-214.

12 Mario Laínez, “Reimaginando el contexto socio-histórico, politico y religioso del congreso misionero de Panamá de 1916”, Revista Investigaciones Teológicas #4, Universidad Evangélica de El Salvador (2017), 26

Las mujeres y el 21 estableciendo “el ideal del maestro de Galilea, que sean uno para que el mundo crea.”13

Luego de este Congreso, diferentes misioneros de la Iglesia Metodista Episcopal comenzaron a viajar a América Latina junto a sus esposas. En cada uno de los países visitados confrontaron di cultades con la iglesia predominante para aquel entonces, la Iglesia Católica. Por ejemplo, en Argentina la Iglesia Católica otorgó permiso para realizar servicios si éstos eran en inglés. Por su parte, en México también confrontaron mucha resistencia y choques con la Iglesia Católica. En Costa Rica, en 1921, la misionera Louise Fiske inició un programa educativo de escuela diaria. Nicaragua y Venezuela fueron visitados mucho después, alrededor del 1989. El trabajo misionero en estos dos países fue posible por el apoyo del Congreso de Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina (CIEMAL), la Junta de Ministerios Globales y la División de Mujeres de la Iglesia Metodista Unida en Estados Unidos.

Durante todos los esfuerzos misioneros hacia América Latina, las mujeres del metodismo eran frecuentemente colaboradoras silenciosas en la causa de las misiones. Ellas contribuían económicamente y también en la oración. Cuando la obra misionera llegó a México contó con el apoyo del Women’s Foreign Missionary Society, fundada cuatro años antes. México fue importante, pues el metodismo fue la primera denominación evangélica en el país. Mujeres fueron enviadas a México y ayudaban mayormente en el establecimiento de escuelas. En adición discipularon a mujeres mejicanas que tambien asumieron roles de liderazgo.

En México, la Iglesia Metodista es la primera en otorgar la ordenación a mujeres en 1972, en el Templo del Divino Redentor de la ciudad de Durango. Derivada de esta decisión, en julio de 1977, Aida Lea Barrera S. es apartada para el presbiterio. En los Estados Unidos había tal acuerdo desde 1956, de modo que en 1980 la iglesia elige y consagra su primera obispo en la persona de Marjorie Matthews. Podría a rmarse que el movimiento femenino en el ministerio en México fue fruto de las escuelas que los metodistas abrieron en 13 Ibid, 32

muchos lugares para la educación de la mujer.

Por ejemplo, en la misión de Guanajauto, en el año 1987, Dolores Rodríguez fue la primera mujer en hacerse miembro de la iglesia y su hijo, el primer niño en ser bautizado en la misma.14 La iglesia en México creció poderosamente, al punto de convertirse en la primera Iglesia Metodista autónoma de los Estados Unidos en Latinoamérica. Para la década de los 90 del Siglo XX, Graciela Álvarez Delgado es nombrada como primera Superintendente de Distrito y Obispo en la Iglesia Metodista de México.

El movimiento metodista llega a la isla de Puerto Rico en el año 1900 por medio del pastor y misionero Charles W. Drees, el cual fundó en la isla la Iglesia Metodista Episcopal La Santísma Trinidad en la ciudad capital de San Juan. La primera congregación era de habla inglesa ya que había un gran número de soldados estadounidenses en la isla. Sin embargo, el movimiento se fue extendiendo por la isla. Para el año 1919 se crea el Seminario Evangélico de Puerto Rico y entre su estudiantado se encontraba una mujer, Rosa Viruet. De acuerdo al historiador metodista puertorriqueño, el Obispo Emeritos Gildo Sánchez Figueroa, la apertura a que la mujer pudiera entrar al ministerio metodista fue un logro de la segunda mitad del siglo XX. “El lugar que el metodismo histórico le dio a la mujer fue una posición a la que se le dió el nombre de Diaconisa. Esta posición no conllevaba el carácter de una ordenación, sino de una consagración. Su función principal era el servicio, la educación y los actos de misericordia.”15 Dicha organización envió diaconisas a trabajar a Puerto Rico, entre ellas Sarah P. White (1900), Ella Paine (1911), Helen Rink (1945), entre otras. Al igual que en los otros países de Latinoamérica, estas mujeres realizaron labores educativas y del cuidado de la salud.

La primera pastora puertorriqueña ordenada al ministerio fue Julia Torres Fernández en el año 1960, siguiendo poco despues Dolores Lebrón Andújar. La primera mujer elevada al cargo de 14 John Wesley Butler, History of the Methodist Episcopal Church in Mexico (New York: #e Methodist Book Concern, 1918), 107 15 Gildo Sánchez, Grato es contar la historia: “Las Pastoras de los últimos años”, Vol. 10, (San Juan, PR: Hato Rey Printing, 2000), 1–2.

Las mujeres y el 23 Superintendente General de la Iglesia Metodista en Puerto Rico fue la Rvda. Myriam Visot Fernández en el año 1984.

¿Cómo se compara el rol de las mujeres en el movimiento wesleyano del Siglo XXI con su rol en el período inicial del movimiento?

En el año 2006 la Iglesia Metodista Unida en Estados Unidos celebró el 50 aniversario del reconocimiento de la mujer como Pastoras y Presbíteras dentro de su denominación. La recién establecida Iglesia Metodista Global, con presencia formal en países como Estados Unidos, Europa Central, Asia, Rusia, Africa, Panamá y México reconoce el ministerio femenino, utilizando mujeres como maestras de escuela bíblica, en ministerios dentro del laicado y en el ministerio ordenado, que incluye la elección de dos mujeres como obispos en la primera Conferencia General (Costa Rica, 2024). Por su parte, la Iglesia Wesleyana a rma la igualdad del llamado, dones y responsabilidades tanto de hombres como de mujeres en el liderazgo ministerial. Al momento de la redacción de este capítulo (julio, 2025), mujeres hispanas han llegado a ocupar el cargo de Obispo, no solo en los Estados Unidos, sino también en América Latina y el Caribe. Sin embargo, dentro de cada congregación identi cada o in!uenciada por el movimiento wesleyano en el siglo XXI, hay un inmemso número de mujeres trabajando sin títulos ni renombres, para la extension del Reino de Dios en la tierra. Estas mujeres sirven como líderes de adoración, maestras, cuidadoras de enfermos, asisten a los pastores y pastoras en el ministerio de la visitación, preparando y repartiendo alimentos y artículos de primera necesidad. Las mújeres trabajan con menos restricciones que en el período inicial del movimiento, pero con la misma pasión y entrega.

Al presente, las mujeres que hemos respondido al llamado de servicio al Reino de Dios podemos recibir inspiración de las mujeres que valientemente nos precedieron. Como madres, somos inspiradas por Susana Wesley a tomar como prioridad la eduación en la fe de nuestros hijos e hijas, no relegando esa responsabilidad solamente a la iglesia. De la misma manera, como Susana Wesley, debemos responder con valentía a todo aquel que pretenda silenciar nuestra voz, con la a rmación de que no podemos dejar de hablar

Ruiz ni de hacer lo que Dios ha puesto en nuestro corazón hacer. Como servidoras estamos llamadas a evocar la labor de servicio social y de evangelismo práctico que ejercieron las mujeres al inicio. Nuestro servicio no está limitado a las paredes de nuestras iglesias. Nuestro servicio se encuentra en el trato amable al necesitado, en sustentar económicamente obras misioneras, y en el trato diario con nuestra familia y nuestros más allegados.

La historia nos narra como las mujeres en el inicio del movimiento wesleyano no pudieron ser las mismas tras el encuentro con Cristo por medio del estudio de la Biblia. El reto sigue siendo el mismo en el presente; nadie puede quedarse igual tras el encuentro con Cristo. Sigamos trabajando, sigamos respondiendo, sigamos sirviendo. No tengamos dudas de que Dios nos ha llamado a servir “para un momento como éste” (Ester 4:14).

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN Y CONVERSACIÓN

1. Luego de conocer sobre el rol de las mujeres en la historia del movimiento weselyano, ¿a qué sientes que te llama el Señor? Para los hombres: ¿qué puedes hacer para apoyar a las mujeres en tu congregación a seguir su llamado?

2. ¿Cómo la vida y labor de Susana Wesley puede inspirar en el Siglo XXI nuestro rol como madres, esposas y lideres de Iglesia? ¿Cómo puede in!uir el estilo de crianza de Susana Wesley en el ejercicio de la paternidad hoy en día?

LECTURAS RECOMENDADAS:

Paul Chilcote, Her Own Story. Autobiographical Portraits of Early Methodist Women. (Nashville, TN: Abingdon Press, 2001)

Paul Chilcote, Ella ofreció a Cristo: El legado de las mujeres predicadoras en el metodismo primitivo. (San José, CR: Abingdon Press, 2018

Howard Snyder, e Radical Wesley: e Patterns and Practices of a Movement Maker (Franklin, TN: Seedbed Publishing, 2014).

Capítulo 2

Las mujeres y el ADN teológico del movimiento wesleyano

Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen; a imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó (Genesis 1:27, NTV)

Las perspectivas teológicas wesleyanas que informan las creencias, actitudes y prácticas relacionadas con el servicio de las mujeres en el liderazgo y en el ministerio están basadas en el ejemplo de Juan Wesley. Wesley incluía las mujeres en las bandas, clases y sociedades no solamente como recipientes pasivas de la instrucción sino también como colaboradoras empoderadas por el Espíritu Santo y testigos ables de las experiencias transformadoras del nuevo nacimiento, la justi cación por la fe, y la santi cación. Por Wesley, la Biblia era fundamental para la formación de la teología y su aplicación real en la vida diaria. La interacción de Dios y de Jesús con las mujeres, igual como con los hombres, según las historias en las Escrituras, revelan un concepto santo y digno de la humanidad. Cada persona, hombre o mujer, es creada a la imagen de Dios. Las epístolas del Nuevo Testamento, enviadas a las primeras comunidades de creyentes que se formaron después de la resurrección de Cristo, proveen aún más parámetros e instrucciones doctrinales y prácticos para las relaciones y los ministerios dentro de la comunidad cristiana primitiva, el sacerdocio de todos los santos (1 Pedro 2:9). Estas perspectivas teológicas siguen in!uyendo e informando el entendimiento wesleyano de cómo las mujeres pueden participar, servir y liderar en las iglesias.

Antes de la investigación realizada para la composición de este capítulo, mi conocimiento del tema de las perspectivas teológicas wesleyanas sobre las mujeres estaba basado primeramente en mis

1 Algunos de los recursos citados en este capítulo existen solo en inglés; las nuevas capacidades de traducción de la IA hará posible “leerlos” en español. Algunos también tienen su versión o cial publicada en español; en tal caso, ambas versiones aparecen en la bibliografía.

Colleen Weaver propias experiencias como misionera trabajando en una organización de trasfondo wesleyano-arminiano y como pastora de una iglesia metodista en Estados Unidos. Dios me llamó, y yo respondí, como Isaías: “Aquí estoy yo. Envíame a mí.”2 Me matriculé en un seminario bíblico con el propósito de obtener conocimiento teológico y bíblico, disciplinas espirituales y herramientas para el ministerio. Trabajé en una variedad de ministerios en iglesias locales en mi proprio país y en el exterior como misionera, haciendo discípulos y enseñando a niños, jóvenes y adultos. Otros creyentes a rmaron mi llamado y me animaron a ejercer los dones espirituales y talentos que Dios me había dado. Un día me encontré predicando ante un público mixto—hombres y mujeres—y me di cuenta en este momento que había llegado a un punto crítico que requería el temor de Dios y la humildad para navegar las aguas mezcladas de mi obediencia al llamado de Dios, por un lado, y, por el otro, el respeto por mis hermanos y hermanas quienes no creían que las mujeres deberían predicar ni pastorear.

No fui la primera en enfrentar esta difícil situación; Wesley, siendo hombre, también tuvo que navegar las mismas aguas mezcladas cuando experimentó un extraordinario movimiento de Dios en Inglaterra durante el Siglo XVIII, un avivamiento que transformó las vidas de mujeres y hombres, empoderándolos a todos a servir, los unos con las otras, lado a lado en el ministerio. Reconocer el liderazgo espiritual de los hombres no le costó nada, porque era el patrón universalmente aceptado; pero Wesley también permitió a las mujeres ejercer el liderazgo en las comunidades de creyentes que se estaban formando. ¿Qué perspectivas teológicas sostenían esta práctica wesleyana de incluir las mujeres como colaboradoras en el ministerio? Este capítulo ofrece una oportunidad limitada de subrayar cinco perspectivas teológicas que informan y estimulan el ejercer robusto del sacerdocio de todos los creyentes. Para entender el signi cado histórico y teológico de estas perspectivas, es necesario hacer un breve repaso de la situación de las mujeres en la sociedad durante el tiempo de Wesley. En su época 2 Isaías 6:8, NTV.

Las mujeres y el ADN teológico del 27 las mujeres tuvieron poco acceso a la formación profesional ni a una educación mayor del nivel más básico. Fueron restringidas a laborear en el contexto de sus hogares donde se dedicaron a la crianza de los niños y a los quehaceres de la casa.3 Los curadores de La Nueva Sala de Juan Wesley escriben: “Las normas sociales y su clase [dentro de la sociedad] mayormente determinaban las oportunidades abiertas a la mujer durante de su vida. Cuando una mujer se casó, todo lo que ella tenía se convirtió en propiedad de su marido y todos los hijos nacidos de ella fueron legalmente propiedad de él”.4

Christy Mesaros-Winckles escribe: “Aunque al principio de su ministerio, las actitudes de Wesley hacia las mujeres re!ejaban los prejuicios culturales, sociales y eclesiales de su día, esta actitud cambiaba sobre el tiempo mientras él observaba la obra poderosa de las mujeres del metodismo”.5 Wesley honraba y respetaba las diferencias entre los hombres y las mujeres. El insistía en que los hombres y las mujeres se sentaran separados durante los cultos y por eso, El Foundry, una sala para las reuniones metodistas, fue construido con galerías distintas para asegurar esa separación.6 La tercera regla Reglas de un Ayudante (1744) de Wesley fue “No toque a ninguna mujer. Sea tan cariñoso como usted quisiera, pero mantenga las manos fuera de ella. La costumbre [de otros] no es nada a nosotros”.7 John English observa que Wesley usaba el término especí co “hermana” igual que “hermano” para saludar a los recipientes en sus comunicaciones escritas. Es más, English comenta que la manera por la cual Wesley especi caba “hermana” varía de

3 John R. Tyson, e Way of the Wesleys: A Short Introduction (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2014), 164 .

4 “Explore Wesley and the Equal Treatment of Women”, John Wesley’s New Room, para. 1 (traducción de la autora). Consultado el 23 de enero, 2025. https://www. newroombristol.org.uk/wesley-and-the-equal-treatment-of-women/

5 Mesaros–Winckles, “John Wesley’s Arminian Magazine and Lay-Women’s Conversion Narratives”, Free Methodist Feminist, 2 febrero 2011, para. 1 (traducción de la autora). Consultado el 20 de enero, 2025. https://freemethodistfeminist. com/2011/02/02/john-wesleys-arminian-magazine-and-lay-womens-conversionnarratives/

6 Richard P. Heitzenrater, Wesley and the People Called Methodists, 2da ed. (Nashville, TN: Abingdon, 1995) 121, 227.

7 Heitzenrater, Wesley and the People, 160.

Colleen Weaver la práctica común del Apóstol Pablo, quien prefería saludar a todos los creyentes como “hermanos”.8 English a rma que Wesley creía que las mujeres y los hombres eran miembros íntegros del cuerpo de Cristo. Wesley esperaba que las mujeres participaran activamente en la comunidad cristiana donde ellas fueron encargadas del liderazgo de varios ministerios, animadas a recibir capacitación y enviadas a visitar a los pobres, los enfermos, los prisioneros, y los incrédulos.9

Primera perspectiva teológica: El nuevo nacimiento para mujeres y hombres

En su sermón, “El nuevo nacimiento,” Wesley habló del “hombre” que fue hecho según la imagen de Dios, con un sentido implícito y sinónimo con la palabra “humanidad”. Es decir, su referencia aquí con la palabra “hombre” es ambos géneros, mujeres y hombres. Cuando Wesley escribió sobre el primer pecado de la humanidad, no señaló a Eva como la persona que comió la fruta prohibida, sino al “hombre”.10 Wesley no distinguió entre los hombres y las mujeres en cuanto a su necesidad de la salvación. Él predicó que todos han de nacer de nuevo: «Y en Adán todos mueren, todo el género humano, todos los seres humanos”.11 Wesley describió los efectos del nuevo nacimiento y sus implicaciones para cada persona: “Es el gran cambio que Dios opera en el alma cuando la trae a la vida, cuando la levanta de la muerte del pecado a la vida de justicia”.12 Wesley predicó que esta transformación gloriosa es un don que será dado por medio del Espíritu a todos los que se arrepienten y confían en Cristo. Andrew Winckles escribe: “Implícito en la a rmación de Wesley que la gracia de Dios era un regalo gratuito y que la salvación fue accesible a todos, estaba un entendimiento de la doctrina que explotó las categorías estáticas de ricos/pobres, hombres/mujeres, publico/privado”.13 Esta

8 John C. English, “‘Dear Sister:’ John Wesley and the Women of Early Methodism”, Methodist History 33:1 (octubre 1994), 26–33 [27], traducción de la autora.

9 English, ‘Dear Sister,’ 30.

10 Wesley, “El nuevo nacimiento” I.1–2, en Obras de Wesley III:125–142, 2da ed. (Instituto de Estudios Wesleyanos, 2023), 128.

11 Wesley, “El nuevo nacimiento” I.4, 129.

12 Wesley, “El nuevo nacimiento” II.5, 133.

13 Andrew Winckles, “‘Excuse what di ciencies [sic] you will nd:’ Methodist Women and Public Space in John Wesley’s Arminian Magazine”, Eighteenth-Century

Las mujeres y el ADN teológico del 29 enseñanza cultivaba un nuevo auto-entendimiento en la mente y el corazón de las mujeres que escucharon el mensaje, una nueva conciencia de su valor, su propósito y su relación con Dios y con otros. Abrazando este mensaje del nuevo nacimiento, las mujeres, igual como los hombres, recibieron una identidad liberada en y a través de Jesucristo, una identidad radicalmente distinta de la que la sociedad en aquel entonces imponía sobre ellas. Siendo redimidos por Dios, mujeres y hombres eran llamados y capacitados para servir en el cuerpo de Cristo.

Segunda perspectiva teológica: Ortodoxia doctrinal informada por el amor

Aunque era un hombre de convicción y disciplina, Wesley exhortó a los creyentes a practicar el amor de Cristo hacia otros, incluyendo no solo las personas dentro de la comunidad metodista sino también las que se congregaban en otras comunidades cristianas. Wesley a rmó que los cristianos podían tener diferencias en algunas creencias, opiniones y prácticas. En su sermón “El espíritu católico”, Wesley ofrece una serie de preguntas diseñadas para probar la autenticidad del amor que uno tiene para Dios: “¿Es tu corazón recto para con Dios? . . . ¿Crees tú en el Señor Jesucristo? . . . ¿Es tu fe llena de la energía del amor? . . . ¿Estás ocupado en hacer el bien? . . . ¿Te obliga el amor de Dios a servirle con temor? . . . ¿Es tu corazón recto hacia tu prójimo? . . . ¿Muestras tu amor mediante tus obras?”14 Si una persona contesta a rmativamente estas preguntas, entonces cualquier diferencia de opinión y práctica entre creyentes se puede dejar a un lado. Wesley llamaba a las personas a vivir en paz los unos con los otros. “Dios no ha otorgado derecho alguno a ninguno de los humanos a enseñorearse así de la conciencia de sus hermanos, sino que cada uno debe juzgar por sí mismo, pues cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí”.15 Los creyentes pueden tener diferencias de opinión o enfatizar prácticas distintas, pero un espíritu católico une el cuerpo de Cristo por medio de su amor. “Ámame como a un

Studies, 46:3 (Spring 2013), 415–429 [423], traducción de la autora.

