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Revista Viernes del Diario de Centro América del 24 de julio de 2020

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Portal

Guatemala, viernes 24 de julio de 2020

Editorial El lenguaje, entendido como sistema de signos, significados y significantes, es un arma de doble filo: por un lado puede constituir una formidable herramienta de

William F

Intruso en

cambio y, por otro, de sojuzgamiento. Es capaz de proveer aire fresco cuando hace falta y desplegar velos de sombra donde se le requiere. De ahí que sea uno de los recursos privilegiados del poder. Comunicar, disuadir, seducir, convencer, agitar, aplacar... todos verbos sociopolíticos por excelencia. Si no, que lo diga la poesía, esa bandera retórica del amor y de la guerra, esa oficiante y diosa ante cuyo altar se sacrifican indistintamente, la razón y la pasión, la fe perversa y la maldad ingenua. A ese poder de revelación y ocultamiento, de rebeldía y sumisión, nos referimos en este número, en cuya portada aparece Roland Barthes, un acucioso descodificador de signos que tuvo la paciencia de desmontar minuciosamente la lógica polivalente que existe en el trasfondo de todo ejercicio comunicativo. Como se dice que dijo Ralph Waldo Emerson, a quien también recordamos aquí,”el hombre no es más que la

ERRADA en una unidad de acción y tiempo, comprimida en el curso de unas pocas horas, esta novela es posiblemente la obra más destacada de la madurez de Faulkner (1897-1962), la que da más cabal forma estética a su manera narrativa y a sus preocupaciones morales y cívicas. Ante una colectividad dispuesta a inmolar a un hombre sin pruebas, unas pocas personas se proponen no solo salvar una vida, sino preservar la dignidad moral de un país, la legitimación de todo el tejido de una sociedad al borde de abandonar el espíritu de justicia en aras del odio racial. Alegato, testimonio y suprema obra de arte, Intruso en el polvo, del premio Nobel de Literatura de 1949, eleva un latigazo cercano a la novela policial hasta la más noble tragedia y la más aquilatada apología moral.

mitad de sí mismo. La otra mitad es su expresión”.

Don Quijote

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Coordinación: Francisco Chinchilla Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada y Sulhema Pacheco Digitalización: Freddy Pérez

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Con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha fue publicada el 9 de mayo de 1605, la primera parte de la novela de Miguel de Cervantes Saavedra, que se convertiría en la obra más destacada de la literatura española y de las principales de la literatura universal, además de ser la más leída después de la Biblia.


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Faulkner

Semblanza

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Hipatia

Archivo

La filósofa y maestra Hipatia, una de las primeras matemáticas de la Historia, nació en Alejandría, Egipto, en el año 355 o 370. Fue hija y discípula de Teón, un ilustre matemático y astrónomo notable del Museo (institución fundada por Tolomeo dedicada a la investigación y la enseñanza). Superó a su progenitor en cuanto a la amplitud y profundidad de sus conocimientos de Astronomía y en su dedicación a la Filosofía. Destacó como estudiosa de las ciencias, materias a las que se dedicó desde joven. Obtuvo la cátedra de Filosofía Platónica, por lo que le llamaban “la filósofa”. Aparte de la Filosofía, la Astronomía y las Matemáticas, Hipatia cultivó su amor por la música. Se la reconoce como la primera especialista en Matemáticas de la que se tiene conocimiento. Fue representante de la Escuela neoplatónica de Alejandría a inicios del siglo V. Seguidora del filósofo romano Plotino, trabajó en los estudios lógicos y las ciencias exactas. Convocaba a sus discípulos en su propio hogar. Fue educadora de aristócratas cristianos y paganos que posteriormente tendrían altas responsabilidades, como el obispo Sinesio de Cirene, Hesiquio de Alejandría y Orestes, prefecto de Egipto. Autora de obras sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los astrolabios e inventó un densímetro. Su trabajo más extenso fue en álgebra. Escribió un Comentario sobre la Aritmética de Diofanto en el que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. En ocho libros, escribió un Tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio (a quien se deben los epiciclos y deferentes para explicar las órbitas irregulares de los planetas). Junto a su padre trabajó en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides, cuya edición se emplea hoy en día. Fue autora de un Canon de Astronomía, dedicándose además a revisar las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo, conocidas por su inclusión en el Canon Astronómico de Hesiquio. También cartografió cuerpos celestes, confeccionando un planisferio. Su fidelidad al paganismo en pleno auge del catolicismo teodosiano como nueva religión del Estado romano y su trágica muerte, la convirtieron en una “mártir de la ciencia” y en símbolo del fin del pensamiento clásico ante el avance del cristianismo como religión única del Imperio, que actuaba con intolerancia no sólo contra los paganos, sino contra la disidencia de cualquier tipo, ya fueran herejes o judíos, muy numerosos en Alejandría. Hipatia se negó a traicionar sus ideas y convertirse al cristianismo por lo que fue acusada de conspiración contra el líder cristiano de Alejandría. Estuvo casada con un filósofo llamado Isidoro, manteniéndose virgen. Hipatia murió en marzo de 415 o 416 en Alejandría, linchada a los 45 o 60 años por una turba de cristianos tras ser acusada de bruja y de engañar a la gente de la ciudad y al prefecto con sus encantamientos. La descuartizaron con conchas marinas y sus restos fueron paseados en señal de triunfo por la ciudad, hasta llegar al Ciraneo (supuestamente el crematorio) donde los incineraron. Su asesinato parece demostrado que fue instigado por el obispo Cirilo.


Guatemala, viernes 24 de julio de 2020 Fotos: Archivo

¿Qué hay detrás del éxito comercial de una célebre vela aromática?

La vela de Gwyneth Paltrow Federico Kukso* O ERA BROMA Meses atrás, Gwyneth Paltrow presentó una vela llamada This Smells Like My Vagina (Esto huele como mi vagina) en su tienda online. La primera reacción ante el nuevo producto vendido por la actriz de 47 años fue de sorpresa. La segunda, de curiosidad. La descripción alimentaba el misterio: “Con un aroma divertido, hermoso, sexy y maravillosamente inesperado, esta vela está hecha con geranio, bergamota cítrica y absolutos de cedro yuxtapuestos con rosa de Damasco y semillas de ambrete para recordarnos la fantasía, la seducción y un calor sofisticado”. El precio (75 dólares) no ahuyentó a los compradores y se agotó en menos de un día. En medio de los incendios en Australia, la ganadora del Oscar por Shakespeare in Love había atrapado la atención mundial por hablar de un tema del que no se habla. “Todo empezó como un chiste”, explicó entre risas Paltrow en el talk show del comediante Seth Myers. “Estaba con el perfumista Douglas Little probando una nueva fragancia y dije: ‘Esto huele como mi vagina’. Y así quedó. Es muy punk rock. Muchas mujeres hemos crecido con cierto grado de vergüenza respecto de nuestros cuerpos, así que pensé que esta vela tenía algo de subversivo”. A los genitales femeninos se los ha demonizado, fumigado, castrado, silenciado. “Funcionan como una especie de Rorschach cultural”, señala la escritora y feminista Naomi Wolf, autora del libro Vagina: Una nueva biografía de la sexualidad femenina (2012). “Refleja la atracción que provoca en los demás y las inquietudes, a menudo contradictorias, que genera”. Los genitales femeninos han sido una de las

La actriz y gurú de autoayuda lanzó al mercado una vela aromática que se agotó. Detrás de su éxito de marketing se esconde el velo de misterio y vergüenza que envuelve a los genitales femeninos. Repasamos las ideas erróneas que los han rodeado a lo largo de la historia. partes más estigmatizadas del cuerpo humano, un histórico territorio de disputa, cargado de vergüenza, estigmas y tabúes sociales. Como detalla la académica Emma L. E. Rees en The Vagina: A Literary and Cultural History (2015), en comparación con los masculinos, las representaciones de la intimidad femenina en el arte son bastante raras hasta el siglo XX. La historia de la ciencia exhibe las ideas erróneas que han rodeado el aparato reproductor de las mujeres. En Timeo (siglo IV a. C.), Platón describe el útero como un animal capaz de deambular por todo el cuerpo, idea que compartían Hipócrates y sus seguidores y que probablemente fue tomada de los egipcios.

El papiro Ebers —de los más antiguos tratados médicos, de hace 3 mil 500 años— incluye recetas para volver al útero a su debido lugar mediante la introducción de sustancias aromáticas, como humo de maderas perfumadas. De cultura a cultura, esta creencia migró, atravesando mentes y cuerpos. Nadie dudaba. Se pensaba que el útero era como un animal doméstico indisciplinado que contaba con su propio sentido del olfato y cuyas agitaciones explicaban el inherente carácter nervioso de las mujeres.

La innombrable

Una encuesta de 2016 de la organización benéfica Eve Appeal en el Reino Unido arrojó que el 65 % de las mujeres consultadas de entre 18 y 24 años evitaban usar las palabras “vagina” o “vulva”, además de desconocer su anatomía. Incluso no iban al médico para hablar sobre sus problemas ginecológicos. No se trata de un hecho aislado. En varias culturas, la propia palabra “vagina” arrastra una sombra de vergüenza. Como recuerda el sexólogo holandés Jelto Drenth en El origen del mundo: Ciencia y ficción de la vagina (2008), el misterio que rodea al sexo femenino se ve también reflejado en los eufemismos usados para designarlo: “allá abajo”, “tercera axila”. Según el lexicógrafo Jonathon Green, la primera aparición de la palabra registrada en Occidente, data de 1230 y solo adquirió su carga despectiva mucho más tarde, hacia fines del siglo XVIII. Los textos sagrados taoístas, como El arte de la alcoba, se refieren a ella como “puerta celestial”, “bola roja”, “lugar oculto”, “puerta de jade”, “valle misterioso”, “puerta misteriosa” y “tesoro”. Sigmund Freud la denominaba “continente oscuro” por la sensación desalen-


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Hasta el siglo XVII, el útero era considerado un órgano con voluntad propia: se movía de lugar causando malestares femeninos. Para reubicarlo se prescribía fumigación con perfumes agradables. Así se ve en el tratado anatómico Catoptrum Microcosmicum (1667) de Johann Remmelin.

tadora que siempre le provocaba la sexualidad femenina. Cada país reproduce y cuenta con su arsenal de términos coloquiales propios para eludir la problemática palabra que comienza con “v”: concha (Argentina), arepa (Colombia), chucha (Ecuador), micha (Panamá), pucha (México), marraqueta (Chile). De todo el aparato reproductor femenino, los antiguos médicos griegos estaban obsesionados en especial con el útero. Según la historiadora Katharine Park, autora de Secrets of Women: Gender, Generation, and the Origins of Human Dissection (2006), este órgano era el último enigma anatómico, una especie de cámara oscura en la que se podía imaginar el misterio del ser corporal. El médico Areteo de Capadocia llegó a comparar en el siglo I al útero con un animal inquieto que solo respondía a los olores. “Se deleita con olores fragantes y avanza hacia ellos —escribió quien también es recordado como el primero en describir los síntomas de la diabetes—. Tiene una aversión a los olores fétidos y les huye. Es como un animal dentro de un animal”. Si el útero se movía hacia arriba, por ejemplo, provocaba debilidad y vértigo. Si descendía, la mujer padecía una fuerte sensación de asfixia, pérdida del habla y sensibilidad. Los médicos hipocráticos pensaban que una especie de tubo atravesaba el cuerpo femenino, un extremo estaba en la boca y la nariz y el otro en la vagina. Ese conducto podría bloquearse fácilmente, evitando así la concepción.

Las mujes se acuclillaban sobre una especie de incensario avivado con materiales aromáticos para obtener un sahumerio benefactor. En Espejo de viejos y nuevos tiempos de Jacob Cats (1632).

Para evitarlo, en los tratados hipocráticos, se recomienda colocar una cabeza de ajo en la vagina o en la boca y luego verificar si el olor atravesaba el cuerpo. Para curar los malestares mensuales, la apatía, la infertilidad y toda clase de males —ideas de las que siglos después se desarrollaría el concepto de histeria—, los curanderos de Atenas solían atraer al útero a su posición con agradables aromas aplicados en la vagina o alejarlo con olores nauseabundos bajo la nariz, además de hacerles beber a sus pacientes fuertes sustancias aromáticas mezcladas con vino, como recuerda el historiador Sander L. Gilman en Hysteria Beyond Freud (1993).

Obsesión por el desodorante

Hasta el siglo XVII, los médicos prescribieron la fumigación de los órganos sexuales femeninos con toda clase de olores y hierbas para calmar los malestares, como se ve en el libro anatómico Catoptrum Microcosmicum (1667) del holandés Johann Remmelin o Espejo de viejos y nuevos tiempos de Jacob Cats (1632). En su Compendio de mala salud, el médico Johan van Beverwijck recomienda plumas quemadas, en particular, de perdices, y restos de zapatos quemados. En una época en la que se hablaba también de la existencia de corrientes de aire vaginales —que dieron lugar a innumerables historias de fertilización mediante el aire—, las mujeres separaban las piernas o se acuclillaban sobre una especie de incensario y esperaban que sus

vaginas fueran fumigadas. Otras iban más allá y utilizaban una cánula perforada. Con los años estos extraños tratamientos fueron abandonados y quedaron como curiosidades históricas en antiguos tratados médicos. Sin embargo, sobrevivieron en sus descendientes: la ducha y los desodorantes vaginales —toallitas húmedas perfumadas, polvos, aerosoles, geles insertables— que hicieron pensar a las mujeres que sus cuerpos son inherentemente sucios, malolientes, y posible objeto de burla. A fines de la década de 1920, el desinfectante Lysol comenzó a comercializarse como un producto de higiene femenina. Se decía que el lavado íntimo prevenía olores incómodos, preservaba la juventud y aseguraba la felicidad marital. Aunque no en todos los casos: un estudio de 1933 entre 507 mujeres que utilizaron este producto como método anticonceptivo reveló que casi la mitad de ellas quedaron embarazadas. Como cuenta la historiadora Andrea Tone en su libro Devices and Desires: A History of Contraceptives in America (2001), hubo incluso casos de 193 envenenamientos y cinco muertes por irrigación uterina, aunque estos informes fueron encubiertos. En 1952 la compañía que lo fabricaba (Lehn & Fink) cambió la fórmula, que hasta entonces contenía cresol, un compuesto que en ciertos casos causaba inflamación y ardor. Los prejuicios raciales enquistados en la sociedad estadounidense hicieron que las mujeres afroamericanas usaran más desodo-


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A fines de la década de 1920, el desinfectante Lysol comenzó a comercializarse como un producto de higiene femenina. Se decía que el lavado prevenía olores incómodos, preservaba la juventud y aseguraba la felicidad marital.

rantes genitales que cualquier otro grupo de mujeres. “Para muchos afroamericanos, un cuerpo limpio y sin olores significaba progreso personal y la esperanza para la asimilación racial”, escribe Michelle Ferranti, autora de la investigación An Odor of Racism: Vaginal Deodorants in African-American Beauty Culture and Advertising (2011). Compañías como Johnson & Johnson aprovecharon el deseo de aceptación social y sacaron provecho después de la Segunda Guerra Mundial: distribuyeron sus productos en lugares típicamente asociados con la cultura negra, como iglesias y salones de belleza. En 2013, miles de mujeres demandaron a esta multinacional por no advertir a los consumidores sobre el potencial carcinogénico de sus productos íntimos.

Aromas de mujer

En una época en la que los anuncios de desodorantes femeninos inundaban las revistas femeninas, Germaine Greer expuso cómo los químicos de tales productos podían dañar las mucosas. La escritora australiana buscó persuadir a las mujeres de que se sintieran orgullosas de sus olores vaginales, que son muchos y variados. Como otras regiones del cuerpo, la vagina cuenta con su propia firma aromática provocada

“Un problema de mujer”. Publicidad de desodorante íntimo. Revista Gente (Argentina). Septiembre, 1972.

por una población bacteriana en un delicado estado de equilibrio. Entre sus residentes dominantes figuran los lactobacilos, las mismas bacterias presentes en el yogur, que se encargan de garantizar un espacio que no sea propicio para el crecimiento de microorganismos patógenos. Para eso bombean continuamente ácido láctico que mantiene el ambiente vaginal a un pH bajo y mata o desalienta el avance de virus o bacterias dañinas. Si por alguna razón hormonal no se genera suficiente de este compuesto químico, se desata un efecto en cadena: microorganismos invasores se multiplican por millones en poco tiempo y destruyen la armonía vaginal. “Incluso los niveles de estrés pueden afectar el equilibrio de las bacterias naturales que forman el llamado microbioma vaginal”, dice la ginecóloga neozelandesa Olivia Smart. Las bacterias así comienzan a generar proteínas ricas en metilaminas, un gas incoloro derivado del amoníaco con un fuerte olor a pescado. Es lo que se conoce como vaginosis bacteriana, la infección vaginal más común, que afecta a casi todas las mujeres en edad reproductiva por lo menos una vez en su vida.

En un ciclo natural, la mujer despide el olor vaginal más fuerte en los días entre la menstruación y la ovulación. Las estudiantes de medicina Nina Brochmann y Ellen Støkken recuerdan que en Noruega usan la palabra “discomus” (“ratón de discoteca”) para describir el olor tras realizar ejercicio o bailar. “En realidad, no huele mal; tan solo es un olor intenso”, escriben en The Wonder Down Under: A User’s Guide to the Vagina(2017). Con su imperio de salud y bienestar valorado en 250 millones de dólares que incluye una serie documental en Netflix, Gwyneth Paltrow ha capitalizado la ancestral vergüenza vaginal. Y no sin controversias. En 2015, puso a la venta un vaporizador y promovió huevos de jade que se insertan para “aumentar el chi, los orgasmos, el tono muscular vaginal, el equilibrio hormonal y la energía femenina en general”. El sitio web de supuesto bienestar recibió multas de 145 mil dólares y las críticas de la comunidad científica internacional por sus productos y terapias sin evidencia, que no solo estafan a las compradoras, sino que incluso pueden llegar a ser peligrosos para la salud. *Sinc


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Reporte en V

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Ceguera olfativa

Fotos: Archivo

El 5 % de la población es anósmica, o sea, que no puede percibir ningún olor ni tampoco saborear la comida, dada la íntima conexión entre el olfato y el gusto.

La repentina merma del olfato y el gusto podría ser uno de los síntomas de COVID-19. No se trataría de la primera infección que produce alteraciones de las percepciones nasales, también causadas por traumatismos, tumores, abuso de drogas y exposición a toxinas. Federico Kukso * N SUS CASI 70 años de carrera, el neurólogo y escritor Oliver Sacks atendió y narró toda clase de casos en los límites de la experiencia humana. Como un neuroantropólogo, este médico, que murió en 2015, coleccionó historias de personas que convivían con una gran diversidad de trastornos neurológicos. Uno de los relatos que le llamó la atención y que registró en su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, es el de un

hombre marcado por una intensa sensación de ausencia. “Nunca había reparado en el sentido del olfato, pero cuando lo perdí fue como quedarme completamente ciego”, le reveló a Sacks este individuo que había sufrido una lesión en la cabeza, la cual deterioró gravemente sus áreas olfativas. “La vida perdió mucho de su sabor… uno no se da cuenta de hasta qué punto el sabor es olor. (...) Todo mi mundo se empobreció radicalmente de pronto”. Estas semanas muchas personas experimentan la misma sensación que aquel hombre. En el Reino Unido, Alemania, Francia, Estados Unidos, Corea del Sur, Italia y España, un número cada vez mayor de individuos han reportado la pérdida parcial o total del olfato (anosmia) junto con otros síntomas de COVID-19. La preocupación existe. En un artículo publicado en Nature, investigadores alemanes detallaron haber encontrado concentraciones extremadamente altas de coronavirus en el tracto respiratorio superior de pacientes con síntomas leves de la enfermedad que podrían explicar la disminución de la capacidad de detectar olores (hiposmia) o sabores (ageusia) en algunos infectados. Días atrás, también, los otorrinolaringólogos Jérôme Lechien y Sven Saussez, de la Universidad de Mons en Bélgica, coordinaron un estudio realizado por 33 investigadores en 12 hospitales europeos con 417 pacientes (263 mujeres y 154 hombres) que presentaban sín-

tomas leves de COVID-19. Detectaron que el 86 por ciento de ellos presentaba trastornos del olfato y el 88 por ciento alteraciones del gusto. Las mujeres eran las más afectadas.

Daño del bulbo olfatorio

No sería la primera vez que un virus provoca una afección de las células nerviosas que se encuentran en el techo de las fosas nasales. “Las alteraciones del olfato se pueden dar por infecciones de toda clase de virus como el de la gripe, el virus sincitial respiratorio humano, rinovirus, adenovirus”, indica la otorrinolaringóloga Graciela Soler, fundadora del Grupo de Estudio de Olfato y Gusto (GEOG) de Argentina e integrante del Clinical Olfactory Working Group (COWoG), un grupo internacional de investigadores apoyado por la European Rhinological Society. “Hay virus que pueden ir más allá y dañar células del bulbo olfatorio en el cerebro”. En un informe conjunto, la presidenta de la British Rhinological Society, Claire Hopkins, y Nirmal Kumar, presidente de la asociación de otorrinolaringólogos inglesa (ENT UK), dijeron que se cree que los coronavirus previos representan entre el 10 y el 15 por ciento de los casos de anosmia. Se conocen más de 200 virus que afectan a las células de la mucosa olfatoria y dañan los receptores del olfato, causando que pierdan las finas terminaciones que les permiten recoger las moléculas odoríferas.


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“Una de las ideas en este momento es que partículas del nuevo coronavirus se adhieren a las fibras nerviosas de las neuronas —explica el biólogo Hanns Hatt de la Universidad Ruhr Bochum— e interfieren con la línea de impulso eléctrico”. En el caso de una anosmia provocada por una infección viral, se trata de una pérdida brusca del olfato que persiste, por ejemplo, después de la congestión nasal que acompaña el resfriado común. En otros casos, estos trastornos pueden darse por alergias, por hinchazón de la nariz y los senos paranasales (como la sinusitis crónica), como consecuencia de traumatismos, tumores cerebrales, uso continuado de drogas, por exposición a toxinas como el amoníaco, formaldehído, solvente de pintura y cloro y por enfermedades como sífilis, meningitis, esclerosis múltiple, párkinson y alzhéimer. En menor proporción, la anosmia puede ser congénita. Algunas personas nacen sin sentido del olfato. El síndrome de Kallman, por ejemplo, es una alteración genética rara que se presenta más en hombres que en mujeres. Las personas que la padecen tienen problemas de fertilidad y son incapaces de oler.

El diagnóstico de la nariz

La Organización Mundial de la Salud estima que el 5 por ciento de la población es anósmica, o sea, que no puede percibir ningún olor ni tampoco saborear la comida, dada la íntima conexión entre el olfato y el gusto. Lo único que pueden distinguir es su textura y temperatura. Ya lo dijo Jean Anthelme Brillat-Savarin en La fisiología del gusto (1825): “El olfato y el gusto son, de hecho, un solo sentido cuyo laboratorio es la boca y su chimenea la nariz”. Nuestras narices albergan alrededor de 6 millones de receptores olfativos de unos 400 tipos diferentes. Las variaciones genéticas afectan la forma en que funcionan. Es decir, no hay d—os personas que huelan el mundo de la misma manera. Un cambio en un solo receptor basta para alterar la forma en que una persona percibe ciertos olores. El genetista Andreas Keller de la Universidad Rockefeller de Nueva York asegura que cada persona tiene al menos un odorante —es decir, una sustancia emisora de aroma— que no puede detectar, algo así como un punto ciego olfativo que hereda de sus padres. Por ejemplo, hay gente incapaz de oler la vainilla. Otras personas no distinguen el aroma de las fresas. Año con año nuevos hallazgos despojan a nuestra nariz de sus misterios. Investigaciones recientes muestran que los seres humanos tenemos la capacidad de oler incluso antes de nacer. Según el biólogo francés Benoist Schaal, los fetos aprenden a distinguir aromas a partir de la dieta de su madre. “Los bebés nacidos de madres que consumieron dulces o bebidas con sabor a anís al final del embarazo mostraron una preferencia estable por este olor —señalan los estudios de este investigador del CNRS—, mientras que aquellos bebés cuyas madres no consumieron estos productos mostraron aversión”. La Sociedad Española de Otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello estima que 400 mil españoles que padecen anosmia no son conscientes de ello. En otros sitios, en cambio, se desconoce el número. Nunca ha habido un censo sobre el tema. Se presume que el número de estadounidenses con un sentido del olfato

alterado supera los dos millones. Ante la falta de datos oficiales en Argentina, la médica Graciela Soler decidió realizar su propia encuesta: detectó que el 12 por ciento de la población de Buenos Aires sufre déficit del sentido del olfato.

Peor calidad de vida

La disminución olfativa no es para tratar a la ligera. La calidad de vida de las personas que nunca han olido el aroma del café por la mañana o que han perdido la capacidad de oler una tostada se ve afectada: por ejemplo, son incapaces de reconocer la comida en mal estado. No pueden percibir el olor del humo, el propio olor corporal o el de un escape de gas, lo cual incrementa el riesgo de sufrir accidentes domésticos y amplifica las inseguridades en las relaciones sociales así como las posibilidades de padecer depresión. Cuando el neurobiólogo Thomas Hummel, de la Universidad Técnica de Dresde, le preguntó a un grupo de anósmicos qué olores echaban de menos, muchos respondieron lo mismo: el olor de sus seres queridos. Una investigación conducida por Robert Henkin, del Centro de Trastornos Sensoriales de la Universidad de Georgetown, sugiere que alrededor de la cuarta parte de las personas que padecen desórdenes olfativos sienten disminuir su impulso sexual. Además, aquellos con un olfato alterado suelen ser más propensos a ser obesos, debido a que tienden a preferir alimentos con sabores más fuertes, salados y con mayor contenido graso. Existen además indicios de que el deterioro en la habilidad para identificar olores en ciertos casos es uno de los síntomas más precoces y comunes de varias enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el alzhéimer y el párkinson, que lentamente erosionan la habilidad de distinguir un aroma de otro.

Recuperación

Cuatro sociedades científicas del Reino Unido y de España han recomendado la inclusión de las alteraciones del gusto y el olfato entre los síntomas de sospecha de infección por COVID-19. En los casos estudiados, la pérdida del olfato en pacientes con COVID-19 parece durar solo un corto período. Los investigadores belgas de la Universidad de Mons constataron que el 44 por ciento de los pacientes recuperaron su sentido del olfato después de 15 días. “Los otros pacientes deben tener una buena esperanza de recuperación, lo que podría

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hacerse dentro de los 12 meses posteriores al inicio de los síntomas”, explican. Pese a que los mecanismos para la recuperación del olor siguen siendo misteriosos, los investigadores confían en la plasticidad neuronal del sistema olfativo, es decir, en sus habilidades regenerativas a partir del entrenamiento.

El sentido oscuro

Además de ser el sentido más difícil de cuantificar y definir, así como uno de los más complejos y primitivos, el olfato aún hoy está rodeado por el misterio. Es culturalmente desvalorizado, pese a que a lo largo de nuestra evolución nos ayudó a sobrevivir como especie al mantenernos alejados de comida en descomposición o atentos a la presencia de depredadores. Los neurocientíficos estadounidenses Linda Buck y Richard Axel identificaron los genes que lo controlan recién a principios de los 90, por lo que recibieron el Premio Nobel en 2004. En el siglo V a. C., Platón asoció al olfato con los impulsos básicos. Para filósofos como Descartes y Hegel, era un sentido inestable que no aportaba valor científico alguno. En el siglo XVIII, mientras Rousseau lo ensalzaba como “el sentido de la imaginación”, en Königsberg, Alemania, Kant lo consideraba más una fuente de disgusto que de placer. En un país convulsionado, el anatomista francés Hippolyte Cloquet emprendió una investigación pionera. Fue el primer médico en realizar un estudio en profundidad sobre el olfato: Osphrésiologie, ou traité des odeurs (1821). Además de esbozar una clasificación aromática, Cloquet dilucidó la fisiología de las náuseas resultantes de olores desagradables y describió numerosas patologías de la nariz. Cloquet murió en 1840 por complicaciones debidas a su alcoholismo. El novelista Gustave Flaubert lo elogió, a su manera: “Un médico brillante, inmerso en la ciencia pero no menos en el vino”. Un siglo después, el otorrinolaringólogo francés Frédéric Justin Collet continuó su trabajo y sistematizó las patologías del olfato a comienzos del siglo XX. En L’odorat et ses troubles (1904), destacó la anosmia congénita, la anosmia senil, la anosmia menopáusica, y otras anosmias relacionadas con algunas enfermedades de las fosas nasales. Allí también distingió la cacosmia —la percepción como desagradables de ciertos olores agradables—, la hiperosmia —la exaltación de la sensibilidad olfativa— y lo que llamó la parosmia o “perversión del olfato”. *Sinc

Examen para medir la capacidad de distinguir entre olores.


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Roland Barthes y su lente crítica

Fotos: Archivo

Conocido por su maestría dilucidando símbolos y sus aportaciones en la lingüística, la filosofía y la teoría literaria, Roland Barthes fue un pensador seminal para el siglo XX. Sus teorías no solo inauguraron una corriente de pensamiento, sino que dieron herramientas para pensar la vida cotidiana y las estructuras de poder. Ricardo Marín * OLAND Barthes reivindicó con su obra la autonomía del lector y su relación con la obra e inauguró, en la década de los 70, una novedosa corriente de pensamiento: lo trascendente de la obra no está en su autoría, sino en sí misma y en las interpretaciones y significados múltiples que esta puede detonar en sus interlocutores. Barthes aplicó esta teoría dentro y fuera de la academia y la trasladó a la cultura popular, aplicando los lentes de la semiótica y la lingüística en el análisis de la vida cotidiana y las estructuras de poder. Para él, la teoría era una manera de observar el mundo que engloba una decisión activa. Barthes nació el 12 de noviembre de 1915 en Cherburgo, Normandía, una pequeña ciudad al sur de Francia. Perdió a su padre antes de cumplir un año y se crió en el pueblo de Urt y la ciudad de Bayona, desarrollando una relación muy cercana con su madre. A los 11 años, la familia se mudó a París, de donde nunca se fueron y donde él desarrolló la mayor parte de su vida profesional y académica. A pesar de tener una profunda avidez por las letras y la lectura, este hábito era interrumpido usualmente por la tuberculosis, empeorada por la falta de recursos económicos de la familia.

Avidez intelectual

Roland Barthes, un teórico activo, un observador comprometido.

Esta enfermedad lo mantuvo alejado de la guerra, pero también de la Escuela Normal Superior, donde soñaba estudiar. Para 1945 concluyó sus estudios en literatura clásica con posgrados en filología. En sus tiempos libres estudiaba intensamente semiótica y teoría lingüística, acumulando centenares de fichas bibliográficas con notas. A pesar de su avidez y obvio conocimiento, Barthes no tenía exactamente un trabajo fijo, y estuvo dando clases y tomando algunos puestos académicos en varias facultades universitarias. No sería hasta 1952, cuando empezó a publicar ensayos breves en la revista francesa Les Lettres Nouvelles (Las nuevas letras), que Barthes alcanzó algo de reconocimiento. tt Pese a la brevedad de sus ensayos, eran análisis profundos y entretenidos sobre elementos


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de la vida cotidiana y la cultura popular: el diseño del nuevo auto Citröen, la lucha libre, películas varias o hasta un viaje realizado por el escritor André Gide. Todos estos temas, aunque supuestamente superfluos, eran discutidos bajo el ojo crítico y semiótico de Barthes, caracterizado por su maestría en la dilucidación de símbolos y las interpretaciones. Sus ensayos fueron compilados y publicados en 1957 en un libro: Mitologías. Este compendio no sólo reunía estos ensayos, sino que agregaba uno más, de mayor extensión a los 54 que lo precedían: El mito hoy. Los ensayos giran alrededor de cómo la humanidad construye figuras mitológicas en el mundo contemporáneo, desde los anónimos diseñadores de autos hasta los arquetipos en las películas.

La moda como sistema

El mito hoy, es un trabajo más formalmente semiótico y teórico, en el que Barthes ocupa el marco lingüístico de Ferdinand de Saussure, de significado y significante, y le agrega la dimensión mitológica, misma que está conectada con la idea de hegemonía y poder. Para él, escritor cuyos textos pueden ser infinitamente complejos e intelectualmente desafiantes, la teoría era una manera de observar el mundo, y engloba una decisión activa. Mitologías hizo de Barthes una suerte de estrella fuera de los círculos exclusivamente intelectuales, y lo llevó a otro título seminal: El sistema de la moda (1967), un libro sobre el poco escrupuloso mundo de la moda, lleno de palabras vacías e intercambiables, cuya supuesta innovación en realidad demuestra no sólo un énfasis burgués sino una conexión intrínseca con los tabúes de la cultura. Barthes, no obstante, dejó de interesarse de forma cabal por la cultura de masas para hablar de otros temas de corte más teórico, específi-

camente aquellos que cruzaban las fronteras de la literatura y la semiótica. Uno de estos textos, y quizá el más leído del teórico, se trata de La muerte del autor (1967). En el párrafo de apertura del texto se lee lo siguiente: “La escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la identidad del cuerpo que escribe”. Inspirado en Bertolt Brecht, para Roland Barthes (al igual que para Michel Foucault o Umberto Eco), estudiar la biografía del autor para analizar su obra no es tan importante para dilucidar su significado.

Una discusión vigente

“Un texto no está constituido por una fila de palabras, de las que se desprende un único sentido (…), sino por un estudio de múltiples dimensiones en el que se concuerda y contrastan diversas escrituras, ninguna de las cuales es original: el texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura”, dice Barthes en su publicación. El concepto de “la muerte del autor” continúa generando amplia discusión y debate incluso fuera de los círculos académicos. Se puede observar en debates como el de la separación entre la obra y la vida moral de su artista (argumento citado para hablar de la polémica de Roman Polanski o Woody Allen), o en materias más simples como la percepción de una obra de arte de cualquier índole. Barthes, extendió esa idea con otros textos como S/Z (1970), un libro que anota la novela corta Sarrasine (1830), de Honoré de Balzac —un ejercicio que el propio Barthes admite podría ser infinito debido a la multiplicidad de interpretaciones posibles—. Estos conceptos hicieron de Barthes una figura clave en la transición del estructuralismo

al postestructuralismo, en el que se rechaza una comprensión convencional de fenómenos culturales, artísticos, sociales y más bien se buscan oposiciones complejas, que no necesariamente responden a un esquema binario u ordenado.

Ojo lúcido

Con estas aportaciones, el trabajo de Barthes adoptó una última evolución, esta vez hacia caminos más personales. Fragmentos de un discurso amoroso (1977) es una obra que oscila entre el ensayo filosófico y la literatura para discutir diversos tipos de manifestaciones amorosas. La obra ha sido adaptada al cine varias veces, recientemente por la directora Claire Denis, protagonizada por Juliette Binoche. El último libro de Barthes, Cámara lúcida (1980), es una reflexión alrededor de la fotografía, pero específicamente sobre su vida tras haber sido revelada. Barthes, gran admirador y analista de la fotografía, vio en este arte la posibilidad no tanto de congelar la realidad, sino de dar un testimonio de una realidad en constante cambio, sin detenerse ante nada. Desahuciado por la muerte de su madre —con quien vivió toda su vida— Roland Barthes falleció en un accidente el 26 de marzo de 1980, dos meses después de que Cámara lúcida llegara a estantes. Hay incontables maneras de recordar a Barthes. Un observador de la cultura popular, un analista del lenguaje o un interesado en las estructuras del poder. Todas esas, a pesar de ser verdad, también tienen un elemento incompleto, y quizá por eso la siguiente reflexión de Eugenides, en su libro The Marriage Plot (2011) se ajusta mejor que cualquier otra descripción: “Se supone que este libro que escribo es autobiográfico. Pero yo sostengo, con Barthes, que el acto de escribir es en sí mismo una ficcionalización, por mucho que utilice hechos reales”. *Gatopardo

Hay muchas formas de recordar la mirada lúcida de Barthes.


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Ventanas

Guatemala, viernes 24 de julio de 2020

La bestia loca de Mada Del tamaño de un lémur, este nuevo mamífero se encuentra entre los más grandes del Mezosoico, que solían ser como un ratón cuando convivían con los dinosaurios hace 66 millones de años. El hallazgo en Madagascar del esqueleto más completo de un gondwanaterio –que habitó en el antiguo supercontinente Gondwana–, revela características óseas primitivas únicas, posiblemente por su aislamiento. Adeline Marcos * AS “bestias de Gondwana”, también conocidas como gondwanaterios, fueron unos mamíferos que habitaron en lo que fue el supercontinente Gondwana, situado en el hemisferio sur, hace más de 66 millones de

Reconstrucción de Adalatherium hui, un nuevo gondwanaterio del Cretácico en Madagascar.

años. Hasta ahora, todo lo que se conocía sobre estos enigmáticos animales, que convivieron con dinosaurios y cocodrilos gigantes, se basaba en los escasos fósiles de dientes, mandíbulas y un solo cráneo. Un nuevo estudio, publicado en la revista Nature, presenta ahora el hallazgo del esqueleto más completo de un gondwanaterio, en este caso de una nueva especie a la que han denominado Adalatherium hui, que en griego y malgache significa “bestia loca” y cuyos restos se encontraron en 1999. Los fósiles permiten por primera vez “obtener una visión de cómo eran, vivían y con qué otros

El espíritu de la muerte

Keresdrakon vilsoni es el nombre científico de la nueva especie de reptil volador que ha sido descrita en un artículo publicado en la Academia Brasileña de Ciencias. El fósil proviene de la cuenca sedimentaria de Paraná, al sur de Brasil. En esta zona se habían descrito anteriormente varias especies de reptiles como el pterosaurio Caiuajara dobruskii, el lagarto Gueragama sulamericana y el dinosaurio Vespersaurus paranaensis. El lugar donde se realizó el hallazgo se conoce como el “cemitério dos pterossauros” (cementerio de pterosaurios) y fue descubierto en 1971 por el agricultor Alexandre Gustavo Dobruski y su hijo, João Gustavo. En 2012 se reanudaron los estudios en la zona y se realizaron varias excavaciones que permitieron obtener un gran número de fósiles. La descripción del reptil volador se publicó reciente-

mente en la revista de la Academia Brasileña de Ciencias. Habría vivido hace entre 110 y 80 millones de años en una zona periférica del desierto, alrededor de un oasis con agua y con cierta vegetación. “Las tormentas que ocasionalmente se producen en el desierto provocaron inundaciones y arrastraron los restos del animal en el fondo de un lago, donde fosilizaron”, explica el investigador Luis Carlos Weinschütz, de la Universidad de Contestado. Los fósiles se encontraron desarticulados, formando lo que se conoce como un lecho de huesos. El nuevo pterosaurio tenía unos 3 metros de envergadura, mucho mayor que Caiuajara dobruskii, la otra especie de pterosaurio descrita en esta zona de Brasil. “Tenía un pico enorme y fuerte, comparable al que presentan algunos pájaros actuales como el

mamíferos estaban relacionados los gondwanaterios”, dice David W. Krause, investigador en el Departamento de Ciencias de la Tierra del Museo de Denver de Naturaleza y Ciencia en EE. UU. Es el autor principal del trabajo y en 2014 ya describió el cráneo de uno de estos mamíferos, llamado Vintana sertichi. Este mamífero, con un tamaño muy superior al que tenían los del Mesozoico —que en general no eran más grande que un ratón—, añade una de las piezas que faltaban al rompecabezas sobre la evolución de los mamíferos en los continentes del sur hace entre 251 y 66 millones de años.

jabirú americano o el marabú africano”, comenta Borja Holgado, investigador asociado en el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, que actualmente está realizando el doctorado en el Museo Nacional de Brasil, vinculado a la Universidad Federal Río de Janeiro. El nombre, Keresdrakon proviene de la mitología griega. “Keres”, los espíritus que personifican la muerte violenta, la fatalidad o el saqueo; mientras que ‘Drakon’ significa dragón o serpiente enorme. De ahí que la nueva especie sea popularmente conocida como “el espíritu de la muerte”. “Constatamos que en esta zona convivieron dos especies de pterosaurio, cada una con un estilo de vida y hábitos de alimentación diferenciados”, explica Alexander Kellner, director del Museo Nacional, que ha lideró la investigación. (Sinc)


Viernes

Guatemala, viernes 24 de julio de 2020

agascar

“Sabemos muy poco sobre la evolución de los primeros mamíferos en el hemisferio sur. El esqueleto completo nos ha permitido determinar que los parientes más cercanos de los gondwanaterios era un grupo bien conocido del hemisferio norte, los multituberculados (un orden extinto de mamíferos similares a los roedores actuales que vivieron hace entre 201 y 23 millones de años)”, manifiesta Krause.

Un extraño tejón primitivo

El extraño animal, de cola corta y ancha, medía 52 cm de largo y pesaba unos tres kilos, pero pudo ser seguramente más grande ya que el

ejemplar hallado no era aún adulto. Aunque se parecía a un tejón actual, esa anatomía aparentemente normal era solo superficial. Sus huesos revelan que tenía características primitivas en el hocico que no se habían apreciado en 100 millones de años en el linaje que ha llevado hasta los mamíferos modernos. “El cráneo es extraño porque tiene un agujero entre sus huesos nasales y esto se desconocía en otros mamíferos. Tenía más agujeros en el hocico, lo que indica una inervación rica y un hocico sensible, con probablemente muchos bigotes”, detalla Krause, que también destaca las cavidades nasales y del oído interno. La composición ósea de su hocico también es inusual por la presencia de septos en los senos maxilares, y detrás de la cabeza su esqueleto presentaba más vértebras del tronco que cualquier mamífero mesozoico. “Basándonos en el esqueleto postcraneal, creemos que Adalatherium fue probablemente un cavador, y que posiblemente hizo madrigueras”, recalca el experto. Sus dientes, además, eran extraños: sus molares eran radicalmente diferentes a los de cualquier otro mamífero, existente o extinto. Como los incisivos eran muy grandes, los científicos consideran que los usaron para roer y los dientes posteriores para cortar vegetación. “En otras palabras, era probablemente un herbívoro”, señala el paleontólogo.

Aislados en Madagascar

Los primeros restos de gondwanaterios se encontraron por primera vez en Argentina en la década de los 80, pero desde entonces también se han localizado en África, la India, la península antártica y Madagascar. Al principio se pensó que estos mamíferos estaban relacionados con los perezosos, los osos hormigueros y los armadillos modernos, pero “ahora se sabe que formaron parte de un gran experimento evolutivo, que fracasó en el Eoceno, hace unos 45 millones de años”, dice Krause. El gran tamaño de la nueva especie, en comparación con otras del mismo periodo,

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Fósil del esqueleto de Adalatherium hui’, el nuevo mamífero gondwanaterio hallado en Madagascar.

puede ser resultado de su evolución de forma aislada en Madagascar. Según los autores, existen varias evidencias de que la evolución en las islas está relacionada con el tamaño corporal. Esta en concreto, que se separó de África hace 100 millones de años y se aisló hace unos 88 millones de años en el océano Índico al desprenderse del subcontinente indio, permitió la evolución de Adalatherium hui durante más de 20 millones de años de forma aislada. “Un tiempo suficiente para desarrollar sus extrañas características”, comenta el investigador. Además de esta especie, en Madagascar viven animales y plantas que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, incluidas las cucarachas gigantes, los gorgojos jirafas y las ranas tomate, entre otros. Hace tan solo unos miles de años, la fauna de Madagascar también incluía pájaros elefantes de unos 600 kilos y lémures del tamaño de un gorila e hipopótamos pigmeos, apuntan los autores. *Sinc

Zorro rojo Al igual que no todos los humanos nos parecemos, hay marcadas diferencias anatómicas también entre individuos de una misma especie, algo que complica el trabajo de los paleontólogos cuando se trata de animales extintos. “Las diferencias intraespecíficas en las faunas extintas a menudo nos llevan de cabeza”, explica el paleontólogo Joan Madurell, del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP). “Precisamente esto es lo que ha sucedido con el estudio de la evolución del zorro las últimas décadas”, continúa. Madurell y Saverio Bartolini de la Universidad de Florencia en Italia han analizado de manera exhaustiva las variaciones de tamaño y de distintos caracteres morfológicos de la especie de zorro rojo actual (Vulpes vulpes) y las han comparado con

las que se observan en diferentes especímenes fósiles atribuidos al mismo género; hasta ahora consideradas especies distintas. Los resultados, publicados en la revista Quaternary Science Reviews, revelan que en los últimos 4 millones de años en Europa hubo una única especie de zorro, Vulpes alopecoides, a partir de la cual habría derivado la especie actual. V. alopecoides fue un zorro de tamaño un poco más pequeño que el actual y, probablemente, con una dieta menos generalista. Hace unos 400 mil años, esta especie habría dado lugar a una nueva especie algo más grande y generalista, el zorro rojo actual, que está distribuido por toda Eurasia, Norteamérica, el sur de Australia y el norte de África. Los investigadores atribuyen la aparición del zorro rojo actual a los cambios ocurridos en los

ecosistemas europeos por la intensificación de los ciclos glaciares. El caso del zorro no es excepcional en el estudio de la evolución de los vertebrados en Europa, una disciplina que se inicia hace unos 150 años. “Hay que tener en cuenta, además, que los paleontólogos a menudo se han interesado más por las especies de carnívoros grandes y espectaculares como los tigres dientes de sable, que por las pequeñas como los zorros”, comenta Joan Madurell. Según los investigadores, el estudio muestra cómo la naturaleza tiende a la simplicidad y que los linajes evolutivos a menudo –aunque no siempre– tienden a ser parsimoniosos y que los cambios evolutivos suceden mayoritariamente impulsados por cambios bruscos de índole climática en los ecosistemas. (Sinc)


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Revista Viernes del Diario de Centro América del 24 de julio de 2020 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu