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Revista Viernes del Diario de Centro América del 20 de septiembre de 2019

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40 años de

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Apocalypse Now

Viernes Guatemala, 20 de septiembre de 2019 Año 7 No. 301


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Guatemala, viernes 20 de septiembre de 2019

Editorial En la madrugada, una sombra murmura una oración al tiempo que se inclina ante la llama de una vela roja.

Antonio Jo

Escritos polém

Aquel ritual le permite, por un lado, alcanzar las insondables alturas y, por otro, conectarse con la luz de aquello que, como consciencia, nos habita. La consciencia es fuego interior y en el idioma del fuego, las velas rojas significan amor, fe y voluntad, las tres pequeñas cosas que se requieren, nada menos que para cambiar el mundo. El amor, dicen, así como mata, salva, y la fe mueve montañas o las instala en el desierto; mientras que la voluntad constituye diamante de apoyo y cristal de quiebre. Asimismo, en la pelea, puede que gane más el derrotado pues aprende a conocer sus límites. Aunque el amor no tenga límites, la fe sea ciega y visionaria, al mismo tiempo, y la voluntad flaquee o se recomponga. Seguir adelante o retroceder cuando se debe, son los retos que se propone enfrentar el amor, mientras que la

a obra literaria de Irisarri es extensa, dispareja, intermitente, pero viva, chispeante e inseparable de su acción política. Por eso, esta compilación, que intenta exhibir en forma representativa al escritor, tiene un acentuado carácter autobiográfico. Desde sus primeras tentativas poéticas, compuestas en los últimos años de la dominación de España en la región, hasta sus postreras polémicas con los escritores de Chile, es fácil seguir la trayectoria de sus ideas, con su adhesión apasionada a los principios de la soberanía popular, de la libertad política y de la tolerancia, pasando por sus invectivas contra la anarquía que siguió a la Independencia, hasta su final admiración por las instituciones conservadoras de la sociedad civil, a la sombra de las monarquías constitucionales. Ricardo Donoso

fe reinventa los mapas, y la voluntad, como una llama, crece y decrece incesantemente. ¿Alguna sombra de duda? La fe. ¿Alguna herida profunda? El amor. ¿Alguna derrota? La voluntad de vencer. Siempre creer. Siempre amar. Siempre vencer.

Periodista

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Oriana Fallaci nació en Florencia, Italia, el 29 de junio de er a

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1929, y falleció ahí mismo el 15 de septiembre de 2006.

Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo

Escritora, periodista y activista, fue la primera corresponsal

Edición: Otoniel Martínez

de guerra italiana. Publicó una docena de libros, vendió

Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Freddy Pérez

Gua

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20 millones de ejemplares en todo el mundo y ganó prestigio internacional especialmente por sus entrevistas a personajes famosos a los que “enfrentó” con un estilo directo e incisivo.


osé de Irisarri

Semblanza

micos y satíricos

lería

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Guatemala, viernes 20 de septiembre de 2019

Mario Benedetti

Archivo

El escritor Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, 200 kilómetros al norte de Montevideo, Uruguay, hijo de los italianos Matilde Farrugia y Brenno Benedetti. Desde los 14 años empezó a trabajar como taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y de comercio. Miembro destacado de la llamada “Generación uruguaya del 45”, sus libros participaron del “boom” de ventas de la narrativa latinoamericana de los años 50 a los 70. De 1945 a 1975 trabajó en el semanario Marcha, clausurado por la dictadura. Fue profesor de literatura y partió como exiliado en los 70 a Buenos Aires, Lima, La Habana y España. Cultivó todos los géneros, con iniciación en la poesía con libros comoPoemas de oficina (1956), de tono cotidiano y existencial. Con los cuentos de Montevideanos (1960) incursionó en el realismo. En 1960 ensayó la crítica político-social con El país de la cola de paja. Sus novelas La tregua (1960) y Gracias por el fuego (1965) tratan de los vicios sociales de la sociedad de consumo. Su narrativa se politizó con El cumpleaños de Juan Ángel (1971) y Primavera con una esquina rota (1982), incorporando el tema del exilio y el retorno en La casa y el ladrillo(1977), Vientos del exilio (1982), Geografías (1984) y Las soledades de Babel (1991). Su obra de teatro Pedro y el capitán (1979) aborda la tortura. Reunió su tarea crítica en Letras del Continente Mestizo (1967), Sobre artes y oficios (1968), Del desexilio y otras conjeturas (1984) y Crítica cómplice (1988), así como la evocación autobiográfica en La borra del café (1993). En 1996 publicó sus Cuentos completos, y en 1995, el libro de poesías El olvido está lleno de memoria. En 1997, publicó Andamios otra novela en clave autobiográfica. El 16 de mayo del mismo año fue nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, en España, y el 30 de septiembre fue galardonado con el Premio León Felipe-97 a los Valores Cívicos que concede la fundación del mismo nombre. El 31 de mayo de 1999, recibió el VIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En este mismo año publicó dos obras Buzón de tiempo, donde reúne 25 cuentos inéditos, y Rincón de Haikus, un libro de poesía inspirado en la lírica japonesa. En 2003 regresó a la novela con el título La tristeza y otras alegrías. En septiembre de 2003 presentó, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, su libro El porvenir de mi pasado y en septiembre de 2004 apareció Memoria y esperanza. Un mensaje a los jóvenes, escrito para pedirles que nunca dejen de luchar por sus sueños, y se puso al servicio de las nuevas generaciones que quisieran escuchar sus consejos. Su última obra publicada, el poemario Testigo de uno mismo, fue presentada en agosto de 2008. En esta obra presentía ya el final de sus días, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz (su esposa, fallecida en 2006, tras 60 años de matrimonio). “Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo”, decía Benedetti, que arrastraba un delicado estado de salud. Falleció el 17 de mayo de 2009 en su domicilio de la capital uruguaya.


Guatemala, viernes 20 de septiembre de 2019 Fotos: Archivo

Actualmente no tenemos forma de saber si las langostas tienen una vida interior consciente, o si su comportamiento es puramente reflejo.

La consciencia: el gran enigma de la ciencia La “teoría de la información integrada” de Giulio Tononi podría resolver el mayor enigma de la neurociencia. David Robson* Puede una langosta sentir dolor de la misma manera que nosotros? Sabemos que tienen los mismos sensores, llamados nociceptores, que nos hacen estremecernos o llorar cuando estamos heridos. Y ciertamente se comportan como si sintieran algo desagradable. Cuando un chef las coloca en agua hirviendo, por ejemplo, mueven sus colas como si estuvieran en agonía. Pero, ¿son realmente “conscientes” de la sensación? ¿O esa respuesta es simplemente un reflejo? Cuando realizamos una acción, nuestras mentes se llenan de una experiencia consciente compleja. Sin embargo, no podemos suponer que esto también es cierto para otros animales, particularmente aquellos con cerebros tan diferentes al nuestro. ¿Es perfectamente factible? Algunos científicos incluso argumentan que es probable que una criatura como la langosta carezca de cualquier tipo de experiencia interna, en comparación con el mundo rico dentro de nuestra cabeza.

