

ESTE GRAN ESPÍRITU, ALTAMENTE EVOLUCIONADO DE LA VIRGEN. MÁS EVOLUCIONADO QUE TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS LOS DEMÁS ESPÍRITUS DE TODOS LOS PLANOS: TANTO MÁS GRANDE CUANTO MÁS HUMILDE. EN LA MEDIDA DE SU HUMILDAD ESTÁ SU GRANDEZA. Padre CÉSAR A. DÁVILA G.
Derechos Reservados


Estos misterios, se ha dignado revelarnos Dios mismo a nosotros sus hijos, sus criaturas. Para nosotros deben servirnos estas revelaciones de profundo gozo, que Dios Nuestro Señor haya tenido la dignación de escoger del seno de la humanidad, de esa humanidad caída, una flor tan hermosa, una criatura tan pura, una criatura a la cual le eleva Él, a la dignidad de ser la MADRE de SU PROPIO HIJO.
Este es un gran misterio, que nosotros no podemos comprender a primera vista, un misterio ante el cual quedó arrobada Isabel. Debemos constantemente recordar este privilegio de la MATERNIDAD DIVINA, de la VIRGEN MARÍA y debemos felicitarla y sentir una felicidad inmensa al constatar que esa misma Madre de Dios, es también madre nuestra, esa misma Madre de Dios, es aquella que está constantemente velando por cada uno de nosotros, mientras peregrinamos en esta vida.
En estos días de MAYO, depositemos a los pies de la Santísima Virgen y más que a los pies: en el corazón de la Santísima Virgen, nuestros buenos deseos de vivir como verdaderos cristianos, nuestros buenos propósitos de ser verdaderos devotos suyos, por la imitación de las virtudes que Ella nos enseñó, virtudes de la humildad, de la paciencia, de la obediencia, del amor de Dios y de la consagración a la causa de su Hijo.
Padre CÉSAR A. DÁVILA G.

No creo en la absoluta gratuidad de todos los bienes que recibimos de Dios, especialmente de aquellos que nos ponen en condición superior a los demás. Creo más bien que ÉL en su infinita bondad nos hizo el don de la creación a todos. Todos los seres somos una manifestación y nada más que esto: Una manifestación de lo que ÉL es.
Ahora bien, estas maneras de manifestarse son infinitas como Infinito es ÉL. ÉL se manifiesta infinitamente grande en el espíritu más evolucionado, e infinitamente pequeño en el ser más pequeño: Un átomo, una espora, una gota de agua. Pero todo es su manifestación hacia afuera. Esta manifestación se realiza por el Verbo, es decir, por su Hijo Eterno, propiamente es así: El Padre se manifiesta en su Hijo su imagen perfecta: El Hijo se manifiesta en nosotros. Conocemos todo esto por el Om o Espíritu Santo.
La VIRGEN MARÍA es la primera y gran manifestación Divina en el orden ontológico y también en el orden lógico como ser más cercano a Dios: Como manifestación más perfecta de Dios. Esta manifestación naturalmente en toda criatura es santa, pura, inmaculada, perfecta en su orden. Y no puede ser de otro modo ya que es manifestación Divina y lo que es de Dios, dios es; lo que viene de la Suma perfección perfecto es en su orden respectivo de ser.

La VIRGEN BENDITA conservó siempre este modo de ser, puro, santo, inmaculado. Esta es la esencia de su Inmaculada Concepción. No hay purificación, no hay ablución posterior porque ese espíritu nunca necesitó ni ablución, ni purificación.
Pero no creo que los espíritus por evolucionados que sean, en otras palabras, por perfectos que hayan salido de las manos de Dios en la primera oleada de existencia venida del amor Divino, gratuitamente sin que nada hagan de su parte, lleguen a
desempeñar misiones elevadísimas como en este caso de la VIRGEN, ser MADRE de la Persona del VERBO DE DIOS en su aspecto humano. De ningún modo. Todo ser, inclusive ELLA fue sometido a una prueba acorde con su misión: Ese espíritu tuvo un instante, hablemos así, supremo instante de iluminación tal, de impacto divino tal, de impulso divino tal, que en ese instante se vio perfecto, demasiado perfecto en la alternativa eso sí de elegir entre pensar que esa luz, esa perfección, esa totalidad es suya exclusiva, producto, emanación y prolongación de su propia perfección. O a su vez que todo aquello sea más bien fruto de la grande, de la infinita bondad divina.
Ese Espíritu de la VIRGEN, como se dijo, primera manifestación Divina en el orden ontológico de los seres, antes que Luzbel, antes que Miguel, antes que Gabriel, antes que cualesquiera de las manifestaciones espirituales; ante ese dilema, ante esa alternativa se determinó por lo segundo, es decir, por reconocer que todo, absolutamente todo lo que es y lo que recibió viene no de sí misma sino de ÉL, esta es la prueba, la gran prueba de todo ser. De esta


prueba no salió bien Luzbel por ejemplo este gran ángel quedó sepultado en el infierno de su propia ignorancia, de su propia pequeñez, de su propio orgullo, de su propio aislamiento: Quedó
como rama desprendida del árbol (Dios) que le dio la vida: Rama unida con una corteza muy débil al tronco-Dios. Corteza por la cual continúa recibiendo el ser, es decir, el existir. Pero no la verdadera vida Divina que los teólogos llaman gracia.
MARÍA en cambio, después de la prueba quedó más afianzada, es decir, definitivamente afianzada e injertada en el tronco divino. Por esto, el Verbo no tuvo, hablemos así, otro camino que encarnarse, que el camino de ese espíritu altamente evolucionado que tomó también al encarnarse la forma de una mujer para ser MADRE.
Cuando vino y penetró en la naturaleza humana y tomó de esta el aspecto humano, el choque, el impacto, la iluminación, la perfección de ese espíritu fue tal que destruyó todo vestigio de impureza. De modo que simultáneamente al tomar ese óvulo fecundado, ese espíritu tan evolucionado, lo purificó absolutamente de todo karma, de toda consecuencia anexa al pecado original.
Lo que no pasa con nosotros que recibimos esa naturaleza con el karma de la inclinación hacia abajo, es decir, hacia la satisfacción del hombre animal. La VIRGEN no. Ella siempre tuvo esa inclinación hacia arriba porque si por un lado es la primera criatura en el orden ontológico como queda explicado: Ella salió avante de la prueba y salió en la medida en que reconoció su pequeñez. Este es el significado de lo que dijo: “Quia respexithumilitatemancillaesuae” “Porque(Dios) mirólahumildadde suesclava,hizoconellagrandescosas”. Así es. ¿Qué cosa más grande que la Encarnación del Verbo en ELLA?
P. CÉSAR A. DÁVILA G. .
¡GRACIAS MADRECITA, GRACIAS! BENDÍCELES UNA VEZ MÁS A ELLOS Y A QUIENES EN ESTE PLANO GUARDAN PARA ELLOS LO MEJOR DE SU AMOR. P. CÉSAR A. DÁVILA G.


¡FÁTIMA!
Uno de los muchos avisos en portugues: Peregrino: essagradoestelugar.EstuvoaquílaMadredeDios.Pidió: oración,penitencia,reparación. Serequiereporesto,unambientedesilencio,modestiaycompostura…
Y también los pájaros observan el silencio: Su canto es dulce, armonioso y tierno, pero se pierde a pocos pasos de los olivos o cipreses, de las acacias o de la espesura en donde trinan.
Silencio de paz. Silencio de oración. Silencio de contemplación interna.


Hombres y mujeres atraviesan la plaza asoleada en silencio de meditación.
Todo el Santuario… con sus pórticos y edificios, con sus bosques y avenidas de cipreses y de olivos (unos
treinta mil metros cuadrados) parece una gran casa de ejercicios ejercitándose todos los pueblos y de toda la redondez de la tierra. No hablan. Si hablan lo hacen en voz baja, sin estridencia. Si pasean, meditan en algo que ellos mismos no saben explicar. Detienen el paso para contemplar de un ángulo cualquiera el templo, el cielo azul profundo, el volar de una mariposa, el jolgorio de un ave… pero que hablan al espíritu en el mismo sitio en que la Virgen habló a Lucía y sus compañeros.
También las campanas han afinado su voz. Cada quince minutos un reloj va contando el tiempo. Cada hora después de rezar su plegaria de horas con las campanas ensaya un canto de campanas que le enseñaron a cantar cuando le fabricaron y dice así ese canto, la música del tan conocido y popular canto a la Virgen de Lourdes cuyo estribillo dice: Ave,Ave,Ave María .


El eco de las bocinas y pitos de los carros, el ruido de los motores se pierde, bastante lejos del Santuario. Aquí ha establecido Su trono el silencio. En el silencio la plegaria, en la plegaria la Virgen. Dios en todo. Él en la Virgen, en la plegaria, en el silencio, en las almas de los peregrinos.
Hablar aquí con los hombres da hastío. Le produce zozobra, aburrimiento… Aquí se habla mejor con Dios y de Dios y para Dios…
P. CÉSAR A. DÁVILA G. 1963
La ermita de la aparición.- A cien metros de la fachada de la Basílica se levanta una pequeña ermita. Hay en ella un altar donde los sacerdotes se

disputan por celebrar la S. Misa. Allí tuvo lugar las apariciones. Por poco que uno se detenga a meditar se siente transportado a otros mundos y a otros planos que no pertenecen a esta vida de la tierra. La vibración es muy pero muy intensa. El impacto de la presencia de María, dejó aquí una huella invisible a los humanos ojos, pero indestructible.
Aquí se respira, se vive, se siente las intensas vibraciones de los mundos del Más Allá. Los peregrinos tienen la costumbre de rodear de rodillas toda la pequeña gruta encerrando en círculo y percibiendo el hálito de la presencia de María. Por un ángulo de la gran explanada hace su entrada una peregrinación –una de tantas-. El Ave María aquí tiene otro sabor: sabor de cielo, de eternidad, de bendición, de bienaventuranza. En voz alta y profunda rezan los sacerdotes que encabezan la peregrinación en el mismo idioma en que habló la Virgen a los pastores: Ella iba alternando con ellos también la oración. Y el cielo azul brilla con un fulgor intenso, el sol sigue iluminando esta gruta, este templo, estos peregrinos que han venido a depositar sus lágrimas en las manos de la Virgen.


P. CÉSAR A. DÁVILA G. 1963

En el capítulo primero del libro de Los Hechos de los Apóstoles, Lucas el cronista, narra lo que se realizó después que el Señor permaneció aquí en esta tierra durante 40 días y en distintas ocasiones se apareció a sus apóstoles para darles sus últimas introducciones, entre esas, la instrucción de ir y predicar el Evangelio, es decir de anunciar la Buena Nueva de salvación, el mensaje de Vida Eterna que Él traía del Seno del Padre a los hombres.
Él cumplió Su misión y ahora tendrían otros que cumplir la misión por encomienda suya. Cumplida Su misión Él viene acá, les dice a los apóstoles que se congreguen en la cima de este monte en donde nos encontramos nosotros. Luego se despide de sus apóstoles y les recomienda una vez más el profundo amor que debían tener entre ellos, signo de la PRESENCIA SUYA en medio de ellos. Y les da también el poder sobre toda enfermedad y sobre todos los poderes. Y Él les concede todo cuanto el Padre le concedió también a Él, “así comomiPadremeenvió–dice-asítambiényoosenvíoavosotros”.
Después de un breve diálogo que más fue mental… Él se levanta y luego sigue elevándose hacia la altura. Los apóstoles estaban tristes como era muy natural, y una nube cubre la vista física del Señor y Él reintegra su Presencia a la Presencia Cósmica, Divina. Y conserva Él, el poder de realizar la invisibilidad de Su cuerpo físico y conserva Su cuerpo físico y todos sus componentes y Su Espíritu Divino, pero con el poder de realizar todo lo que puede Él como Dios.
Una enseñanza, sí la enseñanza suya es que nosotros no debemos mantener nuestra conciencia siempre en ese Cristo doliente, en ese Cristo abatido, en ese Cristo que sufre por los hombres, sino que nuestra conciencia se ha de integrar también a ese Cristo Resucitado, a ese Cristo Glorioso, a ese Cristo lleno de poder, de majestady de unprofundo amor a la humanidad, a todos y

cadaunodenosotros,yloqueesMÁSIMPORTANTE es que ese Cristo Bendito venga a nosotros y haga en nosotros su habitación.
Después de unos días nos veremos nuevamente sí Dios quiere, allá en el Ecuador. Pero nosotros llevamos también ese mismo mensaje que Él dio a sus apóstoles. Yo interpreto aquí en este monte, interpreto ese mensaje divino que os dice a vosotros: “Idy predicad, idy sed portadoresdemimensaje”. EstaesunaordendelSeñor:de aquí debemos ir firmes, muy firmes para llevar el mensaje del Señor a todos nuestros hermanos, y a quienes estén especialmente más cerca de nosotros y con quienes nosotros tengamos nuestras relaciones familiares.
Una vez más que Dios os bendiga a todos.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.




Pentecostés, la etapa que la siguió. Dos etapas completamente diferentes, completamente marcadas.
En la primera mis queridos estudiantes, los apóstoles habían acumulado, sí, habían acumulado –solamente- todo, habían acumulado enseñanza. Habían acumulado la palabra de Dios. Habían acumulado la vista de tantos milagros, de tantos prodigios que realizó el Señor. Pero todo eso estaba en un estado –digamosasí de reposo, en un estado de incubación. Era todavía el estado de caos, el estado en el cual ellos todavía no entendían nada o casi nada, o muy poco de cuanto el Señor les había dicho.
Y ellos estaban en esa ceguera hasta el momento mismo, en que el Señor fue traicionado por uno de sus discípulos.
Pedro, por ejemplo, a pesar de que había recibido una iluminación especial para reconocer al Hijo de Dios, al Mesías, sin embargo, cuando está con el Señor en Getsemaní, saca una espada para herir a un lacayo del sumo sacerdote, y para salir en defensa del Señor, y para hacer –según él creía- para hacer que aquello que ya estaba determinado por Dios, no sucediera: el sacrificio de su Maestro.

Y recordemos también, que momentos antes de que el Señor fuera levantado en la cruz, el apóstol lleno de ese amor –desde luego- profundo, sincero al Maestro, cuando el Señor le anuncia que los enemigos le llevarían a la muerte dice: esto no sucederá nunca, Señor. Y el Señor le dice: apártatedemí–a Pedro- apártatedemí,Satanás. Le habla Él así a Pedro.
¿Y por qué todo esto, mis queridos estudiantes? Sencillamente porque todavía los apóstoles no habían recibido esa iluminación divina. Todavía ellos no habían sido transformados con la acción divina del ESPÍRITU SANTO.
Pero llegó la hora. Pasó la hora de las tinieblas, la hora de la muerte, de ignominia del Hijo de Dios. Y también llegó la hora de la glorificación del Señor, cuando resucitó desde los muertos. Pero, todavía no comprendían suficientemente, el gran misterio de la venida del Hijo del Hombre aquí a la tierra.
Entonces, cuando viene ya el Espíritu Santo el día de PENTECOSTÉS, y cuando se verifica esa transformación interna, ese bautismo interno de ellos. Cuando el Espíritu Santo con su fuego, quema toda la escoria del pecado y luego, cuando se hace mediante la acción del Espíritu Santo, la luz en sus corazones, entonces mis queridos estudiantes, ellos ya son otros: son nuevas criaturas, ¡si, nuevas criaturas! Nuevas criaturas, pero nuevas criaturas que tienen una nueva visión, que tienen una nueva dimensión de las cosas de Dios. Esa dimensión que no la tiene el mundo, esa noción divina que no la posee el mundo mis queridos estudiantes. Tengamos muy en cuenta eso.

Hasta ese momento el mundo tenía pues, una noción completamente diferente de Dios, o apenas vislumbraba o preveía lo que es ese Dios Bendito. Pero desde ese momento en adelante, los apóstoles dirían solamente lo que a la luz de ese Espíritu de Dios veían en la divina esencia, veían en la persona de Cristo. Veían, en cuanto se refiere a las cosas de Dios y que la Sagrada Escritura les narraba. Porque la Sagrada Escritura fue escrita también, bajo esa luz del Espíritu Santo.
Así comenzó mis queridos estudiantes, la nueva Iglesia. Comenzó mis queridos estudiantes, esa nueva dimensión de los hijos de Dios que tienen otro concepto, un concepto diferente acerca de Dios. Pero merced a lo que los apóstoles vieron, merced a lo que el Cristo Bendito quiso hacerles ver después de su preparación que Él tuvo con ellos.
Y sin la acción del Espíritu Santo, todavía permanecería el mundo en tinieblas. Pero, llegó la plenitud de los tiempos, y así comenzó el Espíritu Santo su obra en la tierra. Pero esa obra mis queridos estudiantes, esa obra continúa. Pero esa obra continúa –así mismo- lenta, como he dicho al principio. Esa obra continúa pausada, esa obra continúa paso a paso. Porque la obra de Dios, es así. Y Dios no tiene necesidad de apresurar Su venida, Su llegada a los hombres.
Nosotros mis queridos estudiantes, hemos recibido también el Espíritu Santo. La acción divina del Espíritu Santo, se ha hecho presente en nosotros. Cuando recibimos el santo Bautismo, también hubo una iluminación especial de Dios, aun cuando nosotros -todavía niños- no lo notamos. Esa iluminación divina lo nota quien es bautizado cuando tiene la edad de la reflexión.
Ese Espíritu de Dios: el Espíritu Santo, también llegó a los primeros discípulos. Llegó aquellos discípulos que escucharon su enseñanza y a toda la Iglesia, a toda la comunidad de fieles que buscaron en Cristo el camino, la verdad y la vida.
Y ese Espíritu de Dios: el Espíritu Santo, desciende también mis queridos estudiantes, de una manera especial en el sacramento de la Confirmación. Cuando mediante la imposición de las manos al que va a ser confirmado, se invoca la presencia del Espíritu Santo para aquel que va a recibir el sacramento de la Confirmación.
También, cuando se invoca el Espíritu Santo mediante la imposición de las manos en el sacramento del Orden Sacerdotal. El Espíritu Santo llega a esa alma que se ha ofrecido ya para desempeñar el augusto ministerio del Sacerdocio, y el Espíritu Santo con Su acción vivificadora la transforma, la renueva y vuelve a esa alma: otra criatura. Esta es pues mis queridos estudiantes, la acción del Espíritu Santo en nosotros.
Y cuando nosotros meditamos, y cuando nosotros tenemos un buen pensamiento, y cuando nosotros realizamos una evaluación de nuestra vida y resolvemos el cambio de vida, esto se debe a la acción oculta del Espíritu Santo, a esa acción de iluminación que realiza El en las almas.
Y en la meditación podemos inclusive, escuchar esa vibración cósmica, esa vibración omnipresente, esa vibración que lo invade todo y está en todas partes: la vibración santa del Om.

Y esa vibración cósmica que nosotros reconocemos como el Espíritu Santo, y que la Biblia traduce con la palabra Amén, y que el Apocalipsis a esa palabra Amén traducida por el Om llama: testigofielyverazpresenteenlacreación. Así le llaman a ese Om o Amén: el testigo fiel y veraz presente en toda la creación. Cuando ese testigo fiel y veraz viene a nosotros y realiza su iluminación, entonces mis queridos estudiantes, COMPRENDEMOS las cosas –todas- en su verdadera dimensión. Damos a cada una de esas cosas, la importancia que merece.
Y esto se nota inclusive mis queridos estudiantes, cuando se encuentran dos personas: la una que ha tenido el entrenamiento de visualizar esa presencia bendita, de sentir esa presencia bendita, y el otro que no ha tenido la dicha de sentir aquello ¡hay una diferencia muy grande!
En una prueba de la vida, y la vida está llena de pruebas, llena de incertidumbre. Aquellos que ya han librado los dinteles que la conciencia divina. Aquellos que ya han saboreado lo que significa la acción del Espíritu Santo y la acción de Dios en ellos, conciben las cosas y ven las cosas de un modo diferente. Las pruebas de la vida no son para ellos pruebas, esas pruebas de la vida tienen otro aspecto, tienen otra dimensión y resultan tan pequeñas. Y el Señor, y Dios, y el Espíritu Santo les ilumina y les dice que esas pruebas de la vida no son sino apenas unos momentos difíciles que pueden ser superados, superados con mayor entrega a Dios.
Pero, aquellos que no recibieron el Espíritu Santo. Aquellos que no estuvieron bajo su acción, se dejan dominar por completo, tiranizar por la acción de las adversidades de su vida.
He aquí mis queridos estudiantes, por qué nosotros tenemos que meditar: para que la acción del Espíritu Santo, cada día vaya creciendo en nosotros. Y para que Él vaya iluminando nuestras conciencias momento tras momento, y vaya revelándonos los tesoros que existe en esa esencia de Dios. Y para que el Espíritu Santo vaya realizando su acción en nosotros. Y la mejor manera de hacer crecer esto, es naturalmente pidiendo a Dios...

Pues bien, mis queridos estudiantes, estudiemos la Sagrada Escritura, ahondemos en estos pensamientos, y veamos cómo el Espíritu de Dios realiza su obra en nosotros. Y no pongamos obstáculos, para que el Espíritu Santo realice su obra entre nosotros. Los obstáculos de nuestra pereza, los obstáculos de nuestra desidia, los obstáculos de nuestras infidelidades a Dios. Si nosotros allanamos el camino, tengamos la seguridad de que la acción del Espíritu Santo cada día se profundizará en nosotros, y cada día nos hará VER mejor las cosas que nos espera, las cosas que Dios nos ha prometido, las cosas que Él ha reservado para cada uno de nosotros.

Del Evangelio de san Lucas: "EnaquellosdíasselevantóMaríaysefue conprontitudaunaregiónmontañosaaunaciudaddeJudá,entróen casadeZacaríasysaludóaIsabelyencuantooyóIsabelelsaludode Maríasaltódegozoelniñoensuseno,IsabelquedóllenadelEspíritu Santoyexclamandocongranvozdijo:BenditaTúentrelasmujeresy benditoelfrutodetuseno.¿YdedondeamíquelamadredemiSeñor vengaamí?Porqueapenasllegóamisoídoslavozdetusaludosalto degozoelniñoenmiseno,felizlaquehacreídoquesecumpliránlas cosas que le fueron dichas de parte del Señor". Y dijo María: “engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi


salvador,porquehapuestolosojosenlahumildaddesu esclava,poresodesdeahoratodaslasgeneracionesme llamaranbienaventurada,porquehahechoenmifavor maravillas el Poderoso. Santo es su nombre y su misericordiaalcanzadegeneraciónengeneraciónalos queleaman,desplególafuerzadesubrazo,dispersóa losquesonsoberbiosensupropiocorazón,derribóalos potentadosdesustronosyexaltóaloshumildes,alos hambrientoscolmódebienesydespidióalosricossin
nada, acogió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia,comohabíaprometidoanuestrospadresen favor de Abraham y de su linaje por los siglos. María permanecióconellaunostresmesesysevolvióasucasa”.
El día de hoy, a unos siete kilómetros de Jerusalén está la antigua provincia de Israel: la Judea, allí se asienta un pequeño pueblecito al cual pueden visitar los peregrinos que van camino a Tierra Santa, ese pueblo se llama el pueblo de Ein Karem, conserva todavía la tradición del lugar en donde la Santísima Virgen visitó a su anciana prima Isabel que había concebido milagrosamente y que daría a luz al más grande entre todos los profetas: Juan, el Bautista según el testimonio del mismo Señor Jesucristo.
En ese pueblo hay una iglesia donde se recuerda esa visita de María a su prima. En los muros de esta iglesia he visto


grabados en unos cuarenta idiomas los versos de este himno que la Santísima Virgen María pronunció, después de la alabanza que escuchó de su prima Isabel, allí está grabada esa oración, esa plegaria, ese canto de alabanza del Magníficat que nosotros conocemos y recitamos.
La Santísima Virgen vivía en Nazaret en donde el ángel Gabriel le anunció el misterio de la Encarnación; después del anuncio, en ese mismo instante el Espíritu Santo tomó a su cargo y el poder del Altísimo verificó aquello que el Arcángel le anunció: la Encarnación del Hijo de Dios. En ese instante, el Hijo de Dios, la tercera persona de la Santísima Trinidad tomó posesión de esa alma, de ese cuerpo bendito de María. De Nazaret a Ein Karem había una distancia bastante considerable. Nazaret queda en Galilea y Ein Karem en la Judea. La Virgen oyó ese anuncio del ángel, según el cual su prima: una anciana casada con Zacarías había concebido milagrosamente un niño. Ella quiso hacerle una visita, no para cerciorarse del hecho porque lo creía muy bien, sino para felicitarla, porque había obtenido tal gracia del Señor.
Dios Nuestro Señor, escoge del seno sacerdotal, porque Zacarías era sacerdote, al que había de precederle en la misión del Señor. Escoge también una pariente de la Virgen María, para que ella fuera madre de Juan. Cuando Isabel recibe la visita inesperada, -porque en ese tiempo no había las facilidades de comunicación de hoy- de su prima que venía de Galilea de la ciudad de Nazaret y cuando entra en casa de Zacarías, en cuanto Isabel oye el saludo de María, dice el evangelista san Lucas: “saltódegozoelniñoensusenoeIsabelquedó llenadelEspírituSantoyexclamandocongranvozdijo:Benditatuentrelas mujeresybenditoelfrutodetuseno".
Isabel había concebido a Juan el Bautista, y ese niño -que había venido según expresión de Lucas en el Espíritu y el poder de Isaías- le reconoce en el mismo vientre materno, a ese Cristo que había encarnado en el seno de María; salta de gozo en el vientre materno al conocer que estaba presente en el pueblo de Israel.
Isabel queda llena del Espíritu Santo, reconoció que estaba frente a la Santísima Virgen, a la Madre de Dios, aquella que había concebido al Hijo del Eterno y por eso con gran voz dice: "Benditatuentrelasmujeresybenditoelfrutodetu seno".Y añade, ¿dedóndeamí que la Madre de mi Señor venga? , porqueapenas llegóamisoídoslavozdetusaludosaltódegozoelniñoenmi seno”.Le dice: “felizlaquehacreídoquesecumpliríanlascosas quelefuerondichasporpartedelSeñor”.


Aquí tenemos un elogio de esa fe, de esa sumisión, de esa entrega total a la voluntad de Dios, de la Santísima Virgen, y esa fe tuvo como recompensa: ese privilegio único que podía alcanzar criatura alguna, la Encarnación del Verbo de Dios.
María en respuesta comienza el canto de alabanza, un canto improvisado, un canto que nace de las entrañas de su corazón y dice: "EngrandecemialmaalSeñorymiespíritusealegraenDios
mi Salvador", lo cual equivale a decir: mi alma se encuentra tan llena de gozo y mi Espíritu se alegra tanto, que no cabe hacer otra cosa que bendecir al Señor porque es eterna su misericordia y la razón de este gozo, -dice Ella- es porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava. Ella con toda humildad, se refuta sencillamente, no una persona digna de tal privilegio, no una persona que merecía tal distinción sino una persona que por pura gracia de Dios había merecido el que el Señor le escogiera para desempeñar tal misión.

Aquí se ve la profunda humildad de la Santísima Virgen, porque a pesar de que Ella fue escogida para tal dignidad no se refutó sino una humilde esclava, la verdadera santidad consiste en reconocer la obra de Dios en nosotros especialmente. Quien no reconoce esa obra de Dios sencillamente no merece sus mercedes. Quien no reconoce que Dios es únicamente el autor de cuanto hace. Quien no confía, practica y sabe que aquella virtud que tiene es obra de Dios y tiene algo propio suyo, sencillamente no entiende los planes de Dios, porque en la obra de la Santificación: Dios ocupa siempre el primer lugar. Por eso la Santísima Virgen, reconoce que cuanto se ha realizado con Ella, no es obra suya absolutamente, sino que es la obra de Dios en Ella.
Eso es lo que tiene que reconocer el cristiano igualmente: si recibe tales o cuales favores de Dios, no es porque los merece sino porque Dios es infinitamente bueno, porque Dios es infinitamente generoso, y Él distribuye esos bienes a sus hijos sin que ellos lo merezcan.
Añade la Virgen, el otro motivo de gozo: “Porquehahechoenmifavormaravillas,elPoderoso” . La única grandiosa maravilla, aquella que admirarán los ángeles y como dice la Santísima Virgen de generación en generación todas las criaturas, la gran maravilla es la Encarnación del Hijo de Dios, del Todopoderoso.
El Profeta Isaías brevemente en una página inolvidable de sus profecías habla precisamente de ese Dios y nos describe como él sabe describir, la grandeza y el poder de ese Dios. Dice que un día fue trasladado en el año de la muerte del Rey Oseas, al cielo: "VialSeñorsentadosobreuntronoaltoyexcelso,laorladesumantollenabaeltemployviserafinesenpiejuntoaÉl,cadauno

con seis alas, con dos alassecubríanelrostro, condosalassecubríanel cuerpo,condosalasse cubrían la espalda y se servían y se gritaban unos a otros diciendo: Santo,santo,santoesel Señor Dios de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria y temblabanlasjampasde laspuertas,alclamordesuVozyeltemploestaballenode humo".Así describe la majestad de ese Dios tres veces Santo, de ese Dios que se dignó habitar con los hombres, de ese Dios que envió a Su Propio Hijo para que fuera Él, el camino, la verdad y la vida para esos hombres que habían olvidado el camino y que habían descuidado de cultivar la verdadera vida, para esos hombres que estaban desviados y llenos de asombro.
El Profeta dice:"Haydemí,estoyperdidoyohombredelabios impuros,quehabitoenmediodeunpueblodelabiosimpuros hevistoconmisojosalReyySeñordelosejércitosyvoló haciamíunodelosserafines,conunaascuaenlamanoque habíarecogidodelaltarconunastenazas,laaplicóamiboca ymedijo:mira,estohatocadotuslabios,hadesaparecidotu culpaestásperdonadodetupecado" .
Entonces dice el Profeta, escuché la voz del Señor que decía: "¿Aquién mandaré,quienirápormí? Contesté , aquíestoy mándame.” Fue necesaria esa purificación milagrosa para que el Profeta pudiera cumplir su misión de ese Dios tres veces santo y la Santísima Virgen fue purificada de toda escoria de pecado, no en ese momento de la Concepción Inmaculada, sino en toda la eternidad.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.


“Larealidaddelespíritupermaneceunaydevienetrinacuandoélse vuelcahaciasímismoysubedesímismohaciaDios”(es decir: hay una introspección primero, luego una especie de extropección). La ascensión hacia Dios se opera por la oración.
Estos pensamientos me han hecho recordar y vivir una expriencia divina en una de mis meditaciones. Hela aquí.
Dios, ÉL, el Infinito, el Eterno, el Inmutable, el Inefable, siempre ES. Nunca fue, nunca será. Simplemente ES. Su Infinitud es tan infinita, su riqueza es tal; su plenitud es tal que produce algo así como una EXPLOSIÓN, infinita, de infinitos megatones (usando términos humanos). Esta EXPLOSIÓN origina otro Yo, Total, Absoluto, Perfecto, Igual. A esto llama la Escritura el Verbo, la Palabra, la Imagen. Entre estos dos factores supremos que llamamos Padre e Hijo o Verbo se genera simultáneamente una corriente igualmente Infinita, un intercambio vibratorio infinito que confluyen entre sí de Padre a Hijo y viceversa. Esto es lo que llamamos el Espíritu Santo o el Om.
Esta es la Mónada Divina trinitaria Suprema: Dios Uno. Dios Trino.
¿Y nosotros? Necesariamente tenemos que entrar dentro de esta mónada Trinitaria si queremos saber quien es ÉL. El medio, el vehículo es la meditación u oración contempletiva.
¿Cuál el modusoperandientonces? Invocar el OM, repetir el OM. Golpear las puertas de esta Mönada mediante el OM. El OM nos introduce en la comunión con el Padre y el Hijo. El Om nos hará sentir y vibrar en esa

misma rata vibratoria de intercomunicación entre el Padre y el Hijo. El otro camino es el de repetición de la palabra ABBA (Pater) o Hijo o Cristo o Jesús. Esto produce la unión o sintonía con la Mónada trinitaria. Esto se realiza por el camino de la meditación… Por este camino nos sumergimos en ÉL, nos identificmos con ÉL. Somos como la gota de rocío que cae en el océano con la única diferencia de que conservamos nuestro yo pequeñito, infinitesimal consciente en ese MAR Infinito de perfección. Así participamos en la proporción de nuestra pequeñez toda la grandeza, toda la plenitud, toda la infinitud de ese Dios, Espíritu Purísimo Uno, Único, Indivisible. De tal modo que Él está íntegro, todo en cada uno de nosotros y nosotros igualmente en Él.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Asícomohaymisterios,esdecir, cosasocultascuyaexistenciaconocemos peroquenopodemosexplicar: AsíenDios,elSerporesencia, haymisteriosimpenetrables: Diosessemejanteaestanaturalezaquenosrodea.
Enlanaturalezahayinnumerablesastros quehabitanlainmensidad, enDiosinnumerablesatributosyperfecciones, enlanaturalezahayríos,mares,montañas,hermosos paisajesquedeleitanlavistayarrebatanelespíritu.
EnDiostodasestasbellezascreadas existenengradoeminente; enlanaturalezahaymisterios,enDiosloshay infinitésimamentesuperiores. UnodelosmássublimesqueexistenenDios eselmisteriodelaSantísimaTrinidad.
P.CÉSARA.DÁVILAG.

NOTA: Experiencia del Padre Dávila de 1983
Debo consignar aquí, mi profunda acción de gracias a mi Bendito Dios por el milagro del que he sido objeto en mi propia persona. Esta acción de gracias se prolongará de aquí en adelante por el resto de tránsito por este plano terrenal.
El día martes 26 de abril salí de Quito en dirección a Baños para optar por un corto descanso. He pasado en estos tiempos por muchas pruebas…
A eso de las 3 y 30 de ese día martes 26 de abril de 1983, cuando iba a Baños cerca del caserío Cunchibamba, unos trescientos metros antes del límite provincial entre Tungurahua y Cotopaxi, bajando desde el puente a desnivel del paso del ferrocarril en la primera curva a mano izquierda sentí que el carro en que viajaba (un Fiat bastante bien conservado) perdió estabilidad, debido primero al asfalto muy llovido, quizá a la velocidad (unos 70 u 80 km. hora) o debido a una falla mecánica, se salió de la carretera a mano izquierda y se precipitó dando vueltas de campana por una pendiente no muy pronunciada hasta detenerse en el terreno con una de las llantas que había volado rompiendo a el eje trasero (de la derecha). Salí del carro por la puerta izquierda y sentí que brotaba abundante sangre de la cabeza, me toqué la cabeza y constaté que tenía un corte longitudinal del cuero cabelludo como si alguna mano con un cuchillo muy afilado me hubiese cortado el 80% que lo tenía levantado. Con mucho aplomo y serenidad tomé con mi mano el cuero cabelludo y lo coloqué como la cosa más natural en la parte del desprendimiento como si fuera un gorro. Tomé una toalla que estaba junto a mí y me presioné la cabeza para detener la hemorragia. La gente que presenció esto asustada acudió a mí y me ayudó a recoger del carro el equipaje. Yo me traslado en un camión que estaba a la mano hasta Ambato a la clínica de este nombre del Dr. Walter Bayas director del Centro de Auto-Realización de Ambato. Aquí me suturaron el cuero cabelludo... El Centro de Ambato me ayudó en todo. ¡Gloria al Señor, a mi Bendito Dios que pone en ellos tanta generosidad! Al día siguiente 27 a 3.30 estuve de regreso a Quito.
Hoy a las 12 m. me tomaron 3 radiografías de la cabeza y no tengo lesión craneal alguna.
Sigo rápidamente recuperándome.
Mis estudiantes de Guayaquil y Cuenca: Angelito Ledesma, Carlitos Peña, Estebitan Malo, Juanito Chacón y especialmente César Rodriguez me han atendido con el amor inmenso de hijos. He tenido numerosas llamadas telefónicas. Todo sea para gloria de Dios. Una vez más a Él todo mi amor y gratitud que me permite prolongar mis días para ellos.
Creo yo que esto es un aviso para que deje mi oficio en la Catedral y me dedique por completo a esta obra que es la de Dios. Espero permanecer en esta resolución.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.

Padre Bendito,
Si Tú en tu infinita bondad, habéis querido servirte de este instrumento que es tuyo, completamente tuyo, para tus planes, realiza tu obra:
Si mis hermanos pequeños necesitan de una forma para su realización y esta forma es la que se manifiesta en la que Tú, por tu propia voluntad quisiste que existiera, ahí la tienes, no siento que es mía, es totalmente tuya:
Lo mío, son mis defectos, mis limitaciones, mis imperfecciones, y todo lo negativo que impide que realices tu propia obra. Por esto te pido que con la hoguera de tu Amor infinito quemes toda la paja de mi negatividad, que es lo único, absolutamente mío para que así solamente no encuentre ningún obstáculo tu obra.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.