Editores: Daniela Alfaro y Enrique Alfaro F. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas Sábado 7 de marzo de 2026 Primera época
Jaime SabineS: el poeta eS el teStigo del hombre
Jubilosos, encantados y con la necesaria dosis de líquido ambarino perláceo, continuamos hoy en esta fiesta interminable por los cien años sobre esta bendita tierra del Mayor Poeta Jaime Sabines. No quisiéramos avanzar hacia la presentación de los contenidos, sin agradecer cabal y puntualmente a todas y a todos quienes han leído y comentado las entregas de nuestro suplemento en lo que va del año. Gracias eternas.
Así, les adelantamos que ahora transitan por estas páginas tres textos que, consideramos, son dignos de ser incluidos: Jaime Sabines: el poeta es el testigo del hombre, de José Gregorio Vázquez; una entrevista
de Omar González con la hija del poeta, Judith Sabines y, finalmente, un icónico poema: Tía Chofi; más bien, un por demás poderoso testamento poético que ―sin temor a arrepentirme por confesarlo―, el poeta siempre lloró como un niño, cada vez que se lo escuché decirlo… y no sólo en mi casa.
Acariciando la esperanza de que este nuevo esfuerzo sea de su total agrado, sólo nos resta volver a empuñar el bendecido contenedor de pulimentado Baccarat, tan sólo para decir… ¡Salud, con todas y con todos!
Jorge Mandujano
Jaime Sabines: el poeta es el testigo del hombre
José GreGorio Vázquez
SUENAN LAS CAMPANAS DE TUXTLA
De dónde vienen esos sonidos. De la infancia. En Tuxtla Sabines dibujó su infancia. Sus calles, sus empedradas calles lo trasladaron a la vida. Cielos rotos que siempre se cruzan en las páginas. Cielos redondos que se hacen y se deshacen en el papel. Cielos ahuecados por los recuerdos. La poesía reúne todos esos instantes para que escuchemos la voz de las palabras: la voz que habita las palabras. Voces que nos permiten ver los distintos lados de la poesía. Cuáles son los lados de la poesía de Sabines. Jaime Sabines. México. Tuxtla. Chiapas. La tierra de sus padres. Los años de sus ancestros. Un mundo hecho de ensalmos que cruzan el tiempo. Palabras entretejidas en lo lejano, lo distinto, lo pequeño y lo separado del instante; lo otro, lo que nos enseña a ver de otra forma el lenguaje, la vida, la poesía, la tierra, el lado silencioso de la noche, el lado que guarda el singular luto de la noche. Sabines viene de ahí con todo a cuestas. Su tierra viene de adentro. Su fuerza viene de la magia que guardan estos recuerdos. Su voz acaricia el ahora de cada gesto nacido en la brevedad y postergado por la palabra para que perdure en el eco del lenguaje. Eco que busca, eco que brega, eco que nos hereda.
Sabines representa una fuerza natural para los mexicanos, fuerza que también nos pertenece desde hace mucho tiempo. Sabines ha sabido estar entre nuestros poetas. Los poetas que abrazan la palabra con lo incandescente del instante, de esa naturalidad del instante que se apropia de la voz y pasa a la página con esa misma fortaleza. Monsiváis nos recordó siempre que Sabines era el poeta por antonomasia de México. Nada nos debe extrañar de tamaña ofrenda. México ha tenido en su poesía a unos herederos sin iguales. Sabines es uno de ellos: él ha nacido de entre su pueblo para cantarlo, para recordarlo, para desentrañar su fortaleza, para acompañarlo en su pena, en su día a día, en su angustia y dolor, en su carencia y su pequeña alegría. Sabines celebró con la poesía este encuentro. Lo hizo con las palabras de su tierra, de su sangre, de su infancia, de sus recuerdos. Su trabajo poético está actualizado siempre por la reelaboración de la estética de lo cotidiano, todo lo que nos cruza el instante, porque sus textos contienen relatos, momentos de la idea de la vida como el sueño amoroso, las escenas que constituyen las horas del día y la noche. Sus libros son la viva ofrenda de la sencillez que llegó a todos y cantó con todos, y desentrañó con todos la magia y el acontecimiento de la poesía, así lo reafirma Monsiváis con estas palabras:
…alguien me habló todos los días al oído, despacio, lentamente… era la muerte. Jaime Sabines
Al leer a Sabines, la persona se convierte en persona y el público se individualiza, y todo se hace en el silencio, en la captación de las voces de la belleza que ya nos habitaban sin así percibirlo. Sabines se beneficia del legado de los poetas modernistas de Hispanoamérica, que a fines del siglo XIX y principios del XX construyen la espiritualidad de los lectores y oyentes, y les imprimen el sello de lo inefable: el estremecimiento que certifica la espiritualidad….
EL CANTO DE LA POESÍA
Qué canta allá en lo hondo el poema de Sabines. Qué conjura contra la desesperanza y la soberbia. Quizás el poema mismo se haga entrañable en el murmullo de cada letra. En la experiencia vivida de cada palabra. En el sonido puro de cada silencio contenido en la palabra. Muchos son así los lados de la poesía de Jaime Sabines. Y cuando nos preguntamos por esos otros lados es porque no encontramos nada común en la obra de este poeta tan singular, ni en su poesía con respecto al tiempo inicial de su vida en México. Otros andaban por la página con estilos y formas muy distintas. Lo común aquí no es lo cotidiano, sino eso otro que empapa el lenguaje y lo trastoca para llevarlo desde lo más sencillo de su expresión a lo
Jaime SabineS: el poeta eS
teStigo
hombre
más sublime de la poesía. Así, poesía hecha de sonidos puros que revientan con el aire de un pueblo vivo en la palabra; así, poesía para aprender la vida, sonido para caminar por la soledad de lo negado. Junto al poeta abrimos otras ventanas que nos abre el tiempo. Las abrimos para escucharlo, porque si algo ha quedado atrapado en nuestra memoria es la voz del poeta, esa voz tan particular que nos desentrañó desde su casa la pureza y la magia de todos esos sonidos que lo habitaban. Su voz cantó la vida que le tocó padecer. Casi nunca tuvo nada. Vivió en las esquinas pedregosas de su pueblo. Trabajó incansablemente todos los años de su existencia. Pasó por tantos oficios: quizás los más auténticos le dejaron las marcas profundas que legó a los libros que ahora nos acompañan. De ahí Tarumba: su gran canto de sobrevivencia. El dibujo en palabras más cercano de la condición humana: lo vivido, lo desgarrado, lo sufrido, lo negado en los días. No quiso, luego del gran reconocimiento que le manifestara su pueblo, un homenaje, porque nos enseñó siempre y hasta el final de qué se trata el milagro de estar vivos con alegría y sencillez
Uno es el hombre.
Uno no sabe nada de esas cosas que los poetas, los ciegos, las rameras, llaman “misterio”, temen y lamentan. Uno nació desnudo, sucio, en la humedad directa, y no bebió metáforas de leche, y no vivió sino en la tierra (la tierra que es la tierra y es el cielo como la rosa, rosa pero piedra).
EL POETA ES EL TESTIGO
El poeta es el testigo del hombre, de las cosas, del acto amoroso. El poeta vaga, juzga, grita, no posterga nada, no deja que otros lo digan: él aprende a pronunciar con una voluntad de otro horizonte. Se sobrepone a la totalidad. Pasa por la página como por la vida. Reúne palabras. Recoge las ganas de asumir el tiempo y anida con él la ventura de lo eterno. En sus páginas: la otra zona, el otro territorio detrás del silencio. La llama del poema; detrás del poema, la perenne llama de la poesía. El poeta persiste porque cree en la palabra: el tiempo único del poema. Palabra que vibra sutil en el sonido escondido del lenguaje. Palabra: aposento de otros misterios que hacen la vida.
Jaime Sabines nos ha dejado algunas señales: melodías acuosas que viajan por el papel ya no reseco,
sino por otros lugares escondidos porque esas palabras quieren seguir diciendo, cantando, gritando tal vez. En tanto, siguen sonando las campanas de aquel pueblo de la infancia. Dónde está el México de Sabines. Dónde sus sonidos.
Uno apenas es una cosa cierta que se deja vivir, morir apenas, y olvida cada instante, de tal modo que cada instante nuevo, lo sorprenda.
Uno es algo que vive algo que busca pero encuentra, algo como hombre o como Dios o yerba que en el duro saber lo de este mundo halla el milagro en actitud primera.
LAS CONDENAS DEL DÍA ENFURECIDO
Las calles, la sombra que nos camina cuando todo pesa, cuando todo aturde ante la nada que nos ahoga. Somos, dice el poeta, somos en todo lo que nos duele, en todo lo que nos ahoga. En todo lo que amamos y soñamos. Aquí no podemos sino ser en estas calles dice el poeta, en estos limbos de nuestro ahora. Aquí somos en el sueño de los otros, en los sonidos de los otros, en los amorosos que caminan el silencio, la palabra, el instante que se hace imperecedero. Aires que trae la tierra para movernos de distintas formas. La frontera que nos separa de esa tierra es el dolor, dice el poeta, pero también es el amor, dice el poeta. La sombra que nos acompaña: la muerte del padre que en un tiempo le permitió reconocer lo lacerante del agobio y el abandono, también le permitió volcarse a
escribir solo la vida.
La poesía ha llegado a todos así: y en con el poema todo canta dolor, todo suena dolor, todo brilla dolor también. En el poema la palabra conduce a algo profundo y cierto que viene con los sueños. Todos encontraron las palabras en las palabras del poeta, para decirnos asimismo ese agobio y ese anhelo, esa pena y ese sueño y ese amor verdadero. No sabemos sino su grandeza y la sabemos de cierto porque sus poemas la celebran y la viven, y es por ello que Sabines sigue ahí, en la cercanía de quienes lo leen, quizás porque encuentran en sus poemas el espejo más íntimo donde mirar lo escondido, lo sufrido, lo vivido, lo entrañable, lo que ayuda a vivir y a morir eternamente.
Uno es el hombre que anda por la tierra y descubre la luz y dice: es buena, la realiza en los ojos y la entrega a la rama del árbol, al río, a la ciudad al sueño, a la esperanza y a la espera.
Uno es ese destino que penetra la piel de Dios a veces, y se confunde en todo y se dispersa.
Uno es el agua de la sed que tiene, el silencio que calla nuestra lengua, el pan, la sal, y la amorosa urgencia de aire movido en cada célula.
Uno es el hombre —lo han llamado hombre— que lo ve todo abierto, y calla, y entra.
Jaime SabineS: el poeta eS el teStigo del hombre
El escritor Mario del Valle y la traductora Maricela Terán con el poeta Jaime Sabines, en su casa de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1981. Foto Julio Sabines.
Con un poemario inédito, se celebrarán 100 años del natalicio de Jaime Sabines
●A mi papá le daría gusto saber que sus lectores podrán conocer un poco más de su obra”: Judith Sabines
omar González morales
Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1926-1999) dijo a sus hijos, en el último día de su vida, que “el amor es lo más importante del mundo”. El 25 de marzo se cumplirá un siglo del natalicio del “poeta amoroso”, considerado uno de los exponentes del verso más importantes del siglo XX. Para conmemorarlo, se realizarán homenajes con obras de teatro, danza, un billete de lotería, una ceremonia en el Palacio de Bellas Artes y en la Cámara de Diputados, y la presentación de un poemario inédito aún sin nombre.
En entrevista con el diario La Jornada, su hija, Judith Sabines, agregó: “A mi papá le daría gusto saber que sus lectores podrán conocer un poco más de su obra, algo que nunca se haya visto.
“Tenía varios cuadernos grandes con poemas que nunca publicó, porque quería revisarlos a fondo, pero todo lo que saldrá a luz lo eligió él.
“Este nuevo libro está conformado por 70 poemas que datan de entre 1965 y 1968. Tenemos mucho material inédito y queremos que salga antes del natalicio, el 25 de marzo, pero no tenemos una fecha clara.
“Era muy exigente para escribir, por eso a lo que él no haya dado visto bueno no será publicado. Sufrimos porque la letra de mi papá es muy difícil de leer, y escribía en una libreta de contaduría, mientras estaba acostado, lo que nos complicó transcribirlo, pero ya estamos casi listos”, aseguró.
Jaime Sabines amó a la literatura desde muy joven. Fue el menor de sus hermanos, por lo que tuvo el privilegio de cumplir sus estudios. Ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar medicina, con el fin de complacer a sus padres, malentendido que posteriormente aclaró con ellos, y pudo cambiar de carrera a letras, donde fue amigo de Rosario Castellanos, Dolores Castro, Roberto Cabral y Efrén Hernández.
En 1952 regresó a Tuxtla Gutiérrez y un año
después se casó. Ya era un poeta reconocido por su libro Horal, publicado dos años antes. Trabajaba de dependiente de una tienda de ropa perteneciente a su familia, y en sus tiempos libres escribía sus poemas en largas libretas de contabilidad.
“Me di cuenta de que era poeta cuando iba en secundaria. Leía a Manuel Gutiérrez Nájera y a Rubén Darío, y dije: ‘esta frase la decía mi padre’. Él tenía una memoria privilegiada y le encantaba declamar. De niños nos decía muchos versos que no sabíamos que lo eran. Se aprendió tomos completos, nos procuró y nos compró nuestros primeros libros”, comentó la hija del autor de Yuria.
Compartió que “en las reuniones familiares le fascinaba declamar poesía. Tenía muy buena voz y daba recitales en nuestra preparatoria. Nos hablaba del amor y de la muerte. Ya adulta le comenté que no entendía por qué estaba tan centrado en eso. Yo encontraba en sus letras aprecio por la vida, y me dijo:
‘¡por supuesto, es el amor a la vida lo que me hace pensar en la muerte!’”
Jaime Sabines se enfrentó a dos grandes pérdidas que transformaron sus letras. La primera fue la de su cotidianidad en la capital, interrumpida por su retorno a Chiapas en 1952, periodo al que dedicó el poemario Tarumba (1956), un espejo de su frustración al considerar que no pudo expandir más sus horizontes literarios. La segunda pérdida fue la de su padre, Julio, a quien dedicó Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1962).
“Escribió Tarumba el año en que nací. Al leerlo me di cuenta de que estaba agobiado. Ya le habían ofrecido una beca para ir a estudiar a Francia, pero la rechazó por estar con su familia, y todas las ínfulas de escritor se le apagaron. Él escribía por las tardes, acostado, luchando contra la cotidianidad y el aburrimiento del comercio familiar”, relató la hija del poeta.
“Sus versos no tenían correcciones. Él reflexionaba mucho antes de escribir. Es maravilloso, porque otros autores están acostumbrados a hacer rayones y modificaciones, eso nos permite conocer que cambian de opinión. Y mi padre no, lo que él escribía así se quedaba en su corazón y en su mente, aunque no quiere decir que no se arrepintiera de algunos versos. Si no le gustaba el poema, lo tachaba por completo”, comentó la entrevistada.
En 1959, la familia vendió sus negocios y se trasladó a la Ciudad de México. El poeta Sabines se enfocó aún más a sus hijos. “Nos llevaba al parque, a la feria, jugaba juegos de mesa. Nos hizo extraordinariamente sensibles. Quizás hasta tímidos, porque siempre nos enseñó a leer y a estar más enfocados en la calma que en lo extrovertido”, explicó.
Tras la muerte de su padre, Jaime Sabines dejó incompleto el poema que le dedicó y enmudeció su creatividad. Pasaron años para que se decidiera a enfrentar el duelo. “Cuando salió el poemario, en 1973, las críticas no tardaron en caer: le recriminaron hacer ‘sonetos a la mitad, fallidos’. Al respecto mi papá me dijo: ‘no saben que están incompletos, porque yo mismo estoy roto’.
El 12 de noviembre de 1989, mientras visitaba a su cuñada en Chiapas, el poeta tropezó en la entrada del domicilio y se fracturó el fémur izquierdo. A
esto se sumó que contrajo una infección durante su hospitalización en Tuxtla Gutiérrez, lo que deterioró aún más su salud. A pesar de múltiples cirugías, los resultados no fueron positivos y tuvo que depender de una silla de ruedas.
Sabines enfermó de cáncer poco después, lo que motivó su posterior reclusión en casa. Esa enfermedad lo arrebató de este plano el 19 de marzo de 1999. Fue sepultado en el panteón Jardín; sus restos yacen junto a sus padres, Julio y Luz. “Lo recordamos con mucho cariño sus hijos y sus lectores, pero sobre todo los jóvenes enamorados. Su búsqueda siempre fue dirigida hacia ellos, al amor, a la vida y a las formas de sentir. Para él, la poesía era un puente entre las almas”.
En la Ciudad de México, la Cámara de Diputados rendirá un homenaje en honor de Jaime Sabines el 26 de marzo a las 18:30 horas, en el salón Legisladores. Se le dedicará otra ceremonia y un conversatorio en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el domingo 29 a las 12 horas. La Universidad Nacional Autónoma de México publicará dos nuevas ediciones de Crónicas del volcán y Material de Lectura, Poesía.
Actividades en Chiapas y un billete de la Lotenal Su estado natal no podía desatender la efeméride: este 2026 fue nombrado por el congreso local como el Año de Jaime Sabines; también se remodelará el
centro cultural que lleva su nombre en Tuxtla Gutiérrez, donde se realizarán presentaciones de libros, lecturas en voz alta, conferencias, documentales y entrevistas sobre el escritor.
Asimismo, se prepara una exposición de fotografías y pinturas denominada Cien años de Jaime Sabines en la galería de arte contemporáneo de ese recinto, aseguró Angélica Althuzar, directora del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas (Coneculta).
“Ya tenemos aprobada la emisión de un billete de Lotería Nacional (Lotenal) en el que aparecerá su figura, aunque falta la fecha de publicación.
“También trabajamos, junto con la Secretaría de Educación estatal, en una edición especial de sus obras, que distribuiremos de forma gratuita en escuelas y centros culturales, sumado a otra edición gratuita con fotografías y una selección poética.
“Fue un hombre sencillo que usaba el lenguaje cotidiano y lo transformaba en poético, era asiduo a leer su obra en público, en grandes recintos, los cuales se abarrotaban para escucharlo. Ahí está esa ocasión en la que llenó el Palacio de Bellas Artes, donde hasta corearon su nombre. Queremos que su voz se escuche nuevamente en todo el país”, comentó la funcionaria. El programa completo de actividades se podrá conocer en las redes sociales del Coneculta.
Jaime SabineS: el poeta eS
teStigo
hombre
El poeta hace guardia con su sobrino Carlos, en el velorio de su hermano Juan.
Tía Chofi
Jaime sabines
Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi, pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta con tus setenta años de virgen definitiva, tendida sobre tu catre, estúpidamente muerta.
Hiciste bien en morirte, tía Chofi, porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso, porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste, ya no tenías nada qué hacer y a leguas se miraba que querías morirte y te aguantabas.
¡Hiciste bien!
Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos porque te quise a tu hora, en el lugar preciso, y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple, pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste. ¡Te siento tan desamparada, tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina, sin quién te dé un pan!
Me aflige pensar que estás bajo la tierra fría de Berriozábal, sola, sola, terriblemente sola, como para morirse llorando.
Ya sé que es tonto eso, que estás muerta, que más vale callar, ¿pero qué quieres que haga si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?
Ah, jorobada, tía Chofi, me gustaría que cantaras o que contaras el cuento de tus enamorados. Los campesinos que te enterraron sólo tenían tragos y cigarros, y yo no tengo más.
Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte, y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido. Nunca ha sido tan real eso en lo que tu creíste.
Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
a todos. Pedías para dar, desvalida. Y no tenías el gesto agrio de las solteronas porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida te repetías incansablemente y eras la misma cosa siempre.
Fácil, como las flores del campo con que las vecinas regaron tu ataúd, nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.
Sofía, virgen, antigua, consagrada, debieron enterrarte de blanco en tus nupcias definitivas.
Tú que no conociste caricia de hombre y que dejaste que llegaran a tu rostro arrugas antes que besos, tú, casta, limpia, sellada, debiste llevar azahares tu último día.
Exijo que los ángeles te tomen y te conduzcan a la morada de los limpios.
Sofía virgen, vaso transparente, cáliz, que la muerte recorra tu cabeza blandamente y que cierre tus ojos con cuidados de madre mientras entona cantos interminables.
Vas a ser olvidada de todos como los lirios del campo, como las estrellas solitarias; pero en las mañanas, en la respiración del buey, en el temblor de las plantas, en la mansedumbre de los arroyos, en la nostalgia de las ciudades, serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.
Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia, con una cruz pequeña sobre tu tierra, estás bien allí, bajo los pájaros del monte, y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.