ASUNTOS DE PUERTO-RICO.
RECONSTITUCIÓN SOCIAL, POLÍTICA Y ECONÓMICA
DE L A ISLA
Segundo volumen. Diciembre do 1869.
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Segundo volumen. Diciembre do 1869.

IMPRENTA. DR LA GACETA DR LOS CAMINOS DE HIERRO.
18 G9.




Los momentos actuales son de grande importancia para la Isla de Puerto-Rico: debátese en ellos la dignidad humana profundamente comprometida con la existencia de la esclavitud: discútense las instituciones políticas, de que dependen la nacionalidad, el carácter, la conciencia y todos los progresos morales é intelectuales de los hombres nacidos en aquella provincia, y por último, se debaten también las bases económicas y dentro de ellas las reformas financieras, de donde han de nacer el orden en la administración, la confianza pública, el desarrollo del trabajo y la prosperidad del país, sumido hoy en el caos y puesto á dos dedos de la ruina.
Diez hombres, elegidos no por el sufragio universal, y no tampoco por todos aquellos ciudadanos que el decreto del se(1) Habíamos pensado comenzar esta publicación dando á conocer los trabajos importantes de la comisión informativa últimamente creada por el ministerio de Ultramar; pero no habiendo podido reunir todos los documentos necesarios hasta ahora, los posponemos, sin renunciar á darles más tarde publicidad, á lo importante sesión del 13,cuyo estraordinario interés será apreciada en todo su valor por loshabitantes de Puerto-Kico.

ñor Ayala privilegiaba, sino por el corto número de 4.000 personas que el reglamento dictado por el general Sanz quiso escoger como electores, vienen á representar, en tan graves circunstancias, los intereses de 650.000 almas, de que se compone la población de Puerto-Rico
Solemnes son, pues, estos momentos, grande y trascendental la obra que en ellos comienza: serios, graves, de responsabilidad duradera son los deberes que pesan hoy sobre los diputados de aquella provincia ¡Quiera el cielo inspirarlos y que sus trabajos sean dignos del aplauso de la historia!
A.reunir para esta todos los documentos característicos de la época, de la obra y de los hombres, en cuanto digan relación con la provincia, viene principalmente esta publicación, que, con patriótico desinterés y sin ningún fin de especulación industrial, emprendemos hoy. Mas si tales su primordial objeto, que llevaremos hasta el fin, con religiosa constancia, aunque hubiera de imponernos privaciones espartanas, no por eso renunciamos á tomar en estas cuestiones toda la parte que las circunstancias nos permitan; narraremos y reproduciremos con fidelidad los trabajos de los diputados y de las Cortes Constituyentes que á nuestro asunto se refieran, sí; pero las discutiremos ampliamente, dentro de la vasta órbita del interés patrio, á la luz clara é intensa de los principios de la justicia y con el criterio que de la libertad tenemos formado.
De vez en cuando y fuera deesta sección, volveremos hacia atrás una mirada escudriñadora y publicaremos lo que nos hayan legado los tiempos pasados ónos proporcionen los presentes relativamente á la provincia, y pueda servir en lo futuro de útil enseñanza. Ni será para nosotros obstáculo, al cumplir este propósito, la mala voluntad de aquellos á quienes no convenga hoy ver reproducidos sus actos de ayer, ni liaremos de sus dicterios impersonales caso alguno, como hasta aquí no lo hemos hecho tampoco de sus vagas declamaciones Juzgaremos aquí, como en todas partes, con nuestro propio criterio; pero no avanzaremos juicio alguno sin el apoyo de documentos fehacientes: quizás caigamos á veces en error al interpretarlos; pero como buscárnosla verdad con tanta probidad de espíritu como de corazón, abiertas estarán las páginas de esta publicación, con generosidad completa, para que se nos refute sin contemplaciones, Lo favorable y lo ad-

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verso servirán igualmente á nuestro nobilísimo propósito: «gravar en el ánimo de los puerto-riqueños los hechos y los hombres con indelebles caracteres.»
En la sección de variedades y siempre que nos sea posible, incluiremos, por último, estudios, noticias y sueltos, cuando al mismo tiempo que tengan conexión íntima con nuestro asunto, sean de una eficaz enseñanza, de una verdad estricta ó de una utilidad incontestable para los intereses de la provincia
Tal será el fondo y tal la forma de esta obra, pero aun debemos decir algo del criterio y de la conducta que se proponen seguir los hombres que la emprenden
Sabemos que las galas de una buena literatura embellecen las ideas y contribuyen grandemente al mejor éxito de las buenas causas Nosotros, sin embargo, reconocemos que no poseemos este poderoso auxiliar y fiamos el buen resultado de la penosa tarea, que con abnegación emprendemos, á su índole propia y al patriotismo desinteresado que nos la impone.
En cuanto al criterio á cuya luz hemos de estudiar las trascendentales cuestiones puerto-riqueñas que han comenzado á debatirse, nos es fácil y grato, á un mismo tiempo, el estamparlo al frente de esta obra
1." El estado social de la isla de Puerto-Rico es para nosotros contrario á la conciencia humana, y pugna con la noción mas sencilla dejusticia «dar á cada uno lo que es suyo.»
¿Qué aplicación más clara, menos intrincada, ni más pura puede haber de esta noción primaria de lo justo que el devolverle al hombre su alma y su cuerpo, es decir, su persona y sn (rabajo? Somos, pues, partidarios absolutos de la abolición, y pensamos que, sea cualquiera el sacrificio que ella cueste, 1 razón la exige perentoriamente
Los medios son sin duda parte interesante de este primer punto, pero los tenemos por muy secundarios respecto del principio en sí mismo. Estos medios, y no otra cosa, es lo que hoy puede discutirse y lo que en su oportunidad discutiremos
2." El estado político de la provincia no tiene fundamento alguno en la ley, y carece de las simpatías de los gobernados: según nosotros, es urgente, urgentísimo, restablecer la Cons-

8 titucion política sobre la ancha base de la igualdad de derechos, único medio de borrar pasadas y presentes injusticias La libertad política esla espresion social de la libertad humana, y sus leyes son siempre infinitamente superiores á los decretos caprichosos de un hombre, sea rey ó sea ministro irresponsable.
3.° El estado económico de Puerto-Rico es ruinoso, y las causas esenciales de este estado no han sido, ni los huracanes del trópico, ni las conmociones subterráneas, como se ha dicho. Antes de estos lamentables sucesos, que agravaron pasageramente la situación, esta era profundamente mala: el país no tenía, ni tiene, un buen camino, una escuela notable, un establecimiento de crédito: el Tesoro estaba ya endeudado, y las obligaciones arbitrarias que pesaban sobre la Isla, y que crecían de año en año, sin utilidad real de la Nación y con evidente perjuicio de la provincia, han llegado por todos conceptos á cuatro millones de pesos, que el país no ha podido ni podrá en mucho tiempo levantar La guerra de Santo Domingo, conocidamente ineficaz desde su origen, determinó la bancarrota real, aunque tácita del Tesoro, antes de aquel triste suceso bastante desahogado: ella disipó, no solamente los recursos propios y legales del Estado, sino los caudales que á fuerza de arbitrios onerosos iban acumulando la Provincia, y aún algunos Municipios para sus obras: ella, en fin, puso la mano en los depósitos judiciales (que todo allí está centralizado), y los malgastó sin miramientos, exponiendo el decoro de la Nación á reclamaciones vergonzosas, de propios y de estraños, que son bien conocidas. Por otra parte, coincidían con estos deplorables errores, que ni gloria ni utilidad debían dar á la Nación, otros no menos graves é hijos de la misma Administración : una nube de empleados, en su mayor parte ineptos, como lo han escrito los mismos Gobernadores, la creación consiguiente de institutos y de oficinas inútiles, una y muchas bandadas de cesantes, de supernumerarios y do pensionados que, sin servir de nada á la Provincia, acrecen su presupuesto, imposibilitan el desarrollo de las obras útiles y hacen de todo punto ineficaz los esfuerzos de los contribuyentes, son motivos agravantes de la deplorable situación económica de la Provincia
Pero ni en estos desvarios de una administración sin fre-

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no, ni en aquellos cataclismos de la naturaleza reside la causa esencial de nuestro empobrecimiento. La desconfianza de los hombres acaudalados, que les aconseja llevar sus ganancias á países distantes, cuando debian volver á la circulación para dilatar los horizontes de la industria y multiplicar los beneficios del trabajo, dentro de la Provincia, proviene únicamente de la ninguna intervención que tiene allí el contribuyente en la fijación de la materia imponible, en el cálculo de la riqueza verdadera, en las bases convenientes y equitativas de un buen sistema tributario, y sobre todo, en la justa distribución de las rentas públicas.
Nuestro criterio, pues, en este punto, conforme á los principios genuinos de la buena economía pública, es diametralmente opuesto á todo lo que hasta ahora allí se ha hecho por ios gobiernos arbitrarios de la Metrópoli, y por los abusos de sus agentes en la Provincia Pensamos que esta debe figurar en la categoría que le corresponda, por su población y por su riqueza, en el catálogo de las demás Provincias de la Nación, y que, para los gastos generales de esta, no debe contribuir ni con más ni con menos de lo que proporcionalmente le asigne el cálculo aritmético de los prorrateos. Que si la Nación necesita en aquellas tierras para los fines de su alta política un ejército de 10.000 hombres, del Tesoro nacional se pague, como sepaga el de Cataluña óel de Andalucía: que si á sus planes administrativos convienen institutos, oficinas y empleados de carácter general, ella los pague; pues sobre no haber razón alguna para imponerle á una sola Provincia obligaciones que son, por su naturaleza, comunes á todas, esta ha sido y mientras subsista será la causa verdadera de ¡a desconfianza general y de la ruina inevitable de aquella Isla. En efecto, el sistema contrario, hasta ahora allí seguido, ha absorbido todas las fuerzas vivas del país, las ha disipado en pura pérdida, sin dejar otro rastro de su paso que el de la ignorancia y el de la miseria, ni otro eco que el del disgusto de todas las clases Este sistema no es, pues, el mejor medio conocido para asentar sobre firmes bases la confianza pública, ni para fomentar el trabajo, ni para desarrollar los progresos morales y materiales, ni, en fin, para promover ni alcanzar la prosperidad general, que en último resultado, es el objeto de los sacrificios del contribuyente, Hágase, pues, dentro de la ley co-

10 mun, eldeslinde equitativo de lo que á la Nación se debe, y de lo que á la Provincia para sus legítimas necesidades queda. No de otro modo se comprende, ni surtirá jamás buenos efectos, la asimilación política que, por el momento, parece ser el ideal político de los repúblicos más distinguidos de la Nación; bien que los hombres de Estado de Inglaterra que entienden en las cuestiones coloniales de aquella gran potencia propenden á favorecer la autonomía. Gomo quiera que esto sea, no será fácil á nadie negar con fundamento nuestro prin1cipio Ora lo acepten, ora lo rechacen, tal será siempre nuestro criterio, comprendiendo en él todas las consecuencias que el principio entraña, como son, dentro de la asimilación, la representación en el Parlamento, la diputación de la Provincia, la gestión libre en el Municipio , la prensa sin trabas, la reunión, la manifestación y la petición, garantías no menos preciosas para la vida puramente política, que necesarias para la recta administración económica de los pueblos libres. Dado esto, viene la necesidad del catastro, inventario de la riqueza individual, sin el cual no hay sistema tributario equitativo
Que los Gobiernos de la Nación no puedan hacer para sí, en la distribución de las rentas públicas del país, la parte del león, por ausencia de los representantes de éste, ó en general por falta de garantías positivas, ni méeos aún á la sombra de la confusión en que se halla la riqueza pública, ó á favor de un silencio forzado, como ha sucedido hasta aquí, y que la Provincia no carezca de los medios necesarios para el fomento y desarrollo de'su vida propia, como así mismo que ni el Estado ni la provincia se escedan en sus pretensiones, reduciendo ala impotencia al Municipio, y condenando al individuo á renunciar á sus progresos morales, científicos, artísticos, mercantiles ó industriales, por falta absoluta de recursos, cuando esta no estriba sino en la enormidad de las cargas y en la injusta inversión de sus productos, son cosas que pueden conseguirse fácilmente, con solo sujetarse al principio expuesto, y mediante la formación del catastro; al paso también que son cosas difíciles, sino imposibles de realizar, supuesta la asimilación, por ningún otro medio. Tales serán para nosotros las bases fundamentales de esta cuestión económica, mirando el resto de los sistemas que para resolverlas se presenten, como partes de grande interés sin duda alguna; pero respecto de

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ellas secundarias Por lo que hace á estos sistemas en sí mismos, propenderemos, en cuanto los tiempos y las cosas nos favorezcan, á resolverlos por el criterio racional del librecambio, y contrariamente al espíritu de las contribuciones indirectas, y de cualesquiera privilegios. La Proviacia no tiene á nada de esto intereses opuestos que merezcan consideración de gran momento, ni siquiera nos parece obstáculo la fuerza de las costumbres, que tampoco tiene en ella raices muy profundas
Pero ni á la cuestión social, ni á la política, ni tampoco á la económica, es nuestro ánimo traer con este libro el espíritu intransigente de proselitismo que reina en las escuelas: allí está este espíritu en su lugar, pero aquí no seria, ni oportuno, ni acertado Buscamos soluciones prácticas, de pronta realización, y aunque señalaremos el error donde quiera que lo descubramos, prestaremos nuestra débil cooperación á las que más se acerquen al ideal de la verdad que nos hemos formado. En la discusión de los intereses públicos, como en el litigio de los intereses privados, las transacciones son con frecuencia necesarias: sabemos que en estos casos, por vano temor de un mal puramente imaginario, se prolonga muchas veces la existencia de un mal real, y que de estas transacciones suelen venir acuerdos altamente nocivos á la verdad y soluciones deficientes para los intereses sociales; pero reconocemos que, en circunstancias determinadas, la voluntad individual más poderosa, aun favorecida por la ciencia demostrada, no es parte á disipar las tinieblas del momento. Nuestro libro, pues, no tiene, ni tener prerende, un privilegio de escepcion para estos casos; pero lo declaramos con franca y leal palabra, jamás transigiremos con los vicios radicales del sistema colonial: no, no aceptaremos nunca un sistema que ponga á la Provincia en condiciones humillantes de inferioridad, dentro del magnífico concierto de las demás provincias de la Nación, que son iguales: ninguno cuyos fundamentos sean la prolongación arbitraria de la esclavitud real, ó de la esclavitud velada bajo nombres especiosos, del hombre por el hombre; ninguno, en fin, que pueda permitir, como hasta aquí, los abusos ruinosos de una administración irresponsable Tal ha sido, tal es hoy todavía, y tal pretende continuar siendo el sistema colonial que rige en Puerto-Kico: él es contrario á los

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verdaderos intereses de la Nación, cuya honra, cuya consecuencia politica y cuya seguridad pone á cada paso en peligro: él es el obstáculo tradicional que se opone ciego, y que contraría tenazmente á todos los progresos morales, políticos y económicos de la Provincia. Inepto, por su índole, para las ciencias, las aborrece: suspicaz, por constitución, ante la dignidad humana, la calumnia y la abate: sin poder alguno para hacer el bien, y revestido de facultades omnímodas para hacer el mal, vive asustado de todo; y aterrando con su eterno ceño á la sociedad entera, intimida y ahuyenta á los capitales, amengua las transacciones, imposibilita el desarrollo de la industria y empobrece á la Provincia, debilitando física y moralmente al Estado Pigmalion, sin confianza en sí mismo, y sin fé en los demás, tiembla ante las ideas, persigue la palabra, conturba y aleja á los hombres, y se asfixia en la soledad y aislamiento que crea en torno suyo, aun enmedio de sus saraos y alabanzas oficiales, ó se entrega con frecuencia á los desvarios rabiosos de una autoridad que, sin prestigio moral, en el fondo de su conciencia se reconoce impotente Nosotrosno somos, no hemos sidoy no seremos jamás amigos de un sistema que tales efectos produce: contra él hemos protestado y protestaremos invariablemente con toda la energía de nuestras facultades, y preferiremos siempre, como grande honor, tas calumnias oscuras y los dicterios infames que contra nosotros hasta ahora ha forjado, y las que en adelante forjare, á su estimación y á sus favores Celébrenlo y defiéndanlo en buen hora, como al sumniun de la perfección del gobierno humano, aquellos pocos que á su sombra miserablemente medren, y aquellos, menos aún en número, que por temperamento moral é intelectual, con él estuvieren conformes Nosotros lo combatiremos sin tregua Pero en ningún caso, y sean cuales fueren las costumbres y la conducta de los que á nosotros opuestamente piensen y escriban, la discusión no será en nuestras manos un arma envenenada , ni siquiera una ocasión de destemplanza Ideas combatiremos con todas las fuerzas d-i nuestras ideas; nunca intenciones con nuestra pluma. Mas no se crea que nuestra moderación arguye la renuncia de nuestros derechos personales: si por respeto á la causa de la verdad y de la justicia que venimos á defender; si por respeto á nosotros mismos no

liemos de apartarnos un solo ápice de la conducta decorosa y circunspecta que nos conviene, nos reservamos, sin embargo, contra cierto g*énero de ataques, que no han de sorprendernos á la verdad, ora el desprecio esplícito, ora las vias judiciales, ora los otros medios conocidos en la sociedad de nuestros dias, para mantener, según los casos, íntegra nuestra dignidad de hombres
ROMÁN B. DE CASTRO.
Madrid 6 de Noviembre de 1869.
LA JUNTA INFORMATIVA DE REFORMAS PARA PUERTO-RICO.

Mientras llega el momento de publicar los documentos que se produjeron en esta Junta, celebramos poder dar el fidelísimo estracto de ellos que sigue y tomamos del número 243 del periódico Las Cortes, correspondiente al sábado 27 de Noviembre. Este artículo es característico, bajo el triple punto de vista de la claridad, de la verdad y de la imparcialidad, y su autor, el Sr D Rafael María Labra, á cuya pluma distinguida deben tantos y tan eficaces servicios las provincias de Ultramar, esacreedor al reconocimiento muy particular de la Isla de Puerto-Rico, cuyas necesidades y circunstancias conoce y defiende hace ya mucho tiempo, con tanta profundidad como generoso desprendimiento:
LA. JUNTA INFORMATIVA DE REFORMAS PARA PUERTO-RICO.
Habíamos prometido á nuestros lectores, y singularmente á nuestros amigos de Ultramar, decir algo de los trabajos de la Junta creada por el Sr Becerra, hace comodos meses, para discutir y proponer las reformas más convenientes para la Isla de Puerto-Rico; y aunque siempre tiene gran interés el conocer la opinión de personas tan competentes como las que formaban parte de aquella Junta, otros asuntos de más urgencia, y tal vez de superior gravedad , habían distraído nuestro ánimo, hasta el punto de aplazar indefinidamente el cumplimiento de aquella promesa
Ahora que los asuntos de Ultramar se han puesto á la orden deldia en el Congreso, y puesto que nuestro ilustre amigo el Sr Becerra ha querido autorizarse en los votos de aquella

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dunta, nos parece de todo punto inescusable el consignar en nuestras columnas las noticias que hemos podido adquirir respecto de aquella importante comisión
Tres graves cuestiones se plantearon desde el principio en la Junta: la política, la económica y la social Como paso previo, se acordó resolver si las leyes políticas habían ó no de obedecer al principio de asimilación; y la Junta decidió por mayoría de votos que así fuera, entendiendo por asimilación, no la identidad, sino algo de lo que habían entendido los comisionados en su informe de 1866; esto es, gran descentralización administrativa, diputados á Cortes, y los mismos derechos políticos que en la Metrópoli, salva alguna limitación de circunstancias
La minoría estaba dividida: algún individuo, bajo la fórmula de «unidad nacional, unidad constitucional y diversidad de modos para la realización de los derechos políticos,» mostraba un sentido más conservador, recordando, tal vez sin quererlo, la política del art 80 de la Constitución del 45; esto es, las leyes espaciales.
Otros individuos pretendían la promulgación ínteg*ra del título 1." de la Constitución del 69 en Ultramar,—la concesión de grandes facultades á las corporaciones insulares para resolver sus cuestiones privativas, para discutir y votar los presupuestos, para entender en todos los ramos de fomento, modificar las leyes de la Metrópoli, que por su iniciativa ó la del Senado se llevasen á aquellos países—la creación de un gobierno superior civil, armado de un veto suspensivo de los acuerdos de la asamblea colonial hasta que la Metrópoli decidiese—y por último, el llamamiento de representantes de las colonias solo al Senado, dejando á este alto cuerpo, con la iniciativa en los casos graves, la facultad de acudir en apelación de los conflictos entre las corporaciones de las Antillas y el gobernador superior civil. Como se vé, este no era propiamente el sistema inglés; pero sí más nacional y más democrático
Aceptado el principio de asimilación, la subcomisión encargada de este punto presentó su dictamen, en el que se proponía la «promulgación en Puerto-Rico de la Constitución de 1869, con estas tres tónicas modificaciones: 1. a , que los efectos del Código político no alcanzasen al esclavo mientras conser-

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vase el carácter de tal; 2. a , que la libertad de imprenta tuviese como limitación la discusión de la esclavitud; y 3. a , que «en tanto que las prácticas constitucionales se arraigasen en la Isla de Puerto-Rico, la ley electoral reconociese el voto solo á las capacidades y á los contribuyentes que por cualquier concepto pagasen treinta pesetas de contribución directa
Después, la subcomisión presentaba algunas bases para los ayuntamientos y diputaciones provinciales, conforme á principios descentralizadores, pero dentro del espíritu de las leyes de la Metrópoli. Respecto de presupuestos provinciales, la subcomisión proponía que loshiciese la diputación, pudiendo el gobernador suspenderlos en ciertos casos, dando inmediatamente parte á la Metrópoli, y disponiendo que en el ínterin se observasen los del año pasado.
En estos puntos el dictamen de la subcomisión era menos descentralizador que el de los comisionados de 1866;así como en lo que se refiere á la Constitución era bastante mas liberal
Por desgracia este dictamen no se pudo discutir. Sin embargo, supuesto que lo firmaban cuatro individuos de la Junta; vista una enmienda de los mas radicales de ella, y atendidas las declaraciones de otros miembros de la comisión, que sin dar en el radicalismo estaban muy cerca de él, puede muy bien asegurarse que este dictamen, por lo menos, hubiera sido aprobado.
La cuestión social fué la que en realidad ocupó mas á la Junta La subcomisión se dividió para formular el dictamen
La minoría, considerando: 1.° que la esclavitud «es un ultraje á la naturaleza humana, y una afrenta para la nación que, única en el mundo civilizado, la conserva en toda su integridad» (1);2.°, que de todos los sistemas presentados y llevados á efecto, el más sencillo, más natural y másjusto—y por todo esto el más propio del momento revolucionario en que actualmente vive nuestra patria—es el conocido con el nombre de ABOLICIÓN INMEDIATA Y SIMULTÁNEA; 3.°, que las condiciones del trabajo en Puerto-Rico, la cultura y economía de aquella sociedad, las proporciones en que están las razas y las clases, la situación moral de los esclavos, el carácter de la
(1) Palabras de la Junta revolucionaria Octubre, 1868

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raza negra (cuyos individuos en su casi totalidad son criollos) y hasta la disposición geográfica y topográfica de la Isla hacen de todo punto injustificable cualquiera temor de que el orden público se altere, ó la vida económica sufra un rudo ataque, por efecto de una medida radical en la cuestión de esclavitud; 4.°, que todos los pueblos que han acudido á la abolición gradual han tenido que lanzarse á la postre, y como recurso de salvación, en la inmediata; 5.°, que es de equidad que el Estado indemnice á los actuales poseedores de esclavos; y 6.°, que en ningún caso las dificultades de la emancipación debían recaer sobre el esclavo, harto maltratado por largos años de servidumbre—!a minoría proponía la abolición inmediata y simultánea, indemnizando á los poseedores de esclavos, por tasación individual y conforme lo acordase la diputación de Puerto-Rico, y en la inteligencia de que la Metrópoli renunciaba, por los años necesarios, á recibir el contingente de aquella Isla Los nacidos después del 17de Setiembre de 1868y los mayores de 60 años serian libres, sin que los amos recibiesen indemnización alguna
La mayoría opinaba por el vientre libre, sometiendo á los niños al patronato de los amos de sus madres, hasta que los varones cumpliesen 20 años y las mujeres 16; por la libertad inmediata de los mayores de 65 años; por la emancipación, por suerte en cada año, del resto de los esclavos, previa indemnización (de 700 escudos cuando más) á sus dueños, y en la inteligencia de que todos los siervos habían de ser libres el 1.° de Enero de 1890, en cuya fecha los amos de los que todavía quedasen serian «reintegrados según lo permitan las circunstancias y del modo que se acordase por una nueva disposición;» y, en fin, porque la indemnización se hiciese renunciando la Metrópoli á los sobrantes, y señalándose á aquel fin 600.000 escudos anuales en el presupuesto de la Isla y otros tantos en el de la Península
Para sostener esto, la mayoría consideraba: 1.°, que «el dominio de los amos sobre sus siervos ha constituido y constituye hoy un legal Y LEGÍTIMO derecho de propiedad con todos sus atributos, como creado á la sombra de la ley, de cuya justicia ó injusticia moral no pueden ser responsables» los actuales propietarios; y que por tanto, no cabe hacer espropiacion alguna de esclavos, sin que la preceda necesariamente la

18 indemnización correspondiente, «principio indiscutible de justicia, que siempre ha regido y rige en todo país civilizado;» 2.°, que la emancipación repentina, arrancando los brazos de un modo súbito á la producción agrícola, la perturbaría profnndameute, y con ella á los demás ramos de riqueza; 3.°, que una medida radical seria inconveniente hasta para los mismos siervos (cuya mitad numérica está incapacitada de ganarse la subsistencia); de tal modo, que de la esclavitud de la ley irian á parar á la más terrible del hambre, de la miseria y de los vicios; y 4.°, que la transición repentina de 40.000 séres de la servidumbre á la libertad es ocasionada á conflictos en el orden público, máxime teniendo en cuenta que el elemento de color de la Isla representa el41por 100 de la población total de Puerto-Rico.
El dictamen de la minoría se discutió ámpliameute, mas al cabo no fué tomado en consideración. Hubiérale pasado lo mismo al de la mayoría, oido con visible disgusto por la Junta informativa; pero este dictamen tuvo la suerte de que ni se discutiese, siendo tomado en consideración otro en que se pretendía conciliar varios estreñios.
Según él, en 1.° de Julio de 1873 no habría en Puerto-Rico un solo esclavo Los actuales serian emancipados, indemnizando á sus amos de su valor. Para este efecto los esclavos se dividirían en dos grupos El primero de 7 á 15 años, y de 51 á 59, en que elindividuo se tasaría en 400 escudos á lo sumo El segundo de 16 á 50 años, y la tasación no pasaria de 600 escudos Los menores de 7 años y los mayores de 60 (que no tienen hoy precio en el mercado), gozarían de la libertad, sin que se indemnizase al amo.
La indemnización se haría de este modo: el 50 por 100 del valor de los esclavos se abonaria á los amos en metálico inmediatamente (100 millones de reales cuando más), quedando aqnellos coartados, conforme á la ley actual El 50 por 100 restante seria satisfecho por los esclavos, con la mitad de los jornales que por la coartación les corresponde.
Como hemos dicho, este dictamen se discutió ampliamente, y fué tomado en consideración por mayoría de votos, y no se aprobó en definitiva por haber sobrevenido el decreto de disolución de la Junta Así y todo era menos radical que el

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que firmaron en 1866 los comisionados de la Isla de PuertoRico
En este debate se presentaron dos proyectos de estincion de la esclavitud, sin declaración de derechos, ni plazo, ni cosa por elestilo. Sus mismos autores comprendieron y declararon que esta idea no tenia eco en la Junta; y en efecto, sometidos á votación, difícilmente habrían logrado la adhesión de tres personas que ya convenían en no ser abolicionistas.
Por último, la cuestión económica no pudo ser discutida. Empero entre los papeles de la Junta se hallan los dictámenes de la subcomisión respectiva Sus individuos estaban unánimes en rebajar el presupuesto de gastos en un 30 por 100. En los ingresos se separaban: los unos (la mayoría) sostenían la abolición de las aduanas; los otros, la abolición del impuesto directo.
Tal ha sido el resultado de los trabajos de la Junta informativa de reformas para Puerto-Rico. Los originales están de manifiesto en la secretaría del Congreso
De aquí resulta, en primer lugar, quelaJunta ha trabajado buena y honradamente, contra lo que algunos, muy interesados en statu qw y sentidos por las doctrinas que han prevalecido en aquella comisión, se han atrevido á insinuar.
Después es necesario insistir en que lo que mor atinente (porque no hubo tiempo para más) salió de la Junta informativa, fué esto:
La promulgación en Puerto-Rico de la Coustitucion de 1869, con tres solas limitaciones, en lo que hace á la prensa y al snfragio;
La emancipación de los esclavos en tres años y medio; La reducción del presupuesto de gastos en un 30 por 100; Y la abolición de las aduanas de la Isla.


Sesión del sábado 13 de Noviembre de 1869
El Sr. VICEPRESIDENTE (Cantero): El Sr. Padial tiene la palabra.
El Sr. PADIAL: La he pedido para suplicar al señor Ministro de Ultramar se sirva decirme si puedo explanar la interpelación que dias pasados tuvela honra de anunciarle.
El Sr Ministro de ULTRAMAR (Becerra): Pido la palabra
El Sr VICEPRESIDENTE (Cantero): La tiene V S
El Sr Ministro de ULTRAMAR (Becerra): Estoy dispuesto á contestar á la interpelación que anunció S S., y por mi parte tendré la más viva satisfacción en que S S la explane ahora mismo,si lo tienepor conveniente
El Sr. VICEPRESIDETE (Cantero): No teniendo inconveniente el Sr. Ministro de Ultramar enqueelSr.Padial explanesu interpelación tiene S. S. la palabra conese objeto.
ElSr PADIAL: Conmovido y lleno de temor, señores Diputados voy á explanar la interpelación que he tenido la honra de anunciai^ contando conlabenevolencia demi distinguido amigoelSr.Ministro de Ultramar. Seré lo más breve posible; no tengo el hábito de la palabra, ni me he familiarizado con las Asambleas: lanuestra esimponente por su número, por su calidad y por su augusto carácter, y por lo mismo, yo impetro y espero la benevolencia de los hombres superiores que la componen Conociendo susnobles y generosas cualidades, aun me atrevo á esperar más de ellos: me atrevo á esperar su franco y leal apoyo para esta interpelación, que implicauna cuestión deestricta justicia, y que, sin la menor sombra de oposición al Gobierno, es, á mi modo de ver, de alta conveniencia para el honor y para el progreso de la Nación
Hace treinta y dos años, Sres. Diputados, que un error de la política peninsular excluyó de estosbancos á la legítima representación

22 delas Antillas. Honor es hoy, y honor será en la historia para los hombres de la revolución de Setiembre la reapariciou en su seno de losrepresentantes de una de ellas. Yo, como diputado por PuertoRico, soy elprimero en reconocerlo, y en nombre de los habitantes de esta Isla que vengoá representar, hoy al Gobierno y á las Cortes las gracias más expresivas [por este acto de sanapolítica, que en el fondo es de pura y estricta justicia
Pero ¿esá esto solo, Sres Diputados, esá exhibirnos en este augusto recinto á lo que se limitanuestro deber? ¿No debemos presentar ante los diputados de la Nación el estado social,políticoy económicodela Isla? ¿No debemos exponer el estadodesu administración, y pedir uno y otro dia al Gobierno y á las Cortes que, si hay males que remediar, abusos que corregir, leyes que dictar, los remedie, los corrija y las dicte? Pues tal es. Sres Diputados, mipropósito, y tal es la obra, superior sin duda á mis fuerzas, para que os pido vuestro poderoso apoyo.
El estado social de la Isla dePuerto-Rico lleva en su seno la esclavitud, institución que, por una verdadera desgracia, hoy esúnicamente española, como lo ha dicho no há mucho tiempo el primer magistrado de la Nación; institución que «es el compendido de todas las iniquidades,» comolo dice la sabia Europa por la voz desus hombres mejores y más autorizados; institución por fin que es antipática á losgenerososinstintos del pueblo español,y que pugnahasta avergonzarnos, con los principios, principios de eterna justicia, proclamados por la revolución de Setiembre ante el mundo civilizado Ni los hombres ilustres de esta Asamblea, ni el noble pueblo español desconocen estas verdades Gracias á la iniciativa de mi particular amigo D Julio Vizcarrondo, el "Willberfoce delaesclavitud española, gracias á la palabra elocuente de los Sres. Figuerola, Moret, Rodríguez (D. Gabriel), Labra,Romero Girón, Castelar, Sanromá y tantos otros insignes patricios y hombres públicos, estas verdades han resonado en todos losángulos de la Nación, y han formado la conciencia pública en esta importante materia.
Yoestoy convencido, profundamente convencido, Sres.Diputados, de que aquí no hay un solohombre que no deseeardientemente tener la satisfacción y la altahonradeponertérmino á esta institución enemiga de la humanidad y humillante para la Nación española Estoy persuadido de que el Gobierno en general, como mi distinguido amigoel Sr Ministro de Ultramar en particular, sienten en esta triste y vergonzosa cuestión del mismo modo que todos los hombres de alto corazón yde levantados pensamientos Yo no dudo que se proponen resolverla; yo no dudo que propondrán en este lugar una solución digna de sus nombres ydigna también delmomento histórico en que nos encontramos. Pero ¿á qué se aguarda? ¿Qué vacilaciones intem-

23 pestivas se oponen al cumplimiento de este deber? Deber ineludible, y quees, sin duda, uno de los más bellos que puede caber en suerte á los hombres, y que ha tocado, porfortuna de todosnosotros, á esta ilustre Asamblea.
Si en mis manos estuviera, y deseo consten estas mis palabras, tomar esta gran medida, inspirándome en la noble ypatriótica conducta de mis amigos los comisionados de Puerto-Rico de 1866, yo propondría álas Cortes que tienen la benevolencia de escucharme, la satisfacción de lajusticia por la abolición inmediata y simultánea de la esclavitud, y laindemnización á los dueños de esclavos por pura equidad y conveniencia del momento.
Yo confío que no faltarán en esterecinto elocuentes, poderosas y autorizadas voces, que, unidas á mi débil voz, demuestren en su día las ventajas de este sistema y los graves, gravísimos inconvenientes que han traido siempre las medidas lentas yarbitrarias que de él se han apartado. Ycuando la codicia y la tiranía domésticase levanten en estos bancos (que ellas no abandonarán su triste misión en estos días), vestidas con elmajestuoso ropaje del patriotismo, y anuncien ruinas, catástrofes, sangrientas escenas; cuando, olvidando la dignidad de la Nación, los sagrados fueros de la humanidad y el santo nombre de Dios, creador de los negros como de los blancos, para hablarnos únicamente delos sacos de catéydelos bocoyes de azúcar, yo confio también enqueaquellasvoceselocuenteslesresponderán con energía: «Vuestros sofismas han concluido su odioso papel en este mundo; la abolición es la historia y la honra de nuestros dias; su justicia, sunecesidad ysus beneficios nos son conocidos; en adelante no llenareis de dolor el corazón de las madres vendiendo á los hijos:' no llenareis de amargura á los hijos azotando en su presencia á sus padres; en adelante no tendréis abolida la moral, subyugada la religión, envilecida lasociedadhumana,por vuestros esclusivos ymateriales intereses Si propiedad santa hay en el mundo, la primera y la más sagrada es la que elhombre funda en su trabajo Id, pues, con el oroque pretendeispor vuestrossiervosy quelaNacion osotorgapor pura equidad; pero sabed que el trabajo del hombre negro no ospertenece, y que la noble y generosa Nación española ha proclamado la libertad en todos sus ámbitos ysabrá mantener el derecho igual entre todos sus hijos.»
Día venturoso éste, legisladores ilustres; día inmortal en la memoria de las gentes, porque llevareis la alegría delajusticia á43.000 esclavos, nacidos todos bajo la bandera nacional, y la paz doméstica yla tranquilidad dela conciencia á una población de 600.000 habitantes ¿Quépueden pesar en la balanza de nuestra conciencia,ni la pasión ni el cálculo sórdido de300esclavistastemerarios (queno hay

24 más en Puerto-Rico) cuando hayáis cumplido vuestra noble misión, con honra de España, ante Dios y ante los hombres?
El estado políticode la islade Puerto-Rico no es menos ofensivo á la dignidad humana, nimenos contrario á los intereses permanentesdela Nación Bastedecir que hace muchos años quelaIsla se rige por decretos provisionales, sin leyes fijas y sin intervención ninguna ni para nada de sus habitantes. Aún estos mismos decretosson anulados, desvirtuados óenmendados con frecuencia y al compás de los intereses, más ómenos bastardos, de los gobernantes irresponsables encargados de ejecutarlos. Una sombra del municipio, que ha sido siempre elúltimobaluarte de lalibertad española, ni una sombra siquiera de Diputación provincial, y el alejamiento sistemático de nuestra palabra en los Congresosde la Nación: he ahí los elementos esencialmente negativos de nuestra Constitución política en las Antillas
El capricho más ó menos ilustrado de un Ministro sin responsabilidad,la voluntad arbitraria de un gobernadormilitarmás ó menos despótico en sus actos y costumbres, sujeto á un simulacro de enjuiciamiento, que sellama entre nosotros juicio de residencia; en una palabra, la arbitrariedad gubernamental y la fuerza:héaquílas leyes que rigen á la Isla de Puerto-Rico. ¿Podemos esperar que así se formen ciudadanos cual convienen á la Nación? ¿Es patria de todos la que así trata á una parte de sus hijos?
Seamos razonables, señores,yjuzguemos el corazón humano por sus propias leyes y no por frases de vana convención La historia está abierta para decirnos con voz severa los tristes efectos que la injusticia ha producido y producirá siempre en circunstancias análogas.
Por fortuna, señores, la historia nos dice también cómo se evitan estos efectos y cójno secrea el verdadero lazo nacional Se evitan y se crea fundándolos en intereses recíprocosy permanentes Hagamos pues, nuestro deber en este día y borremos con actos de sensatez y de cordura actos absurdos de otrostiempos.
Derechos iguales en la gestión delos negocios de la Nación; derechos iguales en la vida pública de la provincia; derechos iguales en los actos del municipio; garantías sólidas,seguridad perfecta para el individuo en la vida pública y privada; he ahí, según mi modo de ver, losprincipiosjustos de una nacionalidad perfecta y duradera.
Y esto no quiere decir que la identidad sea necesaria: que las formas varíen en la aplicación con las condiciones geográficas, con los instintos locales y con las demás circunstancias que puedan caracterizar á la Isla, no es razón para que se disminuya ó mutile la libertad
Pienso, por el contrario, que, cuanto más amplia sea ésta, tanto

25 esmás perfecta éíntima la nacionalidad á quese debe, y hé aquí por qué mis convicciones son decididamente favorables á la autonomía, que noes otra cosa que la descentralización política y administrativa.
En este ordenpolítico, en efecto, se ensancha la vida publica delas provincias, sin disminuir en nada, antes fortificando, los lazosde interés recíproco con la madre Patria, como loevidencian esas magníficas sociedades que con gloria y utilidad de la Nación británica se llaman el Canadáy la Australia.Ysipor acasola autonomía pudiera, según pretenden algunos políticos de corta vista ó de estrechas miras, ofrecer algún peligro ulterior respecto de estas grandes colonias, que tienen fecundos gérmenes para aspirar á ser naciones, semejante eventualidad carece de significación respecto de Puerto-Rico, cuya corta extensión y cuya escasa población yriqueza no le consienten aquellas aspiraciones ¿Quién ignora allí estas verdades, por de mas sencillas y ya vulgarizadas? Los hombres que por desesperación, por recurso extremo, han podido mirar háciaotros pueblos, esperando de ellos ilusoria protección ó fuerte amparo, tienen su alma puesta en la libertad, no en la bandera. Hagamos, pues, que sean libres en su propio suelo, y pronto los veremos volver de su brillantedelirio álos brazos de la nación, cuyos malos Gobiernos los han compelido al extravío. Si libertad, y libertad absoluta hemospedido para el esclavo, seamos consecuentespidiendo libertad sin trabas para los ciudadanos de una parte de la Nación
No olvidemos, señores, que así como la esclavitud doméstica ciega el entendimiento y corrompe las costumbres hasta la médula de la sociedad, el despotismo gubernamental favorece la ignorancia, degrada los caracteres, anula el espíritu público, debilita el amor patrio y rompe al cabo violentamente los lazos nacionales. Estamos muy lejos de esta triste eventualidad enPuerto-Rico;peroespreciso, es de nuestra esencial obligación, restablecer elderecho sobrelabase de lajusticia, las leyes por encima de la voluntadde los hombres; es preciso en fin constituir la provincia y sustituir una situación de gobierno fundada en los inmortales principios de la revolución de Setiembre, á esa situación de mando, queno tiene otro fundamento que la voluntad de los Borbones, ni otra razón de ser en la actualidad, que las ventajas que en ella encuentran todavía sus antiguos partidarios.
Entre estos, señores, entre estos partidarios, debéiscontar en primer término á losnegrerosyá losesclavistas,másómenos enmascarados Ellos adoran lo pasado,por que funda sus aspiraciones ála riqueza en la servidumbre: elloshan defendido yponderadohasta ayer las ventajas del sistema colonial con todas sus brutalidades, porque en éltiene su fundamento la esclavitud ylosprivilegios; ellos en fin varían de táctica hoy, pero no de planes, yospediránlibertades mu-

26 tiladas, derechos irrisorios ó falseados, con la esperanza de volver más fácilmente atrás,ya con la restauración, ya con las reacciones que en silencio neciamente anhelan.
Os toca, pues, Sres Diputados, dictar leyes políticas radicales, que, favoreciendo losintereseslegítimos detodos losciudadanosdela Isla, destruyan para siempre estas aspiraciones inhumanas, egoístas y antinacionales
Donde no hay ley, donde impera la arbitrariedad absoluta, donde no hay responsabilidad efectiva, ni siquiera responsabilidad moral, para contener al poder y á sus agentes, ¿puede esperarse una situación económica fundada en la equidad? Ved lo que pasa allí: toda la ciencia económica de los que han gobernado la Isla de Puerto-Ricoi ministros, gobernadores, intendentes y subalternos, no han entrañadojamás otro pensamiento que el de aumentar los presupuestos de ingresos, ni otro plan que el de distribuirlasrentasentresus adeptos, sin consultar para nada la riqueza positiva de la Isla, sin beneficio real para la Nación y sin utilidad ninguna para el país. En la isla de Puerto-Rico no hay caminos, no hay enseñanza pública; las iglesias están casi aruinadas; los ayuntamientos no tienen casas decentes; y sin embargo, las contribuciones suben á cerca de7 millones y medio de escudos, que el país no puede pagar y que no paga.
Sinir más lejos,el general Sanz ha tenido quetratar conlos contribuyentes de San Germán, deFajardo y de otros pueblos, para obtener parte del cupo absurdo que se les habia fijado, reconociendo que nodebian pagar el resto Todavía más: fué preciso autorizar al pueblo deFajardo para disponer de los fondos municipales, destinados á un objeto sagrado, con el fin de agraciar al Tesoro, á reserva de reintegrarlos cuando los contribuyentes pudieran
A esta triste transacción vinieron á parar tantas conminaciones, tantos expedientes de apremio ytantas ejecuciones vejatorias como salieron de la intendencia, exigiendo lo imposible y produciendo un disgusto profundo, la alarma justificada de lospropietariosy elacontecimiento sin consecuencias, pero significativo, de los desesperados deLares. Yes tal, Sres. Diputados, el desorden económico que reina en aquella Isla, que, ápesar de todo esto, el Tesoro está endeudado, sin crédito y sin esperanzas de llegar á una situación de equilibrio, mientras no seajusten los gastos á los ingresos posibles y los ingresos á la riqueza verdadera del país
Es, pues, de absoluta necesidad fundar el plan económico de fe Isla en bases más sólidas, en principios dejusticia, ycontar para ello á un mismo tiempo con los sanos consejos de la ciencia y con la legítima intervención de los contribuyentes ¿No es cierto, Sres Diputados, que toda larevolución moderna europea ha tenido por origen la necesidad de contener los desórdenes económicos de los poderes

27 arbitrarios? Pues remediemos estos males en Puerto-Rico, antes-de que las mismas causas produzcan allí los mismos efectos
He hablado hasta ahora, Sres Diputados, del estado social, político y económico de la Isla de Puerto-Rico, y ciertamente todo el mundo puede deducir ya, y sin esfuerzo alguno, el estado general de su administración Inúlil seria detenerme en ello: empleados en su mayor parte ineptos para el cargo que desempeñan, como lo han escrito oficialmente muchos gobernadores, altanería propia de la irresponsabilidad, castigos infamantes, azotes á hombres libres, persecuciones y destierros sin proceso ni sentencia judicial, son hechos comunes que los Gobiernos más desatentados de la Península han tenido con frecuencia que desaprobar.
Noquiero,Sres Diputados,entrar enconsideracionesdeotroorden en estemomento. Los gobiernos personales tienen ungravísimo mal, el de hacerpersonales también los ataques. Nose escapará á la alta penetración de la Cámara qne no debo continuar hablando sobre el estado de la administración enPuerto-Rico, conocidosumodode ser, dadas las condiciones en que hoy se encuentra. Hagamos caso omiso de eso, y pasemosun velo espeso que cubra tan tristísima y vergonzosa situación
Nopretendo, señores, prolongar innecesariamente mi interpelación Tenia el deber de presentar á vuestros ojos el estado general de la Isla de Puerto-Rico, y lo he cumplido Debia dar las gracias á los hombres de la revolución de Setiembre, por habernos abierto las puertas de este santuario de las leyes; y aunque en esto no hay más quejusticia, lo he hecho por mí y por mipaís con sinceridad
Voy áponer término á esta interpelación.
LaIsla de Puerto-Rico, parte integrante de laNaciónespañola por la naturaleza y por la historia, no está constituida, y urge constituirla; no está bien gobernada, y tiene derechoáestarlo. No olvidéis, legisladores ilustres, que así lo aconsejan sus méritos propios, los tiempos y las circunstancias todas que la rodean. Sus méritos, porque es difícil que halléis otra provincia en toda la Nación que haya mantenido durante trescientos cincuenta años su pabellón más ileso, su territorio más independiente del extranjero: contra su noble y desinteresado patriotismo y ante elvalor y eldenuedo de sus hijos, fueron á estrellarse en los pasados tiempos los Drake, los Boduinos, los Cumberland y los Albercombry Ninguno, á pesar de sus huestes y de susescuadras: pudo fijar su estandarte en aquel pueblo de valientes; todos fueron ó vencidos ó vergonzosamente rechazados. Sí, las almenas de mi paísse ostentan con orgullo libres de aquella mancha.
Recordad también que, á principios de nuestro siglo, cuando el cañón tronaba en la ancha base de los Andes;cuando aquellos mares

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estaban cuajados de corsarios é imponían terribles privaciones á nuestros padres; cuando los nombres deBolívar, Sucre y San Martin fomentaban en América la insurrección contra la madre patria, en 1812, como en 1820, la Isla de ¡Puerto-Rico practicó la libertad sin trabas y sin diferencias, bajo elimperio de las Constituciones democráticas de aquellos tiempos, y permaneció fiel á su honra y á sus tradiciones. Pensad que de entonces acá, Sres. Diputados, sehan cometido con ella duras, incalificables injusticias; tanto más dignas de pronta reparación, cuanto que los tiempos actuales presentan á sus ojos el ejemplo irresistible de la libertad, en las naciones que la cirdan y llevan á todos sus ámbitos, haciendo palpitar los corazones de sus hijos, esos torrentes do elocuencia que la revolución ha hecho brotar en los labios de la madre Patria, y cuyas vibraciones se dilatan repitiendo en todas partes: «Libertad, libertad para todos losespañoles.»
Emprendamos, pues, Sres Diputados, estaobradehonra nacional y de trascendentales consecuencias Devolvamos á 43.000 hombres su libertad natural Reintegremos á 600.000 españoles en sus legítimosderechos deciudadanía, arrancándolos déla situación degradante en que lostiene colocados el despotismo del sistema colonial, desacreditado en toda Europa, é incompatible con nuestros principios y con nuestros tiempos.
Que el Gobierno tenga, como es de alta política y de conveniencia, la iniciativa de esta importante obra; que señale untérmino corto, mejorcuanto másbreve,ypresenteanteesta augustaAsamblea sus planes y proyectos, es el objeto de esta interpelación Todos conocemos la afiliación política, el temple moral, las dotes de actividad y resolución que enaltecen á mi queridoamigo el Sr MinistrodeUltramar, y contando con el apoyo decidido que, así el Gobierno comolos miembros todos de esta Cámara, prestan en todas ocasionesálos intereses oprimidos, es imposible, señores, quenollegue álucir de una vez para siempre en la IsladePuerto-Rico laera incontrastablemente nacional delajusticia y de la libertad. He dicho.
El Sr Ministro de ULTRAMAR (Becerra): Pido la palabra
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): La tiene V S
El Sr. Ministro de ULTRAMAR (Becerra): He deempezar, señores Diputados, dando la enhorabuena á mi querido amigo el Sr. Padial, por haber cumplido, más que con un derecho, con un deber; porque deber es corresponder á las exigencias de la Patria, defender los intereses de sus poderdantes y exponer aquí las necesidades desu país.
Cumplido este que considero como un deber de cortesía, he de darletambién lasgracias por haberme proporcionado la ocasión de decir á losSres Diputados loque el Gobierno, y en particular el Mi-

29 nistro de Ultramar, piensan acerca de esta cuestión, y los trabajos que tienen hechos, que en breve término tratan de llevar á cabo, cumpliendo con su deber como diputados de la Nación española; como ciudadanos y como Ministros.
Como diputados de laNación española, porque cuanto serefiera á a honra, á la integridad y al progreso de la Patria, es de la incumbencia de nuestra misión; cumplimos un deber mirando por ellos, porque el progreso,de la Patria es nuestro progreso, la civilización de la Patria esnuestra civilización, y el bienestar de la Patria es nuestro propio bienestar.
Una de las cosas porque debemos mirar con predilección, cumpliendo con este imperioso deber, es el estado de nuestras provincias ultramarinas, y deber de losdiputados por esas provincias es manifestar aquícuáles son sus necesidades, cuál su población, cuál su riqueza, qué problemashay queresolver, ycuállamaneramás acertada de resolverlos.
Sentado esto, he de contestar muy ligeramente á las indicaciones que se ha servido hacerme mi digno amigo el Sr Padial
Dice S S.: «Loshabitantes de la provincia española de PuertoRico tienen derechos como los demás españoles, y es preciso que también se haya hecho para ellos la revolución; esprecisoqueáellos lleguen las reformas y iosprincipios por larevoluciónproclamados, y es preciso que disfruten, ni más ni menos, de las mismas ventajas, y soporten las mismas cargas queel resto de los españoles.»
Es verdad; pero anadia elSr Padial: «Si esto es exacto, si todos comprenden la necesidad de que asíse realice, ¿por qué vacilaciones? ¿Haymás que llevarlo á cabo?»
Yo me he de permitir decir alSr. Padial que no hay aquí vacilaciones deninguna especie: los hombres que han de cumplir con un deber, si tienen el sentimiento de ese deber y el sentimiento de honradez, no vacilan jamás Puede haber otra cosa que no es vacilación, que es la reflexión madura, concienzuda; que es la actitud resuelta, pero prudente, pero reflexiva, para resolver los problemasmás ó menos complicados que se presenten
El Sr. Padial sabe muy bien que las cuestiones mejor resueltasen teoría, cuando sepresentan en la práctica, ofrecen dificultades que antes no se habían previsto. Y aquí yo he de decir que no estoy conforme con los que dicen que una cosa es la teoría y otra cosa la práctica, no; lapráctica es la realización de la teoría, y si esta es buena, y vigorosa yexacta, tiene que estar de acuerdo con la práctica No hay más si no que,muchas veces, se presentan dificultades del momento, deltiempo y del espacio, que es preciso vencer
Al hablar de la Isla de Puerto-Rico, lahe llamadoprovincia española, y algunos Sres Diputados podrían hacer esta pregunta: ¿es

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más conveniente queaquella Isla sea una provincia española ó que sea una colonia como el Canadá de Inglaierra? Diré la razón de por qué lie usado la palabra provincia.
El Ministro de Ultramar lia creído conveniente para su mayor ilustración; nombrar una comisión, encuyo seno se encuentran gran parte de los Sres. Diputados por Puerto-Rico,para tratar las cuestiones que á aquel país se refieren, y esta comisión, en votación unánime, lia acordado, y así lo lia propuesto al Ministro, que se considere á aquella Isla como una provincia española De aquí resulta que en elproyecto de Constitución que para Puerto Rico tendré la honra de presentar dentro de pocos dias, probablemente en lasesión próxima, hay un artículo, el 1.°, que empieza por considerar á Puerto-Rico como provincia española
Señores, el sistema colonial es casitanantiguo en elmundo como el hombre: la experiencia, pues, es muy larga; pero hay todavía mucho que aprender, y el hombre de Estado, el estadista, se preguntan hoy si elproblema ha sido resuelto por completo de la mejor manera posible en alguna de las naciones que están consideradas como las primeras colonizadorasdelmundo.Para esto,loprimero que hay que hacer es ir siguiendo con detención, paso á paso, los progresos que se han hecho en otras nacionescnyas coloniashansido las másprósperas y las de más abundantes resultados
Pero dejando ahora aparte esta cuestión, que en otra ocasión tendré el gusto de tratar á fondo, me he de permitir, sin embargo, algunas indicaciones
Tres son los sistemas coloniales más generalmente conocidos: unoes elllamado, no con bastante exactitud, sistema inglés, porque esta gran nación colonizadora tiene diferentes sistemas y los aplica á las colonias, teniendo en cuenta el estado de civilización, el mayor ó menor número de razas yde habitantes y otra porción de circunstancias; así es que Inglaterra no 'emplea rigurosamente el mismo sistema en el Canadá, que en la Australia, que en la India, que en Gibraltar y que en otra porción de puntos; pero puedo asegurar, en términos generales, que los principales sistemas seguidos en esta importante cuestión son tres: uno que pudiéramos llamar sistema enteramente militar, con el cual las colonias son miradas casi como paísconquistado, y se atiende más que á todo á su defensa; este sistema esnecesario según las circunstancias, y es también conveniente para conducir á 1-is colonias á un estado más levantado y más próspero: otro sistema consiste en una especie de autonomía, tal como la tiene el Canadá, y por último, hay el sistema de la asimilación
Elsistema de la autonomía tiene sus ventajas y sus inconvenientes; pero hay una cosa que la prudencia aconseja y la ciencia deter-

31 mina, y es quelos habitantes de una colonia, que los habitantes de un país, que los habitantes de una provincia lejana de la metrópoli deben tener intervención, por lo menos, en todo lo que se reñere á sus intereses; y en cuanto á suntervencion legislativa, política, etc., yo creo que debe estar más ó menos determinada por el grado de civilización del país de que se trate.
Ahorabien: el sistema de asimilación, seguido especialmente por una nación muy semejante ala nuestra, quetieneuna brillantehistoriaen todo loqueserefiereádescubrimientos ycolonias,yyasehabrá comprendido que hablo de Portugal, ese sistema de asimilación, fuerza esdecirlo, tiene sus ventajas, pero también sus graves inconvenientes; y yo entiendo que una asimilación completa, absoluta, unaidentidad perfecta, encierra además algunascontradiciones; porque la Constitución de un país, que es la maneraderegirseeste país, el modo de establecer las relaciones que ha dehaber entre los gobernantes y gobernados, viene á corresponder á sugradode civilización, á sus costumbres, á sus hábitos, á sus condiciones de riqueza, de trabajo, etc., etc
Pues bien: de aquí resulta que, cuando dos países no tienen iden tidad deideas, cuando no tienen la misma cultura, el mismo progreso, la misma identidad de raza: cuando el peligro de la defensa nacional es de otra especie, entonces la asimilación completa y absoluta, y el hacer que se rijan por la misma Constitución, puede envolver grandes inconvenientes y traer gravísimos perjuicios Planteado en estos términos el problema, habría que pensar en un sistema que participara de los dos, y en el proyecto que he de presentar muy pronto á las Cortes he creído resolver lacuestión presentándola bajo estas dos fases. Puerto-Rico es una provincia española: sus habitantes tienen los mismos derechos y deberes que los españoles, tienen la misma Constitución, con las modificaciones que por las circunstancias especiales de aquella Isla hemos creído conveniente introdcuir, según elleal saber yentender del ministro de Ultramar yel Gobierno Y bueno es, señores, sentar una teoría Noes conveniente, no es riguroso, no ¡eslógico, que una provincia lejana tenga los mismos grados de libertad que la metrópoli: puede haber manifestaciones de la libertad que sean más necesarias en la metrópoli que en la colonia, y puede también haberlas, por el contrario que convengan más á la colonia que á la metrópoli en una época dada.
Partiendo, pues, de este principio,tendré el gusto de presentar á las Cortes el proyecto á que he aludido, que no es otra cosa que !a Constitución española con las modificaciones que hemos creído deber introducir en algunos de los artículos. Las dificultades ávecesnacen de falta derigor en las palabras, de falta de exactitud en los térmi-

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nos Cuando se habla de colonias autonómicas, es lo mismo que si se hablara de unidad ó federación dentro de un país; porque no se concibela unidad sin lacentralización que todo lo mata; perohay un te'rmino conciliatorio, que es dejar completa la unidad, y dejar á las colonias, á los países ultramarinos, la intervención exclusiva, por lo menos,en todo lo que se refiere á sus intereses, sin más que el veto dela Nación
Así está resuelto el problema Puerto Rico tiene tanta independencia como las colonias de Inglaterra y además las ventajas de una provincia española.
Yono soy,señores, de los que se asustan cuando se habla de que esta óla otra provincia piensa en su independencia; no solo no me asusto deeso, sino que voy más allá; yo he dellamar lascosaspor su nombre: todaslas colonias del mundo ha dellegarundiaquesean naciones independientes, y ¡dichosa la nación bajo cuya tutela las colonias se convierten en naciones! Pero, para esto, es preciso que las colonias lleguená un grado de virilidad y de civilización quelespermita vivir por sí y hacer respetar su independencia;porquesin independencia no hay libertad posible, no hay progreso, no hay nada: la independencia esá las naciones lo que la dignidad al individuo, la primera condición de su existencia
Ahora bien: á la provincia de Puerto-Rico, de que tratamos, no leha llegado el caso de ser independiente; está muy lejos, por sus condiciones, tanto geográficas ygeométricas,quepudiéramos llamar á las de extensión, como de civilización, de que le pueda ser necesaria, ni siquiera útil, semejante independencia: yodeclaro, señores, que, si hubiera nacido en alguna deaquellasposesiones ultramarinas y me encontrara en la situación de los que están hoy con las armas en la mano, no pelearía por la independencia de Cuba; porque Cuba sin España está perdida, no puede resolver las graves cuestiones que tiene queresolver, y yo tengo confianza en el porvenir de mi Patria para creer que hemos de hacer lo necesario para queaquellos naturales puedan llevar con orgullo y con entusiasmo el nombre de españoles (Bien, bien.)
Señores: en la organización de nuestras Antillas hay varios problemas enlazadosentre sí, que no espropio más que de hombres de corazón apocado, que no es propio de hombres quetienen la conciencía de su deber el ocultar: los problemas y las dificultades, cuando se presentan, hayque abordarlos de frente: si se puede, se resuelven, si no, la honradez aconseja decir que no se tienen medios para resol, verlos; á nada conduciría el que nosvaliéramos de habilidades y de paliativos para alejar ú ocultar elpeligro, porque el peligro, por más que se oculte, no deja de existir
Nos ha hablado el Sr Padial de la cuestión económica, y nos ha

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dicho que Puerto-Rico paga hoy 7 millones y mediodeescudosaproximadamente; en el ante-proyecto de arreglo económicopara aquella provincia, que el Gobierno presentará en breve álasCortes,se rebaja un 30por 100, poco más ómenos, de esta cantidad, como cualqueda equiparada, al menos muy aproximadamente, con las demás provincias de España por lo quehace alimpuesto. Y así debe ser,porque yo que creo que los habitantes de Puerto-Rico y de las otras provincias ultramarinas no son menos españoles ni menos dignos de derechos que los que viven en la Península; tampoco les puedo creer exentos de los mismos deberes; gozan de las mismas ventajas, y deben por consiguiente, contribuir con la misma cantidad, poco más ó menos, á los gastos generales de la Nación
El primer proyecto que el Gobierno traerá á las Cortes sobre este asunto se refiere á la cuestión política, no porque haya creído que la política sea antes que la económica, ólaeconómica antesque lapolítica,queen realidad son cuestiones de tal manera enlazadas, que su separación escomo la separación que se hace en ciertosramos de la ciencia, una separación puramente artificial con el objeto de entendernos mejor en el estudio:quien dice economía, dicepolítica;noson cosas separadas: se refieren siempre á lo quesepudierallamar,deuna manera más levantada, la verdadera política, de un país; se ha empezado por la política, porquees preciso ante todo fijar los derechos y deberes del ciudadano, la situación delmunicipioy delaprovincia, para saber las atribuciones que á cada cualcorresponden ylarelacion que debe unir á amboscon elEstado y entre sí. •
He hecho antes una afirmación: he dicho que las provincias ultramarinas tienen los mismos deberes que lasde lametrópoliydeben contribuir con las mismas cargas. ¿Por qué? Por unarazón muy sencilla ¿Qué es lo que debe pagar un ciudadano al presupuesto? Una cantidad igual á los beneficios que recibe del Estado; y esto es aplicable á las provincias de Ultramar lo mismo queá las de laPenínsula ¿Cuánto debe, pues, pagar para sus gastos particulares y cuánto para la metrópoli cualquier provincia por lejana que esté? En primer lugar, debe cubrir sus necesidades según las voten sus mismoshijos, y debe después contribuir á los gastos del Estado con una cantidad proporcional á la que paguen las demásprovincias, ni más nimenos; esto es lo lógico, y esto es lo justo.
Por la Constitución española, las Diputacionesprovinciales tienen una autoridad exclusiva en todo lo que se refiere á los intereses provinciales; peroes menester tener presente su situación yla distancia á que se encuentran del poder central: hay aquí una porcióndecuestiones que acaso no sepan, acaso ignoren cómo sepuedanresolverlas autoridades civiles, militares ójudiciales, pero elremedioesfácil con

34 el telégrafo y con las rápidas comunicaciones del dia, el remedio consiste en preguntar al Gobierno, el cual resuelve como tiene por conveniente. ¿Pero se puede hacer esto con Puerto-Rico, Cuba ó Filipinas? De ninguna manera. Hó aquí elorigen de una modificación importante que hay que hacer en la organización provincial ultramarina: las autoridades allí deben tener una gran libertad deacción, de tal suerte, que asegurando la libertad individual, poniéndola fuera delalcance de los atentados del poder, pero no en tal grado que pueda peligrar laintegridad del territorio, el orden público y la seguridad general, sin los que la libertad es imposible, estén revestidos los gobernadores superiores de aquellas provincias de amplias facultades, consultando estos con loscuerpos de laIsla, éinmediatamente poniendo en noticia del Gobierno la medida que adopte para en su caso exigirle la responsabilidad; porque en todo país libre y civilizado, por encima de cualquier hombre, de cualquier clase 6 categoría, por encima de las más elevadas personas, de las que más servicios hayan prestado al Estado; por encima tabien de las multitudes,que las multitudes también se extravían, debe estar la ley: donde la ley no está por encima de todo, no hay país posible [Bien, bien.)
Habia apuntado, por último, para concluir este punto, lo relativo al nombramiento de una comisión para la preparación de este proyecto: el ministro ha creido necesario oír la opinión de las personas conocedoras de la localidad, porque un Gobierno no puedejuzgar con acierto de ninguna cosa sin oír los informes de los que tienen motivos para estar mejor enterados
De esa manera España habrá resuelto un problema doble, de esa manera podrá decir á todo el mundo: he hecho la asimilación y he dejado la autonomía; he dadola seguridad individual con doscondiciones: primera, que el orden público y la libertad marchen unidos; segunda, que pierdan toda esperanza los que pudieran pensar en aprovecharse de la mayor libertad de que hoy disfrutan para inferir una ofensa á la Patria en la integridad de su territorio Porlodemás, hemos de resolver, yo lo espero asípor el porvenir de mi Patria, el siguiente problema; queen cuestiones de libertad, de seguridad y de progresono tengan Cuba yPuerto-Rico nada absolutamente que desear ñique envidiar de la Nación más libre del mundo, ni déla gran república de los Estados-Unidos; pero que tampoco tengan nada que envidiar los intereses creados en aquel país; y al decir intereses creados, merefiero á los intereses creados á la sombra de la ley, que son siempre respetables, porque son una parte inherente de la personaidad humana, y quebrantar los intereses legítimos del individuo es quebrantar el interés de la colectividad, el interés de la Patria; y los nteres es individuales son también los intereses de laNación, porque

35 al fin la riqueza de los particulares no esni más ni menos ensu conjunto que la riqueza de la Patria.
Vienela última cuestión, que si elministro de Ultramar continúa en este puesto tendrá el gusto de presentarla; viene unacuestión social, la cuestión de la esclavitud. ¿Hede decir yo de esta que antes que mi inteligencia y los pocos conocimientos que en la ciencia tenga, mi corazón la rechaza? No hay ninguno de vosotros queno sienta lo mismo Laesclavitud aparece como un hecho histórico de gran trascendencia ¿Ha sido necesaria, dadas las condiciones de la humanidad? ¿Hasta qué punto pudieron las naciones pasarse sin ella? ¿Fué una perversión del entendimiento humano? Problemas son estos en cuyo examen novoy á entrar ahora por no molestar vuestra atención. Pero nos encontramos con la esclavitud. Es verdad que la ciencia la condena y la moral la rechaza; pero antes y por encima de todas estas consideraciones están las circunstancias, que imperiosamente dicen que nopuede haber esclavitud, porque en cuestiones de teoría, de trabajo yde ciencia, entra también lamoda, yésta afortunadamente se declara también contraria de la esclavitud
Hoy no solo no hay ningún español que quiera conservarla, sino que tengo la seguridad de que los mismos dueños de esclavos no la quieren;si así no pensaran,losentiría mucho. Nosencontramos, repito, con quelos hechos ycircunstanciasque reclaman imperiosamente que se resuelva ese problema, y se resolverá, porque especialmente después de la guerra de los Estados-Unidos, la esclavitud no puede continuar en los países civilizados, yporque de lo contrario se resolverá por sí mismo de una manera brusca; ycuando i&s naciones, partidos, razas ócolectividades de cualquier género que sean llegan al extremo de apelar á las armas, el mismo derecho, siquiera le revindiquen conjusticia, desaparece ante la cuestión de fuerza. ¿Pero cómo hay que resolver la cuestión? Causando el menor número de perjuicios á aquellosá quienes la ley autorizó para adquirir una propiedad, dando la libertad á unos seres que porser humanos merecen tenerla, y no dejándoles en la miseria, queestambién una esclavitud como otra cualquiera Ahí están si no los ejemplos de los EstadosUnidos, Francia éInglaterra Cuando esas naciones han dado libertad á los esclavos, no siempre hanpasado estosá serverdaderamente libres; porque nótese bien que, aparte de lalibertadengeneralque las naciones consagran en sus Códigos políticos, hay otra libertad en el individuo que depende de él, yel que es ignorante, el que no es trabajador y honrado, no puede ser libre ¿Qué nos dictaría el corazón en este momento si la resoluciónde este problemadependiesedenosotros? ¿Hay esclavos en el mundo? Pues que inmediatamente sean libres los esclavos, Pero reflexionando diremos casi al punto; ¿y pasarán en seguida á la categoría de ciudadanos? ¿Los haremos libres

36 para dejarles arruinados, fuera de toda civilización, ó para acabar con ellos? No, de ninguna manera.
Envuelta con esta cuestión viene lade trabajo yriqueza. Instantáneamente no podemos nacerlo, porque no hemos de dejar abandonados á esos seres, no hemos de perturbar á la sociedad,nohemosde desconocer losderechos adquiridos, no hemos de llevar la pobreza á una provincia que esrica Hay en la sociedad cuestiones de circunstancias que hay que tener en cuenta, porque después de todo, las sociedadeshumanas no son masque una porción de relaciones entre hombres;ytal vezexaminadaenelfondolacuestión,lahumanidad no ha descubierto hasta ahora otra manerade reformarsu modode existirsino pormediode eliminaciones. Sucedeá vecesquelo que en una época ha sido bueno y ha contribuido al progreso, y satisfacía las necesidades de una civilización dada y abria los derroteros pordonde se marchaba á un grado mayor de saber y prosperidad, llega á no satisfacer estas mismas necesidades y á ser defectuoso y abusivo: en otras ooasiones, las leyes, que determinan la manera de ser de una sociedad, encierran defectos fundamentales que solo la experiencia y elprogresode las luces hacen percibir: entonces, cuando la opinión seha formado, se trasforman, se modifican, y en fin, se eliminan en todo óen parte
Queda, pues,la cuestión de la abolición gradual de la esclavitud. ¿Y de cuánto tiempo? Nuestro interés, el de la colonia y nuestros sentimientos nos aconsejan que ese tiempo sea el menor posible; pero no nos hagamos ilusiones. Se determina que, previa la indemninizacion óen la forma en que se convenga, la abolición de la esclavitud sea gradual Este ensayo se ha hecho ya en otras naciones: ¿y qué nos enseña laexperiencia? Los resultados han dicho, que al saber los esclavos que en un plazomás ómenos breve iban á ser libres, y que ningún derecho tenian los amos sobre ellos, se han negado al trabajo, se han insurreccionado y la emancipación ha sido instantánea para mal de unos yde otros Tan solo el Brasil, donde está verificándose actualmente una abolición gradual, es una excepción del principio que acabo de exponer. ¿Cómo hay que proceder por lo tanto? Rápidamente y de tal manera que el derecho del dueño no sea puestoen duda hasta que el esclavo sea hombre libre. Este es el problema que ha de resolver la España de 1869, y al efecto es preciso que, tanto los que tengan intereses comprometidos, como los que no los tengan, demuestren que si esta Nación eshoy la segunda por la extensión óimportancia de sus colonias, está á la altura de las primeras encuanto á los grados de orden, progresoy civilización en todas las provincias en que se habla la lengua españela He dicho {Bien, bien: muestras generales de aprobación.)

El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna):El Sr Padial tiene la palabra
El Sr PADIAL: Doy las gracias ámi querido amigo el señor ministro de Ultramar por las benévolas frases que se ha servido dirigirme con motivo de mi interpelación, y que además tienen por objeto darnos á conocer sus planes y proyectos con respecto á la forma en que han de resolverse cuestiones tan importantes y de tan trascendentales consecuencias para la Isla dePuerto-Rico, comola de su Constitución política y las relativas á la resolución de sus problemas sociales y económicos. Yoque conozco, porque tengo motivos para conocer al Sr. Becerra, de quien he tenido la honra de ser compañero de emigración; yo que conozco, repito, suespíritu liberal,su amor á la libertad, confío en quecuando vengan aquísus proyectos deley, podremos llegar á un acuerdo en la discusión, que haga desaparecer de esos proyectos los pequeños lunares que en mi sentir los oscurecen
Yo he de entrar siempre en la discusión dispuesto á someterme á la razón, si se me convence de que estoy equivocado, porque no tengo otro deseo que el de cooperar con la más entera buena fó á la ventura de mi país, que no puede alcanzarse sin la libertad He dicho
El Sr VICEPRESIDENTE (GarcíaGómez de la Serna): El Sr Rodríguez tiene la palabra
El Sr RODRÍGUEZ (D Gabriel): Señores diputados, debo empezar explicando mi intervención en este debate Desde la revolución de Setiembre, ó por mejor decir, desde la apertura de las Cortes Constituyentes, pesó sobre los diputados de la Nación, pesó sobre todos los que amamos á nuestra Patria, un veto moral que nos impedia ocuparnos de las cuestiones relativas á las provincias de Ultramar. Este veto moral se ha levantado hoy. Desde el momento que ei señor ministro de Ullramar nos anuncia que va á traer á la Cámara los proyectos relativos á aquellas provincias, y ha aceptado la interpelación anunciada por elSr. Padial, creo ya posible que las Cortes españolas se ocupen de lo que interesa á aquellas provincias hermanas nuestras; y puesto que esa discusión es ya posible en la Asamblea, deber tenemos todos, y yo más que nadie (no por lo que valga, sino porque hetenidoalguna parte en el movimiento que fuera de la Cámara ha habido en estosúltimos añosrespecto á estas cuestiones), dó levantarme á decir algunas palabras sobre la materia objeto del debate
Yo no hubiera querido hablar inmediatamente después del señor ministro de Ultramar; quería haber usado del tercer turno enesta interpelación Creia que además del Sr Padial pediría la palabra alguno de sus compañeros de diputación por la Isla de Puerto-Rico

38
(Un señor diputado pide la palabra.) Me alegro casi de que no haya sucedido así, porque esto parece indicar que el Sr PadíaL ha expuesto exacta y fidelísimamente las opiniones de todos sus compañeros de diputación
Levantado este veto moral, que nos obligaba por patriotismo á callar sobre estas cuestiones, no voy, sin embargo, á entrar á fondo en su exámon, Dorque no es oportuno el momento, sino á dar algunas breves explicacionea sobrelo que yo creo que en Puerto-Rico debemos hacer, y sobre lo que seguramente hará el Gobierno, porque está animado de los sentimientos queaniman á toda laCámara acerca del problema, en mi concepto,máscapital de aquellas provincias, que es el de la esclavitud, hecho que nos avergüenza ante la Europa y elmundo entero, cuestión que espreciso resolver en las Cortes de 1869; porque si estas Cortes se disolvieran sin haber hecho desaparecer la abominación de la esclavitud, volveríamos cubiertos de vergüenza á nuestras casas (Varios señores diputados: Bien, muy bien) Que en la Isla de Puerto-Rico se necesitan reformas , y reformas muy importantes, todo el mundo está conforme en ello; allí son precisas reformas políticas, económicas y sociales Sobre la reforma política, el señor ministro de Ultramar nos ha dicho que va á traer quizá ellunes elproyecto de ley de Constitución de aquella Isla Yo estoy conforme con casi todas las ideas que hapresentadoS. tí. acerca de la Constitución de nuestras provincias de Ultramar; hubiera, sin embargo, preferido la autonomía; soy partidario de este sistema, lo declaro francamente. Pero no soy pesimista en política; acepto siempre loque más se acerque á larealización completa demisideas; y si los señores diputados de Puerto-Rico, como dice el Sr Becerra, opinan que conviene asimilar aquella provincia á las demás de España, yo daré mi voto á esa solución, aunque no sea la ideal á que aspiro; porque, lo repito, me parece infinitamente superior el sistema inglés en el Canadá, la autonomía de las provincias que están lejos de lamadre Patria, y á que son difícilmente asimilables por sus diferentes condiciones á lasprovincias qae viven cerca unas de otras, y son casi iguales en todas las condiciones políticas, económicas y sociales.
La urgencia de esta reforma tampoco necesita encarecimiento: nuestras provincias ultramarinas han sido administradas por el sistema de gobierno personal, y creo escusado combatir el gobierno personal en las Cortes Constituyentes Por sabio, por virtuoso, por animado de buenosdeseos que esté el gobernante en esa clase de gobiernos, no puede hacer más que daños, porque es imposible que un hombre, por grande que sea su inteligencia, pueda realizar las condiciones de derecho, las condiciones económicas en todos y cada uno de los múltiples detalles de la vida de una sociedad.

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Esfacilísimo en los gobiernos personales el cometer inconveniencias, abusos, arbitrariedades y escándalos; yesto es lo que lia sucedido y sucederá siempre, sin que trate yo de dirigir cargos á nadie porque lo traeconsigo el sistema; esto es lo que ha sucedido siempre en las provincias de Ultramar.
Es, pues, necesario acabar con la arbitrariedad en las provincias ultramarinas, sea por medio de la asimilación, sea por otro sistema; es preciso que aquellas provincias tengan una verdadera Constitución; es preciso que allí el ciudadano tenga asegurados sus derechos como lostiene en España, y que disfrute de todas las garantías de la libertad, sin las cuales el hombre no es hombre, y mucho menos hombre del siglo XIX.
Respecto á reformas económicas, solo la cifra del presupuesto de Puerto-Rico dice lo bastante para que comprendamos cuan necesario es aplicar pronto un remedio eficaz
En una provincia de seiscientos y tantos mil habitantes, que no tiene carreteras, que no tiene industria, cuyo comercio está vejado y limitado por trab is múltiples, pagar lo que paga Puerto-Rico es hacor imposible el desarrollo de la riqueza y el progreso económico.
En Puerto-Rico no hay más que veredas; apenas hay caminos, solo hay algunos trozosde cuatro ócinco leguas mal conservados. Si en la proporción del presupuesto de Puerto-Rico pagara España, todavía pagaríamos más de los 3,000 millones que pagamos; y si este presupuesto inmenso es casi insoportable para la madre Patria, ¿cómo esposible que sea soportable en Puerto-Rico? ¿Cómo es posible que aquella Isla continúe pagando 75á80millonesde reales? ¿Yesos millones se emplean á lo menos en vivificar aquella Isla? Evidentemente no Tampoco dirijo cargos á nadie; es culpa del sistema: no se emplean en obras públicas; no se emplean en instrucción, porque allí apenas hay escuelas; no se emplean ennada de esoquehace crecer las fuerzas vivas del país, y que aumenta su inteligencia y sus recursos: se emplean única y exclusivamente en pagar empleados, á quienes se manda desde aquí para que vivan á costa de aquellos pueblos, los unos necesarios, los más quizás innecesarios, y por consiguiente perjudiciales.
Ese gran presupuesto se emplea y habrá de emplearse durante mucho tiempo en sostener allí un ejército considerable, porque un país tan mal gobernado ha do estar descontento; ycuando un pueblo está descontento no hay otro medio de sujetarlo que el empleo constante de la fuerza
El presupuesto de Puerto-Rico podrá reducirse mucho; y dada la libertad de comercio á aquellas islas y realizadas otra porción de reformas que consisten en quitar trabas, no en dar más intervención al Estado, es seguro que Puerto-Rico, no solo crecerá en riqueza y

40 dignidad, sino que se estrechará más con la madre Patria, y no pensará ni por asomo en separarse de nosotros; y entonces en vez de tener elejército que allí tenemos y que tanto cuesta, siendo menos temible la tendencia á la emancipación de las provincias ultramarinas, bastará un ejército mucho menos numeroso y por lo tanto más barato
Pocas palabras sobre la cuestión de la esclavitud Yo bien sé que aunque se hagan todas las reformas, la Isla de Puerto-Rico no será Jauja, como oigo decir cerca de mí Yo lo que quiero es que las provincias ultramarinas dejen de ser un padrón de escándalo para el mundo y para nosotros; sé que con estas reformas se irá dando poco á poco á aquellos pueblos la vitalidad que necesitan: sé que irán creciendo poco á poco, como crecen siempre los intereses, porque maravillas repentinas, trasformaciones de teatro en la esfera social no se han realizado nunca. No quiero entrar en exageraciones; huyo de ellas, y me encerrarésiempreenlo práctico; pero mirando siempre al ideal, llevando siempre por criterio una ideadejusticia, de alta conveniencia para aquellas provincias, como para todos los seres humanos
Y entro, repito, en la cuestión dela esclavitud Esta cuestión, señores diputados, es dificilísima de tratar: yo casi tengo miedo de tratarla, porque os confieso francamente que no puedo nunca hablar deella á sangre fria Sé que la discusión de esa cuestión nos expone á conflictos que pudieran surgir de ciertas palabras óde ciertas resoluciones que aquí se adopten, y esetemor me hace entrar en lo poco quevoy á deciren la cuestión de la esclavitud, casi convulso, porque repito queen el momento que voy á tratar la cuestión de la esclavitud, mi sangre hierve, mi alma se subleva y encuentro pocas todas las palabras duras y acerbas del Diccionario para censurar y condenar esa abominable institución. Haré todos los esfuerzos posibles para no salir de los límites prudentes de que no debe salir nunca el legislador, y espero conseguirlo; pero invoco, por la dificultad del asunto, la benevolencia de las Cortes No he de entrar en una exposición de las razones con que se combate la esclavitud: yo estoy seguro que no hay un solo individuo de esta Cámara que no combata como yo esa institución abominable: estoy seguro de que no puede levantarse en el seno de estas Cortes nadie á decir que podemos y debemos conservarla. Y si no hay nadie que pueda decir esto, ¿á qué perder eltiempo presentando argumentos contra la institución de la esclavitud bajo el punto de vista del derecho, bajo el punto de vista económico ybajo el punto devista social?
Es, pues, completamente inútil que yo me detenga en este punto; solo indicaré algo acerca del estado en que la Isla de-Puerto-Rico se encuentra, como todo pueblo donde existe la esclavitud; del estado

41 en que ha de vivir forzosamente ese pueblo; del decaimiento moral de las razas que esclavizan, que estodavía más grande que el de las razas esclavizadas; del peligro que hay, no para los negros solo, sino para los españoles, para nuestra noble raza, enquesigamos todavía esclavizando á nuestros hermanos. Hay indudablemente una pérdida del sentimiento moral enlos pueblosdondela esclavitud existe; porque yo no concibo que se pueda leer con indiferencia, con tranquilidad, en las horas, por ejemplo, quese dedicaná la lectura de los periódicos; yo no concibo que se pueda leer con tranquilidad y con calma aquella cuarta página de los periódicos de Ultramar; que se pueda leer aquella página en que se anuncia la venta de niñas casi Mancas, es decir, hijas quizá del quelas vende; en que se anuncian ventas de negros separados de sus hijos y desus esposas; en que se anuncia un ungüento bueno paracurarlasmataduras de los caballos y las heridas de los negros; no comprendo que pueda haber quien lea esos anuncios sin que sesubleve é indigne su razón y su conciencia.
Naturalmente, elsentimiento se gasta, como se gasta todo, y al cabo de algún tiempo, lo que antes indignaba, parece indiferente; pero esta indiferencia es precisamente, señores diputados, la decadencia, el decaimiento del sentido moral. Y lo que sucede respecto de estos anuncios, sucede también respecto de ciertos hechos, que se ven también en los pueblos donde la esclavitud existe con indiferenciay calma, y queparecen accidentes ordinarios de la vida.
¡Con qué facilidad acude el hombre á sus manos, á ese medio brutal del golpe, en las provincias ultramerinas! ¡Con qué facilidad, no ya el hombre, sino la mujer, ese ser sensible y delicado, hace lo que ha hecho cierta señora que ha matado á su esclava aplicándola planchas enrojecidas en el cuello! (El Sr. Fernandez Vallin pide la palabra.) A esto se llega por el decaimiento del sentido moral, por esa degradación de laraza que trae consigo la esclavitud y aue es la justa pena de esa inmensa injusticia
Como estos hechos podría citar muchos, y citaré (pero será el único para no molestar á la Cámara) una sentencia de la Audiencia de Puerto-Rico, en que se condenaá seis meses de prisión, que pueden redimirse con una multa de 10.000 rs., al hombre que ha hecho loque voy á decir. Señoresdiputados, ha habido un amo, cuyo nombre no recordaré, porque no debe citarse el nombre de ese amo en el recinto de las Cortesespañolas; ha habido un amo que ha encerrado á un esclavo y lo ha teuido durante cinco añoscon las piernas puestas en un cepo y sujetas con una fuerte barra de hierro; y de tal modo estaba asegurado el cepo y de tal manera la cerradura, que se ha oxidado, que para poder sacar al negro,nopudiendo abrirla, fué preromperla Ese hombre ha estado cinco años casi sin alimento,

42 sin vestido, recibiendo azotes de cuando en cuando para que se fuera acostumbrando á su suerte: y lia sido sometido á ese castigo porque se le suponía autor de ciertos maleficios á que se atribuía la muerte de algunos otros esclavos de la misma hacienda
Y esto que á nosotros nos subleva, á nuestros hermanos , á los hombres de nuestra raza que viven en Ultramar, por la costumbre, que desgasta, repito, la sensibilidad, no les ha sorprendido ó indignado; ese horrible hecho les ha parecido bastante castigado con una prisión correccional. Esto ha sucedido, y esta sentencia se ha dicta• do después de la revolución de Setiembre, cuando ya España habia proclamado los derechos individuales, cuando habia arrojado la dinastía delosBorbones, cuando se estaban haciendo las elecciones de diputados á Cortes, cuando nospreparábamos para venir aquí áconsolidar la libertad de que por tanto tiempo ha carecido nuestro país Nuestra obra seria incompleta si tuviéramos elegoísmo de reservar la libertad para nosotros y no la extendiéramos á nuestros hermanos
Voy á concluir diciendo algunas palabras acerca de la gravedad de estas cuestiones. Es cosa muy común oir decir fuera de este sitio, y yocreoque no está de más el que aquí nos hagamos cargo de ello; es cosa muy comnn oir decir que las Cortes han perdido su vitali• dad, y que no podrán ocuparse de las graves cuestiones que entrañan todos los asuntos de Ultramar. Conviene que sesepa que esto se dice, y conviene que esto se desmienta desde el seno de las Cortes Constituyentes
Estas Cortes no han perdido ni pueden perder su vitalidad; tienen todavía vida, yvida lozana, para tratar todas estas cuestiones de Ultramar, como todas las demás que es preciso que aquí tratemos Aestas Cortes sucede hoy una cosa natural; porque cuando so está bajo la presión de ciertos altos problemas, los cuales son quizá la clave de nuestra constitución política futura, y de cuya resolución penden los resultados y consecuencias de la revolución, natural es, repito, que esta preocupación impida, siquiera sea por el momento, en uno ó en muchos dias, dedicar la atención á otros asuntos que parecen menos importantes. Pero estoy seguro do que en el momento que estos altosproblemas se resuelvan, las Cortes españolas dedicarán su atención á las demás cuestiones de gravedad suma que tienen la obligación de resolver, y demostrarán de nuevo su vitalidad para triste desengaño de los que se hacen la ilusión de que estamos muertos, haciéndoles ver que los que ellos creen muertos gozan de buena salud Las Cortes españolas harán entonces lo que deben hacer dentro y fuera del territorio do la metrópoli, afirmando las ga rantías de la libertad en la Península, y llevando esas garantías á las provincias de Ultramar

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Yocreo que podemos decir á nuestros hermanos del otro lado del mar que hoy, puesto que la insurrección cubana habia impedido que en las Cortes nos ocupásemos de sus asuntos, que hoy empieza para ellos la revolución de Setiembre Hoy, mediante la interpelación del Sr Padial y el discurso del señor ministro de Ultramar anunciando algunos proyectos sobre ia materia que nos ocupa, sabrán nuestros hermanos que pronto, muy pronto, uan á aplicarse en aquellos territorios lasreformas hechas en la Península. Y la prontitud en esto, señores diputados, sin que yo entre ahora en las fórmulas concretas de las soluciones, es importante, sobre todo en la cuestión de la esclavitud. No olvidéis que cada dia que pasa mueren, desaparecen de la superficie del globo sereshumanos que no han llegado á vivir como hombres; que si hubieran yivido algún tiempo más, ó nosotros hubiéramos podido ser más activos, habrían podido gozar siquiera de algunos dias de libertad
Yo espero que las Cortes, recobrando su actividad, no perdida, sino adormecida momentáneamente por causas generales y justificadas, se ocuparán de hoy en adelante sin descanso de estas .cuestiones, como de todas las demás que interesen á nuestro país, y que para esto la conciliación de los partidosmonárquicos (déla que también, como de la vitalidad de las Cortes, sediceinfundadamente que está muerta) continuará fuerte y estrecha, para que podamos volver á nuestras casas diciendo que hemos realizado de una manera completa la gran misión que elpaís ha confiado á las Cortes Constituyentes de 1869. He concluido.
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): El señor Vázquez tiene la palabra.
El Sr. VÁZQUEZ OLIVA: Como el Congreso comprenderá, no habia pensado tomar la palabra, porla poderosa razón de que no habia llegado la oportunidad de hacerlo. Fuórzanme, sin embargo, á hablar, las manifestaciones que se han dirigido á los diputados por la Isla de Puerto-Rico.
Sin castumbres parlamentarias, y sinconocimiento de las prácticas del Parlamento, creía yo, no obstante, que una interpelación que sedirigía á un señor ministro tenia solamente por objeto averiguar algún hecho ócircunstancia sobre un asunto determinado, pero de ninguna manera discutirlo por completo lié aquí el motivo por qué los diputados por la Isla de Puerto-Rico, al tener conocimiento de que solo se iba á hacer una interpelación al Gobierno,ere• yoron oportuno, respetando en su entender lascostumbres parlamentarias, no tomar la palabra para entrar en la discusión de las cuestionesque aquí después hansurgido: aquí tiene explicada el Sr. Rodríguez la causa de nuestro silencio.
Y hasta cierto punto, yo me alegro infinito de que se me haya

44 provocado átomar la palabra, porque el Sr. Rodríguez ha dado á entender que nuestro silencio podría interpretarse en el sentido de que nos hallábamos conformes con todo lo dicho por el Sr Padial al explanar suinterpelación, y yo, por mi parte, y sinresponderde lo que opinen mis compañeros, pues no nos hemos puesto de acuerdo, puedo manifestar que no estoy conforme con muchas delascosas dichas por elSr Padial Cuando se traigan á las Cortes los proyectos anunciados, entonces es cuando nosotros emitiremos nuestras opiniones y manifestaremos lo quecreamos conveniente, con la verdadera independencia, con el verdadero sentimiento de patriotismo español con que vienen animados los diputados de Puerto-Rico. El Gobierno lo sabe: para nosotros, todo por España y todo para España; y bajo esta base queremos todas las.reformas; queremos la libertad; pero nodeseamos nada que pueda ofender el nombre español, nada que pueda alejarnos ni separarnosdela madre Patria Ese es nuestro deseo [Bien, bien.}
Repito, pues, que en lo que he manifestado antes, tiene el soñor Rodríguez la explicación de por qué los diputados de Puerto-Rico hemos guardado silencio, porque, con error sin duda, creíamos que en una interpelación no podían discutirse ciertas cuestiones, que la discusión estaba reservada para cuando se presentaran los proyectos anunciados, que solo entonces podian aducir las razones que en pro ó en contra de lo que sepropusiera pudieran tener, y que en una interpelación se reducía solo á preguntar á un señor ministro sobre un asunto determinado y concreto Pero enmi opinión, ynodigo quese haya hecho bien ni mal, porque no soy capaz de juzgar la conducta seguida, á la interpelación del Sr Padial se le ha dado una latitud extraordinaria, pues con motivo de ella se han tocado diversas cuestiones: las políticas, las económicas y las sociales El Sr Ministro de Ultramar ha respondido con bastante amplitud al Sr Padial; ha manifestado sus ideas, y ha dicho que pronto tendrá el gusto depresentar á las Cortes un proyecto de ley sobre la materia. Entonces es cuando, repito, que nosotros creíamos que debíamos discutir; sin embargo, no seha esperado á ese tiempo, sino que ya se han debatido importantísimos puntos.
Graves, gravísimas por demás, Sres Diputados, son las cuestiones que aquí sehan tocado, así las políticas, como las económicas, como las sociales El Sr Rodríguez ha dicho que no cree que haya en la Cámara un solo diputado que defienda la esclavitud en el terreno social. Desde luegoel Sr. Rodríguez puede estar absolutamente seguro de que ha dicho la verdad. La cuestión no es do esencia, sino de forma. Losmismos propietarios admiten la emancipación; y teniendo una verdadera abnegacien, haciendo el sacrificio de sus intereses, admiten elprincipio, respetan la corriente Yo lo digo en alta

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voz: los propietarios dePuerto-Rico no son esclavistas en sentido de querer que se sostenga la esclavitud; pero ante eseprincipio de filantropía, ante ese sentimiento humanitario, hay un principio de justicia, deeterna justicia; y después de todo, si la esclavitud esun padrón de ignominia en Puerto-Rico, no lian sido los habitantes de aquella Isla los qu; la han dado origen, sino que elloshan adquirido esclavos á la sombra de una ley, y esta ley es obra de la Nación española
Noson los propietarios de Puerto-Rico los que tienen queresponder, sino la Nación española Ellos,repito,admiten la emancipación, estánconformes con ella,la cuestiónesqueseverifique deunamenera que no lastime, ópor lo menos que lastime lo menos posible los intereses creados no por ellos, repito, sino porlaley, y nopor el fraude porque en la Isla de Puerto-Ribo, Sres. Diputados, y sobre esto pueden SS.SS. tener la convicción que produce la certeza, no hay un esclavo fraudulento
Pues bien: á eso es á lo que aspiran aquellos propietarios, y á lo que aspiran también los diputados de Puerto-Rico, á que, una vez aceptada la emancipación, selleve ácabo en una forma que lastime lo menos posible esos intereses creados, nopor ellos, vuelvo ádecir, sino á la sombra de la Nación Española. Yo no dudo, pues, confio mucho en quelas Cortes españolas, cuando llegue la oportunidad,al lado de esesentimiento de filantropía que tanto las honra, tendrán presente las razones dejusticia ylos principios de derecho. He concluido (Bien, bien.)
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Los señores Escoriaza y Hernández Arbizu han pedido la palabra, y no puedo concedérsela á no ser que piensen usarla para alusiones como diputados por la Isla de Puerto-Rico
El Sr ESCORIAZA: La he pedido para alusiones como diputado por Puerto-Rico
El Sr. HERNÁNDEZ ARBIZU: Con el mismo objete la he pedido yo.
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez delaSerna):Pues tiene la palabra el Sr Escoriaza
El Sr. ESCORIAZA: El Sr. Rodríguez pareceque desea rectificar; y si el señor presidente no tiene inconveniente en que S. S. hable antes que yo, pormi parte no me opongo
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Tiene la palabra para rectificar el Sr Rodríguez
El Sr RODRÍGUEZ (D Gabriel): Señores diputados, yo no esperaba la especie de censura que me ha dirigido el digno compañero que acaba dehablar, en mi concepto, no bien enterado de lo que son las interpelaciones. La interpelación no tiene solo por objeto un diá^

46 logo del diputado con el Ministro: el Reglamento dice que podrán tomar parte en ella hasta tres diputados, yclaro es que cada diputado tiene derecho á dar el giro que le parezca y crea conveniente á la materia que sediscute
Las interpelaciones, por regla general (yo soy nuevo en el Parlamento, pero he sido algo curioso de la historia parlamentaria de nuestro país),las interpelaciones, por regla general, se hacen precisamente para lo que estamos haciendo hoy: para dar ocasión á ciertas declaracionespúblicas, á ciertas manifestaciones quelleven á conocimiento de todo el mundo el espíritu que domina en la Asamblea y las soluciones quepodrán darse á una cuestión determinada.
Por consiguiente, estaba yo en mi derecho y cumplía un deber; porque repito que, si bien fuera del Parlamento, hace muchos años que trabajo por la abolición de la esclavitud, y solo he callado durante los meses anteriores por efecto de las circunstancias, que nos imponían á todos un patriótico silencio Y al hablar no creo haber dicho nada que pueda ofender ni lastimar á ninguno de mis compañeros de Puerto-Rico
Nocreo tampoco que ninguno de ellos defienda la esclavitud; lo he dicho antes: ¿cómo he de creer yo que haya aquí quien se atreva á ser partidario de la esclavitud? Eso no es posible; estoy seguro de que ningún diputado de Puerto-Rico, ni mañana de Cuba, cuando vengan á las Cortes, se declarará partidario de laesclavitud Hoy en ningún Parlamento del mundo puede haber quien defienda tales ideas,
La cuestión, pues, no esde doctrina: por eso no he hecho más que ligeras indicaciones acerca de los males de la esclavitud, dando sise quiere,un desahogo á ese sentimiento queencuentra censurable el digno compañero que acaba de hablar Creo como S S queel sentimiento no es ápropósitopara el estudio de las cuestiones políticas; pero cuando la convicción se ha formado, es indispensable para realizar las reformas, y si no hay sensimiento y entusiasmo en las Asambleas legislativas, como en los individuos, es imposible realizar nada en la práctica
Dejemos, pues, á un lado el sentimiento para discutir: estamos conformes en esto; pero cuando la convicción se haya formado, tengamos entusiasmo, decisión, energía, para hacer todo aquello deque estamos convencidos
Pocas palabras diré acerca de la cuestión dejusticia ó injusticia de la esclavitud. Ya he dicho lo que sobre este punto pienso; ya he dicho que nunca,pornada ni por nadie, puede ser legitimado el acto de la esclavitud; pero yo no mehe negado á reconocer que no tienen la culpa los actuales dueños de esclavos dePuerto-Rico, y estoy de acuerdo con mi amigo el Sr Padial, que opinaba, no sé si lo be di-

47 clio antes, pero lo digo aliora, en que hay motivos de equidad para darles indemnización por e! valor de los esclavos. Pues qué, ¿si yo creyera que SS. SS., digo mal; si yo creyera que los actuales dueños de esclavosde Puerto-Rico eran los causantes de la esclavitud; si yo creyera que ellos eran los culpables de ese hecho, y no los herederos de crímenes anteriores, habia de aceptar que se les diera indemnización? ¿Habia de aceptar plazos, ni siquiera el estudio de la cuestión en este sitio? No;porque en este caso los dueños de esclavos serian criminales, y no era aquí donde debían serjuzgados, sino en los tribunales de justicia
Reconozco que hay necesidad de estudiar ese problema, y de resolverle con prudencia; reconozco que conviene por equidad indemnizar de algún modo á los actuales dueños de esclavos, inocentes del crimen que cometieron las pasadas generaciones; pero creo debe tenerse presente una cosa importante Dado que el esclavo tiene un valor industrial, por desgracia, puesto quese ha de indemnizar á los dueños de la pérdida de ese valor, claro está que espreciso hacer sacrificios que han de pesar sobre todos, y es muy justo que una parte de esesacrificio ha de ser soportado por los mismos dueños, dándoseles algo menos del valor industrial que tienen los infelices seres • esclavizados. Cuando llegue el momento discutiremos estas cuestiones, yllegaremos á un acuerdo justo y conveniente, puesto que todos los señores diputados de Puerto-Rico, como españoles, están dispuestos á hacer cuantos esfuerzos sean necesarios para contribuir á la unión íntima de aquellas provincias con la metrópoli, llevando allí la libertad que hemos conquistado
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Para rectificar tiene la palabra elSr Vázquez
El Sr VÁZQUEZ OLIVA: El Sr Rodríguez ha indicado que yo le habia hecho una censura: si.la he hecho, suplico á mi compañero se sirva dispensarme, porque yono he tenido intención dedirigirle ninguna censura Yo únicamente decia que, aunque nuevo en las prácticas parlamentarias, tenia entendido que una interpelación no daba derecho para entrar en elfondo de la cuestión Esoquería yo decir, y eso creoque dije.
Per consiguiente, mi ánimo no ha sido dirigir una censura á su señoría; sino contestar á una especie de cargo que yo creia nos hizo cuando dijo que los diputados de Puerto-Rico no habían tomado la palabra; yeso creia yo que era un cargo que S. S. nos dirigia.
En este momento yo no puedo entrar en la cuestión; dia llegará en que hablemos de ella; no creo que sea ahora la ocasión de tratarla, sino cuando se presente elproyecto de ley correspondiente
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): El Sr. Escoriaza tiene la palabra para una alusión personal.

ElSr ESCORIAZA: Señores diputados, dos sentimientos contrariosme embargan en este momento; y hasta tal punto, que no sé si podré decir las poquísimas palabras que me propongo dirigir al Congreso: eluno es que tengo la pena de ver que somos 10 representantes dePuerto-Rico, ydesde elprimer momento, como quien dice, que usamos de la palabra, es para decir cada uno lo contrario de lo que se ha indicado por sus queridoscompañeros El otro es para manifestar mi satisfacción, queen este momento es grande, al ver, después de treinta y dos años que fueron lanzados de este Parlamento los diputados de Puerto-Rico (porque, recordadlo bien: no esque no fueron admitidos, sino que fueron lanzados de este recinto, después de haber jurado como diputados Constituyentes de las Co'rtes de 1836), que nos encontramos en este sitio.
Yo no diré nada acerca de aquelhecho infausto paraEspaña, causa única de que aquí se pueda hablar de españolismo; de españolismo, señores, cuando todos somos españoles, cuando todos debemos ser españoles, cuando debemos considerar como una injuria al Parlamento español el que se estuviese hablando de españolismo.
Nohablaré, pues, de sisoy óno soy español: veinteyun años hace que vine á la Ponínsula; aquí me eduqué; aquí he hecho mi pobre carrera política; pero pobre y todo como es, para mí muy honrosa
Desde el momento en que esplanó su interpelación el Sr. Padial, con el cual estoy casi por completo conforme; y digo casi, porque ha sido siempre partidario de la autonomía, á mi ver mal entendida, y yo soy partidario por completo de la fórmula dada por el señor Ministro de Ultramar, es decir, que yo vengo sosteniendo en la prensa y en todas partes estas ideas, que yo quiero para Puerto-Rico el régimen igual, enteramente igual, al de las provincias Vascongadas; asimilación política por completo, autonomía administrativa Eneso solo me diferencio en este punto del Sr Padial
Pero hay otro punto, que es el punto negro, y negro es, porque de negros se trata Yoveo con verdadera pena, con pena queme embarga el alma, que aqui se digan verdades, que por amargas que sean, son, sin embargo, verdaderas, como las que ha dicho mi ilustre y queridísimo amigo el Sr. Rodríguez. Quiero, pues, y deseo cuanto antes, porque eltiempo me parece siempre largo, que se trate la cuestión de la abolición de la esclavitud, porque quiero que las Cortes españolas de 1869 se honren con ese título, que indudablemente no ha de ser el menor de los muchos gloriosos que lleva adquiridos hasta la fecha este Congreso, y que ha de adquirir en adelante, pero también en este punto no estoy conforme con mi amigo el Sr Padial; yo quiero la misma fórmula que la del señor ministro de Ultramar: si se la hubiera dicho yo, de seguro que no lo hubiera

49 expresado con más exactitud Hay que buscar una solución, que es difícil, dificilísima, pero que al fin debe encontrarse, de que se haga la abolición de la esclavitud lo más pronto posible, pero sin que el esclavo sepa que es libre hasta el momento de serlo Esta esla única cosa grave quepara mí tiene la abolición de la esclavitud, la única; porque la abolición gradual ya sabemos los resultados que ha dado en todas partes, y la abolición inmediata ya sabemos los graves inconvenientes que en sí lleva. Pues vamos á inventar el medio de conciliar estas fórmulas. La abolición lo más pronto posible, pero que no lo sepa el esclavo hasta el momento de ser libre (El Sr. Rodríguez: Ese es el secreto): este es el secreto, como dice muy bien mi queridísimo amigo elSr Rodríguez
Pero debo darexplicaciones acerca de mi silencio cuando el señor Padial ha hablado Yo, francamente, no venia preparado, porque tengo la desgracia, que desgracia es,de no prepararme para hablar; venia, sin embargo, enla casi seguridad de tener que hablar, porque suponía que en la interpelación se aludiría á los diputados de Puerto-Rico. Pero como el Sr. Padial, con un tacto esquisito, no nos ha aludido, ni directa ni indirectamente; yo, francamente, creí que debía quedar en mi sitio sin hablar, y así me he estado. Mas desde el momento que el Sr. Rodríguez aludió á los diputados de Puerto-Rico, y que el Sr. Vázquez pedia la palabra, yo me dije: «ahora entro yo, porque el Sr Vázquez nos va aludir;» y como el Sr Vázquez sabia yo que nohabía de conformarse de ninguna manera con el señor Padial, creí que esta era la ocasión oportuna de decir que yo no estoy conforme con lai ideas del Sr Padial, ni con las ideas del señor Vázquez No es esto decir que yono esté conforme con lo que aquí se ha manifestado, porque después de lo que aquí se ha dicho brevísimamente, sucintamente, todos sabemoslo que cada unopensamos y queremos. Respecto del Sr. Padial á mí, la distancia es pequeñísima; quizá nos separe tan solo pura y exclusivamente una cuestión de palabras: respecto á los demás dignos diputados de Puerto-Rico, nos diferenciamos enmucho, en punto á esas dos graves cuestiones que antes he indicado.
Pero ya que me he levantado, espero de la benevolencia de la Cámara me permita decir dos palabras encorroboración dela necesidad urgentísima de que el señor Ministro de Ultramar presente los proyectos de ley que aquí nos ha ofrecido, no solo el de la Constitución, sino los económicos y administrativos.
Lasituación de Puerto-Rico, señores, esinsostenible. Yo no vengo á hacer cargos á nadie, pero me basta decir, que después de trece meses de haberse efectuado la revolución de Setiembre, Puerto-Rico está en peores condiciones, infinitamente peores que las que tenia antes de la revolución. Es verdad que en la historia do Puerto-Rico,

50 como en la historia de las colonias, hay un hecho grave, in n Misamente grave, y es que todo lo bueno que hay allí es debido, pásmese el Congreso, al absolutismo de Fernando VIL Desde elmomento que ja libertad brilló para España, brillóel despotismo másabsurdo, más bestial para las colonias de España, y lejos de venir ganando, han ido perdiendo dia por dia, momento por momento, instante por instante, hasta llegar á la situación actual
Se asustaba el Sr Rodríguez de que el presupuesto de PuertoRico ascendiese de 75á 80 millones, y no recordaba S S que esc presupuesto es exclusivamente para los gastos generales del país, y que no se aplica más que una parte insignificante de él á los gastos de Fomento y de Gobernación
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Ruego al señor diputado considere que tiene pedida la palabra solo para una alusión, y que, sin embargo, ha entrado enel íondo de la cuestión S S debe comprender que esta cuestión no es para tratarse de una maneaa incidental; dia llegará en que se trate exclusivamente de ella, y entonces estarán en su lugar las consideraciones que con tanta lucidez expone.
El Sr. ESCORIAZA: Pues entonces me siento, señor presidente.
El Sr VICEPRESIDETE (García Gómez de la Serna): El Sr Hernández Arbizu tiene la palabra para una alusión
151 Sr HERNÁNDEZ ARBIZU: Señores diputados, dos consideraciones me mueven ámolestar la atención del Congreso, dos consideraciones que ha iniciado el Sr Rodríguez (D Gabriel): una de ellas es la interpretación que ha querido dar al silencio de los diputados de Puerto-Rico, yotra la que se proponía en su brillante discurso, de dar lugar á las manifestaciones de los diputados de Puerto-Rico, porque este era elobjeto que se habia propuesto el Sr. Rodríguez.
Ruego al Congreso se sirva dispensarme alguna amplitud, asicomo también selo ruego al señor presidente
Cuando un país ha callado durante treinta y dosaños;cuando ha estado alimentando esperanzas que no ha visto realizadas; cuando males que llevan de existencia siglos enteros; cuando necesidades que apremian por el momento, obligan á obrar, no me parece, señores diputudos, que esa pretensión no tenga algún derecho, no me parece que esa pretensión so pueda calificar de imprudencia
Yo pienso ocupar poco la atención de los señores diputados; dada la altura enque se encuentra la discusión, no es posible hablar mucho. Si, pues, se trata de sabor silos diputados de Puerto-Rico piensan como el Sr. Padial, yo manifestaré que en lo político desean que desaparezca una situación á virtud de la cual la Isla de Puerto-Rico viene rigiéndose como una plaza sitiada durante cuarenta y cinco años, Téngase en cuenta que allí no rigeel Código de Indias,que ri-

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ge únicamente la real orden de 28 de Mayo de 1835, y que en esa real orden se autoriza al gobernador y capitán general para gobernar aquella Isla por elrégimen quela Ordenanza establece para las plazassitiadas, lo cual es la negación de todo derecho. En un país donde rige esta legislación, no hay seguridad individual, no hay garantía para el domicilio, no hay secreto para la correspondencia: yo deseoque desaparezca ese régimen.
En lo económico, la situación dePuerto-Rico es insostenible; tic• ne necesidades que deben satisfacerse al momento Va atravesando este país hace tres ócuatro años por muchas desgracias Vino primero un horroroso temporal, después la sublevación de Lares, luego las ocurrencias de la Islade Cuba, y por último, la revolución de Setiembre; ytodos estos acontecimientos han tenido allí una influencia directa, han alejado de allí loscapitales, han despertado la alarma, yla revolución de Setiembre puso sobre el tapete una cuestión importantísima, cual es la cuestión social. Consecuencia deesto, que los capitales se han retirado, que la agricultura por lo mismo no cuenta con los recursos que antes; y la última consecuencia de ese fenómeno será la ruina y muerte, en sentido económico, de aquella Antilla, si las Cortes yel Gobierno no resuelven pronto la cuestión. Téngalo entendido el Gobierno y la Cámara, y en consideración á esto sírvanse resolver lo más pronto posible las cuestiones relativas á Ultramar
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Ruego al seüor diputado que recuerde tiene la palabra para una alusión.
El Sr HERNÁNDEZ ARBIZU: Concluyo: ya he dicho lo que me habia propuesto.
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Tiene la palabra el Sr. Plaja.
El Sr. PLAJA: Señores diputados, con la timidez natural del que por primera vez selevantaá usar de la palabra, me levanto a ocupar brevemente vuestra atención. Pero me alienta la idea de que no me negareis vuestra indulgencia, de que tanto necesito. Se ha dado á entender que todos losdiputados do Puerto-Rico opinaban como mi compañero el Sr Padial Ya dos ótros de éstos diputados han protestado queno era esesu modo de pensar, yen nombrede losrestantesdigo yo que distamos mucho de pensar como el Sr Padial: pensamos sí, y no hay en Puerto-Rico quien no piense lo mismo, que debe desaparecer la esclavitud; pero de la manera justa, racional y prudente que se ha anunciado por parte del Gobierno Ahora voy á otra cosa. Estamos acostumbradosaoír siempre que se declama contra las autoridades de las Antillas. Yo no soy su defensor; yo no vengo á sostener que continúe el sistema allí seguido hasta'aquí: quiero y pido las reformas desde luego. Pero me hago

52 cuenta de que al zaherir á las autoridades, á quien se hiere es á mi amada Patria; porque ese lenguaje (no aludo á nadie, hablo con la mejor intención del mundo) que vemos usado pormuchos, tiene una intención muy diferente de la del que han usado los señores diputados que me han precedido eulapalabra: lo que se pretende por algunos es desprestigiar á aquellas autoridades para imponer al país el desamor á la madre Patria ¿Aqué viene el hablar siempre de la tiranía que hay en aquellos países, del mal gobierno y de los malos empleados? Si, señores, ha habido muy malos empleados; pero, ¿los hay aquí, mejores? Dígasesi no hay prevaricadores Cuando aquí, en la Península, hay un mal Gobierno, se grita: ¡abajo el Gobierno! pero, señores, enlas Antillas no se habla asi Allí hace dosaños y medio viene tratándose de pervertir el espíritu bueno y leal delospuerto riqueños; y si bien es verdad que es pequeño el número de losque así maquinan, esgrande su astucia, y procuran imbuir en los leales habitantes dePuerto-Rico un espíritu anti español: esa esla verdad. Aquí,en España,cuando hay un mal Gobierno, se dice, por ejemplo, en Cataluña: ¡afuera el Gobierno! y ¡viva, v. gr., el general Prim! Pero allí, señores, se dice: ¡muera España! ¡mueran los españoles y vivan los puerto-riqueños! como hicieron en Lares Confieso que me he expresado con un poco más de vehemencia que la que debia; pero discúlpeme la idea de que para mí, ante todo, es el amor de la Patria Soy puerto-riqueño por esencia y potencia: allí me he criado, allí me he casado, de allí son mis hijos, yá aquella Isla debo cuanto soy y cuanto valgo. Pero por lo mismo que soy puerto-riqueño, soy español, ymuy español.
Creo, señores, que la Cámara está cansada, y me reservo hablar eneste mismo sentido cuando se debatan estas cuestiones, que siento en el alma sehayan tocado hoyde esta manera. Ha dicho un orador que las provincias antillanasse animarán al saber esto;no,quien se animará serán los rebeldes de Cuba al saber las frases que aquí se han vertido, frases sumamente subversivas [Varios señores dipulados piden la palabra). Sí, porque no es momento oportuno para tratar esas cuestiones cuando nuestros hermanos, abandonando sus familias para ponerse al lado de sus hermanos, de corazón en Cuba, y defender juntos elpabellón español; no es este el momento..
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): EstáV S fuera de la alusión.
El Sr. PLAIA: Yolamento con toda mi alma las frases que aquí se han oído
El Sr RODRÍGUEZ (D Gabriel): Pido la palabra
El Sr PLAJA: No he aludido al Sr Rodríguez; si lo ha creído así, seha equivocado
El Sr,PADIAL: Pido la palabra para una alusión personal.

El Sr. VICEPRESIDENTE (GarcíaGómez de laSerna): El Sr. Escoriaza tiene la palabra para rectificar, y solopara rectificar.
El Sr ESCORIAZA: Para rectificar, y solo para rectificar la usaré; pero sin dirigir censura alguna, porqueno tengo derecho,ni puedo, ni debo, ni quiero, á la presidencia; yo deploro en el alma que haya tan poca tolerancia con losdesheredados hijos de Puerto-Rico, á quienes en este momento no se les permite latitud para que contesten á las graves frases que acaba de pronunciar el Sr. Plaja.
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): La presidencia lia estado quizás escesivamente tolerante con V. S. y con sus compañeros, y este incidente no puede continuar así. Contráigase, pues, S. S. á la rectificación, porque no debemos prolongar más, de la manera que va, este incidente.
El Sr. ESCORIAZA: Termino en cuatro palabras. El Sr. Plaja ha dicho que no aludía al Sr. Rodríguez; necesariamente ha debido aludir á alguno de los tres diputados que hemos usado de la palabra.
El Sr. PLAJA: Nohe aludido á S. S.
El Sr. ESCORIAZA: Doygracias al Sr. Plaja, y no tengo que decirmás desde el momento que manifiesta que no me ha aludido.
El Sr. PLAJA: Niá V. S. ni á nadie: he salvado las intenciones de todos.
El Sr. ESCORIAZA: Repito las gracias al Sr. Plaja porque vuelve á decir que no me ha aludido al expresar que se habian vertido aquí palabras subversivas, que en vez de llevar aliento ánuestros hermanos de Cuba, se lo llevarían, por el contrario, á sus adversarios: y como yo habiahablado antes, me consideraba aludido. Dice el señor Plaja que no, que no me lia aludido ni á mí ni á mdie; dispénseme que le diga que no alcanzo quélabiosson los que puedan haber vertido aquí laspalabras subversivas á queS S se ha referido
Ha dicho S S., y á esto quiero concretar mi rectificación, que aquí se han dirigido cargos graves á las autoridades de Puerto-Rico y Cuba, y que lo que se hacia yse quería era debilitar allí el poder de España Yo creo que nadie losha dirigido, á lo menospormi parte; y no solo nonos hemos dirigido á lasautoridades personalmente, sino que, por el contrario, hemos tratado de evitar nombrar á nadie, ni hablar de la situación actual, reduciéndonos á hablar en general de la situación que viene atravesando Puerto-Rico desde 1836 hasta la fecha. Nocreo,pues, que haya zaherido á las autoridades; pero si los hechos zahieren, ahí están loshechos, que constan y son los siguientes: «Presupuesto de Puerto-Rico, T5millones Presupuesto de instrucción pública, 2.500 pesos.» Además, en una provincia de 600.000 habitantes hay cuatro ayuntamientos que no tienen atribuciones de ninguna clase Esta es la situación administrativa de la Isla de Puerto-Rico Yrespecto á la cuestión económica, ya ha ma-

54 nifestado el Sr Arbizu que, á la vez que las clases activas cobra solo conun retraso de tres meses, á las pasivas se lesestán debiendo siete, ocho y diez meses De consiguiente, si se zahiere á las autoridades al manifestar esto, serán los hechos los que las zahieran; por mi parte no lo he verificado.
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): Hay varios señores diputados que han pedido la palabra con algún calor al oir algunas del Sr Plaja; pero después que este señor diputado lia dicho que no ha aludido ánadie,creo que todos deben darse por satisfechos, y les ruego que pongan término á este incidente
El Sr Rodríguez tiene la palabra
El Sr RODRÍGUEZ (D Gabriel;: He pedido la palabra creyéndome aludido; pero puesto que elSr Plaja ha dicho que no había aludido á ninguno de sus compañeros yha rectificado la frase que antes pronunció, reconociendo que ninguno de los diputados que han tomado parte en esta cuestión ha pronunciado palabras subversivas, renuncio la palabra
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): El señor Ministro do Ultramar tiene la palabra.
El Sr Ministro de ULTRAMAR {Becerra;: Sinohay inconveniente, podría el Sr Vallin hacer uso de la palabra
El Sr VICEPRESIDENTE (García Gómez déla Serna): EISr Eernaudez Vallin tione la palabra
El Sr FERNANDEZ VALLIN: La Cámara sabe lo enemigo que soy de hacer discursos; sin embargo, me veo en el dia de hoy en la triste necesidad de hablar
Mi muy querido amigo el Sr Rodríguez ha lastimado (sin quererlo sin duda) en mi persona á los hacendados de la Isla de Cuba {El Sr. Rodrigues pide la palabra paro, rectificar); y lo que es más, el Sr Rodríguez ha lastimado al bello sexo de la Isla de Cuba La verdad, la política, sobre todo, y la galantería innata en todos los pedios nobles, me obligan á hablar cu este momento. Yo no puedo menos de negar rotundamente el hecho aducido por elSr. Rodríguez en su brillante improvisación. Tan abolicionista como puede serlo tí. S., y nótese esto, siendo, como soy, hacendado en Cuba, no creo, sin embargo, que este era el momento ni el lugar de aducir un hecho violento éinexacto, que nose concibe pueda cometerle ninguna dama cubana Los señores diputados saben porfectamente cuál es el tipo de la mujer cubana: la dulzura de la mujer andaluza y la fiereza de la india.
En el corazón noble do una mujer delicada y sensible no cabo, ni el conato del hecho inhumano que S S ha citado Y yo, en nombre de aquella sociedad, niego y protesto contra esa afirmación, que esPeroque el Sr. Rodrig uez rectificará, porque rectificación cabe en él.

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Después decumplido con este deber, voy á la alusión personalísima al diputado que se sienta aquí, y al diputado que es hacendado en Cuba.
Niego también al Sr. Rodríguez queen los campos de Cuba existan esos hechos escandalosos que se citan, esos hechos que solo caben en la imaginación de los más entusiastas negrófilos. Yo diré también á S. 8. que en este sitio se deben ahogar los sentimientos del corazón, que la cabeza debe dominar á éste; que los legisladores deben ser fríos al tratar cuestiones tan candentes como la de la esclavitud, que necesita la mayor calma y el ánimo más sereno para ser tratada como se debe; que es precisa toda la frialdad de la estatua de la ley para resolver las cuestiones de Ultramar Voy á concretarme á la cuestión objeto de este debate
Yo no puedo menos de encomiar, como diputado de la nación y hacendado de la Isla de Cuba, las bellísimas frases, las ideas prácticas y de gobierno del señor Ministro de ultramar Reciba S S mi humilde felicitación Sin embargo, dos sistemas nos ha presentado S S en la cuestión de Puerto-Rico: la descentralización, ó sea lo que se ha llamado hasta el día la autonomía, y la asimilación
El señor Ministro de Ultramar, en su buen deseo de acertar, y atendiendo á lo crítico de las circnnstancias de aquellas provincias, ha ideado un sistema ecléctico. Yo, señores, como político no reconozco el eclecticismo; entusiasta economista, he saludado con placer la economía política ecléctica. En política creo necesario un sistema ú otro Los señores que han tomado parte en este debate han creído que el sistema existente en el Canadá es im sistema inglés: cuando el señor Ministrode Ultramar presente su pensamiento sobre las Antillas, me esforzaré en demostrar que es un error, y un error el considerar que el sistema del Canadá y el de la Australia es un sistema inglés, y probaré que es un sistema eminentemente español, que tiene su fuente en los Códigos españoles La cuestión social, que por desgraciase ha tocado hoy aquí, creo que debe atacarse de frente. En este particular participo de la opinión del señor Ministro: cuando hay un peligro, debe abordarse de frente, no de una manera indirecta. La cuestión de la esclavitud es un peligro para las Antillas, y nosotros debemos abordar de frente esta cuestión y discutir francamente los dos sistemas, el de la abolición inmediata ó mediata No concibo, señores,cómo presentándose enlas Cortes un pensamiento de abolición inmediata, éste no llegue á América Por lo tanto, creo que os un sueño el trabajo silencioso del señor Escoriaza La abolición os una cuestión eminentemente práctica por sí misma, y nocabe más que uno de los dos sistemas: ó abolición inmediata, óabolición mediata Yo aplazoel emitir mis ideas sobre el particular para cuando venga esa cuestión aquí, para cuando esté

56 sobre el tapete, para cuando se aborde francamente; y entonces verá la Cámara cómo los hacendados cubanos, y en especial el que tiene la honra de dirigirse á las Cortes, entendemos que debe resolverse la cuestión de la esclavitud
Nada más tenia que decir
El Sr. VICEPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): El Sr. Rodríguez tiene la palabra para rectificar.
El Sr RODRÍGUEZ (D Gabriel): Con mucha brevedad, señor presidente
El Sr. Fernandez Vallin me ha acusado de un crimen de lesa galantería. Yo confieso que no soy muy galante; pero, sin embargo, lo soy demasiado para permitirme dirigir ofensas á las señoras.
Al hacer consideraciones generales, refiriéndome después á ciertos hechos escandalosos, hechos verdaderamente abominables, yo censuro seguramente el hecho y á la persona que lo comete. Pero, ¿por qué razón ha de entender el Sr. Fernandez Vallin que yo ofendo á todas las señoras de la Isla deCuba, cuando solo me dirijo, no á la señora, sino á la furia que hizo lo que antes cité? Y vuelvo á insistir en la exactitud de ese hecho, como de ello podrá convencerse el Sr Fernandez Vallin después de oírme y de consultar cuantos datos tenga por conveniente
Así, pues, si contra mi voluntad he ofendido á las señoras de la Isla de Cuba, yo desde aquí les pido humildemente perdón, como se pide siempre á las señoras. No ha sido tal mi ánimo: yo las admiro y respeto mucho, como admiro y respeto siempre al bello sexo,si no tanto como el Sr. Fernandez Vallin, acaso por teneruna sensibilidad menos viva que la de S. S., lo bastante para no permitirme cometer la menor ineonveniencia (El Sr. Fernandez Vallin pide la palabra).
Y concluyo afirmándome de nuevo en el hecho que antes recordé: no quería citar nombres de criminales en la Cámara;pero puesto que se pone en duda lo que digo, me veo en la precisión de consignar el de la persona que cometió ese delito
Se llamaba la señora de Calleja: la causa del castigo fué el haberse bebido la esclava un vaso de leche; seformó causa á la señora, y el tribunal la condenó áreclusión: ellaseescapó,yenla actualidad vive enlos Estados-Unidos. Si el Sr. Fernandez Vallin tiene alguna duda sobre esto, puede dirigirss al ministerio de Ultramar, donde es seguro que encontrará los datos que comprueban la exactitud de la cita He concluido
EISr. VICDPRESIDENTE (García Gómez de la Serna): El Sr. Escoriaza tiene la palabra para rectificar.
El Sr ESCORIAZA: Dos palabras solo para rectificar al Sr Fernandez Vallin Sin duda alguna, ó yo no he sabido explicarme, ósu señoría no me ha comprendido.

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Yohe dicho que estaba completamente de acuerdo conla fórmula del señor Ministro deUltramar, que decia queel inconveniente de la abolición gradual consiste en que desdeel momento en que el esclavo sabe que va á ser libre, lo es en realidad. Yyodigo: estoy conforme con la idea del señor Ministro de Ultramar: no es que yo no quiero que se sepa enCuba lo que aquí discutimos; lo que yo quiero esque el esclavono tenga derecho á decir que es libremásque cuando reciba la libertad
Esto es lo que tenia que decir.
El Sr VICEERESIDENTE (García Gómez de la Serna): El señor Ministro deUltramar tiene la palabra
El Sr Ministro de ULTRAMAR (Becerra): Señores diputados, estoy seguro que en elsentimiento de todos vosotros, queen la impresión que tenéis en este momento, dominan dos ideas encontradas. La una es que, á pesar del entusiasmo que en vosotros ha producido el observar que esta es la primera vez que se ha tratado en el Parlamento español la cuestión de una de nuestras provincias ultramarinas, dela provincia de Puerto-Rico,sehan mostrado al parecer tales diferencias, modos de ver tan opuestos, apreciaciones tan diversas, criterios tan distintos entre los mismos representantes de aquella Antilla Y la otra, que también estoy seguro tenéis, es un sentimiento de benevolencia, porque esto prueba el entusiasmo de aquellas provincias, el entusiasmo de las Cortes Constituyentes y el entusiasmo de todos los españoles; porque allí donde hay una provincia española, allí donde hay siquiera un español, allí está representada la honra de España, la bandera de España, la integridad de nuestra Nación y nuestro porvenir.
Pues bien; esto era natural, porque es fruto del entusiasmo, es hijo de la necesidadque se siente tratándose deuna cuestión que por sí esdelicada y difícil, y para cuya resolución todos quieren buscar el mejor acierto, todos quieren encontrar el medio más seguro, la solución más conveniente; y hé aquí por qué aparecen criterios diversos, diferentes opiniones y distintas maneras de ver
Miamigo el Sr Rodríguez estuvo en el fondo completamente de acuerdocon las soluciones que yo proponía: y no podía menos de ser así, puesto que perteneciendo los dos á la misma escuela, siendo el uno tan radical como el otro, teniendo el uno tanto patriotismo como el otro, el Sr Rodríguez sabe, lo mismo que yo, distinguir lo que es un idealde lo que esla práctica en un momento dado, sin renunciar por ello á sus opiniones. En resumen, el Sr. Rodríguez sabe que en política se hace en un momento dado lo que se puede, y que se concede el grado máximo de libertad que el estado de civilización deun pueblo permite.
Recomendaba mi amigo el Sr. Rodríguez al Sr. Padial, al Sr. Es-

58 coriaza y á los demás señores representantes de Puerto-Rico las prontas reformas, lo mismo políticas, que económicas, que sociales de aquella provincia española. Como yo me honro con la amistad de estos señores, yo sé que esta es una escitacíon, y de ningún modo una reconvención que pudiera envolver el más ligero cargo; pero al fin, como en todos los gobiernos libres los hombres que tienen la honra de ocupar estos puestos deben esplicaciones claras, categóricas y terminantes de sus actos, bueno es que yo diga mi modo de ver en esta grave cuestión
Todo lo que es cambiar la manera do ser de un país; todo lo que es establecer las relaciones que han de existir entre los gobernantes y los gobernados; todo lo que es dar leyes ó reglas, óCódigo fundamental, en el cual deben consignarse los derechos ydeberes de los ciudadanos, la manera de ser del individuo y de la propiedad, todo eso requiere una gran reflexión, todo eso exige un detenido estudio y madurez, y sobre todo, impone la necesidad de tomar informes y practicar averiguacionespor medio de las personas que por sus condiciones yposición estén más enteradas de las necesidades y aspiraciones de aquel país Y si es verdad que los principios eternos de la justicia son aplicables á todos los pueblos, lo es también que esos principios en ciertas circunstancias y en determinados momentos tienen que aplicarse y amoldarse alas necesidades del pueblo de que se trate. El Ministro de Ultramar, tan pronto como estuvieron en Madrid los señores diputados de Puerto-Rico, ha creado una comisión que le propusiera todas las reformas, lo mismo políticas, que económicas, que sociales, que debieran introducirse en aquella Anti11a Después de cumplir esa comisión su encargo con el celo, patriotismo y dignidad que era do esperar de todos y cada uno de los individuos que la componían, el Ministro de Ultramar lia tenido que revisar ymeditar sobre todos los trabajos, y ha puesto cuanto estaba de su parte para traer el fruto de sus estudios con la premura posible, y ofrece presentar pronto á las Cortes todos los proyectos que se refieren á la manera de ser, á la manera de vivir dela provincia de Puerto-Rico.
Se ha hablado aquí del mal cumplimiento de los empleados de este ódel otro orden, dela mala administración, sea civil, sea política,seajudicial: seha hablado de escesos cometidos. Mi amigo el señor Rodríguez decíamuy bien: yo no inculpo á nadie, esto será culpa del sistema. Pues bien, señores, ni á un Uobiemo, ni á una Nación, ni á un hombre honrado le cumple cuando lia cometido errores, negarlos: los hombres, como las naciones, cuando se equivocan, deben decirlo con franqueza En mi opinión, el sistema colonial español ha adolecido yadolece de gravísimos defectos: ánosotros toca

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el reformarlos en la parte quese pueda, siempre con reflexión, siempre con madurez, pero con resolución
Este sistema, sin embargo, que ahora no hemos de examinar porque no es el momento oportuno, ¿no tiene elementos, no tiene condición ninguna de existencia? ¿Es absurdo acaso? Pues á pesar do todos sus defectos, á pesar de tener que modificarle, tal vez reemplazarle, es lo cierto que al abrigo de ese sistema algunas de nuestras provincias ultramarinas han tenido un aumento de población que puede compararse ventajosamente con lanación más privilegiada, y han aumentado su riqueza en una proporción que deja muy atrás la delos Estados-Unidos Demanera queese sistema defectuoso, como yo creo que lo es, tiene,sinembargo, condiciones tales, que ha permitido un gran desarrollo en la riqueza yen la población Dicho sea esto en honra de nuestro pais, que si ha cometido grandes errores, en cambio ha sido más humano, más civilizador que otras naciones de raza muy distinta de la Nación española, y que pasan por más adelantadas que nosotros en el orden de la civilización ¿Queréis la prueba? Puesvoy ápresentárosla. Allí donde los españoles estendieron sus conquistas, allí donde otras naciones no han llegado á dominar, existe una raza indígena, pura ócruzada conlosespañoles, salvaalguna queotra excepción.
Pues bien,donde quiera que ha estendido sus conquistas la raza anglo-sajona, tal vez viendo en definitiva una cuestión política, tal vez por la mira egoísta de tener una raza más fuerte, más activa, más apta para la civilización, ha hecho desaparecer la raza indígena. Habrá conseguido los fines que tal vez se proponia; pero es la verdad que lo ha hecho á costa dela humanidad. Por eso, donde ha habido y hay españoles, subsiste la raza indígena: díganlo las Repúblicas hispano-americanas; y donde sepresenta la razaanglo-sajona, el indio desaparece Esta esplicacion no supone que se hayan cometido grandes errores: loshay, y esnatural que los haya mayoresqueaquí, porque aquellas posesiones están muy lejos de la Península, porque no ha habido hasta ahora publicidad, y porque no están bajo la influencia directa, no diré del Gobierno, sinode la opinión pública Pero aunque hayamos de confesar que se han cometidoerrores, ¿hemos de creer que nuestras Antillas se hallan en el mismo estado que Cafrería? Pues también he de decir una cosa á este propósito, y es que en nuestras provincias ultramarinas se ha disfrutado siempre una libertad individual práctica, y que solo en muy contados casos se ha atropellado á algunos de sus habitantes Es decir, que si por una pártela legislación era defectuosa, por otra resultaba una tolerancia y una libertad práctica que quizá no se encuentre en otros países, tíca dicho estoen honra de nuestro país En cuanto á las autoridades que hoy y hace tiempo dirigen los destinos de aquellas provincias,

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claro está que el Gobierno de la Nación tiene el convencimiento profundo de que cumplen con su deber; si así no fuera, no estarían allí. Se lia tratado aquí, como eranatural, aunque porincidencia,delpresupuesto que hoy rige en Puerto-Rico Materia es esta que necesita un detenido estudio, y no esposible tratarla aquí como de pasada Aquí vendrán los presupuestos, no solo de Puerto-Rico, sino de las demás provincias ultramarinas, y entonces las Cortes examinarán esos presupuestos, los estados de riqueza ypoblación que tienen esas provincias, y con todos esos datos podrá saberse si están mas ómenos recargadas que las demás provineias españolas. Ya he tenido además elgusto de decir á las Cortes Constituyentes que en el anteproyecto delas reformas económicas se hace la rebaja del 30 por 100 en elpresupuesto de Puerto-Rico.
Parecía que respecto de la esclavitud debía haber diversas opiniones, y en rigor no las hay, pues todos están conformes en que hay que resolver esta dificultad. Así, pues, conformes todos en este punto, debemostratar, como con efecto trataremos, de reuolver la cuestión delaesclavitud de la manera más conveniente paralosintereses del país, y dela manera más conveniente para los esclavos mismos. Bueno es, sin embargo, advertir que ahora solo tratamos de PuertoRico; y esta advertencia procede, porque una reforma que se refiera á la manera de ser, á la manera de vivir, á las relaciones entre gobernantes y gobernados, puede ser conveniente para Puerto-Rico, y puede no serlo para Filipinas; puede convenir á Cuba, y puede dañar á Fernando Póo, como puede no ser conveniente que todas las colonias tengan elmismo grado delibertad que la metrópoli
Y al hablar de esto contestaré de paso á mi amigo el Sr. Vallin, á quien empiezo dando las gracias por las lisonjeras frases que me ha dirigido Hablaba S S de lo que habíamos propuesto aquí para Cuba y Puerto-Rico, y yo deborecordar á S S que hoy solo se trata de Puerto-Rico, porque yo no tengo la culpa, ni la tiene la Asamblea, ni la tiene el Gobierno, de que no estén aquí presontes los diputados de la Isla de Cuba Aquí se hallan solo los de Puerto-Rico, y yo creo que están muy lejosde tener la pretensión de querer representar la Isla de Cuba
Nosotros tenemos gran deseo de que se hallen aquí los representantes de la Isla de Cuba; pero el estado en que aquel país se halla no lo ha permitido Yohe consultado con la dignísima autoridad superior de la Isla para saber si podian hacerse las elecciones; pero el estado de guerra no permite que se hagan las elecciones de manera que representen genuinamente la voluntad, las necesidades, las aspiraciones y los dessos de aquellos habitantes. Cuando la tranquilidad se restablezca, cuando esa voluntad pueda manifestarse libremente, se harán las elecciones y vendrán aquí los representantes de

Cuba Y hay otra razón para que lohagamos así: Cuba tendrá todo loquedebe tener; pero nosotros noconcedemos loquese nospide por la fuerza
El honor de una nación es como elde un individuo: á la fueraa se contesta con la fuerza, y las esplicaciones no se dan mientras se tienen las armas en la mano: cuando se apela á las armas se combate, y después pueden venir lasesplicaciones Venceremos, y después llevaremos allí todas las reformas que sean necesarias para asegurar la suertede aquel país, para conservar la integridad del territorio y para mirar por nuestro porvenir en el mundo, que alguno le espera, porque al fin existen en el mundo 40millones de seres que hablan la lengua castellana, y resolverán, digo, lo que crean más conveniente á los intereses de nuestra Patria, al honor de nuestro pabellón y al porvenir denuestras provincias ultramarinas
El Sr. PRESIDENTE: El Sr. Fernandez Vallin tiene la palabra para rectificar
ElSr FERNANDEZ VALLIN: Principio dando las gracias al señor Rodriguez por las esplicaciones que se ha servido dar relativamente al hecho aquí citado en la sesión de hoy, y acepto también con mucho placerlas palabras queme ha dedicado Para rectificar al señor Ministro de Ultramar, solo diré dos palabras Yohe comprendido perfectamente que el proyecto de Constitución será exclusivamente para Puerto-Rico; me felicito por ello.
La Isla de Cuba aspira á una descentralización completa. Existen para elgobierno de lasprovincias ultramarinas dos sistemas que se hallan el uno enfrente del otro. En su día, y cuando se trate la cuestión, tratarédeprobar que el sistema llamado inglés, vigente en el Canadá, esun sistema eminentemente español Hasta ese dia, señor Ministro de Ultramar. He concluido.
El Sr. Ministro de ULTRAMAR (Becerra):Pido la palabra.
El Sr PRESIDENTE: Tiene V S la palabra
El Sr Ministro de ULTRAMAR (Becerra): Es para decir dos á mí amigo elSr Vallin, y me alegro muchísimo de queS S haya rectificado, porque esto me proporciona la ocasión de rectificar también otra apreciación suya, deque me habia olvidado.
Decia elSr Vallin: «El Ministro de Ultramar ha examinado los dos sistemas que hay en la materia: el uno llamado más ó menos propiamente inglés, y yo añado más ómenos propiamente autonómico, yel otro de la asimilación, y que después habia adoptado un sistema ecléctico.» Yproseguía S. S.: «En política no me gustan los sistemas eclécticos.»
El Sr Vallin y los señores diputados comprenderán que tampoco me gustan á mí Pero conviene hacer una observación El que yo propongo, ¿es un sistema ecléctico? El eclecticismo consiste en afir-
mar el sí y el no, en tomar el término medio entre dos extremos; y ciertamente no es un sistema filosófico el eclecticismo que consiste en afirmar que dos y cuatro son siete, como término medio entre unos que sostienen que suman seis y otros que defienden que suman ocho.Este no es verdadero eclecticismo, no es el eclecticismo filosóficoque busca, no el término medio, sino eljusto medio.
Pero en la materia de que se trata presentanse la cuestión de organización y la cuestión de relaciones entre las provincias ultramarinas y la madre Patria. Yo creo que aquí hay, sobre todo, una confusión en el significado de laspalabras: yo entiendo que puede haber al mismo tiempo asimilación y autonomía. La asimilación no ha de ser de tal manera que sean aplicables palabra por palabra y punto por punto á las provincias de Ultramar todas las disposiciones que mantienen la unidad entre las de lametrópoli Y la autonomía, ¿para qué se da? Para quelas Antillas puedan tratar de todos los asuntos que á ellas exclusivamente interesan: de modo, que la Isla de Puerto-Rico tendrá todas las atribuciones concedidas á las provinciaspeninsulares, mas algunas otras que la corresponden por su posición particular.
Recuerdo que se ha habladoen varias ocasiones de descentralización y de federación, confundiendo estas palabras, sin comprender que puede existir una descentralización completa sin haber federación óseparación. Pertenece á la provincia todo cuanto afecte á los intereses que son de la provincia, y al municipio todo lo que se refiera á los que son del municipio, siempre que no choquen con los intereses generales, y pertenece al Estado todo lo que constituyen los intereses generales. Hé aquí, pues, la asimilación; hé aquí lo que es la autonomía: dejar á la provincia y al municipio amplia libertad para disponer de sus intereses, pero sin romper la unidad nacional Y'opreguntaría á los señores de la extrema izquierda, si estuvieran sentados en la Cámara, si ellos con su federación podrían asegurar almunicipio y á la provincia esa independencia Pues bien, ese sistema, que no diré que es nuevo, aun cuando en ninguna parte lo he visto, es el que tratamos do aplicar á la Isla de Puerto-Rico
El Sr. SECRETARIO (Marqués de Sardoal): Habiendo hablado tres señoresdiputados en el debate sobre la interpelación, ¿so pasará á otro asunto?
El acuerdo delas Cortes fué afirmativo

La pregunta del Sr Navarro y Rodrigo que sigue, se hizo y contestó no estando ya en el salón los diputados de Puerto-Rico Las frases acentuadas del señor ministro, «en la inteligencia de que, por

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alta que sealaposición del que falte, por grandes que sean sus glorias, ypor muchos que sean sus merecimientos, en España, de hoy más, la ley está por encima de lodos los hombres,-» fueron de grande efecto por su entereza:
El Sr PRESIDENTE: El Sr Navarro y Rodrigo tiene la palabra para dirigir una pregunta al señor Ministro de Ultramar
El Sr NAVARRO Y RODRIGO: Ha tenido lugar esta tarde un debate grave ysolemne, en que se han tratado cuestiones que afectan grandemente á nuestro porvenir en una y en otra Antilla. Hemos oido algunas exageraciones; yo creo que el patriótico y elevado discursoque ha pronunciado el señorMinistro de Ultramar será bastante correctivo para esas exageraciones: ha habido, sin embargo, una cosa un tanto velada, un tanto oscura, en los discursos de dos de los señores diputados que han tomado parte en el debate y que me obligan á dirigir una pregunta al Gobierno de S A el Regente
Creo haber oido al uno que Puerto-Rico se encontraba hoyen una situación tristísima y vergonzosa, sobre la cual habia que tender un tupido velo; y creo haber oido al otro, que hoy, después de trece meses de revolución, estaba Puerto-Rico en una situación peor que en tiempo de González Brabo Yo pregunto al Gobierno, aunque la pregunta es ociosa desde el momento en queno ha aparecido en la Gacela la separación de aquellas autoridades: ¿está satisfecho el Gobierno de la conducta, de la tolerante administración de aquellas autoridades en presencia de acontecimientos tan graves como los de Cuba, teniendo presente la proximidad de Puerto-Rico á la grande Antilla, cuando tanto han trabajado los revolucionarios cubanos para llevar á Puerto-Rico el fuego de la insurrección, cuando se ha dicho también que los cubanos han trabajado para enviar refuerzos á los revolucionarios de España?¿Está satisfecho el Gobierno de la conducta de aquellas autoridades? Por una coincidencia casual mañana sale el correo para las Antillas, y ya quepuedan ir los ataques que se han dirigido á aquellasautoridades, bueno es queentodo caso vaya también la defensa: he aquí el secreto de mi pregunta.
El Sr. PRESIDENTE: El Sr. Ministro de Ultramar tiene la palabra.
El Sr. Ministro de ULTRAMAR (Becerra): La segunda vez que he hablado creo haber tenido la honra de decir que el Gobierno se encontraba satisfecho de la conducta de las autoridades de Puerto-Rico; y esta afirmación que el Gobierno hubiera hecho expontáneamente, agradezco á mi amigo el Sr Navarro que me haya proporcionado ocasión de reiterarla con la pregunta que ha tenido á bien dirigirme
Para ello repetiré mis palabras de antes: si ahora se preguntase

al Gobierno si en las Antillas los empleados todos, de todos los órdenes, habían cumplido consu debery no se habia cometido ningún abuso, le seriaimposible responder con evidencia: sehabrá cometido algún abuso mayor ómenor; pero lo que puedo asegurar es que el Gobierno está satisfecho delcelo, del patriotismo con que hasta ahora han desempeñado sus funciones las autoridades superiores, y que está resuelto, y así lo ha comunicado á aquellas provincias, á hacer que todos cumplan con su deber; en la inteligencia de que, por alta qne sea la posición del que falte, por grandes que sean sus glorias, y por muchos qne sean sus merecimientos, en España, de hoy más, la ley está por encima de todos los hombres. Y por lo que hace á Puerto-Rico, debo añadir que la primera autoridad de la Isla ha encausado á algunos empleados porque creyó que no habían cumplido con su deber, lo cual es prueba de su celo y de su patriotismo, é indica que comprende lamisión que seleha encargado yque responde á la confianza queenellaha depositado elGobierno
El Sr. NAVARRO Y RODRIGO: Pido la palabra.
El Sr PRESIDENTE: La tiene V S
El Sr NAVARROY RODRIGO: Es simplemente paradarlas gracias al señor Ministro de Ultramar ypara anunciar que no esperaba yo menos de su patriotismo.

Incircunspectos seríamos, si, aun no bien levantado el velo del porvenir, nos entregáramos con infantil alegría á los trasportes de una esperanza sin límites, con motivo de la sesión que precede; pero ni justos, ni siquiera razonables seríamos tampoco si desconociéramos su verdadera importancia. Por una parte, esta solemne sesión acnsa un gran paso dado en la vía del progreso nacional, y por otra la Isla de PuertoRico puede mirar hacia adelante con menos pavor que hasta hoy El silencio sistemático de los anteriores gobiernos, en cuanto á las provincias de Ultramar, se referia la abdicación absoluta de la Representación nacional, en obsequio de intereses absurdos ó perversos, han cesado: la Nación ha recobrado sus derechos en esta parte, tristemente mutilados hasta el presente, y de esperar es que en lo sucesivo sepa defenderlos y conservarlos La Isla á su vez puede comenzar á creer, recobrar su antigua Je en la patria, profundamente perturbada por errores lamentables, y esperar una era próxima de seguridad para sus hijos, de útil fecundidad para su suelo y trabajo, de libertad y de justicia, en fin, para sus habitante;. Tal es la impresión doble que ha dejado en nuestro ánimo la sesión del 13, y tal será, si mal no conocemos á nuestro país, el efecto más general que ella producirá en la Provincia toda ¡Ventajoso efecto para la Nación, si los vicios fetales de los pasados tiempos no van cou sus torpes intereses á desvirtuarlo, con su fuerza ciega á destruirlo en aquella tierra! En realidad, la verdad no ha hecho mis que empezar á mostrar su faz augusta, y los errores mis tenaees, y los intereses más impertérritos, y hasta las audacias más contumaces se hau estremecido Error grave seria no darle en lo sucesivo, acá y allá, gran latitud á la discusión: complicidad de una timidez ínesplicable, y complicidad de tristes consecuencias históricas seria reducir á la nulidad la voz de la justicia, durante un tiempo cualquiera, en obsequio de ese linaje de intereses só didos que no pueden existir sino bajo el amparo del silencio,ry envueltos en la sombra de la oscuridad, SÍ los rayos benéfi c os de la luz intelectual son bastante poderosos para disipar su frágil y nociva resistencia, ¿por qué oponerse

(ifi arbitrariamente á su paso? ¿por qué proteger el error inmolando en sus aras el derecho? Tal pensamiento entraña más de una consecuencia grave: corre el riesgo de ser verdaderamente ineficaz para su objeto, y quizá profundamente perturbador para la conciencia humana La prensa nacional y extranjera, como la palabra entusiasmada que brota del sentimiento religioso, se sustraerán necesariamente á la prohibición, y esta, convirtiendo la virtud en crimen, pesará con toda su fuerza únicamente sobre los puerto-riqueños. Por otra parte, ¿quién puede tener aquí abajo la enorme pretensión de decir á la razón humana, «de aquí no pasarás,» como Dios dijo á las olas? El público estudio de todos los intereses de la sociedad no puede encontrar, dentro ó fuera de una solución dada, nuevas y más fecundas soluciones? Error, pues, y error de trascendentales consecuencias que una triste esperiencia evidenciaría muy pronto, será poner estas limitaciones á la espresion de los sentimientos, á las manifestaciones de la inteligencia de un pueblo entero, en gracia de un corto número de individuos
Felizmente estas limitaciones no son todavía realidades, y puede esperarse que desaparezcan de las regiones nebulosas en que se dibujan, tan luego como una discusión madura apure todos los argumentos, y difunda la luz de la verdad eu todas las inteligencias de las Constituyentes Veráse entonces quizás, que las circunstancias de la Provincia no favorecen en nada estas limitaciones, y que los intereses que ellas se proponen proteger, ni merecen ni requieren realmente semejante protección Acaso llegará hasta demostrarse que ellas son perjudiciales á su propio objeto
Como se vé también por la lectura de la primera discusión de los intereses puerto-riqueños, la parte política no cuenta todavía con la unanimidad de los diputados de aquella Provincia ¿Es este un mal, ó es por el contrario un bien? Nosotros nos sentimos inclinados á aplaudir esta divergencia de las opiniones, porque ella será motivo y ocasión para que los representantes de la Provincia tracen a los ojos de la Asamblea su pasado, su presente y el porvenir que para ella, en virtud de sus respectivas doctrinas, desean. Las Cortes penetrarán de luego á luego hasta el fondo de la verdadera situación, y como la cuestión no puede versar sino acerca del modo de realizar la libertad, pronto veremos votar el más adecuado Ilusión, seguida de una decepción triste y no tardía, será la de aquel que pretenda lo contrario De todos modos, fuerza es que nuestros diputados se definan en las sesiones próximas, ya que en la pasada no comparecieron, en su mayor parte, preparados-, ha llegado el momento de significarse, y esta es obligación ineludible La vaguedad de algunos, como la anfibología de otros, en estas solemnes circunstancias, o pueden ser útiles á íosa pública, ni siquiera provecho-

sas al individuo: eno uanto al mutismo colonial que, como sistema, ha podido ser ventajoso á los intereses personales ó egoístas, hasta ahora; es evidente que, ante la Asamblea, es de todo punto insostenible, so pena de nulidad intrínseca 6 de voluntario deservicio-, por último, la argumentación por (/estos, y el antiguo sulversivismo, aplicado á todo pensamiento grave, como á todo sentimiento generoso, son absurdos por su inaturaleza y en presencia de la soberanía podrían pasar por irrespetuosos, sino tuvieran la triste escepcion de ser ridículos
A pesar de esta escena de saínete, que produjo más desden que burla, la sesiou del 13 fué verdaderamente grave El dipntado D Luis Padial la imprimió con su severo discurso, con la moderación de sus maneras, y con la nobleza de su aspecto, una seriedad profunda: la elocueneia de D Gabriel Rodríguez, su palabra impetuosa, y el entnsiasmo que este orador supo encender en el ánimo, casi decaído, de la Asamblea, la dieron una solemnidad en estos últimos dias, desusada. A su habilidad fina y oportuna debimos seguramente las declaraciones de otros varios diputados, porque es más que probable, que sin aquellas frases «parece que el Sr Padial ha espuesto exacta y fidelísimamente las opiniones de todos sus compañeros de diputación,» no hubiéramos oido sus manifestaciones. Ellas no carecen de importancia.
En efecto, el Sr. Vázquez Oliva, separándose de «muchas de las cosas dichas por el Sr Padial,» ofreció manifestar con independencia sus opiniones personales cuando se lleven á la Cámara los proyectos En punto á la cuestión social declaró altamente una g'ran verdad, por la primera vez expresada en la Cámara, «que los propietarios de Puerto-Rico no son esclavistas,» como también dijo, «si la esclavitud es un padrón de ignominia en Puerto-Rico, no han sido los habitantes de aquella Isla los que le han dado origen.»
Los Sres. Escoriaza y Arvizu, sin entrar en los pormenores, han confirmado en tesis general la doctrina del Sr Padial, puesto que ambos condenan como él la situación política y sostienen la necesidad de un nuevo orden de cosas fundado en la ley
Pero las declaraciones de alta gravedad y trascendencia son las consignadas por el señor ministro de Ultramar. Aunque ellas han sido profundamente meditadas, sin duda , antes de ser pronunciadas, nosotros no debemos tomarlas á la letra, considerando que en toda improvisación se va siempre más allá ó más acá de la meta verdadera Los proyectos de ley traerán á la Cámara el pensamiento de S. S. concreto, articulado, y por consiguiente, perfectamente maduro: entonces formaremos juicio exacto de su valor intrínseco y presentiremos la suerte que ha de cabernos, tanto á nosotros como á nuestros hijos, en lo futuro; porque no olvidamos que

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se trata de la constitución política y social de Puerto-Rico, y que de esta constitución dependerá en breve la conciencia, el pensamiento, el honor y la fortuna de todos sus habitantes.
El señor Ministro, sin embargo, ha dividido los sistemas coloniales en tres clases, y ha apreciado con rapidez sus respectivas cualidades:
1.° «El sistema militar, en el cual las colonias son miradas casi como país conquistado:» no disputaremos nosotros al señor Becerra las buenas prendas que, en casos determinados, pueda encontrarle como hombre de Estado; para nosotros, en las circunstancias que posee y que rodean á la Provincia de Puerto-Rico, este sistema es contrario absolutamente al interés de la Nación, al bien de la Provincia, y al honor y seguridad de sus habitantes. Que otros pueblos deban celebrar sus escelencias es cosa posible, pero estamos seguros de que en la Isla inspira horror, y de que allí nadie cantará con alegría sino sus exequias.. ¡Merced á los tiempos, y gracias, en particular al Sr Becerra, estas están próximas, y á la verdad, que ya son necesarias!
2.° El sistema de autonomía que el señor Ministro no define, seguramente porque no se propone adoptarlo á lo menos en toda su integridad El contiene ciertamente, si no en principio, á lo menos en el hecho, el máximun de libertad posible para las colonias, y si los grandes progresos de la Australia, la másjoven de las colonias conocidas, si la firmeza británica del Canadá, la más vecina de la gran república americana, son ejemplos dignos ele imitación, no será posible desconocer la superioridad del sistema autonómico. Este sistema consagra sin limitaciones la libertad política de la colonia, dejándola espedita para desenvolver todos los gérmenes de la prosperidad pública y privada sin obstáculos Las leyes, los aranceles, las contribuciones y su empleo, todo en ellas es obra del voto y de la gestión directa e inmediata de los ciudadanos: la nacionalidad está representada por el pabellón y por un corto número de funcionarios responsables de sus actos, y es fuerte é inquebrantable porque se funda en la tradición, sostenida por las ventajas reales de una libertad perfecta Este es, á nuestro juicio, el sistema definitivo del porvenir: todos los demás nos parecen (sin negarles su razón de ser en momentos dados), puramente transitorios.
3." El sistema de asimilación Este, tomado en la acepción estricta y única que puede caracterizarlo, no solamente encierra «contradicciones,» sino que es absolutamente imposible. Véanse las monarquías más unitarias, véanse las provincias mismas de la Península, y dígase después en dónde está la identidad de los vascos y de los andaluces, de Cataluña y de Murcia Quizás la causa esencial del malestar y de las luchas que se producen en gran parte de las naciones de Europa, y de que somos testigos, radica en esa pugna invencible

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establecida entre el genio propio, las necesidades peculiares, la idiosincracia provincial, si así podemos espresarnos, y la fuerza unificadora que inútilmente se ha pretendido dar á las leyes. Razón tiene, pues, el señor Ministro, al no optar por una forma, semejante al lecho de Procusto, á que es imposible ajusfar exactamente el alma y el cuerpo de todas las comarcas de una gran nación Nosotros ignoramos de qué modo ha logrado realizar el Sr Becerra las ventajas de la asimilación con las ventajas de la autonomía; pero dada la perspicacia de su observación y el alto temple de su talento, no dudamos que su proyecto de Constitución haya resuelto este fecundo problema. Tomamos, pues, acta de su magnífica afirmación, y mientras llega el momento de aplaudirlo con entusiasmo, lo felicitamos con sinceridad por estas sus palabras solemnes «Puerto-Rico tiene tanta independencia como las «colonias de Inglaterra, y además las ventajas de una provincia española.»
En la cuestión económica nos ha dicho el señor Ministro cosas que no deben olvidarse. Buena es, y más que buena indispensable, la rebaja anunciada de un 30por 100 en los presupuestos de la Isla qne han de someterse á las Cortes: creemos que si existe el propósito firme de impulsar á la Provincia en las vias del trabajo activo y déla prosperidad moral y material que necesita, la rebaja será mayor dentro de poco cuando se estudien un tanto sus recursos verdaderos y sus necesidades apremiantes se reconocerá que no erramos en esto; mas puesto que la Isla no dará lo que dar no pueda, como hemos visto que no ha dado lo que dar no podia, ora se le exija como hasta aquí en nompre de la fuerza, ora se le pida en lo futuro en nombre de la libertad, despreocupémonos de estos detalles para considerar, aunque brevemente, los principios económicos expuestos, que son fundamentales y que merecen desenvolvimiento y estudio.
«Las provincias ultramarinas tienenlosmismos deberes que »las de la Metrópoli y deben contribuir con las mismascargas »¿Por qué? Por una razón muy sencilla ¿Qué es lo que debe pa»gar el ciudadano al presupuesto? Una cantidad igual á los ^beneficios qne recibe del Estado; y esto es aplicable á las provincias de Ultramar lo mismo que á las delaPenínsula ¿Cuán»to debe, pues, pagar para sus gastos particulares y cuánto »para la Metrópoli cualquier provincia por lejana que sea? En »primer lugar, debe cubrir sus necesidades según las voten sus »mismos hijos, y debe después contribuir álos gastos del Esta»do con una cantidad proporciónala la que paguen las demás «provincias, ni más ni menos; esto es lógico, y esto es lo justo.»
Difícil es que se encuentre un solo puerto-riqueño que, no habiendo perdido el sentido común, niegue ni la precisión de la verdad, ni la rigorosa justicia del principio encerrado en esta regla Puerto-Rico ocupará entre las provincias constitu-

yentes de España el rango, el número que le corresponda se gun su población y su riqueza, y con arreglo á ella, proporcionalmente, entrará á pagar los gastos generales de su Nación Toca á la Diputación déla provincia defender con entereza y buen criterio los intereses del pais, toca á los representantes en el Congreso no consentir sin reclamación y sin protesta, la absorción de todas sus rentas. Consignado el derecho, su ejercicio es una obligación, y practicada ésta con la energía de la independencia que seguramente ha de otorgar la ley, es imposible que se reproduzcan los abusos incalificables de lo pasado, es imposible que la provincia no supere los obstáculos que hasta hoy se han opuesto y se oponen á todos sus progresos. Este es, pues, sin lugar á duda, uno délos principios fundamentales, dentro de la asimilación, de que podemos esperar su fusión de los intereses, y la fusión, más importante aun, de los sentimientos de los habitantes de aquella provincia, más divididos hasta el presente por un efecto del mal Gobierno, que por motivo de ofensas puramente personales, que en realidad de verdad allí no existen.
El Sr. Becerra ha terminado sus importantísimas declaraciones con una afirmación que merecerá el aplauso de la Europa. «Hoy ha dicho, no solo no hay ningún español que «quiera conservar la esclavitud, sino que tengo la seguridad »de que los mismos dueños de esclavos no la quieren; si asi no «pensaran, lo sentiría mucho.» No opta, sin embargo, elseñor Ministro por la abolición inmediata, y reconoce que el procedimiento gradual se ha convertido siempre y bruscamente en abolición instantánea, para mal ale los amos y de los esclavos-. en consecuencia se decide por un nuevo procedimiento, que expresa en términos generales, y que podemos resumir como sigue: 1.° La abolición es improrogable 2.° Debe hacerse lastimando lo menos posible el interés de los amos, creado bajo la garantía de la ley, y cuidando de la suerte del esclavo puesto bajo el amparo de la civilización. 3.° La abolición será simultánea, pero se evitará toda complicación entre las aspiraciones impacientes del esclavo y el derecho de losamos «¿Có»mo hay que proceder por lo tanto? Rápidamente, y de tal »manera, que el derecho del dueño no sea puesto en duda, has»ta que el esclavo sea hombre libre. Este es el problema que ha »de resolver la España de 1869, y al efecto es preciso que, tan»to los que tengan intereses eomjirometidos, como los que no los »tengan, demuestran que si esta Nación es hoy la según da »por su extensión é importancia de sus colonias, está á la al»tura de las primeras en cuanto á los grados de orden, pro»greso y civilización en todas las provincias e n que se haba »la lengua española.»
A la vista, pues, del conjunto de los ¡pensamintos del hombre público, y de los sentimientos espontáneos del hombre privado, tales como se hallan consignados en el discurso

del señor Ministro de Ultramar, no podemos menos de reconocer, en último análisis, la prudencia que inspiran siempre los conocimientos históricos, el resultado de una filosofía escudriñadora de la verdad, y el deseo incontestable de realizar el bien de los hombres en cuanto de la ley depende Esto, no obstante, parécenos encontrar cierta resistencia en el hombre de Estado a las inspiraciones genuinas del innovador radical: hay en el discurso salvedades, hay dubitaciones, hay, en fin, limitaciones terminantes, así en lopolítico, como en lo social, que pudieran venir á parar en una verdadera derogación del principio democrático, si por falta inadvertida de consecuencia, ó por temor á vanos fantasmas, tomaran cuerpo en las leyes que el Sr. Becerra premedita, y acabaran por elevar á principios inconcusos las doctrinas de un interés pasajero, y las apreciaciones que nacen de las circunstancias. Para mantener el orden no es indispensable menoscabar de un modo permanente la libertad, como para sostener los progresos de la riqueza no hay necesidad de sacrificar los fueros de la humanidad Una ó dos escepciones mal calculadas y elevadas á preceptos legales, falseando por su base el derecho, pueden dar preponderancia al despotismo tradicional, y conservar su fuerza á la tiranía doméstica, destruyendo los buenos efectos de la mejor Constitución política y de la ley de abolición más humanitaria
¿Qué resultados obtendría la sociedad si, por ejemplo, se dejara subsistir el régimen interior de la esclavitud durante cuatro años, siendo este plazo el término conocido de esta fatal institución Los efectos del estado permanente, á pesar de los consejos del interés, revelan lo que seria un esclavo durante el estado transitorio. La humanidad se estremece al pensarlo.
Es, pues, de esperar que, tanto la Constitución política, como la ley social del Sr Becerra, hayan evitado estos escollos, asegurando así para lo futuro su verdadera gloria Madrid 20 de Noviembre de 1869