14 Wesley, “El espíritu católico” I.12–18, Obras III:1–19 (8–11).

15 Wesley, “El espíritu católico” I.9, 6–7.

Colleen Weaver compañero en el reino y [en] la paciencia de Jesús, y coheredero de su gloria”.16

A mi parecer, el propio espíritu católico de Wesley fue una perspectiva teológica fundamental que le ayudó a salir fuera de las normas sociales y eclesiales en cuanto a los papeles designados a las personas basados en su género. Wesley vio la genuinidad y el fruto del nuevo nacimiento en las vidas de las mujeres convertidas en el movimiento metodista. Aún más, él había tenido experiencias anteriores con ministerios llevados por mujeres que él reconoció como bendecidos por Dios. Después que su madre, Susana Wesley, asumió el liderazgo de las reuniones devocionales de su familia en Epworth, las reuniones experimentaron crecimiento exponencial en el número de las personas que vinieron para escuchar a Susana mientras ella “leía un sermón, oraba y hablaba con los que venían”.17 Wesley también conocía otras comunidades cristianas, como los cuáqueros, quienes permitieron a mujeres y hombres predicar y tomar posiciones de liderazgo en la comunidad. Es importante notar que, durante su vida, Wesley ejerció prudencia y no hizo cambios rápidos en cuanto a sus ideas sobe la capacidad o habilidad de las mujeres para realizar el ministerio de la predicación.18

Tercera perspectiva teológica: La llenura del Espíritu Santo

Wesley observó y celebró la obra transformadora del Espíritu Santo en todos los creyentes, hombres o mujeres.19 Karen Strand Winslow anota que Wesley reconoció que Dios derramaba su Espíritu con libertad a los que tenían fe, y las diferencias entre personas, sean de género, edad o profesión, no afectaron su elección.20 Una experiencia personal y un testimonio de haber recibido la llenura del Espíritu, según Wesley, necesariamente están acompañados con

16 Wesley, “El espíritu católico” II.3, 13.

17 Synder, El Wesley radical, 19.

18 Heitzenrater, Wesley and the People Called Methodists, 264–265.

19 Heitzenrater, Wesley and the People Called Methodists, 100–101.

20 Karen Strand Winslow, “Wesleyan Perspectives on Women in Ministry”, Free Methodist Church in Canada, julio 2005, para. 22. Consultado el 7 de enero, 2025, https://fmcic.ca/wesleyan-perspectives-on-women-in-ministry/

Las mujeres y el ADN teológico del 31 evidencia externa que otros pueden discernir en la manera que viven los creyentes quienes están llenos del Espíritu.

Este es, pues, el testimonio de nuestro espíritu, el testimonio de nuestra conciencia que Dios nos ha dado, para que seamos limpios de corazón y santos en nuestra conducta. Es la conciencia de haber recibido, por medio del Espíritu de adopción, los dones mencionados en la Palabra de Dios y que pertenecen a sus hijos adoptivos: un corazón amante de Dios y del género humano, con la fe de un niño en Dios nuestro Padre, sin desear nada sino su comunión, depositando todos nuestros cuidados sobre él, abriendo nuestros brazos para recibir a toda la humanidad con sinceridad y amor fraternal, dispuestos a dar nuestra vida por nuestro hermano, como Cristo puso su vida por nosotros; la conciencia de que, interiormente, somos conformados por el Espíritu de Dios a la imagen de su Hijo y de que caminamos ante su presencia en justicia, misericordia y verdad, haciendo las cosas que son agradables ante su presencia.21

¡Qué visión tan maravillosa! Pero no es solamente una visión, ¡es la realidad! Es una poderosa descripción de cómo podemos vivir verdaderamente en este mundo ahora mismo cuando caminamos con Cristo por fe, llenos de su Espíritu. Las mujeres que recibieron esta enseñanza, experimentaron una transformación que las capacitó para vivir y servir a Dios. Fueron empoderadas con los dones y la ayuda del Consolador y llenas de amor y celo santo para glori car a Dios en la comunidad de creyentes y en la sociedad donde compartían las buenas nuevas y ministraban a las necesidades del pueblo por medio de hechos de misericordia.

Cuarta perspectiva teológica: El discipulado y la madurez cristiana

El discipulado fue una práctica integral en la organización de las sociedades metodistas. Mientras las personas respondían al avivamiento de la gracia anticipante,22 descubrieron una yuxtaposición santa: fueron simultáneamente amados por Dios

21 Wesley, “El testimonio del Espíritu” I.6, Obras I: 189–226 (194).

22 Aunque algunos pre eren el término “gracia previniente”, hemos optado por “gracia anticipante” porque comunica con más claridad en el léxico contemporáneo.

Colleen Weaver y también separados de Dios por causa de su pecado. Desde este punto de convicción, podrían dar la espalda a la gracia, resistiendo confesar su incapacidad desesperada para curar su necesidad espiritual, o podrían, por la fe y el arrepentimiento, llegar a los pies de Cristo. Si eligieran someterse al señorío de Cristo, sería el primer paso de muchos en una caminata progresiva de su santi cación, la perfección en amor. En su obediencia a la gran comisión de Cristo para hacer discípulos, Wesley organizó mujeres y hombres en grupos de varios tamaños y con distintos propósitos. Las bandas estuvieron compuestas de tres a cuatro personas del mismo género. Las clases tuvieron doce o más personas, todavía un grupo pequeño, con gente de varias edades, géneros, y niveles de madurez en la fe. Por último, toda la comunidad metodista se reunía en las sociedades. Por medio de estos grupos, Wesley propuso crear múltiples contextos en los que las personas podían recibir el cuidado pastoral, la instrucción doctrinal, la exhortación para llevar vidas santas, y el apoyo relacional del grupo mientras cada uno progresaba en la santidad.

El movimiento metodista experimentó crecimiento rápido en el número de las personas convertidas a Cristo por medio de la predicación y enseñanza de Wesley. Para proveer un cuidado espiritual y personal, Wesley asignó las posiciones de liderazgo de las clases a mujeres y a hombres. Las clases funcionaron como dinámicos microcosmos eclesiales en el proceso del discipulado. La decisión de Wesley de poner a las mujeres en posiciones de liderazgo fue más que una solución pragmática para poder discipular el gran número de convertidos. La decisión se basó en su entendimiento teológico de la creación de hombres y mujeres, juntos hechos a la imagen de Dios. Aunque las mujeres mayormente ministraron a otras mujeres, sus responsabilidades fueron las mismas que las que fueron dados a los hombres: visitar los miembros en la clase, pastorearlos espiritualmente, recaudar las ofrendas, y entregar informes al pastor titular de la sociedad sobre el estado espiritual de cada miembro bajo de su responsabilidad.23 Su concepto teológico de discipulado como esencial para la cultivación de una comunidad cristiana robusta demandaba la participación activa de todos los miembros. Las 23 Synder, El Wesley radical, 75.

Las mujeres y el ADN teológico del 33 mujeres, igual que los hombres, fueron llamados a perseguir hacia la perfección, a tomar la responsabilidad por la formación espiritual de otros, y a servir las necesidades físicas y educativas de la comunidad local.

Quinta perspectiva teológica: El poder del testimonio y un llamado extraordinario

Wesley animó una re!exión teológica holística por medio de la implementación de cuatro recursos: la Escritura, la tradición, la razón y la experiencia, un conjunto de elementos que llegó posteriormente a conocerse como el Cuadrilátero Wesleyano. La experiencia incluye todo lo que físicamente tocamos, saboreamos, olemos, oímos y vemos en adición a los cambios e impresiones emocionales, intelectuales y espirituales que experimentamos interiormente. Nuestras experiencias pueden ser compartidas con otros por medio de testimonios orales o escritos. Wesley invitó tanto a hombres como a mujeres a compartir las historias de su andar espiritual y las historias de sus experiencias ministrando a otros para animar y enseñar a los miembros de las sociedades metodistas.24 Vicki Tolar Burton escribe: “Wesley también cambió el entendimiento teórico del arte retórico con su creencia en el poder persuasivo de la experiencia individual, un principio democratizante que localizó la autoridad espiritual dentro del creyente individual que hablaba y escribía”.25 Wesley también animó a las mujeres a publicar sus testimonios en su revista, Arminian Magazine. 26 Margaret Jones comenta que, para Wesley, “las mujeres eran una clase especial de seres con una sensibilidad espiritual y con dones para la conversación y la correspondencia elevada”27 La invitación para participar plenamente y para compartir sus testimonios genuinos como miembros valiosas, liberó e inspiró a las mujeres a identi carse públicamente como

24 Vicki Tolar Burton, “John Wesley and the Liberty to Speak: #e Rhetorical and Literacy Practices of Early Methodism”, College Composition and Communication 53:1 (septiembre 2001), 65–91 [84], traducción de la autora.

25 Burton, “John Wesley and the Liberty to Speak,” 68, traducción de la autora.

26 Burton, “John Wesley and the Liberty to Speak,” 68, traducción de la autora.

27 “John Wesley and Women,” para. 1.

Colleen Weaver metodistas, un hecho que a veces chocó con la voluntad de sus familias.28 Es importante notar que la fuerza de este nuevo sentido de identidad fue encendida por la verdadera transformación hecha por el Espíritu dentro de sus corazones. Winckle dice: “La experiencia de santi cación las empoderó a hablar y actuar en maneras que habrían sido inconcebibles antes, porque ellas creían que operaban como agentes de Dios en el mundo”.29

Para las mujeres, hablar en público era particularmente revolucionario. Tolar Burton nombra las maneras aprobadas para la participación de las mujeres en la comunidad: “la conversación espiritual (una expectación para todos miembros); hablar u orar [en voz alta] en las bandas y las clases; oración en las reuniones públicas; el testimonio público o testi car sobre una experiencia espiritual; la exhortación; y exponiendo sobre un pasaje escritural o algún otro texto”.30 Pero dentro de poco tiempo, algunas mujeres empezaron a predicar. Reconociendo la unción espiritual sobre estas mujeres que fue evidente en el impacto de sus predicaciones, Wesley hizo acomodaciones para permitir y apoyar a mujeres en este ministerio de la palabra.31 Estas predicadoras cupieron bajo la categoría de “profetas extraordinarias”, es decir, profetas no típicas, ungidas por Dios en momentos particulares para dar un mensaje particular o servir un propósito particular.32 Ryan Danker observa que Wesley pre rió usar el término “testi car” en vez de “predicar” cuando las mujeres eran las personas dando la predicación.33 Mary Bosanquet, una de las mujeres que hablaba públicamente en

28 Winckle, ‘Excuse what di ciencies [sic],’ 424.

29 Winckle, ‘Excuse what di ciencies [sic],’ 425, traducción de la autora.

30 Tolar Burton, “John Wesley and the Liberty to Speak,” 73, traducción de la autora.

31Wendy Deichmann, “Divine Call and the Historic Struggle over Women’s Roles”, A Foundation for #eological Education (18 octubre 2021), para. 5. https:/ johnwesleyfellows.org/conversations/divine-call-and-the-historic-struggle-overwomens-roles/

32 Synder, Radical Wesley, 106.

33 Ryan N. Danker, “Reclaiming a Wesleyan Argument for the Ordination of Women”, Firebrand (25 mayo 2021), para. 10. Consultado el 7 de enero 2025. https:// rebrandmag.com/articles/reclaiming-a-wesleyan-argument-for-the-ordination-ofwomen/

Las mujeres y el ADN teológico del 35 reuniones metodistas, escribió una carta a Wesley en la cual ella cuidosamente analizó pasajes bíblicos citados como pruebas en contra de la predicación pública de mujeres. Bosanquet enfatizó el mandato divino del “llamado extraordinario” que ellas, igual que algunos hombres, habían recibido y que fue evidente en el poder y la unción de sus predicaciones. Wesley reconoció la sabiduría y el discernimiento de Bosanquet. Toda la evidencia que a rmaba el llamado divino de estas mujeres a participar en la predicación del mensaje del evangelio y de la santidad, él no lo pudo rechazar.34

Scott Kisker comenta que este cambio en paradigma, basado en el énfasis de Wesley en la llenura del Espíritu como a rmación de la vocación de una persona, impactó el papel de las mujeres en la comunidad de fe: “Las mujeres encontraron papeles dentro del contexto de los avivamientos y en el movimiento de santidad porque las experiencias religiosas personales y la consagración completa a Dios signi caron que la autoridad vino carismáticamente, en vez de institucionalmente”.35 La unción del Espíritu para predicar, junto con el testimonio de una vida progresando en la santidad, fueron clave para determinar si alguien, hombre o mujer, tuvo un llamado extraordinario para ejercer el liderazgo y testi car en las comunidades enteras de los creyentes, en la presencia de personas de ambos géneros.

Las implicaciones de estas perspectivas teológicas wesleyanas

Los efectos dramáticos del derramamiento espiritual, el celo evangelístico, el discipulado intencional y el compromiso con la santidad bíblica del tiempo de Wesley lanzaron un movimiento en el cual tanto mujeres como hombres fueron empoderados, capacitados y llamados a testi car y predicar las buenas nuevas. Sin embargo, cuando el movimiento expandió, las mujeres recibieron menos oportunidades para hablar públicamente o liderar. Wendy Deichmann escribe: “En el siglo después la muerte de Wesley en

34 Heitzenrater, Wesley and the People Called Methodists, 276.

35 Scott Kisker, “A Wesleyan Biblical/#eological Argument for Women’s Leadership and Ordination”, Firebrand (12 nov 2024), para.1, traducción de la autora. https://firebrandmag.com/articles/a-wesleyan-biblical-theological-argument-forwomens-leadership-and-ordination/

36

Colleen Weaver 1791, sus sucesores (masculinos) en el liderazgo en Inglaterra y América volvieron a poner restricciones estrictas sobre las mujeres en el ministerio, las cuales se convirtieron rápidamente en un ciclo repetitivo cada vez más estrecho”.36 En su ensayo que revisa y analiza sucintamente los papeles y el rol de las mujeres en el ministerio pastoral en el movimiento wesleyano de santidad durante los últimos 150 años, Susie Stanley y Carla Sunberg identi can cuatro factores que han in!uido en la relativa estrechez de estas limitaciones: 1. El “cambio de un concepto profético de la autoridad al paradigma sacerdotal”, que da prioridad a la organización y la estructura.37 2. “Ceder a estereotipos culturales que apoyan a los hombres en los papeles de liderazgo y limitan la participación de las mujeres en posiciones de autoridad”.38 3. El fundamentalismo y sus argumentos en contra de las mujeres en liderazgo basado en los textos de 1 Timoteo 2 y 1 Corintios 14.39 4. Inconsistencias entre las a rmaciones doctrinales establecidas sobre las mujeres y las verdaderas prácticas.40 Estos cuatro factores aún in!uyen en las controversias y los diálogos actuales sobre temas como la ordenación de mujeres o la relación entre hombres y mujeres, si es complementaría o igualitaria.

Dios aún sigue llamando y capacitando a mujeres que han sido reconocidas por su predicación ungida, su sabiduría para liderar, su capacitad pastoral y su servicio sacri cial. Desde una perspectiva wesleyana contemporánea, Kisker escribe: “Nuestro entendimiento de la santi cación entera signi ca la restauración de hombres y mujeres a su estado antes de la caída (capaces de estar rectos pero predispuestos a caer), y libertad de la maldición de Adán y Eva que instituyó la subordinación de las mujeres”41 La posición wesleyana

36 Deichmann, para. 6, traducción de la autora.

37 Susie Stanley con Carla Sunberg, “ #e Promise Ful lled: Understanding a Wesleyan/Holiness Paradigm for Women in Ministry”, Global Wesleyan Alliance, WHWC White Paper: Women in Ministry, 2017, 4, traducción de la autora. https:// www.wesleyanalliance.com/media/resources/1510415405-WHWCWhitePaper. docx.

38 Stanley con Sunberg, “ #e Promise Ful lled,” 4, traducción de la autora.

39 Stanley con Sunberg, “ #e Promise Ful lled,” 4, traducción de la autora.

40 Stanley con Sunberg, “ #e Promise Ful lled,” 5, traducción de la autora.

41 Kisker, “A Wesleyan Biblical/#eological Argument for Women’s Leadership and Ordination,” para. 19, traducción de la autora.

Las mujeres y el ADN teológico del 37 teológica de santidad enfatiza la obra redentora del Espíritu de Dios en cada individuo como señal o validación de la unción espiritual para hablar u obrar en el nombre de Cristo. Diane Leclerc propone que la a rmación que Dios llama y unge a mujeres y a hombres a predicar es una doctrina intrínseca en la teología de la santidad.42

Howard Snyder re!exiona sobre el poder del contexto histórico de Wesley para formar o restringir sus perspectivas teológicas. Dice: “El entendimiento bíblico del ministerio combina el sacerdocio de los creyentes, los dones del Espíritu y el hecho de que todos los creyentes sean siervos y ministros de Jesucristo”.43 Las prácticas y perspectivas teológicas de Wesley a rmaron su comprensión de esto, aunque, como Snyder observa, el contexto de Wesley probablemente in!uenció su liderazgo y sus decisiones administrativas. Esto no cambia el hecho que Wesley, por la gracia de Dios, pusiera en marcha estos conocimientos bíblicos y perspectivas teológicas, reconociéndolos por medio de su observación de la obra del Espíritu santi cando y empoderando mujeres y hombres para servir y testi car con autoridad y bendición espiritual.

La enseñanza de Wesley sobre la necesidad del nuevo nacimiento para todos ha nivelado el terreno para los hombres y las mujeres, que se encuentran lado a lado delante de Dios. Ambos son igualmente pecadores e igualmente amados por Dios, quien les ofrece a ambos por medio de su hijo Jesucristo una vida nueva. Mientras Wesley escudriñaba la Escrituras y anhelaba discernir la voluntad de Dios para los tiempos, él se abrió al movimiento bello y poderoso del Espíritu testi cando del avivamiento en las vidas de miles de personas. Para pastorear aquel número masivo de personas, tuvo que adoptar nuevas formas del ministerio, como predicar en los campos al aire libre. Vio necesidades y oportunidades para servir la muchedumbre de los salvos y los todavía no creyentes, y reconoció que, por medio del Espíritu, Dios estaba levantado a las mujeres para servir y testi car. Estos desarrollos llamaron la atención

42 Diane Leclerc. “Context Matters: Re!ections of a Wesleyan-Holiness #eologian”, Firebrand (27 julio 2020), para. 5. https:// rebrandmag.com/articles/contexto-mattersre!ections-of-a-wesleyan-holiness-theologian/

43 Synder, El Wesley radical, 176.

Colleen Weaver de los críticos, y Wesley tuvo que responder las quejas, dudas y desacuerdos grandes y pequeños. Él eligió el camino de amor basado en la sana doctrina para abrirse a la innovación guiada por Dios. Él predicó que todos los que nacen de nuevo reciben la llenura del Espíritu santi cador. El resultado es una vida de dar buen fruto, tanto para hombres como para mujeres. Ambos moran en Cristo, son llamados a ser sus discípulos y a hacer discípulos. Cada persona tiene un ministerio que hacer. Cada creyente tiene un testimonio que compartir, un testimonio que puede inspirar, exhortar y enseñar a otros en cómo perseverar hacia la santidad de corazón y de su vida entera. El gozo fue inmenso para las mujeres que se encontraron redimidas, amadas, llenas, escuchadas, valiosas y empoderadas. Ellas aprendieron, sirvieron y testi caron con ánimo de su nueva relación con Jesucristo en el contexto de las comunidades metodistas donde creyeron y practicaron estas cinco perspectivas teológicas: el nuevo nacimiento es para hombres y mujeres; la ortodoxia doctrinal es informada por el amor; la llenura del Espíritu es un don para todos los que creen; el discipulado y la madurez cristiana son la meta hacia la cual todos caminamos; y estamos dispuestos a recibir la palabra de vida por medio de mujeres o hombres porque hay poder en el testimonio y algunos tienen un llamado extraordinario comprobado por su manera santa de vivir y hablar.