“Con un perro, que se comporta bastante como nosotros, que está en un cuerpo que no es muy diferente al nuestro, y que tiene un cerebro que no es muy diferente al nuestro, es mucho más plausible que vea cosas y oiga cosas muy parecido a nosotros, que decir que está completamente ‘oscuro por dentro’, por así decirlo ”, dice Giulio Tononi, neurocientífico de la Universidad de Wisconsin-Madison. “Pero cuando se trata de una langosta, todas las apuestas están canceladas”.

Acertijos

La cuestión de si otros cerebros, bastante ajenos al nuestro, son capaces de ser conscientes, es solo uno de los muchos acertijos que surgen cuando los científicos comienzan a pensar en la conciencia . ¿Cuándo surge por primera vez una conciencia de nuestro propio ser en el cerebro? ¿Por qué se siente como se siente? ¿Y las computadoras alguna vez podrán lograr la misma vida interna? Tononi puede tener una solución para estos rompecabezas. Su “teoría de la información integrada” es una de las teorías de conciencia más emocionantes que ha surgido en los últimos

años, y aunque aún no está probada, proporciona algunas hipótesis comprobables que pronto pueden dar una respuesta definitiva. Tononi dice que su fascinación surgió de adolescente con una preocupación “típicamente adolescente” por la ética y la filosofía. “Me di cuenta de que saber qué es la conciencia y cómo surgió es crucial para comprender nuestro lugar en el universo y lo que hacemos con nuestra vida”, dice.

El mejor camino

A esa edad, no sabía el mejor camino a seguir para responder esas preguntas: ¿serían las matemáticas?, ¿la filosofia?, pero finalmente se decidió por la medicina. Y la experiencia clínica ayudó a fertilizar su mente joven. “Realmente hay algo especial en tener una exposición directa a casos neurológicos y psicóticos”, dice. “Te obliga a enfrentar directamente lo que les sucede a los pacientes cuando pierden la conciencia o los componentes de la conciencia de maneras que son realmente difíciles de imaginar si no veías lo que sucede”. Sin embargo, su investigación publicada construyó su reputación con un trabajo pionero sobre el sueño, un campo menos controvertido. “En ese momento ni siquiera se podía hablar de consciencia”, dice. Pero siguió reflexionando sobre la cuestión y, en 2004, publicó la primera descripción de su teoría, que posteriormente amplió y desarrolló.


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Comienza con un conjunto de axiomas que definen qué es la conciencia. Tononi propone que cualquier experiencia consciente debe estructurarse; por ejemplo, si observa el espacio a su alrededor, puede distinguir la posición de los objetos entre sí. También es específico y “diferenciado” pues cada experiencia será diferente dependiendo de las circunstancias particulares, lo que significa que hay una gran cantidad de experiencias posibles. Y está integrado. Si miras un libro rojo sobre una mesa, su forma, color y ubicación, aunque inicialmente se procesan por separado en el cerebro, se mantienen juntos a la vez en una sola experiencia consciente. Incluso combinamos información de muchos sentidos diferentes, lo que Virginia Woolf describió como la “lluvia incesante de innumerables átomos”, en un solo sentido del aquí y ahora. A partir de estos axiomas, Tononi propone que podemos identificar la conciencia de una persona (o de un animal, o incluso de una computadora) desde el nivel de “integración de información” que es posible en el cerebro (o CPU). Según su teoría, cuanta más información se comparta y procese entre muchos componentes diferentes para contribuir a esa experiencia única, mayor será el nivel de consciencia. Quizás la mejor manera de entender lo que esto significa en la práctica es comparar el sistema visual del cerebro con una cámara digital. Una cámara captura la luz que golpea cada píxel del sensor de imagen, que es claramente una gran cantidad de información total. Pero los píxeles no están “hablando” entre ellos o compartiendo información: cada uno está grabando independientemente una pequeña parte de la escena. Y sin esa integración, no puede tener una experiencia rica y consciente.

División del trabajo

Al igual que la cámara digital, la retina humana contiene muchos sensores que inicialmente capturan pequeños elementos de la escena. Pero esos datos se comparten y procesan en muchas regiones cerebrales diferentes. Algunas áreas trabajarán en los colores, adaptando los datos en bruto para dar sentido a los niveles de luz para que podamos reconocer los colores incluso en condiciones muy diferentes. Otras examinan los contornos, lo que podría implicar adivinar que las partes de un objeto están oscurecidas; por ejemplo, si una taza de café se encuentra frente a una parte del libro, de modo que aún tenga una idea de la forma general. Esas regiones luego compartirán esa información, pasándola más arriba en la jerarquía para combinar los diferentes elementos, y sacar a relucir la experiencia consciente de todo lo que está frente a nosotros. Lo mismo vale para nuestros recuerdos . A diferencia de la biblioteca de fotos de una cámara digital, no almacenamos cada experiencia por separado. Se combinan y se entrecruzan para formar una narrativa significativa. Cada vez que experimentamos algo nuevo, se integra con esa información previa. Es la razón por la que el sabor de una única magdalena puede desencadenar un recuerdo de nuestra infancia distante, y todo es parte de nuestra experiencia consciente. Al menos, esa es la teoría, y es compatible con muchas observaciones y experimentos médicos. Un estudio, publicado en 2015, examinó los cerebros de los participantes bajo

diversas formas de anestesia, incluidos propofol y xenón. Para tener una idea de la capacidad del cerebro para integrar información, el equipo aplicó un campo magnético sobre el cuero cabelludo para estimular un área pequeña de la corteza debajo, una técnica estándar no invasiva conocida como estimulación magnética transcraneal (EMT). Cuando está despierto, se observa una compleja onda de actividad a medida que el cerebro responde al EMT, con muchas regiones diferentes que responden, lo que Tononi considera un signo de integración de información entre los diferentes grupos de neuronas. Pero los cerebros de las personas bajo propofol y xenón no mostraron esa respuesta: las ondas cerebrales generadas eran mucho más simples en forma en comparación con el bullicio de la actividad en el cerebro despierto . Al alterar los niveles de neurotransmisores importantes, las drogas parecían haber “descompuesto” la integración de la información del cerebro, y esto correspondía a la falta total de conciencia de los participantes durante el experimento. Su experiencia interior se había desvanecido a negro.

Sueños salvajes

Como otra comparación, el equipo también observó a los participantes bajo ketamina. Aunque el medicamento no responde al mundo exterior, lo que significa que también se usa como anestésico, los pacientes frecuen-

temente informan sueños salvajes, en oposición al puro “blanco” experimentado con el propofol o el xenón. Efectivamente, el equipo de Tononi descubrió que las respuestas al EMT eran mucho más complejas que las de los otros anestésicos, lo que refleja su estado alterado de conciencia. Estaban desconectados del mundo exterior, pero sus mentes todavía estaban muy excitadas durante sus fantasías inducidas por las drogas. Tononi ha encontrado resultados similares al examinar diferentes etapas del sueño. Durante el sueño no REM, en el que los sueños son más raros, las respuestas a EMT fueron menos complejas; pero durante el sueño REM, que con frecuencia coincide con la conciencia del sueño, la integración de la información parece ser mayor. Él enfatiza en que esto no es “prueba” de que su teoría es correcta, pero muestra que podría estar trabajando en las líneas correctas. “Digamos que si hubiéramos obtenido el resultado opuesto, habríamos estado en problemas”. La teoría de Tononi también coincide con las experiencias de personas con diversas formas de daño cerebral. El cerebelo, por ejemplo, es la masa en forma de nuez, de color gris rosado en la base del cerebro, y su principal responsabilidad es coordinar nuestros movimientos. Contiene cuatro veces más neuronas que la corteza, la capa externa del cerebro en forma de corteza, alrededor de la mitad del número total de neuronas en todo el cerebro. Sin embargo,

La teoría de Giulio Tononi afirma que la conciencia surge de ciertos tipos de procesamiento de información.

La teoría de la información integrada podría ayudar a predecir si las computadoras se volverán conscientes.


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La consciencia sigue siendo uno de los mayores misterios de la ciencia.

algunas personas carecen de un cerebelo (ya sea porque nacieron sin él o porque lo perdieron debido a un daño cerebral) y aún son capaces de percibir conscientemente, llevando una vida relativamente larga y “normal” sin pérdida de conocimiento. Estos casos no tendrían sentido si solo se considerara que la gran cantidad de neuronas es importante para la creación de la experiencia consciente. Sin embargo, en línea con la teoría de Tononi, el procesamiento del cerebelo ocurre, sobre todo, localmente en lugar de intercambiar e integrar señales, lo que significa que tendría un papel mínimo en la consciencia. Las medidas de las respuestas del cerebro al EMT también parecen predecir la consciencia de los pacientes en un estado vegetativo y no comunicativo, un hallazgo con aplicaciones clínicas potencialmente profundas.

Nuevas herramientas

Las grandes afirmaciones requieren de gran evidencia, por supuesto, y pocas preguntas científicas son más profundas que el misterio de la consciencia. Los métodos de Tononi hasta ahora solo ofrecen una aproximación de la integración de información del cerebro, y para demostrar el valor de su teoría se necesitarán herramientas más sofisticadas que puedan medir con precisión el procesamiento en cualquier tipo de cerebro. Daniel Toker, neurocientífico de la Universidad de California en Berkeley, dice que la idea de que la integración de la información es necesaria para la consciencia es muy “intuitiva” para otros científicos, pero se requiere de mucha más evidencia. “La perspectiva más amplia en el campo es que es una idea interesante, pero prácticamente no se ha probado”, dice. Todo se reduce a las matemáticas. Usando técnicas anteriores, el tiempo necesario para medir la integración de la información en una red, aumenta de forma “exponencial” con el número de nodos que está considerando, lo que significa que, incluso con la mejor tecnología,

el cálculo podría durar más que la vida útil del universo. Pero Toker ha propuesto recientemente un ingenioso atajo para estos cálculos que puede reducirlo a un par de minutos, que ha probado con mediciones de un par de macacos. Este podría ser un primer paso para poner la teoría sobre una base experimental mucho más firme. “Estamos realmente en las primeras etapas de todo esto”, dice Toker. Solo entonces podemos comenzar a responder las preguntas realmente grandes, como comparar la consciencia de diferentes tipos de cerebro. Sin embargo, incluso si la teoría de Tononi no resulta ser cierta, Toker cree que ayudó a impulsar a otros neurocientíficos a pensar más matemáticamente sobre la cuestión de la consciencia, lo que podría inspirar teorías futuras. Y si la teoría de la integración de la información fuera correcta, realmente cambiaría el juego, con implicaciones mucho más allá de la neurociencia y la medicina. La prueba de consciencia en una criatura, como una langosta, podría transformar la lucha por los derechos de los animales, por ejemplo. También respondería algunas preguntas de larga data sobre inteligencia artificial. Tononi argumenta que la arquitectura básica de las computadoras que tenemos hoy, hechas de redes de transistores, impide el nivel de integración de información necesario para la consciencia. Entonces, incluso si se pueden programar para que se comporten como un ser humano, nunca tendrían nuestra rica vida interna. “Según algunos, existe la sensación de que, más temprano que tarde, las computadoras pueden ser cognitivamente tan buenas como nosotros, no solo en algunas tareas, como jugar Go, ajedrez o reconocer caras, o conducir automóviles, sino en todo”, dice Tononi. “Pero si la teoría de la información integrada es correcta, las computadoras podrían comportarse exactamente igual que usted y yo; de hecho, podría incluso tener una conversación

con ellos que sea tan gratificante o más gratificante que con usted o conmigo, y aún así, literalmente, no habría nadie allí ”. Nuevamente, se trata de la cuestión de si el comportamiento inteligente tiene que surgir de la consciencia, y la teoría de Tononi sugeriría que no es así. Él enfatiza en que esto no es solo una cuestión de poder computacional, o el tipo de software que se utiliza. “La arquitectura física siempre es más o menos la misma, y eso no siempre conduce a la consciencia”. Incluso podría ayudarnos a comprender las formas en que interactuamos entre nosotros.

Consciencia grupal

Thomas Malone, director del Centro de Inteligencia Colectiva del Instituto Tecnológico de Massachusetts y autor del libro Superminds , aplicó recientemente la teoría a equipos de personas, en el laboratorio y en el mundo real, incluidos los editores de las entradas de Wikipedia. Ha demostrado que las estimaciones de la información integrada compartida por los miembros del equipo podrían predecir el rendimiento del grupo en las diversas tareas. Aunque el concepto de consciencia grupal puede parecer exagerado, piensa que la teoría de Tononi podría ayudarnos a comprender cómo grandes cuerpos de personas a veces comienzan a pensar, sentir, recordar, decidir y reaccionar como una sola entidad. Advierte que esto sigue siendo una especulación: primero debemos asegurarnos de que la información integrada sea un signo de consciencia en el individuo. “Pero creo que es muy interesante considerar lo que esto podría significar para la posibilidad de que los grupos sean conscientes”. Por ahora, todavía no podemos estar seguros de si una langosta, una computadora o incluso una sociedad es consciente o no, pero en el futuro, la teoría de Tononi puede ayudarnos a comprender ‘mentes’ muy ajenas a la nuestra.

*BBC


Gavetas

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Hemeroteca del Diario de Centro América

DCA, 4 de enero de 1936.-De todo el mundo es conocido el poderío del célebre editor de periódicos William R. Hearst. Según la revista Fortune es dueño de 28 periódicos, con un tiraje conjunto de 5 millones 500 mil ejemplares diarios y 7 millones los domingos, así como de 13 revistas mensuales, —entre ellas Housekeeping—

William Randolph Hearst

de las cuales 4 aparecen en Inglaterra con un tiraje conjunto de 4 millones 500 mil ejemplares. Es propietario además del servicio de artículos de fondo conocido como King Features, valorado en 8 mil millones de dólares. Posee además 6 radiodifusoras, 2 grandes empresas cinematográficas, cuantiosos bienes raíces en la

ciudad de Nueva York, un enorme castillo en el reino de Gales y 14 mil acciones de la mina de oro Homestake —la más grande de Estados Unidos—, 51 mil acciones en las minas peruanas de Cerro de Pasco y la mayoría de las de Guanacevi y San Luis (oro y plata), en México, a lo que se agregan 809 mil hectáreas de tierras agrícolas en EE. UU.

Construyó un castillo de 240 mil acres, en San Simeon, en California, y adquirió obras de arte que nunca han llegado a salir de sus envoltorios. Al momento, Hearst tiene a su servicio a 31 mil individuos de diversas capacidades. Aún para sus más allegados es virtualmente imposible calcular el valor real de su fortuna.


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Reporte en V

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Derrotas para lle En 2008, la deportista británica Annie Vernon competía con su equipo de remo en los Juegos Olímpicos de Pekín. A sus 25 años, Vernon era la más joven de un grupo experimentado que se podía convertir en el primer equipo de remo femenino en ganar el oro olímpico. Ian Leslie*

Para los atletas de élite, la experiencia de perder puede ser traumática.

n una ajustada carrera, fueron finalmente derrotadas por China. Vernon quedó devastada y sigue mentalmente marcada por la derrota. En una entrevista para promocionar su libro Mind Game, en el que habla sobre la psicología en el deporte de élite, la británica se refirió a este momento como “la característica definitoria de mi carrera”. Para quienes no somos atletas de élite es difícil entender el gran castigo que puede ser la experiencia de perder, como se dice, “por un ajustado margen”. Alcanzar el más alto nivel de rendimiento requiere un inmenso esfuerzo mental y, cuando te importa tanto ganar, la derrota se siente como un cruel castigo. Pero los mejores atletas (y también muchos de los demás) tienen una manera de convertir el dolor en combustible para cohetes. Para ellos, la derrota se convierte en una razón para esforzarse aún más la próxima vez. Tanto así que Vernon, por ejemplo, se recuperó de su decepción y logró, después, ganar el oro en el Campeonato Mundial de Remo 2010.

El trauma como estímulo

Annie Vernon (a la izquierda) después de perder el oro olímpico junto a su equipo en una ajustada final, en 2008.

UK Sport, el organismo gubernamental británico responsable de invertir en el deporte de élite, publicó recientemente los resultados de una investigación sobre las raíces del éxito en el deporte. El estudio es el resultado de entrevistas en profundidad con 85 atletas y entrenadores de élite, en las que se analizó las cosas que tienen en común los triunfadores excepcionales. Los investigadores encontraron que la mayoría de los atletas sufre un retroceso significativo al principio de su carrera, pero algunos reaccionan de manera diferente a los demás.

Tres de los cuatro miembros de The Beatles experimentaron importantes reveses al principio de sus vidas.

Para los atletas verdaderamente excepcionales (aquellos que ganaron medallas olímpicas), los reveses mejoraron su motivación. Mientras tanto, para los atletas simplemente “buenos”, las derrotas resultaron un motivo de desaliento. Paradójicamente, puede haber algo estimulante en la experiencia de terminar segundo en lugar de primero. Adam Leive, economista de la Universidad de Virginia, EE. UU., reunió una base de datos de ganadores de medallas en eventos olímpicos de atletismo entre 1846 y 1948, y analizó lo que sucedió en sus vidas tras haber ganado el premio. Leive descubrió que los atletas que perdieron el primer puesto en el podio vivieron vidas más largas y exitosas que aquellos que ganaron. Mientras tanto, los medallistas de plata fueron más ambiciosos en sus carreras posdeportivas, encontrando trabajos mejor remunerados. A la edad de 80 años, aproximadamente la mitad de ellos todavía estaban vivos, en comparación con aproximadamente un tercio de los medallistas de oro. Después de todo, el trauma de perder parece haberlos estimulado de por vida.

Justo detrás del líder

Estamos ante un fenómeno que se extiende más allá del deporte. Un artículo publicado recientemente en la revista Physics and Society muestra evidencia de que los científicos que sufren contratiempos al comienzo de su carrera se desempeñan mejor en sus vidas profesionales que el resto. Los autores del texto analizaron los datos sobre postulaciones para becas realizadas por jóvenes científicos que solicitaban fondos de


Viernes

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legar más lejos

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Fotos: Archivo

un niño cuando sus padres se divorciaron, fue criado en la pobreza por su madre y cayó gravemente enfermo cuando tenía 6 años, por lo cual debió pasar un año en el hospital. Ahora tiene 79 años y todavía corre por encima de los escenarios con su banda All-Starr.

Encender un fuego

los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. Los estudiosos identificaron dos grupos: los individuos “casi sin éxito”, cuyas solicitudes no obtuvieron el financiamiento; y los individuos “casi ganadores”, que recibieron la ayuda justo por encima del umbral. Al igual que UK Sport identificó entre los atletas, las derrotas actuaron como una forma de selección natural. Aproximadamente, uno de cada 10 de quienes no tuvieron éxito por un apretado margen desaparecieron del sistema por completo. Pero aquellos que perseveraron, publicaron más investigaciones de alto impacto durante la siguiente década que aquellos que tuvieron éxito por un corto margen.

El duelo y el éxito

Igualmente, los reveses vividos en la infancia pueden tener un efecto similar en el arco de la vida. El psicólogo Marvin Eisenstadt descubrió que, de una muestra aleatoria de 573 personas eminentes que merecían más de una columna en enciclopedias, casi la mitad había visto morir a su padre o madre antes de los 20 años. Nadie desearía perder a uno de sus progenitores, pues esto puede significar un mayor riesgo de problemas de salud mental más adelante en la vida. Pero también es cierto que un número sorprendente de personas de alto rendimiento han sufrido el duelo o algún otro tipo de trauma cuando eran niños. Tres de los ejemplos más famosos compartieron éxito juntos en los Beatles. La madre de Paul McCartney murió de cáncer, cuando él tenía 14 años. La de John Lennon murió en un accidente de tráfico cuando él tenía 17. Y Richard Starkey (Ringo Starr) no sufrió un duelo prematuro, pero desde luego sufrió. Solo era

Estos son ejemplos extremos en todos los sentidos, pero en general tendemos a subestimar la medida en que algún tipo de desventaja o contratiempo puede, paradójicamente, catapultar a las personas hacia grandes logros. Algunas personas pueden convertir el dolor y la ira generados por un revés en una feroz voluntad de triunfar. Al luchar contra las fuerzas que los empujan hacia abajo, muchas personas desarrollan poderes antigravedad que los elevan. Este principio es similar a uno biológico. Los levantadores de pesas saben que para que un músculo crezca, primero debe sufrir trauma. El ejercicio tiene que ser lo suficientemente bueno como para que se abran miles de pequeñas heridas, que el cuerpo puede reparar a medida que el músculo se fortalece. En la vida, como en el gimnasio, lo que determina si avanzas o no es cómo procesas los traumas. Los grandes triunfadores parecen encontrar una manera de realizar una especie de alquimia mental, convirtiendo la pérdida y la decepción en motivación. La otra cara de esto es que, algunas personas que crecen con todas sus necesidades materiales satisfechas, a veces carecen de impulso y dirección cuando son adultos. Es por eso que a algunos expertos en desarrollo de talento les preocupa que a los niños ni siquiera se les dé la oportunidad de experimentar contratiempos o malos momentos. En un artículo de 2012, los científicos deportivos Dave Collins y Aine MacNamara criticaron el enfoque de la mayoría de los sistemas de desarrollo de talentos en el deporte, que ponen énfasis en maximizar el apoyo a los atletas jóvenes y reducir el estrés. Los autores argumentaron que estos sistemas de entrenamiento bien financiados y de alta tecnología estaban haciendo la vida demasiado fácil para los atletas jóvenes, quienes necesitaban momentos de desafío o trauma para desarrollar resistencia. Es el camino rocoso, no el camino liso, lo que conduce a la grandeza. Por supuesto, incluso con todo esto en mente, no deberíamos ser excesivamente románticos con los contratiempos y los fracasos. Estos episodios son dolorosos y molestos y, a veces, una mala experiencia es pura y simplemente eso. Ciertamente, así es como se siente cuando lo estamos experimentando. Pero cuando uno se encuentra en uno de esos oscuros momentos de pérdida, vale la pena preguntarse si algún día podría convertirlo en algo bueno. Quizás Friedrich Nietzsche tenía razón cuando decía: “lo que no te mata, te hace más fuerte”. *BBC

Tres de los cuatro miembros de los Beatles experimentaron importantes reveses al principio de sus vidas.

Para muchos atletas de alto rendimiento, los reveses son una fuente de impulso para futuros éxitos.

En la vida, como en el gimnasio, lo que determina si avanzas o no es cómo procesas los traumas.


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Contando el tiempo

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Emociones antiguas

Solemos pensar que las emociones son fijas y universales. Sin embargo, estas, y las palabras que las definen, varían de país en país. *BBC Radio3

ensemos por ejemplo en la palabra schadenfreude, que solo existe en alemán y que describe el disfrute ilícito de la mala fortuna ajena. Y nuevas emociones aparecen todo el tiempo. El cambio de los emoticones, que tanto usamos actualmente para expresar nuestros sentimientos, también refleja lo dinámicas que pueden ser las emociones. Sarah Chaney, experta del Centro para la Historia de las Emociones, en Reino Unido, conversó sobre emociones del pasado que pueden ayudarnos a entender cómo nos sentimos hoy y sobre cómo el nombre que usaban para definirlas ha evolucionado. Estas son algunas.

Acedía

La acedía era una emoción muy específica experimentada por hombres de la Edad Media: monjes que vivían en monasterios.

Esta emoción surgía, por lo general, a raíz de una crisis espiritual. Aquellos que la experimentaban sentían desazón, desgano, apatía y, sobre todo, un poderoso deseo de abandonar la vida santa. “Es posible que hoy esto sea catalogado como depresión”, explica Chaney. “Pero la acedía estaba específicamente asociada con una crisis espiritual y con la vida en un monasterio”. Seguramente esto era una fuente de preocupación para los abades, que se desesperaban por la indolencia que acompañaba a la acedía. De hecho, con el paso del tiempo, el término “acedía” se fue volviendo intercambiable con el de “pereza”, uno de los 7 pecados capitales.

Frenesí

“Esta es otra emoción medieval”, dice Chaney. Ahora frenesí se usa para definir algo diferente. Es como la ira, pero es más específica que la ira que conocemos hoy. Alguien que experimentaba frenesí se habría sentido muy agitado. Habría tenido ataques violentos de furia, y habría hecho pataletas y mucho ruido”. Habría sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto. Esta emoción pone de relieve nuestra tendencia actual a pensar en las emociones como algo esencialmente interno, algo que podemos esconder si lo intentamos. Esto sencillamente no podía aplicarse a la gente que experimentaba frenesí en el Medioevo. Muchas emociones históricas están tan liga-

das a un tiempo y a un lugar que es imposible sentirlas ahora.

Melancolía

Es una palabra que usamos ahora para describir una especie de tristeza, calma o un estado contemplativo. “Pero en el pasado, la melancolía era diferente”, señala Chaney. “A comienzos del período moderno, se pensaba que la melancolía era una aflicción física que se caracterizaba por el temor”. Hasta el siglo XVI, se creía que la salud se veía afectada por el equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. La melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra. “Uno de los síntomas de la melancolía en ese entonces era el miedo. En algunos casos, la gente tenía terror de moverse porque pensaba que estaba hecha de cristal y se rompería”, cuenta Chaney. El rey Carlos VI de Francia sufría de melancolía y por ello había hecho coser varas de hierro en su ropa para evitar hacerse añicos de forma accidental.

Nostalgia

Esta es otra emoción que quizá creas que ya conoces, pero el significado ha variado. “Usamos la palabra ‘nostalgia’ de manera muy frecuente en las conversaciones contemporáneas, pero cuando empezó a usarse, se refería a algo que se pensaba que era una enfermedad Fotos: Archivo

En el pasado, las emociones se asociaban con más frecuencia a determinados momentos o lugares.


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física”, afirma Chaney. “Era una enfermedad del siglo XVIII de los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar”. Un caso severo de nostalgia podía incluso llevar a la muerte. No se compara realmente con nuestra definición actual de nostalgia, que describe la añoranza por los buenos tiempos.

Neurosis de guerra

Muchos habrán escuchado hablar de la neurosis de guerra, una condición que afectaba a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial. Al igual que la melancolía, la nostalgia y muchas otras experiencias emocionales a lo largo de la historia, la neurosis de guerra fue considerada a veces una emoción y otras una enfermedad, por la forma en la que se hablaba de ella y por cómo se trataba. “La gente que sufría neurosis de guerra tenía extraños espasmos y con frecuencia perdía la capacidad de ver y escuchar, pese a que no tenían ningún problema físico que se lo impidiera”, explica Chaney. “Al principio de la guerra, se pensaba que estos síntomas se debían a que las explosiones les habían sacudido el cerebro. Pero más tarde, pensaron que todos los síntomas eran provocados por las experiencias que había vivido el paciente y su estado emocional”.

La melancolía estaba asociada a los marineros que extrañaban su hogar en tierra firme.

Hipocondría

La hipocondría era otra condición médica que para el siglo XIX había adquirido asociaciones puramente emocionales. “Era básicamente la versión masculina de lo que los médicos victorianos llamaban histeria”, dice Chaney. “Se creía que causaba cansancio, dolor y problemas digestivos. En los siglos XVII y XVIII se pensaba que la hipocondría estaba ligada al bazo, pero más tarde se la asoció con los nervios”. Los victorianos creían que los síntomas eran causados por la hipocondría, o por la preocupación obsesiva por el cuerpo (a pesar de que se notaban los síntomas físicos, era la mente y las emociones las que se creía que estaban enfermas).

Demencia moral

El término “demencia moral” fue acuñado por el doctor James Cowles Prichard en 1835. “Efectivamente, significa ‘locura moral’”, explica Chaney, “porque por mucho tiempo la palabra ‘moral’ significaba ‘psicológica’, ‘emocional’ y también ‘moral’ en el sentido en el que usamos la palabra ahora”. Los pacientes que Prichard consideraba “dementes moralmente” eran aquellos que actuaban de forma errática o poco usual sin mostrar síntomas de un desorden mental”. “Él sentía que había un gran número de pacientes que podían funcionar como cualquier otra persona, pero que no podían controlar sus emociones, o cometían crímenes de forma inesperada”. La cleptomanía, por ejemplo, en mujeres educadas de alta sociedad, podía ser visto como un signo de demencia moral porque eran mujeres que no tenían motivos para robar. Era un término que servía para describir muchas emociones extremas y se aplicaba con frecuencia a niños difíciles. * British Broadcasting Company

La acedía se trataba de una emoción ligada directamente a los monjes de los monasterios.

El frenesí iba acompañado de una agitación física: hubiera sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.


Guatemala, viernes 20 de septiembre de 2019 Fotos: Archivo

Francis Ford Coppola en el set de Apocalypse Now.

40 años

de Apocalypse Now Considerada una de las mejores películas de guerra de la historia, un repaso por el detrás de escena de la gran obra de Francis Ford Coppola, que acaba de presentar su versión definitiva. Guillermo E. Pintos*

Portada de El Corazón de las tinieblas, de J. Conrad, base del guion.

o hay dos sin tres. Durante el neoyorquino Festival de Cine de Tribeca —una gran invención de Robert De Niro desde 2002— reapareció Apocalypse Now, una de las obras maestras de Francis Coppola y también, tal vez, la película bélica más perturbadora de la historia. Ahora se trata de una versión Final Cut, que estrenada en cines y formato blue ray: es la tercera versión de una película estrenada en 1979 con 147 minutos a la que le siguió un modelo redux publicado

en 2001 y que ampliaba la duración hasta las 3 horas y media. Según cuenta Coppola, que acaba de cumplir 80 años, volvió a verla hace unos años cuando se enteró de que tenía poder de disposición sobre la película. “Recordaba con agrado su arranque y su parte final, pero el resto casi lo había olvidado o lo recordaba mal: lo asociaba con algo un poco críptico, misterioso y complicado de entender. Pero me sorprendió. No era así, la película tenía misterio pero también claridad”, declaró. Adaptación de la novela de Joseph Conrad El corazón de las


Guatemala, viernes 20 de septiembre de 2019

tinieblas (1899) sobre el viaje por un río africano de un marinero en busca de un misterioso traficante de marfil, Apocalypse Now cambió el África colonial por la jungla vietnamita, el marinero por un capitán del Ejército estadounidense, y el traficante por un coronel rebelde, en plena guerra de Vietnam. El resultado es una de las películas bélicas más profundas y movilizadoras del cine en el siglo XX. Martin Sheen, Marlon Brando, Robert Duvall y unos jovencísimos Lawrence Fishburne, Dennis Hopper y Harrison Ford integraron el elenco. En 1979 se estrenó en Cannes con críticas elogiosas, y ganó la Palma de Oro y el premio Fipresci. Fue el comienzo de su recorrido por los premios más importantes, ya que también ganó el Globo de Oro a la Mejor película dramática y se llevó dos Óscar, con otras 6 nominaciones, entre las más importantes, “mejor película”, “mejor dirección” y “mejor guión adaptado”. En 2001 se añadieron 49 minutos de escenas eliminadas del montaje original, y eso dio lugar a una versión etiquetada como “Redux”. Ahora llegó el tiempo de un “corte final”. Dice Francis Ford que “al tener un registro de todos los cortes antiguos en Betamax, pude ver qué pasos se habían dado hacia la versión final. Eso llevó a lo que se llamó Apocalypse Redux, que tenía todo lo que había sido recortado, restaurado. Más tarde, una vez más, cuando me preguntaron qué versión personalmente quería que me mostraran, sentí que el 1979 original se había acortado bruscamente, y Redux era demasiado largo, entonces decidí cuál era la versión perfecta”. Ésta es la versión perfecta, asegura.

Diez años antes

La historia de esta película comenzó una década antes de su estreno original. En 1969, el guionista y director John Milius y un tal George Lucas le pidieron ayuda a Coppola para preparar un guión acerca del calvario estadounidense en Vietnam. Coppola no tenía experiencia en el tema, pero sugirió utilizar la estructura de El corazón de las tinieblas como marco narrativo. Warner Brothers le ofreció a Milius 15 mil dólares por un primer borrador, y en 6 semanas el guion estuvo escrito. Tiempo después, la Warner canceló —sin razones publicitadas— todos los proyectos que tenía con Coppola. El perjudicado entonces se propuso realizar el film de manera independiente. En 1975 comenzó a buscar inspiración para reescribir el guión con base en dos textos del periodista Michael Herr, que había cubierto la guerra desde el frente. En la primera versión, Milius había creado originalmente el personaje del coronel Kurtz en la figura de por lo menos tres militares: un boina verde que había sido expulsado del Ejército por ejecutar a un doble agente; un oficial de la CIA que había trabajado en Laos entrenando a los pobladores rurales con métodos que incluían torturas y mutilaciones; y el coronel David Hackworth, un condecorado veterano de Corea y Vietnam que se atrevió, luego de la guerra, a criticar sin tapujos la estrategia militar utilizada. Fue dado de baja con honores y se exilió en Australia. La versión preliminar del guion con las modificaciones que hizo Coppola está fechada el 3 de diciembre de 1975. En la superficie se trata de un viaje fluvial que un capitán y una pequeña patrulla emprenden en busca de un coronel rebelde, que ha conformado un ejér-

cito personal con nativos del lugar, quienes lo adoptaron como su líder. La misión del capitán Willard era encontrarlo y asesinarlo. La esencia conceptual de la historia —y de ahí el impacto de la película— es que el capitán combate en dos guerras: la suya interior, enfrentado a sus sangrantes y alucinantes demonios ante un premonitorio The End (The Doors) en una calurosa y claustrofóbica habitación de hotel; y en segundo lugar nada menos, la Guerra de Vietnam, el conflicto bélico que hirió el orgullo de la potencia global del siglo XX. El viaje que emprende por el río y la selva al encuentro del mesiánico y desquiciado coronel Kurtz, junto con varios, en un punto inocentes soldados —algunos pasados de rosca y otros enganchados a las drogas— se convirtió en una travesía de transformación interior que termina afectando a la propia película, cada vez más irreal, más onírica, sorprendente e incómoda, que obtiene su mejor catarsis en el encuentro entre Willard y Kurtz. Un duelo interpretativo entre el recién llegado (Martín Sheen) y su inevitable víctima (Marlon Brando), convertida en referencia de existencialismo, angustia y poder en medio de la orgía de muerte que propone una guerra. Con la sentencia “El horror, el horror” pronunciada por Brando y convertida en lapidaria definición. “El horror tiene rostro y debes hacerte amigo de él. El horror y el terror moral son amigos, porque si no lo son, son enemigos terribles”, dice el coronel.

Una filmación bélica

Todo sucedió realmente en un bosque tropical de las islas Filipinas entre el 20 de marzo de 1976 y el 21 de mayo de 1977. Allí se registraron 250 horas de celuloide de un rodaje perturbador e incluso enloquecedor, llevado a cabo a los saltos, con continuas alteraciones e interrupciones. Steve McQueen, Al Pacino, James Caan, Jack Nicholson, Gene Hackman y Robert Redford declinaron participar, ya sea por desacuerdos económicos, incompatibilidad con otros compromisos previos o desazón ante la perspectiva de filmar en una isla exótica. Marlon Brando, a pesar de su negativa inicial, fue el único que firmó un contrato. Recibió, por interpretar a Kurtz durante 5 semanas de rodaje, una exorbitante cifra para la época de 2 millones de dólares. Para el papel del capitán Willard se

contrató a Harvey Keitel, pero no duró mucho tiempo: a los pocos días de rodaje, ya con escenas grabadas, fue despedido. El remedio fue peor que la enfermedad. El sustituto fue un entonces semidesconocido Martin Sheen, quien poco después de llegar a Filipinas sufrió un infarto de miocardio provocado por su alcoholismo. El alcohol era, quizás, la sustancia menos peligrosa de las que tomaban en el rodaje, ya que el documental Corazones en tinieblas, que ofrece entrevistas e imágenes de aquel infierno, confirma el uso de drogas, especialmente cocaína y speed para aguantar las maratonianas jornadas de rodaje. Coppola no ayudaba a pacificar la situación. Estaba en la cima de su megalomanía, hizo que el presupuesto se desbordara y reescribía el guion por la noche y volvía todavía más loco a un reparto ingobernable. Por si fuera poco, en el lugar de los hechos ya estaba un adicto Dennis Hopper, quien como bien se cuenta en el excelente documental sobre su vida Along for the Ride, se mantuvo “volando” durante toda la expedición. Sheen tenía problemas muy graves con el alcohol, y como buen actor de método los introdujo en la película. Ahí está la famosa primera escena en donde su personaje baila descontrolado con una botella en la mano y da un golpe a un espejo. Puro realismo. Sheen se presentó borracho y en la danza loca se cortó la mano. La sangre que aparece es suya. Y todavía faltaba que llegara el inefable Brandon, cuya presencia requería menos jornadas de rodaje, pero con un papel protagónico de vital importancia. Cuando apareció en Filipinas tenía 40 kilos de sobrepeso y ni una línea del guion aprendida. Además, se negó a compartir escena con Dennis Hopper. En paralelo, otras vicisitudes tuvieron que ver con los medios técnicos de semejante producción, como los helicópteros utilizados, que aparecían y desaparecían del rodaje sin avisar. Proveía el Gobierno de Filipinas, entonces en plena guerra civil. Pasaron también por enfermedades tropicales, hubo desaparición de extras en la jungla filipina y escenas repetidas hasta el hartazgo. “Mi película no trata sobre Vietnam; mi película es Vietnam”. Palabras de Coppola en Cannes 1979, con 40 kilos menos, perdidos durante el rodaje. *Infobae

Coppola reescribía constantemente los pasajes del libreto que se rodarían.


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Ventanas

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Parece una idea sacada de la ciencia ficción. BBC* , ciertamente, numerosas novelas del género —empezando por Las fuentes del paraíso, publicada por Arthur C. Clarke en 1979— han coqueteado con la posibilidad de construir un ascensor entre la Tierra y el espacio. La idea, sin embargo, también ha sido considerada seriamente por numerosos científicos desde que Kosntantin Tsiolkovski, “el padre de la cosmonáutica soviética”, propuso construir una torre de 35 mil 786 kilómetros de altura, en 1895. Semejante estructura, argumentaba Tsiolkovski, permitiría colocar objetos en la órbita geoestacionaria de la Tierra sin la necesidad de cohetes. Y, desde entonces hasta la fecha, numerosos científicos han continuado desarrollando el concepto, como una forma de abaratar el costo de escapar a la atracción gravitacional de nuestro planeta. El gran problema, sin embargo, es que la construcción de una estructura de ese tamaño implica retos que hasta la fecha habían resultado imposibles de superar, incluso teóricamente. Durante la era de Tsiolkovski, quien dijo haberse inspirado en la Torre Eiffel, simplemente no existían materiales lo suficientemente resistentes para hacer realidad su sueño, entre otros problemas. Y lo mismo pasaba a mediados de la década de los 60, cuando un equipo de ingenieros estadounidenses examinó la posibilidad de utilizar un cable anclado a un satélite en la órbita geoestacionaria.

Cable espacial

Muchos otros científicos, sin embargo, han continuado trabajando para tratar de resolver el problema, alentados por la misma NASA y otras agencias espaciales. Y es que el desarrollo de nanotubos de carbono, en la década de 1990, convenció a la agencia espacial estadounidense de que, después de

Un ascensor a la Luna

Fotos: Archivo

La propuesta es “anclar” el cable en la Luna.

todo, un ascensor espacial es factible. Y a finales de agosto de este año, dos investigadores de las universidades de Cambridge (Reino Unido) y Columbia (EE. UU.) presentaron una nueva propuesta de ascensor espacial que, afirman, ya es “viable con la actual tecnología”. Bautizado como Spaceline (Cable espacial), el modelo desarrollado por Zephyr Penoyre y Emily Sandford propone “anclar” en la Luna un cable que se extienda hasta la zona de gravedad de la Tierra.“Con los materiales actuales, es factible construir un cable que se extienda hasta cerca de

Música de las estrellas

Desde la geometría de una coliflor hasta el perfil de una montaña o las ramificaciones de los ríos, tienen un comportamiento fractal, es decir, poseen una estructura parecida a todas las escalas (esto es, la invariancia de escala), de manera que, observándolos a través de una lupa o de un telescopio, no notaríamos diferencia. La mayoría de las estrellas son variables pulsantes (como lo es nuestro propio Sol), es decir, que su luminosidad varía periódicamente con el tiempo. Esto se debe a que ondas de densidad y temperatura que se generan en su interior llegan a la superficie de la estrella haciéndola oscilar, lo que provoca cambios en su brillo. Estas oscilaciones estelares forman patrones tridimensionales, como una cuerda de guitarra o la piel de un tambor en una y dos dimensiones respectivamente.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto Andaluz de Astrofísica (IAA-CSIC), expertos de una rama de la astrofísica denominada astrosismología, ha analizado estas oscilaciones de luminosidad. El propósito es tratar de clasificar las estrellas pulsantes en distintos tipos, cada uno con una determinada estructura interna y propiedades físicas, de la misma forma a través de la cual nuestro oído puede identificar distintos instrumentos musicales en una orquesta y, por ende, las propiedades de cada uno de aquellos, como el material o las dimensiones. Pero en el trasfondo de la música estelar hay más. Como explican los investigadores Juan Carlos Suárez Yanes y Sebastiano de Franciscis, “la música de una estrella pulsante resulta tener un

la altura de la órbita geoestacionaria, lo que facilitaría el recorrido y la construcción entre la Tierra y la Luna”, aseguran en un artículo para la revista Acta Astronomica, ya disponible en el portal ArXiv de la Universidad de Cornell. Dicho cable, estiman los investigadores, tendría que ser tremendamente estrecho en sus extremos, para no colapsar por causa de la presión gravitacional. Pero también necesitaría ensancharse en el centro, para prevenir su rotura. Y, gracias a este, en lugar de generar un impulso lo suficientemente fuerte para salir de

continuo rumor susurrante de fondo, como un público molesto en una sala de concierto, que dificulta la escucha”. Los investigadores han aplicado un algoritmo que se basa en el análisis armónico de Fourier, de series temporales con propiedades fractales para aislar la música estelar del molesto ruido de fondo, de una manera eficiente y sencilla. Esto permite depurar de la música estelar las oscilaciones que forman parte del ruido, y así identificar mejor y caracterizar las estrellas variables. Gracias a este método, se puede identificar y caracterizar mejor las estrellas variables. Se trata de un paso importante para entender cada vez más los mecanismos físicos que gobiernan las estrellas pulsantes, ya que ahora es posible ver más nítidamente en su interior. (SINC)


Viernes

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La idea de un ascensor espacial tiene más de 100 años.

la órbita terrestre, los astronautas solo tendrían que llegar al extremo inferior del Cable Espacial. Según la revista Futurism, una vez ahí “la nave espacial se aferraría a un transbordador alimentado por energía solar que subiría por el cable, que sería una pieza de infraestructura muy parecida a los primeros ferrocarriles: el transporte de personas y suministros sería mucho más sencillo y fácil que un típico viaje espacial”, le explicó Penoyre a la publicación.

Futuro próximo

En su escrito, los investigadores aseguran que los nanotubos de carbono serían lo suficientemente resistentes para hacer el trabajo.

Pero también reconocen que actualmente no es posible fabricarlos a escala, por lo que tampoco descartan el uso de otros materiales. La viabilidad de la idea de un ascensor espacial, sin embargo, fue ratificada este año por la Academia Internacional de Astronáutica (AIA) en un reporte especial sobre el tema. En El camino a la era del ascensor espacial, la AIA también afirma que la posibilidad de fabricación a gran escala de grafenos de cristal único (más resistentes incluso que los nanotubos de carbono) hace que su eventual construcción esté más cerca de lo que muchos piensan. *British Broadcasting Company

Un ascensor espacial reduciría significativamente los costos y complicaciones de lanzar cohetes con suficiente potencia, para escapar de la gravedad de la Tierra.

Invernaderos galácticos

Investigadores de España y de Taiwán han mostrado mediante cálculos precisos que el llamado efecto invernadero también se produce en los núcleos de las galaxias oscurecidas. Estos invernaderos galácticos tienen unos tamaños extraordinarios de entre 30 y 150 años luz, cuyo diámetro es de 0.042 segundos-luz. Los resultados del estudio se han publicado en la revista estadounidense The Astrophysical Journal. Según destaca Eduardo González Alfonso, primer autor del trabajo, el efecto invernadero en estos núcleos galácticos se produce porque “la radiación de las estrellas y de un (posible) agujero negro activo es absorbida por el circundante polvo interestelar, cuya emisión en el infrarrojo es a su vez absorbida por los propios granos y no escapa fácilmente (a un fotón o partícula de luz

del infrarrojo le cuesta del orden de 10 mil años escapar al exterior). Este atrapamiento de energía en el infrarrojo aumenta la temperatura en toda la región central de la galaxia”. En sus núcleos se dan brotes de nacimiento estelar extraordinarios, y las estrellas nacidas son, en general, mucho más grandes y brillantes que el Sol. Estos brotes solo son posibles por la acumulación sin par de enormes cantidades de gas y polvo –la materia prima de la que se forman las estrellas– en estas regiones nucleares. En relación con el efecto invernadero terrestre, los granos de polvo en tales galaxias desempeñan un doble papel, al atrapar eficientemente la propia energía que ellos mismos emiten. Además de observarse las enormes acumulaciones

de materia interestelar, se infieren temperaturas muy altas en estos núcleos –incongruentes con la luminosidad emitida por tales regiones– y se observa, por añadidura, la emisión brillante de gases (en particular, el cianuro de hidrógeno, -HCN-) con extrema excitación, lo que se puede entender con base en el sobrecalentamiento. “El efecto invernadero es un fenómeno físico universal que se dará allí donde prevalezcan las condiciones adecuadas. Si bien reside en nuestra colectiva mano la posibilidad de evitar tales condiciones en el planeta en el que vivimos, el efecto en los invernaderos galácticos permanecerá hasta que el material interestelar responsable sea expulsado por la actividad de las estrellas masivas y agujeros negros”, concluye el profesor González Alfonso. (SINC)


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Revista Viernes del Diario de Centro América del 20 de septiembre de 2019 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu