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Guatemala, viernes 17 de mayo de 2019
Hace 3.2 millones de años, Lucy, nuestro primer antepasado del que se tenga registro, nacía de una hembra de simio, diferenciándose de ella gracias a la evolución de sus genes que le permitió pararse en dos pies y comenzar a caminar en África, en Hadar, en el valle de Awash, a 159 kms de Adís Abeba, en la Etiopía de hoy.
Etiopía: don la humanidad su march
Fernando Ayala* odos descendemos de Lucy, incluso los esclavistas y supremacistas blancos de ayer y hoy. Sus restos excavados en 1974 por el paleo-antropólogo estadounidense Donald Johansson, se conservan en el museo de Adís Abeba, donde tuve oportunidad de conocer a los familiares de esta Australopithecus afarensis. Los descendientes de Lucy siguieron caminando, cruzaron continentes y sus genes evolucionaron hasta lo que es hoy nuestra especie, el Homo sapiens u “hombre sabio”; tan “sabio” que, incluso, tenemos la capacidad de eliminar a toda la especie humana y parecemos estar en una lucha frenética por destruir el planeta. Esta historia evolutiva del ser humano podría ser mucho más bella, si las diferencias entre los descendientes de Lucy fueran menores. Mientras hoy en el mundo desarrollado son pocos los que caminan, en la mayor parte de África los seres humanos siguen caminando grandes distancias; cargando el agua y el grano en sus espaldas, debido fundamentalmente a la pobreza, algo que tiene su explicación en la historia de este continente sometido y explotado por poderes coloniales, junto a guerras, conflictos étnicos, luchas religiosas, falta de institucionalidad, debilidad de los sistemas políticos, corrupción, crisis económica y a los que se suma el cambio climático.
La fe es el único futuro
Etiopía, con una superficie de 1 millón 104 mil 300 km2, equivalente a 36 veces la superficie de Bélgica, concentra algo más de 100 millones de habitantes. De acuerdo con las proyecciones demográficas, llegarán a 188.5 millones en 2050. La mayor parte de su población, el 41%, es menor de 14 años, porcentaje que en Alemania alcanza solo al 13%. Las 4 principales etnias (omoros, amharas, somalíes y tigray) conforman algo más del 70% de su población, que en total alberga a 140 diferentes grupos donde se hablan 83 lenguas y cerca de 200 dialectos. Conviven cristianos, musulmanes y animistas, junto a otros credos menores. En realidad, la gran mayoría practica, además de su religión,
Fotos: Archivo
Desde la cuna de las actuales civilizaciones, el futuro clama eperanzado.
el animismo atávico, es decir, la creencia en el alma o en espíritus. El cristianismo ortodoxo tawahedo (palabra que significa “unidad”) etíope, es religión oficial desde el 330, aproximadamente, bajo el reino de Aksum (siglos IV a. C. hasta el VII d. C.) y, por tanto, el segundo más antiguo del mundo después del armenio. Es practicado con fervor por el 61.56% de la población e incluye en esta cifra a protestantes y católicos, es decir, algo más de 60 millones de personas. En Roma esta vertiente cristiana es calificada como “cristianismo primitivo” o paleocristianismo, seguramente porque sus ritos son más cercanos al origen mismo o porque practican una cuaresma efectiva con ayuno desde la hora
de la cena hasta las 3 pm de cada día, con abstención absoluta de productos de origen animal y alcohol. En realidad, cabe la pregunta si existe una religión que no sea primitiva. ¿Qué explicación tendría nuestra abuela Lucy cada vez que despertaba de un sueño? Creo que ahí nace el animismo, los espíritus buenos y malos que nos ayudaban o perjudicaban en la lucha diaria por la supervivencia, junto con la creencia de otra vida después de la muerte. El animismo sigue presente mediante de la tradición y las supersticiones que acompañan a las personas cada día. Los musulmanes sunitas son la segunda religión más seguida por los etíopes, con 34.4%. Luego vienen los animistas con 3.7%, y otras
Guatemala, viernes 17 de mayo de 2019
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Se impone un nuevo pacto de naciones, para atacar los males derivados del inequitativo uso de los recursos mundiales.
Fotos: Archivo
Entre 1998 y 2000 se desató una guerra, prolongándose la beligerancia hasta la firma de paz y el reconocimiento de las fronteras, en 2018. Las víctimas se calculan en alrededor de 100 mil muertos y más de 600 mil refugiados. A diferencia de los otros países africanos, Etiopía nunca fue colonia. En la repartición del continente, en la Conferencia de Berlín, en 1884-1851, este territorio que se conocía como Abisinia fue asignado como protectorado a Italia, país con una activa presencia en Eritrea. Sin embargo, las fuerzas italianas fueron derrotadas por los etíopes en 1896, en la batalla de Adua, lo que cada año se festeja como una gran victoria militar y que sentó las bases de su independencia. Mussolini logró ocupar Etiopía para su efímera gloria personal, entre 1935 y 1941, creando la provincia del África Oriental Italiana que incluía a Etiopía, Eritrea y Somalia. Trasladó a Roma el simbólico obelisco de Aksum, del siglo IV, que fue instalado como trofeo de guerra a la entrada del Ministerio de las Colonias, actual sede de la FAO, hasta su retorno a Etiopía en 2008. El emperador Haile Selassie es reconocido y venerado con respeto, tanto así que la principal universidad de Adís Abeba lleva su nombre y alberga un museo en su honor.
Las odiosas comparaciones
menores. Interesante es destacar que el 99.8% de la población se declara creyente. En Alemania ese porcentaje alcanza a solo el 67.1%. Existe hasta ahora en Etiopía una maravillosa tolerancia y convivencia religiosa de siglos; no hay guetos, ni barrios ni ciudades que identifiquen a una religión. Los problemas en Etiopía nacen de la pertenencia a una determinada etnia, y ahí es donde las cosas se complican. Las rivalidades entre oromos, mayoritarios, y amharas, minoritarios, se perciben cíclicamente, provocando enfrentamientos y muertes. Las tensiones entre Etiopía y Eritrea se iniciaron pocos años después que este último país alcanzara la independencia, en 1993.
La realidad económica y social de Etiopía es dramática, pese a que la gente señala estar mejor y tener confianza en el futuro. Por primera vez hay una presidenta mujer y un primer ministro pacifista, que cuenta con amplio apoyo y está empeñado en crear mejores condiciones de vida para sus connacionales. Sin embargo, en cada esquina de Adís Abeba los carros son cercados por mujeres con bebés en brazos, ancianos y niños mendigando. En la noche se pueden ver grupos que duermen en las calles. En 2017, el 27.3% de la población vivía con 1.9 dólar por día, el 23.5% estaba bajo la línea de pobreza y el PIB per cápita corregido (PPP) alcanzaba a US $1.890. En Alemania, el PIB llegaba a 51.680 dólares. De acuerdo con el Banco Mundial, el 80% de la población etíope vive en el campo, pero los jóvenes comienzan a emigrar a las ciudades atraídos por los celulares y las oportunidades
de iniciar una nueva vida. En 2017, alrededor de 900 mil etíopes vivían fuera de su país, principalmente en los Estados Unidos y Arabia Saudita, lo que representa una importante fuente de remesas. Al igual que la mayoría de los países africanos, la tasa de mortalidad infantil estimada alcanzaba a 49.6 de cada mil niños nacidos vivos en 2016. En Alemania y otros países desarrollados, la misma tasa alcanzaba a 3.4 por mil. La esperanza de vida de un recién nacido etíope es de 65.4 años, mientras que las de un alemán llegaba a 81, en 2017. Así como reconocemos que han aumentado las diferencias entre ricos y pobres dentro de cada país, vale la pena recordar que la brecha entre los países desarrollados y en vías de desarrollo también continúa aumentando. Las dramáticas comparaciones entre ingresos y calidad de vida debieran hacernos reflexionar, respecto de qué estamos haciendo para reducirlas de manera efectiva.
Nueva Conferencia de Berlín
El destino de los africanos lo sellaron las potencias en la Conferencia de Berlín del siglo XIX. Las fronteras fueron creadas de acuerdo con la fuerza de cada imperio. No hubo libre albedrío para sus pueblos, ni una mano divina que los protegiera. Las proyecciones de crecimiento demográfico de Naciones Unidas para el mundo muestran que mientras en Europa en 2050, la población disminuirá en 4.3%, la de África aumentará en mil 300 millones, es decir, doblará su actual población. ¿Qué futuro les espera a esas generaciones por nacer? Seguramente caminar, tal como lo han hecho las generaciones posteriores a nuestra abuela Lucy. Lo más probable es que muchos intentarán emigrar, a Europa o Estados Unidos, para buscar un mejor futuro, si es que las condiciones actuales de países como Etiopía no mejoran sustancialmente. Es hora de invertir en serio para proteger el futuro, y para ello debieran reunirse nuevamente los participantes en la Conferencia de Berlín, para hacer realidad el sueño de generaciones de africanos que esperan una vida mejor en sus países, sin tener que ir a buscarla donde sus antiguos colonizadores. *Economista