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Revista Viernes del Diario de Centro América del 26 de julio de 2019

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La bicicleta,

un invento

Archivo

liberador

Viernes Guatemala, 26 de julio de 2019 AĂąo 6 No. 293


Portal

Guatemala, viernes 26 de julio de 2019

Editorial

Frieda Liliana

Acicatear el sentido de descubrimiento a partir de lo cotidiano. Entender que “obvio” es aquello que no se

El arte de leer

ve, precisamente porque está ante nuestras narices. O, como reza el aforismo: “el que no sabe lo que quiere, es porque no sabe lo que tiene”. Y de eso se trata la cátedra de Economía que imparte en Harvard, Raj Chetty, quien, echando mano de los datos que aporta la dinámica económica familiar (una suerte de economía del centavo) en barrios populares, y aplicando rigurosos estándares de medición, busca inyectar en sus alumnos una alta carga ética en la adquisición y formulación de herramientas analíticas y de prospección financiera. Prospección realista y formulación aterrizada. De eso se trata la enseñanza, la correcta, la justa, la acertada, la pertinente, la veraz manera de conectar los lados ocultos del conocimiento. Alentar la curiosidad, seguir el instinto, afinar los sentidos, salir, en fin, de la prisión en cuyo portón pincipal dice: “no pensarás, no dudarás, no descubrirás, no sabrás... no transformarás”. Descubrir, abrir cerrojos. La duda como ganzúa,

n este libro, la doctora Morales Barco ofrece un recorrido histórico en el que describe la situación general en que se encontraba la educación del país en cada época. De este modo, el lector puede ubicarse en cada momento histórico y comprender las dificultades y desafíos de cada circunstancia. Luego, revisa la metodología específica aplicada en la enseñanza de la lectoescritura y los libros, cartillas y materiales usados en el proceso. Además, se relata la forma en que se han fundado bibliotecas y establecido editoriales y librerías en el país. Con un lenguaje técnico pero accesible, la investigadora hace una exposición cronológica, organizando los temas en tres apartados y agregando apéndices con valiosa información para el conocimiento de la historia de la educación en Guatemala. El arte de leer en Guatemala es, en suma, un trabajo de investigación que sistematiza información que se encontraba dispersa y que, ahora reunida, será de gran utilidad para historiadores, pedagogos y público interesado en conocer cómo, a lo largo de la historia, se ha enseñado la lectura y la escritura en el país.

el conocimiento como tesoro común. Pensar es una acción transformadora. Y transformar es algo que hacemos, aún cuando soñamos.

Humanista

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Freddy Pérez

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Francesco Petrarca nació en Arezzo (Italia) el 20 de julio er a

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de 1304 y falleció en Arquà Petrarca, Padua, el 20 de julio de 1374. Su poesía dio lugar a una corriente literaria que influyó en autores como Garcilaso de la Vega (en España),

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William Shakespeare y Edmund Spenser (en Inglaterra), bajo el sobrenombre genérico de Petrarquismo. Influyente fue su concepción humanista, con la que intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del cristianismo.


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a Morales Barco

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Archivo

Semblanza Roberto Fernández Retamar Este poeta antillano nació el 9 de junio de 1930 en La Habana, Cuba. Entre 1945 y 1946 estudió artes plásticas. Se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de La Víbora, en La Habana (1947). En 1948 abandonó la carrera de arquitectura y en 1954 se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. En 1955 realizó un curso de lingüística en La Sorbona, y en 1956 estudió en la Universidad de Londres. Tras su regreso a Cuba en 1958, integró durante la dictadura de Batista el Movimiento de Resistencia Cívica y publicó en la prensa clandestina. Tras el triunfo de la Revolución (enero de 1959) se incorporó nuevamente a la universidad. En 1960 ocupó el cargo de consejero cultural en París. Como delegado de Cuba asistió a la XI Conferencia General de la Unesco. En el primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (1961) fue elegido secretario coordinador de la Uneac. Entre 1998 y 2013 fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado. Fue entre 1947 y 1948 jefe de información de la revista Alba (para la cual entrevistó a Ernest Hemingway), colaborador desde 1951 de la revista Orígenes que fundara José Lezama Lima, director entre 1959 y 1960 de la Nueva Revista Cubana, consejero cultural de Cuba en Francia (1960). Fundó en 1962 y codirigió hasta 1964, junto a Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y José Rodríguez Feo, la revista Unión. En 1965 empezó a dirigir la revista que es órgano de la Casa de las Américas, institución que además presidió desde 1986. Fundó en 1977 y dirigió hasta 1986, el Centro de Estudios Martianos y su Anuario. Desde 1955 fue profesor de la Universidad de La Habana (que en 1995 lo nombró Profesor Emérito), habiéndolo sido igualmente, entre 1957 y 1958, de la Universidad de Yale, y ofreció conferencias, lecturas y cursos, y asistió a reuniones en muchas otras instituciones culturales de América, Europa y Japón. Desde 1995 fue miembro de la Academia Cubana de la Lengua, que dirigió entre 2008 y 2012, y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Fue director de la Nueva Revista Cubana. Colaboró en numerosos periódicos y revistas, y perteneció a los consejos de redacción de varias de estas últimas, en América y Europa. Fue profesor honorario (1986) de la Universidad de San Marcos(Lima) y doctor honoris causa de las Universidades de Sofía (1989), Buenos Aires (1993) y Universidad Central de Las Villas (2011). Autor de Órbita de Rubén Martínez Villena (1964), de la selección y el prólogo de la antología Cinco escritores de la Revolución rusa (1968) y de la antología de poesía Para un mundo amasado por los trabajadores (1973), entre otros muchos trabajos de esa índole. En colaboración con Fayad Jamís compiló la antología Poesía joven de Cuba (1959). Desde 1962 y hasta 1965, respectivamente, fue profesor de la Escuela de Letras y de Arte de la Universidad de La Habana. El 10 de junio de 2008 fue elegido director de la Academia Cubana de la Lengua, de la que fue miembro desde el 17 de septiembre de 1995, ocupando el sillón letra K. Falleció el 20 de julio de 2019 en La Habana, Cuba, a los 89 años de edad.


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J.P. Morgan, un pirata bien vestido

A finales del siglo XIX, las personas empezaron a querer lucir su riqueza en público.

En Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XIX, un grupo de hombres extraordinarios y controvertidos encabezó la transformación de este país de una república de granjeros y comerciantes a una superpotencia propulsada a vapor. Adam Smith* us nombres —Vanderbilt, Carnegie, Rockefeller— siguen siendo sinónimos de fortunas colosales. Para algunos, estos hombres fueron los heroicos empresarios que hicieron grande a Estados Unidos. Para otros, fueron plutócratas que llevaron a mujeres y hombres que alguna vez fueron independientes a depender del tedioso trabajo asalariado: los “barones ladrones” que se robaron el sueño americano. A medida que la economía estadounidense avanzaba rápidamente a lo largo del siglo XIX, nada simbolizaba más ese dinamismo en todo su caos feroz, que los ferrocarriles. Los dueños de las compañías ferroviarias mintieron, engañaron y sacaron del camino a otros para hacer sus fortunas.

Fue competencia empresarial en su estado más crudo. Pero un titán de los negocios, John Pierpont Morgan, quiso no solo ganar la competencia sino detenerla, incluso si eso requería el mismo nivel de crueldad. Cornelius Vanderbilt hizo su fortuna con los barcos, Jay Gould, con los trenes; Andrew Carnegie, con el acero, y John D. Rockefeller, con el petróleo. Por su parte, J.P. Morgan hizo fortuna—mucho más modesta— con las fusiones corporativas. Los otros “barones ladrones” tenían la ventaja de ser los más grandes en cada uno de sus sectores, pero aún así permanecían vulnerables a los choques sistémicos de la economía.

Encuentro

J.P. Morgan, el primer banquero de la era moderna —o el “disciplinador del mercado”, como se le ha llamado—, se aseguró de que

Imagen del empresario Cornelius Vanderbilt y el resto de los “barones ladrones” que dominaron la economía estadounidense durante el siglo XIX y comienzos del XX.

ninguna empresa que fuera demasiado grande como para fracasar, lo hiciera. En 1885, Morgan usó enérgicamente su poder de intermediación para evitar una guerra de precios entre los dos ferrocarriles más grandes de la costa este de EE. UU. Carnegie financiaba al Ferrocarril Central de Nueva York para construir una nueva línea que rompiera el monopolio que tenía el Ferrocarril de Pensilvania sobre el transporte de su acero. El magnate de origen escocés buscaba reducir sus costos de flete. Pero Morgan temía que si dos grandes ferrocarriles participaban en una guerra de precios destructiva que ninguno de los dos podía afrontar, la economía se desestabilizaría. A espaldas de Carnegie, Morgan organizó una reunión secreta con los presidentes de ambas empresas ferroviarias en su opulento yate, el Corsario. Fue el lugar perfecto para ese encuentro: nadie podía bajarse antes de haber aceptado los términos de Morgan, a menos que quisiera nadar. Y así, Morgan obtuvo lo que quería. No gracias a un diálogo intenso, sino principalmente clavándole la mirada a los dos hombres desde


Guatemala, viernes 26 de julio de 2019 Fotos: Archivo

“J. P. Morgan fue uno de los fideicomisarios del Museo Metropolitano de Arte, y estaba en el consejo directivo del Museo de Historia Natural”. “En la sociedad altamente estratificada, como lo era Nueva York, poder invertir en la filantropía era una forma de demostrar que habías llegado a la escena social”, señala Cohen. Pero el consumo no era solo una ansiedad de élite; también trajo nuevas posibilidades para las masas. “Las maravillas tecnológicas de entonces no tenían precedentes. Desde el teléfono y la luz eléctrica hasta el ascensor y los rascacielos”, detalla Fraser. “También es el momento del fonógrafo y el cine”, agrega Cohen. Pero a pesar de todo esto, algo se perdió. Los cambios sísmicos que llevaron a EE. UU. los “barones ladrones” transformaron el concepto del sueño americano. “El sueño americano alguna vez se asoció con el logro de un bienestar en una escala modesta, con lograr la igualdad con tus pares”, explica Fraser. “A finales del siglo XIX, el sueño se transforma: Wall Street se convierte en un patio de recreo, un lugar donde todos pueden ir y hacerse superricos de la noche a la mañana. Así, el sueño americano se agranda, se torna como obeso”. Para el historiador, esa aspiración también queda mancillada. “Después de la era industrial hay enormes desigualdades, por lo que el viejo sueño se pone rancio”.

El legado

una silla en la esquina, con el ceño fruncido como un director de escuela decepcionado, hasta que los ferroviarios prometieron no competir. Para Morgan, sofocar la competencia no era solo una forma de ganar dinero, sino también de poner orden en la economía. En esta ocasión, por una vez, Carnegie salió perdiendo. “Morgan logró llevar un alto grado de orden al sistema financiero y a la economía estadounidense”, señala el historiador Steve Fraser.

El casi colapso de 1907

La batalla de Morgan contra la competencia irracional “ruinosa” abarcó todo el campo de la economía estadounidense: desde la agricultura (creó International Harvester) y las telecomunicaciones (AT&T), hasta la electricidad (General Electric) y la industria que dominaba Carnegie, el acero. “US Steel es la primera corporación de mil millones de dólares creada por Morgan en 1901 para consolidar la mayor cantidad posible de la industria del acero, comprando, fusionando y creando esta única corporación”, señala Fraser. “Esto reduce drásticamente el nivel de competencia para estabilizar el mercado”. “Debido a que es muy respetado y porque la influencia de su banco se extendió tan ampliamente en todo el sector financiero, en 1907, cuando parece que se avecina otro colapso financiero, Morgan pudo reunir a su círculo de banqueros y hacer que rescataran al trust

de sociedades fiduciarias, cuyo hundimiento hubiera tirado abajo a la economía”, cuenta el historiador. “Fue capaz de enderezar la economía, cosa que un solo hombre no hubiera podido hacer más adelante, cuando la economía creció a mayor escala”. Morgan fue una pieza clave tanto en la configuración de la nueva economía estadounidense como en la creación del nuevo perfil público de los más ricos y poderosos. Hoy consideramos la ostentación de riqueza como algo natural, pero a finales del siglo XIX y principios del XX, era algo novedoso en EE. UU. Es un mundo que captura muy bien la novela de Edith Wharton, The House of Mirth (La casa de la alegría), donde, especialmente si eres mujer, lo que vistes puede ser crucial para tu lugar en el mundo. Y así, la nueva riqueza también trajo una nueva forma de ansiedad. “Es la era del consumo conspicuo”, dice Joanna Cohen, de la Universidad Queen Mary de Londres. “El yate de J.P. Morgan, el Corsario, es el ejemplo perfecto de la riqueza ostentosa. Pero no son solo los grandes ‘barones ladrones’ los que gastan dinero, todos gastan más y utilizan más crédito en bienes, ropa, muebles de lujo y diseño de interiores”. “Entonces, ¿qué hacen estos tipos con enormes fortunas? La invierten en filantropía”, explica la historiadora.

