
La MEDITACIÓN es una visión divina, una contemplación de Él, no particular, detallada, pormenorizada, sino general, universal, cósmica
P.
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La MEDITACIÓN es una visión divina, una contemplación de Él, no particular, detallada, pormenorizada, sino general, universal, cósmica
P.
Derechos Reservados


Meditar es hacer silencio, profundo silencio. Mientras más profundo sea este; más se revelará Él a nosotros.
A Él se le adora solo en el altar del silencio, en la gran catedral del silencio cósmico en que gravitan todos los seres y todas las cosas…
A medida que decrecen los ruidos de las cosas creadas, cuando cesa el bullicio de los hombres
–ejército de mercaderes del gran mercado del mundo-.
Cuando ya no se escucha más el eco lejano de esa bandada de loros humanos que no hablan sino de sus problemas, de sus inquietudes, de sus triunfos, de sus fracasos…
Cuando comienzan a brillar cercanos en el horizonte, los luceros de almas que brillan en lo inconmensurables abismos de la Eternidad…
Entonces se hace oír la gran música celestial de las esferas…
Entonces el espíritu comienza a ser iluminado por la Luz Verdadera…
Meditar es pues, hacer silencio, entrar en el silencio Augusto de Dios.
Padre
CÉSAR A. DÁVILA G.

…
Esa comunión de un Dios a otro Dios, del Hijo de Dios al Padre Dios era una comunión interior, una comunión de mente, de voluntad, de conciencia, de espíritu; la totalidad de ese Hijo estaba también

entregada a Su
Padre y a la totalidad de ese Padre estaba entregada también a Su Hijo. De tal manera de que entre el Padre y el Hijo había una unión total, una unión perfecta, una unión absoluta, una unión en la cual podía decirse que no había distinción alguna.
Hermanos, de esta oración es la que nos hablan los

místicos cristianos y los grandes místicos también orientales y maestros orientales, de esta oración de comunión, de esta oración de fusión.
De esta oración nos habla también un modelo de párrocos, un santo que hizo época y sigue haciendo todavía época ahora en éstos momentos: un santo CuradeArs . Y él, voy a citar solamente un hecho, lo que hacía él y lo que entendía él por oración, él era un hombre de profunda oración. ¿Y cómo define la oración? La oración, dice él, esla uniónconDios. ¡Esto es la oración para este gran santo, este gran sacerdote, este gran párroco!LaoracióneslauniónconDios,esto es lo que dice él.

Y luego define qué, cómo es esta unión, qué resultados produce esta unión.
Enestaunión,dice, Diosyelalmasoncomodospedazosdeceraquesefundenenunosolo,queyanadiepuedesepararlos. Así entiende, mis queridos hermanos, este santo Cura de Ars, entiende la oración.

La oración –repito- dice él: es la unión con Dios. Y luego dice a continuación, en esta unión, entre el alma y Dios, Dios y el alma son como dos pedazos de cera que se funden en uno solo que ya nadie puede separar.
Es decir, hermanos, en la verdadera oración, en esta oración profunda que nos pide el Señor, hermanos: Dios y nosotros, nosotros y Dios nos fundimos como si fuéramos dos pedazos de cera.
De tal manera, que, en esa oración, la fusión es tal que no se puede establecer distinción alguna.
Esto está en la vida del santo Cura de Ars.

Creo mis queridos estudiantes, que también nosotros en estos momentos hemos sentido ese mismo llamado y esa misma sensación que sintió Pedro al ver transfigurado a su Señor, cuando dijo: ¡québuenoesestaraquí!
Así lo sentimos.
Sentimos cuán bueno es estar aquí en este lugar, en este lugar que resume la paz, que compendia el silencio, que compendia la profundidad de lo eterno.
En esa paz, en ese silencio y en esa profundidad de eternidad es donde mis queridos estudiantes ENCONTRAMOS A DIOS. No hay en realidad ninguna otra condición más apropiada para que Él se revele a nosotros, sino ese silencio de meditación.
Por eso nosotros para escuchar la Voz de Dios tenemos que hacer ese silencio, silencio íntimo, silencio en el cual Él se digna comunicarnos y cuando hacemos ese silencio, entonces Él se revela y como Pedro puede decir también: Señor,¡québuenoesestarnosasí!
P.CÉSARA.DÁVILAG.

En la Transfiguración del Señor deja por un momento ese mundo físico… y comienza ya Él actuar… se manifiesta en la claridad de Su gloria, lleva mucho más adelante cuando dialoga también con Moisés y Elías; y eso presenciaron sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan que no sabían lo que pasaba, ignoraban ellos completamente lo que pasaba.
Hermanos, aquí tenemos solamente una de las manifestaciones divinas narradas en los santos evangelios. Hay otras, pero esta manifestación de la Transfiguración de nuestro Bendito Señor es ciertamente el lado más espectacular que el hombre puede concebir acerca de la Persona de nuestro Bendito Señor.
Pero, hermanos, recordemos también otra cosa que tenemos que aquilatarla como si fuera algo que vemos. Y yo diría mucho más: que es más que ver, sentir, vivir. Sentir y vivir la presencia de nuestro Bendito Padre Celestial. Presencia que nosotros podemos actualizarla en cada Padre Nuestro que le digamos a ese Bendito Dios. ¿Cómo?
Pues, penetrando en la parte esotérica, en esa pare interna de las palabras que nos enseñó a pronunciar nuestro Bendito Señor: elPadre Nuestro.

Desde el momento en que pronunciamos la primera palabra: PADRE, si en verdad pronunciamos conscientemente esa palabra, enseguida sentiremos algo que jamás se siente al pronunciar otra palabra. ¿Por qué? Porque en esa palabra PADRE estamos invocando a ese Dios Bendito, a ese Dios Omnipotente, a ese Dios que tiene su Reino en nosotros. Hagamos conciencia de esto, hermanos. Hagamos conciencia de que Dios, ese Bendito Dios está en


cada uno de nosotros. El Reino de Dios –dice nuestro Bendito Señor- está dentro de vosotros. Está ese Reino donde nosotros sentimos y vivimos la presencia de ese Padre Bendito.
El Padre Celestial no está limitado por ninguna forma. Él es un Ser Omnipresente, esto no se puede explicar con palabras humanas. Un Ser Omnipresente, un Ser al cual nosotros podemos tener acceso en cada instante de nuestra vida y en cualquier momento que nosotros queramos acercarnos a Él. Y tengamos en cuenta de las palabras que nos ha enseñado nuestro Bendito Señor en las cuales Él nos dice que está dispuesto a escucharnos en todo momento. Pedid –dice Él- y recibiréis, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá. Eso dice nuestro Bendito Señor. Tengamos la absoluta seguridad de que, si le pedimos algo a Dios, a ese Padre, tengamos –repito- la absoluta seguridad de que recibiremos lo que nosotros le pedimos.

Permitidme que os diga una parte solamente de mi experiencia, de mi experiencia diaria, de esto que acabo de deciros. No puedo concretaros hermanos queridos, las veces que yo he podido probar hasta la saciedad esto de PEDIR A DIOS y de RECIBIR. No puedo –os digo- no puedo concretar porque eso sería imposible, de las cosas que recibimos de ese Bendito Dios. ¡Yo lo siento, lo vivo y conozco que es Él!
Por eso, hermanos, nosotros tenemos que pedir a Dios siempre, siempre, siempre, con la absoluta seguridad de que no habrá nada que no pidamos al Señor y no la alcancemos. Para los hombres las cosas que piden ellos, muchas veces son imposibles, pero para Dios no hay nada, absolutamente nada imposible.

Ustedes a medida que vayan entrando en el camino de la meditación han de comprender mejor esto. Por esto una vez más les pido su fidelidad a la meditación, y pongan en manos de Dios sus problemas: los padres de familia los problemas de sus hijos, de sus conocidos, etc. Pongamos todos, nuestra confianza absoluta en nuestro Bendito Señor. Aquí tenemos hermanos queridos, la respuesta a todas nuestras inquietudes porque ese Dios que se manifestó ante sus apóstoles en el TABOR, ese Dios que descorrió por un momento esa puerta de la eternidad, ese Dios que apareció a sus apóstoles resplandeciente, lleno de luz, ese mismo Dios está presente en nosotros. Y ese mismo Dios está dispuesto a ayudarnos en todo momento. P. CÉSAR

La Virgen María como sabemos nosotros, encarnó con el objeto de servir como templo de Ese Espíritu de Dios, de ese Unigénito de Dios que vendría a restituir a su primitiva grandeza, esa naturaleza caída.


Pero la Virgen María mis queridos estudiantes, cuando tomó la naturaleza humana, fue elevada de tal manera esta naturaleza que en ese mismo instante la constitución atómica –digámoslo así- esa vibración atómica pecadora de la naturaleza, de la especie humana, al impacto de la Encarnación de ese Espíritu tan evolucionado como el de María, quedó –digamos asípurificado hasta tal punto que, en el mismo instante en que ese Espíritu poseyó la naturaleza humana, ese Espíritu totalmente purificado de cualquier falta, de cualquier desorden. Este es el privilegio de la Virgen y que se llama el privilegio de Su Inmaculada Concepción.
La Virgen María pues, siendo un espíritu tan evolucionado no contrajo ni un solo instante, esa mancha con la cual la naturaleza humana se encuentra dañada.
¿Y por qué mis queridos estudiantes, sucedió esto? Porque ese Espíritu iba ser más tarde, aquel que más cerca estaría de Aquel otro Espíritu, ya no humano, ya no creado, sino un Espíritu Increado. Ya no de un ser limitado sino de un Ser Infinito, de Dios Manifestado como es Cristo. En vista de que la Virgen tenía que desempeñar esta misión, fue Ella adornada de todas las gracias –como decimos en Teología- y de todos los privilegios que puede tener una humana criatura, y entre estos está este de Su Asunción a los cielos.
Pero hay que entender mis queridos estudiantes, en que consiste esto de la ASUNCIÓN de MARÍA y en qué sentido dice la Iglesia que “laVirgenfuearrebatadaencuerpoy almaaloscielos”.



Nosotros podemos entender mucho mejor estas expresiones –de la Liturgia- sagradas. Si nosotros consideramos, que la Virgen María subió al cielo exactamente con este mismo cuerpo, con esta carne, estos huesos, esta sangre y, en fin, estas vibraciones de todas las células que tiene el cuerpo humano. Y sí creemos que, con estas vibraciones exactamente iguales, está en los cielos, estamos nosotros juzgando a nuestra manera, hasta cierto punto bastante alejado de la realidad. Porque el apóstol san Pablo también se encarga de aclarar esto cuando habla de Cristo resucitado y cuando habla de las cualidades de los cuerpos resucitados. Cuando dice que los cuerpos resucitarán, pero sí antes fueron oscuros serán entonces –después de la resurrecciónserán luminosos; sí antes fueron mortales, después serán inmortales; sí antes eran pasibles,
después serán impasibles y sí antes eran corruptibles después serán incorruptibles. Y en la resurrección se verifica todo esto. La inmortalidad, la impasibilidad, la luminosidad, la incorruptibilidad, son propias de los cuerpos que han sido ya transfigurados después de la muerte. ¡Así reina Cristo! ¡Y así también reina la Virgen María! Así tenemos que entender nosotros este misterio.
Esto, mis queridos hermanos, no lo entienden y no lo pueden entender muchos que no están familiarizados con estas enseñanzas que vosotros - a Dios gracias- ya las tenéis.

Sí la Virgen Bendita, tomó su cuerpo, su cuerpo humano, pero en el momento de entrar en la Gloria de Dios, entonces, esa masa atómica material, esa vibración atómica material se sublimizó. Ya dejó de ser una vibración atómica meramente material. Esas células que constituyeron su cuerpo físico, todas esas células adquirieron una propiedad particular, o más bien esas cuatro propiedades particulares de las que nos da cuenta el apóstol Pablo.

Y así, ese cuerpo de la Virgen María -como el de Su propio Hijoadquirió esas cualidades de luminosidad, de sutileza, incorruptibilidad e impasibilidad. ¡Este es el misterio que estamos celebrando el día de hoy!
La Virgen propiamente no sufrió la muerte, como sufriremos nosotros como consecuencia de este pecado de la naturaleza, que se llama el pecado original. Esa muerte no fue una separación dolorosa, una separación no deseada, una separación violenta, una separación en la cual el cuerpo está sometido –como la parte más débil- a tantos sufrimientos. No, no hubo la tal separación del espíritu y del cuerpo en la Virgen María, esa separación fue más bien una separación hasta cierto punto simbólica, porque –como digo- ese cuerpo en el momento de entrar en la Gloria de Dios, recibió el impacto de esa Gloria y le transformó en un cuerpo glorificado.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Centinelasiemprevigilante, siempreenespera, siempredespierto, siemprealaspuertasdenuestracasa.
Centinelaconelcorazónabierto parainvitarasushermanosaesa Asociaciónquefueelidealdesuvida. Estecentineladealmamuygrande deentregaabsolutaanuestracausa: ÉlconMaríaEugenia nosehanido
estánaquíacadainstante. Elloscontinúanrealizandosuobra, encarnadosenelidealcomún delossuyos.
Asílesentimosacadamomento…
La mañana del 15 de agosto de 1976, realizaba un vuelo de rutina un avión de la Compañía SAETA entre las ciudades de Quito y Cuenca.
Desde ese día permanece en el “Misterio”,como se ha dicho, la desaparición de dicha nave. Por más de un mes se ha realizado la búsqueda utilizando todos los medios: rastreos por aire y tierra, sesiones de espiritistas, consulta a adivinos, intervención de parasicólogos que dicen utilizar los poderes de la mente sin tener que acudir a fuerzas extraterrestres, sobrenaturales odivinas. El parasicólogo Gerard Croiset, que fue traido expresamente desde Holanda, que dijo estar seguro de su labor y de poder

alcanzar resultados positivos, ya que según él “tenía ideasclaras”sobre el lugar donde está la nave, tuvo que regresar a su país desilusionado por su fracaso rotundo.
Sea dicho de paso y con toda claridad, que el orgullo, la autosuficiencia, el afán publicitario; siempre traen el contrapeso inevitable de la frustración. ¿Quién ha dotado al hombre de la mente y sus poderes? ¿No es Dios? En definitiva, ¿a quién pertenece y de quien depende el resultado positivo de una acción, que realiza el hombre? Los racionalistas de todos los tiempos, aunque cambien de nombre, no quieren reconocer esta gran verdad. Pero no porque ellos la nieguen, la gran verdad deja de serla: La Divina Omnipresencia subyace en todos los acontecimientos de la existencia de todo ser.
En otras palabras lo dice Cristo cuando afirma: “En cuanto a vosotros, son los cabellos todos de vuestra cabezaestáncontados” (Mt X,30). El iniciado Pablo no fue menos explícito cuando expresó “quenuestrasuficiencia


vienedeDios” (II Cor III,5) y cuando en Atenas habló en el aerópago, a estoicos y epicúreos en estos términos: “El Diosquehizoelmundoytodaslascosasquehayenél; ese,siendoSeñordelcieloydelatierra,nohabitaen templos hechos por mano de hombre… Él fijo las estacionesylosconfinesdelospueblosparaquebusquen aDiosysiquieraatientasloencuentren,aunquenoestá lejosdenosotrosporqueenÉlvivimos,nosmovemosy existimos”(Hec XVII 24-28).
El título que lleva este libro fue discutido y acordado, la víspera del 15 de agosto con los jóvenes esposos Pablito Jaramillo Crespo y María Eugenia, viajeros de la nave cuya desaparición todavía permanece en el “misterio”. ¿Una premonición? ¿Una antevisión? ¿Sabían ellos que horas más tarde emprenderían el viaje al Infinito guiados por la Palabra de Cristo? ¿Estaban preparados para
emprender ese viaje? Sí, lo estaban. Ellos emprendieron ya el viaje no a lo desconocido, no a un país de sombras y de muerte, no hacia donde ellos ignoraron. Ellos en su corta vida se dedicaron intensamente a un entrenamiento profundo en aprender las lecciones de saber sintonizarse con Aquel con quien vivirían siempre: El Padre Bendito de los cielos.
Quienes tuvieron el privilegio de conocerles y de tratarles de cerca son testigos de lo que ellos son, no hablo en pasado, porque ellos continúan siéndolo: Almas puras, almas blancas, almas troqueladas en el vivir cotidiano de plena sintonía con Dios, almas que supieron amando intensamente al Padre, amarse y dar mucho, pero mucho amor a los demás; almas profundamente humildes como todo lo bueno y como todo lo auténticament valioso y grande. Pablito y María Eugenia son las mejores primicias que entrega al Señor la Asociación
Ecuatoriana de Auto-Realización.
La promesa de Cristo expresada en los siguientes términos es infalible: “Enverdad,enverdad osdigoque,sielgranodetrigonocayereenlatierraymuriere,quedarásolo,perosimuriere llevarámuchofruto”(Jn XII, 24).
La portada de este libro: Dos blancas gaviotas que levantan el vuelo desde los riscos de nuestras montañas andinas con la mirada fija en la Luz que viene del Infinito sobre el fondo azul le espacio, expresan lo que hemos dicho.


Esas dos almas-símbolo, representan igualmente, a todos y cada uno de los otros viajeros de la nave: Sesenta hermanos nuestros que partieron un poco antes que nosotros, para vivir en vigilante espera de los que estamos todavía aquí, en esta tierra de odio, de egoísmo, de incomprensión, de mentira, de injusticia.
Es fácil mantener un suspenso, una espectativa frente a un accidente inesperado, frente a la desaparición misteriosa de un avión en pleno vuelo, en una ruta demasiado conocida…
Pero no es nada fácil convencer a personas que no saben pesar los grandes designios de Dios, con fe, con
resignación, con valentía y por qué no decirlo, con optimismo. Sí, con optimismo frente al enigma de la muerte física de una ser querido. Repetimos “de la muerte física” solamente. Pues el espíritu es inmortal. Siempre –y lo decimos a sabiendas- siempre, el que deja este plano físico, es mucho más feliz que el que se queda en la tierra. Nuestro egoismo – más que ninguna otra cosa- hace que sintamos el tremendo vacío del que se fue, como irreparable, sin tener presente al que se va sino al que siente ese vacío… esto tiene un nombre: Egoismo.
El Amor verdadero “secomplaceconlaverdad;todoloexcusa, todolocree,todoloespera,todolotolera”(I Cor XIII, 6-7).
P. CÉSAR A. DÁVILA G.





Enestenuevoaniversariodelaida dePabloJaramilloCrespoyMaríaEugenia, nuestraAsociaciónelevaunavezmásaDiossuoración paraqueelloscontinúenjuntoanosotros afindequepodamoscumplirconlosobjetivos quenoshemospropuesto:
NuestracomuniónconDiosatravésdelameditación, baseinconmovibledelavidacristiana.
https://en.wikipedia.org/wiki/SAETA_Flight_011_(1976)

Las vísperas de la partida a la verdadera patria de su madre Santa MÓNICA, cuando se hallaban él y ella solos, apoyados sobre una ventana frente a un jardín en Ostia Tiberina, lejos de las turbas, después de la fatiga de un largo viaje, olvidando las cosas pasadas y ocupados en lo porvenir: Él y ella conversaban juntos, inquiriendo delante de Dios cómo sería la vida eterna de los santos y cuáles aquellas cosas que ni ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre conoció… llegaron a esta conclusión: “Que cualquier deleitedelos sentidoscarnales,aunqueseaelmásgrande,revestidodemayor esplendorcorpóreo,anteelgozodeaquellavidanosólonoesdigno decomparación,peroniaundesermentado”(Confesiones,IX,10,24)


Al recorrer gradualmente con la mirada interna de su espíritu, todos los seres corpóreos, pensando, hablando y admirando las obras de las manos divinas, llegaron hasta sus propias almas y les pasaron también revista hasta llegar “alaregióndelaabundancia indeficiente,endonde(Dios)apacientaaIsraeleternamenteconel pastodelaverdad”(ConfesionesIX,10,24).
Y mientras hablaban y anhelaban por la verdad, llegaron a tocarla un poco con todo el ímpetu de su corazón; suspirando y dejando allí prisioneras las primicias de su espíritu, tornaron al estrépito de sus labios en los que la palabra humana comienza y acaba, en nada semejante al Verbo de Dios que permanece en sí sin envejecer y renueva todas las cosas. El joven Agustín estaba a punto de despertar en la visión de Ostia Tiberina, él y su madre intuyeron muy de cerca esos nuevos mundos que iban a revelarse.

SiAgustínnosinvitóaadorar alabellezasiempreantiguaysiemprenueva: Aestamismabellezahayqueadorarlatambién entodasycadaunadesusmanifestaciones nosolodeayer,sinodehoyydesiempre.
“Amonestadodeaquíavolveramímismo,entréenmiinterior guiadoporTi;ypúdelohacerporqueTútehicistemiayuda.Entré yviconelojodemialma,comoquieraqueélfuese,sobreel


mismoojodelalma,sobremimente,unaluzinconmutable,no estavulgaryvisibleatodacarneniotracasidelmismogénero, aunquemásgrande,comosiéstabrillasemásymásclaramente
ylollenasetodoconsugrandeza.Noeraestoaquellaluz,sinocosadistinta, muydistintadetodasestas…quienconocelaverdad,conoceestaLuz,y quienlaconoce,conocelaeternidad.Lacaridadesquíenlaconoce.¡Oh EternaVerdad,yverdaderacaridadyamadaeternidad!TúeresmiDios…y Tú megritastedesde lejos: YO SOY ELQUE SOY. Y looí como seoye interiormentecomoseoyeenelcorazón,sinquedarmelugaraduda,antes másfácilmentedudaríadequevivo,quenodequenoexistelaVerdad (Dios),quesepersigueporlainteligenciadelascosascreadas”.
Estas palabras no pueden ser más claras: San Agustín no solamente tuvo una sino varias experiencias de Dios. En su espíritu brilló la Luz de Dios inconfundible, Luz sobre toda luz, Verdad sobre toda verdad, Felicidad sobre toda felicidad… Esto es lo que se llama una experiencia divina. Esto es llegar a tener conciencia de ese Dios Vivencial que habita en la intimidad de nuestro ser y que desea comunicarse a sus hijos siempre que estos le permitan entrar en su santuario interior…
San Agustín –nadie lo duda- fue un pecador o como diría un biógrafo suyo, Geovanni Papini: “unsátirohastalos32añosyunsantodeahíenadelante”.
Obispo, Pastor de almas, gran polemista, filósofo, brillantísimo escritor, retórico, teólogo, y antes que todo, un místico, una luz encendida por el mismo Cristo en los comienzos de la vida de la Iglesia para iluminar la mente y para guiar el corazón de los hombres de todos los tiempos. Es el teólogo de la trascendencia de Dios porque le vio y le estudió desde la altura de su pensamiento y es también el teólogo de la inmanencia divina porque le sintió y le vivió íntimamente. Como ningún otro hombre se encuentra más cercano a nosotros. Su vida que fluctuó entre la luz y las tinieblas, entre Dios y el pecado es una prueba indiscutible de que cualquier vida humana puede tener acceso a ese Dios Vivencial. De nosotros depende decir “si”a este llamamiento.


P. CÉSAR A DÁVILA G.
NOTA: Tomado de nuestro archivo.
El título de estas breves notas serviría para un libro de muchas páginas. Los hombres de la presente generación todavía no alcanzan a darse cuenta del mundo en que viven. Quienes se contentan sólo con lo que aprendieron o leyeron no ya hace cincuenta años, ni hace veinte años, ni hace diez, sino hace un par de años, son unos retrasados mentales sin ninguna duda. Estos son precisamente los que constituyen el mayor obstáculo al progreso de la ciencia: Se imaginan que lo que leyeron o aprendieron en la niñez, en la adolescencia o en la juventud, fue lo principal y lo último. Están en una solemne equivocación. La ciencia progresa año tras año, mes por mes, día por día. Nuestro siglo se caracteriza por un afán febril por nuevos descubrimientos. El hombre de mediados del siglo veinte, el hombre de hoy, asiste a una de las transformaciones más grandes de toda la historia de la humanidad. Nuestra generación está a las puertas de descubrimientos, de maravillas jamás soñadas. El macrocosmos y el microcosmos; todo el gran Universo con sus miles de millones de esferas en que danzan galaxias, astros, satélites y planetas, la danza cósmica con precisión de milésimas de segundos; todo el microcosmos con sus protones, neutrones y electrones, todos estos pequeños mundos con sus quantums elementales, abren a la ciencia horizontes jamás sospechados por la mente humana ordinaria, por aquella mente poco o nada investigadora que cree que solamente es real lo que toca con cinco sentidos y nada más.
HAY OTROS MUNDOS DESCONOCIDOS
Fuera del mundo de los fenómenos que perciben los sentidos externos del hombre hay otros mundos, más reales, más ciertos, más estables si se quiere que el mundo físico. La contemplación de este mundo fenoménico si queda solamente allí, conduce inevitablemente al más grosero materialismo. Esto es lo que acontece con el filósofo del siglo veinte. Fuera de este mundo hay otros: El mundo de la mente, el mundo del espíritu. Todos estos mundos son tanto menos reales y son tanto más efímeros cuanto más se alejan de la fuente, es decir, del Ser Absoluto, del Espíritu Puro, de la Mente Eterna, de la Voluntad Divina Consciente y Omnipresente. Estos mundos son las esferas de la creación que descansan en último término en Aquel Ser que vivifica todas las cosas con Su aliento, que mantiene los mundos en su escala infinita de vibración.
La Iglesia Católica que es la genuina heredera de la tradición de los Padres Griegos y del Gran Obispo de Hipona, que bebieron la pura doctrina en el Oriente donde nació el cristianismo, sigue a la vanguardia de la ciencia de hoy. El mundo necesita de su ayuda, necesita de su guía, necesita de su inspiración. La ciencia nos dice hoy que todo vibra en la naturaleza visible. La ciencia sin el auxilio de la religión no puede ir más adelante. Lo que dice hoy la ciencia, lo comprueba experimentalmente. La ciencia sabe que existen: Ondas sonoras perceptibles por el oído humano, Ondas imperceptibles para el oído humano, Ondas eléctricas conocidas y ondas desconocidas, ondas luminosas, rojas, infrarrojas, ultravioletas, otras ondas y otras regiones imperceptibles
superiores; sabe que hay rayos alfa, beta, gamma; sabe que hay todavía millares de gamas de ondas de frecuencia mucho más alta. El oído humano es capaz de percibir las vibraciones sonoras comprendidas entre 8 y 32 mil grados o frecuencias. El oído humano por si solo, sin auxilio de instrumentos adecuados ya no es capaz de percibir las vibraciones más altas entre los 63 mil y 33 millones de grados o frecuencias.
Se conocen ondas eléctricas que oscilan entre los 67 millones y los 12 mil millones de frecuencias. Se han obtenido fotografías de los rayos alfa, beta y gamma. Se fotografían los rayos o quantums rongten. Estos rayos pertenecen a la casi infinita escala de los rayos X. se sabe que los rayos X vibran sobre los 2 trillones de frecuencias. La ciencia ha comenzado a explorar mundos completamente desconocidos. Si resucitaran muchos sabios cuya ciencia ha asombrado a la humanidad, si nuevamente hiciera su aparición y le tocara vivir nuestra era a Demócrito y Leucipo, a Tales de Mileto y Pitágoras, a Heráclito y Parménides, a Platón y Aristóteles; si estuvieran presentes santo Tomás de Aquino y san Agustín; si vieran nuestros progresos Bacón, Hobbes, Descartes y Espinoza, Loke, Kant, Dewey y los demás que se esforzaron por arrancar sus secretos a la Naturaleza, quedarían asombrados ante nuestros progresos.
Todo vive en el Universo. Esto ya no es una metáfora: Es la realidad. Todo vibra. La división que la filosofía y últimamente la biología estableció entre la materia orgánica e inorgánica, entre seres que tienen vida y seres que no la tienen, está siendo ya anacrónica y anticientífica. Nadie que no haya penetrado siquiera en los umbrales del secreto mundo del universo físico podrá señalar dónde comienza el mundo que se llama orgánico y donde termina el inorgánico. La gama entre estos dos extremos es casi infinita, armónica, continuada. Naturaconfácit saltum.El adagio escolástico encuentra aún en esto su completa aplicación. El Oficio de Difuntos cuyo origen se remonta a la primitiva Iglesia da comienzo proclamando una gran verdad, una verdad en la cual muy poco se medita: Es la vivencia universal de todas las cosas, “Regencuiomniavivunt,veniteadoremus”. Ante
el Rey Inmortal de los siglos todas las cosas viven, no hay nada que muera, todo se transforma.
¿Y qué enseña la ciencia sobre la constitución misma de los seres del universo físico? ¿De qué están hechos? Todo está hecho de luz. La ciencia el día de hoy ha venido a comprobar experimentalmente lo que enseña la Escritura Sagrada en los primeros versículos del Génesis. Cuando la tierra no era todavía, cuando, según la expresión del Génesis estaba informe y vacía, cuando las tinieblas se cernían sobre el haz el abismo, cuando el Espíritu de Dios estaba incubando sobre la superficie de las aguas, dijo Dios: Sea la luz y fue la luz. La luz es el elemento virginal, la materia prima de la cual están modeladas todas las cosas. Nadie se imagina hasta ayer que, en una piedra que huella el caminante, en un grano de polvo, en un pedazo cualquiera de materia orgánica o inorgánica, hubiera luz y que todo fuera hecho de luz. Hoy la ciencia demuestra que el elemento primigenio es luz y que de luz están hechas todas las cosas. La mirada del clarividente puede ver ya todo el mundo físico nadando en un mar inmenso de luz. Esto ya no es una ilusión, ni un vuelo de la fantasía: Es una realidad.
Tenemos que volver a la pureza de la concepción de la idea de la Sagrada Escritura.Da pena leer interpretaciones y definiciones que se dicen sacadas de los Libros Santos que nada tienen de reveladas y que no pasan de ser sino meras invenciones humanas, eso sí, productos de una fantasía quizá seudomística. Pero la verdad legítima (porque hay verdaderas falsas y falsificadas) siempre ilumina. Hemos aprendido de niños una definición acerca de Dios. La sabemos de memoria desde entonces. Dios, dice la antigua definición de un Catecismo: Es el Ser perfectísimo, Creador, Soberano Señor del cielo y de la tierra. Bonita definición si se quiere. Pero tal definición se ha quedado sólo en la memoria, no ha penetrado más hondo, no ha echado raíces en los senos del alma, no ha sido la definición vital que sublimiza, que transforma, que habla en el secreto del espíritu. ¿Por qué? Porque tal definición es una definición humana, hecha
por el hombre, pensada por el hombre, elaborada por el hombre, moldeada por el hombre. Por lo mismo –como no tiene el profundo sentido místico- es inconexa, no explica sino a medias o muy poco el mundo trascendente. Desde hace unos pocos años transmito a los niños la definición que no admite réplica porque es inspirada por Él mismo, dictada por Él mismo por medio de Juan el Discípulo Amado del Señor. Dice Juan: “Este es el mensaje que de Él hemos oído, y os anunciamos que Dios ES LUZ Y QUE EN ÉL NO HAY TINIEBLA ALGUNA”. (I Joan I, 5). ¿Puede encontrarse una definición de Dios más hermosa, más sencilla, más profunda, más sublime, mejor que esta? El Padre es la Luz Primera. Luz Inmanifestada que se proyectó en su plenitud infinita en el Verbo. El Verbo es Luz de Luz. Esta segunda Luz, es el principio de la luz de la cual procede toda la creación. En pocas palabras se ilumina el tiempo y la eternidad. Inmediatamente, sin mayor esfuerzo se comprende por qué el demonio se llama el padre de las tinieblas, porque su pecado es un estado de tinieblas, porque la gracia es una iluminación de la mente y una moción de la voluntad. Todo se vuelve luz cuando se escucha el mensaje que recibió Juan: DIOS ES LUZ Y NO HAY TINIEBLA ALGUNA EN ÉL.
La ciencia ha comprobado que hay ondas sonoras, luminosas, eléctricas, etc. Completamente impalpables para los sentidos del hombre si no se sirve de poderosos instrumentos. Hoy ciertos microscopios electrónicos aumentan el objetivo hasta doscientas mil y más veces. Cada día se inventan nuevos instrumentos para captar las manifestaciones super-sensibles de nuestro estado fisiológico y síquico. El campo de la experimentación en este aspecto es fecundo. La ciencia que estudia de cerca estos fenómenos en el hombre es la radiestesia. La literatura en este aspecto no deja de ser abundante. Los que ignoran o pretendan ignorar la parte sobresaliente que tiene la Iglesia Católica en las investigaciones que tienen un carácter científico, pueden todavía decir que la Iglesia es retrógrada. Como argumento se trae siempre el mismo: La cárcel en que fueron arrojados Galileo Galilei y Copérnico, la oposición a la teoría de Laplace, etc., etc. De allí no pasan adelante. La Iglesia sigue a la vanguardia. Hoy
son pioneros de estas ciencias el Abate Bouley, Pedro Bourdoux, el Abate Mermet, Monseñor D´Armand, el Dr. Jules Viré, Regnanet, Monseñor Luis Tourenne, inventores algunos de aparatos radiestéticos. Sacerdotes casi todos.
Gracias a las perfeccionados microscopios y telescopios electrónicos, se obtienen el día de hoy fotografías nunca soñadas, de seres infinitamente distantes de nuestro planeta que se desplazan a millones de años de luz de distancia y de seres infinitamente pequeños, de microorganismos y de virus que nunca se sabía cómo eran. Hay así mismo máquinas rediónicas con las que es posible fotografiar formas que gravitan en el espacio, si se quiere, verdaderos fantasmas, que, nunca sospechó la ciencia que existieran. La escritora católica E. EyreSmith del Círculo Católico de Estudios del bienestar de los animales en una serie de artículos sobre la Ciencia y la Curación, menciona muchos casos interesantes de estas pruebas fotográficas (Véase la Revista Inglesa: The Ark Nº 52, 53, 54, 55).
Nos ha tocado vivir en el comienzo de un siglo de maravillas. Tenemos que dar gracias a Dios todos los días de nuestra vida porque nos ha deparado el vivir, sin duda alguna el mejor siglo de la historia. Este si se puede apellidar el siglo de la luz. Cuando el hombre haya perfeccionado los vehículos para los viajes interplanetarios y comience ya a viajar sin obstáculos, por lo menos a las estrellas más cercanas, la ciencia moderna habrá comprobado muchas leyes y tendrá explicación más completa acerca de los problemas del origen de la vida, de la antigüedad y del origen del Universo. Lo que no cambiará jamás es la verdad revelada en las Santas Escrituras, no cambiará tampoco la noción de Dios, todo bondad, todo sabiduría, todo amor, todo misericordioso, todo poder, ni las leyes eternas que rige los mundos físico, moral, mental y espiritual.
Publicado en Revista “La Merced”, Nº 90 Págs. 9, 10, 11, 28 y 29 Abril de 1959

Él, de quien en la Biblia se dice que en el augusto silencio del no ser incubaba sobre la faz del abismo, cuando todavía el caos y mucho antes, la nada –eso que no era todavíapermanecía en el silencio, en el silencio absoluto… Cuando todavía ese silencio no se había turbado por el palpitar de los electrones de los mundos, por los ciclones, por los vientos y torbellinos, por el rugir de las aguas, por el desplegarse de los espacios con todos sus sistemas interplanetarios, por el crepitar del juego, por el fulgor del rayo, por el estruendo de la tempestad. Él vive en este silencio… Está en este silencio.
Padre CÉSAR A. DÁVILA G.