Caribe: territorio de
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Viernes Guatemala, 12 de julio de 2019 AĂąo 6 No. 291
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Guatemala, viernes 12 de julio de 2019
Caribe: territorio de utopías Excepto entre numismáticos, el nombre de Paul Karon es prácticamente desconocido en toda América Latina. Sin embargo, a él debemos (aunque sólo sea de forma indirecta) el esclarecimiento de muchas cuestiones relacionadas con la difusión, en Europa y Estados Unidos, del vocablo tupí-guaraní “caribe”.
Mario Jursich Durán*
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En una carta fechada el 15 de febrero de 1493, Cristóbal Colón le anuncia a los Reyes Católicos su descubrimiento de las Indias. Y hace notar: “monstruos no he hallado”.
n 1958, Karon fundó en San Juan de Puerto Rico una pequeña imprenta. Muy rápidamente adquirió una segunda, y en cosa de pocos años se convirtió en el principal accionista de una empresa con docenas de máquinas y cientos de empleados. Esa bonanza económica le permitió dar rienda suelta a una pasión que alimentaba desde niño, el coleccionismo de monedas antiguas, e ir adquiriendo, en subastas y anticuarios, mapas antiguos del continente americano, en particular de las Antillas. Para los años 90, Karon se había convertido no sólo en una autoridad en el tema de las macuquinas (cosa que lo llevó a dedicarse de tiempo completo a la investigación histórica y al peritazgo), sino en el propietario de la planoteca americana privada más importante del mundo. Si hoy en día uno repasa esa colección (ya dispersa), de inmediato advierte que no siempre se ha llamado “Caribe” a ese mar al sur de las Antillas Mayores. Más aún: que la aplicación del vocablo Caribe para referirnos a Cuba, Puerto Rico y República Dominicana empezó en fecha tan tardía como 1777, y que la noción del Caribe como un espacio cultural, antes que geográfico, es tan reciente que hasta se podría sostener, como lo ha hecho el historiador puertorriqueño Antonio Gaztambide, que se trata de una invención del siglo XX. Pero vayamos por partes. La primera traducción de la palabra “caribe” a un idioma europeo se remonta a 1493. En una carta fechada el 15 de febrero de ese año Cristóbal Colón le anuncia a los reyes católicos su descubrimiento de las Indias. Y hace notar: “monstruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla (de Quarives), la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de
La belleza del Caribe, en todo su esplendor.
una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, las cuales comen gente humana”. Esta identificación del “caribe” con el caníbal contrasta con la otra imagen que el mismo Colón ofrece en las páginas de su Diario: la del arahuaco —también llamado “taíno”—, a quien presenta como un ser manso y hospitalario e, incluso, como temeroso y cobarde. Ambas visiones de aborígenes americanos van a difundirse copiosamente por Europa, y a conocer singulares desarrollos.
El “indio bravo”
El taíno se transformará en el buen salvaje, esto es, en el habitante paradisíaco de un mundo cuyas coordenadas geográficas se pretendían desconocidas, pero que a la postre se han revelado como americanas. (Ezequiel Martínez Estrada, el célebre ensayista argentino, subrayó en diferentes ocasiones las “impresionantes similitudes” de Cuba con la isla Utopía descrita por Tomás Moro en su libro del mismo nombre). El “caribe”, por su parte, se convertirá en el caníbal, el antropófago, el “indio bravo” del
que hablaba Germán Arciniegas; ese ser demoníaco, situado al margen de la civilización, y a quien es menester combatir a sangre y fuego. Cuando Shakespeare publicó La tempestad, en 1611, no cabe duda de que esa imagen era un lugar común entre el público europeo. Al fin y al cabo, Calibán, el salvaje primitivo de la obra, es una transliteración de “Caribban”, un término empleado por los marineros y burócratas de la época, y que Shakespeare seguramente oyó en las tabernas londinenses. Así, pues, al menos en los primeros 200 años del descubrimiento europeo de América, la palabra “caribe” sólo se aplicó para los nativos de las islas.
Iucatanus sinus
Los mapas de la colección atesorada por Paul Karon nos muestran que el mar que rodeaba a las Antillas se confundía con el Atlántico Norte y recibía toda clase de nombres, excepto el de Caribe: a veces era el iucatanus sinus, a veces “el mar de las Antillas”, a veces “el mar de los Sargazos”. Aunque no es fácil poner orden en esa historia, cabe decir que quienes empezaron a llamarlo Caribe en primera instancia fueron los geógrafos alemanes. En 1777, el religioso moravo Cristian Oldendorp (1721-1787) publicó el fruto de su trabajo en las Islas Vírgenes, acompañado de un mapa en el que oponía las Caraibische Inseln a las Grosse Antilles y las colocaba entre el Westlicher Ocean y un Caraibische Sea. A partir de allí, el uso de caribe como gentilicio de los aborígenes de las Antillas mayores fue progresivamente abandonado, y la palabra empezó a utilizarse como patronímico del mar al cual las Antillas sirven como perímetro. (Los mapas de la colección Karon no dejan dudas al respecto). Cabe anotar, además, que este nuevo empleo coincidió con las independencias de
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Estados Unidos (1783) y Haití (1795), razón por la cual al vocablo se le añadió, además de los que ya tenía, un tercer significado: el de frontera imperial. El Caribe era el lugar donde Inglaterra, Francia y España, pero también Alemania y en cierto modo Holanda, habían sido humilladas.
La Doctrina Monroe
Para complicar las cosas, en el siglo XIX la doctrina Monroe, formulada por John Quincy Adams, en 1823, pero sólo aplicada hasta 1845 en apoyo de las pretensiones norteamericanas sobre Texas y Oregón, contribuyó a darle una nueva vuelta de tuerca a esta historia. Hasta ese momento, los norteamericanos no hablaban de manera oficial de un “mar Caribe” y mucho menos de una “región caribe”. Ese punto de inflexión llegó en 1898, cuando las tropas de la Unión se unieron a los mambíses cubanos y a los renegados puertorriqueños para combatir al ejército español y conseguir la independencia de las dos islas. Como consecuencia, Cuba terminó sometida al tutelaje estadounidense, convirtiéndose, a partir de 1902, y hasta 1959, en una especie de protectorado, mientras Puerto Rico pasó a ser una colonia del tipo tradicional. Fue en esos años que burócratas del Departamento de Estado y militares de la US Navy empezaron a utilizar el término “cuenca del Caribe”, con el propósito de englobar en él, no sólo a las Antillas mayores y menores, sino a toda Centroamérica, a partes de México, Colombia y Venezuela, e incluso a repúblicas como El Salvador que ni siquiera tienen costa sobre el Atlántico. Es toda una ironía que esta nueva acepción de “caribe” fuera una consecuencia indirecta del “América para los americanos” de la doctrina Monroe, pero no es menos irónico que ese intervencionismo haya resucitado el significado primigenio de la palabra, el de indio reacio a las pretensiones de una potencia extranjera. En ese mismo año de 1898, en un sitio tan alejado del Caribe como Buenos Aires, el maestro de Borges, Paul Groussac, alertaba sobre los peligros de la Doctrina Monroe y para ello se valía de las imágenes difundidas siglos atrás por
Cristóbal Colón, Tomás Moro y Shakespeare. Y si bien Groussac hablaba del “yanqui canibalesco”, invirtiendo la simbología de La tempestad, lo cierto es que su discurso fue un ejemplo temprano de cómo la intelligentsia latinoamericana habría de reaccionar frente al empuje imperial del Norte. Una y otra vez, escritores como el uruguayo José Enrique Rodó, el nicaragüense Rubén Darío, el brasileño José de Souza Andrade o el mexicano José Vasconcelos volvieron sobre los personajes de La tempestad para reivindicar orgullosamente lo caníbal, lo salvaje, lo libidinal, esto es, lo caribeño. Ser del Caribe, o identificarse con lo caribe, vino a ser lo mismo que ser revolucionario y antiimperialista, según puede verse en el Manifiesto Antropófago (1928) de Oswald de Andrade (“Tupi, or not tupi, that is the question”) o, si queremos un ejemplo distinto, no literario, en la Cuba de mediados del siglo pasado.
Nueva Orleans y Nueva York
Desde entonces, dos ampliaciones más ha tenido la palabra caribe. Por un lado, pasó a designar una vasta región cultural cuyos límites se extienden aún más que los proclamados en 1898. Huelga decir que esta idea de un “Caribe amplio”, exógeno, difundida inicialmente por el académico polaco Andrzej Dembicz, en 1979, ha tenido muchísimos adeptos, entre otras razones porque su principal valedor fue Gabriel García Márquez. En muchas partes, pero sobre todo en fantasía y creación artística en América Latina y el Caribe, el premio Nobel colombiano sostuvo que, en rigor, “el Caribe se extiende (por el norte) hasta el sur de los Estados Unidos, y por el sur hasta el Brasil”, lo cual implica que Nueva Orleans sea parte del Caribe, lo mismo que Río de Janeiro y Salvador de Bahía. La muerte de su famoso propagandista en 2014 no le quitó brío a estos empeños. En una edición reciente de El libro de la salsa (2004), el novelista cubano Leonardo Padura retoma el sueño bolivariano del autor de Cien años de soledad y lo amplía con su propuesta, a medias jocosa, a medias en serio, de incluir a Nueva York como un hito geográfico en esa lista pues,
Varias naciones del Caribe han sabido desarrollar su industria turística.
como todo el mundo sabe, “Nueva York es el barrio más septentrional del Caribe”. La invitación no aplica para el caso de Miami, pues desde los años de Ronald Reagan el peso de la inmigración cubana, haitiana, puertorriqueña, colombiana y venezolana ha llevado a que la Florida reconozca un cierto parentesco, una hermandad difícil, con lo que ellos llaman su “patio trasero” ( backyard, en inglés). Y, por último, cabe decir que luego de haber sido durante siglos un teatro de expoliaciones e injusticias, de saqueos y de crímenes, el Caribe o, más exactamente, el imaginario del Caribe, ha emprendido su propia carrera “imperialista”. Gracias a la acción combinada del turismo, la gastronomía, la música y el deporte, sería difícil encontrar un lugar del planeta donde la cultura caribeña —o lo que se identifica como tal— no seduzca y deslumbre. El escritor cubano Antonio Benítez-Rojo contó en varias ocasiones su regocijo al descubrir, por ejemplo, que en Santiago de Compostela se había celebrado el Año Jacobeo con un conjunto de soneros de la isla, o que en la fiesta nacional de Francia, en la plaza de Tolosa, una banda latina tocaba La vie en rose en ritmo de cha-cha-chá, para beneplácito de todos los concurrentes.
Un laboratorio social
Uno podría alegar que esta imagen, aunque tiende a ocultar la pobreza e inequidad, es positiva y que vale la pena seguir alentándola. Pero a mí me gustaría recordar que el Caribe, además de todo lo anterior, además de un espacio geográfico donde el baile, el canto, la música y la alegría de vivir —eso que llamamos “cheveritud”— gozan de radical preeminencia, también ha sido un importantísimo laboratorio social y sobre todo un locus privilegiado para la inventiva. El hecho de que prácticamente todas las islas del Caribe sufrieran el sistema de la plantación esclavista creó, en palabras del haitiano Jean Casimir, una “contraplantación”, esto es, un clima mental propicio para dar respuestas a toda suerte de desafíos. Por lo general, esas réplicas se han identificado con los deslumbrantes logros del arte,
El beisbol, una pasión que algunos pueblos caribeños comparten.
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La Plaza en Jackson, Nueva Orleans. ¿Extensión del Caribe?
la música y la literatura del Caribe a lo largo de los siglos, pero convendría decir que no se agotan en ellos.
Milagros
El Caribe también ha producido una larga serie de milagros en materias tan alejadas entre sí como la organización política, la refinación industrial del azúcar, el desarrollo de la penicilina, los sueros antiofídicos y la computación, para sólo dar unos pocos ejemplos. Me parece que no se enfatiza mucho que la revolución haitiana de Toussaint L’Ouverture (1743-1803) —el “esclavo que venció a Napoleón”— sigue desconcertando a los historiadores, por lo que tuvo de vanguardia política en el mundo entero; me da la impresión de que pocas veces se reconocen las mejoras industriales que los negros traídos de África (no sus patrones) introdujeron en los ingenios y en el cultivo del azúcar, tal como lo han documentado Sidney Mintz y Manuel Moreno Fraginals. Creo que pocas personas tienen presente que el doctor Clodomiro Picado Twight (18871954) —conocido en su natal Costa Rica como “Clorito”—, fue el precursor, junto con Alexander Fleming, de la penicilina; me sorprende que no muchos recuerden, así lo hayan estudiado, que el principal manual matemático de la lengua española fue obra del cubano Aurelio Baldor (1906-1978). Me asombra que, incluso entre investigadores, no se tenga claro que la transmisión de la telenovela El derecho de nacer, del también cubano Félix B. Caignet (1892-1976), acaso haya sido el suceso radial más importante del siglo XX y, sin duda, una de las fuentes subterráneas
Gabriel García Márquez junto a su esposa, Mercedes Barcha, en un tren en Santa Marta, en 2007, cuando iban hacia Aracataca, cuna del escritor.
de la feroz oposición a la legalización del aborto en América Latina; en fin, me desconcierta que casi nadie sepa que el inventor de los captchas —la prueba automática para diferenciar a los computadores de los seres humanos—, fue obra de un guatemalteco, Luis von Ahn. De modo que no es cierto, como alguna vez dijo malhumoradamente el escritor trinitario V. S. Naipaul, que “nada se ha creado en las Indias Occidentales y nada se creará nunca”. Es al contrario: se ha creado, y en cantidades bíblicas.
En la actualidad se sigue discutiendo con ahínco el significado de la palabra caribe —lo que incluye, lo que deja fuera—, pero al margen de esos debates tengo para mí que su futuro pasará necesariamente por reconocer estas tradiciones olvidadas. Tal vez así surja, como quería Antonio Benítez Rojo, y como quiso mucho antes Francis Bacon, una Nueva Atlántida que reúna y concentre los muchos caribes dispersos. *BBC
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Gavetas
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Martín de Mayorga DCA, 14 de diciembre de 1935.- Carta del rey Carlos III, por el traslado de la capital al Valle de La Ermita, “A Gobernador y Capitán General de las Provincias de Guatemala y Presidente de mi Rl. Audiencia de ellas: En carta del 30 de junio del año próximo pasado me informaistes profusamente con los Ministros qe., entonces componían esse tribunal, de las resultas qe., havian ofrecido los violentos extremosos y repetidos terremotos, del dia 29 de Julio de 1773, qe., continuaron y repitieron con la misma fuerza hasta 14 de Diciembre del propio año, acompañando quatro testimonios y una relación impresa del deplorable estado a que se hallaba reducida essa capital con todos sus edificios públicos y particulares, de las desgracias, calamidades y nunca bien ponderadas desdichas qe., por todas partes afligían a los moradores; (...) y consultandome sobre ello en 28 de Junio ultimo he resuelto qe., la mencionada traslacion formal de la ciudad se haga en el citio o Llano qe., llaman de la Virgen (...) y ordenaros y mandaros deis las providencias y disposiciones convenientes para qe., desde luego se empiece la citada traslacion, segun corresponda, en inteligencia de qe., por cedulas de la fecha de esta se participa esta mi Rl. Resolucion para noticia y gobierno a essa Audiencia, (...) y al Ilmo. y Rev. Señor Arzobispo de esa Diocesis.(...) Fecha en San Hildefonso a 21 de Julio de 1775. Yo, el Rey”.
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Reporte en V
Las dos caras del chocolate
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¿Afrodisíaco y antiestresante? ¿Generador de celulitis y grasa? Proporcionamos claves y recomendaciones sobre las consecuencias que tiene el consumo de este dulce en nuestra salud. negro (35% de cacao, manteca de cacao y azúcar), con leche que, según el Observatorio del Cacao, es el más consumido del mundo (menos de 25% de cacao y leche) o el chocolate blanco, que, según este organismo, “en realidad no es chocolate, ya que no contiene pasta de cacao, que es el ingrediente básico, se elabora solo con manteca de cacao, azúcar y leche. El contenido de manteca de cacao debe ser de al menos un 20%”.
Menos chocolate
El chocolate es una bebida con muchos pros y pocos contras.
Andrea Peña* n grupo de investigadores de la Universidad de Illinois ha publicado recientemente un estudio, en el que concluyen que “tres de los compuestos fenólicos en las cáscaras de granos de cacao tienen efectos poderosos en las células inmunes y en la grasa de los ratones, lo que podría revertir la inflamación crónica y la resistencia a la insulina asociada con la obesidad”. Pero no es el único estudio que se ha hecho sobre el cacao, otros hablan de su poder antiestresante, antioxidante, que previene enfermedades cardiovasculares, que ayuda a la memoria, previene las caries. ¿Es todo cierto?
Cacao y chocolate
¿Sabes cuándo se fabricó la primera tableta de chocolate? Han pasado casi 200 años de la
aparición (de la mano del suizo François-Louis Cailler) de nuestro compañero de penas y alegrías, aunque ya se conocía el chocolate antes. Sin embargo, el cacao no alcalinizado (es decir, que no está tratado químicamente) es la fuente de nutrientes real (aporta más de 50) y no es lo mismo que el chocolate que hoy conocemos. De hecho, en una revisión científica realizada por el español Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN), se concluye que “el cacao natural es el único que mantiene las propiedades antiox idantes (los flavonoides), ya que no ha pasado por ningún otro proceso químico”. Por este motivo, la Fundación Española de la Nutrición diferencia la catalogación de cacao y chocolate. Así, mientras el primero está dentro de la categoría de frutas y frutos, el segundo está en la categoría de dulces. Habitualmente tomamos tres tipos de chocolate: chocolate
La Fundación Española del Corazón se ha hecho eco de estudios que defienden las propiedades afrodisiacas, antioxidantes (por la presencia de teobromina) y antiestresantes del chocolate, y el impacto que tiene la ingesta de pequeñas cantidades de cacao en la salud cardiovascular del ser humano. Uno de los estudios expuestos es el publicado en la revista European Heart Journal, en el que científicos alemanes concluyen que “el consumo de cantidades bajas de chocolate produce niveles inferiores de presión arterial, lo cual se relaciona con un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”. Otro trabajo de la Universidad de California, publicado también en Journal of the American College of Cardiology, asegura que el consumo diario de flavonoides, presentes en el cacao, “duplica el número de células angiogénicas circulantes (CAC) en la sangre. Estas células reparan y mantienen los vasos sanguíneos, lo que sirve como barrera al desarrollo de las enfermedades cardiovasculares”. Por otro lado, el informe Cocoa: a tasty source of vitamin D? (Cacao, ¿una fuente de vitamina D? ’), llevado a cabo por un grupo de investigación de la Universidad de Halle-Wittenberg y del Instituto Max Rubner (Alemania), ha llegado a la conclusión de que tanto el cacao como los alimentos que contienen cacao tienen “cantidades significativas de vitamina D2”. Aún así, uno de los investigadores que ha participado en
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Es aconsejable el chocolate negro, pues tiene mayor proporción de cacao.
el estudio, el nutricionista de la Universidad de Halle, Gabriele Stangl, no recomienda la ingesta de chocolate en las cantidades que serían necesarias para cubrir la cantidad de vitamina D que requiere el cuerpo, porque “sería extremadamente poco saludable, debido al alto contenido de azúcar y grasa”. El cacao también frena el deterioro cognitivo leve y agiliza la eficiencia de la memoria. Todo esto se debe a unos compuestos bioactivos que tiene llamados flavalones. De hecho, un cardiólogo suizo llegó a concluir en un estudio que “el consumo de chocolate mejora la función cognitiva, que es una condición sine qua non para ganar el Premio Nobel”.
Los expertos hablan
Pero no todo lo que rodea al chocolate es tan dulce. Como hemos dicho antes, existen corrientes y estudios que opinan que el chocolate no es tan bueno como pensamos. Es el caso de la American Cancer Society. En un artículo publicado por Stacy Simon, el pasado 4 de febrero, se asegura que, aunque a lo largo de los años nos han estado hablando de los beneficios que tiene el consumo de cacao, esto no se puede extrapolar al hecho de que consumir chocolate sea bueno para la salud. Otro de los temas que ponen en la mesa los escépticos de los beneficios del chocolate es que tiene muchos azúcares añadidos, calorías y grasas. Por esto, muchos lo relacionan con el riesgo de padecer obesidad y, por consecuencia, de desarrollar todas las enfermedades que trae consigo el aumento de peso. Por otro lado, a pesar de que muchos se empeñan en denunciar que el consumo del chocolate hace que tengamos migrañas, ya se ha dicho que esta afirmación no era realista. En este artículo el doctor Latorre afirmaba: “La gente come chocolate y le duele la cabeza, pero no porque el chocolate provoque dolor de cabeza, sino porque el dolor de cabeza provoca
ganas de comer chocolate”. La científica titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y autora de ¿Qué sabemos del chocolate?, María Ángeles Martín, asegura en el libro que “solo aquellos chocolates que contengan un porcentaje de cacao superior al 60-70% tienen suficientes flavalones para conseguir efectos beneficiosos en nuestra salud”. Además, Martín afirma que la cantidad adecuada son 30 gramos diarios.
Chocolate negro
La doctora Petra Sanz, miembro del Consejo de Expertos de la Fundación Española del Corazón (FEC), asegura que “puede consumirse chocolate negro a diario (la dosis que máximo beneficio ha demostrado es consumir de 2 a 3 raciones/semana de 30 g) para reducir el riesgo cardiovascular, siempre en el contexto de una dieta saludable. Se aconseja consumirlo durante el día, no por la noche después de cenar, cuando el efecto saciante no se puede compensar ingiriendo menos alimentos en la comida siguiente”. Además, habla de los beneficios del chocolate negro, “que es el que tiene una proporción mayor de cacao y menor de lácteos y azúcares; en su composición cabe destacar fitoesteroles y polifenoles, además de las grasas, predomina el ácido esteárico, que no eleva el colesterol. Se han efectuado numerosos estudios clínicos con chocolate negro o productos similares, que han demostrado mejoría de la función endotelial, reducción de la presión arterial y del colesterol, con aumento del colesterol HDL (colesterol bueno), mejoría del control del azúcar en sangre, la resistencia a la insulina y la tensión arterial”. Pero también advierte que “el chocolate tiene un alto contenido en grasa, por lo que tiene calorías y puede engordar. Las personas con problemas de sobrepeso u obesidad deberían evitarlo”. La dietista Alma Palau explica que el cacao es un alimento saludable, “incluso reco-
mendable, siempre que se trate de cacao puro o de chocolate con más del 70% de cacao, y siempre dentro de un consumo adecuado al conjunto de la dieta”. “No obstante, añade,es importante señalar que estas propiedades se pierden en gran medida en los procesos industriales de elaboración de productos. Por ello, lo recomendable es consumirlo puro y no en productos procesados con azúcares añadidos y un exceso de grasas”. “Especialmente en la infancia y en caso de ser un hábito diario que además se repita varias veces al día,como en el desayuno y en la merienda, es aconsejable cambiar los cacaos solubles más comerciales por cacao puro y añadirle azúcar de forma moderada en casa, cantidad que será menor que la del azúcar presente en el producto procesado”. “Hay que tener también en cuenta —concluye—que el cacao puede estar contraindicado para personas con insomnio y dificultades para dormir, con reflujo gastroesofágico o con síndrome del intestino irritable, entre otros. Por ello, siempre se debe consultar con un dietistanutricionista, que aconseje la forma de ingesta y cantidad adecuada”. Por su parte, el Observatorio del Cacao asegura que “el chocolate es un producto que se elabora a partir de las semillas del cacao, mediante la extracción del polvo de cacao y la manteca de cacao. Posteriormente se le añaden otros ingredientes: azúcar refinada, leche, frutos secos, entre otros”. Por este motivo recomiendan que se consuma con moderación “ya que la manteca de cacao que se utiliza en su elaboración, la leche y los frutos secos lo hacen un alimento con más cantidad de calorías y grasas”. Así que podríamos concluir con la esperanza de que, a pesar que hay estudios en los dos sentidos, pesan los argumentos a favor de nuestro amigo el chocolate. Eso sí, todos los expertos recomiendan tomar bajas dosis y, cuanto más puro, mejor. *El Confidencial
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Contando el tiempo
Recuerdos del pasado, guardados en las rocas.
En ciertas partes de Central Park, el esquisto está en la superficie, como aquí, en el Castillo Belvedere.
Un poco más allá, las coconino cuentan cuánto cambió el mundo.
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Cómo naci Fotos: Archivo
En un lugar de la Tierra hay un portal del tiempo. Ahí puedes ver la historia de nuestro planeta, pues tiene una conexión directa con un pasado misterioso, cuyos secretos están escritos en el lenguaje de la geología y revelan un mundo perdido hace mucho, mucho tiempo. Dalia Ventura* a evidencia que desbloquea ese pasado antiguo está oculta en las rocas, los paisajes e incluso algunos animales, y habla de un momento definitorio que transformó la evolución y cambió la historia humana. Se trata del Gran Cañón. Sus rocas, por extraordinario que parezca, son nuestro punto de partida... para entender el sexo.
Toda la tierra junta
Hace 413 millones de años, el norte y el sur de América estaban separados por miles de kilómetros de océano. Pero estaban rumbo a una colisión, un choque en cámara lenta que levantó enormes montañas a lo largo de la zona de impacto. En ese momento, todas las masas de tierra del planeta se unieron y formaron un solo supercontinente gigante: Pangea. El norte y el sur de América estaban en el corazón de Pangea, a ambos lados de una masiva cordillera. Y todavía hay rastros de ese mundo, en lugares como Manhattan, donde se pueden encontrar muy cerca de la superficie e inclusive en esta, rocas de unos 300 millones de años de antigüedad, conocidas como esquisto. Pangea ha tenido una enorme influencia en el continente americano moderno, desde la distribución de los recursos naturales y la historia, hasta, en casos como el de Nueva York, la forma de sus ciudades. Pero Pangea también dejó su marca en todo el planeta, pues jugó un papel crítico en uno de los más importantes desarrollos evolutivos de la historia de la vida en la Tierra: nada menos que la invención del acto sexual. Ese significativo acontecimiento solo se puede entender viajando a los primeros días de Pangea. El Gran Cañón nos puede llevar a ese momento.
Escrito en piedra
Su paisaje condensa más de mil 500 millones de años: en su fondo, hay rocas de cuando la única vida que existía era unicelular; más arriba, otras que tienen unos 500 millones de años, cuando la vida empezó a ser más compleja, y así, como un libro de historia con páginas de piedra.
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ió América Las capas de roca supai son rojas, pues están repletas de hierro. Uno de los grupos de rocas se llama supai y data del período más temprano de Pangea, antes de que se formara por completo. Gracias a las supai sabemos que al principio el supercontinente era un lugar acuoso. Los fósiles incrustados en ellas revelan qué tipo de vida existía en ese tiempo: anfibios. Actualmente, los anfibios —como las ranas y las salamandras— son relativamente raros. Pero antes de que Pangea se formara, los anfibios eran los animales dominantes en la Tierra... al fin y al cabo, fueron los primeros en salir a explorar. Para ellos, el agua era y sigue siendo fundamental, particularmente para la reproducción y metamorfosis, así que ese mundo mojado de los principios de Pangea era ideal para ellos. Pero luego, el mundo cambió. La evidencia está en unas rocas amarillas llamadas coconino. Se formaron cuando América era parte del supercontinente, y revelan un paisaje que transformó el curso de la vida en la Tierra. La superficie de esas rocas es suave. Si te acercas con una lupa, ves muchos granos de arena redondos, casi todos de más o menos el mismo tamaño. Todo eso revela que se formaron con el viento, que levanta los granos más finos de arena. El otro aspecto interesante de las coconino es que no son horizontales sino inclinadas, y no porque algo las torció: la superficie de estas rocas siempre tuvo el mismo ángulo de 33-34º. ¿Por qué? Porque si tomas la arena más fina y la viertes, hasta que los lados del montón que se forma alcancen un ángulo 33-34º, los granos de arena seguirán rodando. Cuando llegan a esa inclinación, se mantienen juntos. Sabemos por la capa de coconino que el Gran Cañón se convirtió en la frontera occidental de un desierto gigante que hace 250 millones de años se extendía por casi todo lo que hoy es América, África y Europa. Ese desierto gigantesco fue un resultado directo de la formación de Pangea. Una enorme masa de tierra significaba que la mayor parte de ese continente estaba tan dis-
tante del mar que los vientos no alcanzaban a llevar la lluvia al centro. El que gran parte de la Tierra se hubiera convertido en un lugar desértico no fue una buena noticia para los anfibios. Sin suficiente agua, quedaron como Adán y Eva antes de que probaran el fruto del Árbol de la Sabiduría: sin posibilidades de reproducirse y, por ende, condenados a la extinción. Pero eso no quiere decir que en esa región reseca de Pangea no hubiera vida: en el corazón de este árido mundo, otro tipo de animal prosperó. La evidencia está en las mismas rocas, en las que quedaron sus huellas inmortalizadas, mostrando que eran unas criaturas que se impulsaban con las patas y tenían cola. Eran reptiles.
Innovación evolutiva
La mayoría de los reptiles se adaptó bien a la vida terrestre, gracias a sus pieles resistentes y escamosas, sus pulmones bien desarrollados, su sistema circulatorio de doble circuito, un sistema excretor que conserva el agua, fuertes extremidades y la capacidad de controlar su temperatura corporal cambiando de lugar. Pero eso no habría sido suficiente para evitar el destino de los anfibios: para adaptarse a entornos superáridos era imprescindible una innovación evolutiva que heredarían todos los reptiles, las aves, los mamíferos... tú y yo. Así que, hace 250 millones de años, América estuvo no solo en el centro de Pangea, sino de un cambio evolutivo masivo. Para saber cuál fue, lo mejor es observar a un animal antiguo con una reputación temible: el caimán. Sus ancestros vagaban por América cuando formaba parte de Pangea. Sabemos que eran sus antepasados, pues comparten una adaptación realmente distintiva: la articulación del tobillo. Esa conexión anatómica con los antiguos reptiles les permite mantener las patas casi verticalmente debajo del cuerpo cuando están en tierra, y el pie puede girar durante la locomoción con un movimiento giratorio del tobillo. La forma en la que los ancestros del caimán se movían fue una de las razones por las que
tuvieron un gran éxito en Pangea. Pero el mayor avance fue algo que los preparó perfectamente para ese mundo desértico: el acto sexual. El coito del caimán es muy parecido al humano, ciertamente en el estilo de copulación. La clave es la fertilización interna: entregar el esperma dentro de la hembra y directamente al óvulo.
La invención del sexo
El sexo es la forma más eficiente y directa de lograr la fertilización. Así se impregnan los reptiles, aves y mamíferos modernos. Hasta esta innovación, la fertilización solo podía ocurrir externamente, en el agua. Los anfibios fueron los primeros vertebrados que emergieron a la tierra. Pero debido a que fertilizaban externamente, tenían que regresar al agua para reproducirse. Los reptiles recién evolucionados hicieron las cosas de manera diferente. Fertilizaron y desarrollaron sus huevos dentro de sus hembras. Al ponerlos, venían con cáscaras duras e impermeables y contenían el líquido amniótico, con toda la energía y agua para sustentar la vida, algo que los anfibios tenían que buscar en los ríos y los lagos. El huevo fue toda una revolución. Más tarde, los mamíferos mantuvieron esos fluidos de soporte vital dentro de sí mismos y suministraron nutrición a través de una placenta. Pero seguimos siendo hijos de ese primer reptil amniótico. Los desiertos de Pangea eran esencialmente una barrera impenetrable para los anfibios. Pero para los reptiles la historia fue diferente. El desarrollo de la fertilización interna y el huevo amniótico les permitió propagarse y prosperar en esos ambientes áridos. Es un maravilloso ejemplo de cómo el cambio ambiental puede ser un catalizador para avances evolutivos que eventualmente llevaron a nuestra evolución. Y es interesante pensar que la forma en que tenemos relaciones sexuales fue moldeada por esos desiertos de un pasado tan lejano. *BBC
Asombroso, enigmático y revelador.
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El último sueño de Arturo, pintura de Edward Burne-Jones, en la que se representa cómo Morgana y otras hadas velan por el sueño del rey.
El caldero mitológico del
rey Arturo
La película El rey Arturo y la leyenda de Excalibur, en pleno auge de las fantasías medievales, justifica un repaso de los ingredientes que modelaron un ciclo literario con base en mitos celtas y nórdicos, leyendas de la Britania romana y épica caballeresca. Como todo gran relato, ha servido de vehículo para las más diversas ideas, desde el romanticismo cristiano de Richard Wagner hasta la crítica a la aristocracia de Mark Twain, pasando por el adoctrinamiento nacionalista en la Inglaterra victoriana y el alegato antifascista de El Príncipe Valiente.
Pablo Francescutti* a factoría de superproducciones de épicas medievales no descansa ni un instante: después de El Señor de los Anillos y Juego de Tronos, de su cadena de montaje llega la enésima puesta en escena de las proezas de los caballeros de la Mesa Redonda: El rey Arturo y la leyenda de Excalibur. A diferencia de las primeras realizaciones, creaciones genuinamente contemporáneas, la película de Guy Ritchie retoma una añeja mezcla de fantasías modelada a lo largo de un milenio, como el mito del Rey Pescador, las leyendas artúricas, el Santo Grial y la espada mágica. El Rey Pescador, del cual el titular de Camelot sería un avatar, procede de las Tríadas Galesas, recopilaciones medievales de mitología celta. Dicho monarca sufre de impotencia; un mal que se contagia a todo su reino (los cultivos se marchitan, las vacas no dan leche…). Para restablecer la salud del rey y de la naturaleza, un joven héroe debe ir en busca de un objeto sanador. En algunas versiones del mito, dicho objeto es un caldero mágico; en otras, una lanza. Se le ha relacionado con las sagas nórdicas, pero lo más probable es que tenga un origen lejano en los ritos de fertilidad de las sociedades neolíticas, muy dependientes de los ciclos naturales. El caldero sería, para algunos estudiosos, el antecedente del Santo Grial mentado por primera vez en las novelas del francés Chretien de Troyes, en 1175, con la forma de una bandeja prodigiosa. Es Robert de Boron (ca. 1,200), en
Guatemala, viernes 12 de julio de 2019
Del manuscrito, a la imprenta
Pintura del rey Arturo, por Charles Ernest Butler.
sintonía con el espíritu de las Cruzadas, quien lo asocia al cáliz que recogió la sangre de Cristo, el símbolo ultraterrenal de todo anhelo humano. En contra del origen celta, el historiador Joseph Goering postula una matriz cristiana de la trama, y esgrime como prueba los frescos aragoneses de laVirgen María sosteniendo cálices o cuencos. Y en cuanto a Excalibur, ya explicamos, a propósito del anillo de Tolkien, el surgimiento en la Edad de Bronce de la ilusión en el don mágico de espadas, lanzas, hachas u otros instrumentos metálicos. Fetiches de poderío, estas armas condensan en sí las cualidades fabulosas atribuidas a los metales y a su poseedora, la clase emergente de los guerreros. Con aquella conecta la visión de la herrería como un saber arcano ligado a las energías telúricas; una idea bien capturada en la escena de la forja de la espada en otro largometraje de fantasía heroica, Conan el Bárbaro.
Resistencia celta
Esos elementos se entretejen con un dato histórico: la resistencia interpuesta a los sajones por los britanos, el pueblo celta que habitaba la Britania romana. La retirada de las legiones imperiales en el siglo V creó un vacío que aquellos intentaron colmar mientras repelían a los sajones. En la batalla de Mons Badon lograron retrasar su invasión, finalmente consumada en el siglo VI. En el siglo XII, un clérigo galés, Godofredo de Mounmouth, evocaría la contienda y adjudicaría la victoria a un guerrero ficticio, Arturo, armado de su espada Caliburn, aunque los historiadores barruntan que el vencedor fue un general celto-romano, Aurelius Ambrosius. Mounmouth idealizó los hechos en su crónica de la guerra entre el capitán britano y Mordred, el usurpador apoyado por los sajones. Y recuperó del folklore al profeta Merlín, y lo fusionó al general romano, creando un nuevo personaje: Merlín Ambrosius, el mago asesor
El investigador del área de Filología Inglesa de la Universidad de Alicante (UA), Jordi Sánchez Martí, acaba de desvelar un capítulo de la historia de la literatura inglesa no escrito hasta la fecha, en su artículo The printed History of the Middle English Verse Romances. El artículo, aparecido en la revista Modern Philology, consigue reconstruir la historia impresa de los romances medievales ingleses tras la introducción de la imprenta en Inglaterra, en 1476, de la mano del impresor William Caxton. El género romance caballeresco es el más popular del siglo XIII al XVII. Con la llegada de la imprenta, que –en un principio– solo estaba en Londres, consiguen popularidad únicamente los textos que pasan por imprenta. De esta forma se puede popularizar a las clases medias urbanas. La burguesía puede comprar libros cuando se imprimen. A finales del siglo XV en Inglaterra había tres impresores. Los datos cifran en unos 95 el total de obras romances inglesas en manuscrito, que se reducen a unos 17 impresos, aproximadamente. Además, en la producción impresa de todo tipo de textos solo hay constancia de que un editor lo usara en el caso de 26 textos manuscritos, dado que es el número que contiene marcas de imprenta que coinciden con texto impreso. El investigador de la UA explica que hay
de Arturo. Ese material narrativo no dejaría de servir a los fines más variados. De Troyes, Boron y Von Eschenbach lo utilizarían para exaltar el ethos de la nobleza feudal. Más tarde, Richard Wagner proyecta en él su mirada romántica, cristiana y fatalista en las óperas Parsifal, Lohengrin y Tristán e Isolda.
Los mitos no mueren
En Un yanki de Connecticut en la corte del Rey Arturo (1889), Mark Twain se burla de la aristocracia sudista a través del prisma de un medioevo supersticioso, sucio y brutal; y en la Inglaterra victoriana, la literatura infantil lo recupera para fomentar la identidad nacional. En el siglo XX, Hal Foster sienta a la Mesa Redonda un personaje de cómic, El Príncipe Valiente, cuyas aventuras aluden a la amenaza nazi reflejada en los invasores sajones, vikingos y hunos, y a la dictadura de Mussolini en la figura de Valentiniano, el emperador romano que muere a manos de los suyos. La película de Ritchie, cuya originalidad se limita a dar a Arturo un toque populista-insurreccional a tono con la indignación colectiva y a sustituir a Merlín por
textos que en manuscrito se difunden mucho, pero no consiguen pasar a imprenta y, por tanto, se pierden. El estudio se fundamenta en el texto Ipomydon, del que solo existe una copia manuscrita, que se encuentra en la British Library, y que es con el que ha conseguido ilustrar cuáles son las fases que se suceden. Ipomydon fue comprado por el librero John Colyns, quien lo puso en manos del gran impresor Wynkyn de Worde. El proceso del manuscrito al libro impreso se producía por la compra del manuscrito por un librero, que participaba económicamente de la edición del libro. El manuscrito que ha sido trabajado para ser impreso tiene marcas del impresor, que muestran cómo el compositor organizó el original para su impresión posterior. También hay un corrector, que es quien preparó el texto, puesto que un manuscrito puede tener errores. El problema de los impresores en aquel momento es que no tenían acceso a los manuscritos. Por este motivo, los impresores no tienen capacidad de diversificar títulos. Así pues, en el momento en que ya no se puede atender la demanda con su oferta repetitiva, los impresores ingleses comienzan a promover la traducción de textos de caballerías españoles, como es el Amadís de Gaula, que fue best seller en Francia, Italia e Inglaterrra. (Universidad de Alicante)
una hechicera en línea con el empowerment femenino de rigor en Hollywwod, es la última cuenta de un rosario de fantasías medievalistas. ¿Por qué son tan populares? Quizás por su ductilidad para atender distintas sensibilidades; quien reniegue de la civilización moderna se identificará con la vida pastoral y aldeana defendida por Tolkien contra el fascismo industrial de las fuerzas del mal; quien sienta una mezcla de horror y fascinación por la globalización, se sentirá cautivado por la violencia sexual, codicia, estrategia geopolítica y luchas de poderosos y oprimidos que animan Juego de Tronos. Decía Levi Strauss que los mitos no mueren, se transforman, siendo sus componentes reciclados en nuevos mitos. Este principio rige también fuera de la mitología; la remix culture de la aldea global es la reciente manifestación de una dinámica cultural básica que desde la noche de los tiempos viene cogiendo tradiciones y creencias diversas, moliéndolas y ensamblando nuevas narraciones con sus retales, como prueba la incesante reelaboración del relato del rey Arturo. *Sinc
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Ventanas
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Moringa En el interior de tres invernaderos gigantes, futuristas y plateados, un grupo de científicos intenta cambiar el futuro de los alimentos. BBC stamos en la sede de Cultivos para el Futuro (Crops for the Future, o CFF), una organización internacional de investigación agronómica en las afueras de la capital de Malasia, Kuala Lumpur. Ahí los científicos buscan revolucionar la alimentación humana con cultivos alternativos. “Todo lo que ven aquí es un cultivo olvidado”, dice Sayed Azam Ali, director del CFF, mientras mostraba una gran variedad de plantas en los jardines del centro. Solamente cuatro cultivos —trigo, maíz, arroz y soya— proveen dos tercios de la oferta mundial de alimentos, explicó Azam Ali. “Dependemos de estos cuatro cultivos, pero hay unos 7 mil que la humanidad conoce y planta desde hace miles de años. Y los estamos ignorando”. Te presentamos tres de los cultivos olvidados y altamente nutritivos que según Cultivos para el Futuro deberían ser parte de nuestra dieta.
Las hojas de moringa son ricas en proteínas, vitaminas A, B y C, y minerales. El centro Cultivos para el Futuro quiere popularizar este y otros alimentos olvidados.
1. Kedondong o ciruela del Pacífico
2. Moringa
Esta fruta tropical, Spondias dulcis, es también conocida como ambarella en Estados Unidos y periba en Perú. Proviene de un árbol originario de la Polinesia, de donde
Catherine La Farge es una bióloga que lleva años investigando la evolución de musgos. Sus estudios la llevaron a la isla de Ellesmere, cerca del Océano Ártico, congelada en una buena parte de su extensión desde hace más de tres siglos por culpa del glaciar Teardrop. Sin embargo, el cambio climático ha hecho que la capa de hielo que había en la isla, vaya desapareciendo, dejando expuestas formas de vida que pueden tener milenios de antigüedad. Su objetivo, cuando en 2009 recorría los márgenes del glaciar, era llegar a documentar la vegetación que formó la base del ecosistema de la isla, pero encontró trozos de musgo centenarios: “El material siempre había sido considerado muerto. Pero al ver un tejido verde, pensé: ‘Bueno, eso es bastante inusual’”. Así que se llevó decenas de
Fotos: Archivo
fue introducido a regiones tropicales en América, Asia y África. La ciruela del Pacífico contiene vitamina C, calcio, fósforo y hierro, entre otros nutrientes. Y su pulpa puede consumirse en ensaladas de fruta, en almíbar, puré, jugos y mermeladas. El CFF intenta transformar esta fruta poco conocida en una bebida efervescente, libre de azúcar y con un alto contenido de vitamina C. Este árbol, Moringa oleifera, es originario del norte de India, Etiopía, Filipinas y Sudán. Pero puede encontrarse en América Latina, principalmente en Cuba, República Dominicana, Paraguay y Argentina. La Organización de Naciones Unidas
Sueño congelado
muestras a su laboratorio de Edmonton y casi un tercio de ellas tienen hojas y nuevos brotes. Sobrevivir en estado de congelación sólida no es sencillo, ya que los cristales de hielo pueden destruir tanto las membranas celulares como otras partes vitales de la maquinaria biológica. Por eso, cuando las muestras de musgo recogidas mostraron pocos efectos nocivos en su congelación, La Farge y su equipo se mostraron “impresionados”. No era para menos. Los musgos son más propensos que otras plantas a sobrevivir a la congelación debido a que se desecan cuando las temperaturas descienden para evitar el riesgo de que se forme hielo en sus tejidos. Y si alguna parte de la planta sufre daños, hay células que pueden dividirse y ayudar en su regeneración como las células madre en los humanos. Así,
para la Agricultura y la Alimentación, FAO, dice que sus hojas “son ricas en proteínas, vitaminas A, B y C, y minerales: muy recomendables para mujeres embarazadas y lactantes, así como para niños pequeños”. Las hojas, con alto contenido de calcio y hierro, pueden usarse como equivalente de las espinacas. La planta tiene además propiedades medicinales. De acuerdo con la FAO, los productos derivados de la moringa tienen propiedades antibióticas. Las semillas de la planta se usan también para problemas circulatorios. La experta en tecnología de alimentos Tan Xin Lin, del CFF, mostró cómo preparar una masa verde brillante con polvo de moringa. Xin Lin usa hojas de moringa pulverizadas en lugar
otro equipo liderado por Peter Convey, ecologista e investigador del British Antarctic Survey, logró despertar a un musgo de 1,500 años que había permanecido siglos enterrado a más de un metro bajo tierra. Los descubrimientos de La Farge y Convey son impresionantes, pero los de Tatiana Vishnivetskaya, microbióloga de la Universidad de Tennessee, son casi de ciencia ficción. Buscó en el permafrost siberiano organismos unicelulares descongelados tras la desaparición del hielo que los cubría y ha sido capaz de revivir bacterias de más de un millón de años. Estas eran nemátodos, de medio milímetro de longitud, las criaturas más complejas que nadie haya revivido tras años de congelación y se cree que su antigüedad podría superar los 41 mil años. Otra puerta que derriba la ciencia. (EC)
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de harina para cocinar pasteles con un nivel bajo de gluten y un alto contenido de nutrientes.
3. Nueces bambara
Esta planta, Vigna subterranea, es una leguminosa rica en proteína nativa del África Subsahariana, que también crece en algunas zonas del sureste asiático. Es resistente a altas temperaturas, crece en suelos pobres y tiene un alto contenido de proteína. Sus vainas crecen bajo tierra, en forma similar al maní o cacahuate. Al ser una leguminosa, esta planta mejora la fertilidad del suelo de manera natural. Las plantas fijadoras de nitrógeno albergan bacterias y hongos capaces de convertir el nitrógeno del aire en material disponible para las plantas. Una de las recetas más exitosas del CFF es murukku de bambara. El murukku es un bocadillo crujiente y de textura mantecosa común en India. Azam Ali busca convencer a potenciales inversores en productos de bambara citando el éxito de cultivos como la quinoa, que hace 30 años era prácticamente desconocido fuera de sus territorios nativos en Bolivia y Perú. El trabajo del CFF por popularizar los cultivos olvidados es más urgente que nunca. El sector de alimentos ya es responsable de dos tercios de las emisiones globales de gases de invernadero, según la FAO. Pero será necesario aumentar un 50 por ciento la producción mundial de alimentospara dar respuesta al crecimiento de la población mundial, de acuerdo con el mismo organismo. Las proyecciones de la ONU indican que la población global, que se sitúa actualmente en 7 mil 200 millones, alcanzará los 9 mil 700 millones para 2050. Satisfacer esa demanda sin agravar el cambio climático, dañar más la biodiversidad y destruir ecosistemas exige soluciones creativas. Y un elemento clave en esas soluciones debe ser los cultivos olvidados, según el CFF.
Seguridad alimentaria
Azam Ali asegura que al invertir en plantas locales, los países pueden reducir su depen-
dencia de alimentos importados y su huella de carbono. Los cultivos olvidados también fortalecen la seguridad alimentaria ante la frecuencia de eventos climáticos extremos asociados al calentamiento global. Y además de todas esas razones, no debemos olvidar que cultivos alternativos como la ciruela del Pacífico son más resistentes al cambio climático que otras plantas y altamente nutritivas, de acuerdo con el director de Cultivos para el Futuro. Azam Ali resumió la importancia de los cultivos olvidados en una frase: “La diversificación de la dieta con estos cultivos es crítica para el futuro de la humanidad”.
Gracias a una aproximación biocultural, un nuevo estudio expone numerosos conocimientos y prácticas indígenas y locales en relación con los polinizadores y la gestión del paisaje. Más en concreto, identifica prácticas y saberes de estas comunidades que favorecen la polinización. Este estudio destaca la “necesaria construcción de infraestructuras en troncos de árboles, excrementos o barro para alojar colmenas, así como los mapas mentales y el conocimiento sobre el comportamiento animal”. Las relaciones entre las personas y los polinizadores, que conllevan reciprocidad, cuidado y respeto, son otro de los argumentos, como los tabúes y tradiciones que protegen los hábitats, como la prohibición de talar árboles, nidos o colmenas. Por último, la manipulación de los recursos que usan los polinizadores, como la rotación de cultivos
*British Broadcasting Company
Los productos derivados de la moringa tienen propiedades antibióticas y las semillas de la planta se usan para problemas circulatorios.
Polinizadores
y el uso de indicadores biotemporales para gestionar estos animales y sus recursos o la gestión del fuego para estimular los recursos que necesitan, tales como el aumento de las flores, serían las demás prácticas. El trabajo describe asimismo algunos ejemplos concretos como los cafetales de Colombia, los bosques de Osun Sacred Grove que protegen los Yoruba de Nigeria, o los paisajes del agave de México, que producen bebidas y fibras desde hace cerca de 2 mil años. El estudio ha sido elaborado conjuntamente por un extenso grupo de investigadores de universidades de Australia, Colombia, México, Indonesia, Estados Unidos, Brasil, Ghana, Pakistán, Gran Bretaña, Argentina, Kenia, Nueva Zelanda, Alemania y Francia. “Hay un vínculo muy estrecho entre diversidad biológica y diversidad cultural y, por tanto, hay
que integrar saberes científicos, técnicos, locales e indígenas para la conservación de esta biodiversidad”, explica la investigadora Elisa Oteros-Rozas. La diversidad de los polinizadores locales se está perdiendo, explica Oteros-Rozas, principalmente debido al avance de la agricultura industrial: “Utiliza grandes cantidades de pesticidas y tiende a privilegiar la producción de pocos cultivos en grandes parcelas de tierra”. En el artículo publicado en la revista Nature Sustainability los investigadores afirman que la incorporación de los conocimientos locales e indígenas en la toma de decisiones a diferentes escalas permite “garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos, reducir la dependencia de las importaciones y garantizar el acceso de las comunidades a dietas variadas y saludables”. (Sinc)