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Una Escaramuza con la Masonería en Puerto Rico (1883)

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■-JMPBMTA DEL "BOLETH MEECAIÍTH," CALLE DE LA FORTALEZA, NÚM. 37. / í

UNA ESCARAMUZA

PUERTO-RICO.

IMPRENTA BEL "BOLETIN MERCANTIL," CALLE DE LA FORTALEZA, NÚNI. 37. 1884.

mis tro ífttmiwts |lmífl-$jtoptews.

Nunca lie podido negaros cosa alguna, estando en mi mano, duran¬ te mi larga permanencia entre vosotros.

Si tal lia sido mi proceder, no tengo por qué variarlo aliora.

Habeisme pedido con insistencia muchos de vosotros el humilde trabajo que produje en defensa de un digno compañero; ahí lo teneis pues, coleccionado, según vuestros deseos.

Conservadlo como una prueba del invariable cariño que siempre os he profesado ; y guardad en todos tiempos su doctrina.

Por vuestro bien espiritual y eterno, y en nombre de Nuestra Seño¬ ra de la Providencia, Protectora de Borínquen, á quien con tanto celo veneráis, muy encarecidamente os lo suplica su humilde Capellán, vuestro affmo.,

JS&. T. S.

Considerándome obligado en conciencia á salir en defensa de uno de mis dignos compañeros de Cabildo, que murió hace poco, (r. i. p.) al ver que un periódico masónico de Mayagüez, teniéndolo por miem¬ bro de la masonería,hacía su elogio, di á la publicidad, por medio de la prensa periódica, los artículos "La verdad ante todo y sobre todo", y "En Arme", con conocimiento de ese GobiernoEclesiástico.

Dícenine ahora muchos de sus lectores que sería muy conveniente se hiciese con ellos un opusculito que desearían poseer; y agregándose á estos deseos los de varios respetables sacerdotes y distinguidos seglares, que con vivas instancias lo propio me ruegan, tengo la honra de some¬ ter á la censura eclesiástica el folletito Una Escaramuza con i.a Ma¬ sonería en Puerto-Rico; por si, estimándolo oportuno, se digna im¬ partir el placet que, como hijo sumiso y fiel de Nuestra Santa Madre Iglesia, respetuosamente suplico.

Dios guarde á U. S. muchos años.—San Juan de Puerto-Rico, Di¬ ciembre 20 de 1883.

Pbro. Dean.

Sr. GobernadorEclesiástico de esta Diócesis.

Puerto-Rico, 20 de Diciembre de 1883.—Pase el folleto que acom¬ paña al presente escrito al Sr. Dr. D. Félix Barrot, Penitenciario de esta Santa Iglesia Catedral, para que, después de examinado, nos ma¬ nifieste si habrá algún inconveniente en conceder nuestra licencia, para su publicación, según se solicita,—El Gobernador Eclesiástico, Licdo. Delgado.

CENSURA ECLESIÁSTICA.—Muy Ilustre señor.—Devuelvo á U. S. el folleto titulado "Una Escaramuza con i.a Masonería en Puerto-Rico", el que he examinado con la escrupulosidad que recla¬ ma la materia que en él se trata, y nadalie hallado que se oponga al dogma católico y sana moral. Por lo tanto, no veo inconveniente algu¬ no en su publicación : y en opinión del Censor, debe protegerse y facili¬ tarse, en cuanto sea posible, la impresión do dicho folleto; porque en la época que atravesamos, 110 puede menos de producir su lectura una reacción saludable en las personas extraviadas, así como nuevos moti¬ vos para sostenerse en el camino de la verdad, los (pie hasta hoy 110 le han abandonado.—Dios guarde ¡i U. S. muchos años.—Puerto-Rico veinte y uno de Diciembre (le mil ochocientos ochenta y tres.—Félix Barroty Lozano.—Muy Ilustre Sr. Gobernador Eclesiástico."

Nos i). Francisco Delgado g García, Pbro. Lindo, en ambos derechos, Provisor y Gobernador Eclesiástico de esta Diócesis, por ausencia, del Excmo. é Timo. Sr. Obispo de la misma d ".—Por las presentes y por lo que á Nos toca, concedemos nuestra licencia para (pie pueda imprimirse y publicarse el folleto titulado Una Escaramuza con la Masonería en Puerto-Pico, escrito por el Dr. D. Jaime Agustí y Milá, mediante que de nuestra orden lia sido examinado y 110 contiene, según la censura, cosa alguna contraria al dogma católico y sana moral. Puerto-Rico, veinte y uno de Diciembre de mil ochocientos ochenta y tres.—El Gobernador Eclesiástico, Licdo. Francisco Delgado.—Por mandado de S. S.—Jorge J. Hizern, Secretario.—Hay un sello que dice: "Obispado de Puerto-Itico."

Del "Boletín Mercantil" de 14 de Octubre de 1883. Núm. 121.

NOBLE

- *5 y\

En otro lugar del presente número verán nuestros lec¬ tores la elocuente defensa que el respetabilísimo Sr. Dean, Dr. D. Jaime Agustí, hace de la memoria del Kdo. P. Melendez, Medio Kacionero que fué de la Santa Iglesia Catedral, y á quien, después de muerto,; un periódico de Mayagüez lia atribuido opiniones y^fedencias incompatibles con el estado sacerdotal y con la verdad católica.

El Sr. Agustí, jefe del Ilustrísiino Cabildo Eclesiástico-, liace perfectameq|b en salir á la defensa de uno de sus miembros, mucbéfinás, contando, como cuenta, con erudi¬ ción sobrada pará'/éonseguir.lo. Hay en ello un plausible celo por más de iríf concepto, celo que quisiéramos ver siempre imitado. La palabra y la .predicación ban de ser el arma de los ministros del Señor én cualquiera esfera. El error debe ser combatido allí donde se levanta.

En cuanto á La Arfdpít ta, qúefíes la que ha dicho del P. Melendez que era li.y masott, soló tenemos que replicar que mucho antes habiá dicho Edgard Quinet: "Jesuítas y eclesiásticos no hay en nuestra secta, pero, digamos que los hay, y lo mismo da." El sistema es conocido.

CABILDO CATEDRAL

PRESIDENCIA.—PARTICULAR.

Sr. Director del Boletín.

Mi muy distinguido señor y amigo: Con esta fecha digo en carta particular al Sr. Director del periódico mayagiiezano La Adelphia, lo (pie copio: "Muy respetable se¬ ñor mió: En un suelto del número 7, 1? de los corrientes, página SO, del periódico que V. dirige y se me lia facilitado, he visto se hace el elogio del sacerdote D. Pedro Melendez (q. G. g.), mi estimado amigo y digno compañero de Ca¬ bildo. Como Presidente del Cuerpo Capitular, á que per¬ teneció el finado, créome en el deber de rectificar algo de lo que V. asevera. Suplicóle, pues, por amor á la justicia, tenga la bondad de disponer la inserción, en el próximo número, del escrito (pie, bajo el epígrafe La verdad ante todo y sobre todo, se acompaña, anticipándole las más expresivas gracias. Con la mayor consideración, señor Director, soy de V. su muy atento servidor y Capellán Q. B. S. M.— Jaime Agustí, Dean del Cabildo Catedral."

Como son mis deseos que tan humilde escrito tenga la mayor publicidad posible, ruego muy encarecidamente se, digne favorecerle, dándole un lugar en su ilustrado periódi¬ co,en la seguridad de (pie contribuirá no poco al sostén de la causa religiosa que con él se sustenta, y por ellole será una vez más obligado su aífmo. amigo S. S. y Capellán Q. B. S. M.

San Juan, P. R., Octubre 9 de 18S3.

LA VERDAD ANTE TODO Y SOBRE TODO,

El Pbro. Don Pedro Melendez, al morir, ¿qué era? " Era Cura de aliñas de Naguabo; era eminentemente cari¬ tativo; era miembro de la Masonería, ó Masón."

Así lo afirma terminantemente el periódico masónico de Mayagiiez La Adelphia del 1? de los corrientes, página 80, con estas palabras: " ¡ Bendito sea el nombre de Dios!"

"La Masonería puertoriqueña acaba de sufrir la irre¬ parable pérdida de dos distinguidísimos miembros, La del H.\ Wenceslao Lugo Viñas, Ven.-. Maest.-. que fué de la ltesp.-. Logv. Union, Núrn. 226, acaecida últimamente en Guayama, y la del humilde, generoso y caritativo sacerdote Pediío Melendez, Cura de almas de Naguabo.

El H.\ Melendez fué un celoso Ministro de Dios; Sa¬ cerdote humilde y eminentemente caritativo, desempeñó cuarenta años el cargo de Párroco de Naguabo. Allí bus¬ caba al pobre para remediar sus necesidades; allí distribuyó entre los menesterosos cuanto pudo ganar"

Pero, por más que tan rotundamente afirme La Adel¬ phia que el P. Melendez era, al morir: Cura de almas de Naguabo,eminentemente caritativo y miembro de la Maso¬ nería ¿ debe creerse ?

Ahí van datos: recójanse cuidadosamente, y podrá con¬ testarse la pregunta.

El dia 15 de Febrero de 1879 recibió el P. Melendez colación canónica de una Media Ración en la Catedral, de¬ jando en consecuencia de ser Cura de Naguabo, por renun¬ cia que del Curatohubo de hacer.

El 5 de Julio de 1881 fué, á su instancia, jubilado, quedando en consecuencia vacante su Prebenda de la Catedral.

El 5 de Julio de 1882 tomó nuevamente posesión de la

( 9 ) misma Prebenda, que S. M. el Rey volvió á conferirle á su instancia.

El 26 de Setiembre próximo pasado, el Cabildo Cate¬ dral honró al P. Melendez con solemnes exequias, según tieue dispuesto para los Sres. Prebendados, por haber muer¬ to siendo individuo de su seno.

Ahora, sí, puede responderse á esta pregunta: ¿ El P. Melendez era Cura de Naguabo ?

El P. Melendez, por lo muy apremiante de su situa¬ ción, hacía años, tan lejos estaba de poder ser generoso y caritativo, que muchas veces y por muchas personas hubo de ser caritativamente tratado y asistido: hasta el extremo de que la caridad de no pocos ha tenido que seguirle más allá de la tumba, diciendo: "perdono "

¡ Tantos son en Puerto-Ilico los que al leer estas líneas dirán: " esto es la purísima verdad." ¡ Qué bien quisiera yo 110 fueran tantos!"

Existen justificantes que demuestran la absoluta impo¬ sibilidad de que el P. Melendez pudiese ser limosnero, ó ge¬ neroso y caritativo, en grado eminente. Es más: existen justificantes que demuestran ha tenido que ejercerse con él la caridad en grande escala.

Puede también ahora contestarse satisfactoriamente á esta pregunta: ¿ El P. Melendez era eminentemente cari¬ tativo ?

Algo más demuestra, sin duda, la gran penuria en que se vió el P. Melendez.

A todas horas se oye decir á los devotos de la Masone¬ ría que esta sociedad es filantrópica, y que sirve en gran manera, si no exclusivamente, para ayudarse los hermanos unos á otros. Mas lo cierto es que los que ayudaron á aquél basta la muerte, durante sus dias de pena y de dolor, que no fueron pocos, tan lejos están de ser masones y de quererse afiliar á la Masonería, como lejos estaba la secta de saber que estuviese tan necesitado; de lo contrario, ó es 2

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falsa, falsísima la ayuda de los hermanos que tauto se pre¬ gona, ó el calificativo de eminentemente caritativo que le da La Adelpliia debe tenerse poruna irrisión ó grave injuria. También ya puede contestarse ahora á esta otra pre¬ gunta : ¿ El P. Melendez era miembro de la Masonería ?

Debo suponer, sin embargo, que ni por La Adelpliia ni por muchos, con la razón apuntada, aunque mucho prueba, queda bastante probado que el P. Melendez, al morir, no era Masón. Preciso es, pues, entrar en otro género de con¬ sideraciones.

ISTo puedo olvidar se dijo también de mí en PuertoEico y en la Península que era masón; ni que di á la pu¬ blicidad un librito cuyo título, JE! Masonismo condenado por la doctrina católica, indica por sí solo las ideas que acerca de la Masonería ha profesado siempre y profesa su humilde autor. MI fin que me propuse produciendo dicha obrita, y haciéndola circular con profusión por las Provincias todas de la Madre Patria,incluso las Antillas, fué ver si conse¬ guía saber quien, habiendo tenido tanta caridad conmigo, daba la cara para sostener en uno ú otro sentido su afirma¬ ción, ó al menos quien de los defensores de tan ponderada secta salía en contra de la doctrina que en dicho folleto se sustenta, con aprobación de la Autoridad Eclesiástica de Barcelona, en donde se publicó, y esta es la fecha que, des¬ pués de cinco años y meses, no he podido conseguir ni lo uno ni lo otro.

Ahora bien; dado este antecedente, ni La Adelpliia, ni nadie debe extrañar prescinda yo de si el P. Melendez, mi muy estimado amigo y digno compañero de Cabildo, fué ó no " miembro de la Masonería puertoriqueña", como tan categóricamente se afirma. Deseo concretarme al más tras¬ cendental momento y el único esencial de su vida, para que pueda fácilmente deducirse y nadie pueda dejar de conve¬ nir en que el P. Melendez, al morir, 110 era masón, ó miem¬ bro de la Masonería puertoriqueña.

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Vengamos á las pruebas:

" El Sr. Medio Racionero de esta Santa Iglesia Cate¬ dral, D. Pedro Melendez, murió el 5 de Setiembre próximo pasado, á las cinco de la mañana, en el pueblo de Vaguabo, donde se encontraba con licencia de la Autoridad Eclesiás¬ tica y del limo. Cabildo. ¿ Y cómo murió ?

Fíjense bien La Adelphia y toda la Masonería: murió habiendo recibido todos los sacramentos. Esto es, el de la Penitencia ó Confesión, el Santo Viático y la Extremaunción; murió asistido constantemente en lo espiritual, sobre todo después de haberse agravado su enfermedad, por los dignos Sres. Cura Ecónomo y Teniente de la Parroquia, los PP. Casado y Terroues; murió, en fin, como debe morir todo católico, máxime siendo Sacerdote, en el seno ó en la co¬ munión de nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostó¬ lica, Romana; y esto hubiera sido imposible, si hubiese muerto siendo masón.

Pues ser uno católico y masón, al mismo tiempo, es imposible de toda imposibilidad; porque el católico, al in¬ gresar en la Masonería, queda, ipso fado, excomulgado, esto es, queda fuera de la comunión católica, por haberse sepa¬ rado de ella ól mismo.

¿ El P. Melendez se confesó f quizás se diga. Sí; el P. Melendez se confesó, y después fué viaticado, y después fué oleado, y de todoello me dió cuenta oportunamente el Sr. Cura Ecónomo D. Pedro Casado. ¿ Si se confesó, pues, el P. Melendez en su última enfermedad y á raiz de la hora suprema de la muerte, aun dato, sed non concesso, como di¬ cen los Escolásticos, que hubiese sido miembro de la Maso¬ nería, ¿ cuál es la consecuencia lógica que de ello se des¬ prende ! Que se confesó de tan grave pecado; que de él fué absuelto, así como de la gravísima censura que le. es anexa; porgue nada hay reservado al simple sacerdote en la hora de la muerte; y por consiguiente, que dichosamente murió siendo católico y 110 masón; que murió en el gremio ó en la comu-

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riion de nuestra Santa Madre Iglesia, y no afiliado á la secta masónica, sino absolutamente desligado de todos sus vínculos, si es que algún dia tuvo la inmensa desgracia de pertenecer á ella.

Y por eso, esto es, porque murió en el seno de nuestra Santa Religión, y 110 fuera de ella, ó excomulgado, se le en¬ terró como manda la Iglesia, y pudo colocarse su cadáver en el Campo-santo, y en la Santa Iglesia Catedral, como Prebendado que era, pudieron celebrársele las solemnes exequias que como á talle correspondían; de cuyos grandes beneficios espirituales se hubiera visto privado, no habiendo fallecido en la comunión católica, como realmente en ella no hubiera muerto, si hubiese muerto siendo masón.

Yo podemos creer intente argüimos ni La Adelphia, ni nadie diciendo: "Siendo cierto, como podemos demostrar¬ lo, que el P. Melendez pertenecía á la Masonería, debe ser tenido por masón, ínterin no se nos pruebe que abandonó la secta."

¿Por qué? ¿ Acaso nada dice, para la destrucción com¬ pleta de semejante efugio, el haberse confesado ? ¿ Acaso, habiéndose confesado, nada dice elaxioma ó principio omne factum semper vere factum, toda vez que la confesión nula en realidad no es confesión ? ¿ Acaso puede suponerse que un verdadero católico, -sobre todo siendo sacerdote, que si se confiesa es porque quiere, y solo porque quiere, intente hacer nula la última de sus confesiones, la más trascenden¬ tal de toda su vida, sabiendo que nula es la confesión cuando se hace callando un pecado grave, sea por el motivo que fuere, lo cual, según nuestra fé, importa nada menos que la condenación eterna ?

I Si semejante suposición no es admisible en ningún terreno, porque choca abiertamente con el sentido común, forzosamente tiene que convenirse en que el P. Melendez murió en el seno de la Oomunion católica, cuyo ministro era; que el Sr. Chira de Yaguabo cumplió con su deber,

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(lando sepultura sagrada á su cadáver; que el Cabildo Eclesiástico, que tengo el honor de presidir, estuvo perfec¬ tamente en su derecho tributándole las solemnes exequias con que honra á los Prebendados en la hora de su muerte; y últimamente, que no es justo se le haya hecho figurar en La Adélphia, ó en otro punto cualquiera, como miembro de la Masonería.

Con toda seguridad afirmo que, si hablar pudiera el P. Melendez, declinaríatoda la honra que ha pretendido ha¬ cerle La Adélphia publicandolo que de él ha dicho, por con¬ siderar su elogio como el estigma más denigrativo é infa¬ mante con que haya podido ofendérsele antes y después de su muerte;

Abundando yo en esta misma idea, así como todos mis muy dignos compañeros capitulares y sacerdotes, porque otra cosa no puede suponerse de los ministros de la Iteligion católica, que quieren serlo de verdad, y hecho intér¬ prete de la voluntad del finado; por su buen nombre, por el honor de la lima. Corporación á que perteneció y por la honra de toda la clase sacerdotal, he considerado de mi deber dar a la publicidad este escrito con las constancias pontificias que apoyan su doctrina, para desengaño de los que sostienen que nada tiene de anticatólica la Francmaso¬ nería, y para no incurrir en la excomunión mayor, en que in¬ curren, ipso fado, no solamente los que en ella se inscriben, sino también todos aquellos que le dén consejo, favor, ó ayu¬ da, pública ó secretamente, directa ó indirectamente; persua¬ dido como estoy de que ayudagrande y muy grande, cuan¬ do menos indirectamente, le prestaría yo. si dejase pasar en silencio lo que del P. Melendez ha dicho La Adélphia; por la deducción que, aunque ilógica, podrían hacer de la Ma¬ sonería algunos incautos, diciéndose á sí mismos: "pues no será tan mala ni anticatólica la sociedad ó secta masónica, como algunos afirman, cuando en ella también figuran sa¬ cerdotes ó individuos de las más respetables corporaciones eclesiásticas, como son los Cabildos Catedrales.

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Que es muy cierto que así podrían discurrir, y que real¬ mente discurrirían algunos, nadie se atreverá á negarlo. Con el fin, pues, de evitar los gravísimos males que tal manera de razonar pudiera ocasionarles; para que se co¬ nozca con toda claridadla doctrina puramente católica acer¬ ca de la Masonería y demás sectas secretas, y en corrobora¬ ción del epígrafe que encabeza estas líneas, concluyo tras¬ ladando íntegra, indicando sus concordantes, la parte con¬ minativa de la Constitución In eminenti del Papa Clemente XII (año 1738) que dice así: "Por esto Xos prohibimos seriamente, y en virtud de santa obediencia, á todos y á cada uno de los fieles de Jesucristo, de cualquier estado, grado, condición, rango, dignidad ó preeminencia que sean, laicos ó eclesiásticos, seglares ó regulares, basta aquellos de quienes se deba hacer específica ó individual mención, el atreverse ó presumir entrar bajo cualquier pretexto, ó bajo cualquier color, en las predichas sociedades de franc¬ masones, ó llamadas con otro nombre, ó propagarlas, favo¬ recerlas, recibirlas en suscasas, ó darlas asilo y ocultarlas en otra parte, estar inscrito en las mismas ó agregado, ó asistir en ellas, ó biendarles poder y medios de reunirse, facilitarles cosa alguna, darles consejo, favor ó ayuda, pú¬ blica ó secretamente, directa ó indirectamente, por sí ó por otros de cualquier manera que sea, como también exhortar á otros, inducirlos, provocarlos, ó persuadirlos á que se ha¬ gan inscribir en esta clase de sociedades, hacerse miembros suyos, y asistir á las mismas, ayudarlas ó favorecerlas de cualquier modo que sea, y les ordenamos absolutamente que se abstengan del todo de estas sociedades, asambleas, reuniones, agregaciones ó conventículos, bajo pena de ex¬ comunión para todos los contraventores, (como se hadicho arriba) en la que incurrirán, ipso facto y sin ninguna otra declaración, de la que, (fuera del artículo de la muerte), solo de Xos, ó de los Romanos Pontífices que existan en aquel entonces, podrán recibir laabsolución."