Las preguntas para re exión:

1. ¿Cuál de estas perspectivas teológicas informa el contexto actual de tu ministerio? ¿Dónde y cómo las reconoces o experimentas?

¿Cómo ayudan a las mujeres a entender su identidad en Cristo y en sus ministerios dentro de la iglesia?

2. ¿Cuál de estas perspectivas teológicas falta en tu contexto? ¿Cómo in!uye su ausencia, positiva o negativamente, en las prácticas y el papel de las mujeres en la vida de la iglesia?

3. ¿Qué perspectivas teológicas adicionales ves funcionando en el contexto de tu ministerio? ¿Cuál es la fuente de esas perspectivas? ¿En qué se basan?

Las mujeres y el ADN teológico del 39 4. Howard Snyder escribió: “El entendimiento bíblico del ministerio combina el sacerdocio de todos los creyentes, los dones del Espíritu, y el hecho que todos los creyentes son siervos y ministros de Jesucristo”.44 Describe una comunidad de creyentes, real o imaginaria, la cual vive y encarna este entendimiento bíblico. Nombra dos o tres características distintas de aquella comunidad, dos o tres acciones que la caracterizan y dos o tres maneras por las que esa comunidad re!eja el reino de Dios a la sociedad cercana y al mundo en general.

Lecturas Adicionales:

Chilcote, Paul W. Ella ofreció a Cristo: El legado de las mujeres predicadoras en el metodismo primitivo. San José, Costa Rica: Universidad Bíblica LatinoAmericana, 2018. [John Wesley and the Women Preachers of Early Methodism. Metuchen, NJ: Scarecrow, 1991].

Chilcote, Paul W. “Biblical Equality and the Spirituality of Early Methodist Women.” Priscilla Papers. Spring 2008, vol. 22, no.2. CBE International. April 30, 2008. https://www. cbeinternational.org/resource/biblical-equality-andspirituality-early-methodist-women/

Deichmann, Wendy J. “Divine Call and the Historic Struggle over Women’s Roles.” A Foundation for #eological Education. October 18, 2021. https://johnwesleyfellows.org/ conversations/divine-call-and-the-historic-struggle-overwomens-roles/

Heitzenrater, Richard P. Wesley y el pueblo llamado metodista. Nashville: Abingdon Press, 2001. [Wesley and the People Called Methodists, 2nd ed. Nashville: Abingdon, 1995, 2013.]

Jones, Margaret. “Women in Leadership in Methodism: a Historical Approach.” #e Susanna Wesley Foundation, October 30, 2015. 44 Ibid.

40 Colleen Weaver

Accessed 1/13/2025. https://susannawesleyfoundation.org/ women-in-leadership-in-methodism-a-historical-approach/

Synder, Howard A. El Wesley Radical: Patrones para la Renovación de la Iglesia. Franklin, TN: Seedbed, 2018. [ e Radical Wesley: e Patterns and Practices of a Movement Maker. Franklin, TN: Seedbed, 1996, 2014.]

Wesleyan Holiness Women Clergy (WHWC). Su página web tiene recursos, artículos e información para mujeres que son lideres en ministerios en denominaciones wesleyanas-arminianas. https://www.whwomenclergy.org/research

Capítulo 3

Las mujeres y el ADN bíblico del movimiento wesleyano

Óscar Aguilar

A lo largo de su vida, mientras crecía y maduraba en su ministerio, mientras enfrentaba los múltiples desafíos que se le presentaban, Juan Wesley mostró consistencia y un profundo arraigo en su comprensión del lugar que tenía la Biblia. Esta claridad con respecto al lugar de las Escrituras se convirtió en un elemento clave en el desarrollo posterior de todo el movimiento que iniciaba en Inglaterra a partir del siglo XVIII.

Haciendo referencia a los primeros años de su ministerio, Wesley escribe: “En 1730 empecé a ser homo unius libri [hombre de un libro], a estudiar (comparativamente) ningún otro libro que no fuera la Biblia. Entonces vi bajo una luz más fuerte que nunca antes, que sólo una cosa es necesaria, la fe que obra por el amor de Dios y del humano, produciendo toda santidad interior y exterior; y gemí por amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas”.1 Por supuesto, ser “hombre de un libro” era una referencia a la primacía de las Escrituras para iluminar su pensamiento y proceder. Juan Wesley era sencillamente un estudioso serio de la Biblia, sin menosprecio de una adecuada preparación para la obra del ministerio. Terminaría aquella década, escribiendo en 1739: “No admito otra regla ya sea de fe o de práctica que no sea de las Sagradas Escrituras”.2

A mitad de su ministerio, Wesley con rmaría estas convicciones. Al publicar su primer conjunto de sermones (1748), volvería a declararse como “hombre de un libro” en su muy conocida a rmación:

No tengo temor alguno de exponer ante personas cándidas y razonables los pensamientos más íntimos de mi corazón. Pienso

1 González, Justo, Ed. General, Obras de Wesley, Tomo XII, Diarios, Tomo II. Edición auspiciada por Wesley Heritage Foundation. (Franklin, TN: Providence House Publishers, 1996), p. 181. De aquí en adelante se cita como Obras.

2 Obras, Tomo XIII, Cartas, Tomo I, p. 121.

Óscar Aguilar que no soy sino criatura de un solo día, que pasa por la vida como una !echa que surca el aire. Soy espíritu que viene de Dios y regresa a Dios, y que entre tanto !ota sobre el gran abismo, hasta que en breve ya no se me vea. ¡Una gota que cae en la eternidad inmutable! Sólo una cosa deseo saber: el camino al cielo; cómo llegar a salvo a esa costa feliz. Dios mismo se ha dignado mostrar el camino. Para eso fue que vino desde el cielo. Lo ha escrito en un libro. ¡Dadme ese libro! ¡A cualquier precio, dadme el Libro de Dios! Lo tengo. Me basta con el conocimiento que hay en él. Quiero ser homo unius libri [hombre de un libro]. Heme aquí, lejos del bullicio humano. Estoy sentado a solas: a solas con Dios. En su presencia abro y leo su Libro. Lo abro con el propósito de encontrar el camino al cielo.3

En junio de 1766, Wesley se encontraba en una gira de predicación por Escocia. Había predicado al aire libre en la ciudad de Dundee. Después de la predicación, y con el n de aclarar algunas objeciones que se le habían presentado, dijo esto: “Mi fundamento es la Biblia. Sí, soy un fanático de la Biblia. La sigo en todas las cosas, en las grandes y en las pequeñas”.4

En los últimos años de su vida, de nuevo, Wesley se declararía fanático de la Biblia. En una carta escrita en marzo de 1772, dirigida a Ann Bolton, líder de una Sociedad metodista, le dice: “Ahora, usted y yo, somos fanáticos de la Biblia. Pensamos que el lenguaje bíblico es como la espada de Goliat, que ‘no hay otra igual’”.5 Durante toda su vida, Wesley buscó que la Biblia fuera su única regla. En 1786, a sus 83 años, Wesley publica su tratado “Pensamientos sobre el metodismo”, haciendo un recuento sobre la obra metodista hasta aquel momento. Inicia su tratado así:

1. No tengo temor de que el pueblo llamado metodista deje de existir alguna vez en Europa o en Norteamérica. Mi temor es que lleguen a permanecer como una secta muerta, como una forma de religión sin poder. Y tal será indudablemente el caso, a menos que se mantengan rmes en la doctrina, en el espíritu y en la disciplina con los cuales se iniciaron.

3 Obras, Tomo I, Sermones, I, p. 20. Énfasis en el original.

4 Obras, Tomo XII, Diarios, Tomo II, p. 188.

5 Obras, Tomo XIV, Cartas, Tomo II, p. 95.

Las mujeres y el ADN bíblico del 43 2. ¿Cuál será su doctrina fundamental? Que la Biblia es la verdad total y única, tanto de la fe como de la práctica cristiana.6

Esta comprensión del lugar autoritativo que desempeña la Biblia en medio del “pueblo llamado metodista”, la heredó el movimiento wesleyano para efectos de doctrina y misión. En otras palabras, este es uno de los rasgos esenciales que se erige como identi cador del movimiento wesleyano.

Igualdad en el ministerio

A medida que el movimiento wesleyano inicial crecía en la Inglaterra del siglo dieciocho, aparecieron varios desafíos que debían ser resueltos, entre ellos, la necesidad de más predicadores. La predicación al aire libre ahora permitía que muchas más personas pudieran ser alcanzadas con el mensaje de las buenas nuevas. Entre quienes sintieron un llamado extraordinario de Dios para el ministerio de la predicación y otras responsabilidades estuvo un grupo de mujeres.

El estudio de la Biblia y su lugar en la vida de la iglesia, sin duda, in!uyó en la perspectiva de Juan Wesley sobre la manera de aplicar los principios bíblicos en la sociedad de su tiempo. Esto incluyó, claramente, su comprensión del papel de las mujeres en el ministerio de la iglesia.

Ahora bien, la época y sociedad en las que vivió Wesley imponía limitaciones a la mayoría de las iglesias para la participación de las mujeres en su seno. Entonces frente a la necesidad de responder a la urgencia de contar con más predicadores, Wesley respondió a tales normas culturales con un enfoque teológicamente fundamentado, recurriendo a su conocimiento de las Sagradas Escrituras, y sabiamente práctico. Al leer Gálatas 3:28, Wesley enfatizaba que en Cristo las diferencias de creencia, de nacionalidad y de cultura ya no son relevantes porque los creyentes “son igualmente aceptados por

6 Obras, Tomo V, Las primeras sociedades metodistas, p. 379.

44 Óscar Aguilar fe”, estamos bajo la “dispensación del evangelio”,7 y todos son uno en Él.

Es así como en el metodismo primitivo, encontramos a Wesley promoviendo el ministerio de mujeres en funciones y responsabilidades de importancia de cara a las necesidades apremiantes que debían ser atendidas. Las mujeres comenzaron a asumir tareas de liderazgo que incluían la predicación, la enseñanza y la supervisión de comunidades de fe. El dinamismo que experimentaba aquel !oreciente movimiento metodista pronto requirió los dones organizativos de Juan Wesley y las modi caciones pertinentes y necesarias por el bien de la obra en desarrollo. Esto es importante señalarlo porque al crear una estructura de sociedades, clases y bandas, Wesley empieza a abrir espacios para la participación de las mujeres.8 Wesley se enfrenta a la necesidad de dar respuestas pastorales y prácticas ante el extendimiento de la obra metodista. Sin embargo, estas respuestas debían acompañar y rati car la obra y el testimonio del Espíritu Santo en la vida de todas las personas que participaban en el ministerio, incluidas las mujeres. La transformación que habían experimentado producto de su encuentro con Cristo, el ejercicio de los dones espirituales recibidos y su impacto en la vida de las demás personas, tenía precedencia sobre cualquier otra consideración, incluidas las estipulaciones culturales o las restricciones interpretativas de ciertos textos bíblicos.

Ejemplos y testimonios de vida

En medio de todo el quehacer y dinamismo que se experimentaba, varias mujeres comenzaron a responder con delidad al llamado divino y convicción en sus corazones, para incorporarse a la obra del ministerio. Entre muchas otras mujeres

7 Véase el comentario que hace Wesley de los versículos 23 y 25. Obras, Tomo X, Notas al Nuevo Testamento: Segunda Parte, p. 225.

8 Fowler-Marchant, Donna L. Madres en Israel: los inicios metodistas a través de los ojos de las mujeres. Midland, GA: Instituto de Estudios Wesleyanos/ Wesley Heritage Foundation, 2023. Véase la valiosa explicación que nos ofrece en el Capítulo II, “El panorama del papel de la mujer en el metodismo primitivo: el pilar del metodismo primitivo.

Las mujeres y el ADN bíblico del 45 que fueron ejemplo de trabajo destacado, hacemos referencia aquí a Susana Wesley, Mary Bosanquet Fletcher y Sarah Crosby.

Susanna Wesley

Susanna Wesley, conocida como la “Madre del Metodismo”,9 desempeñó un papel fundamental en los comienzos del movimiento wesleyano, tanto como madre de los fundadores del metodismo, como por su ejemplo de fe, enseñanza y liderazgo espiritual en su propio hogar. Susanna había crecido en un ambiente de profunda devoción cristiana y una rme formación teológica que moldeó su enfoque a la vida y la educación.

Como esposa de un pastor anglicano, con cierta frecuencia enfrentó desafíos económicos y responsabilidades familiares que recaían principalmente sobre ella, ya que su esposo a menudo estaba ausente. A pesar de estas di cultades, Susanna asumió un papel de liderazgo en la educación y formación espiritual de todos sus hijos, dedicando tiempo a enseñarles individualmente, inculcando en ellos principios cristianos, disciplina y amor por la Palabra de Dios.

Además de su in!uencia en el hogar, Susanna desempeñó un ministerio único al liderar reuniones semanales en su casa durante la ausencia de su esposo. Estas reuniones, que incluían lecturas bíblicas, oraciones y exhortaciones espirituales, llegaron a atraer a un número creciente de personas, hasta el punto de superar la asistencia de los servicios regulares en la iglesia local. Su ejemplo mostró la manera en que una mujer podía desempeñar un papel vital en el ministerio, incluso en un contexto donde las oportunidades formales eran limitadas para ellas.

El legado de Susana Wesley va más allá de ser la madre de los fundadores del metodismo. Su dedicación al estudio de las Escrituras, su celo por la educación cristiana y su capacidad para liderar en medio de adversidades inspiraron a sus hijos e in!uyeron en el énfasis metodista en la educación, la formación espiritual y el discipulado. Su vida sigue siendo un ejemplo poderoso de la 9 Fowler-Marchant, p. 2.

Óscar Aguilar forma en que las mujeres pueden impactar el ministerio de manera signi cativa, incluso en circunstancias desa antes.

Mary Bosanquet Fletcher

Mary Fletcher fue una de las primeras mujeres predicadoras dentro del movimiento metodista. En 1771, escribió a Wesley sobre diferentes inquietudes que tenía en relación con el trabajo que estaba desarrollando. Mary presenta en su carta una sólida argumentación basada en la seguridad de su obediencia a un llamado de Dios.10 Ella lo expresa así: “Si no lo creyera, no actuaría de manera extraordinaria. No creo que todas las mujeres estén llamadas a hablar en público, como tampoco todos los hombres están llamados a ser predicadores metodistas. Sin embargo, algunas tienen un llamado extraordinario a ello, y ¡ay de ellas si no lo obedecen!”11 En respuesta, Wesley respaldó su ministerio, diciendo: “Creo que la fuerza de su causa descansa en esto: en el extraordinario llamado que usted tiene. Estoy tan seguro de esto como de que lo tiene cada uno de nuestros predicadores laicos; de lo contrario, de ninguna manera yo podría aceptar su predicación. Está muy claro para mí que toda esta obra de Dios llamada ‘metodista’ es una dispensación extraordinaria de su providencia”. 12 Mary también estableció una comunidad cristiana en Leytonstone, una aldea rural en aquel entonces al noreste de Londres, que combinaba la predicación con el cuidado de las personas en necesidad. Su liderazgo no solo fue reconocido por Wesley, sino que también dejó un legado duradero en el metodismo como modelo de una fe activa y comprometida.

10https://wesleyworks.ecdsdev.org/editorial-docs/jw-incorrespondence-1771-75.pdf, p. 40. Sin embargo, ya desde 1767, en otra carta que Juan Wesley había escrito a Mary Bosanquet, le decía: “Le corresponde a usted estar continuamente atenta a su llamado para hacer aquello que él quiere que haga. Todas las cosas son una bendición, un medio para la san-tidad, siempre y cuando usted pueda decir claramente, ‘Señor haz conmigo y con lo mío lo que quieras, y cuando quie-ras, y como quieras’” (Obras, Tomo XIV, Cartas, Tomo II, p. 58).

11https://wesleyworks.ecdsdev.org/editorial-docs/jw-incorrespondence-1771-75.pdf

12 Obras, Tomo XIV, Cartas, Tomo II, p.87.

Sarah Crosby

Sarah Crosby fue otro gran ejemplo de la incorporación del ministerio de las mujeres en el movimiento metodista inicial. Comenzó su ministerio como líder de clase, pero pronto se convirtió en destacada predicadora debido a la necesidad de compartir el evangelio en reuniones cada vez más numerosas. Aunque Sarah se preocupaba por las críticas que enfrentaría al predicar, Wesley la animó, a rmando que siempre que permaneciera el a las Escrituras y al Espíritu, debía continuar. Ante la preocupación de haber “ido demasiado lejos” en todo lo que hacía, Wesley le escribe: “Hasta la fecha no creo que haya ido usted demasiado lejos. No pudo haber hecho menos. . . Siga con calma y rmeza”.13 Esto subraya la con anza de Wesley en que los dones y el llamado de Dios trascendían las normas culturales de la época.14

Lectura wesleyana de algunos textos restrictivos

Uno de los desafíos más persistentes en el tema del liderazgo femenino en la iglesia es la interpretación de textos bíblicos que aparentemente limitan su participación. Desde una perspectiva wesleyana, estos pasajes no deben tomarse como reglas universales sin considerar su contexto histórico, cultural, literario y teológico.

No obstante, este acercamiento se basa en la manera que Wesley solía interpretar la Biblia, entretejiendo varios conceptos clave. En primer lugar, Wesley nos dice que la vida cristiana se conforma a partir de tres doctrinas esenciales: “Nuestras doctrinas principales, que incluyen todo lo demás, son tres: el arrepentimiento, la fe y la santidad. Digamos que consideramos el primero como el pórtico de la religión; la segunda como la puerta y la tercera como la religión en sí misma”.15 En sus escritos, en diferentes partes, Wesley explica a qué se re ere por “religión”. En “Pensamientos sobre el metodismo” (1786), dice: “Que la religión es un principio interior, el cual no es otra cosa que el sentir que hubo en Cristo; es decir la renovación

13 Obras, Tomo XIV, Cartas Tomo II, pp. 2-3.

14 Véase Chilcote, Paul W. She O ered em Christ: e Legacy of Women Preachers in Early Methodism. Eugene, OR: Wipf and Stock Publishers, 2001.

15 Obras, Tomo V, Las primeras sociedades metodistas, pp. 190-191.

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Óscar Aguilar del alma de acuerdo a la imagen de Dios, en rectitud y verdadera santidad”.16 En el sermón “Despiértate, tú que duermes”, escribe: ¿Sabes lo que es la religión? Es participar de la naturaleza divina, de la vida de Dios en el alma humana. Es Cristo formado en el corazón; es Cristo en ti, la esperanza de gloria; es felicidad y santidad; es el cielo que comienza en la tierra; es el Reino de Dios dentro de ti. No es comida ni bebida, ni cosa externa alguna, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Es un reino eterno que penetra tu alma; es una paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento; es gozo inefable y glorioso. 17

Esta religión apunta hacia una “santidad de corazón y vida”, que lleva al creyente a amar a Dios y amar al prójimo con todo su ser. Describiendo el “carácter de un metodista”, Wesley señala: “Metodista es quien tiene el amor de Dios derramado en su corazón por el Espíritu Santo que le fue dado; quien ama al Señor su Dios con todo su corazón y con toda su alma y con toda su mente y con todas sus fuerzas”.18

En segundo lugar, Wesley integra su doctrina esencial en lo que llama la “analogía de la fe”. Wesley básicamente se re ere a un proceso que reconoce la situación de la condición y naturaleza humana caída como consecuencia del pecado, la solución que Dios ha provisto para sacar al ser humano de esa condición y la manera o el “camino” para que tal propósito de Dios se pueda cumplir. Toda la Biblia se debe interpretar a luz de esta analogía de la fe. En su sermón “El por qué de la ine cacia del cristianismo”, Wesley dice: “¡Qué pocos saben lo que el cristianismo signi ca! ¡Qué pequeño el número de los que tienen alguna noción de la analogía de la fe! Muy pocos saben que todas las verdades contenidas en las Escrituras están conectadas y relacionadas entre sí: a saber, la naturaleza corrupta del

16 Obras, Tomo V, Las primeras sociedades metodistas, p. 379.

17 Obras, Tomo I, Sermones I, “Despiértate, tú que duermes”, p. 62. Énfasis en el original.

18 Obras, Tomo V, Las primeras sociedades metodistas, 19. Énfasis en el original.

Las mujeres y el ADN bíblico del 49 ser humano, a justi cación por fe, el nacer de nuevo, y la santi cación interior y exterior”.19

En tercer lugar, muy de la mano con el punto anterior, Wesley creía en la obra del Espíritu Santo en la Iglesia, proporcionando iluminación para entender y aplicar las Escrituras en la vida cotidiana del creyente, y capacitando para la obra del ministerio. En su comentario de 2 Timoteo 3:16, dice: “el Espíritu de Dios no sólo inspiró a quienes escribieron los textos, sino que continúa inspirando constantemente, asistiendo de manera sobrenatural a quienes acompañan la lectura con ferviente oración”.20 Siguiendo esta idea, Robert W. Wall escribe:

En este sentido, entonces, la escritura procede de Dios por la acción del Espíritu santi cador que ilumina con su gracia a la comunidad de lectores/auditores que la reciben y comprenden como instrucción de Dios y, por tanto, como medio o sacramento de la gracia salvadora de Dios. Como tal, la interpretación de la Escritura debe aspirar a dar a su audiencia “el signi cado directo y literal de cada versículo, de cada frase y, en la medida de mis posibilidades, de cada palabra de los oráculos de Dios”. Esto no quiere decir que Wesley leyera las Escrituras literalmente, sino de cerca y llanamente, como un texto designado y santi cado por el Espíritu para guiar a cada miembro de la iglesia mundial como viva vox Dei por amor a Dios.21

Estos tres elementos se integran de manera extraordinaria para iluminar el camino a la hora de tomar decisiones en materia ministerial. La mies crecía y el Señor de la mies llamaba, enviaba y dotaba a los obreros a su mies, hombres y mujeres. Wesley comenta así estos versículos de Mateo 9:37-38:

37. A la verdad la mies es mucha: cuando Cristo vino al mundo era precisamente tiempo de cosecha; hasta allí, había habido sólo siembra. Mas los obreros son pocos: los que son enviados por

19 Obras, Tomo IV, Sermones, IV, p. 297.

20 Obras, Tomo X, Notas al Nuevo Testamento: Segunda Parte, p. 320.

21 Collins, Kenneth L. y Robert W. Wall, Wesley One Volume Commentary, Nashville: Abingdon Press, p. xxii. La traducción al español es mía.

50 Óscar Aguilar

Dios, que son santos y convierten a los pecadores. De los otros, haymuchos.

38. El Señor de la mies: el único cuya capacidad, ocupación y o cio es que envíe obreros a su mies: porque no es un empleo agradable a «carne y sangre»: tan lleno está de censura, fatiga, peligro, tentación de todo tipo, que la naturaleza se rebelará a cumplirlo. Quienes no hayan sentido esto todavía no saben lo que es ser obreros en la mies de Cristo. Él los envía, cuando los llama por su Espíritu, los dota de gracia y dones para el trabajo y abre el camino para que puedan emplearse en ello.22

El Señor de la mies es quien llama. No es nuestra “mies”. Dios llama a quien necesita y le capacita con dones espirituales para servir en esa capacidad, sean hombres o mujeres.

Lecturas restrictivas: dos ejemplos

Este marco de referencia interpretativo que observamos en el movimiento wesleyano inicial es útil, entonces, para abordar algunos pasajes de las Escrituras en torno a la participación de las mujeres en la obra del ministerio. Hay textos bíblicos que se han utilizado para restringir, en alguna forma, la participación de la mujer en el ministerio de la iglesia. Dos ejemplos son 1 Timoteo 2:11-12 y 1 Corintios 14:34-35.

1 Timoteo 2:11-12: La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio (RV60).

1 Corintios 14:34-35: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación (RV60).

1. Leyendo desde la perspectiva de las doctrinas esenciales: arrepentimiento, fe y santidad

Wesley consideraba las Escrituras como una guía integral para la santidad práctica. Desde este punto de vista, las instrucciones

22 Obras, Tomo IX, Espiritualidad e Himnos, Notas al Nuevo Testamento: Primera Parte, p.346. Énfasis en el original.

Las mujeres y el ADN bíblico del 51 mencionadas en los versículos anteriores, deben ser vistas no como principios eternos e in!exibles, sino en su contexto cultural e histórico. El arrepentimiento hace un llamado a reconocer la manera en que nuestra comprensión del texto bíblico puede estar in!uida por prejuicios históricos o culturales. La fe, por otro lado, nos lleva a con ar en que Dios ha revelado su voluntad de forma coherente con su carácter abarcador y redentor. La santidad, como “Cristo en nosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27), apunta hacia la expresión de una experiencia cristiana vivida en la comunión del Espíritu, donde no hay barreras de género, raza o clase (Gálatas 3:28).

Wesley no ignoraría las palabras de 1 Timoteo 2:11-12 y 1 Corintios 14:34-35, pero sí las interpretaría a la luz del amor redentor de Dios y su llamado universal a la santidad. Por lo tanto, estos textos no deberían ser utilizados para limitar el ministerio de las mujeres, sino para entender la manera en que la Iglesia puede re!ejar mejor el Reino de Dios en cada cultura y época.

2. Leyendo desde la perspectiva de la analogía de la fe como clave hermenéutica

Wesley entendía que toda la Biblia debía interpretarse en el marco de la analogía de la fe, es decir, la manera en que las verdades bíblicas se relacionan entre sí para revelar el plan redentor de Dios. Hacia el nal del sermón “El por qué de la venida de Cristo”, Wesley dice: “Y sin embargo, si creemos lo que dice la Biblia, ¿quién puede negarlo? ¿Quién puede ponerlo en duda? Está presente en la Biblia de principio a n, como un hilo conductor. La manera en que cada una de las partes concuerda con las demás es precisamente la analogía de la fe”.23 De manera que, 1 Timoteo 2:11-12 y 1 Corintios 14:3435, deben leerse en armonía con textos como Joel 2:28-29, donde Dios promete derramar su Espíritu sobre hombres y mujeres, y Hechos 2:17-18, donde Pedro rea rma esta promesa en el contexto de Pentecostés. En el cuerpo de Cristo, es decir, en la Iglesia, todos los miembros tienen dones espirituales para contribuir de manera singular al ministerio general de la obra. Limitar la participación de las mujeres sería, en última instancia, negar la obra del Espíritu Santo 23 Obras, Tomo III, Sermones III, p. 398. Énfasis en el original.

Óscar Aguilar en ellas y el hecho de que han sido investidas de dones espirituales para contribuir a la edi cación del resto del cuerpo, la Iglesia.

Además, en los mismos escritos de Pablo encontramos ejemplos de mujeres líderes en la Iglesia primitiva, como Febe (diaconisa, Romanos 16:1),24 Priscila (que enseñó junto con su esposo, Hechos 18:26), y Junias (llamada apóstol, Romanos 16:7).25 La analogía de la fe exhorta a que estos textos sean considerados junto con 1 Timoteo y 1 Corintios, sugiriendo que las restricciones mencionadas eran situacionales, dirigidas a contextos especí cos de desorden o abuso en las reuniones, más que principios universales, como lo abordamos en el siguiente punto.

3. Leyendo desde la perspectiva de la iluminación del Espíritu Santo y la relevancia cultural

Wesley enfatizaba que el Espíritu Santo guía al creyente y a la comunidad de fe a interpretar y aplicar la Escritura en los contextos culturales concretos en los que vivimos. En el caso de 1 Timoteo 2 y 1 Corintios 14, es probable que Pablo estuviera respondiendo a situaciones especí cas de la Iglesia en Éfeso y Corinto, donde el desorden y las falsas enseñanzas estaban creando divisiones entre

24Véase Collins, Kenneth L. y Robert W. Wall, Wesley One Volume Commentary, p. 733, donde dice: “Pablo llama a Febe ‘sierva’, empleando el mismo grupo de palabras que se usa para describir a Cristo (15:8) y a sí mismo (15:31). Ella sirve —lo que puede implicar albergar y dirigir— a la iglesia de Cencrea, una ciudad cercana a Corinto, y ha apoyado a muchos, incluido Pablo (16:1-2)”. La traducción al español es mía.

25 Hemos utilizado aquí el nombre Junias como aparece regularmente en la versión Reina Valera. Sin embargo, aunque nos convence la argumentación de que se trata del nombre de una mujer, reconocemos que ha existido controversia al respecto. Por ejemplo, la nota al pie de la Biblia Traducción en Lenguaje Actual, dice: “Junias es un nombre femenino. Algunos manuscritos tardíos ponen tilde a la palabra de modo que se lee Junías, un nombre masculino; incluso otros manuscritos dicen Julia (nombre femenino)”. Énfasis en el original. Además, véase el comentario en Collins, Kenneth L. y Ro-bert W. Wall, Wesley One Volume Commentary, p. 734, que dice: “Las mujeres son miembros prominentes de las iglesias en casa. (p. ej., Priscilla, María, Junia). Pablo se dirige especí camente a Junia, quien, junto con su esposo, ha sido encarcelada por su fe y es prominente entre los apóstoles (16:7)”. La traducción al español en ambas citas del Wesley One Volume Commentary es mía.

Las mujeres y el ADN bíblico del 53 los creyentes. Por lo tanto, la solución no debe ser interpretada como un veto universal, sino como un remedio pastoral para esas comunidades particulares. Veamos un poco más en detalle estos aspectos contextuales que se movían en torno a ambos pasajes.

En primer lugar, cuando Pablo escribe a Timoteo su primera carta, Timoteo se encontraba haciendo obra ministerial en la ciudad de Éfeso, conocida por su diversidad cultural y religiosa. Pablo instruye a Timoteo para que en medio de su trabajo con la !oreciente iglesia del lugar, pudiera hacer frente de la mejor manera a los desafíos presentes en términos de falsas enseñanzas (1 Tim. 1:3-7), especulaciones y mitos (1 Tim. 1:4) y prácticas religiosas paganas. En esta ciudad estaba muy arraigado el culto pagano a la diosa griega Artemisa, en el cual muchas mujeres de la localidad cumplían funciones muy destacadas. En medio de toda esta situación contextual, el Apóstol Pablo no hace una prohibición por razón de género, sino más bien, tomando en cuenta la situación concreta de falta de formación y un liderazgo que condujera a un posible desvío a la enseñanza de una “diferente doctrina” (1 Tim. 1:3). Cuando no hay formación bíblica adecuada para el liderazgo, sea que esté conformado por hombres o por mujeres en la iglesia, se abre la puerta a errores y herejía. Por otro lado, desde un punto de vista literario, al escribir “no permito” (v. 12, en tiempo presente), Pablo no está abogando por una prohibición de tipo universal, sino que está dando una instrucción temporal y correctiva a una situación concreta y particular. Es decir, se debe inculcar un orden formativo y pastoral para el bene cio, arraigo y crecimiento saludable de la iglesia.

En segundo lugar, en el caso de 1 Corintios 14:34-35, el apóstol está escribiendo a la iglesia en la ciudad de Corinto. En esta ciudad, “debido a su posición social privilegiada para el comercio, sus habitantes eran extremadamente ricos, lo cual, natural e inevitablemente, los llevaba a una vida de ostentación y de lujuria, y a toda clase de vicios”.26 En términos culturales, en el mundo grecorromano, no era muy frecuente que las mujeres hablaran

26 Obras, Tomo X, Notas al Nuevo Testamente, Segunda Parte, p. 141.

54 Óscar Aguilar en público. Si lo hacían, corrían el riesgo de que tal acto fuera percibido como “vergonzoso” según las normas sociales, no bíblicas, de aquella época. De manera que, Pablo, luego de establecer esta iglesia, y “aproximadamente tres años después de haber partido de Corinto, desde Éfeso, les escribió esta carta con el doble propósito de corregir los desórdenes, y de responder algunos interrogantes que le habían planteado”.27 Ahora, dentro del caos que se presentaba, la iglesia de Corinto estaba envuelta en un “desorden litúrgico”, que se caracterizaba por profecías desorganizadas, uso caótico de lenguas en el culto y frecuentes interrupciones al orden durante los servicios. De manera que, Pablo, ante todos los reportes que recibía sobre la situación, hace un llamado, en su carta, al silencio como una de las correcciones para lograr restablecer orden en la adoración de la iglesia de Corinto. Es sumamente interesante que entre estos llamados a “callar”, los hombres estaban incluidos, no solo las mujeres, como se observa en los versículos 28 y 30. En el contexto literario inmediato de 1 Corintios 14:35-35, vemos a Pablo dando instrucciones para que todas las personas participen en la alabanza, la enseñanza y la profecía (vv. 26-33). ¡Y las mujeres estaban incluidas!28 Al igual que sucede con el pasaje de 1 Timoteo 2:11-12, el apóstol Pablo no incurre en contracciones en cuanto a su propia práctica y enseñanza relacionadas con la participación de las mujeres en el ministerio de una iglesia local. Siendo una corrección situacional, no comporta en sí base alguna para silenciar o impedir el ejercicio del ministerio por parte de las mujeres en una iglesia local.

Ambos textos, 1 Timoteo 2:11-12 y 1 Corintios 14:34-35, deben entenderse en el contexto del llamado instruccional o pedagógico dirigido al abordaje de situaciones especí cas en las iglesias de Éfeso y Corinto. Esto signi ca que debemos evitar interpretaciones que dirijan a prohibiciones universales para el ministerio de las mujeres. Es así como la iluminación del Espíritu nos lleva a ver la manera en que estos textos hacen un llamado a valorar el orden y la

27 Ibid.

28 Véase también 1 Corintios 11:5, donde Pablo da instrucciones a las mujeres sobre la manera en que deben orar y profe-tizar, sin prohibirles hacerlo.

Las mujeres y el ADN bíblico del 55 paz en el culto, cuando los creyentes se reúnen para adorar a Dios, sin imponer restricciones arbitrarias que contradigan el mensaje central de la Escritura: las buenas nuevas son para todas las personas sin distinción y todos los creyentes, hombres y mujeres, son capacitados para ser partícipes en la misión de Dios. Esto es particularmente relevante hoy, donde el papel de la mujer en el ministerio es reconocido ampliamente como una expresión de la obra en el Reino de Dios.

En resumen, 1 Timoteo 2:11-12 y 1 Corintios 14:34-35 deben interpretarse desde el marco de las doctrinas esenciales, la analogía de la fe y la iluminación del Espíritu Santo. Para Wesley, la religión verdadera no era una serie de reglas externas, sino la transformación del corazón y la vida por medio de la gracia de Dios. Se trata de una vida de santidad: personas ordinarias viviendo vidas extraordinarias. Estos textos no deben ser utilizados para excluir a las mujeres del ministerio, sino para re!exionar sobre la manera de promover una comunidad que viva en santidad, paz y gozo en el Espíritu Santo. La clave está en preguntarnos: ¿cómo estos textos, leídos a la luz del amor redentor de Dios y su misión para toda la humanidad, nos llaman a ser una Iglesia más el, inclusiva y santa?

Conclusión

El ADN bíblico del movimiento wesleyano nos desafía a vivir una fe arraigada en las Escrituras, una fe que no solo transforma nuestra relación con Dios, sino que también rompe barreras que hemos creado para extender su gracia a todas las personas. Juan Wesley, con su pasión por ser “hombre de un solo libro”, nos enseñó que la Biblia no es solo un texto antiguo, sino una guía viva para hacer frente a los desafíos de cada época, iluminando tanto nuestra doctrina como nuestra práctica.

Este legado bíblico se mani esta en el espíritu acogedor del movimiento, donde todos son bienvenidos, hombres y mujeres, donde el llamado divino y los dones espirituales trascienden el género, las tradiciones culturales y las limitaciones humanas. Wesley, inspirado por el amor redentor de Dios, promovió un ministerio en el que hombres y mujeres, reconciliados por la fe en Cristo, podían

Óscar Aguilar servir con libertad y poder. Este testimonio de apertura y obediencia al Espíritu Santo nos anima a construir una iglesia donde cada persona pueda encontrar su lugar en la mies del Señor. Esto brinda identidad y propósito en medio del servicio en la viña del Señor.

Así, el movimiento wesleyano nos invita a vivir una santidad integral, donde el amor a Dios y al prójimo nos impulsa a ser agentes de reconciliación. Al comprometernos con la misión de Dios en el mundo, recordemos que no es nuestra fuerza ni nuestra tradición la que sostiene la obra, sino el llamado y la gracia de Aquel que envía y capacita a sus obreros, hombres y mujeres, sin distinción. Que nuestra respuesta sea siempre, como la de Wesley: “Dadme el Libro de Dios. Lo tengo. Me basta con el conocimiento que hay en él”.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN Y CONVERSACIÓN

1. ¿De qué manera la centralidad de la Biblia en la vida y el ministerio de Juan Wesley te desafía hoy a priorizar las Escrituras en nuestras decisiones y en nuestra misión como creyentes?

Re!exiona sobre cómo su enfoque de “hombre de un libro” podría inspirarnos en nuestra relación con la Palabra de Dios.

2. ¿Cómo podemos aplicar el ejemplo de Juan Wesley al responder a las necesidades de liderazgo en la iglesia actual, especialmente en lo relacionado con el reconocimiento y uso de los dones espirituales de mujeres y hombres?

Considera la manera en que el contexto cultural y las convicciones bíblicas in!uyen en nuestras prácticas ministeriales.

3. ¿Qué impacto tiene la interpretación de textos bíblicos difíciles, como los relacionados con el papel de las mujeres en el ministerio, en la unidad y misión de la iglesia?

Analiza la forma en que el marco interpretativo de Wesley sobre arrepentimiento, fe y santidad puede ayudarnos a encontrar un equilibrio entre delidad bíblica y relevancia cultural.

Campbell, Dennis M. El yugo de la obediencia: El signi cado de la ordenación en el metodismo/wesleyanismo. Midland, GA: Instituto de Estudios Wesleyanos/Wesley Heritage Foundation, 2020. Especialmente véase el Capítulo III, “El desarrollo del ministerio en la tradición wesleyana”.

Chilcote, Paul W. She O ered em Christ: e Legacy of Women Preachers in Early Methodism. Eugene, OR: Wipf and Stock Publishers, 2001.

Fowler-Marchant, Donna L. Madres en Israel: Los inicios metodistas a través de los ojos de las mujeres. Midland, GA: Instituto de Estudios Wesleyanos/Wesley Heritage Foundation, 2023. Especialmente véase el Capítulo II, “Un panorama del papel de la mujer en el metodismo primitivo: el pilar del metodismo primitivo”.

Stokes, Mack B. e Bible in the Wesleyan Heritage. Nashville, TN: Abingdon Press, 1981.

Capítulo 4

Las mujeres y el ADN pneumatológico del movimiento

wesleyano

E. Figueroa

Denme cien predicadores que no teman nada más que al pecado, y que no deseen nada más que a Dios, y no me importa un comino si son clérigos o laicos, solo ellos harán temblar las puertas del in erno y establecerá el reino de los cielos en la Tierra.

John Wesley 1

Por el amor que sentía hacia aquellos que sabía que estaban tan caídos de la rectitud original como yo misma, a menudo deseaba ser un instrumento para convertirlos a Dios, y nunca tuve un momento de paz durante mucho tiempo hasta que me dediqué a aspirar a esto dondequiera que llegara.

