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Revista viernes del diario de centro américa del 25 de mayo de 2018

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Guatemala, viernes 25 de mayo de 2018

Marvin

Editorial Un museo es un espacio de intercambio, en el que los concurrentes interactúan con los elementos materiales

Las raíces de

o virtuales que ofrece la propuesta narrativa de una determinada instalación. Estos elementos pueden apelar a los diversos mecanismos de percepción (vista, oído, tacto, paladar, olfato) con tal de transmitir información y suscitar en el público un sostenido involucramiento emocional e intelectivo. Para ello, los museos se valen de los más diversos recursos didácticos y comunicacionales, con tal de interesar a aquellos que con su presencia complementan una determinada instalación, sea esta de carácter permanente o temporal. El enfoque y tratamiento que se les da a los museos ha evolucionado desde los establecimientos patrimoniales con auspicio estatal o privado, hasta las instalaciones comunitarias que, con recursos propios, se proponen el rescate de aquellos elementos históricos

ara Marvin García, escribir un poema es más que nombrar y enumerar. Lo que se propone en Las raíces de la nostalgia es recrear hechos, nombres y circunstancias que han marcado su vida desde la infancia, enaltecerlos de la mejor manera —que es por la vía del poema—, porque le han servido para afirmarse como parte de sí mismo, de un conglomerado al que pertenece, más que evocar con tristeza aquellos momentos a los que se refiere, como lo manda la definición de nostalgia. Si bien comienza diciendo “… vengo del dolor/ de las heridas”, el conjunto de poemas culmina de manera rotunda cuando dice “Uno de estos días/ voy a cambiar esta triste naturaleza que me acompaña/ para que mi piel sea tierra/ mis huesos semillas/ y mi sangre agua”. Las raíces de la nostalgia es un brote fecundo en el árbol de la poesía guatemalteca. Francisco Morales Santos

culturales y materiales que sustentan la singularidad e identidad de los grupos humanos de un territorio. En ese sentido, aunque al igual que los museos tradicionales conservan, investigan, comunican y exponen, cumplen además con la función de restaurar y cohesionar el tejido social en las comunidades rurales.

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DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina

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García

la nostalgia

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FIFA

El 21 de mayo de 1904 se fundó la Fédération Internationale de Football Association (Federación Internacional de Fútbol Asociación), universalmente conocida por sus siglas. Es la institución que gobierna las federaciones de futbol en todo el planeta y tiene su sede en Zúrich, Suiza.

Semblanza

Carl von Linneo Este naturalista sueco nació el 23 de mayo de 1707, en una pequeña ciudad de la región rural de Småland. Fue el primer hijo de Christina Brodersonia (1688-1733) y Nils Ingemarsson Linnaeus (1674-1748), un ministro de la iglesia que disponía de un amplio jardín donde se inició en el estudio de la botánica. En 1727 cursó estudios de Medicina en la Universidad de Lund y posteriormente se trasladó a Uppsala porque su universidad disponía de mejores jardines y de especialistas en botánica. Detectó errores en la clasificación botánica y comenzó a preparar su propio método de clasificación en 1730. En 1735 se editó su Systema naturae (Sistema natural), el primero de una serie de trabajos en los que presentó su nueva propuesta taxonómica para los reinos animal, vegetal y mineral, en la que resume y sintetiza los datos obtenidos por sus predecesores: nomenclatura binaria de los organismos y clasificación artificial de las plantas. En 1738 fungió como médico del Almirantazgo y se convirtió en el principal impulsor de la Academia Sueca de las Ciencias. En 1742 fue catedrático de medicina práctica en Uppsala, cargo que cambió por la cátedra de botánica y dietética, que impartió hasta su fallecimiento, lo que le permitió dedicarse a tareas de clasificación. En 1751 publicó Philosophia botanica (Filosofía botánica). Demostró la reproducción sexual de las plantas y dio su nombre actual a las partes de la flor. Ideó un esquema taxonómico basado únicamente en estas partes sexuales, utilizando el estambre para determinar la clase y el pistilo para determinar el orden. También utilizó su nomenclatura binómica para nombrar plantas específicas, seleccionando un nombre para el género y otro para la especie. Además, contribuyó a la taxonomía animal. A diferencia del sistema empleado con las plantas, su clasificación de los animales recurre a una variedad de características que incluyen observaciones de su anatomía interna. Fue el sistema más generalizado en el siglo XIX. Se casó con Sara Elisabeth Moræa el 26 de junio de 1739 y 7 meses más tarde, Sara daba a luz a su primer hijo, Carl. Dos años más tarde, nacía Elisabeth Christina. Tendrían más tarde otros 4 hijos: Lovisa, Sara Christina, Johannes y Sophia. Entre sus obras destacan además, Genera plantarum (Géneros de plantas, 1737) y Species plantarum (Especies de plantas, 1753); Præludia sponsaliarum plantarum (1729); Fundamenta botanica quae majorum operum prodromi instar theoriam scientiae botanices per breves aphorismos tradunt (1732); Fundamenta botanica (1735); Bibliotheca botanica (1736); Critica botanica (1736); Genera plantarum (Ratio operis) (1737); Corollarium generum plantarum (1737); Flora lapponica (1737); Ichthyologia (1738); Classes plantarum (1738); Hortus Cliffortiana (1738); Metamorphosis plantarum (1755); Flora svecica exhibens plantas per Regnum Sveciae crescentes (1755); Animalium specierum (1759); Fundamentum fructificationis (1762); Fructus esculenti (1763); y Fundamentorum botanicorum (1768). Carl von Linneo falleció el 10 de enero. A pesar de que quería ser enterrado en Hammarby, se le dio sepultura en la Catedral de Upsala, el 22 de enero de 1778.

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Abecedario

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La experiencia del m

Pese a los recientes atentados en París, el museo emblemático de esta ciudad ha vuelto a ser uno de los más visitados del mundo.

De la experiencia museológica heredada del siglo XIX surge la polivalencia de sus finalidades y la de las habilidades de los responsables del mismo, que han de ser personas con saberes históricoartísticos suficientes acerca de aquello que dirigen, de forma que sepan dotar, cuanto se conserva y expone, de un equilibrado sentido entre lo históricoartístico y lo estético, ligado a la conservación de las obras de arte y lo político, lo comercial, así como las actividades de gestión.

Fernando Checa*

n 1877, en una de sus novelas más célebres, La taberna , Émile Zola describe la inefable visita al Museo del Louvre del cortejo de una boda. El texto se encuentra entre los más expresivos no solo de la percepción confusa y de las dificultades que entraña la visita a un museo por parte de un público carente de una cultura histórico-artística precisa, sino también del auténtico temor reverencial que inspira un lugar de culto, un mundo que se presume casi sagrado, temor que los propios museos tienden, muchas veces, a infundir. Parece indudable que un museo tiene su razón de ser en el cuidado que reciba su colección permanente, ya sea desde el punto de vista de su acrecentamiento, como del de su estudio, conservación y exposición. El sentido que se dé a su ordenación expositiva se convierte en la clave del sentido del museo. Resulta claro, por tanto, que en la idea de museo como colección priman los valores de conservación, estudio y exposición, erigiéndose no solo en un lugar de custodia, sino en factor clave para el acrecentamiento del saber. La colección de un museo no solo debe, por tanto, gestionarse y custodiarse, sino ser

continuamente interpretada, y en ello consiste la creatividad del director y de sus conservadores, para lo que es absolutamente imprescindible un conocimiento científico en profundidad de la misma. Para que la exposición de la colección permanente tenga sentido y que las actividades no se resuelvan en efímeros espectáculos, es preciso tener en cuenta una idea previa de carácter interpretativo acerca de la colección de la que se parte.

Accesibilidad

Profundizando en la idea del museo como actividad, nos daremos cuenta de que esta ha incidido no solo en los aspectos periféricos de la institución, sino en su misma esencia. Hace aproximadamente 20 años comenzó a darse por finalizada la idea de museo como panteón o mausoleo, algo en buena parte provocado por la progresiva necesidad de museificar el arte vivo. Por otro lado, fue apareciendo un público nuevo, en realidad no mucho más experto intelectualmente que el de antaño, pero sí con unas exigencias mayores en lo que hemos denominado aspectos periféricos: comodidad de acceso, información rápida y concisa, variación continua en la oferta del museo, servicios


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museo

Fotos: Archivo

trata de consolidarse en el catálogo de la misma. Desde este punto de vista hay que reconocer que en las últimas décadas, la exposición temporal y su catálogo han sido instrumentos de avance en los conocimientos histórico-artísticos y una vía de unión, pero también de significativa fricción, de ciertos aspectos de la historia del arte contemplada desde el punto de vista museístico y de la conservación, y esa otra versión académica y universitaria de la disciplina. Desde el punto de vista del público, la exposición temporal ha supuesto un auténtico excitante: el de la “última” o “única” posibilidad de ver unidas determinadas obras de arte, lo cual, guste o no, atrae a un número de visitantes que, normalmente, la colección permanente no puede alcanzar. En definitiva, lo efímero del acontecimiento es ahora el auténtico “aura” de la obra de arte, una consecuencia lógica de la pérdida del aura de las obras de arte expuestas permanente y continuamente al público. Sin embargo, los saludables efectos de avance del conocimiento o de excitación de la visita del público no deben animarnos a echar las campanas al vuelo: el resultado final de la expansión de las exposiciones temporales no es, sin embargo, tan estimulante.

Reuniones objetuales

pedagógicos variados y de fácil comprensión, etcétera. El final de la “crisis vanguardista del museo” suponía su recuperación como espacio vivo y activo a la vez que, paradójicamente, el inicio de su cuestionamiento como espacio esencialmente cultural. El público visitante ocupaba más su tiempo en los espacios de acceso, los de atracciones comerciales o los de descanso que en la contemplación de las obras de arte. A la vez, la gestión de todos estos “periféricos” (a los que podríamos añadir muchos más) comenzaba a prevalecer sobre las funciones de conservación, estudio y exposición.

Museos efímeros

El fenómeno de la exposición temporal —esos “museos efímeros” de los que hablaba Francis Haskell— se encuentra muy ligado a la idea de museo como actividad. Una exposición temporal supone, en primer lugar, la posibilidad de ordenar las obras de arte de manera distinta a la de un museo, con la posibilidad consiguiente de realizar un estudio comparativo, de llamar la atención hacia un determinado fenómeno del gusto, de la historia del arte, etcétera. De esta manera, la necesaria consolidación y estabilidad que ha de tener un museo se sustituye por lo efímero de una reconstrucción, que

Es muy cierto que se ha abusado de las exposiciones temporales con la consiguiente pérdida de calidad e interés. Su sobreabundancia las ha banalizado y las ha convertido, cada vez con más frecuencia, en meras reuniones objetuales, sin argumento alguno. La exposición temporal pierde su “aura” y se convierte en una exposición de trofeos, obras maestras desplazadas de su lugar de origen y presentadas triunfalmente, a veces sin el menor sentido. Es evidente que buena parte de las exposiciones se convierten en el punto culminante del museo como espectáculo, de manera que el museo como acontecimiento deja de resultar interesante desde el punto de vista de los contenidos y se pervierte para devenir en puro efecto mediático. La exposición se ha utilizado como marco favorito de la “representación” de la obra de arte. Y de la idea de “representación” a la de propaganda solo hay, en este campo, un paso; como se ha afirmado con ironía, la exposición se ha convertido en “la continuación de la política por otros medios”, en un acontecimiento de “acompañamiento” político y diplomático, sin el menor interés cultural. Sin embargo, todo ello no quiere decir que deban abandonarse las posibilidades políticas o representativas de una exposición. Como en el caso del museo, no debemos confundir la necesaria “política cultural” de una institución con lo dicho anteriormente. En realidad, lo realmente importante es el aspecto de acontecimiento culturalmente relevante que tiene la exposición y que, en definitiva, la justifica. La obligación del comisario o responsable científico es aportar contenidos estéticos, de conocimiento riguroso y de avance científico a las exigencias representativas que se le demandan. Lo dicho hasta aquí quizá pudiera parecernos banal o, al menos, suficientemente sabido. Sin embargo, esta triple característica del museo viene siendo puesta en duda en los últimos años ya que:

• a) La finalidad eminentemente cultural de la actividad museística se resquebraja, sustituida por las meramente representativas o las espectaculares. • b) El carácter central del concepto de conservación del patrimonio está sustituyéndose por el mucho más banal de turismo cultural. • c) La reflexión estética e histórica sobre los fenómenos artísticos se elimina por la elevación a los altares del concepto de gestión. La crisis de la institución museística en nuestros días, así como la razón de la infinita y absurda expansión del fenómeno de las exposiciones temporales, procede del progresivo olvido de su irrenunciable carácter cultural en aras de la búsqueda de lo efímero y banal del espectáculo, meta final del llamado turismo cultural, que ha introducido modelos de gestión espurios. Tanto si el museo basa su prestigio en una colección permanente de relevancia, como si su atracción es fruto de una combinación de exposiciones temporales con una colección permanente de gran importancia, como es el caso del MOMA o del MET, lo realmente importante es no perder de vista los fines estrictamente culturales, los de acrecentamiento de los factores del saber y la relevancia del valor estético de las obras de arte expuestas. Es cierto que la difusión es muy importante, pero, ¿qué vamos a difundir si no se está en permanente creación? ¿Vamos a aburrir al público con lo mismo de siempre? Algo muy similar podría afirmarse si atendemos a los modelos de gestión de museos y exposiciones. Hasta hace poco tiempo, todavía resultaba útil y pedagógica la división entre modelos anglosajones de gestión (liberados en buena parte del control administrativo y estatal, gestionando ellos mismos sus recursos bajo el control y la tutela de los trustees, financiados en buena medida por los llamados sponsors y tratando de generar los fondos económicos a partir de sus propias actividades) y el modelo continental europeo de museo dependiente en buena parte de la tutela administrativa y económica del Estado o de la administración en general.

Ansia y desasosiego

Sin embargo, factores como la crisis de la financiación privada, el ansia y desasosiego que producen la continua y dificultosa búsqueda de sponsor, la dificultad de la autofinanciación, han hecho que el modelo anglosajón no resulte tan envidiable. Por otra parte, los excesos de la burocratización, la rigidez de gestión en la contratación de bienes, servicios y personal o la no disponibilidad directa de los medios económicos necesarios han provocado que el mundo europeo vuelva la vista hacia los más flexibles modelos anglosajones. El problema de fondo no es, por tanto, este sino cómo responder a preguntas tan elementales como las de para qué queremos estos medios o qué resultados queremos conseguir con ellos. Existe el peligro cierto, y lo observamos a diario, de pensar en los resultados de un museo o una exposición en términos de su cuenta económica de resultados por el dinero generado en la venta de entradas, de actividades de pago, de la venta o alquiler de la marca del museo o de sus productos comerciales. No menos peligroso es evaluar

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Los museos más visitados

La idea de los museos como sitios de culto, ha dado paso a una concepción mucho más accesible y comunicativa.

estos resultados en función de su número de visitantes, muy fácil de “vender” a los medios de comunicación o a los políticos, pero que apenas tiene en cuenta el logro de una visita cualificada culturalmente y no el deambular de grupos de turistas, tan despistados, cansados y aburridos como el cortejo que tan burlescamente describía Zola en 1877.

Comunicar y difundir

El resultado cultural y la fruición estética de una visita dependen no tanto de los, por otra parte necesarios, y ya mencionados, elementos periféricos, sino de mostrar una colección permanente didáctica y científicamente expuesta y explicada; es decir, un museo o exposición adecuadamente interpretada, unas exposiciones temporales concebidas no como espectáculo y, mucho menos, como “acontecimientos de impacto”. Se trata de la aportación de una idea estética y de disfrute, un recorrido que sirva para la ampliación de nuestros conocimientos, unas actividades pedagógicas al margen de lo banal, lo demagógico y lo vulgar, y una política científica y de estudio de los fondos del museo que permitan una difusión de calidad. Comunicar y difundir no es repetir, trivializar, ni vulgarizar. Por ello, y como última consecuencia del carácter cultural del museo, ha de plantearse el tema decisivo del perfil de sus órganos rectores. Si la función primordial de un museo es la de la tutela de un bien cultural, habrán de ser los profesionales de esta materia, conservadores e historiadores del arte, los destinados a ejercerla. El director de un museo de arte debe ser, por tanto, un historiador del arte con relevantes conocimientos de aquella colección que maneja y ha de estar ayudado por conservadores de

similares características. Si, por otra parte, la colección o grupos de colecciones o museos poseen una elevada función simbólico-representativa y son necesarias para la anteriormente mencionada política cultural, es necesario un órgano que tutele y oriente al museo a este respecto. Este órgano ha de estar formado por personas, sean o no historiadores del arte, que hayan demostrado previamente un interés o posean una vinculación con el mundo cultural. Al saber del director y los conservadores unen otro tipo de experiencias, políticas, sociales, económicas, de gestión, artísticas o estéticas, siempre empapadas de una sensibilidad cultural y no solo de tipo económico o de gestión. Desde un cierto punto de vista, la situación actual sería la de una tensión, que no tiene por qué verse como contraposición, entre la idea de museo como conservación y la del museo como actividad. Una tensión creativa entre la importancia central de la colección permanente y su estudio, por un lado, y las exposiciones temporales y sus renovados visitantes y sus catálogos, por otro. Una tensión entre el acontecimiento, con todo lo que tiene de efímero, y la presencia de una colección estable no solo conocida eruditamente, sino creativamente interpretada. Si un museo de historia del arte es un artefacto cultural, ¿por qué sacarlo del mundo de la cultura e introducirlo en el del consumo de masas, el espectáculo turístico, el impacto mediático o los resultados económicos? Todo ello parece de sentido común. Pero conviene recordarlo de nuevo cuando este sentido empieza a alejarse de experiencias tan fantásticas como son las del estudio, el goce y la fruición estética del museo de arte. *Revista Libros

El Louvre vuelve a ser el museo más visitado del mundo. Después de ser derrocado del primer puesto en 2016, tras los atentados de París del año anterior, ha recuperado la posición número uno. Sede de obras maestras como la Venus de Milo o La Mona Lisa, el Louvre recibió 8.1 millones de visitantes en 2017, un 9.5 % más que en 2016, según datos ofrecidos por AECOM (compañía especializada en arquitectura, diseño, transporte y sostenibilidad). El impulso de visitantes extranjeros, sobre todo estadounidenses y japoneses, hizo que París batiera en 2017 su récord de turistas, lo que supone el cierre de dos años de crisis. Esta recuperación, así como la exposición Vermeer y los maestros de la pintura de género, fueron los responsables de que el Louvre haya recuperado el trono de los museos más visitados del mundo. En segundo lugar se encuentra el Museo Nacional de China, en Pekín, que en 2016 se hizo con el primer puesto desbancando al Louvre, con 8 millones de visitantes. El Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington y el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York empatan en la tercera posición con 7 millones de visitas cada uno en 2017. Completan el top 10 los Museos Vaticanos, el Museo de Ciencia y Tecnología de Shanghai, el Museo de Historia Natural de Washington, el Museo Británico, la Tate Modern, la National Gallery of Art de Washington y la National Gallery de Londres. En la posición 17 se encuentra el Reina Sofía, que en 2017 registró un incremento de visitas del 6.9 % hasta alcanzar los 3.89 millones de visitantes. El Museo del Prado no está en esta lista, pero sí en la de los museos europeos, donde ocupa el puesto 13 con 2.84 millones de visitas, un 6.9 % menos. Como dato curioso, 7 de los 20 museos más visitados del mundo están en China. Con un crecimiento del 11 % respecto al año anterior, los museos de Asia son los que registraron un crecimiento mayor en 2017. Sara de Diego


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Aniversario de Andersen DCA, 28 de marzo de 1935.- La Dinamarca azul y lejana está celebrando el CXXV aniversario de Andersen, invitando intelectuales de diferentes países de Europa, porque fue el cuentista que supo hacer de este difícil arte, una verdadera escuela, dentro de cuyos rosados brazos, cientos de generaciones han abierto los ojos a regiones ignotas. El amor por los dulces y el amor por los cuentos, se puede decir que son las primeras dos pasiones del hombre. Por eso los viajes que hacemos durante la niñez a través del azul, quedan grabados en la imaginación, como un remanso donde en el otoño vamos a buscar el agua pura de los primeros impulsos. El dulce cantor que supo poner sobre los ojos de los niños el fuego de una visión remota, no podía festejarse unicamente dentro de las fronteras de la patria. Mientras la poesía conserve el aroma de los sentimientos, los cuentos de hadas refrescarán el corazón de la humanidad. Los de Hans Christian Andersen, a la manera de las pompas de jabón, encierran toda la luz del universo.

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Hemeroteca del Diario de Centro América


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Reporte en V ¿Por qué la forma de un cactus es la ideal para vivir en un hábitat sin agua? ¿Por qué muchos ríos forman meandros al avanzar hacia su desembocadura? BBC* ay una teoría física que lo explica. En realidad no solo explica estas cosas, sino que lo explica potencialmente todo: el comportamiento de cualquier ente en movimiento, ya sea animado o inanimado. Se trata de una ley física bastante reciente y aún poco conocida por el público: se llama ley Constructal y la formuló en 1996 el profesor estadounidense de ingeniería mecánica Adrian Bejan, de la Universidad Duke, de Carolina del Norte. Bejan quiso hacerla más accesible para las masas en su libro La física de la vida: la evolución de todo, publicado en 2016.

¿Pero cómo puede explicarlo potencialmente todo?

Todo fluye bajo el mismo principio. La esencia de esta teoría es que todo proceso en movimiento, da igual si es algo vivo, como una planta, un río o algo más intangible o inanimado, como una ruta migratoria o la comunicación entre computadoras, todo avanza hacia una mayor eficacia. En ese avance se producen cambios morfológicos y ajustes que responden al mismo principio de optimización, de evolución hacia algo mejor. Y eso, según escribió Bejan en su libro, se aplica a flujos tan dispares como “el tráfico en la ciudad, el transporte del oxígeno en los pulmones y la fluidez del pensamiento rápido y lento en la arquitectura del cerebro”. Bejan dice que toda la naturaleza está formada por sistemas de flujos que cambian y evolucionan sus configuraciones con el tiempo para fluir mejor. Así, según la ley Constructal, la tendencia es siempre hacia una fluidez más fácil, y con el tiempo los flujos se hacen más grandes. Y cuanto mayores los flujos, más inherentemente eficaces son.

¿Ley o teoría?

En la física hay muchas teorías, tantas como la mente quiera imaginar, pero pocas leyes.

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La Física de la vida


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Una ley debe explicar o resumir un fenómeno universal, como las leyes de la dinámica de Newton. Además, según el ingeniero, una ley debería ser “obedecida” por cualquier sistema imaginable: cuerpos, ríos, máquinas. Las teorías, en cambio, son predicciones sobre cómo algo debería ser, y están basadas en una ley. Para Bejan, la ley Constructal explica el funcionamiento de cualquier sistema dinámico, y es el motor de campos tan distintos, como la evolución, la ingeniería y el diseño. A él mismo le llegó la inspiración mientras diseñaba el sistema de refrigeración de computadoras portátiles: se dio cuenta de que los conductos se ramificaban como si fueran árboles, y a partir de ahí nació el concepto de su ley. Ahora, su propuesta Constructal está ganando aceptación en los círculos científicos, y, según le dijo Bejan a la revista National Geographic en 2016, no ha sido refutada en las publicaciones especializadas. De hecho, el estadounidense acaba de recibir la prestigiosa medalla Benjamin Franklin, en parte por su “teoría constructal, que predice el diseño natural y su evolución en los sistemas de ingeniería, científicos y sociales”. Según el ingeniero mecánico, entender mejor esta ley podría ayudarnos a anticipar cambios, por ejemplo en las dinámicas sociales, en los gobiernos o en la economía.

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Fotos: Archivo

¿Y cómo puede mejorar nuestra vida?

Si una dinámica se vuelve más eficaz cuanto más fluida y libre es, entonces la moraleja para nuestra vida bien podría ser “no te detengas”. Bejan, que nació y creció en Rumanía durante la época del socialismo, se reconoce como un optimista. Su ley Constructal aplicada de una manera práctica a nuestro día a día, a nuestro trabajo, sugiere que cuanto más libres, flexibles y dinámicos nos volvamos, más eficaces seremos. Por el contrario, la inacción interrumpiría el flujo y detendría ese proceso de optimización natural. Según dijo Bejan hace unos años en declaraciones a la revista Forbes, su teoría tiene incontables aplicaciones “porque pone el diseño biológico y la evolución dentro del campo de la física, junto a todo lo demás que hasta ahora no tenía cabida bajo el paraguas de la ‘ciencia dura’: la economía, las dinámicas sociales, los negocios y el gobierno”. Una de las frases que más le gusta repetir al ingeniero en charlas y entrevistas, que también es recurrente en sus libros, es “la libertad es buena para el diseño”. Así que el mensaje es fluir más y mejor para ser mejores. *British Broadcasting Company

La imagen de fondo en la página anterior ¿es un árbol, un cerebro o un mapa del metro? De acuerdo con la ley Constructal, todo sistema, inanimado o no, como el de la gráfica de arriba, sigue un mismo patrón.


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Joya de Cerén, en El Salvador, es un yacimiento arqueológico con características únicas.

Contando el tiempo

Guatemala, viernes 25 de mayo de 2018 Cortesía: Getty Images

Joya de Cerén: cápsula de tiempo “Es una cápsula del tiempo extraordinaria”. Así lo afirma el profesor Payson Sheets, arqueólogo y descubridor de Joya de Cerén, un sitio arqueológico en El Salvador, que algunos llaman la Pompeya de América.

Analía Llorente*

l profesor Sheets prefiere no aplicarle este calificativo al sitio porque, según dice, “suena a fanfarronería”. La comparación con la ciudad italiana, cuya población fue víctima de la erupción del monte Vesubio en el año 79 dejando miles de muertos, surge porque las circunstancias de un evento volcánico causaron en Joya de Cerén una notable preservación de la arquitectura y los artefactos de los antiguos habitantes, que quedaron en sus posiciones originales de almacenamiento y uso. Los especialistas coinciden en que es un lugar único y uno de los sitios arqueológicos más importantes porque muestra los restos de la aldea prehispánica mejor preservada en Mesoamérica. En efecto, la Unesco declaró a Joya de Cerén Patrimonio de la Humanidad en 1993.

Cómo ocurrió todo

Joya de Cerén era una aldea habitada por una comunidad maya en el año 600, cuando la erupción del volcán caldera de Ilopango los sorprendió. Sin embargo, según evidencian los descubrimientos arqueológicos, el volcán les dio algo de margen a sus pobladores para huir. “En el caso de Joya de Cerén, la gente no tuvo tiempo de llevarse sus cosas.Tuvieron que

escapar por la erupción volcánica, a solo 600 metros al norte de ellos”, explica Sheets. El profesor Sheets, quien realizó numerosas excavaciones en el lugar en los últimos 40 años, dice que la erupción del volcán fue freatomagmática; es decir que tuvo lugar en fases. “La primera fue una masa fina de granos que cayó horizontalmente cubriendo los sembradíos de maíz y yuca, los techos de las casas y el paisaje en general”, comenta. El investigador añade que la segunda fase fue más violenta y explosiva “pues desplazó hasta el agua del río. Luego vinieron otros eventos eruptivos, convirtiendo el lugar en una cápsula del tiempo que hizo que la gente ni se molestara en desenterrar”, asegura.

Con la boca abierta

“Tras las violentas y sucesivas erupciones del volcán, Joya de Cerén quedó totalmente sepultada. Y así estuvo, preservada, por aproximadamente mil 400 años. Me di cuenta que no había un lugar en el mundo moderno con una preservación de este tipo”. En 1978, un poco por curiosidad y otro poco por casualidad, el profesor Sheets, que realizaba una investigación en El Salvador, se topó con una estructura cubierta de ceniza en una excavación que había realizado una empresa constructora dos años antes en el departa-


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Cortesía: Ministerio De Cultura El Salvador

Una de las habitaciones encontradas en Joya de Cerén.

Fotos: cortesía Payson

mento centroccidental de La Libertad. “Asumí que se trataba de una erupción reciente, de unos 100 años, así que excavé en busca de algún diario o contenedor de metal, pero solo encontré artefactos antiguos clásicos. Eso no tenía sentido sumado a que todo estaba a 5 metros de profundidad. Era un enigma”, cuenta en una entrevista telefónica. “Tomé algunas muestras, las sometí al método de datación por radiocarbono (para determinar la edad de materiales) y los resultados fueron 1400 años. No recuerdo cuánto tiempo estuve con la boca abierta”, describe. “Me di cuenta que no había un lugar en el mundo moderno con una preservación de este tipo”, añade.

Accidente histórico

“No hay muchas Pompeyas en el mundo porque el gran problema que enfrentan los arqueólogos es la preservación”, señala por su parte el doctor Robert Rosenwig, profesor asociado en el departamento de Antropología en la Universidad de Albania, Nueva York, (EE.UU.). Cuando se producen erupciones o inundaciones es muy frecuente que estos sitios desaparezcan, sean destruidos, o se desmoronen, explica. “Así que la preservación de un lugar así es casi un accidente histórico”, afirma Rosenwig.

Comer evidencia

Durante los 14 siglos que Joya de Cerén quedó sepultada bajo las cenizas, algo extraordinario sucedió. “La comida que estaba almacenada en vasijas permaneció igual. Encontramos una vasija de cerámica con cientos y cientos de semillas de calabaza. Después de mil 400 años, en un clima tropical, las semillas de calabaza no cambiaron ni en tamaño, ni forma, ni peso. Estaban solo con un poco de polvo”, describe Sheets. “Estuve tentado de probar solo una semilla para saber si

El sitio forma parte del corredor cultural del Pacífico desde el norte hasta el sur. El profesor Payson Sheets durante una de sus excavaciones en Joya de Cerén.

el gusto había cambiado pero decidí que no: los arqueólogos no deben comer su evidencia”, dice soltando una carcajada. En los casi 40 años de excavaciones, se encontraron 10 edificios en el lugar. Entre ellos hay casas, bodegas, una cocina, un edificio donde practicaba una chamana (adivinadora), un edificio cívico donde se reunían los líderes de la comunidad para solucionar problemas locales y otro donde se guardaban objetos y se preparaban alimentos que se servían durante ceremonias y otras festividades, señala el sitio web del parque arqueológico Joya de Cerén.

Temazcal único

“En las excavaciones se encontraron semillas de frijoles, achiote, maíz y yuca. También se encontró un temazcal o un baño-sauna, una estructura única en su categoría, ya que en todo Mesoamérica no se ha encontrado uno que esté

en pie”, describe Johnny Ramos, administrador del parque arqueológico Joya de Cerén. Además se halló cerámica, cuencos, vasos y cántaros que utilizaban como graneros, además de metates que eran piedras de moler, entre otros elementos. Muchos de ellos están expuestos en el museo del yacimiento.

Una ventana

“Cada vez que hacemos excavaciones encontramos insectos en muy buen estado de preservación”, dice Ramos, quien asegura que las investigaciones siguen su curso y no se descarta que en algún momento se encuentren restos humanos. Para el profesor Sheets, Joya de Cerén “nos provee de una oportunidad fabulosa para ver cómo era la vida cotidiana” en esa época. “Conocemos mucho sobre la élite maya, sus pirámides, sus jeroglíficos… pero Joya de Cerén nos da la primera ventana clara a la riqueza de la vida de la gente común”.

*BBC


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Tragaluz Para Massimo Pigliucci la respuesta para una vida plena se encuentra en el estoicismo clásico. Para Jules Evans en perder el control y entregarse al éxtasis y el misticismo. Marta Medina* rabajé durante varios años en Casa del Libro. Nunca dejó de sorprenderme la cantidad ingente de clientes que subían a la tercera planta de la librería en busca de tal o cual libro con la fórmula secreta para encontrar la felicidad, no amargarse la vida, atreverse a no gustar, conseguir la autoafirmación o sobreponerse a cientos de angustias existenciales más, algunas de lo más particulares. Frente a las ventas de la narrativa de ficción, los libros de autoayuda se encontraban siempre en las listas de los más comprados, una prueba de que la necesidad de encontrar un rumbo, una guía, un manual de instrucciones sobre cómo actuar en la vida sigue siendo una preocupación capital hoy. Precisamente, en una reciente columna de Ramón González Férriz también discurre sobre esta preocupación del ser humano insatisfecho y desorientado por adherirse a un relato que le sirva como sostén existencial, una “expresión de que vivimos angustiados, incómodos, perplejos porque no sabemos para qué sirve nuestra existencia ni por qué hay que vivirla si, al final, siempre está la muerte”. El escritor y profesor de Filosofía Massimo Pigliucci propone una solución peculiar —aunque no es el primero que lo hace— en su último libro, Cómo ser un estoico (Ariel, 2018): la respuesta a los pesares puede estar en una filosofía

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La fórmula d felicidad: ¿auto o desparram

Grabado representando a Epicteto, una de las figuras más importantes del pensamiento estoico.

Portada de Cómo ser un estoico.

nacida 2 mil 600 años atrás. Pigliucci cuenta en su ensayo cómo cuando se reencontró con las reminiscencias de las voces de Epicteto, Marco Aurelio o Zenón de Citio, vio por fin la luz al final de la búsqueda del sentido de su vida. Porque como integrante de una sociedad obsesionada con el control de todos los aspectos de nuestra vida —incluso el paso del tiempo, indómito—, Pigliucci siguió el consejo que desde el siglo I d. C. le enviaba Epicteto y que alivió gran parte de esta carga: “debemos hacer lo mejor con las cosas que están en nuestro poder, y tomar el resto como las presenta la naturaleza”, porque “tenemos una tendencia a preocuparnos y concentrar nuestras energías en aquello que no

podemos controlar”. ¿Se reconoce? No es resignación, no se equivoquen. Es aceptar las propias limitaciones. Tras una breve introducción a la historia de la filosofía clásica, Pigliucci ilustra con ejemplos claros y asequibles cómo una corriente de pensamiento milenaria sí puede solucionar problemas del mundo posmoderno. El estoicismo fomenta el pensamiento positivo, el rechazo a las pasiones exaltadas y el apego excesivo a los bienes materiales, promueve las bondades de la reflexión sosegada —si lo que nos diferencia del resto de los animales es la capacidad de raciocinio, deberíamos darle más uso— y de las buenas compañías, mientras censura las actitudes posesivas en las relaciones


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de la ocontrol me?

Fotos: Archivo

por los buenos alégrate”, sugiere Epicteto. En resumen: hay que ser un poco más conscientes de nuestros comportamientos e intentar abordar la vida con sabiduría, valor, justicia y templanza. Algo que parece de cajón si uno no se levantara todas las mañanas con las noticias de sucesos del diario.

Incentivo egocéntrico

Dijo Zygmunt Bauman que la sociedad se encuentra en una “situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista”, y es verdad que el pensamiento preponderante prioriza lo que puede sacar el individuo de la sociedad por encima de lo que este puede aportarle. Una idea que también transpira el libro de Pigliocci, que pone como ejemplo digno de admiración de una estoica contemporánea como, Malala Yousafzai, la joven que recibió tres disparos cuando viajaba en el autobús escolar por criticar abiertamente en un reportaje del New York Times la “dura represión de los talibanes contra la educación de la mujer en Pakistán. “Esta experiencia es suficiente para colocarla a nivel de (Helvidio) Prisco (ejecutado por sus críticas a l Gobierno de Vespasiano) y de muchos otros a lo largo de los siglos y en todas las culturas que se han atrevido a oponerse a la represión y la barbarie. Pero resultó que los disparos solo fueron el principio para Malala”. Enfrentándose a las amenazas de muerte, Malala ha seguido reclamando la educación para las niñas, ha conseguido que Pakistán apruebe la primera ley sobre el derecho a la educación y, accesoriamente, ha sido la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. “¿Malala ha marcado la diferencia?”, se pregunta Pigliucci. “Sí, tanto en la práctica como de modelo para otros, un buen ejemplo para los demás”.

Desprenderse del yo

personales: “debemos disfrutar del amor y la compañía de otros seres humanos, mientras podemos, intentando con todas las fuerzas no darlos por supuesto”. En Cómo ser un estoico, su autor también expone formas de enfrentarse al miedo a la muerte — “debes sobrellevar bien la enfermedad”, propugna—, como gestionar la ira, la ansiedad y la soledad, y enumera una serie de “ejercicios espirituales prácticos” para acercarse lo más posible a una existencia plena y en armonía con la naturaleza y la sociedad. “No admitas el dueño en tus tiernos párpados hasta que hayas evaluado cada uno de los hechos del día: ¿cómo he errado, qué he hecho o dejado de hacer? Empieza así y revisa tus actos y entonces por los actos infames amonéstate,

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Si no le convence lo que propone Pigliucci — al fin al cabo hay que esforzarse y desprenderse de los vicios para ser un buen estoico—, quizás prefiera una opción más desenfadada, como la que propone el londinense Jules Evans —investigador del Centro para la Historia de las Emociones de la Universidad Queen Mary, uno de los fundadores del London Philosophy Club y exestoico— en su libro El arte de perder el control: un viaje filosófico en busca del éxtasis. Para Evans el problema y la solución a las tribulaciones del día a día moderno son muy diferentes: “nuestra mente está en constante actividad”, por lo que hay que “desprenderse del yo” y entregarse al arrebatamiento. “El estoicismo insiste en que la manera de crecer es a través del autoanálisis racional y el autocontrol” y no ve con buenos ojos “el amor romántico, la embriaguez, la música y la danza, en general, que en todos casos presuponen momentos de rendición extática”. En El arte de perder el control, Evans aduce que la sociedad occidental “carece de rituales” que celebren el furor —será que no ha estado nunca en las fiestas de un pueblo— y desprecia “los estados mentales no racionales”. El inglés cuenta desde su propia experiencia cómo protagonizó un avivamiento místico que le hizo plantearse las limitaciones del estoicismo y abrazar el misticismo. “Al tercer día, la atmósfera del lugar (un retiro espiritual en Gales) empezó a hacer mella en mí. Los demás asistentes eran muy

Portada de El arte de perder el control.

amables. Su fe y su esperanza eran fortísimas. (...) el sábado por la noche, mientras la música me envolvía, me vino al pensamiento la idea de que quería servir a Dios y no a mis pequeñas ambiciones mundanas. (...) De pronto noté que el pecho se me llenaba de una energía poderosa que me empujaba la cabeza para atrás, cada vez más, cada vez más, hasta que casi me dolían los músculos del cuello. (...) La cosa duró tres cuartos de hora, durante los cuales las oleadas de dolorosa felicidad se sucedían”. Evans afirma que el arte puede ser tan catártico como la religión para los no creyentes; el teatro, un espacio de sueño colectivo —los sueños son la experiencia extática más frecuentes en los seres humanos, y Freud decía que los sueños son la vía rápida hacia el inconsciente— o la poesía y los videojuegos como vehículos para “perdernos a nosotros mismos durante semanas enteras”. “Jung creía que el inconsciente, la psique, es un organismo autorregulado, que busca la plenitud y la mejora de forma natural”, sentencia. También describe cómo las sustancias psicodélicas pueden ayudar a provocar esta “experiencia mística” de disolución del yo para lograr una “conexión con una realidad trascendente (que hay quien la llama Dios y hay quien no) o cómo hay que reconectar con el aspecto sagrado de la ecología para reencontrar el amor en la naturaleza. Y defiende Evans el poder del éxtasis para “motivarnos, sanarnos y liberarnos” —ideas que se ha demostrado que, aplicadas de manera literal, pueden llegar a ser muy peligrosas—. Las propuestas de Pigliucci y Evans para encontrar la felicidad y el sentido de la vida son todo lo opuestas que pueden ser dos polos, pero tan solo dos muestras de que en los más de 110 mil años del Homo sapiens sapiens las grandes preguntas no han cambiado demasiado. Y que quizás las respuestas al final se escondan en las anotaciones de un emperador romano del año 170 d. C., o en las reflexiones de un antiguo comerciante fenicio antiepicureísta y no en el último modelo de iPhone.

*EC


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Ventanas

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¿Qué es el bosón de Higgs? En julio se cumplirán 6 años desde que los científicos del LHC (Gran Colisionador de Hadrones), un acelerador de partículas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés), proclamaran el descubrimiento de la partícula de Dios, como se le llama coloquialmente al bosón de Higgs, después de más de medio siglo de búsqueda. Pese a que, de un modo completamente inusual, este descubrimiento acaparó portadas en los medios de todo el mundo, y la atención del público no especializado, es más que probable que aún no sepa muy bien qué importancia tiene esta partícula.

Fotos: Archivo

Con la obtención de la partícula de Dios se trata de recrear el instante en que se supone tuvo lugar el Big Bang originario.

Beatriz de Vera* ara que nos entendamos fácilmente, el bosón de Higgs es una partícula elemental que permite explicar la diferencia entre las masas de las distintas partículas que componen la naturaleza. Pero antes de meternos en materia, vamos a hacer un repaso a lo que ya conocemos: la materia está compuesta por átomos. Estos átomos, a su vez, están formados por un núcleo central, que se compone de neutrones y protones, alrededor del cual giran los electrones. Sin embargo, los protones y neutrones no son las partículas elementales que se creía en un principio; es decir, están compuestos de otras partículas todavía más pequeñas, llamadas quarks. Estas, al igual que los electrones, sí que son indivisibles.

Las teorías que explicaban el funcionamiento de los protones y neutrones no terminaban de convencer a la comunidad científica de los años 60. Los físicos no entendían a qué se debían las enormes diferencias de masa entre las distintas partículas elementales. Por ejemplo, el quark cima (uno de los 6 tipos que existen) es 350 mil veces más pesado que un electrón. La diferencia entre un elefante africano y una hormiga, más o menos. Los científicos se preguntaban a qué se debía semejantes diferencias, y qué es lo que determina la masa de cada partícula. Quien osó responderlas fue el físico británico Peter Higgs, quien con François Englert y Robert Brout, presentó en 1964 una teoría que aseguraba que todo el espacio está relleno de un campo que interacciona con las partículas elementales, y

Andrés Manuel del Río, descubridor del vanadio El 10 de noviembre de 1764 nació en Madrid el mineralogista hispano-mexicano Andrés Manuel del Río Fernández, descubridor de un elemento químico que acabaría llamándose vanadio, un metal blando y poco abundante usado en aleaciones. Lo encontró en 1801 en una mina de Zimapán (México) y lo fue bautizando con diversos nombres (zimapanio, pancromio –por su diversidad de colores– y eritronio –por tornarse rojizo al calentarse–), pero cuando entregó unas muestras a su amigo Alexander von Humboldt para que las analizara el químico francés H. Victor Collet-Descotils le respondieron equivocadamente que solo contenían cromo, así que pensó que su descubrimiento había sido un error. Tres

décadas más tarde, en 1830, el químico sueco Nils Gabriel Sefström redescubrió el colorido elemento y lo denominó vanadio en honor a la diosa de la belleza Vanadis de la mitología escandinava. Al año siguiente, su colega alemán Friedrich Wöhler confirmó que se trataba del mismo elemento que ya había encontrado el científico hispano-mexicano. Andrés Manuel del Río, tras una productiva vida académica en Europa y Estados Unidos, murió el 23 de marzo de 1849 en la ciudad de México. Su obra y pensamiento político liberal fueron fundamentales para la construcción de la nación mexicana, cuya independencia de España apoyó. Este mineralogista fue uno de los fundadores del Palacio de Minería en la capital

mexicana, sentando las bases de lo que hoy es el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México. También fue miembro de otras muchas instituciones, como la Real Academia de Ciencias Naturales de Madrid, la Sociedad Werneriana de Edimburgo, la Real Academia de Ciencias del Instituto de Francia, la Sociedad Económica y la Sociedad Linneana de Leipzig y la Sociedad Filosófica de Filadelfia, además de ser presidente de la Sociedad Geológica de Filadelfia y del Liceo de Historia Natural de Nueva York. Su extensa obra científica incluye el descubrimiento y descripción de varias especies minerales, así como el desarrollo de métodos innovadores para la extracción de minerales. Licencia : Creative Commons


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que esta interacción es la que les confiere masa. Como habrá adivinado, hablaba del campo de Higgs, que, según el científico, permea todo el universo.

El campo invisible que nos rodea

Para continuar, hay que conocer que, además de los quarks, existen otras partículas elementales como muones, bosones o neutrinos, que se clasifican en dos grandes tipos: partículas de materia (fermiones) que constituyen la parte sólida de los átomos, como quarks, neutrinos, el electrón, el muón y el tau; y partículas de fuerza (bosones) encargadas de transmitir fuerzas entre estas partículas sólidas, como el fotón, asociado a la fuerza electromagnética; el gluón, a la fuerza nuclear fuerte que mantiene unidos a protones y neutrones en el centro del átomo, o los bosones. La explicación más extendida para este campo es una analogía con el agua del mar. Según esta teoría, del mismo modo que una sardina interactúa muy poco con el medio y puede moverse rápidamente, y que una ballena, con un tamaño mucho mayor, interactúa con más agua, por lo que se desplazará más despacio; a nivel subatómico todo estaría permeado por un medio llamado campo de Higgs, que frena más a algunas partículas que a otras, que son las que más masa obtienen. Y si el agua está hecha de moléculas de H2O que no podemos ver, el campo de Higgs estaría formado por unas partículas de fuerza que los físicos denominaron “bosones de Higgs”. Los fotones, por ejemplo, no interactúan en absoluto con el campo de Higgs y por eso su masa es cero. Un electrón interactúa muy poco y su masa es mínima, y un quark se frena mucho y por eso contiene más masa. De esta manera, la masa sería el resultado de la interacción con el campo de Higgs.

¿Cómo encontrar a los bosones?

Pero sin hallar estas partículas no se podía demostrar que la teoría propuesta en 1964 era cierta, y esta es la razón por la que se constru-

yeron los grandes aceleradores de partículas. El LHC del CERN, en la frontera franco-suiza es el acelerador y colisionador de partículas más grande del mundo. Es un anillo gigantesco en forma de túnel por el que se envían haces de protones en direcciones opuestas a una velocidad muy cercana a la de la luz. Cuando lo protones chocan a esta velocidad, el LHC consigue reproducir por fracciones de segundos las condiciones del Big Bang, de tal modo que se forman nuevas partículas subatómicas, entre ellas el bosón de Higgs, que aparece instantáneamente y se desintegra muy rápidamente, antes de que pueda ser observado. De hecho, lo que se detecta en los experimentos no es el bosón de Higgs, sino los residuos que deja al descomponerse. La codiciada partícula se dejó ver por primera vez el 4 de julio

de 2012, pero no se confirmó hasta la primavera de 2013. Que los bosones de Higgs existan, implica que también existe un campo de Higgs permeando todas las cosas y que la circulación de las distintas partículas a través de él les proporciona la masa. El descubrimiento supuso todo un acontecimiento en la comunidad científica porque constituye una victoria del Modelo Estándar de la Física, esto es, la teoría que engloba todos los conocimientos sobre el mundo subatómico. Este modelo predice qué partículas forman la materia y qué fuerzas interactúan entre ellas. Si este hallazgo no se hubiese producido, los físicos habrían tenido que asumir que algunos planteamientos eran erróneos y buscar explicaciones alternativas. *N+1

Diamantes de un planeta perdido Los científicos suponen que en el sistema solar primitivo había decenas de protoplanetas, con un tamaño comprendido entre el de la Luna y Marte, que acabaron colisionando y formando los planetas rocosos del sistema solar, como el nuestro, mediante la acrección o acumulación de material. Un tipo de meteorito llamado ureilita es un firme candidato para apoyar esta hipótesis, ya que se considera que procede de los desaparecidos protoplanetas, pero las muestras examinadas hasta la fecha no son concluyentes sobre ese remoto origen. Sin embargo, ahora un equipo de investigadores europeos liderados por el profesor Farhang Nabiei de la Escuela Politécnica Federal

de Lausana (Suiza) ha analizado un meteorito ureilita especial, conocido como Almata Sitta. La roca es uno de los fragmentos que se recuperó en el desierto de Nubia, tras la explosión de un pequeño asteroide sobre los cielos de esta región de Sudán en octubre de 2008. Las conclusiones del estudio, que se publican en la revista Nature Communications, revelan que las incrustaciones de diamante que contiene el meteorito se originaron en un planeta perdido que circulaba por el sistema solar primitivo cuando este tenía unos 10 millones de años. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los diminutos cristales de los diamantes mediante microscopía electrónica de transmisión, una técnica con la que han descu-

bierto que esas piedras preciosas se tuvieron que formar a presiones muy altas. “Descubrimos incrustaciones de cromita, fosfato, sulfuro de hierro y níquel dentro del diamante, con una composición y morfología que solo se pueden explicar si se formaron a presiones superiores a los 20 gigapascales”, explica Nabiei y su equipo, que añade: “Estas presiones indican que el cuerpo padre de esta ureilita fue un embrión planetario con un tamaño entre el de Mercurio y Marte”. Según los autores, estos hallazgos proporcionan una evidencia sobre la existencia de los grandes protoplanetas que constituyeron los bloques de construcción de los planetas terrestres que hoy vemos en el sistema solar, como la Tierra.


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Revista viernes del diario de centro américa del 25 de mayo de 2018 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu