Guatemala, 6 de marzo de 2020 AĂąo 7 No. 321
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Reglas
de la vida
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Portal
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Vania V
Editorial Según se desprende de nuestro tema de portada, la
Luz, trayecto
vida en nuestro planeta es un sistema de componentes que, considerados aisladamente, pueden llegar a mostrarse frágiles y hasta volátiles, pero que, en conjunto, consituyen un formidable tejido en el que lo orgánico
a admiraban como se admiran los relámpagos durante una tormenta: con auténtico asombro, pero con una prudente distancia. Lucita era centellante y se fue abriendo camino a través de la conservadora Guatemala a grandes zancadas. Todo lo hacía refutable, a todo le podía pedir cuentas, se enfrentaba cara a cara con las injusticias y desigualdades. Nicolle de la Vega
y lo inorgánico se fusionan de modos inimaginables. Nada más orgánico, por ejemplo, que el sistema de cristales que rige el caos aparentemente desordenado y caprichoso de las nubes. O el de los fotones que, indoblegables, gobiernan el galope desbocado del rayo.
La vigencia de su obra reafirma la necesidad de que sean las mujeres quienes cuenten sus propias historias, con su propia voz, en el escenario o fuera de él, la importancia de su obra radica en haber abierto el camino para que esto sea posible hoy. Evelyn Price
Pero ya se sabe que nada hay oculto en la Tierra a los ojos del cielo. De ahí que, en lo más recóndito de las cavernas, puedan encontrarse las huellas de cometas extraviados en el cosmos. Polvo de estrellas somos,
Ajena a la mediocridad, nunca pudo pasar inadvertida, aunque se lo propusiera, ya que siempre opuso su voz valiente e impuso su soberbia presencia. Fue una diva con sustancia. Y, paradójicamente, discreta. Su vida enriqueció la nuestra, ya que todo lo marcó con un sello inolvidable: la intensidad. Lucrecia Méndez de Penedo
pues, y en ellas nos reconocemos. El viento mismo es otro universo de espejismos habitado por seres prediluvianos. En la llanura, el paso animado de los lobos moldea caminos y teje senderos para el viajero. Y en el lienzo virgen e inacabable de la memoria, se dibujan mitos y se tejen sueños, mientras la vida se alimenta de la vida para construir más vida. Archivo
DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano
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En portada: paisaje de Jan Brueghel el Joven, 1650.
Coordinación: Francisco Chinchilla Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Freddy Pérez
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lería El 3 de marzo de 1845, en el Opéra-Comique de París, se estrenó Carmen, ópera dramática en 4 actos con música de Georges Bizet y libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac. La pieza está basada en la novela homónima de Prosper Mérimée, la cual a su vez posiblemente estuviera influida por el poema narrativo Los gitanos (1824) de Aleksandr Pushkin. Mérimée había leído el poema en ruso en 1840, y lo tradujo al francés en 1852.
Semblanza Marguerite Duras La novelista, dramaturga y guionista y directora de cine francesa Marguerite Germaine Marie Donnadieu, nació el 4 de abril de 1914 en Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Minh), Vietnam. Después de cursar el bachillerato, con 18 años se traslada a París para estudiar Derecho, disciplina en la que se licenció en 1932. Dos años después comenzó a trabajar como funcionaria en el Ministerio de las Colonias en el que permaneció hasta 1941. Las experiencias que vivió junto a su madre en Indochina, donde residió hasta 1932, le inspiraron la novela Un dique contra el Pacífico, con la que se dio a conocer en 1950, tras publicar varias novelas de escaso éxito. Esa obra narra la vida de una familia francesa empobrecida en Indochina. Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró en París con la Resistencia, por lo que fue deportada a Alemania. De ese tiempo afirmaba haber salvado la vida al compañero de la misma red de Resistencia, François Mitterrand, quien posteriormente llegaría a ser presidente de Francia. Una vez terminada la contienda, inició su intensa actividad en los campos del periodismo, la narrativa, el teatro y el cine, y escribió y dirigió varias películas y obras teatrales, a la vez que defendió con entusiasmo el movimiento feminista. Encuadrada inicialmente en los moldes del neorrealismo de posguerra (Los caballitos de Tarquinia, 1953) y afín a la línea existencialista de Jean-Paul Sartre y Albert Camus, se acercó después a los postulados del nouveau roman de Alain Robbe-Grillet, aunque sus novelas no se limitan nunca al mero experimentalismo, sino que dejan traslucir un aliento intensamente personal y vívido, como sucede en Moderato cantabile (1958). Escribió el guion de la célebre película Hiroshima, mon amour (1958), dirigida por Alain Resnais con gran éxito. Entre sus películas cabe destacar India Song (1975) y Los niños . Los temas de Duras fueron siempre los mismos: el amor, el sexo, la muerte, la soledad. En 1969 publicó Destruir, dice ella y dos años después El amor (1971), que anticipa en ciertos aspectos su obra más celebrada, la semiautobiográfica El amante, con la que obtuvo en 1984 el Premio Goncourt, el galardón literario más prestigioso de su país, y se convirtió en un auténtico bestseller mundial, siendo adaptada para el cine por el director Jean-Jacques Annaud. Al año siguiente apareció el relato con fondo autobiográfico El dolor, que fue escrito en 1945, y en 1990 su última novela, La lluvia de verano. La agitada vida de Duras rivaliza y se combina con su obra, hasta el punto de ser ambas difícilmente comprensibles por separado. Un personaje ineludible en la vida de Duras fue su madre, cuyo desamor marcó toda su vida e hizo de ella un personaje controvertido, en el que se entremezclaban las exigencias del corazón y los caprichos del cuerpo; impetuosa y obstinada, tuvo tantos detractores como seguidores de sus obras. Marguerite Duras falleció el 3 de marzo de 1996, en París, debido al cáncer que padecía desde hacía tiempo.
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Reglas de la vida “Esta es una historia de esperanza auténtica, fundamentada en la ciencia y basada en experiencias de la vida real, sobre lo que se puede hacer”. Dalia Ventura* a historia a la que se refiere el biólogo Sean B. Carroll es, efectivamente, una de paisajes recuperándose, bosques reapareciendo, especies retornando y vidas floreciendo. Todo gracias al trabajo pionero de cinco científicos “de los que quizás no hayas oído hablar, pero que tienen algo importante que contarte”. En el espacio de 6 décadas, cada uno fue añadiendo conocimientos desde su lugar del mundo, poniendo a prueba una hipótesis hasta que llegó a ser una teoría reveladora. “Vieron cosas que nadie había visto antes, pensaron cosas que nadie había pensado hasta entonces, y lo que descubrieron cambia la manera en la que uno ve la naturaleza”, subraya Carroll. Y no exagera. Pero además, demostraron que si bien la intervención del ser humano puede ser, y ha sido, dañina para el planeta, también puede ser beneficiosa, “algo que hace mucha falta tener en cuenta en estos momentos”.
