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Revista viernes 117

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Una semana Editorial Y en el principio fue la comida. Y Dios hizo la luz para ver lo que comía. Luego añadió los aromas y se valió del olfato para oler lo que comía. Y después las texturas y el tacto para palpar lo que comía. Y entonces creó el fruto y con este la pasión y, en fin, la sabiduría. Estas sugestiones sensitivas y espirituales son las que incorporamos en este número con un texto sobre el aporte que la alquimia alimentaria de América ha hecho al mundo. Imaginemos los olores del día de la creación cuando las primeras abejas hicieron posible la fusión del color, del sabor y del amor en la oscura y luminosa textura de la miel. Las cocinas del planeta, que han forjado al rojo vivo las herramientas de la sobrevivencia, nos recuerdan que los primeros ojos que se abrieron sobre la Tierra fueron los del fuego. En el hogar fue convertido el fuego en materia pimentosa, en dulzura primigenia, en alquimia de sabores, de olores,colores y saberes. En esta fiesta de los sentidos también surge el sabor descalzo de América. y la pasión que se atreve más allá de los amaneceres. América es un mordisco que dio el océano a la masa viva de Pangea. Y así surgió el Atlántico de jade. Y así surgió la sed de vida, la necesidad de trascender y multiplicar los sueños. Este es el aporte de América al mundo. El deseo de vivir, de amar, de paladear los elementos. Por eso la oración de América en esta hora del mundo clama porque el viento nos lleve, la tierra nos cobije, la lluvia nos alimente y el fuego nos purifique.

En portada: Detalle de mural de Diego Rivera, en el Palacio Nacional de México, DF.

Guatemala, viernes 15 de enero de 2016

Mi Querida Familia

Techo llega a damnificado Redacción

ara dar cobijo y amparo a las víctimas de El Cambray II, el Gobierno ha entregado 45 casas a igual número de núcleos, en el proyecto habitacional Mi Querida Familia, en San José Pinula, sobre un terreno quitado al narcotráfico por medio de la extinción de dominio, donde en total se erigirán 181 viviendas, una escuela, un monumento a los muertos y calles urbanizadas con todos los servicios. El expresidente Alejandro Maldonado Aguirre y el mandatario Jimmy Morales habla-

ron a los pobladores en el acto de entrega de 35 casas que se suman a las 10 que recibieron los afectados en la Navidad, y dieron por inaugurado el proyecto que se ha construido por gestión de los ministerios de Comunicaciones y de Defensa con fondos de los organismos Ejecutivo y Legislativo. De acuerdo con lo informado por la cartera de Comunicaciones, se calcula que en 30 días estarán terminadas las restantes residencias y los detalles de urbanización como muro perimetral, banquetas, alumbrado, alcantarillado y la red de agua. El costo alcanza los Q22 millones 246 mil 728.

El mandatario Jimmy Morales, en presencia del ahora expresidente Alejandro Maldonado, cor yecto. final del proyecto de vivienda para los daminificados.

DIRECTORIO

Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. D Museo de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández


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Guatemala, viernes 15 de enero de 2016

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Cuento 117

Jim

Fotos: Carlos Ovalle

Aspecto general de las construcciones en proceso de acabado.

