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Revista Viernes del Diario de Centro América del 29 de noviembre de 2019

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Émilie du Châtelet,

y su legado científico

Guatemala, 29 de noviembre de 2019 Año 7 No. 310


Portal

Guatemala, viernes 29 de noviembre de 2019

René

Editorial

La má

Se entiende que el humanismo es un movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos XIV y XV que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía dar un sentido racional a la vida, tomando como referentes a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras redescubrió y estudió. Y las cualidades propias de la naturaleza humana vendrían a ser—entre muchísimas otras, aún poco conocidas—, la capacidad de invención y recreación de mundos imaginarios. Por lo tanto, entre humanismo y, por ejemplo, creación literaria, no existe contrasentido. De esa cuenta, en estricto rigor, no hay tal cosa como literatura “no humana”, como parece proponer un ensayo al que aludimos en estas páginas, aunque se muestre esta ficción temáticamente jalonada por los avances tecnológicos contemporáneos.

l autor nació en Lyon, Francia, el 11 de septiembre de 1945, de padre italiano y madre española. Creador de una veintena de libros, ha recibido media docena de premios literarios, entre ellos el prestigioso Fémina, en 1986, con su novela L’Enfer, así como el Jean Ray y el Grand prix de literatura policial. Considerado uno de los autores franceses más originales de este momento, Belleto desconcierta y cautiva a sus lectores. Esta obra de ciencia ficción, terror y crimen, tiene resonancias de Marie Shelley, Villiers de L’Isle-Adam, H. G. Wells, Thomas Mann, y Rubem Fonseca. La máquina, que fue llevada al cine en Francia con gran éxito, lo contiene todo y lleva a sus víctimas a la muerte y a la locura. Sus más duros críticos la califican como una literatura “alienada”; es decir, desesperanzada y oscura.

En ese sentido, la revolución digital debe verse como un producto humano por excelencia. Por eso, los hallazgos, por futuristas que sean, forman parte de las llamadas cualidades propias de la naturaleza humana.

Compositor

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Freddy Pérez

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Manuel María de los Dolores Falla y Matheu nació en Cádiz, España, el 23 de noviembre de 1876, y falleció en Alta Gracia, Argentina, el 14 de noviembre de 1946. Representante del

Gua

t e m ala

nacionalismo musical, junto a Isaac Albéniz, Enrique Granados, Joaquín Turina y Joaquín Rodrigo, se le considera uno de los más grandes compositores hispanos de todos los tiempos.


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Belleto

Semblanza

áquina

lería

Edwin Hubble El astrónomo Edwin Hubble nació el 20 de noviembre de 1889 en Marshfield (Missouri), Estados Unidos. Fue hijo de Virginia Lee James y John Powell Hubble, ejecutivo de seguros, en esa ciudad. En su juventud destacó más por su destreza atlética que por sus capacidades intelectuales, a pesar de obtener buenas calificaciones en todas las asignaturas, excepto en ortografía. Cursó estudios en la Universidad de Chicago y en la Universidad de Oxford. Obtuvo la licenciatura en Derecho por la Universidad de Chicago y empezó a interesarse por las matemáticas y la astronomía. En 1913 trabajó como abogado en Kentucky, aunque pronto dejó la profesión para dedicarse a la astronomía. Entre 1914 y 1917 trabajó en el observatorio de Yerkes en la Universidad de Chicago. Más adelante en el observatorio Monte Wilson, en 1919, donde llegó a ser director de investigaciones. Se dedicó a estudiar las nebulosas y demostró que en la mayoría de los casos se trata de galaxias situadas a enormes distancias de la nuestra, la Vía Láctea. Supervisó la investigación llevada a cabo con el telescopio de 508 cm en el observatorio Monte Palomar. Clasificó los sistemas extragalácticos. En 1923 descubrió una estrella variable del tipo Cefeída en la nebulosa de Andrómeda, y gracias a la relación Luminosidad-distancia pudo demostrar que Andrómeda no esta dentro de nuestra galaxia, sino fuera de ella, y que es un sistema de estrellas probablemente similar al de nuestra galaxia En 1925, midiendo el desplazamiento hacia el rojo de las lejanas galaxias se dio cuenta de que estas se alejan con velocidad en aumento cuanto mayor es su distancia. La relación entre esa velocidad y la distancia a la que se halla la galaxia se conoce como Ley de Hubble, y la razón entre las dos cifras recibe el nombre de Constante de Hubble. Archivo

Sirvió en el Ejército de Estados Unidos en el campo de pruebas de Aberdeen durante la Segunda Guerra Mundial, y por su trabajo recibió la Legion of Merit. Aunque fue criado como cristiano, más tarde se convirtió en agnóstico. Sufrió un ataque al corazón en julio de 1949 mientras estaba de vacaciones en Colorado. Murió de trombosis cerebral el 28 de septiembre de 1953, en San Marino, California. No tuvo ceremonia funeraria y su esposa, Grace, nunca reveló el lugar de su inhumación.


Guatemala, viernes 29 de noviembre de 2019 Fotos: Archivo

Tenochti ci La historia de la Ciudad de México se escribe (y se construye) sobre las ruinas de Tenochtitlan, la ciudad flotante que cautivó a Hernán Cortés hace cinco siglos. Lucía Blasco*

Este dibujo muestra México-Tenochtitlan a principios del siglo XVI. Está probablemente basado en un boceto de Cortés de 1524. Se encuentra en el Museo Británico de Londres.

El “mapa de Núremberg”, elaborado en Alemania en 1524, es el más antiguo que existe de la Ciudad de México (entonces Tenochtitlan).

ra un espectáculo maravilloso de lagos y canales; una de las mayores ciudades del mundo, casi mística, que Cortés y sus hombres pronunciaban como podían: Tenustitan, Tenochtitlan, Tenestecan o Temixtitan. Pero lo que realmente hizo que el conquistador español “quedara prendado” de la capital del Imperio azteca, dice el doctor en Historia de América Esteban Mira Caballos, fue su aspecto de “urbe palaciega”. Así la describió el propio Cortés tras su primer encuentro con Moctezuma II, ocurrido el 8 de noviembre de 1519 y que fue un evento que marcaría para siempre la conquista del territorio del actual México. “Con admiración, describió sus calles que, según sus palabras, la mitad eran de tierra y la mitad de agua, por lo que debían transitarse en canoas”, explica el historiador sevillano, especializado en las relaciones entre España y América en el siglo XVI. “También habló de los puentes que atravesaban estas vías, que eran tan sólidos y anchos que podían pasar 10 caballos juntos a la par”, continúa el académico. “Tan impresionante le resultó al conquistador Tenochtitlan y la confederación mexica que en su Segunda Carta de Relación llegó a sugerir a Carlos V que se erigiese en emperador de aquellas tierras lo cual —decía— no sería menos meritorio que la Corona Imperial de Alemania”. Pero ¿qué sabemos realmente sobre cómo era Tenochtitlan y mediante qué fuentes? “Conocemos el área urbana de MéxicoTenochtitlan gracias a estudios con representaciones cartográficas que se han venido haciendo desde la época virreinal”, cuenta el historiador mexicano Andrés Lira González. Entre otros, dice él, la descripción y mapa de antiguos barrios indígenas que elaboró el sacerdote y cartógrafo mexicano Antonio Alzate en 1789, además de informes sobre testimonios, planos de la ciudad de siglos XVI y XVII e importantes estudios de los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Luján. Esteban Mira añade que hay planos “bastante ajustados a la realidad”, como el famoso mapa de Núremberg, el cual se editó en la ciu-


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itlan, o e

dad alemana en 1524. “Asimismo, disponemos de la fuente arqueológica que está rescatando y verificando muchos de los lugares que describieron esos cronistas, sacando a la luz complejos arqueológicos como el impresionante Templo Mayor, el edificio del juego de la pelota y el tzompantli o altar de los cráneos”, añade Mira. Además de los relatos de Cortés y del conquistador Bernal Díaz, los códices indígenas nos permiten hacernos una idea de cómo era aquella imponente civilización. “En la obra de Bernal Díaz del Castillo hallará el lector la impresión que causó a los conquistadores el panorama que contemplaron al asomarse al Valle de México”, afirma Lira González. El escritor mexicano dice que Cortés, “convencido de la grandeza de México, se empeñó en establecer allí la capital de los dominios que había logrado y los que lograría después, pese a los inconvenientes del suelo cenagoso”. “Recordemos que Tenochtitlan y Tlatelolco se asentaron en islotes y se extendieron ganando espacio sobre la laguna y ciénagas que ocupaban el ‘Valle de México’ (en realidad, una cuenca cerrada por montañas en el sur, que impidieron la salida del agua)”, señala. Sin duda, las imponentes estructuras de la ciudad azteca alzada sobre aquel enorme lago deslumbraron a los recién llegados. Pero “es difícil imaginar en la actualidad cómo debió ser Tenochtitlan a la llegada de los españoles”, puntualiza Mira. Sin embargo, tenemos algunos datos.

Esta litografía a color de 1892, “Entrada de Cortés a México”, ilustra el primer encuentro entre Cortés y Moctezuma, el 8 de noviembre de 1519.

Venecia del Nuevo Mundo

“Era una ciudad lacustre, la ‘Venecia americana’ [del Nuevo Mundo] ubicada en medio de un lago, aislada, a la que solo se podía acceder por tres calzadas y que debía ser abastecida desde el exterior”, explica Mira. Para que se hagan una idea: “Se ubicaba en medio de más de 2 mil km2 de lagos en los que había muchos peces, mientras que en las tierras circundantes se practicaba una agricultura muy productiva que permitía altos índices de población de la zona”, dice el historiador. (El escritor y colonizador español) “Fernández de Oviedo la describió como una ciudad palaciega, edificada en medio del lago Texcoco, con casas principales, porque todos los vasallos de Moctezuma solían tener residencia en la capital, donde vivían una parte del año”. “Era una urbe refinada, con baños públicos, con una treintena de palacios que albergaban finas cerámicas y elegantes enseres textiles”, añade el historiador español. Mira dice que el palacio de Moctezuma, incluyendo sus jardines, ocupaba dos hectáreas y media, es decir, era más extenso que muchos alcázares españoles. “Los propios mexicas se sentían orgullosos de su capital, así como de los grandes logros que habían conseguido, espe-

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México, sobre la laguna de Texcoco.

cialmente en las décadas inmediatamente anteriores de la llegada de los hispanos”, sostiene el historiador. “El ejemplo más claro del alto grado de desarrollo de su ingeniería es sin duda el acueducto que abastecía la ciudad, el de Chapultepec, que traía el preciado líquido desde un extremo del lago Texcoco. Y poseía dos complejas canalizaciones, una siempre en activo mientras se limpiaba la otra. Todo ello demuestra los grandes conocimientos en ingeniería hidráulica que llegó a alcanzar esta civilización”. Un acueducto, añade Mira, que fue cortado por Cortés antes del asedio definitivo a la ciudad (en 1521), “lo que implicó un sufrimiento extremo para los asediados, privados en pocas semanas de agua dulce”. Y es que Tenochtitlan era impresionante, “pero también extremadamente

vulnerable, pues dependía en todo momento de recursos hídricos y de alimentos llegados del exterior”. Sin embargo, Lira González dice que “son evidentes en la traza y orientación” que Tenochtitlan se fundó “sobre la experiencia urbana de la antigua cultura tolteca”. En ese sentido, los mexicas “aprovecharon los recursos para orientar y ensanchar su espacio en el medio lacustre que les dejaron otros pueblos anteriormente asentados en los alrededores, desarrollando técnicas innovadoras y efectivas para edificar su ciudad”. “El ‘pragmatismo’, digamos, de los mexicas revela conocimientos astronómicos, religiosos y artísticos palpables en pueblos de Mesoamérica”, cuenta el mexicano. “Destaca una original ingeniería para dominar el espacio en


Huitzilopochtli era el dios azteca de la guerra.

Esta imagen de Tenochtitlan es obra del artista mexicano Tomás J. Filsinger, radicado en Estados Unidos, quien ha realizado amplios estudios sobre cómo cambió México a través de los siglos.

Guatemala, viernes 29 de noviembre de 2019 Fotos: Archivo

“Esta gran ciudad de Temixtitán (sic) está fundada en esta laguna salada [...] Tiene cuatro entradas, todas de calzada hecha a mano. Son calles muy anchas y muy derechas. Hernán Cortés

torno al lago y, por obra de su situación y cultura guerrera y comercial, el desarrollo de una actividad expansiva, de la que fue testigo y hábil usufructuario Hernán Cortés”.

Una urbe gigante

¿Cuántas personas vivían en Tenochtitlan? Lira dice que no es fácil concretar la respuesta. “Los cálculos de población realizados con testimonios y métodos muy diversos, desde los primeros años hasta los más recientes, son desconcertantes”, explica. El académico considera como “los más acertados” los que cita el historiador José Luis de Rojas, de la Universidad Complutense de Madrid (España), en su libro México-Tenochtitlan, economía y sociedad en el siglo XV. De Rojas da como más probable un máximo de 200 mil habitantes. “Tomemos en cuenta, por otra parte, que México-Tenochtitlan y Tlatelolco (su ciudad gemela) formaban un conjunto humano en movimiento en constante relación e interpenetración”. Esteban Mira está de acuerdo con que hay escasez de “fuentes fiables” y coincide con Lira en que “no poseía menos de 200 mil habitantes. Eso equivale a decir que era una de las ciudades más pobladas del planeta, de bastante mayor tamaño que Roma, París o Sevilla y justo por detrás de Pekín, Constantinopla o Bagdad”. “Para alimentar a una población como esa se requería al menos 4 mil cargadores diarios, lo que implicaba un trasiego constante de personas y un amplísimo mercado”, agrega el investigador. Además de la falta de precisión sobre los habitantes de aquella inmensa ciudad, la escasez de datos ha alimentado todo tipo de mitos en torno a su construcción. “El principal y más importante”, dice Andrés Lira, “es el de ‘la peregrinación’, ordenada y guiada por el dios Huitzilopochtli para llevar a su pueblo al lugar en que habían de fundar su ciudad y engrandecerla”. Los mexicas llegaron así al valle de México, donde encontraron un nopal en el que un águila devoraba pájaros, siguiendo las instrucciones que les había dado el dios.

“Ahí encuentran un bulto en el que hallan dos trozos de madera y unas piedras preciosas”, continúa el historiador, pero tras un sorteo quedan en el islote los dueños de las piezas de madera, con las que hacen fuego y trabajan, mientras que los afortunados de las piedras preciosas deciden separarse y establecerse en el islote (que sería Tlatelolco). Pero la mitología no coincide con la historia.

Ciudad idealizada

Esteban Mira dice que, contrariamente al mito de la peregrinación, “hoy sabemos que su fundación en medio del lago Texcoco, rodeado de ciénagas y juncos, no fue exactamente voluntaria sino obligada porque, siendo una población emigrante, los mexicas habían sido expulsados de casi todos los sitios”. “Fue en esta zona aparentemente inhóspita donde se les permitió establecerse”. La mitología también ha contribuido a su idealización, además de las narraciones de los escritores de la época. “Los cronistas españoles tienen la costumbre de comparar lo que ven con lo que ya conocen”, cuenta Mira. “Por tanto, las alusiones a ciudades europeas suelen partir de su imaginación”. Así, representaban ciudades mexicanas —como Tenochtitlan y Cholula— o peruanas —como Cusco, Tumbes o Cajamarca— “con caracteres arquitectónicos europeos que no se corresponden en absoluto con la realidad”. “Tenochtitlan era una ciudad impresionante por sus dimensiones, por sus jardines y por sus espaciosos palacios y plazas. Pero no hay que olvidar que era muy diferente a cualquier ciudad europea”, dice el historiador español. “Tenía un encanto muy especial pero no se parecía en nada a las ciudades occidentales”. Las ruinas que quedan de la antigua capital azteca, destruida tras los combates que dieron la victoria a Cortés —con ayuda de aliados locales— tampoco se parecen en nada al México moderno. Pero visitar lo que queda del Templo Mayor, en el corazón de Ciudad de México, sigue teniendo un encanto especial que recuerda la grandeza de un imperio extinguido. *BBC


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Gavetas

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Mark Twain DCA, 17 de enero de 1936.- El mundo literario estadounidense rememoró el año pasado a una de sus glorias: Mark Twain. Se cumplieron 100 años del nacimiento del gran ingenio, 50 de la aparición de su primera obra maestra y 25 de su muerte. Samuel Langhorne Clemens (su nombre real) fue hijo de John Marshall Clemens y Jane Lampton y nació el 30 de noviembre de 1835 en el Estado de Missouri, a 50 millas del río Mississippi. Cuando tenía 4 años su familia se trasladó a Hannibal, lugar que más tarde inmortalizaría en Las aventuras de Tom Sawyer. Luego de múltiples andanzas volvió al periodismo que había ejercido años antes y escribió para el Enterprise de Virginia unas crónicas cáusticas sobre política, que fueron reproducidas en diarios de todo el país. Fue entonces cuando creyó necesario adoptar un seudónimo, y escogió el grito marinero de “¡mark twain!”, que indica que la sonda de navegación marca 12 pies de profundidad. En San Francisco entró a los círculos literarios que fueron de gran influencia para mejorar su estilo, hasta entonces algo grotesco. Las cartas que seguía enviando a Enterprise provocaron su expulsión de San Francisco, cuya corrupción social había revelado. Volvió entonces a la vagancia minera en California. De vuelta en el periodismo viajó a Europa y a Tierra Santa. Sus crónicas fueron publicadas en 1869 en un volumen titulado Los inocentes en el extranjero, que provocó una explosión de entusiasmo en el país. Vivió endeudado y acosado por necesidades pecuniarias, a pesar de que siempre tuvo ingresos suficientes para vivir holgadamente. Su lucha con los acreedores recuerda las de Walter Scott y Honorato de Balzac. Esto revela, además, la integridad de todos ellos, que siempre trataron de hacer frente a sus compromisos y sacrificaron su vida en esa tarea. Pese a los honores que recibió en vida, Mark Twain no fue realmente apreciado como literato, sino hasta largos años después.


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Reporte en V

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La crisis climática ya está aquí

Fernando Valladares Ros* ientras los conf lictos bélicos, los desastres humanitarios y las revueltas en Hong Kong, Chile, Bolivia, Colombia o Barcelona nos preocupan, las temperaturas medias de la atmósfera y de los océanos siguen subiendo inexorablemente. Las consecuencias de este calentamiento global, ya poco o nada gradual, sino acelerado, las registramos con detalle, ocupan portadas en los periódicos y merecen profundos estudios científicos y extensos informes oficiales sobre sus mecanismos y su influencia en el funcionamiento del planeta. Pero la acción concertada de la sociedad no acaba de llegar. Las temperaturas suben y los eventos climáticos extremos se intensifican. Solo las pólizas de algunos seguros se actualizan al ritmo apropiado, pero las medidas significativas de contención llegan tarde o no llegan. Como constatación de que el calentamiento global está aquí, Madrid acogerá en diciembre de este año, en muy pocas semanas, la cumbre del clima COP número 25, que debía realizarse en Santiago de Chile y que precisamente las revueltas en aquel país hacen inviable.

Cumbre compleja

Tras casi tres décadas de reuniones de expertos en cambio climático y de líderes mundiales responsables de firmar acuerdos de mitigación y adaptación al cambio climático, tras 5 años del histórico Acuerdo de París, negociado por 195 países y en el que 185 acordaron compromisos colectivos y serios para atajar el problema, la Conferencia de las Partes (COP) de las Naciones Unidas es una inesperada y abrupta realidad. Más de 25 mil personas de fuera de Madrid, cientos de organizaciones, fundacio-

Fotos: Archivo

Retomando la frase clásica de John Lennon, podríamos decir que el cambio climático es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes. Los políticos no tienen la mirada de largo alcance que el desafío requiere, y la sociedad no termina de organizarse para hacer frente, tanto a la crisis climática como a los políticos que no están a la altura. nes, empresas y entidades de todo tipo, miles de activistas y grupos sociales hacen a toda prisa una agenda endiablada y densa sobre un tema aún más endiablado y denso. En la COP 21 de París se fijaron tres objetivos claros, profundos y necesarios: mantener la subida media de la temperatura atmosférica por debajo de los 2 grados en relación con la era preindustrial, promover la resiliencia mundial ante el cambio climático manteniendo actividades clave, como la producción de alimentos,

con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, y acomodar la inversión y las corrientes financieras para hacer frente a este inmenso desafío.

El negacionismo

Con el ambiente caldeado por el cambio climático, por la actualidad y por la llegada urgente e inesperada de la COP a Madrid, Donald Trump, presidente de la segunda nación con mayor responsabilidad sobre el cambio climático, confirma su retirada del Acuerdo de París. Por fortuna, el anuncio es un brindis al sol, ya que no será oficial hasta la COP25 y no tendrá efecto hasta después de que acabe el mandato de Trump, en 2020. Por fortuna, no tuvo efecto cascada en su día al no arrastrar a ningún otro país en su retirada, ni lo está teniendo ahora. Por fortuna, en su propio país, un centenar de empresas, entre las que se encuentran algunas de las mayores del mundo, y varios de los principales estados, como California, que representa por sí sola la sexta economía mundial, no le hacen ningún caso y mantienen los compromisos. Pero, indudablemente, la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París no es una buena noticia. Los portavoces del Gobierno estadounidense han aducido que los compromisos no eran realistas y que Estados Unidos seguirá su propia senda de mitigación y adaptación al cambio climático. Lo que todos sabemos es que la actual administración no solo busca contentar a un sector muy influyente de su electorado, sino que pretende mantener e incluso reforzar las bases clásicas de la economía estadounidense que se apoyan en actividades muy intensivas en carbono. Pero las cuentas no salen, las inversiones previstas no serán rentables en el medio plazo, por la desvalorización de este tipo de activida-


Viernes

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La sistemática divulgación científica y la accion social concertada, están en la base de las soluciones que nos urgen.

des, y la realidad golpea con dureza a esta visión simplista. EE. UU. está perdiendo la oportunidad de liderar la transición económica y energética que demandan los nuevos tiempos. Se la cede ni más ni menos que a China, posiblemente uno de los mayores errores históricos que podrá cometer como país ante desafíos de la envergadura del cambio climático. Las críticas son casi unánimes, no solo por los ambientalistas y por los adversarios políticos, sino por parte de todos los países del mundo, incluyendo Rusia: Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, lamenta la decisión y reconoce que será difícil hablar de acuerdo climático sin EE.UU. Los cinco efectos que la BBC destacó hace dos años, cuando Trump anunció su promesa electoral, se están cumpliendo. Debemos sobrevivir a la existencia de varios tipos de negacionistas del cambio climático en este escenario internacional convulso. Tenemos

a los más extremos, que son fácilmente identificables y, aunque por pura definición estadística son escasos, su influencia es grande.

Cortoplacismo

Tenemos a un segundo grupo, el de aquellos interesados en mantener sus actividades económicas sin alejarse de la senda tradicional de emisiones. Este grupo suele comprender sobradamente el cambio climático, sus causas y sus consecuencias, pero prefiere mirar al corto plazo y engañarse con un reflotamiento puntual de la economía y posponer unos años o apenas unos meses la crisis económica que sobrevuela a muchos países, incluyendo el nuestro. Finalmente tenemos un tercero, más difuso y posiblemente extenso. Es el de las personas que quieren dudar, que buscan fuentes “alternativas” de información que les digan lo que necesitan escuchar, que el cambio climático es una exageración.

Pareciera que nuevos y devastadores fantasmas recorren el mundo. Las escenas apocalípticas amenazan con normalizarse.

El Panel Intergubernamental de Cambio Cimático (IPCC, por sus siglas en inglés) reúne a varios miles de los mejores científicos del mundo, agrupados a su vez en equipos de trabajo para abordar cada una de las temáticas relacionadas con el clima, sus consecuencias y las acciones necesarias para revertir las tendencias y adaptarse a lo que no se pueda revertir. El IPCC no gana nada diciendo lo que no es. Sus informes están en varios formatos e idiomas disponibles para todos, resumiendo el mejor conocimiento que se tiene del tema. No hay margen para negar nada. Hay algo de tiempo, no mucho, para ponerse manos a la obra y organizar respuestas, desde lo local a lo global, que estén a la medida del desafío. La COP25 ya está aquí, como el cambio climático. Dejemos de entretenernos con otros planes mientras todo esto pasa porque, de lo contrario, no habrá plan que nos salve. *Sinc

Numerosas son las especies que se extinguen a ojos vista, como consecuencia de la crisis climática.


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Contando el tiempo

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Émilie du Châtelet, y su legado científico

Fotos: Archivo

Cuando Émilie du Châtelet se enteró de que estaba embarazada supo que tenía los días contados. Ana Pais* ra 1749 y la marquesa tenía 42 años. En aquel entonces, la expectativa de vida en Francia no llegaba a los 30 años y parir era siempre riesgoso. Pero lejos de resignarse ante lo que consideró su sentencia de muerte, la noticia del embarazo la llevó a dedicarse incansablemente a la obra considerada su mayor legado científico. Trabajaba durante 18 horas, con apenas dos descansos de una hora cada uno, y dormía unas 4. Había cortado toda la vida social que correspondía a una aristócrata de la época y solo interrumpía su escritura para ver a su joven amante y padre de la que sería su cuarta y última hija. El 4 de septiembre de 1749, Du Châtelet dio a luz a su bebé. Seis días después ella falleció de una embolia pulmonar. Su mal presagio se cumplió, pero también su misión. En alguno de los 3 primeros días de ese mismo mes, Du Châtelet terminó su obra. Aquello que empezó como una traducción al francés del famoso libro de Isaac Newton, Philosophiae naturalis principia mathematica, más conocido como Principia, terminó por convertirse en un volumen de más de 500 páginas con objeciones y comprobaciones tanto propias como ajenas de las teorías del físico inglés. Su libro se publicaría 10 años después y marcaría a toda una generación de matemáticos y físicos franceses, al tiempo que sus ideas filosóficas la convertirían en una figura clave de la Ilustración europea. Incluso todavía es la única traducción completa al francés de ese revolucionario y a la vez oscuro texto de Newton. Sin embargo, a 270 años de su muerte, Du Châtelet es recordada casi exclusivamente por haber sido durante 15 años la amante de Voltaire (quien, por cierto, no era el amante antes citado). Es cierto que, en vida, él supo ser el autor más famoso de Francia. Pero como lo muestra su producción intelectual e investigaciones recientes, ella era una talentosa científica e intelectual con mérito propio en las páginas de historia.

El deber ser

Gabrielle Émilie le Tonnelier de Breteuil nació el 17 de diciembre de 1706 en París, en el seno de una familia aristocrática francesa, donde era la única niña de 6 hermanos. Si bien

Du Châtelet era una combinación de racionalidad y pasión cuyo legado apenas ha sido conocido. recibió clases con tutores de prestigio y a los 12 años ya hablaba 6 lenguas distintas, por ser mujer no tuvo permitido asistir a estudios superiores y tuvo que educarse a sí misma o pedir ayuda a amigos para aprender los temas que más le apasionaban: matemáticas y física. Tenía tal talento para las matemáticas que en Versailles era famosa por su don como apostadora. El dinero ganado lo usaba para comprar libros y equipamientos científicos. “Si yo fuera rey”, escribió, “reformaría el abuso que minimi-

za a la mitad de la humanidad. Me gustaría que las mujeres participaran en todos los derechos humanos y, sobre todo, en los de la mente”. Nunca llegó a ser rey (o reina), pero sí marquesa. “Cuando cumplió 18 años, sabía que tenía que casarse y aceptó la propuesta del marqués Florent-Claude du Châtelet, un distinguido oficial del Ejército”, dice la biografía que publicó la Sociedad Estadounidense de Física (APS, por las siglas en inglés) en 2008. “Este fue un arreglo conveniente para Émilie


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—continúa el texto—, porque él a menudo estaba fuera de casa, dejándola libre de satisfacer sus intereses en estudiar matemáticas y ciencias por su cuenta. En esos primeros años de matrimonio, tuvieron tres hijos. Ella ejerció su papel de madre y dama de alta sociedad que las normas le dictaban. Pero a los 26 años decidió que era suficiente. Más adelante, se cuestionaría esos años en que “gastó su tiempo” en “cosas inútiles”: “A dedicarle un tiempo extremo al cuidado de mis dientes, de mi pelo, y a descuidar mi mente y mi conocimiento”, escribió.

Newton es probablemente el científico más importante de todos los tiempos y Émilie fue una de las primeras eruditas en promover activamente su nueva forma radical de pensar.

Una mente libre

Du Châtelet no solo era apasionada en su búsqueda intelectual sino también en la amorosa, dice Robyn Arianrhod, matemática e historiadora de la ciencia, en la revista Cosmos en 2015. “Era demasiado para la mayoría de la gente de su tiempo: demasiado ambiciosa, demasiado intelectual, demasiado emocional y demasiado liberada sexualmente”, explica. Tal es así que durante toda su vida fue el centro de chismes y decires. Se decía, por ejemplo, que las matemáticas no le interesaban tanto como tener romances con los hombres que le enseñaban. Pero, en su caso, la realidad superaba a la ficción. Cuando Du Châtelet y Voltaire comenzaron su romance, ella tenía 26 años y él 38. En la época era normal que los matrimonios arreglados de familias aristocráticas vivieran separados y que tuvieran amantes, agrega Arianrhod, quien en 2011 publicó un libro sobre Du Châtelet y otra científica, Mary Somerville, titulado Seduced by Logic (Seducidas por la lógica). Lo inusual es que la marquesa no tenía una relación discreta con Voltaire, sino que convivían. Él, además, podía ser una celebridad, pero no dejaba de ser un plebeyo. Por si todo esto no fuera lo suficientemente escandaloso, el marido de Du Châtelet apoyaba el romance y hasta se hizo amigo de Voltaire. Tan es así que ambos y el joven amante mencionado al principio, el poeta y soldado Jean François de Saint-Lambert, estaban junto a ella el día de su muerte.

El romance de la marquesa con Voltaire fue escandaloso en más de un sentido.

Madame Newton

La casa de campo donde Du Châtelet y Voltaire se mudaron se convirtió en centro de reunión de intelectuales y científicos, además de laboratorio para numerosos experimentos. Solo la biblioteca tenía más de 20 mil libros, “más que muchas universidades de la época”, dice el texto de APS. De acuerdo con esta Asociación, una de sus contribuciones más importantes a la ciencia está vinculada a la conservación de la energía, basada en experimentos con bolas de plomo cayendo sobre un lecho de arcilla. “Mostró que las bolas que golpeaban la arcilla con el doble de velocidad, penetraban cuatro veces más profundamente en la arcilla; aquellos con tres veces la velocidad, alcanzaban una profundidad nueve veces mayor. Esto sugirió que la energía es proporcional a mv2, no mv, como Newton había sugerido”, se explica. Es que su profunda admiración por Newton no le impidió mostrar las limitaciones de la teoría que tanto defendió públicamente y que le ganó el apodo de “madame Newton”.

Du Châtelet y Voltaire promovieron las teorías de Newton en tiempos en que la comunidad científica e intelectual francesa se inclinaba por las ideas filosóficas del local René Descartes. Ellos fueron de los primeros en darse cuenta de que “Principia había cambiado no solo la forma en que vemos el mundo, sino la forma en que vemos la ciencia”, escribe Arianrhod en su Seducidas por la lógica. Con Newton, la ciencia dejaba de ser cualitativa y estar vinculada a especulaciones metafísicas y religiosas, y pasaba a tener métodos y a ser teórica y cuantitativa. Arianrhod afirma: “Desde entonces, este estilo de una física matemática ha tenido un impacto tan impresionante en la forma en que vivimos y en cómo nos vemos en el universo,

que Newton es probablemente el científico más importante de todos los tiempos y Émilie fue una de las primeras eruditas en promover activamente su nueva forma radical de pensar”. Principia englobaba muchos de los valores del Iluminismo y el texto final de Du Châtelet (que alababa la teoría newtoniana y, a la vez, la criticaba usando esas mismas herramientas), era como el Iluminismo al cuadrado. Por eso, Arianrhod escribe en su libro que Du Châtelet “rompió tantos estereotipos sobre las mujeres y matemáticos, estereotipos que perduraron hasta vísperas del siglo XXI. En particular, mostró que es posible ser tanto emocional como racional, tanto intelectual como sexy”. *BBC


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Literatura”no Fotos: Archivo

¿Escriben los animales? ¿Dicen algo los objetos? Los teléfonos celulares, entre otros artefactos tecnológicos, han pasado a ser un apéndice más de nuestro cuerpo, los algoritmos cada vez saben más de nosotros y las máquinas amenazan nuestro trabajo.

Pablo Sanguinetti es argentino y licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid.

BBC* Es posible que el hombre de la espalda a lo “no humano”, en un momento además en el que la Naturaleza nos preocupa especialmente? En ese contexto, hasta la práctica literaria se ve afectada, no solo en la forma, sino en el fondo. Eso es lo que plantea el autor argentino Pablo Sanguinetti (Buenos Aires, 1978), licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad Complutense de Madrid, que acaba de escribir Ensayos de literatura no humana.

¿Por qué le interesa lo “no humano” como fuerza creativa en este momento?

Lo no humano nos interesa a todos en este momento, incluso aunque no lo sepamos. Llevamos en el bolsillo una máquina con la que cultivamos una relación íntima. Sospechamos de forma más o menos vaga que en algún lugar se está desarrollando una inteligencia superior a la nuestra. Y estamos recuperando una mayor consciencia del entorno natural, porque vemos que ignorarlo ha tenido consecuencias catastróficas. Todo esto sacude nuestro lugar en el mundo y nos obliga a mirar más allá de nuestra especie. En este momento de la historia, lo excepcional sería más bien no interesarse por lo no humano.

El texto vive ahora una revolución tecnológica como antes la música o la pintura.

¿Cómo se relaciona esto con la literatura?

Creo que esa nueva sensibilidad hacia lo no humano es un rasgo central de la cultura de inicios del siglo XXI que atraviesa diversos ámbitos: políticos, económicos, filosóficos. Y por supuesto también estéticos, aunque de esto se hable menos. Mi trabajo se centra precisamente en esta nueva estética: cómo puede cambiar nuestra forma de escribir, leer o disfrutar la literatura. Habla de que lo no humano genera tanto temor como confianza. En el mismo periodismo, robots están sustituyendo a redactores. Y los algoritmos cada vez parecen más perfectos en su misión de saber qué somos y qué nos gusta.

¿Nos sustituirán esas “máquinas” o el algoritmo es, al fin y al cabo, el hombre en una mejor versión?

La mezcla de miedo y entusiasmo ante lo no humano es otra marca de nuestro tiempo. No tenemos muy claro si será una ayuda o una amenaza. En la práctica, sí, imagino que puede haber consecuencias negativas de la tecnología desde un punto de vista económico, laboral, sociológico o biológico. Pero yo hago teoría de la literatura. Y en materia estética, la aparición de una nueva voz, de una nueva sensibilidad, es un tesoro. Cual-

El discurso infantil tiene belleza literaria, según el aut


Guatemala, viernes 29 de noviembre de 2019

humana”

tor.

quier reflexión sobre la revolución tecnológica y ecológica que vivimos quedará coja si no incorpora esa dimensión estética.

Habla de que la revolución tecnológica que ya transformó la música o la pintura, llega al texto. ¿Lo mejora, lo empeora o solo lo cambia? ¿Por qué el texto se resistió más?

La tecnología va a revolucionar también el mundo de la literatura, tanto de la lectura como de la creación literaria.

La literatura suele llegar algo tarde a los cambios que viven otras artes. Tal vez no es este el lugar para especular sobre la causa; supongo que tiene que ver con que la escritura sea una tecnología tan perfecta y con que esté tan arraigada en nuestra identidad como especie. Lo que sí se puede afirmar es que la revolución digital es, sobre todo, una revolución textual. Algunos la comparan con lo que implicó la grabación y la electrificación para la música, o la fotografía para la pintura. ¿Murieron esas artes con la aparición de esas tecnologías? ¿O descubrieron más bien nuevos caminos creativos? Lo mismo puede decirse del mundo digital y la literatura.

Usted defiende la belleza literaria del discurso infantil, que creemos limitado, y hasta primitivo. ¿Por qué? ¿Es capaz de darme algún ejemplo? ¿Por qué no considera humanos a los niños?

Tengo que responder con una anécdota. Hace unos diez años trabajaba con un programa que escribía poemas más o menos aleatorios. Al verlos en una revista, mi hermana me llamó sorprendidísima y me dijo: “Mi hija habla así”. La niña tenía tres años y mi hermana comenzó a grabarla cuando jugaba. Decía cosas como: “La golondrina, todos los días, leía las gotas de algún libro que se dormía”. Reunimos varias y las incluí en un libro. La belleza del discurso infantil no necesita defensa. Es evidente para cualquiera que haya visto jugar a un niño o que haya conversado con él. ¿Qué tiene que ver todo esto con lo no humano? Que los niños vienen de ahí. Viven aún en un mundo en el que los animales hablan y las cosas están animadas. Su lenguaje nace impregnado de estética no humana, o eso me gusta imaginar.

Habla de que la tecnología no solo revoluciona la forma de la práctica literaria, sino también el fondo. ¿Cómo lo hace? ¿En qué se percibe ya?

Al hablar de tecnología y literatura, la gente (y la prensa) piensa automáticamente en un robot que escribe novelas como un ser humano y luego incluso mejor. ¿Existe esto? ¿Existirá? No lo sé, pero cuando ocurra, a mí dejará de interesarme. Será un hito tecnológico fascinante, pero más bien irrelevante a nivel estético. Lo que me interesa de la tecnología es que ha abierto ya un nuevo espacio de la realidad con normas propias que pueden influir en nuestra forma de leer y escribir. ¿Qué normas? Pienso en la tendencia algorítmica y aleatoria del texto digital. Pienso en la idea de “red”, donde la identidad se difumina. Pienso en las posibilidades inéditas que tenemos ahora para procesar texto, en cómo convierten el lenguaje en un material físico y “moldeable”. Pienso en nuevas formas de organización temporal que surgen del modo en que navegamos por internet. Pienso en el nuevo prestigio de lo analógico, etc. Todo eso conlleva una revolución de fondo en la literatura.

Ha dirigido talleres de escritura no humana. ¿Cómo son, en qué consisten, qué hacen los asistentes?

La idea del taller es sencilla: que los participantes visiten todas esas voces “no humanas” para incorporarlas en su propia voz y darle nuevas tonalidades. Lo hacen con ejercicios pensados para confrontar la escritura con esos rasgos de una estética no humana de los que hablaba antes. Escriben por ejemplo de forma conjunta con un programa informático que combina las palabras de un modo especial, intentan “entrar” en el punto de vista de un objeto o de un animal, aplican estructuras temporales inusuales, etcétera. Hace unos días me escribió una participante para decirme que, desde su experiencia en un taller, no podía dejar de ver rasgos no humanos en todas partes. Tarde o temprano, a todos nos irá pasando algo parecido. *British Broadcasting Company

La literatura apenas empieza a reaccionar a la revolución tecnológica.


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Ventanas

Guatemala, viernes 29 de noviembre de 2019

El disfrute musical

Vincent Cheung, coautor del estudio, escuchando música.

La música nos genera placer, por la combinación de las expectativas que tenemos de una pieza y la sorpresa que sentimos al escuchar un tema. Esta es la conclusión de un equipo de científicos que ha estudiado 80 mil acordes de 745 canciones pop.

María Marín* Por qué la gente disfruta tanto con temas como Ob-la-di, ob-la-da , de The Beatles por ejemplo? ¿O California Hotel de los Eagles? Un estudio liderado por la Universidad de Bergen (Noruega) indica que el placer que genera la música deriva de la combinación correcta de

El cerebro y el ritmo Al escuchar una canción o contemplar un baile, los humanos tendemos a seguir el ritmo de la música. Y es que un aspecto fundamental de la música es su ritmo, la manera cómo nos sincronizamos con las regularidades temporales de una melodía o una danza. Ahora, un estudio reciente publicado en la revista Brain and Cognition ha explorado cómo nuestro cerebro se acopla al ritmo musical y hasta qué punto los humanos compartimos esta habilidad con otros animales. “El trabajo analiza la relación entre la estructura rítmica de la música y la dimensión espacial del sonido. Estudiamos cómo el cerebro interactúa con sonidos que están separados espacialmente para construir una estructura métrica”, explican los autores Alexandre Celma-Miralles y Juan Manuel

Toro, miembros del grupo de investigación Cognición Comparativa y Lenguaje (LCC) en la barcelonesa Universidad Pompeu Fabra (UPF). Para ello, compararon las respuestas neuronales de músicos profesionales con las de oyentes no entrenados, mientras ambos grupos oían un ritmo de vals. En uno de los experimentos, los participantes debían prestar atención a sonidos definidos por su posición espacial (los sonidos estaban separados en el espacio). En otro experimento, los participantes prestaban atención a un distractor de tipo visual. Los datos se obtuvieron de los registros de frecuencias de los encefalogramas de cada sujeto. Los investigadores observaron que, independientemente del entrenamiento musical del participante, el cerebro de todos los oyentes se sincronizó

al ritmo. Los resultados mostraron también que las respuestas neuronales de los músicos eran mucho más fuertes y resistentes a las distracciones que las de los no músicos. Es decir, se puso de manifiesto que el entrenamiento facilita la sincronización rítmica. Como comentan los investigadores, “se demuestra que nuestro cerebro está preparado para seguir el ritmo, independientemente de si lo escuchamos en una canción o lo vemos en una danza”. Esto refuerza la idea de que el procesamiento neuronal del ritmo (notas y silencios a lo largo de una melodía), y el compás (entidad métrica compuesta por unidades de tiempo o figuras musicales), se ve facilitado por la experiencia previa con eventos rítmicos durante los largos períodos de entrenamiento musical formal. (Sinc)


Viernes

Guatemala, viernes 29 de noviembre de 2019

Fotos: Archivo

Lo que nos provoca placer es la correcta combinación de la incertidumbre y la sorpresa que nos genera una canción.

incertidumbre y sorpresa que se siente ante la sucesión de acordes en las canciones. “Es fascinante que los humanos puedan disfrutar de una pieza musical, simplemente por cómo se ordenan los sonidos en el tiempo”, dice Vincent Cheung del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas de Alemania y primer autor del trabajo que publica la revista Current Biology. Hasta ahora, no se sabía por qué nuestras expectativas sobre una canción pueden provocar placer ya que, según los autores, la mayoría de los estudios se centraban solo en la influencia del factor sorpresa. “Las canciones que encontramos agradables son probablemente aquellas que logran un buen equilibrio entre saber lo que sucederá después y sorprendernos con algo que no esperábamos. Comprender cómo la música activa nuestro sistema del placer en el cerebro podría explicar por qué escuchar música nos ayuda a sentirnos bien”, añade Cheung.

Para evaluar conjuntamente los indicadores de expectativa y sorpresa, los investigadores estudiaron 80 mil acordes en 745 canciones clásicas de pop recogidas en Billboard, la revista semanal estadounidense especializada en información musical. Utilizaron un modelo de aprendizaje automático (una rama informática de inteligencia artificial), para cuantificar matemáticamente la incertidumbre y la sorpresa que provocaba en los oyentes la progresión de estos acordes. Además, quitaron la letra y la melodía de las canciones para evitar que los oyentes no pudieran reconocerlas. “De hecho, ningún participante lo consiguió”, reconoce Stefan Koelsch, profesor de la universidad noruega y autor principal del estudio. Los resultados, publicados en la revista Current Biology, muestran que los individuos disfrutaban mucho con una canción cuando creían que sabían lo que venía a continuación y finalmente no se cumplían sus predicciones, es decir, cuando se sorprendían. Por otro lado, cuando los individuos no sabían lo que vendría después, apreciaban más que los acordes posteriores no fueran sorprendentes. Por tanto, lo importante es que haya equilibrio en la combinación. “Hemos demostrado que el placer depende de la interacción entre los estados de expectativa retrospectiva y prospectiva”, insiste el investigador. “Probablemente, muchos compositores como Bach o Mozart ya conocían la conexión exacta y por eso fueron tan exitosos. Pero es posible que en el futuro veamos más música producida mediante inteligencia artificial y que los algoritmos se basen en gran medida en nuestros actuales hallazgos”, declara Koelsch.

Las respuestas del cerebro ante la música

Los investigadores utilizaron la resonancia magnética funcional —que permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales activas—, y encontraron que el placer musical se reflejaba en tres regiones cerebrales: la amígdala (conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la

La mayoría de las estrellas son variables pulsantes (como lo es nuestro propio Sol), es decir, que su luminosidad varía periódicamente. Esto se debe a que ondas de densidad y temperatura que se generan en su interior llegan a la superficie de la estrella haciéndola oscilar, lo que provoca cambios en su brillo. Estas oscilaciones estelares forman patrones tridimensionales, al igual que una cuerda de guitarra o la piel de un tambor en una y dos dimensiones, respectivamente. Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto Andaluz de Astrofísica (IAA), expertos de una rama de la astrofísica denominada astrosismología, ha analizado estas oscilaciones de luminosidad, tratando de clasificar las estrellas pulsantes en distintos ti-

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profundidad de los lóbulos temporales de los vertebrados complejos, incluidos los humanos), el hipocampo (estructura del cerebro embutida profundamente en el lóbulo temporal de cada corteza cerebral). Es una parte importante del sistema límbico, de una región cortical que regula el estímulo, emoción, aprendiendo, y de la memoria, y la corteza auditiva (región del cerebro humano responsable del procesamiento de la información auditiva. Se localiza en el lóbulo temporal). Estas regiones tienen un papel importante en el procesamiento de las emociones, el aprendizaje y la memoria, y el del sonido, respectivamente.

Centro de placer

Por otro lado, durante mucho tiempo se estudió el núcleo accumbens —un área cerebral o “centro de placer” que procesa las expectativas de recompensa— y se creyó que este reaccionaba ante la sorpresa que sentían los individuos al escuchar un acorde que no esperaban. “Sin embargo, esta área realmente no reaccionaba por el factor sorpresa, sino por la incertidumbre que había en la mente de los oyentes, lo que provocaba que quisieran escuchar el siguiente acorde”, explica el autor. Este hallazgo podría hacer que en el futuro se valore la combinación de estos dos factores —expectativa y sorpresa— en los efectos que tienen en las personas otras formas de arte como la danza o el cine. Además, los resultados podrían dar pie a la creación de algoritmos que generen música de manera artificial o ayudar a los compositores a escribir música. El siguiente paso de los investigadores es observar cómo fluye la información a través de diferentes partes del cerebro con el tiempo, y saber por qué a la gente se le pone la piel de gallina con la música. “Creemos que hay un gran potencial en combinar el modelado computacional y las imágenes cerebrales, para entender mejor no solo por qué disfrutamos de la música, sino también lo que significa ser humano”, concluye Cheung.

Música estelar

pos, cada uno con una determinada estructura interna y propiedades físicas, de la misma forma mediante la cual nuestro oído puede identificar distintos instrumentos musicales en una orquesta y, por ende, las propiedades de cada uno de aquellos, como el material o las dimensiones. Pero en el trasfondo de la música estelar hay más. Como explican los investigadores, “la música de una estrella pulsante resulta tener un continuo rumor susurrante de fondo, como un público molesto en una sala de concierto, que dificulta la escucha”. Estos investigadores han estudiado por primera vez el ruido de fondo que existe en la luminosidad de las estrellas, como un objeto fractal. Su trabajo ha descubierto propiedades fractales en la luminosidad de las estrellas pulsantes.

*Sinc

Los investigadores han aplicado un algoritmo que se basa en el análisis armónico de Fourier (que estudia la representación de funciones o señales, como superposición de ondas “básicas” o armónicos) de series temporales con propiedades fractales, para aislar la música estelar del molesto ruido de fondo de una manera eficiente y sencilla. Esto permite depurar de la música estelar las oscilaciones que forman parte del ruido, y así identificar mejor y caracterizar las estrellas variables. Gracias a este método, los investigadores pueden identificar y caracterizar mejor las estrellas variables. Se trata de un paso importante para entender los mecanismos físicos que gobiernan las estrellas pulsantes, ya que ahora es posible ver más nítidamente en su interior. (Sinc)


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Revista Viernes del Diario de Centro América del 29 de noviembre de 2019 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu