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Revista Viernes del Diario de Centro América del 21 de febrero de 2020

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Ser maestro

Viernes Guatemala, 21 de febrero de 2020 AĂąo 7 No. 319


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Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

Editorial A propósito de los retos y exigencias educativas que el presente plantea, cabe rescatar aquí algunas de las re-

Mijaíl S

El Don a

flexiones que suscita la entrevista a un experimentado educador, sobre qué significa serlo en el contexto de la revolución digital. Más allá de la tentación de convertir la educación de las generaciones emergentes en jurisdicción exclusivamente tecnológica, vale reivindicar algunos de los valores que están detrás de la constante generación de información y la transferencia de conocimientos de una época a otra. Es innegable que el mejor maestro es el que sabe escuchar, el que escucha para conocer, el que conoce para entender, el que entiende para practicar, el que practica para aprender y el que aprende para enseñar, alimentando así los cambiantes ciclos de la vida. Enseñar, enseñar, siempre enseñar; escuchar, escuchar, siempre escuchar; conocer, conocer, siempre conocer; entender, entender, siempre entender; practicar,

l río Don fluye caudaloso y manso al sur de Moscú, Rusia, hasta desembocar plácidamente en las estepas del Cáucaso. Pero nada a su alrededor es plácido. Ni los amores salvajes de algunos de sus habitantes retratados en esta saga, ni el destino del pueblo cosaco, que sembrará de víctimas el campo de batalla en la Gran Guerra. La gran obra maestra de Shólojov construye la epopeya del pueblo cosaco, durante la primera mitad del siglo XX. Comparada por sus críticos con Guerra y paz (1869) de Tolstoi, nunca antes una novela había sido capaz de fluir tan magistralmente por personajes, ideas, costumbres, sentimientos, como lo hace Shólojov con la grandeza del amor y la desesperación de la guerra. De ascendencia cosaca, el autor publicó, con tan solo 23 años, en 1928, el primero de los 4 libros de que consta esta obra, que fue ampliando hasta 1940. Ganó el Nobel de Literatura, en 1965.

practicar, siempre practicar. Es el camino que nos prepara para el bien supremo: la conquista de sí mismos. Y quien sea guiado hacia sí mismo, nunca estará perdido.

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DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Freddy Pérez

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El ingeniero austríaco, fundador-diseñador de la oficina de estudios automovilísticos alemana Porsche y creador del Volkswagen Tipo 1 (Escarabajo), Ferdinand Porsche, nació el 3 de septiembre de 1875 y falleció el 30 de enero de 1951. Con su hijo Ferdinand Anton, conocido como Ferry Porsche, crearon en 1931 la firma automovilística Porsche AG.


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Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

Nicolás Copérnico

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Nicolás Copérnico nació el 19 de febrero de 1473, en la ciudad de Thorn (en la actualidad Torun), Prusia, Polonia. Fue el más joven de los cuatro hijos de un comerciante de Cracovia y de Barbara Watzenrode, hija de otro rico comerciante de Torun. Su hermano Andreas se convirtió en un fraile agustino, su hermana Bárbara, en monja benedictina, siendo priora de un convento en Chelmno. A los cinco hijos de su hermana Katharina los cuidó hasta el final de su vida. Su tío fue el obispo Ukasz Watzenrode, que se preocupó porque su sobrino entrara en las mejores universidades. Cursó estudios en la Universidad de Cracovia (1491-1494), donde se formó bajo las directrices del matemático Wojciech Brudzewski. Posteriormente, viajó a Italia para estudiar Derecho y Medicina. En enero de 1497 comienza sus estudios en Derecho Canónico, en la Universidad de Bolonia, doctorándose en Astronomía, en Roma. Además, estudió Medicina en Padua. Sin haber finalizado Medicina, se licenció en Derecho Canónico en la Universidad de Ferrara, en 1503. Copérnico hablaba latín y alemán con fluidez, además de griego e italiano. A lo largo de su vida se convertiría en matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, administrador, líder militar, diplomático y economista. En 1501 regresó a su patria y fue nombrado canónigo en la Catedral de Frauenburg. Residió en el palacio episcopal de su tío, en Lidzbark Warminski de 1503 a 1510, trabajando en la administración de la diócesis. Publicó su primer libro, una traducción del latín de cartas sobre ética, de un autor bizantino del siglo VII, Teofilatos de Simocata. De 1507 a 1515 escribió un tratado de astronomía, De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (conocido como el Commentariolus), la obra sentó las bases de su concepción heliocéntrica. Viajó a Frauenburg, en 1512, y tomó parte en la comisión del quinto Concilio Laterano para la reforma del calendario (1515); escribió un tratado sobre el dinero (1517) y escribió De revolutionibus orbium caelestium (Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes), que culminó en 1530 y fue publicado el 24 de mayo de 1543. Formuló la teoría heliocéntrica del Sistema Solar, basada en los estudios de Aristarco de Samos (310 a.C.–230 a.C.). Su teoría establecía que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día, y que una vez al año daba una vuelta completa alrededor del Sol. Además afirmaba que la Tierra, en su movimiento rotatorio, se inclinaba sobre su eje. Una de sus aportaciones fue el nuevo orden de alineación de los planetas, según sus periodos de rotación. Notó que cuanto mayor era el radio de la órbita de un planeta, más tiempo tardaba en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Fue objeto de numerosas críticas, en especial de la Iglesia, por negar que la Tierra fuera el centro del Universo. Sus libros ingresaron al Índex (lista de publicaciones prohibidas por la Iglesia). Galileo y el astrónomo alemán Johannes Kepler fueron sus seguidores. Nunca se casó ni tuvo hijos. Hacia finales 1542, Copérnico sufrió una apoplejía y parálisis, falleciendo el 24 de mayo de 1543, en Frombork, Polonia. Fue enterrado en la catedral, donde los arqueólogos durante más de dos siglos buscaron en vano su tumba, hasta que en agosto de 2005 un equipo la descubrió bajo el piso de la catedral. Un análisis de ADN, en 2008, de un diente y un fragmento óseo de los descubiertos en el templo, confirmó que eran sus restos.


Ser maestro

Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

¿Los maestros serán reemplazados por robots? Beard cree que no será así.

Alejandro Millán Valencia* ese viaje, que incluyó más de 20 países, le sirvió a Beard para encontrarse con escuelas que incuban los principales métodos para afrontar los retos que presenta el siglo XXI. Su recorrido terminó en el libro Otras formas de aprender (Natural Born Learners), en el que no solo recoge los ejemplos más destacados sino también reflexiona sobre lo que tal vez son los temas más importantes que afrontará la educación en las próximas décadas. “La creatividad, la capacidad de resolver problemas y la importancia de los maestros son los grandes desafíos de las escuelas. Y todo esto, envuelto bajo la gran incógnita de cómo manejar las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial”, señaló en esta entrevista.

¿Errores educativos actuales?

Es una buena pregunta, que debemos hacernos con urgencia. Mira, yo comencé como maestro en una escuela del sur de Londres, en Kent Road —que, para que te des una idea, en el juego Monopoly es la propiedad más barata—, y ahí me golpeó el hecho de que enseñaba con los métodos que utilizaba Sócrates en el ágora, hace unos 2 mil años, a unos niños que tenían sus celulares y vivían en el futuro. Creo que ese es el mayor error que estamos cometiendo actualmente: las escuelas se quedaron en el pasado y, bajo estos métodos caducos, nos pasamos 12 años dentro de las aulas, por lo que es muy difícil cambiar nuestras ideas sobre cómo debe ser la escuela.

Alex Beard era maestro en una escuela en el sur de Londres hasta que, después de un tiempo de sentirse estancado en su oficio como profesor, decidió partir en búsqueda de nuevas alternativas. El segundo reto que afronta la educación de hoy es que no sabe con claridad en qué debe enfocarse, en qué debe centrarse teniendo en cuenta el futuro. Cuando me veo de nuevo en un aula de clases, me veo como un profesor que entrena a los niños para que superen un examen, para que saquen una nota aceptable, que es lo que necesitan, si hablamos en términos prácticos, para pasar de grado en el colegio.

Nada que ver con formar profesionales del futuro…

Exactamente, los estamos entrenando para empleos y oficios que en el futuro van a poder hacer los robots. Me queda claro que no los estoy preparando para nada de lo que viene. Y el error que estamos cometiendo es que ponemos mucha de esa culpa en los maestros. Lo que creo que debemos hacer es convertir al maestro o maestra en una de las personas más importantes de la sociedad. Porque, al final, son

ellos los que van a moldear nuestra creatividad, nuestra cohesión social, los que van a sentar las bases que lleven a crear una economía fuerte y sostenible. Debemos esforzarnos por darles autonomía y fortalecer su profesionalismo, en vez de culparlos porque las generaciones más jóvenes no dan la talla.

¿Qué habilidades se deben enseñar?

Creo que los niños requieren tres cosas. La primera es aprender a pensar, pero de una manera acorde a los retos del futuro. Deben pensar de forma crítica sobre el mundo, sobre el papel que quieren ejercer a partir de un conocimiento profundo de ellos mismos. Lo segundo es aprender a actuar, pero especialmente cómo ser unas personas creativas. Ahora estamos afrontando retos inmensos en cuestiones ambientales, el aumento de la desigualdad, un escenario donde los trabajos actuales serán reemplazados por máquinas… Así que, allí vamos a necesitar que los niños desarrollen a fondo su creatividad. Y eso significa que los niños no solo deben aprender a ser creativos, sino también a trabajar, con la ayuda de las nuevas tecnologías, en conjunto con otras personas. Y lo tercero, aplicar esa creatividad en la resolución de problemas que afronta el mundo moderno. Para cuidarse a ellos mismos y a las personas que los rodean. Mientras la sociedad se polariza cada vez más, los estudiantes necesitan desarrollar su inteligencia emocional para ser capaces de


Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020 Fotos:Archivo

destino fue Silicon Valley. Yo pensaba que, tras la estrepitosa derrota de Gary Kasparov ante Deep Blue, en 1997, la inteligencia artificial iba a arrasar con todo. Pero mi visita al Silicon Valley me enseñó otra cosa. Y allí vi por primera vez a un robot profesor. Y no era un androide que estaba de frente a un salón de clases: era, en cambio, un software de inteligencia artificial dentro de un ambiente de aprendizaje por internet.

“Actualmente, las escuelas no saben con claridad en qué deben enfocarse, en qué deben centrarse teniendo en cuenta el futuro”

conectar y sentir empatía con otras personas, ya sean de su comunidad o a nivel global. Pero sobre todo que aprendan a comprender su propio desarrollo emocional, para que sean capaces de manejar su bienestar en un mundo en el que cada día es más difícil vivir.

En su libro habla de ayudar a buscar “el sentido en las cosas que estamos haciendo”...

Una de las cosas que está transformando la forma en que entendemos la educación es la investigación sobre cómo funciona nuestro cerebro, en el campo de la psicología, el desarrollo temprano e incluso la neurociencia. Y una de las cosas que los científicos cognitivos han encontrado es que hay una jerarquía en nuestras experiencias cuyos resultados nos llevan a aprender. Si insistimos en repetir y memorizar, entonces vas a retener una cierta cantidad de conocimiento y vas a aprender en alguna medida. Pero si las cosas que estás aprendiendo te causan una reacción emocional —o sea, te hacen sentir entusiasmado, triste, confundido, te estremecen y así—, es posible que retengas más conocimiento que por la memorización. Lo más importante de eso es que tanto los investigadores como los psicólogos han llegado a la misma conclusión: que si ese aprendizaje tiene un sentido para los estudiantes, es entonces cuando realmente ocurre.

¿Cómo funcionaba eso?

Por lo tanto, es posible que te interese el cambio climático, que te importe la creciente desigualdad dentro de la sociedad y si puedes aplicar el aprendizaje que se está llevando a cabo en el aula a intentar resolver problemas relacionados con esos temas que a ti te importan, entonces encontrarás significado en el aprendizaje y en la aplicación de ese aprendizaje.

¿Ser profesor podría resultar una profesión obsoleta?

Bueno… una de las razones por las que emprendí este viaje es que cuando trabajaba como profesor en Londres sentía que estaba estancado. Veía cómo las nuevas tecnologías, las redes sociales y el surgimiento del big data estaban tomándolo todo alrededor y, de un momento a otro, mi principal interés fue saber cómo esas nuevas tecnologías, entre las que se cuenta la inteligencia artificial, se aplicaban en el campo de la docencia. Si realmente las nuevas tecnologías podían transformar el modo en que aprendemos. Por eso, si la premisa era que los robots nos iban a quitar nuestro trabajo, mi primer

Ellos tenían un laboratorio de enseñanza donde había un profesor y unos diez niños de 5 años, cada uno frente a un computador, con audífonos. Todos estaban callados, concentrados en su computadora, en las que había programas diseñados para ayudarles con su aprendizaje de lengua o con la solución de problemas matemáticos. Lo interesante allí era que mientras el programa ayudaba a los estudiantes, a la vez “aprendía” con los datos que obtenía en cada sesión sobre debilidades y fortalezas de esos niños, y automáticamente adaptaba esa experiencia para la siguiente sesión. Así que al final se ofrecía un trabajo casi personalizado de aprendizaje, a la vez que estos datos se pasaban a los profesores, que contaban así con más información sobre cada uno de sus estudiantes. Este es un ejemplo de lo que ha ocurrido: la inteligencia artificial no ha sobrepasado a los maestros, sino que se ha convertido en una herramienta útil, en un complemento muy necesario. Otro ejemplo: en 2013, un estudio de la Oxford Martin School reveló que había 700 profesiones que podrían ser reemplazadas por robots en el futuro, pero ninguno de los trabajos relacionados con la docencia —o sea, maestro de primaria, preescolar, profesor de bachillerato e incluso universitario— iban camino a desaparecer. Y es verdad. Y eso ocurre porque enseñar es el proceso humano definitivo. Aunque haya inteligencia artificial o robots, la educación depende de la interacción humana.

¿Qué significa que el aprendizaje tenga sentido?

Puede que una enseñanza tenga sentido porque hay un trabajo en particular que quieres tener, y quieres que las cosas que aprendes te ayuden a conseguirlo y a ejecutarlo. Pero esa es una visión muy estrecha del aprendizaje. Puede tener mucho sentido para ti porque es algo que amas hacer y tiene que ver con tu identidad y tu manera de expresarte. Es importante para ti como persona. Tal vez ames las matemáticas, aprender nuevos idiomas, la música. Y, cuando comienzas a hacer estas cosas que amas, tienen sentido para ti La gente incluso puede encontrar su propia autoexpresión en crear códigos. Por ejemplo, donde esta idea se convierte en una búsqueda creativa o donde puedes encontrar significado al ver que ayuda a resolver un problema sobre cosas que te importan en el mundo.

Uno de los recursos ilimitados que tendremos en el futuro será nuestra creatividad.


Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

“La inteligencia, y nuestra capacidad para resolver problemas son recursos inagotables del potencial humano cultivado por los maestros”.

en algunos lugares del gran Amazonas.

Para Beard, la educación siempre va a necesitar del elemento humano para ser efectiva.

Aprendemos de manera natural, pero nacemos para aprender en sociedad. Nosotros conocemos las cosas de otras personas. Y, en el futuro, vamos ver muchos avances tecnológicos, pero van a ser incorporados y utilizados por los maestros. El gran riesgo es que esa inteligencia artificial logre ser mejor que los peores maestros en algunas zonas del mundo. Y el riesgo existe, porque la inteligencia artificial es barata. Y tal vez no sea la mejor educación que un maestro pueda dar, pero al menos va ser más barata. Y eso es un gran peligro. Pero esa es mi versión pesimista del futuro. Yo creo que podemos evitarla si invertimos más en los maestros, en su formación, que dé como resultado profesores más expertos y mucho más capaces de manejar adecuadamente las herramientas tecnológicas.

Pero hay profesores reacios a esas nuevas maneras...

Creo que, en primer lugar, la enseñanza va ser el trabajo más importante del siglo XXI. Estamos viviendo una era en la que los recursos de la Tierra se están agotando, nos estamos quedando sin nada. Y lo único que es ilimitado, el único recurso ilimitado que tenemos, es la inteligencia humana, el ingenio humano, nuestra capacidad para resolver problemas. Los maestros son los que cultivan ese potencial humano. Así, sostengo que enseñar es el trabajo más importante de nuestro siglo. No tengo ninguna duda al respecto, pero por el momento no estamos preparando a los maestros para que tengan el mayor índice de éxito posible en ese trabajo. Podemos tomar el caso de Finlandia: el curso más difícil de acceder es el de maestro de primaria. Y si entras, la carrera en sí es bastante rigurosa. Es difícil de aprobar y graduarse. En mi mundo ideal, yo formaría a los profesores de la misma manera en que se enseña a los médicos. Es decir, los profesores se graduarían de la universidad y después deberían pasar tres años combinando la enseñanza con el aprendizaje de otros profesores más experimentados. De ese modo, en su primer día como maestros,

no solo estarían aplicando lo que recibieron en la universidad, sino que además continuarían con su proceso en compañía de otro profesor que les ayudaría a mejorar sus capacidades.

¿Desafíos en América Latina?

El principal es el tema de la inequidad. Creo que el sistema educativo en América Latina es significativamente desigual en el mayor nivel, con relación al de los niveles más bajos. Hay unos colegios excelentes, pero la gran mayoría de ellos solo son accesibles para el sector pudiente de la sociedad. Y, al mirar hacia el otro lado del espectro, tienes unas escuelas que realmente están luchando por sobrevivir. Esa desigualdad es mucho más evidente entre centros urbanos y zonas rurales. Y ese es un desafío al que debe prestarse atención no solo de manera integral, sino urgente. El otro gran desafío creo que es el acceso a la educación misma para muchos niños. Ya ni hablar de educación de calidad: hay lugares donde los niños solo tienen acceso a 5 años de colegio, no más. Y el tercer punto, creo que el más crítico, son los maestros. Que es el mayor desafío también alrededor del mundo. Hay que resolver los problemas de formación, pero no solo eso, sino de capacitación, de fomento de la vocación, y de que no dejen el oficio por otros trabajos mejor pagados. Creo que tenemos que hacernos la preguntas sobre varios aspectos: ¿cómo podemos formar mejores maestros dentro de las escuelas?¿Cómo podemos hacer que la enseñanza sea una profesión atractiva para las personas? En el trabajo que realiza actualmente la escuela hay dos elementos fundamentales. Por un lado, ayuda a los estudiantes a entender quiénes son como ciudadanos, como miembros de una comunidad. Y transmite los valores de esa comunidad. Y, por otro lado, está el objetivo de formar personas creativas y comprometidas con la sociedad y que deseen acceder a la mayor cantidad de conocimiento posible.

En su libro habla de la Academia Khan, que funciona

Sí, uno de los retos que constantemente enfrenta América Latina es que hay algunos lugares donde el acceso desde los centros urbanos es casi imposible. Por esa razón se deben crear nuevos modelos, para que los niños y jóvenes puedan tener una buena educación en lugares donde es muy difícil que lleguen los maestros Y el ejemplo de la Academia Khan es muy bueno, porque logra utilizar de forma adecuada las nuevas tecnologías para crear proyectos de educación a distancia, que les funcionan muy bien y que pueden ayudar al buen desempeño de los estudiantes. Así que es revolucionario lo que están haciendo allí, porque entendieron el proceso de educación a distancia pero no se olvidaron de la importancia de los maestros para optimizar la educación que se imparte.

Ha hablado con frecuencia de inteligencia colectiva...

Estamos enfrentándonos a desafíos que solo podrán ser superados mediante la colaboración y la imaginación humana. Eso nos obliga a contar con personas que estén diseñadas para desarrollar una inteligencia colectiva más allá de una inteligencia individual. Pero todavía vemos que en nuestros sistemas educativos los estudiantes no comparten el conocimiento ni colaboran, porque están compitiendo. Incluso hay maestros que no aceptan que nadie venga a decirles cómo pueden hacer mejor su trabajo. Una de las cosas que más me impactó cuando era maestro es que ningún colega venía a mi salón de clase y yo tampoco iba al salón de otros colegas. Parece que lo que estamos haciendo es tan vergonzoso, que no merece que lo vea nadie. Personalmente, creo que hay que abrir nuestras aulas. Hay muchos estudios y muy serios que demuestran la efectividad de los sistemas abiertos, donde se fomenta la creatividad, donde se generan más ideas, Y eso nos lo enseña la propia naturaleza: mientras un animal va creciendo, logra ser mucho más efectivo a la hora de concretar y canalizar la energía que necesita para sobrevivir.

*BBC


Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

Robert Koch DCA, 11 de febrero de 1936.- El bacilo de la tuberculosis fue descubierto en 1882 y el del cólera, un año después, por el doctor Robert Koch. Las circunstancias de este último descubrimiento han sido descritas recientemente por el doctor F. L. Kleine, del Instituto Robert Koch de Berlín en la Deutsche Medizinische Wochenschrift. El 24 de junio de 1883, la agencia Wolf daba la noticia de que una epidemia de cólera acababa de declararse en Damieta, situada en el brazo oriental del Nilo. En París se consultó a Pasteur y en Berlín a Koch. Este sabio, que entonces no tenía más de 39 años, estaba ya reconocido como el bacteriólogo más competente de Alemania. Se decidió que efectuaría un viaje de estudios a Egipto, donde desembarcó al mismo tiempo que una misión francesa. Los sabios que las conformaban sospechaban de un germen específico en la sangre y en los órganos de los coléricos, pero había que investigar también si se debía a un hongo o a un parásito de origen animal. Al examinar al microscopio muestras de intestino, Koch logró identificar un bacilo similar al de unas muestras recibidas de Calcuta, un año antes. El 2 de febrero de 1884 Koch dirigió al gobierno alemán su informe, en el que aseguraba de un modo positivo el descubrimiento de la bacteria Vibrio cholerae.


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Reporte en V

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El realismo depr

La modernidad, con sus múltiples rostros y trampas, también podría ofrecer salidas.

Una tendencia, a medio camino entre la filosofía y la psiquiatría, ha emergido en los últimos tiempos como respuesta a la exigencia de que debemos de estar satisfechos para siempre. Enrique Zamorano* n la fantástica película Melancholia (Lars Von Trier, 2011) una estelar Kristen Dunst empuja a su hermana en la ficción (interpretada por Charlotte Gainsbourg) y a su sobrino, a permanecer bajo “una cueva mágica” construida por cuatro ramas. El Apocalipsis va a llegar de forma inminente. Esta escena cinematográfica final nos desvela una peculiar razón de ser frente a la tragedia que supone el hecho de saber que el mundo se acaba: el personaje de Dunst, al contrario que su hermana, sufre de una fuerte neurosis con tintes depresivos que ha llevado su vida familiar a la ruina. Pero es precisamente esa pulsión de muerte, esas ganas de que todo termine de una vez, la que le despierta y concede cierto heroísmo al final de la película, al menos, el suficiente como

para salvar a su familia de ellos mismos frente al desastre. Minutos antes, el marido se ha escondido en el granero y toma un frasco de pastillas que le hacen perder el conocimiento al instante para así no tener que presenciar el final. Él era el protagonista que acarreaba el papel racional y vitalista de la película, reprendiendo varias veces a Dunst por su errático comportamiento. Así pues, el mundo se acaba y parece que todo adquiere una perspectiva mucho más lejana: los sueños, las aspiraciones y las riquezas materiales se desvanecen a medida que pasan los minutos, ya no tienen ninguna validez, pues la muerte instaura su verdad demoledora y absoluta. Para los humanos, la vida parece ya no tener sentido: se va a acabar.

Un mundo lleno de sonrisas

Esta actitud de Dunst que supo representar tan bien el director, aquejado también de diversas dolencias mentales y trastornos depresivos, ha tomado forma en los últimos años hasta el punto de que algunos autores, filósofos e investigadores contemplen con no tan malos ojos la condición del deprimido, sobre todo en oposición a la noción de felicidad que se ha constituido como imposición categórica total dentro del sistema productivo contemporáneo. La felicidad como sentimiento de afirmación personal que se deja relucir en todas las relaciones sociales existentes: en el plano laboral (nadie quiere a un deprimido de empleado

por el temor a que tome permisos médicos, o en cualquier caso que no resulte proactivo), en el plano virtual (la mayoría de las fotos y contenidos que se suben a plataformas como Facebook o Instagram poseen el afán de demostrar éxito y satisfacción, opulencia y exclusividad) o en el plano relacional o afectivo (vivimos tan dentro de la cadena que no podemos dedicar ni un solo segundo a ese tipo de personas que parecen estar desligadas de ella).


Viernes

Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

resivo

Pero, ¿qué es la depresión? ¿En qué se diferencia de la tristeza común que todos sentimos en ciertos momentos de nuestra vida? Para saberlo, habría que acudir a la etimología. La palabra y su uso emergieron con el auge de las disciplinas psicoanalíticas del siglo XIX. Antes, el término que refería a esta condición era el de “melancolía» (curiosamente, la obra de Von Trier se titula así), y “depresión”, solo era su síntoma, cuando en la actualidad parece ser lo contrario. Dependiendo de los autores a los que se consulte, el motivo de esta inversión semántica es diferente.

Contra la psiquiatría

Fotos: Archivo

Momento cumbre de la película Melancholia, de Lars Von Trier.

Estos aspectos son algunos de los que se denuncian en Happycracia, de Edgar Cabanas y Eva Illouz, quienes aseguran que la felicidad se muestra como una especie de decisión individual por la que, si no eres feliz, es porque no quieres. Al igual que si no has conseguido el trabajo de tus sueños (en este caso, porque no te has esforzado lo suficiente) o estás enfermo (no te has cuidado tanto como deberías).

Una de las más interesantes es la del psicoanalista británico Darian Leader, presidente del College of Psychoanalysts, quien recoge la tradición de otros pensadores como Michel Foucault, por la cual la clínica psiquiátrica no es más que otro dispositivo de poder biopolítico que instaura un sentido de dominación. “La depresión aquí es concebida como un problema biológico, parecido a una infección bacteriana. La cual requiere un remedio biológico específico. Los pacientes deben ser devueltos a sus estados anteriores, productivos y felices. En otras palabras, la exploración de la interioridad humana está siendo reemplazada con una idea fija de higiene mental. Hay que eliminar el problema, más que comprenderlo”, escribe Leader en su libro La moda negra: duelo, melancolía y depresión (2012), en un fragmento recogido de un gran artículo sobre el tema en la revista de filosofía Reflexiones Marginales. Julie Reshe, filósofa y psicoanalista de la Universidad de Tyunmen en Siberia, recoge una idea clave en un estudio académico publicado en la revista digital Aeon que no solo nos invita a pensar, sino que de alguna forma refrenda la teoría de la psiquiatría como dispositivo de control de los cuerpos y los deseos humanos mal dirigidos. “Las raíces de la tendencia moderna a la positividad pueden encontrarse en el pasado religioso, que una vez proporcionó a las personas ciertas pautas para la vida y la noción de salvación, ofreciendo una imagen sólida del mundo con un final feliz. En nuestro mundo secular, la psicología llena un vacío dejado por la religión, sirve para dar explicaciones y esperanza en una vida mejor”, escribe, dejando bien claro su pasado como paciente de depresión. En este sentido, actualmente cabría comparar el mundo de la literatura de autoayuda con los viejos catecismos como formas de aliviar una desesperación imposible de aliviar, como también pensaría el filósofo Kierkegaard. Reshe no habla desde la fría objetividad, sino que también se reconoce a sí misma como paciente y víctima del sistema psiquiátrico, habiendo combatido con los cuadros depresivos durante toda su vida. Así, por ejemplo, critica los tratamientos a los que se somete a los pacientes, la terapia cognitiva conductual (TCC), como una especie de sesión teatral en la que vas a escuchar lo que quieres escuchar por parte de una figura de rigor que ejerce de sacerdote de los nuevos tiempos o guía espiritual: es decir, un psiquiatra. También cita a Freud, el cual después de haber estructurado un pensamiento sólido y firme sobre la psique humana, acababa reconociendo que “la neurosis es una mentira” o

que “el psicoanalisis como terapia no tiene ningún valor”. En este sentido, la filósofa afirma: “Para Freud, su misión consistía en ayudar a los pacientes a aceptar y reflexionar sobre el infierno que suponía la vida. No más allá, sino aquí, en la Tierra”.

Tristeza y sabiduría

Un artículo titulado ¿Más triste pero más sabio? y publicado por los psicólogos estadounidenses Lauren Alloy y Lyn Yvonne Abramson, profundizaba en la rama psicológica que se centra en la tradición filosófica pesimista para exponer ciertos aspectos “útiles” de la depresión, si es que verdaderamente se puede sacar algo provechoso. En este sentido, la enfermedad concede a sus pacientes la facultad de ser más realistas, y por tanto, más sabios respecto al mundo que les rodea. Así, en un experimento realizado en estudiantes, los investigadores demostraron que los menos melancólicos eran más propensos a vivir bajo una falsa ilusión de control sobre sí mismos basada en el autoengaño en aras de mejorar su autoestima. Esta hipótesis del realista deprimido, apunta Resche, “no deja de ser conflictiva, porque pone en tela de juicio los principios del TCC”, lo que quiere decir que de ninguna forma sería tolerada por la psiquiatría más ortodoxa. El “realismo depresivo” se trata, pues, de una corriente de pensamiento a mitad de camino entre la filosofía y la psiquiatría, que desdice los preceptos de ambas o se origina a raíz de una intersección de las mismas. Hay más estudios. Joseph Forgas, psicólogo social, demostró en una investigación que esa tristeza patológica fomenta el pensamiento crítico en los individuos: “ayuda a reducir los prejuicios, mejorar la atención, aumentar la perseverancia y, en general, promueve un estilo de pensamiento más escéptico”. En definitiva, “las personas felices son más propensas a dejarse guiar por los estereotipos, a seguir la corriente”. Otra de las paradojas más llamativas de este “realismo depresivo” es la posibilidad de que se trate de un mecanismo mental de carácter evolutivo. Como que esa tristeza fuera semejante a la fiebre que provoca una infección biológica en el cuerpo. A partir de esta metáfora, algunos pensadores aseveran que la causa de la enfermedad no es para nada la fiebre, sino uno de los síntomas. Por tanto, “la fiebre no es producto del mal funcionamiento biológico, sino un mecanismo para combatir a la infección, aunque sea desagradable”. Del mismo modo, “la rumia depresiva podría ser una herramienta de análisis de problemas que esperan resolverse”, concluye Reshe. Por último, el personaje de Dunst en Melancholia, incapacitado para llevar lo que se dice una vida convencional, lanza un mensaje amargo a las almas presas de estos tiempos tan acelerados. Lo más importante, al fin y al cabo, son los cuidados que mantenemos entre nosotros, aunque en muchos casos consistan en una humilde y frágil estructura fabricada con cuatro palos de madera para resguardarse de un huracán que promete llevarse todo por delante. Como decía la filósofa española Marina Garcés, este es el progreso de una vida sana y “feliz” con los demás, hacia el que hay que apuntar.

*El Confidencial

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Contando el tiempo Con la historia de la Volstead Act, nos introducimos en una zona que forma parte de la educación sentimental de muchos ciudadanos del hemisferio occidental. Jordi Corominas I Julián* stamos en la Barcelona de 1917, pero tranquilos, en breve cruzaremos el charco. Cuando una ciudad es cosmopolita, los tiempos cambian, y aprovecha sus recursos suceden fenómenos particulares. La ciudad condal se caracteriza en sus épocas de bonanza por abrir puertas inusuales, no siempre benéficas. La Primera Guerra Mundial trajo a sus calles ritmos inéditos, como el jazz; máquinas expendedoras de bocadillos con nombres anglosajones y la cata gustosa de una sustancia inhalada por la nariz, consentida hasta cierto punto por su venta en bares, farmacias y el surgimiento en el siempre polémico Raval, aún no bautizado como Barrio Chino, de clubes para amantes de la cocaína. En una botica de la zona, el señor Zamarreta se mostró muy poco profesional. Para paliar el aburrimiento de sus horas muertas, la aspiraba en cantidades significativas, hasta el punto de perder los papeles cuando declinaba el día y venderla a sus clientes a granel sin preocuparse por las pérdidas para su negocio. La fama de la dama blanca en la capital catalana alarmó a periódicos

Mujeres bebiendo en Estados Unidos durante la Ley Seca

Guatemala, viernes 21 de febrero de 2020

Cien años de la Ley Seca

y autoridades. El compositor Josep Viladomat compuso un tango para advertir con ironía de su peligro. El dibujante Opisso la vinculó con la muerte en unas sensacionales viñetas. Hacia mediados de los años 20 se desvaneció la alegría de antaño con la droga. En Norteamérica existía desde 1904 la Pure Food and Drug Act para controlar su distribución ante la amenaza de una plaga de adictos. La medida se enmarcaba en el concepto de riesgo del ocio contemporáneo desde la moralidad para generar una sociedad más sana, libre de vicios para apuntar una serie de mensajes de cariz religioso.

El camino de la sequía

No en vano el investigador mexicano Jesús Méndez Reyes recoge como precedentes del camino hacia la Ley Seca el fracaso de los movimientos adventistas con sus predicciones del fin del mundo, la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII sobre las condiciones de las clases trabajadoras y el previsible ataque contra la oleada migratoria hacia el Nuevo Mundo de finales del 800, con los recién llegados y la raza negra en el punto de mira por sus costumbres disolutas, hasta el punto de juzgar, según el diputado Hobson de Alabama, el licor como

un demonio capaz de convertir a la población segregada en bestias perpetradoras de crímenes antinaturales, mientras los blancos, al estar más evolucionados, tardaban más en alcanzar ese nivel. Hacia 1900, en Nueva York, se atribuyó un promedio de 516 muertes por causa del alcoholismo, cantidad aumentada a 619 entre 1910 y 1917. En 1913 la cuestión saltó al primer plano de la actualidad por el caso de un inmigrante italiano de Chicago. Tras llegar a su casa a altas horas de la madrugada quiso mantener sexo con su esposa embarazada, y al negarse esta, la golpeó con brutalidad animalesca. Como consecuencia de la paliza el niño nació con malformaciones, creándose un efecto dominó con múltiples denuncias de casos similares y la eclosión del Movimiento por la Templanza, fundado en 1826 y con personajes como Carrie Nation en la punta de lanza de sus acciones, tan increíbles como derribar puertas de bares a golpes de hacha para expandir el mensaje de las bebidas destiladas como un producto del demonio al aumentar la violencia de todo tipo, perpetuar la pobreza, incrementar el número de enfermedades y alentar la demencia.

La conflagración mundial

Para rizar el rizo se aprovechó la entrada del país en la Primera Guerra Mundial para reclamar la disminución del consumo de cerveza al ser producido por industrias de inmigrantes alemanes. En estas campañas jugó un papel muy relevante la Liga Antisalones, con suficiente fuerza como para constituirse como lobby y mediante su máximo representante, Wayne Weeler, redactar una ley para vetar la venta, importación y fabricación de bebidas alcohólicas en todo el territorio de Estados Unidos. Mencionar a Weeler es importante porque su nombre queda omitido de la Historia al llevar la legislación prohibitiva la rúbrica de Andrew Volstead, presidente del comité de la cámara de representantes sobre asuntos judiciales. Wilson vetó la medida por razones de carácter técnico vinculadas con la guerra, pero el Congreso la recuperó en octubre de 1919, entrando en vigor el 16 de enero de 1920 para formar parte de la decimoctava enmienda de la Constitución. Y aquí, si quieren, nos introducimos en una zona legendaria, pues la educación sentimental de buena parte de los ciudadanos del hemisferio occidental, y no solo, viene determinada por el sempiterno atiborre de cine estadounidense, y quien escribe también es víctima de este hechizo, entremezclándose en cualquier cabeza imágenes de Cotton Club, la inmortal The roaring twenties o el primer Scarface. Con esto llegamos al siguiente punto del entramado. La


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ley supuso la disminución del consumo etílico, aunque, como es comprensible, toda actividad ilegal propicia el atractivo de violarla. Existía la posibilidad de comprar ladrillos de vino para fabricar zumo de uva casero, y pese a la recomendación de no hacerlo muchos sucumbieron a la tentación, si bien era mucho más tentador salir de casa y socializar en esa era famosa por el apogeo de una incipiente cultura de masas, y quien quisiera beber en compañía podía frecuentar los speakeasy, cuya denominación encierra un doble juego semántico entre hablar bajo y conversar sobre la materia alcohólica sin temer la intervención de las autoridades.

Cultura de la imagen

Los mitos tienen siempre mucha vigencia, y en nuestro siglo es bien conocido eso de privilegiar cualquier buena historia antes que la verdad. Por eso mismo preferimos cavilar sobre locales abarrotados en oposición a grupos de moralistas enfervorecidos. La realidad suele cifrarse siempre en un término medio. Ni unos ni otros eran la abrumadora mayoría, pero el desarrollo de una cultura de la imagen ha canalizado en nuestra retina las instantáneas de bares a rebosar con la música jazz sobresaliendo, las flappers aceleradas en sus bailes, elegantes trajes e historias propias de la nocturnidad. El glamour de

cualquier interdicción olvida sus consecuencias, sobre todo cuando banalizamos el pasado. La proliferación de organizaciones mafiosas (no es este el lugar para narrar sus batallitas), disparó las tasas de criminalidad y el número de presos en las cárceles norteamericanas. Al Capone y compañía tenían una pasmosa facilidad para introducirse en todos los estamentos sociales y enhebrar corrupciones entre policías, alcaldes y demás agentes destinados a mantener el orden en las calles.

La nebulosa de una fantasía

Por si esto no fuera suficiente, la tendencia de la década no veía con muy buenos ojos la aplicación de esa sequía de vinos, cervezas y destilados. El estallido del crack del 29 sirvió como lanzadera para plantear diversos debates. Los consumidores, se decía, no tenían culpa de la mayor criminalidad, siendo la ley responsable de esta. Asimismo, la ausencia de recursos financieros por parte del Gobierno hizo plantear la legalización como una hipotética fuente de ingresos, y así fue como Franklin D. Roosevelt defendió la abolición de la Ley Volstead durante la campaña electoral de 1932. Una vez elegido movió los hilos y en diciembre de 1933 la normalidad recobró su vigor, anulándose la decimoctava enmienda, única anulada en toda la historia de

la nación. A partir de ese instante se inicia la nebulosa de una fantasía. El 19 de abril de 1943 el doctor Hoffman dio un paseo en bicicleta por la plácida Basilea. Pese a pedalear con garbo percibía inmovilidad en sus articulaciones. Al llegar a casa bebió por voluntad propia un vaso de leche y determinó no estar condicionado por la ingesta de LSD, y con ello fundó sin querer una psicodelia bien regada en los años 60. El Gobierno norteamericano prohibió su uso clínico experimental en 1962, pero hasta 6 años después no la ilegalizó por completo. Más o menos por esa misma época, siempre nadamos entre realidad y ficción, Don Draper se esmeraba en sus campañas publicitarias para relanzar el consumo de cigarrillos. Décadas atrás los periódicos españoles anunciaban con entusiasmo el jarabe de heroína Bayer. Ahora los malos de las películas encienden un cigarrillo. No se preocupe lector, no santificamos el uso de toxicidades, solo expresamos cómo los vericuetos de la cronología siempre tienen estas problemáticas en la picota a partir de las percepciones morales y sanitarias de cada período. Al final, seamos claros, el interés económico prevalece, y cuando una puerta se cierra siempre hay un rincón oscuro donde avivan malignidades por decreto. Estos siempre pueden cambiarse.

*El Confidencial

Manifestación contra la Ley Seca.


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Tragaluz

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El simio

Para el primatólogo estadounidense Richard Wranglam, el surgimiento del Homo erectus y del linaje que desembocó en el Homo sapiens es Pablo Francescutti* o escasean teorías acerca de las fuerzas motrices de la diferenciación evolutiva que nos separó de nuestros parientes simios. La fabricación de herramientas, la predisposición a la violencia asesina, la caza cooperativa, el dominio del fuego, el pensamiento, el cambio climático o el bipedalismo han sido señalados como factores decisivos. A la lista se ha sumado ahora la cocción de los alimentos. Tal sería, según el primatólogo Richard Wranglam, la responsable de que nuestro tracto digestivo se encogiese en beneficio del aumento del cerebro, con las consabidas consecuencias. La importancia de la cocción en la prehistoria humana ya había sido reconocida por Claude Levi-Strauss. La transformación de los alimentos crudos en víveres cocidos, afirmaba el antropólogo, impulsó el paso de la naturaleza a la cultura, sin llegar nunca a sostener que ese pasaje incidió drásticamente en el organismo de los homínidos. Para Levi-Strauss la cocina modeló la mente (el orden simbólico); para Wrangham, determinó el cerebro (el orden anatómico). Apuntalar esta hipótesis es el objetivo de su libro En llamas: cómo la cocina nos hizo humanos, publicado por Capitán Swing, cuya portada ilustra la fotografía de un chimpancé

con gorro de cocinero. Sostiene que, mientras el primer gran salto evolutivo en nuestro árbol genealógico —de los simios a los austrolopitecanos— estuvo ligado a cambios climáticos y a la adopción de una dieta de tubérculos, el pasaje del Homo habilis al Homo erectus ocurrido hace 1.8 millones de años se debió a la invención de la cocina. ¿Cómo? Por el menor esfuerzo digestivo que exigen los comestibles cocinados en comparación con la ingesta de comida cruda. Esto habría propiciado la disminución del tamaño de dientes, mandíbulas y aparato digestivo del linaje Homo, en beneficio del cerebro, a cuyo crecimiento y mantenimiento se dedicó la energía metabólica ahorrada en la digestión.

Sin evidencias empíricas

Cabe advertir que Wranglam, profesor de Antropología Biológica en la Universidad de Harvard, no dispone de evidencias empíricas directas que sostengan su hipótesis (los hornos más antiguos conocidos no superan los 250 mil años; y las evidencias prehistóricas del uso del fuego no superan el millón de años). Toda su argumentación consiste en una serie de analogías y ejemplos aportados por su experiencia con los primates y por los conocimientos de los nutricionistas acerca del impacto de los alimentos cocinados en el metabolismo humano, combinada

con observaciones antropológicas acerca de la dieta de los pueblos cazadores-recolectores. En poco más de 200 páginas aprendemos que si nos alimentáramos exclusivamente de comida cruda, acabaríamos dejando de menstruar (si somos mujeres) o muriendo por desnutrición, sea cual fuera nuestro sexo. Nos enteramos asimismo de que digerir alimentos crudos exige mucha mast icación, largas diges-


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culinario

la consecuencia directa del control del fuego y la cocción de alimentos. Aunque su tesis flaquea, la lectura de su libro es buena para pensar. tiones y, en definitiva, un cuantioso gasto energético. Y que el valor nutricional de numerosos alimentos aumenta al ser calentados (un huevo cocido es digerible en un 90 por ciento, y uno crudo, en apenas un 50 por ciento). Deja claro que la carne es una importante fuente de proteínas, pero solo cocinada; y nos informa que en el registro etnográfico no existen cazadore s - re cole c tores con una dieta exclusivamente

cruda ni tampoco culturas, por más primitivas que sean, que no cocinen.

Cocineras perpetuas

A partir de este abigarrado conjunto de observaciones y especulaciones, Wranglam realiza algunas sorprendentes inferencias. Por ejemplo, explica el patriarcado sobre la base de la necesidad masculina de asegurarse cocineras a perpetuidad y, de este manera, disponer de un suministro constante de alimentos elaborados (en los pueblos primitivos, señala, la violencia machista solía estallar a raíz de fallos femeninos en la función culinaria). También sugiere que en la cocción comunal, surgida de la necesidad de organizarse para preparar los alimentos y comerlos, se halla el fundamento de la sociabilidad humana. Y afirma que la caza no hubiera sido posible si nuestros ancestros, como sus primos simios, tuvieran que pasarse el día masticando comestibles duros. Ciertamente, el ser humano es la única criatura viviente que se nutre de forma regular con alimentos cocinados. Igualmente cierto es que la morfología del Homo erectus —sus mandíbulas y dentaduras pequeñas— es congruente con una alimentación basada en esa clase de viandas.Sin embargo, los postulados de Wranglam presentan flancos débiles. Para empezar, el hallazgo del Ardipithecus, un homínido que ya caminaba erguido hace

Evolución compleja

Finalmente, su hipótesis sobre el patriarcado no aclara por qué los hombres no podían cocinarse para ellos de forma grupal, al estilo de las cofradías gastronómicas vascas; ni por qué no cocinaban los días que no iban de caza; lagunas sugerentes de que en la opresión de la mujer intervenían otros factores aparte del cuidado de los fogones. Huelga decir que el talón de Aquiles de cualquier teoría monocausal de la evolución como esta, radica en el sobredimensionamiento de un único factor por encima del resto de agentes intervinientes. Los últimos descubrimientos muestran un panorama evolutivo complejo y multicausal, con causas de diversa entidad conjugándose en buena medida aleatoriamente para producir una especie única como la nuestra. Incluso con estos reparos, la tesis del “simio culinario”, tal como se expone en este libro de divulgación antropológica, no deja de resultar una lectura amena, instructiva y, sobre todo, como decía Levi-Strauss de los alimentos, “buena para pensar”. *Sinc

ivo ch Ar

El libro sostiene que el pasaje del Homo habilis al Homo erectus, ocurrido hace 1.8 millones de años, se debió a la invención de la cocina.

5.6 millones de años, ha restado importancia al posible impacto del fuego (y la cocina) en el proceso de hominización. Para continuar, olvida que el fuego no es el único medio para hacer digerible una sustancia, pues se puede conseguir el mismo resultado mediante moliendas o marinados.

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Ventanas

María la Profetisa, madre de la alquimia

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Una de las premisas clave de la alquimia era que los antiguos alguna vez tuvieron las llaves del universo, pero que ese conocimiento se perdió y había que redescubrirlo. BBC*

Un alambique en baño María (Estrasburgo, 1500).

¿Quiénes eran las brujas y por qué eran peligrosas? Existen documentos que confirman la existencia de mujeres que hicieron verdaderas aportaciones a la ciencia y que fueron consideradas brujas por la cultura popular, una de ellas es la llamada Bruja de Shropshire, cuya historia involucra al médico William Withering (1741-1799), que podría haber aprendido las propiedades de la Digitalis purpurea, conocida comúnmente como dedalera, a partir de su visita a una anciana curandera que conocía sus propiedades, para tratar diversas enfermedades y que había podido curar a diversas personas, allí donde otros médicos habían fallado. Esta misteriosa anciana, la Bruja de Shropshire, conocida también como Madre Hutton, se convertiría en imagen de la bruja en la cultura popular asociada a herbolarios, médicos y farmacéuticos

juzgar por el primer tratado de alquimia práctica que llegó hasta nuestros días, escrito en el siglo III d. C. por el griego egipcio Zosimos de Panópolis, hay algo de cierto en ello. Zosimos cita ampliamente las obras de una mujer considerada como la primera verdadera alquimista del mundo occidental, la madre de la alquimia. Y no es el único. Aunque mucho de su conocimiento se perdió y ninguno de sus escritos sobrevivió, hay citas que se le atribuyen en varios textos posteriores. Es conocida con muchos nombres, como María Hebraica, María la Judía, María la Profetisa y hasta Miriam la Profetísima, la hermana de Moisés. Su parentesco con el profeta del Antiguo Testamento es improbable, pero las leyendas que vinculaban las figuras bíblicas y las deidades griegas con la alquimia eran comunes, pues elevaban el “pedigrí” y le daban un aire místico a las obras alquímicas.

Brujas

del siglo XVIII. Parece ser, incluso, que esta Sra. Hutton había tratado al Dr. Cauley, decano del Brasenose College de la Universidad de Oxford, quien acudió a ella con un caso severo de hidropesía. Contábase que ella había curado su dolencia, incrementando el mito de esta desconocida mujer, cuyos conocimientos botánicos no se habían difundido hasta la llegada del Dr. Withering. Una de las pocas imágenes que nos ha llegado de ella, es la que representó el ilustrador William Meade Prince (1893-1951), titulada William Withering exchanging golden sovereigns for the “secret recipe” held by “Old Mother Hutton”, que hacía eco del suceso muchos años después, lo que demuestra hasta qué punto la historia había calado en el imaginario social. En la historia de la Medicina es frecuente encontrar aportes que se

Ostanes, uno de los escritores griegos más antiguos, la describe como “la hija del rey de Saba”. El poeta persa Nezämi habla de María como una princesa siria que visita la corte de Alejandro Magno y aprende de Aristóteles, entre otras cosas, el arte de hacer oro. Eso hace que las fechas precisas y otros detalles sobre la vida de María sean inciertas, pero no hay duda de que existió y, dado que Ostanes la menciona, parece haber vivido en el siglo I d. C., probablemente en Alejandría, cuando Egipto era una provincia romana.

Balneum mariae, kerotakis y tribikos

Respecto a sus logros, María concibió bases teóricas para la alquimia. El doctor germano francés Jean-ChrétienFerdinand Hœfer, famoso por obras sobre la historia de la ciencia, la acredita con uno de los

deben a personas completamente ajenas a ella. Las dedaleras constituyeron una de las armas más valiosas del tratamiento de enfermedades cardíacas, y todo parece indicar que fue descubierta por una desconocida anciana del siglo XVIII. Withering consiguió que ella le transmitiera sus conocimientos y, tras ensayarlo con sus enfermos, analizarlo y estudiar la manera correcta de administralo, divulgó por todo el mundo las propiedades de la planta, sin ocultar la procedencia de sus conocimientos. Sin embargo, dejaría en el anonimato el nombre de su descubridora. Gracias a ella y a los estudios de Withering, desde 1783, la dedalera figuraría en la farmacopea de Edimburgo, una de las más importantes guías médicas de recetas y medicamentos. (Elisa Garrido)


Viernes

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Fotos: Archivo

Zosimos, representado en este busto en mármol con su nombre escrito en griego, era un místico gnóstico, y escribió los libros más antiguos conocidos sobre alquimia, a los que llamó Cheirokmeta, usando la palabra griega que significa “cosas hechas a mano”.

descubrimientos más importantes en química: el del ácido clorhídrico. Se asegura también que estudió los compuestos de azufre y que fue ella quien creó el proceso para fabricar sulfuro de plata, lo que los artistas llaman nielado, un compuesto negro mate a menudo utilizado para incrustaciones de metalistería. Sin embargo, para muchos, su gran legado fue la invención de equipos de laboratorio. En su tratado, Zosimos atribuye a María tres piezas cruciales. El primer aparato, que se decía que copiaba el proceso de destilación en la naturaleza, se convertiría en un elemento básico en los laboratorios de química modernos. Era un recipiente de doble pared, equipado con pies que podían colocarse en el fuego. Con el contenedor exterior lleno de agua, el material a transmutar podía colocarse en la cámara interior, donde su temperatura no superaría

el punto de ebullición del agua. Se le conocía como el balneum mariae, y tú probablemente lo conoces como el baño María. La ventaja que ofrece es que hace más fácil calentar una sustancia gradualmente y mantenerla a una temperatura constante de 100ºC o menos. El segundo dispositivo fue el kerotakis, un cilindro cerrado en cuyo fondo había una llama de madera o carbón, la cual calentaba una plataforma a mitad del horno en el que se ponía una masa de mercurio o azufre. El humo se elevaba mediante unos agujeros hasta alcanzar un trozo de plata u otro mineral con metales preciosos escondidos dentro que estaba más arriba. El kerotakis era utilizado por los alquimistas para producir aleaciones, especialmente su imitación más exitosa de oro, que fue utilizada hasta hace poco por los joyeros como oro sustituto. Luego estaban los tribikos o alambique de tres cabezas, que servía para separar las

sustancias de líquidos, permitiendo recoger el destilado de tres puntos a la vez. El líquido se vertía en un contendor de cerámica que se calentaba. El vapor pasaba a otro contenedor en el que se enfriaba y se separaba en líquidos que pasaban por tres caños de cobre y caían en recipientes de vidrio, un material que María apreciaba especialmente porque le permitía “ver sin tocar”. La alquimista dejó incluso instrucciones para construir su tribikos, detallando cómo hacer tubos de cobre partiendo de una plancha de metal y recomendando usar pasta de harina para sellarlos. Aunque la revolución científica progresó de la alquimia a la química, los recipientes de vidrio y tubos de cobre continuaron utilizándose en el proceso de destilación. Posiblemente has bebido whisky producido con este milenario proceso.

Es conocida con varios nombres, como María Hebraica, María la Judía, María la Profetisa y hasta Miriam Profetísima, la hermana de Moisés.

British Broadcasting Company

Pioneras “¡Que inventen ellas!”. Tal parece la consigna seguida por el ramillete de científicas y tecnólogas reunidas en este libro de la ilustradora estadounidense Rachel Ignotofsky. Que la cumplieron con creces lo acreditan la invención de un nuevo arco eléctrico, un densímetro, un fármaco contra el herpes zóster, un láser para quitar cataratas, el primer programa informático, un test psicológico contra el racismo o un laboratorio submarino, entre tantas creaciones salidas de su ingenio. Y no solo inventos; en el haber de las seleccionadas destacan hallazgos de gran calibre, como la prueba de la existencia de la materia oscura o el descubrimiento de la telomerasa, amén de valiosas contribuciones en la geometría hiperbólica y la concienciación ecológica. De la intrahistoria de esos logros nos informan las andanzas de las 50

pioneras recogidas en Mujeres de ciencia. Todas ellas fueron adelantadas en sus respectivas disciplinas, y todas debieron superar los inicuos obstáculos impuestos por el machismo reinante en las academias. En el listado figuran celebridades como Marie Curie, Hipatia y Jane Goodall, junto a otras científicas menos conocidas, como la física Katherine Johnson, que calculó la ruta del Apolo XI, o la matemática iraní Maryam Marzajani, la primera galardonada con la Medalla Fields. Por no hablar de revelaciones como Hedy Lamarr, ícono erótico de Hollywood y coautora de la patente del espectro ensanchado base de la comunicación inalámbrica; o las biografiadas que desarrollaron sus carreras en fructífero tándem con sus compañeros (Katia y Maurice Krafft; May-Britt y Edvard Moser…), aun-

que no falta algún desagradecido que se aprovechó de las ideas de su brillante esposa. El tono edificante de los itinerarios vitales, reforzado por los candorosos dibujos, no basta para sofocar la indignación que provoca el ninguneo al que fueron sometidas casi la totalidad de las protagonistas: el veto a clases de ciencia, laboratorios, despachos, publicaciones y no digamos posiciones académicas; una indignación equiparable a la admiración que suscitan las maneras con las que supieron colarse por los intersticios del sistema y sacar adelante sus investigaciones. En un momento en que la sociedad y los medios de comunicación lentamente toman conciencia de la necesidad de visibilizar a las científicas, este homenaje ilustrado cumple sobradamente un papel pedagógico y estimulante. (Sinc)


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