
ATENEO
CIENTÍFICO , LITERARIO Y ARTÍSTICO DE MADRID
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ATENEO
CIENTÍFICO , LITERARIO Y ARTÍSTICO DE MADRID

CELEBRADAS
DURANTE EL CURSO DE 1885-86
POR
Muñoz Torrero y las Cortes de Cádiz . llistoria de la primera Asamblea constitucional.-- Programa de la trasformación politica y social de España . - La elocuencia y las costumbres parlamentarias en las Cortes de Cádiz .
2.CENITOST
1886
LIBRERÍA DE DON ANTONIO SAN MARTÍN
Puerta del Sol , num . 6
MADRID

Muñoz Torrero y las Cortes de Cádiz . - Historia de la primera Asamblea constitucional. - Programa de la tras formación política y social de España . - La elocuencia y las costumbres parlamentarias en las Cortes de Cádiz .
Señoras y Señores:
Ante todo , me recomiendo á vuestra benevolencia por el doble motivo del retraso con que vengo a desem peñar mi palabra , y de mi larga ausencia de estos salo nes y esta catedra, cada vez más imponentes y presti giosos .
Por muchos años me acostumbré á estimar al Ate
Este discurso ha sido considerablemente ampliado por su autor, sobre las notas taquigráficas tomadas en la sesión del Ateneo , donde el orador no podía disponer del tiempo suficiente para los desenvolvimientos consignados en el tema de la con ferencia .
Tales han sido estos desarrollos y tan excesivamente supe rarían los gastos de la edición calculados para las más exten sas conferencias de las que han de formar parte de esta publi cación, que el autor , correspondiendo á las indicaciones de la Empresa y esta misma, han creido indispensable dividir en dos partes, y por consiguiente en dos folletos, el presente estudio sobre Las Cortes de Cádiz y Muñoz Torrero, prefiriendo esta solución, como esperamos que la preferirán nuestros abona dos, á contraer y extractar en estrechos límites el trabajo. ( N. de los E.)
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neo de Madrid como mi segunda casa, y bien puedo asegurar que en estas salas y en el trato diario , casi in timo, de los hombres ilustres que pasaron por estos si tios y dieron valor a este gran centro de la ilustración española, ensanché y fortifiqué miespíritu,cuando,ape nas salido de los claustros de la Universidad Central , necesitaba aquel amplio espacio y aquellos irresistibles atractivos que á la inteligencia pueden proporcionar, tan sólo,las grandes asociaciones contemporáneasdedi cadas al desinteresado empeño de lapropaganda y á la reforma moral de los pueblos tanto por el cultivo de las ciencias y de las artes , como por el predominio incon testable y el esplendorinextinguible de las ideas.
Después mis múltiples ocupaciones y, muy reciente mente , el deber de acudir con frecuencia á otros sitios , por razón de cargos que procuro desempeñar con celo, me han privado del placer de la asistencia ordinaria á estos salones y del honor de ocupar en el nuevo palacio , levantado por el Ateneo madrileño á la cultura nacio nal, esta cátedra que yo ocupé hace bastante tiempo , cuando era casi un niño y desde donde por vez primera en mi vida dirigí como profesor mi pobre palabra á un público numeroso , indulgente é inteligentísimo .
Con tales antecedentes, comprendereisde qué suerte la emoción me embarga al comenzar mi conferencia de esta noche, y cómo mis primeras frases deben ser de cariñoso saludo á las personas que ocupan esos esca ños y esas tribunas , y de ruego fervoroso para que no sea yo considerado como un huésped á quien se dedi can la sonrisa agradable y la palabra dulce preceptua das en el código de la cortesía , sino como uno de los antiguosde la casa, merecedor, porsu humildad y su de voción , de vuestra exclarecida benevolencia .
Por lo mismo creo innecesario expresar la satisfac ción con que desde este sitial reanudo nuestras viejas relaciones, pero sí quiero hacer constar de qué modo uno


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al placer indicado por la bondad de nuestra Junta di rectiva, la satisfacción especial de asociarme activamen te y por el discurso de esta noche , á una empresa que de muy atrás vengo considerando como importantísima para la cultura moral é intelectual de nuestra patria, y que , por otra parte , responde á una tendencia que pue de decirse constituye una de las notas características de la sociedad contemporánea en el último tercio del siglo xix .
El Ateneo de Madrid pretende este año hacer la his toria de los tiempos novísimos de España , trayendo á este escenario las interioridades y singularidades de la vida pública, y aún en su tanto y con ciertos respetos, de la vida privada de aquellas grandes individualidades que por su relación intima con los sucesos , por la ad hesión de sus contemporáneos ó por otras circunstan cias que suponen una identificación de sentimientos é intereses , vienen a constituir verdaderas representacio nes de su época y demostración irrefutable de qué suer te el hombre de pretensiones más exclusivas y de tipo más original , es en parte considerabilísima efecto del medio en que vive y con su propia grandeza rinde in voluntario tributo á la lógica de la historia y al princi pio de la solidaridad humana .
Sin duda esta empresa , á continuarla con perseve rancia fuera de aquí, en breve plazo vendría á suplir un gran vacío de nuestra literatura histórica ; porque es bien sabido que en España son contadísimos los hom bres políticos que se cuidan de registrar para la posteri dad la participación que les ha cabido en hechos gra vísimos , interpretados durante su vida de un modo completamente inexacto . Nadie se cuida de recojer y co leccionar su correspondencia ó la de las personas de alguna influencia ó importancia en las diferentesmani festaciones de la sociedad contemporánea; y para de cirlo de una vez, España es quizá el único pueblo euro

CONFERENCIAS HISTÓRICAS
peo , de cierta cultura , donde no existe un diccionario de contemporáneos. Todo lo que sorprende, señalada mente, considerando de un lado que no es por desgra cia nuestro país donde menos se prodigan las frases encomiásticas ylos títulos hiperbólicosá cualquier indi viduo por sus deudos ó sus amigos, ni es esta la tierra donde el poder individual, en su forma más desnuda y primitiva, sehayaproducido con menosenergía y efica cia , como lo demuestra la doble leyenda de la recon quista contra el moro y del descubrimiento y domina ción de las Américas, el prestigio de nuestras guerrillas y nuestra propensión irresistible à la disidencia y al pronunciamiento .
Ni quiero ni puedo ahora explicar las causas de todo esto , algunas de las cuales creo ver sin dificultades ex traordinarias. Me limito, por tanto, señores, á hacer constar el hecho, afirmando que por él quizá todavía la historia española moderna deja mucho que desear , al mismo tiempo que se ha privado a la educación nacio nal de aquellos estímulos que en otras partes resultan de la vista frecuente y el conocimiento exacto de la vida de los hombres cuya labor, cuya intención, cuyos éxi tos y cuyos fracasos constituyen para la generalidad y en el orden más humilde , pero más práctico de la exis tencia humana, las grandes lecciones que determinan eficazmente el sentimiento y la voluntad de las más modestas individualidades, tanto como de los ciudada nos dotados de vocacion irresistible y fiebre implacable que buscan horizonte y espacio ó de aptitudes positivas que esperan para revelarse solicitud extraña ó la pre gunta del acaso .
De otro lado , basta pasar la vista por el cuadro de los estudios preparados en el Ateneo , para reconocer la no ble imparcialidad con quehan sido designadoslos temas y los tipos, y, por tanto, la ocasión que se presenta de rehabilitar desde este sitio la memoria de grandes per


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1 sonalidades mal juzgadas y de pagar con perfecto des interés y patriótico entusiasmo el tributo de gratitud y de respeto que se merecen aquellasgrandes figuras que en vida sólo pudieron cosechar dicterios , persecucio nes , odios ... todos los sinsabores de una interminable calle de la Amargura , á cuyo fin , -que ellos no alcanza ron,-estaban el honor de la patria, el interés del pro greso y la glorificación de laverdad y lajusticia. Es este empeño boy general en el mundo culto . Por todas partes se celebran centenarios y se conmemoran las grandes obras y los grandes infortunios de aquellos que por cualquier motivo y desde distintos puntos de vista , pueden ser considerados como obreros de la ci vilización y orgullo de su época . En Portugal ayer se conmemoró la muerte de Camoens ; en Italia , el suplicio de Giordano Bruno ; en Francia , á Diderot y la Enciclo pedia ; en España á Calderón y á Santa Cruz de Marcena do... representaciones diversas y hasta encontradas del pensamiento civilizador.
En este orden de ideas , quizá de todas las figuras que aparecen en el cuadro de las conferencias del Ateneo, no haya una comparable à la figura de D. Diego Muñoz Torrero, porque siendo su mérito individual superior, pocos como él han representado tan cumplidamente su época, y después de haber intervenido de una manera decisiva en el período quizá más grave de toda nuestra historia contemporánea, apenas si consta noticia segu ra de su vida particular y pública , fuera de un corto nú mero de años . Y si su acción fué toda en servicio del progreso y de lapatria, laúnicarecompensaque obtuvo de sus coetáneos fué la persecución y el martirio , que dando luego para su memoria el más negro olvido, in terrumpido al cabo de cuarenta años por la noble pro testa de un partido que, por lo mismo , daba al desagra vio cierto caracter de interesado .
Con efecto , desde que en Marzo del año 29 murió en


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un calabozo de la torre de San Julián de Barra , el vir tuoso sacerdote Muñoz Torrero , apenas si alguno que otro de sus compañerosde martirio recordabalos gran des méritos del gran definidor de la soberanía nacional en 1812. Fué preciso queel partido progresistaatravesa se la gravísima crisis de 1863 , para que se determinara á evocarla memoriadel gran doceañista, provocando la gran manifestación pacífica de 5 de Mayo de 1864 , que inauguró la práctica frecuente, y en verdad admirable, del derecho de reunión en nuestra patria . Poco antes , el viejo y heróico progresismo había necesitado con otro objeto , pero por el propio motivo , avivar la memoria de aquellas tres grandes ilustracionesde su familia, verda dero orgullo delaEspaña moderna,que representaron la política, el derecho y lah cienda de aquel partido, y que se llamaron Argüelles , Calatrava y Mendizábal . Era el pe ríodo de lucha definitiva , en el terreno de una legalidad más o menos discutible , del viejo régimen con la idea nueva. El partido moderado se había dejado inficionar y dominar por el neocatolicismo . Era el último período de Narvaez y Nocedal. El partido progresista, todavía no exhausto , después de tantos años de proscripción y tan tos levantamientos y suplicios , oponía á la negra ola de la reacción el espíritu y las obras del autor de la desamortización , del impugnador de los mayorazgos y del voto de Santiago y del orador quizá más popular y batallador de las Cortes de Cádiz - del adversario de la Regencia de 1813 y del autor del preámbulo de la Cons titución . Pero pronto el progresismo corrió un mayor pe Jigro . La unión liberal le arrancó lo más florido de su estado mayor, mediante cuya cooperación fueron po sibles el reconocimiento del reino de Italia y la lega lidad y organización de la democracia. La tentación fué inmensa , sobre todo para aquellos que después de una lucha sin treguayanocreíanpoder verla tierraprometi

DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 195 da,y encambioencontrabancondescendenciasytransac ciones del lado de los elementos conservadores . Más del otro lado surgía otra nueva contrariedad . La democra cia pujante realizando aquella magnífica obra de propa ganda llevada á feliz cima por Pi Margall en la prensa , Castelar en la tribuna popular y Rivero y Figueras en el Parlamento . Predicábase el dogma de los derechos individuales , superiores y anteriores a la ley y á la vo luntad del pueblo ; y esta fórmula , por el radicalismo de su presentación y las necesidades de la polémica, pare ció un momento la negación del dogma fundamental del viejo progresismo y de la base de la sagrada Constitu ción de Cádiz . Entonces fué precisa la invocación de otro genio; entonces el partido progresista buscó en Portugal y trajo a Madrid(donde reposan, en el cemen terio de San Nicolás y junto a los restos de Argüelles , Calatrava y Mendizábal ) las cenizas de aquel varón irreprochable, sabio teólogo , caracter entero y alma bondadosa á quien se debió el decreto de las Cortes de 24 de Setiembre de1811, donde seproclama conla sobe ranía nacional , la división de los poderes públicos , la inviolabilidad de los diputados y la legitimidad de Fer nando VII frente al extranjero conquistador y a despe cho de las cesiones de Carlos IV , por la voluntad de la nación .
Realmente si algunas figuras , si algunos prestigios hubieran podido contener la terrible crisis por que en tónces atravesó el partido progresista, y sostenerle en su primitiva tendencia y su forma histórica más carac terizada, seguramente hubieran sidolos prestigios evo cados al poblar los espacios por medio de la prensa y la tribuna pública , con los nombres y memorias de Ar güelles, Calatrava, Mendizábal y Muñoz Torrero. Sólo que los tiempos pedían otra cosa , y había sonado la ho ra de la muerte de los viejos partidos y la transforma ción del viejo progresismo.


Pero la manifestación de 1864 fué un gran desagra vio. Las nuevas generaciones oyeron hablar del chan tre de Villafranca, yel pueblo español volvió los ojos á los tiempos gloriosos de nuestraprimera Revolución. Pero como esto se hizo con motivo político y de mo mento , y por un partido determinado, con interés par cial y exclusivo, aquel plausible suceso sólo revistió una importancia relativa. Pasaron las circunstancias y volvió la indiferencia, y hoy mismo los que como yo han pretendido buscar datos y penetrar en la in timidad de la vida del ilustre Muñoz Torrero, tropie zan con la escasez de fuentes y aquella misma falta de informacionesseguras que hace dificilísimo el apreciar concienzudamente la obra de los humanistas y estadis tas del último tercio del siglo xviii , contemporáneos de Pombal y de Turgot , y que son los precursores de la Re volución contemporánea .
De otra parte ( ya lo he dicho ), pocas individuali dades tan dignas como la de Muñoz Torrero del nom bre y la consideración de personificación de su época. Estimadas las líneas generales de la vida de aquel sa cerdote , apenas si ofrecen particularidad merecedora de especial comentario. Nació hacia 1761 en Cabeza de Buey, provincia de Badajoz, en aquella tierra extreme ña que con la asturiana compartió el honor de dar el ma yor número - entre los peninsulares-de hombres ilus tres á las Cortes gaditanas . Porque extremeños fueron Luján , Calatrava , Oliveros y Fernández Golfin . A los veintitres años era nombrado catedrático de filosofía en la Universidad de Salamanca , que cuatro años después lo elegia rector; de aquella ilustre Universidad que protestó quizá la única contra el atentado reacciona rio de 1813 casi al mismo tiempo que la Universidad de Cervera protestaba contra la «fatal mania de pen sar.» Dedicado á la carrera eclesiástica desde su pri mera juventud , y por vocación irresistible de su es .


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píritu , luego hubo de abandonar la universidad sal mantina para recibir por el mérito notorio de sus virtu des , su talento y su ciencia , el cargo de chantre de Vi llafranca . En 1810 fué electo diputado para las Cortes de Cádiz, donde entró y juró el mismo díade lainstalación de estas . En los tres años de la vida de las Cortes gadi tanas , no fué de los que más usaron de la palabra ; casi pudiera colocársele en el grupo de los más circuns pectos . No obtuvo cargo alguno oficial ni honores ex traños á la diputación. Imposibilitado por prescripción legal (harto deplorable), de formar parte de las Cortes ordinarias de 1813, vínose con todos los diputados y hombres políticos de aquella época á Madrid , cuando las Cortes por efecto de la epidemia primero, y luego por motivos políticos , se trasladaron á la capital de la monarquía en Enero de 1814. Allí fué sorprendidoel ex diputado doceañista por el célebre decreto realista de 4 de Mayo, que disolvió las Cortes ordinarias y restauró el absolutismo. Allí fué preso la noche del 10 de Mayo, por el capitán general Eguía, y sepultado en un calabo zo, de la propiasuerte que los dos regentes Agary Cis car , los ministros Álvarez Guerra y García Herreros , y los diputados y exdiputados Argüelles, Martínez de la Rosa , Larrazábal , Villanueva , y tantos otros . En Madrid fué sometido sucesivamente á los dos tribunales espe ciales creados parajuzgar á los hombres de la Revolu ción por sus actos en las Cortes ordinarias y extraordi narias , y de Madrid salió por decreto del propio Fer nando VII que suplió las vacilaciones y timideces de los jueces , á sufrir seis años de encierro en el monaste rio de Erbon , en Galicia. Del propio modo que Calatrava y García Herreros fueron por ocho años álos presidios de Melilla y Alhucema, respectivamente, y Argüelles entró por otros ocho años en el Fijo de Ceuta .
La Revolución del 20 le abrió de nuevo las puer tas de la vida pública y le ofreció un asiento en las


dos Cortes de aquella época , figurando como miem bro de la comisión permanente de las del 22. El go bierno liberal quiso recompensarle con el episcopa do, designándole para la mitra de Guadix; pero el Papa noaceptó el nombramiento, teniéndole por revolu cionario yjansenista; en cambio la reacción del 23 se lanzó sobre el obligándole á refugiarse en Portugal , donde todavía fué preso en el mismo Lisboa, por recla mación de Madrid , y encerrado en un calabozo del cas tillo de San Julián de Barra , donde murió en 1829 , esto es , a los 68 años , por efecto de malos tratamientos y pri vaciones verdaderamente increibles .
A no dudarlo, todo esto no es común, y sobre to do para la generación presente, raya en lo increible y en lo heróico . Pero hay que considerar que estas no tas son punto menos que generales, tratándose de los hombres y de los sucesos del primer período de nues tra vida constitucional . Puede tenerse por cierto que no hubo uno que no viese de cerca la muerte , ni fortuna que no recibiese golpe terrible en medio de aquellos vaivenes y desastres. Al temple suyo contribuía la bru talidad de la reacción que en 1814 , y todavía más en 1823 , se presentó en España con tales caracteres de vio lencia y de oprobio que constituye la página más ver gonzosa y sombría de la historia de Europa del si glo xix .
Los hombres de primera línea entonces fueron car gados con la cadena del presidiario ó extrangulados en el calabozo , ó arrastrados en un serón por las calles de Madrid . Se contiscaron sus bienes , y sus familias vivie ron de limosna sufriendo la afrenta en el lugar mismo de su gloria . Los más felices vivieron años y años en el extranjero, donde, á excepción de Inglaterra (esa gran patria de la libertad política) tampoco los dejó en paz la venganza ó la suspicacia del tirano . Pero estos eran los hombres de primera línea. La gente humil


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de , la gente modesta , los desconocidos , la masa , ó su bían al patibulo simplemente por haber aplaudido en las tribunas de San Felipe en Cádiz ó eran alancea dos , cazados , acosados con lazos y perros , como los madrileños defensores del Trocadero en las llanuras de la Mancha . Para aquello se necesitaba haber sido fundidos en el molde de los grandes caracteres . ¡ So. berbia generación á la cual debemos comtemplar con el religioso respeto que inspiran los mártires y la ad miración entusiasta que determinan los héroes, aún en esta tierra del desprecio de la vida y de la locura del atrevimiento ! Generación cuyo recuerdo no puede me nos de conmover el ánimo , porque sin su fé, sin su san gre, sin su perseverancia, sin su amor inquebrantable á lajusticia, ysu esperanza de un día, cuya aurora ja más llegaron á gozar, no hubiéramos nosotros entrado en la vida de los pueblos cultos , ni salido de los expur gatorios de la Inquisición, de la supersticiones de San tiago, del expedienteo del Consejo de Castilla y del de recho de pernada del monasterio de Poblet !!
Pero lo que realza á Muñoz Torrero es que á todas esas condiciones y rasgos generales une por su carac ter personal , por su intervención en los actos y re soluciones más señaladas de las Córtes gaditanas , por su posición y su influencia dentro de ellas , otras qu le hacen muy superior á todos sus compañeros, y le aseguran tal representación , que no se puede hablar ab solutamente de aquellas Cortes, sin hablar de Muñoz To rrero ; y de tal modo se identificó su vida con la de aquella asamblea, que luego de cerradas las Cortes del 12 , apenas hizo ni representó nada . Sin la reacción del 23, la posteridad quizá hubiera ignorado la presen cia de Muñoz Torrero en las Cortes del segundo período constitucional.
Importa, señores , recordar cómo las Cortes reunidas en la isla de León é inauguradas en los últimos días de


Setiembre de 1810 fueron constituídas de un modo dis tinto y tuvieron un caractercasi opuesto al modo y al caracter que tuvieron en el pensamiento de la Junta central al promulgar en 14 de Mayo de 1809 su decreto de convocatoria para el 1.° de Marzo próximo. Entonces la Central, el Consejo de España é Indias y la comisión especial nombrada para entender en todo lo relativo á la reunión de Córtes, idearon que estas habían de res ponder al tipo antiguo , constituyéndose por Estamentos, de reunión y deliberación separadas, y hasta con el pre dominio de los brazos eclesiástico y noble . Llegóse has ta el punto de preparar los decretos convocando espe cialmente estos dos últimos brazos; pero publicadasólo la primera y general convocatoria , las circunstancias hicieron que sólo ésta subsistiese con beneplácito de la Regencia , autora de los decretos definitivos de 16 de Ju nio y 20de Setiembre de 1810, y que la Cámaragaditana fuera desde el primer día constituída, primero por los diputados de las antiguas ciudades con voto en Córtes, luego por un delegado de cada una de las Juntas pro vinciales ahora establecidas para sostener la guerra , y últimamente,porlos diputadoselectos, mediante el pro cedimiento indirecto ó de tres grados á razón de un di putado por cada 50.000almas, por todos los españoles mayores de 25 años , cabezas de familia y con casa abierta. Esta representación (modificada respecto de los reinos de América en sentido menos expansivo) consti tuyó la mayoría de las Cortes de Cádiz y le dió su prin cipal caracter , máxime verificándose la reunión de to dos los diputados , los debates y las votaciones en una Cámara sola y por un sólo procedimiento . Con efecto , varias causas trabajaban para quitar á esta asamblea el tono tradicional y la representación del privilegio . La Central y más , si cabe , la misma Re gencia, habían resistido todo lo posible la convocatoria de Córtes, que así se aplazabaó seabreviaba, según que


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la agitación popular desmayaba ó crecía , y según la crisis de la guerra tomaba mayor ó menor gravedad . Para determinar á la Regencia á fijar el último plazo, fueron precisos la retirada de Wellington á las líneas de Torres Vedras, el anuncio de la insurrección ameri cana y la prosternación de Fernando VII ante Napoleon Bonaparte, que recabó de él el consentimiento para ca sarlo con una hija del intruso José . La angustia fué in mensa y entonces el Consejo de España é Indias formu ló su célebre consulta de los tres luegos , señalando co mo único remedio la inmediata reunión de Córtes . De la propia suerte , el primer decreto de convocatoria de estas , lo determinaron la rota de Ocaña y la retirada de la Central desmoralizada y maltrecha a Sevilla , donde se disolvió , después de crear la Regencia , de proclamar la libertad de imprenta y de llamar las Cortes extraordina rias. Dato importantísimo para apreciar el sentido del gran levantamiento de la independencia con que se inaugura la historia contemporánea española . A cada desastre se opone un llamamiento al pueblo español y una invocación al génio dela libertad; y cada paso dado en este camino de las expansiones y de la democracia viene seguido de un éxito admirable , de una correspon diente victoria . Más tarde he de insistir en esto . Además , sería pecar de injustos decir que la nobleza española en la crisis de 1808 deserto de la bandera de la patria; pero es necesario reconocer con igual impar cialidad que tampoco se puso toda entera ni muchome nos contra el invasor , acudiendo en cambio á Bayona muchos de sus más caracterizados miembros . Otra co sa sucedió con el clero, confundido desde el primer momento con la masa popular , con lo cual su popula ridad é influencia aumentaron . De aquí que tan luego como principio á ponerse en práctica el primer decreto de convocatoria de Cortes , obtuvieran los sufragios de la muchedumbre y de las juntas provinciales revolu

cionarias muchos eclesiásticos y algunos nobles . No á título de privilegiados, sino como procuradores del fue ro ordinario .
De esta suerte vinieron los obispos de Ibiza, de Ca lahorra , de Mallorca , de Cisamo , de Plasencia y de Si güenza , muchos canónigos y prebendados, el arcipres te de Málaga , los vicarios de Orense , de la Habana y de Toledo, el chantre de Villafranca, el penitenciariode As torga, los racioneros de Múrcia y Córdoba, el arcedia no de Benasque , el doctoral de Urgel , algunos curas pá rrocos, los inquisidores Riesco y Gómez Ibarnavarro y el comisario inquisitorial Borrull . Sobre 94 individuos; cerca de la tercera parte de la Cámara . En cambio den tro de las Cortes sólo aparecen del brazo noble , el conde de Toreno , el de Buenavista del Cerro , el barón de Ca sablanca, el marqués de Espeja, conde de Puñonrostro, marqués de San Felipe y Santiago, conde de Vega y marqués de Villalegre. Es decir, ocho individuos vota dos como el resto de los representantes del pais . Mili tares , desde alférez á general había cuarenta y dos . El resto abogados y hombres de administración , De todo esto fué consecuencia que en las Cortes ga ditanas llevaran la dirección dos elementos políticos y sociales, el clero y los abogados . Después en la vida parlamentaria hemos visto sucesivamente entrar otros elementos, desapareciendo el clero ydando un caracter particularísimo á los debates parlamentarios y las le gislaciones legislativas. Estos elementos han sido los médicos , los ingenieros y últimamente los hombres de negocios .
Resultado de este predominio es el tono solemne de los debates de Cádiz, ciertas fórmulas hoy casi incom prensibles de la Constitución del 12, la afición á discu tir los problemas en sus principios y con relación á la teología y al derecho civil y canónico y , en fin , cierta tendencia religiosa que satura toda aquella obra y que


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produce al lado de la consagración de la unidad religio sa y de principios verdaderamente radicales en el orden electoral y representativo, instituciones y prácticas co mo la de la misa, que con arreglo á la Constitución de be acompañar á los actos más solemnes de la vida po lítica .
En tal supuesto , compréndese la importancia que debía tener en aquella Cámara un Muñoz Torrero , que era un sacerdote y además un sabio teólogo y un ex rector de la Universidad de Salamanca .
A esto unía tres condiciones de valor excepcional .
La primera una conducta personal irreprensible , digna en un todo de aquel prestigio que ha rodeado y rodea después de tantos años á los ingenuos y venerables doceañistas que inscribieron al frente de la Consti tución como uno de los deberes positivos del español, el amor de lapatria, tanto como serjustos y benéficos, y que consignaron de modo no menos explícito , que las leyes con que la nación había de conservar y proteger la libertad civil, lapropiedad y los demás derechos legiti mos de todos los individuos que la componen, así como la religión católica apostólicaromana única verdadera, ha bían de ser sabias y justas .
En segundo lugar estaba su significación profunda mente liberal . A él se refiere aquella tradición gloriosa de nuestros dominicos del siglo xvi,de los apóstoles de la redención del esclavo y delos grandes precursores de la cienciadel derechointernacional;tradición rotaá par tir del siglo XVII cuando la intolerancia religiosa seca en España el pensamiento filosófico y á la vez hiere la pu reza cristiana de nuestra Iglesia y la vida moral de nuestro país . A Muñoz Torrero hay que referir también el empeño moderno , fracasado á la postre , de buen nú mero de sacerdotes católicos, de armonizar por una acción viva , al modo de los católicos ingleses , la poli tica liberal con las exigencias del catolicismo religioso .


Hoy de este empeño ya no se habla . El sacerdocio libe ral se aparta de la vida política y este campo queda en tregado precisamente al sacerdocio que más o menos directamente se inspira en la tradición del canónigo Inguanzo y del inquisidor Riesco , ya que no del cape llán Ostolaza, que en las Cortesde Cádiz, defendiendo el voto de Santiago, las prebendas eclesiásticasy la Inqui sición , representaron un sentido perfectamente opuesto al de los Muñoz Torreros, los Luján , los Villanueva , los Oliveros y otros canónigos y sacerdotes que luego pur garon sus principios liberales en los conventos y en el destierro .
Pero en la época del 12 la actitud del chantre de Vi llafranca tenía y debía tener muchas simpatías , porque aquellos liberales dificilmente podían romper con los respetos católicos, ya por su educación y condición de españoles, ya porla repugnancia que á otras tenden cias debíaproducir la presencia del invasor francés, acusado y no sin razón de traer á la economía social española conceptos, costumbres y fines incompatibles con el viejo catolicismo de nuestra patria . Por eso se vé al mismo Muñoz Torrero , defensor ardiente de la so beranía nacional, terciar en el debate provocado por el artículo 12 de la Constitución pidiendo con toda since ridad que se acentúe más el principio de la unidad re ligiosa .
Por último , Muñoz Torrero , en su palabra, en su ade mán, en su argumentación y en su actitud política y parlamentaria, se mantuvosiempreen cierta templanza. Gustaba poco del aparato retórico y jamás utilizaba el apóstrofe ni la ironía. Quizá por esto no era un orador. Cítase de él, como excepción,aquel discursoen pro de la libertad de imprenta, donde exaltado decía: «Creo que » haríamos traición á los deseos del pueblo y que daría »mos armas al gobierno arbitrario que hemos empezado »áderribar, si no decretásemos la libertad de imprenta.


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» La prévia censura es el último asidero de la tiranta » que nos ha hecho gemir por siglos . El voto de las Cór » tes vá á desarraigar hoy esa tiranía ó á confirmarla » para siempre . »
Pero él mismo habia dicho en el propio discurso : « La » libertad sin la imprenta libre , aunque sea el sueño del phombre honrado , será siempre un sueño . Y otra vez como fuera interrumpido al discutir contra el Santo Ofi cio con un murmullo de aprobación de aquel público quejustamente se entusiasmaba con Argüelles y Me jía exclamo : « Protesto que no volveré á hablar en el » Congreso si se repiten estas señales , bien sean de apro vbación ó de desaprobación ; lo que todos deberán tener ventendido para abstenerse de hacerlo otra vez . »
La cuestión más vidriosa de cuantas preocuparon á las Cortes extraordinarias , encontró en Muñoz Torrero un discutidor como de encargo . Me refiero á la cuestión gravísima de la igualdad de los reinos de América y de la Península . Pero este era problema punto menos que insoluble en los términos en que lo habían planteado la Revolución del año 8 y las declaraciones de las Córtes . Porque estas habían afirmado la igualdad de todos los reinos españoles de uno y otro mundo , y aquella había traido al seno de las Cortes extraordinarias un grupo de diputados americanos de primera importancia , así por su número cuanto por su valer personal. Eran nada menos que cuarenta, y entre ellos se contaban hom bres de la talla de Guridi Alcocer , el que primero pro testó contra la esclavitud y la trata , Larrazábal, Ramos Arizpe (condenado luego á cuatro años de encierro, en la CartujadeValencia), MoralesJuárez, Castillo, Gordoa ( el último presidente de las Cortes ) , y sobre todo la pala bra más hermosa y el espíritu más atrevido de aquellas Córtes , el catedrático D. José Mejía , una de las víctimas de la fiebre amarilla, y respecto de cuya vida y trabajos reina una oscuridad verdaderamente desesperadora.
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Con estos antecedentes es fácil comprender qué apu ros y dificultades estrecharían á aquellasCórtes, al lle gar al punto de establecer la unidad de la monarquía y la igualdad de los ciudadanos en la esfera de la represen tación parlamentaria con el criterio rigoroso de la des pués llamada asimilación . Porque á ser lógicos , la ma yoría de la representación parlamentaria había de co rresponder a las Américas, de mayor población que la Peninsula; puesto que de 25 millones de habitantes, 13 correspondían á nuestro imperio colonial. Y este se ha llabapoblado principalmente por indios, negros ymes tizos . El conflicto era claro y las Cortes trataron de sal varlo con el artículo 22 de la Constitución , que deja fuera de la ciudadanía española á un grupo inmenso de ame ricanos; a todos los de procedencia directa o indirecta de Africa , ó sea á las castas. Pero de esta suerte se falta baa los principios y á la lógicaprovocando la suscepti bilidad de losrepresentantes de América, y determinan do una serie de choques que aún hombres como Muñoz Torrero sólo conseguían atenuar.
Con tales condiciones , el venerable chantre entró en la vida activa de la política y de las Cortes de 1812. He di cho antes que no había sido en ellas de lo más locuaz ni de lo más bullicioso . Sin embargo , se distingue por su iniciativa desde el primer momento de la reunión de la Cámara en el teatro de la Isla de Leon , y por su parti cipación decisiva en las cuestiones fundamentales que preocupan á las Cortes . Así , él es el autor de la declara ción de 24 de Setiembre de 1811 en favor de la soberanía nacional; él de los más calurosos defensores del pro yecto sobre libertad de imprenta, iniciado por Mejía y Argüelles hacia el 10 de Octubre. Él en 24 de Marzo com bate los consejos de guerra y los tribunales excep cionales creados por la Junta central . S palabra está constantemente al servicio de las transcendentales de claraciones contenidas en los artículos 2. " , 3.º y 4. ° de la


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Constitución del 12 , que establecen que « la nación espa ñola es libre é independiente , y no es ni puede ser pa trimonio de ninguna familia ni persona , » y que la « so beranía reside esencialmente en la nación ; y que por lo mismo «pertenece á esta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales. Contra Toreno sostiene el sentido monárquico del art . 15 , que atribuye á las « Córtes con el Rey la facultad de hacer las leyes . » Luego , defiende la existencia y las facultades de la di putación permanente de Cortes, y el derecho de peti ción y representación de los ciudadanos que sancio nan respectivamente los artículos 160 y373de laConsti tución . Por último , tercia en los grandes debates sobre la abolición de la Inquisición, y seasocia calurosamen te á las protestas que provoca en Noviembre de 1812 el ataque dirigido al Congreso por un papel publicado con tralas Córtes, con motivode la conservacióndeD. Barto: lomé Gallardo como bibliotecario de las mismas á pesar de ser autor del Diccionario critico burlesco condenado por diez obispos como herético , ateo y subversivo .
Puede decirse , por tanto , que Muñoz Torrero tomó activa parte en los tres debates más políticos de aque llas cámaras , que fueron los relativos á la soberanía na cional, á la Inquisición y á la libertad de imprenta . Si hubiera terciado de igual manera en los relativos á los mayorazgos y vinculaciones,á los reglamentos del po derejecutivo y el Consejo de Estado y á la abolición de los señoríos y del voto de Santiago , podría decirse que no habría faltado su palabra en ningún debate de cierta importancia
En cambio, hay que reconocer su superioridad, de mostrada por discursos solemnes ó someras y decisi vas indicaciones en todo el debate propiamente consti tucional . Bien que el fué no sólo miembro , sino presi dente de la comisión que para redactar el proyecto de Constitución se nombró en virtud de la proposición del


Sr. Oliveros, de 9 de Diciembre del año 10 ; comisión de que formaron parte , además de Muñoz Torrero , autor del articulado del proyecto , Argüelles que escribió el preámbulo, Fernández de Leiva, Rodríguez de la Bár cena , Morales Juárez , Mendiola , Espiga , Ric , Cañedo , Gutiérrez de la Huerta, Oliveros, Pérez, Jáuregui, Va liente (que se negó luego á firmar ) y Pérez de Castro , que actuó como secretario . Esto, señores, me trae como porla mano á hacer al gunas indicaciones sobre la obra total de las Córtes ga ditanas, siempre en relación con el tema de esta confe rencia . Porque temo que la rapidez con que debo alu dir á ciertos hechos y aventurar algunas indicaciones, no dejen precisar, con la claridad que yo quisiera, la relación singularísima del ex - rector de Salamanca con las Cortes extraordinarias que inauguraron nuestra vi da constitucional; es decir, aquella relación especial que levanta su caracter sobre el de los demás diputados y autoriza la afirmación que repetidamente he hecho, de que Muñoz Torrero representa como nadie , y me jor que nadie, á las Cortes de 1810 .
Tratare de concretar mucho , con tanto mayor moti vo cuanto que nuestra conferencia se prolonga dema siado, y temo un poco que estas digresiones (después de todo indispensables), dañen algo al interés eminen te de la individualidad, objeto principal de mis obser vaciones .
La obra entera de las Córtes extraordinarias de Cá diz, que como es sabido vivieron desde el 24 de Setiem bre de 1810 al 20 del mismo mes de 1813 , puede dividir se en tres partes . La primera comprende el periodo de la instalacion ó , por mejor decir , usando el lenguaje técnico y expresivo denuestros tribunalesy nuestro de recho procesal, del apersonamiento. En este período que dificilmente se extiende más allá de los primeros días de la reunión de las Cortes en el teatro de la Isla de Leon, /


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ó sea desde el 24 de Setiembre de 1810 á fines del siguien te mes de Octubre ; en este período , repito , las Cortes tienen que constituirsey organizarsu direccción y sus sesiones, y después afirman y proclaman antelanación española y el mundo todo , su caracter y representación esencialmente revolucionarios , arrostrando todos los inconvenientes, las censuras, las oposiciones y las res ponsabilidades .
La segundaparte pudiera llamarse la tarea dogmá tica . Es decir , la obra superior y trascendental de aque llas Cortes verdaderamente inmortales . En una palabra , la Constitución de 1812 , cuyos primeros artículos fueron presentados a la Cámara por la comisión constitucional el 18 de Agosto de 1811 , y cuya totalidad fué votada por la asamblea soberana en 11 de Marzo de 1812 . Naturalmente, en este largo período hay que distin guir tiempos, y para examinarle conjuicio no se puede prescindir, yade que el proyecto constitucional fué pre cedido de una serie de gravísimas y trascendentales leyes políticas , presentadas y discutidas desde el mismo mes de Setiembre de 1810 hasta la víspera de leerse en las Cortes el proemio de la Constitución redactado por el ilustre Argüelles (cuyas leyes facilitaron la votación de muchos artículos constitucionales por ellas realmen mente establecidos) , ya de que algunos de los preceptos de la granCarta política hubieran carecido de eficaciay aún de realidad, á nó venirlosdecretosylosactos delas mismas Córtes posterioresal 11 de Marzo de1812, inclu yendo en este grupo el mismo manifiesto de 28 de aquel mes y año, firmado porel presidente VegaInfanzónylos secretarios D. Juan Nicasio Gallego y D. Juan Bernardo Ogabán , encargados de explicar y recomendar al país la Constitución pocos días antes proclamada y jurada. Por último , está la tercera parte , tal vez la más di fícil, sin duda la más variada y dramática de la obra total de la Cámaragaditana. Porque laconstituyen todos


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CONFERENCIAS HISTÓRICAS
los esfuerzos hechos casi desde el día mismo de su instalación hasta el 20 de Setiembre de 1812 , para afir mar su existencia y su prestigio, así como la doble causa de la independencia nacional y de la renaciente libertad española, primero frente al extranjero invasor, audaz y poderoso ; después frente a los elementos reac cionarios, que sobrecogidos al principio, á partir de la segunda mitad de 1811, se decidieron á reorganizarse y dar la batalla á las ideas y á los hombres del nuevo ré gimen . Este es un período de agitación y de combate que puede rivalizar con los más vivos de la historia re volucionaria extranjera .
Dificilmente se pueden apreciar ahoralasdificultades morales y materiales con que lucharon los constituyen tesde Cádiz para instalarse y celebrar sus primeras se siones en el salón del teatro de San Fernando, donde permanecieron hasta que en 24 de Febrero de 1811, y paramayorseguridad, se trasladaron á la gran nave de la iglesia de San Felipe Neri , de Cádiz . Porque llevamos muy cerca de un siglo de vida constitucional , de prác tica parlamentaria, de hábitos académicos y de elo cuencia política. Nada, pues, nos extraña en el particu lar . Pero en 1811 las cosas pasaban muy de otra mane ra. Los más próximos precedentes de libre discusión de asuntosjurídicos y políticos, eran los que ofrecían las Academias de derecho, como la Matritense (donde el ilustre Antillon en 1802 leyó su discreta y honrada Me moria contra la esclavitud de los negros ) y aquellas So ciedades económicas de Amigos del País con que el gran Cárlos III, inspirándose en los libros de Campomanes, trajo á nuestra patria el espíritu renovador de los eco nomistas y humanistas de la época de los reyes filóso fos. Pero no necesito decir nada respecto de los límites y caracter de aquellos debates .
Las viejas Córtes españolas habían celebrado sus úl timas sesiones en el salón llamado de los Reinos, del pa

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lacio del Buen Retiro en 1769, con el fin de derogar la ley sálica hecha por Felipe V y de jurar principe de Asturias á Fernando VII ; que fue lo que realmente hicieron aque llas Cortes compuestasde los diputados de 21 ciudades ó villas de Castilla , siete de Aragón , dos de Valencia , seis de Cataluña y uno de Mallorca . Para buscar otra fecha anterior de reunión de Córtes hay que ir á 1712, en cuya fecha Felipe V renunció ante ellas sus derechos á la corona de Francia y derogó la antigua ley de suce sión á la corona . Antes , Carlos II no las juntó una sola vez y Felipe IV las reunió en 1664. De donde resultaba un desconocimiento casi absoluto de los usos y prácti casde aquellas asambleas, a pesarde los loables esfuer zos del ilustre Capmany, que por cierto perteneció alas Córtes gaditanas, y del diligentísimo Martínez Marina, que ya en 1808 había comunicado á Jovellanos buena parte de su Teoría de las Córtes . Uno de los más carac terizados miembros de éstas , D. Agustín Argüelles , expone con sencillez y franqueza insuperables, de qué suerte en los comienzos de aquella asamblea fué difícil á los nuevos diputados, aún á los más curiosos y diligentes , registrar en el momento y en las bibliote cas de Cádiz las voluminosas colecciones de actas de antiguas Córtes, donde, después de todo, se consigna ban muypocas reglas y sóloalgunas alusiones respecto del ceremonial basado en la tradición y la práctica . Pero lo más desagradable y comprometido de la ins talación de las Córtes revolucionarias fué resultado de la situación en que dejó á los recien llegados la Regen cia , que de muy atrás venía predispuesta en su daño , al punto de que su última y definitiva convocatoria fué efecto de la mala apariencia que ofrecíala guerra á me diados de 1810 y de la verdadera imposición de la Junta provincial de Cádiz y de los diputados electos D. Gui llermo Hualde y el conde de Toreno , que sostuvieron ruda , y poco ejemplar contienda con el vehemente obis

po de Orense. Con efecto, la Regencia, obligada á pres cindir de las frases vagas con que venía aplazando la reunión de Córtes , se apercibió para la lucha , resta bleciendo los antiguos y resistentes Consejos suprimi dos por Bonaparte y pretendió , aunque sin fruto , que el Consejo deCastilla revisase los poleres de los diputa dos . Fracasado el empeño , porque al fin se hizo indis pensable que la Regencia misma nombrase una comi sión de actas elegida entre los mism is diputados ; fraca sado el empeño, digo, la Regencia se dispuso á sorpren der á la inexperta Cámara, dejándolaabandonada á sus propias fuerzas y á su inexperienciael mismo día de su instalación .
Llegó la mañana del 24 de Setiembre . La Naturaleza y los hombres se pusieron, al parecer, de acuerdo para dar una gran solemnidad a la instalación de la gran Asamblea . El día fué soberbio : aquel amplio y puro cielo de la bahía gaditana, que tanto recuerda la famosa y poética concha de Nápoles, parecía más azul y más riente que nunca, iluminado por los dulces resplan dores del sol de un otoño , tan templado y vivificante como la más plácida y rejuvenecedora primavera. El horizonte dilatadísimo del Atlántico que se desarrolla delante de las blancas y alegres casas de San Fernando, provocaba la expansión del alma acongojada por los ri gores del sitio y de la guerra , mientras el mar libre , entonces apenas rizado por suave brisa, aseguraba la relación y el trato con el mundo todo , que tenía puestos los ojos en el heroismo de aquella vigorosa generación que, para defender el honor y el derecho de la patria atropellada, no había titubeado en encerrarse en aquella lengua de tierra que parece como que las olas disputan á la Península ibérica, colocándose á conciencia entre la muerte por el hierro y el fuego del enemigo y el su plicio legendario y prestigioso , en el fondo del abismo. Al aspecto terrífico del inmenso campamento que se


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 213 extiende desde Cádiz á Sancti Petri, erizado de baterías y cruzado constantemente por divisiones volantes y carros de artillería , había sucedido una agitación franca , ruidosamentealegre,espontánea, comunicativa,almodo de las romerías populares . La población entera de Cá diz bajó á San Fernando , como en día de huelga y rumba corría á los puertos y á Rota, y llenó los aires de canta res y vítores , poblándose la carretera de coches y cale sas de todas clases y de gentes de buen humor y mucho aire , apenas imaginables en el fondo de aquella plaza cercada de fuego y maldiciones, bajo las alas del genio de la muerte . Y los vecinos de la Isla colgaron los balco nes de sus casas y adornaron con ramas y flores sus calles, como si se tratara de una fiesta religiosa. Dice un testigo presencial que los cañones de la parte española enmudecieron , después de haber atro nado los espacios la noche y tardeanteriores, con ver dadera y extraordinaria furia ; y los franceses, posesio nados de todo el frente de la línea, por el lado de tierra , suspendieron también sus fuegos, acudiendo en gran des masas á coronar las alturas, para disfrutar desde ellas del movimiento , de la alegría, del entusiasmo que desbordaba en la Isla . Hubo un momento en que se pro dujo inmenso silencio, interrumpido sólo por el repique de campanas de la iglesia parroquial, donde primera mente , y á las nueve y media de la mañana, se congre garon los nuevos diputados y oyeron una misa dicha por el arzobispo de Toledo. Fué, pues, una verdade ra solemnidad . Pocas veces , quizá ninguna en la histo ria , se ha dado este homenaje , más o menos involunta rio , de la fuerza bruta y de la violencia de los hombres á la grandeza de una idea, al prestigio de una institu ción redentora . Desde la iglesia, los diputados , en medio de incesan tes aclamaciones y de vivas á la nación y á las Cortes, y después de haber jurado su cargo , pasaron al teatro de


Ja Isla , cuyas galerías y palcos se llenaron de personas de todos sexos , clases y posiciones. Argüelles , que es cribió un libro algo prolijo y enojoso sobre las Cortes de Cádiz, pero que, como el Viaje de Villanueva y El Re dactor y El Español de aquella época , es preciso leer para adquirir noticia aproximada de aquellos sucesos, describe de sencilla , pero elocuente manera , el aspecto y distribución de la gran sala del teatro , donde por pri mera vez se reunieron los fundadores del régimen cons titucional de España .
« Un simple recado de escribir con pocos cuadernillos » de papel sobre una mesa , á cuya cabecera estaba una > silla de brazos y á los lados algunos taburetes (dice el »célebre orador asturiano), eran todos los preparativos » y aparato que se había dispuesto para que volviesen á »abrirsus sesiones, después de interrupción tan larga y »desastrosa, las Cortes generales de una nación, célebre > por su antigua libertad y privilegios , por el tesón y es » fuerzo con que procuró conservarlos muchos siglos . »venerable y digna de respeto por sus mismas desgra »cias, después quela usurpación y el fanatismo confede »radamente alteraron, depravaron, corrompieron y ani » quilaron al fin sus instituciones . »
La Regencia que había también asistido á la iglesia y allí escuchado bajo dosel , al lado del Evangelio , el him no del Espíritu Santo y el Te Deum, recibiendo el jura mento de los diputados, ocupó el trono levantado en el escenario del teatro, y después de pronunciar su presi dente el obispo de Orense un breve discurso sobre la gravedad del acto y el estado de los negocios, compara do con el que ofrecían estos al tiempo de la constitución de aquella, en Enero del propio año1810, declaró insta ladas las Cortes , retirándose inmediatamente y dejando sobre la mesa una declaración ó Memoria , también muy breve y hasta entonces de todos ignorada, por la cual los regentes renunciaban sus cargos y comprometían á


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las Cortes á « elegir el gobierno que juzgåran más ade cuado al crítico estado de la monarquía, que exigía por instantes esta medida fundamental . »
No necesito explicarelefecto que produciríaenaque lla reunión de hombres nuevos , encargados de una em presa sin precedentes, por todo extremo extraordina ria , aquella retirada y esta renuncia . Recuerdo haber leido hace tiempo una pintoresca descripción de la per plejidad y hasta la vergüenza de los representantes del tercer Estado, agolpados el día de la inauguración de los Estados generales, á la puertaexteriordel salón de Versalles, bajo una lluvia menuda que los calaba,mien tras el alto clero y la nobleza , conducidos en espléndi das carrozas , entraban arrogantemente en el Palacio . Aquella muchedumbre se hubiera desmoralizado y per dido, bajo el peso de tantas injurias prodigadas en la hora primera de su presentación al público, si no hu biese surgido un hombre enérgico yaudaz que golpean do la puerta , consiguió que se abriese , ante la viril ame naza de echarla por tierra. Por cierto que fué el único robusto y atrevido actor de aquella otra dramática es cena que se produce en el salon de sesiones , cuando el maestro de ceremonias de Brezé in vita de orden del rey al despejo de la sala, obteniendo por respuesta el magnífico cuanto ya repetido apóstrofe: « Aquí no teneis voz ni sitio ni derecho de hablar. Más para evitar todo aplazamiento, marchad á decir á vuestro amo que aquí estamos por el poderdel pueblo y que de aquí sólo nos arrancará el poder de las bayonetas . » No tengo para que dar el nombre de Mirabeau . Pues algo análogo se me antoja que pasó en el teatro de la Isla el 24 de Setiembre de 1810. Pero allí no había un hombre de la preparación del tempestuoso conde . Pasad la mirada por la lista de los ciento tres diputados que asistieron á la inauguración de nuestras Córtes : sin duda todos acomodados, de cultura literaria, de


cierta representación superior a la de los hombres pro ducidos por la fiebre revolucionaria contra las clases superiores ó directoras; pero ninguno conocido por sus excepcionalesaptitudes políticas, por un estudio y prác tica de la vida pública extranjera. Aquella era una mu chedumbre por todosconceptos necesitadadedirección, por lo menos en los primeros momentos.
Además , la Central, al propio tiempo que lanzó la idea de la convocatoria de Córtes , se ocupó de la vida interior de éstas , á cuyo fin creó una comisión llamada de Córtes para que se ocupase , entre otros particulares de suma gravedad , del ceremonial de las mismas y del reglamento de sus sesiones. Pero luego vinieron la vio lenta disolución de la Central , las dilaciones y reservas de la Regencia, y las Cortes de 1810 se encontraron el primer día de su vida sin ley ni regla de género alguno , viéndose comprometidas, en un mismo y sólomomen to, á establecer lo necesario para su régimen, á ocurrir á las necesidades urgentes de gobierno, áatender al go bierno dimisionario y á afirmar su caracter y represen tación, proclamando a la vista de un público ansioso, inexperto , sorprendido por la actitud de la Regencia , el plan de sus trabajos y las ideas objetivo de sus es fuerzos .
Con tal motivo, cien veces se ha recordado la prác tica de las antiguas Cortes de Castilla . El rey, dirigién dose á los tres brazos , para este sólo efecto reunidos, pronunciaba un discurso , remedo del tomo regio de los godos , donde manifestaba la causa de la junta y las materias de discusión y los servicios que esperaba del reino . Enrique III , postrado en cama , envió al infante
D. Fernando para que llevase su voz en las Cortes de To ledo de 1406. Separábanse luego los brazos , y cada cual por su lado daba la respuesta, estando previsto el tur no de los oradores y los votos . Así , entre los nobles , el primero era el Señor de Lara : y entre las ciudades era


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la primera la de Burgos. A aquellos los presidió el con destable de Castilla, y á estas la personaelegida por los procuradores á gusto del rey , con dos secretarios di chos letrado de las Cortes y asistente de las mismas . Esta mesa era la competente para examinar y aprobar los poderes. Sólo que con el tiempo, la voluntad del rey se impuso y en las Cortes de 1789 presidió el goberna dor del Consejo de Castilla é hicieron de asistentes ó adjuntos seis consejeros. Las sesiones eran secretas,al punto dejurarla reserva los procuradores, y en ellas se comenzaba por discutir lo propuesto por el monorca para luego venir á las peticiones que aquel veía por sí ó por el Consejo, dando luego la respuesta precisa ó vaga que entendía oportuna.
Nada de esto podía ser aplicable á las Cortes gadita nas, constituídas de muy diversa manera y abandona das el primer día de su instalación por la Regencia: y á la vista del público preocupado y suspenso . Y , sin em bargo, el conflicto fué resuelto . ¿ Por quién ? Las actas de aquellas primeras sesiones no lo dicen. Yo no lo he visto en libro alguno . El movimiento debió ser espon táneo, general, unánime. ¿Pero cómo?... Apenassalidos los cinco regentes, la Cámara por aclamación votópre sidente interino y de edad á D. Benito Hermida, diputado gallegoquedesempeñó mástardeel ministerio deGracia y Justicia , secretario á D. Evaristo Pérez de Castro , suplente de Valladolid, y oficial mayor de la Secretaria de Estado . En seguida resultaron por cincuenta votos para la presidencia D. Ramón Lázaro Doce , maestresala de Lérida y diputado catalán ; secretarios Pérez de Cas tro y D. Manuel Luján , presbítero extremeño , y vice presidente D. Ramón Pover, teniente de navio , diputado de Puerto - Rico .
Luego vinieron , desde el mismo día 24 al 27 de Setiem bre , otras resoluciones parciales de caracter reglamen tario . Los cargos de la mesa debían mudarse todos los


meses . Las Córtes debían ser llamadas Majestad . Creó se una comisión permanente de actas ó poderes y otra de reglamento. Las sesionesserían públicas, pero no se permitiría la asistencia de mujeres; lo cual no había de obstar para que se celebrasen con frecuencia sesiones secretas bajo juramento de reserva de los diputados, por la gravedad de las materias, como sucedió en las noches del 25 de Setiembre y 10 de Octubre , dedicadas respectivamenteá la lectura de la Memoriadel obispo de Orense, que renunció la Regencia y la diputación por Extremadura y á la discusión de los asuntos america nos . Y así otros acuerdos tomados á medida que se pro ducían los sucesos , rigiendo para lo demás ( hasta que en 27 de Noviembre de aquel mismo año de 1810 fué aprobado el reglamento interior de las Cortes) la dis creción de la presidencia .
Enseguida se obvió otra dificultad . La dimisión de la Regencia en masa no fué aceptada por el momento, mandándose en cambio que los regentes prestasen ju ramento de reconocimiento de la soberanía de las Cór tes , lo cual hicieron en la noche del 24 los regentes Saa vedra , Castaños , Escaño y Lardizábal. Resistió con pretextos y luego francamente, el obispo de Orense, concluyendo por insistir en dimisión de regente y de diputado; dimisión acepta da por las Córtes , que al propio tiempo insistieron en exigir eljuramento, prestado, al fin, por el obispo, de suyo reaccionario , intransigente , voluntarioso y muy hecho á consideraciones exageradas de parte del gobierno de Carlos IV . De esta suerte, y hasta el 28 de Octubre , permaneció en funciones la antigua Regencia , á pesar de la poca afición de esta á las Cortes , que al mismo tiempo reducían y fijaban sus atribuciones y responsabilidades por los decretos de 25 y27 de Abril, precedente del Reglamento provisional del poder eje cutivo de 16 de Enero de 1811 . su


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Vencidas estas dificultades , que pudieran pasar por de segundo orden á no plantearse en los primeros mo mentos de las Cortes , con gravísimo peligro del buen orden y del prestigio del nuevo cuerpo , frente a los vie jos Consejos y Tribunales ya organizadosy en función y ante el público que todo lo esperaba fácil y regular y oportuno de la novísima institución ; vencidas estas di ficultades, que casi podríadecirse materiales, las Cortes tuvieron que hacerfrente a empeños de mucha mayor trascendencia, y cuya atención no era menos urgente, como que el problema fué planteado en gran parte por la misma retirada y dimisión de los regentes el día de la inauguración .
El problema era nada menos que el de afirmar cla ra y resueltamente el caracter, autoridad y propósitos de las Córtes .
Hay que recordar, señores , cómo y para que la Cen tral las había convocado en 12 de Mayo de 1809 : «porque los desastres que la nación padecía , habían nacido úni camentede habercaido en el olvido aquellas saludables instituciones, que en tiempos más felices hicieron la prosperidad y la fuerza del Estado,» después víctimas de «la ambición usurpadora de los unos y del abando, no indolente de los otros . » Por esto la Central trató sólo de «restablecer la representación legal y conocida de la monarquía en sus antiguas Cortes , las cuales habían de ocuparse de allegar recursos para la guerra , asegu rar la observancia de las leyes fundamentales del reino, mejorar la legislación, recaudar, administrar, distri buir las rentas del Estado , reformar la instrucción y la educación pública y sostener un ejército y una marina en condiciones regulares y efectivas. En la misma idea estaba la Central cuando a la vista de los descalabros de nuestros ejércitos y del creciente malestar del país , des pués de la batalla de Tudela, fijaba en 27 de Noviembre de 1809 la reunión de Cortes para el 1.° de Marzo de 1810 .


Pero cayó la Central á fines de Enero , víctima a la vez de la impaciencia y l'as pasiones de la muchedum bre, de las desgracias de la guerra y de las maquina ciones de los que en ella veían el sentido reformista de los nuevos tiempos. Creose la Regencia y aprovechan do su popularidad del primer momento y los pretextos queel avance de los franceses sobre Cádiz proporcionó paraaplazar la reunión de Córtes en esta plaza sitiada, dejó en el olvido el asunto hasta que se produjo el des contento de la masas y la Junta gaditana protestó , re cabando, primero, el decretode 18 de Junio de 1810 que fijó el mes de Agosto para la reunión de Córtes , y después los dos decretos de 20 de Setiembre del propio año por los cuales se designó el 24 del propio mes para la aper turadelas Cortes en la Isla de León, estableciéndose, además, que se reuniesen en unsolo cuerpo, «sin perjui cio de los derechos y prerogativas de la nobleza y el cle ro , cuya declaración se reservaba á las mismas Córtes . >> No modificó la Regencia el sentido dado por la Cen tral a la convocatoria de Mayo ; más , aparte de la pro fundanovedadqueimplicabaelprescindirde la reunión separada de los brazos, pronto vino á dar un caracter especial á las Cortes convocadas la fórmula del jura mento que prestaron los diputados en la iglesia de la Isla y que había sido confeccionada por la Regencia misma. En ella despuésde acatar la religión católica, sin admitir otra alguna, y de prometer la conservación de la integridad nacional , no omitiendo medio alguno pa ra libertarla desus injustos opresores, y de conservar á D. Fernando VII y sus sucesores todos sus dominios , ha ciendo cuantos esfuerzos fueren posibles para sacarle del cautiverio y colocarleen el trono, se proclamaba el com promiso de «desempeñar fiel y lealmente el encargo guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderaryvariaraquellasqueexigieseelbiendelanación.»
Acentuábase, pues, un sentido espansivo y refor



DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 221 mador de las Cortes . Pero el golpe final y la nota de cisiva la dieron estas mismas , en su primera sesión , después de la retirada de la Regencia . De aquella fe cha es el decreto en que las Cortes « se declaran legiti mamente constituídas y que en ellas reside la sobera nía nacional. » Declaración que precede a las importan tísimas referentes al reconocimiento de Fernando VII como único y legitimo rey ; á la nulidad de la cesión he cha en favor de Napoleon , no sólo por la violencia que intervino en aquel acto injusto é ilegal, sino principalmen te por faltarle el consentimiento de la nación : á la divi sión de los Poderes en legislativo, ejecutivo y judiciario , reservándose las Cortes el primero en toda su extensión ; á la responsabilidad de los encargados del Poder ejecu tivo : á la confirmación de los regentes , de todos los tri bunales , justicias , autoridades civiles y militares del reino en los cargos que venían desempeñando ; á la in violabilidad de los diputados y á la fórmula del recono cimiento yjuramento que había de prestar el Consejo de Regencia .
Estafórmulacomprendíaante todo el reconocimiento de la soberanía de la nación representada por los diputa dosen Córtes. Luego, el respeto a los decretos, leyes y Constitución que se establecieren; la conservación de la independencia , libertad é integridad nacional , con la religión católicay el gobierno monárquico; el restableci miento de Fernando VII en el trono y la promesa so lemne de mirar en todo por el bien del Estado. Días después (desde el 25 al 29 de Setiembre ) se die ron tres decretos complementarios del anterior. Como que versan sobre el tratamiento que debían tener los tres Poderes públicos, la fórmula con que el ejecutivo debía publicar las leyes y decretos de las Cortes , el juramento exigible a todas las autoridades , las facultades y respon sabilidades del Poder ejecutivo y modo de comunicarse éste con las Cortes y , en fin , la prohibición para los di V - 3

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putados de solicitar ó admitir empleos y pensiones du rante su diputación y un año después.
Ya respecto de las proposiciones que motivaron es tos decretos , las memorias de aquellos tiempos y las actas de aquellas sesiones dan los nombres de sus au tores y sostenedores . La resolución sobre incompati bilidad de los diputados es de Capmany, y el decreto re lativo á la soberanía nacional fué obra de Muñoz To rrero , á quien cupo el honor de iniciar los debates de la gran Asamblea pronunciando el elocuente discurso que produjo aquella declaración trascendental y suficiente para caracterizar la obra entera de las Córtes .
Paréceme de todo punto innecesario razonar esta úl tima afirmación , y lo mismo creo por lo que hace á la di ferencia que resulta entre la declaración primera de las Córtes gaditanas y el sentido de las fórmulas empleadas por la Regencia y aún por la Central para convocar la Asamblea . Aún tratándose sólo de si la convocatoria ha bíade ser o noextensivaálos tres brazos,lamayoríade la comisión de Córtes nombrada por la Central decía á ésta en 22 de Julio de 1809 « que dada toda la representa » ción indistintamenteal pueblo, laConstitución podría ir »declinando insensiblemente hacia la democracia; cosa » que no sólo todo buen español , sino todo hombre de »bien debe mirar con horror en una nación grande, rica » é industriosa de 25 millones de hombres , derramados »en tan grandes y separados hemisferios.»
Quizá inspirados en este mismo sentido , y desde lue go previendo con acierto el alcance de aquella declara ción que se incluyó en la forma del juramento queha bían de prestar los regentes , se resistió á prestarla el obispo de Orense y después pretendió modificarla con una protesta en favor « de los muchos juramentos de » fidelidad que tenía prestados á Fernando VII,» elmar qués del Palacio , nombrado en Octubre de 1810 para sus tituir á uno de los miembros de la primera Regencia .

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Las Córtes , por aquella fórmula afirmaban su propia personalidad y franqueaban todos los caminos, sin más límite que su propia estimación del bien del país . Y con esto resumían todo el movimiento político de aquella época y asumían la absoluta representación de la Revo lución contemporánea española .
No ignoro, señores, como poralgún tiempo ha estado muy en boga rebajar la importancia y negar el caracter esencialmente revolucionario del gran movimiento poli tico español que llena el período de 1808 á 1814. Rectifi cando la opinión de Toreno, que tituló su célebre obra Historia del levantamiento,guerray revolucióndeEspaña y contradiciendo las afirmaciones quehizoArgüelles en sus libros sobre las Cortes de Cádiz ; es decir , contradi ciendo y rectificando los juicios de los contemporáneos , hubo no pocos escritores del último período del mode rantismo que pretendieron reducir aquellos sucesos á una mera explosión de la dignidad nacional atropellada por el extranjero . A creer á ciertos críticos , en aquellos gravísimos sucesos no existió una verdadera intención política, España se revolvió contra la agresión, punto menos que como el pueblo semisalvaje contra el con quistador. En todo aquel brillantísimo y glorioso perío do nada hay espontáneo ni trascendental.
Pero estas críticas interesadas y perfectamente expli cables en cierto período de nuestra historia política ya apenas pueden pasar , porque la realidad de los he chos , ya cumplidamente estimados por todas partes , los contradice de un modo absolutamente irrefutable .
Tengo por cierto que para ninguna persona que haya estudiado detenidamente el período inicial de la revolu ción contemporánea , esto es , el período que va desde los últimos días del siglo xviii al año de 1830, sea un pun to de duda el singular fenómeno de que la trasformación política interior de los pueblos europeos ha sido prece dida por un gran movimiento de caracter nacional con .


tra la agresión del extranjero. Claro se está que uno mismo es el principio que determina la independencia nacional y la libertad del ciudadano , y seguramente la afirmación de aquella idea con relación á cualquierade estos dos intereses, implica el triunfo más o menos pron to respecto de aquel que queda regazado , en la empresa total de recabar los derechos de la personalidad huma na. Explícase, sin embargo, que el empeño no abarque al mismo tiempo todos los extremos y que á los co mienzos del siglo xix el problema se plantease en el terreno dela independencia y libertad de las naciones, constituídas cuatrocientos años antes por el esfuerzo de aquella Monarquía, que venciendo las desigualdades y los antagonismos de la época del privilegio y reducien do las aspiraciones políticas de la Iglesia, y en vista de la secularización de la vida , al fin y al cabo se presenta como la institución absorbente y la negación de aque llas energías y condiciones elementales de la vida mo ral de los pueblos contemporáneos .
Los excesos de la Monarquía servida por la decaden ciay corrupción de aquellas otras instituciones políticas y sociales que en el pasado tiempo la contuvieron y confortaron, produjeron el abotargamiento de los pue blos, necesitados para recobrar sus primitivasenergías y su olvidada dignidad , de las brutales agresiones de la tiranía y del látigo implacable del conquistador .
Para ello sirvió admirablemente Napoleon Bonapar te . A él se debió la gran sacudida de los pueblos con temporáneos y es preciso reconocer el servicio que al progreso y á la libertad prestaron su ambición, su so berbia y su audacia. Porque no sólo golpeó á los pue blos dormidos provocando laprotesta del honor ultra jado y del derecho ofendido , sino que fustigó á los reyes de derecho divino , poniendo en evidencia su flaqueza incurable, yesparció por toda Europa, sin concienciade su alta misión , los principios renovadores de la Revolu


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 225 ción francesa , palpitante en las formas, al parecer, in ofensivas del Código civil proyectado por la Constitu yente y la Convención .
En nuestra España la obra de Napoleon fué comple ta . Es difícil pedir más ni esperar éxito mayor . La situación de nuestra patria había llegado a lo ver gonzoso tocando lo imposible. Los milagros de la beata Clara, la apoteósis del toreo, la sopa boba de los con ventos, la ronda del pecado mortal, las peloteras de los cabildos y las cofradías, las levas de las playas y los barrios bajos del litoral, las liviandades de la corte, las conspiraciones parricidas de Palacio, la omnipotencia de los favoritos, el influjo de los asentistas y de los ne gociantes de empréstitos interminables; los saraos de Buena Vista ; las batallas de chorizos y polacos ; las emu laciones del Avapiés y de Maravillas; las escenas mons truosamente eróticas y realistas de Goya ; la musa trua nesca de D. Ramón de la Cruz ; Churriguera espléndido en el Hospicio y Comellas invencible en el corral 'del Principe ; Monipodio y Rinconete señores de la plaza pú blica, Maese Pedro del teatro y Gil Blas de los salones; casi indiscutible y soberbiamente explotado el famoso Voto de Santiago , una de las imposturas más descara das y de las especulaciones más vergonzosas de la his toria del fanatismo; el mayorazgo y el fraile poniendo el abandono y la holganza en las alturas ejemplares de la sociedad española , por el olvido afrentoso de la tradi ción caballeresca del Romancero y de los servicios pres tados al derecho y al cultivo de las letras en los sagra dos cláustros de los benedictinos y los dominicos de otros tiempos ; el señorío minando la soberanía del Es tado ; el gremio petrificando la industria ; la tasa atacan do al capital; la prohibición quitando el estímulo y for taleciendo el aislamiento ; la Mesta y el privilegio impi diendo el libre cultivo y la delimitación y defensa de la propiedad territorial; la mano muerta dueña de los dos


tercios de la tierra explotada en España de la que venía á corresponder 80 áreas á cada habitante; 206.000 perso nas consagradas por votos á la Iglesia, en una pobla ción de 10 millones de almas, disfrutando de una pro piedad inmueble de 12.500 millones de reales y un in greso anual por rentas, subvenciones y donativos pia dosos de más de 1.384 millones de reales , a los que había que agregar las rentas de las órdenes religioso.milita res , no menos de otros 22.700.000 ; nuestras colonias secuestradas al trato del mundo y entregadas á las san grientas sombras de Tupac-Amaruc, á la rapacidad de nuestros despreocupados empleados y al poder de los monopolizadores del comercio ultramarino y delos con trabandistas del mar de las Antillas ; casi borrado el re cuerdo del gran marqués de la Sonora; procesado y perseguido el severo virey conde de Revillagigedo ; pu jantes yenvidiososIturrigaray y Branciforte; el tormen to y la infamia en aquella incomparable extravagancia que se llama La Novísima Recopilación en cuyas reim presiones , calladamente , se habían suprimido las anti guas leyes de los siglos xv y xvi que reducían el poder real en materia de donaciones y mercedes é imponían la consulta á las Cortes respecto de los asuntos árduos y el repartimiento de nuevos pechos y tributos; la va gancia acampada en los yermos de Numancia y de Sa gunto; Sevilla agonizante; Salamanca exorcisada; des pobladaValladolid; en ruinas Granada; muda, sombría y soñadoraBarcelona; nuestroejército haraposo; podridos nuestros barcos ; paralizados nuestros telares ; la Inquisición ufana del reciente proceso de Olavide, y as pirando á reproducir el último auto de fe del reinado de Cárlos II y aumentar la serie de 32.000 personas quema das vivas, pormotivos de piedad religiosa, en 300 años de la Edad Moderna; la burocracia yelexpedienteo glo rificados en el Consejo de Castilla y victoriosos del nue vo sentido de la Educación popular de Campomanes ;


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 227
nuestras relaciones, ó entrañables ó rotas con Francia é Inglaterra , según los años y el humor de la corte , sin rumbo nunca y sin otro resultado positivo que la pérdi da de la Luisiana, el ataque de nuestrasAntillas, la ocu pación extranjera de las Baleares , el crecimiento de nuestra abrumadora deuda y la ruina de nuestros me dios y fuerzas militares y marítimas: tales son , señores , los elementos principales de la situación que ofrecía al finalizar el siglo Xviii nuestra patria, decadente á partir del tratado de Utrecht , desprestigiada por el pacto de familia, entregada á los manolos, los familiares del San to Oficio , los estudiantes de la tuna , y los Guardias de Corps, cuyosatrevimientos y disparates no lograron dar un pasajero brillo al cuadro de miseria y de vergüenza de la época del abatido Carlos IV , donde apenas se com · prenden las honradas protestas de las Sociedades eco nómicas y los heróicos resplandores de Trafalgar. ¿ Cómo , por donde , de qué suerte se había llegado a esta situación ? ... Ya comprendereis señores , que no debo ni puedo examinar este punto. Más permitidme que de pasada señale como causas primeras de este de plorable estado , --que no se por qué ni para qué historia dores como Lafuente se empeñan endulcificar,-permi tidme, digo, queseñale: laintoleranciareligiosa, el abso lutismo monárquico,elafánde lasexpediciones guerre ras y nuestro régimen colonial; todo combinado con el temple ardentísimo de nuestra sangre y nuestra posición geográfica, al extremo occidental del viejo mundo. Y notad que el mayor efecto que doy á todas esas causas es el quebrantamiento y corrupción de nuestra vida moral , que , después de todo , es el aspecto más vivo é imponente de la existencia española á los co mienzos del siglo xix .
A la intolerancia religiosa hay que atribuir el estan camiento del pensamiento español, tan poderoso y origi nal con Raimundo Lulio , Vives , los molinistas arago


neses y los dominicos y jesuitas del siglo xvi ; la con versión del ministerio sacerdotal en oficio y la victoria de la rutina y de la soberbia sobre el apostolado y la re forma moralizadora; la despoblación de territorio y la paralización de la industria y del negocio mercantilpor la expulsión de judíosy moriscos; y el apartamiento del sentido europeo por el expurgo de libros y la persecu ción implacable del relapso y el herético, triunfantes en Westfalia y glorificados en Grocio y Descartes . Al abso lutismo monárquico hay que atribuir la muerte de las energías locales , por el sacrificio incondicional de los fueros castellanos, aragoneses y catalanes; laindiferen cia de la cosa pública , tanto por el desprecio de las Cór tes y la esclavitud de los concejos, como por la exalta ción del golilla y la venta de los oficios concejiles ; y en fin, el olvido de las responsabilidades y la despreocu pación de los grandes fines y de los heróicos empeños , por las guerras dinásticas de Italia y Flandes bajo los austriacos y por la guerra de sucesión de principios del siglo xvir y el pacto de familia bajo los Borbones . Esas mismas guerras , manteniendo el afán belicoso de los siete siglos de la Reconquista y fortificando el espíritu de nuestros descubridores y conquistadores de Indias , contribuyeron lo indecible á poner la violencia en nues tras costumbres y á agotar nuestra fibra , á reducir nuestra población y a desarrollar nuestra afición inna ta de aventuras, con daño evidente del buen orden de nuestra sociedad y del progreso del pueblo español por el trabajo, la economía, la previsión y las artes pacífi cas , las únicas fecundas sobre todo en los tiempos no vísimos . El privilegio , el monopolio , la explotación im placable, bajo las formas más agresivas y repugnantes fueron en último resultado, lapostrera consecuencia de nuestro régimen colonial , en sus comienzos más sim pático y generoso que el de todos los demás pueblos colonizadores del siglo xvi ; llevando su influjo corruptor


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 229
al seno de la Metropoli por la destrucción de las cos tumbres y la ruina de nuestro comercio , cien veces de nunciada por Ulloa , Juan de Castro , Ustariz , Campillo y otros grandes colonistas y críticos que llegaron á es timar como una verdadera calamidad para España el descubrimiento de las Indias Occidentales .
Todavía si nuestra patria se hubiera hallado en el co razón de Europa , muchos de esos resultados se hubie ran evitado ó corregido . Pero para nuestro daño , exis tían la complicidad de la Naturaleza , nuestra separación material del resto del continente , y esas grandes mon tañas que dificultan el paso y secundan á maravilla los esfuerzos de la intolerancia mercantil , de la intran sigencia religiosa, de la prevención política, de la pa sión del terruño , del orgullo y del embebecimiento de las cosas , los intereses y las preocupaciones de la casa . Todo parecía dispuesto para que, mientraslos puntos y las influencias de la tierra no variasen , todo lo que afec tára á nuestra educación y nuestro bienestar lo hicié ramosnosotrosmismos y por nuestrosmedios propios y exclusivos. Las puertas abiertas á nuestro empuje eran las del Africa semisalvaje, y las del anchomar Atlán tico de las tentaciones enloquecedoras y de las empre sas épicas . Es decir , nuevas causas de transportes , de violencia , de fiebre .
Pero como ántes he indicado , lo que principalmente merece la atención , entre todas las manifestaciones de nuestra decadencia á los comienzos de este siglo , es nuestro estado moral; la inactividad , la indiferencia, la postración del pueblo español.
Yo no me atrevo á afirmar que sin la presencia de Napoleon Bonaparte hubiera dejado de producirse en España un movimiento revolucionario : algo tan espon táneo , pero en otro sentido , y de otro modo , de lo suce dido en Francia á partir de 1789. Muchas veces he pen sado en la razón y el alcance de la obra de los humanis


tas y economistas de la época de Carlos III , verdaderos y admirables precursores de la Revolución contempo ránea . He meditado sobre la influencia misteriosa de las ideas y la ley del sincronismo histórico , que no per mite la ciega confianza de que la Revolución francesa no había de salir de los límites de la nación vecina . He observado el caracter de la revuelta contra Esquilache y del motín de Aranjuez. Y me he fijado en el vigor y el pensamiento patentizados desde 1808 por una genera ción nacida bajo el gobierno de Cárlos IV. El problema quizá estaba planteado en estos términos: la revolu ción ó la desaparición de España del círculo de los pue blos cultos é independientes.
Además , las revoluciones se producen de dos mane ras. La más visible y estruendosa es la provocada por la tiranía de los poderes públicos .
La otra es la que se dá bajo las formas más suaves y se prepara más honda y lentamente . Es la revolución producida porla corrupción y el mal ejemplo de las clases directoras, por la miseria efectiva del pueblo, porla hipocresía y la ineficacia de los medios políticos y legales , por el malestar íntimo y creciente , por la pro testa de la conciencia provocada y de la dignidad ofen didaen lo más profundo, sagrado y al parecer inacce i ble de la vida individual .
Muchas veces los optimistas ó los cobardes ponen el grito en el cielo , denunciando , como manejos demagó . gicos y prevenciones insanas , las críticas y los anun ciosde próximas catástrofes destinadas á sorprenderen festin babilónico á sociedades de apariencias regulares, donde funcionan tribunales y administradores , se pro digan leyes y reglamentos y, al parecer, sólo imperan un trato fácil, una conversación amena y una alegre in diferencia . En esas sociedades , verdaderamente a nadie se persigue; las recomendaciones franquean todos los caminos, no se necesita laadhesión entusiasta para na


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 231
da , ni irrita la frase irónica ó la anécdota calumniosa de los lábios mismos del protegido . En realidad nadie cree en la consistencia ni en el fondo moral de la situación , que se defiende como un modus vivendi. Existen leyes, pero de esas que , como Chamfort decía , sirven poco co mo barreras, porque los grandes pasan por encima y por debajo los chicos . Hay jueces y hay gobernado res ; pero hombres flacos que temen y sirven según la presión , dando á lo arbitrario y aún al cohecho la solem nidad de lo definitivo é indiscutible . Se produce , por tan to , una doble conciencia , la legal y la individual , sin que esta sca precisamente la conciencia moral . Por eso , en tales países , el propietario territorial oculta sus bienes y defrauda al Estado acusándole de avaricioso y disipa dor, y el comerciante libre - cambista , en honor de sus teorías, hace todo el contrabando que puede . Luego , allá en las altas esferas, en aquel escenario á donde, quié rase ó no, van las miradas del que trabaja ydel que as pira, se desarrollan el lujo con la liviandad, la hipocre sía con la arrogancia; y este espectáculo, sostenido y aplaudido , al parecer sin término ni censura , concluye por deshacer las energías individuales quebrantadas en el roce constante de la sociedad por la infinidad de prejuicios y de pequeños obstáculos que hacen mate rialmente imposible el heroismo. De esta suerte se de termina un estado de indiferencia aparente , de superfi cial escepticismo y de hondo malestar que permite el juego social mientras no llega una causa, impensada é inesperada las más de las veces, que revuelve aquel mar de artificiales compromisos , pequeñas concupis cencias , debilidades glorificadas, esfuerzos contenidos , miseria creciente y despecho reconcentrado. Entonces se palpa la cobardía de los tenidos por fuertes; la vacie dad de los estimados por sabios; la fragilidad del edifi cio sagrado... y del fondo de la revueltasalen pequeñas energías y talentos contenidos, que al fragor de la tem


pestad y al contacto del aire refrigerante y trasforma dor, se agigantan é imponen nuevos rumbos , aseguran do á los pueblos dormidos el porvenir de la libertad y la civilización .
A poco que el estudioso se fije en la sociedad espa ñola de El sí de lasniñas, de La mogigata, de los tapices del Pardo y de las Cartas de Cabarrús, comprende que las cosas habían llegado a la situacion que acabo de describir . Por aquel respeto que yo tengo a todas las sus ceptibilidades , sobre todo cuando éstas se refieren á sis temas é instituciones que agonizan , y por la considera ción debida á la proximidad de ciertos hechos y ciertos personajes, cuyas familias viven entre vosotros, no quiero decir algo de lo mucho que se me ocurre respec to de la privanza del guardia Godoy, de las intimidades del príncipe Fernando con el canónigo Escoiquiz , de la sorpresa de los papeles del principe porla reina madre, de los manifiestos de Carlos IV acusando a su hijo , de la soberbia de este después del motín de Aranjuez, del refugio del principe de la Paz en las esteras de palacio , de las cartas de Fernando á Napoleon , de las escenas de Bayona entre los miembros de la casa real española insultándose y humillándose ante el invasor, en cuyo obsequio renuncian la corona de San Fernando. Tengo por cierto que en aquella época de humillaciones y es cándalos, no hay nada comparable al espectáculo dado por los inmediatos sucesores del gran Carlos III : por aquellos, al parecer mascomprometidos á mantener, al precio de la vida , la representación integra del pueblo más caballeresco y orgulloso de Europa ; que los extra ños admiraban en el personajelegendario de la Mancha, con su frente alta , su mirada radiante , el cuerpo cubier to deharapos yllenode heridas, el andarfirme, la mano sobre el pomo de la espada , el continente majestuoso y el ánimo decidido siempre á arrostrar todas las fatigas y todos los peligros por su honor y por su dama .


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 233
¿Y qué decir de la actitud de nuestras clases protec toras ante el látigo del conquistador ? Es preciso cerrar los ojos frente á aquella Junta Suprema que Fernan do VII nombró al tiempo de marchar à Bayona para que gobernase el reino durante su ausencia. Dióla por Presidente al famoso Infante D. Antonio , el cual , al par tir poco después para reunirse con su sobrino y sus cribir la humillación de Valencey, se despedía todo co rrido y temeroso diciendo : « Adios señores , hasta el valle de Josafat; » despedida grotesca que haría interminable la risa , si á poco y siempre y después del horrible 2 de Mayo y del bando draconiano del infame acuchillador del pueblo de Madrid, no apareciese esa misma Junta Suprema aceptando y hasta votando la presidencia del autor de este atentado , del ambicioso Murat , y si no fuese ella misma la que dió y suscribió el manifiesto de 4 de Junio invitando á las Juntas provinciales revo lucionarias á desistir de su actitud rebelde y á someter se y admirar en la aurora de nuestra felicidad, después de haber ya tocado al momento de la entera disolución de España , al héroe que admiraba el mundo y admirarian los siglos, comprometido enla grande obrade nuestra re generación política .
Tampoco quiero decir palabra del soberbio Consejo de Castilla , de aquel refugio de la austeridad , del forma lismo, del aire solemne, de la pureza tradicional que en los trances críticos de la época no tuvo ingenio más que para utilizar equívocos que no disfrazaban cumplida mente su sumisión al vencedor, cuando se vió constre ñido á promulgar la renuncia de la corona de Carlos IV y Fernando VII ; que en Abril de 1808 secundó á Murat, renovando las antiguas penas contra los sediciosos y los autores de libelos y pasquines contra los franceses ; que en Junio y Julio refrendó y promulgó todos los de cretos venidos de Bayona, la Constitución del Intruso y la Proclama de los afrancesados del Congreso reunido


á orillas del Adour , y que en fin , -me cuesta trabajo re cordarlo -- sólo encuentra la voz y la energía para pro testar contra los invasores y declarar nulo lo hecho en 1810, al día siguiente de la batalla de Bailén y de la salida de Madrid de aquél José Bonaparte , ante quien los consejeros se habían prosternado humildemente , mereciendo, que al volver Napoleon sobre la capital, desde Chamartín , decretase su « destitución por cobar des é indignos de ser los magistrados de una nación brava y generosa . )
Pero ¿y qué pensar de nuestros satisfechos aris tócratas , los hombres del señorío y de la limpieza de sangre, de aquellos títulos y grandes de España, en cuyos nombres parecía resumida toda nuestra esplen dorosa historia, de aquellas eminencias de la admi nistración , y del foro , y de la Iglesia , convocadas por Napoleon para su congreso del 15 de Junio de 1808 , grandespersonalidades que, con las señaladas excep ciones del marqués de Astorga , el obispo de Orense, el bailío Valdés y algún otro más que ahora se escapa á mi memoria, se prestaron á imitar a los acompañantes de los reyes á Valencey (el duque de San Carlos, el marqués de Ayerbe, el de Féria, Escoiquiz y otros) ó como el cardenal Borbón , arzobispo de Toledo , rindie ron «los homenajes de su amor, fidelidad y respeto á los nuevos señores de España » ofreciéndose á «des empeñar los destinos que les confiriesen » ya el gran soldado regenerador de lapátria española, ya el Monar ca justo , humano y grande que se llamó José Bonaparte ? Pero para quién son ya una noticia las dificultades, las verdaderas resistencias que los cuerpos legales , que las autoridades constituídas opusieron a laRevolución en todas las provincias ? ¿ Qué hicieron las audiencias de Oviedo, de Valladolid, de Burgos, de Granada y de la misma Sevilla ? ¿ Qué otros generales más que Casta ños en Andalucía y Blake en Galicia se resolvieron en


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 235
aquel momento ? El mismo general Cuesta ¿ cuánto no resistió el decidirse ? Pero en fin , ano fué notorio que hasta el Cuerpo de Guardias de Corps se ofreció á Murat para que le empleara donde quisiera á fin de restable cer la tranquilidad pública ?
Cito estos hechos, con preferencia á otros datos rela tivos á la vida general española, que serían tal vez más pintorescos y guardarían unamayor relación de detalle con las indicaciones que he hecho relativas al estado de decadencia moral de nuestro pueblo , por dos motivos . Primeramente, porque el desmayo de nuestra CasaReal y de nuestros prohombres bajo la espueladel brutal sol dado que intentónuestraconquistay dominio comosi se tratase de un rebaño , patentiza el alto grado á que había llegadolaperturbaciónde laconcienciarespectodepun .. tos tan salientes de nuestro caracter y de nuestra histo ria como el coraje y el honor. Cuando las clases superio . res caen sin combatir , y de la manera que cayeron nues tros directores de la época á que me refiero , puede decir se que en aquella sociedad hasta el pudor se ha perdido .
Pero además, he preferido esos datos, yadenotorie dad , porque me sirven también para demostrar el gra do de abandono , verdaderamente inconcebible , quizá único en la historia, en que quedó el pueblo español frente al invasor, coronado por todos los éxitos é ilumi nado por todos los prestigios , fuera de los de la virtud y el decoro . Lo cual contribuye grandemente para dar al movimiento insurreccional de aquella época el carac ter revolucionario que ya he indicado .
De suerte , señores , que en la sociedad española de principios de este siglo, después del esfuerzoadmirable de Cárlos III para su reforma, existían elementos bas tantes y condiciones suficientes para que estallara y triunfase una Revolución en nombre de la moral y de la civilización . Nada de lo antiguo tenía vigor ; la podre dumbre estaba en todas las instituciones y el espíritu


regenerador de losnuevostiempos, á despecho detodas las circunstancias y por esos caminos misteriososcuya existencia ha provocado la aclamación de la Providen cia en la Historia , había tomado carne y forma en indi vidualidades, premiosas y anticipadas en la época de Aranda y Campomanes, y oportunas, poderosas y efi caces en el centelleante período de las Cortes de Cádiz . Esto bastaba para una revolución espontánea. Aña did elatropello del soldado, el latigazo del conquistador, la tiranía de Bonaparte , y tendreis combinadas las dos causas de todas las revoluciones del mundo .
Todavía existen algunas otras consideraciones de caracter perfectamente distinto á las expuestas hasta ahora , y que justifican el juicio que he emitido res pecto del sentido y alcance esencialmente políticos del movimiento insurreccional de 1008. No incurriré en la impertinencia de detallar y desarrollar estas nuevas consideraciones, pero tampoco puedo prescindir abso lutamente de ellas . Por tal motivo , os suplico que man tengais vuestra longanimidad permitiéndome aplazar paraotra conferencia la exposición y desenvolvimiento de las ideas que acabo de anunciar .
Después de todo, yo tengo un interés especialísimo en tratar de estos asuntos contemporáneos que para inuchos son más extraños que los pormenores de la historia clásica ; y aún cuando para las personas que me favorecen con su atención, en este momento, nada de lo que yo digapueda ser una novedad, lícito me sea insistir en el recuerdo de lo estudiado y sabido , por la necesidad, cada vez más urgente, de tener, en estos momentosangustiosos de nuestra política y de nuestra transformación social , vivos y esplendorosos , delante de nuestra vista , los grandes ejemplos y las edificantes lecciones que llenan el deslumbrador período de la pri mera Revolución española . He dicho .


BILBAO . - Sociedad El Sitio , recibidas 8 pesetas.
ÁVILA.- D.B. V. Catedrático del Instituto, recibidas 6 pesetas , importe de la 1. " à la 7.a conferencia .
BARCELONA .-D . A. J. y C. , recibidos sellos por valor de 8,25 pesetas, importe de la 4. ° á la 13 confe rencia.
LÉRIDA. - D. M. M. B. abogado, recibidas 6 pesetas, importe de la 1." á la 7." conferencia .
LOGROÑO . - Círculo Logroñés , recibidas 6 pesetas , im porte de la 1." á la 7.a conferencia .
» >> > ) )

-Instituto de 2.a enseñanza, idem , id .
--D . A. C. , idem , id .
-D . L. B. Arq. mun ., idem , id .
-D. S. I. V. de la A. , idem , id .
-D . P. G. del C. , idem , id .
-D . A. S. Ing. de cam , idem , id .
-D . E. S. Cat . del Inst , idem , id .
-D . J. S. L., idem , id .
-D . T I. , idem , id .
-D . J. R. P. Alc . 1. ', idem , id .
-D . D. A. , idem , id .
:-D. Z. A. , idem , id .
-D . F. C. , idem , id .
-D . E. H., idem , id .
-D . L. R. , idem , id .
- . V. P., idem , id .
-D . A. T. D., idem , id .
-D . V.I. , idem , id .
--D . P. A. , idem , id .
-D . P. G., idem , id .
-D . P. B., idem , id .
-D . S. U. , idem , id .
. >

Por las razonesexpuestas en la nota al pie de la pri mera página de esta Conferencia, se consideran, para los efectos de la suscrición y venta pública , como dos conferencias de pago, las dos partes y dos folletos en que se ha dividido el importantísimo trabajo del señor Labra .
Portanto los señores suscritores de provincias que tienen abonado el importe de ocho ó más conferencias, deberán tener presente para hacer la renovación, que su suscrición termina una conferencia antes de lo que hasta ahora se les tiene dicho en la Correspondencia administrativa .
Rogamos una vez más á los que están en descubier to que se sirvan girar el importe de ocho conferencias por lo menos , en sellos de correos, libranzas ó letras de fácil cobro, á D. Ernesto de la Loma, calle de Belén, núm . 18 , 2. °
1.* La Sociedad española al principiar el siglo XIX , por D. Segismundo Moret.
2.4 El Duque de Bailén , por el Marqués de San Román .
3. " El Empecinado, por D. José Gómez de Arteche.
4. Gravina, Churtutu y Ménde. Nuñez, porD. Ra món Âum 1 .
5.9 Muñoz Torrero y las Cortes de Cadis viinera parte), por D. Rafael M. de Labra.
Está en prensa , y verá la luz dentro de breves días , la segunda parte de dicha conferencia .
Imprenta y Estereotipia de EL LIBERAL , Almudena , 2 .


ATENEO
CIENTÍFICO , LITERARIO Y ARTÍSTICO DE MADRID
COLECCIÓN DE
CELEBRADAS
DURANTE EL CURSO DE 1883-86
" Conferencia POR
SEGUNDA PARTE
tvovao

iñoz Torrero y las Cortes de Cádiz . Asamblea constitucional. --- Programa de la trasformación cial de España.- La elocuencia y las costumbres parlamentarias en las Cortes de Cádiz .
1886
LIBRERÍA DE DON ANTONIO SAN MARTÍN
Puerta del Sol , núm . 6
MADRID

Muñoz Torrero y las Cortes de Cádiz . - Historia de la primera Asamblea constitucional. - Programa de la tras formación política y social de España . - La elocuencia y las costumbres parlamentarias en las Cortes de Cádiz .
Señores :
Terminé la conferencia anterior discurriendo rápi damente sobre las notas generales que caracterizan , como obra esencialmente política y acentuadamente revolucionaria , la gran empresa de la guerra de la Independencia española ly del establecimiento y fun ción de las inmortales Cortes de Cádiz . Y me despedi prometiendo ocuparme ahora de nuevas y especiales razones que confirman aquel sentido del gran movi miento insurreccional , que se realizó fuera de todas las formas legales, todaslas condicioneshistóricas y todos los respetos tradicionales de nuestra España .
Veré de cumplir mi ofrecimiento, tratando este pun to con gran rapidez y reanudando el hilo de nuestro es tudio y nuestras observaciones sobre el venerable don Diego Muñoz Torrero .
Aparte de la oposición resuelta queseproducedesde el 24 de Mayo de 1808 (fecha del alzamiento de Oviedo V -4


y de la iniciación de la protesta revolucionaria de las provincias) hasta el 25 de Setiembre (fecha de la cons titución de la Junta Central) entre la Junta Suprema de Gobierno que recibe sus poderes de Fernando VII al partir para Bayona y las Juntas provinciales que deso bedecen las órdenes de ésta y organizan de un modo irregular, ilegal, la resistencia contra los franceses y los afrancesados; aparte la oposición que seestablece y se sostiene constantemente entre la Junta Central , de ca racter esencialmente revolucionario, que con grandes dificultades pudo dominar á las provinciales, destru yendo además la Suprema de Fernando VII , y los anti guos y altos Consejos que continúan , más o menos irre gularmente , funcionando a su lado , en representación del antiguo régimen , hasta que a fines de Enero de 1810 consiguen concitar contra ella la muchedumbre de Se villa y Cádiz y obligarla á renunciar sus poderes en ma nos de la Regencia; aparte la oposición que se determi na en sentido y esfuerzos entre esta misma Regencia, apoyada por los elementos tradicionalistas y las Juntas provincial de Cádiz y delegada de los diputados electos en 1810 , que imponen la reunión de las Cortes en Setiem bre , a despecho de todos los manejos y equivocos de los privilegiados; aparte todo esto , que demostraría siempre la existencia del nuevo espíritu al lado del es píritu antiguo , constantemente acometido y sucesiva mente domeñado en este primer período de la guerra de la Independencia; aparte todo esto, repito, es necesa rio fijarnos, así en las medidas que los cuerpos direc tores y las Juntas provinciales adoptan para ocurrir á las necesidades públicas, como en la relación que estas mismas medidas y la actitud distinta de esos Cuerpos guardan con las incidencias , alternativas y vi cisitudes de aquella colosal guerra .
La Junta Suprema recibió sus poderes de la autori dad real y fué constituida por hombres caracterizados


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA

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en las esferas oficiales. Sus acuerdos ya los he indica do: es constante y creciente su sunisión al intruso, y su única protesta, que es la respuesta dada en 24 de Abril á las quejas de Murat respecto de las agitaciones de Burgos , Toledo y Madrid , realmente no pasa de una vergonzosa excusa. El nombramiento deunaespecie de comisión ejecutiva , compuesta de Ezpeleta, Cuesta , Es caño , Lardizabal , Uribe , Pérez Villamil y Gil Taboada , la víspera del 2 de Mayo, y el ensanche de la Junta ge neral con los presidentes de los Consejos, cuatro fisca les y seis consejeros, no tuvo ningún efecto ; ni lo dieron las consultas reservadas que la mismaJunta hizo á fi nes de Abril á Fernando VII para hostilizar al francés, impedir la entrada de sus tropas yconvocar Córtes.
Frente á esta Junta tradicionalista y tímida , surgen las revolucionarias provinciales , con manifiestos de sen tido trascendentalmente reformista , como el de la Junta de Sevilla ó el de las Juntas reunidas de Castilla y de León, refugiadas en Agosto en Ponferrada, al lado de otras más circunspectas que, como las de Valencia ó Murcia, se limitaron á proclamar la anulación de las cesiones y renunciasde Bayonay la legitimidad de Fer nando VII . De este movimiento es la resultante la Junta Central que se constituyeen Aranjuez el 25deSetiembre de1809,yfuncionaporespaciode quince mesesenel pe riodo más vario é incierto de aquella agitada época .
La Central es, pues, producto directo de la esponta neidad del país, y viene á ser una especie de Conven ción, fuera completamente de todas las tradiciones y todaslas prácticas españolas. Sólo así puede explicarse el nombramiento de sus vocales, que se verifica ( á des pecho de lo que el Consejo de Castilla había ideado á última hora para asociarseunajuntade mera consulta) pordesignación directa de las corporaciones locales, á fin de constituir una sola Cámara y prescindiendo de toda idea de brazos ó grupos privilegiados . 1

Así se explican las suaves resistencias que opone el Consejo de Castilla á reconocer sin ciertas reservas la autoridad de la Central , que aparece como poder único , y que se ve obligada á recordarle el papel que , en aque llos días, desempeña la Nación que acaba de nombrar su gobierno y , « á nombre del rey y por su causa, lo ha bía hecho todo por sí sola , sin auxilio de nadie . ) Así la Central puede darse el tratamiento de Majestad y recha zar laspretensiones militares de Cuesta, y reconocer la deuda nacional, y afirmar la resolución de continuar á todo trance la guerra, y trasladarse con todos los altos funcionarios á Sevilla , y proclamar la igualdad de la Metrópoli ylas Coloniasespañolas, y decretarla convo catoria de Córtes en una sola Cámara, pero por brazos y con presencia de los representantes de América , y confiscar los bienes de los afrancesados, yreducir todos los Consejos á uno , y organizar las Juntas superiores provinciales de observacióny defensa, concluyendo por aclamar la libertad de imprenta .
Pero la Central decae, ya por losmanejos del Conse jo restablecido, ya por las desgracias de la guerra, ya , sobre todo, por la impopularidad producida por algu no de sus últimos decretos, poco ó nada liberal. La Re gencia surge de estas complicaciones y las aprovecha, cuidando de sortear los compromisos liberales de la Central, por el aplazamiento de las Cortes cuya convo catoria, sin embargo, reprodujo; porla reforma del ju ramento en que se hacía referencia al gobierno definiti vo que las Cortes determinasen ; por la comisión al re sistente Consejo , que entonces se llamó de España é In dias, de los negocios deimprenta, y hasta por laprisión de los mismos centrales , groseramente insultados en las personas de Jovellanos y Calvo de Rozas , de tan res petable memoria .
Los esfuerzos de la Regencia, que se trasladó á Cádiz , desde la isla de Leon, á muy poco de constituída, se


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consagraron preferentemente a la defensa de la plaza y ála organización militar de la Península, llamando al país con doble energía á la vista de los proyectos de anexión á Francia de las provincias altas del Ebro . De política se ocupó poco, guarecida tras el Consejo y sos pechada por la Junta provincial de Cádiz, que había prestado , en aquella sazón , el inmenso servicio de to mar sobre sí el ramo de Hacienda, cubriendo el deficit que pasaba de 500 millones de reales. Pero, casi á un tiempo mismo , se producen las felicitaciones de Fer nando VII a Napoleon por los triunfos de éste en Espa ña, los proyectos del déspota de casar á aquel con una princesa de la familia imperial , y la resistencia del de seado á fugarse de Valencey : lo cual , unido a la situación general apuradísima de los ejércitos y las plazasde Es paña , provoca, hasta por excitación del mismo Consejo , la nueva convocatoria de las Córtes para el 1. ° de Marzo de 1810 , en una sola Cámara, prescindiendo del clero y la nobleza, y por un procedimiento originalísimo en el que figuraban el sufragio universal y detres grados, el voto de los ayuntamientos de lasantiguas ciudades, la representación de las Juntas provinciales revoluciona rias, y la elección de diputados de Asia y América. To davía la Regencia quiso prorogar el día de la reunión de Córtes, por las dificultades de la guerra que hicieron im posible la inauguración en Mayo, aplazamiento acen tuado por la reconstitución de los viejos y separados Consejos Supremos, que se decretó en aquellos días. Pero , como otra vez ya he recordado , la Junta gaditana y losdiputados electos que se hallaban en Cádiz, deter minaron, y consiguieron al fin, que no se pasase del 24 de Setiembre , como sucedió en efecto . De suerte , señores , que desde la disolución de la Junta Suprema nombrada por Fernando VII , todo , todo es ilegal, nuevo, anómalo en la dirección de la política y la guerra en nuestra España . Todos esos cuerpos , to


das esas disposiciones, todas esas actitudes son tan pe regrinas y fuera de nuestra tradición , como peregrinas é irregulares son laaparición ylavidadelosguerrilleros, principal elemento de la resistencia nacional en el pe ríodo más crítico de aquella guerra. Y esta irregulari dad , ni es momentánea ni pasa desapercibida . El apar tamiento del pasado es cada vez mayor hasta llegar á las Cortes de Cádiz: y la protesta del tradicionalismo está siempre viva en el Consejode Castilla, constante mentevencido hasta quedar anulado en 1811, y disuel to , al mismo tiempo que la Inquisición , en 1812 .
Por otra parte , es facilísimo demostrar con la nueva enunciación de fechas y de hechos, que , a medida que las viejas ideas y los añejos intereses consiguen su pa sajero ascendientesobre el nuevo espíritu que produjo la explosión de Mayo de 1808, decae la resistencia na cional; y quelasesperanzascrecen ylos ánimosse con fortan y los éxitos se suceden , a medida que se rectifi can aquellos accesos y se acentúan el caracter liberal y democrático de la Revolución .
Las tentativas del Consejo para asumir la dirección, después de la Suprema, y en los primeros días de la Central, estuvieron á punto de producir conflictos que habrían hecho estériles, ó poco menos, los éxitos del Bruch, de Gerona, Valencia, Zaragoza y Bailén, obra to do de la espontaneidad nacional y de las juntas provin ciales . Sin la Central , la venida de Napoleon en persona , atraído por el mal aspecto de la guerra española , hu biera hecho esto literalmente imposible, porque se ne cesitó un entusiasmo heróicoparahacerfrenteá250.000 soldados, curtidosen todos los campos de batalla, dota dos de toda clase de recursos y dirigidos por el primer capitán del siglo. Las rotas de Ocaña y de Andalucía casi coinciden con los decretos de la Central contra las juntas provinciales y la libertad de imprenta . Pero la Peninsulase puebla de guerrilleros y casi abandonados


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243 del mundo, que se prosternaba ante Napoleon, definiti vamente victorioso, volvemos á la lucha homérica, por el llamamiento de la Junta , que convoca las Cortes y de creta la libertad de la prensa para renunciar sus pode res en manos de la Regencia . Lo que esta hace no nece sito repetirlo . Las inconcebibles flaquezas de Fernan doVII en Valencey, las fiestascon que se celebra en aquel palacio la agonía, de nuestra independencia, la sumisión del deseado como hijo adoptivo del conquista dor, sólo encuentran correctivo en aquella famosísima consulta del Consejo de España é Indias , dicha de los tres luegos, enlacual con toda urgencia se requería la inmediata convocatoria de Córtes . Después , sin las de Cádiz , zhubiese sido posible la resistencia de España y de América? ¿Dónde el prestigio? ¿Dónde la virilidad? ¿ Dónde la esperanza?
Ah, señores, se necesita casi cerrar los ojosala evi dencia para dudarsobre este punto!Notad queno apun to consideración alguna de caracter especulativo . No quiero razonar cómo la libertad conforta y exalta y de qué suerte es imposible defender la independencia de un pueblo, sudignidad, supersonalidad, sus fueros, por medio de grandes rebaños de hombres , privados en su acción detoda idea de aquello mismo que defienden y que virtualmente niega supropia manera de obrar y de vivir . He señalado hechos . Y por cierto que , aún cuando ladigresión haya sido considerable, os aseguro que he pecado de avaro en la producción de datos y pruebas . Ahora bien , ¿con tales antecedentes es lícito discutir el caracter esencialmente reformador, espontáneo, re volucionario , soberano de las Cortes gaditanas? Lo fue . ron todo: tenían que serlo todo. Todoslos prestigios es taban en el suelo : el derecho tradicional en cuanto era privilegio , intolerancia , rutina , centralización ... había concluido, porque lo habían renunciado - iy de qué modo!-aquellos mismos en cuyo obsequio, con cuyo


motivo ó en cuya persona se había establecido . Jamás , jamás un pueblo se encontró en tal abandono , ni se vió constreñido como el español á recoger los atributos , de la majestad caidos en el lodoycorroidospor la mi seria . Tal vez nunca , á lo menos en la historia europea , se ha dado otro caso de aceptación tan franca y resuelta ydeéxitotan positivo,porpartedel pueblo abandonado, así de la situación producidaporel desfallecimiento y el desprestigio de sus directores históricos, como del com promiso de hacer frente con sus propios exclusivos re cursos y por su propia é insustituible autoridad , á la amenaza de la servidumbrey al atropello contrael ful minado por el representante más caracterizado de la violencia y de la tiranía, en laedad contemporánea.
¿Cómo, ni para qué discutir en este supremo instan te elderecho con quelas Córtesgaditanas, en el momen to mismo de su constitución, decretaban, conformes en un todo con la voluntad general, pronunciada del modo más enérgico y patente ... nula , de ningún valor y efecto la cesión de la CORONA que se decía hecha en favor de Napoleon, no solopor la violencia que intervino en aque llosactos injustos é ilegales, sino PRINCIPALMENTE por faltarle el consentimiento de la nación ?
¿Cómo ni para qué poner en tela de juicio el derecho con que los diputados congregados en la Isla proclama ron la soberanía nacional, la residencia de esta en las Cortesgenerales y extraordinarias que representaban la nación española , la inviolabilidad de los diputados y la confirmación de todas las autoridades del reino?
Pero además, todo lo indicado yadice suficientemen te el caracter esencialmente moralizador y regenerador de la gran Asamblea, no limitada, por tanto, á empeños puramente formales o de simple caracter político . Si de jaran alguna duda las diversas causas que produjeron el movimiento insurrecional de 1808 y determinaron la convocación y reunión de la Asamblea, objetivo y razón


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de todas las esperanzas , esas dudas desaparecerían por las reflexiones que naturalmente sugiere la lectura de los nueve primeros artículos de la Constitución de 1812 y por la consideración de la propuesta hecha por el di . putado y capellán Ostolaza , representante de Lima , en la sesión del 15 de Julio de 1811 sobre convocatoria de un Concilio nacional .
Verdad que el eclesiástico Ostolaza (después de poco envidiable fama por su identificación con los apostoli cos de Fernando VII y su enemiga para con sus anti guos compañeros de las Córtes ) , tiraba á un fin politico, pues pretendía nada menos que se declarase que la guerra de entonces era religiosa, por lo cual elclero ha bía de contribuir con todas sus fuerzas y arbitrios al fo mento de la campaña. Pero esta proposición no tomó cuerpo ni fué aprobada sino en la nueva forma con que la presentó el 22 de Agosto la Comisión de asuntos eclesiásticos, en cuyo nombre hablaron el ilustre cano nigo de Cuenca , Villanueva , y el obispo de Mallorca . En trambos sostuvieron la necesidad de promover la con servación y defensa de la fé católica, el fervor de la dis ciplina y la pureza de las costumbres, permitiéndose el obispo referirse á los tiempos recientes de Carlos IV « de donde habían procedido todos nuestros males por la ge neral relajación que reinaba en laCorte y se difundía á las provincias . »
De esta suerte queda perfectamente justificada la proposición que dictó , que defendió Muñoz Torrero , es cribió el presbítero extremeño D. Manuel Lujan y apro baron las Cortes, antes de dar comienzo á sus trabajos especiales . El honor y el acierto del chantre de Villa franca resultan evidentes .
Después , como he dicho , viene la obra doctrinal de las Cortes de Cádiz . Es decir , la Constitución de 1812 . Respecto de ella hay que tener en cuenta que su idea fué recomendada por dos diversas proposiciones pre


CONFERENCIAS HISTÓRICAS
sentadas en la sesión del 9 de Diciembre de 1810. La una , suscrita por el presbítero extremeño D. Antonio Olive ros , pedía « que se nombrase una Comisión de ocho in »dividuos, cuando menos, que teniendo presentes los » trabajos preparados por la Junta Central, propusiese »un proyecto de Constitución política de la Monar »quía.» La otra, suscrita porMuñoz Torrero, decía «que » esta misma Comisión , presentase dentro de ocho días » un proyecto de decreto , ofreciendo un premio al autor »de la mejorMemoria sobre la Constitución política de la Monarquía, señalando para la admisión de estas »Memoriasel 19 de Marzo próximo, sin perjuicio de que »la misma Comisión se ocupase en adelantar y reunir vlos trabajos de la Central . »
Las Córtes aprobaron aquel mismo día la proposi ción de Oliveros, y á poco, se constituyó la comisión constitucional compuestade quince indivíduos, de ellos seis eclesiásticos: Muñoz Torrero, Rodríguez de la Bár cena, Espiga, Cañedo , Oliveros y Pérez . Cinco abogados : Leiva, Mendiola , Gutiérrez de la Huerta y Jáuregui . Un catedrático, Morales Duarez, que lo era de Lima. Dos altos funcionarios del Estado : Rich , regente de la au diencia de Aragón, y Valiente, consejero de Indias. Dos hombres de carrera administrativa : Argüelles , cesante de Hacienda, y Pérez de Castro, de la secretaria de Es tado . En aquella comisión había cinco americanos , dos extremeños, dos asturianos , dos sevillanos y los demás de Cataluña , Aragón , Burgos y Valladolid . La presiden cia fué dada- como ántes dije -- al chantre y excatedrá tico de Salamanca , al venerable Muñoz Torrero , y la secretaría á Pérez de Castro . El más activo y constante miembro de aquellajunta fué D. Agustín Argüelles, re dactor del extensoDiscursopreliminar que va ala cabe za de laConstitución y pretende explicar los anteceden tes, sentido, razón y alcance de ésta, así como el Mani fiesto que en 28 de Agosto de 1812 y suscrito por el Pre


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sidente de las Cortes , Vega Infanzón y los Secretarios D. Juan Nicasio Gallego y D. Juan Bernardo O'Gaban , se dió con motivo de la promulgación de aquella carta política , refutando los principales argumentos hechos contra ésta y recomendando su inteligencia, práctica y defensa á todo el país .
Presentóse y se discutió el proyecto constitucional por partes , comenzando los debates el 25 de Agosto de 1811, ydurando seis meses, si bien noseguidos, por que la conclusión de las discusiones no tuvo efecto hasta el 23 de Enero de 1812 , votándose definitivamente el proyecto el 11 de Marzo , promulgándose el 18 y sien do jurado como ley del reino por los 184 diputados pre sentes el dia diez y nueve .
La parte más discutida en el seno de la Comisión fué la primera: esto es , la comprensiva de los cuatro pri meros títulos , que comprenden todo lo relativo á « la nación española-los españoles-el territorio de las Es pañas, su religión ygobierno y los ciudadanos españo les, las Cortes y el Rey . » Ocho meses corrieron en el examen y determinación de estos puntos ; pero las Córtes sólo le dedicaron dos , lo mismo que á las otras dos partes, que fueron el título relativo ála administra ción de justicia ó sea el quinto; y por último, los cinco restantes, relativos á los ayuntamientos y gobiernos de las provincias , contribuciones, fuerza militar, ins trucción pública y observancia y reforma de la Consti tución .
Ahora bien : para caracterizar la obra de la Constitu ción doceañista , conviene , ante todo, fijar la atención en el momento preciso en que se discutió y votó . Antes , las Córtes habian discutido y votado la declaración en fa vor de la soberanía nacional y de la división de poderes ; lo relativo a la igualdad de los reinos de América y la Peninsula; el decreto sobre libertadde imprenta; la abo lición de señoríos ; la supresión del tormento ; el regla


mento provisional parael gobierno yadministración del reino , y la nulidad de todo lo que hiciere el Rey.cautivo . Después de votadalaConstitución, las Cortes suprimie ronel voto deSantiago y la inquisición,lahorcayla con fiscación , hicieron la reforma de regulares, vendieron los propios y baldíos y lucharon yvencieron al clero y á laRegencia, dando un nuevoreglamentoal Poder Ejecu tivo y votando el primer presupuesto constitucional. La Constitución es, por tanto , el empeño del medio ; la tarea de la época que sigue al entusiasmo y precede al com bate . Primero , el período de las afirmaciones gene rales yde la protesta contra el extranjero. Al fin, el pe ríodo de la lucha creciente contra los enemigos interio res y contra el espíritu del antiguo régimen , recobrado , tanto de las angustias y los atropellos de la invasión napoleónica, como de la condenación y la enemiga de todos los elementos sanos que se alzaron contra las in moralidades del reinado de Carlos IV . De suerte , que la Constitución tuvo que ser la obra de la reflexión , de la calma , de la conciliación y la confianza . Todo como era posibleen un período agitadísimo de revolución interior y de lucha contra el extranjero . Después de esto hay que estudiar los dos documen tos de que he hablado: el Discursopreliminar y el Ma nifiesto de la promulgación . En el primero , esfuerzase el entusiasta y popular Argüelles en demostrar que «nada hay en la Constitución que no se halle consigna do del modo más auténtico en los diferentes cuerpos de la legislación española, » reduciéndose la novedad al «método con quese distribuyen las materias ordenadas y clasificadas, para que formen un sistema de ley fun damental y constitutivo , en el cual este contenido con enlace, armoníay concordancia cuanto tienen dispues to las leyes fundamentales de Aragón , de Navarra y de Castilla , en todo lo concerniente á la libertad é indepen dencia de la nación , á los fueros y obligaciones de los


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ciudadanos, á la dignidad y autoridad del rey y,de los tribunales , al establecimiento y uso de la fuerza armada y al método económico y administrativo de las provin cias . » Sin embargo , todas estas afirmaciones no pasan de un buen deseo ó de un recurso político . Prescindien do de la diferencia fundamental que existe entre el con cepto de la libertad de los tiempos modernos al que de esta misma idea imperaba en la época romana , y de la distancia extraordinaria que va de la monarquia consti tucional del siglo xix á la monarquía limitada de la Edad Media, nunca sería dable negar el estrecho paren tesco de la obra de nuestros doceañistas con las consti tuciones francesas de la época, y señaladamente con la de 1791. Y no hay para qué decir ni explicar el sentido novísimo de estos códigos , ni sus relaciones con la pro paganda de los enciclopedistas y los renovadores de fines de la última centuria .
En algún punto , sin embargo, la diferencia es consi derable . Aludo a la intolerancia religiosa y á la Iglesia del Estado consagradas de un modo absoluto por la Constitución española; pero sobre esto hay que consi derar toda nuestra tradición , que nos proporcionó la exclusiva en la materia, é hizo del problema religioso político un problema especialisimo de nuestra vida po lítica y social , aparte de la importancia general que tuvo en toda la Europa media y moderna . Amén de la cir cunstancia del número é influencia del elemento ecle siástico en las Cortes gaditanas, y del tono de despreo cupación que á la invasión francesa comunicó el estado de agitación y crisis del espíritu público y de la con ciencia religiosa en la nación vecina, al tiempo de la guerra con España .
No temais , señores , que prolongue inconsiderada mente esta conferencia discurriendo con cierto deteni miento sobre el gran Código político de 1812. Me he complacido en algunos detalles sobre los primeros días


de las Cortes gaditanas , porque esos detalles eran pre cisos para caracterizar bien la instalación y justificar las primeras declaraciones de aquellas. Ahora lamate ria es mucho más vasta y más inexplorada. Porlomis mo , mayores las tentaciones para aquellos que hemos dedicado alguna atención á su estudio , ó por el atrac tivo del asunto ó pordeberes políticos y profesionales. Pero , en cambio , no veo la necesidad de disertar larga mente , toda vez que en la obra constitucional no se dá la acción exclusiva ó la iniciativa poderosa de Muñoz Torrero , como en la declaración del 24 de Setiembre , ni los debates constitucionales vienen á demostrar un nue vo sentido del manifiesto en el discurso que produjo la declaración aludida. Sin embargo , algo habrá que decir .
Todo el espíritu y la razón de aquel gran Código po lítico están en las principales instituciones que sancio nan . A saber : là soberanía nacional , -la unidad religio sa , -la monarquía moderada hereditaria - la división delos poderes públicos,-el régimen representativo- y el sufragio universal .
Por residir la soberanía esencialmente (así dice el texto constitucional) en la nación , á ésta pertenece de un modo EXCLUSIVO «el derecho de establecer sus leyes fundamentales,» porque sólo de esta suerte aquella «es libre, independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona . » La religión católica , apostólica, romana, por ser «la única verdadera) será perpetuamente la religión de la nación española, lacual ha de proteger por leyes sabias y justas , prohibiendo el ejercicio de cualquiera otra .
La monarquía está representándola el Rey, cuya per sona es sagrada, inviolable y exenta de toda responsa bilidad , que asumen los ministros ó secretarios de Es tado , sin cuya firma « ningún tribunal ni persona públi ca dará cumplimiento á las reales órdenes . En el Rey



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se dan facultades de diverso orden como jefe del po der ejecutivo, como participe de los demás poderes y como encargado de regular el juego constitucional . En el primer concepto nombra los empleados, dicta regla mentos, dispone de lafuerza de las armas, etc., etc. En el segundo tiene la sanción y promulgación de las le yes, puede proponer á las Cortes lo que estime perti nente, vela por la administración de justicia, y, á pro puesta del Consejo de Estado, nombra los magistrados de todos los tribunales civiles y militares, así como presenta para todos los obispados, dignidades y benefi cios eclesiásticos. En el último concepto indulta y diri ge las relaciones diplomáticas . El reino de las Españas es indivisible y la sucesión en el trono será por orden regular de primogenitura ypreferencia de los varones, pero sin excluir las hembrasni larepresentación entre los descendientes . El poder legislativo reside preferentemente en las Cortes , que se dividen en ordinarias y extraordinarias y están representadas en una solaCámara, sin división de brazos ni procedencias. Las Cortes extraordinarias son para resolver en los negocios árduos, convocadas por el Rey y en los casos de imposibilidad del Rey para reinar , abdicación de éste ó vacación del trono . Las otras, para hacer leyes y velar por el cumplimiento de éstas y la buena gestión de la cosa pública . La proposi ción de las leyes corresponde á los diputados, que son in violables é incompatibles con todo cargo público , in cluso el de ministro ó secretario de Estado , no pudiendo recibir gracia ni empleo durante el desempeño de sus funciones y un año después. Sin embargo , los ministros podrán presentarse y asistir á las sesiones de Cortes parasostenerlas propuestas que el Reyhiciese, pero no podrán permanecer en el salón mientras se vote. El Rey sanciona y promulga las leyes, disfrutando del veto suspensivo, que puede usar dentro de los treinta
I Ur UBRARYincINUA

días seguidos a la comunicación de la ley votada . Las Cortes se reunen todos los años y constituyen cada dos por sí mismas. Una diputación compuesta de siete miembros funciona durante los interregnos ó vaca ciones .
La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales pertenece exclusivamente a los tribunales. Sólo habrá un fuero; pero se mantienen transitoriamen te y hasta que las leyes especiales resuelvan , el ecle siástico y elmilitar . Los magistrados y jueces son in amovibles . Para suspenderlos habrá que oir al Consejo de Estado y el expediente pasará al Supremo de Justi cia . Este (que con el Consejo de Estado anuló todos los Consejos del antiguo régimen) queda encargado de los negocios de competencia , causas de Estado , juicios de residencia de los altos empleados , recursos de fuerza y de nulidad . Ningún español puede ser preso sin previa información sumaria y conforme a las leyes y por jue ces de nombramiento anterior a la comisión del delito . Se suprimen el tormento, el apremio, la confiscación y la infamia y se promete eljurado.
Los diputados á Córtes , los diputados provinciales y los concejales delos ayuntamientos son de elección popular . Todo español de 25 años de edad , y sea cual fuere su profesión (inclusive la eclesiástica secular ), avecindado ó residente en laparroquia y en el ejercicio de su derecho de ciudadano, tiene voto . Es ciudadano el español que por ambaslíneas traesu origen delosdomi niosespañoles de ambos hemisferiosóde extranjero es pañolizado por las Cortes . De suerte que no son ciudada nos los originarios de Africa y menos los esclavos , que la Constitución indirectamente reconoce como tales . La ciudadanía se pierde por residir cinco años consecutivos fuera del territorio español sin comisión ni licencia del gobierno, por sentencia y por adquirircarta de natura leza ó tomarempleo en otro país . El ejercicio de aquellos


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derechos se suspende por interdicción judicial, por quiebra mercantil ó deuda á los caudales públicos, por el estado de sirviente doméstico , por no tener empleo , oficio ó modo de vivir conocido, porproceso criminal y, desde el año 1830 , por no saber leer ni escribir . El sistema electoral sancionado por la Constitución del 12es originalísimo y de una complicación desespe rante . Se trata , por ejemplo , de los diputados á Córtes . Todos los vecinos de una parroquia eligen varios com promisarios para que éstos designen los electores lla mados parroquiales, que han de ser uno por cada dos cientos vecinos.
Los electores parroquiales constituyen la junta elec toral de partido , la cual designará los electores de este nombre ó grado , los cuales a su vez formarán la junta electoral de provincia encargada de elegir por mayoría de votos el número de diputados que según la ley co rrespondaá la provincia, advirtiendo que el diputado debe sernacido en la provincia ó estar avecindado en ella, con residencia,álo menos, de sieteaños,y pertene cer al estado seglar ó al eclesiástico secular. También la Constitución exige una renta anual procedente de bienes propios, pero esta disposición sedejó en suspen so . Los diputados provinciales son elegidos por las Juntas departido, ylos concejales y el alcalde, poruna Junta de electores designados préviamente por todos los ciudadanos de cada pueblo . Todas estas juntas eran presididas por la autoridad pública con asistencia del párroco, y las votaciones debían ser precedidaspormi sa solemne de Espíritu Santo . El voto era público fuera de la designación de los electores de partido . Tales son, señores, las principales disposiciones de la Constitución de 1812, ó mejor dicho, tales los pun tos que ofrecen cierta originalidad en aquella gran Carta política .
Sin gran esfuerzo , señores , echareis de ver que esta V -5



es una Constitución de ponderaciones y equilibrio, pero saturada de un espíritu democrático tan poderoso, que á haber funcionado las instituciones creadas por aquella Carta, el resultado habría sido la supresión de lamo narquíay la rectificación de la intransigencia religiosa. Más , por lo mismo , hay que conceder una importancia excepcional á aquellos artículos que consagran la exis tencia de la monarquía y la religión oficial exclusiva porque representan el máximum de las concesiones hechas á los interesesy las preocupaciones tradiciona les . Sin ellos, tal vez hubiera sido imposible la Constitu ción en 1812. Desde luego , sin ellos la obra revolucio naria de aquella época no tiene explicación .
En segundo término pongo, pero dándole también gran importancia, lo relativo a la igualdad de derechos de los españoles de América y de Europa , y á la exten sión de la ley constitucional á los países trasatlán ticos .
Es una novedad trascendentalísima y bastaría para dar caracter à la Constitución doceañista . Sólo que , por desgracia, estas afirmaciones políticas doctrinales no fueron correspondidas porla legislación mercantil. El marqués de la Sonora en1778había dadoel primer gol pe á la intransigencia comercial, facilitando el tráfico de las colonias con varios puertos de la península , fue ra ya del monopolio de Cádiz y de las férias de Panamá y Portobello. Todavía la guerra con Inglaterra había producido los decretos que capacitaron á los habitantes de las Antillas para proveerse del extranjero, yahora mismo la guerra con Francia había hecho necesaria la libertad de aprovisionamiento del Plata.
Necesitábase convertir esto en general y definitivo . En una palabra, hacer lo que al fin se hizo en 1818 res pecto de las Antillas . Ya se había intentado antes ; pero pronto los intereses privilegiados se rehicieron y logra ron anular el decreto de libre comercio . De suerte que
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las declaraciones políticas de la Central , la Regencia y las Córtes respecto de América, fueron desmentidas en el orden mercantil , donde subsistió la inferioridad de nuestras colonias y el sistema de exclusivismo y explo : tación . El primer resultado fné la pérdida definitiva del Plata, donde no se pudo restablecer el sistema ... Y lue go... lo que yo no debo explicarahora, pornoaumentar las digresiones que llenan estas conferencias. No hace mucho apunté con otro motivo las discusio nes constitucionales en que Muñoz Torrero tomó prin -cipalísima parte . Ahora me interesa precisar este punto Hamando la atención sobre dos o tres debates particu lares . En este grupo pongo el provocado sobre el ar tículo 3.º de la Constitución , que trata de la soberanía , y respecto del cual hablaron mucho y bastanteacalorados los diputados Aner, Terrero , Argüelles , Llaneras , Bo rrull, Zorraquín,Alcocer, Gallego, CondedeToreno,Gi raldo, obispo de Calahorra y Muñoz Torrero. La Comi sión había redactado el artículo estableciendo el dere cho de la nación « de adoptar la forma de gobierno que » más le conviniere . » De aquí graves acusaciones , algu nade republicanismo,rechazada calurosamente por Ar güelles que llegó á decir , « que el que propusiese en Es pana la originalidad de la república, lograría, cuando menos , atraer sobre sí el desprecio general . » Dos veces intervino Muñoz Torrero , decidiendo el punto con la supresión de las frases indicadas que realmente eran ociosas . Así y todo , el artículo tuvo en contra 24 votos y 128 en pró .
De menos resonancia fueron , sin duda , las observa ciones hechas sobre el art . 13 , que proclamaba la unidad religiosa . La Comisión se había limitado a establecer « la exclusión de cualquierotrareligión.»PeroMuñoz Torre roy Villanueva, con el auxilio de muchos eclesiásticos recomendaron que se precisase la prohibición del ejer cicio de todas las sectas, de donde vino la nueva for


ma absoluta y rigorosa que tiene el actual art . 12 de la Constitución doceañista .
Otro de los debates de importancia fué el relativo al art. 15, el cual establece que«lapotestad de hacerlas le yes reside en las Cortes con el Rey. Esta doctrina en que principalmente descansa la Monarquía moderada que la Constitución doceañista proclama, fué impugna da briosamente por Castelló y , sobre todo , por el Conde de Toreno que pronunció quizá su mejor discurso con tra el veto del Rey . Aner , Ostolaza , Argüelles , y muy singularmente el relator Gutiérrez de la Huerta , sostu vieron la teoría constitucional, viniendo á reforzarles Muñoz Torrero , que en aquel trance sostuvo ideas de conciliación y el caracter general dela Constitución ga ditana .
Todavía el venerable sacerdote sostuvo este mismo interés de concilación al discutirse el art. 22 , por el cual quedaron fuera de la ciudadanía las castas americanas, o sean los españoles habidos y reputados por origina rios del Africa .
Los diputados americanos combatieron calurosa mente esta exclusión y el debate duró cinco días . Muñoz Torrero pretendió reducir á Uria, Inca,Alcocer, Gordoa, Salazar, Feliú , Leiva , Larrazábal y Cisneros, apoyando á Argüelles, Dou, Oliveros, Aner, Pérez de Castro y Espi ga . Pero la razón y la lógica estaban contra los diputa dos peninsulares, preocupados ahora de evitar, por un recurso poco hábil, el posible predominio de la repre sentación americana, que sin embargo se había recono cido por la proclamación sin reserva , en otro artículo de laConstitución, de la absoluta igualdad de los dife rentes reinos y comarcas de todas las Españas .
Por último, Muñoz Torrero terció con cierta viveza en la discusión del art . 375 que dispone que « hasta pasadosocho años después de hallarse puesta en prác tica la Constitución en todas sus partes , no se pueda


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proponer alteración, adición, ni reforma en ninguno de sus artículos ; » precepto combatido por muy opuestos motivos por los diputados americanos , y los que ya por aquel entonces tomaron el nombre de serviles . Entram bos grupos pretendían la inmediata reforma constitu cional en dos o tres puntos, objetivo de sus desatendi das gestiones. Para los americanos, el principal disgus to estaba en la cuestión de la representación parlamen taria . Para los serviles , en lo relativo á los tribunales y consejos, así como en las declaraciones del título 1.º
Muñoz Torrero y la Comisión constitucional pro pendían á dar cierta tregua á las pasiones políticas, pa ra que la reciente ley constitutiva produjese sus pri meros efectos creando costumbres é intereses . Además , de esta suerte el nuevo gobierno podría ocuparse de la gestión de la cosa pública , sin los inconvenientes y com plicaciones deun constante debateconstitucional, que, por lo menos, mantendría abierto el período constitu yente y en el aire á casi todas las instituciones.
Tal vez influyera también cierto dogmatismo y cier to amor á la perpetuidad, propio de los grandes legisla dores que constantemente repiten la leyenda de Moisés y las tablas de la Ley . Y , por de contado, no trato de de fender la oportunidad ni la razón definitiva de estos ar tículos que prescinden bastante de la naturaleza huma na, mudable y poco sumisa, así como de la pretensión constante de los sucesores de enmendar lo que antes de ellos se hizo con no más derecho que el que puede ejer citarse para la reforma.
Pero fácil es comprender como en la actitud de Mu ñóz Torrero influían la preocupación del sistema, el de seo de la regularidad y la estabilidad, el esmero y aten ción exquisita de la economía y solidez de la nueva Constitución . Como habeis visto , su intervención en los debates constitucionales se reduce á los puntos que pu diéramos llamar clave de aquella gran obra . Indudable


mente, en el curso general de los debates, otros orado res , y sobre todo , Argüelles ( que es el alma de la bata lla ), intervienen con mayor frecuencia , con mayor brillo y más resonancia. Pero las cuestiones capitales resul tan fijadas y determinadas definitivamente por la inter vencion de Muñoz Torrero que , además , en el seno de la comisión, había actuado y ejercido una influencia casi siempre decisiva .
Antes dije también quela tercera parte de la obra de las Córtes gaditanas, es la que pudiéramos llamar de gobierno y batalla . Y aquí ya hay que reconocer que la importancia del ilustre catedrático de Salamanca decae bastante y cada vez más , según se acentúa el caracter gubernativo y belicoso de las medidas. Y se explica muy bien, dadas las condiciones morales, y supuestos los hábitos, los gustos y laposición del personaje.
Los empeños que se comprenden en esta última par te de las famosas Córtes , pueden y deben ser considera dos desde distintos puntos de vista y, evidentemente, ofrecen muy diverso carácter. Pongo en primer térmi no los que responden á la necesidad de levantar el áni . mo del país atropellado, tienen un interés y un tono generales y se presentan como verdaderos actos legis lativos . Aún dentro de este grupo hay que distinguir las disposiciones provocadas directamente porel inva sor y las dictadas en consideración a los enemigos in teriores, que, como antes he dicho, se organizan hacia 1811 y toman á los comienzos del año siguiente una actitud verdaderamente agresiva .
Entiendo yo que en estos conceptos deben ser estu diados y juzgados el decreto sobre libertad de imprenta que sigue inmediatamente (19 de Octubre de 1810) á la solemne declaración de 24 de Setiembre ; los dos decre tos de 15 de Octubre de 1810 y 9 de Febrero de 1811, so bre igualdad de los españoles europeos y ultramarinos y olvido de los sucesos de América ; los reglamentos


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 259 organizando el poder ejecutivoen 16de Febrerode 1811, 26 de Enero de 1812 y 8 de Abril de 1813 ; la abolición de las mitas de indios, del tormento , de la horca , de la infamia y de las pruebas de limpieza de sangre; el de creto de 14 de Octubre de 1812 suprimiendo el voto de Santiago ; la abolición de señoríos llevada á efecto en 6 de Agosto de 1811 ; la abolición del Santo Oficio en 22 de Febrero de1813;la supresión de los mayorazgos y vin culaciones en 6 de Agosto de 1811 ; la reforma de los conventos (26 de Agosto de 1813) ; la desamortización y venta de baldíos (4 de Enero de 1813) ; el reconocimiento de la Deuda nacional (13 de Setiembre de 1813 ) ; la de claración de nulidad de todo lo hecho por Fernando VII durante su cautiverio ( 1.º de Enero de 1811) ; la forma ción de los ayuntamientos constitucionales ( 23 de Mayo de 1812) ; el establecimiento de las diputaciones provin ciales en la Península y Ultramar (25 de Mayo de1812), y otros que no menciono por referirse á asuntos de segundo orden, comparados con los que dejo dichos.
Pero al lado, y después de las medidasáque meaca bo de referir, vinieron otras de caracter menos general y más propias de un cuerpo gobernante , que de una Cá mara legislativa, pero de necesidad absoluta para sal var el prestigio y hasta asegurar la existencia de las Córtes gaditanas y de toda la situación política creada en el otoño de 1810 .
De pasada he hablado de las dificultades puestas por la Regencia para la definición, reunión y constitución de las Cortes . No contentos con su equívoca actitud del 24 de Setiembre , ni con la resistencia del obispo de Orense á prestar el nuevo juramento, los regentes (que eran además del obispo , Saavedra , Castaños , Escaño y Lardizábal)repitieron hasta por cuatro veces su dimi sión , admitida al fin en Octubre , en cuya fecha fueron nombrados Agar , Císcar y Blake .
La escena del obispo se repitió á los pocos días por


el regente suplente Marqués del Palacio que al cabo fué sustituido por el Marqués de Castelar, después de declarar las Cortes que aquel « había perdido la confian za de la nación . » Pero las rivalidades y dificultades con la Regencia no concluyeron aquí . Buena prueba la re nuncia de Agar y Císcar en Julio de 1811 ; la constitu ción de la Regencia dicha del Quintillo por componerse de cinco personas, que fueron (en Enero de 1812) el Du que del Infantado , D. Joaquín Mosquera , D. Juan M. Vi llavicencio, el consejero Rodríguez de Rivas y el Conde del Abisbal; la dimisión de este último, sustituido por Pérez Villamil ; la destitución de los regentes por su conducta , algo más que equivoca , en el cumplimiento del decreto contra la Inquisición , en Marzo de 1813 , y el nombramiento de los nuevos regentes Agar, Ciscar y ar zobispo de Leon , destituídos al cabo por el Rey en 1814 . Y á todo esto hay que agregar las incesantes gestiones que desde el verano de 1811 hicieron los elementos reac cionarios para colocar al frente de la Regencia a la in fanta D. " Carlota, Regente de Portugal ; gestiones que llegan á preocupar fuertemente al país y á las Cortes, siendo motivos de muy sérios debates como el de la se sión secreta de 24 de Setiembre de 1812, en la cual se promovió un verdadero escándalo por pretender los partidarios de aquella señora que se la eligiese Regente en secreto, contra el acuerdo expreso de las mismas Córtes .
Estas acudieron á semejantes obstáculos con gran oportunidad y energía. El de Orense y el Marqués del Palacio fueron detenidos, procesados y obligados al ju ramento ; los otros regentes reciben orden de salir de la Isla y de Cádiz; las susceptibilidades de Agar y Ciscar acalladas , el Quintillo destituído y la candidatu ra de la Infanta puesta fuera de combate por un decreto contra todas las candidaturas de la familia real . Aquí Argüelles , Capmany y Calatrava llevaron la dirección .


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Por otro lado están los ataques , más ó menos direc tos , de que son objeto las mismas Córtes . Figuran en primer término entre los agresores el ex- regente Lar dizábal con su Manifiesto de 1811 , y el exdecano del Consejo,Colon consu Españavindicada. Luego viene la severa reclamación del Nuncio y de los representantes de Inglaterra, Portugal y Sicilia contra la proposición de Capmany y Alvarez Toledo, prohibiendo el trato di recto y negociaciones particulares de los diputados con los regentes , ministros ni embajadores. Por otro lado aparecen las protestas de los diputados García Quinta na y González y su resistencia á concurrir á las sesio nes; así como el desagradable incidente provocado por el diputado gallego , canónigo de Santiago , D. Manuel Ros , que escribió ó patrocinó la carta misiva de No viembre de 1812 contra los acuerdos de las Córtes res pecto del bibliotecario Gallardo (el autor del Dicciona rio crítico burlesco), carta censurada de subversiva y atentatoria al prestigio de la Asamblea soberana. Ulti mamente hay que poner entre las dificultades de que vengo hablando , ya las agitaciones de la muchedumbre de Cádiz contra los diputados serviles y en particular contra el diputado Valiente , que se había negado á fir mar el proyecto constitucional é hizo ante las Cortes una defensa calurosa y quizá exagerada del consejero Colon , ya las reservas , los manejos y las resistencias de algunos jefes militares que llegaron al extremo del des pecho y de la casi rebeldía del general Ballesteros con tra el nombramiento del duque de Wellington para ge neral en jefe de las fuerzas anglo - españolas . Sobre todos estos particulares , las Cortes tampoco vacilaron un momento . A los ministros extranjeros se contestó afirmando la inmunidad y la libertad parla mentaria . A los diputados desobedientes se les encerró en un castillo, y el canónigoRos tuvo que humillarse después de haberse discutido sériamente su expulsión


de las Córtes . Lardizábal y Colon fueron sometidos á un largo proceso , de muchas peripecias y de no pocos dis gustos para los reos , al fin absueltos por el Tribunal Supremo . Los alborotadores de Cádiz fueron conteni dos por la autoridad gubernativa y censurados ágria mente por las Cortes , mediante las proposiciones de Aner , García Herreros , Creus y del Monte. Y Balleste ros fué destituído á pesar de su temible popularidad . Por último , surgen de un lado la agitación del clero y cabildo de Cádiz, Sevilla, Córdoba, Málagay Jaen, moti vo del decreto contrala Inquisición y laactitud rebelde de los obispos de Lérida, Tortosa, Barcelona, Urgel, Te ruel , Pamplona y Santander , y la intervención facciosa del Nuncio en este negocio , combinada con la resisten cia de los regentes , casi dominados por Pérez Villamil , á que se lea en público el decreto de las Córtes . De otra parte , la casi rehabilitación de los afrancesados y su cre cienteinflujoenciertoscírculospolíticosygubernativos. Tampoco pecaron deblandaslas disposiciones adop tadas por las Cortes en estos trances . Quizá superan en valentía y en rigor á todas las anteriores . Porque el ca bildo gaditano fué encausado, ocupándole su tempo ralidad, y obligado á someterse, leyendo el decreto tres meses seguidos en los templos . El vicario capitular y tres canónigos expulsados. Reprendidos severamente losobispos;expulsadotambiénel Nunciode Su Santidad, que lo era D. Pedro Gravina, y destituída como ya se ha dicho , la Regencia en Mayo de 1812. Respecto de lo afran cesados, lasCortes dieronhastaseisdecretos desdeel de 16 de Junio de 1811 al de 14 de Noviembre de 1812 , más ó menos rigurosos según el estado de los ánimos y de las cosas , pero con la mira siempre de limpiar de las esferas delgobierno alosquesehabían mostrado tímidos, cuan do menos , en la defensa de la patria . Por esto no podían ser regentes , ministros ni consejeros los que hubiesen jurado al Intruso .


Todavía podría recordar otras manifestaciones de la entereza de las célebres Córtes . Por ejemplo , su actitud frente á Inglaterra con motivo de varios empréstitos ; su energia respecto de las elecciones de Aragón y de Gali cia; su firmeza frente a la insurrección americana ; sus negativas al duque de Orleans y la princesa Carlota ; sus gestiones cerca de Prusia para determinarla á la alian za contra Francia . Mas antojaseme que lo dicho es lo principal, y que ya es bastante para poner muy en alto la virilidad y el acierto de los hombres extraordinarios de 1812 .
Ahora bien, señores, yo os invito con estos datos, á hojear las páginas de las actas ó los Diarios de Sesiones deaquella fecha. Sin duda allítopareis con la interven ción de Muñoz Torrero en alguna parte de los actos á que acabo de referirme . Pero reparad cuáles . Por ejem plo, en el debate sobrelibertaddeimprenta, aludido por el reaccionario Teureyro, y en las discusiones sobre la Inquisición con el inquisidor Riesco , el obispo de Cala horra, el capellán Ostolaza y el relator Gutiérrez de la Huerta . ¿ Necesitaré subrayar el caracter doctrinal de estas contiendas ?
Todavía pueden acotarse las breves palabras que Muñoz Torrero pronunció, con influencia decisiva, en algunos casos delicados, como para refrenar la inci piente rebeldía de los regentes, ó contener los ataques del diputado Ros ; manteniendo , en cambio , la jurisdic ción de las Córtes para entender , resolver y refrenar los conatos de resistencia y los delitos de desacato contra ellas dirigidos .
¡ Pero cómo , señores , cómo , comparar estas severísi mas pero ligeras frases del docto chantre con la actitud y las palabras de todos los demás diputados que en estas circunstancias aparecen en la escena , sobre todo , á partir de mediados del año 11 ? Los hombres de entón ces son el fogoso é incansable Argüelles, el joven


cuanto radicalisimo Conde de Toreno , el áspero Capma ny , el violento numantino García Herreros , el agresivo pero razonador Zorraquín, el siempre avisado é impla cable Calatrava , el mismo canónigo Villanueva , y con ellos y como orador y como parlamentario sobre todos ellos , según el voto de Alcalá Galiano, aquel D. José Mejía, catedrático deQuito, diputado del nuevo reino de Granada, leader de la representación americana , arre batado como Mirabeau , por la muerte implacable, en los primeros añosde su vidapolítica; hombre excepcio nal y meritísimo ; fundador y redactor del célebre pe riódico La Abeja; constantemente celebrado por El Es pañol de Londres y de historia casi desconocida, más para cuya gloria bastarían los magníficos discursos pronunciados contra las renuncias reales de Bayona y contra la disolución prematura de lasCortes gaditanas, como para su reputación de liberal y de político sobran su iniciativa en pro de la libertad de imprenta (aún an tes que Argüelles y Muñoz Torrero ), y sus indicaciones sobre la intima relación de las libertades ultramarinas y la Península y la inminencia de la revolución ame ricana .
Lo que esoshombres fueron luchando con Terrero, Gutiérrez Huerta, Valiente, Borrull, Ostolaza, Inguan zo y otros prohombres del bando que entonces se lla mó servil, lo dice claro la saña con que la reacción del 14 los persiguió y trató de deshonrarlos, sometién dolos aaquellos tribunales fuera de todo derecho y de toda forma regular , constituídos- japenas se compren de!-hasta por personas que, como Martínez Villela y Galiano , habían pertenecido a la situación revolu cionaria, y ante los cuales se intento presentar, bajo la acusación de Ostolaza, Mozo de Rosales, Inguanzo y otros constitucionales de 1812 , como delitos y crímenes los actos realizados por gobernantes y diputados en el cumplimiento extricto de la legalidad por aquella época


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vigente . La emigración , el destierro , el servicio militar , el convento , la cadena ..... todo fué prodigado contra aquellos hombres extraordinarios que salieron delmar tirio para insistir en 1820 en la afirmación y defensa de sus viejos compromisosy de sus puros y santos ideales! Más para esta empresa, donde eran indispensables una actividad , un desahogo , una viveza , un impetu - y permitidme la palabra -un ardor y una fiereza incom patibles con el caracter sacerdotal y con ciertos hábitos de templanza y estudio , para esta empresa no podía , ni debía contarse con un hombre como el venerable maes tro de aquella gran Universidad salmantina, que pre sentajuntos al respeto de nuestros tiempos, lagloriosa tradición docente del siglo xv y la protesta enérgica de 1814 contra el atropello de la Constitución y de los constitucionales por Fernando VII .
Después de esto , bien podeis juzgar hasta qué punto y de qué modo es cierto lo que os anticipé respecto a la representación política de Muñoz Torrero, y á su iden tificación con las Cortes gaditanas. Después de todo, su acción no es brillante ni aparece para el vulgar espec tador , diaria , incesante , permanente . Y sin embargo, lo repito, sin él no se comprenderían las Cortes de Cádiz. Calculad su virtud pensando en el poder de las causas misteriosas y de las fuerzas latentes de la Naturaleza . Ellas lo son y lo valen todo .
Sería muy difícil, señores, buscar fuera de este pe ríodo de nuestra historia y fuera de la historia españo la, tipos de comparación con nuestro ilustre chantre . No hay que hablar de los clérigos de las comunidades del siglo xvi , ni del famosísimo D. Antonio Osorio de Acuña , obispo de Zamora , el guerrero de Tordesillas , decapitado en Simancas. Es otro caracter, otro sentido, otraposición. Lalibertad porqueaquel clero pelea fren te á Cárlos V , es otra cosa perfectamente distinta á la li bertad de los patriotas romanos y á la libertad de las


Cortes de Cádiz. Pero dentro del espíritu contemporá neo y de la historia del clero católico en sus relaciones con la democracia de nuestra época , tampoco podría ponerse á Muñoz Torrero en la misma línea que , por ejemplo, el abate Gregoire, ó el abate Sieyes, que vivie ron, como es sabido, precisamente desde mediados del siglo XVIII hasta 1830 .
Porque este último, vicario de Chartres, folletista inspirado y fecundo, apasionado de las fórmulas, gran facedor de constituciones , representante y amparador del tercer estado y de una gran influencia en los Estados Generales y en el Consejo de los Quinientos , mantuvo siempre un cierto caracter mundano, entrando con po deroso talento , eso sí , y gran eficacia , en las intrigas de la política menuda y dejándose dominar porlas pasio nes de la lucha para ofrecer en su vida hechos tan con tradictorios como el voto en pro de la guillotina para Luis XVI , su complicidad en el 18 brumario , y la acep tación de las tierras de Crosne y el título de conde , de manos del Imperio .
Más próximo me parece el parentesco de nuestro se vero doceañista con el , por tantos títulos , simpático cura de Embermesnil , obispo constitucional de Blois . También á este le cupo un gran honor a los comienzos de la Revolución francesa . Presidió la famosa sesión del 14 de Julio de 1789, en quelos diputados se declara ron en permanencia . Después votó la abolición de los privilegios el 4 de Agosto y la constitución civil del clero; propuso laabolición dela monarquía; consiguió la de la esclavitud; hizo que se restituyesen á los judíos sus derechos civiles y políticos ; se negó á la muerte de Luis XVI contra quien votó , y perseguido por la Res tauración, lo mismo que por el Imperio, expulsado del Instituto de que había sido uno de los fundadores, y lanzado del Parlamento por indigno, en 1819, autor de numerosos éimportantes libros de caracter político-re


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ligioso y de unas Memorias que serán siempre leidas con emoción, fué objeto de los odios de la intransigen cia realista y apostólica hasta sus últimos momentos , como lo prueba la negativa del arzobispo de Paris á administrarle los sacramentos y á darle cristiana se pultura .
Fácil es comprender, sólo porestasindicaciones, que el espíritu religioso , evangélico , del abate Gregoire y su actitud en el período agitadísimo de la Revolución fran cesa hasta 1831 , tenían cierta analogía con los de Mu ñoz Torrero, en esfera de acción más reducida transitoria. Pero se meantoja que todavía el caracter de nuestro chantre es más sereno, por lo menos más circunspecto, y su acción se mantiene más dentro del círculo queme atrevo á apellidardogmático y declara tivo . Gregoire era un cosmopolita y su espíritu y su acción y su alcance se desbordaban frecuentemente bajo la inspiración de lajusticia absolutayde la huma nidad expansiva. Muñoz Torrero era unespañol;un es pañol liberal, demócrata, generoso, bien intencionado, pero siempre un español, sin renunciar por completoá los caracteres de su tiempo ni á las reservas y compro misos de su condición social ni á representación de sacerdote católico .
Por manera , señores, que de todas suertes resulta justificada la consideración que yo me he permitido re comendaros para esta digna figura de D. Diego Muñoz Torrero, a quien podemos estimar no sólo como la pri mera personalidad delas Cortes gaditanas, sí que como una de las representaciones más acentuadas y caracte rísticas de la Revolución española contemporánea .
Todavía , para terminar esta larguísima sesión , to davía he de atreverme á solicitar la mirada de mi ilus trado cuanto benévolo auditorio sobre algo en que , sin duda, influye el hombre verdaderamente egregio, objeto de esta conferencia , pero que sale del círculo de lo per


sonål y sirve de base á provechosas enseñanzas en el orden del progresoy de la cultura de nuestra patria. Como habeis visto, la Revolución española de los comienzos de este siglo no ofrece las sombras y des ventajas que generalmente acompañan á las grandes explosiones de la indignación de un país explotado , maltratado y deshonrado por el privilegio y la tiranía . Las pruebas de caracter de los inmortales doceañistas, indudablemente desafían y resisten cualquiera compa ración , pero sólo la injusticia podría atribuir a los di rectores de aquel entusiasta y fortificante movimiento de la hidalguíaespañola y de la dignidad humana, tras portes y violencias quizá excusables por lo angustioso y lo excepcional de las circunstancias. Más aún: an tes he hecho alusión a las críticas y las burlas de que fueron base ó pretexto los primeros artículos de la Constitución de 1812 ; aquellos artículos que , como en otro sitio ) he advertido , establecían el fin moral y ra cional del gobierno, frente alas tradicionesmonopoliza doras y egoistas del antiguo régimen , la sustantivi dad é independencia de la nación frente al derecho he reditario y á los reinos patrimoniales; la igualdad ante la ley frente a la inmunidad eclesiástica y el privilegio de los señoríos ; la justicia y la sabiduría de los Códigos , frente á la rutina de la burocracia, el secreto de la In quisición y lo arbitrario del poder real, y que en medio de las supremas angustias de la guerra, recordaba á todos los españoles, como una de sus principales obliga ciones , de caracter positivo y exigible , el amor de la pa tria é imponía á las víctimas de la guerra y del absolu tismo, á losenemigos de los afrancesados, á los provo cados de los inquisitoriales y los serviles , el deber de la justicia y la beneficencia para ser dignos de la ciudada nía española .
( *) Fomento de las Artes.-- Lecciones sobre la Constitución de Cádiz .


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA
Ríanse cuanto quieran los espíritus fuertes del doc trinarismo; al y fin al cabo todas esas declaraciones ten drían siempre un valor extraordinario por su me ra relación con los tiempos difíciles en que se formu laron . Pero todavía acrece su importancia si se tiene en cuenta de qué suerte aquellas ideas y aquellos senti mientos han arraigadoen el espíritu del liberalismo es pañol, al puntodeconstituircomo unanotacaracterísti ca de un partido tachado por la benevolencia y hasta el candor que se ha atribuído a las declaraciones de 1812 , y de comunicar a todas las revoluciones de nuestra pa tria un sentido de generosidad que dificilmente pudiera señalarse fuera de España , a pesar de nuestro caracter apasionadísimo y violento.
Yo no sé , yo no sé qué hubiera sido de la historia es pañola de estos últimos ochenta años á no haberse abierto por las Cortes de Cádiz tan admirable y fecunda cátedra de moralidad, desinterés y abnegación. Porque en este período los alzamientos populares y los cambios de gobierno han sido frecuentísimos, ofreciéndose mu chas ocasiones al desquite y la venganza . Y no hay por qué ni para qué negar que todo , todo , en España está admirablemente dispuesto, desde el clima y la historia á la posición geográfica y á la cultura moral y literaria , para que aquí sólo priven la leyenda y los empeños de la fuerza , que hacen como notas de nuestro caracter la confianza en la buena estrella y el desprecio de la muerte .
Pero añadid á esto el extremo y los horrores de las dos reacciones de 1813 y 1823 , con más ese atentado del carlismo, cuya mayor injusticia quizá consistía en la loca é irritante pretensión de sus adeptos de imponer á la mayoría de las comarcas peninsulares una forma de gobierno y una autoridad real que significaban y eran paralascomarcas donde principalmente se reclutaban sus fuerzas y aparecia como centro de operaciones, ga V - 6


rantiade respetos ylibertades. Yo noquiero á esta hora describir las violencias sin cuento , las interminables ini quidades , las sombras y negruras de todo género que constituyen la monstruosa historia de las dos reaccio nes citadas. La ingratitud y el perjurio traen por la mano en 1813 al héroe vergonzoso de las incomparables indignidades deValencey á firmaraquel decreto, incon cebibleaún en la época del caballo de Caligula, aquel decreto en que se suprime ;hastael tiempo! No , no quiero ennegrecer esta plácida conferencia con el recuerdo de los famosos persas ó con la pintura de la sorpresa de aquellos ilustres diputados presos en Madrid la noche del 10 de Mayo de 1814 , para ser some tidos á un proceso imposible y del que todavía tuvo que prescindir Fernando VII para imponer penas que ni los delatores creían verosímiles . No quiero hablar de la privanza del esportillero Ugarte y el grotesco Chamo rro ni de las horrendas deprecaciones del padre Castro en La Atalaya, ni de la sentencia de muerte contra el cojo de Málaga por el delito de haber voceado y aplau dido en las galerías de San Felipe durante la época cons titucional. Dificilmente me contendría, dentro de los respetos que este respetable concurso me impone y de las exigencias de esta tranquila cátedra, si hubiera de comentar la famosísima protesta de la Universidad de Cervera contra la fatal mania de pensar , o de referir los gritos de la muchedumbre haraposa y pestilente de « Vi van las cadenas y muera la nación,» ó en fin, deevocar el martirio de Porlier, de Lacy, de Vidal... de todos los prestigios de la apenas conclusa guerra de la Indepen dencia española . Todo aquello me he permitido llamarlo otravez unsaltoatrás en las tinieblas y en el cieno (").
Por lo mismo quiero apartar la vista de la segunda reacción que se inicia con la entrada de los cien mil hi
( *) El Ateneo de Madrid . - 1 vol .


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jos de San Luis y la dominación de España (con la com plicidad ya desvergonzada y nauseabunda de frailes, señores y reyes) por aquel mismo extranjero que antes se había inclinado casi arrepentido ante los sagrados muros de Cádiz. Bajo las influencias de El Restaurador que escribió el obispo de Málaga Fray Manuel Martínez, y de El Angel Exterminadorque inspirabael obispo de Osma, y de las pastorales de los obispos de León y de Tortosa, se inicia la horrible persecución que en diez años dá cuenta de los ya pocos guerrilleros y héroes de 1808, que espían en la horca y en suplicios inmundos su amor patriótico y su incomparable heroismo . Se crea la Escuela oficial de tauromaquia; se instituye una fiesta religiosa en la ermita de Pedro Gil para conme . morar el asesinato de Riego, que en brutalidad y saña excede á cuanto pudiera señalarse en el cuadro de las monstruosidades del paroxismo revolucionario del 93; en la cátedra del Espiritu Santo y por un prelado, se recuerda con motivo de los liberales , aquellas terribles palabras de Isaías: «Con los impíos no tengais unión ni en el sepulcro ; » el Empecinado muere luchando con el verdugo ; surgen las Juntas de la Fé y las Comisiones militares y ejecutivas de Chaperon; Regato es colmado de honores, Calomarde ocupael poder; se dificultanlas purificaciones y los espontaneamientos, ábrese el Indice de la policia, y Fernando VII suplica á Cárlos X que prorogue hasta fines de 1827 la ocupación francesa .
Señores , es necesario haberlo oído de los lábios mis mos de los contemporáneos, es necesario haber visita do los sitios y conocido las inmediatas consecuencias para creer que estas cosas han existido realmente !!
¡ Pero casi me parece tan inverosímil que , después de todo esto , España no haya sido , no sea hoy mismo un inmenso mar de sangre !!
Porque las provocaciones, los incentivos, los pre textos... iba a decirlos motivos, para la contestación y

la represalia llegaron á lo insuperable, como núméro y como gravedad .
Ahora bien : es innecesario que yo insista en demos trar que nada de lo que era de temer ha sucedido . Nues tras revoluciones no han causado otro mal que el ane jo á la extinción de los privilegios y la muerte de las instituciones, causa y objetivo de las grandes explosio nes de la fuerza . A lo sumo las lágrimas provocadas por esos movimientos más ó menos aparatosos , han sido la consecuencia de los cambios de posición políti ca; el resultado de las traslaciones y las cesantias, que han sido el extremo inverosímil de aquellas sacudidas y que no hay para qué decir cómo y hasta qué punto se diferencian de los fusilamientos , los destierros y las persecuciones con que la intolerancia y el absolutismo han castigado á los fundadores del régimen constitucio nal en España.
Sobre todo , después de 1868 se han introducido en nuestra patria tales costumbres políticas , que desafian la comparación con el ejemplo de los pueblos más cul tos . La cortesía parlamentaria ha llegado al último ex tremo. La templanzade nuestra prensa sólo podrá ser discutida porlosque no hayan pasado jamás la vista por los periódicos portugueses ó británicos; es decir, de aquellos países , donde parece que tomó carta de ve cindad la circunspección . El amor al debate público , la afición á la solemnidad oratoria , el encanto de la pala bra y de la actitud tribunicia han venido en estos últi mos años , en la vieja España de Rinconete y Cortadillo , de los estudiantes de la tuna y de los soldados de Piza rro y de Alba, á tal grado de desarrollo que bien puede uno permitirse el lujo de decir que esta tierra no es tan sólo aquella donde más bellamente se habla , sino tam bién aquella donde mejor se escucha .
Y si estas observaciones que se refieren al gran es cenario de la vida pública moderna, á nuestras plazas,


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á nuestras calles , á nuestros clubs y nuestros meetings ; si de estas observaciones , pasamos á aquellas otras que tienen por objeto algo más delicado y hasta más intimo, en verdad, en verdad que no faltan los motivos porque el alma se ensanche, mientras los labios pregonan el progreso de la sociedad española . Porque tengo por evi dente el respeto que entre nosotros han conseguido las diferentes representaciones políticas, yla disposición de los espíritus y de las costumbres , en cuya virtud las opiniones más encontradas no son obstáculo, ni próxi mo ni lejano, paralafranca comunicación de lasgentes. Necesito decirlo una y cien veces , desafiando la rectifi cación de losque, en otro terreno, conjusticia, podrían establecer la inferioridad de nuestra patria . De la propia suerte que reconozco y declaro que España es, pordes gracia , uno de los países más apasionados, más propi cios á las empresas bélicas , más duros y violentos en el campo de batalla; delapropiasuerte, repito, creo y sos tengo que España es hoy uno de los países más expan sivos en el trato político y más atentos á los compromi sos y los respetos de los partidos y de las opiniones , in clusive, -aunque parezca paradoja,-en el orden reli gioso, sibien esto en aquellos círculos de mayorcultura que aquí, como en todas partes, representan el mayor adelantamiento social .
¿Cómo, cómo, ha podido suceder esto, cuya impor tancia y acentuación prestan tanta base á todas esas censuras de los novísimos Catones y de los intransi gentes trasnochados que en nuestra vida política actual sólo ven un concierto nefando, una comedia ridícula ó una componenda vergonzosa ?
¡ Ah , señores ! Esto se debe , en gran parte , á la in fluenciadel espíritu de 1812;esto esel resultado de aque llas declaraciones tan criticadas , que llegaron á grabar se en el corazón del partido más batallador de nuestra patria y que, por tanto, ha representado con mayor


energia la protestay debía sostener y realizar la repre salia. Por eso la vozpúblicaha dado al partido progre sista el atributo de la consecuencia y la honradez ; lo cual no quiere decir de modo alguno que sólo él me rezca la consideración de honrado y virtuoso, sino que él , quizá como ningún otro , ha hecho de las virtudes privadas, condición esencial de la vida pública, toman do sobre sí el doble empeño de elemento político que aspiraa laposesión del poderyde fuerza educadoraque se compromete en la transformación y moralización de la sociedad entera .
No discuto ahora de qué modo esto se ha hecho ni si esta representación ha sido sostenida constantemen te . Mucho menos , si en la actualidad los herederos de aquel gran partido sostienen su empeño con igual ó su perior brio, con peor ó mejor sentido. Me refiero, pura y exclusivamente, a un partido que ya no existe, y al cual , reconociendo sus graves defectos (de que no ngo por qué ni para qué hablar ahora ) profeso tanta admi ración como cariño .
De otro lado , señores , os suplico mediteis por un momento , así sobre las dificultades de todo género con que tuvieron que luchar los padres del liberalismo es pañol, como sobre las imperfecciones, contradicciones y fracasos de los diversos ensayos del régimen consti tucional , hasta llegar a los días presentes en que apenas se comprende que las instituciones y los intereses po líticos, que ahora constituyen nuestro modo de vivir en armonía con todos los demás pueblos cultos , hayan po dido ser materia de duda y aún menos tema de debate . La primera de estas consideraciones importa á nuestra conducta personal ; á nuestra acción y nuestra vida como individuos . El ejemplo de los hombres de 1812 es de tal suerte grande y fortificante , que por todos conceptos merecería ser incluido en aquellos libros populares con que en Inglaterra se educa á las nuevas


DON RAFAEL MARÍA DE LABRA 275 1 generaciones, poniendo á su vista las grandes victorias de la virtud y del trabajo . La fé de aquellos hombres sólo tiene dos rivales; su valor y su perseverancia. Los vemos salir de Cádiz cañoneado por los soldados más prestigiosos de la época y diezmado por la peste, que busca en el elocuentísimo Mejía y en el virtuoso Luján, medios de aumentar el espanto por la altura de las víc timas ; los vemos salir , digo , como verdaderos héroes de la sagrada Cádiz para entrar en el presidio ó para evitar los golpes de la ingratitud y de la deslealtad en tierra extranjera; y cuando terminael período del mar tirio (que no se extiende a menos de siete años), vuel ven con el mismo entusiasmo y la propia generosidad de 1812 á desafiar las iras de los franceses y á arros trar la enemiga de los serviles , demostrando nueva mente su resolución de afianzar en España las con quistas de la civilización moderna . Y otra vez , á los tres años escasos de la nueva tentativa , otra vez van al destierro y son sepultados en inmundos calabozos y ven perseguidas sus familias, y confiscados sus bienes sin más razón ni pretexto que su desinterés y su mag nanimidad; y luego de trascurridosotros diez años de dolores y sacrificios, entran por tercera vez en laarena para derramar su sangre en los campos de Navarra y Aragón durante la primera guerra civil, y para afirmar en las esferas del gobierno la excelencia y fecundidad de aquellos principios expansivos y justicieros que para ellos no habían sido otra cosa que motivo de atropello y causa de ruina y desolación . No , no hay medio de discutirlo , señores . Aquella titá nica generación de 1812 , cuyos restos hemos conocido la mayor parte de los que nos congregamos en este si tio, puede ser considerada como excepcional entre las más señaladas y excepcionales del mundo moderno. Porque no sólo sus virtudes, consideradas en sí mis mas , siempre merecerían el aplauso y la admiración de


todos; sino porque habiendo disfrutado aquella gene ración de no común longevidad, pudo demostrar en una larga y accidentada historia la realidad y solidez de sus méritos .
Pero todavía sus gloriosos empeños pueden servir para algo más que para edificar y confortar nuestro es píritu en el agitado período que ahora á mi juicio co mienza , en los días postreros del siglo XIX .
Yo os excito, señores, á quemediteis sobre los inci dentes, dificultades , trasformaciones, fracasos y cam bios que ha ofrecido el régimen liberalen nuestra patria durante los primeros setenta años de ía historia con temporánea. Nadie duda hoy (ya lo he indicado) de las bondades delrégimenrepresentativo ydel sistema cons titucional. Para muchos , este último peca de deficiente , y el avance de la democracia por todas partes se ad vierte al punto de que ya ni en las Cámaras de la Res tauración española sea tema de debate el dogma de los derechos naturales del hombre. Este es otro adelanto tan considerable, aún cuando menos extraño , como el de la dulzura de nuestras costumbres políticas .
Mas reparad qué inmensa distancia vá de lo que en este orden de ideas se crée y se propaga hoy hasta por los más tímidos , á lo que de estas cosas se creía , se pen saba y se intentaba hace medio siglo . En el curso de esta conferencia he hecho alusión á las calurosas pro testas del popular y atrevido Argüelles contra la demo cracia moderna ... La utopia de ayer , -iqué digo uto pia!-la aberración, el atentado, el crimen de los co mienzos de este siglo , es ahora la verdad indiscutible , la nota de buen sentido , casi la forma de la cultura po lítica y hasta de la buena educación . ¡ Sólo cincuenta años han sido precisos para este cambio mágico de ideas , sentimientos é intereses ! Y concedo mucho al fijar este número ; porque hay queconsiderar detenidamente cómo y de qué suerte los


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relámpagos de la libertad y de la civilización han dura do incomparablemente menos que las sombras y ne gruras de la reacción apostólica y de la corrupción doc trinaria .
Pero esto mismo motiva la superior consideración de la nota que señalo á vuestro estudio . La libertad no ha triunfado de un golpe en España . El régimen consti tucional ha pasado por los tres dificilísimos ensayos de 1812 , 1820 y 1834. Ha fracasado repetidas veces y su ins tauración ha venido acompañada de todo género de perturbaciones y desastres. No tengo para qué repetir lo que costó el ensayo de 1812. Recordad que el de 1820 provocó la segunda invasión del extranjero, coronada por un éxito que constituiría una verdadera infamia para España, si no existiesen el Trocadero, Pamplonay las Notas de San Miguel. Recordad como aquel segundo ensayo produce ó coincide con todo género de sacudi mientos interiores y una especie de amenaza de desor ganización social. El último periodo se abre con el cóle . ra cebándose en toda la Península , con la matanza de los frailes, con la minoridad de D. Isabel de Borbon , con la primera espantosa guerra civil del Norte de España, con la bancarrota oficial y con los auxilios de la Cuá druple Alianza .
¿Se puede pedir más al génio del dolor y de la catás trofe? ¿Dónde, dónde ha comenzado la nueva vida con repetición semejante deangustias, tristezas y horrores?
Y sin embargo , todos , todos esos obstáculos se han vencido . Los tres fracasos del régimen constitucional en sus primerosensayos, ni han atenuado la fé y el vigor de sus defensores y propagandistas, ni han sido parte á evitar un triunfo rápido y definitivo . Por lo contrario , de aquéllos tropiezos han resultado lecciones, y los hom bres que han atravesado tan revuelto mar, arrostrando las iras de la deshecha tempestad , sin que se quebran tase su fé ni corrompiese sucorazón, ni rebajase su


prestigio, adquirieron en la lucha tenaz nuevos brios para imponer por su virtud y su caracter el triunfo del derecho y de la libertad en España .
Sirva esta ligerísima referencia que acabo de hacer, para rectificar prejuicios y disipar temores que á la hora presente dominan en algunos círculos respecto á soluciones políticas apenas ensayadas y á progresos de la civilización apenas entrevistos . Y sirvan los ejem plos de nuestros padres , los fundadores del régimen constitucional en España , para que aquellos que por vocación, por deber ó por compromiso figuran en el grupo de inspiradores y directores de nuestra actual política se afirmen en el profundo convencimiento de que las instituciones para vencer sólo necesitan razón y servidores , y que las mayores fuerzas que pueden po nerse al servicio de las grandes ideas son la energía del caracteryla magnanimidad del corazón. HEDICHO.


Con el objeto de no dar una hoja suelta como fin de la Conferencia , damos estas dos páginas en blanco, que de ben desaparecer al hacer la encuadernación del tomo, puesto que son inútiles y no forman parte de la pagina ción general .


CANARIAS. - Santa Cruz de la Palma, D. S. C. A., reci bidas 6 pesetas , importe de la 1.a á la 7. confe rencia .
VALENCIA .-- D E. B., idem , id .
PAMPLONA . - Conf. de Ofic . del Distr. de Navarra , id . id .
CARTAGENA . - D . S. de la T. Not ., idem , id .
PRAVIA (OVIEDO).- D. J. C., idem, id .
VELEZ - MÁLAGA.- D. J. de la C. M. , idem , id .
AVILA . - D . F. L. G. , Abog , del Est. idem , id .
PALENCIA . - D . A. C. Arq . Prov ., recibida su libranza de 12 pesetas , importe de la 1.a á la 15 conferencia .
ÁLAVA . - D . S. M. S. Com . de Ing ., recibidas 6 pesetas , importe de la 1. " á la 7. * conferencia .
ÁLAVA . - D . T. N. Adm . de Prop . , idem , id .
1. La Sociedad española al principiar el siglo XIX, por D. Segismundo Moret .
2. El Duque de Bailén, por el Marqués de San Román .
3. El Empecinado, por D. José Gómez de Arteche.
4.a Gravina, Churriica y Méndez Núñez, por D. Ra món Aulon .
5. Muñoz Torrero y las Cortes de Cádiz (1.' y 2.4 parte ) , por D. Rafael M. " de Labra .
Está en prensa, y verá la luz dentro de breves días, la 6.a conferencia . Los Consejeros de Fernando VII, por D. Daniel López .


Constará toda la colección proximamente de cuaren ta Conferencias, que a medida que en el Ateneo se va yan explicando se publicarán en el papel, tamaño é im presión de la presente .
El programa de los teinas y de los oradores se faci litara gratis á cuantos lo soliciten .
Las Conferencias se publicarán en folletos sueltos , bajo una cubierta de color, pero con numeración corre lativa , á fin de que terminada la colección , puedan for marse volúmenes completos , para lo cual se entregará á los suscritores en tiempo oportuno las portadas é in dices necesarios para laencuadernación.
Conferencias sueltas : Estarán de venta en las prin cipales librerías al precio de una peseta en Madrid y provincias.
Los suscritores á uno o varios ejemplares de la co lección completa obtendrán la importante rebaja del 25 por 100.
Centro de pedidos y suscriciones: Librería de D. An tonio de San Martín , Puerta del Sol, núm . 6 ; ó en casa de D. Ernesto de laLoma, calle de Belén, núm . 18, piso segundo.
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