Sarah Crosby2

Introducción

Tres características han distinguido al movimiento wesleyano: una fe activa, un compromiso social y un espíritu inquebrantable de transformación. Intentamos en este capítulo describir la pneumatología wesleyana, comparando y contrastándola con el entendimiento de sus precursores, y cómo ambas perspectivas siguen y seguirán impactando a las mujeres llamadas por Dios y dirigidas por el Espíritu. Un entendimiento de la obra del Espíritu, dentro de este contexto eclesial, es fundamental para que las características que dieron identidad al mismo continúe replicándose en la actualidad y en el futuro. Es vital seguir creyendo en las palabras de Jesús cuando aseguró que los creyentes recibirían poder cuando hubiese venido

1 John Wesley, e Works of John Wesley, vol. 13, ed. #omas Jackson (London: Wesleyan Methodist Book Room, 1872) p. 258. Letter to Alexander Mather, August 6, 1777. (Traducción mía)

2 Arminian Magazine 29 (1806): 466-473. (Traducción mía)

60 Miriam E. Figueroa

sobre ellos el Espíritu Santos para ser testigos en todo el mundo (Hechos 1:8). Esta verdad del evangelio aplica también a las mujeres, quienes se convirtieron junto con los varones en instrumentos centrales de la misión desde los comienzos bíblicos.3

John Wesley fue la gura principal del movimiento wesleyano. Junto con su hermano Charles y su amigo George White eld, quien identi có el potencial extraordinario de John, Wesley inició este movimiento con un fuerte énfasis en la disciplina espiritual, el compromiso social y la santidad personal. White eld, quien tuvo un encuentro personal transformador con Dios, introdujo a John en las experiencias y ministerio con el Espíritu Santo. Cuando White eld viaja a Estados Unidos desde Inglaterra, deja a sus seguidores al cuidado de Wesley.

El pasado: La importancia de la pneumatología en la teología de Wesley

Para Wesley el Espíritu Santo es una persona, no una mera in!uencia ni una energía. Hay atributos personales que se le pueden atribuir como la inteligencia, poseer una mente y tener conocimiento (Rom. 8:27; 1 Cor. 2:11).4 El Espíritu Santo puede comunicarse y posee vocabulario (1 Corintios 2:13). Por otro lado, Wesley entendía que el Espíritu Santo actuaba aun antes de Pentecostés, uniéndose al Padre en la creación (según Génesis 1) y por otro lado siendo autor de las Escrituras (Miqu. 3:8; Ezeq. 2:1-3, 7; 2 Tim. 3:16) según se desprende de la propia Escritura.

La teología wesleyana también entiende que el Espíritu Santo es un miembro activo de la Trinidad y como tal está involucrado en la vida de santidad.

La vida victoriosa es parte integral del plan de redención y de la salvación completa, y de ninguna manera esto es el producto de ningún miembro de la Trinidad actuando solo. Dios el Padre la plani có… Dios Hijo la compró… y el Espíritu Santo administra 3https://www.Spiritofgrace.org/articles/nl_201700_whitefield.html: George White eld- Evangelist Extraordinaire by Dennis Pollock.

4 Charles W. Carter, Ed., A Contemporary Wesleyan #eology: Biblical, Systematic and Practical, Vol. I (Salem, Ohio: Schmul Publishing Co., Inc, 1992), 415-417.

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 61 esta santi cación en todos sus aspectos. Él es el agente de la santi cación inicial (1 Corintios 6: 9-11). Pero la total santi cación es una obra del Espíritu Santo (Hechos 15:7-9). 5

El Espíritu Santo santi ca a las personas a través de su bautismo y llenura. Para los wesleyanos esto representa varios momentos a lo largo de la vida del creyente. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento hablan de la santidad de Dios, que es la base de nuestra santidad. Somos separados para Dios cuando nos rendimos a él y su Espíritu viene a morar en nosotros. Luego, a lo largo de toda nuestra vida, el Espíritu Santo continuará santi cándonos en la medida que obedecemos a su voz y a las Escrituras. Existe una colaboración de los seres humanos de rendir todo lo que somos: pensamientos, emociones, sentimientos, actitudes, voluntad, recuerdos—en n, todo nuestro ser. “Que Dios mismo, el Dios de paz, los santi que por completo, y conserve todo su ser—espíritu, alma y cuerpo—irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es el y así lo hará” (1 Tes. 5:23-24, NVI).

El Santo Espíritu de Dios nos irá convenciendo de áreas de nuestra vida que necesitan ser transformadas desde nuestro interior.

Para Wesley era muy importante la transformación concreta y evidente de la vida de las personas. Esto es, o debería ser, la demostración de que el evangelio es la verdad, que Dios es amor, que Cristo vino para redimir al mundo. Nosotros los creyentes debemos ser las evidencias de lo que Pablo llamó “la verdad del evangelio”. Una vida transformada es el testimonio de que nuestra esperanza no es vana, y que la Biblia tiene razón. Por ese motivo, es importante la transformación visible de la vida del cristiano. Este entendimiento de la santi cación involucra nuestra rendición a la voz del Espíritu expresada en las palabras de la sagrada Escritura. El enfoque wesleyano en el proceso de transformación de la vida personal del cristiano es una gran contribución a la expresión del cristianismo porque demuestra que los creyentes, aunque están en el mundo, dirigen sus vidas por los valores del reino de Cristo. Esta transformación es una carta de presentación, un testimonio.

5 A Contemporary Wesleyan eology, 426. Traducción mía

Pensando en los precursores de Wesley y cómo la pneumatología de él se compara y se contrasta con perspectivas anteriores, podemos dar un vistazo rápido a la historia. Sabemos que, en el período primitivo (los primeros cuatro siglos) cuando el pensamiento cristiano estaba en desarrollo, la mayoría de la atención de los apóstoles y luego los padres de la iglesia se centraba en entender, articular y defender las verdades cristológicas. Era muy relevante para la cristiandad entender la divinidad de Jesús, el alcance de la salvación, la relación de Jesús con el Padre, entre muchos otros asuntos de interés primordial. Por lo que podemos observar entonces que esa fue la trayectoria de estudio que ocupaba la re!exión teológica de la iglesia primitiva.

Sin embargo, alejados de esas controversias y con el tiempo a nuestro favor, los creyentes comenzaron a internalizar la importancia del Espíritu Santo en la relación trinitaria de pericoresis,6 en relación con los seres humanos en cuanto a su salvación, santi cación y transformación y por supuesto también su relación con el mundo en general. Así que la “cenicienta”7 de la teología fue demostrando y enseñando su valor intrínseco como parte constitutiva de la santa Trinidad.

Una mirada atrás a la vida de Jesús en sus últimos días nos demuestra la importancia del Espíritu Santo. Vemos en la conversación que tuvo con sus discípulos en el Aposento Alto (Juan 14–16) la descripción tan detallada y personalizada que Jesús hace del Espíritu Santo. Habla de su misión, de su función, de su acompañamiento y de su divinidad. Solo unos días después de la ascensión de Jesús, se desata la dinamita espiritual que bautizó y santi có a los apóstoles,

6 Término teológico que describe la relación entre las tres personas de la Trinidad.

7 Arthur W. Wainwright, La Trinidad en el Nuevo Testamento, Editorial CLIE: Barcelona, España, 2015. En la tercera parte del libro el autor se centra en la divinidad del Espíritu Santo. Reconoce como la doctrina del Espíritu Santo fue durante mucho tiempo la Cenicienta de la teología, muy relegada y objeto de abandono, pues, aunque muy clara en el Credo Niceno y en el Credo de Atanasio, no acaparó demasiado la atención de los teólogos de la antigüedad, que centraron las controversias teológicas en torno a la Persona de Cristo.

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 63 mujeres,8 líderes, diáconos, servidores, administradores y nuevos convertidos, para ser testigos de todo lo que Jesús había hecho y dicho y además empoderarlos para cumplir la misión de Dios.

La pneumatología de Wesley es consiste con estos comienzos. Los movimientos wesleyanos y de santidad y más tarde el pentecostalismo (cuyas raíces están también en la tradición wesleyana de santidad) logran establecer un balance entre las tres personas de la Trinidad y abrir espacios para la obra transformadora y liberadora del Espíritu Santo. Consideremos un aspecto de la perspectiva de Wesley para ilustrar.

La creencia de Wesley en los dones del Espíritu independiente del género o del estatus

John Wesley luchaba con lo que el apóstol Pablo parecía enseñar en sus cartas con relación a las mujeres y el ministerio o liderazgo y cómo compaginaba esto con su propia experiencia donde él veía la efectividad de las mujeres que resultaban ser excelentes predicadoras y pastoras. Comencemos por resaltar que, en la vida de Wesley, la imagen de su madre Susana había sido una gran in!uencia en términos de lo que signi ca ser una servidora del evangelio. A.D. #omas nos provee un per l de esa mujer valiente y valiosa:

Susana trató de vivir elmente dentro de las reglas de la esfera doméstica prescrita para las mujeres de su época, pero también logró exitosamente marcar la historia no solo a través de sus hijos John y Charles Wesley, sino también por la valentía que demostró al intentar hacer cosas aun cuando existían limitaciones para las mujeres. Susana siempre ejercía una libertad de conciencia mientras seguía la verdad de las Escrituras, de manera que sirvió en roles pastorales mientras era una ama de casa y escribió tratados teológicos y guías para su familia.9

8 Es un detalle muy signi cativo el que Lucas subraye la presencia de “las mujeres” en el Aposento Alto en el Día de Pentecostés (Hechos 1:14; 2:17, 18).

9 Búsqueda de “Susana Wesley” en Pro les in Faith, por Arthur Dicken #omas en el C.S. Lewis Institute Digital. cslewisinstitue.org 2003. (Traducción mía)

Dado que Wesley no creía en la cesación de los dones y manifestaciones del Espíritu Santo, debemos entender que su lectura bíblica, sus experiencias y la razón, fueron transformando sus propias ideas hasta sembrar en el corazón de los wesleyanos la participación de las mujeres en los asuntos de la iglesia al igual que los varones. No fue una conclusión instantánea o fácil para Wesley; vemos en sus escritos la lucha que tenía en relación con el tema. Inicialmente, Wesley denunció a las mujeres cuáqueras que predicaban en las reuniones de la iglesia, pero a su vez mencionaba la efectividad de las mujeres cuando hablaban en las células. Podemos ver también la incomodidad que él sentía con las palabras exhortar, testi car y predicar cuando se trataba de las mujeres.

Wesley fue un reformador con respecto a las mujeres en el ministerio. Su suposición era que Pablo prohibía a las mujeres predicar, pero su experiencia demostró que las mujeres eran algunas de las mejores predicadoras y pastoras. Se dio cuenta de que la experiencia de Pablo incluía a mujeres orando y profetizando en la iglesia. Por lo tanto, al principio Wesley animó a las mujeres tocadas por Dios a “testi car” y evitó la palabra “predicar”. Más tarde, a rmó que el movimiento de Dios de su día era una situación extraordinaria, similar a la narración de Hechos 2, donde Dios claramente no hacía acepción de personas al derramar el Espíritu. Comenzó a animar a las mujeres a predicar en las reuniones de la sociedad.10

Con el tiempo, siendo un reformador como lo fue en otros asuntos, Wesley apoyó a las mujeres en el ministerio. Al nal de sus días, cuando Wesley comenzó a ordenar ministros, ordenó a dos mujeres: Sarah Mallet, una mujer predicadora, y Sarah Crosby, una evangelista. La serie Francis Asbury Triptych nos presenta a Sarah Crosby como la “historia que cambia el corazón de Wesley hacia las mujeres predicadoras”.11 Él no había aceptado completamente a las mujeres predicadoras, aunque las mujeres wesleyanas ya oraban, testi caban y exhortaban públicamente. Con el tiempo Sarah

10 Karen Strand Winslow https://freemethodistconversations.com/545 “Wesleyan perspectives on women’s ministry” Azusa Paci c University July 2005 (Traducción mía) 11www.francisasburytriptych.com/sarah-crosby-woman-preacher/1

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 65 recibe la bendición de Wesley para predicar. Para 1750 Sarah se une a la congregación de Wesley en Londres y allí puede escuchar a predicadores como Wesley y White eld y a su vez se convierte en una líder dentro de la congregación. Luego surge la amistad de Sarah con Mary Bosanquet, la Sra. Dobinson (una laica prominente que comenzó el movimiento en Derby, Inglaterra12) y Sarah Ryan, quienes se convirtieron en predicadoras del movimiento con el consejo de Wesley y el impulso del Espíritu Santo. Ellas testi can de ese mover del Espíritu en sus vidas y de sus luchas por no faltar al orden establecido por la iglesia por lo que constantemente se escriben con John Wesley quien las anima a seguir adelante. 13

Por otro lado, encontramos la gura de Sarah Mallet. David East explica que Mallet comenzó a predicar a los veinte años.14 Era pobre y sufría mucho a causa de los accidentes y problemas de salud; sin embargo, conoció a John Wesley y éste estaba tan seguro de su llamado para predicar que la animaba y la aconsejaba sobre su estilo de predicación e incluso la ayudó económicamente para que pudiera ir por diversos lugares obedeciendo su llamado. East comparte que Sarah Mallet predicó durante unos cincuenta y cinco años. Ahora, en la Conferencia Wesleyana de 1803, a ella y a otras mujeres se les prohibió predicar en público. Mallet dejó saber que ella no necesitaba púlpitos mientras hubiera establos y lugares públicos de reunión. Así que además de experimentar muchas vicisitudes en su vida, ella también sufrió la discriminación por ser mujer y ejercer los dones del Espíritu Santo.

El camino para la integración de ambos géneros, varón y hembra, no fue, ni ha sido, ni es, un camino fácil. Sabemos que, como consecuencia del pecado en el Huerto del Edén, la relación que existía entre ambos, hombre y mujer, fue seriamente afectada.

12 Garret Lloyd, Charles Wesley and the Struggle for Methodist Identity (New York: Oxford University Press, 2007), 242.

13www.francisasburytriptych.com/sarah-crosby-woman-preacher/1

14 David East, “Ligeramente estimada por los hombres: los últimos años de Sarah Mallet, una de las predicadoras del Sr. Wesley”, en Historia Metodista 42:1 (octubre, 2003), 58.

Miriam E. Figueroa

Existe a partir de ese momento una lucha que necesita la redención divina.

El presente: La realidad actual

El Espíritu Santo da dones a las personas para la edi cación o construcción de la iglesia. Luego la misma iglesia a rma, reconoce y valida lo que el Espíritu Santo entrega. Así lo indica el apóstol Pablo en la primera carta a los corintios: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente, apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Cor. 12:27–28, RV60).

Es imperativo entender a las mujeres como “comunidades vivientes”,15 lo que in ere escuchar e interpretar lo que sus voces están diciendo en sus contextos. Muchas mujeres, dotadas por el Espíritu y con un llamado ministerial muy claro, mani estan haber experimentado y vivido la discriminación, el prejuicio y la opresión en carne propia. Con rman que la tarea no ha sido fácil y no por la naturaleza misma de la tarea, sino por los prejuicios encontrados. Además, concluyen que tienen que trabajar y esforzarse mucho más que los varones para que sean reconocidas.16

No obstante, al igual que las mujeres del primitivo movimiento metodista mencionadas arriba, ellas están rmes en que la tarea que realizan es un llamado de Dios, que Dios no tiene preferencias y que cuentan con la garantía del Espíritu Santo para llevar a cabo la misión. Ellas entienden que el Dios que las llama es el mismo que las capacita. Las mujeres están dispuestas a realizar la tarea aun cuando saben que no están en igualdad de condiciones. Ellas son mujeres inteligentes, decididas, valientes y entregadas. Estas mujeres

15 Miriam E. Figueroa Aponte, Hacia un modelo de Teología Pastoral de la Mujer Puertorriqueña: Un análisis documental y etnográ co del con!icto del ministerio pastoral de la mujer en la iglesia de Dios Mission Board en Puerto Rico (Puerto Rico: Universidad Interamericana de PR, 2013), 23.

16 Figueroa Aponte, Hacia un modelo, Entrevistas Etnográ cas, apéndices.

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 67 demuestran su capacidad de liderar en las múltiples funciones que cada una de ellas ejerce.

Los wesleyanos entienden que el Espíritu Santo es muy importante para la transformación concreta y evidente de la vida de las personas. El Espíritu Santo puede obrar en una persona y puede convertir el sufrimiento y la opresión en esperanza y fe a pesar de nosotros mismos. Dios no solo está interesado en el pobre y el extranjero sino también en el oprimido y en el que sufre directamente como consecuencia de las estructuras sociales de maldad. El Espíritu Santo puede dirigir a la iglesia para que sea capaz de discernir el actuar en amor y justicia con todas las personas.17

Las mujeres son iglesia y siempre han sido iglesia. Elisabeth Schussler Fiorenza, quien ha defendido el movimiento mujeresiglesia, ha planteado que la iglesia no podrá ser iglesia en su totalidad hasta que las mujeres no sean totalmente incorporadas y tengan total participación en los procesos decisionales de la misma. 18

La iglesia como la institución clave de la cristiandad ha colocado las mujeres en una situación ambigua. Las mujeres a base de su género han sido excluidas de los centros de poder de la iglesia, como la predicación y la ordenación, aun cuando las mujeres han constituido tradicionalmente la mayoría de la iglesia. Jesús llamó a hombres y mujeres para que le siguieran, aunque esto estaba en abierta oposición a la cultura, y el libro de los Hechos a rma el ministerio para las mujeres (Hechos 2:17–18).

La iglesia wesleyana ha reconocido que las mujeres son recipientes legítimos de los dones del Espíritu Santo. El entendimiento pneumatológico wesleyano permitió que las mujeres pudieran dirigir grupos pequeños, unirse al ministerio de cuidado pastoral y realizar trabajos misioneros públicamente. En otras palabras, independientemente del género, las mujeres pueden ejercer los dones que el Espíritu Santo les ha otorgado.

17 Figueroa Aponte, Hacia un modelo, 53-55.

18 Elizabeth Schussler Fiorenza, Discipleship of Equals: A Critical Feminist Ekklesiology of Liberation (New York: Crossroads,1993), 105.

Miriam E. Figueroa

En esta presente era del empoderamiento del Espíritu Santo, esta clave se ha convertido en la base para que las mujeres puedan, con valentía, fuerza y unción, trascender las restricciones de la sociedad y de la iglesia. Esta posición wesleyana continúa siendo una fuerza inspiradora para las mujeres quienes hoy en día siguen ejerciendo sus dones y colaborando en la misión de la iglesia desde diversos escenarios.

Sin embargo, muchas mujeres en diferentes denominaciones (incluyendo en denominaciones de la tradición wesleyana) han tenido que lidiar con el hecho de no poder predicar, celebrar matrimonios, bautizar, dirigir conferencias de negocio o administrar la Santa Cena, con el pretexto de no “usurpar” la autoridad del hombre. Estas no han podido ser ordenadas ni han tenido voz en las sesiones de negocios de sus asambleas locales ni internacionales. Así que, el tema de este capítulo (y de este libro) sigue siendo pertinente y urgente en las creencias y vivencias de las iglesias, y la recuperación de la plena voz wesleyana puede ser un instrumento del Espíritu en las conversaciones necesarias.

El futuro: ¿Qué podemos y debemos hacer?

Se dice de la integración que es la consecuencia de la participación de todos en todos los ámbitos de la sociedad. Para ello, las personas deben recibir apoyo por parte de los demás. La integración es un proceso dinámico que debe incluir la participación de todos los miembros y debe estar basado en la igualdad, no en la caridad. 19

Movimientos como el wesleyano y guras como las mencionadas nos impulsan hacia un futuro de integración, donde se experimente la liberación de estructuras y paradigmas limitantes y opresores. El Espíritu Santo nos ha hecho libres del pecado de la discriminación y del sexismo. El Espíritu Santo nos nivela, nos hace a todos iguales, nos apunta a Jesús, de manera que podamos adorar a Dios sabiendo lo que él es y lo que hace. Como iglesia del movimiento

19 https://blog.aldaba.org/que-es-integracion-social/ ¿Qué es la Integración social? en fundación Aldaba: España. Búsqueda “Integración” Diciembre 2024.

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 69 pneumatológico—de todas las tradiciones con raíces wesleyanas— no podemos ahora dar la espalda al Espíritu Santo porque ya seamos una iglesia grande, acomodada e institucionalizada.

El movimiento de Wesley entendió que la persona salvada era restaurada a la imagen de Dios. Al ser restaurada era entonces capaz, solo por gracia, de vivir una vida de perfección cristiana, una vida de santidad. Al recibir esa gracia el Espíritu Santo dota a la persona de dones espirituales y la persona mani esta los frutos del Espíritu como evidencia de esa gracia de Dios en el ser humano.

Quiero insistir en que el Espíritu Santo es quien nos capacita y quien reparte dones como él quiere. Es el Espíritu Santo quien entrega a la iglesia lo que es necesario para la edi cación de ella. Luego cada uno, según el don que ha recibido, lo ministra, sirviendo a los demás. “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme la medida de la fe; o si de servicio, en servir, o el que enseña en la enseñanza; el que exhorta en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside con solicitud, el que hace misericordia con alegría” (Rom. 12:6-8).

En sus notas acerca de esta porción bíblica, Wesley se enfoca en la importancia de ejercer los dones espirituales con diligencia y sinceridad.20 Escribe sobre la actitud con la que se debe utilizar el don. Así que para Wesley el asunto no es quien puede ejercer el don o no, sino como habrá de ejercerlo, esto es con fe, con sinceridad con diligencia y con alegría. Y por supuesto a la persona que ejerce algún don deben seguirle los frutos del espíritu. En el entendimiento wesleyano no podemos divorciar una cosa de la otra.

Entonces, la iglesia global necesita recobrar su entendimiento de la persona del Espíritu Santo. No pretendemos desarrollar un curso de pneumatología en este espacio, pero, entre muchas cosas hemos enseñado que el Espíritu Santo da diferentes dones a los miembros del cuerpo con el propósito de que la iglesia sea edi cada. Esto quiere decir, para que la iglesia sea construida como el cuerpo 20 Wesley, John. Explanatory Notes upon the New Testament. 1775. Reprint: Grand Rapids, MI: Baker, 1987.

70 Miriam E. Figueroa que es. Hemos enseñado que los dones no nos pertenecen a nosotros, que el Espíritu Santo reparte como él quiere y que todos los dones son de igual importancia independientemente de las manifestaciones de estos. También la iglesia que enseña la Palabra de Dios ha interpretado de la misma que como cuerpo nos necesitamos todos, con las gracias otorgadas a cada uno y que esta interdependencia solo es posible en el vínculo del amor.

Es el Espíritu Santo quien nos da dones de fe, servicio, enseñanza, exhortación, de repartir, de presidir, de administrar, de hacer misericordia, profetizar, hacer milagros, don de lenguas, sanar y administrar, entre otros. Entiendo que podemos estar de acuerdo en que no son solo nueve dones que se limitan solo a una perícopa, sino que son muchos más, así como los miembros del cuerpo son muchos.

Ahora bien, si el Espíritu Santo entrega dones de sanidad, de lenguas, de enseñanza y de servicio, tanto a mujeres como a hombres, y si todos—hombres y mujeres—ejercen estos dones en diversos contextos (en público y en privado) sin levantar controversia de género, ¿por qué surgen cuestionamientos sobre los demás dones?

Cuando el Espíritu entrega dones de presidir y administrar a hombres y mujeres, ¿por qué peleamos y resistimos la distribución divina de esos dones? ¿Por qué nos atrevemos a decirle al Espíritu a qué género debe entregar ciertos dones y en qué contexto debe utilizarlos quien los ejerce?

Esto genera una serie de interrogantes, las cuales voy a personalizar. ¿Por qué, como mujer, puedo administrar en mi casa, pero no en la iglesia? ¿Por qué puedo presidir en la iglesia, pero no en un comité ejecutivo? ¿Por qué puedo liderar en la empresa pública o privada, pero no en el contexto eclesial? ¿Por qué el Espíritu Santo me entrega dones de liderar y yo tengo que en mis adentros esperar que me perdonen por ser mujer y me den una oportunidad de ejercer lo que Dios me ha entregado? ¿Será que el Espíritu Santo se ha equivocado entregando dones a las mujeres de la iglesia de Cristo? Proclamo, rea rmo y lucho para que entiendan que el Espíritu Santo no se equivoca. Somos nosotros los que nos equivocamos. La iglesia

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 71 se equivoca en ocasiones porque está compuesta de seres humanos. Como Daniel, yo digo: “Tuya es la justicia y nuestra es la confusión de rostro. De nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos” (Dan. 9:7-8). Es deber de la iglesia reconocer, a rmar y validar lo que el Espíritu Santo hace, entrega y reparte dentro de la comunidad de fe.

La iglesia representa a Cristo en la tierra. Nosotros somos sus embajadores según la Escritura. “El reino de Dios se ha acercado” era la consigna de Cristo en su ministerio terrenal. Pero este reino es diferente a los reinos terrenales. Es un reino al revés. A este reino le deben caracterizar la justicia y la paz. Y para que la paz de Dios, que es un fruto de su espíritu, sobreabunde en la iglesia, es necesaria la justicia. En medio de la injusticia no puede manifestarse la paz. Muchos países del mundo conocen bastante sobre las injusticias y la falta de paz. Nuestra gente sabe lo que esto signi ca. Los profetas del Antiguo Testamento confrontaban a los del pueblo de Dios y a los extranjeros con el pecado, con la injusticia. Los profetas denunciaban e interpretaban los tiempos y llamaban al pueblo a acercarse a Dios y a extender misericordia y justicia al prójimo. “Misericordia quiero y no sacri cio” (Oseas 6:6-7). Y esto es lo que distinguía a Jesús y su reino.

Jesús, siendo Dios y conociendo el pasado, presente y futuro, enseña que su reino no está estructurado como los reinos terrenales. En su sabiduría entregó el mensaje de la resurrección a las mujeres, las menos merecedoras de tal honor, pues no podían servir como testigos en las cortes terrenales (Mat. 26:13). Posteriormente les reclamó a los discípulos el que no les hubiesen creído a ellas. La iglesia tiene que re!ejar elmente a Cristo y los valores de su reino, mostrando al mundo una imagen de Cristo, de Dios, del Espíritu Santo que no hace diferencia entre raza, color, etnia, edad, etapa de la vida, clase social, ni género. Es que la iglesia no es un gobierno terrenal al estilo de ninguna nación del mundo. Es por lo tanto incorrecto seguir enseñando que la mujer no tiene inherencia en los asuntos de gobierno de la iglesia en la cual servimos. Esto no nos hace justicia, y esto no produce paz.

72 Miriam E. Figueroa

¿Cuál debe ser la tarea de la iglesia del Siglo XXI en relación con la plena participación de las mujeres, tomando el ejemplo de la teología wesleyana? La misión será promover la humanidad total y completa del ser humano mujer. Será un asunto en complementariedad con el ser humano varón. No se trata de denigrar al género contrario sino de identi car que ambos operan en estructuras patriarcales. Será importante recalcar que ambos llevan intrínsecamente en ellos la imagen de Dios.

Ciertamente no podemos decir que Wesley haya hecho una crítica directa al patriarcado o que haya articulado una teología feminista pero sus prácticas abrieron espacios para que las mujeres estuviesen siendo parte activa de la iglesia. Sabemos que al principio Wesley tenía reservas en cuanto a la participación de las mujeres; sin embargo, él permitió que las mujeres que sentían tener un fuerte llamado de Dios y que producían fruto espiritual fueran participantes de la vida de la iglesia. Inclusive en sus correspondencias con algunas mujeres Wesley las anima a predicar y las instruye en cómo hacerlo.21

Por otro lado, Wesley entiende la imagen de Dios en el ser humano de una forma trinitaria o la entiende basándose en tres aspectos: la imagen natural (libre albedrio, razón y conciencia), la imagen política (o el dominio de los seres humanos sobre el mundo creado) y la imagen moral donde se re!ejan la santidad, la justicia y el amor. Según el fundador del movimiento este ente moral es el que necesita salvación, restauración y santi cación. Cuando sucede que el ser humano acepta la gracia de Dios entonces éste está listo para alcanzar la perfección cristiana o el amor perfecto.

Consecuentemente, si una persona ha sido restaurada entonces los dones espirituales están disponibles para esa persona sin distinción de género. Wesley entendía que el fruto era la evidencia del Espíritu por lo que las mujeres podían responder a su llamado

21 Hugo Magallanes. Introducción a la Vida y Teología de Juan Wesley. (Nashville, TN: Abingdon Press, 2005).

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 73 aun cuando existían limitaciones de dónde ejercerlos y aun cuando Wesley no abogó por el liderazgo pastoral o cial de las mujeres.22

Nosotros particularmente esperamos que todos y todas puedan “llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efes. 4:12-13) y que como Pablo planteó en Gálatas 3:28, “no haya diferencia entre varón y mujer”, especí camente cuando las mujeres intentan responder al llamado que Dios les ha hecho. La respuesta a este llamado, con el obvio resultado del ejercicio de los dones recibidos por el Espíritu Santo, ha ocasionado mucho dolor, dudas y frustraciones para las mujeres. Ellas no son sólo almas, ni espíritus errantes en las iglesias, sino que están encarnadas en cuerpos que sienten, padecen, luchan y sobreviven en una cultura secular y eclesial que no les hace justicia. Esta injusticia no es tolerable ni puede ser aceptada más. La justicia es una característica vital del reino de Dios; es una marca del nuevo pueblo constituido por Dios.

Las mujeres son un texto viviente. Las mujeres pastoras de nuestra investigación son las comunidades vivientes que nos ayudan a entender a la divinidad y dentro de la tarea teológica y pastoral es necesario descubrir y mostrar esa manera que ellas tienen de entender a Dios. Es función de los teólogos interpretar cómo ellas sienten, experimentan, viven y se relacionan con Dios. La teóloga Leonor Aida Concha, monja católica, dice que “las mujeres son sujetos de la teología y que se han convertido en protagonistas y están forjando procesos”.23 Justo L. González y José D. Rodríguez se expresaron de las mujeres como los “sujetos emergentes de la teología”. 24

Al mismo tiempo una teología de la mujer habrá de considerar la persona del Espíritu Santo y cómo este impacta la experiencia y

22 Schmidt, Jean Miller. Grace Su cient: A History of Women in American Methodism, 1760-1939. (Nashville, TN: Abingdon Press, 1999).

23 Leonor Aida Concha, “Luchas y Logros en el proceso de la liberación de la mujer: análisis desde México, Centroamérica y el Caribe” en Aportes para una Teología desde la mujer, María Pilar Aquino, ed. (Madrid: Ed. Biblia y Fe, 1988) 59.

24 José David Rodríguez, Introducción a la Teología (Méjico: Publicaciones El Faro, 2002), 43-45 y Justo L. González, Mañana: Christian eology from a Hispanic Perspective (Nashville, TN: Abingdon Press, 1990),48.

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vivencia de las mujeres, en este caso, llamadas al ministerio pastoral dentro de una iglesia que predica la importancia de una vida y respuesta de vida en el Espíritu para realizar la tarea a la cual todos son llamados. Esta teología emergente en la iglesia de la actualidad tendrá que, en diálogo con las mujeres y los hombres, sacar a la luz cómo el Espíritu Santo se hace pertinente y relevante a este con!icto de género que parece anteponerse a la convocatoria misional de la iglesia. Además, tendrá que con ar en lo que el Espíritu Santo señala y en cómo les impulsa a accionar de manera libertadora.

Yo no sé si nosotros habremos de seguir luchando contra el Espíritu Santo en los años por venir. Pero lo que es cierto es que Dios, en la persona del Espíritu Santo, nos ha entregado dones y su Palabra enseña que “cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios: si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glori cado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Ped. 4: 10-11).

Entonces son necesarios nuevos intérpretes de la Palabra de Dios, nuevos profetas que, reconociendo la autoridad de esta Palabra, le hagan justicia al cuerpo de Cristo y que puedan mostrar el reino de Dios en la actualidad. Para nosotros los nuevos profetas son los varones y las mujeres que, dirigidos por el Espíritu Santo, puedan superar las decisiones históricas de nuestras iglesias en detrimento de la mujer. Son varones y mujeres que puedan reconocer que Dios entrega dones espirituales a todos para la edi cación del cuerpo y que el género no les descali ca para ejercer los mismos, incluidos los dones de liderazgo y administración. Estos profetas de justicia son varones y mujeres, que, a la luz de las nuevas ciencias de interpretación, puedan actualizar el mensaje de salvación ante una sociedad que demanda equidad e igualdad para el ministerio de las mujeres. La iglesia, el cuerpo de Cristo no debe seguir luchando contra el Espíritu Santo quien convoca a todos y todas para el cumplimento de la misión.

Las mujeres y el ADN pneumatológico del 75

Conclusión

El cristianismo ha sobrevivido exhibiendo una habilidad para juzgarse a sí mismo con candor, para corregirse a sí mismo con sinceridad, para fortalecerse con humildad y avanzar su causa frente al caos. En ocasiones, dice el historiador Conn, hay que redirigir los esfuerzos de salvar a la gente para salvarse a sí mismo, re riéndose a la iglesia.25 Este asunto de la integración al completo ministerio y liderazgo de la mujer no debiera restarle más fuerza a la iglesia de Dios. Desprendámonos del pensar humano para que el Espíritu de Dios transforme nuestra mente y nuestro actuar, siguiendo la exhortación del apóstol Pablo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacri cio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:1–2). Como buenos herederos de Wesley, dejemos, pues, que la Iglesia, el Espíritu Santo, la razón y la Palabra de Dios hablen a lo más íntimo de nuestro ser.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN Y CONVERSACIÓN

1. Es interesante que tanto Pablo en sus cartas como John Wesley parecieran en ocasiones contradecirse en cuanto a su apoyo o no a las mujeres de la Iglesia. ¿Por qué piensas que sucede esto? (Tal vez quieres repasar el capítulo 3 de la presente obra.)

2. ¿Cómo comprendes la dinámica entre los dones del Espíritu Santo y el género de los recipientes de estos dones?

3. ¿Qué evidencias bíblicas puedes ofrecer que pudieran respaldar la plena participación de las mujeres en la misión y ministerio de la iglesia?

25 Charles W. Conn, Como ejército poderoso: Historia de la Iglesia de Dios, (Cleveland, TN: Editorial Evangélica, 2016), 155.

Bilezikian, Gilbert. El lugar de la mujer en la iglesia y la familia: Lo que la Biblia dice. Buenos Aires, Argentina: Nueva Creación, 1995. Ceballos, Rita María. Agar, una experiencia de Dios liberadora: Estudio de Gn 15 y Gn 21. Santo Domingo, República Dominicana: Centro Cultural Poveda, Inc./Ediciones MSC, 2007.

Chilcote, Paul W. She O ered em Christ: e Legacy of Women Preachers in Early Methodism. Nashville: Abingdon, 1993.

Magallanes, Hugo. Introducción a la vida y teología de Juan Wesley (AETH). Nashville, TN: Abingdon Press, 2005.

#e Wesley Center Online: https://wesley.nnu.edu/

Capítulo 5

Las mujeres, el ADN wesleyano y la cultura latina1

Habla y actúa según el Espíritu te dé libertad y palabra; no temas al rostro del hombre, sino con humildad y tranquilidad, confía en el Señor, mirando a Aquel que es capaz y está dispuesto a salvar perpetuamente a todos los que por medio de él se acercan a Dios.2

La matriarca del movimiento wesleyano

Una de las primeras cosas que me llamó la atención sobre la vida de Juan Wesley, fue el rol formativo que jugó su familia en su carácter, pensamiento crítico y vida espiritual. Aunque una mirada al árbol genealógico de Juan nos deja ver la in!uencia de sus antepasados en su desarrollo como líder cristiano,3 no cabe la menor duda de que la persona que galvanizó en él todo aquello que !oreció durante su ministerio, fue su madre, Susana Wesley.

Susana fue una mujer de pensamiento rme e independiente. Tanto que esta optó, contra los deseos de su padre, un clérigo no conformista, por unirse a la Iglesia Anglicana, aunque ella seguía cuestionando la coexistencia política de la iglesia y el estado. Esta rmeza la mantuvo aun cuando estuvo casada con Samuel, quien a rmaba que la “Iglesia Anglicana y el gobierno real inglés estaban establecidos por Dios”.4 Una vez más, Susana se mantuvo rme en su postura. Además de ser una mujer con pensamiento

1 En honor a todas las mujeres que han permanecido en sus respectivas denominaciones, movimientos e iglesias a pesar de las injusticias que hemos cometido los hombres contra ustedes. Su presencia en medio de nosotros no solamente es un acto de delidad a Dios, sino también un testimonio de su resiliencia y un llamado a la justicia cristiana.

2 Carta de Sara Crosby a una aspirante a la predicación.

3 Hugo Magallanes, Introducción a la vida y teología de Juan Wesley, Illustrated edition (Abingdon Press, 2005), 32.

4 Magallanes, Introducción a la vida y teología de Juan Wesley, 35.

78 Wilmer Estrada Carrasquillo propio y entendido, Susana demostró un alto nivel educativo. Este conocimiento lo pasó a sus hijas e hijos, a tal nivel que el formato y estructura que empleó en su casa llamaron la atención de la gente, y se estableció un grupo de estudio en su casa que reunió sobre doscientas personas.5 A pesar del auge e impacto de ese grupo, se levantaron críticas contra Susana. Una de las voces manifestando tal incomodidad fue el Rev. Godfrey Inman, el pastor asistente de Samuel. Inman, junto con otras personas, le escribieron a Samuel para que detuviera las reuniones. En respuesta, Susana le envía una carta a su esposo en donde se de ende de las críticas por el grupo que se está reuniendo en su casa. En una parte ella le dice:

Como soy mujer, soy también ama de casa de una familia numerosa. Y aunque el cargo superior de las almas contenido en ello recae sobre ti … en tu ausencia no puedo menos que velar sobre cada alma que dejas bajo mi cuidado como un talento encomendado a mí bajo una con anza del gran Señor de todas las familias, tanto en el cielo como en la tierra. Y si fuera in el a él o a ti, no cumpliendo con mejorar esos talentos, ¿cómo podré contestarle cuando él me exija rendir cuenta de mi mayordomía?6

A pesar de esta elocuente defensa, parece que Samuel le pidió que dejara de reunir el grupo en su casa. Sin embargo, amparada en su responsabilidad cristiana y rme en lo que está haciendo, Susana responde en otra carta de la siguiente manera:

Si, después de todo, usted considera conveniente disolver esta asamblea, no me diga que desea que lo haga, porque eso no ha de satisfacer mi conciencia; sino envíeme su orden positiva, en términos tan completos y expresos que puedan absolverme de toda culpa y castigo por descuidar esta oportunidad de hacer el bien,

5 Este tiempo de estudios se conoció como “la cocina de Susana”. Magallanes, Introducción a la vida y teología de Juan Wesley, 36. Durante una salida de Samuel a Londres, los estudios bíblicos que Susana tenía con su familia los domingos en la tarde crecieron más que la asistencia de la reunión vespertina que dirigía el pastor asistente de Samuel.

6 Citado por Daniel Bruno en Comunicaciones IEMA, “El rol de las mujeres en el metodismo,” Iglesia Evangélica Metodista Argentina (blog), March 19, 2019, https://iglesiametodista.org.ar/el-rol-de-las-mujeres-en-el-metodismo/.

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 79 cuando usted y yo comparezcamos ante el grande y terrible tribunal de nuestro Señor Jesucristo.7

Pero el impacto de Susana fue más allá de sembrar en los Wesley rmeza, pensamiento crítico, metodología e independencia; también depositó en ellos un celo por las disciplinas espirituales y el desarrollo de un carácter cristiano. Comentando sobre el último punto, Hugo Magallanes dice: “Susana pasaba cuando menos una o dos horas conversando con cada uno de sus hijos acerca de la importancia de las virtudes cristianas”.8

Como podemos ver, sin duda alguna, el seno del hogar de los Wesley fue en donde se sembraron las semillas que germinaron más adelante en la vida de este hombre y en el movimiento que este fundó. Esta realidad resonó muy fuerte en mí por dos razones principales. Por un lado, desde un lente personal, me identi co con el rol de Susana en la vida de sus hijos e hijas. Por otro lado, desde un lente cultural, aunque la cultura latina es muy machista, no cabe la menor duda de que la mujer latina juega un rol indispensable en la formación de su familia. Esta formación lial de los Wesley me hizo recordar mi propia experiencia como latino. Fue mi madre, Carmen J. Carrasquillo Rodríguez, quien se dio a la tarea de depositar en mis dos hermanos y mi hermana, un celo vivo por el Señor. Y aunque ella fue nuestra pastora por mucho tiempo, fue en la “cocina de Carmen” donde recibimos las enseñanzas que hasta el día de hoy siguen formándonos. Más adelante retomaré la visión matriarcal de la espiritualidad latina. Por el momento, miremos brevemente cómo !oreció la apertura del ministerio y el liderazgo de la mujer en el movimiento wesleyano.

Las pioneras en el movimiento wesleyano

Aunque el presente y futuro del movimiento wesleyano se ve más abierto al ministerio y el liderazgo de la mujer, en sus comienzos tuvo sus tropiezos. Aunque las mujeres jugaron un papel protagónico

7 Palabras de Susana Wesley citadas por Kristina LaCelle-Peterson, Liberating Tradition: Women’s Identity and Vocation in Christian Perspective, RenewedMinds Ser (Grand Rapids: Baker Academic, 2008), 183. Mi trducción.

8 Magallanes, Introducción a la vida y teología de Juan Wesley, 25.

80 Wilmer Estrada Carrasquillo en el establecimiento y sostenimiento del movimiento, su actividad ministerial no estaba presente. Pero, según Paul Chilcote, “Con el pasar del tiempo, Wesley llegó a a rmar a las mujeres predicadoras, aunque con cierta lucha”.9 ¿Cómo es que Juan Wesley se convence de la importancia de la presencia de la mujer, no solamente como miembras del movimiento, sino también como colaboradoras, pastoras y compañeras de ministerio? En una propuesta hecha por Cindy Wesley, encontramos cuatro razones que se pueden interpretar como llaves que convencieron a Juan Wesley de la labor pública y ministerial de la mujer.10 La primera razón fue bíblica. Wesley, en los “escritos y acciones del apóstol Pablo, encontró excepciones en las enseñanzas que este hizo sobre la mujer y su participación en la congregación”.11 La segunda razón, según Cindy Wesley, “es que Wesley creyó que había mujeres con un llamado extraordinario de parte de Dios para servir el movimiento Metodista”.12 En tercer lugar, “el ministerio público de una mujer sería reconocido si este surge de una experiencia de total devoción a Dios”.13 Por último, Cindy Wesley a rma que, “los frutos de la predicación de la mujer serían su mejor defensa”.14 En resumen, podemos establecer que Juan Wesley fue convencido, bíblicamente, por el llamado equitativo de Dios, por el pietismo devoto, y por el testimonio de aquellos que escucharon a estas hermanas predicar.

Estos cambios, aunque paulatinos en el pensamiento de Juan Wesley, llegaron a su máxima expresión cuando este reconoció a Sara Crosby “como la primera predicadora del Metodismo”.15 Claro está,

9 Paul Wesley Chilcote, e Methodist Defense of Women in Ministry: A Documentary History (Eugene: Wipf and Stock Publishers, 2017), 17. Todas las citas son mi traducción.

10 Cindy Wesley, “Witnessing Women” en L. Edward Phillips and Billy Vaughan, eds., Courage to Bear Witness: Essays in Honor of Gene L. Davenport (Pickwick Publications, 2009), 118. Todas las citas son mi traducción.

11 Cindy Wesley, “Witnessing Women”, 118. Véase también el capítulo 3 de la presente obra.

12 Cindy Wesley, “Witnessing Women”, 118.

13 Cindy Wesley, “Witnessing Women”, 119.

14 Cindy Wesley, “Witnessing Women”, 119.

15 Chilcote, e Methodist Defense of Women in Ministry, 19 .

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 81 la historia de cómo se da este endoso es muy interesante. Previo al reconocimiento de las mujeres como predicadoras, estas ya servían como organizadoras de eventos y de las nacientes bandas, sociedades y clases. Las mujeres que lideraban estas reuniones leían la Biblia y en ocasiones compartían sus testimonios, pero no predicaban. Sin embargo, en una ocasión, Crosby había organizado un evento en Derby. Ella esperaba un puñado de personas, pero para su sorpresa, llegaron sobre doscientas personas. De acuerdo a Chilcote, la respuesta de Crosby fue, que se sintió “abrumada por la respuesta y la responsabilidad” de predicar las buenas nuevas del evangelio.16 La continua interacción de Juan Wesley con la mujeres que sirvieron en los inicios del movimiento, en especial Sara Crosby, Mary Bosanquet y Sarah Mallet, lo transformaron a tal nivel que en el sermón titulado “Sobre la visita a los enfermos”, este dice lo siguiente sobre la mujer:

En esto no hay diferencia: “en Cristo Jesús no hay varón ni mujer”. De hecho, desde hace mucho tiempo se ha convertido en una verdad para muchos que “las mujeres solamente deben ser vistas, no escuchadas”. Y, en consecuencia, muchas de ellas son criadas de tal manera, como si fueron diseñadas para ser juguetes agradables. Pero ¿no es esto honrar al sexo? ¿O es una verdadera bondad a ellas? No; es la más profunda falta de bondad; es una crueldad horrible... Y no sé cómo una mujer sensata y de espíritu puede someterse a esto.17

En este extracto, vemos cómo Juan Wesley a rma la imagen de Dios en la mujer y rechaza cualquier postura que diga lo contrario. Este lenguaje es de sumo valor teológico, ya que Wesley descansa en el testimonio de la creación que se encuentra en libro de Génesis. Su visión de la mujer está basada en que ellas fueron creadas por Dios, convocadas para el servicio, y no deben seguir bajo el yugo de la opresión masculina o patriarcal que es producto de la desobediencia.

Como podemos ver, el lugar de la mujer ya había ganado cierto favor y respeto en el continente europeo. Sin embargo, la llegada a

16 Chilcote, e Methodist Defense of Women in Ministry, 19.

17 Juan Wesley, “Sobre la visita a los enfermos” Sermón 98 en John Wesley and Albert Cook Outler, e Works of John Wesley. 3: Sermons ; 3: 71 - 114 / Ed. by Albert C. Outler, 3. print (Nashville: Abingdon Press, 1999).

Wilmer Estrada Carrasquillo nuevas tierras siempre renueva tensiones que fueron solventadas en su lugar de origen. El lugar de la mujer como ministra y líder fue una de esas tensiones que se renovó. El pensamiento wesleyano ya había propuesto una respuesta al patriarcalismo con el que se enfrentó en Europa. Pero ahora, se enfrenta a la versión hispana del patriarcalismo, este es, el machismo. El tiempo no nos dará para hacer una lectura profunda sobre el desarrollo del ministerio de la mujer en el movimiento wesleyano latinoamericano.18 Sin embargo, creo que es importante compartir algunos eventos como estudios de caso.

En un artículo publicado el 31 de mayo de 2020 en el portal de la Iglesia Metodista en el Uruguay (imu.org), Inés Simeone establece que, en una ocasión, ella le preguntó a un grupo de historiadores del movimiento en Uruguay, si hubo presencia femenil en los orígenes del movimiento. Los que eran parte del grupo contestaron negativamente. Esto llamó la atención de Simeone, e inmediatamente ella buscó el registro o cial y, para su sorpresa, encontró que había “147 nombres –considerados como Fundadores, 1878. De los cuales, 126 eran mujeres. ¡En 147 miembros, 126 eran mujeres!”19 La realidad es que esta historia se repitió en muchos otros lugares.20 El supuesto vacío femenino en la historia del movimiento wesleyano no es producto de una ausencia, sino de una amnesia histórica que ha tratado de mantener a nuestras hermanas al margen de la historia.

El lugar de la mujer en la espiritualidad latina

No nos debe de sorprender que el silencio histórico no es sinónimo de ausencia. Ya que la realidad es que la espiritualidad

18 Para un estudio detallado les recomiendo el siguiente artículo, Pablo R Andiñach, “El Metodismo en América Latina: Breve historia y evaluación,” Teología e historia 7 (2012): 167–85. Véase también el capítulo 1 de la presente obra.

19 Inés Simeone, “Mujeres en el Metodismo – Iglesia Metodista en el Uruguay,” accessed February 11, 2025, https://www.imu.org.uy/mujeres-en-elmetodismo/.

20 Por ejemplo vea, Daniel Bruno, “El rol de las mujeres en el metodismo,” Iglesia Evangélica Metodista Argentina (blog), March 19, 2019, https:// iglesiametodista.org.ar/el-rol-de-las-mujeres-en-el-metodismo/.

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 83 latinoamericana está ligada al matriarcado. Esto no solo lo experimenté personalmente; un reciente estudio hecho por Kat Armas, titulado Abuelita Faith (“La fe de abuelita”) lo con rma.21

Aunque la palabra “abuelita” se usa como un descriptor teológico, la teología de abuelita también abarca a las madres y madrinas, entre otras guras femeninas.22 Ellas no son solamente símbolos de cuidado y alimento, sino que son “nuestras conexiones con nuestra cultura, nuestro idioma y el país que nos vio nacer. Son nuestros pozos de sabiduría y recuerdos, tanto los traumáticos como los necesarios para la supervivencia”.23

En la mayoría de los casos, la teología de abuelita llega a nosotros tejida a través de imágenes y sonidos. Armas a rma:

La teología de la abuelita se deriva de su realidad en la cultura religiosa latina. Las guras matriarcales como las abuelitas conservan y transmiten tradiciones religiosas, creencias, prácticas y espiritualidad. Funcionan como ‘ministras internas’, particularmente porque el privilegio de recibir instrucción religiosa ‘formal’ a menudo no estaba disponible para ellas. Así, las abuelitas son las sacerdotisas y teólogas funcionales de nuestras familias.24

¡La teología de abuelita sucede! Se comunica en sus conversaciones cotidianas y es narrada por sus cuerpos. En otras palabras, la teología de las abuelitas es una teología vivida o como la llaman algunas hermanas latinas, es una teología de lo cotidiano.25 Su fe y sabiduría están envueltas en sus experiencias cotidianas, y aunque no las podamos ver ni escuchar, todavía nos están formando.

Aunque la teología de abuelitas es una categoría teológica que está emergiendo, comprende una práctica antigua dentro de la fe

21 Kat Armas, Abuelita Faith: What Women on the Margino Teach Us About Wisdom, Persistence and Strength (Grand Rapids: Brazos Press, 2021).

22 Armas, Abuelita Faith, 36. Todas las citas son mi traducción.

23 Armas, Abuelita Faith, 28.

24 Armas, Abuelita Faith, 33.

25 Véase, por ejemplo, María Izasi-Díaz, En La Lucha / In the Struggle: A Hispanic Women’s Liberation eology, 40th edition (Minneapolis: Fortress, 1993), 95; Loida I. Martell-Otero et al., Latina Evangélicas: A eological Survey from the Margins (Eugene: Cascade Books, 2013), 6. Todas las citas son mi traducción.

Wilmer Estrada Carrasquillo

cristiana en general y de la fe latina en particular.26 Dos ejemplos pueden explicar esto. Por un lado, podemos recordar las palabras del apóstol Pablo en su segunda carta a Timoteo. Dice: “Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2 Tim 1:5, NBLA, énfasis mío). En este primer ejemplo, Pablo reconoce que la experiencia de fe de Timoteo va desde la abuela Loida y a través de su madre y luego hasta el mismo Timoteo. Por otro lado, Roberto “Chao” Romero argumentó en Brown Church que la espiritualidad y la identidad cultural latinas moldearon a nuestras abuelas y madres.27 Romero argumenta que el enfoque social de César Chávez estaba bastante informado por una forma de espiritualidad católica popular mexicana. La fuente de la espiritualidad de César, al igual que la de Timoteo, fue moldeada por la fe y la sabiduría de su abuela, Mama Tella, y su madre, Juana.28 Estas abuelas jugaron un papel importante en la vida de Timoteo y César. Su fe y sabiduría no solo los forjaron, sino que también se convirtieron en plataformas de lanzamiento para sus vocaciones en la iglesia y en el espacio público.

El argumento de Armas está basado en una conversación que entreteje la agencia del Espíritu Santo con la teología de abuelitas. Basándose en el trabajo de teólogas latinas como María Isasi-Díaz, Loida Martell-Otero, Zaida Hernández y Elizabeth Conde-Frazier y otras, Armas argumenta que el tipo de pensar teológico que propone la teología de las abuelitas tiene sus raíces en la resiliencia y la braveza del Espíritu.29 Para ella, así como la presencia del Espíritu Santo trae libertad, las abuelas “buscan que todos [quienes estén a su alcance]... sean liberados para servirse mejor las unas a los otros y a así vivir en la libertad prometida por el Espíritu Santo”. 30

26 Esto no signi ca que otros grupos étnicos estén excluidos. En mi investigación pude encontrar algunas similitudes entre la comunidad hispana/ latina, las comunidades indígenas y la comunidad afroamericana.

27 Robert Chao Romero, Brown Church: Five Centuries of Latina/o Social Justice, eology, and Identity (Downers Grove: IVP Academic, 2020). Todas las citas con mi traducción.

28 Romero Brown Church, Kindle Loc., 2000.

29 Armas, Abuelita Faith, 28.

30 Armas, Abuelita Faith, 28.

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 85 El argumento de Armas encuentra resonancia en un libro recientemente publicado y editado por Cheryl Bridges-Johns y Lisa Stephenson, Grieving, Brooding, and Transforming: e Spirit, the Bible, and Gender (Dolor, re exión y transformación: El Espíritu, la Biblia y el género).31 El libro reúne las voces de mujeres pentecostales wesleyanas que “ofrecen sus lecturas de los textos bíblicos, así como sus percepciones sobre cómo las mujeres pueden navegar por el panorama paradójico y a veces inquietante de la respuesta del movimiento pentecostal a las mujeres”.32 Lo que es importante para la presente conversación es que Bridges Johns y Stephenson et al. argumentan que el Espíritu Santo ocupa un lugar central al empoderar a las mujeres con el n de reimaginar las historias de las mujeres en la Biblia y restaurar el quebrantamiento de la creación.33 En otras palabras, el Espíritu Santo juega un papel clave en el relato, la re-imaginación y la restauración de sus historias.

Siguiendo esta línea de pensamiento, Darío López Rodríguez a rma que la presencia y la agencia de las mujeres en la historia cristiana, son testimonio vivo de la resiliencia de las “discípulas bravas de Jesús” que caminaron, sostuvieron y ministraron a su lado.34 Para López Rodríguez, la iglesia de hoy, si en realidad desea seguir el modelo de Jesús, tiene que repensar cómo trata a la mujer. Este añade: “[Jesús] les dio voz, las visibilizó, las resucitó socialmente y las convirtió en protagonistas dentro de las sociedades patriarcales que las tenías como ripio social, material de relleno o piezas descartables”.35 Por lo tanto, al igual que Marta, María, Susana, Lois, Tella, Armas, Bridges Johns y Stephenson et al., la mujer ha mantenido viva y re-imaginada su fe y sabiduría con aquellos a su alcance. En cierto modo, este es el corazón de la teología de abuelitas. En palabras de

31 Cheryl Bridges Johns y Lisa P. Stephenson, eds., Grieving, Brooding, and Transforming: e Spirit, the Bible, and Gender, Journal of Pentecostal eology Supplement Series, volume 46 (Leiden: Brill, 2021). Todas las citas son mi traducción.

32 Johns y Stephenson, Grieving, Brooding, and Transforming, 2.

33 Johns y Stephenson, Grieving, Brooding, and Transforming, 2.

34 Darío López R., Discípulas de Jesús: De Invisibilizadas a Protagonistas, 1st ed (Lima: Ediciones PUMA, 2023), 21.

35 López R., Discípulas de Jesús, 14.

Wilmer Estrada Carrasquillo

Armas, “Es la práctica de descubrir y nombrar a nuestras abuelas que nos han inspirado, enseñado y guiado en nuestro proceso de devenir y pertenencia”.36

Un estudio de caso sobre la mujer en el movimiento wesleyano

La familia wesleyana es una amplia. Por lo tanto, tratar de describir el ADN del movimiento wesleyano en la cultura latina es una propuesta un tanto grandiosa. Tomará más que un capítulo y un autor para completar esta tarea. Pero, espero que al nalizar esta lectura encuentres algo de valor en esa propuesta. Mi meta en esta última sección es presentar un estudio de caso basado en una encuesta que fue completada por 11 mujeres que sirven dentro de la gran familia wesleyana. Ellas representan 6 nacionalidades: Venezuela, Colombia, Ecuador, México, Puerto Rico, y Estados Unidos. Estas discípulas de Jesús, como diría Darío López Rodríguez, ocupan puestos como “pastora” (45.5%), en “equipo pastoral” (18.2%), como “diaconisa” (9.1), “educadora” (18.2%), y “líder de adoración” (9.1%).37 Cabe señalar, que, entre las opciones, también estaba “líder organizacional”. A pesar de que el grupo de mujeres encuestadas fue una representación limitada, es interesante que esta categoría no recibió puntuación. Aunque ya existen ejemplos de mujeres ocupando espacios en altos niveles en el movimiento wesleyano,38 no es representativo al porcentaje de mujeres que son miembras y sirven en el movimiento.

Además de las preguntas de trasfondo personal, la encuesta constó de cuatro preguntas que buscaban evaluar la relación del pensamiento wesleyano con el ministerio y el liderazgo de la mujer. La primera pregunta fue, ¿en qué forma el pensamiento wesleyano ayuda a abrir puertas al ministerio de la mujer? En segundo lugar, se les preguntó: ¿cómo las enseñanzas de este movimiento le ayudaron a a rmar su llamado ministerial/liderazgo? Basado en las experiencias

36 Armas, Abuelita Faith, 19.

37 Wilmer Estrada Carrasquillo, “Mujeres en el ministerio/liderazgo wesleyano,” GoogleForms, diciembre 2024.

38 En la reciente Conferencia General inaugural de la Iglesia Metodista Global, dos mujeres fueron electas como obispos.

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 87 vividas de las encuestadas, la tercera pregunta buscaba saber ¿qué consejo le darías a una joven que está intentando encontrar su espacio como mujer en el ministerio/liderazgo? La encuesta terminó con la siguiente pregunta, ¿cuál es la frase, idea teológica o cita expuesta por Wesley que resuena en tu mente constantemente?

Comenzaré por compartir un resumen descriptivo integral de las respuestas. Luego, presentaré un análisis de las respuestas con el n de prescribir cuál es el ADN wesleyano que ha permeado entre este grupo representativo de hermanas latinoamericanas.

¿En qué forma el pensamiento wesleyano ayuda a abrir puertas al ministerio de la mujer?

Una de las respuestas a rmó que una de las bases bíblicas que han servido de fundamento para abrir las puertas del ministerio de la mujer es Gálatas 3:28.39 Este texto declara: “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús”. Esta hermana reconoce que Luther Lee, un notable patriarca metodista, lo utilizó de manera destacada en su sermón de 1853 en defensa de los derechos de las mujeres. Este principio, a rma, se alinea perfectamente con la tradición wesleyana, que ha defendido durante mucho tiempo la inclusión de las mujeres en los roles ministeriales.

Por otro lado, se aludió a que el auge del liderazgo laico es otra tendencia signi cativa que abre las puertas del ministerio a la mujer, no solo a los hombres. Según la encuesta, este enfoque no solo promueve la inclusión, sino que también reconoce los diversos dones y llamados de todos los creyentes. Al empoderar a los líderes laicos, la iglesia puede garantizar que todos los miembros, independientemente de su género, puedan contribuir signi cativamente a la difusión del evangelio, especialmente en áreas marginadas.

Otro de los enfoques resaltó la experiencia pneumatológica. Algunas de las encuestadas mencionaron que los movimientos como el wesleyanismo y el pentecostalismo enfatizan el derramamiento del

39 Véase el capítulo 3, “La mujer y el ADN bíblico del movimiento wesleyano”.

Wilmer Estrada Carrasquillo

Espíritu sobre todas las personas y abogan por una igualdad radical entre hombres y mujeres.40 Ser recipientes del Espíritu, según las respuestas, hace que las diferencias de género pierden su relevancia, lo que permite que Dios trabaje a través de quien Él elija. Tal creencia no solo allana el camino para la participación de las mujeres, sino que también derriba las barreras que han obstaculizado su servicio en roles ministeriales. Siguiendo esta línea de pensamiento, otro grupo de encuestadas a rma que los dones del Espíritu Santo se otorgan a la iglesia sin tener en cuenta el género, la raza, el color o la nacionalidad. Este enfoque inclusivo garantiza que todos los miembros de la iglesia puedan participar plenamente en su misión, promoviendo así el sacerdocio de todos los creyentes.

Finalmente, una de las encuestadas proveyó un ejemplo práctico. Según ella, la Iglesia Metodista en México se destaca como una de las pocas denominaciones históricas en el país que ordena pastoras. Si bien aún queda mucho por hacer, esto representa un fuerte compromiso para lograr la igualdad de género en el ministerio.

¿Cómo las enseñanzas de este movimiento le ayudaron a a rmar su llamado ministerial/liderazgo?

Desde temprana edad, según un grupo de las encuestadas, muchas mujeres han comprendido que Dios utiliza a hombres y mujeres como sus instrumentos y embajadores. Al crecer en la Iglesia Metodista, algunas mujeres han servido a Dios sin sentirse obstaculizadas por su género, expresando gratitud a Dios y a sus líderes por este entorno inclusivo. Este testimonio personal subraya la creencia de que ser mujer no impide ser utilizada por Dios.

Por otro lado, otra de las encuestadas expresó que el pensamiento wesleyano enfatiza fuertemente la libertad personal, reconociendo que todas las personas son creadas a imagen y semejanza de Dios. Esta perspectiva teológica a rma que las mujeres tienen derecho a participar en roles de liderazgo, alineándose con la creencia de que todos tienen derecho a servir a Dios libremente. Históricamente, las mujeres han desempeñado papeles importantes en los movimientos 40 Véase el capítulo 4, “La mujer y el ADN pneumatológico del movimiento wesleyano”.

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 89 sociales, como la lucha contra la esclavitud y el consumo excesivo de alcohol en la década de 1840, demostrando su capacidad para sacudir las estructuras sociales y abogar por la justicia. El movimiento hacia el ministerio laico, donde los ministerios de base equipan y preparan a los santos para la obra del ministerio, apoya aún más la inclusión de las mujeres. Este enfoque asegura que todos los miembros de la iglesia, independientemente del género, puedan contribuir a la misión de difundir el evangelio.

Otro grupo de las encuestadas se enfocaron en algunas disciplinas del movimiento. Por ejemplo, el estímulo a la búsqueda de la santidad y la santi cación completa ha sido una fuerza impulsora para muchas mujeres en el ministerio. Esta búsqueda las ha llevado a mejorar sus disciplinas espirituales y a esforzarse por producir sermones prácticos e impactantes. Incluir a las mujeres en el ministerio es fundamental para brindar un servicio más integral y auténtico a la comunidad.

Además de las disciplinas espirituales, otras se enfocaron en argumentos teológicos.41 La gracia anticipante, una doctrina central en el movimiento wesleyano, ha inspirado a estas mujeres a reconocer la obra de Dios muy temprano en sus vidas. Esto ha animado a muchas a dedicarse al ministerio a tiempo completo. Este apoyo de la comunidad resalta la importancia de reconocer y nutrir el llamado al ministerio, independientemente del género.

Interesantemente, una de las encuestadas hace mención del rol de la mujer en la vida de los padres de la iglesia. Para esta, esto es una muestra de lo que la mujer podría hacer si tuviera las mismas oportunidades. Este contexto histórico demuestra que, si Dios puede usar a las mujeres para capacitar a futuros obispos, ciertamente puede usar a las mujeres para que sean obispos ellas mismas. Esta perspectiva desafía cualquier barrera que pueda impedir que las mujeres sirvan en roles ministeriales.

41 Véase el capítulo 2, “La mujer y el ADN teológico del movimiento wesleyano”.

Wilmer Estrada Carrasquillo

¿Qué consejo le darías a una joven que está intentando encontrar su espacio como mujer en el ministerio/liderazgo?

Servir a los demás con humildad y sacri cio es un principio fundamental en el ministerio cristiano, que promete una recompensa en el reino de Dios. Este principio se basa en la creencia de que Dios no muestra favoritismo y que cada persona tiene dones y talentos únicos destinados a brillar. La iglesia debe alentar a que estas luces brillen con fuerza, en lugar de apagarlas, para que más personas puedan bene ciarse de su resplandor.

Es fundamental adherirse a las enseñanzas de las Escrituras, en particular Gálatas 3:28. Este versículo enfatiza el derecho inalienable de cada persona a servir a Dios libremente, con el objetivo de agradarle y cumplir la misión a la que la ha llamado. En el contexto latinoamericano, esto puede ser un desafío debido al machismo cultural y las costumbres tradicionales. Sin embargo, la perseverancia, la educación y una sólida red de apoyo de mujeres con ideas a nes pueden ayudar a superar estos obstáculos. Se anima a las mujeres a esforzarse el doble que los hombres, a guardar sus corazones y a permanecer rmes en su llamado.

Mantener un buen testimonio cristiano y estar dispuesta a servir al Señor en cualquier capacidad es esencial. Servir elmente y predicar fuera de la iglesia puede llevarnos a posiciones más altas, no buscándolas directamente, sino por el impacto que nuestro ministerio tiene en los demás. Es importante reconocer la naturaleza holística del llamado de Dios; abarca los aspectos espirituales, relacionales, emocionales, mentales y físicos de una persona. Dios prepara a las personas a lo largo de sus vidas, a menudo colocando personas alentadoras en su camino.

Formar un equipo de aliados, tanto mujeres como hombres, buscar sabiduría, encontrar un terapeuta y escuchar al Espíritu Santo son pasos cruciales. Una mentora puede brindar información sobre los desafíos especí cos de las mujeres en el ministerio, mientras que un mentor masculino puede ayudar a navegar por la misoginia relacionada con la iglesia. Sobre todo, amar a las personas es el trabajo más importante.

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 91 Los consejos que se les dan a las mujeres en el ministerio no deben diferir de los que se les dan a los hombres. Para cerrar las brechas que limitan a las mujeres, se debe brindar el mismo estímulo y orientación a ambos sexos. Es importante buscar lugares que reconozcan el sacerdocio de todos los creyentes y el llamado de Dios para cada individuo. En el reino de Dios, todos tienen un lugar y un llamado. Si a una mujer no se le da espacio en su contexto actual, Dios la conducirá hacia donde sea necesaria. Incluso puede ser llamada a liderar un movimiento que abra espacios para las mujeres, cumpliendo los roles que Dios ya les ha asignado.

¿Cuál es la frase, idea teológica o cita expuesta por Wesley que resuena en tu mente constantemente?

Finalmente, nuestras hermanas compartieron algunos pensamientos o frases wesleyanas que están presentes en su día a día. Más que demostrarnos su conocimiento de ellas, entiendo que estas frases, ideas teológicas y citas, nos dan una idea de cómo el pensamiento wesleyano las sostiene diariamente. A continuación, comparto brevemente sus respuestas.

Dos de las encuestadas coincidieron en que la frase “el mundo es mi parroquia” está constantemente en su pensamiento. Según una de ellas, esta frase la empodera para hacer ministerio en la iglesia o fuera de la iglesia.

Cuatro de las encuestadas compartieron ideas que se enfocan en hacer el bien y el servir a otros. Estas mencionaron frases como “no hacer mal al prójimo”. En ocasiones, decía una de ellas, es todo lo que podemos hacer. Otras, tomaron un tono más positivo. Estas coincidieron en hacer todo lo posible por hacer el bien posible a toda persona.

Otras dos encuestadas tomaron la ruta de la abnegación y el crecimiento espiritual. Una de ellas re!exionó en la importancia de negarse uno mismo con el n de crecer cada día en gracia. La otra, anclando su idea en la vía salví ca, re!exionó sobre la importancia de crecer cada día en nuestra madurez y perfección cristiana. El otro tema que surgió fue el sacerdocio de todos los creyentes.

Wilmer Estrada Carrasquillo

Dos encuestadas mencionaron que este postulado las ayuda en su actividad ministerial y a seguir creyendo que hay un lugar para ellas en el movimiento. Finalmente, una de ellas re!exionó brevemente en la simplicidad. Para ella, la simplicidad de la vida cristiana que modela el movimiento wesleyano, fue lo que la alcanzó y le ha dado la oportunidad de servir en este movimiento.

Algunas características del ADN wesleyano

A continuación, compartiré algunas características que surgen de la encuesta. Estas características pueden considerarse como hebras que tejen el ADN del movimiento wesleyano entre las mujeres que sirven dentro de la cultura latina. Cabe señalar la importancia de no creer que estas características surgen meramente por el pensamiento wesleyano; decir esto sería ignorar el rol que juega la imaginación social de la cultura latina en los procesos de contextualización.

La primera hebra del ADN wesleyano en la mujer latina es su valor por las Escrituras. Las mujeres encuestadas acompañaron sus respuestas de historias bíblicas que apoyan su vocación ministerial. Un ejemplo de esto fue el uso de Gálatas 3.28 como base para defender que toda criatura tiene la oportunidad de servir sin importar si es hombre o mujer.

La segunda hebra del ADN wesleyano en la mujer latina es el valor comunitario de la sociedad latinoamericana. Esta hebra fue descrita usando el concepto del sacerdocio de todos los santos o como el liderazgo del laicado. Los movimientos de base han sido centrales en el desarrollo de la mujer como voz religiosa. Esta tendencia abrió espacio para la inclusión de las mujeres en el ministerio al reconocer sus diversos dones y llamados.

La tercera hebra del ADN wesleyano en la mujer latina es la agencia del Espíritu Santo. Esta categoría surgió varias veces en las respuestas que ofrecieron. No nos debe de sorprender esta visión optimista del Espíritu, ya que la teología wesleyana sirvió como un puente para los avivamientos que fundaron los movimientos

Las mujeres, el ADN wesleyano y la 93 pentecostales.42 Según ellas, es la actividad del Espíritu Santo que derrumba las barreras de género y promueve la participación activa de las mujeres latinas en el ministerio.

La cuarta hebra del ADN wesleyano en la mujer latina es uno de los distintivos del pensamiento de Juan Wesley, la santi cación. Muchas mujeres en el ministerio se han sentido motivadas por este pensamiento teológico para encontrar su plenitud como mujeres y en su vocación. El Dios que santi ca al ser humano no solamente los santi ca espiritualmente, sino que también busca restaurar la imagen de Dios en y entre todos, abogando así por la igualdad radical entre hombres y mujeres.

Una quinta y última hebra del ADN wesleyano en la mujer latina es su rol como agentes que custodian la fe y la cultura familiar. Esto no solamente quedó claro en las respuestas, sino también las secciones anteriores de este capítulo que describen la vida de Susana y de las Abuelitas. Sin duda alguna, la historia del movimiento wesleyano en la cultura latina no fuera una realidad sin la presencia de mujeres que, enfrentándose al pecado del patriarcalismo, fueron obedientes a la voz del Señor y sirvieron aun sin ser reconocidas.

En n, el ADN wesleyano de las mujeres latinas se caracteriza por una profunda reverencia por las Escrituras, un fuerte sentido de comunidad, la acción de empoderamiento del Espíritu Santo, un compromiso con la santi cación y un papel vital como guardianas de la fe y la cultura familiar. Estas hebras resaltan las importantes contribuciones de las mujeres latinas al movimiento wesleyano, demostrando su resiliencia, dedicación y fe inquebrantable frente a los desafíos patriarcales. Sus historias y experiencias subrayan el poder transformador del ministerio inclusivo y el impacto duradero de su liderazgo espiritual.

42 Donald W. Dayton, eological Roots of Pentecostalism (Peabody, Mass. : Hendrickson Pub., c1987., 1987).

Wilmer Estrada Carrasquillo

• ¿Cómo tu experiencia dentro del movimiento wesleyano se asemeja o se distancia de las experiencias de las mujeres encuestadas?

• ¿En qué forma tú estás ayudando a las jóvenes a mirar con esperanza la vocación ministerial que Dios les ha con ado?

• ¿En qué manera este capítulo te ayuda a re!exionar más profundo sobre la importancia de tu contribución ministerial en tu iglesia local?

• Basado en tu experiencia, ¿cuáles son las áreas en las cuales el movimiento wesleyano debe mejorar para así servir mejor a la mujer latina?

• ¿Quiénes son las mujeres que te han precedido y han dejado un legado sobre el cual has desarrollado tu liderazgo?

LECTURAS RECOMENDADAS

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Magallanes, Hugo. Introducción a la vida y teología de Juan Wesley. Illustrated edition. Abingdon Press, 2005.

Conclusión

Cinco hilos genéticos del movimiento wesleyano—histórico, teológico, bíblico, pneumatológico y cultural—se han entretejido en estas páginas para describir tanto el impacto ya sentido como el potencial presente y futuro de la tradición wesleyana en toda su amplitud— desde metodistas hasta pentecostales—para contribuir a que la iglesia latina colabore con la obra liberadora del Espíritu Santo en la vida y el ministerio de las mujeres. Cada capítulo habla en su propia voz y puede servir como recurso de estudio para el tema particular que toca, pero, tomados como un conjunto, los cinco capítulos se presentan como un tapiz en el cual los hilos se entretejen con belleza, orden y consistencia.

En el capítulo 1, la Dra. Ruiz, tejiendo con el hilo histórico, ha resaltado tanto las luchas persistentes como los avances hacia una plena participación de las mujeres latinas en la vida y el ministerio de la iglesia. Ella ofrece el ejemplo de Susana Wesley, la matriarca del movimiento wesleyano, y de otras intrépidas mujeres transformadas radicalmente por el Espíritu Santo en la época primitiva del metodismo; para las mujeres de hoy, estas hermanas del Siglo XVIII sirven como elementos animadores a seguir trabajando, sirviendo y respondiendo con con anza al llamado extraordinario del Señor, y también sirven como elemento (re)orientador en las conversaciones persistentes sobre la participación de las mujeres en el ministerio de predicación y liderazgo.

La Dra. Weaver, en el capítulo 2, ha iluminado cinco perspectivas teológicas que caracterizaban el movimiento metodista primitiva, con implicaciones directas e indirectas para el ministerio de las mujeres en las primeras décadas del metodismo. La recuperación de estas cinco perspectivas en el movimiento metodista actual también tiene implicaciones liberadoras para las mujeres en la tradición wesleyana. Estos cinco elementos clave son: (1) La igualdad del nuevo nacimiento para mujeres y hombres; (2) la ortodoxia doctrinal informada por el amor; (3) la llenura del Espíritu Santo; (4) el discipulado y la madurez cristiana; (5) el poder del testimonio y un llamado extraordinario.

El capítulo 3, del Dr. Aguilar, subraya el lugar autoritativo de las Escrituras para “el pueblo llamado metodista”, una característica esencial y central del movimiento desde sus inicios. Fue su estudio cuidadoso de la Palabra que llevó a Juan Wesley a entender el impacto liberador inevitable de declaraciones apostólicas como Gálatas 3:28 y que lo llevó a vencer su recelo inicial de soltar a las predicadoras metodistas para el ejercicio pleno de sus dones espirituales. Llevando una hermenéutica wesleyana a dos textos que muchos ven como restrictivos del ministerio de la mujer (1 Tim. 2:11–12; 1 Cor. 14:34–35), el Dr. Aguilar propone leer estos pasajes a través de tres lentes que Wesley mismo usó. Estos son: (1) Leer desde la perspectiva de las doctrinas esenciales—el arrepentimiento, la fe y la santidad; (2) Leer desde la perspectiva de la analogía de la fe como clave hermenéutica; (3) leer desde la perspectiva de la iluminación del Espíritu Santo y la relevancia cultural.

La Dra. Figueroa, en el capítulo 4, trae al centro del escenario un aspecto del movimiento wesleyano que ya se ha visto entretejido con su historia, su teología y su hermenéutica (cap. 1–3). Este elemento es la pneumatología wesleyana, que se centra en la verdadera transformación de todos los creyentes por el Espíritu Santo y la verdadera distribución de los dones del Espíritu a todos los creyentes, independiente del género o del estatus. Esta pneumatología, arraigada y empapada en su lectura profunda de las Escrituras, llevó a Juan Wesley a dar pasos difíciles y contraculturales en relación con la plena participación de las mujeres metodistas como predicadoras y pastoras. La recuperación de una pneumatología wesleyana tiene grandes implicaciones liberadoras para las mujeres--¡y los hombres!—del movimiento metodista hoy y en el futuro.

En el capítulo 5, el Dr. Estrada Carrasquillo ha ofrecido una mirada fascinante a la intersección entre la perspectiva wesleyana delineada en los capítulos 1–4 y la centralidad de la mujer en la espiritualidad latina. La “teología de abuela” es una realidad innegable de la formación espiritual de los cristianos latinos, tanto mujeres como hombres. A través de un caso de estudio de 11 mujeres que son líderes en la tradición pan-wesleyana en el mundo latino, el Dr. Estrada

Carrasquillo abrió una ventana a la experiencia vivida de ellas y cómo la teología wesleyana ha sido parte de su formación. La encuesta reveló cinco hebras signi cativas del ADN wesleyano que se entretejen (entre sí y con la cultura) en la experiencia de mujeres latinas. Estas hebras son: (1) Su valor por las Escrituras; (2) el valor comunitario de la sociedad latinoamericana; (3) la agencia del Espíritu Santo; (4) la santi cación, que las motiva a encontrar su plenitud como mujeres y en su vocación; (5) su rol como agentes que cultivan, cuidan y preservan la fe y la cultura familiar.

Las reseñas históricas y los vistazos de la actualidad contemplados en este volumen se unen con un objetivo principal: fortalecer el futuro de la iglesia latina, tanto dentro de la amplia familia wesleyana como también más allá de ella. Como dice la Obispo Carolyn Moore de la Iglesia Metodista Global, “Todo tiene que ver con el Reino de Dios”. Permitámosle a ella la última palabra, de su libro Cuando las mujeres lideran: Abraza tu autoridad, muévete más allá de las barreras y encuentra gozo en liderar a otros:1

Considera esto: Las tradiciones de fe que a rman el lugar de las mujeres en el ministerio nos están invitando a que seamos inversionistas privilegiados en un movimiento global. Como me dijo un líder denominacional, en algunos lugares, tales tradiciones serán las únicas instituciones en una región o un país entero que pueden emplear a mujeres. ¿No es emocionante? ¿Entiendes el potencial de nuestro testimonio colectivo? Cuando lo que hacemos bien se une con lo que nos impulsa como movimiento y lo que nos distingue teológicamente, entonces llevamos las semillas de grandeza y el potencial para una renovación espiritual global. Detente para considerar este hecho: Las tradiciones que permiten a las mujeres liderar tienen el doble de recursos a su disposición en comparación con las tradiciones que no lo hacen. Podemos depositar herramientas en las manos de las mujeres que son llamadas al ministerio. Podemos diseñar estrategias para ayudar a las líderes a descubrir y desarrollar su propio estilo de liderazgo. Podemos redirigir la conversación de los problemas con el

1 Carolyn Moore, When Women Lead: Embrace Your Authority, Move Beyond Barriers, and Find Joy in Leading Others (Grand Rapids, MI: Zondervan Re!ective, 2022).

98 Rachel L. Coleman

liderazgo eclesial de la mujer para hablar en cambio de qué desatará el potencial masivo de liderazgo presente en nuestro género.

Amigos, ¿qué si el reino de Dios está moviéndose con fuerza hacia el día cuando todo el pueblo de Dios esté capacitado e involucrado en el trabajo de la Gran Comisión?2 2 When Women Lead, 178–179 (traducción mía).

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