Concordantes que confirman dicha Constitución: Cons-

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titucion " Próvidas" de Benedicto XIY (1751) " Constitncion." Quo graviora de León XII (1825) Alocución "Multíplices inter macliinationes " de Pió IX (1865) Concilio Ecuménico del Vaticano, sesión 2? (6 Enero de 1870) cuyas son estas palabras: "Declaramos sujetos á excomunión "latee sententioe" reservada al Sumo Pontí¬ fice: IV. A los que se llaman "masones ó carbonarios'', ó pertenecen á sectas de este género que maquinan contra la Iglesia ó potestades legítimas, abierta ó clandestinamen¬ te, como á aquellos que presten algún favor ó auxilio á las mismas sectas, y no denuncien á sus corifeos ó jefes, mien¬ tras no les denunciaren."

Jaime Agustí, Pbro. Dean. San Juan, Puerto-Rico y Octubre 9 1883.

De "La Adelphia" iiúm. 8 del 10 de Octu¬

bre, página 90: UNA RECTIFICACION.

En prensa ya el presente número, liemos recibido atenta carta que nos dirige el Sr. Dean, Presidente del Cabildo Eclesiástico de Puerto-Rico, Don Jaime Agustí, en lacual nos suplica, por amor á la justicia, que dispongamos la inserción del extenso escrito que se sirve acompañarnos bajo el rubro 11 La verdad ante todo y sobre Lodo", tendente á destruir la noticia que dimos en el número anterior, de que el P. Melendez era masón.

En la imposibilidad de insertar boy el referido escrito por su extensión,prometemos hacerlo en el próximo número, no dudando que, si realmente es la verdad la que ha de salir triunfante, en nada la menoscabarán los quince dias de obligado aplazamiento.

Advertimos desde luego á nuestros numerosos suscritores, que no habiéndose dedicado exclusivamente el escrito de referencia á rectificar lo que se cree un error, sino que entra en el terreno de algunas suposiciones y consideracio¬ nes, nos veremos en la necesidad de refutarlas y así prome¬ temos hacerlo á pesar del sacrificio pecuniario que traerá consigo la doble extensión, por lo menos, que tendrémos que dar al número en que se inserten ambos artículos; pero así nos lo imponen el prestigio de nuestra Sublime Institu¬ ción, y la verdad ante todo y sobre todo.

Del"Boletín Mercantil" de 14 de Noviem¬

bre. Núm. 134:

" Puede saborear La Adelphia la siguiente notabilísima refutación que le dirige el Rdo. Padre Dr. D. Jaime Agustí, Deau de la Santa Iglesia Catedral, cuyas virtudes, cuyos conocimientos superiores no podrá poner en duda el perió¬ dico defensor de la Masonería.

El escrito con que el Dr. Sr. Agustí se ba servido hon¬ rar nuestras columnas, contestando á dicho periódico, es de una gran importancia, pero sus largas dimensiones, que pueden considerarse como las de un volúmen de no pocas páginas, nos impiden trasladarle íntegro á nuestras colum¬ nas en un solo número. Lo liaremos en varios, y así podrá el periódico causante penetrarse mejor de sus enseñanzas. Es nuestro ánimo hacer sobre el mismo y en su apoyo algunas consideraciones, correspondiendo, como siempre, á la defensa de los fueros de la razón y de la verdad, á cuyo triunfo nos supone dedicados en primer término nuestro dignísimo comunicante." (1)

(1) Agradecemos altamente las benévolas frases que el Boletín dedica ánuestro humilde escrito En fieme ; máxime cuando, al remitirlo á su ilustrado Director con atenta carta, únicamente le decíamos podía publicarlo en el periódico de su direc¬ ción, si lo considerase digno de figurar en sus columnas. En dicha carta continuábamos íntegra la que creímos de nuestro deber dirigir, con la propia fecha, al Sr. Director de La Adelphia, concebida en estos términos :

" Sr. Director de La Adelphia.—San Juan de Puerto-Rico, Noviembre 9 de 1383. Muy respetable señor mió : creo de mi deber manifestar á Y. que recibí oportu-

EN Firme

Sí; á pesar del escrito de réplica En defensa, que publi¬ ca La Adelphia en su número 9 de primero de los corrien¬ tes, en firme quedan las rotundas negativas que los lectores delescrito La verdad ante todo y solrre todo hubieron de opo¬ ner á las afirmaciones que en el número 7 hizo del P. Melendez (q. g. g.), cuando al ocuparse de su muerte dijo: era Gura de Naguabo, eminentemente caritativo, miembro de la Masonería, ó masón.

I Por qué quedan en firme ?

Porque nada, absolutamente nada, dice el escrito En defensa que pruebe la primera afirmación: (era Cura de tíaguabo ).

Porque, conviniendo en que era pobre, hasta el extre¬ mo de tener que ser socorrido por muchos, claro es que, por muy caritativo ó limosnero que fuese, no puede aplicár¬ sele el calificativo eminentemente, por más que lo pretenda La Adefina; puesto que el adverbio eminentemente equi¬ vale á extraordinariamente, según el diccionario de la len¬ gua, y el buen sentido rechazará siempre se diga de un po¬ bre que es extraordinariamente caritativo ó limosnero.

Porque prueba que el P. Melendez al morir era miem¬ bro de la masonería ó masón, por haberlo sido en vida; negando ¡ excelente prueba! la eficacia de la confesión sanamente el núm. 8 de su periódico, dándose cuenta en él, con el epígrafe ''Una recti¬ ficación", de haber recibido una atenta carta mia acompañándola un escrito bajo el rubro "La verdad ante todo y sobre todo" ; prometiendo que en la imposibilidad de insertar en dicho número el referido escrito, por su extensión, lo hará en el próximo; advirtiendo además, que no habiéndose dedicado exclusivamente el escrito de refe¬ rencia á rectificar lo que se cree un error ; sino que entra en el terreno de algunas su¬ posiciones y consideraciones, se verá en la necesidad de refutarlas, y asi promete ha¬ cerlo, por las razones que á continuación de dicho suelto se indican.—El 4 del que rige llegó á mi poder el número 9, y he visto que bajo el epígrafe "En defensa", se con¬ tinúa literalmente la carta y escrito de referencia, y á seguida el de refutación ofrecido en el número anterior.—Permítame, Sr. Director, darle las gracias por la remisión de los referidos números, anticipárselas por la inserción que suplico del nuevo escrito que bajo el rubro "En firme" tengo el gusto de acompañar, y, reiterarme con la ma¬ yor consideración y respeto, de Y., atento servidor y humilde Capellán Q. B. S. M.— Jaime Agustí. "

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cramental para romper el vínculo ó compromiso que con¬ trajera al iniciarse.

He ahí la síntesis del escrito En defensa que, para cono¬ cimiento de los lectores, ya que no sea posible trasladarlo ín¬ tegro por su mucha extensión, se extracta párrafo por párra¬ fo y por su orden, copiando literalmente las frases y trozos más salientes, para convencer á todos de la buena fé que nos guía.

Principia el escrito En defensa manifestando que la verdad ante todo y sobre todo ba puesto la pluma en manos de La Adelpliia (de la Redacción), "para defender, á la vez que á un virtuoso Ií.\ masón, la honra de un sacerdote católico perseguido por otro sacerdote católico basta más allá del sepulcro."

I En qué se le ha perseguido ? ¿ Haber demostrado con hechos irrecusables que al morir no era Cura de Xaguabo, ni caritativo ó limosnero en grado eminente, ni miembro de la Masonería, puede llamarse perseguir!

Si eso debe llamarse perseguir ó defender al P. Melendez, lo dirá el imparcial lector.

Sigue el escrito: "¡Qué lección!. Un periódico herético, un periódico excomulgado, un periódico masónico, honrando sus columnas con muy atenta carta del respetable Sr. Dean, Presidente del Cuerpo Capitular, ó sea del Cabil¬ do Catedral de Puerto-Rico. ¡ Y carta en que se ofrece á otro excomulgado (uuestro director), con la mayor consi¬ deración, atento servidor y Capellán

Cuatro párrafos más con lamentos por el estilo dedica la Redacción, como exordio que suspende para entrar á refutar (?) el artículo La verdad ante todo y sobre todo.

Para la doctrina católica no cambian los tiempos, por¬ que ha sido siempre y será invariable; y no hemos encon¬ trado en ella jamás cosa alguna que nos prohiba cumplir con las buenas formas y finas maneras que exigen la cari¬ dad y la cortesía. Y por si no se ha hecho cargo de ello

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La Adélphia, permítanos le (ligamos, sin pretender mortifi¬ car á nadie en lo más mínimo, que con la caridad liemos cumplido logrando la inserción de nuestro humilde escrito en sus columnas; porque entendiendo que su doctrina era envenenada ó venenosa, católicamente hablando, era muy conveniente tuvieran sus lectores muy á mano la triaca para evitar en lo posible los dolorosísimos efectos que aquélla hubiese podido producir en sus almas; y hemos creido cumplir con el deber de cortesía, ofreciéndonos cual corres¬ ponde á la buena educación al Sr. Director, muy especial¬ mente, como Capellán; por si acaso algún clia pudieran convenirle los oficios de nuestro sagrado ministerio, para romper las ligaduras en que, como masón, se encuentra amarrado, sobre todo en la hora de la muerte. Ofrecimien¬ to caritativo y cortés, que hoy nos tomamos la libertad de reiterar, así á él como á la Redacción, por mas que á ésta no le parezca muy bien.

Al entrar en materia, digámoslo así, para la refutación que intenta La Adélphia, lo hace en estos términos: " ¿ en qué se funda el ilustrado Sr. Deau para creer que no era masón, al morir, el virtuoso !!.\ Padre Melendez ? Dice que porque, sin embargo de que los sacerdotes no necesitan confesarse ( por impecablessin duda ), el Padre Melendez^ se confesó y fué absuelto." '■ Sentimos se afirme tan categóricamente, aunque su¬ pongamos siu malicia, hayamos dicho en nuestro primer es¬ crito lo que se supone en el párrafo que acabamos de trans¬ cribir. Rectifique, pues, La Adélphia; vuelva á leer lo que dijimos y encontrará que éstas son nuestras palabras: "¿ Acaso puede suponerse que un verdadero católico, sobre todo siendo sacerdote, que si se confiesa es porque quiere y solo porque quiere"

Si pretendiéramos dar una lección de gramática al que hacreido que habíamos dicho el gran disparate que se nos atribuye, le diríamos: tenga la bondad de sustraer de la frase el período "sobre todo siendo sacerdote" que en

(21) nada afecta al sentido de la frase, por cuyo motivo está en¬ tre coma y coma, que equivale á un paréntesis, y entonces la verdad de nuestro dicho estará en su lugar. Pero no, ¡ líbrenos Dios de intentar cosa semejante!

Conste, sin embargo, que de las muellísimas personas que han leido nuestro escrito, nadie ha dado á la consabida frase la interpretación de La Adelphia, sino que le han dado la que le es propia y genuina por 110 ofrecer la menor difi¬ cultad. Démosla, pues, á conocer á nuestro contendiente: l Acaso puede suponerse que un verdadero católico, sea ó no sacerdote, que si se confiesa es porque quiere y solo porque quiere ?....

"¡Qué argumento!" exclama después La Adelphia: él podrá ser muy convincente para el Sr. Dean del Cabildo Catedral, pero no lo es para nosotros, que 110 tenemos esa fé."

Recuerda después una frase del Sr. Castelar en las Córtes españolas, " cuando probó que á raiz de haber bendeci¬ do Pió IX una estación de ferro-carril en Roma, fué ésta consumida por un incendio"; añadiendo: "recordaría mu¬ chos casos análogos de penitencias y confesiones y confe¬ sionarios y absoluciones, á no temer los rigores de la actual ley de imprenta "

Sépanlo La Adelphia y toda la Masonería: el argumen¬ to de haberse confesado in artículo mortis y sido absuelto el Padre Melendez es y debe ser tan convincente para todo fiel católico como para el Dean: y tanta fuerza tiene, que por eso " sin duda " La Adelphia no ha intentado siquiera entrar en él para destruirlo; porque 110 puede.

Lo que lia hecho es valerse de esos medios que, por lo muy gastados, ya no sirven de prueba para la gente séria, que piensa y discurre sin pasión y con calma.

¿ Qué valen para el caso el dicho del Sr. Castelar y de¬ más que á La Adelphia le vinieron á la memoria? Solo sirven para hacer reir baldonamente al incrédulo y excitar la compasión del verdadero creyente; máxime si, al cora-

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parar el catolicismo del eminente orador parlamentario con el de La Adelphia, se encuentran poco más ó menos en el mismo grado....

El catolicismo de La Adélphla se trasparenta, ó mejor, aparececon toda claridad, sabiendo que son suyas estas palabras: "El ser masón es una cualidad que á juicio nuestro no puede borrarse cou una absolución, ni con media docena tampoco, en el caso de que el P. Melendez la hubie¬ ra solicitado, aceptando el hecho, inaceptable, de que el ser masón fuese pecado.

" El IL\ Melendez pudo morir como católico y como masón, pues nada perjudica lo uno á lo otro, y no es nues¬ tra culpa si á creer esta verdad, por convicción ó interés, se resiste el Clero."

Conque ya lo saben nuestros lectores. Ajuicio de La AdelpMa, la cualidad de masón no puede borrarse ni con una absolución, ni con media docena.... en el caso inacepta¬ ble (?) de que el ser masón sea pecado.

Permítasenos preguntar: ¿ Quién ha de definir si el ser masón es ó no pecado, católicamente hablando, y en el caso de serlo si puede ó no borrarse con la absolución sa¬ cramental ? ¿ La Adelphia, ó el Papa ? ¿ la Masonería, ó la Iglesia ? i los masones, ó los obispos ? La respuesta no puede ser dudosa al imparcial lector.

Todo hombre de sano criterio, porque el mismo senti¬ do común lo dicta, dirá desde luego: el Papa, la Iglesia, los Obispos. Dada esta respuesta, huelga ya el preguntar: " Si el P. Melendez pudo morir como católico y como ma¬ són," por más que afirme magistralmente La AdelpMa que así sucedió; estoes, que murió siendo á la vez católico y masón; y por más que añada con el propio tono: "puesnada perjudica lo uno á lo otro."

Conste que en el opúsculo " El masonismo condenado por la doctrina católica " se hace esta pregunta: ¿ se puede ser á la vez católico y masón ? "Imposible. " Tal es la res¬ puesta que se da en seguida.

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Conste también que tan categórica respuesta ba mere¬ cido siempre la aprobación de la Iglesia; cuya aprobación -en consecuencia necesariamente entraña la condenación ó reprobación de lo que sustenta La Adelphia, esto es: que puede uno morir siendo á la vez católico y masón.

La doctrina de La Adelphia es protestantismo puro, como habrá podido observarse; principio funesto, que aún con más claridad que hasta aquí revela posteriormente con estas palabras y otras parecidas: " Cada hombre fué do¬ tado por Dios de razón propia, y ¿ cómo subordinar esta razón en materia puramente defé al ajeno criterio?"

I Qué contestación cabe aquí para el sacerdote católico ? Ninguna: compadecer á los que padecen tanto extravío, y rogar á Dios por ellos.

Dícenos después que, " á estar autorizada podría citar los nombres de muchos miles de sacerdotes que son católi¬ cos y masones y (pie con serlo se enorgullecen.... ; que en elmismo Vaticano los hay también cubiertos con el capelo cardenalicio ; que en sus Talleres, la Masonería ha vis¬ to y ve todos los dias de simples obreros á los príncipes de los Imperios más jjoderosos del mundo.... ; que bajo las augustas bóvedas de sus Templos caben todos los hombres libres y de buenas costumbres, cualesquiera que sean sus creencias religiosas....; que á sus adeptos solo exige moralidad, honradez y filantropía....; acusando al Papa Olemente XII, á sus antecesores y sucesores, de falibi¬ lidad, ignorancia ó marcado interés, confundiendo á los Francmasones con los Carbonarios y Jesuitas, al considerar la Masonería entre otras tantas sociedades secretas."

Así habla de los Papas, con ese respeto, La Adelphia... ] Cómo hablaría de ellos si 110 temiese, según dice, los rigo¬ res de la actual Ley de imprenta!....

Al estampar sus últimas palabras, ocúrresenos pregun¬ tar : ¿ Pues si la Masonería no es sociedad secreta, que por haberla declarado tal la Iglesia, tan enfurecida contra los Papas se revuelve La Adelphia, ¿ por qué no cita por sus

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■propios nombres á los muchos ó pocos sacerdotes que dice son masones, aunque estén cubiertos con la púrpura cardenali¬ cia? Ese forzoso mutismo, esa imposibilidad de revelar nombres demuestra á todas luces que es sociedad secreta y no otra cosa la Masonería, por más que no quiera La Adelphia que así se lallame.

Ni ese forzoso mutismo, ni esa imposibilidad de revelar nombres existe en la nunca bastante bien ponderada y siempre lieróica Compañía de Jesús.. Por eso no la han puesto los Papas "entre las sociedades secretas", por más que así lo signifique La Adelphia, sin duda con fin no muy santo; de otra suerte no se explica el por qué sacar á relucir á los Jesuítas en el presente caso. No; los Papas no lian puesto á los Jesuítas entre las sectas secretas que lian con¬ denado, sino entre las Órdenes religiosas que, de más valer en todos sentidos, lia tenido y tiene la Iglesia; y esto lo sa¬ ben muy bien La Adelphia y toda la Masonería.

Moralidad y honradez " exige á sus adeptos la Maso¬ nería ?

Prescindamos de la que pueda haber en los seglares, que á ella se afilien, aún siendo príncipes de los imperios más poderosos del mundo, dado que los haya.

Fijémonosúnicamente en la que podrá haber en los poquísimos y desgraciados sacerdotes que á ella hayan dado sus nombres. Sí; poquísimos, decimos: pues jamás podrémos convenir en que sean muchos miles por más que lo ase¬ vere La Adelphia, fundándonos en el siguiente dato: En Puerto-Rico, por término medio, suele haber unos doscien¬ tos sacerdotes, y de este número solamente cuatro nos cita con el P. Melendez, y estos muertos.... que de seguro si pudiesen hablar, algo dirían para justificarse; pero han muerto

(R. I. P.)

Suplicamos nos responda categóricamente y sin rodeos La Adelphia.

I Admite que pueda haber moralidad y honradez en la

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persona, sea quien fuere, que falte á la santidad del jura¬ mento que solemnemente tiene prestado ?

I Admite que pueda liaber moralidad y honradez en la persona que percibe y detenta lo que legítimamente no le corresponde ?

¿ Admite que pueda haber moralidad y honra lez en la persona soberanamente hipócrita?

Segurísimos estamos que, puesta su mano en el cora¬ zón, nos dirá La Adelphia:

No; no puede haberla ; imposible que la haya en nin¬ guno de los tres casos propuestos ; porque otra respuesta no cabe, digna y racionalmente hablando.

Pues bien: sépalo La Adelphia, si es (pie lo ignora. El sacerdote, al recibir el orden sagrado del sacerdocio, 2>romete solemnemente reverencia y obediencia á su Prelado y legítimos sucesores: esto es, á la Iglesia personificada en su Prelado. De consiguiente, al ingresar en la Masonería, falta á la obediencia prometida á la Iglesia, en su Prelado ; esto es, se convierte en perjuro se separa de la Iglesia y del Papa, "porque si un católico ó un judío entra since¬ ramente en la Masonería, no puede estar al lado del Papa ó de Moisés." (La Francmaconeríe sumise á la publicité, pág. 30).

Sepa, además, que el sacerdote, al recibir la institución canónica de un beneficio, sea simple ó curado, presta ante su Prelado la protestación de fó y jura verdadera obedien¬ cia al Vicario de Jesucristo, aceptar y profesar todo lo en¬ señado, defiuido y declarado por los sagrados cánones y concilios ecuménicos ó generales; y jura también conde¬ nar, rechazar, anatematizar todo lo que condena, rechaza y anatematiza la IglesiaSepa también La Adelplúa, y fíjese cuanto pueda, por lo mucho que interesa en el presente caso, que los Sres. Ca¬ pitulares de esta Santa Iglesia Catedral, al tomar posesión de sus Prebendas, puesta la mano sobre el libro de los San¬ tos Evangelios, arrodillados delante de Jesús Crucificado, 4

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y en presencia de todo el Cabildo, dicen : "Juro. á societatibus occultis, sacris Canonibus et Regni legibus reprobatis, atquc damnatis álienus semper et extraneusfui et in futurum ero"....

I Qué consecuencia forzosamente lógica se deduce de los irrecusables datos que acabamos de suministrar?

- Que si en la Masonería se cuentan, según La Adelphia, muchos miles de sacerdotes que, como hemos dicho y pro¬ bado, no serán tantos, cuenta la Masonería con muchos mi¬ les de perjuros; con muchos miles de detentadores injustos de lo que no es suyo; porque, como excomulgados, no han hecho nada suyo de lo que han percibido como sacerdotes, sea por razón de derechos, de estola y pié de altar, emolu¬ mentos y rentas de sus beneficios, prebendas ó canonicatos; obligados por consiguiente dejusticia á la restitución en la manera y forma que tiene establecida la Iglesia; y cuenta por fin con muchos miles de solapados hipócritas que con razón puede llamárseles " sepulcros blanqueados " y " lo¬ bos cubiertos con piel de oveja," como decía Nuestro Se¬ ñor Jesucristo de los Fariseos

Porque al paso que tienen obligación de predicar, y predican á los fieles los terribles efectos de las graves cen¬ suras con que la Iglesia condena los grandes pecados, ellos, ¡desgraciados! se encuentran de lleno incursos en aquel dolorosísimo ¡¡¡ayü! que arrancó del corazón amorosísimo de Jesús el traidor discípulo, al decir de él: " mas le valiera no haber nacido ".... ( Mat. 26-21).

Es muy consecuente ahora preguntarse cada uno á sí mismo:

Si tanta moralidad y honradez se encuentran en esos infelices miembros de la Masonería, ¿qué será la Masone¬ ría ?....

Nosotros lo que podemos decir es, que si falta de mo¬ ralidad y honradez, hablando en sentido católico, encontra¬ mos en el que, ligado con la palabra de fidelidad, que diera ante los altares, á la que en nombre de Diosla Iglesia le

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entregó por compañera, liace entrega de su corazón, en mala hora, á una amalle, cortesana, menos, muchísima me¬ nos moralidad y honradez sabemos ver en ésta, ofreciendo sus hechizos y sus gracias á cuantos, con el fin de aceptár¬ selos, penetran los umbrales de su casa.

Dícesenos después: que " si honras, conforme á su ran¬ go, se tributaron al P. Melendez en la Santa Iglesia Cate¬ dral,también como masón le tributó las suyas la Masone¬ ría;... que para La Adelplúa lo déla absolución no tiene validez absolutamente;. que si en exterioridades fuese á fundar sus creencias, le bastaría citar, entre muchos, el ejem¬ plo de Santiago Blandí, que murió católico y masón, y se le hizo un lucidísimo entierro de primera clase, con Cruz al ce¬ menterio que, de paso sea dicho, añade, costó trescientos y pico de pesos á su virtuosa familia) y que no dejó de lle¬ vársele á la Iglesia, porque públicamente se le hicieron los honores correspondientes á su jerarquía masónica, los cua¬ les se volvieron á repetir en el cementerio", y fundándose en esta gran prueba, continúa como en son de triunfo: " Por eso, repetimos, que si se puede ó 110 morir católico y masón á la vez, es cuestión de más ó menos exageración de creencias dentro del mismo Clero, cuyas creencias respeta¬ mos en todo el inundo, en cambio de exigir en justa re¬ ciprocidad respeto para las nuestras. ¿ Habrá nada mássencillo, ui más lógico?"

No debe perderse de vista nunca que la bandera de la Iglesia nuestra Madre lleva siempre escrito este lema de su Divino Fundador: " Qui non est mecum contra me est." (Mat. 12-30), enteramente opuesto al de la Masonería quer según ya sabemos por lo que nos ha dicho La Adelphia, en los pliegues de la suya caben todos los hombres libres y de buenas costumbres, " cualquiera que sean sus creencias re¬ ligiosas". lió ahí la razón potísima porque, siendo lógicos los primeros y los segundos, esto es, los católicos y los ma¬ sones, pueden estos hacer sus luctuosas ceremonias á los que crean que son sus afiliados; al paso que á aquéllos les

(28) es absolutamente imposible celebrar exequias ú honras fú¬ nebres á los masones, sea cual fuere su rango ó jerar¬ quía ; constáncloles á ciencia cierta que lo eran en vida, y que en la hora de su muerte no se reconciliaron con nuestra Madre la Iglesia por medio de la confesión sacramental.

Porque no constaba al Cabildo Eclesiástico que fuese masón el Padre Melendez, le hizo las honras fúnebres que le correspondían ; de lo contrario, se hubiera visto privado, bien á su pesar, de poderle ayudar eu algo, si lo necesitase su alma, con tan poderosos sufragios: es más: se habría visto obligado á pedir en debida forma la separación de su seno, aunque mucho, muchísimo lo hubiese sentido, por aquello de que " es menester obedecer á Dios antes que á los hombres", ( Act. 5-29 ) y de que el obedecer á la Iglesia es obedecer á Dios. " Qui vos audit meaudit". (Luc. 10-16).

Con lo dicho, y sabiendo que Dou Santiago Blanch se confesó eu la hora de su muerte, queda completamente deshecho el argumento con que La Adélphia pretende po¬ ner en contradicción el proceder del sacerdocio católico: achacando esa contradicción, que ella creyóhabía, á más ó menos exageración de creencias dentro del mismo Clero.

Rectifique La AdelpMa su parecer, y entienda que en las cosas de fe no puede haber más ni móuos. Todos, ab¬ solutamente todos los católicos, sacerdotes ó seglares, tra¬ tándose de cosas de fe, han de creer lo mismo: todolo que nuestra Santa Madre Iglesia como de fe nos propone. De ahí el celebérrimo dicho del Gran Doctor San Agustín: " In esentia unitas."

Como de paso, añade La Adélphia aquello de los " tres¬ cientos y pico", y entre paréntesis, como quiennada dice, para llamar más la atención; seguramente por la equivo¬ cada idea que del Clero tiene formada, tratándose de ocha¬ vos. Sepáse que, á no haberseconfesado el Sr. Blanch, y constándole á ciencia cierta al Cura que era masón, no se le hubiese hecho el entierro en la Iglesia, ni sus restos se hubiesen inhumado en sagrado por los trescientos y pico

(29) de pesos, (que, dicho sea también de paso, muy exigua par¬ te de ellos tocaría al Sr. Cura) ni tampoco por trescientos mil, por no decir millones.

I Quiere convencerse de lo que es el Clero católico con respecto á ochavos, cuando se trata de su dignidad y de los sagrados derechos déla Iglesia? Fíjese en la lucha titᬠnica que por largos años ha venido sosteniendo en Alema¬ nia; en la no menos heroica que sostiene actualmente el de Italia y Francia, y en la gloriosísima que el sufridísimo Clero Español sostuvo después de la revolución de Setiem¬ bre de 18G8, cuando se negó rotundamente, y por unanimi¬ dad, puede decirse, (pues á cien no llegaron los juramenta¬ dos ) á jurar la Constitución de 18G9, con condiciones ó sin ellas. Cardenales, Arzobispos, Obispos, Cabildos, Curas y religiosos, todos estuvieron en su puesto de honor. Se quiso dar á entender en pleno Parlamento que el Clero ju¬ raría la Constitución, si el Gobierno se negaba á satisfacerle la relativamente corta asignación que de justicia se le debe y que solemnemente tenía garantida en el Concordato, es¬ trechándole de esta manera por el hambre, y así se acordó. I Pero cuál fué el resultado? Que el Clero 110 juró; que todos los Prelados, Curas, Sacerdotes y religiosos tuvieron que arbitrarse como les fué posible para 110 morir de ham¬ bre, de los cuales, sin embargo, de hambre algún os llega¬ ron á morir. Pero el Clero español 110 juró la Constitución. Conste que tampoco la juró ninguno délos sacerdotes de esta diócesis; porque, alentados por su dignísimo Prela¬ do, Sr. Obispo Carrion (Q. G. Gr.), manifestando desde Ro¬ ma, donde á la sazón se hallaba con motivo del Santo Con¬ cilio Ecuménico del Vaticano, que él no quería jurar la Constitución, ni con condiciones, ni sin condiciones, llegado que fuese el caso, liízolo así presente el que escribe estas lí¬ neas al CabildoCatedral y á los Curas, y respondieron to¬ dos de conformidad. Llegado el momento en que por man¬ damiento de la Superioridad de la Isla se ordenaba jurar á todas las clases perceptoras del Estado, y enterada por el

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que suscribe de la resolución delClero de la Diócesis en masa, (era Clero español, y no podía obrar de otro modo); con el fin de evitar el conflicto consiguiente que tan dolo¬ rosos efectos, aun para el mismo Gobierno, produjo en la Península, dejóse sin efecto el juramento del Clero, y el Clero de esta Diócesis no fué llamado á jurar la Constitu¬ ción.

Otro dato:

Para alivio de las desgracias ocurridas por los temblo¬ res de tierra en Noviembre y Diciembre de 1867, se acordó contribuí eran todas las clases perceptoras del Estado con dos días de haber, desde el Capitán General hasta el último soldado: el Clero todo, desde el Obispo hasta el último Sa¬ cristán Pbro., dejó el haber de quince días, ó de medio mes. ¿ Comprende ahora La Adelphia lo que es el Clero ca¬ tólico, tratándose de ochavos y de su dignidadf "Respeto á sus creencias" pide La Adelphia. Conve¬ nido. " En justa reciprocidad. " Convenido. ¿ Pero res¬ peta acaso ella las de los católicos, cuando enseña pública¬ mente que uno puede morir siendo á la vez católico y ma¬ són, y, lo que es muchísimo más grave, publicando que el P. Meleudez murió realmente siendo á la vez masón y sa¬ cerdote católico ?

Si La Adelphia no hubiese mortificado nuestras creen¬ cias con semejante publicación, nosotros, quizá, no nos hu¬ biéramos atrevido á salirle al encuentro, mortificándole en las suyas, si es que en algo las hayamos mortificado. Conste, pues, que en nada, absolutamente en nada, liemos pretendido mortificar ni á La Adelphia ni á nadie: y sí solo oponer con las formas requeridas doctrina católica á la an¬ ticatólica por ella sustentada.

Diez ú once párrafos dedica La. Adelphia á probar que el P. Meleudez, siendo pobre, pudo ejercer la caridad.

¿ Y quién ha dicho lo contrario ? Lóase nuestro primer escrito y se verá que lo que quisimos probar, y probamos, es, que no pudo ejercer la caridad en grado eminente, por

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lxaber dicho La Adelphia que el P. Melendez era "eminente¬ mente caritativo." Convenimos con La Adélplúa en que elP. Melendez, á pesar de sus estrecheces, pudo ser y fué caritativo; que la caridad del imbre delante de Dios (siem¬ pre que se haga cual corresponde) podrá ser más meritoria que la del rico.

¿ Quién ignora el elogio que de la limosna de la pobre viuda (dos pequeñas piezas de cobre, como si dijéramos, dos ochavos) hizo el Divino Salvador, diciendo á sus discí¬ pulos : " en verdad os (ligo que más echó esta pobre viuda, que todos los otros que echaron en el arca?" [S. Mareos 12-43].

Pero advierta La Adelphia que Jesucristo, sin embar¬ go de elogiar dicha limosna, no dijo que la pobre mujer viuda que la hizo fuese eminentemente limosnera ó cari¬ tativa: y de seguro que nadie tampoco le habría dado semejante calificación en ningún tiempo, ni se la dará ; por¬ que lo que es de sentido común nunca varía. Es verdad también lo que dice La Adelphia, y pone como por via de ejemplo, " acerca de no ser tan meritorio á los ojos de Dios, si el Dean de la Catedral diese á los nece¬ sitados parte del relativamentesoberbio sueldo de que goza, como aquel que partiese con un infeliz el único pan que tuviera."

¿A qué semejante ejemplo? ¿Xo bastaba lo dicho para saberse lo que vale la limosna del pobre á los ojos de Dios?

Algo había de decir La Adelphia para agradar y dis¬ traer á su clientela, á falta de pruebas con que destruir el escrito de ese mismo Dean que con tanto brío prometió refutar.

Ella creerá, sin duda, que lo ha conseguido; mas el público sensato ó imparcial indudablemente no será de su misma opinión.

¿ Quiere saber lo que hace ese Dean con su asignación

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<5 renta, pues como no es empleado, tampoco puede recibir sueldo ?

Le dirémos, primero; que lo que gana ese Dean lo gana tan de justicia como el (pie más; porque tocante á cumplir cou su deber para ganarlo, no cede ni una línea al mismo Rey de la Masonería, si es que Rey tenga, que lo ignoramos; y segundo, que con seguridad io invierte todo de una manera muy distinta que los Masones lo suyo, aun aquellos que gozan de un sueldo muchísimo más soberbio, (que no serán pocos), que el calificado por La AdelpMa de "relativamente soberbio."

" El Beneficium accipere, libertatemvendere" de los antiguos que se nos recuerda, para los cristianos se ba eva¬ poradocompletamente y deshecho como el humo, desde que el Divino Salvador, á quien no puede llamarse " Gran Fi¬ lántropo", como hace La Adelphia; por no ser hombre solo, sino "Dios y hombre verdadero", siendo la misma caridad " Deus charitas est" [ T.1 Joan.—4-8 ], vino al mun¬ do, constituyéndose fiador de todos lospobres, "Amen dico vobis, quamdiu fecistis uni ex bis fratribus meis minimis mihi fecisfis" [ Mat. 25-40 ] para dejarlos absoluta¬ mente desobligados, al recibir la limosna ó beneficio cual¬ quiera en su nombre; en cuyo nombre la dan los cristianos para practicar la caridad. Pues sabiendo que la filantropía es dar al hombre por amor al hombre y no por el amor de Dios, por amor de Dios socorren siempre las necesidades espirituales ó corporales de los pobres.

Eso de "desheredados de la fortuna" es frase que no ha inventado ni usa el catolicismo; el nombre de pobre no deshonra á nadie; y si antes hemos convenido en que el pobre puede muy bien ejercer la caridad, es inútil entrete¬ nernos en discutir si aquellos pueden ó no practicarla.

Que "la caridad no puede circunscribirse á la limos¬ na", dícesenos también.

¿Quién duda de ello? ¿Acaso todo católico no tiene obligación de saberlo desde su niñez ? ¿ Qué son las cator-

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ce obras de misericordia, siete espirituales y siete corpora¬ les, que cuaudo uiños aprendimos en el catecismo, más que obras de caridad?

Recuerde La Adelphia el motivo que hemos dicho an¬ tes nos impulsó á escribir nuestra carta al Sr. Director y ofrecérnosle como muy atento servidor y humilde Capellán, y se convencerá uua vez más de que nunca pensamos ¡ lí¬ brenos Dios! de circunscribir la caridad á la limosna.

Parece se mortificó La Adelphia con la indicación que hicimos en nuestro escrito de que la Masonería no asistiría de seguro al P. Melendez en sus muchas y dilatadas nece sidades por las razones que apuntamos, cuando se nos dice: "Tenemos el honroso convencimiento de haber cumplido con nuestro deber con el P. Melendez, quizás y sin quizás como 110 lo cumplieron sus compañeros de sacerdocio." Mas no sabemos ver el porqué cree haber cumplido con el P. Melendez la Masonería quizás mejor de lo que lo hicieron sus compañeros de sacerdocio, pregonándole La Adelphia " eminentemente" caritativo; debiendo saber que primero deben cumplirse los deberes de justicia que los de caridad, como vulgarmente se expresa con esta frase: "primero es la obligación que la devoción"; porque de¬ mostró ignorar el repetido periódico que pesaban sobre dicho Padre 110 pocos de los primeros, los cuales indudable¬ mente hubiéranse podido atender algún tanto por el refe¬ rido Padre á no haber practicado la caridad en grado emi¬ nente, como insiste La Adelphia, que así la practicó. Nada decimos al " Quién sabe si el P. Melendez en medio de sus privaciones hizo muchos más beneficios que otros sacerdotes de grandes sueldos por ser ministro de Dios, y que nunca tal vez tienden uua mano caritativa á sus correligionarios que sufren"; ya porque nada prueba para el caso este lamento; ya por evitar comparaciones que siem¬ pre son odiosas.

Por otra parte, al observar que La Adelphia proclama tan á voz en cuello y con el calificativo "eminente" la cari5

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dad del P. Melendez, creemos ver algo que nos revela que la caridad que la Masonería practica, ó cree practicar no es tan á puertas cerradas ó callanditamente, como se pretende sig¬ nificar con esta frase: " nosotros que de otro modo eutende¬ mos la caridad masónica; nosotros que jamás divulgamos lo que hacemos";.... porque si lo que se lia dichodel P. Me¬ lendez en La Adelplúa no es divulgar, confesamos ingenua¬ mente que no entendemosel significado de la palabra.

Aquí da por terminada la refutación de nuestro escrito La Adelplúa.

Si consiguió ó no su propósito, la opinión pública lo dirá.

Pasa en seguida á otro orden de consideraciones ( no sabemos porqué) y antes de entrar en ellas, dice necesita hacer una aclaración, que sinduda es la siguiente:

" La Masonería 110 es una secta, como presume el se¬ ñor Dean." Ao; el señor Dean no lo presume, lo afirma; por la muy sencilla, pero potísima razón de que así lo en¬ seña la Iglesia por medio del Concilio Vaticano, diciendo:

" Declaramos sujetos á excomunión latee sentmtiee reserva¬ dla al sumo Pontífice.... los que se llaman masones ó " carbonarios, ó pertenecen á sectas de este género.... ¿ ISTo tiene La Adelplúa á mucha honra usarlas pala¬ bras que úsala Masonería; pues porqué ha de llevará mal que los católicos usemos las de nuestra madre Iglesia ?

Como si no nos hubiese dicho antes de ahora lo que á su entender es la Masonería, lo reitera, aunque con distin¬ tas palabras, sin duda para tener el gusto de repetir otra vez que no es secta secreta "como la de los Carbonarios y la de los Jesuítas. "

l Qué tendrá La Adelplúa con los Jesuítas, que sin ve¬ nir al caso en nada, ni por nada, dos veces los trae en su escrito, dándoles el calificativo de secta secreta?

Pues 110, señor; los católicos 110 podemos complacer á

La Adelplúa, porque la Iglesia 110 los califica de secta se¬ creta, ni el Concilio Vaticano, ni ningún Papa los pone

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antes, ni después de los Carbonarios, como hace con la Ma¬ sonería. Los católicos todos proclamamos con todas nues¬ tras fuerzas que los Jesuitas son una órden religiosa: sin disputa la más insigne entre las más insignes; la más bata, lladora entre las más batalladoras; la más heroica entre las más heroicas; por cuyos títulos tan honrosísimos como merecidos es constantemente el blanco á donde, en primer término, dirigen sus tiros la Masonería y los enemigos to¬ dos do la religión católica.

Que "la historia de la Masonería es inmaculada" lo afirma muy resueltamente La AdelpMa; pero de seguro que nuestroslectores 110 opinarán como ella, recordando lo que lógicamente resulta ser, cobijando bajo su bandera á muchos miles de peijuros, de detentadores de lo que no es suyo, y de solemnes hipócritas. Contráyeudonos sin embargo á este particular y demás con que pretende enaltecerla, aconsejamos á nuestros lec¬ tores pasen la vista, cuando puedan, á lo que acerca de la Masonería han escrito plumas tan competentes como la de ü. Vicente de la Fuente, Catedrático de Derecho de la Uni¬ versidad Central, en su obra " Historia de las sociedades secretas la del admirable joven Catedrático de literatura española de la propia Universidad y miembro de la Real Academia española, D. Marcelino Menendez Pelayo, en su obra " Heterodoxos españoles", calificada de maravilla de erudición y saber por el distinguido hombre público señor Cánovas del Castillo. Vean también " La Masonería por dentro", colección de artículos publicados por el periódico de Madrid El Siglo Futuro, y la otra colección del periódico habanero, valiente defensor de la causa católico-española en la grande Antilla. La Tos de Cuija, publicados por su denodado Director D. Rafael de Rafael. Basta la simple lectura de dichas producciones para saber perfectamente lo que la Masonería ha sido y es en general; pero sobre todo en la España de uno y otro mundo.

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Como ou las indicadas producciones no puede encon¬ trarse nada de lo ocurrido hace poco en la Madre Patria, es muy del caso que algo se indique.

j Qué acaba de pasar en Badajoz, en Barcelona, en la Seo de Urgel, y en otros puntos ? ¿ Qué grito se ha dado allí ? ¿ Quién se dice de público, que dió el santo y seña ? ¿ En dónde se encuentra el hombre, cuya voz, se dice, pro¬ dujo esos levantamientos? ¿En dónde está ese hombre á quien también se atribuye lo ocurrido en Francia con nues¬ tro católico Monarca ? ¿ Qué dijo el Ministro de la Guerra Sr. Martínez Campos á sus subordinados con respecto á las Sociedades secretas? ¿ l'or qué?

Todo es público y notorio, porque la prensa española se ha encargado de manifestarlo con toda claridad, en cum¬ plimiento de su deber.

Los dolorosos hechos apuntados, tan dolorosos como criminales, son conocidos de todos; así como que su inspi¬ rador es de un grado muy alto en la Masonería; de consi¬ guiente, nada decimos nosotros.... Como queriendo realzar más la Masonería sigue La Adelpia: " No la afean lunares como la horrible noche de San Bartolomé y las Vísperas sicilianas, ni recuerdos como los de los Borgias, ni siglos de horrores como los que han dejado huellas de sangre con la Inquisición. Ella no cuen¬ ta un solo hecho de ningún masón regicida. "

l Qué tiene que ver todo eso con lo del P. Melendez ?

I Con eso se refuta que al morir 110 era Cara de Nuguábo, ni eminentemente caritativo, ni masón f

l Qué pretende con todos esos argumentos de relum¬ brón ahora La Adelphia f ¿ Probar lo inmaculada que co¬ mo antes nos ha dicho es la Masonería ? Pues por toda contestación, que satisfará cumplidamente al juicioso é im¬ parcial lector, aunque no mucho á La Adelphia, repetimos : Hojéense las obras citadas que extensamente tratan de la Masonería con toda imparcialidad y á la luz de la severa crítica, y de seguro que después de leídas extrañará el lee-

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tor sobre manera que con tintas tan suaves pretenda pintar¬ nos La AdelpMa á la Masonería.

¿ Pretende mancillar quizás con ellos á la Iglesia Cató¬ lica? Con seguridad puede afirmarse que tal fué su inten¬ to. Pues bien; como tales argumentos y otros, que esti¬ marán en mucho los prohombres de la Masonería, están completamente calcinados desde que apareció en nuestra madre Patria la obra inmortal del insigne filósofo y sacer¬ dote Don Jaime Palmes " El Protestantismo comparado con el Catolicismo", allí remitimos á nuestros lectores y hasta á la misma AdelpMa. ¿ Qué podríamos añadir nos¬ otros á las tan profundas como irrefutables pruebas de tan eminente publicista? M una tilde.

Agradecemos el ofrecimiento que se nos hace de que, si queremos, nos dirá La AdelpMa " los Papas (pie lanza¬ ron excomuniones contra la Masonería." Creemos saberlo, y esto nos basta.

Sí, hubiéramos agradecido senos indicaran "las fra¬ ses poco evangélicas y poco mansas " que se nos dice pusi¬ mos en nuestro primer escrito, y " á las cuales no se quiere contestar."

Con verdadero cuidado hemos leido y releido dicho es¬ crito, y no hemos atinado cuáles puedau ser dichas frases para retirarlas, siéndonos posible. ¿Son estas quizás? " Con toda seguridad afirmo que, si hablar pudiese el Pa¬ dre Melendez, declinaría toda la honra que ha pretendido hacerle La AdelpMa, publicando lo que de él ha dicho ; por considerar su elogio como el estigma más denigrativo é infamante con que haya podido ofendérsele, antes y des¬ pués de su muerte ?"

¿ Son estas quizás, repetimos, y las que siguen, decla¬ rándonos de conformidad con esta idea en unión de todos los dignos compañeros de Cabildo y de Sacerdocio?

Suponemos serán estas, y lo sentimos; porque tenemos que sostenerlas forzosamente. Si son otras, declaramos in¬ genuamente que no atinamos cuáles puedan ser.

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¿ Por qué, quizás se pregunte, tienen forzosamente que sostenerse dichas frases!

Salvemos ante todo la intención de La Adelphia, cre¬ yendo que no pensó ofender en lo más mínimo la memoria del Padre Melendez, haciéndole su elogio como masón.

¿Mas ahora que La Adelphia sabe los juramentos que una, y otra vez prestara, y que conoce las dolorosas y gra¬ vísimas consecuencias que en contra su dignidad, contra su moralidad y contra su honradez, como sacerdote, lógica¬ mente se desprenden de su proceder, habiendo muerto siendo masón, como La Adelphia ha defendido, persiste aún en que tales frases son poco evangélicas y poco mansas ?

" Sigue progresando, senos dice, la masonería é ingre¬ sando en ella todos los sabios del Universo, á medida que se hacen libre-pensadores, y se entronizalibremente en el mundo entero, á medida que Boma, su eterna perseguidora, ha perdido el poder temporal."

Sinduda entenderá La Adelphia por todos los sabios del Universo,los que piensan como ella.

Los sabios, entiéndalo bien La Adelphia, los verdaderos sabios son los que huyen cada vez más y se apartan de la doctrina de libre examen por la perturbación que en los es¬ píritus y en la sociedad engendra, como con tanta profun¬ didad ha demostrado Balines, en su precitada obra " El Protestantismo comparado con el Catolicismo."

lío hay porque ponerlo en duda, y es muy lógico; los sabios antes preferirán estar con Balmes que con La Adel¬ phia; y de consiguiente antes con el catolicismo que con la masonería.

I Quiere pruebas de nuestro aserto ya que del suyo no las dá La Adelphia ?

Pues ahí van : La estadística en Alemania, en Ingla¬ terra, y en los Estados-Unidos, que son los puntos donde más se extendió antes de ahora la doctrina del libre exámen, arroja una cifra siempre creciente de conversiones al Cato¬ licismo.

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Como prueba, y por no alargar demasiado este escrito, concretándonos á lo que pasa en el país que se dice el más libre del mundo, los Estados-Unidos, vamos á copiar lo que dice el periódico anticatólico de la gran República Norte Américana, "The New-York Grapbies."

Estas son sus palabras: "En el año de 1850 existían en los Estados-Unidos de la América del Norte 6 Arzobis¬ pos Católicos, 27 Obispos, 1800 Sacerdotes y 91 Academias para niñas.

Hoy la Iglesia Católica presenta en los Estados-Uni¬ dos la siguiente estadística: 15 Arzobispos, de los cuales, el de Nueva-York es Cardenal, 59 Obispos, 8634Sacerdo¬ tes, 5448 iglesias, 58 Seminarios de teología con 1121 Semi¬ naristas teólogos, 74 Colegios y 519 Academias católicas. El número de fieles católicos en el año 1850, era de tres mi¬ llones; boy se eleva su cifra al mínimum de diez millones. Diez y siete Obispos son nacidos en los Estados-Unidos. Las principales Iglesias católicas de nuestras grandes ciu¬ dades son verdaderos monumentos de arte, las Catedrales de Boston y de Nueva-York serán siempre consideradas como modelos de Arquitectura que atestiguarán á los siglos futuros el desinterés y la perseverancia de los católicos.

Reunidas todas las galerías artísticas de los Estados-Uni¬ dos con todos los objetos que contienen, no valen nada, absolutamente nada, si se comparan con los tesoros de ar¬ quitectura, pintura y escultura que se encuentran en las Iglesias católicas del país."

Esto no es decir solamente, como hace La Adelphia; es probar; es demostrar: prueba y demostración irrecusa¬ bles por ser, no nuestras, sino de un periódico que no pro¬ fesa el Catolicismo, que es Protestante.

El dicho de La Adelphia pintándonos los progresos y bellezas de la masonería, mientras no se pruebe y demues¬ tre por otro conducto imparcial y desinteresado, debe ser siempre recusable y considerado como sospechoso.

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¿ Qué caso, pues, podemos hacer de lo que se nos ha dicho ?

En Italia, en Francia, en Bélgica y Suiza y en todas partes los verdaderos sabios como Menéndez Pelayo, que por tal lo tiene el mundo sabio, sin embargo de ser muy jo¬ ven, someten sus escritos á la censura eclesiástica con estos términos, ú otros análogos: " Todo lo contenido en estos libros, desde la primera palabra hasta la última, se somete al juicio y corrección de la Santa Iglesia Católica, Apostó¬ lica, Romana, y de los superiores de ella, con respeto filial y obediencia verdadera." Así termina el Sr. Menéndez Pela¬ yo la obra que, como se ha dicho, ha calificado "de maravi¬ lla de erudición y saber" el muy competente Sr. Cánovas del Castillo.

¿Son sabios los Catedráticos de las Universidades?

Sépalo, pues, La Adelphia: los más confiesan y comulgan públicamente, sin avergonzarse de manifestarse católicos á la faz del mundo entero. Notorio es que la Universidad toda ó Instituto de Salamanca, con el Rector á su cabeza y vistiendo toga y birrete de Catedráticos, fueron procesionalmente á ganar el jubileo, visitando el Cuerpo. de Santa Teresa de Jesús, y recibiendo la Comunión con el mismo traje de ceremonia. Tan consolador acontecimiento es del año próximo pasado.

" ¿Qué responderán la verdad y la lógica ante la realidad de los hechos?" preguntaremos nosotros también á La Adelphia ?

Que " el Papa está sin el poder temporal, y que su Corte ha de recibir hospitalidad del Rey de Italia, su ene¬ migo", también se nos dice.

¿ Qué prueba esto ? Solo una cosa: El poder de la revolución; el poder de las masas soliviantadas por unos cuantos no saMos, sino osados que pretenden medrar á costa de los grandes trastornos sociales, viniendo al fin á ser ellos víctimas de esos mismos trastornos, al ir estos más allá de lo que ellos querían.

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La revolución de Francia, la época del Terror nos rele¬ va de pruebas.

Esas multitudes, desgraciadamente, sin saber lo que hacen, aprenden, en mala hora, por lo que oyen predicar á esos sabios que, como los de La Adelphia, dicen sin empacho : " i Estamos excomulgados los masones ? M nos alegra ni nos entristece; nos es absolutamente indiferente; no nos va mejor ni peor; no turba en nada nuestra conciencia. La época de los anatemas pasó.... La suprimió la cien¬ cia Hoy imperan el telégrafo, el vapor, la luz, la vida y el invento inmortal de Guttemberg, que destruye todas las supersticiones, todo lo absurdo, todo lo inverosímil" Sentimos vivamente sea tan indiferente á La Adelphia, y á los que como ella piensan, el estar ó no excomulgados; por la gran desgracia, que, más ó menos tarde, ha de sobre¬ venirles por esa indiferencia y por ese desprecio. Entien¬ da, empero, que no ha pasado, no, ni pasará la época de los anatemas ó censuras de la Iglesia católica; porque, como ésta, durará hasta el fin del mundo, según promesa de su divino fundador: " Ecce ego vobiscum sum usque ad cousummationem soeculi." (Math. 28-20).

Si pasó ó no, pregúntelo La Adelphia al Rey de Italia, quien, según ella, da hospitalidad á la Corte del Papa; ol¬ vidándose de que en el Vaticano no tiene ningún poder ni derecho; porque el Papa es Rey y tiene su Corte; y en derredor suyo están los representantes de las diferentes na¬ cionalidades con completa independencia, cual corresponde á un Soberano. Pregúntelo al Rey de Italia, repetimos, y le dirá, porque no puede decir otra cosa, que su Padre Víc¬ tor Manuel, no queriendo morir excomulgado por temor de condenarse para siempre, hizo suplicar al Papa Pió IX, de imperecedera memoria, se la levantara, (la excomunión) y en efecto se la levantó.

Pregunte La. Adelphia á Cuba si pasó la época délos anatemas, y la Isla hermana le contestará: que habiendo mandado allí los hombres de las ideas de La Adelphia á uno 6

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á quien dieron ellos la patente de Arzobispo, el pueblo cubano no quiso reconocerle; porque el Papa había lanzado la excomunión contra el que se decía Prelado de Santiago de Cuba y los que con él comunicasen á divinis; y que al fin el mismo Gobierno Español tuvo que hacerle salir, para evitar los gravísimos males que de dia en dia iban eu au¬ mento, consiguientes á los anatemas del Papa.

Pro entelo La Adelplúa á los compañeros de prensa de sus mismas ideas en Barcelona, Sevilla, Santander, Cádiz y otros puntos, y le responderán: que sus periódicos y sus revistas han muerto por los anatemas de la Iglesia, lanza¬ dos sobre ellos por los respectivos Prelados Diocesanos. Pregúntelo; pero ya basta lo dicho para demostración de que no pasó la época de los anatemas, y que no la su¬ primió la ciencia, por más que así lo afirme La Adelplúa.

No: no la suprimió la ciencia; porque no puede supri¬ mirla; porque la fé está muy por encima de la ciencia, mal que pese á los hombres que piensan como piensa La Adel¬ plúa; porque la ciencia, para poder andar más allá délo que sus fines alcanzan, necesita de la fé; porque la fé y la ciencia jamás han estado reñidas, ni en pugna, ni lo estarán nunca, sino siempre en armonía, como perfectamente lo ha demostrado el sábio Jesuíta D. Miguel Mir, en su preciosa obra "Armonía entre la ciencia y la fé."

¿ N"o ve cuán equivocada ha estado La Adelplúa en de¬ cir que todos los sabiosdel universo (¡risum teneatis arniei!) ingresan en la Masonería? ¡Cuántos y cuántos otros sábios pudiéramos citarle, que muy lójos de estar con la Masonería se hallan dispuestos siempre á combatirla, por considerarla muy perniciosa y perjudicial á la Iglesia y á la sociedad!

Sí; " hoy imperan el telégrafo, el vapor, la luz, la vida y la imprenta"; pero téngalo muy presente La Adelplúa; imperan para servir de ayuda á la Iglesia, que es la eterna enemiga de todas las supersticiones, que condenasiempre con sus anatemas; de todo lo absurdo, porque nadie como

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ella tiene la misión divina de enseñar á todo el mundo " Docete omnes gentes " (Matli. 28-19); con cuya misión ha cumplido siempre, cumple y cumplirá para combatir el error, que es el fundamento de todo absurdo, donde quiera se presente; sea quien fuere el que lo presente, y sea cual fuere la forma en que se presente. De ello es evidentísima prueba la historia de las herejías. La Iglesia tiene siempre á mano al hombre, que la Providencia oportunamente le envía para oponer valerosamente doctrina á doctrina en to¬ dos los terrenos. Así es de observar que al aparecer el " libre examen", que tanto agrada á La Adelphia, se pre¬ senta San Ignacio con sus hijos, tan sabios todos, como te¬ rribles enemigos del libre examen.

De ahí la creación de tantas escuelas, colegios, univer¬ sidades, academias, observatorios, museos, obras, libros, re¬ vistas, periódicos y hojas sueltas, congresos, asambleas, asociaciones y hasta círculos de recreo; pero todo pura¬ mente católico.

Entre La Adelphia con la consideración, si puede, en Londres, en París, en Roma, en Ñapóles, en Madrid, en Barceloua, y en cualquiera de las poblaciones del viejo y nuevo mundo, por pocaque sea la importancia que tengan, y encontrará todo ese movimiento católico que con la luz delafé se pasea derramando por doquiera vida, la vida de la gracia, valiéndose del telégrafo, del vapor y de la imprenta, para el mejor logro de sus fines.

El telégrafo le sirve para enviar la bendición el Padre Santo á los puntos más remotos del mundo, cuando los congregados para una obra buena se la piden, recibiéndola como venida del cielo. Así lo hacen por lo común todos los congresos católicos, lasasambleas católicas, las asocia¬ ciones todas de católicos, jóvenes y no jóvenes, de uno y otro sexo. Sirve para pedir la bendición apostólica en la hora de la muerte y recibirla, como la pidió y obtuvo el eminente publicista M. Veuillot, llamado el Rey de los pe¬ riodistas, polemista acerado y temible, á quien, de seguro,

(44) no tendría muchoafecto la Masonería, siendo, como era, católico á macha martillo, y por consiguiente, valerosísimo defensor del Papa y de la Iglesia.

El vapor, sépalo La Adelphia, sirve para llevar miles y miles de peregrinos á Jerusalen y Santos lugares, á Lourdes, á Monserrat, á Santiago de Galicia, á Alba de Tormes y á otros Santuarios con el fin de pedir á Dios abrevie losdias de tribulación del santo y sábio Pontífice reinante León XIII, contra quien tanto se ensañan los irreconciliables enemigos de la Iglesia.

El vapor sirve para llevar millares de millares de pere¬ grinos á Roma que, como nuestro Venerable Prelado, van á besar los piés del Papa, prisionero en el Vaticano, ofrecién¬ dole el óbolo de amor filial que su fé les dicta ysus faculta¬ des permiten; demostrando á la Masonería que el Papa y su Corte para nada necesitan de lo á ellos ofrecido por el gobierno que de hecho impera fuera del Vaticano, á trueque de reconocer aquello á lo cual se negó siempre el inmortal Pió IX, con su tan célebre " non possumus."

j Y la imprenta para qué sirve á la Iglesia, tanto como impera ? Sirve para esparcir con profusión por doquiera toda la luz que arrojan los libros de los Santos Padres; ante cuya luz desaparecen los errores de todos los tiempos, y por consiguiente hasta los de la actualidad, en cuyos luminosí¬ simos escritos están todos destruidos y pulverizados; sirve para darnos cuenta detallada de los progresos que el Cato¬ licismo logra actualmente en la China, y en el Japón, y en la India, y en la Australia, y en el Asia, y en el Africa, y en todas partes, y para suministrarnos los libros, folletos, revistas y periódicos con los cuales se defiende en todos tiempos y lugares la causa Santa de la Religión ; y sirve también hoy para que podamos decir á La Adelphia: que en Lourdes el 10 de Julioúltimo encontrábanse reunidos 30,000 peregrinos, entre franceses, italianos y españoles; que la historia de Xuestra Señora de Lourdes, ante quien fueron á postrarse esos peregrinos y otros, y otros miles,

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pidiendo por la Iglesia y por el Papa, cuenta cien ediciones, y está traducida en todas las lenguas, incluso la japonesa y árabe.

¿ Qué dirá á esto La Adelphia? "¿ Inverosímil ?"

Ante los hechos que la Iglesia consigna, la inverosimi¬ litud desaparece forzosamente como las tinieblas al salir el sol.

Al traer á la memoria cuantas aberraciones ha expues¬ to La Adelpliia en su escrito, que combatimos, no podemos dejar de exclamar:

"¡Es posible que haya sacerdotes que puedan estar donde así se trate á la Religión de la cual son ministros? ".... No; imposible; y si antes los hubiese habido, hoy, que saben lo que son loshombres de la Masonería, saldrán corridos y avergonzados, pidiendo á Dios perdón de sus grandes extravíos; porque otra cosa no procede, tratándose de personas que en algo estimen su dignidad.

Aquí terminaríamos si no hubiese á continuación del escrito de la Redacción de La Adelphia otro suelto titulado: " Algo más sobre elsacerdote masón D. Pedro Melendez."

En él se declara el dia, mes y año en que fué iniciado en la Masonería el dicho Padre....

El tiro de esa saeta estaba previsto viniera de " Guanajibo ", ó de otro punto cualquiera; y por eso nuestro pri¬ mer escrito ostenta hoy, como antes, el argumento " dalo, sed non concesso ", que, como coraza impenetrable, deja ver á sus piés caida, despuntada, y hecha trizasla mencionada saeta.

I De qué sirvió, pues, su disparo ?

Se citan también los nombres de otros tres sacerdotes de la Isla como masones. Todos muertos

¿ Por qué no se dijo esto de ellos mientras vivieron, para que pudiesen justificarse ? Del que escribe estas líneas se dijo un dia que era masón; herido por ese dicho hasta en lo más profundo de su alma, salió á defender la pureza

(46) de su fé, negando el hecho, y además escribiendo algo en contra la doctrina masónica, y nadie le contestó.

Quedó, pues, plenamente justificado. De los desgraciados aludidos se ha dicho esto después de su muerte; de consiguiente, no les ha sido posible de¬ fenderse. ¡¡ Qué desgracia para un sacerdote!! ¡¡Quedar infamado para siempre después de su muerte, ante la gran comunión católica, sobre todo si al morir no ha podido con¬ fesarse !!

i Por qué ?

Porque pesan sobre él las notas tan denigrativas como infamantes de perjuro de detentador de bienes aje¬ nos.... soberanamente hipócrita.... infame como el trai¬ dor discípulo

Horripilantes notas que aun cuando en vida, por ser masón, pesaran á pesar sayo sobre su alma, todas, absoluta¬ mente todas, quedan borradas si ha tenidola dicha de con¬ fesarse como el Padre Melendez (q. g.g. ), como borradas quedaron en tan solemne momento lasdel ladrón que, por haber pedido perdón á Dios, á quien miraba pendiente de la Cruz, hoy venera la Iglesia en sus altares con el nombre de San Dimas.

Diga, pues, ahora La Adelphia: ¿ Quién ha perseguido la honra del P. Melendez más allá del sepulcro: el sacer¬ dote católico que escribe estas líneas, queriéndole borrar la nota de masón, ó La Adelpia, empeñándose en sostener que murió siendo masón ?

El público sensato é imparcial estará de nuestra parte: de ello no nos cabe la menor duda.

Un ruego al despedirnos de La Adelpliia.

lio es posible continuar entre nosotros la polémica que venimos sosteniendo; en razón á que, no conviniendo en principios, nos es imposible entendernos.

¿ Quiere se continúe? Salgan á cara descubierta todos y cada uno de los sacerdotes que La Adelphia asevera están afiliados á la Masonería, (que negarémos siempre rotunda-

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mente los haya, ínterin no los conozcamos), y como no podemos dejar de convenir en principios, la cuestión segui¬ rá hasta donde posible sea con el decoro y caridad con que deben hacerlo dos sacerdotes.

San Juan de Puerto-Rico, 9 de Noviembre de 1883.

me Presbítero.

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Una Escaramuza con la Masonería en Puerto Rico (1883) by Adelante Reunificacionistas de Puerto Rico y España - Issuu