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Revista viernes 122

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Guatemala, viernes 19 de febrero de 2016

Historia de

Editorial El convento, el cuartel y la plaza. Estos son algunos de los espacios en los que más patentemente se materializan y visibilizan las relaciones de poder, especialmente en sociedades de raigambre colonial. Esto los convierte en formidables documentos en los cuales leer la evidencia de la fe y las modalidades de dominación o el registro de las voces y voluntades que han clamado por libertades o, como parte del mismo impulso, las han defendido y alentado. De eso trata el abarcador texto de Fernando Urquizú, Historia de las ideas y del arte en la Nueva Guatemala de la Asunción, 1776-2015, editado por la Tipografía Nacional y cuya reseña mostramos en esta misma página. Se trata de 239 años de historia donde se han plasmado, en el discurso artístico y político, las ideas y la visión del mundo de los grupos sociales que han hecho del Valle de la Virgen un gigantesco mural que, echando mano de los múltiples lenguajes de la nacionalidad y el mestizaje, muestra las heridas y la esperanza de una comunidad siempre cambiante y en constante mudanza y construcción. Cada apartado de este libro está acompañado de un notable acervo fotográfico que podrá servir como referencia para los estudiosos y para aquellos que cotidianamente construyen un sueño en las calles y plazas de la Nueva Guatemala de la Asunción. Nuevos espacios sociales adquieren hoy carta de naturaleza. Y, como en el pasado, son los jóvenes la mayor de sus fortalezas.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. Diseño Gráfico: Héctor Estrada y Scarlett Pérez. Asistencia editorial: Marco Sajquim Digitalización: Boris Molina. Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayen. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.

en la Nuev Asunci ISBN: 978-9929-560-59-8 ara leer la historia de la ciudad capital hace falta más que mapas, brújulas y vestigios. Este es el cuarto sitio de asiento de la cabeza de este país con nombre de bosque. La Nueva Guatemala de la Asunción, fue el refugio para los sobrevivientes de la derrumbada ciudad de Santiago de los Caballeros, que ostentara los títulos de Muy Noble y Muy Leal, otorgados por el emperador español Carlos V (Carlos María Isidro de Borbón y Borbón-Parma, 1788-1855). A este valle llegaron con sus bártulos y creencias, con su imaginería y costumbres, los españoles, mestizos, criollos, indígenas y negros de la anterior urbe. Y comenzó una nueva historia y una nueva vida; los solares tomaron nombre y las calles también; los parques y las fuentes fueron rebautizados; se multiplicaron las iglesias y conventos. También los alrededores del Valle de la Virgen se transformaron en asentamientos de servicio y abastecimiento para la ciudad. A este nuevo asiento también llegó el barroco con sus contrastes de luces y sombras, su dramatismo y la carga cristiana del sacrificio, el perdón, el arrepentimiento y la culpa. Las iglesias de Santa Rosa y Capuchinas son vestigios de aquel viejo estilo que colmó la antigua ciudad y que perdió fuerza en la expresión, pero caló hondo en el pensamiento de la población. De ahí que sigamos siendo barrocos. El neoclásico llegó en los nuevos planos e ideas de los arquitectos reales de España, que propusieron la construcción de una ciudad con las nuevas tendencias que ponían al ser humano como protagonista. Se trataba de construir una ciudad que constituyera orgullo de la corona española en el nuevo continente. Auxiliándose de la Historia de las Mentalidades, el autor de este valioso aporte historiográfico, Fernando Urquizú, muestra cómo los grupos de poder concebían la vida, el mundo y el universo y cómo dejaron plasmada esa idea en obras de arte que atestiguan las circunstancias fundacionales y la posterior evolución de prácticas y creencias de los habitantes de la capital.

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mil 500

especies de papas peruanas fueron evaluadas para elegir a por lo menos cien, que enfrentarán duras pruebas con el objetivo de determinar si son aptas para reproducirse en Marte.


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Cuento 122

e las ideas y del arte

La identidad

va Guatemala de la ión, 1776-2015

Las cifras Archivo

2016 fue el año

en que el fenómeno meteorológico El Niño ha iniciado su declive, pero su intensidad sigue siendo fuerte e influye en el clima del planeta, según la Organización Meteorológica Mundial.

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Archivo

Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera. Con trabajo me senté a su lado. Calaba frío. Tenía la boca seca, agrietada en la comisura de los labios; la saliva se me había hecho pastosa. Las ruedas se hundían en la tierra dando vuelta lentamente. Pensé que debía hacer el esfuerzo de girar como las ruedas y empecé a balbucear unas cuantas palabras. Pocas. Él contestaba por no dejar y seguimos con una gran paciencia, con la misma paciencia de la mula que nos jalaba por los derrumbaderos, con la paciencia del mismo camino, seco y vencido, polvoroso y viejo, hilvanando palabras cerradas como semillas, mientras el aire se enrarecía porque íbamos de subida –casi siempre se va de subida-, hablamos, no sé, del hambre, de la sed, de la montaña, del tiempo, sin mirarnos siquiera. Y de pronto, en medio de la tosquedad de nuestras ropas sucias, malolientes, el uno junto al otro, algo nos atravesó blanco y dulce, una tregua transparente. Y nos comunicamos cosas inesperadas, cosas sencillas, como cuando aparece a lo largo de una jornada gris un espacio tierno y verde, como cuando se llega a un claro en el bosque. Yo era forastero y sólo pronuncié unas cuantas palabras que saqué de mi mochila, pero eran como las suyas y nada más las cambiamos unas por otras. Él se entusiasmó, me miraba a los ojos, y bruscamente los árboles rompieron el silencio. “Sabe, pronto saldrá el agua de las hendiduras”. “No es malo vivir en la altura. Lo malo es bajar al pueblo a echarse un trago porque luego allá andan las viejas calientes. Después es más difícil volver a remontarse, no más acordándose de ellas”… Dijimos que se iba a quitar el frío, que allá lejos estaban los nubarrones empujándolo y que la cosecha podía ser buena. Caían nuestras palabras como gruesos terrones, como varas resecas, pero nos entendíamos. Llegamos al pueblo donde estaba el único mesón. Cuando bajé de la carreta empezó a buscarse en todos los bolsillos, a vaciarlos, a voltearlos al revés, inquieto, ansioso, reteniéndome con los ojos: “¿Qué le regalaré? ¿qué le regalo? Le quiero hacer un regalo…” Buscaba a su alrededor, esperanzado, mirando el cielo, mirando el campo. Hurgoneó de nuevo en su vestido de miseria, en su pantalón tieso, jaspeado de mugre, en su saco usado, amoldado ya a su cuerpo, para encontrar el regalo. Miró hacia arriba, con una mirada circular que quería abarcar el universo entero. El mundo permanecía remoto, lejano, indiferente. Y de pronto todas las arrugas de su rostro ennegrecido, todos esos surcos escarbados de sol a sol, me sonrieron. Todos los gallos del mundo habían pisoteado su cara, llenándola de patas. Extrajo avergonzado un papelito de no sé dónde, se sentó nuevamente en la carreta y apoyando su gruesa mano sobre las rodillas tartamudeó: -Ya sé, le voy a regalar mi nombre.

Elena Poniatowska/Francia-México


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Abecedario

“En una mirada, mil palabras” dice el viejo proverbio acerca del poder de una ilustración. Combinada con una narración, la ilustración invita a detener la lectura por un momento, y adentrarse en el mundo que el autor propone. Los libros ilustrados para niños hacen uso especial de esta combinación textual-pictórica. Efraín Figueroa, aunque científico de profesión, es cuentista por afición. Como homenaje al Día de la Marimba, mostramos algunas de las ilustraciones que ha producido para su libro La marimba de Sebastián, usando una combinación de medios, como acuarelas y pintura digital.

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La ma d Seba

Mercado

Es una estampa del altiplano guatemalteco. Muestra la tradición prehispánica del mercado al aire libre, ahora localizado a un lado de la iglesia. Los personajes incluyen a un marchante o vendedor ambulante indígena con su cacaxte a cuestas, también un remanente prehispánico. Su mercancía son marimbitas, de acuerdo con el cuento La marimba de Sebastián.

Juego de trompos Recrea uno de los pasatiempos favoritos en la Guatemala de antaño, idealizado en un juego al aire libre donde participan, sin diferencias étnicas, niños mayas y ladinos. Evoca otros tiempos, antes de que la tecnología dominara el entretenimiento: la radio, el cine, la televisión, y los actuales juegos virtuales.

Marchante Es una escena donde tanto el vendedor como sus clientes son personajes mayas, en un pueblo del altiplano de Guatemala. Simboliza el derecho de todos a buscar oportunidades de superación (la música, por ejemplo) sin importar el origen étnico.


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arimba de astián

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Fotos: Cortesía Efraín Figueroa

Efraín Figueroa

Soñador Trata de capturar la pasión que los niños tienen por alcanzar una meta o un sueño. Aunque representa a Sebastián Hurtado en su afán por construir un mejor instrumento musical, es una alegoría de todos aquellos niños y jóvenes que viven con pasión, dedicación —y desvelos—, su vocación.

Lección

Personaliza la transferencia de conocimiento de lo indígena (el viejito marimbero) a una nueva generación ladina (el niño). En el caso de la marimba, dicha transferencia llevó a la evolución del instrumento guatemalteco a finales del siglo XIX.

Un nuevo instrumento en Guatemala Es una representación de la descripción hecha por el historiador Domingo Juarros sobre la primera observación de la marimba de arco en una entrada o desfile de pueblos indígenas en Antigua Guatemala, en 1680. La ocasión de esa celebración era la inauguración de la catedral, cuya fachada permanece hasta ahora. Los festejos incluían juegos pirotécnicos, el palo volador, procesiones religiosas y desfiles organizados a diario por la ciudadanía en la plaza de armas.


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Tragaluz

Guatemala, viernes 19 de febrero de 2016

Bécquer se desha Vida, obra y leyenda del escritor y periodista sevillano, nacido en 1836.

Winston Manrique Sabogal*

Los invisibles átomos del aire / en derredor se agitan y abrillantan (No, “en derredor palpitan y se inflaman,”) / el cielo se deshace en rayos de oro, / la tierra al respirar arroja llamas (No, “la tierra se estremece alborozada”) / Oigo flotando en mares de armonía”. (No, “Oigo flotando en olas de armonía”. No, “Oigo vibrar en olas de armonía”. No, “Oigo flotando en olas de armonías”). Silencio. Es Bécquer, domando las palabras. Vuelve para aclarar su verdadera vida envuelta en mitología romántica y malentendidos que lo ungieron en escritor maldito, para susurrar sus rimas en el orden en que él las quería pero que sus amigos cambiaron creando la idea falsa que se ha popularizado, y para contar lo que esconden sus leyendas en prosa con las cuales abrió una ruta para la literatura contemporánea. Gustavo Adolfo Domínguez Bastida Bécquer (17 de febrero de 1836-22 de diciembre de 1870) es el gran poeta del tardorromanticismo español e iniciador de la modernidad que desde muy pequeño tiene de su parte la leyenda de artista malogrado (con su hermano Valeriano quedan huérfanos de padre a los 6 años y de madre a los 11). Pero ya de joven sueña con el éxito literario. Y lo que hace, en realidad, es ser un buen periodista que siembra su gloria en los recreos que le dejan su oficio, sus dibujos y sus embelecos políticos.

En pos del sueño

Así aparece en Rimas, leyendas y relatos orientales, un volumen crítico bajo la edición de María del Pilar Palomo y Jesús Rubio Jiménez, que publicará la Fundación José Manuel Lara. Aquí se desmonta la imagen de creador atormentado, al ser un compendio de diversos estudios y biografías que aspira a ser la edición canónica sobre el escritor sevillano. Deja claro qué es vida-verdad y qué es literatura-mito en los 34 años, 10 meses y 5 días que vivió. Un tercio del tomo son estudios preliminares que esclarecen ese fin. Le siguen las 79 rimas con pie de página que rastrean cada una de sus variantes e incluso, algunas, dan cuenta del soplo de inspiración: “Temblor de besos y batir de alas… (No, “rumor de besos y batir de alas;”) Mis párpados se cierran… —¿Qué sucede? ¿Dime?... —¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!”. Eso exclama Bécquer en la rima 46, que condensa su concepción de la vida y de la literatura, y una de las que sirvió para alentar su mito de autor bohemio, pobre, infeliz y en desencuentro con la existencia, la suerte y los sentimientos. Una imagen que no lo refleja ni como escritor ni como hombre, según Ignacio F. Garmendia, editor del libro. Lo fundamental es que “con él empieza la modernidad. Juan Ramón dejó claro que Bécquer es el iniciador entre nosotros


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ace de su leyenda

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Fotos: Archivo

A 180 años de su nacimiento, el fantasma de Bécquer ajusta cuentas con el mito.

de la poesía contemporánea, y Cernuda destacó su papel como creador del poema en prosa”. Ese gran salto en pos del sueño de gloria lo da en otoño de 1854, cuando viaja de Sevilla a Madrid. Tiene 20 años. Allí se casará con Casta Esteban en 1861, tendrá dos hijos, se separará y trabajará en diferentes periódicos. Esa es su vida.

Fama póstuma

“Un periodista respetado en medios como El Contemporáneo y La Ilustración de Madrid que cuando es nombrado censor de novelas consigue un trabajo bien pagado y de cierta importancia política que le permite moverse entre la clase de buenas condiciones”, cuenta Rubio Jiménez, catedrático de literatura en la Universidad de Zaragoza y autor de La fama póstuma de Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer. Algo de su sueño atisba en vida con la publicación de varias rimas y leyendas en diarios, pero lo cierto es que no logra recopilar en un volumen toda su obra, recuerda Pilar Palomo, una de las mayores expertas en Bécquer. Bécquer lo intenta en 1868 con Libro de los Gorriones, que entrega al ministro Luis González Bravo; con la mala suerte de que se pierde cuando la casa de su protector es asaltada en los disturbios que derrocan a Isabel II.

Quedan dos años para que nazca la leyenda. En su entierro, sus amigos deciden cumplir con publicar su obra. Lo hacen en 1871 alterando el orden de las rimas. Las reordenan en un ciclo biográfico que confunde vida y literatura al crear una historia artificial de teoría, amor, desengaño y muerte. Es la versión que se populariza y contribuye a la falsificación y angelización de Bécquer. La fuerza del mito es tal que no importa que en 1914 Franz Schneider diera a conocer Libro de los Gorriones, del cual Pilar Palomo hace una de sus ediciones en 1977. En este volumen ella insiste en presentar las rimas como Bécquer las concibió. Una sucesión que refleja el pulso natural de la vida, “los avatares sin un orden preestablecido”. Para él, como para los grandes, el poeta es el amante y la poesía la amada, afirma Palomo: “Siempre es una amada imposible. Si Bécquer, Petrarca o Dante no la tienen, se la inventan, porque necesitan apresar ese amor”. Ahí está para desmontar parte de esa leyenda el celebérrimo: “¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul; ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú”. La gente cree que es inspirado en alguien pero es una metapoesía, explica Palomo. Nadie

dice que él no fuera proclive a enamorarse, pero esos primeros poemas son metaliterarios, de lo contrario no sería el creador de la poesía moderna, en la línea de los simbolistas franceses, asegura la experta. Recuerda que “lo primero que tiene que hacer el poeta es sentir la poesía, y quien la escribe tener una mente lúcida porque es un problema del lenguaje. Se escribe con la razón”. Bécquer lo dice en Cartas literarias a una mujer: “Yo cuando siento no escribo”. Y cuando lo hace se libera de prejuicios: “¡Llora! No te avergüences de confesar que me has querido un poco. ¡Llora! Nadie nos mira. Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro”. Dos años después de los disturbios de 1868, con el libro soñado perdido, en medio de vaivenes políticos y económicos y ya divorciado, muere su hermano en septiembre de 1870. Desolación. Llega el otoño y Bécquer ejerce de reportero con la ruta de tranvías tirados por caballos que pone a Madrid en el futuro, y a él, camino de la muerte. Es un día polar. Va a la Puerta del Sol, toma un tranvía y se sienta en la terraza descubierta de uno de los coches rumbo a su casa, en la calle de Claudio Coello. Madrid moderno. Modelo de los coches del tranvía que ha de cruzar la población, titula un artículo el 12 de noviembre. Cae enfermo de una bronquitis, él, que padeció de tuberculosis y reforzaba sus pulmones en los mares del Cantábrico. El 20 de diciembre quema su correspondencia. Dos días después hay un eclipse total de sol. Hacia la una de la tarde, dicen que sus últimas palabras fueron: “Todo mortal”. Nace la leyenda.

Desmitificación y modernidad

El libro de Bécquer de la Fundación José Manuel Lara se basa en documentación administrativa para fijar con precisión los datos, y en la correspondencia, que ofrece aportaciones de los últimos años. Por ejemplo ayudan, según Jesús Rubio, uno de los autores, a aclarar cuál fue su relación con Julia Espín, “más allá de suposiciones imaginativas. Se añade la mención del último hallazgo becqueriano: su trabajo como libretista junto con Luis García Luna en la zarzuela inacabada El talismán,que ofrece la particularidad de que el músico fue el padre de Julia Espín, Joaquín Espín”. Si las Rimas recuperan el orden concebido por Bécquer, para las Leyendas se ha procurado tener a la vista todas las que salieron en prensa de la época y alguna que no se ha tenido en cuenta, 15 más tres relatos orientales. El libro proporciona claves de lectura que inciden en la modernidad del autor sevillano: “Que radica en su carácter fantástico y en el diálogo que establece con las artes. Escribe como un pintor, cuidando la plasticidad y la musicalidad. Prosa que se acerca al poema, que es más del dominio de la lírica”, dice Rubio. La tarea pendiente sobre Bécquer, dice Pilar Palomo, es su faceta de periodista. *El País

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Imagen de fray Payo Enríquez de Rivera, aparecida en el Diario de Centro América del 4 de mayo de 1931.

Fray Payo y la imprenta DCA, 4 de mayo de 1931. Payo Enríquez de Rivera, nació en Sevilla en 1612. Su padre fue don Fernando Enríquez de Rivera, duque de Alcalá y virrey de Nápoles. Entró, siendo niño, al convento agustino de San Felipe; fue lector de Filosofía y Teología en el convento de San Andrés de Burgos y de Teología en el de San Gabriel de Valladolid y en el Real de Alcalá de Henares, donde sirvió también de regente de estudios; prior de Valladolid, definidor en su religión, calificador del Santo Oficio y rector del insigne colegio de doña María de Aragón en Madrid. Se graduó en la Universidad de Osuna. Felipe IV lo presentó para el obispado de Guatemala, llegando a esta el 23 de febrero de 1659. Visitó toda la diócesis, promovió la fundación del Hospital de San Pedro y puso la primera piedra de su iglesia. A los betlemitas les dio el hábito y la regla que observaron al principio y les facilitó que fundasen hospital en México. Parco en sus gastos propios, caritativo para con el prójimo, defendió a los indios en sus escritos ante la Audiencia. Se hizo querer de todos. En 1559, con el propósito de publicar algunos de sus escritos se apoyó en el franciscano fray Francisco de Borja para conseguir maquinaria y operarios en México. Borja contrató al impresor José de Pineda Ibarra a quien le fió una imprenta, por el precio de mil 538 pesos. Las primeras publicaciones fueron: Explicatio apologética, obra de 755 folios, redactada por fray Payo (1663); La Thomasiada, obra poética escrita por Diego Sáenz de Ovecurri, que consta de 261 folios (1667) y Manual para administrar los santos sacramentos, de Nicolás Álvarez de Vega, que alcanzó dos ediciones, una de 1665, otra en 1689. Después de 10 años lo trasladaron al obispado de Michoacán, saliendo de Guatemala el 4 de febrero de 1668. En el camino, dos leguas antes de Oaxaca, recibió la noticia de su promoción al Arzobispado de México. En el desempeño de aquel cargo, en 1674, por muerte del virrey Pedro Nuño Colón de Portugal, entró a subrogarlo, siendo virrey durante 7 años.


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