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01 la hija de lucifer (saga la princesa del infierno) de eve langlais

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Eve Langlais La Hija de Lucifer Saga La Princesa del Infierno 01

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Traducido y corregido por

Traductoras por orden alfabĂŠtico: * Astrea * Belgy * Carola_mm * Cate * Catherine

* Elvia * Javi * Lorena Verdaguer * Mari * PameSoledad * Vega

DiseĂąado por:

Corregido y coordinado por:

* Ars Amandi *Mari

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Índice Argumento…………………………………………………………………………………… Página 4 Capítulo 1…………………………………………………………………………………..… Página 5 Capítulo 2…………………………………………………………………………………… Página 25 Capítulo 3…………………………………………………………………………………… Página 36 Capítulo 4…………………………………………………………………………………… Página 53 Capítulo 5…………………………………………………………………………………… Página 80 Capítulo 6………………………………………………………………………………… Página 108 Capítulo 7………………………………………………………………………………… Página 120 Capítulo 8………………………………………………………………………………… Página 134 Capítulo 9……………………………………………………………………………..…. Página 153 Capítulo 10……………………………………………………………………………... Página 160 Capítulo 11……….…………………………………………………………………..… Página 172 Capítulo 12……………………………………………………………………………... Pagina 175 Epílogo…………………………………………………………………………………….. Página 187 Próximamente…………………………………………………………………………. Página 191

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Argumento

Hola, soy Muriel, la única oveja blanca en un mar de borregos negros, y para colmo soy virgen. Estoy determinada a esperar por el amor, pero mi papá, más conocido como Lucifer, simplemente quiere que deje de ser una vergüenza para él. Estoy esperando que el bombón que conocí en el bar resulte ser el indicado; con sólo mirarlo mis entrañas se derriten como malvaviscos sobre las brasas del infierno, pero es difícil confiar en alguien cuando parece que todo el mundo a quien me acerco, termina tratando de matarme. No sólo estoy lidiando con un caso extremo de lujuria, sino que hay una nueva amenaza en el Infierno, una a la que mi papá se empeña en ignorar. Algo más fácil de decir que hacer, desde que pareciera que hacia donde miro, los demonios están intentado matarme. Pero me parece bien, porque una de las cosas que he aprendido siendo la princesa del infierno, es que a veces tengo que tomar al demonio por los cuernos y abofetearlo un poquito. Una rebelión en el infierno, demonios asesinos y besos ardientes, ¿Podría mi vida ser más interesante?

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Capítulo Uno Traducido por Pamesoledad Corregido por Mari

Satanás se apareció en una nube de humo que trajo consigo el olor ácido del azufre. Lo miré brevemente, luego continué pintando mis uñas de los pies en un hermoso color concha de mar rosado. “Eres una desgracia para tu linaje,” dijo el diablo, comenzando con su perorata favorita, paseándose por los pequeños confines de mi sala de estar. “Sí, sí. Lo sé,” dije con desinterés, soplando la capa húmeda de pintura. “¿Qué le pasó al „hola‟?” “Eso requiere modales, algo que tú sabes, aborrezco,” él replicó. “Bueno, ¿podrías al menos tocar? Soy una aficionada a mi vida privada. Sin mencionar que, como una chica, podría estar haciendo algo…” Me detuve ahí, tratando de pensar en algo apropiado. Por supuesto, no lo logré en el momento, pero lo haría alrededor de una hora más tarde de haber terminado la conversación. “Femenino”. Satán resopló. Él me conocía tan bien. “¿Por qué no puedes ser más como tus medias hermanas?” arremetió. “Uh, probablemente porque son súcubos, y yo parte humana.”

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“Detalles menores. ¿Podrías pecar al menos un poquito? Se supone que eres una princesa del infierno.” “Apuesto que las otras princesas tienen la suerte que sus padres golpeen primero.” “¿Ves lo que quiero decir?” dijo con exasperación. “Sin respeto, cosa que usualmente me hace sentir orgulloso, pero tú no lo sigues con actos viles. Me haces ver como un mal padre. Mis siervos se ríen de mí. Incluso ha habido rumores, que ya no estoy en condiciones de ser el Padre de Todos los Pecados, ya que no puedo controlar a mi propia hija.” “Sí, bueno, apesta ser tú.” Siempre sería la manzana buena en un mar de podridas, un hecho que impulsó a mi papá: el Diablo, Belcebú, o como quieras llamarlo, a la locura. “No fue lo suficiente malo que sacaras sólo diez en la escuela. Oh no,” dijo, levantando la temperatura. “Tienes que ser virgen, también. Tienes 23 años de edad. Es simplemente incorrecto,” gritó. “Te crié para ser más malvada que esto.” “Ya te lo he dicho, no hasta que esté enamorada,” contesté finalmente poniéndome de pie, mi cuerpo erizado con tensión a medida que nos enfrentamos a lo largo del viejo argumento de la edad. Quería que mi primera vez fuese especial. Papá sabía eso. Leí suficientes libros sobre sexo como para saber que esa ocasión trascendental sería un recuerdo que duraría de por vida, que en mi caso, sería bastante larga, dada mi familia. ¿Era mi culpa no haber encontrado todavía al indicado?

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Es decir, sólo piensen en los criterios que este pobre hombre tendría que cumplir. Uno, no podría ser completamente humano; siendo un poco más fuerte que las chicas normales, tenía miedo de lastimarlo en el calor del momento. Dos, él no debería salir gritando y corriendo cuando supiera que mi padre era el mismísimo Satanás, maestro de las mentiras y engaños. Y tres, el afortunado ganador necesitaba ser caliente. Suficientemente caliente para derretir mis entrañas en una baba viscosa que me dejara bizca. Esos eran los criterios más importantes de la lista, tenía un par más, pero no había conocido todavía a alguien que pudiera para pasar las primeras tres, lo que me hizo cuestionar si necesitaba repasar mi lista, pero maldita sea, me negaba a transigir. Sabía que eventualmente encontraría al indicado, pero mientras esperaba por el Señor Correcto, medio que disfrutaba volver a mi papá un poquitín chiflado. Lucifer retiró su cabello todavía oscuro, que sólo tenía indicios de gris en las sienes, y suspiró con cansancio. “¿Por qué me haces esto?” preguntó, cayendo sobre el sofá. Me senté junto a él y abracé su cuerpo rechoncho. Después de todo, cuando todo está dicho y hecho, amo a mi padre, incluso si él es un poco agobiante. “Hey, si te sirve de consuelo,” dije en un esfuerzo de levantarle el ánimo, “probablemente no esperaré hasta estar casada. Ese es un pequeño pecado, ¿verdad?” “Supongo,” dijo, sonando un poco apaciguado. Por supuesto, mi decisión de saltarme el matrimonio tenía más que ver con el hecho de no poder entrar en la iglesia, con todos esos

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artículos religiosos, sin estallar en flamas. Tan injusto. No había hecho nada malvado, bueno, verdaderamente malo, sin embargo, Dios y todos sus adornos reaccionaban a mí como si fuera el anticristo, a veces mi único hermano humano lo encontraba muy divertido. Incluso los curas no podían acercarse a mí, bueno, los puros de cualquier manera. Los malos no tenían problemas en lo absoluto. Eran solamente los puros de fe, aquellos que seguían la doctrina del Dios único, que caían al suelo retorciéndose de agonía. Lo bueno era que la mayoría de los curas que conocía eran de la otra variedad. No necesito decir que creo que el matrimonio no está en mis cartas, a menos que hiciera todo eso del casamiento ante un „juez del ayuntamiento‟, lo que personalmente considero falto de romance y compromiso. Mi papá seguía sentado en el sofá, luciendo desconsolado, era una buena noticia que ninguno de sus siervos estuvieran presente para verlo. Me hizo feliz, que a mi alrededor, no tuviera la necesidad de actuar. Quiero decir, que debe ser difícil ser malo todo el tiempo. Incluso los malos necesitan un respiro y alguien quien los ame. “Papá, ya sé qué te va animar. ¿Por qué no regresas al infierno y torturas a unos de los demonios que hablan mal de ti y le enseñas que todavía eres el jefe? Desata uno de esos fuegos eternos, haz un gran discurso sobre que deberían hacer una reverencia ante Rey Hades o enfrentarse a las llamas de la perdición.” “Sólo estás tratando de deshacerte de mí,” se enfurruñó. Aunque pude ver que mis palabras lo animaron un poquito.

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“Sí y no. Tengo que abrir el bar en veinte minutos; así que sí, estoy tratando de que te vayas, pero,” dije, lanzando mis brazos alrededor de él, abrazándolo fuerte, “te quiero, no me gusta verte de este modo.” “No sé porqué me encuentro tan apegado a ti también,” dijo Satanás gruñonamente, devolviendo el abrazo. Atesoro los momentos como estos, suelen ser pocos y distantes. “Trata de ser mala,” dijo antes de desaparecer de la vista. El olor al azufre, el perfume predominante en el infierno y la tarjeta de visita de mi padre, persistieron en el aire, era difícil lavar el hedor que se aferraba a mi suéter. Grandioso, ahora necesitaba cambiarme de nuevo. Apresurada porque me encontraba definitivamente tarde, me cambié la camiseta de cuello redondo amarilla por una remera ajustada de escote redondo rosa. Me metí en mis jeans ajustados blancos y me calcé las botas rosas hasta los tobillos, con los puños peludos, porque todo el mundo sabe: no importa si la ropa es fabulosa o no; lo importante es el calzado. Tomé mis llaves, la chaqueta blanca de lana de cordero y apresuradamente salí por la puerta. Ni bien salí del edificio, el viento atrapó mi cabello, el cual, estúpidamente dejé suelto. La larga longitud de seda, se estampaba en mi cara y sólo podía ver en parte. Sin tiempo de ir a recogerlo. Entrecerré los ojos lo mejor que pude y maldije, de manera bastante colorida, tendiendo en cuenta a las personas que conocía, y caminé al trabajo. Me hubiese gustado culpar a mi cabello por golpear la ancha espalda del hombre que apareció repentinamente delante de mí, pero a decir verdad había estado soñando despierta de nuevo.

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Por supuesto, no tenía intención de echarme la culpa. “Ow, ten cuidado

por

donde

te

paras,”

grité,

tropezando

hacia

atrás

y

balanceándome sobre el borde de la acera. Probablemente hubiese caído sobre mi trasero, si la roca a la que golpeé, no me hubiese agarrado por los brazos y jalado hasta estabilizarme. “Deberías fijarte por donde caminas,” dijo en un tono grave que me hizo poner la piel de gallina en cada parte de mi cuerpo. Quería ver su rostro, para ver si él podía ser tan sexy como su voz sugería, pero mi condenado cabello se negaba a apartarse del camino. Sólo me las manejé para captar la impresión de su altura y el ancho. Para el momento que logré tomar mi cabello y apartarlo a un costado, el extraño había desaparecido. Miré delante de mí, detrás e inclusive al otro lado de la calle; pero los humanos que caminaban solos no parecían ser él. Primero: lucían ser demasiado ordinarios. El hombre que golpeé se sintió como algo más. Sentí poder enroscado en su interior, y una energía con la que mi propio poder reaccionó. Él tenía que ser nuevo en la ciudad, porque sabía que no lo conocía; y no quiero sonar engreída, pero cualquiera con habilidades sobrenaturales –fuesen buenas o malas– terminaba en mi bar en algún punto. Hablando de eso, ¡llegaba tarde! Caminando deprisa, hice el trayecto de seis cuadras en menos de quince minutos, llegando justo cuando Charon estalló fuera de una puerta dimensional dentro del hueco que protegía mi puerta frontal. “¿No hay que trasportar gente a través del río?” pregunté a mi cliente más fiel. Un chiste viejo entre nosotros.

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“Tengo sed,” contestó, el rostro oculto en las profundidades de la voluminosa capa que siempre llevaba. “Además, están todos muertos, pueden esperar. Después de todo, les queda toda la eternidad.” Charon se río malvadamente entre dientes. “Oh, déjate de eso,” le dije. Golpeé su brazo antes de abrir la puerta del bar. “Tú y yo sabemos que eres tan malo como una mosca.” “Conocí

algunas

moscas

bastantes

malvadas

en

mi

época,”

respondió, con el rostro sin expresión. Luego se río entre dientes con normalidad. “En realidad, tomé la noche libre. Mi esposa dijo que necesito tomarme las cosas con calma, así que hoy tengo a mi hijo trabajando en el bote. Con la esperanza de que no deje caer el remo esta vez y termine con las almas varadas en el medio del Styx1, de nuevo.” “¿Lo hizo?” respiré en shock. Hablando de grandes metidas de pata. “Me temo que sí,” dijo Charon, sacudiendo su cabeza. “Amo a mi hijo, pero tengo que decir que no es la cuchilla más afilada. Actué preventivamente esta vez; até el remo al bote.” Me reí, y dejé a mi viejo amigo, que también era el mejor amigo de mi papá, entrara en el bar. Me mantuvo acompañada mientras encendía las luces y me preparaba para recibir la multitud de la noche. La noche del jueves generalmente es bastante concurrida, pero con la premiere de Sobrevivientes: ardiendo en el infierno estrenando esa noche en el 1

Styx, es el río localizado en el quinto círculo, según La Divina Comedia de Dante. Ahí se encuentran los condenados por el pecado de la ira, donde se ven inmersos en su tóxico y negro líquido. (N. de la C.)

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canal “Malditos”, sabía que extrañaría algunas caras familiares. Lo había dejando grabando en mi DVR. Nunca me perdía una temporada. Eso me recordaba lo mucho que necesitaba invertir en una pantalla plana; otra cosa en mi larga lista de “quehaceres” cuando tuviera dinero. Me rehusé a pedirle dinero prestado a papá, porque él siempre intentaba atarme con sus cuerdas. Tenía la intención de quedarme con mi alma –si es tenía una– muchas gracias. Además; el bar que se llamaba Nexus era mío. Con cerradura, stock, e hipoteca incluida. Mi bar retro, ambientado en los ochenta, sirve como un refugio para las personas anormales en el área. No fue mi idea. Originalmente deseaba un bar normal de karaoke, pero por supuesto, la mala sangre siempre interfiere. En mi caso, mi lado satánico mezclado con no sé qué. Cualquier cosa que me haya creado, aparte del viejo y querido Lucifer, había preparado un golpe potente. Sin esfuerzo por mi parte, el espacio a mi alrededor de un poco más de treinta metros más o menos, terminó siendo una zona libre de magia. En serio, soy como un campo nulo andante. Eso no detuvo a los seres sobrenaturales con habilidades naturales, que les gustaba frecuentar mi bar, pero de seguro era práctico para esos extras que tendían a lanzarse en otros lugares donde mucha gente con magia se reunía y tomaba. ¿Hechiceros borrachos discutiendo sobre quién tenía el grimorio2 más poderoso? Nunca es bueno. Excepto que estuvieras en Nexus, por supuesto; entonces sólo veías dos hombres viejos, balanceando golpes ineficaces, en lugar de los devastadores terremotos y meteoros cayendo del cielo. Una vez que se corrió la voz de que mi bar era libre de magia, 2

Grimorio: Libro de fórmulas mágicas usado por los antiguos hechiceros. (N. de la C.)

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se

convirtió

en

el

lugar

más

caliente

de

la

ciudad

para

los

sobrenaturales que pasaban el rato, y de alguna manera, los mortales simplemente pasaba de largo; era una graciosa coincidencia. Al menos los especiales pagaban bien, lo que hacía fácil conseguir personal. Tenía unas cuantas dríadas3 que actuaban de camareras; Percy, mi barman y sacaborrachos, quien, con sangre mestiza de gigante, tendía a tener poca labia; y luego estaba la pequeña y vieja yo. En las noches libres de Percy, sacaba mi práctico bate de béisbol escondido detrás de la barra si la pelea se iba de las manos. Jugué béisbol por años en la liga femenina demoníaca, así que daba un golpe demoledor. Por supuesto, nadie en el bar, a excepción de Charon y Percy, sabía que era la hija de Satanás. Trataba de revelar ese hecho sólo a personas de confianza, porque, por alguna razón, las personas parecían creer que conocer a la princesa del infierno les daba cierta influencia sobre mi papá; y sin importar cuantas veces les mostrara sus errores, simplemente no lo entendían. Entonces, en estos días, iba de incógnito. En lugar de usar mi primer nombre, Satana, uso mi segundo nombre, Muriel. Los clientes asumen que soy una especie de bruja, y me dejan en paz. Es un tanto refrescante, de hecho, ser considerada normal. Cuando vivía en el infierno,

constantemente

tenía

que

probarme

a

mí

misma,

sin

mencionar salvar mi propia vida. Con mis ojos relampagueantes (algunos dicen que pueden ver el fuego del infierno en ellos cuando me enojo) derribé a los que me desafiaban y aquellos que intentaron 3

Dríadas: Habitantes y guardianas del bosque de Brokilon. Son conocidas por sus increíbles habilidades con el arco, así como por su amor a los árboles, bosques y música. (N. de la C.)

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lastimar a mi papá por la espalda. Por fortuna, eso no sucede con la misma frecuencia ahora. Mi reputación -sin mencionar mi linaje- tiende a precederme cuando regreso de visita. Mi nombre completo, por cierto, es Satana Muriel Baphomet; soy la hija bastarda de Satanás, nacida de una madre desconocida, que inteligentemente salió corriendo del desastre que continuó siendo mi vida. Mido alrededor de un metro setenta y cinco; definitivamente no soy talla seis, pero siempre preferí mi figura exuberante a la apariencia hambrienta de las modelos de hoy. Tengo cabello castaño hasta casi tocar mi trasero; con reflejos rojos; ojos marrones; y labios hechos para chupar vergas, o eso me dijeron, todavía tengo que probar esa teoría. Tengo veintitrés años de edad y sigo siendo virgen, pero no por decisión. Pretendo perder la virginidad tan pronto como me enamore. No solamente lujuria, amor. Y hablando de lujuria, ingresaron al bar tres bombones llenos de testosterona con dos piernas cada uno. En serio, si pudiera embotellar estos hombres, podría hacer una fortuna tan grande como el creador del viagra. Cada fémina de sangre caliente, y una mujer de sangre fría, los notaron. Podía ser el hecho que poseían un aura a su alrededor que decía: “Soy el tipo duro que tu madre te dice que te mantengas alejada.” Podría ser el hecho que codiciaba el abrigo de cuero, que caía hasta la altura del tobillo, que uno de ellos llevaba puesto. O quizás podría ser el hecho que los tres eran jodidamente hermosos. Podía oler la mano de mi papá aquí. Es decir, vamos. ¿Cuáles eran las posibilidades que en el mismo día que mi querido padre apareció

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llorisqueando por estado de mi virginidad, estos tres perfectos galanes de carne masculina entraran en mi bar? Parecía que mi querido padre sacó las armas pesadas, y a juzgar por los bultos ocultos en sus jeans ajustados, grande no es una exageración. ¡Y, sorpresa, ellos parecían ser mis tres sabores preferidos! Iban desde el metro ochenta y cinco hasta el metro noventa y cinco; si yo fuera una buena juez, los describiría como un arco iris de bombones: rubio, castaño y ébano. Hombros anchos ajustaban sus chaquetas, mientras que sus rostros estaban cincelados a la perfección. Cuando el de cabello de ébano repentinamente lanzó un vistazo a mi dirección con una mirada distante, sentí humedad en mis bragas. También tuve que luchar con el deseo de correr a mi oficina y masturbarme. Así que, por supuesto, me puso de un humor de perros. Realmente odio no estar en control. Cuando ellos pasearon dentro del bar, les dí la espalda y los ignoré, incluso pensé que lograría resistir el inhalar la intoxicante fragancia de colonia de hombre y jabón. Maldición. Olían bien. ¿Me pregunto si sabrán tan deliciosos? “¿Puedo tener una cerveza, por favor?” Llegó una profunda voz de barítono que me hizo temblar. Me refrené, apenas. No vas a ganar, papi, juré. Ignoré la sexy voz, y a mis hormonas, y lustré el vaso en mis manos más vigorosamente. “No creo que le gustes,” bromeó una voz más melosa detrás de mí. “Te enseñaré cómo se hace. Perdone, mi bella, mis amigos y yo

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estamos poseídos por una horrible sed. Tal vez si nos deja beber de su belleza, no nos vencerá.” Mis cejas subieron y realmente tuve que luchar para no reírme. ¿Esa línea realmente le funcionaba alguna vez? Aunque tengo que decir, mi lado superficial hizo que hundiera mi estómago un poco más adentro y sacar mi pecho un poco más lejos. Culpable, me gustan los cumplidos tanto como a cualquier otra chica. “¡Oh, por el amor de Dios!,” dijo una voz ronca con una insinuación de disgusto. “Moza, tráiganos unas cervezas, ¿quiere?” Me congelé, todavía de espaldas. ¿Podría ser? ¿Sería el destino quien trajo a estos extraños? Intrigada por su falta total de modales y determinada a ver finalmente cómo lucía, me dí la vuelta, sólo para darme cuenta que no tenía idea a quien pertenecía la voz tosca. Agarrando una jarra, la llené con un poco de cerveza; no les pregunté de qué tipo. Tomarían lo que sirviera. La golpeé enfrenté del rubio, quien abrió muchos los ojos; se sobresaltó, pero el bajo „gracias‟ del barítono me dijo que no era él. Quería ver, aunque definitivamente tenía una cara linda. Tal vez no debería descartarlo. Puse una segunda jarra de cerveza en frente del castaño, y descubrí al imitador de Lotario4. “Gracias, mi hermosa rosa. Yo…”

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Lotario, en inglés, significa seductor o libertino. (N. de la C.)

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Lo ignoré; no fue tan fácil como sonaba, con sus brillantes ojos azules, y su atractiva sonrisa. Giré para servir al tercer hombre, el señor voz ronca, y la pared que embestí antes. Una vez que miré a su rostro, contuve el aliento y sé quedó mirando, intrigado. También me encontré atrapada en las garras de una severa lujuria. Un alborotado cabello de ébano, un rostro angular, una malvada cicatriz que cruzaba la mejilla, y los ojos verdes más penetrantes que había visto. Sus labios torcidos en una sonrisa un poco afectada por mi lectura concienzuda. “¿Tuviste una buena mirada? ¿Te gusta mi cicatriz? Tengo una incluso mejor para mostrarte si quieres ir a un lugar privado.” Oh, actitud. Me gusta eso en un hombre. “¿A quién le importa tu cicatriz?” Dije, sonriendo dulcemente. Inclinándome hacia delante para que la sombra de mi escote lo distrajera. “Tengo cicatrices, corazón, que hacen a la tuya verse como un corte que te hiciste al rasurarte. Estoy más interesada en tu abrigo. ¿Dónde lo conseguiste?” Una mentira; está bien. Me hallaba chequeándolo, pero, hey, siendo la hija de Satanás, era de esperar. Y sobre mis cicatrices, prefiero no pensar en ellas en este momento. No hay necesidad de decir, que las cosas que me las hicieron ya no son felices campistas. Creo que tomé al de los ojos verdes por sorpresa; pude ver que asombré a sus amigos. Comenzaron a reírse. Me transformé en una desdeñosa, fría princesa, cuando los miré, una que imitó al de la voz ronca; y bajo nuestra doble mirada, los dos se callaron bastante rápido.

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Lo que hizo que perdieran puntos de mi estima. Los verdaderos hombres no se acobardan con una mirada sucia. “Creo que mejor conseguimos una mesa,” murmuró el rubio. Tomando su cerveza, él y su amigo, el del discurso florido, se escabulleron por la sala a la mesa contra la pared del fondo. En realidad, todas mis mesas abrazaban la pared; es divertido lo paranoico pueden llegar a ser los sobrenaturales. Lo hacía parecer una extraña instalación,

pero

una

fantástica

pista

de

baile.

A

los

elfos,

especialmente, les gustaba todo el espacio para bailar cuando se tomaban unos néctares de más. Voz ronca observó a sus amigos marcharse, luego se giró para enfrentarme. “¿Quién eres?” preguntó. “La barman.” Los comentarios listillos son mi especialidad. “En serio ¿quién eres?” inquirió de nuevo, mirándome intensamente con sus ojos verdes, cuya luminosidad y claridad me recordaron al suave césped de primavera. Contrastaba bien con su apariencia oscura y peligrosa. “¿Quién eres?” Se lo devolví. “Soy Auric.” Auric, ese es un nombre que no se escucha todos los días. Me gusta, pensé. Se sentía masculino.

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“Soy Muriel. La barman,” le dí mi nombre del medio y salté el primero y mi apellido por razones obvias. “No,” dijo despacio y pensativo. “Eres mucho más que eso.” Perceptivo por su parte. “¿No lo somos todos?” dije, señalando a mi usual mezcla de elfos, dríadas, gnomos y otros seres que pertenecen a los cuentos de hadas. Oh, y había incluso un demonio en el fondo. Lo habían botado del infierno por ser muy delicado con el sufrimiento y se encontraba actualmente ahogando sus penas en una copa de Martini. Debilucho. “Tal vez debería preguntar quién eres tú. Tienes un extraño sabor,” dije. Su propia marca de singularidad irradiaba de él, no del todo bueno, aunque tampoco malvado. Nada que hubiera probado antes, de hecho. Hacía que mi poder crepitara dentro de mi cuerpo. Mis pezones se endurecieron y me lamí los labios, un movimiento sensual que captó su atención; y, por un momento, vi sus ojos relampaguear. Parecía que Auric no era inmune a mis encantos. “¿Puedes sentir mi poder?” preguntó, su frente arrugándose. Me límite a sonreír y me encogí de hombros. “Puedo

hacer un

montón de cosas, como todo el mundo por aquí. Por lo que sentí de tus amigos, ellos también son especiales.” El rubio poseía un olor bestial, señalándolo como un cambiaformas, mientras que el de los ojos azules tenía el aura de un mago. Un trío interesante, de seguro. “Son especiales, es cierto.” murmuró Auric.

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“Ustedes chicos deben ser nuevos. No creo haberlos vistos antes por aquí.” “Nos mudamos a la ciudad hace unos meses, pero estuvimos viajando por… negocios.” Él dudó antes de decir negocios, y me enderecé, presintiendo una historia. “Oh, ¿en qué clases de negocios estás metido?” “Esto y aquello,” replicó vagamente. “Escuchamos a un cliente hablar del bar. Dijo que la dueña es de una clase sobrenatural única. Nadie sabe exactamente quién o qué es ella.” “Ah, la jefa,” dije, escondiendo una sonrisa. “Sí, ella es algo, es cierto.” Preguntándome qué historias indignantes escuchó sobre mí. “¿Ella viene alguna vez?” preguntó. Comencé a sentirme inquieta acerca de la línea de interrogación. Él parecía terriblemente curioso sobre la dueña de Nexus, en otras palabras sobre mí. “No, rara vez viene. Deja que nosotros, los peones hagan el trabajo por ella.” “Que lastima; me habría gustado conocerla; escuché tanto sobre ella. Entonces, si ella no está en el bar, ¿cómo funciona el tema de la nomagia? Se siente como si todo el antro tiene algo así como un campo de amortiguación sobre sí mismo. No lo creí hasta que lo sentí. ¿Es como un hechizo?”

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¿Quería conocer la dueña? ¿Escuchó tantas cosas sobre ella? Este Auric comunicativo no parecía el mismo hombre que entró al bar, o con el que choqué antes. Ese hombre poseía actitud; ese hombre no se andaba por las ramas. Entonces, ¿por qué la aparentemente inocente charla? Un hombre como él, tendría que demandar las respuestas. Algo no estaba bien. Él debería estar preguntando sobre mí, la caliente barman con un asombroso estilo, no a quien pertenece el bar y cómo funcionaba. Incluso, si estuviera hablando sobre mí inadvertidamente; no me gustó. Fui víctima de muchos intentos de asesinatos para no sentir los vellos erizados en advertencia. Cambié por una táctica que me funcionó bien en el pasado. “Sí, la cosa de la no-magia es totalmente genial,” dije, adoptando mi rutina de „si fuera rubia sería tan tonta‟. “No tengo idea cómo funciona o cómo lo hace, pero es tan genial.” Mi respuesta burbujeante pareció sorprenderlo, y vi sus ojos entrecerrarse en consideración, por lo que me pregunté si debería haber sido más sutil. “Hay algo diferente en ti, Muriel,” reflexionó Auric. Casi estuve tentada de preguntarle qué, pero me hizo sentir incómoda, sin mencionar molesta, de que en vez de estar pidiéndome una cita, quería sonsacarme información. Era tiempo de terminar la conversación antes de que se me escapara y dijera algo que revelara qué y quién era. “Estoy segura que le dices eso a todas las chicas. Ahora, porque no te unes con tus amigos, y ven si se les ocurre otras líneas patéticas de conquista. Tengo trabajo que hacer.” Le dí la espalda, una tarea que terminó siendo más difícil de lo que debería haber sido. Mi cuerpo se sentía atraído hacia él, y tuve que

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batallar con la urgencia de llevarlo atrás y decirle que se desnudara, así podía encontrar las otras cicatrices. Él dejó la barra para reunirse con sus amigos sin otra palabra, y una estúpida y femenina parte de mí hizo una mueca de desilusión. Es decir, podía haber tratado un poco más ¿verdad? Auric

no

volvió

a

la

barra,

aunque

lo

capté

observándome

especulativamente más de una vez. No es que estuviera vigilándolo, nop, no yo, sólo sucedió que mantenía un ojo en el antro. Era pésima mintiendo, incluso a mí misma. Cuando fueron las tres de la madrugada, encendí el cartel para indicar que era la hora del cierre. Además de mi ebrio y caído en desgracia demonio, que ahora cantaba Elton John mientras se tambaleaba por la puerta, y mi trío de sementales, el bar estaba vacío. Vi a Auric enviando una rápida mirada en mi dirección mientras pasaba y se marchaba con sus amigos, pero pretendí no verlo, y continué con el cierre de la caja registradora. Silvia, mi empleada de la limpieza, ninfa de los bosques, dio las buenas noches y salió por la puerta trasera para tomar el atajo hacia el parque donde le gustaba hundirse en sus raíces. Terminé de colocar el dinero y los recibos dentro de la caja fuerte, me puse la chaqueta de lana de cordero blanca -el color menos favorito de mi papi– luego cerré y comencé la caminata a casa. Sólo una docena de cuadras, más o menos, y para una chica como yo, no era problema.

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La noche parecía inusualmente quieta. El aire se sentía inmóvil, ni siquiera un susurro de viento. Extraño, considerando las violentas ráfagas previas. El usual sonido que se escucha al dormir, cerca de las cuatro, parecía silenciado. Ningún coche a la vista, ningún perro aullando, ningún gato siseando. Era casi refrescante, de hecho. Poniendo las manos dentro de los bolsillos, caminé a casa, el pensamiento

ocasional del

negro

cabello

de

Auric

me

mantuvo

acompañada y cálida. En mi cuerpo y cabeza se arremolinaban un desastre de emociones, la principal sería confusión y excitación. Auric definitivamente encendió una hoguera en mi interior, pero también hizo sonar campanas de advertencia. Necesitaba saber más sobre él, pero ¿cómo? No había conseguido un apellido, y según él, llegó a la zona recientemente. Entonces, ¿en dónde conseguiría alguna noticia sobre él y sus amigos? Pensé en preguntarle a papi. Si Auric le pertenecía, entonces él sería capaz de darme la primicia; pero pedir ayuda, aparte de todas las ofertas que iban con ella, significaba dar algo a cambio. No quería que mi papá descubriera que alguien me interesaba. Deseaba formar mis propias opiniones con respecto a Auric como hombre, sin que mi papá coloreara mi visión sobre él o tratara de inclinar la balanza falsamente a favor de Auric. Lo que me hacía preguntar, ¿para qué equipo jugaba Auric? Al contrario de la creencia popular, lo bueno y lo malo no eran los únicos estados del ser, la expresión “muchas sombras de gris5” se

5

“Muchas sombras de gris”, es una expresión Norteamericana, que se refiere a que existen diferentes composiciones del bien y el mal, es decir, no existen estándares definidos, no hay límites o respuestas precisas sobre lo que es bueno y/o malo. (N. de la C.)

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aplicaban totalmente aquí. Mientras que Dios y Satanás eran los jugadores más grandes conocidos –y hermanos para colmo– también existían otras entidades poderosas. ¿Trabajaba Auric para uno de ellos? ¿Podía ser más paranoica? Continué reflexionando mientras caminaba a través de la noche muerta, perdida en mis pensamientos; pero incluso distraída, escuché el ruido sordo de algo golpeando la grava detrás de mí, y el olor punzante del azufre. Fui por la vaina de la daga, sólo para darme cuenta, que en el apuro por ir al trabajo, olvidé traerla. Mierda.

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Capítulo Dos Traducido por mari Corregido por Mari

Girando, y preparando mi cuerpo para el combate mano a mano, casi reí al ver a un perro del infierno en vez de algo realmente peligroso. Una de las menos excepcionales (también conocidas como estúpidas) creaciones de mi papá, que se había escapado de la fosa. La bestia me gruñó y movió la punta de su cola. ¿He olvidado mencionar que crecí con los perros del infierno? Hasta los doce años, ellos fueron mis guardianes a tiempo completo, y desarrollé un gran cariño por estas tontas criaturas. Por supuesto, el tenerles cariño no significaba que iba a dejarlo vagar por el mundo humano. Después de todo, estábamos hablando de perros del infierno. A punto de decir la palabra para enviarlo de vuelta al infierno donde pertenecía, chillé cuando unas manos fuertes me tomaron y me jalaron de lado hacia un callejón. “¿Qué diablos?” exclamé. ¿Quién había sido lo suficientemente estúpido como para agarrarme, y cómo es que no percibí su acercamiento? Nunca soy tan descuidada. “Puedes agradecérmelo después,” dijo una voz grave y familiar. “¿Darte las gracias de qué, ensuciar mi abrigo?” respondí, mirando la mancha de suciedad en mi manga, donde había rozado el contenedor de basura en el callejón desde donde me secuestró.

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“Bueno, perdóname,” arrastró las palabras con sarcasmo. “La próxima vez, dejaré que el perro del infierno te coma.” “Oh, por favor. No se atreverían.” me di cuenta de cuan extraño sonaba eso cuando ya era demasiado tarde; y a juzgar por la manera en que sus cejas de alzaron, él se dio cuenta. Me soltó los brazos y dio un paso hacia atrás, observándome como si fuera un extraño espécimen. Fui al ataque para distraerlo de mis palabras. “¿Por qué me estás siguiendo? ¿Qué eres, una especie de acosador?” “Vi a una bonita chica caminando sola, y decidí seguirla a una distancia segura para asegurarme de que llegara a salvo a su casa. Menos mal que lo hice.” Mi corazón se agitó. Me dijo bonita. Quería protegerme. Que lindo… pero muy innecesario. “Aprecio la intención, pero de verdad, puedo cuidarme sola.” “¿Incluso en contra de un perro del infierno?” dijo con escepticismo. “Pan comido,” me jacté. Eso no era, técnicamente, dar ninguna información. Un montón de individuos especiales podrían haberse cargo de un perro del infierno. “¿Quién y qué eres?” preguntó Auric. Sus preguntas se estaban haciendo repetitivas. Rodé mis ojos. “Ya te lo dije, mi nombre es Muriel.”

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Auric cruzó los brazos sobre su torso -¿ya mencioné que él tenía un torso muy amplio?- y me lanzó una mirada severa. Oh, por favor, una vez que Satán te lanzaba „la mirada‟, todas las demás palidecían en comparación. Así que sólo lo miré de regreso hasta que

suspiró

con

exasperación,

otro

sonido

con

el

que

estaba

familiarizada. “Bien, Muriel, si crees que los perros del infierno son tan fáciles de neutralizar, ¿entonces, por qué no te encargas de él?” dijo con una sonrisa engreída, una que me hacía debatir entre golpearlo (mis hermanos demonios me habían enseñado a luchar con los puños a una temprana edad) o

besarlo. Qué puedo

decir, él realmente

me

provocaba. No elegí ninguna de esas opciones. ¿Ya mencioné que no me gustan las opciones? Sin esperar para ver si me seguía, giré sobre mis talones –estas botas que encontré en una tienda de descuentos eran divinas- y me dirigí hacia la bestia-cachorro. Parecía ser que mis observaciones previas sobre sus compañeros eran correctas, mientras que una pantera dorada siseaba y atacaba al perro que gruñía para impedir que se acercara a mí, los sabuesos aún tenían un instinto de conservación en lo que a mí respectaba, mientras que „ojos azules‟ sostenía un objeto y lanzaba un cántico. Yo quería sacudir mi cabeza. ¿Por qué los magos siempre iban por los largos e interminables hechizos? ¿Acaso no habían aprendido que los hechizos largos significaban una probabilidad más alta de muerte? Lo que,

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pensándolo bien, era algo bueno. Una manera de controlar la población: la supervivencia del más fuerte. Pero me estoy saliendo del tema. Los dos amigos de Auric no lucían tan golpeados, y por suerte no habían maltratado mucho al perro del infierno. Mis cachorritos eran tan incomprendidos. Con un suspiro para los hombres que querían ser héroes, pero que carecían de las herramientas apropiadas, le tendí mi mano al perro y dije la palabra „ven‟ en arameo antiguo. Sólo uno de los muchos idiomas que conocía. Por supuesto, el que me estaba muriendo por probar era el francés, pero eso tendría que esperar para otro día. El sabueso, con los ojos brillantes del infierno, se escabulló hacia mí sobre su vientre, casi solté un bufido ante la expresión de Auric. No había nada más castrador para un hombre grande y fuerte como solucionar un problema de una forma no-violenta frente a él. Cuando la nariz de carbón caliente tocó mis dedos extendidos, dije la palabra en arameo para enviar a la bestia devuelta a casa a salvo. “Bravo,” dijo Auric, aplaudiendo a mi lado. Lo observé, buscando el sarcasmo, pero simplemente me sonrió de manera benévola; aunque no confiaba por completo en el brillo de sus ojos. “¿Cómo desterraste a la bestia con una palabra tan simple?” preguntó Lotario, interrumpiendo nuestra guerra de miradas. “¿Eres una bruja poderosa?” “¿Yo? Nop. Sólo soy… mm… especial.” Eso era un eufemismo. El otro amigo de Auric, quien se había transformado en una hermosa pantera dorada, se convirtió en humano de nuevo y, sacudiendo el

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cabello fuera de sus ojos, dijo, “Eso fue genial.” Su voz profunda aún me hizo temblar, y observé su desnudo y bien musculoso cuerpo con interés. Auric debió notar que admiraba a su amigo, porque se paró frente a mí, llenando mis sentidos de él y prendiendo fuego en ciertas partes de mi cuerpo con la intensa mirada que me daba. Él abrió su boca para hablar, pero… “Muriel, yuuu-juuu, ahí estás.” Gemí mentalmente, oyendo la animada voz de mi media hermana. Buxom Bambi (no es broma), ese era su nombre, dentro y fuera del escenario. Ella llegó pavoneándose por la calle. Su falda caía lo suficiente como para cubrirle la entrepierna, llevaba tacones de aguja y un top con diamantes de imitación que me dieron ganas de gritar. Hasta ahí llegaron mis intenciones de atraer a Auric. Con mi rubia hermana súcubo dentro de la escena, sería afortunada si no llegaba a ser pisoteada cuando los chicos tropezaran entre ellos mismos intentando conocerla. Sin embargo, terminé siendo sorprendida otra vez porque, mientras que sus amigos, el peludo y el mago, reaccionaron como cualquier otro hombre de sangre caliente que conocía, Auric sólo echó un rápido vistazo a mi hermana antes de llevar su atención devuelta a mí. Tengo que decir, que el ignorar a Bambi le hizo ganar muchos puntos conmigo, porque fue el primer hombre que conocía que logró pasar la „prueba de la hermana‟. Miren, no era como si yo no hubiera tenido una relación antes. Sucedió unas cuantas veces, pero antes de hacer una decisión final para permitir el tango horizontal, puse a todos mis novios

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anteriores en una simple prueba. Les presentaba a una de mis hermanas. Todos ellos fracasaron a excepción de Auric, y ni siquiera había planeado ponerlo a prueba. Esto no significaba que iba a saltar sobre sus huesos, aún. Todavía no confiaba en él, sin mencionar que aún tenía que pasar más pruebas. Pero hasta ahora, tenía que admitir que estaba impresionada. Después de todo, Bambi era caliente, fogosa, y apenas le echó un vistazo. Desconfiada, le lancé algunos señuelos. “Esa es mi hermana, Bambi, en caso de que te lo estés preguntando.” “Eso está bien,” dijo, todavía mirándome, y dio un paso para acercarse. Su cuerpo se cernía lo suficientemente cerca del mío, tanto, que pude sentir el calor irradiando de él. ¿O era yo? De cualquier manera, estaba haciendo mucho calor aquí. “Es soltera.” Dije esperanzada. “¿Y tú?” replicó. Mi respiración empezó a salir un poco más rápido a medida que él avanzó un poco más cerca hacia mí e invadió mi espacio personal, lo suficientemente cerca que tuve que mirarlo. “Estoy soltera,” susurré, atrapada en sus ojos verdes. “Yo también,” dijo inclinándose. Cerré mis ojos y… de pronto me encontré a mí misma siendo jalada hacia un lado.

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“Vamos, Muriel. Tenemos que irnos. Di „adiós‟,” dijo Bambi, con su voz seductora que podría hacer mucho dinero en una línea de sexo telefónico. Quería clavar mis talones y protestar. Simplemente sabía que había estado a punto de besarme, y el hecho de que yo lo quería tanto también, me hizo hacer… nada. Apenas conocía al tipo; ¿por qué diablos iba a permitirle besarme? Así que él pasó una prueba. Gran cosa. Pensaré en muchas otras que lo harán fracasar. Y el mayor problema permanecía, ¿qué o quién era él? Aún no compraba del todo esa mierda de “estaba siguiéndote para protegerte”. Me presionó demasiado por información en el bar. Él estaba tras algo, y yo no era demasiado engreída como para pensar era sólo era mi dulce culo. No me extrañaría que hayan ideado una nueva táctica para obtener información, como seducir a la barman para que ella contara todos los secretos. Bueno, él tendría que intentarlo mucho mejor entonces. Mis hormonas gritaron, “¡Sí!” Aparentemente, no se oponían a que él lo intentara de nuevo. Con una sonrisa y un saludo, dejé que mi hermana me arrastrara por la calle. Luego de una cuadra, ella finalmente aminoró el paso y soltó el agarre de hierro que tenía de mi brazo. Me froté e hice una mueca. “Déjame adivinar. Papá.” “Adivinaste, chica. Ahí estaba yo, dándole un baile erótico a dos tipos y lista para succionar algo de fuerza vital para cenar, cuando el

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grandulón llamó y me dijo que trajera mi culo hasta tu bar y caminara a casa contigo.” “¿Te dijo el por qué?” Habría pensado que papá estaría emocionado de verme finalmente mostrar un interés en alguien. “No todos somos lo suficientemente valientes como para cuestionar sus órdenes,” replicó secamente. “Oh, por favor, papá ladra pero no muerde; en lo profundo, sabes que te ama,” dije con confianza. Bambi comenzó a ahogarse y toser. Golpeé su espalda. “Oh, por las tetas peludas de la bruja,” jadeó Bambi. “Eres especial, Muriel.” “Gracias,” contesté. Me gustaba pensar que era especial también. Al llegar a mi edificio, Bambi se detuvo antes de que yo ingresara. “Así que, ¿ese tipo a quien casi besaste? ¿Te gusta?” preguntó Bambi en una demostración de preocupación fraternal. “No lo sé. Acabo de conocerlo. Aunque está caliente.” Y me hizo querer arrancarle toda su ropa, cubrirlo en chocolate, y lamerlo por completo. Distraída, casi me pierdo lo que Bambi se encontraba diciendo.

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“Escucha, si te sirve de algo, estaba apuntando mis poderes hacia él, no hacia sus dos amigos,” dijo con una mirada significativa, antes de abrazarme y alejarse, con su trasero voluptuoso meneándose. Medité sobre sus palabras mientras subía por las escaleras hasta mi penthouse. Ja. Tenía cuatro pisos sin ascensor, pero era una excelente manera de hacer ejercicios, sin mencionar lo económico del alquiler. Así que Bambi lo azuzó con todos sus poderes, ¿y Auric se había resistido? Parecía ser que mi Auric (mmm, ya me sentía posesiva con respecto a él) había pasado la prueba con más colores de los que me imaginaba. Por supuesto, lo más probable era que nunca más lo viera de nuevo; después de todo, esta era la primera vez que lo veía a él y a sus amigos en el bar. A menos que tuviera razón acerca de que Auric tramaba algo; en

cuyo

caso

probablemente

estaría

de

regreso

tratando

de

sonsacarme, o a mi personal, más información. Él podría volver por mí, dijo mi esperanzada voz interior, una voz que acallé. Pero mientras me preparaba para ir a la cama y lavaba mi rostro, no pude evitar estremecerme ante la esperanza de que podría regresar nuevamente al día siguiente y que me besara tal cual como lo había intentado hacer antes. ¿Cómo se habría sentido? Sus labios acariciando los míos, sus manos grandes acercándome hacia él… Temblé ante el pensamiento, un estremecimiento que rápidamente se convirtió en deseo sexual. La excitación se había aferrado con sus

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garras y se rehusaba a dejarme ir desde que puse los ojos sobre él. Afortunadamente, nunca dije que era una chica buena. Me quité las bragas antes de acostarme sobre la cama. Luego incliné mis rodillas y las separé. Lamiendo un dedo, encontré mi clítoris. Podría ser una virgen de veintitrés años, pero aprendí a cuidar de mis urgencias sexuales hace mucho tiempo. Mi dedo resbaladizo trabajó mi clítoris desde atrás hacia delante, mientras mis ojos se cerraban y fantaseaba con el rostro de Auric. Esos labios duros, su fuerte mandíbula. Mis pezones de fruncieron cuando lo imaginé chupándolos, esos malvados ojos verdes mirándome mientras mordisqueaba mis erguidas protuberancias. El vívido retrato me hizo temblar, y la humedad se filtró por entre mis piernas. Me preguntaba qué tipo de amante sería. ¿Rudo o gentil? ¿Tomaría la iniciativa y me diría qué hacer para complacerlo, o su orientación estaría centrada en mí y en darme placer? ¿Lamería mi dulce néctar? Su rostro enterrado entre mis muslos. Podía sentir la tensión enroscándose en mi vientre, y mi respiración se volvió errática con mis fantasías. Deslicé mi segunda mano por entre mis piernas, mis dedos separaron mis labios con impaciencia para resbalarse en mi interior, no muy dentro. Quería dejar mi barrera intacta, pero lo suficientemente lejos para poder apretar mis dedos mientras mi otro dedo frotaba mi hinchada protuberancia más rápido. Girando las caderas, me mordí el labio mientras imaginaba a Auric sobre

mí,

cubriéndome

con

su

cuerpo,

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reclamándome.

Su

eje


penetrando y llenándome. Con un jadeo, me corrí, pequeñas ondas de placer me atravesaban. Pero por primera vez desde que aprendí a aliviar mi tensión sexual, no fue suficiente. Me retorcí, aún excitada. La imagen fantasma de Auric todavía me llamaba. Mi coño estaba hambriento por algo más que un pequeño cosquilleo que podría entregarme. ¿Finalmente estaba lista para olvidar mi juramento de „nada de sexo hasta encontrar el amor‟? ¿Mi cuerpo ya había tenido suficiente? No, maldita sea. Me rehusaba a dejar que mis hormonas ganaran. Me acaricié a mí misma de nuevo y me corrí rápidamente con la visión de Auric besándome. Auric follándome. Auric amándome y llevándome hasta el orgasmo, una y otra vez. Y aún me sentía insatisfecha. Joder. Mientras me dirigía hacia un sueño agotador, todavía no había decidido qué hacer acerca de Auric y el efecto que tenía sobre mi cuerpo. Definitivamente tenía que verlo nuevamente. Quizás si lo veía otra vez y me daba cuenta de que era sólo un hombre –una criatura mortal imperfecta- mi cuerpo perdería el obsesivo deseo de ser reclamado por él. O tal vez, dijo mi mente, finalmente encontraste al indicado.

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Capítulo Tres Traducción de Lorena Verdaguer Corregido por Mari

Al día siguiente amaneció muy temprano. Los brillantes rayos del sol inundaron mi habitación, y me hicieron parpadear al despertarme. Lo más inteligente habría sido poner algunas persianas que cubriesen las ventanas, pero después de haber vivido en el infierno, donde reinaban las noches, me moría por la luminosidad de la luz del sol. La confusión nublaba mi mente, con todo, mi cuerpo vibraba rebosante de energía, lo que parecía completamente contradictorio. Me había pasado la noche soñando vívidamente con Auric como personaje principal. En mis sueños, ambos habíamos sido humanos normales y corrientes. Sin nada sobrenatural o especial. Salimos en diferentes citas. Hablamos. Hicimos el amor en la cama, en el parque, sobre la lavadora… Había sido perfecto. Pero ahora, a la luz del día, parecía increíblemente irreal. Estaba loca por aquel extraño, y tan sólo lo conocía de un día. ¿Me había lanzado un hechizo? No, imposible, la magia no me afectaba; ¿Pero por qué no podía quitármelo de la cabeza? ¿Y por qué me sentía todavía tan caliente? Tenía el coño irritado por la cantidad de veces que me lo había acariciado la pasada noche, intentando aliviar la atracción de la que no podía librarme. No me sentía controlada, y aquello me excitaba y asustaba, ambas cosas a la vez.

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¿Podría estar enamorándome? Nunca me había sentido tan confusa –y excitada– en mi vida. Y no me gustaba ni una pizca. Decidiendo que el ejercicio quizá podría tener éxito allí donde la masturbación no había podido, me vestí con un chándal rosa con rallas negras, cogí el iPod, y salí a correr. Conforme mis pies golpearon el suelo siguiendo un ritmo, me dejé caer en el trance en el que me sumergía el ejercicio. Había descubierto aquella evasión mental años atrás, cuando comencé a correr para mantenerme en forma, como hija de Satán, nunca me había atrevido a mostrar debilidad alguna; y aquella habilidad para dejar atrás determinadas situaciones había sido, en más de una ocasión, de gran ayuda. Invisible para los ojos humanos, corrí por el parque, con las canciones de los años ochenta que tanto me gustaban sonando en mis oídos. Por el rabillo del ojo, vislumbré algo borroso moviéndose en mi dirección, otro corredor haciendo footing, y moviéndose mucho más deprisa que yo, y estaba a punto de alcanzarme. Me eché al borde del camino, razón por la cual aquella flecha viviente no había chocado contra mí. Giré de golpe para encontrarme con un completo extraño, de ojos brillantes y amarillentos, como un gato, girando de nuevo en mi dirección para volver al ataque. Amateur. Con la gracia que me habían dado el ballet y el tae kwon do, mi pie se levantó, retrocedió, y lanzó una patada a la mano que sostenía la navaja. El atacante siseó de dolor y agachó su posición, con los puños por delante. Me agaché también y esquivé sus puñetazos con facilidad, para después lanzarle un nuevo

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ataque, que crujió dolorosamente en el puente de su nariz. Se tambaleó hacia atrás dolorido, goteando sangre, y, en aquel momento, esperé que huyese de mí y buscase una presa más fácil. Pero no tuve semejante suerte, en lugar de salir corriendo, su cuerpo se onduló, y comenzó a cambiar en algo que parecía poseer un buen montón de dientes. No quería ver en qué extraña criatura se convertía, así que salí corriendo. Mi plan: llegar a algún sitio lleno de gente, y perderme. Todos los seres sobrenaturales intentábamos pasar desapercibidos, para evitar que el gobierno comenzase a perseguirnos. O peor todavía, que nos diseccionasen para experimentos, como pasaba en las películas. ¿El único problema de mi plan? Había ido en dirección a la parte del parque que más lejos estaba de la civilización. Me maldije por ser estúpida y andar distraída. Sabía que no debía salir sin armas, pero me había vuelto demasiado confiada con mi nueva vida. Una vida que no incluía ataques diarios. Una vida donde una persona podía olvidarse de su título de Princesa del Infierno, y fingir ser normal. Debería haber sabido que no iba a durar; sólo esperaba que aquella confianza no fuese ahora mi tumba. Con las piernas moviéndose al ritmo de, “She‟s a Maniac”, atravesé los bosques, mi forma de correr es más rápida que la de un humano normal, pero no lo suficientemente rápida para escapar de un cambiaformas. Podía sentir la energía de la bestia mientras me iba ganando terreno, una fuerza hambrienta que me seguía, que se acercaba cada vez más y más. Decidida a no morir como una cobarde,

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con las garras de la bestia clavadas en la espalda, frené en seco, y me volví para encarar a la criatura que intentaba darme caza. Un enorme gato salvaje apareció entre la floresta, enseñando unos enormes caninos y con los ojos brillando amenazadores. Y en ese momento, desee haber traído mi navaja conmigo, porque aquel gigantesco gatito habría podido ser un maravilloso abrigo de piel. Jamás me había enfrentado a una bestia desarmada, así que, con rapidez, ideé un plan de ataque. Y esperaba que no me comiese. Oh, y que mantuviese alejadas sus zarpas de mi rostro; aparte de eso, me preparé para, con un poco de suerte, sobrevivir a mi primer combate mano a garra, con un gato gigante. La bestia color tierra se agachó para tomar impulso, y se abalanzó sobre mí, con el hocico contraído en un gruñido que mostraba sus enormes dientes, cuando de pronto, un gran cuerpo dorado salió disparado de entre los árboles y se estrelló contra el gato salvaje. Con un rugido de rabia, las dos grandes bestias rodaron por el suelo del bosque, internándose de nuevo entre los árboles, gruñendo y tratando de morderse. Bueno, aquello no me lo había esperado. “¿Soy yo, o los problemas parecen seguirte?” Preguntó el hombre con el que había estado soñando toda la noche. Sin creer en la suerte que tenía, me volví. Allí estaba Auric, con pantalones de chándal y una camiseta por la que sobresalían sus híperdesarrollados bíceps. Un poco sudoroso, con aquella cara de estúpido arrogante, continuaba encontrándolo increíblemente atractivo. No sabía si debería prepararme para pelear contra él, o si debería tirarlo al suelo

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y acosarlo. A lo mejor la suerte me sonreía, y había venido para acosarme a mí. “¿Siguiéndome de nuevo?” Pregunté, ignorando el instinto. “No, buena suerte, o mala suerte, dependiendo de qué lado se mire.” “¿Puedo entender que es tu amigo de ayer?” Pregunté, haciendo un gesto hacia los árboles, dónde de pronto reinaba el silencio. “Séh.” “¿No vas a ir a mirar si está bien?” Pregunté al ver que no iba a decir nada más. “Nop.” A veces, Auric llevaba demasiado lejos su pose de tipo fuerte y silencioso. “Vale, pues, ya que veo que no estás preocupado, me voy. Adiós.” Comencé a caminar para marcharme. Pero una no se puede deshacer de Auric tan rápido, y me alcanzó enseguida. “¿Por qué te estaba atacando ese cambiaformas?” “A lo mejor olía bien,” dije. A decir verdad, no tenía ni idea de porqué me había atacado. Había supuesto que se trataba de un ataque de violencia al azar. A lo mejor dio la casualidad de que estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada. Aunque, teniendo en cuenta las habilidades

especiales

que

había

demostrado

mi

atacante,

todo

apuntaba a un ataque intencionado. Sólo otro de los muchos intentos, de matar a la hija de Lucifer. Ahora que el peligro había pasado, me

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sentía ligeramente estafada. Me pregunté quién había ganado la pelea. ¿El hombre-gato o yo? “Parecen gustarte las respuestas oblicuas,” dijo él. “Y tú preguntas demasiado,” repliqué. “¿Cómo demonios voy a saber lo que quería el cambiaformas? Ni que nos hubiésemos parado a charlar. Estaba un poco ocupada luchando por salvar mi vida.” “¿Luchando por salvar tu vida?” Rió Auric. “¿Sabes qué? Apostaría lo que fuera que aunque no hubiésemos aparecido, te habrías deshecho de él sin ningún problema.” Aquello me hacía sentir bien. Lo que, por supuesto, me hizo desconfiar. Aquello venía del mismo hombre que la noche anterior había afirmado que necesitaba que me protegieran. “¿A qué estás jugando?” Pregunté, deteniéndome de nuevo y volviéndome hacia él. “Ayer por la noche te presentaste en el bar interrogándome con un sinfín de preguntas extrañas sobre el bar y su dueño. Me seguiste hasta casa, y entonces, dio la casualidad de que estabas a mano cuando un estúpido cambiaformas que no había visto nunca me atacó sin venir a cuento. ¿Y crees que estoy siendo oblicua? No sé a qué estás jugando, pero no cuentes conmigo.” “No juego. Fui al bar porque me lo recomendaron. Perdona si mis preguntas te hicieron sentir incómoda; tenía curiosidad e intentaba entablar una conversación. En cuanto a lo de anoche, sí, te seguí intencionadamente para protegerte. Soy así. Pero lo de hoy no ha tenido nada que ver conmigo. Estaba paseando por aquí de pura casualidad.”

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“Sí claro,” dije, sin creerme ni una sola palabra que salía de su boca, mientras comenzaba a caminar de nuevo. No necesitaba ningún detector de mentiras para saber que me escondía algo. No importaba lo mucho que mi cuerpo ansiase conocerlo mejor, tenía la intención de hacer caso a mi cabeza, que no dejaba de avisarme del peligro. Lo vi girar la cabeza hacia el camino y escuchar; se oía el leve sonido de los dos pies de alguien acercándose camino arriba. Auric habló con rapidez. “Escucha, quiero aclarar esto. ¿Por qué no cenas conmigo?” “Tengo que trabajar.” “Vale, entonces, ¿un café antes de que sea tu turno? ¿Qué te parece de aquí a una hora?” Negué con la cabeza. No tenía tiempo, no si pretendía abastecer el bar antes de ponerme a trabajar. Pero mi cuerpo no iba a dejarlo escapar tan fácilmente. “¿Por qué no vas al bar esta noche? Puedes acompañarme a casa, esta vez de verdad, y protegerme del hombremoco.” Casi me muerdo la lengua por la sorpresa. No planeaba decir todo aquello. Aunque a Auric parecía haberle gustado. Por primera vez desde que lo conocí, sonrió; y el efecto que ello tuvo en mi equilibrio me dejó traspuesta. Un calor hormigueante me recorrió de los pies a la cabeza, y aquel hormigueo se hizo especialmente intenso justo en medio. “Suena bien. Te veré esta noche.”

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Mientras andábamos, llegamos al límite de los árboles. A lo lejos, pude ver gente y comerciantes, en otras palabras, seguridad. Me volví para despedirme, pero Auric había desaparecido, corriendo de nuevo por el camino que había llevado antes, seguramente para reencontrarse con su amigo. Un amigo que se había vuelto peludo en público para salvarme. Si no estuviese ya completamente hipnotizada por Auric, bien podría verme tentada de conocer mejor a su amigo. Pero deseaba al alto y misterioso desconocido, y todavía mejor, él parecía desearme a mí también. Teníamos algo parecido a una cita esta noche. Oh, no, ¿qué iba a ponerme?

Nerviosa, me vestí para el trabajo, probándome conjunto tras conjunto, haciendo gala de un berrinche muy femenino, la crisis de la ropa. Demasiado sexy, no lo suficientemente sexy. Quería que Auric me encontrase atractiva, pero al mismo tiempo, no quería vestirme con nada demasiado provocador, o pensará que me gusta. Lo que no era mentira, pero no quería presentarme ante él pareciendo demasiado vulgar o desesperada. Frustrada con mi vaivén emocional, me decidí,

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por fin, por unos pantalones negros que se acampanaban en los tobillos, conjuntada con una blusa dorada de lamé dorado brillante y que, con la parte izquierda desabrochada mostraba lo justo del escote. Me recogí la larga cabellera y la pasé a ambos lados de la cabeza, sujetando el cabello con un enorme pasador. Tenía la gran ventaja de que podía disfrutar de no tener el pelo en la cara, y, a la vez, dejarlo suelto en toda su longitud a mi espalda. Una capa de elegante maquillaje, un par de toques de perfume en ambas muñecas y tras mis oídos, y voila, ya estaba lista para el trabajo/cita. Si el personal me pilló aquella noche mirando a la puerta como un halcón, muy sabiamente, no dieron muestras de haberlo notado. Era como volver a ser adolescente de nuevo, esperando casi sin aliento, con las manos húmedas y un remolino de mariposas en el estómago. El tiempo pasó y yo esperé. Y esperé un poco más. Y… No apareció. Me insulté de todas las maneras posibles mientras cerraba el bar. Al parecer, él no era víctima de la misma conexión que yo notaba entre nosotros. Me sentía como una patética idiota. Al girar la llave en la cerradura, cerrando el bar por aquella noche, vi cómo una sombra se dejaba caer del edificio, y mi corazón se aceleró como un memo. “Auric,” susurré, la alegría se expandía en mi interior. Había venido después de todo.

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“Perdona, me ha salido algo, si no, habría estado aquí mucho antes. Pero me he asegurado de poder estar aquí para cuando cerrases. No quería que las calles sufriesen si se te ocurría irte a casa sola.” Con una mirada a su rostro, vi cómo sus labios temblaban. Humor, una nueva faceta de mi caballero en armadura de cuero; una que me gustaba, dada mi actitud ante la vida a menudo sarcástica. Llevaba el mismo abrigo de cuero de la pasada noche, y, de nuevo, lo admiré con envidia. Incapaz de resistirme, alargué una mano y acaricié la suave superficie, sintiendo la emoción que me provocaba tener la mano tan cerca de su cuerpo desnudo. “Es tan suave,” murmuré. “No por mucho tiempo si sigues tocándolo,” dijo con lentitud, arrastrando las palabras. Tardé un segundo, pero cuando capté su inesperada insinuación sexual, reí. “Que malo ha sido.” “Sólo si tienes la mente sucia,” contestó con la cara seria. Por un segundo me pregunté si mi deseo medio enfermizo había atribuido algún significado sexual a sus inocentes palabras, pero el brillo de sus ojos lo traicionó y le di un puñetazo en el brazo. “Ow,” gritó. “Te lo mereces, por burlarte de mí,” dije sonriendo. “Es que me lo has puesto a huevo.” “Pensaba que te habías olvidado de mí.” Tan pronto como aquellas

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palabras salieron de mis labios, quise darme una buena tunda por sonar tan vulnerable. Y patética. “Eres imposible de olvidar, Muriel,” dijo con una sonrisa. “¿Vamos? La noche nos espera.” Me hizo una cortés reverencia, empañada sólo por la sonrisa perversa que me dedicó; una que disparó un rayo de lujuria por todo mi cuerpo. Comenzamos a caminar, y, para mi sorpresa y placer, agarró mi mano suelta y la sostuvo. Observé su fuerte mano sosteniendo la mía, tan pequeñita. Su piel morena contrastaba con la mía, y su fuerza se manifestaba en su forma de agarrarme. Era extraño, cómo un simple roce podía hacerme sentir tan caliente, como si mi cuerpo se viese atacado por la fiebre; una fiebre que comenzaba en la ingle. “Probablemente debería darte mi dirección,” dije. “Sesenta y seis, Devil‟s Lane, apartamento seis.” “¿De

dónde

has

sacado

mi

dirección?”

Pregunté,

un

poco

sorprendida. Me había asegurado de no constar en ninguna lista, para poder mantener mi privacidad. “Te seguí a ti y a tu hermana hasta casa la otra noche, para asegurarme que llegaban sanas y salvas. Pero, ¿En serio Muriel, Devil‟s Lane6?” Sus ojos brillaron divertidos observándome. Tuve la decencia de sonrojarme. “Sé que suena muy típico, pero, ¿podrías creerte que conseguí la casa con un enorme descuento porque 6

Devil’s Lane, en inglés, quiere decir Carril del Diablo. (N. De la C.)

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la gente se negaba a quedársela, diciendo que la dirección daba mala suerte?” “Oh, me lo creo,” murmuró. “¿Debo suponer que has tenido una noche tranquila en el trabajo?” “Bueno, ha venido un aquelarre entero de brujas borrachas, y han cantado “I Will Survive”, pero fue doloroso para todo el mundo, no sólo para mí.” Auric soltó una risita. “¿Y bien, Muriel la camarera, aún crees que te estoy acosando?” “Eso espero,” dije. Ante su sorprendida expresión, reí suavemente. “¿No quieren todas las chicas que un hombre se obsesione con ellas? ¿Que siga todos y cada uno de sus movimientos y la bañe con sus atenciones?” “Que curioso. Yo te había tomado por el tipo de chica que persigue aquello que quiere.” “No me conoces lo suficiente para saber si soy algún tipo de chica u otro.” “Todavía no, pero me gustaría,” dijo casi en un susurro. Su pulgar acarició el dorso de mi mano, lo que envió pequeños temblores a través de mi cuerpo. Era consciente de su presencia. Mi corazón se agitó al escuchar sus palabras, y, como la princesa de un cuento de hadas, sentí cómo su hechizo me envolvía poco a poco.

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Tuve que recordarme que era la princesa del infierno, y que aquellos ambiguos finales felices eran para los libros, no para chicas como yo. Tenía que mantenerme alerta. Continuaba habiendo algo que no cuadraba. Este hombre tan tranquilo, tan encantador, y tan hablador, no se parecía en nada al hombre duro y brusco por el que lo había tomado cuando nos conocimos. “¿Por qué parecías tan borde la otra noche en el bar o en el parque? Y ahora eres más…” Tomé una pausa, buscando la palabra correcta. “Educado. ¿Tienes personalidad múltiple o algo así?” Auric se echó a reír. “La otra noche, cuando fui a tu bar, me acababan de dar una noticia bastante desagradable. Mis colegas pensaron que me calmaría un poco si salía a tomar unas copas. Siento mucho haberme comportado como un borde. A veces me cuesta mucho conectar con gente que no conozco. La verdad es que mis amigos se quedaron a cuadros cuando vieron la rapidez con la que me provocaste. Normalmente tardo mucho más.” No supe qué decir ante aquel cumplido oculto. Y tampoco supe si debía fiarme de él. Las palabras se dicen muy rápido, y también se borran con la misma facilidad. Llegamos a mi edificio, y me di cuenta de las pocas ganas que tenía de verlo marcharse. Sabía que invitarlo arriba sería una irresponsabilidad, pero… Alcé la mirada y lo observé. Su rostro repleto de cicatrices quedaba oculto en las sombras, pero sus ojos verdes brillaban con intensidad. ¿Qué tenía aquel oscuro y misterioso hombre, que me atraía como un imán? Ningún peligro nos había juntado esta vez. Ya no estaba tan

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inquieta, y, tenía que admitir que disfrutaba de su compañía. No podía negar que lo encontraba atractivo, y precisamente ese mismo atractivo sexual era lo que me asustaba. Continué allí plantada, indecisa, sabiendo que tenía que irse, pero deseando que se quedara. Auric me soltó la mano, para, segundos después, rodearme la cintura con ambas manos, acercándome a él. Alcé la mirada, con el corazón latiéndome alocadamente, y pude ver el destello de sus ojos mientras su rostro se acercaba al mío. Cerré los ojos y alcé un poco más la cabeza. La calidez de su aliento me hizo cosquillas. Sus labios me esperaban tan tentadoramente cerca. Entonces vino un susurro de caricia. Un roce tan delicado, y que a su vez, asestó un poderoso golpe a mi lujuria, haciéndome jadear. Sus labios volvieron a rozarse contra los míos, y me acercó todavía más a su cuerpo, marcándome con su calor. Mis brazos envolvieron su cintura en un suave desliz, y me estremecí al sentir su duro cuerpo contra el mío. Sus labios se apretaron con más fuerza contra los míos, y percibí el borde húmedo de su lengua jugueteando conmigo. Entreabrí los labios ligeramente… “¡Auric!” Alguien gritó su nombre, y quise chillarle que se largara. Creo que Auric se pudo haber sentido igual, porque lo escuché suspirar. Abrí los ojos y lo vi observándome con tristeza. “Dile que se vaya,” susurré. “No habría venido a buscarme si no fuera importante,” dijo Auric. “Vale,” dije molesta. Ni siquiera me molesté en despedirme,

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simplemente me fui; una salida que se vio truncada cuando erré al meter la llave en la cerradura. La fuerte mano de Auric envolvió la mía, sujetándola. Abrí la puerta, negándome todavía a mirarlo, pero él me bloqueó la entrada interponiendo su brazo en la puerta. “Te veré mañana,” susurró, antes de darme un violento beso en la boca. Quise decirle “No, no me verás,” pero se dio la vuelta demasiado rápido para ir a encontrarse con su amigo, que lo esperaba calle arriba. Me froté los temblorosos labios. Gilipollas. Todavía no podía creerme que me hubiera dejado tirada para irse con su amiguito. Menudo golpe bajo a mi ego femenino. ¡Pero me había besado! Subí las escaleras hasta mi apartamento más confundida que nunca. Esta noche, al contrario que nuestros otros encuentros, había estado bien. Sin preguntas incómodas, sin violencia. Únicamente más confusión sobre cuáles eran mis sentimientos hacia él. Atracción, disgusto, lujuria… Muchísima lujuria. La piel de mi mano todavía temblaba, víctima de su agarre, un gesto cortés y algo pasado de moda que todavía me sorprendía. No parecía el tipo de hombre dado a pasear cogidos de la mano. O el tipo de hombre que bromeaba. Y también me había equivocado con sus besos. No eran simplemente buenos, eran fabulosos. Si creía que la otra noche me había excitado, esta noche mi cuerpo ardía de deseo. Eché el cerrojo en la puerta de mi piso y me desvestí, tumbándome desnuda entre las sábanas de mi cama. El roce del material contra mi

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sensitiva piel me hizo estremecer. En cierto modo, era una suerte que no lo hubiese invitado a subir. Mis hormonas se descontrolaban completamente cuando él andaba cerca. Seguramente habría acabado haciendo algo tonto –y placentero– pensé, mientras apretaba con fuerza uno de mis pezones, y bajaba la otra mano por mi vientre, adentrándola entre mis muslos. ¿Pensaría en mí cuando volviese a su casa? ¿Pensaría en mí mientras deslizaba sus manos por su cuerpo, hasta agarrar su enorme y dura polla y frotarla? Se me aceleró la respiración, y mi dedo aumentó su velocidad de fricción. ¿Se le hincharían los testículos conforme aumentasen sus caricias en torno a su pene? Gemí, mientras el deseo me humedecía cada vez más. Dejé que mi fantasía continuase, preguntándome si Auric se masturbaría pensando en mí, cabalgándolo, con mis pechos botando frente a su cara. Lamiéndolo, siguiendo un sendero por su pecho con mi lengua. Chupándolo, con su polla llenándome la boca. Con un grito, me corrí, y mis jugos empaparon la sábana que había bajo mi cuerpo, la intensidad del orgasmo me sorprendió. No me gustaba el poder que tenía Auric sobre mi cuerpo, incluso sin estar presente, pero me veía incapaz de detenerlo; porque, con sólo pensar en su nombre, podía sentir el placer arremolinándose de nuevo. Y por más que me acariciase, no conseguía que se me pasara. Quise llorar de frustración.

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Sólo había una posible solución para mi dilema sexual. Pero, maldita sea, lucharía antes de romper la promesa que me había hecho a mí misma.

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Capítulo Cuatro Traducción de Cate Corregido por Mari

“Te prohíbo verlo,” llegó la bramante voz de mi padre. “¿Ver a quién?” Pregunté, a través de la boca llena de espuma, mientras sacaba mi cabeza por el baño ya que estaba cepillándome los dientes. “Ya sabes de quién estoy hablando. El hombre con el que estuviste anoche. Vas a mantenerte lejos de él.” “¿Estás hablando de Auric?” Mi padre gruñó como respuesta. “¿Desde cuándo te importa a quién veo? Aparte, ¿no eras tú quien el otro día me decía que debería echar un polvo?” “Sigo queriendo que te contamines, pero lo harás con cualquiera salvo con él y compañía.” “Espera, lo entiendo,” dije riéndome. “Esta es tu versión de psicología inversa, decirme que no salte hacia él, e inmediatamente lo haré.” “No te vuelvas insolente conmigo. Esto no es cosa de broma. Vas a mantenerte alejada de él o sino…” Papá puntuó esto con un poco del fuego del infierno en sus ojos, un movimiento que asustaba a la mayoría de los mortales, pero bueno, yo no era un mortal común y corriente.

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“¿O

sino

qué?”

Pregunté

descaradamente.

Realmente

tengo

problemas con la gente que me dice „no‟. “O te llevaré de vuelta al infierno conmigo y estarás castigada hasta que tengas cien años.” Mi boca cayó abierta “¡No te atreverías!” “Lo haría, y punto.” Nunca había visto a mi padre tan inflexible acerca de algo. Seguro, él me dio reglas y esperó que las rompiera, pero nunca me amenazó con castigarme por desafiarlo. Por lo general, aplaudía mi flagrante desafío. Pobre papá, no es como si pudiera castigarme apropiadamente. Podría no saber quien fue mi madre, pero ella había dejado una gran imposición mágica -también conocida como un hechizo o una maldición, dependiendo de su función- sobre mí, lo cual me protegió de una gran cantidad de mierda, incluyendo la mano disciplinaria de mi padre. Por supuesto, se las arregló para castigarme de otras maneras. Escondiendo mis libros cuando iba a llegar a la parte buena. Haciendo que empezara mi período cuando llevaba pantalones blancos a la escuela. ¿Pero daño físico? Nunca, mi padre nunca lo había intentado. Conmigo, tendía a ladrar, no a morder. Así que esta táctica de mano dura parecía fuera de lugar. Algo sobre Auric tenía sus cuernos en un nudo, y debía decirlo, me encontraba intrigada. Así que, por supuesto, mentí, lo que habría hecho feliz a papá de haberlo sabido, y le dije lo que quería oír, mientras que

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en secreto conspiraba para obtener información sobre Auric, y por supuesto, encontrarme con él de nuevo. “Bien, permaneceré alejada. Pero en defensa de Auric y de sus amigos, sólo trataron de ayudarme con el perro del infierno que vino a visitarme y del cambiaformas que me atacó en el parque.” “Mis perros nunca lastimarían a uno de los míos,” dijo ofendido mi padre. “Yo lo sé y tú lo sabes, pero ellos no. Pensaron que estaban siendo héroes.” Algo tierno si pensabas en eso. Los mortales tratando de salvar a la hija de Lucifer. “¿Y qué es eso acerca de un cambiaformas? Nadie me dijo nada de un cambiaformas atacándote.” “Creo que tus espías se están volviendo flojos papá. No te preocupes, lo tengo bajo control.” Mi padre gruñó, el vapor se enroscaba por sus orejas traicionando su ira. No tenía que ser psíquica para saber que algunos subordinados serían castigados por ello. Aparentemente, no era la única que se había vuelto complaciente consigo misma aquí en la tierra. “Necesito irme,” dijo mi padre abruptamente. “Hablo en serio, Muriel, mantente alejada de esos hombres, en especial de él.” Con esa última advertencia, mi satánico padre, con un movimiento de su dedo volvió al Hades para hacer rodar cabezas.

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Me dejé caer en el sofá y suspiré. Ahora papá lo había hecho. Auric, ya sexy y peligroso, se volvió más caliente porque mi padre lo odiaba. Oh vaya, sin duda Auric tenía ahora mi interés. Sólo había un problema. No tenía ni idea de si alguna vez volvería a verlo. No es como si hubiésemos intercambiado números de teléfono la noche anterior. Sin embargo él había dicho que me vería hoy, pero tuve que preguntarme si decía la verdad, viendo lo fácil que me había dejado a la mitad del beso. Todavía tenía el ego aplastado. Supongo que tendría que esperar a que apareciera de nuevo. Lo que me daba el problema numero dos. Tan pronto como apareciera Auric, los espías de papá correrían de regreso a la fosa a decírselo. Maldición. Estaría

haciendo

alarde

de

mi

desobediencia

si

coqueteaba

abiertamente, lo que normalmente significaría una palmadita en la espalda, pero su amenaza de castigarme en el infierno me dio qué pensar. ¿Cómo resolver este dilema? Tal vez podría darle a Auric la ley del hielo. Hacerme la difícil. Hacer que Auric crea que todavía sigo enojada por lo de la otra noche; y lo estaba. Entonces los espías de mi padre podrían reportar mi comportamiento obediente, y forzaría a Auric a hacer algo drástico. Algo romántico o incluso caballeresco. Me estremecí deliciosamente. Oh, sentir sus grande manos en mi cuerpo de nuevo. Esta vez, con la tensión sexual ininterrumpida. No me importaría tener la versión completa del beso también, que había sido rudamente truncado. Tenía la sensación de que la química entre nosotros sería explosiva.

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Con ese pensamiento en mente, me vestí para el trabajo de la noche. Un top corto, por encima del estomago, color carmesí, pantalones de yoga negros que colgaban bajo las caderas, por no mencionar que moldeaban mi culo y muslos obscenamente. Por si fuera poco, las botas de ante negro con la franja en la parte posterior. Viéndome en el espero, decidí descartar el sujetador. Me miré con aprobación cómo los nudos de mis pezones se endurecieron contra la tela y sobresalían tentadoramente. Ser virgen no significaba que no supiera vestirme como una puta, después de todo, cuando casi todos los súcubos en el mundo eran mis familiares, yo tendía a aprender una cosa o dos acerca de la moda. También pretendía asegurarme de que tenía toda la atención de Auric esta noche, no más abandono por sus hermanos. Libremente admito ser egoísta, quería que fuera todo sobre mí. Cepillé mi largo pelo castaño hasta que brilló y flotó sobre mí, he sido bendecida con un hermoso pelo. Una ligera capa de maquillaje, un toque de delineador de ojos, una pasada de rimel y un brillo de labios de aspecto mojado completó el look. Agarrando mi chaqueta de cuero esta vez, me fui a trabajar, esperando un encuentro con mi húmeda fantasía de nuevo.

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No podría haberlo programado mejor si lo hubiera planeado. Acababa de agacharme para recoger una servilleta cuando el entró. ¿Cómo lo supe? Llámenlo instinto, llámenlo hormonas. No me importaba, lo único que sabía era que mi culo, que había sido descrito como una perfecta forma de corazón por más de un borracho sobrenatural, se pegaba al aire cuando el llegó. Pude ver sus botas negras acercarse entre mis piernas y detenerse unos metros detrás de mí. No siendo alguien que desperdicie una ventaja, le di a mi culo una pequeña sacudida antes de enderezarlo, mi pelo balanceándose en un arco para establecerse en caos, un aspecto nada fácil de lograr. Me giré para ver que él lucía tan hermoso como lo recordaba, pero en lugar de decir „hola‟, yo sólo le di una fría sonrisa y lo rodeé para tomar mi lugar detrás de la barra. El idiota, por supuesto, actuó distante y siguió a sus amigos a una mesa en la parte trasera. Luego hizo señas a Trixie, la camarera de esta noche, para servirles. Este juego podían jugarlo dos. Lo ignoré duramente, negándome a mirar por encima de su mesa, pero mientras tanto, asegurándome de qué pose era la mejor para mí. Apoyándome a baja altura sobre la barra para limpiar. Lanzando el pelo siempre que me agachaba para coger

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algo. Demonios, incluso trepé los tres escalones de mi taburete y sacudí el culo mientras fregaba el espejo detrás de la barra, el cual no había sido limpiado desde mi última rabieta. Pero el canalla se quedó en su mesa, y las pocas veces que eché un vistazo, mientras me daba cuenta de que sus compañeros parecían estar mirándome con interés, Auric no parecía notarme en absoluto. Echando humo y asombrada, le entregué el bar a Perry, mi músculo del viernes por la noche, y caminé de manera afectada a mi oficina en la parte posterior para trabajar en las cuentas (también entendido como hacer pucheros). Cuando sonó un golpe, asumí que era Trixie con otro problema de novios. Dejé salir un “adelante”, mientras seguía masticando el cabo de mi lápiz. Las matemáticas y yo no nos llevábamos bien, como lo demuestran los números delante de mí que se negaban a tener sentido. El fuerte olor a colonia y a cuero impregnaron el lugar e invadieron mis sentidos. Sobresaltada, miré hacia arriba para ver a Auric sonriéndome enigmáticamente. Mi corazón latía aceleradamente. “Linda oficina,” dijo. “¿Qué quieres?” Contesté más bruscamente de lo previsto, aún estaba

ofendida

porque

me

hubiera

ignorado

anteriormente,

importaba que yo lo hubiera iniciado. “¿Cuándo puedes irte?” Inquirió, ignorando mi pregunta.

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no


“En cualquier momento, ya que hay un equipo completo esta noche. ¿Por qué?” Respondí sin pensar. Su muy masculina presencia en los confines de mi oficina parecía estar haciendo cosas raras a mi estado mental y a mi libido. Algo parecido a un estimulante sexual que tenía a las hormonas de mi cuerpo locas saltando arriba y abajo, gritando “tómame”. “Bien, vamos a ir a cenar ahora,” dijo como si no hubiera duda de cual sería mi respuesta. “¿Nosotros?” Pensé en cuestionar sus tácticas de cavernícola, pero para ser honesta, era endiabladamente excitante. Yo hombre, tu mujer. Que se condenen las feministas... en realidad, ellas ya lo estaban. Ahora quemaban sus sostenes en el infierno para el eterno dolor de cabeza de mi padre. Ni qué decir, que la curiosidad hizo decidirme a ver dónde iba Auric con esto. Sólo un problema: no podríamos irnos por el frente o los espías me mi padre nos detectarían y delatarían al salir. No estaba preparada para que Auric conociera a mi padre todavía. “Vamos, saldremos por la puerta del costado,” dije. Me puse la chaqueta y lo conduje hasta la salida que daba al callejón. Saqué la cabeza por la puerta y miré a ambos lados para asegurarme de que no había nadie merodeando fuera, a la espera de chismes sobre mí. “¿Avergonzada de mí?” Dijo Auric, arqueando una ceja ante mis travesuras.

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“Confía en mí, es mejor así.” Mucho mejor, en especial si él quería mantener todas las extremidades de su cuerpo. Encogiéndose de hombros, me siguió hacia el callejón. Al no ver a nadie alrededor, solté un suspiro inaudible de alivio. Yo no dije nada hasta que llegamos a la calle de atrás del club y empezamos a alejarnos. “¿Vas a explicar sobre qué iba todo eso?” Finalmente preguntó, mientras que su mano casualmente buscaba la mía. Su simple toque hizo que la temperatura de mi cuerpo se elevara. Rápidamente aplasté un cosquilleo de placer. Probablemente él hacía eso con todas las chicas con las que caminaba. Un pensamiento que me hizo ver rojo. “Tomaré mi derecho de guardar silencio.” Para mi sorpresa, él no insistió al respecto. Caminamos por la calle sin hablar, algo que me volvía loca, así que rompí el silencio primero. “¿Puedo preguntar qué motivó la invitación a cenar?” “¿Por qué has estado ignorándome?” Disparó de vuelta. “¿Es esto por lo de anoche?” Pensé en culpar por todo a sus acciones, pero lo imaginé como un hombre que prefería la verdad. “Se me dijo que me mantuviera alejada de ti.” Auric dejó de caminar. Me detuve también y me giré para enfrentarlo. Al mirarlo de frente, una vez más, sin querer, el calor hormigueante -que su sola presencia me causaba- se extendió a través de mi cuerpo. ¿Qué era lo que me afectaba tanto de él? Y maldita sea,

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pensé, mirándolo a la cara, ¿por qué tenía que ser tan malditamente atractivo? Su cicatriz debería haberle restado belleza, pero en vez de eso lo mejoró. Le dio una audaz, más sensual, mirada peligrosa que entusiasmaba a mis hormonas. “¿Quién te dijo que te mantuvieras alejada?” Preguntó. “¿Bambi?” Sacudí mi cabeza. “No importa quién. Yo tomo mis propias decisiones.” “Claro que lo haces, ese es el porqué me ignoras y nos escabullimos furtivamente por la puerta lateral como un sucio secreto.” “Oh, por favor, todo eso fue parte del plan.” “¿Plan? Probablemente me voy a arrepentir de preguntar esto, pero ¿qué plan?” Me congelé por un segundo y mi mente giraba. ¿Acaso sería correcto divulgar mi retorcido plan de ignorarlo para que luego estuviera intrigado y me persiguiera? Después de todo, había funcionado. Pero si se lo digo, ¿se enojaría? Me decidí por la mitad de la verdad. “Me gusta un hombre que hace el primer movimiento.” Mi respuesta pareció satisfacerle, y seguimos caminando, su pulgar acariciándome perezosamente la mano. Este simple acto tenía mi libido en un estado elevado de conciencia, algo que seguía tratando de aplacar.

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“No eres del tipo hablador, ¿verdad?” Dije después de haber caminado otra cuadra en silencio. “¿Supongo que no te gustaría decirme a dónde vamos?” “Shhh,” dijo, poniendo un calloso dedo contra mi labio. Pensé en morder su dedo y luego lamerlo. Un plan del que me abstuve cuando lo vi observar intensamente la oscuridad alrededor de nosotros. ¿Había estado tan distraída que había olvidado la regla numero uno de seguridad? Siempre sé conciente de tus alrededores. Había tenido suficientes atentados en mi vida para saber que no debía bajar la guardia. Por no hablar de que todavía existía la posibilidad de que uno de los subordinados de papá hubiera cogido nuestro camino y nos siguiera. Eso es todo lo que necesitaba, papá irrumpiendo en una cena romántica. Por lo menos, yo asumí que para Auric esto significaba romántico. No había explicado realmente porqué quería cenar conmigo. Pero volvamos a la realidad actual. Posible peligro. Sintonicé mis realzados sentidos con la noche que nos rodeaba y detecté... nada. Por lo tanto, cedí al impulso y lamí el dedo que aún descansaba contra mis labios. Unos vívidos ojos verdes se volvieron hacia mí y sonreí con simpatía antes de mordérselo. “¡Ay!” ofendido, Auric sacó su dedo y me frunció el ceño. Sonreí ampliamente “Nunca me calles,” le dije.

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“¿Nunca se te ocurrió que quizás estaba haciéndolo por tu propia seguridad?” “¿Y a ti nunca se te ocurrió que soy una chica grande que puede cuidarse a sí misma?” La ironía de todo esto era, pensé, que amaba cuando un chico se volvía medieval y protector. Sólo deseé que mi lado feminista me hubiera dejado disfrutarlo. “Estamos aquí,” dijo, cambiando de tema. Miré un edificio estilo bodega frente a nosotros sin ningún signo de restaurante a la vista. “¿Es un restaurante secreto?” Pregunté. “No, se llama mi cocina,” dijo él, abriendo una pesada puerta de acero. “¿Tú cocinas?” Le pregunté, mientras lo seguía a través de la puerta y subía por un amplio conjunto de escaleras. “Bastante bien, en realidad,” dijo sobre su hombro. En este punto, me callé y traté de disfrutar de la vista, o lo habría hecho, si su maldito abrigo de cuero no hubiera estado en el camino. Me pregunté si pondría reparos en quitárselo antes de caminar el resto de la escalera. Decidiendo que sería demasiado directo incluso para mí, ponderé, en cambio, el hecho de que me había invitado a cenar en su apartamento. Ahora, la mayoría de las chicas estarían pensando, “espera un segundo, apenas conozco a este tipo. Él podría ser un

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psicópata”, pero yo no soy la mayoría de las chicas. Y tenía el presentimiento de que Auric no era la mayoría de los chicos. Además, papá tendría un gatito si supiera que estaba acá. Tres tramos de escaleras después, que no dejaron a ninguno de los dos respirando con dificultad -así que él no era sólo músculos bonitosabrió otra puerta de acero remachado y entramos en su guarida. En lo referentes a cuevas masculinas, la suya terminó siendo bastante decepcionante. Nada de terciopelo rojo. Nada de cadenas colgando del techo. Nada de iluminación tenue o música suave sonando. En cambio, entré en un espacio cavernoso. Al ser un antiguo almacén, el techo se extendía muy por encima de mí, y tenía vigas y tuberías de acero corriendo por todas partes, junto con la iluminación suspendida en alambres de acero. Cristales tintados formaban una pared, con una vista medio decente de la ciudad. En un rincón, había algunos equipos de ejercicio de alta resistencia: un saco de arena, cinta de correr, pesas y diversos artefactos de tortura. El centro de la habitación parecía ser una sala de estar/comedor con un sofá de cuero en forma de L frente a un televisor de pantalla grande, y detrás de la zona del sofá, una mesa de cocina de madera, más bien aburrida, y cuatro sillas. En la pared del fondo se hallaba el área de la cocina, con brillantes muebles negros y una encimera de granito, junto con algunos electrodomésticos de acero inoxidable, completado con una isla y

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taburetes. Resultó que podría haber sido en serio lo que dijo, de que sabía cocinar. Echando un vistazo lejos de su cocina, miré el resto de su lugar. La parte de atrás de su loft había sido parcialmente cerrada y tenía dos puertas. Probablemente eran un baño y trastero. Y en la última esquina de su morada, y aquí es donde me animé, tenía una enorme, me refiero a estamos hablando de una enorme, cama. Una bestia de madera con cuatro postes, repleta de almohadas. Ahora, esa era una cama hecha para pecar. “Podemos probarla después, si tú quieres,” susurró en mi oído, su aliento cálido dejó mis rodillas débiles y mis bragas húmedas. Pero me lo habían propuesto antes. “Lo siento, pero estoy esperando por el amor,” le dije, antes de dejar caer mi culo en uno de sus taburetes. Silencio mortal. ¿Por qué será, que siempre que menciono la palabra A, la lengua de los hombres termina atada? “Espera un segundo,” dijo Auric girando el taburete para quedar frente a mí. “¿Estás tratando de decirme que sigues siendo virgen?” Podría decir por su mirada, que encontraba esto difícil de creer. “Cien por ciento virgen. La cereza intacta y todo lo demás. Eso sí, he besado y acariciado un poco antes. Incluso llegué a segunda base una vez...”

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Por un segundo sus ojos se mostraron divertidos, y él abrió la boca dos veces como si fuera a hablar, pero tragó duro en su lugar. Sin decir nada todavía, se alejó de mí para estar de pie detrás de la isla y abrir la nevera para sacar cosas. Su falta de comentario me intrigó. En el pasado, siempre que anunciaba mi estado virginal, me inundaban con discursos apasionados de cómo eran el indicado. Algunos incluso hicieron falsas declaraciones de amor. Por desgracia para ellos, mi padre no educó a una tonta. Al final, me deshice de todos ellos. Yo no estaba muy segura de cómo se veía o sentía el amor, pero de alguna manera pensé que lo sabría cuando finalmente me golpeara. Mirando a Auric mientras cortaba en cuadritos y salteaba vegetales por toda la cocina, mi corazón revoloteó y mi coño dolió, y creo que, en ese momento, me di cuenta de que podría haber encontrado al indicado. Esa revelación me hizo decidir poner a prueba Auric. Tenía que averiguar ahora si iba a funcionar, antes de que llegara a estar más involucrada. Eso significaba una gran cantidad de honestidad de mi parte y esperaba que de él también. “¿Quién te enseñó a cocinar?” pregunté. “Yo mismo. Era eso o morir de hambre. ¿Y a ti?” “Soy mejor cocinando problemas.” Repliqué, una respuesta que él recompensó con una risita. Un sonido que provocó que un escalofrío recorriera mi cuerpo e hizo tomar nota a mis pezones. No siendo alguien

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que desperdiciara una oportunidad, me encogí y me saqué la chaqueta y dejé que mis lolas hicieran su truco. Le llevó un segundo darse cuenta, pero cuando lo hizo, y se cortó, sonreí interiormente. Puede ser que no sea una súcubo, pero sabía cómo conseguir la atención de un hombre. Hablamos de cosas estúpidas mientras él cocinaba y yo me comportaba. Cuando los olores nos hicieron la boca agua, finalmente colocó su obra maestra sobre los platos y los llevó a su mesa de madera llena de cicatrices. Gemí de placer. Pollo salteado, champiñones, cebolla, algunas verduras y fideos de cabello de ángel. El hombre era un dios de la cocina. “Oh, espero que seas un chef en la vida real, porque te estarías desperdiciado haciendo otra cosa,” le dije cuando terminé mi plato y me incliné hacia atrás para beber el vino que nos había servido. “Cocinar es mi hobby.” “Entonces, ¿en qué trabajas?” pregunté, inclinándome hacia delante. “Esto y aquello,” contestó vagamente. Le fruncí el ceño. “Eso no es una respuesta.” “No estoy en libertad de decirlo, o lo haría.” Él se encogió de hombros. “Además, estoy más interesado en ti.”

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Lo admito, mientras que encontré su aire de misterio emocionante, también me molestó. ¿Tenía algo que ocultar, o realmente quería saber más acerca de mí? “Déjame preguntarte algo primero ¿Es esto una cita?” Las cejas de Auric se alzaron. “¿Qué otra cosa podría ser? Estamos en mi casa, cenando comida casera con poca luz. Soy un hombre, tú una mujer hermosa.” Él me sonrió maliciosamente. “De donde yo vengo, llamamos a eso una cita.” Casi me sonrojé. Cuán divertido, y diferente de mí. “Oh, en ese caso, entonces, ¿qué quieres saber de mí?” “¿Tú no eres alguien que mida sus palabras, verdad?” “Nop.” Auric se rió entre dientes. “¿Simplemente quién eres, Muriel, virgen y desterradora de perros del infierno?” Después de haber tomado la decisión de ponerlo a prueba, le di un pequeño y honesto resumen. “Tengo veintitrés años y soy Libra. Tengo un montón de hermanos y hermanas.” Ahora, ese sí que era un eufemismo. “Vivo sola. Sin mascotas. Me gusta leer novelas cursis. Ver películas de aventura. Amo la comida rápida y la pizza, odio los mariscos. Hmm, ¿qué más? Oh, mi color favorito es el rosa y mi padre es Satanás.” Sabía que probablemente era demasiado pronto para decirle esa parte, pero teniendo en cuenta lo que me hizo sentir y a juzgar por su falta de pánico ante la aparición de perros del infierno, pensé que debería saberlo. Después de todo, si papá alguna vez se

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enteraba de nuestro pequeño tête à tête no era inconcebible que pudiera pagar a Auric con una visita. Auric se atragantó con el vino. “Lo siento,” dijo riendo. “Creo que no he entendido bien la última parte.” “¿Qué,

que

mi

color

favorito

es

el

rosado?”

dije

siendo

deliberadamente obtusa. “No, la parte después de esa.” “Oh, soy la hija de Satanás,” declaré orgullosamente. Por lo general oculto mi identidad por razones de seguridad, no por vergüenza. “No hablas en serio, ¿verdad?” Dijo, con sus cejas tan juntas que casi se tocaban. “Sí, en serio. Mi nombre es Muriel Satana Baphomet. Mi padre es Lucifer, y en cuanto a mi otra mitad, no tengo ni idea, pero por lo que he recogido durante los años es que ella no es cien por ciento mortal. ¿Esto va a ser un problema?” Contuve la respiración mientras esperaba. Su respuesta forjaría o rompería esta frágil relación que habíamos formado. Podría cambiar un montón de cosas sobre mí, excepto mi familia, que era para siempre. “No creo esto,” murmuró. “No puedes ser una princesa del infierno.” “Escucha, puedes creerme o no. Realmente no me importa, la verdad sea dicha, pensé que debía decírtelo antes de que esto fuera más lejos.”

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Y parecía como si hubiese sido una buena idea sacar esto ahora, en lugar de más tarde. Había reaccionado como yo temía que lo haría. “¿Y a dónde crees que esto está yendo, Muriel, hija de Satanás?” No me gustó su tono. “Tu sabes, yo estaba empezando a pensar que podrías ser el indicado. Es por eso que acepté venir a cenar contigo. Debería haberlo sabido.” Molesta por su reacción ante una familia sobre la que no tenía control, me levanté y me puse la chaqueta. Me dirigía a la puerta cuando una mano de hierro me agarró del brazo y me detuvo. “No puedes dejar caer una bomba como esa y luego irte,” dijo, deslizando sus manos por mis brazos para dejarlas flojamente en mi cintura. “¿Tienes alguna idea de lo difícil que es decirle a la gente quién soy yo?” odié las lágrimas que se agruparon en mis ojos. Yo no quería su lástima. “Tan pronto como le digo a la gente quién es mi papá, de repente, no pueden correr lo suficientemente rápido, o llegan las cruces y cuchillos.” “No he corrido,” dijo suavemente. “Todavía,” repliqué, negándome alguna esperanza. “No te mataré.” “He escuchado eso antes,” susurré dejando caer mi cabeza. “Siento que hayas sido herida.” Él levantó una mano y limpió las lágrimas húmedas que se aferraban a mis pestañas inferiores. Quería

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girar mi mejilla sobre su mano, pero el orgullo y el miedo me mantuvieron quieta. “El dolor siempre ha sido parte de mi vida. Viene con ser quien soy,” le dije en voz baja. Quería salir corriendo antes de que viera la compasión en su rostro. Quería gritar ante la injusticia de todo. Pero más que nada, sólo quería ser aceptada. Así que me puse en pie temblando frente a él, esperando a que se uniera a las filas de los que me habían lastimado en el pasado. Había sobrevivido a sus rechazos y sobreviviría al suyo… eventualmente. “Me gustas, Muriel,” dijo, inclinando mi rostro para encontrarme con sus ojos. “Y tú me gustas,” le dije mirándole a los ojos. También pensaba que me estaba enamorando de él, no es que esas palabras cruzarían mis labios. “¿Estoy autorizado a hacer esto entonces?” susurró contra mis labios, llevándome más cerca de él. No respondí. Cerré los ojos y esperé. Él rozó sus labios con los míos. Como una pluma suave, pero lo suficiente como para que una descarga eléctrica me recorriera el cuerpo y luego se centrara en mi pelvis, causando estragos eróticos. Brazos fuertes me rodearon y me deleitaba con su fuerza sólida. Mi cuerpo rozó la dureza del suyo, y mis hormonas gritaban de alegría. Me alegré aún más de que no me hubiera alejado.

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Tiró de mi labio inferior, y separé mi boca ligeramente para ser recompensada con la sensación de su lengua contra mis labios y los dientes. Probando mi conocimiento del francés, abrí mi boca más ancha y dejé a mi lengua salir a jugar, tocando la punta de la suya con la mía. Una sacudida de deseo ardiente encendió mi cuerpo. Ahora entendía el término „fuegos artificiales‟. Quería empujarlo contra la pared y atacar su cuerpo. Teniendo un poco de moderación, sin embargo, me contenté con sentirlo a través de su camisa, y disfrutando de la sensación de sus firmes músculos por todas partes. Me derritió contra su amplio pecho, un

movimiento

recompensado

con

sus

brazos

cerrándose

apretadamente a mi alrededor, envolviéndome en su fuerza. Dejé a mis manos viajar por su espalda y audazmente apoyé las palmas en su apretado culo. Si no hubiera sido por un ruido de vidrios rotos, incluso podría haberle dejado devolverme el favor, sin embargo, dudaba que ese ruido fuera señal de algo bueno. Lo sabía por experiencia propia, y no, prefiero no entrar en detalles. El momento apestaba, pensé. ¿Podría alguna vez llegar a besarlo correctamente, sin interrupción? Rompiendo el beso mutuamente, los dos nos volvimos hacia el agujero abierto, su departamento había adquirido de repente una actitud de batalla, y yo, la de alguien molesta. Al principio no vi nada, y brevemente me pregunté si alguien acababa de tener suerte con una piedra. Entonces oí el sonido de cuero, deslizándose sobre el suelo de madera. Un sonido familiar, uno muy

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malo para los mortales, por lo menos, y todavía no me había dado cuenta de lo que Auric era, aún. Sin saber si él se quebraría fácilmente, decidí ir en una dirección segura. “Um, Auric, deberíamos irnos ahora.” “No es jodidamente probable,” dijo, sin apartar los ojos del sofá que ocultaba a nuestro visitante. Auric retrocedió hacia la cocina. Rodando los ojos, tuve que volver a preguntar porqué los hombres tenían que ser tan tercos. “En serio, Auric, tú no quieres meterte con esta cosa.” “He lidiado con demonios antes,” dijo él, sacando una espada tras el mostrador de la cocina. Tuve que admitir estar impresionada, su espada era larga, brillante y dura. Espera, eso no suena bien. No hace falta decir que era grande, y a juzgar por la forma en que se movía, también sabía cómo utilizarla. Maldita sea, yo estaba aún más caliente que antes. Pero justo después de haber terminado de admirar su espada, me puse al tanto con lo que él había dicho. “¿Qué quieres decir con que has tratado

con

demonios

antes?”

Mi

Auric

había

guardado

sus

profundidades para él, al parecer. “¿Podemos hablar de esto más tarde?” Dijo parpadeando, me dirigió una mirada mientras se movía lentamente hacia el sofá y lo que se hallaba agazapado detrás de él.

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Había planeado encargarme del demonio yo misma, pero su arrogancia me molestó; así que decidí dejar que, quienquiera que hubiera hecho su aparición, jugara con Auric primero antes de salvarle el culo. Me subí de nuevo al taburete y crucé las piernas para mirar. Auric se movía con una gracia sinuosa que tenía que admirar, y con su abrigo finalmente abandonado, también llegué a admirar la vista de su culo mientras se movía en sus vaqueros ajustados. Yummy. Cuando llegó a un pie del sillón, el intruso se abalanzó. Un demonio menor, yo diría, por el tamaño del mismo. Un montón de dientes, garras y alas de cuero, pero sin magia. Yo podría haberlo aplastado sin romperme una uña y probablemente todavía tuviera que hacerlo, si es que Auric resultaba ser sólo una cara bonita con una gran boca y nada de acción. Resultó que él tenía un montón de acción. Hizo girar su espada como una extensión de sí mismo, creando un arco que se desplazaba rápidamente y con fluidez. Admito estar impresionada. El pequeño demonio no tenía ninguna posibilidad, sobre todo una vez que me di cuenta que la espada había sido encantada. El brillo azul que aparecía cada vez que golpeaba al demonio me lo hizo saber. En muy poco tiempo había herido al demonio lo suficiente como para que yaciera boca abajo en el suelo, respirando pesadamente, la punta de la espada en su garganta. En lugar de terminar con él, Auric hizo una pregunta. “¿Por qué estás aquí?”

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“Para matar,” siseó la horrible criatura. Rodé mis ojos. Eso había sido un tanto obvio. Salté del taburete y me acerqué a ellos. Bajé la vista hacia el demonio menor, sin reconocerlo. No es que conociera a todos los demonios en el infierno, pero conocía una buena cantidad, e incluso a algunos los consideraba mis amigos. Auric levantó su espada para asestar el golpe de gracia que lo enviaría de vuelta al infierno, incapaz de ser convocado por cientos de años mientras se recuperaba, detuve su mano. “¿Matar a quién?” Pregunté. No me gustaban las respuestas vagas. “Hija de Lucifer.” Fruncí el ceño. “Sé quién soy. Te pregunté a quién te dijeron que mataras.” “A ti.” “¿A mí?” Chillé. No estaba asustada, sólo molesta por su descaro. Quiero decir, ¿en serio?, ¿realmente cree que su no tan impresionante culo podría haber pateado el mío? “Eso es ridículo. Mi papá va a arrancar tus entrañas cuando vuelvas al infierno, pequeño roedor.” Y tuve la tentación de seguir y patearlo yo unas cuantas veces también, por romper un beso caliente. “¿Quién quiere muerta a Muriel?” la voz de Auric retumbó y no sonaba feliz.

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“El que gobernará el infierno. Mi señor G...” El pequeño demonio comenzó a asfixiarse con sangre negra y bilis. ¡Eeww! Auric y yo dimos un paso atrás, sobre todo yo para salvar mis botas, y vi el cuerpo de la criatura convulsionar, sus extremidades agitándose con fuerza contra el suelo. Con un grito agudo de dolor, el cuerpo del demonio cedió sobre sí mismo, reduciéndose de tamaño, hasta que con un gritito, desapareció en un pestañeo, y, a juzgar por la explosión de energía al final, de forma permanente. “¡Mierda! Ahora hay algo que nunca he visto antes,” exclamé. “Me tengo que ir.” Tengo que decirle a mi padre acerca de esto. Alguien había logrado destruir completamente a un demonio desde lejos. Un acto que debería haber sido imposible. “No es seguro, quizás deberías quedarte aquí,” dijo Auric, limpiando la hoja de la espada hacia abajo con la servilleta de la cena. Lo miré con incredulidad. “Buen intento, Casanova, pero todo el asunto del besuqueo va a tener que esperar para otra ocasión. Tengo que ir a hablar con mi papá y preguntarle qué, por las tetas peludas de la bruja, está pasando.” “¿Qué?” Auric parecía confundido, luego frunció el ceño. “Esto no es una estratagema para conseguir meterme en tus pantalones. Ya oíste lo que dijo el demonio. Iba tras de ti. Estás en peligro.” “Sí, bueno, bienvenido a mi vida. Hija de Satanás, ¿recuerdas? Esta no es la primera vez que sucede, y probablemente no será la última. Mi padre se aseguró de que me podía proteger a mí misma a una edad

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temprana. Hablando de eso, algunas de mis armas están de vuelta en mi casa, así que si va a haber un montón de demonios esperando por mí, entonces tengo que estar lista.” Por no hablar de una de las primeras cosas que papá había hecho cuando me mudé por mi cuenta era asegurar que mi apartamento era totalmente a prueba de demonios, bien, a excepción de él, por supuesto. La única forma en que los demonios podían entrar en mi departamento era a través de la puerta, y sólo por invitación. “Tú no vas a ir sola,” dijo Auric, moviéndose hacia un gabinete contra la pared. Cuando lo abrió, casi aplaudí de alegría, porque mi guapo pretendiente tenía casi tantos juguetes como yo. Espadas, cuchillos, armas de fuego, y sí, incluso un lanzallamas. Podía sentir otra parte de mi corazón balancearse en su dirección y tuve que reprimir el impulso de lanzar mis brazos a su alrededor y besarlo como una tonta. Lo vi deslizarse cuchillos ingeniosamente escondidos en sus botas, y subirse las mangas con correas de cuero. Sacudí la cabeza con desconcierto. Aric parecía ser demasiado perfecto para ser verdad. En breve, tendría que encontrar un gran defecto. El toque final era su abrigo de cuero, por supuesto. Se giró, escondiendo el arsenal, y me tendió su mano, con los ojos tan vividamente intensos que me quedé sin aliento. Como en cámara lenta, me acerqué a él y puse mi mano sobre la suya, su cálida fuerza me hizo sentir viva y más cercana a alguien de lo que jamás había estado. Para una chica que había pasado la mayor parte de su vida sola, casi sin amigos, ese contacto parecía precioso.

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Auric conocía mi secreto más profundo. Había visto una de las partes más horribles de mi vida, y todavía no salía corriendo. “Si, pero espera que conozca a papá,” dijo mi estúpida voz interior. “Cállate,” le gruñí. Odiaba cuando tenía razón.

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Capítulo Cinco Traducción de Javi Corregido por Mari

Cuando salimos del edificio de Auric, sus amigos se acercaban por el mismo camino. Lancé una mirada sospechosa a Auric y él sólo me sonrió enigmáticamente. Iba a tener que hablar con él sobre quién y qué era, seriamente. “Muriel, déjame presentarte a mis compañeros desde hace mucho tiempo, David y Christopher.” David me sonrió tímidamente, mientras que Christopher hacía una reverencia en mi dirección. “Hola, un gusto conocerlos.” Y en verdad era un gusto. Auric tenía atractivos, y sin mencionar interesantes, amigos. David olfateó el aire y miró hacia arriba. Siendo un cambiaformas, sabía que debía poseer un agudo sentido del olfato y una visión nocturna excelente. Parecían ser rasgos característicos de la especie. “¿Recibiste una visita, por casualidad?” preguntó David. “Nada que no pudiera manejar,” dijo Auric, encogiéndose de hombros. De nuevo, me dieron ganas de rodar mis ojos. Yo igualmente hubiera podido manejar al demonio y ese pensamiento, me hizo fruncir el ceño. Si alguien me quería matar, ¿Por qué diablos mandaría a un debilucho a atacarme primero, y revelar todo el plan entero? Cualquiera

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que me conociera, hubiera sabido que sería necesario algo mucho más grande que eso. Algo acerca de todo esto no tenía sentido, lo que me hacía más determinada que nunca en llamar a papá en cuanto llegara a casa. Tenía esta línea telefónica especial que me conectaba al infierno, era la forma que mi padre tenía para asegurarse de que mantuviera el contacto;

no

es

que

necesitara

usarla

muy

seguido,

con

sus

improvisadas visitas casi diarias y todo eso. Alguien seguía teniendo dificultad en dejarme ir. De vuelta a la situación en mano, me había percatado de algo más. Los amigos de Auric no parecían sorprendidos por el hecho de que un demonio hubiera atacado. ¿Quiénes eran estos misteriosos, atractivos y musculosos hombres? Christopher, el hechicero, no parecía feliz y miró a Auric con el ceño fruncido. “Las protecciones mágicas que puse en tu casa deberían haber prevenido la entrada demoníaca.” Yo, sumisamente, levanté mi mano y la sacudí un poco. “Culpable.” Cuando Christopher me miró inquisitivamente, le expliqué. “Soy como una andante zona anti-magia. Los hechizos no funcionan cuando estoy cerca. Probablemente desactivé tus protecciones cuando entré. Lo siento.” “Pero no afectó a mi espada,” dijo Auric, poniendo su mano sobre la empuñadura. “Tu espada está bendecida, ¿cierto?” pregunté, en un corazonada.

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“Sí. ¿Hace alguna diferencia?” “Soy la hija de Satán, por supuesto que la hace. Tu espada está llena de magia santa. Es el único tipo de magia que no se ve afectada por mi presencia.” Muy tarde, me di cuenta de que no debería haber dicho la última parte en voz alta. Quizás, la primera parte tampoco, juzgando por los ojos como platos de David y Christopher. A decir verdad, se me había ocurrido que Auric les iba a contar tarde o temprano, pero decirles mi punto débil, que era en su mayoría objetos santificados, había sido simplemente tonto. Después de todo, no conocía totalmente a estos tipos y, justo ahora, les había dado una pista importante si es que ellos, en algún momento, decidían deshacerse de mí en vez de salir conmigo. Mi papá siempre decía que yo hablaba antes de pensar. Oh, bueno, el daño ya estaba hecho. Iba a pretender que ni siquiera lo había mencionado y esperaría a que ninguno de ellos deseara hacerme daño. Auric curvó un brazo alrededor de mi cintura, un gesto masculino que yo

disfrutaba

bastante,

y

me

apretó

contra

su

cuerpo

para

tranquilizarme. Caminamos hacia mi casa mientras él les contaba a sus amigos sobre el demonio. Sus amigos, sorprendentemente, no me interrogaron sobre estar relacionada con el diablo, lo que apreciaba, ya que me hallaba sumergida en la sensación de estar tan cerca a Auric. Sin mencionar lo distraída que él me mantenía con las suaves caricias de sus dedos sobre la piel de mi cintura. Tenía que recordar usar remeras cortas siempre que me encontrara cerca de él.

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“¿Cómo es posible que vivan tan cerca del bar y de mí, y aún así, nunca me he encontrado con ninguno de ustedes antes?” “Estábamos ocupados,” fue la corta respuesta de Auric. Sus amigos pretendieron estudiar el cielo. “¿Ocupados haciendo qué?” pregunté, estrechando mis ojos. Auric, en vez de contestarme, me levantó hasta que quedé en la punta de mis dedos y me besó profundamente. Cuando se detuvo, finalmente, me encontré sin aliento y sonrojada; pero no se me había ido el hecho de que había evadido mi pregunta una vez más. Un misterio que me molestaba y me emocionaba al mismo tiempo. Yo le había contado mis sucios y horribles secretos, bueno, algunos de ellos, por lo que él me debía lo mismo a cambio si es que quería volver a poner esos deliciosos labios sobre mí otra vez. Esperen, recién lo había hecho. Demonios. Aún no estaba segura de si me gustaba el hecho de que sus besos me distrajeran y, aún peor, de que él lo hubiera notado. ¿Qué podía decir en mi defensa? El hombre besaba como un dios. El término “alucinante” se me venía en mente. Me pregunto si es que este efecto que tenía sobre mí se disiparía con el tiempo. Tendría que besarlo un par de veces más y así descubrir la respuesta. Una tarea difícil, pero una que esperaba con interés. Una vez que ya tuvimos mi edificio a la vista, las sombras oscurecían aún más el sector debido a que el poste de luz no estaba funcionando de nuevo, los hombres disminuyeron la velocidad y formaron una

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barrera protectora frente a mí, mientras que una figura sombría se alejaba de la pared sobre la que se había estado apoyando y se dirigía hacia nosotros. Sobre la punta de mis pies y estirando mi cuello, traté de mirar por entremedio, pero formaban una barrera efectiva. Así que caminé alrededor de ellos para poder saludar a la figura que se nos acercaba. Por detrás de mío, escuché el sonido de una espada siendo desenvainada y levanté la mano para que se relajaran. “Está bien, lo conozco. Es un amigo.” Me giré hacia la figura encapuchada. “Charon, ¿Qué haces aquí? ¿Todo bien en el bar?” “Tu padre me envió. Debemos hablar. A solas.” De inmediato sentí revoltijotes de ansiedad. Charon nunca había venido a mi casa antes y el hecho de que venía con un mensaje de mi padre no lo hacía mejor. “Gracias por la cena, Auric.” Dije. Me giré y puse una sonrisa en mi cara que sabía que no había alcanzado mis ojos. “Quizás lo podemos repetir, algún día.” Me di la vuelta y comencé la caminata hacia la entrada de mi edificio, Charon a mi lado, cuando sentí otra presencia cerca de mí. Miré hacia arriba justo a la cara sonriente de Auric. “No me voy a ir, Muriel, hasta que sepa que estás a salvo,”

dijo,

haciendo la rutina de macho protector nuevamente. Ah, ¿No era el más lindo? Pero de todas formas. “Estoy a salvo con Charon, y puedo cuidarme yo sola.”

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Auric sólo me ignoró, lo que me hizo tirar humo por los oídos y sonreír al mismo tiempo, y mantuvo la puerta abierta para que Charon y yo pudiéramos entrar. Si no hubiera estado tan estresada, me hubiera dado cuenta de que la puerta estaba abierta y probablemente habría sentido la criatura que esperaba dentro, pero Auric tenía a mis hormonas en un frenesí. Escuché a Auric bramar algo, pero estando de alguna manera ocupada tratando de que no arrancaran mi cuero cabelludo, no tenía idea de lo que dijo. Cualquiera a quien le hayan tirado el pelo, conoce el dolor, y cuando me duele algo, me enojo. Y me enojo en serio. Pisoteé con mi bota el pie de quien me tenía por el cabello, mientras que mi codo volaba hacia atrás, con fuerza, para enterrarse en las costillas de la criatura. Eso tuvo efecto, y se aflojó un poco el agarre en mi pelo, permitiéndome girar hacia atrás. Giré alrededor de la criatura con mis manos alzadas, y escupí las palabras del hechizo que repentinamente había inundado mi mente. Las palabras de poder que había usado, que sólo venían a mí cuando las necesitaba, fluyeron desde mi boca y una magia potente y casi visible golpeó al demonio que se había atrevido a acosarme en el césped de mi casa. Ni siquiera tuvo tiempo de gritar o siquiera retorcerse en dolor, simplemente dejó de existir. Miré con asombro el polvo blanco cernido en el suelo. ¿Desde cuándo que yo podía aniquilar a un demonio? En el pasado, por necesidad, había sido capaz de desterrar demonios o mantenerlos quietos hasta que más ayuda llegara, pero esta destrucción absoluta me descolocó. Otra razón más para hablar con mi padre.

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Con el peligro controlado, manejé mi expresión para no dejar que mis acompañantes supieran lo raro que este acto había sido, inclusive para mí. Pasé una mano por sobre mi cabello y me giré con una sonrisa brillante. “¿Dónde estábamos? Ah, sí, le estaba tratando de explicar a Auric que soy perfectamente capaz de cuidar de mí misma.” Para mi inmenso placer, me dio una sonrisa un poco envidiosa, reconociendo mis capacidades, pero todavía se negaba a ceder. “Nunca he dudado de que puedas cuidarte, pero me sentiría mejor si es que no tuvieras que hacerlo sola.” Cerré mi boca. ¿Qué podía decir? Tenía que ser una de las cosas más dulces que nadie me había dicho. En un gesto de confianza por mis habilidades, dejó que subiera las escaleras primero, con Charon entre nosotros. Auric fue el último en subir y una parte perversa de mí esperaba que estuviera mirando mi trasero. Le di a mis caderas un meneo extra, sólo por si acaso. Cuando llegamos a mi departamento, Auric tomó la llave de mi mano y entró primero. Podía sentir a Charon a mi lado, sacudiéndose con una silenciosa risa. Me había conocido hace mucho tiempo atrás. Me acerqué a él y susurré. “Creo que es muy atractivo, así que contrólate. Nunca antes había tenido a alguien que quisiera protegerme.” “Lo sé.” Susurró Charon de vuelta. “Es que… ¿Sabe quién eres y lo que puedes hacer?” “Sabe quién soy; y sobre lo que puedo hacer, diablos, ni yo lo sé a veces.”

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“Todo despejado.” Dijo Auric desde adentro. Charon y yo entramos al pequeño departamento, más pequeño ahora que Auric se cernía sobre él. De repente, estaba agradecida de haber limpiado un poco el lugar antes de irme a trabajo. Me hubiera molestado bastante que Auric pensara que no podía cocinar y de que era una pésima ama de casa, inclusive si era la verdad. Tenía otras habilidades. “¿Les puedo ofrecer algo para beber?” Pregunté. No esperé por una respuesta mientras me quitaba el abrigo y lo tiraba sobre una silla, antes de caminar hacia mi diminuta cocina. Abrí el refrigerador y agarré un par de cervezas frías. Los eventos recientes merecían un poco de alcohol. En el cajón donde estaba el destapador, aproveché de buscar un par de armas de emergencia. Las mantenía guardadas por todo el lugar, sólo por si acaso. Tomé mis palillos de plata, mortales y decorativos, y los usé para arreglar mi cabello en un moño suelto en la parte superior de mi cabeza. Al contrario de las películas populares, el pelo largo por todas partes durante una pelea, nunca era una buena idea. Les llevé unas cervezas a los chicos, quienes las recibieron con un agradecimiento. Bajando gran parte de mi botella, entré a mi cuarto para armarme con un par de juguetes. Abriendo el compartimiento escondido de la cabecera de la cama, saqué un látigo de pelo de unicornio trenzado, dejándolo en la mesita de noche. Quemaba a demonios y a otras asquerosidades inclusive mejor que el agua bendita y también me aseguraba que, aunque yo podía ser muchas cosas, ser un demonio no era una de ellas, ya que el látigo no me dañaba.

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También agregué un par de dagas más sobre mi persona. Podía tener magia, pero sólo un idiota salía armado con sólo un arma. Al salir de mi habitación, me encontré con Auric y Charon mirándose el uno al otro, o por lo menos asumí que Charon estaba mirando. Era difícil saber con la capucha y todo. Me lancé sobre una silla y tomé otro sorbo de mi cerveza antes de hablar. “Okay, Charon, cuéntame.” Charon apuntó su capucha a Auric. “No me voy a ir, así que di lo que tengas que decirle a Muriel.” Auric parecía una muralla inamovible… y un obstinado imbécil. Características que admiraba, pues yo misma poseía una abundancia de ambas cualidades. “Está bien, Charon; Estoy bastante segura de que podemos confiar de él.” Auric pareció ofendido por mi observación, pero, hey, sólo conocía al tipo por, como, tres días. No había tenido tiempo de ganarse mi confianza -ni mi corazón- todavía. “¿Has escuchado algo acerca del movimiento para derrocar a Lucifer?” preguntó Charon. “¿Cuándo es que no hay un movimiento para derrocarlo?” En serio, había estado pasando desde el principio de los tiempos, o por lo menos así me lo habían contado.

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“Bueno, esta vez, quienquiera que lo está intentando, se las ha arreglado para reunir una fuerza considerable.” “¿Quién es?” ¿Y Por qué mi padre no me ha dicho nada? Charon sacudió su capucha. “Eso es exactamente el problema. No lo sabemos. No debería haber alguien lo suficientemente fuerte como para intentarlo. Tu padre siempre ha sido cuidadoso sobre eso.” “Ya que estamos hablando de él. ¿Por qué papá te mandó, en vez de venir él mismo?” “Sí, bueno, hubo un incidente que lo ha dejado incapacitado temporalmente.” Salté de mi silla. “¿Qué?” “Tu padre está bien,” Charon se apresuró en asegurarme. “Pero tenía que encargarse de este pequeño problema antes, así que me pidió a mí que viniera a ver si es que estabas bien y para avisarte. Quería mandar un guardia o dos, pero sabe cuánto los odias. Para ser honestos, tienen sus manos ocupadas en estos momentos.” “Debería ir con él.” Dije. Mi papi me necesitaba. “¡No!” Charon casi gritó; algo inusual para este usualmente tranquilo, hombre… er, cosa, o lo que fuera que Charon escondía debajo de la túnica. “Tu padre quería que prometieras que no irías al infierno. Promételo, Muriel.”

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“Bueno.” Me dejé caer de nuevo en la silla, enfurruñada. No sabía que papá todavía me trataba como una niña pequeña. “Entonces, ¿qué se supone que tengo que hacer?” “Mantenerte a salvo. Tu padre vendrá a hablar contigo cuando pueda. Oh, y tenía otro mensaje para ti que no tiene mucho sentido.” “¿Qué es?” “Dijo que estabas muy castigada.” Me reí. Cuando Auric me miró con el rostro confundido y Charon ladeó su cabeza, me reí aún más fuerte, tanto, que lágrimas recorrieron mis mejillas. “¿Supongo que no vas a compartir con nosotros lo que te parece tan gracioso?” preguntó Auric. Traté de controlar las carcajadas, lo que no era algo fácil. Siempre he tenido un sentido del humor más bien extraño. “¿Recuerdas cuando te dije que me habían prohibido verte?” “Sí.” Dijo Auric. Y después me volví a reír, mientras su cara se descomponía al entender. “Demonios,” murmuró. Charon simplemente sacudió su cabeza y se levantó. “Niños. Como sea, yo he pasado el mensaje y tú pareces estar en buenas manos. Me iré ahora. Estoy seguro de que mi hijo se las ha arreglado para hacerle algo estúpido al bote y tengo la ligera sensación de que va a estar un poco ajetreado en el río en los próximos días. Buena suerte, Muriel.”

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“Adiós, Charon.” Sacudí mi mano mientras él abría un portal dimensional y lo cruzaba. “Bueno, puedo decir, con la mayor certeza posible, de que no hay un momento aburrido cuando tú estás cerca.” Reflexionó Auric. “Todo es parte de mi encanto.” Dije, con una sonrisa brillante. “Así que Satán te advirtió sobre mí, ¿cierto?” preguntó Auric, con cautela. “Asumo que él se refería a ti, ya que nunca usó tu nombre. Sólo „ese hombre‟. Me dijo que me mantuviera alejada de ti o…” “¿O qué?” preguntó Auric, frunciendo el ceño. “Oh, por favor. Ya no soy una niña pequeña y mi papa no me puede decir con quién puedo salir o no. Así que si estás preocupado por eso, relájate. Y si por cualquier cosa, se aparece y te amenaza, me avisas, ¿Bueno?” dije, seriamente. Rey del infierno o no, no iba a dejar que mi padre arruinara esto. Yo era más que capaz de hacerlo solita. “Hablando de apariciones, ¿no deberíamos estar preparando este lugar un poco, en caso de que más demonios vengan a tocar la puerta?” “Mi casa es un lugar seguro. Ningún demonio puede estar fuera ni dentro, a menos que yo los invite a través de la puerta. Bueno, excepto por papá; no puedes mantenerlo afuera de ninguna parte,” refunfuñé. “¿Por qué todo el armamento, entonces?” preguntó, mientras que sus ojos apreciaban todos mis nuevos accesorios brillantes.

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“Sólo en caso de que necesite salir rápidamente. Hablando de irse, ¿aún estás determinado a quedarte?” “No me voy a ninguna parte, Muriel,” replicó, mirándome fijamente. Sus palabras me dieron una emoción erótica; seguro, sabía que se refería a la noche, pero por un momento me permití a mí misma fantasear con que se refería a „para siempre‟. “Entonces, ¿tu bar también tiene este escudo mágico?” “No. ¿Y cómo supiste que el bar es mío?” “Por favor,” dijo, rodando sus ojos. “La manera en que el personal te trata, la oficina en la parte de atrás, el hecho de que lo abres y lo cierras todas las noches. Y no olvidemos la pista más grande de todas, el hecho de que eres un campo anti-magia andante. No es necesario ser un genio para darse cuenta.” “Oh.” Agregué observador a su lista de cualidades. “Sí, bueno, dada la naturaleza de mi clientela, no podía prohibir portales o demonios dentro. Dejan muy buenas propinas cuando se emborrachan. Por supuesto, tienes que asegurarte de que no se roben a las meseras, pero aparte de eso, se comportan bien, especialmente comparados con otras especies.” “Me da la impresión de que el bar es tu bebé. Supongo que papi,” Auric casi se atragantó cuando llamó a Satán „Papi‟, lo que me hizo sonreír. “¿No tuvo nada que ver?” “Nop, el Nexus es todo mío, y para esta fecha, el próximo año, espero tener una pantalla plana y una máquina de karaoke.”

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“¿Karaoke?” Auric se rió. Golpeé repetidas veces mi zapato en el piso y lo miré fijamente “¿Qué es tan chistoso de tener un karaoke? Pasa que a mí me encanta.” “Perdón,” dijo Auric, tratando de ahogar las carcajadas. “Es sólo la imagen de algunos de tus clientes cantando… bueno, sólo digamos que pagaría por verlo.” Tenía ganas de mantenerme enojada, pero él tenía un punto. No importa. Quería karaoke en mi bar y, demonios, lo iba a tener. Auric se acercó un poco más a mí, y se me ocurrió que estábamos solos de nuevos, y eso hizo que los besos anteriores aparecieran en mi mente, provocando que me sonrojara. Tenía que alejarme de él antes de que hiciera algo estúpido (o eróticamente interesante). “Iré a buscar unas mantas y una almohada para ti y arreglaré el sillón.” Dije, girándome para escapar. Auric soltó una risita detrás de mí. Un sonido que envió escalofríos por mi columna, de los buenos. “Muriel, no puedo protegerte si no estoy en la misma habitación que tú.” Me di la vuelta y me encontré de frente con su amplio pecho, un pecho que estaba tentada a tocar. Miré hacia arriba y lo vi sonreír de lado, con un brillo malicioso en sus ojos. “Te dije que es seguro aquí,” dije, retrocediendo un poco y lamiendo mis labios que de repente se habían vuelto secos.

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“Si tu lo dices,” dijo Auric, obstinadamente, acercándose nuevamente a mí. “¿Qué pasa si te equivocas y algo atraviesa? El tiempo que me tomaría llegar a ti podría ser mortal. Nop, yo duermo donde tú duermes.” Quise estampar mi pie en frustración. “No vamos a compartir una cama. Ya te lo he dicho. No voy a ceder mi virginidad hasta encontrar el amor verdadero.” “¿Quién dijo algo sobre sexo?” dijo, agrandando sus ojos en inocencia. “Yo sólo dije que necesitaba estar en la misma habitación que tú.” “Yo… Um.” Me callé. Estúpido hombre. Me había vuelto a poner nerviosa. Hey, ¿no quería tener sexo conmigo? “Espera un segundo. ¿No me encuentras atractiva?” “Muriel, Muriel, Muriel,” dijo, reprendiéndome antes de levantar mi barbilla. Me besó suavemente. Sólo un breve y suave roce antes de alejarse. “Te deseo, pero respetaré tus deseos. No tendré relaciones contigo, a menos que me lo pidas.” Y dijo eso último con un poco de burla, antes de retroceder hasta estar fuera de mi alcance. Era inteligente, porque mi puño ya había comenzado su trayectoria. Agarró mi mano empuñada con una risita entre dientes, para después empujarme contra su fornido cuerpo. Mi cuerpo se enrojeció con calor, especialmente cuando me acordaba de las fantasías que había usado para masturbarme la noche anterior. Ahora sabía de primera mano que mi imaginación no le hacía justicia a lo que podía sentir estando

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apretada contra el largo de su sólido cuerpo. El placer erótico que me envolvió por este simple toque me asustó, pero aún más, me excitó. Sus brazos se enrollaron alrededor de mi cintura y me levantaron para que nuestros labios estuvieran a la misma altura. “Sabes,” me susurró, su aliento cálido haciéndome tiritar con deseo. “Hay cosas que podríamos hacer que aún te mantendrían virgen.” Seguramente, el gemido que escuché no fue mío. Mi mente y mi cuerpo estaban intrigados ante sus palabras. Era cierto, él tenía un punto, pero lo que temía era que en el calor del momento, olvidaría mi voto y me entregaría al placer sólo por lujuria. ¿Y sería eso tan malo? Se preguntó mi cachonda voz interna. Me hubiera encantado replicar, tanto a él como a mí misma, pero mi nariz, de repente, se crispó con un olor familiar mientras algo golpeaba la puerta. “Demonio,” dije innecesariamente, pues Auric ya me había soltado y se había dado la vuelta, posicionando su cuerpo enfrente del mío como un escudo. Un segundo más tarde, desenvainó su espada, pero no la que

había

sentido

presionada

contra

mi

bajo

vientre,

desafortunadamente. Encontré su protección adorable, pero al parecer se había perdido un punto importante. “Um, Auric, no está en el apartamento.” Auric me gruñó en respuesta. Seriamente. Caminé alrededor de su cuerpo erizado con anticipación y me dirigí hacia la puerta. Abriéndola rápidamente, fui cuidadosa de pararme detrás del umbral.

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Escuché una risa familiar, y un demonio que desafortunadamente conocía apareció en mi campo visual, frente a mi puerta. “Hola, Satana.” Misteriosos ojos negros se movieron para ver por sobre mi hombro y las palabras siguientes del demonio no fueron tan joviales. “Veo que te has encontrado un nuevo protector.” La fuerte presencia de Auric en mi espalda me daba confianza y un poco de engreimiento extra. “¿Qué quieres, Azazel? ¿Mi padre te envió?” Le pregunté al teniente de Satán y también mi ex-pretendiente. De hecho, la palabra pretendiente dependía de cómo se mirara el asunto. Azazel me quería para él y yo nunca lo había querido para mí, algo que aún le costaba entender, y por eso, me movía con cuidado en cuanto a él concernía. “Lucifer se encuentra en las últimas. Un nuevo poder está en camino y va a sacar a tu padre de su trono, y un nuevo orden prevalecerá en el infierno.” “Traidor.” Siseé. Saber que el teniente de confianza de mi padre lo había traicionado, volvió mi visión roja y peleé contra la necesidad de atravesar la puerta y castigarlo. Sin embargo, Azazel era un demonio de alto nivel, por lo que un pequeño hilo de sanidad y auto-preservación me mantuvo en mi lugar, aunque el hecho de ser inteligente, no me hacía menos enojada. “Pagarás por tu cambio de lealtades,” prometí. Quizás fueron mis ojos incandescentes, o la perversa sonrisa que se curvó

en

mis

labios,

pero

de

inconscientemente retrocedió un paso.

96

cualquier

manera,

Azazel


Al darse cuenta de que había mostrado debilidad, Azazel infló su pecho y tiró humo desde su nariz. “No tienes el poder para hacer daño, Satana. Yo, por el otro lado, te puedo causar un mundo de sufrimiento.” A mi espalda, Auric gruñó y yo extendí una mano para evitar que siguiera adelante. Azazel lo miró maquiavélicamente, revelando sus dientes afilados. “He venido a ofrecerte un trato, hija de Lucifer. Si vienes conmigo ahora, como mi concubina, puedes vivir.” “¿Y si me niego?” “Entonces mueres.” Me reí de él. Perdón, pero todo eso del ultimátum… Simplemente no funcionaba para mí. “Escúchame, Azz. Te lo he dicho antes y te lo voy a repetir de nuevo. Ni que fueras el último demonio en la tierra, así que puedes tomar tu oferta y metértela por…” No tuve la posibilidad de terminar la oración, porque, con un grito de rabia, Azazel se abalanzó en mi dirección, sólo para toparse con una muralla invisible. La magia alrededor de mi departamento, la que ni mis poderes podían deshacer, lo había detenido; eso y la punta de la espada que Auric apuntaba en su estómago. Inclusive Azazel, un demonio viejo y poderoso, podría ser dañado cuando un metal bendecido cortaba a través de él. Auric, con una mirada siniestra, me empujó hacia a un lado y enterró el largo del metal bendecido aún más adentro de la carne de Azazel; después, salió al pasillo.

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“¡Auric! No, vuelve a entrar,” dije apresuradamente, preocupada de que pudiera salir herido. Auric, por supuesto, me ignoró. Azazel sonrió malvadamente, pues la herida en su estómago aunque era dolorosa, no lo incapacitaba para alcanzar su arma. Me encogí de hombros y también salí al pasillo, riéndome ante la mirada de frustración que Azazel llevaba puesta, pues su espada mágica no podía aparecer en mi presencia y, al ser demasiado confiado, no había pensado en traer un arma de verdad como respaldo. “Vuelve al departamento,” gruñó Auric, tratando de levantar su espada aún dentro del cuerpo del demonio, para poder destriparlo. “No hasta que tú entres.” Dije obstinadamente, alejándome de una garra con la que Azz trataba de golpearme. Auric, dándose cuenta de que su espada no se iba a mover más, la sacó, cubierta de espesa sangre negra. Trató de recorrer el cuerpo del demonio con el afilado borde del arma, pero Azazel sólo se movió fuera de su alcance. “Espero que me escuches. No te puedo proteger de la manera adecuada si no lo haces.” “No necesito protección.” Dije entrecortadamente, mientras pateaba la rodilla de Azazel, haciendo que su pierna se doblara. “¡Maldita sea, mujer! Entra al departamento,” gritó Auric, batiendo su espada y acertando un corte a través del musculoso brazo de Azz. “No,” le grité en respuesta. Me dejé caer en el piso y rodé hacia las piernas de Azz. En cuanto golpeé la piel, lancé un golpe hacia arriba,

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con fuerza, en sus joyas. Sí, las bolas de los demonios son tan sensibles como las de un hombre. Con un grito de frustración -y bastante dolor- Azazel llamó un portal y se dejó caer dentro de éste, yéndose de vuelta al infierno con su nuevo señor. Me pregunto si Papá sabía que Azazel se había cambiado de bando. Otra cosa más que decirle cuando lo viera. Escuché el sonido de una puerta abriéndose desde el final del pasillo y una cara se asomó. Le di a mi vecina, Miranda, de 90 años, una sonrisa muy falsa. “Fastidiosos vendedores puerta-a-puerta. Nunca saben aceptar un „no‟ por respuesta.” Dudo que me creyera, pero de todas maneras volvió a su departamento más rápido que un conejo en una madriguera. El subterfugio que parecía ser parte de mi día a día, sin mencionar el peligro que venía con el simple hecho de ser yo, repentinamente, me dejó fatigada. ¿Por qué no podía tener una vida normal? Todo lo que quería era arrastrarme por mis cobertores y meterme en la cama, y olvidar todo y a todos. Bueno,

quizás

no

a

Auric.

Todavía

lo

quería

cerca

mío

y,

afortunadamente, no había salido corriendo. Guardó su espada, para después levantarme en sus deliciosamente musculosos brazos y me llevó de vuelta al departamento. Se dirigió directamente a mi pieza con mi no-muy-impresionante cama y me recostó gentilmente sobre las mantas. Lo miré mientras me sacaba las botas y los calcetines. Este

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cuidado tan tierno parecía extraño viniendo de un guerrero, pero de todas maneras, me gustaba. “No te tienes que quedar,” dije, de nuevo. Auric simplemente me dedicó una corta mirada y resopló. “Si hay alguien en necesidad de protección, esa eres tú.” Se sacó sus propias botas y calcetas, lo que me pareció extrañamente íntimo. Después, soltó la vaina de su espada que se hallaba atada a sus caderas, para dejarla a una distancia accesible, apoyada contra la cama; una cama que, al parecer, tenía toda la intención de compartir. Con una sonrisa perezosa y una mirada cálida que hizo que mi boca se secara y que mi corazón latiera más rápido, soltó el botón superior de sus jeans, para después recostarse a mi lado. La cama se ladeó bajo su peso, y me encontré deslizándome hacia él. Podría haberme detenido, pero antojaba la calidez de su cuerpo, incluso cuando me percaté de lo extraño que era estar recostada en la cama con un hombre. Mi cuerpo terminó acurrucado contra su costado, anidado bajo su brazo, que había envuelto sobre mi cabeza, a través de la almohada. Este íntimo contacto me dejó con problemas para hablar y sintiéndome muy tímida, y también muy consciente de su cuerpo. “¿Cómo es, el ser la hija del hombre menos querido del mundo?” preguntó, rompiendo el silencio. Mi risa salió un poco frágil. Amaba a mi papá, no me malinterpreten; pero algunos días no era fácil ser la hija de Satán. “¿De verdad quieres saber?”

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Auric movió su cabeza y quedamos frente a frente. “Cuéntame.” Así que lo hice. “Vine a vivir con mi padre, en el infierno, cuando tenía alrededor de 5 años. Realmente no me acuerdo de nada antes de eso. Es como si los recuerdos de esos años hubieran sido expulsados de mi cabeza. No todo era malo. Mi papá me dejó un ala de su palacio sólo para mí. Tenía una niñera humana, sabuesos del infierno, muchos hermanos y a mi papá.” “¿Ayudó en tu crianza?” Auric parecía sorprendido. “Por supuesto que lo hizo. Pasaba tiempo conmigo, todos los días. Mi padre puede ser Satán, pero me ama.” El porqué de que ese hecho sorprendiera a todo el mundo, no lo sabía. Incluso los malos podían amar. “Lo siento, pero es que nunca imaginé a Lucifer como del tipo paternal.” “Bueno, no digo que él haya hecho las cosas como un padre normal, pero hizo lo mejor que pudo.” Lo que me hizo pensar sobre el décimo octavo cumpleaños. Una edad cuando la mayoría de los padres se encontraban con lágrimas en los ojos al ver que sus pequeñas estaban creciendo, y rogaban por que dejaran de crecer tan rápido. Mi padre me preguntó porqué era aún virgen. Le dije que ninguno de los chicos le podía dar la pelea, algo de lo que me reía cuando él no podía verme. Pero esa conversación comenzó el desfile de hombres, de todas las formas, tamaños y especies, que era la

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forma en que el Rey del Infierno me ayudaba a perder algo que él consideraba como un obstáculo. Mis hermanas súcubos también me miraban con extrañeza. Sexo era sólo sexo, me decían. ¿A quién le importaba si el amor estaba involucrado? A mí. Para hacer feliz a Satán, para mi cumpleaños número veinte, me hice un tatuaje sobre mis nalgas. Por supuesto, el hecho de que me hiciera una mariposa rosada no lo había impresionado, pero parecía complacido del paso que había tomado en la dirección de la depravación y la corrupción. Auric interrumpió mi relato. “Muéstrame.” Sin inhibiciones, me giré sobre mi estómago y me bajé los pantalones, mostrándole mi pequeña mariposa. Temblé cuando uno de sus dedos recorrió la figura. “Bonito,” dijo, con su voz gruesa. Me

pregunto

si

se

refería

al

tatuaje

o

a

mi

trasero.

Yo,

particularmente, prefería la segunda opción. Tratando de controlar los pensamientos carnales que continuaban invadiéndome, decidí que era tiempo de que él me lo mostrara todo. Volví a reposarme sobre mi espalda y lo encontré observándome fijamente, como si fuera un puzzle que todavía no comprendía. ¿Qué podía decir? Era una persona profunda. “Tu turno.” Dije. “No tengo ningún tatuaje.”

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“No te hagas el tonto. ¿Cuál es tu historia? ¿Qué eres?” “Sólo un hombre con una espada mágica.” No me gustaba la manera en que seguía evadiendo mis preguntas, un pensamiento que le perdí el hilo cuando, de repente, se giró sobre mí. El contacto a lo largo de todo mi cuerpo hizo que me sonrojara y mi estómago comenzó a hacer volteretas por el aire. “¿Qué haces?” pregunté, tratando de sonar indignada, pero en cambio, salió como un susurro. “Esto.” Reclinó su cabeza y me saboreó. A diferencia de los suaves besos de antes, éste tenía poder en él. Tomó mis labios como si le pertenecieran. Saboreándolos y acariciándolos con los suyos hasta que gemí de placer. Mis manos se enlazaron en su cabello de ébano, mientras lo besaba de vuelta, con la misma pasión. Sus suaves mechones cosquilleaban como seda entre mis dedos. Tiré de él con ambos puños y él dejó mis labios. “¿Qué estás haciendo?” Susurré de nuevo, mientras que mi corazón palpitaba erráticamente. “Conociéndote mejor.” Dijo, sonriendo maquiavélicamente. “Te doy mi palabra. No importa cuán fuera de control te pongas. No romperé tu virginidad.” Esa palabra. Miré dentro sus vívidos ojos verdes y me cuestioné cuán buena esa palabra era.

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“Confía en mí.” Murmuró, mientras volvía a reclinarse para tomar mi labio inferior entre sus dientes. Solté su cabello y envolví mis brazos alrededor de su torso, sintiendo los músculos en su espalda tensarse mientras soportaba la mayor parte de su peso, manteniéndose erguido al apoyar sus antebrazos. Pero yo quería sentir su cuerpo aplastándome. Estábamos completamente vestidos. ¿Qué tan peligroso podría ser? Empujé sus brazos, por lo que dejó caer todo su cuerpo sobre el mío, y encontré cuán peligroso podía ser. La sensación de su entrepierna, una creciente dureza presionando contra la V que formaban mis muslos, hizo que arqueara mis caderas contra él. Mi respiración aumentó aún más, mezclada con gimoteos mientras su boca dejaba mis labios hinchados para bajar a mordisquear mi cuello. Me retorcí contra él mientras acariciaba la suave piel de ese sector. Sabía que tenía que decirle que se detuviera, pero mis labios se negaban a hablar. Cuando su boca se movió más abajo, mis manos subieron para alejarlo, pero, de nuevo, mi cuerpo me traicionó, pues enterré mis dedos en sus hombros y arqueé mi espalda en vez de separarlo de mi cuerpo. No quería que el placer que me inundaba cesara. Su boca trazó la curva del cuello de mi remera, mientras que su mano tocaba uno de mis pechos. La yema de su pulgar acarició mi pezón, que inmediatamente se endureció y la protuberancia se apretó aún más cuando la tomó con sus dientes. Grité ante esta nueva experiencia y enterré mis dedos con más fuerza en los músculos de sus

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hombros. La tela de mi polera se mojó mientras chupaba mi pezón, sacándolo aún más. No podía controlar mis gemidos. La sensación de su boca, incluso a través del material, mandaba un ardiente remezón de deseo todo el camino hasta mi coño. Podía sentir mis bragas volviéndose cada vez más húmedas, mientras que la presión que se iba construyendo dentro de mí era algo aún mayor de lo que nunca había sentido. Como si sintiera mi creciente urgencia, se giró un poco, de manera que sólo parte de su cuerpo me cubriera y sus manos tocaron mi bajo estómago. Temblé ante su tacto, y casi lo alejé cuando sus ágiles dedos se deslizaron por debajo del elástico de mis pantalones de yoga. Mi consciencia sintió un poco de preocupación en ese momento. ¿Mantendría su palabra? Pero él seguía vestido, incluso si sus dedos rozaban los rizos de abajo. Entonces, me distrajo de su mano cuando su boca retomó la tortura en mis pechos. Sus dientes mordisquearon la protuberancia y sacaron un grito desde mí. Un grito que repetí cuando sus dedos encontraron la hinchada protuberancia allá abajo. Mi cuerpo entero se arqueó de la cama cuando sus dedos comenzaron a acariciarme. Su áspero dedo creando una fricción deliciosa en el punto más sensible. Sabía que debería empujarlo y alejarlo, mientras que los sentimientos que él provocaba en mí se salían de control. En cambio, dije, “Por favor.” Una palabra que él tragó con sus labios mientras traía su cara hacia mí, su boca posesiva marcando la mía.

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Me retorcía de placer sobre la cama. Quería, no, necesitaba más. Las olas de dicha dentro de mí seguían formándose, casi al punto de ser doloroso. No protesté cuando sentí que sus labios se deslizaban de los míos, lamiendo su camino hacia abajo por mi cuello. Se deslizó a lo largo de mi pecho, mi estómago y, por un momento, sus dedos pararon su

tortura,

pero

sólo

por

un

segundo;

mientras

deslizaba

mis

pantalones, quitándomelos tan rápidamente que ni siquiera tuve oportunidad de protestar. Luego, ni se me ocurrió protestar, ya que puso su caliente boca en mi sexo. De hecho, grité. Había leído sobre sexo oral, incluso había fantaseado con él, pero nada me había preparado para el total y absoluto placer que sentía. Su lengua se movió a lo largo de mi clítoris, una sensación exquisita que él siguió con una succión completa. Sentí como si diera una vuelta en el aire, con mis caderas alejadas de la cama. Una mano fuerte me volvió a apoyar sobre el colchón y mientras me mantenía ahí, una prisionera de su boca, sentí su otra mano acariciando mis labios internos. Me sacudí cuando deslizó el primero, después, dos y finalmente un tercer dedo, sólo parcialmente adentro. Me apreté con fuerza alrededor de esos dedos que me penetraban y lo escuché gruñir mientras él continuaba bañando mi clítoris con su lengua. Me subí a la montaña rusa de la felicidad en este punto. Fuera de control, gritando por la emoción hasta que, finalmente, llegué a la cima de la gran montaña y la goberné. Lo que siguió fue una ola pura, una

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que me hizo gritar y sacudirme, mientras el orgasmo más poderoso que haya experimentado rasgaba mi cuerpo. Pero Auric no detuvo la tortura ahí; oh no, él se mantuvo abajo y continuó lamiendo mi protuberancia hinchada hasta que mi cuerpo se encontraba tan sensible, que convulsionó de nuevo. Las ondas de mi segundo orgasmo casi me dejaron inconsciente y, cuando bajé de ese éxtasis, me encontré a mí misma temblando, pero sintiéndome energizada de una manera u otra. Una parte de mi cerebro lo sintió moverse, hasta quedar a mi lado nuevamente. Me giró hasta que quedé sobre mi costado y me volvió a acercar a él, acomodando su cuerpo a la forma del mío. No dijo palabra, lo que mentalmente agradecí, porque no sabía lo que debería decir. “Gracias” parecía un poco inadecuado. Me maravillé por su auto-control, aunque, a través de su ropa podía sentir su erección presionada contra mi parte trasera y eso me hizo sentir culpable; ¿Debería devolverle el favor? Todavía me costaba creer que había mantenido su palabra. Me había dado placer, mientras respetaba la petición de nada de sexo. Lo único que me molestaba era el pensamiento de que había roto mi voto, aún sin penetración. Semántica, quizás, pero me molestaba e importaba. ¿Amaba, acaso, a Auric? Si él intentaba follarme, ¿lo dejaría? La respuesta me asustó.

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Capítulo Seis Traducción de Astrea Corregido por Mari

Finalmente conseguí dormir, aún con un millón de preguntas dando vueltas por mi mente, la presencia de Auric me producía sueños eróticos en

los

que

le

hacía

cosas

sucias.

En

medio

de

una

proeza

particularmente gimnástica, fui abruptamente despertada por un grito. Mierda, mi padre había llegado. Miré a la cama a mi lado y la encontré vacía. ¿Cuál fue mi reacción inicial? Alivio. Auric se había ido después de todo. Rápidamente le siguió la decepción. Yo no podía creer que él simplemente se hubiera ido así como así. Fue entonces cuando tuve un espantoso pensamiento. ¿Qué sucedería si Auric se había quedado y ahora se enfrentaba a un furioso rey del infierno? Me arrastré para salir de la cama y sólo me tomó un segundo tirar de mis pantalones, luego me apresuré hasta la sala de estar. Me deslicé hasta que vi a mi papá solo. Mi cuerpo se relajó mientras mucha de la ansiosa tensión se salía de mí. A salvo por el momento, eso es. “Satana Muriel Baphomet, ¿en qué has estado metida?” Preguntó Satanás en una voz calmada y controlada. Oh, oh, problemas. Así que, desde luego, me hice la tonta. Nunca admitas algo hasta descubrir qué es lo que tu oponente sabe. “¿A qué te

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refieres, papi, querido?” Dije, sentándome rápidamente sobre el abrigo de cuero de Auric, tratando de cubrirlo mientras mi mente entraba en pánico. Él no se había ido después de todo, lo que significaba que… Mis ojos se desviaron hacia la puerta cerrada del cuarto de baño y el silenciado sonido de la ducha corriendo. Tenía que sacar a mi padre de allí inmediatamente, antes de que Auric saliera, o lo pagaríamos en el infierno, literalmente. “No te hagas la tonta conmigo,” dijo el señor del infierno en un tono calmado. “Sé que tuviste a un hombre aquí anoche, Charon me lo dijo.” Su rostro se transformó en una sonrisa de placer. “¡Finalmente lo hiciste! ¿Quién es el afortunado?” Maldición, papá pensaba que finalmente había sido desflorada. Esto podía ser incómodo. “No tan rápido papá. Sí, un hombre pasó la noche aquí, pero nada ocurrió. Sólo hablamos.” Y me dio el más perverso orgasmo que jamás he tenido, pero algunas cosas simplemente no se las dices a tu padre. Las cejas de Lucifer se alzaron. “¿Qué? Ustedes hablaron. ¿Dónde está ese idiota? Voy a tener una conversación con él acerca de profanar a mi hija. Tal vez necesite instrucciones.” “¡Papá!” dije en un alarido. “Eso es tan grosero. Y él no necesita ninguna ayuda. Te dije que no lo haría hasta estar enamorada. Ahora, ¿te importaría cambiar de tema? Esto no es de tu incumbencia.” Sin mencionar mortificante. “Soy tu padre, todo acerca de ti me incumbe.”

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“No esto,” murmuré entre dientes. La puerta del cuarto de baño permaneció afortunadamente cerrada, el sonido de la ducha aún era evidente. Lo cual medio me sorprendió. Para un tipo decidido a protegerme, Auric no parecía ser demasiado observador. Así como, hola, el más grande de todos los demonios está en mi sala de estar. Necesitaba reenfocar mis pensamientos. “Papá, Charon me comentaba la otra noche que hay una rebelión en curso.” “Bah,” dijo mofándose. “Suprimo una docena de esas por semana. Ésta sólo me está tomando un poco más de lo usual. De cualquier manera,

yo

realmente

necesito

que

seas

más

cuidadosa.

Aparentemente, estos postulantes a la tortura eterna parecen pensar que pueden herirme matándote. Basura, por supuesto, pero pensé que deberías saberlo.” Sonreí. Papá odia las demostraciones públicas de afecto. “Ridículo, lo sé,” respondí. “Sí, bueno, si necesitas guardias, puedo prescindir de un par. No que me importe que estés bien ni nada de eso,” dijo ásperamente, sin mirarme. “No es necesario, papá. Déjatelos en el infierno. Tengo todo cubierto aquí. Lo que me recuerda, ¿sabes que Azazel saltó el cerco y está ayudando a tu enemigo, verdad?” El rostro de Lucifer se ensombreció. “¡Traidor! Después de todo lo que he hecho por él. Reservaré un castigo especial para él.”

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“Muy bien,” dije, entrando rápidamente en pánico mientras el sonido de la ducha se detenía. “Bueno, si eso era todo, deberías volver allá abajo. Ya sabes, hacer polvo unos cuantos espíritus, y todo eso.” Satán me miró con el ceño fruncido. “Muriel, ¿estás tratando de deshacerte de mí?” “¿Yo?” respondí abriendo mis ojos de par en par. “No seas ridículo.” El rey del infierno me miró con suspicacia, pero yo seguí con mi brillante sonrisa. Finalmente, dejó escapar un suspiro. “Oh, casi lo olvido,”

dijo

abruptamente, chasqueando

los dedos. “Estás muy

castigada,” dijo con voz estruendosa, lo suficientemente fuerte para hacer que los cuadros en las paredes temblaran. “¿Qué?” chillé. “¿Por qué?” “No sólo soy tu padre; también soy el maestro del engaño. De verdad pensaste que no me enteraría acerca de tu asociación con ese… ese…” “¿Está usted refiriéndose a mí?” Preguntó Auric en una mortecina y calmada voz detrás de mí. Quise golpearme la cabeza contra la pared. Maldición,

y

doble

maldición.

Podía

ver

esto

ponerse

feo

muy

rápidamente, mientras el nivel de testosterona ascendía a niveles peligrosos. Sin mencionar mis niveles de excitación, en tanto la camisa de Auric se pegaba mojada a los bien definidos músculos de su pecho. Mi padre sonrió maliciosamente. “¿Te ha dicho él quién y qué es?”

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Miré la cara de satisfacción de mi padre y luego la tensa cara de de Auric. Sabía que no me gustaría lo que se venía. “Planeaba decírselo yo mismo,” dijo Auric. “¿Cuándo? ¿Después de tomar su corazón y su virginidad?” respondió Satán, sacando la rutina de padre protector, para mi sorpresa. Auric se enrojeció como una remolacha. Qué, ¿estaba planeando corromperme? Mmm, que estimulante. Pero volviendo al asunto entre manos. “¿Qué escondes?” enfrenté a Auric, con los brazos cruzados. “No es tan malo como Satanás lo está haciendo parecer,” dijo, luciendo muy descontento. “Genial, entonces dime.” Era casado. Solía ser una chica. Mi mente evaluó las muchas posibilidades. Auric me miró y luego a Lucifer; parecía estar peleando una batalla interna, una que había perdido. Suspirando, dijo, “Soy un ángel.” Muy bien, esa no era la respuesta que esperaba. “Un ángel caído,” añadió mi padre. Le lancé a mi padre una mirada maliciosa. “Deja que él me lo diga, papá. Quiero oírlo de sus propios labios.” “Soy un ángel, caído del Cielo y del Ejército de Luz.”

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“Gran cosa. ¿Cuál es el problema? Tenemos montones de ángeles caídos en el infierno.” “Ah,” dijo mi padre dichoso. “Pero los caídos en el Hades siguen el camino del mal. Sus almas se han perdido más allá de toda redención.” Arrugué la frente y traté de procesar lo que ambos no estaban diciéndome.

Detestaba

las

discusiones

matutinas

intensas,

especialmente antes de mi taza diaria de café. Lentamente, se encendió la lamparita en mi cabeza y se hizo la luz del entendimiento. “Aún no has perdido tu alma en el lado oscuro, lo que significa que puedes redimirte ante los ojos de Dios, y recuperar tu posición en el cielo. Bien, Eso es bueno para ti, ¿no?” Auric se veía miserable. “Vamos, dile el resto,” lo provocó mi padre. “Puedo regresar si realizo un grandioso acto de bien.” Las palabras salían con reticencia. Yo puedo ser realmente densa a veces. “¿Como qué, salvar a una anciana de un edificio en llamas?” “Más grande,” respondió Auric, cambiando de pie incómodamente. Y luego tuve una gran revelación. Mi boca cayó abierta, mis ojos se ensancharon, y susurré, “Si liberas al mundo de un gran mal. Algo así como, digamos, la hija de Satanás.”

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“Originalmente, planeé eso; pero luego te conocí y supe cómo eras tú y…” “¡Querías matarme!” aullé. “Ya no.” Auric me miraba suplicante. “Oh, caramba, eso lo mejora todo. Entonces, ¿Qué? ¿En lugar de eso matarás a uno de mis amigos? ¿Tal vez mi hermana, Bambi?” Vociferé. “No, claro que no. Yo…” Auric titubeó, sus ojos eran una ventana hacia la miseria, pero a mí no me importó. Me sentí tan engañada. Yo confiaba en él. Me permití comenzar a interesarme por él. Lo dejé tocarme; y todo el tiempo estuvo mintiéndome. “Bien, veo que mi trabajo aquí está hecho,” dijo mi padre todo alegre. “Hablamos después.” Con un estallido y hedor de azufre, Satanás volvió al infierno para dispersar un poco más de su versión de felicidad. Mi corazón se achicharró en mi pecho, y las paredes que protegían mi psiquis se golpearon cayendo abajo. “Creo que deberías irte,” dije inexpresivamente, dirigiéndome a mi habitación. “¿Podemos al menos hablar de esto?” preguntó, buscando tomar mi brazo. Sin siquiera ser consciente de ello, lo rechacé. Mi fuerza azotó y lo empujó lo suficientemente fuerte como para golpear la pared y resquebrajarla. Él me miró, sorprendido, lo que hizo que fuéramos dos.

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Quiero decir, sabía que tenía poderes y eso, pero nunca los tuve reaccionando de ese modo. O tan poderosamente. “Por favor vete. No hay nada más que decir.” Auric se veía tan miserable como me sentía yo. ¡Cómo se atrevía! Él me había traicionado. Yo escuchaba, de espaldas, mientras Auric tomaba su abrigo y se iba. Tan pronto como la puerta golpeó detrás de él, la primera de muchas lágrimas rodó por mi rostro. Presioné mis puños en mis costados y dejé salir un grito, un sonido angustiado que persistió, hasta arrodillarme sollozante. ¿Cómo pudo hacerme eso? Yo creía que me quería. Yo había comenzado a quererlo. Le conté cosas que nunca le había contado a nadie. Le dejé tocarme en maneras que nunca me habían tocado. Y todo había sido una mentira. Una enorme y jodida mentira. No sé cuanto tiempo lloré hasta que unos brazos suaves me acunaron. “Ya, ya corderita,” me llegó la tierna voz de Bambi. “Olvida todo acerca de ese asqueroso hombre.” “Él me lastimó,” dije en voz apenas audible. “¿Por qué? Estaba lista para entregarle mi corazón y mi cuerpo.” “Es un hombre,” respondió mi hermana, su voz volviéndose tosca. “Los hombres son cerdos. Confía en mí, lo sé.”

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“Pero yo creía que Auric era diferente.” Hipé entre lágrimas. “Yo creía que él me veía como una persona. Le dejé tocarme, y me gustó. ¿Cómo pude disfrutarlo, cuando todo el tiempo él planeaba matarme?” “No lo sé corderita. ¿Estás segura de que quería matarte?” Evalué la pregunta de Bambi, y mi primer impulso fue gritar, “¡Sí, claro que quería! Soy la hija de Satanás.” Pero luego comencé a usar mi cerebro para otra cosa que rellenar mi cráneo. Pensando acerca de ello ahora, Auric había tenido muchísimas oportunidades de matarme si lo hubiese querido. Infiernos, dormí al lado de él. ¿Podría haber estado más vulnerable que eso? Bambi notó mi cambio de humor. “¿En qué piensas hermanita?” “¿Por qué no me mató?” “Tal vez esperaba el momento adecuado.” “Es justamente eso, Bee; tuvo montones de oportunidades, sin mencionar una espada sagrada, pero no lo hizo. ¿Por qué no me mató y se ganó sus alas de nuevo?” “Lo negaré si lo repites alguna vez, pero he estado rondando a los hombres por mucho tiempo. Creo que siente amor por ti, te ama.” La cara de Bambi se agrió al mencionar la palabra “amor”, una emoción súcubo utilizada para su beneficio pero sin entender. De cualquier modo, esa respuesta, viniendo de mi hermana, de entre todas las personas me asombró. ¿Me amaba? ¿Sería eso posible? ¿Lo

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amaba yo? Eso ciertamente explicaría la pena que me consumía por su traición. En realidad, esa era la respuesta que tenía más sentido. Amaba a un ángel caído. Y lo eché fuera y le dije que no volviese jamás. Las lágrimas comenzaron a rodar nuevamente. “¿Qué?” Preguntó Bambi preocupada. “Le dije al hombre que amo que se fuera y no volviera nunca.” Bambi rió. “Oh, corderita, no te librarás de él tan fácilmente.” “¿Por qué dices eso?” dije con voz gangosa por el llanto. “Lo vi ocultándose afuera, observando el edificio.” Mi corazón comenzó a latir de nuevo, para dar saltitos hasta una interrupción casi inmediata. “Tal vez, él sólo está esperando que aparezca un demonio asesino, para poder hacer su buena acción y volver al cielo.” Bambi volvió a reír, y me tiró del suelo. “Ve y toma una ducha mientras preparo café. Querrás lucir de lo mejor cuando él vuelva arrastrándose.” De alguna manera no podía imaginar a Auric arrastrándose por nadie, pero una ducha y un sacudón de cafeína sonaban geniales. Tuve una epifanía en la ducha. No podía permitirle a Auric amarme, no si yo lo amaba. Como hija de Satanás, nunca sería bienvenida en el cielo, sin importar si me

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comportaba adecuadamente o no; incluso siendo Dios técnicamente mi tío. Si me relacionaba con Auric, por defecto, él sería expulsado del cielo también. Nunca volvería a tener sus alas y a reunirse con sus camaradas en el paraíso. Si lo amaba, debía dejarlo ir. No lloré tanto esta vez; hay algo acerca de ser noble y sacrificada que la hace a una determinadamente fuerte. Ayudaría a Auric a salvarse de sí mismo y al mismo tiempo, teniendo un poco de fe, él encontraría una manera de volver al cielo que no involucrara el hecho de tener que matarme. Y tal vez a la larga, yo podría encontrar otro hombre que hiciera que mis rodillas se volvieran de gelatina, mi corazón latiese más rápido y a quien mi padre odiara absolutamente. Después de llorar otro poco, acabé de bañarme y me vestí sombríamente. Una falda corta escocesa negra y verde, tableada; una camisa negra desabotonada, lo suficiente para mostrar el encaje negro de mi corpiño push-up; y zapatos negros sin tacón, tipo ballerina, en caso de que necesite patear traseros de algunos asesinos. Tiré y envolví mi pelo en un apretado rodete en el que metí dos largas agujas de plata. También puse fundas para cuchillo en mis piernas en las cuales deslicé dos dagas encantadas. En mi bar teníamos un lanzallamas debajo del mostrador, y más armas en mi oficina por si las necesitaba. Mi arma más potente: yo misma. Cuando finalmente entré pavoneándome en la cocina, con mi autoestima restaurada, Bambi sonrió y me dio una taza de café.

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“Aquí tienes mi cordero feroz,” dijo sonriendo. Para ser la guarra más grande del mundo, Bambi era una grandiosa hermana mayor. Y no, no es un insulto; Bambi se enorgullecía de ganar ese título año tras año. “¿Estás lista para traer a tu hombre de vuelta?” preguntó. “Nop. Decidí que él está mejor sin mí. Es la única manera en la que volverá al cielo.” “¿Estás segura de esto?” interrogó Bambi, su hermoso rostro en creciente preocupación. Mi voz dijo, “Sí,” pero mi corazón sollozaba, “No.” No importaba, tenía que hacerse.

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Capítulo Siete Traducción de Belgy Corregido por Mari

Seguí buscando algún indicio de Auric mientras caminaba al trabajo acompañada de Bambi. Ella me aseguró que él nos seguía, aunque no podía sentirlo. Bien, porque eso significaba que no tendría que decirle que se buscara a otra, pero mal, porque tenía este maravilloso discurso preparado. Había esperado que apareciera, pero en su lugar, David y Christopher entraron al bar no mucho después de que yo lo abriera. Ellos se miraron los pies, arrastrándolos tímidamente, sin mirarme a la cara. Resoplé, “Déjenme adivinar, estuvieron involucrados.” “No sabíamos que eras tú,” dijo David, “creíamos que la hija de Satanás sería una vieja bruja mala.” “Entonces, ¿qué? ¿No van a matarme porque soy una chica joven y bella?” “Bueno sí,” dijo David, “eso y que no podemos matar a la novia de Auric. No estaría bien.” Me quedé helada por un segundo. ¿Su novia? ¿Qué les había dicho Auric?

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“¿Cuándo les dijo Auric que era su novia?” pregunté en voz baja. Mi corazón latía con fuerza esperando la respuesta. No es que me importara, porque tenía que terminar con él. “Recién,

ahí

afuera,

cuando

nos

dijo

que

entráramos

y

te

protegiéramos.” Christopher suspiró, “David, amigo, hablas demasiado. Escucha, es verdad que al principio vinimos a este bar porque escuchamos que aquí podríamos encontrar a la hija de Satanás, pero en cuanto Auric se dio cuenta que eras tú, el plan de matarte por sus alas fue cancelado. Auric se preocupa por ti. Por eso estamos aquí. Él nos pidió que fuéramos sus ojos y oídos en este lugar.” “¿Y dónde está él?” “Por ahí,” dijo Christopher en forma ambigua. “Genial, bueno, chicos, quédense por aquí y vigilen el bar. Yo debo volver atrás y hacer un poco de papeleo.” Una mentira, mi papá estaría orgulloso, pero no quería que me siguieran cuando saliera a buscar a Auric. Me escabullí por la puerta lateral que da al callejón, donde me quedé parada como perdida. En todo caso, ¿Dónde andaría merodeando Auric? Me burlé de las sutilezas. “¡Auric!” grite. Esperé con impaciencia, luego volví a grita su nombre, “Aur…” Una mano me tapó la boca, así que obviamente la mordí. “Ay,” gritó

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la voz ronca de Auric, “¿Por qué lo hiciste?” “La próxima vez identifícate antes de agarrarme, si no quieres salir lastimado,” le dije, sin una pizca de remordimiento. “Trataba de que te callaras, así la gente no se enteraría que estabas sola aquí afuera.” “Pero no estoy sola, tú estás aquí. Que es el motivo por el cual yo estoy aquí, para hablar del porqué estás aquí cuando no deberías.” Me encantó la mirada confusa en su rostro. “Escucha, Muriel, si estás tratando de decirme que me vaya, entonces olvídalo.” Quería preguntarle porqué se quería quedar, pero por supuesto ahí fue cuando aparecieron los demonios del infierno. Cayeron desde el techo del bar, tres bestias descomunales que nos rodearon. Con el humor que yo andaba, deberían haber enviado a más. Oí el chasquido de la espada de Auric al ser desenvainada, y sabiendo que se encargaría del demonio a mi espalda, o al menos lo mantendría ocupado, yo les sonreí a los dos que tenía al frente. “Hola chicos, ¿vinieron a jugar?” me burlé. Las bestias musculosas no respondieron, en lugar de eso, uno se movió de lado tratando de flanquearme mientras el otro se acercaba a mí. Mi cabeza seguía sin recordar los conjuros y mi poder estaba

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dormido. Tendría que pelear de verdad, lo que me parecía bien. En estos momentos tenía mucha frustración acumulada que necesitaba liberar. No esperé que el primer demonio se me acercara. Lo ataqué, con mis cuchillos plateados repentinamente en mis manos, cortando mientras me deslizaba bajo sus puños oscilantes. Logre dos cortes simétricos en sus costillas antes de girar y retroceder. Sonriéndole de forma mordaz, hice un rápido conjuro, y de repente mis cuchillos brillaron de un rojo intenso. Los había llenado con el fuego infernal, lo que significaba que la próxima vez que los cortara, ellos se quemarían y quemarían… Bueno, sólo digamos, que se necesitaría de algo de magia poderosa para detener la quemazón. Sintiendo movimiento a mi espalda, me agaché justo cuando un musculoso puño con garra golpeaba donde había estado mi cabeza. Giré en un pie y con el otro lancé una patada contra la rodilla de la criatura, la fuerza de mi golpe provocó un fuerte crujido. El demonio calló gritando mientras su pierna se doblaba bajo él. Me quedé boquiabierta por un segundo. O me había vuelto más fuerte de la noche a la mañana o algo muy extraño estaba pasando. Rodé, el instinto controlando repentinamente a mi cuerpo, y corté al demonio caído que trataba de agarrarme. Con un aullido, llevó su mano ardiente hacia su pecho, y yo me levanté. Me giré para enfrentar a mi primer enemigo, pero Auric ya estaba peleando con él. Me giré, buscando más peligro, y vi que el primer oponente de Auric estaba cortado en dos. Decapitado. Genial.

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Volví a girar para ver la pelea, mi corazón casi se detuvo cuando el feo y negro demonio pasaba sus garras sobre el pecho de Auric, rasgando su ropa y piel, brotando inmediatamente sangre roja. Me di cuenta que estaba enfurecida –¿cómo se atrevía a lastimar a Auric?– y sin pensarlo, grite las poderosas palabras que de repente aparecieron en mi mente. La fuerza de ellas retumbó en el aire, y vi al demonio abrir los ojos con horror… algo que nunca había pensado que vería en sus rostros... justo antes de que se desintegrara en una lluvia de cenizas negras. Pero lo que sea que haya hecho fue demasiado y caí sobre el sucio asfalto desmayándome.

Cuando desperté, el rostro de Auric estaba sobre el mío, con una mirada de preocupación. “¿Dónde estoy?” pregunté tratando de sentarme. Auric puso su mano sobre mí e hizo que volviera a tenderme. “En el sillón de tu oficina. Quédate acostada por un minuto.”

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“Estoy bien. ¿Qué pasó con los demonios?” “¿Qué demonios?” preguntó Auric, “cualquiera haya sido el conjuro que dijiste los convirtió a los tres en polvo.” Lo miré sin comprender. ¿Que hice qué? “Imposible. Entiendo, tal vez destruí a uno con una magia ancestral como la que hice antes, pero ¿A los tres? Imposible. Nadie puede hacerlo.” “Tú lo hiciste.” Quería decirle que era un mentiroso, pero sabía que decía la verdad. También explicaría porqué me desmayé. La cantidad de magia involucrada… Bueno, digamos que, debió haber sido asombrosa. Pero, para empezar, ¿De dónde provenía toda esa magia? ¿Había alcanzado cierta estabilidad mágica? Lo que sea que haya pasado me había dejado más débil que un gatito, algo que descubrí cuando traté de levantarme. Mi cabeza giró en varias direcciones y mis piernas cedieron, haciendo que me cayera con fuerza sobre el sillón. Auric se cernió sobre mí, con preocupación. Puso el dorso de su mano en mi frente, como si estuviera comprobando mi temperatura. Aún no tenía, pero si tocaba un poco más abajo… ¿Cómo podía tener pensamientos obscenos cuando mi estómago estaba revuelto por las náuseas? No lo sabía, pero de repente me sentí un poco mejor. “Deja que me levante,” me quejé. “No, no veré como te caes de cara. Lo que sea que hayas hecho, te quitó mucha energía.”

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No me gustaba ser tratada como una invalida. Enojada lo empujé. Fue como empujar una gran roca. Él no se movió, así que me volví a tender, de mal humor. Auric me miró, suspiró y movió su cabeza antes de sacarla por la puerta y murmurarle a alguien. Un segundo después, Christopher y Bambi entraron. “¿Por qué están acá?” pregunté. “Algo pasó ahí afuera. Esa magia que hiciste, se nota que no la sabes controlar. Mira lo que pasó, en vez de sólo destruir a un demonio, acabaste con los tres. Y ayer en tu departamento, con ese otro demonio; no estoy ciego, vi la mirada en tu rostro cuando lo desintegraste. Algo está cambiando con tu magia, y necesitamos saber qué es antes de que te lastimes.” Abrí la boca para negar lo que él estaba diciendo, a pesar de que eso pareciera cierto. Me negaba a admitir que podría haber un problema con mi magia o con mi control sobre ésta. Auric, en cambio, viendo que me opondría se puso de rodillas al lado del sillón donde estaba tendida. Me besó profundamente, haciendo que me tragara cualquier protesta o negación que podría haber dicho. No paró hasta que Christopher se aclaró la garganta y Bambi rió bajito. En cuanto a mí, mareada por su abrazo, habría hecho cualquier cosa que me pidiera. Él me sonrió, acariciando mi ahora hinchado labio inferior. “Ellos te van a hacer un par de preguntas para ver si pueden descubrir qué es lo que está pasando con tu magia. Sé una buena chica y respóndeles.” Su comentario súper machista y sabelotodo me enfureció. “Mi magia

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es más fuerte, ¿y qué? “Sólo compláceme, por favor.” Miré a Auric. Quería que se fuera y me dejara sola antes que algo malo le sucediera. Quería envolverlo con mis brazos y que me besara nuevamente. Quería matar alguien otra vez por lastimarlo. Quería decirle que se fuera al diablo por hacer que me enamorara de él cuando no podría tenerlo. Había sólo un problema con esto último: si se iba al diablo, tal vez me lo encontraría ahí. Suspiré, mirando a los tres pares de ojos que me observaban. Parecía que no obtendría lo que quería hasta que cooperara. “¿Qué quieren saber?” “¿Cuándo

obtuviste

por

primera

vez

tu

poder?”

preguntó

Christopher. “Siempre lo he tenido,” aún recordaba la primera vez que lo había usado. No fue mucho después de mudarme al palacio de papá en el infierno. En un esfuerzo para socializar, llevaron a una niña demonio para que jugara conmigo. Eso no resultó muy bien. La niña demonio había robado mi muñeca favorita y me molestaba. Recuerdo haber llorado y haberle rogado que me la devolviera. Cuando ella se burló de mí, me enojé mucho y deseé que se detuviera. Lo próximo que supe, fue que la niña demonio había volado por el aire y golpeado la muralla, y yo había recuperado mi muñeca. Todos fueron mucho más cuidadosos conmigo después de eso. “¿Se ha vuelto más poderosa con el paso de los años, o se mantuvo

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igual?” “Un poco más en la adolescencia, pero bastante estable desde ahí, hasta hace dos días.” “¿Algo cambio para ti? ¿La comida? ¿El sueño?” Casi me reí tontamente al pensar en lo que de repente estaba consiguiendo. “¿En qué estás pensando?” preguntó Christopher mucho más serio que la primera vez que lo vi. “Preferiría no decirlo,” respondí, tratando de no sonrojarme. Sin embargo, Bambi me dio una mirada de complicidad, tocando el brazo de Christopher y señalando hacia Auric, y se pusieron a murmurar. “¿Qué

sucede?”

pregunté

enojada,

porque

me

ignoraban

y

murmuraban frenéticamente. Trate de escuchar, pero mi cabeza se sentía confundida, así que desistí del intento. Pero me recuperé lo suficiente para quejarme. “¿Hola?” me quejé. “Aquí. ¿Les importaría decirme qué es lo que tanto murmuran?” los tres se separaron con aire de culpabilidad y yo los miré. Christopher se aclaró la garganta. “Mmmm, bueno, tal parece que agotaste tus reservas de magia, por eso te sientes tan débil.” “Creo que ya me había dado cuenta de eso, Sherlock. No es para tanto. Descansaré y las recuperaré.”

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“Sí, bien,” dijo Christopher moviéndose de forma incomoda. “¿Sabes cuánto te toma recuperar tus reservas mágicas?” Me pareció que algo no andaba bien. ¿Por qué todos me miraban como si fuera una bomba a punto de estallar? “Nunca lo había pensado antes. La magia siempre ha estado ahí, más fuerte desde la pubertad.” “Mmm, bueno… déjame ver cómo decirlo,” Christopher se puso rojo y miró a la muralla sobre mi cabeza. “Ahh, por todos los santos,” interrumpió Bambi rodando los ojos, “lo que a este idiota le cuesta decirte es que tu magia está basada en el sexo.” Al parecer esto era significativo. Sólo deseaba entenderlo. Bambi lo explicó. “Necesitas ser estimulada sexualmente para recuperar tu magia.” Me reí. Una risa que se apagó cuando vi el rostro engreído de Auric, el asombro de Christopher y la sonrisa triste en el de Bambi. “No, eso no puede ser verdad, porque soy virgen…” me callé. Una virgen que se masturbaba mucho y que la noche anterior, había tenido la experiencia sexual más intensa de su vida… y de repente podía destruir tres demonios al mismo tiempo. Por primera vez en mi vida me sonrojé. “Bueno, cielito, ahora que lo entendiste, te dejaré sola con tu hombre,” dijo Bambi guiñando un ojo, antes de agarrar a Christopher y

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sacarlo de mi oficina a rastras. “Bueno, eso fue interesante,” dijo Auric. Yo sólo lo miraba. Todo esto era su culpa. “Oye, no te enojes conmigo,” dijo levantando las manos. “No es mi culpa que tengas magia ninfómana,” luego se rió. Intenté permanecer enojada. Lo hice. Pero en serio, ¿Magia ninfómana? Me reí junto con él. Cuando finalmente nos calmamos, él me miró con sus ojos serios. “Siento no haberte dicho quién era.” “Debiste hacerlo,” le dije. “¿Cómo puedo compensarlo?” sus ojos verdes miraron intensamente a los mío, y tuve que apartar la mirada. Necesitaba ser fuerte por los dos. “No podemos estar juntos. Tienes que irte, Auric.” “No.” Hombre obstinado. “No quiero estar contigo,” le dije tratando de sonar dura e indiferente. “Mentirosa,” respondió él, arrodillándose a mi lado y levantando si rostro. “No te lastimaré, Muriel, ni te volveré a mentir. Lo prometo.” ¿Por qué tenía que hacerlo más difícil? “Aún tienes la posibilidad de recuperar tus alas y regresar al cielo. Si te quedas conmigo, perderás

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esa oportunidad. No puedo permitirlo.” “Eso no depende de ti.” “¿Por qué haces esto?” grité. “No es como si me amaras. ¿Cómo podrías? Eres un ángel. Yo soy la hija de Lucifer.” “¿Qué pasaría si dijera que te amo, que lo he hecho desde el primer momento en que te vi?” “No te creo. Tú no eres así.” “¿Qué? ¿Quieres que me arrodille y te diga cosas bonitas como Christopher o que te ponga esos ojos de cachorrito que hace David? Así no soy yo. No es fácil para mí decirlo. No soy un hombre que habla de sentimientos,” Auric hizo una mueca y yo quise sonreír. “El conocerte cambió todo. No estaba buscando el amor. Luego, de repente te conocí, y es como si hubiese sido golpeado por un camión lleno de sentimientos, y todos ellos centrados en ti.” Mi corazón se detuvo. Quería gritarle que lo amaba, también. Pero mi amor lo destruiría. Moví mi cabeza negando. “Ayer dijiste que te gustaba.” “Mentí. No quería asustarte. Me acababas de decir que no te acostarías con un hombre hasta que encontraras el amor verdadero. ¿Cómo se iba a ver si te lo hubiera dicho en ese momento? ¿Qué hubieses pensado?” “Hubiese pensado que te querías acostar conmigo,” le dije a

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regañadientes. “Exacto.” “Eso no cambia las cosas,” le dije, “aun así no podemos estar juntos. Eres un ángel de luz. Yo la hija de Satanás. Como agua y aceite. No corromperé tu posibilidad de regresar al cielo.” “¿Quién dice que eres tú quien debe decidir?” “Yo. No puedes amarme. No te creo.” “¿Qué tengo que hacer para demostrarte que te amo y que quiero estar contigo?” “Nada,” le dije alejándome del cálido círculo de sus brazos y me puse nuevamente de pie. Sintiéndome más fuere por el potente beso de Auric, caminé hacia la puerta y salí de la oficina. Me dirigí al bar, podía sentirlo, una presencia ardiente a mi espalda. Pretendí no verlo, y me puse a trabajar detrás de la barra con manos temblorosa. Pero Auric se negó a ignorarme. Lo vi caminar hacia el área del bar y susurrarle algo a Trixie, que se dirigió hacia la máquina de discos. La música que salía fuerte por los parlantes se detuvo, así como la gente confundida que bailaba en la pista. Auric caminó rápidamente hacia el centro de la pista de baile, la cual se vació al verlo venir; y levantó la mano para llamar la atención de todos, incluyendo la mía. “Todo aquel que me conoce sabe que odio cantar. Pero a mi chica,”

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dijo Auric moviendo la cabeza en mi dirección, “le encanta el karaoke. Así que ténganme paciencia mientras le canto una serenata, ¿vale? Y Muriel”, dijo, mirándome fijamente, “no me iré, y no puedes hacer que deje de amarte.” Luego, él cantó para mí, su voz ronca y baja tocaron mis sentidos como un afinado violín. Aún no sabía qué cantaba con los primeros acordes, pero cuando llegó a la letra sonreí y sentí que las lágrimas caían por mis mejillas. Estúpido Ángel, cuanto lo amaba. Él me miraba mientras me cantaba una canción de amor de los ochentas. “What Does it Take”, Qué se Necesita, de Honeymoon Suite. Una canción tan acorde, que me preguntaba si lo había planeado. Y cuando terminó entre conmovedores aplausos, me encontré caminando hacia él. No tenía el control. Traté de advertirle. Traté de salvarlo, pero era la hija de mi padre. El egoísmo estaba en mis genes, no podía evitar la atracción de Auric en mi corazón y alma. Que así sea. Nos condenaríamos juntos.

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Capítulo Ocho Traducción de Carola_mm Corregido por Mari

No estoy segura de cómo llegamos a mi casa, porque una vez que nos besamos en el bar, todo lo demás fue borroso. Y caliente... Subimos por las escaleras hasta mi apartamento, el lugar más seguro, teniendo en cuenta el precio por mi cabeza. Cerrando la puerta detrás de mí, Auric me empujó contra ésta y devoró mis labios. Mi lujuria, mantenida a raya tanto tiempo, se apoderó de mi cuerpo como una bestia rapaz. Quería saborear cada centímetro de su cuerpo. Empujé la chaqueta de sus hombros y cayó en el suelo, él la empujó hacia un lado de una patada. Me cargó fácilmente, se dirigió hacia mi habitación, me lanzó sobre la cama, con los ojos verdes encendidos de pasión mientras me miraba. Sacó el dobladillo de su camiseta y se la quitó poco a poco, dejando al descubierto su pecho. Había tres tenues líneas rojas que estropeaban su perfección, todo lo que quedaba de su lesión anterior. Una lesión que había olvidado. Con un grito, me puse de rodillas y me incliné para tocar los verdugones rojos, la piel ligeramente surcada mientras los nuevos tejidos cicatrizantes se formaban. Las cicatrices que había conseguido por mi culpa. Manos callosas agarraron las mías y lo miré, con los ojos llenos de lágrimas. “¿Cómo podría olvidarlo?” Susurré horrorizada. “Podrías haber sido asesinado. Es peligroso estar cerca de mí. No puedo dejar que lo hagas.” Traté de girar en torno a él, a huir del amor que tan

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inocentemente me ofrecía. Un amor que seguramente se corrompería, dado mi árbol genealógico. Pero no podía escapar. Auric no me lo permitió. En cambio, él envolvió sus brazos a mi alrededor y se sentó en la cama. Me llevó a su regazo y me abrazó fuerte. “Me lesioné. Gran cosa. Me sucede mucho.” “Pero esto es mi culpa,” le dije contra su pecho. Sus dedos me agarraron la cara y me obligó a mirarlo. “Muriel, mi cuerpo está cubierto de cicatrices. ¿Y qué? Puedo sanar.” “Esta vez. ¿Y la próxima? ¿Y si te matan? No podría soportarlo.” Ahora que sabía que lo amaba, el pensamiento de su muerte me aterraba. “¿Y si te matan?” respondió. “¿Crees que me va mejor? He caminado en esta tierra por cerca de treinta años desde que fui expulsado del cielo, realmente me tenía sin cuidado si vivía o moría en mi búsqueda para regresar a un reino que me rechazó. Después te conocí, y de repente el cielo palidece en comparación. Estoy viendo las cosas en un nuevo color, con mayor intensidad que antes. Me siento vivo una vez más, más vivo que nunca, aún cuando era parte del Ejército de la Luz. Sabiendo esto, ¿todavía me rechazas?” No sabía qué decir. El pensamiento de que mi mera existencia es tan importante para alguien más me asustó, y al mismo tiempo me excitó. A sus ojos, yo era importante.

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Con suavidad, él me acarició el labio inferior con el pulgar. “Lo digo en serio. Te quiero. Daría cualquier cosa por estar a tu lado. No importa si nos conocemos el uno al otro tan sólo unos pocos días. No importa quien es tu padre. Lo único que importa es que yo estaré a tu lado. Que me quieres a cambio. ¿Me amas?” Llorando abiertamente, traté de mover la cabeza, traté de mentir. Y no podía. Oh, qué ironía. La hija de Lucifer, incapaz de mentir, ni siquiera para salvar al hombre que amaba. “Te amo, también. Pero...” Me besó, con fuerza. “No hay peros. Soy un hombre chapado a la antigua, lo que significa que como hombre, a partir de ahora, te protegeré.” Habría protestado, pero él me besó cuando abrí mi boca. Cansada de luchar contra lo que tanto quería, me relajé en sus brazos. En una señal silenciosa, me tumbé en la cama. Con manos hábiles, me desnudó. No sentía vergüenza al mirar mi cuerpo. Sabía que mis curvas eran exuberantes y hermosas, un hecho confirmado cuando vi el calor de su mirada. Se desabrochó los pantalones y los empujó hacia abajo junto con sus calzoncillos. Mis ojos se abrieron y dejé salir un sonido al ver su pene erecto. Ahora, esa era una herramienta creada para pecar. Rodeada por rizos de ébano, se mantuvo orgullosa y gruesa. Llegué a él y Auric ansiosamente vino a mí, su cuerpo pesado cubriendo el mío, piel contra piel. Dejé que mis piernas se abrieran para que su cuerpo se anidara entre mis muslos, y me arqueé contra él con entusiasmo.

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“Paciencia”, susurró mientras bebía de mis labios. “Quiero hacer de la primera vez un recuerdo especial.” Lo dejé tomar el control, me contenté con tocar las partes que podría alcanzar,

su

pelo

sedoso,

sus

musculosos

hombros.

Besó

cada

centímetro de mi cuerpo, empezando por mis labios y trabajando su camino hacia abajo. Los vellos de su mandíbula irritaban deliciosamente la delicada piel de mi cuello. Sus labios, cuando se posaron sobre mi pezón, los sentí como lava, y el tirón de deseo que disparó desde el pezón a mi entrepierna me hizo gritar. Su mano amasaba un pecho, mientras su boca jugueteaba con la otra. Sus labios chuparon mi aureola, poniéndola firme y dura. Luego pasó a mi otro pecho y empezó la tortura de nuevo. Tuve que cerrar los ojos. No podía mirar sin querer gritar para que me tomara. Sabía que Auric me haría suya cuando se sintiera preparado. Finalmente, su boca húmeda trazó su camino por mi vientre, avanzando poco a poco hacia el núcleo húmedo entre mis piernas. Me tensé a la espera; provocándome, sus labios no tocaban mi coño o clítoris, sino que besaba la suavidad de mi muslo interno. Abrí mis rodillas y mis piernas más ampliamente exponiendo más de mí, incitándolo a que me saboreara. Él se rió entre mis muslos y su cálido aliento me hacía cosquillas. “Pronto, mi dulce Muriel,” murmuró. Aún mordisqueando la carne suave de mis muslos, me sorprendió cuando insertó un dedo en mi húmeda hendidura. Pasó el dedo por el borde, estirándome.

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Grité cuando su boca finalmente encontró mi clítoris. Lo succionó con la lengua y los labios, y pude sentir que mi concha iba a convulsionar, especialmente cuando insertó más dedos en la abertura de mi sexo y me estiró aún más amplio. Con mi cabeza agitándose de un lado a otro, yo gemía por las sensaciones exquisitas que él arrancaba de mi cuerpo. Y cuando por fin sentí su grosor pulsante empujando sobre mis labios casi sollozo de alivio. Pero la sensación de él dentro de mí me hizo pensar en algo, protección. “Um, ¿no deberíamos usar un condón?” Mis locas hermanas ninfómanas habían perforado el concepto de sexo seguro en mí a una edad temprana. “Los ángeles, incluso los caídos, son como los vampiros y los cambiaformas. Las enfermedades de los mortales no tienen dominio sobre nosotros.” Me gustó su respuesta, porque yo no quería que algo se interpusiera entre nosotros, ni siquiera una capa delgada de látex, que calmara la sensación de tenerlo dentro de mí. “En ese caso, ¿qué estás esperando?” Nuestra pequeña conversación, sin embargo, había desacelerado las cosas, algo que él resolvió poniendo su boca en mi pezón y chupando, mientras la punta de su pene se frotaba contra mí, en poco tiempo estaba otra vez sin sentido, jadeando de necesidad.

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“Por favor,” le dije, sin avergonzarme por rogar. Lo quería tanto que casi dolía. Apoyó su cuerpo encima del mío y se detuvo. Abrí los ojos lentamente, mirando a través de los pesados párpados. “Te amo, Muriel,” dijo él, sus ojos verdes brillaban. Luego se hundió en mi interior y yo grite. El dolor que experimenté cuando tomó mi virginidad fue, gracias a Dios, breve y leve, había sido más la impresión repentina lo que me hizo gritar. Dejó de moverse una vez que se empujó a sí mismo más allá de mi barrera, y ahora que la sorpresa había desaparecido, podía sentirlo dentro de mí, imposiblemente grande pero oh, tan bueno. Lo atraje para darle un beso y él gimió contra mi boca mientras me besaba apasionadamente. Empezó a bombear su longitud en mi interior, empujes cortos, dentro y fuera, que se sentían tan bien. Me retorcí, moviendo mis caderas para coincidir con sus embestidas, cerca del borde casi lloré cuando se retiró por completo. Frotando la cabeza de su polla contra mi raja, luego se dirigió a sí mismo otra vez en mi interior, haciéndome gritar. Se sentía tan jodidamente bien. Ahora me embestía largo y duro, su eje grueso penetrando y retrocediendo, llenando y haciéndome estremecer. Cada vez que la punta de su polla golpea el fondo de mi vientre, sentía una sacudida de placer. Envolví mis piernas alrededor de él, encerrándolo dentro de mi cuerpo. Me bombea más fuerte y más rápido, hasta que grité su

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nombre. Mis uñas arañaron su espalda mientras ola tras ola de placer orgásmico de estrellaban a través de mi cuerpo. Él se tensó unos segundos más tarde, con un gemido y un largo empuje final, sentí un calor brotando dentro de mí, lo que indicaba que él también alcanzó su placer. Abrazándolo fuertemente, con la cara hundida en su hombro, las lágrimas escapaban de mis ojos, me sentía tan dichosamente feliz en ese momento, y tan enamorada, que era doloroso. Tiernos labios besaban mi boca, mi nariz, mis mejillas. Las caricias se detuvieron, “¿Por qué estás llorando?” me preguntó, sonando horrorizado. Rápidamente salió de mí y abrí los ojos. “¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?” Me preguntó con los ojos angustiados. Le sonreí un poco. “No me lastimaste. Soy tan feliz ahora.” “Oh”, dijo, acomodándose a mi lado y tirando de mí hacia él para un abrazo cuerpo a cuerpo. “¿Siempre es tan bueno?” Le pregunté, dejando que mis dedos danzaran sobre su torso. “Nunca ha sido tan bueno.” “¿En serio?” Me apoyé en un codo para mirarlo. “¿Quieres decir que soy la mejor que has tenido?” “La mejor, y a partir de ahora, la única que tendré para siempre.”

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Yo suspiré, algo que hacía a menudo en torno a mi ángel. “¿Cuándo podemos intentarlo de nuevo?” Auric ladeó una ceja y me sonrió, me dio una lenta mirada sexy y pecaminosa que me hizo humedecer hasta estar caliente de nuevo. “Estoy listo cuando tú lo estés,” dijo. “Pero primero, vamos limpiarte.” Miré hacia abajo y vi la sangre señalando que finalmente me había convertido en una mujer, y sonriendo ante la vista de sus nalgas apretadas que entraban al cuarto de baño, de seguro estaba contenta de esperar al hombre indicado. Salté de la cama después de él, mi cuerpo vibraba con energía. Me preguntaba, con interés, si mi ducha era lo suficientemente grande como para jugar. Auric ocupaba una gran cantidad de espacio, pero en los estrechos confines de mi ducha, eso podría hacer que las cosas fueran más difíciles. Aunque todavía estaba dispuesta a intentarlo. Tenía el agua corriendo, y se puso bajo el chorro cuando entré. Sostuvo la cortina a un lado y se volvió para que pudiera estar bajo el agua. Gruesos brazos se envolvieron a mi alrededor desde atrás y sus manos ahuecaron mis senos, levantando y apretándolos. Apoyé la cabeza en su hombro, Auric se inclinó hacia adelante y lamió mi cuello. Mis rodillas se doblaron, por lo que me alegró tener sus brazos alrededor de mí para apoyarme. Pero yo no había planeado que sólo él jugara conmigo. Había esperado mucho tiempo para tenerle, y al

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encontrarlo,

tenía

que

tocarlo

y

necesitaba

desesperadamente

saborearlo. Me volví en sus brazos, dejando que nuestras lenguas se enredaran por un momento antes de tirar hacia atrás, presionando los labios en la base de su cuello. Deslicé mis manos por sus costados y pectorales, luego, coloqué la palma de la mano extendida para sentir su calor y el latido de su corazón. Sus pezones estaban fruncidos ya, y me tentaban. Inclinándome hacia delante un poco mientras Auric apretaba sus manos rodeando mi cintura, yo le sonreí, y lamí como lo había hecho él conmigo, era delicioso. Necesitaba explorar. Dejé que mis labios se deslizasen por su torso. Auric aspiró una bocanada de aire cuando llegue más abajo, ya en su polla. Él tendió una mano y me acarició suavemente, yo, mirando hacia arriba, vi a Auric observándome con los ojos vidriosos por el deseo. Mis labios se curvaron en una sonrisa maliciosa y le lamí. Envolviendo mis manos con fuerza esta vez al rededor de su polla. Suspiró y echó la cabeza hacia atrás. Complacida por su respuesta, acaricié la sedosa verga, arriba y abajo. El grosor y la longitud de la misma eran fascinantes. La cabeza hinchada y el rubor de la misma me tentaban. Saqué la lengua y le di una lamida. Auric hizo un sonido estrangulado y sus manos se enredaron en mi cabello. Envalentonada, envolví mis labios sobre la suave cabeza de su polla. Sus dedos en mi pelo se apretaron, y eso me excitó. Lo deslicé más profundamente en mi boca mientas que con mi mano afirmé la base de su pene con fuerza, bebido a que simplemente no cabía por completo. Dentro y fuera. La

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longitud de su pene rozó mis dientes y, de alguna manera, parecía por momentos ser más grande, o mi boca mas pequeña. Él me agarró con fuerza, ayudándome a mover la cabeza. Gemí, un sonido que salió amortiguado por el eje que se hallaba en mi boca. Descubrí que darle placer también me hacía recibirlo. Con la mano libre, me acariciaba a mí misma, los dedos resbaladizos por mis propios jugos y por el agua que todavía seguía corriendo. El cuerpo de Auric se puso rígido, y me pregunté si se correría en mi boca, quería probarlo. Pero en lugar de hacerlo dentro, sacó su polla fuera de mis labios y dijo con voz ronca, “Basta.” Él me levantó, y ahuecó mis nalgas, me apoyó contra la pared de la ducha antes de empalarme con su eje. Envolví mis piernas al rededor de su cintura. Esta nueva posición demostró lo realmente poderoso que era Auric. Me mantuvo sin esfuerzo y bombeaba en mi interior, conduciendo su polla dura y profundamente en dentro de mí. Gimoteé en sus brazos y apretando mi coño con fuerza a su alrededor. Un placer exquisito se construía dentro de mí. Él jadeaba ásperamente mientras seguía penetrándome una y otra vez. Con un bramido, su palpitante y dura verga liberó chorros calientes que me envío sobre el borde. Grité cuando llegué al orgasmo en sus brazos. Juntos nos derrumbamos en el suelo de la bañera, poniéndome sobre su regazo. Incluso en nuestro debilitado estado a causa del placer, todavía me sostenía de manera protectora. Acunándome como el más preciado de los regalos.

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Me deleitaba con la sensación de que, en cierto modo, me sentía incluso más cercana a él ahora que durante el sexo. Aún sosteniendo mi cuerpo desnudo y mojado, Auric se puso en pie, enjuagándome bajo el agua tibia, poco dispuesto a dejarme ir. Salió de la bañera y nos envolvió con una toalla grande y mullida, yendo de vuelta a la habitación. Yacimos acurrucados, piel contra piel, saciados por el momento. Me sentí lejos del cansancio. “Cuéntame algo sobre el cielo” le pedí. Tenía curiosidad acerca de esto. ¿Podría realmente ser tan maravilloso como todo el mundo pensaba? “El cielo,” reflexionó. “Es como un día de sol que nunca termina.” “Suena agradable,” comenté. “Por un tiempo. Descubrí que sin la lluvia y el frío y la infinidad de cosas que son parte de la vida, es difícil apreciar la perfección día tras día. Es como comer la misma comida tres veces al día durante el resto de tu vida, uno se cansa de eso.” “Suena aburrido.” “Lo es. Pero así es como son las cosas, y siempre lo han sido. En el cielo no son muy fanáticos de los cambios.” dijo con amargura.

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Sentí una historia ahí. “¿Por qué te echaron del cielo y del Ejército de la Luz?” Lo que en realidad me preguntaba era si había hecho algo malo. Auric suspiró en mis brazos. “Fue una estupidez, la verdad. Me cansé de los cielos, del estancamiento de la vida allí. De su placidez cuando se trataba de la miseria y el sufrimiento del mundo. Me pregunté porqué estábamos sentados con los brazos cruzados mientras que el mal, en forma de pequeñas guerras, las drogas y el abuso, se impuso en la tierra.” “¿Y la respuesta?” “No es nuestro problema. Era el deber de la humanidad a encontrar el camino correcto, y sufrir si es necesario. No importa que un niño atrapado en un fuego cruzado acabase mutilado o muerto. Me dijeron que me relajase, disfrutase de su sol y de un cielo sin fin.” “Pero sin duda, el Ejército de la Luz hace algo más que eso. He oído a mi padre quejarse de ellos.” “Oh, hemos tenido escaramuzas con los demonios de tu padre y sus esbirros. Pero, de nuevo, incluso entonces, las reglas del enfrentamiento son estrictas. Los demonios son libres de vagar por la tierra haciendo travesuras, sólo se involucran si atacan a uno de los nuestros, o usurpan el reino de los cielos.” “Pero eso es una tontería,” le dije, sentándome. “Quiero decir, no estoy muy entusiasmada con la idea del Ejército de la Luz persiguiendo

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a mi padre y a su propio ejército, ¿pero no se supone que el Ejército de la Luz sería un poco mas activo?” “Se podría pensar. Y eso es lo que he dicho, una y otra vez. Finalmente me cansé de ser ignorado, por lo que traté de hacer algo al respecto. Me vine a la tierra y traté de hacer una diferencia. Solo no podía hacer mucho. Después de todo, un ángel que no puede revelar su identidad no es rival para el mal que se comete diariamente. Pero lo intenté, y me llamaron de vuelta para ser juzgado por mis acciones.” Yo escuchaba con incredulidad. ¿Este era el cielo? Toda mi vida pensé que era algo más. Algo grandioso. Pero sonaba como si la política y las maquinaciones de los cielos no eran mejores que las de mi padre. Por lo menos mi padre era honesto al respecto. Que gracioso, el diablo siendo honesto. Hablando en serio, mi padre tomó parte activa en el mundo. Sí, sus subordinados tienden a conducir a la gente por el camino de las fechorías, pero tal vez si los ángeles del cielo hicieran más para animar a la gente a seguir el camino de la luz, el infierno no estaría tan lleno de gente. Y, contrariamente a la creencia, vivir en el infierno no estaba tan mal. Claro, algunas personas son eternamente torturadas, pero estamos hablando de lo peor de lo peor aquí: Los Hitler y Atila del mundo. La mayoría de la gente normal que murió y fue al infierno, aún vivía su vida normal. Todavía amando, viviendo y luchando, simplemente no tienen que preocuparse por seguir un código estúpido.

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Miré a Auric y sabía cómo su historia en el paraíso terminó. “Te encontraron culpable,” afirmé. “Por unanimidad, sí. Me quitaron las alas y casi todos mis poderes y me echaron a la tierra. Aunque, si que pude decidir, ya que no había pisado aún el camino del mal, se me dio la oportunidad de redimirme. Realizando un acto de gran bien, librar al mundo de un mal enorme, entonces me darían la bienvenida en el cielo.” “Así que se te ocurrió el plan para matar a la hija del Diablo.” “Al principio no. Al comienzo, yo estaba enojado y aliviado. Ahora tenía la libertad de ayudar a quien yo quisiera, y lo hice. Pero de nuevo, no importa cuánto lo intente, la gente sigue prefiriendo el camino más fácil.” “Tal vez, porque el camino del cielo es demasiado complicado,” dije en voz alta. Ups. Quería golpear mi mano sobre mi boca, pero Auric sonrió con tristeza. “Tienes razón. Es demasiado complicado.” “¿Por qué quieres volver?” “No quería, de verdad. Simplemente se me ocurrió que tal vez si hiciera librar al mundo de un personaje malvado, quizás el mundo sería un poco mejor.” “Ah, yo soy tan malvada,” dije rodando los ojos.

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Auric envolvió con fuerza los brazos a mi alrededor y se rió. “Después te conocí, Satana, princesa del infierno, y de repente las percepciones que me habían enseñado en el cielo no eran validas, me sentí culpable de los mismos perjuicios contra los que había luchado. Yo te juzgue sin pruebas. Tan pronto como te conocí y hablé contigo, me di cuenta de que no eras más malvada que yo. No eres nada más que una persona normal tratando de vivir la vida al máximo de tus capacidades.” Eso me lo tomé como una ofensa, yo pensaba que era increíblemente asombrosa. “¡No soy normal!” Afirmé. “No, no lo eres, creo que eres bastante extraordinaria, pero el punto es que yo estaba persiguiendo una bruja malvada, que propagaba el mal en el mundo. Y en esta misma nota, tu padre tampoco es tan malo como me lo describieron.” “Oh, mi papá es bastante malo,” le corregí. “Pero a él le importas,” dijo Auric. “Nunca se me ocurrió que el diablo pudiera amar, y sin embargo él te ama, ama a su hija.” “No dejes que mi papa te oiga decir eso, no le gusta admitir ese tipo de cosas.” Auric se rió. “Apuesto a que no lo hace. Sería arruinar su reputación y nos cuestionaríamos el verdadero propósito del cielo y su doctrina.” “¿Alguien va alguna vez al cielo?” Por lo que me había dicho, parecía casi imposible.

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“Algunos lo hacen. Pero los números son pequeños, por lo que nunca he entendido el enfoque del enfrentamiento.” “Déjame hacerte una ultima pregunta,” dije, esta discusión estaba abriendo mis ojos más de lo que creía posible. “¿Todavía quieres ir al cielo?” “¿En serio?” Preguntó, apretándome con fuerza mientras mi corazón se detenía esperando oír su respuesta. “No. No estoy diciendo que quiero caminar por el lado del mal y unirme a las hordas de tu padre, pero tampoco quiero volver al cielo y al aburrimiento de la vida allí. Si pudiera estar en cualquier lugar, me quedaría en esta tierra, contigo a mi lado, tratando de hacer una diferencia si pudiera.” “¿Está seguro, Auric? Sólo hemos pasado una noche juntos. Puede que todavía haya una oportunidad para alejarse y regresar. Si te quedas conmigo, perderás esa oportunidad para siempre.” “He encontrado un cielo que me gusta más, aquí contigo,” susurró, luego volvió la cara para besarme. Yo le devolví el beso. Se había saciado mi culpa por amarlo, y me olvidé de mi plan para alejarlo. Hacerle daño sería un error. Quizás juntos podíamos hacer la diferencia. Perdiendo el hilo de mis pensamientos mientras sus labios se abrían sobre los míos y su lengua se adentraba en mi boca, impulsada por nuestra conversación, le devolví el beso con fuerza. Ahora que sabía que iba a quedarse para siempre, iba a ser mío, y yo le iba a dar todo, todo

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mi corazón, toda mi alma y todo mi amor, abriéndome completamente a él. Luchamos por el dominio en la cama. Traté de empujar su espalda contra el colchón para explorarlo de nuevo. “Mi turno esta vez,” dijo. Y sujetando mis manos por encima de la cabeza, haciendo que mis pechos sobresalieran con orgullo, los pezones ya protuberantes y puntiagudos esperando su boca. A Auric le gustaba provocar, me había dado cuenta, y lo hizo de nuevo, asomando su boca sobre mi pecho y soplando sobre éste, entonces paso su áspera barba sobre la suave piel. Mi respiración se aceleró, arqueé la espalda, empujando más cerca de él. Auric sólo se rió y siguió soplando como una pluma sobre mi piel, hasta que todo mi cuerpo estuvo en tensión, vibrando de pasión y energía. Giró de lado sobre la cama para mantenerme sujeta, frotó la cara por mi redondeado y suave vientre, hasta llegar a enterrar su cara entre la V de mis muslos. Yo podía sentir mis jugos fluyendo, mi coño dolorido por su toque. Pero Auric continuaba torturándome. Soplando con vehemencia contra mi clítoris. Por un segundo hizo contacto con su boca caliente y gemí. Auric se alejó y se deslizo por mi cuerpo, haciéndome gimotear. Yo

no

podía

soportar

la

tortura

mucho

más.

Lo

necesitaba

desesperadamente. Quería cambiar las tornas, y lo hice. Usando mi poder y sabiendo que estaba cargado por nuestro amor, empujé un poco, invirtiendo nuestras posiciones, a fin de estar encima y él debajo.

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Sus ojos se abrieron, luego sonrío, un espectáculo impresionante y amoroso que me atrajo a besar sus labios. Sus manos se apoderaron de mi cintura, levantándome lo suficiente para estar por encima de su polla, la cabeza hinchada empujando mis labios húmedos. Me dejó caer sobre su eje. Me incliné hacia arriba, sentada con las manos extendidas sobre su pecho, moviendo mi pelo hacia atrás. Lo miré, tendido, sonrojado, su cuerpo tenso, pero quería ver otra expresión. Deseaba ver su cara cuando llegaba al orgasmo. Cabalgándole como una vaquera monta a su caballo, mi trasero rebotaba arriba y abajo sobre su polla, cada embestida empujaba más profundo dentro de mí. Y cada vez que chocaba contra él, su respiración iba más y más rápida, sus movimientos un poco menos controlados. Aumente mi ritmo, inclinándome hacia adelante para poner mis tetas en su cara, gemí cuando pasó la lengua contra mis pezones. Esta nueva posición hacía que sintiera una suave fricción sobre mi clítoris, que me hizo temblar de alegría. Mis músculos pélvicos se estremecieron, apretando su polla más y más fuerte. Me volví a incorporar, jadeando tan rápido como él. Mi ritmo se volvió casi frenético, pero mantuve mis ojos abiertos. Cuando gritó mi nombre y se corrió dentro de mí, vi su cara. Abrió los ojos, el verde en ellos llameaba, el amor que veía ahí era tan fuerte, que grité y mi cuerpo se rompió en mil ardientes pedazos. Mi corazón explotó de alegría, y pensé que moriría de placer. Poco a poco volví a la tierra. Mi cuerpo acunado en el suyo, su nariz acariciaba mi cabello. Y con mi amante, con mi ángel Auric, me quedé dormida sonriendo.

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Ya no estaba sola. HabĂ­a encontrado el amor.

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Capítulo Nueve Traducción de Vega Corregido por Mari

“¿Cuál es tu rosquilla favorita?” preguntó él mientras mordisqueaba mi cuello. “El buñuelo francés. ¿Por qué?, ¿haces rosquillas también?” Le dije, dándome la vuelta con una sonrisa para verlo apoyado sobre un codo en mi cama, viéndose deliciosamente despeinado. “No, pero la cafetería al otro lado de la calle las hace. Me daré una vuelta rápida y nos conseguiré algo. Si aparecen demonios, guarda alguno para mí, ¿lo harás?” Sonreí ante su comentario. Él podía ser muy protector, pero al menos también respetaba mis habilidades para patear traseros. Por supuesto, estando en mi casa, no teníamos nada de qué preocuparnos. Él

saltó

de

la

cama,

sus

firmes

nalgas

ondulaban

mientras

encontraba su ropa esparcida. Rodé sobre mi vientre y lo observé, sintiendo un tipo de hambre completamente diferente. “Vamos a saltarnos el desayuno e ir directamente a la diversión,” le dije. Auric se dio la vuelta sonriendo de oreja a oreja. Mi sonrisa se profundizó al ver su polla ya semidura. “Si no tuviera miedo de desmayarme de hambre, lo haría. Aunque no te preocupes, tengo

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planes para ti después del desayuno.” Eso sonaba prometedor. Le dejé terminar de vestirse, riendo tontamente mientras trataba de meter su duro pene en los pantalones. Finalmente lo logró y salió de la habitación, ya que al parecer, yo era demasiada distracción. Oí la puerta del apartamento cerrarse, y me senté, dejando la sábana apartarse de mi cuerpo desnudo. Mi muy desnudo y saciado cuerpo. De repente me di cuenta de algo: ¡yo ya no era virgen! Mi padre ahora tendría que encontrar algo nuevo para darme la vara. No sólo eso, ahora podía presumir de mis hazañas con mis hermanas. ¿Otra gran emoción y beneficio? La fuerza que podía sentir fluyendo a través de mí. Me sentía como si pudiera conquistar el mundo, lo que significaba que tendría que tener cuidado hasta que aprendiera los límites de mi aumentado poder. Utilicé el baño mientras Auric iba a buscarnos el desayuno, incluso un sobrenatural como yo necesitaba orinar y lavarse los dientes. Deambulando desnuda hacia mi sala de estar, yo disfrutaba de la cálida luz del sol que entraba por la ventana. ¡Que hermoso día! Me acerqué a la ventana que daba a la calle. Auric sólo se había ido un momento, y ya lo echaba de menos. Miré la cafetería de enfrente y me apoyé en los codos, estando atenta a mi amante (risita), mi semental, mi Auric, salir a la calle. Como si el pensamiento lo hubiera conjurado, la puerta de la tienda se abrió y él salió, con una bandeja de café en una mano, y una bolsa en la otra. Yo presioné mis pechos

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desnudos contra la ventana, esperando que mirara hacia arriba y los viera. Cuando él había llegado a la mitad de la calle, vi el resplandor de un portal materializándose y un montón de demonios salieron de éste para formar un anillo alrededor de Auric. De inmediato reconocí las marcas distintivas de Azazel, y mi corazón trastabilló hasta pararse. Golpeé la ventana y grité de rabia mientras los demonios se lanzaban sobre Auric y tiraron de sus brazos detrás de su espalda, el café salpicando el suelo. Como un reconocimiento a su coraje, ellos también lanzaron una soga alrededor de su cuello, el extremo de la correa en manos de Azazel, un demonio que pronto va a lamentarlo mucho. Azazel tiró de la correa, ahogando a mi amado, Auric cayó de rodillas y le ataron los brazos detrás de su espalda. Observé su rostro torturado mirar hacia la ventana, y yo sabía que él me vio. Articuló, “Te amo”, y algo más que me habría apostado cualquier cosa que era parecido a “Ni se te ocurra salvarme”. Como si fuera a escucharle. Azazel, al ver que Auric lo ignoraba, levantó la vista hacia la ventana donde yo me encontraba, y lo vi burlarse, para luego saludar con la mano. Con otro resplandor, los demonios desaparecieron en otro portal, llevándose a Auric con ellos y dejándome a solas con mi rabia. También sentí algo que nunca había experimentado antes, el miedo absoluto por otra persona. Sabía que la captura de Auric era una estratagema para llegar a mí. Bien, tenía la intención de darles lo que querían, porque apuesto a que no sabían nada de mis nuevos poderes para patear culos. Pero lo

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sabrían muy pronto, y les haría lamentar que alguna vez hubieran tocado un pelo de la cabeza de Auric. Nuevo dilema, sin embargo. Necesitaba llegar al infierno, y a diferencia de la mayoría de los demonios, siendo una humana -aunque una no tan corriente- yo no podía simplemente abrir un portal allí. Necesitaría que un demonio me llevara. Encontré ropas en buen estado, adecuadas para el pozo, y las arrojé sobre la cama antes de desempolvar el teléfono que conectaba directamente al Hades y a mi padre. Con el teléfono apretado entre la barbilla y el hombro, me puse un par de bragas negras. Después de varios timbres, se oyó una grabación. “Lo siento, pero todas las líneas al infierno están actualmente ocupadas. Su llamada no es, por desgracia, muy importante para nosotros, y no se guardará en la cola. Vuelva a llamar de nuevo bajo su responsabilidad.” Sonó una carcajada maniática, seguida de un clic. Retiré el teléfono de mi oreja y fruncí el ceño. Eso nunca había ocurrido antes. Si no podía ponerme en contacto con mi padre, entonces, ¿cómo llegaría al pozo y salvaría a mi amor? Mientras terminaba de vestirme, hice una lista mental de los seres que sabía que podrían abrir un portal. Bambi era la primera de mi lista, y siendo mi hermana más cercana, me imaginé que sería mi mejor apuesta. Marqué su número y el teléfono sonó y sonó, casi cuelgo antes de que su correo de voz saltara. La grabación sonaba apresurada. “He ido

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de vuelta a casa para hacer frente a algunos problemas. Espero regresar. Y corderito, si eres tú, no, repito, no me sigas.” El mensaje no tenía un pitido al final, y en su lugar me colgó. De repente, con miedo, pero necesitando estar segura, llamé a todos los esbirros del infierno y familiares que conocía en la zona. Uno tras otro, sus teléfonos o no respondieron o conseguía extraños mensajes que implicaban problemas en casa. ¿Qué estaba pasando? ¿El golpe de Estado, del que mi padre se burló, se las había arreglado para causar algún daño real? ¿Estaba mi padre en peligro? Lo que apestaba aún más, todos los demás parecían haber sido llamados de vuelta al infierno, todos, eso es, menos yo. No es justo. Podría patearle el culo al mejor de ellos. Me molestaba el hecho de que mi posible mortalidad les hacía pensar que no podía ayudar. Que ellos sólo esperaban que me quedara en casa, mientras todos los demás hacían su parte. ¿Y qué pasaba con Auric? Él me necesitaba, también. De hecho, me preguntaba si tal vez su secuestro podría estar relacionado con toda la situación que sucedía allá en casa. Necesitaba averiguar más, pero me había quedado sin gente a la que llamar. Si tan sólo tuviera el poder de abrir un portal por mí misma. Me senté en mi sillón, abatida. Y pensar que me vestí con mi mejor ropa de combate: ceñidas mallas negras, una camiseta negra sin mangas que se ajustaba a mi torso y zapatos negros para correr, todo

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incombustible, por supuesto. Quería llorar, pero eso no ayudaría a Auric. Necesitaba mantenerme alerta. Tenía que haber algo o alguien que había olvidado y que podría llevarme a Hades. Decidida a repasar mi agenda de teléfonos de nuevo, salté del sofá y por casualidad, noté la grieta que había hecho en la pared cuando empujé a Auric por accidente el día anterior gracias a mi nuevo poder. En retrospectiva, me sentí un poco mal por eso. Aunque, en ese momento, yo no sabía acerca de mis nuevos superpoderes. Me golpeé en la frente. ¡Ay! Frotando mi dolor de cabeza, reflexioné. Tal vez yo no necesitaba a nadie para abrir un portal. Antes, el problema siempre había estado relacionado con la energía. Ahora tenía poder, un montón. Podía sentirlo corriendo bajo mi piel. ¿Por qué no usarlo? Yo había visto portales abrirse toda mi vida, seguramente podría imitarlo. Ahora

tenía

un

plan.

Pero

antes

de

que

descendiera

a

las

profundidades del infierno, necesitaba armas. Abriendo el armario de mis juguetes, me armé hasta los dientes. Dagas escondidas en vainas por todo mi cuerpo, una pistola con potentes tranquilizantes en mi cintura (siempre he dicho que si no puedes matarles ponles a dormir), mi látigo de pelo de unicornio, y el plato fuerte -un regalo de mi padre- mi espada del infierno. Forjada de acero rojo, y más cortante que cualquier hoja mortal, mi endiablada espada había sido especialmente diseñada para matar demonios, y mientras yo la deslizaba en la vaina que llevaba a la

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mitad de mi espalda, le hice una promesa a su hoja: “Tu saborearás sangre de demonio hoy.” Preparada para patear culos, volví a la sala de estar, despejé un espacio en el centro de la habitación y me senté al estilo loto. Respirando

profundamente,

me

aclaré

la

mente,

preparándome

mentalmente para abrir el portal. Tracé un rectángulo en el aire y repetí las palabras que había oído cientos de veces, casi esperando fallar como había hecho en el pasado cuando lo había intentado. Tan pronto como la última palabra salió de mis labios, el poder en mi cuerpo comenzó a drenar, soportando el portal resplandeciente que se formó delante de mí. Miré boquiabierta la puerta dimensional. Podría estar haciéndolo durante un tiempo, sentía el violento desvío de mi magia para mantenerla abierta. Necesitaba llegar al otro lado y cerrar la puerta, antes de que agotara demasiado mis reservas mágicas. Caminé a través de éste, con la cabeza en alto, después de todo, yo era hija de Lucifer, y uno de los herederos al Reino del Infierno. Este era mi mundo. ¡Apártense!

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Capítulo Diez Traducción de Mari Corregido por Mari

Cuando ingresé, sólo había silencio. Una completa calma inquietante, absoluta. Sentí colapsar el portal, luego miré a mi alrededor. El paisaje árido que me rodeaba con los vestigios de lo que alguna vez fueron grandes edificios, rocas rojas, y ruinas, lucía como el Hades, pero ¿dónde se encontraban los condenados? ¿Los demonios? ¿El ruido? El infierno no era un lugar silencioso. Aquí no había noche o día, sólo la eternidad y el sufrimiento, un montón de sufrimiento. Bueno, eso era para los verdaderamente malos e infames. El resto, que era la mayoría, los que no parecían ser capaces de cumplir los grandes estándares del cielo, sólo trabajaban y vivían aquí, millones y millones de ellos. Caminé por las silenciosas calles, con la aprensión y el recelo como únicos compañeros. ¿Qué había sucedido? ¿Dónde había ido todo el mundo? Pensé que si había algún lugar que tendría vida, o muerte, dependiendo de cómo se mirara, sería el palacio. El hogar de mi papá en el infierno, y donde pasé la mayor parte de mi infancia. Caminé rápidamente por la ciudad que bordeaba la finca de mi padre, mis zapatillas se cubrieron instantáneamente con la fina ceniza tamizada que caía de manera constante desde el cielo.

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Cuando llegué a los portones que rodeaban las instalaciones de mi padre, me detuve, desconcertada nuevamente; porque las puertas se hallaban cerradas. Ni siquiera sabía que podían cerrarse. Eso tenía que significar que alguien se encontraba dentro, ¿cierto? Golpeé los altos portones oxidados. El sonido hizo eco, extrañamente fuerte en la quietud estéril. Tuve que luchar contra la urgencia de esconderme, pues sin duda el ruido traería a alguien de inmediato, y podrían no ser los tipos buenos… ehh… malos. Pero el silencio prevaleció, y las puertas se mantuvieron cerradas. Empecé a preguntarme si había estropeado el portal de alguna forma. Esto no podía ser el infierno. Debí cometer algún error. Tal vez, si regresaba a mi departamento y lo intentaba de nuevo… dibujé un portal en el aire frente a mí. Nada. Traté nuevamente, concentrándome aún más en mi sala de estar y tirando de mi poder. Y otra vez, nada sucedió. Muy asustada ahora, comencé a alejarme del palacio, buscando algo, lo que fuera, que pusiera fin a este silencio ensordecedor. Mis pies tropezaron con los escombros en las calles. Caí de rodillas sobre las cenizas, mis manos golpearon duramente el suelo, y yo grité. Mientras me hallaba ahí, sobre mis manos y rodillas, maldiciendo mi torpeza e inquietud… ¿Asustada? ¡Nunca! Creí escuchar el eco de un sonido. Una voz.

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Alcé la cabeza y olí el aire al igual que un perro lo haría, pero mis sentidos estaban nublados por las cenizas tamizadas. Sin siquiera pensarlo, puse un poco de mi poder para mejorar mis sentidos, e inhalé profundamente. Fui recomenzada con un aroma familiar. ¡Auric! Saltando sobre mis pies, corrí, de pronto tan ágil como un venado. Evadí los obstáculos en mi camino, dirigiéndome hacia mi ángel. Ya casi podía saborear mi venganza. Sería dulce y mortal. Mientras que corría, comencé a reconocer el camino por el que me encontraba, y obligué a mis pies a ir más lento. No necesitaba ir tan aprisa y desorientada, para terminar anunciando mi presencia. Sabía dónde tenían a Auric: el lugar más sagrado de la fosa. Una zona que asustaba a muchos, pero que ofrecía consuelo a otros. Donde convergían los nueve círculos del infierno: el abismo. Creado hacía mucho tiempo, debido al hacinamiento del Hades, el abismo era el destino final de una persona. Luego de que hicieras tu penitencia por tus pecados en vida –lo que tendía a ser corto, para la mayoría de la gente- se te daba una opción: vivir y trabajar en el infierno, o terminar con todo en el abismo. Mi papá lo llamaba „el reciclador de personas‟. La gente que ingresaba, y todo lo que les hacía ser lo que eran, se eliminaba, lo muchos lo llamaban el alma, ésta emergía nuevamente, la reencarnación hecha vida. Ahora bien, uno podría pensar que la mayoría de las personas que llegaban al infierno, elegían ese camino. ¿Por qué vivir aquí, se

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preguntarán? Por muy raro que parezca, las personas que morían una vez tendían a estar más asustadas, sabiendo todo lo que conocían, todo lo que eran, desaparecería. Bueno, muchos de ellos preferían romperse el lomo en la fosa, rodeados de amigos y familiares, en vez de girar la rueda de la fortuna y terminar siendo un don nadie con un nuevo cuerpo y ve tú a saber con qué tipo de vida. Eso volvía loco a mi papá, el hecho de que no mucha gente saltara, pero nunca forzó a nadie a menos que irrumpieran el flujo natural del infierno, lo que, a su vez, interrumpía la búsqueda de placer de mi padre, mejor conocido como mujeres. Cuando eso sucedía, el ofensor era arrojado con rapidez, usualmente pateando y gritando, dentro del abismo; y la vida, o algo parecido, continuaba. Eventualmente, la mayoría de la gente seguía adelante. Tomaba algunos cientos de años, pero por sí mismos, o a veces en parejas, e incluso algunas veces toda una familia, daban el salto, jurando reencontrarse de nuevo en sus nuevas vidas. Y por lo que sabíamos, lo hacían. Trayendo mi mente de regreso a la tarea en cuestión, me preocupé por la elección del lugar. No sabía qué sucedería si Auric –no siendo completamente humano, ni ángel- era lanzado dentro del abismo. ¿Podría el abismo revivirlo otra vez, o se aferraría a su factor desconocido, impidiendo su renacimiento, pero también sin poder liberarlo? Me cercioraría que nada le sucediera. Mi plan: asegurar que Auric sobreviviera, a toda costa.

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Rápidamente

me

acerqué

al

área

donde

los

nueve

círculos

convergían, saqué mi espada del infierno con un mínimo susurro. Me arrastré por el suelo rocoso, emergiendo sobre el anillo de piedra que rodeaba el enorme desfiladero que era el abismo. Ahí, arrodillado en el borde, con los brazos aún atados y la cabeza inclinada, se hallaba Auric. Quería correr hacía él y tocarlo, pero ambos teníamos que sobrevivir, debía mantener mi buen juicio y seguir el adiestramiento que exhaustivamente había realizado. Los años y años de

entrenamiento

me

habían

enseñado

una

lección

primordial…

sobrevivir. Caminé silenciosamente hacia Auric; mis ojos iban de izquierda a derecha, buscando algún movimiento. Sabía que Azazel tenía que estar aquí en alguna parte. Debí haber hecho algún leve sonido, porque la cabeza de Auirc se alzó y, con un ojo bueno –el otro estaba hinchado y cerrado- me miró, con el rostro afligido. “Muriel, no,” dijo con voz ronca. “Regresa. Es una trampa.” “Lo sé,” contesté, sonriéndole gentilmente mientras que hervía por dentro. Me di cuenta de que había luchado con valentía. Su cuerpo sangraba por las múltiples heridas, y las gruesas cadenas que lo ataban, restringían su fuerza, una fuerza que temían. Quería gritarles a aquellos que lo hirieron, luego arrancarles las entrañas y ver cómo morían. ¿Me sentía sanguinaria? Jodidamente correcto. Habían herido a mi amado. Siendo la hija de mi padre, les haría pagar. Y sí que lo disfrutaría.

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Desde arriba, oí el batir de unas alas, y volando por lo bajo estaba Azazel, con una fría sonrisa en su rostro demoníaco. Como si su presencia fuera una señal, los otros demonios salieron sigilosamente de sus escondites, cortando mi retirada y cercándome hacia los lados. Los ojos de Azazel brillaron. “Ya era tiempo de que aparecieras, cachorra de Satán. Comenzaba a preguntarme si necesitábamos enviarte una fotografía de tu novio para hacer que vinieras.” “Estoy aquí ahora. Déjalo ir.” No me imaginaba que lo haría, pero tenía que intentarlo. “Satana,” me dijo Azazel, sacudiendo su cabeza y negando con el dedo como si yo fuera una niña traviesa. “¿Realmente crees que haría algo como eso? Mi maestro está muy interesado en este ángel. Tiene planes para él. Dolorosos planes.” “¿Qué es lo que quieres?” le pregunté con los dientes apretados. Escuché gemir a Auric, “No, Mur…” Un ruego que fue cortado cuando Azazel se giró y lo pateó fuertemente en las costillas. Auric no gritó, aunque sabía que le hizo mucho daño. Y esa era una razón más por la cual Azazel iba a morir. Con mucho dolor. Aparté la vista de Auric y herví por dentro. Me enfrenté a Azazel y dije otra vez, con voz helada, “¿Qué es lo que quieres?” “Mi amo te quiere, dispuesta y dócil, a cambio de la vida del ángel.” Sabía que planeaban matarme. Sabía que probablemente dolería. Pero

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me rehusaba a permitir que Auric muriera por mí. Lo amaba. Moriría por él. “Vamos a negociar los términos primero,” dije. No podía simplemente ceder sin ninguna negociación. Mi padre era el rey de los engaños cuando se trataba de prometer algo, y yo fui una buena estudiante. “Me entregaré a tu amo voluntariamente a cambio de Auric, con la condición de que sea transportado sin ningún daño dentro de mi bar. No lucharé contra tu maestro, mientras que Auric esté vivo y a salvo.” Era lo mejor que podía hacer, por Auric y por mí. Azazel pretendió pensarlo, así que miré brevemente a Auric y lo vi sacudir su cabeza. Aparté la mirada, para no ponerme a llorar. Azazel sonrió, con sus dientes prominentes y filosos, y sus ojos se oscurecieron como orbes oscuras. “¿Nos damos la mano, engendro de Satán?” Escupí sobre mi mano y la alcé para sellar el trato, una pequeña chispa de poder lo reconoció y vinculó a Azazel a mis términos. Este interesante aspecto del trato, realizado con los demonios, fue creado hace mucho tiempo por un poder ancestral, cuyos orígenes nadie conocía. Aseguraba que los demonios mantuvieran la promesa que hacían. Personalmente, no me importaba cómo fusionaba, siempre que pudiera usarlo a mi favor para salvar a Auric. Sabiendo que tenía poco tiempo, caminé hacia Auric.

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“¿A dónde crees que vas, Satana?” siseó Azazel. “A despedirme. Seguramente no me negarás eso,” dije cortante. “Ya tienes tu precioso trato. Déjame besarlo una última vez antes de enviarlo de regreso, e iré hacia tu amo voluntariamente.” Retomé mis pasos, las heridas de Auric lucían aún peor de cerca. Las lágrimas se agruparon en mis ojos, y no pude impedir que se derramaran mientras caía de rodillas frente a él. “¿Por qué?” preguntó, con voz temblorosa. “Habría muerto por ti.” “Lo sé,” respondí con suavidad, alzando la mano para tocar su rostro. “Permíteme hacer lo mismo. Te amo,” susurré, inclinándome hacia delante y besándolo en los labios una última vez. Saboreé la sal de las lágrimas y la sangre, e incluso, con todo lo que sucedía a nuestro alrededor, sentí una ráfaga de energía entrando en mi interior con su íntima caricia. “Adiós, Auric. Recuérdame,” dije, antes de pararme y dar un paso atrás. Auric echó la cabeza hacia atrás y aulló. La desesperación en ese sonido hizo que mi garganta se cerrara dolorosamente. Tenía la esperanza de que algún día me perdonara por esta decisión y me olvidara. Auric comenzó a luchar, sus músculos ondulaban con el esfuerzo por liberarse. Mis ojos se agrandaron cuando escuché el sonido del metal al doblarse. Sin embargo, su furia no fue suficiente para romper las cadenas que lo ataban.

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Dos demonios se apresuraron ante la señar de Azazel, y tomaron a Auric por los brazos. Él se rehusó a ceder, se retorció y gritó con voz ronca. Los demonios invocaron un portal y arrastraron a Auric dentro. Lo logré. Auric estaba a salvo. Azazel, con una sonrisa triunfante, me hizo una seña. Lo mire fríamente. “Cuando tus demonios regresen, muéstrame que está a salvo; y sólo entonces iré con tu amo.” Azazel gruñó en frustración, pero yo sólo le sonreí maliciosamente y toqué la empuñadura de mi espada. En unos pocos minutos, los dos demonios regresaron, y Azazel esbozó un patrón hexagonal en el aire. Gritó unas pocas palabras que nublaron el aire, y cuando se aclaró… Pude ver el interior de mi bar. Bambi, David, Percy, Christopher y otra serie de caras conocidas se arremolinaron junto a la figura maltrecha de Auric sobre el suelo. Vi a Percy tirar de Auric para levantarlo y le ayudó a sentarse en la barra, los labios de Auric se movían mientras que sin duda relataba lo sucedido. Su cara era sombría y triste. La imagen osciló y desapareció. “¿Estás feliz ahora?” gruñó Azazel. “Ahora ven y arrodíllate ante mí.” Le sonreí a Azazel ampliamente y dije, “No.” Mi negativa le sorprendió. “Hicimos un trato, Satana, no lo puedes renegar.”

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“No lo hago. Recuerdo muy claramente decir que me entregaría voluntariamente a tu maestro y no lucharía contra él. Nunca dije nada sobre ti y los esbirros de tu amo.” Disfruté bastante con su mirada de consternación, rápidamente seguida de la ira, en la cara de Azazel. Reí mientras sacaba mi espada del infierno de su vaina, con los fuegos del Hades ondulando a lo largo de la hoja, imitando los fuegos que, sabía, se mostraban en mis ojos. Desnudando mis dientes de manera salvaje, me incliné hacia delante. “Ahora vas a pagar, Azazel.” “Atrápenla,” gritó, y de pronto me encontré rodeada de demonios. Corté y rebané con mi espada, quizás mi técnica no era tan fluida como la de Auric, pero hacía el trabajo. Extremidades seccionadas, demonios gritando, y la sangre se derramaba; y mientras tanto, me reía histéricamente. Sabía que no podía ganar, y no me importaba si moría. Salvé a Auric. Eso era todo lo que importaba. Pero antes de morir, me aseguraría de llevar una jodida cantidad de hijos de puta conmigo. Habían traicionado a mi padre y herido a mi amor. Podía escuchar los gritos de Azazel, pero lo ignoré. Puse toda mi atención en la lucha. La magia en mi cuerpo me dio fuerza y habilidad como nunca antes lo había experimentado. Daba vueltas y bailaba entre la multitud que me rodeaba. Cada corte que la hoja realizó, provocó una herida mortal. Encontré un ritmo en mi danza de la muerte entre los gritos y lamentos de los heridos y moribundos.

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“Soy Satana Muriel Baphomet,” grité. “La Princesa del Infierno. Soy juez, jurado y verdugo. ¡Y todos morirán!” De pronto me tambaleé, mientras me balanceaba y golpeaba a la nada. De seguro no los había matado a todos. Me concentré en el mundo a mi alrededor otra vez, un lugar que ahora estaba cubierto de miembros y cuerpos. El olor de la sangre y violencia colgaba pesada y nauseabundamente a mi alrededor. Sentí la humedad de mi piel, cubierta con la suciedad de la muerte, y me preguntaba si era por eso que

los

demonios

que

habían

quedado,

retrocedieron

luciendo

temerosos. Tan siniestra como era, supe que ese no sería el caso. Tomando una respiración profunda, me giré. La espada cayó de mis dedos entumecidos, mientras la promesa que hice se apoderó de mi cuerpo y voluntad, obligándome a obedecer. Caí de rodillas cuando el amo de Azazel se acercó. “¿Quién eres?” pregunté. Intenté ver dentro de la oscura capucha que ocultaba al aspirante usurpador. La voz, cuando habló, me sorprendió. Ligera y casi con un tono musical, no pude decidir si pertenecía a un hombre o una mujer, o quizás a un „otro.‟ “Hija bastarda de Satán, mucho te he visto. Casi me preguntaba si tal vez escapó la maldición de la sangre de vuestro padre. Pero huelo hedor de hombre en ti. Puta ilegítima, tu arte no es mejor que el de tu

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madre. Me duele pensar el tener que tocar tu carne, tan impura, pero tenéis lo que necesito.” “Muéstrame tu rostro, cobarde. ¿Por qué te escondes?” Una sonora risa como campanas salió tras la capucha y me dio escalofríos. Tales sonidos dulces no deberían pertenecer al mal que sentía viviendo de este ser. “Me revelaré cuando el momento sea adecuado. Una lástima que no viviréis para ver mi gran victoria. Adiós, hija de Lucifer.” Quería pelear. Mi cuerpo se tensó contra las ataduras invisibles del pacto que hice, pero me vincularon fuertemente a mi promesa. El amo de Azazel se acercó. Observé los oscuros recovecos de su capucha, intentando ver su rostro. Sólo vi sombras. La figura extendió una delgada y pálida mano, con la piel translúcida e inmaculada. Presionó su aparentemente inofensiva mano sobre mi frente. A diferencia de la batalla anterior, donde me reí de mi dolor y heridas, esta vez grité de dolor.

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Capítulo Once Traducción de Elvia Corregido por Mari

Una vez que el dolor comenzó, pensé que nunca iba a terminar. Un abrumador y debilitante dolor me consumía. Comencé a orar por la muerte, cualquier cosa para escapar de la tortura insoportable. No sabría decir cuánto tiempo grité, pero eventualmente me detuve. Me encontré

a

mí

misma

tirada

en

el

suelo

retorciéndome

incontrolablemente, como si tuviera una gran convulsión. Yo, por desgracia, todavía estaba consciente, dentro de mi prisión de dolor y apenas tenía conocimiento de que el monstruoso parásito que Azazel llamaba maestro, estaba tomando todo de mí. Como una sanguijuela, este monstruo absorbió mi poder, y no simplemente me vacío, sino que lo drenó de mí, oh no, la fuerza fue salvajemente arrancada de mi interior, haciéndome

sentir

cada vez

más débil. En mi cabeza

destellaron recuerdos, tan rápidos que no podía verlos, ya que él se cernía a través de mi mente como si buscara algo. Atrás, atrás en el tiempo, el amo de Azazel veía, hasta que encontró el día que vine a vivir con mi padre, Satanás. Sentí la emoción del monstruo, ya que detuvo su violación mental y lentamente dirigí los recuerdos hasta ese día. El día en que mi vida cambió para siempre. Con entusiasmo, intentó acceder a esos recuerdos que ni siquiera yo podía recordar y, de repente, un escudo golpeó en mi cabeza, y en mi mente una voz potente gritó: “Vete”. Un destello de luz brillante llegó luego de eso y me encontré volando por el aire antes

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estrellarme contra el suelo. Sacudí la cabeza, aturdida. Me quedé con mi cara y el brazo colgando sobre el borde del abismo. Mi cuerpo palpitaba dolorosamente, cubierto de hematomas y cortes, mientras que la cabeza me dolía horriblemente. Podía oír voces a través del zumbido en mis oídos. Volví la cara con un gran esfuerzo, y abrí con cansancio un ojo para ver la figura con túnica levantarse a sí mismo del suelo y llegar en grandes zancadas hacia mí, completamente furioso, con Azazel justo detrás. Me avergüenza decir que gemí. Miré con ansia el abismo, sólo un poco de esfuerzo, y todo mi dolor desaparecería. No podía estar segura de que el abismo me infringiría mucho más sufrimiento, pero ahora mismo, atrapada entre el dolor y la muerte segura, y el potencial dolor y la posible muerte, sabía qué escoger. Oí el batir de alas sobre mí, y los gritos en todas partes. Haciendo caso omiso de todos ellos, recurrí a mis últimas reservas de fuerza y rodé mi cuerpo en el abismo. Y esperanzadoramente rogué por el olvido. Escuche una familiar voz gritar, “¡No!” Sonaba como Auric, era imposible, lo sabía, y probablemente un producto de una mente confundida. Auric estaba medio muerto, pero a salvo en mi bar. Le había rescatado. Tenía que ser un truco. De todos modos fue demasiado tarde, había caído en el abismo y mi cuerpo inerte caía desplomado.

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Entonces mi descenso se detuvo abruptamente. Poderosos brazos se apoderaron de mí, y oí el sonido de un pesado batir de alas. Abrí los ojos, a través de la bruma me pareció ver a Auric, su rostro feroz y enfadado. Sus labios estaban apretados y sus ojos verdes brillaban con furia. Si no hubiera estado tan lastimada, habría sonreído, se veía tan guapo. Surgiendo de su espalda, y capturando mi atención, unas alas oscuras de batían. “Auric,” murmuré débilmente. “Tienes tus alas de nuevo.” Y entonces el dolor fue demasiado otra vez y me desmayé.

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Capítulo Doce Traducción de Catherine Corregido por mari

Me

desperté

acurrucada

en

unos

brazos

familiares,

acunada

protectoramente. Estaba aliviada por su fuerza porque me sentía muy débil. Sin embargo, los recuerdos empezaron a llenar mi mente. Recordé caer y ser atrapada. ¿Auric se había unido a mí en el abismo? ¿Me había acompañado en la muerte definitiva? Un momento, eso no podía ser. El abismo borraba todos los recuerdos. Aún sabía quien era yo, la princesa más asombrosa del infierno. Pensando aún más, recordé una impresión de alas en la espalda de Auric. ¿Era un ángel de nuevo? Quería abrir los ojos y preguntarle, pero me di cuenta que no estábamos solos. Olí azufre y escuché gente murmurando. ¿Éramos ambos prisioneros todavía en Hades? ¿El maestro nos había capturado y mantenido para sus viles propósitos? Temblé, el miedo abrumador del dolor todavía muy fresco en mi memoria. Los brazos a mi alrededor se tensaron, protegiendo y asegurándome sin palabras que ahora estaba segura. Sentí otra ola de alivio cuando escuché la voz rugiente de mi padre. “¿Qué quieres decir con que ella está todavía inconsciente?”

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Si mi papá estaba gritando significaba, contra todo pronóstico, que estábamos seguros. Viví y estaba con Auric de nuevo. ¿Pero cómo? El pecho contra mi mejilla retumbó. “¿Dejarías de gritar? Ella va a estar bien. El curador dice que la mayoría de sus heridas son superficiales, y mira, la mayoría ya han sanado.” Mi padre habló más bajo. “No es su cuerpo lo que me preocupa. Esa cosa le hizo algo a su mente.” “Lo sé, pero Muriel es fuerte,” dijo Auric con firmeza. “Nunca he conocido a una persona tan valiente y fuerte. Estará bien. Tiene que estarlo.” Sonaba como si Auric quería convencerse a sí mismo junto con mi padre. Sabía que era tiempo de hacerles saber que había sobrevivido, a duras penas. Forcé mis párpados a abrirse y con voz baja dije, “Agua.” Inmediatamente, unos ojos verdes y preocupados se clavaron en los míos. “Estás de regreso”. Auric besó mi frente suavemente, y me sentí un poco más fuerte. “¿Qué dices? Mi chica está despierta. Muriel háblame,” dijo mi padre. Su rostro ansioso movió el de Auric a un lado, y sus ojos ardientes me miraron con preocupación. “Hola Papi,” susurré. “Maldita niña tonta, ¿qué estabas pensando al ir ahí por tu cuenta? Tú y tu novio son un buen par de idiotas.”

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Auric me sentó en su regazo, y un vaso de agua fue puesto en mis manos. Lo bebí ávidamente, limpiando el polvo del infierno, y sintiéndome mucho mejor en el proceso. Finalmente tomé en cuenta nuestro alrededor, y noté que estábamos todos en mi bar. Un anillo de rostros familiares se pararon a mi alrededor, sus ropas y piel sucias con las cenizas del infierno. ¿Qué pasó luego de que me desmayé? “Um, ¿alguien quiere explicar?” pregunté. Mire a Auric, todo su rostro sanado, sin una mancha a la vista. Imposible. Incluso con su notable habilidad para recuperarse más rápido que los mortales, había sido herido gravemente. “¿Auric?” “Sí, bueno, luego de que tontamente te intercambiaras por mí, terminé de regreso en el bar. Bambi acababa de regresar del infierno y te estaba buscando cuando llegué.” Bambi se acercó a mí, su cara sucia y sus ropas en harapos. Y por supuesto, todavía se veía bellísima. Yo probablemente parecía una refugiada del Hades, un momento, lo era. “Tan pronto escuché lo que pasó, fui con Lucifer,” dijo Bambi, tocándome suavemente. “Malditos sean al tomarte así,” bramó mi padre. “Cuando llegué al bar, tu hombre aquí me rogó por ayuda para regresar y salvarte. Por supuesto, se veía como la mierda, así que inicialmente dije „no‟.”

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Auric rodó sus ojos. “En realidad, lo que dijiste fue, „Chico, ahora mismo eres tan inútil como un tercer maldito pezón‟.” Me reí. Sí, eso sonaba a mi padre. “En fin, tu hombre aquí me pidió que lo ayudara a salvarte. Así que lo arreglé, hasta le di algunas alas, y lo siguiente que supe, es que el maldito idiota fue por su cuenta a salvarte sin esperar por nadie.” Mis ojos se abrieron con horror. Auric había hecho un trato con mi padre. Oh, no. “Papi ¿Cómo pudiste aprovecharte de su amor por mí? ¡Devuélvele su alma, ahora mismo!” Me había dado a mí misma para salvar a Auric de la muerte; no iba dejar que perdiera su alma por salvarme. Mi padre me frunció el ceño. “¿De qué estás hablando? No tomé nada de tu novio. Sólo lo sané y le di poderes, con la condición de mantenerte viva. Así lo hizo, así que estamos a mano.” Me quedé boquiabierta. Imposible. Mi padre tenía que haber creado algún tipo de escape. Tenía que asegurarme de ver el contrato luego. “Es cierto,” dijo Auric. “Mi alma todavía es tuya, Muriel. Y ahora tengo de vuelta todos los poderes que tenía como ángel; en realidad, más poder, creo. Hasta tengo alas. Fíjate, ya no son blancas. Mis nuevas alas ahora son negras, pero puedo vivir con eso. Es mejor que vivir sin ti. También fue lo que me ayudó a salvarte.” “Dímelo todo.” Quería saber cada detalle.

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Unas cuantas voces se unieron, y escuché cómo Auric, tan pronto se encontró recuperado, abrió un portal al infierno y vino por mí. Mi campeón valiente. Llegó a tiempo para verme alcanzar el borde del abismo. Se abalanzó y me sacó, luego me defendió, peleando con mi espada del infierno hasta que llegó la caballería. “Debiste verlo, Muriel,” dijo mi padre, pareciendo impresionado. “Moviendo tu espada alrededor como un antiguo vikingo. Montando guardia sobre tu cuerpo, y gruñendo como un perro rabioso a todos los que se acercaban. Entre ustedes dos, no había casi nada con qué pelear.” Satanás se veía algo decepcionado con este hecho. “Podrían habernos dejado algo.” “Me imagino que todos estuvieron ocupados peleando. Con todos siendo llamados de regreso al infierno para luchar,” dije, todavía molesta de que no hubieran pensado llamarme. “Justamente eso,” se quejó mi padre. “No hubo pelea. Recibimos la noticia de que la rebelión venía, así que llamé a todos para pelear, y estábamos esperando, listos...” “Todos excepto yo,” susurré. Mi padre se mostró indignado. “Tú, hija mía, sucede que fuiste la primera a la que llamé, pero no hubo respuesta.” Mi resentimiento se desvaneció. “¿En serio me querías ahí?” “Malditamente cierto, sí, lo quería. Eres el mejor demonio asesino que tengo.”

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“Ah, Papi,” dije sollozando. Satanás aclaró su garganta, “Sí, bueno, ahí estábamos, listos para patear a los amotinados justo donde duele, cuando llegó.” “¿Qué?”

pregunté,

inclinándome

rápidamente.

“¿Criaturas

transdimensionales?” ¿Espíritus del Purgatorio? ¿Qué atacó?” “Nada. Todos cayeron dormidos. Cuando nos despertamos y no encontramos a nadie con quien pelear, envié a todos a casa.” Me reí. No podía evitarlo; mi padre lucía tan apagado. “¿Pero cómo? ¿Un hechizo de esa magnitud? Parece imposible.” “Sea quien sea a quien nos enfrentamos tiene acceso a un magia antigua bastante potente. Llevaré a mis científicos y hechiceros de vuelta al infierno para averiguar que pasó. Tal vez hasta llame a mi hermano, Dios. Esto no huele como el tipo de cosas que él hace, y estoy bastante seguro de que quiere respuestas también. Estaremos mejor preparados la próxima vez.” Procesé lo que dijo mi padre, y mi cuerpo tembló ligeramente con miedo. ¿Próxima vez? No quería volver a pasar por la agonía de lo que ese ser me había hecho. Mi mente todavía se sentía cruda, y mi cuerpo tan débil. ¿Y Auric? ¿Y si venían por él de nuevo? “¿Quieren decirme que Azazel y su maestro todavía andan sueltos?” Con mis palabras, casi todos dejaron caer sus cabezas y miraron a otro lado. Incluso mi padre aclaró su garganta y miró a sus pies.

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Auric fue quien me contestó. “Escaparon. Al montar guardia sobre ti, no pude perseguirlos y cuando vieron que todo se volteaba. Se fueron, justo cuando tu padre y los refuerzos llegaron.” “¿Así que todavía están allí fuera?” dije en voz baja, empujando ese pequeño sentimiento de miedo y remplazándolo a su vez con los fuegos de mi rabia. Auric asintió. “No te preocupes, te protegeré mejor la próxima vez.” “Yo también,” intervino mi padre. Arqueé mis cejas. “¿Protegerme? Los espero a mi lado, peleando, cuando los vea otra vez los mataré por lo que han hecho.” Mi padre se rió en voz alta ante mis violentas palabras, y por un segundo, me preocupé de que quizás hubiera asustado a Auric con mi sed de sangre, pero su cara se puso rígida, y cuando habló su tono se hizo más severo. “Planeo lastimarlos antes de matarlos. Pagarán por lo que te hicieron.” Me dio un escalofrío ante sus palabras. Me quería sentir mal porque mi amor por él lo había cambiado, lo había hecho más frío; pero la verdad es que encontré este lado mercenario de él excitante. Fingí un bostezo. “Muriel necesita descansar,” anunció Auric con autoridad. Se paró, cargándome en sus brazos.

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Vi a mi padre susurrar algo en la oreja de Auric, y fruncí el ceño. No me gustaban los secretos. Pero Auric me sonrió y los perdoné. Hey, al menos mi padre estaba hablando con él en lugar de intentar matarlo. Dije adiós en la comodidad de los brazos que se negaron a dejarme ir, y Auric nos sacó del bar. “No puedes cargarme todo el camino a casa,” dije. “Cállate. Si por fuera mí, nunca más te dejaría ir.” Auric desplegó sus nuevas alas sombreadas. Eran bellísimas: color carbón, con plumaje sedoso. Cuando las sacudió, se extendieron ampliamente detrás de él, dejamos el suelo y el bar atrás. Auric se lanzó a través del aire como un ángel de la noche, y le sonreí. “¿Estás seguro de que mi papá no te hizo prometer algo estúpido a cambio de ellas?” “No

llamaría

estúpido

prometer

cuidarte

y

protegerte.

Había

planeado hacerlo de todos modos. Él sólo me dio las herramientas que necesitaba para hacerlo. Es verdad lo que te canté en el bar.” Auric me cantó suavemente las palabras de la canción, nuestra canción. Cuando terminó, reposé mi cabeza en su pecho. “Te amo Auric.” “Mi alma te pertenece Muriel. No te defraudaré de nuevo.” “No lo hiciste.” Me dolía el corazón escucharlo decir eso. Él había hecho por mí más de lo que nunca esperé de nadie. Nunca pensé

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encontrar un amor tan maravilloso que desearía morir por él, menos que alguien me amara de esa manera. Me hice una promesa de que haría cualquier cosa que estuviese en mis manos para ser digna del amor de Auric. Besé el borde de su mejilla ligeramente, para no encenderlo hasta que descendiéramos, pero al mismo tiempo necesitaba tocarlo. Menos mal, pronto aterrizamos en la escalera de escape fuera de su edificio. “¿No deberíamos ir a mi casa? Es a prueba de demonios.” Azazel y su maestro todavía estaban sueltos y no quería interrupciones con lo que pretendía hacerle a Auric. “Tu papá tiene el lugar hechizado; era lo que me estaba susurrando antes de que nos fuéramos. Nadie puede entrar, ni siquiera él. Dijo que era su regalo para ti, por,” Auric se sonrojó, “por... um... perder tu virginidad finalmente.” Me reí mientras Auric abría la puerta y nos deslizaba en el gran espacio de su ático. Seguía riéndome cuando me colocó en su cama gigantesca. Pero dejé de reír y miré con interés mientras se despojaba de su camisa. “Sé que probablemente quieres una ducha y estás hambrienta y cansada, pero necesito tocarte. Necesito sentirte y saber que estás segura, conmigo.” “Eso es bueno, porque necesito lo mismo.” Abrí mis brazos a él y cayó sobre mí, el peso de su cuerpo fue bienvenido.

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Sus labios acariciaron los míos cariñosamente, y sus manos acunaron mi cara. Se detuvo a mirarme, y pude jurar ver un destello en sus ojos. “Casi muero cuando te vi acercarte al abismo. Si no te hubiese salvado, te habría seguido.” “Oh, Auric.” Cubrí su rostro con besos, asegurándole que vivía mientras yo me aseguraba de su integridad. Ansioso por la necesidad, una necesidad basada en algo más que lujuria, nos desvistió a ambos; y cuando estuvimos piel contra piel, entró en mí lentamente, mi sexo ya húmedo y esperándolo. Gentilmente me reclamó, sus manos acunando mi rostro y sus ojos fijos en los míos. No los cerré. Quería verlo, para asegurarme que no era un sueño. Ambos sobrevivimos. Podíamos estar juntos. Su ritmo se aceleró y lo encontré en cada embestida, la sangre retumbando a través de mis venas, el poder se empezaba a construir dentro

de

mí.

Energizándome.

Nuestros

cuerpos

se

unieron

intrínsecamente, y montamos la ola de placer, juntos, cada vez más alto. Cuando llegamos al clímax, ambos sin aliento y al mismo tiempo, pude jurar sentir que nuestras almas se tocaron. Y por un momento glorioso, fuimos uno. Cuando regresamos a la realidad, me acurruqué junto a él, sintiéndome mucho más fuerte. Él besó mi sien suavemente. “Te amo Muriel.”

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“También te amo, pero si alguna vez haces algo tan peligroso y estúpido de nuevo, te mataré yo misma.” Dije, inclinándome y frunciendo el ceño. “No iba a dejarte morir,” dijo obstinadamente. “No hablaba de eso. Hablaba sobre tu trato con mi padre. Hiciste un pacto con el Diablo.” Auric se apoyó en un codo y me miró, nuestros ojos al mismo nivel. “Haría cualquier cosa por protegerte. Así que supéralo.” “¿Superarlo?” casi grité. “Debido a tu pacto, no podrás volver al Cielo. Estás maldito ahora Auric.” Auric se recostó en la cama, sus manos detrás de su cabeza y una enorme sonrisa en su cara. “Sí, sí que lo estoy. Así que deja de quejarte y vuelve a pecar conmigo. O,” dijo con una mirada prometedora, “tal vez te coloque sobre mi rodilla y te castigue por ponerte en peligro y desobedecerme en primer lugar.” Oh. Lo había corrompido verdaderamente. Era tan adorablemente perverso. No lo dejé azotarme (esa noche), sin embargo, lo torturé un poco con mi lengua hasta que gritó por piedad. Después de todo, nadie me dijo qué podía o no hacer. Luego él me torturó, de maneras tan deliciosas que le prometí obedecerlo. Por supuesto, mentí, tenía una reputación que mantener.

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Cuando todo fue dicho y hecho, nuestro castigo mutuo duró dos gloriosos días. ¿La lección que aprendí? Necesitaba ser mala más seguido.

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Epílogo Traducción de Elvia Corregido por Mari

Una semana después

“No veo porqué tenemos que hacer esto,” se quejó Auric, poniendo la mesa. “Él es mi padre. Si vamos a estar juntos, tienes que acostumbrarte a él,” le dije, quitando las tapas de la comida china que había pedido. “Estoy de acuerdo con el ángel,” dijo la voz de mi padre, cuando de repente apareció. “Papá,” le dije corriendo a abrazarlo. “Pensé que me dijiste que este lugar era a prueba de demonios.” Dijo Auric, frunciendo el ceño ante mi padre. “Mentí,” mi padre sonrió. Escondí mi sonrisa detrás de una mano. Era bueno saber que algunas cosas nunca cambiaban “¿Qué es todo esto, Muriel?” preguntó Satanás intencionalmente al sentarse a la cabecera de la mesa.

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“¿Qué, no puede una chica cenar con sus dos chicos favoritos?” En su mirada agria, suspiré. “Escucha. Los amo a los dos, y no puedo soportar que ustedes ni siquiera puedan ser corteses el uno con el otro.” “Él es el diablo,” murmuró Auric. “Te acuestas con mi hija,” lo fulminó con la mirada mi padre. “Basta,” grité. Satanás y mi ángel me miraron con expresión herida. “Realmente no me importa si no se gustan el uno al otro. Ustedes van a ser civilizados o voy a tomar medidas.” Auric hizo una mueca, y con voz dolorida, dijo, “Voy a hacer un esfuerzo, si él lo hace.” “¿Por qué todo el mundo siempre me culpa?” Despotricó mi padre. “¡Porque eres Satanás!” Farfulló Auric. Mi padre se rió. “Muchacho, tú eres demasiado fácil de provocar.” Auric abrió la boca, la cerró y luego la abrió de nuevo. “¿Quieres decir que estás haciendo esto a propósito para sacarme de quicio?” “Por supuesto que lo hago,” mi padre sonrió con una expresión diabólica que había acuñado después de una noche infernal. “¿Quieres decir que, cuando me dijiste que me ibas a colgar por los intestinos sobre el abismo, mientras los cuervos picotean mis ojos por corromper a tu hija, era una broma?”

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Mi padre dio una palmada su la rodilla y soltó una carcajada. Me mordí el labio, pero la risita salió de todos modos. “Papá, no lo hiciste.” “Lo dije, pero no tengo intención de hacerlo. Por mucho que me duela, puedo ver que mi Muri te ama y que tú la amas también ¿Por qué crees que te permití estar con ella?” “¿Qué?” Exclamé, repetido muy de cerca por Auric. “Oh, por favor,” dijo mi padre. “Tú eres mi hija, Muriel. Si yo no creyera que Auric cuidaría de ti tanto como yo lo hice, habría tenido que matarlo después de que se conocieron.” “Oh, papá,” le dije levantándome y lanzando mis brazos alrededor de su cuello. “Esa es la cosa más bonita que me has dicho. Yo también te amo.” Cuando me senté de nuevo, secando las lágrimas en mis ojos, vi a Auric mirándonos a mi padre y a mí, moviendo la cabeza, pero el fantasma de una sonrisa flotaba en sus labios. Satanás le sonrió. “Bienvenido a la familia, hijo.” Auric palideció por un segundo antes de recuperarse, y con una sonrisa escrita en su rostro, dijo, “Bueno, me alegro de que se sienta de esa manera señor, ya que Muriel y yo hemos decidido vivir juntos.” Mi padre se burló un poco de Auric, pero me di cuenta de que lo hacía por hábito. Había aceptado a Auric como mi novio, y más adelante

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él me abrazó, susurrándome, “Estoy tan orgulloso de ti, Muri, viviendo en pecado.” Creo que incluso se atragantó un poco. Por mi parte, me alegró saber de que por fin hice algo que papá aprobaba.

En otra dimensión, escondido del cielo y del infierno, alguien vio la escena a través de un espejo de adivinación. Cuando finalizó, la figura envuelta se paseó por la cueva que llamaba hogar, meditando lo que había aprendido. El plan para capturar a Satana y los secretos que escondía dentro de su mente había fracasado, a pesar del poder que había drenado. Mmm, delicioso. La adición del ángel caído a la mezcla había sido inesperada. Pero tal vez esto podría funcionar a su favor. Los poderes de Muriel seguían creciendo. Ella sería una formidable arma en las manos adecuadas, especialmente en la mano correcta. Tal vez era el momento de desviarse del plan original y la línea de tiempo. Era hora de poner en marcha algo más atrevido. Algo que haría que el cielo y el infierno presten atención. Y si eso fallaba, siempre existía la próxima vez.

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Prรณximamente

Eve Langlais Saga La Princesa el Infierno 02 - Bolas de Nieve en el Infierno

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01 la hija de lucifer (saga la princesa del infierno) de eve langlais by Alba Blasco Bernal - Issuu