Sobre la relación entre teoría y práctica en el arte socialmente comprometido

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Sobre la relación entre teoría y práctica en el arte socialmente comprometido por Grant Kester Debates recientes alrededor del arte socialmente comprometido se han centrado en el carácter espacial y temporal del cambio social (la relación, por ejemplo, entre un evento efímero y la transformación más duradera de una determinada estructura social, o entre la acción local o situacional y las acciones globales o geográficamente extensas formas de resistencia organizada). Más específicamente, estos debates se preguntan cómo las acciones locales, situacionales o "ad hoc", a menudo encontradas en las prácticas de arte socialmente comprometido están relacionadas a formas sistemáticas de dominación.[1] Un típico reproche dirigido a proyectos de esta naturaleza es que funcionan casi cómo un adorno para un sistema fundamentalmente corrupto. La única manera de producir un cambio real y significativo es participar en el derrocamiento directo de la economía capitalista en su totalidad. Esta crítica es necesaria pero no suficiente. El problema con este enfoque, por supuesto, es que se basa en un modelo hiperbólico del capitalismo (como un sistema de dominación completamente impenetrable y fijo) y también suponiendo que artistas hoy en día tienen la posibilidad de alinearse con un movimiento revolucionario existente, preparado para lanzar un asalto total sobre el capitalismo neoliberal y simplemente se han abstenido de hacerlo. La resolución convencional de vanguardia a este callejón sin salida es la retirada de cualquier compromiso directo con el mundo social o político para incorporar un principio puro de negación radical, a todos los sistemas de significado y los valores existentes. No es de extrañar que estos gestos se hayan convertido casi en su totalidad en rutinarios dentro de los protocolos de las exposiciones y bienales internacionales (a menudo en calidad de escándalo necesario para demostrar la apertura de un sistema predicado en la jerarquía y la riqueza). En la mayoría de los casos simplemente permiten a los artistas posar como críticos incendiarios del capitalismo mientras mantienen al mismo tiempo una vida confortable de los hábitos de inversión del 1%, a los que venden su trabajo. Los residuos de este gran sistema de creencias siguen informando a la crítica de arte. Podemos identificar dos supuestos relacionados que han sido especialmente problemáticos cuando se dirigen al análisis del arte socialmente comprometido. 

La suposición de que cualquier forma de práctica artística que produce algún cambio concreto en el mundo o se desarrolla en alianza con movimientos sociales específicos (a través de la creación o preservación de un parque, la generación de nuevas, prefigurativas formas colectivas, los cambios en la disposición de poder en una comunidad determinada, etc.) son totalmente pragmáticas y no tiene capacidad crítica o conceptual creativa.[2]


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