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Guatemala, viernes 27 de mayo de 2016
Editorial En el mundo de las ideas, aquella de Ptolomeo de que la Tierra es el centro del universo se mantuvo firme durante mil quinientos años. En cuanto un humanista polaco llamado Mikolaj Kopernik decidió proponer un nuevo modo de concebir el entorno, es decir, desplazar la Tierra como centro y sustituirla por el Sol, la astronomía como disciplina científica empezó a moverse cada vez más aceleradamente. Y con ella lo hizo también la conciencia occidental respecto del lugar de la especie en el cosmos: al no ser la Tierra el centro del universo, ni los humanos el centro de la creación, ese desplazamiento, dijéramos estructural, alienta también una conciencia de la interdependencia (¿intercentralidad?) de las diversas formas de vida, no solo en el planeta sino a lo largo y ancho de la carretera galáctica. De esa cuenta puede decirse que, tanto la Tierra como el Sol y tanto nuestra especie como otras manifestaciones de la materia, constituyen demostrablemente el centro de todas las cosas, precisamente por el valor que lo específico tiene en relación con el conjunto. Y, a propósito del Día Internacional del Árbol que saludamos en este número, los bosques son por cierto el centro de nuestro universo. En efecto: como especie giramos en torno a ellos y no ellos alrededor nuestro. Si copernicamos nuestra visión del mundo, es decir, si la descentralizamos, quizás descubramos que la vida es tanto lo que envuelve al universo, como lo que incontestablemente está en el centro de las cosas.
DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina. Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.
Palo de mayo Danza afrocaribeña que forma parte de la cultura de comunidades de Nicaragua, Belice, Honduras, Costa Rica, Panamá y Puerto Rico. Esta festividad tiene su origen en la cultura inglesa pues en sus inicios se celebraba para conmemorar el cumpleaños de la reina Victoria del Reino Unido.
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Hugo Carrillo
La calle del sexo verde ISBN: 978-9929-560-25-3
Cuento 135
El niño al que se le murió el amigo Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: “el amigo
nteresante el fenómeno creativo guatemalteco durante la segunda mitad del siglo pasado: mientras las opciones de cambio político se agotaban, generando un desgarramiento social cada vez más grande; mientras la mayoría de la población se mantenía en indignantes condiciones de atraso; mientras los sistemas educativos caducos e inoperantes obligaban a pensar en la cultura como un rubro de mínima importancia dentro de la lista de prioridades de la nación, diversos artistas produjeron obras sumamente valiosas. En este contexto de inagotable conflicto es donde aparece la obra dramática de Hugo Carrillo (1928-1994), dramaturgo y director teatral dotado de una enorme sensibilidad para capturar la realidad política, social y, sobre todo, psicológica de esa Guatemala ciega, sorda y muda que le tocó vivir. En cada una de sus escenas se representan las contradicciones, las incertidumbres y las búsquedas del guatemalteco, redimidas por un inigualable sentido crítico y estético. Se reúnen en este libro dos de sus piezas fundamentales: en La calle del sexo verde (su primera obra, estrenada en 1959), Carrillo realiza uno de los primeros intentos creativos basados en los eternos tabús de la homosexualidad y del aborto, donde sus antihéroes se despliegan lúdicamente y obligan a voltear la vista hacia los rincones más sucios y fantásticos de la realidad. Por otro lado, en su magistral adaptación de El señor presidente, el autor da en el blanco de la poesía, permitiendo que la imagen (oscura y brutal, como en la novela de Asturias) se dibuje sobre el escenario y, en este caso, también sobre la página.
se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar”. El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. “Él volverá”, pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar. “Entra, niño, que llega el frío”, dijo la madre. Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos, y pensó: “qué
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tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj Archivo
que no anda, no sirve para nada”. Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y le dijo: “cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido”. Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto. Ana María Matute/España
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Abecedario
Universos paralelos
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La paradoja de Fermi Licia Verde y Raúl Jiménez * ntes del año 1995 solo conocíamos una estrella que tenía planetas a su alrededor: el Sol. El delicado equilibrio del sistema solar, el hecho de que un sistema gravitatorio de más de dos cuerpos sea altamente inestable, caótico, donde cualquier pequeña perturbación (como mover Mercurio unos centímetros) puede desestabilizarlo todo, hacía pensar que no tendría que ser muy común tener planetas alrededor de estrellas, aunque en una galaxia haya tantas estrellas como granitos de arena en una playa. En esa época muy pocos astrónomos pensaban que sería posible encontrar planetas como la Tierra, Marte o Júpiter girando alrededor de otras estrellas. Todo esto cambió dramáticamente en el año 1995 con el descubrimiento del primer planeta fuera de nuestro sistema solar (exoplaneta) por Michel Mayor y Didier Queloz, orbitando la estrella Pegasi 51, una estrella no muy diferente de nuestro Sol. En realidad unos años antes otros dos planetas fueron encontrados alrededor de una estrella de neutrones -un púlsar-, pero la radiación del púlsar y la órbita tan cercana del planeta hacen este sistema incapaz de hospedar vida y, por lo tanto, menos interesante. Aunque previamente se habían formulado especulaciones por parte de astrónomos acerca de la existencia de exoplanetas, fue el año 1995 el que trajo la primera confirmación clara e inequívoca de que existen otros mundos más allá del sistema solar. A día de hoy se han descubierto aproximadamente unos dos
Einstein se equivocaba al decir que Dios no jugaba a los dados con nosotros. A partir del principio de incertidumbre, los autores de este artículo sugieren que no solo juega a los dados, sino que los tira donde no los podemos ver. mil exoplanetas y, en un centenar de casos, se han descubierto sistemas planetarios. Uno de nosotros recuerda muy bien cuando en el año 1994, mientras observaba en los telescopios de la ESO ( European Southern Observatory) como parte de su tesis doctoral, los astrónomos del observatorio comentaban sobre un «viejo» astrónomo suizo (Michel Mayor) que intentaba medir el bamboleo de las estrellas. Si una estrella tiene un compañero, aunque sea invisible, la fuerza de la gravedad hace que los dos cuerpos celestes giren alrededor de un centro común, como dos bailarines en un vals. La estrella entonces parece tambalearse, y también su espectro: la señal que deja en los instrumentos del telescopio. Este pequeño desplazamiento del espectro de la estrellas era lo que quería observar Mayor. En un principio, los compañeros invisibles que Mayor buscaba eran otras estrellas, mucho más pequeñas que el Sol y por eso invisibles -enanas marrones-, pero quedó sorprendido al
descubrir algo mucho más peculiar: el primer exoplaneta. Es un ejemplo maravilloso de cómo la ingenuidad del ser humano le capacita para hacer descubrimientos asombrosos. Hoy sabemos que aproximadamente una de cada tres estrellas en nuestra galaxia (la Vía Láctea) tiene al menos un planeta que gira alrededor de ella: los planetas son comunes. Bien, si es así, la cuestión más interesante para muchos lectores sería: ¿lo es también la vida? Es una cuestión de una importancia fundamental para la humanidad ya que nos indicaría si estamos solos o si la Vía Láctea, y por ende el universo, están llenos de vida. ¿Estamos solos? Es uno de los problemas filosóficos más antiguos y tiene implicaciones fundamentales para nuestra manera de concebir la humanidad.
Entender la vida
Es, sin embargo, importante distinguir lo que entendemos por vida, ya que esta tiene un amplio espectro, desde seres unicelulares hasta seres complejos como el ser humano. En este artículo consideraremos que un virus no es una forma plenamente viva al necesitar de un organismo vivo para reproducirse. El clasificar a un virus como no vivo no es obvio, ya que contiene material genético (DNA o RNA), y algunos investigadores consideran que podrían definirse como organismos vivos. Sin embargo, el hecho de que no se puedan reproducir por sí mismos los cualifica más bien como grandes moléculas. También vamos a definir como vida compleja aquella correspondiente a seres multicelulares, desde medusas hasta seres humanos.
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con el concepto de una explosión de supernova. Debido a que las estrellas masivas -aquellas que tienen masas diez veces mayores que el Sol- finalizan su vida con las reacciones nucleares que dan lugar al hierro, estas colapsan en sí mismas, rebotando contra el núcleo de neutrones y liberando una gran energía en forma de explosión. En realidad, el 99 por ciento de la energía liberada en la explosión de una supernova es en forma de neutrinos, partículas que no son visibles ni interaccionan con la materia normal; solamente el 1% de la energía de la explosión de una supernova se utiliza en energía mecánica en su explosión. Aun así hablamos de explosiones de tamaño cósmico. Las supernovas son muy comunes, de hecho explota una cada cien años en nuestra galaxia. Todavía más espectaculares, aunque más raras, son la explosiones de rayos gamma (ERG). Estas explosiones ocurren cuando estrellas muy masivas, como las supernovas, desarrollan un agujero negro en su interior que está rotando. Durante el colapso de la estrella se forma un disco de acreción que extrae energía del agujero negro, provocando un chorro de materia que a su vez genera rayos gamma, es decir, radiación muy energética como la que se emite en procesos radiactivos: una central nuclear o la explosión de una bomba atómica.
Capa de ozono
De hecho, en este artículo nos vamos a centrar más bien en la vida compleja como la de los seres humanos. En particular, el summum de la complejidad, y lo que nos diferencia como seres humanos, es la inteligencia. ¿Es la vida inteligente abundante? El gran físico Enrico Fermi intentó responder a esta pregunta en el año 1950 planteando la siguiente paradoja: ¿dónde están los extraterrestres? Así procede el razonamiento de Fermi: si existen cien millardos de estrellas en nuestra galaxia y, asumiendo que nuestro sistema solar no es una excepción, casi todas tienen planetas, muchas de ellas entonces tendrán vida, algunas tendrán vida inteligente que con el tiempo se habrá extendido a través de la galaxia… Si es así, ¿por qué no los vemos? ¿Dónde están? ¿Por qué no han contactado con nosotros?
Científico clave
Enrico Fermi era un físico prodigioso. Era notable su capacidad para hacer cálculos al momento en su cabeza sobre procesos físicos y su respuesta nunca estaba muy equivocada cuando se comparaba con el cálculo exacto. Además de esto, fue el último físico completo en el sentido de que deslumbró tanto en la física experimental como en la teórica, además de ser ganador de un Premio Nobel. Él fue el científico clave en el desarrollo de la bomba atómica en los Estados Unidos, pero quizá otra faceta más desconocida para el gran público sea su labor como formador de una escuela italiana de físicos de élite: los famosos i ragazzi di via Panispermia. Fueron físicos de tal nivel los que formó Fermi que casi todos descubrieron algo acerca
de la naturaleza que mereció un premio Nobel. Esta gran escuela de física de Fermi fue crucial para el posterior desarrollo de la física italiana en los siguientes cincuenta años. Desde que Fermi formuló su pregunta ha habido múltiples respuestas. Las hipótesis son variadas, quizás entre las más descabelladas se encuentran aquellas que postulan que los extraterrestres ya han llegado y se esconden en forma de famosos de la prensa del corazón o presidentes de los Estados Unidos. En cualquier caso, la pregunta de Fermi merece una explicación científica. Es aquí donde los libros de Vilenkin, Goldberg y Livio van a servir como excusa para conectar dos aspectos de nuestro universo aparentemente dispares y sin conexión alguna, que sin embargo pueden ayudarnos a entender algunos de los misterios más profundos del universo. Algunos lectores estarán familiarizados
La novedad de la que nos hemos dado cuenta en los últimos años es que las explosiones de rayos gamma pueden ser altamente dañinas para la vida. ¿Por qué es esto así? Resulta que no son los rayos gamma los que producen directamente la destrucción de la vida, sino su efecto derivado de la destrucción de la capa de ozono del exoplaneta. Cualquier planeta, para poder desarrollar vida, necesita condiciones estables por largo tiempo. Además, para desarrollar vida compleja el planeta necesita protección estable y continuada de la radiación dañina de su estrella, en particular protección de la radiación ultravioleta, cosa que proporciona la capa de ozono de la atmósfera. La Tierra tiene una buena capa de ozono y aun así tenemos que ponernos crema solar en verano. Sin la capa de ozono recibiríamos radiación ultravioleta muy perjudicial, que dañaría nuestro ADN y provocaría mutaciones con efectos catastróficos para la vida. Por ejemplo, se cree que Marte y Venus en el pasado pueden haber tenido condiciones favorables a la vida (agua líquida y una atmósfera placentera) pero estas condiciones no duraron lo suficiente. Cuando una estrella masiva ERG explota lo bastante cerca del exoplaneta, sus rayos gamma pueden destruir la capa de ozono. Con una capa de ozono débil o inexistente, la radiación ultravioleta de la estrella daña el ADN de las células provocando mutaciones y muerte celular. En el marco de un ecosistema complejo, que inevitablemente tiene que estar desarrollado para que haya vida compleja, y a lo mejor inteligente, esto significa extinción masiva de vida por lo menos en la superficie del planeta y repercusiones para toda la cadena alimenticia. La capa de ozono tarda decenas de años en reformarse después de su destrucción. Esto significa que para que un planeta pueda desarrollar vida inteligente tiene que estar protegido de estas explosiones por un muy largo intervalo de tiempo.
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los grandes triunfos de la cosmología en los últimos treinta años ha sido el descifrar el origen del universo y sobre todo de la estructura que hay en este. Sabemos que muy probablemente el universo sufrió un periodo inflacionario, lo que llamamos el big bang, que hizo que este creciese desde el tamaño de un átomo hasta su tamaño actual casi instantáneamente. Durante este fenómeno, y debido al proceso de incertidumbre de Heisenberg, se formó algo a partir de la nada: las fluctuaciones del vacío. Por lo tanto es sorprendente que el hecho de que la mecánica cuántica sea una ley de la física, y por lo tanto que haga regir la incertidumbre en nuestra descripción de la naturaleza, sea la razón de la existencia de galaxias en el universo. En definitiva: somos la consecuencia de la nada gracias a la incertidumbre. Como nos cuentan Vilenkin, Goldberg y Livio, este mismo proceso para describir el universo primigenio tiene una consecuencia ineludible: la inflación se hace eterna y se generan otros universos paralelos al nuestro, que están desconectados entre ellos. Se describe este fenómeno de multiverso como el summum de la revolución copernicana: no solo no somos el centro del universo sino que nuestro mismo universo es uno más de un infinito de universos. Muchos científicos se muestran escépticos sobre tal descripción de la naturaleza; la crítica va más o menos así: si estos universos están desconectados, nunca podremos hacer medidas experimentales, por lo tanto, la teoría no puede ser desechada nunca y no pertenece al reino de la ciencia sino, más bien, al reino de la creencia. Aunque pueda parecer que esta crítica es fatal, como veremos, puede haber maneras de comprobar la teoría del multiverso y ver si tiene sentido.
Es posible que existan otros universos paralelos al nuestro, pero ¿cómo demostrarlo?
Solo recientemente nos hemos dado cuenta de que la Tierra está situada lo suficientemente lejos de zonas de alta concentración de explosiones de rayos gamma como para evitar extinciones masivas que pongan en peligro la continuidad de la vida, pero quizás estas explosiones sí que han tenido influencia en algunas extinciones como la Ordoviciana, hace quinientos millones de años. Parece que la Tierra está situada en una posición privilegiada en las «afueras» de la Vía Láctea para estar protegida de las explosiones de los rayos gamma. Aun así, los cálculos de los astrónomos predicen que debería haber extinciones debido a explosiones de rayos gamma cada millardo de años. Sin embargo, planetas en el centro de la Vía Láctea sufren constantemente las explosiones de rayos gamma, así que parece muy improbable que la vida compleja se pueda desarrollar en ellos. Por lo tanto, para que un planeta esté protegido de las explosiones de los rayos gamma no debería estar en zonas de muy alta densidad estelar.
Barrios residenciales
Por otro lado, sabemos que la producción de elementos pesados como el oxígeno y el carbono por parte de las estrellas masivas es crucial para que se formen planetas rocosos como la Tierra, que puedan tener una superficie sólida y albergar vida. Parece, por tanto, que es necesario un delicado equilibrio entre estar lejos de las estrellas masivas pero tampoco mucho, ya que los elementos pesados que producen son cruciales para la vida. Las afueras de las galaxias como la Vía Láctea parecen satisfacer este equilibrio, y ser «barrios residenciales» para la vida compleja. Si las explosiones cósmicas juegan un papel crucial en limitar la abundancia de vida en nuestra galaxia, ¿podría ser esta una explicación de la paradoja de Fermi? La conexión entre explosiones cósmicas y la paradoja de Fermi se vuelve todavía más curiosa cuando exploramos las consecuencias cosmológicas de las explosiones cósmicas. Resulta que las galaxias grandes, como la nuestra, que son las más propicias a albergar metales pesados y, por lo tanto, exoplanetas rocosos, tienen a su alrededor galaxias pequeñas. Estas galaxias tienen entre mil y diez mil
Constante cosmológica
veces menos masa que la Vía Láctea. Ocurre que es en estas galaxias pequeñas donde las explosiones cósmicas de rayos gamma suceden más frecuentemente. Estas explosiones son tan potentes que sus efectos dañinos llegan fácilmente hasta los barrios residenciales de las galaxias más grandes. Por lo tanto, tener galaxias pequeñas alrededor de una grande es lo peor que le puede suceder a los exoplanetas desde el punto de vista de la preservación de la vida compleja; su presencia es fatal.
Origen del universo
Lo normal es que las galaxias grandes tengan muchas galaxias pequeñas alrededor, pero la configuración de la Vía Láctea resulta no ser común en el universo, sino algo peculiar. Curiosamente, sucede que nuestra Vía Láctea no está rodeada por esas pequeñas galaxias. La galaxia pequeña más cercana que tenemos son las nubes de Magallanes, y estas están demasiado lejos para representar un riesgo por explosiones de rayos gamma. Es así que uno se puede plantear una paradoja de Fermi a nivel cosmológico: ¿dónde están las otras galaxias? ¿Por qué no hay más galaxias pequeñas alrededor de nosotros? ¿Estamos en un lugar especial? Esto nos lleva a conectar con otro tema aparentemente dispar y sin relación. Uno de
La curiosa conclusión es que las explosiones cósmicas están gobernadas (indirectamente) por el valor de la constante cosmológica y esto pone un valor mínimo. Considerando este valor mínimo y el valor máximo anterior, se obtiene un rango que incluye confortablemente el valor que medimos. Lo que estamos aprendiendo es que fenómenos locales como las explosiones cósmicas, la vida y fenómenos universales como las leyes fundamentales de la física podrían estar íntimamente relacionados. Habría universos con valores ligeramente más altos que la constante cosmológica donde la vida podría estar más protegida de las explosiones cósmicas y donde quizás no hubiese paradoja de Fermi. Si realmente nuestro universo no es más que uno de tantos (infinitos) otros, habríamos entendido que nuestro lugar en este multiverso es simplemente casual. Las mismas fluctuaciones del vacío, es decir de la nada, que dieron lugar a las galaxias, también fueron las causantes de la aparición de múltiples universos. La conclusión final es que toda la estructura que vemos y nuestra propia vida no sería más que el resultado del azar: la existencia del principio de incertidumbre de Heisenberg en mecánica cuántica. Quizás tiene razón Stephen Hawking cuando dice: «Así que parece que Einstein estaba equivocado por partida doble cuando dijo: “Dios no juega a los dados”. No solo Dios juega definitivamente a los dados, sino que a veces nos confunde tirándolos donde no se pueden ver». *Jot Down (Contemporary Culture Mag)
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Fotos: Hemeroteca del Diario de Centro América
Iglesia colonial de Chiquimula DCA, 11 de abril de 1933.- Como parte de un estudio económico con propósitos de arbitraje, realizado en mayo de 1919, la Comisión Científica Americana, documentó fotográficamente las referencias monumentales y topográficas que formaban parte de la zona disputada entre Honduras y Guatemala.
En las gráficas que ilustran esta página se puede apreciar al equipo de investigadores frente a la antigua iglesia de Chiquimula, arruinada por los llamados terremotos de la Santísima Trinidad de junio de 1765. Como resultado del arbitraje, este mes se reunirá en Puerto Barrios la Comisión de Ingenieros que trazará la frontera entre los dos países.
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Reporte en V
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Paraísos Roberto Savio*
a publicación de los documentos de Panamá ha sido asimilada al cabo de unos días, como si de un escándalo cualquiera se tratase. Tanto nos acostumbramos a los escándalos, que dejamos de distinguirlos, contribuyendo a una reacción pública general: todos son corruptos y la política es pura corrupción. De esto, por supuesto, se aprovechan desde Donald Trump en Estados Unidos a Nigel Farage en el Reino Unido. Farage rápidamente exigió la renuncia de Cameron, que se encuentra entre los usuarios de la oficina jurídica panameña Mossack Fonseca, responsable por asistir a más de 14 mil clientes en crear 214 mil 488 empresas en 21 paraísos fiscales. En algunos casos, como en el de Islandia, la indignación pública causó la dimisión del primer ministro. Pero por norma la reacción general siguió el modelo de Cameron: negar cualquier irregularidad y simplemente esperar que la indignación se disipe.
Riqueza oculta
Si la falta de confianza ciudadana en las élites políticas y económicas sigue aumentando, cuesta creer que tales escándalos ayuden a la democracia…
Los papeles de Panamá por supuesto recibieron un espacio muy destacado en los medios de comunicación, manteniéndose presentes varios días (nunca más de cinco). Pero los medios de comunicación hacen pocos esfuerzos para mirar más allá de los papeles de Panamá y averiguar la situación real de los paraísos fiscales. Si lo hubiesen hecho saldría a la luz una verdad muy incómoda: los mismos países que hablan públicamente en contra de esos paraísos, poco hacen para eliminarlos. Para ejemplo, según revelan los papeles de Panamá, más de mitad de las empresas fantasmas creadas por Mossack Fonseca estaban registradas en las Islas Vírgenes Británicas. La lógica es la misma que en Panamá: una empresa paga una cuota de registro, después de eso una cuota anual (nunca más de 500 dólares) y por ley la empresa tendrá que pagar impuestos sólo por las actividades realizadas en el mismo país. Basta con no tener alguna actividad comercial en Panamá u otro paraíso fiscal para escapar completamente a las autoridades fiscales locales. Está claro que las Islas Vírgenes Británicas son un territorio británico, al igual que las Bahamas, Bermudas, Turk y Caicos y por tanto, Londres podría obligar a estos territorios a cumplir las leyes internacionales en materia de transparencia y rendición de cuentas. Los documentos de Panamá se refieren simplemente a “una empresa en un solo lugar”, nota el economista Gabriel Zucman, autor del libro La riqueza oculta de las naciones: la plaga de los paraísos fiscales. “Por lo tanto” –añade Zucman– “no pueden ser representativos de lo que está sucediendo en todo el mundo”. Se desconoce el número total de empresas registradas con el propósito
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os fiscales y democracia
Fotos: Archivo
de evadir impuestos. De hecho, Zucman estima que hoy en día en los paraísos fiscales se oculta la asombrosa cifra de 7.6 billones de dólares, un 8 por ciento de la riqueza financiera mundial. El economista nota que según el Financial Secrecy Index, publicado por la Red de Justicia Fiscal, con sede en Washington, Estados Unidos es uno de los principales paraísos fiscales, justo detrás de Suiza y Hong Kong. Un excelente ejemplo de doble rasero. Después de revelarse que los bancos suizos ocultaban capitales norteamericanos (que llevó el Tesoro estadounidense a aplicarles una fuerte multa), en 2010 los EE.UU. aprobaron la Ley de Foreign Account Tax Compliance (ley de cumplimiento tributario de cuentas extranjeras), la cual requiere que todas las empresas financieras del mundo compartan datos sobre estadounidenses con cuentas en el extranjero. Pero al mismo tiempo los EE.UU. se niegan a firmar cualquier acuerdo de intercambio de información financiera con otros países.
El secreto de los bancos
El Sr. Kleinbard y la Sra. Lowe, del Global Financial Integrity, afirman que los bancos estadounidenses están plagados de dinero procedente de inversores extranjeros. Kleinbard, que era jefe de gabinete del comité conjunto sobre impuestos del Congreso, declara: “Estados Unidos exige que el resto del mundo revele cuando un americano tiene una cuenta en una institución extranjera, pero no devuelve el favor al no proporcionar información similar sobre inversores extranjeros en bancos norteamericanos a las jurisdicciones domésticas de aquellos”. Pero, en realidad, el secreto de los bancos estadounidenses va más allá. De hecho, varios estados americanos usan sus privilegios constitucionales para proteger a sus bancos, incluso del gobierno central. Heather A. Lowe, la asesora legal y directora de asuntos gubernamentales de Global Financial Integrity en Washington, advirtió que el problema estaba en cualquier Estado americano, no sólo en el más notorio. “Se pueden crear compañías anónimas en cualquier lugar en los Estados Unidos: el motivo por el que la gente conoce Delaware, Nevada y Wyoming es que esos estados hacen marketing a nivel internacional”. Por ejemplo, el secretario de Estado de Delaware ha subrayado en sus informes anuales que este esfuerzo de marketing ha permitido al “Estado conectar con miles de profesionales del derecho en docenas de países en todo el mundo que relatan el fenómeno de Delaware”. Nevada contaba con un anuncio similar en la página web del Estado: ¿Por qué incorporar en Nevada? informes y requisitos de revelación mínimos. Accionistas no son registro público”. John Cassara, un ex agente especial del Departamento del Tesoro, escribió en el New York Times del 7 de abril sobre la frustración que los agentes
¿Cuánto tiempo puede durar este ciclo sin dañar los cimientos de la democracia?
fiscales sienten al tratar de investigar “quién o qué está detrás de esa empresa: básicamente te retiras. No importa si es el FBI, a nivel federal, estatal o local. Ni siquiera el Departamento de Justicia puede obtener la información. No hay nada que hacer.” Cassara tuvo que abandonar una investigación en Nevada cuando encontraron una corporación que había recibido más de 3 mil 700 transferencias electrónicas sospechosas, por un total de más de 381 millones de dólares. Claramente, no se pueden establecer reglas para la gobernanza mundial cuando los países ricos e importantes tienen un doble rasero, y ni siquiera consiguen poner orden en su propio hogar. Pero la falta de gobernabilidad global se vuelve aún más evidente cuando descubrimos que los 34 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) debaten la temática de impuestos
globales excluyendo a todos los otros países del mundo. El Grupo de los 77 y China, que cuenta con 134 miembros, ha pedido en repetidas ocasiones que la ONU desempeñe un papel más importante en la cooperación fiscal global, siempre en vano. Importa notar que en la lista de titulares de cuentas en Panamá encontramos un gran número de personalidades de los países árabes, China, Nigeria, Brasil y así sucesivamente. Pero hay un problema cultural, al que no se encuentra solución.
Gobernabilidad mundial
Las autoridades fiscales de los países de la OCDE consideran que en asuntos delicados, es mejor excluir a los países en desarrollo, porque su presencia facilitaría un mecanismo de negociación que podría dejar a los países de la OCDE en posición minoritaria. Adoptar ese mecanismo significaría reconocer que la gobernabilidad mundial se alcanza únicamente por medio de un sistema de consulta y decisión democrático. Sin embargo, tal reconocimiento no refleja en absoluto el estado de ánimo que prevalece en un mundo cada vez más fracturado. Por lo tanto, es más lógico esperar muchos más escándalos, seguidos de unos días de atención a los nombres involucrados, seguido de una recaída total, hasta que surja el próximo escándalo. ¿Cuánto tiempo puede durar este ciclo sin dañar los cimientos de la democracia? Difícil de predecir. Entretanto, algunos defensores del sistema actual ya afirmaron que los escándalos son la prueba de que la democracia está viva.
*Sur y Sur
Las Islas Vírgenes Británicas, uno de los paraísos fiscales.
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Contando el tiempo
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Rubén Darío
La rareza de ser actual Ariel González
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in proponérselo -acaso sólo sintiéndolo para luego poder reflexionar sobre ello con gran elocuencia-, fue Borges quien íntegramente percibió en el curso de su vida, haciéndolas suyas, las reacciones fundamentales que el legado de Rubén Darío ha producido: desdén o admiración; rechazo o exaltación de su figura, pasando desde luego por un sinnúmero de matices. El joven Borges abolió a Darío y el Borges maduro se rindió ante él. Para nuestra suerte, todos estos sentimientos encontrados fueron experimentados por un escritor capaz de ver a tiempo la injusticia cometida. En su ensayo Ultraísmo, publicado en los años veinte en la revista Nosotros, Borges define que “la belleza rubeniana es ya una cosa madura y colmada, semejante a la belleza de un lienzo antiguo, cumplida y eficaz en la limitación de sus métodos y en nuestra aquiescencia al dejarnos herir por sus previstos recursos; pero, por eso mismo, es una cosa acabada, concluida, anonadada”. Antes, incluso se permite “empalmar una expresión de Torres Villarroel y decir que considerado como cosa viviente, capaz de forjar belleza o de espolear entusiasmos, el rubenianismo se halla a las once y tres cuartos de su vida, con las pruebas terminadas para esqueleto”.
Lugar común
Décadas después, el autor de El Aleph se refiere en pocas pero muy puntuales ocasiones al poeta nicaragüense. Le concede ya ese papel preponderante en nuestras letras que ha pasado a ser prácticamente un lugar común: “Todo lo renovó Darío: el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado ni cesará. Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar liberador”. En 1971, el diario Clarín le preguntaba a Borges cómo definía la situación de Argentina en ese momento. En su respuesta evoca a Darío como el poeta capaz de mirar simbólicamente hacia todo aquello que quisimos ser como naciones latinoamericanas; Borges entonces lo utiliza como contrapunto: “Creo que es una época de escasa esperanza, de desidia, nadie espera mucho de nada. En 1910, cuando Rubén Darío escribió la Oda a la Argentina, creo que sentíamos que éramos una esperanza para el mundo. No creo que nadie sienta eso hoy. Sentimos que todo está un poco desvaído, un poco gris; y si quieren suprimir un poco, podemos suprimir los adverbios...”.
El autor de Azul... acompañó e inspiró a muchas generaciones de escritores y poetas. Sin embargo, su valor, su peso e influencia no siempre fueron asimilados fácilmente. Como parte sustantiva del modernismo despertó las más disímiles reacciones; no bastó con que ayudara a revolucionar el lenguaje de una época o que enseñara a mirar con otros ojos la actividad poética. Antes y ahora mismo, se le regatea su grandeza. En Cuadrivio, Octavio Paz expone lúcidamente sus reservas: “El lugar de Darío es central, inclusive si se cree, como yo creo, que es el menos actual de los grandes modernistas. No es una influencia viva sino un término de referencia: un punto de partida o de llegada, un límite que hay que alcanzar o traspasar. Ser o no ser como él: de ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”.
II
Darío conoció en vida la gloria, la admiración de sus pares, el respeto de instituciones y gobiernos, pero su verdadera dimensión no fue aceptada sino hasta después de su muerte. No obstante, lo que le sucedió al joven Borges frente a su figura y, más aun, lo que apunta Paz, sigue ocurriendo hoy mismo. Su pugna por estar entre nosotros, vigente más allá del mausoleo y el texto escolar, no ha terminado. Hace poco me contaron que frente a la pregunta de qué significaban hoy Darío y su obra -ahora que se cumplen cien años de su fallecimiento-, un poeta mexicano decidió no responder nada porque, confesó, nada le decían.
Aparente indiferencia
Esa aparente indiferencia (eufemismo de profunda ignorancia) resulta muy inquietante porque parece ser la que ha prohijado esa ceguera que ostentan con naturalidad y desparpajo mucho jóvenes que prefieren mirar sólo hacia la actualidad, por más pobre que esta luzca. ¿Será eso lo que ha producido, por ejemplo, que en el mercado del arte, absurdamente, los clásicos valgan ya menos que todo eso que se vende como arte contemporáneo? Darío, quien pensó en los raros (sus admirados Poe, Verlaine, Villiers de l’Isle Adam, Ibsen, Léon Bloy, Lautréamont...), ha terminado por ser él mismo uno de ellos, pero por una vía harto más simple: la que el paso del tiempo entreteje, como una trampa, y de la que ni la fama ni el reconocimiento
Ilustración: Marco Vinicio Flores
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El 6 de febrero de 1916, hace un siglo, falleció el gran renovador de la lírica española que asumió el nombre de pluma de Rubén Darío. El poeta nicaragüense, con todo, no ha tenido una posteridad decididamente aplaudida; han existido los reparos y el desconocimiento de las aportaciones que su escritura trajo a la poesía de la lengua. ¿Cuál ha sido el devenir de estos desencuentros críticos? otra sensibilidad que de tan fina se considera caduca. En un magnífico ensayo sobre lo raro ( Letras Libres, agosto de 2012), Juan Pablo Villalobos cita y resume la perspectiva del poeta catalán Pere Gimferrer sobre el tema: “¿Qué es hoy lo raro, quiénes son hoy los raros?”, se pregunta Gimferrer y alude a Darío: “Para Rubén, lo raro y los raros no podían ser sino lo opuesto a la tradición o lo simplemente ajeno a ella. En tal sentido, lo raro y los raros formaban parte de una estrategia respecto a esa tradición; eran fuerzas de choque, catapultas contra las murallas desconchadas de la preceptiva”. Para Gimferrer, casi cien años después de Darío, la ausencia de una verdadera tradición literaria provocaba que ya no hubiera más “murallas que asaltar”. La comarca de los raros se había extendido casi sin límite, todo podía ser raro, y concluye con una provocación: “Raro es lo mal leído o mal comprendido o mal difundido”.
Raro destino
salvan. Porque, viéndolo bien, entre las muchas formas de ser raro, la de parecer anticuado o démodé es una de las más socorridas. Y si en su momento raro pudo tener la connotación de decadente (a lo que no poco contribuyeron la dipsomanía o las estrecheces económicas del poeta), hoy ese término glosa esencialmente la extrañeza ante lo que representa otro tiempo,
En esta última frase cabe el raro destino de Darío, cuya obra es hoy poco (y mal) leída, no muy comprendida y pésimamente difundida. Y si hemos de hablar del conocimiento de su vida, las cosas van a peor. “Son muchos los críticos de Rubén Darío y muy pocos sus biógrafos. Más los Pedros Salinas y menos, mucho menos, los Franciscos Contreras”, escribió Carlos Tünnermann en la presentación de la biografía por antonomasia del poeta (La dramática vida de Rubén Darío, de Edelberto Torres). Para ser el pantocrátor de las letras hispanoamericanas, el más genial poeta surgido desde el Siglo de Oro, esta condición resulta por lo menos injusta. Sin embargo, parece continuación o se corresponde de algún modo con la mar de crisis, dificultades y apremios que envolvieron siempre su existencia
III
Excepto la poesía -una auténtica lengua materna para él-, nada le fue fácil a Darío. El genio precoz, el niño poeta como Rimbaud, no tuvo la cuna que explicara per se la grandeza que alcanzaría. Metapa, el pobre villorrio donde vino al mundo (hoy Ciudad Darío), no podía
siquiera soñar con que uno de sus hijos pudiera proyectarse hacia la universalidad. Sus orígenes humildes, empero, quizá sean los que lo convierten necesariamente en viajero (que no en vago, como pretendía un proceso que se le instruyó en Managua en1884): se va a El Salvador; no tiene ni 20 años cuando llega a Valparaíso, Chile, para pasar luego a Santiago. Allí, a los 21, publica Azul..., la deslumbrante obra que le abrirá todas las puertas y que servirá de estandarte para muchas generaciones de artistas. Después Buenos Aires, Madrid, París, las grandes ciudades en las que consolidará su talento.
Todo es lucha
Pero desde sus comienzos todo es lucha contra eso que en las palabras liminares de sus Prosas profanas y otros poemas denomina “la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente”. Es encumbrado por los políticos locales, pero todo es siempre como una farsa que termina poniéndolo al frente de fantasmales delegaciones, fracasadas o mendicantes misiones diplomáticas. De ahí que el periodismo se convierta en el más urgente medio para sobrevivir; sus crónicas para La Nación, de Argentina, impedirán una y otra vez que lo alcance la miseria. La sombra tortuosa de su matrimonio con Rosario Murillo lo perseguirá a todas partes; la frustrante e incompleta relación con la buena de Francisca Sánchez será sólo otra pieza de su fragmentada y conflictiva vida amorosa. Su bohemia abismal parecía acercarlo a algunos de los raros de su predilección. Sometido por los demonios etílicos, los que no lo explotan, lo vilipendian. Dice Pedro Salinas: “Por alcohol se compraba siempre a Darío mucho más que por dinero. Por alcohol se le engañaba, como a un niño [...]. Y bebía, como lo hizo casi todo, mitad en este mundo, mitad en el otro”. Hasta un Santos Chocano, ensoberbecido, le recuerda cínicamente los valores distintivos de una región -humana y geográfica- que no lo deja crecer porque ahí está anclada su existencia: “En América tenemos hoy, además de nuestro renombre incontrovertible, tú la fama de ser más ebrio que Baco; Díaz Mirón la de ser más asesino que Hércules; yo la de ser más ladrón que Mercurio. ¡Pobre América que no cuenta sino con nosotros!”. Los primeros cien años sin Darío siguen revelando la pequeñez del mundo que le tocó vivir. Pero el triunfo de Darío es que a pesar de todo cuanto enrarece su imagen, siempre pervive su Arte, así con mayúsculas: “Y si hubo áspera hiel en mi existencia, melificó toda acritud el Arte”. ¿Eso le da actualidad ? No lo sé. ¿A quién le importa? La certeza más profunda que podemos tener es que las letras hispanoamericanas no serían lo mismo sin él. Por lo demás, lo único que siempre es actual es el misterio del que habla Pierre Michon cuando se pregunta: “¿Qué es lo que hace que la literatura se reanude sin fin? ¿Qué es lo que impulsa a los hombres a escribir? ¿Los demás hombres, sus madres, las estrellas, o las antiguas cosas inmensas, Dios, la lengua? Las potestades lo saben”. Y son esas potestades las que sin duda hicieron cantar a Darío: amar, sobre los hechos fugaces de la hora, sobre la ciencia a ciegas, sobre la historia espesa, la eterna Poesía, más clara que la aurora. *Revista UNAM
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Tragaluz Giovanni Reale y Dario Antiseri* Mientras la Tierra se mantuvo firme, la astronomía también se mantuvo firme”. Son palabras de Georg Lichtenberg, a propósito de Copérnico (1473-1543). En realidad al haber situado al Sol en el lugar antes ocupado por la Tierra, y al afirmar que esta es la que gira alrededor del Sol y no al revés, Copérnico volvió a poner en movimiento la investigación astronómica. Esta adquirió un ritmo tan veloz que, cuando Newton -150 años después de Copérnico- otorgó a la física la forma que hoy conocemos con el nombre de “física clásica”, ya no quedaba casi nada de las concepciones de Copérnico, salvo la idea de que el Sol está en el centro del universo. El alemán Johannes Kepler (1571-1630), a pesar de declararse copernicano, publica en 1609 su Astronomía nueva. En aquel momento, cuando aún no habían pasado sesenta años desde la aparición del De Revolutionibus de Copérnico, el avance de la astronomía ya ha abandonado en la obscuridad del pasado las órbitas circulares de las que trató la obra de Copérnico a lo largo de toda su vida, para substituirlas por las órbitas planetarias elípticas. Las novedades se suceden rápidamente, una tras otra: el desplegarse del mundo cerrado de Copérnico –aunque fuese vastísimo- hasta un universo infinito; el descubrimiento de un elemento dinámico en el movimiento de los cuerpos celestes, que ya no se consideran móviles a la manera copernicana en virtud de su misma forma esférica. En el transcurso de un siglo y medio, el sistema de Newton –que concluye una etapa de aquel camino que Copérnico había hecho tomar a la astronomía- contiene ya muy poco del sistema copernicano; quizás únicamente el heliocentrismo.
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Nicolás Copé y el Sol
Más que reforma
De acuerdo con Thomas Kuhn, “el primer significado de la revolución copernicana es el de una reforma de las concepciones fundamentales de la astronomía”, pero el alcance del De Revolutionibus va mucho más allá de una mera reforma técnica de esta. Al desplazar la Tierra del centro del universo, Copérnico cambió también el lugar del hombre en el cosmos. La revolución astronómica implicó también una revolución filosófica. Dice Kuhn: “Los hombres que creían que su morada terrestre no era más que un planeta que giraba ciegamente en torno a una entre billones de estrellas, evaluaban su posición en el esquema cósmico de un modo muy distinto a sus predecesores, que veían la Tierra como único centro focal de la creación divina”. Al desplazar la posición de la Tierra, Copérnico expulsó al hombre del centro del universo. En su conocido libro La revolución copernicana (1957), Kuhn afirma también lo siguiente: “Su doctrina planetaria y la concepción ligada a ella de un universo centralizado en el Sol fueron instrumentos para el paso de la sociedad medieval a la sociedad occidental moderna, en la medida en que afectaban (…) la relación del hombre con el universo y con Dios. Iniciada como una revisión estrictamente técnica de la astronomía clásica con alto despliegue matemático, la teoría copernicana se convirtió en centro focal de terribles controversias en el terreno religioso, filosófico y de las doctrinas sociales, que –a lo largo de los dos siglos siguientes al
descubrimiento de América- determinaron la orientación del pensamiento europeo”.
Compromiso social
En resumen, la revolución copernicana fue una revolución en el mundo de las ideas, una transformación en las ideas inveteradas y venerables que el hombre tenía sobre el universo, sobre su relación con este y sobre su puesto en él. Actualmente nada nos parece más lejos de nuestra ciencia que la visión del mundo de Nicolás Copérnico y, sin embargo, sin esa concepción, “jamás -como dice Alexander Koyréhabría existido nuestra ciencia”. Este es el sentido en el cual todavía hoy, Copérnico representa
una innovación radical y revolucionaria. Por iniciativa de su tío materno, Lukasz Watzenrode, Copérnico viaja a Italia en 1496, cuando tenía 23 años, para proseguir sus estudios jurídicos. Su tío, que era obispo de Varmia, se proponía que el sobrino siguiese una carrera eclesiástica. Hasta 1501, estudió en Bolonia no solo derecho canónico sino también astronomía y colabora en las investigaciones realizadas por el famoso astrónomo boloñés Domenico María Novara. La observación de la estrella Aldebarán en la constelación de Tauro, efectuada en Bolonia el 9 de marzo de 1497, fortalece en el joven Copérnico la idea de la necesidad de investigar con respecto a un nuevo sistema astronómico.
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érnico l Fotos: Archivo
La grandeza de Copérnico, fallecido el 24 de mayo de 1543, estuvo en tener el valor suficiente para cambiar de camino: propuso una teoría alternativa que, en primera instancia, expulsaba la Tierra como centro del universo.
Cuando fallece su tío, Copérnico ocupa el cargo de canónigo en Frombork (Frauenburg) donde adquiere la torre noroccidental de las murallas de la fortaleza para emplearla como observatorio. Es nombrado administrador de los bienes comunes del capítulo catedralicio de Varmia. En su labor hace que se vuelvan a cultivar las tierras baldías y asigna las heredades abandonadas a campesinos polacos procedentes de Mazuria. Para mejorar las relaciones económicas, promueve una reforma monetaria basada en limitar la emisión de moneda, revaluar esta y unificar el sistema monetario de Prusia y del reino de Polonia.
Es interesante señalar que Copérnico formula la ley –que después será llamada “ley de Gresham”- según la cual la moneda más débil, es decir, la que contiene un menor porcentaje de metal precioso, elimina a la más fuerte. Médico prestigioso, Copérnico asiste a las poblaciones afectadas por la epidemia en 1519. No obstante, sus “méritos polacos” van mucho más allá con su infatigable actividad en contra de las invasiones y las ocupaciones perpetradas en los territorios de Varmia por los militares de la Orden Teutónica. Así, en 1520, Olsztyn, donde residía, se ve amenazada por los Caballeros Teutónicos. Copérnico organiza la defensa de la ciudad y ayudado por la caballería lituano-rutena y por tropas polacas, logra rechazar al peligroso enemigo. El 16 de noviembre de 1520, en medio de la guerra, Copérnico envía una carta pidiendo ayuda al rey Segismundo. Dicha carta acaba con las siguientes manifestaciones: “Queremos (…) comportarnos como corresponde a hombres buenos, honrados y devotos de Vuestra Majestad, aunque tengamos que morir. Recurriendo a la protección de Vuestra Majestad, entregamos y confiamos todos nuestros bienes, así como nuestros cuerpos. Siervos devotísimos, canónigos y capítulo de la Iglesia de Varmia.”
Tradición y revolución
Copérnico provoca una conmoción en el sistema del mundo. Y a pesar de ello, en su nuevo mundo subsisten numerosos elementos y diversas estructuras pertenecientes al viejo mundo. El mundo de Copérnico no es un universo infinito; es mayor, por supuesto, que el de Ptolomeo, pero continúa siendo un mundo cerrado. La forma perfecta es la esférica y el movimiento perfecto y natural es el circular. Los planetas no se mueven en órbitas, son transportados por esferas cristalinas que efectúan una rotación. Las esferas poseen una realidad material. Sin lugar a dudas, hallamos en Copérnico todos los elementos del viejo mundo y también hallamos vestigios de la tradición hermética. Quien ingresa a un nuevo mundo, siempre lleva consigo algo más o menos molesto que procede del mundo anterior. Lo importante, empero, es que se haya llegado a un nuevo mundo, que se haya desembarcado en él. Esto fue lo que sucedió con Copérnico. Aunque su teoría no era más perfeccionada que la de Ptolomeo y no introdujo ninguna mejora inmediata en el calendario, lo cierto es que resultó revolucionaria: rompió con una tradición más que milenaria. Copérnico no se limitó a mejorar o retocar el sistema ptolomeico, que se había transformado en un monstruoso conjunto de teorías que ya no servían para nada. La grandeza de Copérnico estuvo en tener el valor suficiente para cambiar de camino: propuso un paradigma o gran teoría alternativa, que al principio no parecía aportar demasiadas ventajas y ni siquiera se presentaba como mucho más sencilla que la de Ptolomeo (este proponía 40 círculos, mientras que al final Copérnico tuvo que suponer la existencia de 36). No obstante, su teoría contenía toda una serie de previsiones (semejanza entre los planetas y la Tierra, las fases de Venus, un universo más grande, etcétera) que más tarde resultaron brillantemente confirmadas por Galileo (1564-1642). *Historia del pensamiento .
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El pequeño comentario que cambió el mundo Antes del año 1514, Nicolás Copérnico (19 de febrero de 1473 – 24 de mayo de 1543) escribió una primera versión de la teoría heliocéntrica del universo. La primera hipótesis que afirmaba que el centro del cosmos no era la Tierra, sino el Sol, estaba esbozada en 40 páginas que tituló Commentariolus (Pequeño comentario). Matthew de Miechow, un historiador del siglo XVI, hizo una primera referencia del Commentariolus en un catálogo bibliográfico con fecha del 1 de mayo de 1514. Por eso se cree que debió haber sido escrito antes de esa fecha. Aunque el escrito no fue publicado hasta años después de la muerte de Copérnico, adquirió cierta fama porque él mismo se encargó de distribuirlo entre sus compañeros. En 1533, el humanista alemán Johann Albrecht Widmanntetter impartió una serie de conferencias en Roma sobre la teoría heliocéntrica que llegaron a los oídos del papa Clemente VII y de varios cardenales católicos. Entre ellos, Nicolaus von Schönberg, arzobispo de Capua (Italia) que pidió a Copérnico que le enviara una copia de sus escritos. Finalmente, el astrónomo prusiano desarrolló su revolucionaria teoría en la obra De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre el movimiento de las esferas celestiales) publicada en 1543, mismo año de su muerte.
Copérnico concibe rutas orbitales alrededor del Sol perfectamente circulares, siguiendo una tradición aristotélica y platónica.
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Ventanas
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Sinc*
Conservación y pueblos originarios Los modelos de conservación de la biodiversidad de los bosques tropicales dificultan el acceso de las comunidades a recursos forestales como la caza y las plantas silvestres. A pesar de su contacto cada vez más frecuente con los objetos del mercado, los pueblos indígenas que viven en bosques tropicales continúan dependiendo de los recursos forestales para su supervivencia, especialmente de la caza y la recolección de plantas silvestres, así como de materias primas para la fabricación de sus casas y enseres domésticos. Sin embargo, las actuales políticas de conservación que apuestan por restringir el uso humano de los bosques tropicales, para facilitar la protección de su diversidad biológica, dificultan el acceso de las sociedades indígenas contemporáneas a estos recursos de primera necesidad. Así lo constata una investigación desarrollada por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB). El estudio se ha realizado a partir del análisis de tres sociedades
indígenas de Borneo, la cuenca del Congo y la Amazonia durante cinco años para entender mejor sus sistemas de conocimiento. “Las políticas de conservación de los bosques tropicales obstaculizan el uso de recursos del bosque con finalidad comercial, como por ejemplo la tala de madera, pero también los usos orientados a la subsistencia de las comunidades locales, incluidos los pueblos indígenas que han manejado los bosques durante milenios” dice el informe que añade que son precisamente estas sociedades las mejores guardianas de estas zonas y las más interesadas en su conservación. Recomiendan nuevos modelos de conservación de la biodiversidad que sustituyan el enfoque puramente biológico actual por uno biocultural que tenga en cuenta a las sociedades indígenas que residen en estas zonas y sus necesidades para la subsistencia. UAB
Tres billon
asta ahora, la estimación global de bosques se obtenía a partir de imágenes por satélite de las áreas forestales, pero la información que se generaba no era del todo precisa. Por esta razón, un grupo de investigación internacional decidió crear un mapa de la distribución mundial de los árboles por kilómetro cuadrado. El estudio, que se publica esta semana en Nature, revela que sobre la Tierra existen tres billones de árboles, lo que supone 422 árboles por persona, una cantidad ocho veces superior a los cálculos anteriores (61 árboles por persona). Sin embargo, a pesar de esta cifra, el número total de árboles ha caído en un 46 por ciento desde el comienzo de la civilización humana. Además, en la actualidad, “la tasa de pérdida forestal – provocada por la deforestación, el cambio en el uso de la tierra y la gestión forestal– es de 15 mil millones de árboles cada año”, advierte Thomas Crowther, autor principal del trabajo e investigador en el Yale School of Forestry & Environmental Studies de la Universidad de Yale (EE UU). “Esto repercute en la concentraciones de carbono de la atmósfera, así como en los miles de otros servicios que proporcionan los bosques”, añade con preocupación el científico que subraya que la densidad de árboles disminuye cuando aumenta la población humana. Los resultados de la investigación indican que el número de árboles en el mundo varía en función de la actividad humana. Para los investigadores, el impacto negativo del ser humano en los ecosistemas naturales es claramente visible en pequeñas áreas, como demuestra el nuevo mapa. Las decisiones históricas del uso de la tierra han dado forma a los entornos actuales. Con la nueva distribución, obtenida a partir de imágenes por satélite, inventarios forestales a pie de campo, y tecnologías de supercomputación, el equipo en el que han participado 15 países describe el estado actual de los bosques para que científicos, ecologistas y políticos lo entiendan y tomen medidas. “Pero no hemos descubierto ningún otro posible sumidero de carbono”, asegura Crowther.
Los bosques boreales
Para lograr un cálculo más preciso, los científicos usaron casi medio millón de estimaciones de la densidad de árboles obtenidas a partir de personas que los contaban a pie de campo. A esto añadieron las características ambientales (temperatura, humedad, estado del suelo y nivel de actividad humana) y la información de densidad de 400 mil terrenos forestales. “Si el número de árboles aumenta en zonas húmedas, podemos empezar a predecir cuántos árboles están relacionados con la humedad en esa área”, indica el investigador estadounidense. El mapa les ha permitido así obtener la distribución de los árboles que varía en función de cada paisaje. Según el trabajo, las masas forestales con mayor densidad de árboles son los bosques boreales de las regiones subárticas de Rusia, Escandinavia y el norte de América. Pero las mayores áreas forestales se encuentran, con diferencia, en los trópicos, donde habitan cerca del 43 por ciento de los árboles de todo el mundo. Solo el 24 por ciento está en las regiones boreales y el 22 por ciento en las zonas templadas. Para Crowther, el mapa también representa una distribución de la estructura de los ecosistemas. “Aporta información sobre las áreas donde viven diferentes plantas y animales, y dice cuánto carbono se almacena en esas áreas”, comenta Crowther. En definitiva, el estudio muestra los esfuerzos que aún quedan por hacer para recuperar los bosques. *Sistema de información y noticias científicas.
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Ecología del suelo Conocer la composición de las comunidades microbianas del suelo mejora las predicciones sobre el efecto del cambio climático. Hasta ahora se consideraba que la diversidad de las comunidades microbianas del suelo no afectaba al funcionamiento de los sistemas terrestres.
A pesar de esta aparente gran cantidad, el número total de árboles ha disminuido en un 46% desde el inicio de la civilización humana y la tasa de pérdida de masa forestal debido a la deforestación y la actividad humana es de 15 mil millones de árboles al año.
¿Cuántos árboles hay en la Tierra? La respuesta podría ser difícil de imaginar, sin embargo, un equipo de investigación de más de 15 países ha estimado la cifra en 3 billones de árboles.
Investigadores del español Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), han participado en un estudio donde, por primera vez, se ha comprobado cómo la estructura de las comunidades microbianas del suelo afecta a la capacidad de los ecosistemas para emitir CO2 y producir formas de nitrógeno asimilables para las plantas. “Las del suelo, están entre las comunidades de seres vivos más diversos y desconocidos del planeta. Hasta ahora se consideraba que todas funcionaban de la misma manera, es decir, que su enorme diversidad implicaba una gran redundancia funcional y por tanto, que cambios en su diversidad por factores externos como la sequía no afectarían a las tasas de absorción de carbono y a la disponibilidad de nitrógeno, un elemento vital para el crecimiento de las plantas, en los ecosistemas terrestres”, contextualiza Jorge Curiel, investigador del MNCN. Con este trabajo los investigadores han constatado la importancia de entender la biodiversidad del suelo y muy concretamente de las comunidades microbianas que lo habitan, ya que se ha comprobado que, según varía su abundancia, composición y diversidad, las tasas de emisiones de CO2 y de absorción y reciclaje de nutrientes pueden verse seriamente afectadas. MNCN