Memoria y relato. Fotografía en Puebla

![]()

Memoria y relato. Fotografía en Puebla
Organizada en el marco del 35 aniversario del Museo Amparo, esta exposición indaga en el vasto universo de fotografías producidas en Puebla desde mediados del siglo XIX hasta la cuarta década del siglo XX. Lejos de ofrecer un panorama enciclopédico de la historia de la fotografía en Puebla, la exposición se centra en las microhistorias que las imágenes tejen: narraciones visuales mediante las cuales se han ido construyendo, a lo largo del tiempo, las asociaciones identitarias del espacio cultural de Puebla.
La selección de imágenes es el resultado de una estrecha colaboración con importantes colecciones públicas y privadas que resguardan fondos poblanos. Producidas por habitantes y visitantes, fotógrafos profesionales y aficionados, autores reconocidos y creadores anónimos, las imágenes convierten las experiencias concretas en relatos visuales comunicables y compartidos.
La fotografía aparece aquí no sólo como registro del pasado, sino como un dispositivo activo de memoria y de futuro: un medio con capacidad de agencia social, que contribuye a hacer visible quiénes somos, cómo queremos ser vistos y qué lugar queremos habitar juntos. Las fotografías son narraciones que transforman la experiencia del lugar en memoria e imaginación comunes.
Laura González Flores / Curadora

Al aparecer en la escena cultural poblana de mediados del siglo XIX como hija de la pintura y hermana del grabado y la litografía, la fotografía hereda sus tradiciones artísticas, principalmente, la del retrato y las de las vistas. Primero como positivos directos y, después, como reproducciones múltiples de un cliché o negativo, las fotografías incrementan la circulación masiva de las imágenes en diversos formatos y procesos técnicos.

Resulta extraño pensar que, al empezar a utilizarse la daguerrotipia en México a inicios de 1840, se produjeran vistas de Veracruz y México, pero no de Puebla, parada obligada entre ambas ciudades. Entre las primeras fotografías de Puebla se cuentan dos vistas realizadas por Désiré Charnay en 1858, una del Zócalo y la Catedral que se incluyó en el Álbum fotográfico mexicano, editado con un texto de Manuel Orozco y Berra, y otra de las afueras de Puebla.
Producidas mediante negativos de colodión húmedo e impresas en albúmina, estas fotografías fueron realizadas por Charnay junto con otras que sólo se conocen reproducidas como grabados en periódicos de la época.
Désiré Charnay Vista de Puebla. Álbum fotográfico mexicano, ca. 1858
Colección y Archivo de Fundación Televisa



La fotografía es un acontecimiento que reúne a los participantes del acto fotográfico: la técnica (cámara, estudio y laboratorio), el fotógrafo, la persona retratada y el espectador. Todos estos agentes tienen injerencia en el sentido de la imagen, que no se completa al tomarse la foto, sino al circular y ser recibida por sus espectadores. La fotografía es una práctica intersubjetiva con una dimensión histórica, política y de interlocución social.
Mariano Tagle Calderón
Autorretrato doble como fotógrafo y retratado, ca. 1905
Impresión sobre vinil autoadherible
D. R. Fototeca Antica, A. C. / Colección Jorge Carretero Madrid

La destacada participación de las mujeres en la fotografía poblana permite cuestionar la idea de que su papel fue marginal o secundario —como ayudantes de estudio o simples objetos de la mirada masculina— y revela, en cambio, una compleja red de coautoría y práctica cívica. Además de encargar retratos, compilar y editar álbumes e intercambiar imágenes como forma de correspondencia social, muchas mujeres también se situaron detrás de la cámara.
María M. Alatriste es considerada la primera fotógrafa profesional en Puebla y posiblemente en todo México. Colaboró y heredó el estudio de su padre, Rafael A. Alatriste, especializado en vistas estereoscópicas, y firma sus propias imágenes al menos desde 1865. Otra fotógrafa notable es Carolina Ritchie, hija de un fotógrafo de Veracruz, quien asumió la titularidad del estudio de su esposo, Lorenzo Becerril, tras su muerte en 1899 y lo dirigió a partir de 1900.
Maria Alatriste (Editora - Fotógrafa)
Calle de la Independencia
Colección Pedro Sardá




El daguerrotipo (placa de cobre plateada), el ambrotipo (colodión sobre vidrio con fondo oscuro) y el ferrotipo (colodión sobre metal lacado) eran técnicas fotográficas positivas directas: no utilizaban negativo y producían un único ejemplar de la imagen, que solía guardarse en un estuche. Objetos irrepetibles, de pequeño formato y gran detalle, estas fotografías en positivo directo se asociaron, en las primeras décadas de la fotografía, con las miniaturas pintadas.



En 1851 se inventa el colodión húmedo, una técnica que, a diferencia del daguerrotipo, permitía obtener negativos sobre cristal y, a partir de ellos, múltiples copias de una misma imagen. Además de ofrecer mayor nitidez que los negativos en papel (calotipos), reducía considerablemente los tiempos de exposición, lo que facilitó la realización de retratos. Su rápida difusión supuso un avance decisivo en la historia de la fotografía, al posibilitar la reproducción masiva de imágenes en distintos formatos.


Hasta que las técnicas fotográficas en color se desarrollaron con éxito, ya en el siglo XX, fue común que los fotógrafos recurrieran al coloreado manual utilizado en las artes gráficas. La adición de pintura o tintes buscaba, por un lado, compensar la ausencia de color en las fotografías y, por otro, acercarlas a la apariencia de la pintura, de la que retomaban también los géneros: paisaje, retrato y naturaleza muerta.

R. Sarmiento
Perro en bicicleta, ca. 1910
Impresión digital sobre papel y transparencia
Colección Pedro Sardá
Lugar
Durante el siglo XIX, Puebla fue ocupada militarmente en tres ocasiones: por las fuerzas estadounidenses en 1847, por los franceses en 1863 y, finalmente, retomada por fuerzas republicanas mexicanas en 1867. Fuera de las pocas vistas de la ciudad que se conocen, como las de Désiré Charnay —quien retrató la ciudad durante la Guerra de Reforma—, la mayor parte de fotografías anteriores a 1867, y, en especial, aquellas que retratan la ciudad durante el período de la Intervención francesa, se concentran en sus espacios destruidos.
Así, en las últimas décadas del siglo XIX, las fotografías se centran en el proceso de reparación y reconstrucción de las calles y edificios de la ciudad, así como su transformación en una urbe moderna.


de Pobres, ca. 1863-1864



Kahlo
Entre 1904 y 1909, Guillermo Kahlo hizo un levantamiento fotográfico exhaustivo de los bienes eclesiásticos expropiados desde la Reforma. Promovido por José Ives Limantour, el ministro de Hacienda del gobierno de Porfirio Díaz, el proyecto Templos de Propiedad Federal permitió a Kahlo viajar por todo el país y producir, aproximadamente 1,250 fotografías que después reunió en 25 volúmenes. De este conjunto, las fotografías de Puebla se publicaron en 1925, en el libro Tipos poblanos, junto con textos y dibujos del Dr. Atl.
Producidas con una cámara de placas de gran formato (30 x 40 cm), las fotografías de Kahlo muestran una técnica rigurosa informada por la fotogrametría alemana de la época. Precisas, pero con una composición formal tendiendo a la abstracción y con un fuerte sentido estético, las fotografías arquitectónicas de Kahlo justifican su consideración como el primer fotógrafo moderno mexicano.





El estudio fotográfico sirve como un espacio de construcción de la identidad personal y familiar. La fotografía acompaña a las personas en los tránsitos fundamentales de la vida y, también, más allá de la muerte: en tanto plataforma colectiva, la fotografía funciona como una red que las ubica y contextualiza en un espacio social.




La fotografía reproduce dos veces: por un lado, produce copias de las imágenes y, por otro, produce imágenes en base a gestos que se repiten.


Al aparecer sobre el soporte fotosensible como por magia, las fotografías se asimilan a las imágenes religiosas y adoptan sus funciones devocionales. Al abaratar los costos de producción de las imágenes, sustituye progresivamente a los grabados y las litografías.



Exvoto Sagrado Corazón de Jesús, s. f.
Exvoto Niño Jesús, s. f.
Exvoto J. M. María de Jesús, Religiosa Concepcionista, s. f.
Exvoto Sagrado Corazón de Jesús, s. f.
Fotografías bordadas
Fototeca Lorenzo Becerril. Lilia
Martínez y Torres
Las pinturas devocionales y los iconos religiosos eran objetos únicos y preciados, producidos en series muy limitadas. Requerían de artistas cualificados, pigmentos costosos y largos tiempos de producción. En el siglo XIX, primero las tecnologías de reproducción como la litografía y, más tarde, la fotografía, permitieron la producción de “imágenes sagradas” baratas e infinitamente reproducibles.
Las imágenes fotográficas religiosas comenzaron a complementar y, en muchos contextos, sustituir a las imágenes devocionales pintadas a mano. Su facilidad de producción, reproducción y circulación redujo radicalmente los costos e inundó hogares, iglesias y santuarios con pequeñas imágenes estandarizadas antes reservadas a los altares o a los mecenas adinerados.

Impresiones en contacto plata gelatina Colección Fundación Amparo - Museo Amparo, Puebla, México
Nacida junto con el positivismo y las ciencias sociales, la fotografía compartía con ellas la fe en el orden material y en la clasificación del archivo. Sin embargo, pese a su presunción de exactitud y fidelidad, la fotografía no sólo registraba lo real, sino, sobre todo, lo construía y daba significado. De la idea de lo pintoresco a los esquemas de observación científica, la fotografía etnográfica reproducía las tipologías de la mirada colonial extractivista proyectándolas sobre un “otro”.
Al desplazarse del ámbito privado al público, la fotografía adquiere el poder de unificar a las personas según una tipología o filiación determinada. De ahí el poder regulador y de control de la fotografía utilizada como archivo social.




Imágenes populares
Producidas para el consumo popular, las imágenes de la china poblana se extienden a todas las clases sociales y se multiplican en todo el país como fórmula de identidad nacional. En el ámbito de lo privado, los retratos adquieren volumen y color en fotoesculturas que se utilizan para decorar los aposentos domésticos.




Asociadas con las fotografías coloreadas del siglo XIX, a partir de la tercera década del siglo XX aparecen las fotoesculturas, piezas producidas en el estudio y destinadas al espacio doméstico de las clases medias y populares. Relacionadas con el culto devocional y con la memoria familiar, estas piezas se tallaban en cedro rojo, para luego encolarse sobre ellas una fotografía en papel flexible que se coloreaba con óleo.

A lo largo del siglo XIX y principios del XX, los transportes incrementan su velocidad y producen un colapso del tiempo y el espacio. La fotografía poblana se vuelve instantánea y móvil en las producciones de los miembros del Club Fotográfico de Puebla: aparece el cine como medio e imagen referencial de la modernidad industrial.


Escena y movimiento. El Club Fotográfico de Puebla Por oposición a la fotografía fija y estable del siglo XIX, la fotografía de los aficionados poblanos entre 1900 y 1930 se verá fuertemente influida por el dinamismo, la serialidad y la teatralidad del cine mudo de la época. Vinculadas a la virtualidad escenográfica de la fotografía estereoscópica y a su presentación como secuencia en el taxifoto, las imágenes producidas por los miembros del Club Fotográfico de Puebla transmiten la vibrante calidad de la vida cotidiana durante esos años.
Aunque todavía se desconoce mucho sobre este grupo, se sabe que algunos fotógrafos como Mariano Tagle, Guillermo Robles Callejo, Juan Crisóstomo Méndez, R. Sarmiento y otros de quienes sólo conocemos las iniciales, participaron de esta empresa común de fotografiar, viajar y comer juntos.


Reproducción digital

Juan Crisóstomo Méndez
Si hay un autor paradigmático de la fotografía poblana del siglo XX, este es Juan Crisóstomo Méndez. Conocido por sus tomas de arquitectura y eróticas, así como por sus composiciones formales y constructivas, Méndez merece ser considerado uno de los autores más relevantes de la vanguardia fotográfica mexicana.



Geometrías
Reproducción digital
Más allá de los extraordinarios desnudos suyos publicados por Ava Vargas en La casa de cita. En el barrio galante (1991), Juan Crisóstomo Méndez (1885-1962) fue, probablemente, el fotógrafo poblano más importante de la primera mitad del siglo XX. Pese a que no trabajó como profesional de la lente, su obra cubre, con una insólita y versátil capacidad estética, una vasta gama de géneros incluida la fotografía arquitectónica e industrial, el retrato, el paisaje, la naturaleza muerta y, por supuesto, el desnudo. Realizadas mediante cámaras de formato medio o estereoscópicas, sus imágenes se insertan perfectamente en la cultura visual de la instantaneidad y serialidad de inicios del siglo XX.
Tres autores asociados al Club Fotográfico —Mariano Tagle, Guillermo Robles Callejo y R. Sarmiento— van más allá de la práctica de aficionado para explorar la fotografía documental y la construcción teatral de la imagen. Influidos por el cine mudo de la época, exploran la autorrepresentación y la seriación narrativa de las imágenes.


Autores: Tagle, Robles Callejo, R. Sarmiento
La última sección de la exposición busca difundir la obra de tres grandes y prácticamente desconocidos autores de la fotografía poblana: Mariano Tagle Calderón, Guillermo Robles Callejo y R. Sarmiento. Vinculados como Juan Crisóstomo Méndez al Club Fotográfico de Puebla, los tres fotógrafos comparten la producción serial, la calidad escenográfica y la inmediatez de las tomas.
Mientras que Tagle y Sarmiento realizan registros únicos del paso de la Revolución por Puebla, Robles Callejo se desplaza a las alturas: no sólo produce una invaluable serie de fotografías aéreas desde un pequeño avión cuyo viaje gana en un concurso, sino que se eleva a la azotea de la Catedral para captar las hazañas de Babe White, el hombre mosca.

Si bien Tagle reunió miles de tomas de los espacios públicos de Puebla, aquí destacan sus autorretratos y retratos familiares, fuertemente teñidos de una espectacularidad performática parecida a la del cine de Méliès o a la fotografía familiar de Lartigue. De Robles Callejo se aprecia la calidad metódica de su fotografía y de su archivo, celosamente organizado y conservado. Finalmente, de los álbumes fotográficos de R. Sarmiento destaca la serialidad narrativa, el dinamismo e instantaneidad de sus pequeñas y logradas imágenes.





Fotografía(s) poblana(s)
Esta proyección se concentra en el paisaje poblano y explora la multiplicidad de formas, figuras y paisajes de las fotografías producidas en la ciudad y el estado.


Portada y contraportada:
Reproducción digital
Curaduría
• Laura González Flores
Reprografías
• Gerardo Vázquez Miranda
• Columba Sánchez Jiménez
Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM
Diseño multimedia
• Rafael Ortega
Asesor de investigación
• Fabián Valdivia
Acervos
• Acervo fotográfico Manrique Castañeda, cortesía de Lorenza Manrique
• Archivo General Municipal del Honorable Ayuntamiento del Municipio de Puebla
• Colección Bonilla Ramírez Priesca
• Colección Efraín Castro Morales, Puebla, México
• Colección Pedro Sardá
• Colección y Archivo de Fundación Televisa
• Facultad de Artes y Diseño, Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM
• Fototeca Antica, A. C. / Colección Jorge Carretero Madrid
• Fototeca Juan Crisóstomo Méndez, Museos Puebla, Gobierno del Estado de Puebla
• Fototeca Lorenzo Becerril. Lilia Martínez y Torres
• Fundación Amparo - Museo Amparo, Puebla, México
• Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM
• Museo Nacional de San Carlos, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, INBAL
Memoria y relato. Fotografía en Puebla
25.04.26 — 24.08.26
Museo Amparo 2 Sur 708, Centro Histórico Puebla, Pue., México 72000 Tel. 222 229 3850
Abierto de miércoles a lunes de 10:00 a 18:00 horas
Entrada gratuita domingos y días festivos
MuseoAmparo.Puebla museoamparo www.museoamparo.com
MuseoAmparo museoamparo @
museoamparo
