El Gato Con Botas

Por: Alejandro Sánchez López
Había una vez un molinero que, antes de morir, llamó a sus tres hijos y les dejó todos sus bienes: un molino, un asno y un gato. El reparto de la herencia se hizo enseguida, sin llamar al notario ni al procurador, pues probablemente se hubieran llevado todo el pobre patrimonio. El hijo mayor se quedó con el molino; el segundo, con el asno,y al más pequeño sólo le correspondió el gato.
El hijo menor no podía consolarse de haber recibido tan poca cosa
- Mis hermanos –decía– podrán ganarse la vida honradamente juntándose los dos. En cambio yo, en cuanto me haya comido el gato me seguiré muriendo de hambre.
el gato, que entendía estas palabras pero ponía cara de que no, le dijo con aire serio y sosegado:
-no se aflija en absoluto, mi amo. No tiene más que darme un saco y hacerme un par de botas para ir por los matorrales, ya verá que su herencia no es tan poca cosa como usted cree
Aunque el amo del Gato no puso muchas esperanzas en él lo había visto valerse de tantas tretas para cazar ratas y ratones como cuando se colgaba por sus patas traseras o se escondía en la harina haciéndose el muerto, que no perdió totalmente la ilusión de que lo socorriera en su miseria.
En cuanto el Gato tuvo lo que había solicitado, se calzó rápidamente las botas, se echó el saco al hombro, tomó los cordones con sus patas delanteras y se dirigió hacia un coto de caza en donde había muchos conejos. Puso salvado y hierba dentro del saco, se tendió en el suelo como si estuviese muerto, y esperó que algún conejillo, poco conocedor de las trampas de este mundo, viniera a meterse en el saco para comer lo que en él había echado.
Apenas se recostó, tuvo la primera satisfacción; un distraído conejito entró en el saco. El Gato tiró enseguida de los cordones para atraparlo, y lo mató sin compasión
El gato, muy orgulloso de su presa, se dirigió hacia el palacio del rey y pidió a los guardias que lo dejaran entrar para hablar con él. Le hicieron pasa a los aposentos de Su Majestad y, después de hacer una gran reverencia al rey, le dijo:
-Majestad, aquí tenéis un conejo de campo que el señor Marqués de Carabás (que es el nombre que se le ocurrió dar a su amo) me ha encargado ofreceros de su parte.
-Dile a tu amo -contestó el rey- que se lo agradezco, y que me halaga en gran medida.
En otra oportunidad fue a esconderse en un campo de trigo con el saco también abierto; en cuanto dos perdices entraron en él, tiró de los cordones y las cazó a las dos. Enseguida fue a ofrecérselas al rey, tal como había hecho con el conejo de campo. Una vez más, el rey se sintió halagado al recibir las dos perdices, y ordenó que le dieran de comer y de beber además de una propina. Durante dos o tres meses el Gato continuó llevando al rey, de cuando en cuando, las piezas que cazaba y le decía que lo enviaba su amo
Mientras sacaban del río al pobre Marqués, el Gato se acercóa la carroza y le dijo al rey que, mientras se bañaba su amo,unos ladrones se habían llevado sus ropas, a pesar de que él gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda. Pero la verdad que el pícaro las había escondido bajo una enorme piedra. Al instante, el rey ordenó a los encargados de su guardarropa que fueran a buscar uno de sus más hermosos trajes para el señor Marqués de Carabás. El rey le hizo mil atenciones, y como el hermoso traje que le acababan de dar realzaba su figura, ya que era apuesto y bien formado, la hija del rey lo encontró muy de su agrado; bastó que el marqués de Carabás le dirigiera dos o tres miradas sumamente respetuosas y algo tiernas, y ella quedó locamente enamorada.El rey quiso que subiera a su carroza y lo acompañara en el paseo. El gato, encantado al ver que su proyecto empezaba a resultar, se adelantó, y habiendo encontrado a unos campesinos que segaban un prado, les dijo:

—Buenos segadores, si no decís al rey que el prado que estáis segando es del marqués de Carabás, os haré picadillo como carne de budín .por cierto que el rey preguntó a los segadores de quién era ese prado que estaban segando
—Es del señor marqués de Carabás, dijeron a una sola voz, puesto que la amenaza del gato los había asustado.
—Tenéis aquí una hermosa heredad, dijo el rey al marqués de Carabás.
—Veréis, Majestad, es una tierra que no deja de producir con abundancia cada año
El maestro gato, que iba siempre delante, encontró a unos campesinos que cosechaban y les dijo:

—Buena gente que estáis cosechando, si no decís que todos estos campos pertenecen al marqués de Carabás, os haré picadillo como carné de budín.
El rey, que pasó momentos después, quiso saber a quién pertenecían los campos que veía.
—Son del señor marqués de Carabás, contestaron los campesinos, y el rey nuevamente se alegró con el marqués.
El gato, que iba delante de la carroza, decía siempre lo mismo a todos cuantos encontraba; y el rey estaba muy asombrado con las riquezas del señor marqués de Carabás.
El maestro gato llegó finalmente ante un hermoso castillo cuyo dueño era un ogro, el más rico que jamás se hubiera visto, pues todas las tierras por donde habían pasado eran dependientes de este castillo. El gato, que tuvo la precaución de informarse acerca de quién era éste ogro y de lo que sabia hacer, pidió hablar con él, diciendo que no había querido pasar tan cerca de su castillo sin tener el honor de hacerle la reverencia. El ogro lo recibió en la forma más cortés que puede hacerlo un ogro y lo invitó a descansar
—Me han asegurado, dijo el gato, que vos tenias el don de convertiros en cualquier clase de animal, que podíais, por ejemplo, transformaros en león,en elefante.
—Es cierto, respondió el ogro con brusquedad, y para demostrarlo, veréis cómo me convierto en león
El gato se asustó tanto al ver a un león delante de él que en un santiamén se trepó a las canaletas, no sin pena ni riesgo a causa de las botas que nada servían para andar por las tejas.
Algún rato después, viendo que el ogro había recuperado su forma primitiva, el gato bajó y confesó que había tenido mucho miedo.
—Además me han asegurado, dijo el gato, pero no puedo creerlo, que vos también tenéis el poder de adquirir la forma del más pequeño animalillo;por ejemplo, que podéis convertiros en un ratón, en una rata; os confieso que eso me parece imposible.

¿Imposible?, repuso el ogro, ya veréis; y al mismo tiempo se transformó en una rata que se puso a correr por el piso. Apenas la vio, el gato se echó encima de ella y se la comió. Entretanto, el rey que al pasar vio el hermoso castillo del ogro, quiso entrar. El gato, al oír el ruido del carruaje que atravesaba el puente levadizo, corrió adelante y le dijo al rey:
—Vuestra Majestad sea bienvenida al castillo del señor marqués de Carabás.
—¡Cómo, señor marqués, exclamó el rey, este castillo también os pertenece! Nada hay más bello que este patio y todos estos edificios que
lo rodean; veamos el interior, por favor .El marqués ofreció la mano a la joven princesa y, siguiendo al rey que iba primero, entraron a una gran sala donde encontraron una magnífica colación que el ogro había mandado preparar para sus amigos que vendrían a verlo ese mismo día, los cuales no se habían atrevido a entrar, sabiendo que el rey estaba allí. El rey, encantado con las buenas cualidades del señor marqués de Carabás, al igual que su hija, que ya estaba loca de amor, viendo losvaliosos bienes que poseía, le dijo, después de haber bebido cinco o seis copas:
—Sólo dependerá de vos, señor marqués, que seáis mi yerno .El marqués, haciendo grandes reverencias, aceptó el honor que le hacia el rey; y ese mismo día se casó con la princesa. El gato se convirtió en gran señor, y ya no corrió tras las ratas sino para divertirse.
MORALEJA
En principio parece ventajoso contar con un legado sustancioso recibido en heredad por sucesión; más los jóvenes, en definitiva obtienen del talento y la inventiva más provecho que de la posición.
OTRA MORALEJA
Si puede el hijo de un molinero en una princesa suscitar sentimientos tan vecinos a la adoración, es porque el vestir con esmero, ser joven, atrayente y atento no son ajenos a la seducción