¿Cual fue entonces el legado que dejaron J.P. Morgan y los otros “barones ladrones”, como Vanderbilt, Gould, Carnegie y Rockefeller, cuyos nombres aún resuenan hoy? “Algunos todavía admiran la enorme influencia que tuvieron, mientras que otros creen que fueron una de las más grandes amenazas a la República”, dice Cohen. “Son grandes símbolos morales: por un lado representan las historias de mayor éxito de EE. UU. Por el otro, simbolizan todo lo que puede salir mal en un país: la avaricia, la corrupción”. Los “barones ladrones” dejaron imponentes construcciones, como el Rockefeller Center y el Carnegie Hall, pero además moldearon las grandes ciudades, con sus enormes edificios, grandes corporaciones y millones de habitantes, que fueron un producto de la revolución económica que ellos lideraron en el siglo XIX. Estos magnates también dejaron su huella en el gigante contraste que sigue habiendo entre los dueños de los enormes edificios y grandes corporaciones y las personas que perdieron todo con las disrupciones económicas. Los “barones ladrones” fueron el producto de dos impulsos que compitieron: por un lado, celebraron su propio individualismo y fueron los grandes disruptores, trayendo nuevas tecnológías y nuevas formas de hacer negocios para derrocar al antiguo orden económico. Pero, por otro lado, lograron acumular sus colosales fortunas no siendo innovadores, sino imponiendo monopolios y venciendo a la competencia con una despiadada lógica de “economías de escala”. ¿Por qué los “barones ladrones” siguen importando hoy? Porque también vivimos en un mundo en el que existen dos fuerzas beligerantes: la “disrupción” económica y el enorme poder corporativo. Es una realidad que los


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“barones ladrones” reconocerían, porque es el mundo que ellos ayudaron a crear.

La foto

Según la periodista Abigail Tucker, de la revista Smithsonian, J.P. Morgan estaba demasiado ocupado haciendo dinero, como para sentarse durante horas para ser inmortalizado en una pintura, como era costumbre en la época. En cambio, decidió comisionar un retrato fotográfico a un joven talento de entonces, Edward Steichen. Una de las dos fotos que este tomó en 1903 se convirtió en la imagen por

excelencia del magnate. “Se ve como un pirata bien vestido”, dijo a la revista la biógrafa Jean Strouse, acotando que “las fotos no mienten”: “Eso lo tenía dentro suyo”. Es que esta oscura foto lo retrata como un capitalista despiadado, quien incluso parece tener una daga en su mano izquierda. Según explicó Penélope Niven en su biografía de Steichen, “el gran banquero se erizó ante la lente del fotógrafo”. Steichen comprendió entonces que “para llegar a la esencia” del individuo en un retrato, “necesitas guiar o sorprender a tu sujeto en esa

revelación de carácter”. En un principio, J.P. Morgan rompió la copia, pero luego intentó hacerse del original, ofreciendo por él hasta lo que hoy serían más de US $140.000, de acuerdo con el citado artículo aparecido en Smithsonian. La crítica de fotografía Vicki Goldberg afirmó: “Si esta iba a ser la imagen pública de él, entonces tenía sentido que un hombre que era un barón ladrón, tan inteligente respecto a su colección de arte y al control de tantas fortunas, quisiera tener control de esto”. Pero no lo consiguió. BBC

Los “barones ladrones”, como Cornelius Vanderbilt (der.) y Jay Gould, a su lado, tuvieron un éxito descomunal, pero usaron métodos muy cuestionados.

El Corsario, el yate que J.P. Morgan utilizaba para hacer negocios... y ostentar su fortuna.

El retrato más famoso de J.P. Morgan fue tomado por Edward Steichen en 1903.


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Gavetas

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Guido Gallignani DCA, 17 de diciembre de 1935.- El nombre de este gran contrabajista es bien conocido en Guatemala, por sus labores como catedrático del Conservatorio Nacional de Música, durante 5 años. Hace poco, Gallignani partió para México, después de haber terminado su contrato con el Gobierno de Guatemala, acompañado del violinista Gastone Pellegrini, quien durante varios años fue director de la mencionada casa de estudios en la capital. Notas críticas de los diarios El Día, El Universal y Excélsior, de la capital mexicana, juzgan el concierto de presentación de Gallignani en el teatro Hidalgo. El crítico musical Carlos del Castillo, dice en El Día: “Guido Gallignani se presentó ante nuestro público, logrando desde el primer momento imponerse por su musicalidad, su completo dominio de virtuoso del contrabajo y su profunda y noble manera de sentir. Apreciamos desde luego un bellísimo sonido que hace olvidarnos del monumental instrumento, y recordar vivamente el violoncello; su canto es siempre de gran amplitud y su fraseo y estilo muestran al maestro sabio y experimentado. La interpretación del bellísimo concierto de Kowssevitzki, el gran virtuoso y director de la sinfónica de Boston, fue la nota culminante de la noche; también la dulce melodía de Pratella y la tremenda Tarantella de Franchi, entusiasmaron al público hasta el delirio. La colonia italiana acudió a escuchar y aclamar a su ilustre compatriota”.


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Reporte en V

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Enseñar Economía en H Raj Chetty se doctoró con solo 23 años en la prestigiosa universidad y ahora es pionero de una nueva y revolucionaria forma de enseñar la disciplina en las aulas. Enrique Zamorano* i hay una carrera con gran peso en Harvard, esa es la de Economía. Durante años, la universidad más famosa del mundo occidental ha formado a los mejores alumnos y contado con los profesores más brillantes. Desde Gregory Mankiw, exasesor del presidente George W. Bush, hasta el venezolano Ricardo Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la institución. En definitiva, su rasgo más definitorio es la excelencia académica, y los que ahora mismo se encuentren realizando tesis doctorales o impartiendo clases serán las voces del conocimiento científico del futuro, en pos de resolver los problemas del mañana más acuciantes. Voces como la de Raj Chetty, un economista indio-estadounidense que hasta hace poco era uno de los miembros prominentes de la facultad y que esta misma primavera se pasó a la Universidad de Stanford, cuyas ideas son elementales para resolver los conflictos del momento que hay en el seno de la sociedad estadounidense, como la enorme desigualdad económica y racial. Uno de sus máximos hitos fue el de realizar un mapa de esta disparidad de oportunidades a partir de ingentes cantidades de datos fiscales de Hacienda (IRS, por sus siglas en inglés). El profesor fue barrio por barrio, analizando cifras para demostrar que los niños racializados tienen muchas menos posibilidades de ascender que los blancos.

Enseñanza ética

Chetty tiene un objetivo claro: enseñar economía desde un punto de vista ético y global, sensibilizar a sus alumnos sobre las diferencias entre las clases sociales, quién gana y quién pierde, con el fin de paliar los efectos de esta desigualdad. Claro que, al impartir nociones tan críticas con la economía a pequeña y gran escala, también se ha ganado sus detractores. Sus compañeros de aula muestran disparidad de opiniones sobre su método, ya que asumen con recelo esta visión positiva de que la regulación de la economía pueda poner fin a los problemas, y más aún después de la grave crisis financiera que, según estos escépticos, demostró que los mercados a veces fracasan. “Su trabajo tiene implicaciones políticas, pero él mismo se abstiene de hacer recomendaciones firmes a los Gobiernos o entidades públi-

cas”, asegura el periodista económico Dylan Matthews, quien ha pasado por sus clases en Harvard para conocerle de cerca y después elaborar un extenso reportaje sobre su perfil en Vox. “Hillary Clinton y Jeb Bush le consultaron de manera informal durante su campaña

en 2016, pero él nunca ha aceptado un puesto de asesor”. Nacido en 1979, el joven se graduó en Economía en apenas tres años y obtuvo el doctorado en Harvard en otros tres, con tan solo 23 años. Su gran logro fue ser galardonado con la Medalla John Bates Clark, otorgada anualmente


Viernes

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Harvard

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Fotos: Archivo

La economía puede ser equiparable a disciplinas como la salud, según este economista. Es una herramienta cuya eficacia debe ser siempre puesta a prueba sobre el terreno.

Métodos de enseñanza con una fuerte carga ética son aplicados por Chetty, echando mano de los datos que aporta la realidad familiar cotidiana, con una alta rigurosidad científica.

pública a raíz de la publicación de un par de artículos en 2014 en The New York Times y The Washington Post que cartografiaban la “movilidad económica”, un concepto que analiza la correlación entre los ingresos de padres e hijos. Sus clases se basan fundamentalmente en trabajar con una serie de herramientas concretas y aprender a usarlas, así como qué pueden hacer y qué no, por los ciudadanos de un país. Incluso de su propio vecindario: vivienda, educación, sanidad o en qué se usa el dinero de los impuestos. En lugar de tener que resolver problemas aplicando nociones teóricas, propone a sus estudiantes realizar cuatro proyectos a fin de curso usando datos auténticos de su realidad cotidiana y de la gente de su entorno.

El futuro según Chetty

al mejor economista estadounidense menor de 40 años. También obtuvo la beca MacArthur, entregada tan solo a entre 20 y 40 ciudadanos del país que “demuestran méritos excepcionales y prometen un continuo y mejorado trabajo creativo”. Chetty se convirtió en una celebridad

¿Cómo será el futuro para Chetty? Muchos agoreros auguran paro masivo a raíz de la automatización del trabajo y la entrada de las nuevas tecnologías (como la inteligencia artificial o la realidad virtual) en los entornos laborales. Él vaticina en sus estudios que solo la mitad o un poco más de la mitad de la población sabrá adaptarse a los cambios, dependiendo de la situación financiera que atraviesen sus familias. Para el economista, un 90% de los estadounidenses nacidos en 1940 terminaron siendo más ricos que sus padres, una tendencia que se ha reducido. Ahora, para los nacidos en los 80, el porcentaje es del 50%. Si Chetty sostiene algo, es la noción de que la economía es una disciplina empírica y demostrable, del mismo modo que la medicina. Así lo defendió en un artículo de opinión publicado en The New York Times, en el que estableció una comparación del debate económico con las controversias en materia de salud. En este sen-

tido, aboga por una auténtica ciencia comprobable frente a aquellos que solo se sirven de la teoría y las matemáticas para apoyar una medida monetaria o explicar un desequilibrio entre las curvas de oferta y demanda. Una visión que poco a poco va ganando mucho más peso dentro de la academia gracias a él, y que conduce a una concepción mucho más crítica de la materia, ya que aquello que se ha demostrado como un error no merece la pena ser revisado. “Me sorprendió el grado de rigor que requerían estos proyectos”, afirma Matthews. “No solo conocer los distintos planes económicos estatales que se llevan a cabo, sino también las razones de por qué se debe (o no) usar uno u otro. En vez de enseñar conceptos, lo que ofrece a sus alumnos es ayudarles a entender y aplicar medidas económicas, ser conscientes de las consecuencias que traen determinadas medidas mediante los datos, no predecir los efectos de una política gubernamental a partir de un modelo simple de oferta y demanda”. Estudiantes como Naomi Vickers, quien ha vivido en sus propias carnes la segregación racial y económica desde que era pequeña en su entorno familiar, “se dio cuenta de que los datos económicos expuestos tenían una relevancia inmediata en su historia personal”, recuerda el periodista, ya que el barrio en el que vivían sus abuelos es muy parecido al de sus padres actualmente, lo que quiere decir que la desigualdad sigue existiendo, y cada vez para más personas debido al aumento de la población. “Cuando miraba los lugares a los que nos mudamos, vi que mi familia encajaba bastante bien con esa tendencia”, afirma Vickers. “Al final nos acabaríamos mudando a otras zonas similares”. *El Confidencial


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Contando el tiempo

Tim Harford*

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La bicicleta, un in

o que parecía ser el mismo diablo —con la cabeza de un hombre y el cuerpo de una criatura extraña— venía volando colina abajo hacia ellos, a ras del suelo. Apuraron a sus caballos y salieron a toda velocidad, mientras que el diablo se salió del camino para caer en una zanja inundada. Imaginen el terror que sintieron cuando el diablo en cuestión se les acercó para presentarse. El hombre, un francés de pelo oscuro, estaba empapado y cubierto de sangre. Su nombre era Pierre Lallement.

Un día de otoño de 1865, dos hombres se sentaron en una taberna, en Connecticut, Estados Unidos, para calmar sus nervios con un buen trago. Venían conduciendo una carreta en una colina cercana, cuando escucharon un grito estremecedor que les puso la piel de gallina.

Fotos: Archivo

Sin frenos ni cambios

El joven mecánico estaba desde hace unos meses en EE. UU. y había traído consigo una máquina inventada por él: una construcción de dos ruedas con pedales llamada “velocípedo”. Más tarde, la llamaríamos bicicleta. Lallement patentó su invención, que aún no tenía los cambios ni la cadena de las bicicletas modernas. Tampoco tenía frenos, y por eso terminó dentro de una zanja. Su complicado modelo fue pronto superado por el biciclo, que no era el vehículo tranquilo que nos imaginamos mirando las fotos color sepia con nostalgia, sino uno el doble de rápido que el velocípedo. Lo conducían casi exclusivamente jóvenes intrépidos, subidos arriba de la inmensa rueda que amenazaba con expulsarlos hacia adelante ante el menor obstáculo. Pero el siguiente paso tecnológico, la “bicicleta segura”, atrajo a un grupo mucho más amplio. Se parecía mucho a las bicicletas modernas con cadena, ruedas de la misma medida y un cuadro en forma de diamante. La velocidad se lograba no gracias a una rueda gigantesca sino a engranajes.

Poder femenino

Incluso mujeres en vestido podían conducir estas bicicletas. Aunque esto no era algo que le importara a Angeline Allen, quien causó sensación en 1983, andando en su bicicleta en las afueras de Nueva York. “Usó pantalones”, decía un titular en una popular revista de hombres, que añadía que Allen era joven, bonita y divorciada. La bicicleta fue liberadora para las mujeres. Para andar en ellas debían deshacerse de los corsés y las faldas reforzadas y usar ropa más confortable. También significaba moverse sin chaperona. Las mentes conservadoras expresaron su preocupación: temían que la “inmodesta bicicleta” diese lugar a la masturbación e incluso a las prostitución. Pero estos temores pronto se vieron como ridículas. Tal como explica la historiadora Margaret Guroff, nadie parecía preocupado por lo que estaba haciendo Allen, solo por lo que usaba cuando lo hacía. Una mujer sola en público y en una bicicleta no parecía causar ningún escándalo.

Estas bicicletas, con ruedas de distinto tamaño, eran muy inestables.

Tres años después, Susan B. Anthony, activista por los derechos de la mujer durante la mayor parte del siglo XIX, declaró que la bicicleta había hecho “más por la emancipación de las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo”. Actualmente, la bicicleta continúa siendo una formidable aliada de las mujeres. En 2006, el Gobierno del estado de Bihar, India, comenzó a subsidiar la compra de bicicletas para niñas adolescentes que empezaban la escuela secundaria, para que las jóvenes pudieran viajar por varios kilómetros para asistir a clase. El programa parece haber funcionado, aumentando dramáticamente las oportunidades de que las niñas no abandonen los estudios. Incluso en EE.UU., la bicicleta ayuda a expandir horizontes. La superestrella de basquetbol LeBron James fundó una escuela en su ciudad natal, Ohio, que entrega de forma

gratuita una bicicleta a cada estudiante. James cuenta que cuando él y sus amigos andaban en bicicletas, se sentían libres. “Nos sentíamos en la cima del mundo”. La bicicleta ha sido, desde hace tiempo, una tecnología liberadora para los oprimidos económicamente. En sus primero años, era mucho más barata que un caballo, y ofrecía de alguna manera la misma libertad y servicios.

De la bicicleta al auto

La bicicleta también impulsó una revolución manufacturera, así como una revolución social. En la primera mitad del siglo XIX, se utilizaban piezas de ingeniería de precisión intercambiables para fabricar armas de fuego de grado militar para el Ejército de EE. UU. Estas eran caras. La intercambiabilidad, en principio, demostró ser costosa como para que se replicara


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nvento liberador

No es una exageración afirmar que la bicicleta transformó el mundo.

Para la activista Susan B. Anthony, la bicicleta hizo “más por la emancipación de las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo”.

dial, Japón estaba fabricando más de medio millón de bicicletas por año. Es fácil ver a la bicicleta como una tecnología del pasado. Pero datos recientes muestran que no es así. Hace medio siglo, la producción mundial de autos y bicicletas era más o menos la misma: 20 millones cada uno por año. Desde entonces, la producción de carros se ha triplicado, pero la producción de bicicletas ha aumentado el doble de rápido, hasta alcanzar las cerca de 120 millones de unidades al año. Y no es absurdo pensar que la bicicleta continúe yendo en esa dirección.

Tecnología con futuro

El Gobierno del estado de Bihar, India, subsidia la compra de bicicletas para que las jóvenes puedan acudir a clases.

en las fábricas civiles. Pero fue la bicicleta la que logró crear un puente entre la fabricación de productos militares de alta gama y la producción masiva generalizada de productos complejos. Los fabricantes de bicicletas desarrollaron técnicas simples y fácilmente replicables —como estampar chapas de metal frío para crear nuevas formas— para mantener los costos bajos, sin sacrificar la calidad. También desarrollaron neumáticos, engranajes diferenciales y frenos. Tanto las técnicas de fabricación como estos componentes innovadores fueron aprovechados por los fabricantes de autos, como Henry Ford. De hecho, la primera bicicleta segura fue hecha en 1885 en la fábrica Rover, en Coventry,

Inglaterra. No es coincidencia que Rover se convirtió más tarde en un jugador importante en la industria automotriz. La progresión de hacer bicicletas a hacer autos era obvia. La bicicleta también le permitió a Japón dar sus primeros pasos para modernizar su industria. El primer paso fue importar bicicletas a Tokio desde Occidente, alrededor de 1890. Luego crearon talleres de reparación de bicicletas. Más tarde, empezaron a hacer repuestos localmente, algo que no resultaba muy difícil para un mecánico habilidoso. Diez años después, estaban presentes todos los ingredientes para fabricar bicicletas en Tokio. Para cuando estalló la II Guerra Mun-

En una época en la que se está explorando el uso de autos sin conductor, muchos creen que el vehículo del futuro no tendrá dueños, sino que se alquilará mediante una aplicación en el teléfono móvil. Si es así, el vehículo del futuro ya está aquí: ya hay miles de esquemas para compartir bicicletas en todo el mundo, y su número va en aumento. También es posible alquilar algunas con motores eléctricos. Uber ya anunció que piensa enfocarse más en su negocio de motos eléctricas y bicicletas, y menos en los autos. Algunas empresas han tenido problemas iniciales con este modelo de negocio: muchas bicicletas han sido robadas, dañadas o abandonadas, y por esta razón muchas empresas han dejado de operar en ciertas ciudades. Sin embargo, este mercado parece estar creciendo, dado que la bicicleta sigue siendo el medio de transporte más rápido para circular en áreas de mucho tránsito. Lo único que desalienta a algunos ciclistas es el esmog, y la posibilidad de accidentarse, como le ocurrió al señor Lallement. Pero si la nueva generación de autos es eléctrica y no contaminante, y conducida por un robot considerado y precavido, puede que la popularidad de la bicicleta crezca velozmente. * BBC


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María López Vigil:

Fotos: Archivo

Premio Cervantes Chico 2019 Esta tesonera artista e irredenta viajera, maestra, periodista y escritora, nació en La Habana, Cuba, en 1944, vive en Nicaragua desde 1981, donde se nacionalizó en 1990. Fue reconocida por el Centro Nicaragüense de Escritores, en 2009, por sus libros de literatura infantil y por su contribución a inaugurar este género literario en aquel país centroamericano.

El Premio Cervantes Chico Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil ha sido otorgado a esta precursora hispanoamericana.

Gloria Carrión* n aquella ocasión, como estaba fuera del país, recibió la placa Alejandrita, una niña que leía sus cuentos y habló al público de lo mucho que le gustaban. La acompañó Eduardo Báez, director de Libros para Niños. Ese día, María López Vigil agradeció el reconocimiento en un escrito en el que decía: “En Cuba está mi ombligo, allí aprendí a leer y a escribir, a contar cuentos y a escucharlos. Soy sólo una cuentista, soy la niña que fui y que siempre va conmigo”. Recibió en septiembre de 2012 la Legión de Honor de Francia, entre otras cosas por sus libros dedicados a la gente menuda. En la entrega, el embajador francés en Nicaragua, Antoine Joly, dijo: “Es muy raro que Francia conceda la Legión de Honor a un infante. Si hoy lo hace es porque la República Francesa ha sido guiada en su elección por un don particular, que le ha permitido reconocer en esta niña los frutos prometedores de la mujer, de la teóloga, de la periodista y de la escritora, con ese espíritu juvenil, que marca cada una de sus etapas y que se expresa como una apoteosis en sus cuentos para la niñez”.

Hace 10 años le fue otorgado un reconocimiento en Nicaragua por su obra de carácter educativo, dirigida a pequeños y grandes. En su nombre, una niña recibió el galardón.

Ella, en sus palabras de aceptación de este reconocimiento, dijo: “Mi machete es la palabra. Durante diez años hilé palabras en el semanario popular El Tayacán. Y durante treinta años y hasta hoy las he moldeado en la revista Envío. Aquí en Nicaragua encontré la oportunidad de escribir para las niñas y los niños varios libros que sé que los han hecho pensar, soñar, sentir miedo, emocionarse, reír. Crecer”. Además de autora de varios libros, López Vigil es considerada pionera de la literatura infantil en Nicaragua, un país de niños y niñas, donde los cuentos que leían eran siempre de otros países, de otras culturas, de otras realidades. En 1988, preocupada por ese vacío, ASDI, la cooperación de Suecia en Nicaragua, al ver

que hasta entonces eran escasos los autores dedicados a la literatura infantil en el país, convocaron al concurso Los niños queremos cuentos. El texto de López Vigil, con dos ilustraciones de su hermano Nivio, ganó el primer premio. Así se inició su trayectoria como autora. Un güegüe me contó (1989), editado en Suecia, se considera un clásico de la literatura infantil en Nicaragua, y el libro con el que inició este género en el país. Impreso en Suecia en miles de ejemplares se ganó el corazón de niños y niñas. Veinte años después, ya eran madres y padres, cuando Libros para Niños hizo la segunda edición. En aquella ocasión, dijo su autora en una fiesta de celebración de la “edad adulta” del libro con sus primeros lectores: “Han pasado ya casi veinte años desde que Un güegüe


Guatemala, viernes 26 de julio de 2019

Libros publicados

Esta versión del Rabinal Achí, Patrimonio de la Humanidad, fue presentada en Guatemala en 2015.

me contó llegó a Nicaragua y creo, me parece, me atrevo a decir, que unos veinte mil niños y niñas lo han leído desde entonces. Tal vez ser la madre de este ‘hijo de papel’ me hace soñar con cifras tan altas… Cuando escribí este cuento, que también es historia, quería conectar a los niños de hoy con sus antepasados de ayer, con los orígenes más originales de nuestra matria Nicaragua. Quería darles un poquito de identidad, de raíces. Quería hacerlos reír. Y quería emocionarlos contándoles una historia de amor, la de Mingoxico y Xilochitl…”. Este libro, como todos sus libros, excepto el último, han sido ilustrados por su hermano Nivio, con larga trayectoria como ilustrador de más de un centenar de libros infantiles en España. “Es con Nivio que pienso y discuto el texto y es conmigo con quien Nivio evalúa las ilustraciones. El éxito que han tenido mis libros depende en gran medida de su genialidad como ilustrador”, ha dicho en varias ocasiones. Su segunda incursión en la literatura infantil ha sido también un aporte a que la niñez nicaragüense conozca mejor sus raíces, su identidad, la riqueza y brillantez de los modismos de su lengua oral. En ese segundo libro puso en lenguaje actual esa joya de la literatura colonial nicaragüense llamada el Güegüense.

El sueño del Güeguense

En 2007, en la presentación en Diriamba de este libro, recreación del clásico de la literatura nicaragüense, dijo: “Escribí este libro, porque desde que supe que en Nicaragua existía este tesoro lo busqué. Porque cuando lo encontré y lo leí, lo entendí a medias. Y comencé a preguntarme si a los niños y a las niñas no les pasaría lo mismo que a mí: que no entenderían nada o casi nada… que no es lo mismo, pero es igual. Entonces dije: Quiero entenderlo. Y quiero que lo entiendan”. “Y escribí este libro para ustedes, niños y niñas, chavalas y chavalos... Lo escribimos y lo ilustramos para que aprendan a soñar con otra Nicaragua, la que tenemos pendiente de construir entre todos. Tal como el Güegüense, que dormía en un petate revolcado y soñaba que tenía un palacio. Que llevaba cuatro chunches viejos en su motete y lo imaginaba lleno de maravillas. Recuerden: leer nos enseña a soñar. Y sólo imaginando y soñando seremos capaces de cambiar Nicaragua”. *Libros para niños

*Un güegüe me contó (Historia-relato-cuento de la Prehistoria nicaragüense, hasta la llegada de los españoles) Primer premio en el concurso convocado por ASDI (Cooperación sueca) en 1988, para escritores de cuentos para niños. Editado con el patrocinio de la Biblioteca Real de Estocolmo, en 1989. Segunda edición: Libros para Niños, Managua, 2009. *Historia del muy bandido, igualado, rebelde, astuto, pícaro y siempre bailador Güegüense (Recreación de la comedia-bailete nombrada en 2005 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad) “Una admirable versión a nuestra época de nuestro antiguo clásico indígena”, en palabras de Ernesto Cardenal. Anamá Ediciones, Managua, 1994. Resumen en alemán, Peter Hammer Verlag, Hamburgo, 1992. Segunda edición: Libros para Niños, Managua, 2007. Traducido al francés en 2010. *La balanza de Don Nicolás Sandoval (Relato-propuesta teatral sobre las principales discriminaciones que conocen y viven niñas y niños) Anamá Ediciones, Managua, 1999. Tomo 4 de la colección Preescolar Activa, Para conocer Nicaragua Editorial Océano, Barcelona, 2003. *Los dientes de Joaquín (Historia de un niño con un amor frustrado, por la falta de un diente…) Libros para Niños, Managua, 2005.

Otra de sus afortunadas recreaciones es la del tradicional baile del Güegüense, un personaje simbólico de Nicaragua.

*Cinco noches arrechas (Relatos de cinco de los espantos más conocidos de la tradición popular nicaragüense) Libros para Niños, Managua, 2008. *La lechera y el carbonero (Historia de amor entre una niña blanca y un niño negro. Un relato sobre el valor de la diversidad) Libros para Niños, Managua, 2010. *Baile del Tun – Drama Guerrero entre Varón Kiché y Varón Rabinal llamado Rabinal Achí (Recreación en lenguaje actual del texto quiché del siglo XI, declarado en 2005 por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad) Libros para Niños, Managua, 2014. *Mi mamá me quiere. Mi papá me quiere. Mi abuelita me quiere. Yo quiero a mi escuela. Yo me quiero. (Colección de cinco libritos para educar la afectividad) *Colección de 4 cuentos de la tradición miskita (Caribe Norte de Nicaragua) Libros para Niños, Managua, 2015. *La guía del pipián (Relato sobre el pasado, el difícil presente y el potencial futuro de Nicaragua) Libros para Niños, Managua, 2015. *Dennis Martínez, el chavalo relámpago (Relato sobre la infancia de la gloria del deporte nicaragüense y orgullo nacional) Libros para Niños, Managua, 2018.

Este libro constituyó uno de los primeros esfuerzos de la autora, por dar a conocer la historia de su país a los más chicos.


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Ventanas

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El mejor negocio de Wall Fotos: Archivo

No era que no tuvieran el dinero: Henry Rogers y William Rockefeller eran ricos industriales que habían hecho fortuna con el refinamiento del petróleo. Tampoco se trataba de uno de esos casos en los que las compañías se compran por nada, o casi nada, pues han perdido su valor. La Anaconda Copper Company era una próspera empresa minera estadounidense. BBC*

Anaconda Copper explotaba una rica vena de cobre, en Montana.

in embargo, Rogers y Rockefeller la adquirieron en 1899, sin poner un solo centavo de sus bolsillos, en lo que para algunos fue la mejor ejecución de compra de una empresa en la historia de Wall Street.

La época de los barones

Henry Rogers dirigía Standard Oil, la compañía fundada por los hermanos Rockefeller.

Anaconda Copper Company había sido fundada por un inmigrante irlandés, Marcus Daly, en 1880, con la ayuda de otros inversionistas, entre ellos George Hearst, padre del futuro magnate de la prensa, William Randolph Hearst. La compañía explotaba una rica vena de cobre en Montana, y Daly construyó la primera fundición de cobre de Anaconda para procesar el mineral. Por su parte, William Rockefeller cofundó junto a su hermano John la petrolera Standard Oil, que dirigía Rogers. Ambos tenían también intereses en la industria del cobre y los ferrocarriles. Los dos se juntaron para adquirir la compañía que había fundado Daly, sin gastar un solo dólar. ¿Cómo lo hicieron? Muy sencillo: dejando que el mercado de valores hiciera el trabajo sucio.

Situémonos en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX. Estamos en la época de los grandes barones: hombres como Jay Gould, Cornelius Vanderbilt, Andrew Carnegie o John Rockefeller (hermano de William), que se habían convertido en grandes magnates gracias a sus monopolios en el petróleo, la minería y el ferrocarril. Bueno, no solo gracias a eso, sino también a su habilidad para controlar —y manipular— los mercados financieros. Cuando alguno de estos hombres de negocios anunciaba una nueva inversión, el público respondía con entusiasmo comprando acciones en la bolsa de valores. Y el mejor ejemplo de ello es, precisamente, la compra de Anaconda Copper Company por parte de Rogers y Rockefeller. Robert L. Heilbroner, autor del libro de 1953 The Worldly Philosophers, lo describió en 5 sencillos pasos: Rogers y Rockefeller entregaron un cheque por valor de US $39 millones a Marcus Daly por las propiedades de Anaconda, con la condición de que lo depositara en el National City Bank y no lo tocara por un período determinado.

1.

El día en que se hundió la bolsa

En enero de 1979, en Ashford, Irlanda, Gordon Thomas y Max Morgan-Witts rubricaban la nota introductoria de un libro que vería la luz 5 años después: The Day The Bubble Burst, que narra, en un intenso estilo novelado, los acontecimientos que rodearon el crack bursátil, 50 años atrás. “El hundimiento de Wall Street, en 1929 — explican en la nota—, fue el desastre financiero más crítico de la Historia. Las advertencias de una probable repetición han sido encabezadas por el profesor Kenneth Galbraith. Ese otro decano de la economía estadounidense, Milton Friedman, ve en el monetarismo nuestra salvación financiera. Hemos tratado de explorar y relatar cómo llegó a producirse una situación semejante”. “Sostenemos que la mejor forma de narrar la historia es a través de las vidas de los protago-

nistas. Está Jesse Livermore, archimanipulador y némesis del Grand Bull Market, en combate financiero con grandes alcistas como Jacob Raskob, Billy Durant y Charles Mitchell. Sobre el telón de fondo de sus maniobras, Raskob está preparando su propio monumento, el Empire State Building; Durant está llevando a cabo una solitaria campaña para frustrar la política del Ministerio de Reserva Federal; Mitchell, presidente del mayor banco comercial, está urdiendo un plan para evitar pagar impuestos sobre sus millones”. “Está A. P. Giannini, fundador del Banco de América, recorriendo California a toda velocidad, en un Rolls Royce disfrazado de carro de bomberos y proyectando maniobras contra la poderosa Casa Morgan. Está Joe Kennedy, fundador de una dinastía, millonario hecho a sí mismo, resuelto a

vengarse de Jack Morgan, cuya última aparición pública es con un enano en el regazo”. “Está Henry Ford, enemigo jurado de Wall Street proporcionando leña al fuego antisemítico de Hitler. Está Clarence Hatry, en Londres, cuya ambición contribuyó, según algunos, al crack. Hablando con los hijos e hijas de estos hombres, estudiando sus escritos contemporáneos, sus Diarios y documentos de oficina, quedaron claras las insospechadas relaciones existentes entre ellos y se desenredó la enmarañada red de las altas finanzas”. “Pocos acontecimientos forjados por el hombre, a excepción de las Guerras Mundiales, crearon tanto dolor y amargura, y el temor de que pudiera repetirse. Quizá la protección contra tal eventualidad sea conocer, no solo por qué sucedió, sino cómo era estar allí cuando sucedía”. (Orbis)


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l Street 2.

Luego, crearon la sociedad gestora Amalgamated Copper Company, con sus propios empleados como directores ficticios, e hicieron que Amalgamated comprara Anaconda, no por dinero en efectivo, sino por US $75 millones en acciones de Amalgamated que se imprimieron convenientemente para ese fin. Paso seguido, Rogers y Rockefeller le pidieron prestado al National City Bank US $39 millones, para cubrir el cheque que le habían dado a Marcus Daly, y como garantía de este préstamo, utilizaron los US $75 millones en acciones de Amalgamated. Finalmente, vendieron las acciones de Amalgamated en el mercado (tras haberlas promocionado mediante sus corredores de bolsa) por US $75 millones. Con las ganancias, retiraron el préstamo de US $39 millones del National City Bank y se embolsaron los otros US $36 millones como beneficio en el trato. ¿Picardía? Para Heilbroner, esta operación involucró una “falta de honradez asombrosa”. “Los negocios, en esta era de baronía, eran negocios brutales y la moralidad podía ser vencida”, escribe. Estos barones de la riqueza no solo pisoteaban al público, sino que se hacían lo mismo entre ellos, señala Heilbroner, “y su comportamiento audaz y sin principios era menos una mezquindad calculada o una burla consciente de los ideales cristianos, que una energía desenfrenada que no conocía barreras de conciencia y amabilidad”.

3.

4. 5.

La mina chilena

A principios del siglo XX, Anaconda empezó a comprar mineras extranjeras y en los años 20 adquirió la Chuquicamata, la mina más pro-

¿Picardía? ¿Falta de honestidad? La compra de Anaconda Copper podría ser la mejor ejecución de compra de una empresa en la historia de Wall Street.

ductiva del mundo, situada en el norte de Chile. Décadas más tarde, en 1971, el recién elegido presidente de Chile, Salvador Allende, expropió las minas de cobre de Anaconda en el país, debilitando financieramente a la compañía, que acabó siendo adquirida a finales de esa década por la petrolera Atlantic Richfield Company. La adquisición de Anaconda Company, no obstante, siguió siendo una jugada maestra ejemplar de Wall Street.

El nombre de la calle es reminiscencia de lo que en el siglo XVII fue el límite norte de Nueva Ámsterdam. Allí, los colonos holandeses construyeron en 1652 un muro de madera y lodo, como defensa contra un eventual ataque de los indios lenape, o de los ingleses y colonos de Nueva Inglaterra. El muro fue derribado por los ingleses, en 1699. Aunque la muralla desapareció, el nombre de la calle sigue recordándola. A finales del siglo XVIII, existía un árbol justo al pie del muro, donde los intermediarios financieros y especuladores comerciaban informalmente. Este fue el origen de la Bolsa de Comercio de Nueva York. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la cultura empresarial de Nueva York la convirtió en un centro principal para la construcción de rascacielos, rivalizando con Chicago.

*British Broadcasting Company

Rockefeller fue uno de esos grandes barones que dominó la economía estadounidense, en el siglo XIX.

La calle del muro

Construido en 1914, el 23 Wall Street era conocido como la “Cámara de Morgan” y por décadas las oficinas centrales del banco eran la dirección más importante en las finanzas estadounidenses. A mediodía del 16 de septiembre de 1920, una bomba estalló frente al banco, matando 40 personas y causando lesiones a 300 más. Poco antes de que la bomba estallara, una nota de advertencia fue puesta en un buzón en la esquina entre la calle Cedar y Broadway. La advertencia decía: “Recuerde que no toleraremos más tiempo. Libere a los prisioneros políticos o será la muerte segura para todos ustedes. Anarquistas luchadores estadounidenses.” Mientras abundan las teorías sobre quién estaba detrás del bombardeo de Wall Street y por qué lo hicieron, después de 20 años de investigaciones, el FBI dio el caso por cerrado,

en 1940, sin encontrar a los autores. Cuando el World Trade Center fue destruido por los ataques del 11 de septiembre de 2001, dejó un vacío arquitectónico en la ciudad de Nueva York. Los ataques a las Torres Gemelas, además, contribuyeron a cierto declive en los negocios en Wall Street, debido a la relocalización temporal o permanente de muchas firmas. Sin duda, la pérdida del World Trade Center ha espoleado el desarrollo del centro financiero neoyorquino de una forma que no se veía en décadas. Esto es en parte atribuible a los incentivos fiscales provistos por los gobiernos federales, públicos y locales, para apoyar el desarrollo en otras partes.El nuevo complejo del World Trade Center, centrado en el plan Memory Foundations de Daniel Libeskind, se encuentra en desarrollo. (Wikipedia)


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Revista Viernes del Diario de Centro América del 26 de julio de 2019 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu