Citar fuera de contexto es -o debería ser- un delito tan grave como el plagio, porque su comisión obliga a una persona a decir cosas que no dijo o que no escribió, o que dijo precisamente con un sentido distinto o incluso absolutamente contrario. Y esta falta, prima hermana de la difamación, se agrava cuando el citado es finado y ya no tiene manera de desmentir lo que alguien dice que dijo. Por eso, los lectores nos vemos en la penosa necesidad de señalar la malversación literaria.