rta la cinta simbólica de entrega del pro-

Hace muchos años tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano más triste. Desesperados he visto muchos. Tristes, como Jim, ninguno. Una vez se marchó a Perú, en un viaje que debía durar más de seis meses, pero al cabo de poco tiempo volví a verlo. ¿En qué consiste la poesía, Jim?, le preguntaban los niños mendigos de México. Jim los escuchaba mirando las nubes y luego se ponía a vomitar. Léxico, elocuencia, búsqueda de la verdad. Epifanía. Como cuando se te aparece la Virgen. En Centroamérica lo asaltaron varias veces, lo que resultaba extraordinario para alguien que había sido marine y antiguo combatiente en Vietnam. No más peleas, decía Jim. Ahora soy poeta y busco lo extraordinario para decirlo con palabras comunes y corrientes. ¿Tú crees que existen palabras comunes y corrientes? Yo creo que sí, decía Jim. Su mujer era una poeta chicana que amenazaba, cada cierto tiempo, con abandonarlo. Me mostró una foto de ella. No era particularmente bonita. Su rostro expresaba sufrimiento y debajo del sufrimiento asomaba la rabia. La imaginé en un apartamento de San Francisco o en una casa de Los Ángeles, con las ventanas cerradas y las cortinas abiertas, sentada a la mesa, comiendo trocitos de pan de molde y un plato de sopa verde. Por lo visto a Jim le gustaban las morenas, las mujeres secretas de la historia, decía sin dar mayores explicaciones. A mí, por el contrario, me gustaban las rubias. Una vez lo vi contemplando a los tragafuegos de las calles del DF. Lo vi de espaldas y no lo saludé, pero evidentemente era Jim. El pelo mal cortado, la camisa blanca y sucia, la espalda cargada como si aún sintiera el peso de la mochila. El cuello rojo, un cuello que evocaba, de alguna manera, un linchamiento en el campo, un campo en blanco y negro, sin anuncios ni luces de estaciones de gasolina, un campo tal como es o como debería ser el campo: baldíos sin solución de continuidad, habitaciones de ladrillo o blindadas de donde hemos escapado y que esperan nuestro regreso. Jim tenía las manos en los bolsillos. El tragafuegos agitaba su antorcha y se reía de forma feroz. Su rostro, ennegrecido, decía que podía tener treintaicinco años o quince. No llevaba camisa y una cicatriz vertical le subía desde el ombligo hasta el pecho. Cada cierto tiempo se llenaba la boca de

Diseño Gráfico: Héctor Estrada, Scarlett Pérez y Roinel Martínez. Internacionales: Édgar Quiñónez. Digitalización: Boris Molina. ez.

líquido inflamable y luego escupía una larga culebra de fuego. La gente lo miraba, apreciaba su arte y seguía su camino, menos Jim, que permanecía en el borde de la acera, inmóvil, como si esperara algo más del tragafuegos, una décima señal después de haber descifrado las nueve de rigor, o como si en el rostro tiznado hubiera descubierto la cara de un antiguo amigo o de alguien que había matado. Durante un buen rato lo estuve mirando. Yo entonces tenía dieciocho o diecinueve años y creía que era inmortal. Si hubiera sabido que no lo era, habría dado media vuelta y me hubiera alejado de allí. Pasado un tiempo me cansé de mirar la espalda de Jim y los visajes del tragafuegos. Lo cierto es que me acerqué y lo llamé. Jim pareció no oírme. Al volverse observé que tenía la cara mojada de sudor. Parecía afiebrado y le costó reconocerme: me saludó con un movimiento de cabeza y luego siguió mirando al tragafuegos. Cuando me puse a su lado me di cuenta de que estaba llorando. Probablemente también tenía fiebre. Asimismo descubrí, con menos asombro con el que ahora lo escribo, que el tragafuegos estaba trabajando exclusivamente para él, como si todos los demás transeúntes de aquella esquina del DF no existiéramos. Las llamaradas, en ocasiones, iban a morir a menos de un metro de donde estábamos. ¿Qué quieres, le dije, que te asen en la calle? Una broma tonta, dicha sin pensar, pero de golpe caí en que eso, precisamente, esperaba Jim. Chingado, hechizado / Chingado, hechizado, era el estribillo, creo recordar, de una canción de moda aquel año en algunos hoyos funkis. Chingado y hechizado parecía Jim. El embrujo de México lo había atrapado y ahora miraba directamente a la cara a sus fantasmas. Vámonos de aquí, le dije. También le pregunté si estaba drogado, si se sentía mal. Dijo que no con la cabeza. El tragafuegos nos miró. Luego, con los carrillos hinchados, como Eolo, el dios del viento, se acercó a nosotros. Supe, en una fracción de segundo, que no era precisamente viento lo que nos iba a caer encima. Vámonos, dije, y de un golpe lo despegué del funesto borde de la acera. Nos perdimos calle abajo, en dirección a Reforma, y al poco rato nos separamos. Jim no abrió la boca en todo el tiempo. Nunca más lo volví a ver.

Roberto Bolaño/Chile


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Abecedario

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Virginia Vidal* uena parte del ingenio humano se ha esmerado en hallar elementos -o alimentos- que otorguen juventud y poderes afrodisiacos a quienes los ingieran. No otra cosa ha sido la ruta de las especias, como el clavo de olor o giroflé, la pimienta en todas sus edades, la nuez moscada con su delicada corteza,o la canela que permite conservar las carnes y animar el cuerpo. En la yerba mate del Cono Sur, el té oriental halló rival poderoso, sin contar aromáticas hierbas para infusiones. En el Nuevo Continente, en esta “tierra mía sin nombre, sin América”, como la llama Neruda, estaba la reserva más espléndida de aves, peces y animales no conocidos, de frutas, hongos, hortalizas y especias, no sólo para saciar el hambre sino también como ritual amoroso y ofrenda a las divinidades. Similar sentido religioso incorporaba el trigo para la harina de las hostias y la vid para fabricar el vino de consagrar que usaban en la misa los sacerdotes recién llegados con los conquistadores españoles, a más del aceite de oliva para encender las lámparas votivas y como santo óleo en la administración de los sacramentos y regar las ensaladas para darles aroma celestial. En nuestra tierra existían preciosos aceites pero solo se destinaban a uso ritual, como el de guácharo, ave de Venezuela. Los europeos trajeron los cítricos que aprendieron a cultivar de los árabes, y las ensaladas fueron rociadas con limón y se calmó la sed con jugo de naranja. Sembraron los almendros, a cuya semilla el poeta cubano Lezama Lima rinde homenaje: “Canosa y escultórica serenidad de la almendra que recibe la embriaguez de la miel hecha escarcha de ambrosía”.

Despertar los apetitos

Nuestros naturales obtenían las proteínas del sagrado maíz, del cacahuate o maní y de la pesca en mares y ríos, la caza de aves y mamíferos, la cría de pavos o guajolotes de carne refinada. Los conquistadores trajeron los animales domésticos: las reses, cabríos, corderos, chanchos; aves de corral, con la gallina como reina. Rara vez se las mataba, salvo en ocasiones memorables, reservando su caldo para las mujeres paridas, los convalecientes o los enfermos de gripe. Los esclavos africanos aportaron a la rica cocina del nuevo continente gran audacia para combinar productos. También frutos que, sin ser necesariamente originarios de África, allí habían proliferado, como diversas especies de plátanos, los cocos y el café. Este delicioso grano se convirtió en indispensable, bebido mientras se fumaba. El cigarro era de acá y el cultivo del tabaco se extendió de modo asombroso, como también el de la caña de azúcar. Decir caña, es decir azúcar prieta, papelón, panela, chancaca, infinitos dulces y confituras, es decir guarapo y dulce zumo destilado y añejado para convertirlo en ron. Se comprende cuando Brillat Savarin, el maestro de la gastronomía, en su Fisiología del gusto afirma: “Es precisamente en las colonias del Nuevo Mundo donde el azúcar tiene su origen”. ¿Qué es lo más socorrido para despertar los apetitos y expresar el amor? ¡Bombones! Sí, el cacao, originario de las tierras de los caracas, se avecindó en México, de cuya almendra tostada,

Sagrados el aporte de Am

Crueldad

machacada y mezclada con miel y especias se fabrica el exquisito chocolate, la más popular ofrenda de amor. El chocolate es sustancia principal del mole mexicano: buena muestra de la cocina mestiza. Le sigue el incomparable aroma de la vaina o vainilla de la orquídea, que se emplea en postres, helados y hasta en perfumes.

Danza del fuego

No es exagerado afirmar que apetitos nutricios y venéreos andan de la mano. Para despertarlos, desde tiempos inmemoriales se buscan fórmulas mágicas y éstas se van transmitiendo de madres a hijas. Al cocer los alimentos, una parte de la Humanidad descubrió que en tierras americanas se conservaban todas las formas inventadas desde que el humano aprendió a encender el fuego. En la barbacoa -palabra taína, igual que tomate- no hay hombre que no goce asando carne, entrañas y embutidos, aves y pescados. El maíz, rubio hijo del sol, se aprovecha tierno desde su cocimiento para “el facundo ofertorio de los choclos” o en variedad de tamales y humitas o en el pastel de choclo a la chilena. Con los granos secos de este cereal se prepara la chuchoca que espesará la cazuela de pava o la harina que formará la masa de las arepas o la variedad incomparable de la polenta. Se

Vendedora de Flores


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Guatemala, viernes 15 de enero de 2016 Fotos: Archivo

alimentos: mérica al mundo convierte en cabritas -palomitas, cotufas- luego de saltar y estallar mientras se asa azucarado, acompañantes indispensables de las horas de cine. Las arepas del desayuno caribeño, amazónico y venezolano, se cuecen sobre un budare, que primero fue una plancha de arcilla para asar las tortillas y después se fundió en hierro. En un horno de barro montado ladrillo a ladrillo con forma de iglú, con pequeña boca donde entran maderos que arderán hasta convertirse en rescoldo para ser después barrido, en esa oscura y ardiente cavidad se irán asando en las minas la galleta minera, la galleta del campesino, las empanadas, panes amasados, pasteles de choclo y alfajores, bizcochos y otras delicias. En los campos chilenos la tortilla de rescoldo luego de ser amasada con harina de trigo, salmuera, levadura y manteca, se asa envuelta en las cenizas resultantes del cisco de carbones vegetales. Un albo paño la limpiará de su velo cenizo antes de partirse en suculentas tajadas. Con fuegos vivos espléndidos trozos de res se ensartan en un asador con forma de cruz en el quincho de Aysén o Magallanes, y se planta en el suelo en torno al fuego. Esta es faena de hombres y cada uno pone un punto de orgullo y regula la distancia de su asado sin que llegue a rozarlo la llama.

Orgía

Si es cordero plantado, el cogote va abajo y arriba las piernas que se charquean para que se ase parejo y no se queme el cuero. Los pescados rellenos, muy envueltos en hojas de plátano, se asan sobre una parrilla a orillas del Lago Maracaibo. Los mejores frijoles granados se guisan en olla de greda y el pastel de maíz se hornea en fuente del mismo material. Conviene tener presente que los azafates, fuentes, ollas y platos de greda tienen un efecto especial por estar amasados con la misma tierra, de modo que están impregnados de energía, sueños y aura.

Pollos al barro

Por estas tierras, como en la remota China, aún se asan los pollos al barro, envueltos con plumas y todo en una armadura de espeso fango que se resecará como coraza al calor de la lumbre y al quebrarse dejará ver el ave, cocida y libre de plumas y pellejo. No faltan los pescadores que ponen sobre las brasas su pescado envuelto en papeles de diario bien mojados en agua de mar, donde queda pegado el pellejo con escamas, para lucir su carne esplendorosa. El aceite de oliva y la manteca de cerdo dieron origen a la fritura y las correspondientes fritangas. Esta forma de cocción obliga a los pescados a zambullirse y chirriar en el líquido

Mar de vida

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Es muy de varón caraqueño desayunar con un ojo de buey -el cristalino-, diluido en zumo de naranja y jugo de remolacha o betarraga cruda: surrealista la imagen del azafate colmado de ojos de buey entre parchitas y lechosas rodajas de piña. Si de poderes reavivantes se trata, por estas tierras también se alaban los de los huevos crudos de lechuza, tan buenos para retener a un hombre como para conservar la tersura del cutis; de la tortilla de huevos de paloma; de los órganos genitales del zorro, de las iguanas, de la pata de venado. Para conquistar y retener al ser amado no se trepida en emplear desde el corazón de la golondrina al hígado de conejo; de la sangre de novillo desleída en ron a los testículos asados; o la sopa de rabo de toro negro a los sesos y criadillas; la leche de ají a las tortugas de mar y río guisadas con ajo, ají y cebolla. O se acude a elementos menos drásticos como la pisca andina, los plátanos machos fritos o asados, la leche de ají o pebres diversos. El zapallo, calabaza o auyama crece opulento y su tierna y abundosa pulpa es famosa porque a las chiquillas les “engorda las piernas” y es el alimento más sano para los recién nacidos, después del pecho materno.

Pecados capitales Al suelo del continente americano le brota miel por todos los poros. Y a la miel le brotan flores.

calentado al máximo para cubrirse de crujiente corteza. Igual se fríen empanadillas, cogollos de coliflor y otras verduras arrebozadas, tortillas varias y sopaipillas amasadas de zapallo color oro y harina de trigo. Famoso encuentro de coquetas es el “reitimiento” de las mujeres chilotas después de la matanza del chancho. Se preparan morcillas, jamones, longanizas, dando especial énfasis a los chicharrones. En esta ceremonia, no falta el pícaro que los saborea metidos en un trozo de pan, exclamando: “No es amor al chancho, sino a los chicharrones”. Los curantos chilotes se hacen cavando un hoyo descomunal en el suelo donde se calientan piedras al rojo y luego, con ceremonioso ritual se van poniendo en un orden determinado los sacos de mariscos diversos, aves, chancho, longanizas, milcaos y chapaleles amasados con papas y chicharrones. El todo culmina con cobertura de hojas de nalca y champas de pasto. Esta especie de olla a presión terrestre demora un tiempo en expedir los vapores que anuncian la cocción cabal, en tanto, los comensales han estado ingiriendo mariscos crudos y vivos rociados con jugo de limón y degustados con vino blanco. Los

trasterrados

Entre los exilios sucesivos que nos ha tocado vivir, no olvidar el de los jesuitas. Esas ausencias se consolaban a veces añorando las maravillas perdidas, entre ellas, sabores y olores. Ello consta en la obra del abate Juan Ignacio Molina, quien evoca intensas algas marinas: luche y cochachuyo, sin olvidar pescados y mariscos como los piures. Añora el charquicán, sabrosa combinación de charqui o tasajo tostado y desmenuzado con papas, zapallo, verduras de la estación y orégano, comino, ají de color o pimentón; el siempre americano maíz para humitas o chuchoca; los dulzores de la miel

de palma y lúcumas, o frutas como la murtilla, para licor. Al padre Manuel Lacunza, cuando se distrae de la escritura de La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, lo abruma la nostalgia y se sueña en un viaje imaginario de retorno: en Valparaíso, donde se harta de pejerreyes y jaibas, de erizos y locos. Galopa a Santiago, visita a su abuela, doña Rafaela y mientras cuenta sus aventuras en Italia, y fascina a parientes y conocidos con hechos reales e imaginarios, come pollos, charquicán, cajitas de dulce, bizcochuelos y otros postres que preparan sus tías, monjas en sus respectivos conventos. No es raro, entonces, que a partir del golpe de Estado de 1973 los chilenos desterrados clamaran por su orégano, comino, merquén, cochayuyo, huesillos, mote, legítimas manzanas, y cada viajero que los visitaba debía transportarlos. Los mañosos también clamaban por la paila para freír los huevos del desayuno, difícilmente ubicable en extranjeras ferreterías.

Sortilegios eróticos

Son los habitantes del Nuevo Mundo los poseedores de la máxima sabiduría gozadora, los conocedores de las sutiles propiedades de plantas, flores, frutos y semillas y ellos le dieron este espléndido regalo al planeta entero: frutas gloriosas como la chirimoya, la parchita o maracuyá, el mamey. Nada se diga de las propiedades de la sabrosa palta o aguacate ni del tomate, que los italianos bautizaron “poma de oro”. Por sus estupendas propiedades decidieron emplearlo en todas las salsas imaginables para acompañar la inmensa variedad de pastas, cuyo secreto Marco Polo descubrió en China. Con el tiempo, se pudo advertir que los habitantes de algunas regiones conferían poderes afrodisiacos tanto a las hormigas culonas, cogidas con un palito untado con miel para ser fritas, como a la culebra ciega macerada en ron.

La papa, nacida en Chiloé, el territorio de la magia, con sus cuatrocientas variedades empezó por extenderse en toda la región andina, donde también se fue deshidratando al hielo para transformarla en chuño altiplánico (también se llama chuño a la alba y fina fécula de papas). Luego partió a ultramar y se apoderó del territorio europeo convirtiéndose en indispensable cocida, asada a las brasas, horneada, frita, amasada con harina o convertida en materia prima de platos infinitos. En nuestras tierras es el alimento por excelencia, al punto que la madre dice a su criatura al momento de amamantarla: “Te voy a dar la papa”, en tanto, los hombres piroperos ruborizan a alguna mujer gritándole: “¡Qué papa!”. Y el fruto subterráneo se convierte en sinónimo de feminidad. El ají, símbolo de lo picante y exaltante, en un tiempo fue más caro y preciado que la sal. Todas las variedades de este lujurioso descarado tienen por patria los países de América. En México lo llaman chile, sea verde, morado, rojo, amarillo, azulado, es siempre fuente de vitamina C. Los hay diminutos, pero terriblemente picantes, como el de Cayena o la variedad peruana de nombre impublicable que las vendedoras del mercado llaman colita de mono; hay rojos de semillas negras como el rocoto; anchos, angostos, chatos, siempre sabrosos, más o menos picantes. Los hay chireles, pasillas, cachos de cabra, nombres de nunca acabar. Sin ají no podrían existir chorizos, longanizas y otras cecinas tan destacadas como las ibéricas. La gula es uno de los siete pecados capitales y un camino de la sabiduría, como lo expresó Charles Fourier en El nuevo mundo amoroso: “Siendo el placer más extendido el de la gula… no es sorprendente que todos los siglos lo hayan considerado en un aspecto jocoso, y que pueblos envilecidos y desdichados no hayan visto en la gula más que una distracción al malestar y no un camino de sabiduría”. Pero como dijera Colette: “Si no eres capaz de un poco de brujería, no vale la pena meterte en la cocina” *Sur y Sur.


