CAMBIA TU VIDA, CAMBIA TU MUNDO
Año 27 • Número 9
CUMPLIR TU DESIGNIO DIVINO
Corre y termina la carrera
Renovar mi perspectiva Lo que vale para Jesús
Para Dios la perfección es… Cabalidad, equilibrio, madurez
Hallar la voluntad de Dios En cinco pasos
Año 27, número 9
A N UE ST RO S A M I G O S ¿por qué estoy aquí? Ya si eres un adolescente, un estudiante universitario, un padre o una madre de una familia que crece con los años, un profesional exitoso o un adulto mayor, en algún momento de tu vida te harás la trascendental pregunta: ¿Tiene mi vida sentido? El día que entendí que mi padre celestial, amorosamente, me había creado con un propósito, mi vida dio un giro de 180 grados. Hasta entonces había sido una joven más bien imprudente y temeraria, que pensaba: Al fin y al cabo, ¿qué diablos importa? Luego encontré a Jesús y me di cuenta de que podía dejar huella en el mundo y ser un aporte. Pues lo mismo vale para ti. Tomar conciencia de que Dios te ama y que Jesús murió por ti —así te parezca que tu fe es minúscula, como un «grano de mostaza» (Mateo 17:20)— te encarrila por la senda de la victoria. Ello puede marcar la diferencia entre labrar tu propio destino a pura fuerza de voluntad y tensión, y saber que nunca estás solo y que Dios tiene un designio para ti y te ayudará a cumplirlo. Antes yo pensaba que cada uno de nosotros no tenía sino un solo destino en la vida, una única vocación que debía descubrir y cumplir. Ahora veo que Dios puede ayudarnos a hallar una razón de ser y un sentido en todas las etapas de la vida y en dondequiera que nos encontremos, sea en el trabajo, con nuestros amigos o con las personas con que nos relacionamos. Tu llamamiento puede consistir en ser un buen empleado o empleada, un empresario o una ejecutiva justos y honrados, una profesora o un maestro entregados de lleno a su tarea, un padre o madre amorosos, un buen cuidador o cuidadora, un voluntario comprometido… es decir, las posibilidades son infinitas. Además, es muy posible que tu propósito en la vida varíe con el tiempo. Así como la vida cambia de una estación a otra, nuestra misión también puede cambiar. Muchas personas atestiguan que después de una exitosa vida profesional o de haber criado una familia encuentran nuevos rumbos, nuevos medios de servir a los demás. Jesús dijo que Él vino para que tuviéramos vida en abundancia (Juan 10:10). La verdad bíblica nos guía a amoldar nuestra vida según el plan de Dios. Nuestro número de este mes ofrece varios estudios sobre el tema basados en la Escritura, así como testimonios personales de quienes han hallado sentido por medio de la fe y la asistencia al prójimo. Confiamos en que estos relatos te enriquezcan y te aclaren el camino.
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Sally y Gabriel García Redacción 2
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HINENI Sameer Sethi
El año pasado, por primera vez
en mi vida, fui a patinar sobre el hielo con mis amigos. No sabía lo que me depararía. Empecé agarrándome a la pared que rodeaba la pista para apoyarme. Pasó el tiempo y no avanzaba mucho. Seguí tomándome de la pared porque tenía miedo de caerme. Mis amigos me animaban a que me lanzara a patinar. Al final, solté la pared y me atreví. ¡Y descubrí con sorpresa que podía patinar! Claro que me caí, pero me levanté enseguida y continué. La sensación de libertad que me invadió cuando por fin me solté de la pared y me puse a patinar mereció totalmente la pena. Me arrepentí de no haberlo hecho antes. Al reflexionar sobre esta experiencia, vi paralelismos con el momento en que Dios me llamó a servir en el apostolado cristiano. Me preocupaba lo desconocido. Tenía miedo de fracasar. Si bien hay muchos factores desconocidos que acompañan el hecho de seguir la voluntad de Dios, darle demasiadas vueltas en la cabeza a las cosas me impedía avanzar en mi vocación. No dejaba de pedirle señales a Dios en lugar de confiar en lo que Él ya me había mostrado. Finalmente, asistí a una conferencia misionera en Bangkok. Durante esos cinco días escuché testimonios de personas que habían dado su «sí» a Dios sin conocer todos los detalles de lo que les esperaba. Ver la libertad y la alegría que tenían esas personas me convenció de que nunca encontraría la verdadera satisfacción si no hacía lo que Dios me había llamado a hacer. Una de las sesiones que más me llamó la atención trató sobre dar nuestro hineni a Dios. Hineni es un término
hebreo que significa «aquí estoy». El orador habló de que dar nuestro hineni (darle el «sí») a Dios tiene sus consecuencias, pero que negárselo tendrá consecuencias aún mayores, una de ellas es perdernos la alegría y la satisfacción que conlleva servir a Dios y hacer lo que Él nos llamó a hacer. No cabe duda de que seguir a Dios supone un reto. Y claro está que hay muchos detalles que desconocemos. Pero quedarnos en nuestra zona de confort no nos ayuda a alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Y si nos quedamos allí demasiado tiempo, podríamos acabar con remordimientos y preguntándonos qué hubiera pasado si… Hay mucho gozo y libertad en dar el paso hacia lo que Dios nos llama a hacer. Es una vida de aventura, y muy gratificadora. Sameer vive en Sudáfrica y se desempeña como misionero con la organización Helping Hand. Además disfruta de cocinar, tareas de jardinería y aprender idiomas. ■ 3
CUMPLIR TU DESIGNIO DIVINO La Biblia nos enseña que Dios tiene un propósito y
un designio para nuestra vida. «Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica» (Efesios 2:10 nvi). Jesús nos explicó que para cumplir con lo que Dios ha dispuesto que hagamos es menester «buscar primeramente el reino de Dios y su justicia» (Mateo 6:33). Pero ¿cómo hacemos para entender y descubrir ese designio que Dios tiene para nosotros y saber cuál es Su voluntad en nuestra vida? La decisión más importante que tomamos en la vida es aceptar que Jesús es nuestro Señor y Salvador. Ese hecho determina la situación que viviremos eternamente con respecto a Dios y Su reino (Juan 3:16–18). Cuando nos entregamos a Cristo iniciamos una nueva vida, con una razón de ser, una cosmovisión y unas prioridades enteramente nuevas. Obtenemos una nueva identidad y con ello adquirimos la condición de hijo o hija de Dios (Juan 1:12). Además, desde el momento en que nos disponemos a vivir nuestra fe y modelar nuestra vida según los preceptos de la Palabra de Dios, se nos presentan diariamente numerosas decisiones (Efesios 4:20–24). Jesús sintetizó los dos mandamientos más importantes que debieran regir nuestra vida y nuestras decisiones. «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este
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es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37–39). Nuestra vida y nuestras acciones tienen por objeto ejemplificar Su amor: «¡Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti el Señor? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios» (Miqueas 6:8). A los cristianos, que nos esmeramos por agradar al Señor, se nos llama a centrar nuestra vida en Dios y hacerla girar en torno a Él y a Su Palabra; a andar en Su voluntad y comunicar Su amor y Su verdad a otras personas. Jesús dijo: «El que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto. Pero separados de mí nada
pueden hacer» (Juan 15:5). Si hemos consagrado nuestro corazón y nuestra vida a Jesús, procuramos Su ayuda y Su guía, y lo adoramos y le agradecemos Su presencia y los buenos dones que nos prodiga. Nuestro objetivo en todas las decisiones que tomamos debe ser cumplir los designios que Dios tiene para nosotros y rendirle gloria. El apóstol Pablo lo resumió así: «Háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Por Él es por quien vivimos y es Él el que nos ayuda a cumplir Su buena voluntad y la razón que dispuso para nuestra vida. «Porque Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el hacer para cumplir su buena voluntad» (Filipenses 2:13). Por eso, cuando le encomendamos nuestros caminos al Señor podemos confiar en que Él obrará en nosotros y a través de nosotros para cumplir el propósito que tiene para nosotros. Prometió guiarnos en nuestras decisiones y actuar a nuestro favor (Salmo 37:5). En la medida en que eres fiel en buscar primeramente el reino de Dios y amoldar tu voluntad a la Suya en lo que concierne a tu vida, descubres que Él dirige sin falta tus senderos y sin duda te bendecirá (Mateo 6:33). Asimismo, al reconocerlo en todos tus caminos, lo glorificas con tu vida y por medio de las cosas que Él realice a través de ti (Proverbios 3:6). Aun cuando las cosas no resulten como hubiéramos esperado o afrontemos momentos de decepción, pérdida, tragedia o prueba, podemos confiar en que Dios está actuando. Él jamás incumplirá Su promesa de obrar para que todo redunde en bien de los que lo aman y han sido llamados conforme a Su propósito (Romanos 8:28). No obstante, para cumplir la voluntad y propósito divinos, es preciso que reconozcamos de dónde proviene la fuerza verdadera, es decir de nuestra dependencia del Señor, que declaró: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9). La Palabra de Dios dice: «No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas. Más bien, alábese en esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy el Señor» (Jeremías 9:23,24). A los seguidores de Cristo se nos insta a transmitir Su amor a los demás, proclamar nuestra fe en Jesús como única esperanza de salvación y pregonar que Él 5
