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Conéctate, enero de 2026: Empezar de nuevo

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CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA

Año 27 • Número 1

PROMESA DE AÑO NUEVO Su constante presencia

Dejar atrás el pasado Borrón y cuenta nueva

Ver presente a Dios en el futuro Despreocúpate


Año 27, número 1

A N UE ST RO S A M I G O S paz en la tormenta ¿Qué me deparará el nuevo año? ¿Podré capear los temporales, las presiones? ¿Tengo las herramientas para realizar los cambios que sean necesarios? ¿Me vendrá una pelota envenenada que no podré atajar? ¿Lograré sostenerme aunque todo vaya cuesta abajo? Tal vez esos y otros pensamientos fugaces se te pasen por la cabeza en estos días como me sucede a mí a veces. He aprendido a contrarrestarlos con las promesas de la Palabra de Dios capaces de tornar el derrotismo en optimismo y la angustia en esperanza. Me apoyo en Dios, deposito mi confianza en Su Palabra y opto por encarar el futuro con fe. Con todo y con eso, el año pasado me opuso un obstáculo monumental, comparable con nada que hubiera experimentado antes. Sufrí una disección aórtica que casi me da pasaporte a la otra vida. La gracia sanadora de Dios y Su paz trascendente fueron la clave para superar el insospechado episodio. Los médicos se sorprendieron de que hubiera sobrevivido, particularmente porque al principio tuve un diagnóstico equivocado que me impidió recibir la atención urgente que necesitaba. Más adelante me enteré de que mucha gente que padece esta afección ni siquiera llega al hospital a tiempo. En mi caso, Dios me guardó milagrosamente hasta arribar por fin a la mesa de operaciones. Para mi esposa y para mí la sensación prevalente a lo largo de todo el trance no fue de desesperación ni de ansiedad, sino de paz, fruto de la gracia sobrenatural que solo Dios nos puede brindar. Hasta el cirujano que me operó notó la paz que me rodeaba. Probablemente han oído alguna vez la expresión paz en la tormenta o la máxima del Antiguo Testamento: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado» (Isaías 26:3). Jesús dijo: «La paz les dejo, mi paz les doy. No como el mundo la da yo se la doy a ustedes. No se turbe su corazón ni tenga miedo» (Juan 14:27). Estas son promesas que Dios nos ha hecho, válidas para cualquier circunstancia que se nos pueda presentar este año. Quizá algunas de ellas pongan a prueba tu fe, tu persistencia y parezcan insalvables. No te inquietes. Deposita toda tu confianza en el Señor, invócalo de todo corazón y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará tu corazón y tu pensamiento (Filipenses 4:6,7). Que la paz y la gracia de Dios los guarde a lo largo de todo el año entra.

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Gabriel y Sally García Redacción 2

Publicaciones/Editorial Mundo Hispano. Utilizados con permiso.


¿SEGURO O SEGURIDAD? Rose Conn

Al aproximarse el cierre del año pasado

todavía estaba lidiando con muchas complicaciones y preocupaciones que desde algún tiempo me provocaban inseguridad. En ese momento me topé con un artículo en inglés acerca de la diferencia entre insurance y assurance. Insurance es un seguro, un contrato a largo plazo que garantiza que el asegurado recibirá una indemnización en caso de daño o pérdida. En cambio, assurance es algo que ofrece confianza o que da seguridad o certeza. Eso me llevó a reflexionar: ¿Es Dios mi seguro, mi póliza, o quien me ofrece confianza y seguridad ante la duda? La presencia de Dios en nuestra vida es en cierta forma un seguro. Sabemos que, pase lo que pase, Él estará con nosotros y nos bendecirá por haber confiado en Él. «Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte ni la vida ni ángeles ni principados ni lo presente ni lo porvenir ni poderes ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Romanos 8:38,39). «Sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien» (Romanos 8:28 lbla). Por otra parte, en mi vida cotidiana, sobre todo cuando me enfrento a una decisión o a una situación de apuro, lo que quiero y necesito aún más es algo que me ofrezca confianza y seguridad. Dios también nos da eso. Promete

enseñarnos el camino (Salmo 32:8), suplir todo lo que nos falte (Filipenses 4:19) y concedernos gracia y fortaleza en tiempos difíciles (2 Corintios 12:9). Además nos infunde tranquilidad asegurándonos que: «Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé» (Hebreos 13:5), lo cual es válido en las circunstancias inmediatas como también a perpetuidad. La vida es una sucesión de exigentes pruebas y decisiones. Cuando centramos nuestra atención en lo incierto, nos paralizamos. En cambio, si le presentamos a Dios nuestros problemas y acudimos a Él al momento de tomar decisiones, la confianza y seguridad que Él nos ofrece nos brinda paz y nos indica el camino que debemos seguir. «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídala a Dios […] y le será dada» (Santiago 1:5). «Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar» (Proverbios 3:5,6 ntv). ¿Quién sabe qué nos deparará este año? Probablemente una combinación de sorpresas, éxitos, fracasos y algunas noches de insomnio. Pero en todas esas circunstancias Dios desea ser nuestro seguro a largo plazo y a la vez nuestra tranquilidad y confianza en el día a día. Rose Conn es gestora de proyectos de comercio y diseño en Internet. ■ 3


PROMESA DE AÑO NUEVO: SU CONSTANTE PRESENCIA Maria Fontaine

A medida que pasamos la página del año que termina y nos embarcamos en el año

nuevo —con todo lo que promete y las esperanzas que lleva aparejadas, como también sus incertidumbres e incógnitas—, si algo podemos prever es que experimentaremos cambios. Nuestro mundo atraviesa un período de transformaciones monumentales como nunca antes se habían visto, en los ámbitos tecnológico, económico, religioso, político, empresarial y medioambiental. Las consecuencias de estas transformaciones se hacen evidentes en múltiples puntos de confluencia, que

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incluyen gobiernos, organizaciones, empresas y la vida de las familias y de personas particulares. Si bien el principio de un nuevo año puede ser un momento en que nos detenemos a reflexionar y hacer inventario de los cambios que han tenido lugar el pasado año, la verdad es que los cambios afectan continuamente todas las esferas de la sociedad. Ni la vida ni el mundo que nos rodea permanecen estáticos. Por eso, una cosa de la que podemos estar seguros mientras nos proyectamos al año tenemos por delante es que habrá cambios, de los cuales no están exentas nuestra vida y circunstancias.


La Biblia nos garantiza que habrá mudanza y variación a medida que pasamos por las distintas etapas de la vida. Dice: «Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo». Seguidamente este pasaje enumera algunas de las muchas vicisitudes que la gente enfrenta en la vida, entre ellas tiempos de guerra y tiempos de paz, tiempo para construir y tiempo para derribar, tiempo para hacer duelo y tiempo para hacer fiesta. Luego el autor sorpresivamente remata diciendo que «Dios hizo todo hermoso en su tiempo» (Eclesiastés 3:1,2, 11 nvi). ¿Cómo afrontamos los cristianos los cambios que inevitablemente se producirán y, lo que es más, cómo encontramos lo bello y primoroso en ello? Puede que los cambios se nos presenten a modo de nuevas oportunidades para la labor y misión cristiana o el servicio al prójimo. Quizá nos llegue una mejor oferta de trabajo o tengamos posibilidad de crear una nueva fundación o negocio, estudiar algo nuevo o entablar nuevas relaciones interpersonales. Otras novedades pueden plantearnos dificultades, como la pérdida de un empleo, de un ser querido o el quiebre de una relación, apuros económicos imprevistos o la obligación de mudarse y empezar de nuevo. Muchos —desde dirigentes religiosos hasta gurúes de la productividad, desde asesores personales hasta figuras de la política— proponen que la mejor manera de abordar los cambios es enfocarse en los posibles beneficios que acarrean y hacen hincapié en las virtudes de la flexibilidad, la adaptabilidad y la resiliencia. Enfocarnos en las ventajas que reportan los cambios, aunque estas no siempre sean evidentes de buenas a primeras, indudablemente rima con la promesa bíblica: «Sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito» (Romanos 8:28 lbla).

Muchos de los beneficios que podemos obtener de los cambios y alteraciones que se nos presentan en la vida dependen de la actitud con que los afrontemos y de si decidimos adaptarnos a ellos e incluso acogerlos. Nuestra actitud es un factor clave. Puede determinar si sorteamos exitosamente los sobresaltos que nos depara la vida a pesar de las dificultades que conlleven o si nos dejamos vencer por el desaliento o la desesperación. Confiar en el fiel amor de Dios y saber que Su presencia está siempre con nosotros es factor clave para lidiar con los cambios que enfrentaremos a lo largo de la vida. Tener fe para confiar en que aun las cosas penosas pueden redundar en cosas buenas puede ser difícil de digerir. Yo, sin embargo, he descubierto que cuando acepto ese reto se me hace mucho más fácil afrontar con tranquilidad y paz cualquier cambio inesperado que se me cruce en el camino. A veces Dios no puede obrar en nuestra vida el bien que desea si no atravesamos primero algunas situaciones tempestuosas. Por eso, si tienes la sensación de que estás en medio de una marejada, confía en Él y ten fe de que está contigo y nunca te dejará ni te abandonará (Hebreos 13:5). Siendo Él tu Padre celestial no desea sino lo mejor de lo mejor para ti, Su amado hijo, Su amada hija. Dios te compró por un precio, el más alto que podamos imaginar, la muerte de Su propio Hijo. Ahora, pues, eres Su templo y el Espíritu Santo mora en ti (1 Corintios 6:19,20). Independientemente de los cambios o pruebas que enfrentemos, la Palabra de Dios y nuestra relación con el Señor son los factores inmutables de nuestra vida de cristianos. Todo lo demás en nuestra realidad puede trastocarse —nuestras circunstancias, estado de salud, relaciones, hogar, empleos, país de residencia, labor cristiana—, pero Su Palabra nunca varía, nunca deja de guiarnos y ser una constante en nuestra vida. La Palabra

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119:130). Estos son principios eternos. Por eso, un buen propósito para hacerse este año nuevo es seguir fortaleciéndote y afirmando tu fe mediante la lectura y el estudio de Su Palabra, además de recibir Su inspiración, instrucción y guía para tu vida personal y relación con Él. A medida que ponemos en Sus seguras y cuidadosas manos los cambios y empresas difíciles que enfrentaremos este año podemos confiar en que Él nos ayudará a sortear cualquier obstáculo que se nos presente y capear cualquier tormenta que asome en el horizonte. Podemos refrescarnos la memoria recordando las «preciosas y grandísimas promesas» (2 Pedro 1:4) que nos ha hecho en Su Palabra. Dios vela por nosotros cada momento de cada día. Conoce cada pensamiento que se nos pasa por la cabeza y cada deseo que albergamos en el corazón, y siempre responde a nuestras oraciones tal y como Él sabe que más conviene y que propiciará el cumplimiento de Su voluntad en nuestra vida.

de Dios es nuestro contrapeso espiritual, nuestra ancla, nuestra brújula moral y espiritual, nuestra dicha, nuestra paz, nuestra esperanza y nuestro consuelo. Su Palabra es el núcleo de nuestra naturaleza cristiana, Cada año puede ser un año de crecimiento en cuanto a nuestra de nuestras creencias y valores, y relación con Dios, un año de progresos en lo tocante a amar y nos sustenta a través de todas las preocuparse por los demás y dar a conocer las Buenas Nuevas vicisitudes y batallas que encaremos con el ánimo de que otros lleguen a conocerlo y a experimentar alguna vez en la vida. Su amor. Jesús relató cierta parábola a Sus discípulos. No contiene más que dos versículos, pero su Toda la alabanza, la honra y la gloria sean para Aquel mensaje es potente: «El reino de los cielos es semejante que en Su grandeza insondable gobierna el universo con a un comerciante que buscaba perlas finas. Y habiendo sabiduría y justicia, pero que al mismo tiempo, con Su encontrado una perla de gran valor, fue y vendió todo lo amor sublime, vela por cada uno de nosotros individualque tenía, y la compró» (Mateo 13:45,46). Tu vínculo mente. ¡El Dios de nuestra salvación «cada día nos colma con el Señor es un tesoro invaluable, la perla de mayor de beneficios» y de copiosas bendiciones! (Salmo 68:19.) precio, algo de inmenso y eterno valor. Dios te creó y te Por nuestra parte, motivémonos a transmitir el amor y la amó singularmente y tiene un plan y un propósito para ti verdad de Dios a otras personas para que ellas también (Jeremías 29:11). puedan participar de Sus riquezas en gloria. El Señor es tu buen pastor que siempre está contigo y En este nuevo año propongámonos confiar en Él quiere acompañarte en tu recorrido particular de fe (Juan durante cada temporada de la vida, seguir amándolo a Él 10:11). Así pues, aunque ciertas cosas no te queden claras y a los demás con todo nuestro corazón y todas nuestras o te parezcan sin sentido, puedes abrigar la confianza de fuerzas y no cesar de alabarlo por Sus magníficas obras y que el Señor seguirá siendo tu pastor y te conducirá a tierno amor. verdes pastos y aguas de reposo que refrescarán tu alma y te fortalecerán (Salmo 23:1-3). María Fontaine dirige juntamente con su La Biblia enseña que la fe proviene —y crece— al oír esposo, Peter Amsterdam, el movimiento la Palabra de Dios (Romanos 10:17) y que la exposición cristiano La Familia Internacional. Esta es una de Su Palabra imparte luz y da entendimiento (Salmo adaptación del artículo original. ■ 6


LA PIEZA CLAVE DEL ROMPECABEZAS Amy Joy Mizrany

Tengo un extraño rompecabezas en 3D.

Tiene siete bloques hexagonales con seis colores en cada uno, todos en un orden diferente. Se coloca un bloque en el centro y luego se intenta hacer coincidir las demás piezas tanto con el bloque del centro como con las piezas contiguas. Por alguna razón siempre me costó resolver ese rompecabezas. Es muy difícil acertar cuando no sabes por qué bloque empezar. Al intentar resolverlo, a veces me confundía de entrada al colocar los primeros bloques. En otras ocasiones colocaba seis de los bloques, pero terminaba descubriendo —por enésima vez— que el último no encajaba. Aunque huelga decir que aquello me exasperaba, me resultaba mucho más gratificante cuando por fin lo resolvía. De pronto, por pura casualidad —así parecía— coloqué el bloque del medio. Luego probé y giré los demás hasta que el último encajó en su sitio y me quedé mirando con los ojos como platos el rompecabezas ya terminado. ¡Victoria! Ese primer bloque, el del centro, fue la clave del éxito. Una vez que acerté con ese, todas las demás decisiones encajaron. Aunque me costó un poco de ensayo y error, el resultado fue certero. Ahora que sé qué bloque colocar en el centro, el rompecabezas no es difícil de armar. De hecho, es francamente fácil. Solo volvería a tener dificultades para completarlo si olvidara qué pieza va primero. Seguro que la metáfora es clara. Nuestra decisión primordial, aquella sobre la que basamos el resto de

nuestras opciones, tiene que ser acertada —la mejor— si queremos que el resto de nuestras decisiones también lo sean. Cuando ubico a Jesús y Su voluntad en el centro de cualquier rompecabezas que me ofrece la vida, todas las demás piezas encajan en su sitio de forma mucho más natural. Claro que a veces sí toma un poco de tiempo, unas pocas tentativas por hallar la solución y cierta perseverancia; sin embargo, siempre y cuando esa primera decisión se centre en Él, al final todo encaja. Cada vez que me veo obligada a tomar una decisión, si mi principal prioridad es Jesús y la Palabra de Dios, la vida se acomoda mucho mejor. Todo se reduce a dar prioridad a lo más importante: Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente (Mateo 22:37). Amy Joy Mizrany se dedica de lleno a labores misioneras en Sudáfrica con la organización Helping Hand. En su tiempo libre enseña el violin. ■ 7


PERDÓNATE Y PRUEBA OTRA VEZ Marie Knight

Aunque perdonar nunca es fácil, suele suceder que la persona

a la que más nos cuesta perdonar es a nosotros mismos. Es muy fácil recordar todas las veces que cometimos errores y nos decepcionamos a nosotros mismos y a los demás. Al fin y al cabo, ¿quién está al tanto de todos los detalles mejor que nosotros? Lo primero que hay que comprender es que, por más que hayamos cometido un error, ese error no nos identifica. Puede que, en cierto modo, eso haya marcado el camino que ha tomado nuestra vida; no obstante, Dios ha prometido que «para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien» (Romanos 8:28 nbla). Él puede tomar incluso nuestros errores y servirse de ellos para bien, si se lo permitimos. Cuando vivimos en el pasado no podemos avanzar hacia un futuro mejor. El remordimiento y el desprecio a uno mismo son como cadenas que nos atan y nos impiden avanzar y ver a Dios actuar en nuestra realidad. Dios no nos condena por nuestras faltas si nos arrepentimos sinceramente; tampoco debemos hacerlo nosotros. «Tan lejos como está el oriente del occidente así hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» (Salmo 103:12). «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Eso me recuerda uno de mis relatos preferidos de los Evangelios que se encuentra en el capítulo 8 de Juan. Los fariseos llevaron a Jesús a una mujer adúltera para ver si la condenaba según las leyes de Moisés, que ordenaban

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que debía ser apedreada. La respuesta que Jesús les dio fue punzante: «El de ustedes que esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella». Los presentes se fueron yendo de uno en uno, empezando por los más viejos. Cuando todos se hubieron marchado, Jesús dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Y Jesús le contestó con palabras que me infunden esperanza: «Tampoco yo te condeno; vete, y desde ahora no peques más». (V. Juan 8:3–11.) Si tienes tendencia a autocensurarte, recuerda las palabras de Cristo: «Ni yo te condeno». La Biblia dice: «Para siempre es su misericordia» (Salmo 100:5). Deja que Su misericordia te bañe y te limpie de tu culpa, remordimiento y autodesprecio. «Porque de tal manera amó Dios al mundo» (Juan 3:16). Él no solo ama al mundo, sino que te ama a ti personalmente, por imperfecto que seas, y quiere que lleves una vida plena de gozo y sentido en Él. Marie Knight es voluntaria. Se dedica de lleno a labores misioneras en los Estados Unidos. ■


DEJAR ATRÁS EL PASADO Yo me alegro de que cada vez que atravesamos el umbral de un nuevo

el pasado cuando el futuro es tan año ignoremos lo que nos deparará. Me alegro de que no podamos correr el prometedor? «Olvidando lo que velo del tiempo y ver lo que nos aguarda. queda atrás y extendiéndome a lo Lo que sí sabemos es que podemos dejar atrás el pasado, con todas que está por delante, prosigo a la sus preocupaciones e inquietudes, sus penas y desazones, sus errores y meta hacia el premio del supremo tropiezos. Eso me parece estupendo. Todo ello queda por siempre relegado llamamiento de Dios en Cristo Jesús.» al pasado y es inalterable. No nos es posible deshacer un solo acto ni (Filipenses 3:13,14.) desdecir una sola palabra irreflexiva. El nuevo año es una ocasión de Independientemente de cómo haya volver a empezar. sido tu pasado, Jesús puede tornar tan Si has reconocido en Jesús a tu Salvador no tienes por qué cargar con radiante tu futuro que desees que se culpas y remordimientos. Todos los errores, pesares y penas del pasado año eternice; y así será: ¡eterno! Jesús ha prose encuentran en manos de Dios y han quedado cubiertos por Su amor. metido vida eterna y gozo imperecedero Este año que comienza Dios puede darte «una corona en vez de en el Cielo a todos los creen en Él. Si aún cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de alabanza en vez de no has aceptado a Jesús como tu Salvador espíritu de desaliento» (Isaías 61:3 nvi). Puede hacer brotar miel de la puedes hacerlo ahora mismo haciendo peña y agua dulce del amargo desierto del pasado, sin importar cómo sinceramente la siguiente oración: haya sido (Deuteronomio 32:13; Isaías 41:18). Todo eso te promete Jesús, deseo conocerte. Gracias por entregar Él en Su Palabra, si eres Su hijo o Su hija. Tu vida por mí. Te ruego que me perdones Aunque muchas personas afirman creer en la misericordia y todas mis faltas. Te abro la puerta de mi el perdón de Dios, se preocupan por las manchas que hay en las corazón y te invito a entrar. Concédeme el don páginas de su pasado. Nunca se gozan plenamente en el hecho de de la vida eterna y lléname de Tu amor y de Tu que Dios ya las borró (Isaías 43:25). ¿Quién va a querer vivir en Espíritu Santo. Amén. ■ 9


PLANES PARA EL AÑO NUEVO Curtis Peter van Gorder

El Año Nuevo es un buen momento para lim-

piar nuestros prismáticos espirituales y obtener una óptica de lo que nos espera. En África, la expresión Los Cinco Grandes se refiere a los cinco animales más emblemáticos y buscados por la gente que va de safari: el rinoceronte, el elefante, el leopardo, el búfalo y el león. Propongo que en nuestro empeño por lograr un año fructífero nos enfoquemos en las Tres Grandes: planificación, persistencia y las promesas de Dios.

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Planificación Avanzar este año puede significar reevaluar nuestros empeños y volver a empezar. Un amigo carpintero de Japón me contó que le regalaron un ryokan (una posada tradicional de estilo japonés) para crear allí un centro comunitario cristiano. ¡Menudo negocio! Se puso a trabajar con entusiasmo para sustituir la vieja madera carcomida por las termitas y las débiles estructuras que se desmoronaban. Dedicó mucho


tiempo y dinero a restaurarlo, pero no tardó en darse cuenta de que habría sido más barato, rápido y eficaz demoler todo el edificio, retirar los escombros y partir de cero. En retrospectiva, lo habría hecho de un modo muy diferente. Sin embargo, a pesar de aquel error de criterio, no cejó en su empeño hasta que su esperanza se hizo realidad y consiguió poner en marcha el centro. Abandonar y retirarse no era una opción. Jesús dijo que a veces es mejor no remendar las ropas viejas con tela nueva (Mateo 9:16). Hay momentos en los que debemos dejar atrás lo viejo y empezar de nuevo. El Año Nuevo es una buena ocasión para decidir cuáles serán nuestras prioridades. Es útil determinar por dónde no van las cosas a fin de distinguir por dónde sí van, cuáles vamos a abordar y cuáles no. Una forma de evitar derroches de tiempo, esfuerzos y recursos en programas y actividades este próximo año es seguir el consejo de Jesús: definir primero lo que nos proponemos edificar y ver si tenemos lo que hace falta para lograrlo (v. la parábola de la torre en Lucas 14:28-30). Cuando yo vivía en Manado, isla de Célebes, vi muchos edificios en las primeras fases de construcción que se dejaban deteriorar por el calor tropical y la lluvia. Cuando entraba la cosecha de clavo de olor los pobladores disponían de algo de dinero, y con esos recursos frescos se ponían a construir una casa. Por desgracia, sin embargo, la plata no les alcanzaba para terminarla, lo que suponía una gran decepción. Persistencia Es un hecho que a veces vamos a cometer errores este año, pero esas acciones desacertadas pueden ser peldaños en nuestro camino para alcanzar un objetivo futuro. Descubrí que a veces simplemente tengo que perdonarme a mí mismo, levantarme y probar de nuevo. Cuando practico el tiro con arco, si no doy en el blanco, busco la flecha, la recupero y vuelvo a intentarlo. El libro de los Proverbios nos enseña que el justo cae siete veces, pero se vuelve a levantar (Proverbios 24:16). Este proverbio subraya la idea de que, aunque enfrentemos retos y reveses, volveremos a levantarnos y nos mantendremos constantes en lo que nos proponemos. El dicho ilustra resiliencia y esperanza, nos anima a seguir adelante y a progresar a

pesar de nuestros desaciertos. Otra sentencia reza que dos son mejor que uno, porque si uno cae, el otro lo levantará (Eclesiastés 4:9,10). Todos necesitamos amigos y mentores. Como decía la canción de los Beatles: «Salgo adelante con una ayudita de mis amigos». Recibir comentarios constructivos sobre nuestras iniciativas puede ayudarnos a triunfar en el siguiente intento y evitar errores recurrentes. En el libro de John C. Maxwell, Failing Forward (El lado positivo del fracaso), el autor da muchos ejemplos históricos de personas que fracasaron pero que gracias a su persistencia y a que tenían una visión de crecimiento a largo plazo, acabaron logrando sus objetivos. Tengamos en cuenta a gente como Lincoln, Einstein, Edison, Beethoven y Stallone. A veces descubrieron algo aún mejor de lo que pretendían inicialmente con su «afortunado accidente». Las promesas de Dios Lo maravilloso del Año Nuevo es saber que, sean cuales sean las circunstancias a las que nos enfrentemos en el año que tenemos por delante, Dios está con nosotros, rodeándonos con Su amor. Tenemos además la certidumbre de que Dios prometió guiarnos en los momentos difíciles. El Salmo 23 describe al Señor como un buen pastor que nos conduce a verdes praderas, junto a aguas tranquilas, y nos ayuda a atravesar el «valle de sombra de muerte». Cuando Israel fue llevado a cautiverio Dios les prometió un futuro mejor a través del profeta Jeremías: «Yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Entonces ustedes me invocarán, vendrán a suplicarme y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Me dejaré encontrar —afirma el Señor—, y los haré volver del cautiverio. Yo los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde los haya dispersado y los haré volver al lugar del cual los deporté —afirma el Señor— (Jeremías 29:11–14 nvi). Dios tiene un plan certero para cada uno de nosotros este próximo año. Basta con que consultemos con Él a diario y lo sigamos paso a paso. Curtis Peter van Gorder es guionista y mimo. Dedicó 47 años de su vida a actividades misioneras en 10 países. Él y su esposa Pauline viven actualmente en Alemania. ■ 11


CORRAMOS NUESTRA CARRERA Uday Paul

Dios tiene un propósito único para cada uno

de nosotros. Como dice Rick Warren en Una vida con propósito: «La vida consiste en dejar que Dios se sirva de ti para Sus fines, no que tú te sirvas de Él para los tuyos». Jesucristo vino a la Tierra con un claro sentido de propósito. Dijo: «Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio a la verdad» (Juan 18:37), y cumplió ese objetivo (Juan 17:4). Para cumplir Su voluntad en nuestra vida cada uno de nosotros ha recibido dones y talentos únicos. La Biblia nos dice que corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:1,2). Como los atletas en una pista, cada uno en su carril, todos tenemos una carrera individualizada que correr en la pista de la vida. Debemos mantener la mirada fija en Jesús, que nos capacitará para correr la carrera con perseverancia y llegar a la meta. Dejar de mirar a Jesús y empezar a enfocarse en otras cosas es perjudicial para nuestra espiritualidad. Con frecuencia me distraigo pensando en cómo les va a otros cristianos o cómo obra Dios en la vida de ellos, en lugar de concentrarme en el llamado de Dios para mí y en cumplir mi destino. Cuando Pedro le preguntó a Jesús 12

qué haría Juan, Jesús le respondió que Su voluntad para la vida de Juan no era asunto de Pedro. Más bien le dijo que lo siguiera y se centrara en su propia vocación (Juan 21:21,22). En la conocida carrera de carros o carrozas de la película clásica Ben-Hur (1959), vemos a Judá Ben-Hur enfrentado a su archirrival y oponente, Mesala, que está decidido a ganar la carrera a toda costa, a tal punto de valerse de medios desleales para hacer caer a su competidor. A medida que avanza la carrera, Mesala, presa de la ira y los celos, intenta destruir la carroza de Judá. Pero al hacerlo, destroza su propia carroza, se cae, es atropellado por otro carro y muere. Judá Ben-Hur gana la carrera. La Biblia dice que «cada uno de nosotros rendirá cuenta a Dios de sí mismo» (Romanos 14:12). Daremos cuenta de nosotros mismos —de cómo vivimos para Dios y lo glorificamos— y no de los demás y sus acciones. Si fuimos fieles en el cumplimiento del plan que Dios tenía para nosotros, Él nos dirá: «¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!» (Mateo 25:21 nvi). Uday Paul es escritor independiente, profesor y voluntario. Vive en Uganda. ■


Recurran al Señor, y a su poder; recurran al Señor en todo tiempo. Recuerden sus obras grandes y maravillosas, y los decretos que ha pronunciado. Salmo 105:4,5 dhh

VER PRESENTE A DIOS EN EL FUTURO Georgia Ray

Llegué a la conclusión de que cada vez que me siento abrumada por la preocupación lo que realmente hago es imaginarme un futuro sin Dios. Me enfrento al futuro sola, olvidando incorporar el factor Dios en él. Es entonces cuando aparece la preocupación. No obstante, en el momento en que caigo en cuenta de lo que estoy haciendo, me pongo en pausa y reflexiono. Empiezo a ver el error de mi razonamiento y pronto mi preocupación por el futuro se torna en alabanza a Dios por Su bondad en el presente. Comprender ese patrón de pensamiento fue un punto de inflexión para mí. Ahora, cuando me noto ansiosa y enrollada en la típica pregunta: qué pasaría si..., decido parar y preguntarme: ¿Diviso a Dios en mi futuro? Si soy sincera, a menudo me doy cuenta de que no. Así aprendí a modificar mi enfoque, hacer memoria y recordarme a mí misma que Dios me ayudó a llegar hasta aquí. Él ha sido fiel a cada paso del camino, a través de las dificultades, las alegrías, los contratiempos y los éxitos. Mirando en retrospectiva, veo Su provisión, Su presencia, Su consuelo, Su fuerza, Su fidelidad y Su mano que me guía. Dado que ha sido fiel en el pasado, puedo confiar en que seguirá siéndolo en el futuro. Cuando decido intencionadamente ver a Dios en mi futuro, la preocupación empieza a desvanecerse. Lo

imagino caminando delante de mí, tomándome de la mano o de pie a mi lado, y me recuerdo a mí misma que Él ya está ahí, preparando el camino ante mí. Reconocer Su presencia en el futuro me infunde confianza y paz. Meditar en las promesas de Su Palabra echa un cimiento bien sólido sobre el cual edifico mi fe y mi esperanza en el futuro. Aunque me gustaría poder decir que ya domino este ejercicio, no es así. Lo que sí puedo decir es que ha sido una herramienta importante para convertir la preocupación por el futuro en una alabanza que abarca pasado, presente y futuro, todo en uno. Cuando me preocupo, hago memoria de la ayuda que recibí hasta ahora de Dios, lo que me permite confiar en que Él seguirá siendo fiel. Vislumbrarlo a Él en mi futuro significa confiar en Su bondad, Sus planes y Su amor, pase lo que pase. Ya no tengo que temer lo que me espera, porque sé que Dios está constantemente conmigo y va a hacer que todo redunde en mi bien. Georgia R ay es consejera juvenil y mentora. Pone sus capacidades al servicio de personas jóvenes de diversa formación cultural para que puedan descubrir sus atributos y encontrar su lugar en la sociedad. ■ 13


Ya echará flores Marie Alvero

Hace siete años el terreno sobre el que está cons-

truida nuestra casa era raso, pedregoso y lleno de maleza. Me había imaginado un árbol bien grande en el centro del jardín de atrás; así que plantamos uno que creciera rápido y echara flores. Vino por esos días una helada con un frío como nunca se había sentido aquí. Estaba segura de que el arbolito no resistiría la escarcha. Mis temores parecieron materializarse cuando, en plena primavera, todos los demás árboles de nuestro sector mostraban brotes verdes y capullos en flor y el nuestro se veía esquelético y sin hojas. Pasaron las semanas y no sabíamos si debíamos asumir la pérdida y arrancar el árbol. Resolvimos darle un poco más de tiempo. Hasta que un día, a fines de primavera, notamos que nuestro árbol tenía hojitas y unas preciosas flores rosadas. Al año siguiente tuvimos otra helada. Una vez más pensé que el arbolito sería leña para la hoguera. No presentaba ninguna floración cuando todos los demás se llenaban de color. Sin embargo, al final de la primavera, ¡floreció! A la larga todos los años echa hojas, le brotan flores y se ve precioso. Ese árbol me habla al alma. Con su lentitud me recuerda que no se rige por el mismo calendario que yo. Su regularidad me dice que todos los años florecerá. No por nada que yo haya hecho o no haya hecho, sino porque es un árbol que florece.

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Hay cosas en mi vida en las que estoy en compás de espera. Temas con mis hijos, mi matrimonio, mi trabajo. Mis ramas se ven peladas cuando veo otros árboles verdes, pujantes y cargados de flores. ¿Qué debo hacer entonces? Por extraño que parezca la respuesta es nada. No tengo que hacer otra cosa que esperar y confiar, del mismo modo en que no puedo meterle prisa a mi árbol y ni tampoco puedo acelerar la vida. Puedo aprender a estar en paz durante esta temporada, porque las flores están aseguradas. «Dichoso es quien […] en la Ley del Señor se deleita y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo cuanto hace prospera» (Psalm 1:1–3 nvi). Mientras redacto este artículo se aprecia un racimo de flores en nuestro árbol. ¡Todos los demás ya llevan meses en flor! No tengo ni idea por qué nuestro arbolito no sigue el mismo calendario que los demás, salvo quizá para ayudarme a expresar esta enseñanza: sigue fiel y constante donde Dios te ha puesto. Deja que la tierra, el sol y la lluvia que Él te proporciona hagan su obra, y ya asomarán las flores. Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE.UU. ■


La ilusión de un año nuevo Rosane Cordoba

A finales del año pasado una amiga me pidió que cuidara de su hija de cinco años. En Nochevieja dos de mis hijos y sus esposas nos invitaron a mí y a la niña a acompañarlos a ellos y a sus dos hijas pequeñas a Icaraí, en la bahía de Guanabara, al sureste de Brasil. Lo pasamos muy bien. Las tres niñas caminaban juntas de la mano mientras charlábamos por el camino. Llegamos a la playa y las niñas se dieron un buen baño. Después cenamos al aire libre y disfrutamos de los espectáculos musicales organizados por el ayuntamiento. A medianoche empezaron los fuegos artificiales. Para mí no era nada nuevo, mas cuando miré a la niña que tenía a mi cargo, vi que estaba completamente maravillada. Las flechas de fuego salían disparadas a gran altura y velocidad y estallaban en gigantescas bolas de fuego de diversos colores, tamaños y formas. ¿Cómo podía observar yo un espectáculo tan fantástico como si fuera algo de todos los días? Comparé cada uno de los fuegos artificiales con una oración de Año Nuevo. Al principio las plegarias se parecen a esos delgados cohetes de fuego que se elevan, pero a medida que Dios las recibe en su seno y comienza a moverse a nuestro favor, aparecen como impresionantes despliegues de luz que iluminan nuestra vida. Entonces recordé el verso

de la Escritura: «Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria […] por los siglos de los siglos!» (Efesios 3:20,21 nvi.) ¿Qué hace que la Nochevieja sea tan especial? Es una oportunidad para reflexionar sobre la bondad de Dios y Su accionar en nuestra vida el año que termina. Es una evocación de esperanza mientras miramos al futuro, algo esencial para nuestra existencia. Mientras hago mi lista de oraciones para el año, visualizo cada una de ellas como un fuego artificial que asciende a las alturas, explota maravillosamente y luego cae del cielo para llenar mi alma de nuevas alegrías y triunfos. Confío en que, así como esa niña se asombró de aquellas maravillosas explosiones de luces de colores, mi Padre celestial me encandilará una vez más con Sus prodigiosas manifestaciones de amor y gracia. Y les deseo lo mismo a todos ustedes. ¡Feliz Año Nuevo! Rosane Cordoba vive en Brasil. Es escritora independiente, traductora y productora de textos didácticos para niños basados en la fe y orientados a la formación del carácter. ■ 15


de Jesús, con cariño

Desechar rutinas y abrazar nuevas empresas Efectuar cambios sustanciales en rutinas, hábitos y métodos de hacer las cosas que para ti resultan automáticos puede poner a prueba tu tesón y empeño. No obstante, cuando descubres que ciertas pautas de comportamiento te impiden progresar y dar fruto es hora de pensar en hacer un reajuste. Hay momentos para desechar ciertas cosas en la vida (Eclesiastés 3:6) de modo que puedas dejar atrás el pasado y proyectarte hacia la meta que tienes por delante (Filipenses 3:13). Desechar rutinas y acometer nuevas tareas que te hacen estirar tu fe no es nada fácil. Pero vale la pena imponerse la meta de crecer espiritualmente. Compensará con creces todo el esfuerzo y llevará fruto en tu vida. Siempre recuerda que cuando llegue la hora de enmendar el rumbo, Yo te guiaré por el mejor derrotero que puedes tomar y velaré por ti (Salmo 32:8 ntv). Iré delante de ti y te acompañaré a cada paso del camino (Deuteronomio 31:8). Nunca creas que no vale la pena superar rutinas o hábitos que te impiden progresar. Cada gota de esfuerzo que hagas, cada lágrima que derrames y cada dificultad que enfrentes valen la pena. Te darán impulso y te ayudarán a salir de tu zona de confort y buscar una ruta mejor, un nuevo desafío en la vida. Siempre que te guío en un nuevo sentido da fruto en tu vida y contribuye a cumplir el propósito y el designio que tengo para ti.


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Conéctate, enero de 2026: Empezar de nuevo by Activated - Issuu