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Edición especial Alfaro Noticias

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Editores: Daniela Alfaro y Enrique Alfaro F. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas Jueves 12 de febrero de 2026 Edición Especial

Tensiones y determinaciones políticas en la campaña presidencial 10

Chiapas y sus candidaturas

en las decisiones de AMLO

En el libro Ni venganza ni perdón, los autores narran episodios internos de la campaña presidencial de 2018 y ofrecen fuertes valoraciones sobre la postulación de Rutilio Escandón, así como referencias al actual gobernador Eduardo Ramírez y al papel del entonces mandatario Manuel Velasco

Libro exhibe decisiones políticas en Chiapas durante la campaña presidencial de AMLO

* En el capítulo “Los candidatos” del libro Ni venganza ni perdón, Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez narran episodios internos de la campaña presidencial de 2018 y ofrecen fuertes valoraciones sobre la postulación de Rutilio Escandón en Chiapas, así como referencias al actual gobernador Eduardo Ramírez y al papel del entonces mandatario Manuel Velasco

Redacción

El libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, ofrece un recuento detallado de la campaña presidencial de 2018 y revela decisiones, tensiones y valoraciones internas sobre diversos candidatos estatales. En el capítulo titulado “Los candidatos”, los autores dedican un apartado relevante al caso de Chiapas, donde describen el proceso que llevó a la postulación de Rutilio Escandón y las dificultades que, según su versión, enfrentó su campaña. De acuerdo con el testimonio recogido en la obra, la prioridad del entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador era asegurar el triunfo nacional, aun cuando ello implicara aceptar perfiles estatales que no necesariamente consideraba los más competitivos. En ese contexto, Rutilio Escandón fue designado candidato en Chiapas, en parte por su cercanía con Adán Augusto López, de quien era cuñado. Los autores son particularmente críticos con el desempeño de Escandón como candidato. Lo describen como un aspirante sin entusiasmo, con dificultades para interactuar con la ciudadanía y con un discurso que, aseguran, imitaba torpemente el del candidato pres-

idencial. Señalan que su campaña careció de identidad propia y que no logró despegar por sí misma, al punto de que la votación obtenida por Escandón fue considerablemente menor a la alcanzada por López Obrador en la entidad. En el libro se afirma que, mientras el candidato presidencial obtuvo cerca del 80 por ciento de los votos en Chiapas, Escandón rondó el 40 por ciento, una diferencia que los autores califican como significativa y que atribuyen a debilidades propias del entonces aspirante a gobernador. También se hace referencia a la influencia que, según el relato, ejercía Rosalinda López —hermana de Adán Augusto y esposa de Escandón— en la toma de decisiones. Se menciona incluso que, en determinados momentos, se comentaba que los “Adanes” gobernaban tanto Chiapas como Tabasco, en alusión al peso político de la familia. El capítulo igualmente aborda el papel del entonces gobernador Manuel Velasco. Según los autores, Velasco no intervino para bloquear la candidatura de Escandón ni para frenar el movimiento de otras figuras políticas hacia Morena. Por el contrario, sostienen que permitió que los actores locales tomaran sus propias decisiones políticas, lo que facilitó reacomodos

estratégicos en plena campaña. En contraste con la valoración crítica hacia Escandón, el libro presenta una opinión favorable sobre Eduardo Ramírez, actual gobernador de Chiapas. En ese momento, Ramírez era una figura relevante en la política estatal: había sido presidente del Congreso local y secretario general de Gobierno, y contaba —según el relato— con una base política sólida y altos niveles de popularidad. Los autores aseguran que Eduardo Ramírez tenía la posibilidad real de competir por la gubernatura bajo las siglas del Partido Verde Ecologista de México y que, de haberlo hecho, habría tenido amplias probabilidades de triunfo. Incluso se sostiene que pudo haber ganado “sin problema” la elección estatal, debido a la fortaleza electoral del Verde y a la existencia de partidos locales con votaciones significativas. No obstante, se describe que la estrategia fue convencerlo de aceptar la candidatura al Senado por Morena, con el objetivo de fortalecer la estructura política del movimiento en la entidad y evitar una posible división del voto que pusiera en riesgo la gubernatura. El texto subraya que Ramírez mostró lealtad al sumarse al proyecto nacional y que su participación como candidato a senador fue determinante para consolidar la estructura

territorial que apoyó a Escandón. En ese sentido, el libro sugiere que la presencia de Eduardo Ramírez en la fórmula al Senado aportó mayor potencia política a la campaña de Morena en Chiapas y permitió sumar a partidos locales como Chiapas Unido y Podemos Mover, reforzando la coalición en el estado. Más allá de las valoraciones personales que expresan los autores, el capítulo retrata un momento clave en la reconfiguración política de Chiapas, donde las alianzas, las lealtades y los cálculos estratégicos fueron determinantes. La obra deja entrever que la gubernatura chiapaneca fue resultado no solo del arrastre presidencial, sino también de negociaciones internas y decisiones que privilegiaron la unidad del proyecto nacional por encima de perfiles individuales. A casi ocho años de aquella elección, las referencias contenidas en Ni venganza ni perdón cobran relevancia al observar que las figuras mencionadas continúan teniendo peso en la vida pública del estado. El libro aporta así una mirada interna a uno de los episodios más significativos de la historia política reciente de Chiapas, mostrando las tensiones y apuestas que marcaron el rumbo de la entidad en el contexto del cambio político nacional de 2018.

Manuela Obrador, la prima de AMLO que acompañó la campaña en Chiapas

* En el capítulo “Los candidatos” del libro “Ni venganza ni perdón”, Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez evocan la participación de Manuela Obrador en la campaña presidencial de 2018 en Chiapas, destacando su cercanía familiar con Andrés Manuel López Obrador y su arraigo en la región.

En el capítulo “Los candidatos” del libro Ni venganza ni perdón, los autores Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez reconstruyen episodios poco conocidos de la campaña presidencial de 2018. Entre las escenas narradas aparece una figura con fuerte carga simbólica en Chiapas: Manuela Obrador, prima del entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo con el relato, durante la gira por Chiapas se realizaron actos multitudinarios en los que la ciudadanía mostró un respaldo notable al proyecto político encabezado por López Obrador. En ese contexto, Manuela Obrador fue postulada como candidata a diputada y descrita como una persona “muy querida” en la región. El libro refiere particularmente una escena en Palenque, donde el equipo cercano del candidato presidencial pasó la noche en el rancho conocido como “La Chingada”, propiedad de López Obrador. Ahí, Manuela Obrador llevó tamales y otros alimentos para la cena, en un ambiente que los autores retratan como cercano y familiar.

Más allá de lo anecdótico, la mención de Manuela Obrador subraya el peso del arraigo lo-

cal en la estrategia política de 2018. En un estado donde la figura de López Obrador tenía altos niveles de aceptación, la participación de familiares con presencia territorial reforzaba la conexión emocional con la base social.

El capítulo no profundiza en su trayectoria política, pero sí la coloca como parte del entramado que acompañó la campaña en Chiapas, una entidad donde el entonces candidato presidencial obtuvo una votación cercana al 80 por ciento.

En ese escenario, las candidaturas locales —incluida la de Manuela Obrador— se beneficiaron del amplio respaldo al proyecto nacional. La referencia en el libro muestra cómo, junto a las negociaciones estratégicas y tensiones internas que marcaron la definición de candidaturas en distintos estados, también hubo espacios para figuras con vínculos familiares y capital político propio en sus comunidades. Así, Manuela Obrador aparece en Ni venganza ni perdón como un rostro cercano al candidato presidencial en uno de los momentos clave de la campaña, en una escena que combina política, territorio y la dimensión personal de una contienda que transformó el mapa político nacional.

Editores: Daniela Alfaro y Enrique Alfaro F. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas Jueves 12 de febrero de 2026

Estrictamente Personal

La reversa para Ramírez Cuevas

Julio Scherer y Jesús Ramírez Cuevas fueron los principales operadores políticos del expresidente Andrés Manuel López Obrador durante la primera parte de su sexenio. Scherer operaba desde la Consejería Jurídica de la Presidencia, donde se abrogaba las funciones de secretario de Gobernación y tutelaba la Fiscalía General de la República. Ramírez Cuevas, su vocero, era la pieza que utilizaba el expresidente para resolver problemas y diferendos políticos dentro de Morena. La relación entre ellos nunca fue buena, pero fue empeorando. Ramírez Cuevas lo intriga de manera sistemática, con un odio que se mantuvo más de cinco años después de haber dejado la Presidencia y el poder. Ahora, viene la reversa.

Ramírez Cuevas construyó la maquinaria de propaganda del obradorismo, y fue figura central en la estrategia de la polarización y odio que vivimos y seguimos pagando todos, que vio Scherer de cerca durante su paso por la Presidencia sin que pudiera atenuar los ataques ni convencer a López Obrador de lo maligno de esa política. Scherer salió de la Presidencia porque quiso, pero derrotado en la política realista por Ramírez Cuevas, hasta ahora que empieza a empatar el juego al haber abierto una puerta que nadie sabía que existía: su presunta relación con El rey del huachicol, el empresario Sergio Carmona, asesinado en 2021.

Lo hace en la forma de libro, Ni venganza ni perdón, que hoy empieza a ser vendido en librerías. Escrito por su amigo, el periodista Jorge Fernández Menéndez, narra la historia de su amistad con López Obrador. El título del libro se ajusta, cuando menos a la luz de los extractos publicados a la fecha, con el caso del expresidente y de su némesis, el exfiscal Alejandro Gertz Manero. Sin embargo, no todo parece edulcorado. El señalamiento contra Ramírez Cuevas y su relación con Sergio Carmona es una revelación inesperada como sorprendente, porque lo que revela es algo de lo cual no había ninguna referencia previa y estaba por debajo de todos los ra-

dares de inteligencia.

Saca al escrutinio público la relación entre los dos, que por lo que se ve, fue uno de los secretos mejor guardados del sexenio de López Obrador, y también, uno cuya revelación se perfila a ser nuclear. Con documentos de inteligencia y testimonios recabados y a los que tuvo acceso Scherer, señala que le abrió a Carmona el círculo presidencial para convertirlo en financiero de varias campañas electorales.

Asegura que Ramírez Cuevas sostuvo varias reuniones con El rey del huachicol, y se convirtió en parte del engranaje electoral de Morena en el norte del país. Según la información a la que tuvo acceso desde su posición en Palacio Nacional, Carmona también financió campañas en 2018, cuando se puso en juego la Presidencia que ganó López Obrador, y el Congreso, donde obtuvo la mayoría Morena. Pero de todas esas campañas, hay tres que menciona específicamente Scherer: Sinaloa, Sonora y Tamaulipas.

El ex consejero jurídico es muy enfático en establecer que el exvocero ayudó principalmente a su amigo, el actual gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, que aparece en la investigación de inteligencia binacional como parte importante en la estructura de mando de la organización criminal que encabezaba Carmona que, para enton-

ces, añade, controlaba un tercio del total de huachicol a lo largo de la frontera con Estados Unidos.

Sorprende que Scherer exhibiera a su viejo amigo Alfonso Durazo, a quien acercó a López Obrador hace más de dos décadas, como beneficiario del dinero del crimen organizado para financiar su campaña para gobernador, colocándolo en una situación delicada porque es presidente del Consejo Nacional de Morena y está buscando ser secretario de Gobernación. Poner el dedo en el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, parecería que está haciendo leña del árbol caído, pero no es así. Rocha Moya era el enlace político-electoral con el Cártel de Sinaloa en el sexenio pasado, de acuerdo con las investigaciones binacionales.

Carmona hizo su fortuna del negocio del huachicol a partir de 2015, cuando según Scherer, su hermano Julio fue nombrado administrador de la aduana de Reynosa. En este espacio se detalló que el empresario fue financiero de líderes de partidos políticos de todos los colores y mecenas de Morena, que solía decir que “yo le doy a todos, porque si un día me agarran, me los llevo a todos”. Nunca pudo canjear su seguro de vida porque fue asesinado en noviembre de 2021 al salir de una peluquería en San Pedro Garza García, suburbio de Monterrey.

Carmona es el eje de una investigación en una corte federal texana por haber utilizado dinero del huachicol para financiar al menos ocho candidaturas de Morena a gobernador en 2021, en donde figura también el exlíder del partido, Mario Delgado. Scherer aporta detalles desconocidos de esa relación, al asegurar que Delgado llegó a Carmona por intermediación de Ramírez Cuevas, quien también, sugiere el exconsejero presidencial, lo llevó con López Obrador. Un documento de inteligencia mexicano y estadounidense publicado en este espacio señala que el vínculo de Delgado con Carmona fue facilitado por Erasmo González, que era diputado por Ciudad Madero y que presidió la poderosa Comisión de Presupuesto, conocido entre los tamaulipecos como publirrelacionista del empresario asesinado, contrario a la afirmación de Scherer.

Otra revelación en el libro es que Ramírez Cuevas tiene investigaciones abiertas en su contra en las cortes federales de Texas y Nueva York, donde se llevan los casos de Carmona y del Cártel de Sinaloa por lavado de dinero y financiamientos electorales con dinero del crimen organizado, aunque Scherer aclara que no hay acusaciones formales en su contra, hasta ahora. Aunque incorpora información que no está contenida en el trabajo binacional sobre Carmona, hay elementos que se empalman con la otra gran investigación en curso en Estados Unidos, sobre la economía criminal paralela que se creó, afirman, durante el gobierno de López Obrador.

Las imputaciones contra Ramírez Cuevas son, desde la perspectiva del poder, donde sigue Scherer, inexplicables, por la ilegitimidad e ilegalidad con la que mancha de huachicol el movimiento de López Obrador y pone en entredicho la pureza del caudillo. Scherer tendrá sus razones para mostrar con rayos X el corpus obradorista, describiendo a un político que quiso cambiar la historia de México, como concluye, que en cuyo intento, “también cambió la mía”.

Edición Especial Primera época

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