es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). Podemos dar testimonio de nuestra fe y dar a conocer el amor de Dios aun cuando nos sintamos incapaces, sabiendo que el apóstol Pablo dijo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13). Si de veras crees en algo hablas de ello, quieres hacérselo saber a los demás y ¡haces alarde de ello! Si profesas lealtad a un equipo deportivo o a un partido político, hablas de él. Si gozas de tu trabajo y estás convencido de él, lo afirmarás. Así también, si amas a Jesús y crees en Él, hablarás de Él. Jesús lo demostró cuando dijo: «Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón» (Mateo 6:21). Ahora bien, si te sientes un poco inseguro o incapaz de comunicar Su amor y Su verdad a otras personas, cobra ánimo y sigue el ejemplo de los discípulos de la iglesia primitiva. Luego que las autoridades religiosas les ordenaran dejar de proclamar a Jesús, imploraron: «Señor, concede a tus siervos que hablen tu palabra con toda valentía». Confesaron sus flaquezas y temores y clamaron a Dios pidiendo auxilio. Él les respondió así: «Y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valentía» (Hechos 4:29–31). Puede que no tengas vocación para teólogo, pastor o dirigente cristiano, pero cada uno de nosotros sí tiene la posibilidad de glorificar al Señor manifestando Su amor
y verdad al prójimo y dando ejemplo vivo de nuestra fe en todo aspecto de nuestra vida. Cada vez que damos a conocer la fe o entregamos un folleto del evangelio a alguien, cumplimos con el llamado de ser embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20). Aunque no articulemos otra cosa que un Dios te bendiga, recordamos a la gente que Dios existe y es soberano. Cada vez que obsequiamos una palabra de consuelo, que ayudamos a una persona necesitada, que nos mostramos comprensivos con quien está estresado o preocupado, que ofrecemos una oración y nos brindamos a los demás, cumplimos Su mandamiento de amar a nuestros semejantes y servirlos con amor (Gálatas 5:13–14). Se nos convocó a correr una carrera trazada para nosotros por el Señor. Esa carrera que tenemos por delante debemos correrla con perseverancia, siguiendo fielmente al Señor como sea y adonde sea que nos haya llamado. La única manera en que podemos tener el aguante necesario para correr y terminar esa carrera es «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Nos urge, pues, fijar la vista firmemente en el Señor y considerar todo lo que Él soportó para adquirir nuestra salvación a fin de que no decaiga nuestro ánimo ni el desaliento se apodere de nosotros (Hebreos 12:2,3). Procura andar al unísono con la voluntad de Dios cumpliendo la razón que Él tiene para tu existencia, y un día lo oirás decir: «Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:21). Que Dios te bendiga mientras continúas guardando la fe, avanzando en la carrera y peleando la buena batalla de la fe, con tus ojos puestos fijamente en Jesús (Hebreos 12:2). Adaptación de un artículo de Tesoros, publicado por la Familia Internacional. ■
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Renovar mi perspectiva Marie Alvero
Estoy leyendo la Biblia y algo que siempre me llama la atención son todos esos relatos del Antiguo Testamento que muestran que Dios tenía un plan mayúsculo: José, Ester, David, Abraham, Moisés, Isaac, Noé y tantos otros. A medida que recorremos aquellas páginas vemos la historia en su totalidad; y al final de la misma cobran sentido las pruebas, las pérdidas y las dificultades. No creo que mi vida se parezca a la de ninguno de esos «grandes personajes de la Biblia». Probablemente la tuya tampoco. La historia de mi vida no tiene nada de espectacular. Pero claro, tampoco me vendieron como esclava ni me casé con un rey. La mayor parte de mi vida es sencilla y corriente. Soy una esposa y madre corriente que cría a unos hijos corrientes en una casa corriente, con unos ingresos corrientes y sin resultados que merezca la pena contar. A veces eso me llevó a preguntarme si estoy cumpliendo mi razón de ser en la vida. ¿Estoy haciendo la voluntad de Dios? ¿Es esto lo que Él quiere de mí? ¿Estoy dando los frutos que debo? ¿Cómo sé que estoy cumpliendo Su voluntad cuando nada de lo que hago parece conducir a algo evidentemente importante? Me resultó útil leer los pasajes de las Escrituras que hablan de la voluntad de Dios. «No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2). «Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18). «¡Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti el Señor?
Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios» (Miqueas 6:8). «El Dios de paz… los haga aptos en todo lo bueno para hacer su voluntad, haciendo él en nosotros lo que es agradable delante de él por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (Hebreos 13:20,21). ¡Lo que más me llama la atención de esos versículos es algo realmente genial! • Lo central es mi alma, no mis logros. • No depende de mi facultad o capacidad; se trata de dejar que Dios cumpla Su voluntad en mi corazón y en mi vida. • Todo lo demás surge de un corazón fiel. A veces necesito renovar mi perspectiva para estar en sintonía con lo que es importante a los ojos de Dios. Necesito reajustar mi corazón para seguirlo. Espero que esto te sea de ayuda a ti también. Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE.UU. ■
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Un pequeño triángulo
Amy Joy Mizrany
No puedo evitar sonreír
cuando oigo a alguien que dice: «¡Ay, el único instrumento musical que toco yo es el triángulo!» Generalmente se dice eso con la intención de informar a los oyentes de las pocas cualidades musicales que tiene esa persona, cuando en realidad tocar bien el triángulo puede llegar a ser bastante difícil. Claro que no es una de esas maestrías que causan sensación y desde luego es mucho menos intrincado que tocar una cantidad de otros instrumentos; pero sí tiene diversos tonos y suele 8
estar ligado a ritmos importantes y calculado con precisión para sonar en el momento exacto. Fue cómico cómo aprendí el valor del triángulo. Resultó que una de las piezas musicales de nuestro conjunto requería el toque de un triángulo en unos pocos momentos muy oportunos a lo largo de la composición. Siendo que todos los músicos ya estaban ocupados tocando sus respectivos instrumentos, reclutamos al hermano de alguien para que cumpliera la función de dar el golpecito al pequeño triángulo en los momentos indicados. Pensando que este no era un instrumento de verdad, ni se nos ocurrió que fuera a salir mal y no le dimos mayor importancia. Ensayamos sin el triángulo casi todas las veces, porque el hermano estaba ocupado y no le dimos mucha relevancia a la parte que le correspondía. Entonces, unos días antes del concierto, lo llamamos para hacer uno o dos ensayos. Fue ahí que nos dimos cuenta de que habíamos cometido un grave error.
Si bien era una persona muy tratable, no sabía escuchar muy bien. Por mucho que le explicáramos, le dibujáramos diagramas o le demostráramos lo que debía hacer, la memoria como que le fallaba y no seguía las instrucciones que le dábamos. Por lo visto aplicaba a rajatabla el versículo: «Todo lo que te venga a la mano para hacer, hazlo con empeño» (Eclesiastés 9:10). Pero como el verso desafortunadamente no llega a decir «hazlo con precisión», trataba el tema de la sincronización como una simple sugerencia, y con entusiasmo tañía y repicaba ese triángulo metálico cuando le daba la gana. Luego de muchos arranques y frenazos, nos dimos una pausa. La verdad es que todos estábamos ya medio choqueados por el giro que había dado la situación. Por más que quisiéramos ser los grandes protagonistas ese día, fuimos cayendo en cuenta de que ese pequeño y elemental instrumento de percusión fácilmente podía opacar la parte que desempeñábamos cada uno. Entonces, en lugar de ser un pequeño elemento suplementario, el triángulo se convirtió en el foco de atención y se hizo perentorio que las pocas veces que sonara ese tilín tilín se hiciera correctamente. Reanudamos los ensayos tomando plenamente conciencia de esto. Sin embargo, el encargado mismo de tocar el triángulo todavía no entendía su función. Y por mucho que el director de orquesta, los otros músicos y su hermana le recalcaran la importancia del papel que interpretaba, mantuvo su jovialidad, pero completamente ajeno a lo que pasaba. Entre su negativa a aceptar la importancia de la parte que tenía asignada y nuestros continuos esfuerzos por mantener el compás, el resto del ensayo quedó desdibujado en mi memoria. Lo que sí recuerdo perfectamente fueron esos primeros intentos y la clara lección que aprendimos: el triángulo, por pequeño, simple y nada espectacular que sea, tiene su importancia. Todo el rollo se generó porque supusimos que no lo era. Pensamos que porque no representaba la parte más grande y gloriosa, era de valor inferior. Es un error creer que cuanto más grandiosa o exigente es una tarea más importante es. Los pequeños quehaceres, y la gente y cosas sencillas, son siempre lo que hace andar el mundo. El triángulo no es un instrumento difícil de tocar. No es nada imponente tampoco. Por lo general no interviene en partes muy complejas o enrevesadas. Aun así, no deja de ser importante. En resumen, las cosas sencillas sí tienen importancia, trátese de un triángulo o de quien lo toca, de un bienhumorado conserje, de una amigable cajera, de una cariñosa profesora de párvulos, de un avezado obrero de la construcción o de cualquiera que desempeñe roles de poco lustre que no son noticia en los medios ni tendencia en las redes sociales, pero que sí son valorados por un Dios amoroso que todo lo ve. ¡Toda esa gente, todos esos oficios, roles y papeles son importantes para Él! Y debieran serlo también para nosotros. Amy Joy Mizrany se dedica a labores misioneras en Sudáfrica con la organización Helping Hand. En su tiempo libre enseña el violín. ■
Las cosas grandes se logran por la unión de una serie de pequeñas cosas. Vincent van Gogh Si no puedes hacer cosas grandes, haz pequeñas cosas con grandeza. Napoleon Hill Sé fiel en las pequeñeces, ya que en ellas reside tu fortaleza. Madre Teresa Persiste en lo grande y en la conquista del mundo, pero sé aplicado también en lo pequeño, pues acuérdate que las cosas pequeñas, del tamaño de una semilla de mostaza, a la postre son las que mueven montañas. Cory Booker Pequeñeces Julia A. F. Carney Pequeñas gotas de agua, ínfimos granos de arena, hacen el imponente océano y la placentera tierra. Así los pequeños momentos, a pesar de su brevedad, conforman las colosales eras de la eternidad. También nuestros pequeños errores apartan y alejan el alma de los caminos de la virtud y la desvían por senda falsa. Pequeñas obras de bondad, pequeñas palabras de amor, hacen más feliz nuestra tierra, como la quiere nuestro Hacedor. 9
ABRAZAR LA FE EN CADA ETAPA DE LA VIDA G.L. Ellens
«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora» (Eclesiastés 3:1). Esas palabras nos recuerdan que la vida transcurre en etapas, cada una con sus propias alegrías, exigencias y oportunidades para confiar en Dios. Ya si somos jóvenes llenos de sueños y andamos lidiando con las presiones de la mediana edad, o ya si nos estamos adaptando a un ritmo más sosegado en la vejez, Dios no deja de obrar: reordena nuestras prioridades, nuestra vocación y relaciones para que se ajusten a Su plan perfecto. Hace años, cuando criaba a cinco niños de entre uno y siete años, andaba atareada desde el amanecer hasta el anochecer. Recuerdo que oraba en momentos de prisa entre lavadoras y comidas de los niños. La vida parecía un constante juego de equilibrismo. Aun así, en aquella etapa sentí la presencia de Dios en medio de todo ese ajetreo. Él me fortaleció, me guio y dio sentido hasta a las tareas más simples. Cuando los niños crecieron, nuestra familia se mudó a Tailandia, donde impartí clases de inglés en la Real Academia Militar Tailandesa mientras ellos terminaban el bachillerato. Las largas horas de viaje en autobús me daban la oportunidad de leer y meditar en la Palabra de Dios, algo que agradecía profundamente. Ahora que me encuentro en una etapa diferente —la de madre sin hijos en casa, ya que todos se han ido, se graduaron de la universidad y se casaron—, me doy cuenta de que mi vocación ha vuelto a cambiar. Ya no tengo que estar atrás de niños pequeños ni preparando clases. En cambio, Dios me invitó a profundizar en mi tiempo con Él, lo que me ayuda a ofrecer orientación a los 10
jóvenes y a conducir a otros al Señor. Al principio me costó aceptar ese reajuste. Echaba de menos la emoción y el trajín de mis funciones anteriores. Pero con el tiempo me di cuenta de que así como mi situación había variado, así también había variado la forma en que Dios quería servirse de mí. Aunque nuestras capacidades y circunstancias pueden cambiar, la naturaleza divina sigue siendo la misma. Hebreos 13:8 dice: «¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos!» Cuando cambia el papel que debemos desempeñar y nuestra identidad se ve incierta, siempre podemos confiar en Su amor inquebrantable. Abrazar la fe en cada etapa de la vida significa confiar en que Dios sigue actuando, aun cuando nuestros días
Es interesante cómo los ritmos cíclicos de la naturaleza parecen recordarnos constantemente que siempre hay ESPERANZA… aun durante los inviernos más fríos y oscuros de la vida… el sol siempre está ahí. ¡Y trae consigo nueva vida, nuevo crecimiento y una perspectiva fresca! AshRawArt Me gusta el invierno tanto como el verano. Me encantan el otoño y la primavera. Cada estación tiene su propio encanto. Anoir Ou-Chad Si aún no has aceptado a Jesús como Salvador, hazlo ahora rezando la siguiente oración: Jesús, creo de verdad que eres el Hijo de Dios y que moriste en la cruz por mí para que, gracias a Tu sacrificio, pueda vivir eternamente contigo en el Cielo. Te pido que perdones mis pecados. Te abro la puerta de mi corazón. Te ruego que me llenes de Tu Espíritu Santo y me ayudes a vivir de manera que te glorifique. Encauza mi vida y ayúdame a seguirte. Te lo pido en tu nombre. Amén.
parecen distintos. A Él no le sorprende que nuestro cuerpo envejezca, que nos falte energía o que nuestros planes se alteren. Él posee una visión global y nos guía con amor, paso a paso. A veces, aceptar una nueva etapa significa adentrarse en algo desconocido. Hace unos años una querida amiga me invitó a dirigir un pequeño grupo de estudio bíblico. Me sentía poco preparada y sin confianza en mí misma, pero percibí que el Señor me impulsaba a decirle que sí. Ese simple acto de obediencia me abrió puertas que nunca hubiera imaginado, permitiéndome llevar palabras de aliento a otras personas y a la vez, crecer en mi propia fe. Dios no desaprovecha ninguna etapa de nuestra vida. Si bien lo que tengamos para ofrecer pueda cambiar,
darle el «sí» a Él sigue siendo importante. Ya sea que nos dediquemos a la enseñanza, a la oración o a escuchar y servir a los demás, podemos estar seguros de que nuestra obediencia marca una diferencia eterna. En definitiva, abrazar el plan de Dios en cada etapa de la vida significa vivir con las manos abiertas. Debemos estar dispuestos a soltar lo que queda atrás y a recibir lo que nos espera. Significa preguntarnos cada día: «Señor, ¿qué me invitas a hacer hoy?» y seguirlo, aun cuando el camino que tenemos por delante nos resulte desconocido. Cada etapa —ya sea plena de actividad o marcada por el descanso— es una invitación divina a caminar cerca de Jesús. Puede que nuestros roles cambien, pero Su amor permanece inalterable. Y al confiar en Él hallamos sentido, paz y alegría, cualquiera que sea la etapa de la vida en que nos encontremos. G.L. Ellens ha sido misionera en el Sureste Asiático desde hace cuatro décadas. Realiza voluntariado con niños menesterosos y ha venido explorando su veta de escritora. ■ 11
VIAJANDO EN TRANSPORTE PÚBLICO Josephine Kind
Viajo bastante en tren, autobús y otros medios
de transporte público. Siempre lo he disfrutado, pues me da la oportunidad de leer, reflexionar y escribir. Además me encanta contemplar la belleza de la creación de Dios. Lo único de lo que tengo que preocuparme es de bajarme en la parada correspondiente. El resto del tiempo lo aprovecho para escribir artículos y hasta capítulos de mi libro, o para investigar. También suelo tomarme tiempo para orar por las personas o escribirles una nota. Viajar en transporte público permite observar a estudiantes, turistas y gente que viaja por trabajo. Es fácil identificar a quienes van regularmente al trabajo: se saben el camino de memoria y nada les resulta nuevo. Muchos aprovechan el trayecto para dormir. Los turistas van cámara en mano. Si están despiertos, a los estudiantes les encanta charlar o están ocupados estudiando. Los padres que viajan con bebés o niños pequeños se afanan por ver que no molesten a nadie. Se alegran cuando les echo una mano entreteniendo a sus pequeños. Una cosa es segura: Jesús ama a todo este conjunto variopinto y colorido de la humanidad que viaja por el camino de la vida. Y me invita a que yo también ame a esa gente. De vez en cuando trabo conversaciones con mis compañeros de viaje; a veces son simples charlas triviales, en otros casos, intercambios muy profundos. En cierta ocasión, en una parada de autobús, hablé con un joven que evidentemente libraba una batalla contra las adicciones, tal y como admitió con sinceridad durante nuestra conversación. Por un momento sentí como si fuera mi hijo, alguien que necesitaba apoyo y amistad. Intercambiamos números de teléfono y unos minutos después de que se marchara, me llamó diciendo: «Solo quería saber si eras de carne y hueso o una de mis alucinaciones. Muy poca gente se toma el tiempo de escuchar y demostrar cariño a un desconocido».
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Se me presentan muchas oportunidades de ayudar a personas que necesitan indicaciones, una mano con el equipaje o simplemente una sonrisa. Una vez le presté mi teléfono a una señora. Tenía que acordar con su hija para que la recogiera, pero se le había agotado la batería del móvil y entró en pánico, ya que estaba muy cansada y había viajado desde muy lejos. Una vez que se solucionó todo con su hija, acabamos almorzando juntas y fue como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo. Sé que a algunas personas no les gusta viajar en transporte público, así que espero que estas reflexiones te animen y te motiven la próxima vez que lo hagas. Josephine Kind ha participado activamente durante las últimas tres décadas en labores humanitarias en países del sur de Europa. ■
NUESTRO LLAMAMIENTO Christian Sergei
En calidad de seguidores de Cristo, no
somos de este mundo (Juan 15:19). Nuestro llamado consiste en «ser modelados conforme a la imagen de su Hijo» (Romanos 8:29 rvr1977). «Transfórmense —prosigue más adelante el apóstol— por la renovación de su entendimiento» (Romanos 12:2) y «vístanse del Señor Jesucristo» (Romanos 13:14) a fin de que la naturaleza divina se incorpore a la nuestra. «Porque Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el hacer para cumplir su buena voluntad» (Filipenses 2:13). Ya morimos a la antigua vida y renacimos a la nueva. Somos los hijos renacidos de Dios, adoptados por Él, herederos del reino. ¡Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— habita en nuestros corazones!1 También se nos llama a rescatar almas del dominio de las tinieblas y ayudarlas a abrir los ojos a la verdad, de modo que lleguen a experimentar el gran amor y perdón y la auténtica libertad espiritual que nos brinda Dios. Jesús nos contempla a cada uno. Cada persona fue creada y es amada por nuestro Padre celestial, que hace salir Su sol sobre buenos y malos (Mateo 5:45). Envió Su hijo para todo el mundo; a todos nos ama. Hemos nacido de nuevo por gracia y somos partícipes de Sus designios,
entre ellos: «El Espíritu del SeñoS Dios está sobre mí, para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la cárcel» (Isaías 61:1). ¿Quiénes son esos cautivos? ¿Podría ser que abarque también a los atrapados en los dominios de las tinieblas? Por una parte, no debemos aprobar, pasar por alto o subestimar la maldad de quienes la cometen; por otra, se nos encargó la misión de llevar el evangelio de la gracia a los perdidos, independientemente de lo que sean o de lo que hayan hecho. «Porque la gracia salvadora de Dios se ha manifestado a todos los hombres» (Tito 2:11). «Yo no vine para juzgar al mundo sino para salvar al mundo» (Juan 12:47). Nuestro Rey nos tiene aquí para que seamos Sus pacificadores. No nos distraigamos ni nos enredemos con los asuntos de este mundo; ocupemos más bien «la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:2). Andemos «como hijos de luz» (Efesios 5:8), como hijos de Dios. «El pueblo que moraba en tinieblas vio una gran luz. A los que moraban en región y sombra de muerte, la luz les amaneció» (Mateo 4:16).
1. Véanse Romanos 6:6; Juan 1:12; 2 Corintios 5:17; Romanos 8:17.
Christian Sergei es profesor en Rumania. ■ 13
PARA DIOS LA
PERFECCIÓN ES… Simon Bishop
Últimamente he cavilado bastante sobre el proceso de crecimiento y quería compartir algunas de mis ideas con ustedes. Jesús dijo: «Sean, pues, ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto» (Mateo 5:48). Esto siempre me ha resultado desconcertante, ya que hasta en mis mejores momentos nunca me consideré ni
remotamente perfecto ni conocí a nadie que lo fuera. El término «perfecto» que se utiliza en muchas traducciones de la Biblia proviene de la palabra griega teleios, que tiene estas definiciones: (a) cabal en todas sus partes, (b) plenamente desarrollado, en la plenitud de la edad. Así pues, otra forma de definir «perfecto» podría ser «acabado», «equilibrado» o «maduro». Enseguida otros dos versículos en los que se utiliza el término «perfecto» para describir a alguien: «Todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, este es hombre cabal, capaz también de frenar al cuerpo entero» (Santiago 3:2). Santiago continúa diciendo que una persona madura es la que ha aprendido a medir sus palabras. «Le dijo Jesús: —Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; 14
y ven, sígueme» (Mateo 19:21). Jesús expresa aquí que el hombre a quien se dirigía tenía que aprender a dar más importancia a seguirlo a Él que a sus bienes materiales. Si bien la Biblia compara el inicio de nuestra relación con Dios con un renacimiento espiritual, o con el hecho de «nacer de nuevo», hay muchos versículos que revelan que, una vez que nos acercamos a Cristo, debemos dar prioridad a madurar, a parecernos más a Jesús. Pablo le dijo a su joven discípulo Timoteo: «Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor» (2 Timoteo 2:22). También manifestó: «Hermanos, no sean niños en el entendimiento… pero hombres maduros en el entendimiento» (1 Corintios 14:20). Al expresar Jesús que debíamos ser perfectos, acababa de hablar de amar a nuestros enemigos, de no tratar mal a las personas por la opinión que tengamos de ellas, sino de ser amables con todos. Eso también es muestra de madurez. En resumen, se podría decir que la idea que Dios tiene de la perfección, en lo que respecta a nosotros Sus hijos, es aprender a ser amorosos, pacientes, comprensivos, maduros en nuestras palabras y pensamientos, preocupados por las necesidades ajenas y, sobre todo, vivir de manera que manifestemos el amor de Jesús a los demás. Ruego para que cada uno de nosotros siga la luz de Dios en nuestro camino de la vida, hasta el momento en que lo veamos cara a cara. Simon Bishop realiza obras misioneras y humanitarias en las Filipinas. ■
HALLAR LA VOLUNTAD DE DIOS
5 pasos para descubrir el plan divino para tu vida Lilia Potters
En una reflexión espiritual que leí reciente-
mente se explicaba que lo más importante que debemos tener en cuenta a la hora de tomar decisiones es que nuestros planes estén en consonancia con la voluntad de Dios. Pero, ¿cómo podemos descubrir cuál es esa voluntad para nuestra vida? He aquí cinco pasos que pueden ayudarte: 1. Sométete a la voluntad de Dios. Empieza por concluir que lo que más deseas es que se cumpla la voluntad de Dios para ti. Confía en que Su plan es lo mejor para ti y para quienes se ven afectados por tus decisiones. Ese rendirse a Su voluntad es la base para encontrar Su orientación. «Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas» (Proverbios 3:5,6). 2. Dedica tiempo a orar. La oración te ayuda a aquietar tu mente y tu corazón ante el Señor y a reconocer que necesitas Su guía. Cuando te acercas a Él con humildad en oración te pones en situación de escuchar Sus consejos. «Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídala a Dios —quien da a todos con liberalidad y sin reprochar— y le será dada» (Santiago 1:5). 3. Lee la Biblia. La Palabra de Dios te ayudará a comprender el designio que Él tiene para tu vida. Pídele que te lleve a leer los pasajes de la Escritura que te iluminen el camino y te confirmen la dirección que Él quiere que sigas.
«Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105). 4. Conversa con otras personas. Pide consejo a gente espiritualmente madura que sea de tu confianza. Platicar con ellas sobre tu situación puede aportarte una nueva perspectiva. Su conocimiento y experiencia pueden ayudarte a discernir el plan de Dios. «Donde no hay consulta los planes se frustran, pero con multitud de consejeros se realizan» (Proverbios 15:22). 5. Ten en cuenta tus circunstancias. Dios suele hablar por medio de ellas, abriendo y cerrando puertas para guiarnos. Presta atención a las oportunidades o los obstáculos que te rodean y define de qué modo pueden indicarte cuál es Su voluntad. «Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito» (Romanos 8:28 nbla). Aunque tomar decisiones puede resultar difícil, cuando entregamos a Dios nuestros deseos personales y buscamos sinceramente Su voluntad, podemos confiar en Su guía y en que el desenlace será bueno. Los pensamientos de Dios para con nosotros son siempre buenos, y Sus planes son para nuestro bien supremo. «“Porque yo sé los planes que tengo acerca de ustedes”, dice el Señor, “planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza”» (Jeremías 29:11). Lilia Potters es escritora y especialista titulada en recursos para el autismo. Vive en los Estados Unidos. ■ 15
De Jesús, con cariño
Establecer prioridades Siendo realista, a menudo te encontrarás con que en la vida hay más que hacer de lo que eres capaz. Siempre habrá algo que quedará en el tintero y siempre habrá más cosas que desearías poder hacer. Para evitar el estrés, producto de lo que no puedes hacer enseguida, el punto de partida es asegurarte de que tus prioridades estén bien definidas. Eso te da la certeza de que te concentras en lo más importante: lo que dará frutos duraderos (Juan 15:16). Un primer paso para determinar tus prioridades es acudir a Mí en oración; tráeme todas tus inquietudes, preguntas y preocupaciones, y pídeme que te dirija y te guíe (1 Pedro 5:7). Te prometí Mi paz, una paz que no es como la del mundo (Juan 14:27) ni la que se obtiene simplemente al alcanzar tus metas o tachar tareas de tu lista de cosas pendientes. Mi paz guiará tu corazón y tu mente (Filipenses 4:7). Cuando caminaba sobre la tierra, siempre me veía rodeado por la multitud y sus enormes necesidades; no obstante, dedicaba tiempo a la oración, a veces noches enteras, buscando la voluntad y la sugerencia de mi Padre. Cuando la presión de todo lo que tienes que hacer te resulte abrumadora, acude a Mí con tus cargas y déjalas ante Mí. Yo te daré el descanso, la guía y la paz que necesitas para cada día. Recuerda: Mi yugo es fácil y mi carga es ligera (Mateo 11:28–30).