Lo que sabíamos
Todos esos científicos partieron con una visión del mundo que quizá te sea familiar. Es aquella de que la forma en la que el mundo funciona es que las plantas reciben la luz del Sol y la convierten en alimento; algunos animales se comen esas plantas y luego unos depredadores se comen a algunos de esos comedores de plantas. Pero en la década de 1960 uno de ellos, el ecologista estadounidense Bob Paine, se preguntó si los depredadores realmente no eran más que eso, si su rol en la naturaleza de verdad se reducía a comer carne en esa cadena alimenticia. El problema era cómo investigarlo... “no puedes sacar a todos los leones de un entorno a ver qué pasa”, señala Carroll en su libro Las reglas del Serengueti: la búsqueda para descubrir cómo funciona la vida y por qué es importante. Necesitaba un lugar en el que todo un sistema estuviera contenido y fuera de un tamaño
Las pozas eran un laboratorio natural que le permitieron a Bob Paine hacer el equivalente de sacar los leones de África para ver qué pasaba.
manejable. Lo encontró en las pozas de marea de una bahía en el noroeste de EE. UU. llamada Makah, en las que vivía todo lo que necesitaba: unas 15 especies de organismos, gasterópodos carnívoros alimentándose de percebes, erizos de mar alimentándose de algas... y, lo más importante, un gran depredador: estrellas de mar. “Uno las ve y piensa: ‘¡Qué bonita!’ pero son feroces. Son unas consumidoras masivas. Comen percebes, les fascinan los mejillones... son los leones de las pozas de marea”, señala Paine en el documental de Passion Pictures Films “Las reglas de Serengueti”, basado en el libro de Carroll.
Con y sin estrellas
El experimento podía comenzar. Paine sacó las estrellas de una de las pozas pero no de otra y durante meses observó qué pasaba. Pronto empezó a notar los cambios en la poza sin estrellas: los mejillones empezaron a multiplicarse, mientras otras especies fueron desapareciendo. Al cabo de unos años, de las 15 especies que había originalmente solamente quedaron los mejillones.Crucialmente, en otras pozas, Paine retiró otras especies y en ninguno de esos casos sucedió lo mismo. Claramente, la diversidad en esas pozas de marea dependía de las estrellas.
El depredador era el bastión del sistema. Sus experimentos demostraron que en ecosistemas maduros algunos animales son más importantes que otros. Los llamó “especies clave”, en el sentido de las dovelas o piedras clave en los arcos romanos, pues si las quitas, colapsa todo el arco.
¿La excepción o la regla?
Paine había sentado las bases, pero era necesario saber si lo que él había descubierto era una regla de la vida o una peculiaridad. Por suerte, la ciencia es generalmente un trabajo en equipo, así no trabaje al mismo tiempo ni en el mismo lugar. En el sudoeste de Alaska hay una isla volcánica llamada Amchitka, donde cuando llegas te recibe un cartel que dice: “No es el fin del mundo... pero desde aquí lo puedes ver”. El fin del mundo no era precisamente lo que el ecólogo marino Jim Estes se había dedicado a ver en el remoto lugar. Su interés estaba bajo el agua, donde había encontrado un bosque de algas que —como los de tierra firme— proveía un hábitat para muchas especies, entre ellas una gran cantidad de nutrias. Un día llegó Bob Paine al lugar y le sugirió que en vez de ver al bosque como el soporte de las nutrias, pensara en las nutrias como depredadores...
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“Ese fue el principio del resto de mi vida”, cuenta Estes en el documental. Para ver qué efecto tenían estos mamíferos carnívoros en el sistema, visitó una isla cercana llamada Shemya, en la que no los había, y cuando sumergió su cabeza bajo el agua, en vez de un bosque lleno de vida, se encontró con un desierto poblado solo por erizos. Estes sabía que las nutrias comían muchos erizos y que los erizos comían muchas algas. Sin las nutrias, los erizos se habían multiplicado sin control y se habían comido todas las algas; sin las algas, todas las otras especies habían desaparecido. Sin los depredadores que lo protegieran, el bosque submarino no podía existir.
En tierra firme...
Algo similar comprobó en la década de 1970 la ecologista Mary Power —quien había sido alumna de Paine y había leído los informes de Estes— en unos arroyos de Oklahoma, Estados Unidos. Notó que en algunos de ellos se habían formado una serie de piscinas estériles intercaladas con piscinas de un vibrante color verde esmeralda. Tras investigar y experimentar, comprobó que la diferencia se debía a la presencia o la falta de la especie clave, que en este sistema era el Micropterus salmoides, conocido comúnmente como perca atruchada o americana, huro y lobina negra. El resultado del trabajo de Power en los arroyos, Paine en las pozas de marea y Estes en el océano comprobaba que la hipótesis de las especies clave era cierto en una amplia gama de ambientes acuáticos. Faltaba un experimento en tierra y el lago Guri en Venezuela lo proveyó. El enorme lago había sido creado con la construcción en el río Caroní de la represa de Guri, lo que había producido muchas islas, la mayoría sin depredadores. El ecólogo y biólogo de conservación John Terborgh las exploró y recuerda que cuando fue a verlas “parecía como si las hubiera arrasado un huracán”. En algunas islas, las hormigas cortadoras de hojas se habían reproducido incontroladamente dada la ausencia de hormigas guerreras,
así que habían defoliado los árboles una y otra vez hasta matarlos. “El fenómeno se repetía, de maneras distintas y con diferentes especies clave, pero el resultado siempre era el mismo: lo que había empezado siendo un bello bosque verde, en 20 o 25 años era solo escombros”, dice Terborgh.
El misterio de las nutrias
Lo que estos científicos estaban configurando era una forma totalmente nueva de mirar el mundo. Derribaba preconceptos y revelaba conexiones ocultas completamente inesperadas entre las criaturas y la naturaleza. Pero aún faltaba entender cuán profundas y longevas eran esas conexiones. Fue Jim Estes, cuando retornó a la isla Amchitka a principios de la década de 1990, quien lo descubrió. “¡Aquello era una locura: cuando me fui había 8 mil nutrias y 5 años después, no quedaba casi ninguna!”. No solo allí sino en todo el archipiélago de las islas Aleutianas, del que forma parte Amchitka. “Se trataba de la desaparición de varios cientos de miles de nutrias, un declive del 95-99 %, desaparecidas sin que se viera ningún cadáver en la vecindad”. Pronto, Estes notó otro cambio asombroso: “En los 70 y 80 me topaba con una orca cada tres o cuatro años. En los 90, empecé a verlas tres o cuatro veces al día... y se estaban comiendo no solo a las nutrias, sino a otros animales que faltaban”. ¿Qué había pasado? Aunque en ese momento no era obvio, había sido obra del controlador clave: el ser humano. Con frecuencia hemos sacado al depredador clave de los ecosistemas naturales, pero en este caso, no se trataba de la eliminación de un depredador, sino de su alimento. La causante de tan dramático evento fue la caza de ballenas industrial que en el océano Pacífico Norte comenzó después de la Segunda Guerra Mundial y continuó hasta principios de la década de 1960. Para entonces, las grandes ballenas en el Pacífico Norte habían sido diezmadas. Sacarlas conmocionó el sistema pues eran grandes y altamente nutritivas
para las orcas, que se vieron obligadas a ampliar su dieta. Lo primero que comieron fue focas, hasta terminar con ellas. Después, leones marinos. Cuando se acabaron, les llegó el turno a las nutrias. El impacto afectó virtualmente a todo. Desde el salmón hasta las aves marinas y las águilas calvas. Todo el sistema se derrumbó.
Vastas escalas
Para Estes, reconocer que la naturaleza está conectada en tan vastas escalas de espacio y tiempo de manera tan importante fue una revolución en su pensamiento científico. Armados con esta visión completamente nueva, fue posible empezar a notar cosas que no se veían a pesar de estar frente a nuestras narices. “Si te digo, así no más, ‘los árboles necesitan a los lobos’, quizás te asombre, pero ese tipo de revelaciones surgen no de mirar a la naturaleza como si fuera un cuadro bonito sino que son fruto de esa comprensión de cómo funciona la naturaleza”, dice Carroll. Pero todo esto está sonando muy pesimista y te habíamos prometido una historia de esperanza. Lo que pasa es que nos falta una ficha clave de este rompecabezas, la que descubrió el científico Tony Sinclair trabajando en uno de los lugares más icónicos del planeta: el parque nacional Serengueti, en Tanzania.
Más y más y más de todo
Cuando Sinclair comenzó a trabajar en Serengueti, aunque no se dio cuenta en ese momento, incluso el parque nacional más famoso del mundo estaba muy degradado. Hace 120 años, una epidemia de peste bovina, muy similar al sarampión, diezmó a los animales del lugar, particularmente a los ñus, cuya población se mantuvo baja durante 70 años, hasta que en la década de 1960 los veterinarios lograron erradicar la enfermedad en la mayor parte de África. Para cuando Sinclair llegó, la mejoría empezaba a ser obvia. “Cuando llegué, había alrededor de 250 mil ñus; 8 años más tarde, ya eran 1.4 millones”, cuenta Sinclair. “Era un récord mundial,
Bob Paine descubrió la primera pieza del rompecabezas y acuñó la frase “especies clave”.
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Hermosas... y hambrientas
la mayor población de ungulados del mundo”. Sinclair asistió entusiasmado a una reunión en 1982 para contarle al mundo lo que estaba sucediendo. “Cuando dije la cifra de 1.4 millones, hubo un silencio mortal. No esperaba esa reacción en absoluto”. Sus homólogos pensaban que era irresponsable permitir que se multiplicaran de esa forma y alegaban que había que sacrificarlos pues iban a destruir los hábitats y a causar un colapso del sistema. “Pero, pensé, ¿por qué los humanos debían interferir? Estos sistemas han existido durante millones de años sin que se requiera que los humanos interfieran para que persistieran”. Aunque consciente de que estaba poniendo en riesgo uno de los lugares icónicos de la Tierra, el equipo de Sinclair decidió mantenerse firme y convenció a las autoridades del parque de que no cedieran al sacrificio. Los censos de los siguientes cuatro años dieron el mismo resultado: 1.4 millones. El sistema se había nivelado por sí solo y no había daños ambientales. “Todo lo contrario: para nuestra sorpresa, descubrimos que el sistema se estaba reparando a sí mismo. De repente, todo comenzó a reconectarse”, cuenta Sinclair. “Los ñus producían estiércol, lo que fertilizaba los pastos, que se volvieron altamente nutritivos. Y, al comérselos, había menos combustible y, por lo tanto, menos incendios. “Eso permitió que aumentaran las poblaciones de árboles que probablemente no habían crecido desde el siglo XIX. Esos árboles proporcionaron más alimento para los elefantes, las jirafas y para muchas, muchas especies de aves. Y eso atrajo a muchos más depredadores porque también había más comida para ellos”. “Me di cuenta de que el ñu era una especie clave y que, contrariamente a lo que Bob Paine había asumido —que la especie clave eran siempre un depredador—, en realidad, podía ser un herbívoro”. Además de eso, y quizás más importante, lo que los estudios de Tony Sinclair mostraron fue que a pesar de que esa especie clave había faltado
durante 70 años, la capacidad de recuperación del ecosistema no se había agotado. Y cuando la especie clave reapareció, Serengueti cambió profundamente: más árboles, más jirafas, más pájaros cantores, más mariposas, más escarabajos, más y más y más y más de todo. Era una prueba a gran escala de que la degradación no es una condena: es reversible.
Poner la estrella en su lugar
Bob Paine había sido el primero en vislumbrarlo: si eliminas la estrella de mar, la biodiversidad colapsa. 60 años después de su experimento, ecologistas prominentes compararon experiencias y quedó claro que esa es la forma en la que la naturaleza funciona en todas partes. Habían revelado las reglas de la vida en el planeta. “Si quieres arreglar algo, necesitas saber qué está dañado”, dijo Paine. Y gracias a él y a ese puñado de científicos es posible averiguarlo. Ahora, al ver esos paisajes degradados en vez de hacer comentarios negativos, pesimistas, fatídicos, podemos preguntarnos: ¿estamos condenados? ¿Está sellado el destino para esos lugares y especies? Y, en muchos casos, la respuesta es: “No”. “No es que vas a encontrar especies clave en todas partes, pero ¡vaya que son prevalentes!”, señala Carroll. Es cuestión de encontrar el equivalente de la estrella para cada ecosistema. Un ejemplo conocido es el del parque nacional de Yellowstone, en el noroeste de EE. UU., en el que hace unos 20 años la población de lobos se incrementó mediante intervención humana para controlar el número de alces, que estaba afectando seriamente la vegetación del parque. Con el retorno de los lobos después de 70 años de ausencia, los sauces se recuperaron, los álamos prosperaron, los castores regresaron y los osos se expandieron. Y en Argentina, algo asombroso: en los altiplanos a los que los pumas han podido regresar, la hierba crece y crea hábitat para todo tipo de criaturas. Y el cuerpo de conocimiento, el número de ejemplos, está creciendo. En el Medio Oeste de EE. UU., hay gente agregando
peces clave a los lagos, que se tornan de verdes y turbios a cristalinos. En los arrozales, las arañas son la especie clave. Entonces, si quieres comer arroz, protege las arañas. En Escocia, entre tanto, demuestran cómo sus hermosas praderas no deberían ser... praderas. Ese recinto cercado muestra el impacto de los animales que pastan y cómo se vería el paisaje escocés sin ellos. Y, así, en muchas partes del mundo hay proyectos similares que están recuperando lugares y especies.
Resurrección
Una de las historias que más han emocionado a Carroll es la del Parque Nacional Gorongosa en Mozambique, que, como suele pasar con las experiencias inspiradoras, empieza con una gran pérdida: la de su vida silvestre debido a una de las guerras civiles más largas, brutales y destructivas de las últimas décadas (1977-1992). Pero la paz eventualmente trajo el interés por recuperar lo que varios llamaron “el paraíso perdido” de Gorongosa. Actualmente, como bellamente lo dijo un artículo de la revista National Geographic, “se puede ver la naturaleza dando un suspiro de alivio”. “El proyecto lleva poco más de 15 años, y uno se queda aterrado de que las cosas puedan recuperarse a esa velocidad”, exclama Carroll. “Compruebas que si le das la oportunidad, la naturaleza es muy resiliente”, asegura. “No es que no sea realista... ¡soy un científico: yo creo en datos empíricos!”. Una vez que los tiene, hace un esfuerzo por encontrar y difundir luces al final del túnel. “Gran parte de la historia humana es acerca de la superación de retos. Para eso tienes que valerte de energía y visión; el pesimismo es una profecía autocumplida y a muchos nos preocupa que la gente se dé por vencida. “No es el momento de darse por vencido, es el momento de redoblar nuestros esfuerzos y preguntarse ‘qué se puede hacer’ una y otra vez. “Hay que enfocarse en la labor, no en la desesperación”.
*BBC
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Federico Chopin DCA, 15 de febrero de 1936.- Nace Chopin en Zelazowa-Wola, cerca de Varsovia, el 22 de febrero de 1810. A los 20 años sale de Polonia. Tras breve estancia en Viena, dirígese a París, donde vive, salvo breves ausencias, durante 17 años. Muere allí el 19 de octubre de 1849. Al cabo de un siglo han podido reunirse y publicarse 337 cartas suyas, pese a que mostró singular renuencia al cultivo de la epístola. “Bien sabes —confía a su amigo Kumelsky— que gusto más de tocar que de escribir. ¡Si mis pensamientos pudieran por sí mismos y sin papel ir al correo!...”. Desencantado quedaría el que buscando delicias literarias se engolfara en dicha correspondencia. Su valor es la simpleza y calidez familiar. Su encanto radica en la sensación de intimidad que transmiten. Fue Chopin un niño prodigio, pero no —como suele suceder en tales casos— un niño explotado. En la ciudad de Mozart y de Beethoven, la presentación de aquel chico rubio, pálido, enclenque, de ojos grises y sobresaliente nariz, conmueve y arrebata. La muchedumbre le aclama en su inicial concierto. Lichnowsky, el príncipe protector de Beethoven, quiere prestarle su propio piano para la siguiente audición. Vuelve a Varsovia, pero duda quedarse. Por fin se marcha con un anillo hecho con cabellos de su hermana Luisa. Será lo último que lo ate a Polonia.
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Reporte en V
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Pesticidas y desarrollo Fotos: Archivo
Aproximadamente un tercio de los pesticidas vendidos por las principales agroquímicas del mundo están clasificados como “altamente peligrosos” y tienen como principal destino a los países menos desarrollados, según una reciente investigación. BBC* egún datos analizados por Unearthed —una organización periodística independiente financiada por Greenpeace y la ONG suiza Ojo Público—, en 2018 las ventas de este tipo de pesticidas generaron ganancias por el orden de los US $4 mil 800 millones para las cinco principales empresas del sector. “Casi la mitad (41 %) de los principales productos de los gigantes agroquímicos BASF, Bayer, Corteva, FMC y Syngenta contienen al menos un plaguicida altamente peligroso (HHP, por sus siglas en inglés)”, afirma Unearthed. Y las ventas de estos productos representaron el 36 % de todos los ingresos de estas cinco empresas, las que sin embargo cuestionan el análisis. Además, según Unearthed, más de dos tercios de esas ventas se realizaron en países de bajos y medianos ingresos como Brasil e India, con la nación latinoamericana confirmándose como su principal mercado. De hecho, la investigación encontró que, en promedio, solamente el 27 % de los plaguicidas vendidos en los países desarrollados podían ser considerados como altamente peligrosos, y en países como Reino Unido la proporción se reduce al 11 %. En contraste, el 45 % de los agroquímicos vendidos por los cinco grandes en países de ingreso bajo o medio entran dentro de esta categoría, y la cifra sube a 65 % en el caso de Sudáfrica, 59% en India y 49% en Brasil. Brasil es el país que más pesticidas compra en todo el mundo, con compras por el orden de los US $3 mil 300 millones solo en 2018, fundamentalmente para uso en cultivos de soja, maíz y algodón. En América Latina se destacan además Argentina, que en en el mismo año gastó US $229 millones —47 % en HHP— y México, que invirtió US $115 millones, 42 % en HHP.
¿Necesarios?
Para su investigación, Unearthed analizó productos adquiridos por los 43 países que más pesticidas compran en mundo y los cruzó con la lista más reciente de plaguicidas altamente peligrosos del Pesticide Action Network (PAN). Esta lista incluye productos que contienen al menos un componente identificado como altamente perjudicial para la salud ambiental y de las personas por autoridades y reguladores independientes. La misma, sin embargo, ha sido cuestionada por la industria agroquímica.
La mayor parte de los plaguicidas perjudiciales para la salud y el ambiente se vende en el mundo en desarrollo.
El 10 % de las ventas de los cinco grandes de la agroquímica es de productos considerados tóxicos para las abejas.
“Los criterios considerados por PAN son a menudo criterios ambientales que aún no están acordados ni respaldados (por la FAO y la OMS)”, explicó Christoph Neumann, director de regulación internacional de Crop Life, el influyente grupo de lobby integrado por las 5 empresas señaladas más la japonesa Sumitomo. Neumann también destacó que de los 19 productos químicos identificados como los HHP de mayor venta por Unearthed, 12 están autori-
zados para su uso en la UE y 18 en EE. UU. Y según el diario británico The Guardian, Bayer calificó el análisis de Unearthed como “engañoso”, si bien la empresa alemana no quiso presentar sus propios datos. CropLife también ha argumentado en el pasado que los HHP son una “herramienta importante para luchar contra la pérdida de cosechas” y un importante último recurso para “producir suficientes alimentos para una
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población en crecimiento”. El grupo también sostiene que la mayoría de los HHP vendidos en los países en desarrollo no son fabricados por sus miembros, quienes también han “liderado con el ejemplo” con medidas como capacitar a millones de personas en técnicas de reducción de riesgos. Pero Baskut Tuncak, el relator especial de Naciones Unidas para Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos, rechazó la idea de que los riesgos planteados por los HHP puedan gestionarse de manera segura. “Estamos en medio de una explosión invisible en el uso de pesticidas en países de bajos y medianos ingresos, que están mal equipados para manejar tales peligros”, le dijo Tuncak a Unearthed.
¿Qué son los HHP?
La Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) definen los HHP como “plaguicidas reconocidos por presentar niveles particularmente altos de peligros agudos o crónicos para la salud o el ambiente, según los sistemas de clasificación internacionalmente aceptados”. Estos peligros ambientales incluyen problemas como la con-
taminación de fuentes de agua o la “interrupción de las funciones del ecosistema”, como la polinización. Naciones Unidas, sin embargo, nunca ha producido una lista de HHP, por lo que el Pesticide Action Network mantiene una basada en clasificaciones hechas por la OMS, la Agencia Europea de Químicos, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. Y, según esa lista, casi una cuarta parte de las ventas de los cinco grandes en 2018 correspondió a productos con pesticidas que han sido vinculados a efectos sobre la salud humana (incluidos carcinógenos conocidos o presuntos), mientras que un 10 % provino de pesticidas tóxicos para las abejas. Según el análisis, otro 4 % de las ventas fue de productos químicos que son extremadamente tóxicos para los humanos.
Los principales culpables
Por volumen de ventas, entre los HHP identificados por la investigación de Unearthed se destaca al polémico glifosato, con ventas superiores a los US $ mil millones en 2018. El herbicida, desarrollado por Monsanto mucho antes
de su adquisición por Bayer, ha sido identificado como un “posible cancerígeno” por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, una clasificación que sin embargo ha sido disputada por la empresa alemana y varias agencias reguladoras. Entre los químicos que podrían representar peligros crónicos para la salud también se destacan el glufosinato, un herbicida producido por BASF, y el fungicida ciproconazol de Corteva, a los que los reguladores de la UE han clasificado como perjudiciales para los fetos, la fertilidad y la función sexual. La principal amenaza para las abejas, por su parte, la representan neonicotinoides producidos por Bayer y Sygenta, los que ya fueron prohibidos para uso externo en la Unión Europea pero han encontrado un importante mercado en Brasil. Y la empresa también suiza Sygenta es la principal vendedora de pesticidas clasificados como altamente tóxicos por la OMS. Entre estos productos se destaca el paraquat, un herbicida tan tóxico que un solo sorbo del mismo puede ser letal, que ya ha sido prohibido en la misma Suiza y la UE. *British Broadcasting Company
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Los abundantes cultivos de soya, algodón y maíz de Brasil lo han convertido en el principal comprador de plaguicidas del mundo.
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Contando el tiempo
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El telescopio será lanzado a millones de kilómetros de la Tierra y tendrá la capacidad de detectar cualquier galaxia en el universo.
Mirar hacia el pasado
El espejo del JWST tiene 6.5 metros y deberá viajar doblado en 18 segmentos hexagonales que se desplegarán en el espacio.
Es un observatorio espacial que puede mirar hacia el punto más remoto del pasado. BBC* l telescopio espacial James Webb (JWST), una misión internacional de las agencias espaciales de Estados Unidos (NASA), Europa (ESA) y Canadá (CSA), lleva varios años en construcción, con un costo de miles de millones de dólares. Sus responsables planean lanzarlo a millones de kilómetros de la Tierra y los científicos afirman que tendrá la capacidad de detectar cualquier galaxia en el universo. Pero una pieza clave del JWST es un instrumento creado por un equipo de astrónomos e ingenieros de Edimburgo, Escocia. Es el MIRI (Mid Infrared Instrument), una herramienta diseñada para medir el rango de longitud de onda del infrarrojo medio. El MIRI, uno de los cuatro detectores clave del JWST, permitirá mirar hacia el pasado, a
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unos cientos de millones de años después del Big Bang, un momento que se cree ocurrió hace más de 13 mil 500 millones de años.
¿Cómo mirar hacia el pasado?
La capacidad para mirar el pasado está basada en el hecho de que incluso la luz tiene un límite de velocidad. La luz viaja a 300 mil km/s. Así, debido al tiempo que tarda en recorrer el espacio, cuanto más lejos está un objeto más atrás vemos en el tiempo. Por ejemplo, como la luz del Sol tarda 8 minutos en llegar a la Tierra, en realidad los que estamos en ella vemos al Sol como era hace 8 minutos. Entonces, la imagen de una estrella que está a mil millones de años luz distancia tarda mil millones de años en llegar a nosotros. Y cuando vemos esa estrella, lo que estamos viendo es cómo era hace mil millones de años. El telescopio James Webb es el instrumento perfecto para estudiar esos mundos y planetas distantes que orbitan otros soles. La existencia del primer exoplaneta fue confirmada en 1995. Ahora sabemos que hay más de 4 mil de ellos. El MIRI permitirá a los astrónomos mirar esos cuerpos celestes en mayor detalle, incluida la observación de sus atmósferas para prometedores signos de vida extraterrestre.
Ingenieros de control de contaminación inspeccionan el MIRI en la NASA.
¿Cómo funciona?
Como todos los telescopios espaciales, el JWST tiene una ventaja sobre sus contrapartes establecidos en la Tierra. No hay una atmósfera que distorsione nuestra visión, así que las estrellas no centellean en el espacio. Todos los instrumentos del James Webb observarán la luz infrarroja, lo cual es vital para entender el universo. Los objetos más lejanos que podemos detectar se ven con luz infrarroja porque esta puede atravesar el polvo interestelar que bloquea la luz visible. Además, la luz visible que viaja desde una estrella lejana se distorsiona en su trayecto hacia nosotros. La longitud de onda se vuelve más larga, lo que significa que la luz que estaba en el rango visible para los humanos es desplazada hacia el infrarrojo del espectro electromagnético. Este es un efecto llamado “desplazamiento hacia el rojo” y significa que si queremos ver hacia puntos más remotos del pasado debemos mirar objetos que resultan invisibles para nosotros. Pero estos objetos “invisibles” no serán invisibles para el James Webb. Tres de sus detectores están sintonizados hacia el infrarrojo cercano. Como el término sugiere, esos son los rojos que podemos ver en el espectro electromagnético. Pero el cuarto detector, el MIRI, puede mirar más profundamente, hacia el infrarrojo medio. Lo que significa que podrá observar mucho más lejos y a puntos mucho más remotos. El detector “puede ver los colores de los objetos, por ejemplo, los que están a aproximadamente temperatura ambiente. Esto hace particularmente interesante el estudio de planetas que orbitan otras estrellas”, explica el profesor Alistar Galsse, uno de los principales científicos del MIRI. Y lo más fascinante es que el MIRI será capaz de mirar hacia casi el comienzo del universo. “Pensamos que las primeras estrellas que se formaron eran muy grandes y comenzaron la cadena de producción de los elementos y
estrellas que vemos a nuestro alrededor”, dice la profesora Gillian Wright, otra importante investigadora europea del MIRI. “No sabemos mucho sobre esta era. Sabemos cómo se veía la estructura del universo poco después del Big Bang y, por el (telescopio) Hubble y otras misiones, cómo se ven las galaxias ahora o en épocas posteriores”, explica Wright. “Pero, la pequeña porción en el medio, cómo se formaron las primeras... no sabemos mucho sobre esa era”, sostiene la científica.
Un espejo más grande que el del Hubble
El JWST es, literalmente, un enorme proyecto. Tiene el tamaño de una cancha de tenis y su espejo de 6.5 metros es varias veces más grande que el del Hubble. En su configuración funcional es demasiado grande para cualquier cohete, por lo que deberá ser doblado en 18
segmentos hexagonales que se desplegarán en el espacio. De la misma forma, el JWST cuenta con un enorme parasol diseñado para mantener su temperatura a pocos grados sobre el cero absoluto. El parasol está compuesto de cinco delgadas capas de película de poliimida que debe ser desplegado en el espacio. El telescopio está siendo probado exhaustivamente en la Tierra, porque viajará a lugares donde nadie podrá arreglarlo si sufre una descompostura. Operará cerca del punto de Lagrange Tierra-Sol L2, a un millón y medio de kilómetros de la órbita de la Tierra, un punto en el espacio donde puede orbitar el Sol en sincronía con la Tierra, lo que permitirá que el telescopio permanezca a una distancia casi constante. La misión está programada para 2021 y está planeado que dure menos de 6 años. *British Broadcasting Company
El JWST cuenta con un enorme parasol diseñado para mantener su temperatura a pocos grados sobre el cero absoluto.
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Tragaluz En la vida diaria hay hechos indiscutibles. Pero en el universo paralelo de aquello que no es perceptible a simple vista, las cosas son diferentes. De hecho, ahí tienen lugar eventos sorprendentes que cuestionan eso que llamamos realidad.
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¿Existe la rea ¿Qué es la realidad?
Carlos Serrano* or ejemplo, si dos personas observan una pelota de tenis, ambos aceptarán que es una esfera. O si lanzan una piedra, no podrán negar que volará por los aires y luego caerá al suelo. Esos son “hechos” y conforman lo que llamamos “realidad”. Son cosas que seguirán siendo ciertas, sin importar quién las observe o, incluso, si nadie las observa. El asunto, sin embargo, se complica cuando nos trasladamos a escalas nanométricas en las que, según la física cuántica, la reglas que rigen nuestro mundo parecen no aplicarse de la misma manera. A ese nivel, suceden cosas extrañas que hasta ahora solo se han formulado de manera teórica, pero un grupo de investigadores afirma que, por primera vez, lograron demostrar en un experimento que en el mundo cuántico no existen los “hechos objetivos” y que la realidad depende de quien la mire.
Puntos de vista
La teoría cuántica sostiene que el observador de un hecho influye en la manera en que ese hecho es percibido. Es como decir que una misma pelota de tenis, para alguien puede ser una esfera pero para otro un cubo. Para comprobarlo, físicos de la Universidad Heriot-Watt en, Escocia, idearon un experimento que involucró cuatro observadores: Alice, Amy, Bob y Brian. Estos personajes no son personas, en realidad son cuatro sofisticadas máquinas en un laboratorio. La prueba consistió en que a Alice y Bob recibían un mensaje, que en este caso fue un fotón, que es una partícula cuántica de la cual está compuesta la luz. Luego, Alice y Bob enviaban ese fotón a Amy y Brian, es decir, les transmitieron el mensaje. Y aquí va lo sorprendente: a pesar de que Alice y Bob le enviaron la misma información a Amy y Brian, estos dos últimos tuvieron la posibilidad de interpretarlo de una manera diferente. El proceso es bastante complejo, pero es como si se formara un teléfono roto en el que un mismo mensaje se transforma a medida que pasa de una persona a otra. Este resultado está relacionado con un concepto de la mecá-
¿Existen los hechos que consideramos reales?
nica cuántica, que dice que las partículas pueden entrelazarse y cambiar dependiendo de “quién” las mire. Para entender mejor las implicaciones de experimento conversamos con el físico Alessandro Fedrizzi, líder de la investigación, quien trabaja como profesor en el Instituto de Fotónica y Ciencias Cuánticas de la Universidad Heriot-Watt.
¿Cuál el principal aporte de este experimento?
El mensaje es que en la teoría cuántica no hay hechos objetivos. Con esto nos referimos a que un mismo hecho no se ve de la misma manera para dos observadores. Esto es algo que normalmente no esperamos en la ciencia, porque en ciencia es muy importante que los hechos sean iguales para
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alidad?
Fotos: Archivo
¿La realidad depende de quien la ve?
Quizás en el futuro tengamos que replantearnos lo que consideramos real.
todos los observadores. Esta es la primera vez que alguien conduce un experimento que muestra que los hechos no son universales en la esfera cuántica. Cuando hablamos de hechos en la vida real, son cosas que se pueden verificar muy rápido. Lo que decimos es que en la teoría cuántica, en un grado profundo, los hechos no son objetivos para los observadores.
¿Eso quiere decir que los hechos no existen?
Los hechos existen, pero puede que sean subjetivos. En la ciencia es muy importante que haya hechos en los que todos podamos estar de acuerdo, eso es lo que permite el desarrollo de la ciencia. Cualquier cosa que entendamos como un hecho científico, es algo en lo que todos podemos estar de acuerdo. Ahora, resulta que en la teoría cuántica puede que ese no sea el caso, es decir, distintos observadores pueden tener acceso a distintos hechos que pueden coexistir entre ellos. En la vida diaria eso difícilmente nos afectará, pero significa que tendremos que reescribir o cambiar nuestra comprensión de lo que realmente significa la mecánica cuántica en lo fundamental. He visto gente que toma este experimento como una forma de decir que en realidad sí hay
“hechos alternativos”. Esta gente siempre dirá lo que se ajuste a sus creencias, pero nada de lo que vimos en nuestra investigación respalda esas afirmaciones.
¿Existe la realidad en el ámbito cuántico?
Aún hay debate sobre si los sistemas cuánticos tienen una realidad, algunos dicen que sí, otros dicen que no. Este experimento no redefine lo que es la realidad, cuestiona más bien cómo percibimos esa realidad y plantea que la realidad que observa un individuo, puede que no sea la misma que observa otro.
¿Hay una frontera entre lo clásico y lo cuántico?
Los cálculos que se utilizan en la ciencia no marcan una línea entre lo cuántico y lo que llamamos clásico. Las fórmulas no nos dan una regla acerca de en qué punto las cosas dejan de ser clásicas. En teoría, yo podría describir cualquier cosa, incluyendo el universo entero, como un sistema cuántico, sin embargo, en lo experimental aún estamos tratando de encontrar si hay una frontera, pero hasta ahora los sistemas que hemos podido ver que se rigen por la mecánica cuántica son muy pequeños, son sistemas de nanogramos o microgramos.
¿Cómo así?
Yo podría describir una pelota de tenis usando las reglas de la mecánica cuántica, pero lo que ocurre es que las propiedades cuánticas que ella tiene son imperceptibles en un objeto tan grande. Las cantidades que se obtienen del tratamiento cuántico de este objeto tan grande nos dicen que los efectos cuánticos a esta escala simplemente no pueden ser observados en el mundo real. Eso no significa que no sea cuántico, solo significa que los efectos no son visibles a esa escala. Pero, actualmente, no estamos en capacidad de decir si la pelota de tenis es un sistema clásico o un sistema cuántico.
¿Cuál es el siguiente paso?
Quisiéramos aplicar este experimento con observadores más y más grandes, quizás algún día con observadores conscientes. Quizás fallará, pero en ese caso podremos concluir que en realidad sí hay una escala por encima de la cual la mecánica cuántica ya no se aplica. Pero, si funciona, una conclusión podría ser que, incluso para observadores humanos, las observaciones pueden ser subjetivas. En ese punto, quizás necesitemos cuestionar incluso la realidad de los hechos objetivos que percibimos en nuestra vida cotidiana.
*BBC
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La Tierra ha invertido sus polos magnéticos varias veces, y la última inversión conocida marcó el inicio de la edad Chibaniense.
Ventanas
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El Chibaniense es una de las cuatro edades del Pleistoceno, una época de grandes glaciaciones.
El Chibaniense Ya ha pasado muchísimo tiempo, pero el período en la vida de nuestro planeta que empezó hace 770 mil años y terminó hace unos 126 mil, solo tiene nombre oficial desde hace algunas semanas. BBC* a Unión Internacional de Ciencias Geológicas acordó que la edad que inició con la última inversión conocida de los polos magnéticos de la Tierra y concluyó con el inicio del último gran período glacial debe conocerse como Chibaniense o Chibaniano.
La erupción del supervolcán Toba en la isla indonesia de Sumatra fue uno de los eventos volcánicos más devastadores de los últimos dos millones de años. Fue unas cinco mil veces más potente que la erupción del Monte Santa Elena en 1980 en EE. UU., cuya fuerza, solo en la primera erupción, fue equivalente a la de 500 bombas atómicas como la de Hiroshima y expulsó 1.23 km3 de material, marcando el comienzo de un invierno volcánico que redujo la temperatura media hasta 3.5 ºC, duró de 6 a 10 años y provocó un enfriamiento de la superficie de la Tierra durante mil años, según el investigador de la Universidad de Illinois, Stanley H. Ambrose en 1998. Aunque en 2007 el trabajo de campo en el sur de la India realizado por algunos de los autores del nuevo estudio ya había desafiado las teorías de
El piso Chibaniense —una de las 4 subdivisiones del Pleistoceno, que a su vez es parte del período Cuaternario y de la era Cenozoica— hace referencia a la prefectura japonesa de Chiba, donde son observables sedimentos que dan constancia de esa reversión de los campos magnéticos. El fenómeno es conocido como “inversión magnética de Brunhes-Matuyama” en honor al geofísico francés Bernard Brunhes —el primero
Supererupción
Ambrose, una investigación reciente proporciona evidencia, extraída del yacimiento de Dhaba, al norte de la India, de que el Homo sapiens estuvo en Asia antes de lo esperado y que la supererupción de Toba no fue tan apocalíptica. Según los científicos, aunque los efectos del colosal evento no fueron tan impactantes, sí se experimentaron algunos cambios ambientales. “Pero los humanos tuvieron una alta capacidad de adaptación”, prosigue el experto. La datación por estratos de hasta 80 mil años de antigüedad del yacimiento de Dhaba permitió descubrir herramientas de piedra de la época de Toba que refutan así la teoría de que las poblaciones de homininos se extinguieron por la megaerupción. En realidad, los pequeños grupos de cazadoresrecolectores que sobrevivieron en Asia mostraron
en concluir que el llamado polo norte magnético alguna vez estuvo ubicado en el hemisferio sur— y a su colega japonés Motonori Matuyama, el primero en afirmar que el campo magnético de la Tierra había experimentado varias reversiones en el pasado. Y los sedimentos conservados en el acantilado ubicado en Ichihara, prefectura de Chiba, permiten fijar su inicio hace 770 mil años, en una época de constantes glaciaciones. “En esa sección en Chiba está uno de los mejores registros del intervalo de inversión de cualquier parte del mundo”, le explicó el geólogo Stanley Finney a Eos, una publicación especializada en noticias científicas sobre la Tierra y el espacio. “Es un registro significativo de la historia pasada de la Tierra que nos ayuda a ver lo que puede pasar ahora”, agregó.
una gran resistencia a los desafíos durante los siguientes milenios. Sin embargo, como no han contribuido al acervo genético de los pueblos contemporáneos, no parecen haber prosperado a largo plazo, recalcan los autores. El análisis de los utensilios de Dhaba revela que los humanos del Paleolítico Medio habitaron esa zona antes y después de la erupción. “El yacimiento llena un gran vacío cronológico”, señala Chris Clarkson de la Universidad de Queensland (Australia) y primer autor. Según él, las poblaciones de Dhaba utilizaron herramientas similares a los sets que usaban los Homo sapiens en África en ese mismo momento. “Y esto se opone a la idea de que los humanos modernos solo se dispersaron una vez hace 60 mil años, utilizando las costas para llegar a Australia”, concluye el investigador. (Sinc)
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Foto: Archivo
El polo norte magnético ayuda a la orientación de humanos y animales y es clave para numerosas tecnologías modernas.
Fenómeno que se repite
Efectivamente, los polos magnéticos de la Tierra se están moviendo nuevamente, lo que nos podría afectar de muchas maneras. Como explicó la física solar Lucie Green, “el campo geomagnético es tremendamente importante porque actúa como una barrera que nos protege de la radiación del Sol”. Pero además, una inversión magnética también podría afectar negativamente a muchas de nuestras tecnologías. “Los efectos probablemente los notaríamos en la infraestructura eléctrica pero también en los satélites, que son susceptibles a la radiación del Sol”, dijo el geofísico Phil Livermore. Aunque “sabemos que la vida no se acabó (durante la última inversión)”, acotó Livermore, quien también apuntó que el proceso de inversión es tan largo que animales y humanos “probablemente se adaptarían” al mismo. De hecho, para el inicio de la edad Chibaniense la especie humana ya había empezado a extenderse por Europa y también hay evidencia de que nuestros antepasados ya conocían el fue-
go. Mientras que la mayoría de los científicos estima que la inversión Brunhes-Matuyama tomó unos 22 mil años, también hay estudios que sugieren que esta ocurrió en menos tiempo. Y mucho seguramente ocurrirá en la Tierra antes de que la nueva reversión magnética se complete.
Eras, períodos, épocas y edades
Efectivamente, el final Chibanense —edad que algunos geólogos también habían bautizado extraoficialmente como Ioniense pero era mejor conocida como Pleistoceno Medio—, estuvo marcado por un fenómeno geológico completamente diferente: el inicio del período glacial Eemiense, hace unos 126 mil años. Esa nueva edad —actualmente conocida como Pleis-
toceno Tardío o Superior— también carece de nombre oficial, aunque se corresponde con el llamado Piso Tarantiense. Y al Pleistoceno todavía le siguió el Holoceno, la última y actual época del período Cuaternario, marcado por el fin de las glaciaciones y la rápida proliferación y desarrollo de la especie humana. Las tres edades del Holoceno, por su parte, son la Groenlandiense, la Norgripiense y la Megalayense, que también hacen referencia a la ubicación de tres estratos de sedimentos que dan constancia de otros tres grandes eventos geológicos recientes: el final de la última gran glaciación, el brusco descenso de las temperaturas hace 8 mil 200 años y una sequía de dos siglos de duración que empezó en el año 2 mil 200 antes de nuestra era. *British Broadcasting Company
Sin playas Las playas de arena no son solo lugares paradisíacos de destinos remotos. Además de su importante valor socioeconómico y turístico para muchos países, estos ecosistemas, que ocupan el 30 % de la costa de todo el mundo y albergan al 44 % de la población mundial, representan mucho más en nuestros entornos. “Las playas tienen un valor ecológico ya que acogen varias especies que no pueden vivir en otros ambientes. Al estar en primera línea también suponen una protección frente a inundaciones, tormentas marinas y ciclones”, cuenta Michalis Vousdoukas, del Joint Research Centre de la Comisión Europea en Ispra (Italia). A pesar de su importancia ecológica, muchas playas, que se enfrentan a constantes cambios meteorológicos y antropogénicos, ya se están erosionando, una situación que se exacerbará con el
cambio climático y el aumento del nivel del mar. Para predecir las tendencias, Vousdoukas y su equipo analizaron las imágenes satelitales que muestran el cambio de la costa de 1984 a 2015. Los resultados, publicados en la revista Nature Climate Change, revelan que la recesión costera por el aumento del nivel del mar y las tendencias climáticas actuales podrían provocar la casi extinción de la mitad de playas de arena del mundo para el 2100. La erosión parece, además, intensificarse a la vez que aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero. “Casi la mitad de las playas de arena del mundo se perderá si no reducimos las emisiones de gases de efecto invernadero. La mitigación permitiría prevenir el 22 % de la retirada de la costa para 2050 y el 40 % a finales de siglo”, añade el
experto, que ha contado con la colaboración de la Universidad de Cádiz y otros centros de Holanda y Portugal. En Asia occidental y oriental, y en los pequeños países insulares del Caribe, se espera una retirada de la costa de hasta 300 metros a largo plazo. Pero el riesgo de erosión será particularmente alto en los países donde se dan ambos escenarios climáticos como es el caso de la República Democrática del Congo, Gambia, Jersey, Surinam, Comoras, Palau, Benin, Guinea-Bissau, Mayotte (Francia), Iraq, Pakistán, Guinea y El Salvador en Centroamérica. Todos ellos podrían perder hasta el 80 % de su costa arenosa, lo que seguramente perjudicará sus frágiles economías que dependen del turismo, y donde las playas de arena constituyen el principal atractivo. (Sinc).