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Semblanza Sigmund Freud
Guatemala, viernes 8 de febrero de 2019 Hemeroteca del Diario de Centro América
Gavetas Epístola de Bolívar
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DCA, 10 de septiembre de 1935.- Tenemos ante nuestros ojos la última carta de amor de Simón Bolívar, escrita en San Pedro Alejandrino el 6 de diciembre de 1830 y dirigida a su prima Fanny: “¿Te extraña que piense en tí al borde del sepulcro? Ha llegado la última aurora, tengo al frente el Mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma, por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta, como nuestros sueños de 1805; por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa de las sinfonías de colores, el más grandioso derroche de luz. (...) Tú eres conmigo, porque todos me han abandonado, y tú estás conmigo en los postreros latidos de mi vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. (...) Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe, esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y de Carabobo, esta es la letra escritora del decreto de Trujillo y del mensaje al Congreso de Angostura... No la reconoces... ¿Verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado, la realidad de este supremo instante (...) Si yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria que entreveía a tu lado, en los lampos de un sol de primavera. Muero miserable y proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores, víctima de inmenso dolor, presa de infinitas amarguras. Te dejo mi tristeza y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos. ¿No es digna de tu grandeza tal ofrenda?(...) Tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses, tuyos son también mis últimos pensamientos. Adiós Fanny, todo ha terminado. Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante la tiniebla, fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderme en el vacío...”