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Suplemento Al Faro #32

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Editores: Daniela Alfaro y Enrique Alfaro F. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas Sábado 19 de octubre de 2024 Primera época

Fuentes para el estudio de Chiapas

texto: Carlos román GarCía Escritor, editor, archivista y bibliófilo

iConoGraFía: riGoberto FleCha Archivista e internauta

19 de octubre de 2024

Fuentes para el estudio de Chiapas
Carlos román García / rigoberto Flecha

Sábado 19 de octubre de 2024

Fuentes para el estudio de Chiapas

texto: Carlos román GarCía Escritor, editor, archivista y bibliófilo

iConoGraFía: riGoberto FleCha Archivista e internauta

El nombre de Chiapas se usa propiamente a partir de la dominación española; en singular primero, Chiapa, como en Chiapa de Indios, la actual Chiapa de Corzo, y en Chiapa de los españoles, hoy San Cristóbal de Las Casas, y en plural después al abreviar la denominación de la Provincia de las Chiapas, cuando se dividió la Alcaldía Mayor de Chiapa en Tuxtla y Ciudad Real en 1768, a las que se agregó la Provincia del Soconusco en 1786. La bella etimología náhuatl de Chiapa, Chiapan o Chiapas, “en el río de la chía”, no aparece representada en el Códice Mendocino o Matrícula de Tributos, como sí lo están Soconusco, Huehuetán, Mazatán y Tuzantán, además de otras poblaciones, junto con los productos que tributaban a los aztecas: ámbar, cacao, maíz, pieles de jaguar y plumas de quetzal

Las menciones del estado –sobre el todo o las partes, como en una sinécdoque– en impresos y manuscritos de diversa índole son antiguas y se remontan al siglo XVI con la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del

Castillo, sobre la cual versó la tesis de maestría de José Martínez Torres, dirigida a estudiar al soldado cronista como narrador, desde el punto de vista literario y de la que existe una edición extraordinaria publicada durante el gobierno de Patrocinio González Garrido, merced a la gestión de Andrés Fábregas Puig ante el Archivo General de Centroamérica, así como la numerosa literatura derivada del breve paso de fray Bartolomé de las Casas como tercer obispo de Chiapa, de 1544 a 1547.

Están también el Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España, de Antonio de Ciudad Real; el Compendio y descripción de las Indias occidentales, de Antonio Vázquez de Espinosa, y la Relación breve y verdadera de algunas cosas de las muchas que sucedieron al padre fray Alonso Ponce en las provincias de la Nueva España, siendo comisariado de aquellas partes, todos del siglo de la Conquista, aunque el último fue publicado hasta 1872 con ese título y reditado posteriormente con otros, como Viaje a Nueva España

Fuentes
Carlos román García / rigoberto Flecha
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo,1632
Lámina XLIV,folio 42 recto jeroglífico 15,Huehuetlan
Lámina XVIII,folio18 recto jeroglífico 11,Xoconochco Lámina XIII, folio 13 verso jeroglífico 5,Huehuetlan

Menciones tempranas aparecen en A New Survey of the West-Indies, de Thomas Gage de 1637; otra mínima y relativa únicamente a que culminó su escritura cuando era obispo de Chiapas, está en el Espejo de la juventud moral, político y christiano, de Marcos Bravo de la Serna y Manrique, fundador del primer colegio seminario en este territorio, publicado en 1674. Más recientes son Incidentes de un viaje en Chiapas, de John Lloyd Stephens y Caminos sin Ley, de Graham Greene. Hay libros en el siglo xx escritos por no chiapanecos y sin embargo imprescindibles en el canon: Los arrieros del agua, de Carlos Navarrete; Trópico, de Rafael Bernal; B.S. Tamila, de Rafael Arles; El país de los grandes bosques, de Franz Blom, e Imágenes Lacandonas, de Gertrude Duby.

Cabe señalar que la mención explícita de Chiapas como una entidad geográfica y política propia, con deseos de autonomía del Reino de Guatemala, ocurrió en voz del bachiller Mariano Robles Domínguez, quien expuso en 1813, ante las Cortes de Cádiz, en las que participó como diputado, su Memoria Histórica de la Provincia de Chiapa, documento en el que señala que tras 300 años de abandono, merecía tener su propia diputación provincial; una universidad en Ciudad Real, cuyos “individuos” gozaran “de los mismos derechos, facultades y preeminencias” que los de Guatemala; permitir a los indios contar con doce becas, dotándolas “con los réditos o bienes propios de sus comunidades”, que de acuerdo con Juan Pedro Viqueira, eran abundantes y prósperos en ese momento; habilitar los puertos de Tonalá y Tapachula “para facilitar el comercio con Guatemala y Nueva España”; facilitar la navegación de los ríos de Chiapa y Ocosingo”; impulsar la construcción de un canal interoceánico en el istmo de

Tehuantepec, y otorgar a la villa de Comitán el título de ciudad, y el de villa a los pueblos de Tuxtla, Tonalá, Tapachula y Palenque.

La “literatura” chiapaneca –entendida como el conjunto de las obras

que versan sobre el estado– inició antes del arribo de los españoles si consideramos la escritura de los códices y de las inscripciones en ciu-

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dades como Palenque, Bonampak, Yaxchilán, en los años de esplendor de la cultura maya. No deja de ser una paradoja que la escritura en esa lengua, descifrada en nuestra época por Yuri Knorozov, quien en The Writing of the Maya Indians sentó las bases de la epigrafía practicada en los glifos ubicados en un área que lingüísticamente abarca del sur de Tamaulipas a Centroamérica, haya existido en un largo periodo de su civilización. Afortunadamente, las lenguas mayances habladas en territorio chiapaneco: tseltal, tsotsil, chol, tojolabal, mam, kakchiquel, lacandón, mochó, jacalteco, chuj, akateco y kanjobal, y el zoque han recuperado la escritura basada en caracteres latinos y aunque han atravesado dificultades para su normalización, avanzan en su recuperación y reformulación, además de la revaloración social de su uso. Hoy se vive un movimiento artístico e intelectual que se expresa en estudios, investigaciones y en una abundante creación literaria en las lenguas de los pueblos originarios.

a México, –el territorio chiapaneco fue parte en el periodo novohispano de la Audiencia y luego, hasta 1821, de la Capitanía General de Guatemala– ocurrió en 1827 el arribo de la imprenta, como consta en la Historia de la imprenta y el periodismo en Chiapas, de Fernando Castañón Gamboa, antecedente de los estudios académicos que se hacen ahora en la unach sobre esos temas y su evolución en el devenir local, como los del periodista y escritor Sarelly Martínez quien ha escrito media docena de libros sobre el tema, entre ellos La prensa maniatada e Índice Hemerográfico de Chiapas 18271946

Tres años después de su federación

De manera casi simultánea, en 1827 fray Matías de Córdova y Joaquín Miguel Gutiérrez, dos personajes nodales en el tiempo de la Independencia y de la adhesión de Chiapas al pacto federal republicano, trajeron sendas imprentas y dieron a las prensas los primeros periódicos locales: El para-rayo de la capital de Chiapa, del fraile prócer presente en la proclama independentista de la Villa de Comitán el 28 de agosto de 1821, y Campana Chiapaneca, del héroe epónimo de Tuxtla Gutiérrez, quien pasó de ser

portador del voto del Partido de Tuxtla en el plebiscito sobre el destino político de la entidad en 1824, favorable por cierto a la unión a las Provincias Unidas de Centroamérica, a morir defendiendo el federalismo. Quizá exista una estadística sobre el número de libros y publicaciones periódicas editados o impresos en cada uno de los estados de la República; a reserva de conocerla o hacerla, empíricamente se puede afirmar que luego de la Ciudad de México, Nuevo León, Jalisco y Veracruz, Chiapas está entre los que más ha producido. Víctor Manuel Esponda y Thomas Lee –quien reunió una biblioteca de cerca de 40 mil volúmenes– inscribieron en un mecanuscrito, único y extraviado, miles de referencias. Hay cerca de 62 mil en worldcat, instrumento de consulta de las publicaciones que obran en bibliotecas con catálogos electrónicos o han sido asentadas en registros como el isbn y el issn

Ojalá se realice la iniciativa del licenciado Juan Carlos Gómez Aranda de adquirir las bibliotecas de Thomas Lee y de Carlos Navarrete, y disponerlas para su consulta en Comitán en un espacio adecuado y con las condiciones idóneas para

su conservación. Se mantendrían así de manera íntegra dos colecciones bibliográficas de enorme valor para conocer y entender a Chiapas, especialmente desde la perspectiva arqueológica, pero también antropológica, histórica y literaria.

Además de los supracitados, he aquí la lista mínima de los títulos, que contienen claves para esta tarea que anima a más de un voyeurista de la información:

Lista de las especies de aves que habitan en Chiapas, Los mamíferos de Chiapas y Los reptiles de Chiapas, de Miguel Álvarez del Toro; La vegetación de Chiapas, de Faustino Miranda; Chiapas y Centroamérica en el Archivo General de la Nación: época colonial, editado cuando Cuauhtémoc López Sánchez ocupó la dirección del Centro de Estudios sobre Mesoamérica y Chiapas, quien además recopiló textos esenciales en los diversos tomos de Lecturas chiapanecas; Pueblos y culturas de Chiapas, de Andrés Fábregas Puig; Fuentes para el estudio de Chiapas, de Dolores Aramoni; Nom-

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bres geográficos indígenas del estado de Chiapas, de Marcos E. Becerra; The Linguistics of Southeast Chiapas, México, de Lyle Campbell; Los códices mayas, de Thomas Lee; Encrucijadas chiapanecas. Economía, religión e identidades, de Juan Pedro Viqueira; Las lenguas del Chiapas colonial, de Mario Humberto Ruz; Diccionario biográfico de Chiapas y Biobibliografía de los escritores chiapanecos, de Octavio Gordillo y Ortiz; Diccionario Enciclopédico de Chiapas; que tuve la fortuna de coordinar; Aproximaciones a la poesía y a la narrativa de Chiapas, de Jesús Morales Bermúdez; Chiapas: voces particulares: poesía, narrativa y teatro, siglos XIX-XX, de Malva Flores; Documentos coloniales para la historia de Chiapas localizados en el Archivo General de la Nación; Diccio-

nario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana, Tomo II; Premio Chiapas, 1951-1997: Investigación y recopilación bibliográfica, de Enrique Hidalgo Mellanes, quien publicó después Premio Chiapas 1951-2018. Discursos; Bibliografía existente en la Sección Chiapas de la Biblioteca Central del Estado, de Rosa Elva Chacón y René Arjón, El Soconusco cervantino: cartografía de una encomienda imaginaria, y Los bicentenarios de Chiapas, de la Independencia a la Federación, todos básicos en una colección informativa sobre el estado, porque muchos de ellos están disponibles en soportes electrónicos.

Cabe lugar especial para la historia de los editores, que se ha escrito parcialmente; en ella destacan

Andrés Fábregas Roca y Daniel Robles Sasso, generosos al grado de ceder espacio y rehacer las gale-

ras de la revista icach para publicar por primera vez a Joaquín Vásquez Aguilar, o un trío que encaminó a varias generaciones por estos derrumbaderos de volúmenes y papeles: Sergio Peña, con Ediciones La Rendija; Carlos Selvas y su Siglo Nuclear, y Rodrigo Núñez de León, con la Oveja Negra, Rodrigo Núñez, editores, y los diversos sellos que usó en sus libros.

Hay editores universitarios o del ámbito educativo de notable constancia como José Martínez Torres, Antonio Durán y Florentino Pérez, más muchos cuyo su trabajo está disponible en bibliotecas y hemerotecas, al alcance del juicio de los lectores. Florentino también ha sido librero, como lo fueron en Tuxtla Gutiérrez don Antonio Puig y Pascual y don Arturo Ramos, quienes ejercieron un oficio tan arriesgado como la literatura.

Es menester consignar la presencia chiapaneca en otras artes: fotografía, cine –siguiendo la huella de Gustavo García y Gustavo Trujillo

en el séptimo arte, como la de don Daniel García Blanco, padre del primero en la música–, danza, artes plásticas, arquitectura, teatro, artesanías y demás expresiones, y sus registros sonoros, audiovisuales y virtuales. Hay libros para estas áreas específicas del conocimiento como Cinco siglos de plástica en Chiapas, Chiapas Monumental, Pintura y escultura de Chiapas: 1545-2000, de Roberto Chanona; Una época de esplendor del teatro en Chiapas: el Ateneo experimental y otros grupos (1950-1970), de Guadalupe Calvo; Noticias del teatro en Chiapas (de 1827 a 1854), además de los volúmenes correspondientes a Chiapas del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles, que coordinó Elsa Hernández Pons.

En el ámbito documental, como ejemplo de la diversidad y antigüedad de los papeles que refieren asuntos de la época virreinal donde

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se definieron los límites actuales de Chiapas –las fronteras del mundo mixe-zoque, maya, chiapaneca o yutoazteca son distintas a éstos–, así como de los pueblos, villas y ciudades situadas en su espacio territorial, está el acta levantada por el escribano Jerónimo de Cáceres de la fundación de la Villa Real de Chiapa por parte de Diego de Mazariegos el 31 de marzo de 1528.

Aquellos interesados en el examen de las fuentes documentales para el estudio del pasado colonial tienen a su alcance la consulta del Catálogo de los documentos históricos que se conservan en el fondo llamado Provincia de Chiapas del Archivo General de Centroamérica, así como del Inventario de los documentos relativos a la historia colonial de Chiapas, que han sido recopilados en el Archivo General de Indias en Sevilla durante el año de 1978. (mecanuscrito), ambos debidos a Jan de Vos, y el segundo disponible en el Archivo Histórico de Chiapas adscrito a la unicach, cuyo acervo es también útil para investigadores y curiosos.

Al hacerme cargo del Archivo histórico del estado merced a la generosa designación que me confirió Andrés Fábregas Puig, abrí con cuidado las latas que contenían los microfilmes que el historiador belga, que alguna vez como jesuita fue cura párroco de Bachajón, en el municipio tzeltal de Chilón, había obtenido en Sevilla. Con dos lámparas hechizas logramos hacer que los lectores de esos fotogramas funcionaran y había expectativa de leer los documentos del Inventario: dentro de los recipientes había un caldo viscoso y maloliente debido a las temperaturas, algunos años arriba de 40 grados centígrados, a que fueron sometidos, sumados a la humedad por estar, junto con documentos de diversa índole, enterrados en una alfombra detrás del auditorio que ahora se llama José Ruiz García, en memoria del maestro Pepe, herma-

no del Obispo de San Cristóbal de Las Casas, Samuel Ruiz García.

El actual director del Archivo General de la Nación, Carlos Ruiz Abreu ha publicado las compilaciones: La Revolución en Chiapas: Índice de documentos y Documentos coloniales para la historia de Chiapas. Localizados en el Archivo General de la Nación, que reúnen parte de la documentación identificada en ese reservorio.

El registro de repositorios documentales para historiar en y sobre Chiapas, consultable en el Geoportal del Atlas Histórico Digital de Chiapas, proyecto del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (cimsur) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) y del Centro de Estudios Históricos de El

Colegio de México (colmex) enlista 54 archivos situados en el estado, incluyendo los archivos General del Estado, Histórico del Estado, del Poder Judicial, del Poder Legislativo, la Casa de la Cultura Jurídica Ministra Gloria León Orantes, así como diversos archivos municipales, parroquiales e institucionales, además de privados.

El Archivo Histórico de Chiapas, adscrito a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, conserva la documentación preservada tras los incendios de las sedes de gobierno en 1863 en San Cristóbal de Las Casas y en 1917 en Tuxtla Gutiérrez, incrementada por aquella que, que con paciencia recuperó Fernando Castañón Gamboa, muchas veces de su propio pecunio o merced a su gestión institucional,

de diversos archivos municipales o de colecciones de particulares. El acervo del este archivo se acerca a los 500 metros lineales de documentos, lo que lo hace uno de los más nutridos del sureste del país después del de Yucatán.

El acervo del archivo está integrado por 12 fondos documentales que incluyen manuscritos, impresos, mecanuscritos, diplomas, planos, mapas, fotocopias, recortes, óleos, fotografías –negativos y diapositivas– y audiocassettes, de los siglos xvii al xx El documento más antiguo en el Archivo Histórico –restaurado y parcialmente transcrito– es el Libro del Vecerro (sic) de las escripturas del Convento de Nuestro Señor Santo Domingo, que abarca los años de 1577 a 1611, donde se reg-

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istran los privilegios y pertenencias de ese establecimiento religioso en la entonces llamada Ciudad Real de Chiapa de los Españoles (hoy San Cristóbal de Las Casas), que ya ha sido fuente para estudios como el que hizo Jorge Olvera sobre el convento dominico de Tecpatán, cuya mención en el llamado Vecerro ayuda a esclarecer la edad de esa magnífica construcción.

Entre los fondos del archivo que cuentan con inventario completo está el de la Secretaría General de Gobierno, que contiene la documentación del poder ejecutivo estatal de 1833 a 1982 y abarca las secciones de Obras Públicas, Personal, Economía, Cuentas, Gobernación, Hacienda, Estadística, Seguridad Pública, Guerra, Instrucción Pública, Comunicaciones, Beneficencia, Fomento y Agraria.

También se resguardan 24 colec-

ciones especiales de libros antiguos y raros, objetos, materiales u obras de gran valor, provenientes de las bibliotecas conventuales y del seminario de San Cristóbal, o bien heredadas de personajes como el abogado Víctor Manuel Castillo, cuya biografía intelectual se debe escribir. En total incluyen más de 32 mil libros, 4,234 antiguos, entre ellos la Cathena aurea super psalmos, de

1520, así como más de 30 mil ejemplares de publicaciones periódicas, entre ellas la Campana Chiapaneca y el Para-rayo de la capital de Chiapa antes mencionados.

Destaca la colección miscelánea Fernando Castañón Gamboa, que incluye documentos impresos y manuscritos –un total de1221 expedientes y 52 tomos–, una hemeroteca de 19,600 ejemplares, que in-

cluye 422 títulos de 25 municipios del estado, ademås del Periódico oficial de 1887 a 1969, revistas estatales de 1909 a 1966, y una biblioteca de 1,460 volúmenes.

Una colección de singular importancia es la de B. Traven, con 69 ejemplares en 14 lenguas de la obra de un autor que renunció al mundillo intelectual para vivir con un estilo aventurero y semiclandestino

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que hace difícil desentrañar su biografía, tan interesante para ciertos sectores de la crítica literaria. Entre los volúmenes está Trozas, novela del ciclo de la caoba escrita en alemán que no ha sido traducida al español.

Este archivo atiende un promedio de 3 mil usuarios al año, 600 presenciales y el resto mediante su página de facebook, entre ellos alumnos y profesores de la licenciatura y maestría en historia de la Unicach y de la UNACH. CESMECA, CIMSUR y cronistas de varios municipios, así como investigadores provenientes de la UNAM, UAM, COLMEX, COLMICH, Universidad Veracruzana, universidad de Tamaulipas y Tabasco. Extranjeros de las universidades norteamericanas de Chicago, Vermont, Carolina del Sur, Los Angeles, Tulane, Minesota y Florida o de países como Guatemala, Colombia, Reino Unido, Francia, Suiza y Alemania.

El Archivo Judicial del Estado de Chiapas preserva más de 11,600 documentos de los siglos xvii, xviii, xix y principios del xx: diligencias, libros de protocolos de instrumentos públicos, tratados internacionales, entre ellos un tratado de amistad, comercio y navegación entre Estados Unidos Mexicanos y el Reino Unido de la Gran Bretaña de 1821), así como juicios mercantiles, civiles, penales e importantes evidencias del qué hacer de los chiapanecos, en aquellas épocas.

El más antiguo documento judicial es de 1656, la escritura de compra-venta de la hacienda San Francisco del Valle, en las inmediaciones de Cintalapa y Jiquipilas

El Archivo Histórico Municipal de San Cristóbal de Las Casas contiene el acervo generado por las administraciones municipales de la ciudad que fue capital del estado hasta 1892 y su documentación abarca de 1841 a 2004. Como es el caso de los archivos municipales, cuenta con la documentación referi-

da a la administración pública de la ciudad: actas de cabildo, libros de tesorería, decretos, crecimiento urbano, predios, inhumaciones, ecología, fiestas, fundaciones de diversas índoles, registro de asociaciones religiosas, formación de barrios, proyectos educativos, culturales, políticos y administrativos aplicados en el municipio. Está conformado por más de 1,500 cajas de manuscritos e impresos, una hemeroteca con ejemplares del Diario Oficial y el Periódico Oficial,

además de un fondo bibliográfico de mil libros relativos a la ciudad. En el rescate, organización, descripción y difusión de este archivo y de muchos acervos chiapanecos ha sido clave la participación de Justus Fenner. El 1 de enero de 1994 dio la vuelta al mundo la noticia de que en Chiapas estaba sucediendo una revolución original y quienes echábamos trago a esa hora, porque eso hacíamos para recibir el año nuevo, fuimos avisados de que el pueblo de San Cristóbal estaba tomado. Diji-

mos para nosotros que los coletos siempre han sido muy bolos, por lo que era obvio que estuviera tomada San Cristóbal, pero en realidad, la ciudad colonial estaba tomada por un ejército indígena. Entre las primeras imágenes que conocimos antes de los combates y de todo lo que sucedió vimos a un güero grandote que andaba correteando al subcomandante Marcos en la plaza de San Cristóbal. Después supimos que cuando lo pepenó le dijo: “A ver vos que estás mandando aquí

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este asunto, ¿por qué están tirando el archivo?”.

Justus trabajaba entonces en una pequeña oficina denominada Proyecto de rescate y organización de archivos municipales de Los Altos de Chiapas. Cuando habló con Marcos le dijo una cosa que aprendí y después me toco aplicar en el Archivo General de la Nación con los macheteros de Atenco, porque usé el mismo argumento: si queman esos papeles, están destruyendo la única justificación de su lucha, ustedes están aquí por la historia que está en esos documentos.

Los zapatistas comenzaron a levantar el tiradero, devolvieron a su lugar el acervo y Justus, experto en la materia, impartió una microconferencia a los comandantes indígenas que eran 12 y ellos pusieron sellos en la puerta del archivo con sus huellas digitales y algunas firmas y procedieron a conservar esa memoria que explicaba el remoto origen de sus causas. Días después, cuando pasó la guerra y se devolvió la instalación al gobierno civil por parte del ejército, el archivo activo comenzó a desaparecer misteriosamente con rumbo desconocido, y así como tuvo el valor de hablar con Marcos, Justus también habló con las autoridades municipales y preguntó a dónde llevaban esos papeles.

Entre los archivos privados relevantes está el de Carlos Z. Flores, personaje emblemático de San Cristóbal por sus aportes arquitectónicos de estilos neoclásico y neogótico y sus trabajos de ingeniería, que reúne documentos de 1880 a 1990 sobre temas de historia social, educación y arquitectura. Está dividido en cuatro secciones: vida personal, familia, escuela y biblioteca.

El Archivo de Asociación Cultural Na Bolom A. C., derivado de la actividad de Frans Blom y Gertrude Duby, arqueólogo y fotógrafa, respectivamente, que recorrieron

Chiapas durante el siglo XX, abarca documentos de 1920 a 1990, con información sobre la Selva Lacandona, antropología y arqueología sobre los pueblos del estado, especialmente los tsotsiles y los lacandones. El acervo se divide en ocho secciones: documentos, fototeca, audioteca, mapoteca, correspondencia, arqueología, y colecciones de arte y textil.

El Archivo José Weber Biesinger fue reunido por este profesor y geógrafo alemán y su esposa Carmen Velasco de Weber. Contiene documentación de 1940 a 1980 sobre educación y geografía, dividida en seis secciones: educación, geografía, biblioteca, hemeroteca, enciclopedia gráfica y mapoteca.

El Archivo Histórico de Tapachula cuenta con dos fondos documentales cuya documentación abarca de 1827 a 2001: Presidencia municipal, dividido en las secciones: Presidencia, que contiene la serie cabildos; Juzgados, que contiene las series de los juzgado primero, segundo y tercero municipal, de primera instancia, y las secciones prefectura política; agencia del ministerio público y Tuxtla Chico, y fondo Javier de León Orozco, que reúne documentación sin procedencia clara y diversas donaciones. En este fondo se puede consultar el documento más antiguo del acervo, que data de 1827 y da fe de la existencia de un municipio que actualmente ya no figura en la organización territorial de Chiapas: Santa María Magdalena Nejapa.

Este Archivo cuenta con una hemeroteca que resguarda publicaciones de Tapachula entre 1999 y 2021 y un registro digital de periódicos de la región que datan desde el último cuarto del siglo xix hasta mediados del xx, junto con una colección fotográfica en formato digital.

Entre algunos personajes que no han pisado jamás alguno de estos

archivos, circula la especie de que para investigar sobre Chiapas hay que salir a las universidades extranjeras. Se argumenta la ocurrencia de saqueos y venta de documentos, que sin duda ha ocurrido, como se puede comprobar en el caso de la Chiapas Collection, depositada en la Latin American Library de la Universidad de Tulane, cuyo acervo, que abarca de 1723-1927, fue integrado por el escritor decimonónico Flavio Paniagua y adquirido por dicha institución, que también posee otras colecciones con información sobre Chiapas y Centroamérica

El ya citado registro de repositorios documentales para historiar en y sobre Chiapas, menciona también acervos como el del Chiapas Project, depositado en el departamento de antropología de la Universidad de Chicago, derivado de los estudios realizados en Chiapas en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo xx; la biblioteca Bancroft de la Universidad de California

en Berkeley y otros acervos como la hemeroteca de la Biblioteca del Congreso de Nueva York y los National Archives en Washington D.C., la mayoría de ellos consultables en línea.

Lo anterior no significa de ninguna manera la inexistencia de archivos llenos de fuentes en busca de investigador en nuestra tierra, preservados por la tenacidad, la probidad y el trabajo arduo que representa la conservación de sus acervos, llevada a cabo por los personajes referidos y muchos más anónimos u olvidados.

Así como ha habido saqueos y salida ilegal de documentos, hay también coleccionistas privados como Juan Esteban Gutiérrez, que administra la colección Juan Esteban Gutiérrez y Elsa Manzano, que reúne piezas valiosas para la historia de Chiapas y de México, que ha dispuesto para la realización de exposiciones y cuya copia digital ha entregado de manera gratuita a

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diferentes archivos públicos.

Juan Esteban ha adquirido 108 documentos y tres cuadernos del archivo personal de Manuel B. Trens, quien dirigió el Archivo General de la Nación y escribió El imperio en Chiapas, 1863-1864 y la Historia de Chiapas: desde los tiempos más remotos hasta la caída del segundo imperio

En 2005, año del cuarto centenario de la publicación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, la Dirección del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura de España, ofreció recursos a los acervos bibliográficos o documentales que contribuyeran a recuperar la huella de su autor, Miguel de Cervantes Saavedra por el mundo.

El entonces director general del Archivo General de la Nación de México, donde era yo director de publicaciones y difusión, el poeta Jorge Ruiz Dueñas, me encomendó la tarea de encontrar una razón de peso que permitiera a nuestra institución solicitar el apoyo, que logramos y recibimos por vía de la Fundación del Archivo, para el desarrollo de tres proyectos: el rescate de los archivos municipales del Soconusco; la identificación y descripción histórica del Indiferente virreinal de su archivo histórico central, y la elaboración de El Soconusco cervantino: cartografía de una encomienda imaginaria.

No me fue difícil hallar el pretexto para que los españoles soltaran la paga, pues conocía la carta que el Manco de Lepanto suscribió en un memorial de 1590, dirigido al presidente del Consejo de Indias, donde dice:

[Miguel de Cervantes] Pide e suplica humildemente, quanto puede a V. M., sea servido de hacerle merced de un oficio en las “Indias” de los tres

o quatro que al presente están vacos, que es el uno la Conthaduría del nuevo Reyno de “Granada”, o la Governación de la Provincia de “Soconusco” en “Guatimala”, o Conthador de las Galeras de“Cartagena”, o Corregidor de la Cibdad de la “Paz”; que con cualquiera de estos oficios que V. M. le haga merced, la rescebirá, porque es hombre ávil e suficiente e benemérito, para que V. M. le haga merced; porque su deseo es acontinar siempre en el servicio de V. M., e acavar su vida como lo han hecho sus antepasados, que en ello rescebirá muy gran bien a merced. — En “Madrid” a 21 de mayo de 1590.

Para cumplir con los proyectos, junto con el ya referido historiador alemán Justus Fenner y con la asistencia de jóvenes historiadores como Karla Cruz Vila y Fabricio Villegas, hicimos un recorrido por los municipios de las regiones Istmo-Costa y Soconusco, a manera de hacer un levantamiento de sus acervos históricos, la mayoría destruidos por el calor, la humedad, las plagas, la inopia de las autoridades municipales y el desinterés de las estatales.

Recuerdo, a reserva de examinar los registros del proyecto, que los

documentos más antiguos localizados son un plano del mancomún del pueblo de Pijijiapan, de 1745, y un acta de cabildo de Tapachula, de 1842. Sobre el archivo municipal de la perla del Soconusco debo mencionar a dos personas que trabajaron largos años en el rescate y cuidado de sus acervos, Javier de León Orozco y la señora Débora Vargas López, quienes, entre otros muchos entusiastas de la memoria colectiva, contribuyeron a su preservación.

El tercer proyecto fue la Cartografía, en la que se reunieron 416 documentos entre mapas, planos y croquis obtenidos de diversos acervos de México y del mundo, entre ellos la Mapoteca Manuel Orozco y Berra, entonces dirigida por Carlos Vidalli y la Casa de la Cultura Jurídica de Tuxtla Gutiérrez, que contiene los acervos de los juzgados federales que durante cuatro décadas resguardó el Archivo Histórico del Estado adscrito a la UNICACH, donde serví durante 11 años.

Entre los documentos de la cartografía hay mapas antiguos de la Nueva España, la Capitanía General de Guatemala, México y Chiapas, planos de los deslindes practicados en la región fronteriza antes del tratado de límites con Guatemala de 1883, el trazo detallado de la vía del ferrocarril de Estación Jalisco a Tapachula, con los ramales a Puerto Arista y San Benito , los planos

del tranvía de Tapachula, la única ciudad chiapaneca que en algún momento contó con este moderno medio de transporte y muchas más, en un conjunto de registros que se puede o se podía consultar por los nombres de pueblos, ciudades, ríos, lagunas y otros accidentes geográficos, por fecha y por fuente. Al término de esas labores, copias de sus registros fueron entregadas a dicho archivo, lo mismo que al Archivo Municipal de Tapachula, donde están disponibles para su consulta, junto con impresiones de alta resolución de algunos de los mapas. *

Cabe decir que muchas de las bibliotecas y archivos que prevalecen están formados por fragmentos de los acervos completos que deberían contener debido a plagas a veces difíciles de evitar: saqueos, hongos, insectos, roedores, inundaciones, incendios, sismos y otros accidentes de este lugar: tierra rica, pueblo pobre, como la definió el historiador estadounidense Thomas Benjamin. Algunos otros desaparecieron o están en casas particulares en manos de investigadores –algunos de ellos en calidad de depositarios luego de haber procedido a su rescate– o funcionarios ímprobos. Unos y otros sirven para compendiar y aprovechar mejor la cantidad y variedad de fuentes disponibles. Botella al mar o provocación para quienes han cursado las páginas de libros, periódicos, revistas o documentos, como lo hicieron a su modo todos los mencionados, junto con otros como Angélica Inda, André Aubry, Prudencio Moscoso, Eraclio Zepeda, Jorge Paniagua Herrera, Javier de León Orozco, Andrés Bautista y José Luis Castro, fallecidos, y Carlos Navarrete, Justus Fenner, Martín Sánchez, Fabiola Gutiérrez, Andrés Aguilar, Gregorio

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Vázquez, Christian Camacho y otros que siguen vivos y productivos. Existen hilos de Ariadna para entrar en el vasto universo de los libros y los documentos en, de y sobre Chiapas y producir o reunir registros e indexaciones temporales, temáticas, diacrónicas y sincrónicas de utilidad para todos. No es difícil ni costoso con los medios disponibles. Una bibliografía colectiva sobre Chiapas, así como una colección virtual de fuentes para su estudio implican un esfuerzo asequible que puede realizarse sin apoyo público, con la suma de proyectos en proceso y la capacidad de bibliotecarios, archivistas, internautas e investigadores respaldados o no por instituciones académicas o gubernamentales.

Tuxtla Gutiérrez, otoño de 2024.

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Editores: Daniela Alfaro y Enrique Alfaro F.

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