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Gavetas

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Francisco de Paula DCA, 20 de enero de 1932.- El ilustrísimo arzobispo Francisco de Paula García Peláez escribió a mediados del siglo XIX la primorosa e interesantísima obra Memorias para la Historia del Antiguo Reino de Guatemala, páginas llenas de datos que acusan cuidadoso interés de parte de su autor, por más que un literato compatriota nuestro la juzgue de desordenada y de estilo confuso y cansado. La obra de García Peláez, a nuestro humilde juicio, es de las mejores que se han publicado en el país. El lector encuentra en ella arsenal de noticias de alta novedad que pueden ser consultadas por nuestros modernos cronistas. García Peláez tuvo a la vista el valioso archivo de la curia eclesiástica y documentos pertenecientes a distintas personas, entre ellos los siguientes: Memorias de Tecpán Atitlán, escritas por el cacique Francisco Hernández Arana Xahilá en 1582 y completado por Francisco Díaz Xebutá Quch. El manuscrito referido consta de 98 fojas, redactado en dialecto cachiquel y hallábase en la biblioteca de los franciscanos en donde lo encontró el anticuario Juan Gavarrete, en 1844. Este Diario de Centro América los publicó como folletín hace varios años. Consultó también nuestro historiador los Títulos de los antiguos nuestros antepasados, los que ganaron estas tierras de Otzoyá, antes de que viniera la fe de Jesucristo entre ellos, en el año 1300, traducción exacta hecha en el año 1752. Además estudió los títulos de los caciques de Sacapulas, y los de Quetzaltenango y Momostenango, así como los de los señores de Totonicapán, escritos en el año 1554, en 31 fojas y traducidas al castellano en 1834 por F. Dionisio Chonay, que contienen las emigraciones de los quichés y una parte de su historia, hasta la conquista española. También fue revisada por García Peláez la Historia de nuestra raza, escrita por Juan Torres, descendiente del gran cacique Chignavicelut. Por último, en su obra García Peláez rectificó muchísimos datos consignados en la relación de los viajes del dominico Tomas Gage, y evitó inspirarse en datos de dudoso origen en las obras de Fuentes y Guzmán y de otros. Imagen del ilustrísimo Francisco García Peláez, aparecida en el DCA del 20 de enero de 1932.


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Reporte en V

¿Por qué las legumbres?

Guatemala, viernes 15 de enero de 2016

2016 ha sido declarado el Año Internacional de las Legumbres por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Con esta mención, la institución pretende mejorar los niveles de nutrición, promover el consumo de estos cultivos y aportar conocimiento gracias a la colaboración con organismos de investigación y universidades. Para empezar el año, averiguamos qué las hace tan especiales. Marta Sofía Ruiz* icas en proteínas y minerales, las legumbres no solo contribuyen a cuidar la salud de las personas sino también la del ambiente. Sus características, entre las que se incluyen una baja huella ecológica y la mejora de la fertilidad de los suelos, las han convertido en las protagonistas del 2016, el Año Internacional de las Legumbres, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estos son los motivos por los que lentejas, frijoles y otros cientos de cultivos han recibido este honor.

Son alimentos nutritivos

Las legumbres son ricas en nutrientes y una gran fuente de proteínas y fibra. “Su contenido en proteínas es mucho más alto que el del maíz, el trigo o el arroz. La combinación de legumbres con cereales aporta una fuente de proteínas sumamente completa, comparable a la proteína animal”, explica en un vídeo de la FAO, Marcela Villareal, Directora de la Oficina para Asociaciones, Promoción y Desarrollo de Capacidades de esa organización. Son también ricas en minerales (hierro, magnesio, potasio, fósforo, zinc) y vitaminas del grupo B (tiamina, riboflavina, niacina, B6 y ácido fólico) y tienen un bajo contenido en grasa y nada de colesterol. Además, un estudio liderado por la Universidad de Manitoba (Canadá) indica que comerlas regularmente puede ayudar también a controlar y combatir la obesidad. “Tienen una serie de aportes importantes para la salud. Ayudan a manejar el nivel de azúcar en sangre, por lo que son un apoyo en cuanto al colesterol y la diabetes”, concreta Villareal.

En la agricultura sostenible

Un atributo importante de las legumbres es su capacidad de fijar el nitrógeno biológicamente. Estas plantas, en simbiosis con ciertos tipos de bacterias (como Rhizobium, Bradyrhi-

Las legumbres son una alternativa asequible a las proteínas más caras de origen animal, lo que las hace ideales para mejorar las dietas de las regiones empobrecidas.


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Volúmenes de producción agrícola frente a los de desperdicio de alimentos

Millones de toneladas

2,500 2,000

1,500

1,000

500

0 Cereales (excluyendo la cerveza)

Raíces con almidón

Producción agrícola (FBS)

Cultivos oleaginosos y legumbres

Desperdicio de alimentos

todas las regiones, lo que las convierte en una fuente ecológica de nutrientes. A ello contribuye que puedan emplearse para el autoconsumo o como cultivos comerciales y que los residuos de los cultivos de leguminosas de grano puedan utilizarse potencialmente como forraje animal.

Mitigan el cambio climático

zobium), son capaces de convertir el nitrógeno atmosférico en compuestos de nitrógeno que pueden ser utilizados por las plantas en crecimiento, lo que mejora la fertilidad del suelo. La FAO ha calculado que las leguminosas pueden fijar entre 72 y 350 kilogramos de nitrógeno por hectárea y año. Además, algunas especies son capaces de liberar fósforo en el suelo. “El nitrógeno y los fósforos son importantes nutrientes para las plantas en crecimiento. La habilidad de generar de manera natural estos fertilizantes hace que los granjeros no tengan que usar químicos”, explica Teodardo Calles, Oficial Agrónomo de la FAO. “Son también un cultivo que permite la diversificación. Si se incluyen en la rotación de cultivos interrumpen los ciclos de insectos y permiten continuar la producción futura en la misma parcela de tierra”, añade el experto.

Apenas se desperdician

En comparación con otros cultivos, las legumbres tienen una huella reducida de desperdicio alimentario, es decir, se desperdicia una parte muy pequeña de los cultivos, como se ve en la siguiente gráfica. Según la Plataforma Técnica del G20 sobre la medición y reducción de pérdidas y desperdicio de alimentos, la contribución de las legumbres al desperdicio total de alimentos es baja en

Las especies de legumbres tienen una amplia diversidad genética, que permite que se puedan seleccionar o desarrollar variedades mejoradas. Esto es particularmente importante para la adaptación al cambio climático, debido a que de esta amplia diversidad pueden obtenerse más variedades resistentes al clima. “Los científicos del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Colombia trabajan actualmente en el desarrollo de legumbres que puedan crecer a 4 o 5 grados más de la temperatura habitual. Es una manera de intentar adaptarse a los efectos del cambio climático, que hace que vayan aumentando las temperaturas”, afirma Calles. El ingeniero agrónomo señala que al reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos, gracias a la producción natural de nitrógeno y fósforo, se reduce también indirectamente la emisión de gases invernadero, que contribuyen al calentamiento global. “Las legumbres fijan más el carbono que otros cultivos como el maíz o el trigo, lo que también ayuda a la mitigación”, concreta el experto de la FAO.

Combaten la pobreza rural

Frutas (excluyendo el vino)

Además de ofrecer un suministro de alimentos de larga conservación, los cultivos leguminosos pueden aportar ingresos adicionales a los productores al venderse y comercializarse. Las legumbres son cultivos de alto valor y por lo general alcanzan precios de 2 a 3 veces más altos que los cereales. “Las legumbres son muy versátiles y pueden crecer en climas muy adversos. Si un agricultor tiene un cultivo de legumbres, posee un

Carne

Pescado y marisco

Leche (excluyendo mantequilla y huevos)

Hortalizas

Desperdicio de alimentos - Solo la parte comestible

cultivo de alto valor nutritivo que, además de consumir, puede vender fácilmente o almacenar y esperar a que suba su precio”, explica Calles. “Introducirlas en las rotaciones de cultivos puede ayudar también a los agricultores locales. Si solo tienen una planta y esa falla, no tienen qué vender ni qué comer, así que hay que fomentar su cultivo”, concluye el experto.

Y están muy buenas

Como explica la FAO en su página web, una de las ventajas de las legumbres es que se pueden almacenar durante meses sin perder su elevado valor nutritivo. Además, con ellas se cocinan deliciosos platos en todo el mundo, por lo que son un elemento básico de muchas dietas.

El viaje por el mundo

Según la FAO, la producción de legumbres está muy concentrada. La India, donde estos cultivos son una fuente importante de proteínas para una población mayoritariamente vegetariana, es el mayor productor mundial, con una cuarta parte de la producción global en 2013. Canadá es el mayor exportador de leguminosas con 6.2 millones de toneladas de legumbres (principalmente guisantes) en 2013, seguido de Australia (1.7 millones de toneladas), Myanmar (1.2 millones de toneladas),Estados Unidos (1.1 millones de toneladas) y China (800 mil toneladas). A pesar de ser el mayor productor de legumbres, India es también el país que más las importa: es el destino principal de una cuarta parte de las importaciones de las legumbres mundiales, seguido de la Unión Europea, China, Pakistán y Egipto. La FAO espera que el comercio internacional de legumbres continúe creciendo. Sin embargo, los obstáculos a la productividad en las regiones en desarrollo pueden no superarse. Debido a esto, la organización cree que muchos países en desarrollo continuarán dependiendo de las importaciones para satisfacer sus necesidades, una situación que pretenden combatir. *Sinc

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Contando el tiempo

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El libro más misterioso del mundo El carbono 14 aplicado a sus páginas establece para ellas una edad de 600 años.

La editorial española Siloé clonará el Códice Voynich de la Universidad de Yale, el mayor enigma editorial de la Edad Media. El Códice optará al Registro de la Memoria del Mundo de la Unesco.

Borja Hermoso*

ermanecen irresueltos los arcanos del Códice Voynich, un enigma en forma de libro viejo y descosido de 234 páginas y 22.5 por 16 centímetros que desde hace más de 50 años dormita en las estanterías de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale en espera de que alguien despeje su misterio. ¿Cuaderno botánico de plantas inexistentes? ¿Tratado cosmológico? ¿Obra de iniciación esotérica? ¿Código élfico? ¿Libro cabalístico? ¿Relato bélico? ¿Catálogo de pócimas para magia? ¿Solución anticonceptiva para mujeres medievales en pecado? ¿El diario de un extraterrestre? ¿Estudio sobre la transmutación de la piedra filosofal? ¿El engaño perpetrado por un genio? Hay quien aún lo sostiene, pero hace tiempo que la hipótesis falsaria perdió fuerza. Exactamente desde que, en los años 40, el lingüista estadounidense George Zipf formuló la Ley de Zipf

sobre la frecuencia de las palabras utilizadas en un texto. Según ella, el vocablo más utilizado aparece el doble de veces que el segundo más utilizado, el triple de veces que el tercero, el cuádruple que el cuarto, y así sucesivamente. Los estudiosos confirmaron hace tiempo que el texto del Voynich cumple con esa matemática de la palabra… y evidentemente nadie en el siglo XV (fecha científicamente probada de origen del texto) podía conocer ese enunciado. Desde hace más de un siglo, el códice descubierto de forma casual en 1912 por el librero lituano Wilfrid Wojnicz entre los anaqueles de la Villa Mondragone -una mansión cercana a Roma que perteneció a la familia Borghesecontinúa reventando la lógica científica y segregando la misma dosis de hipótesis descabelladas que de intentos serios de resolución. No se sabe quién lo escribió ni quién lo ilustró, ni con qué intención. No se sabe en qué idioma está escrito. Hay quien lo asimila al sánscrito, otros prefie-


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ren identificarlo como una posible lengua oriental, quizá india; hay quien habla del tamil, incluso de un experimento de lenguaje universal asimilable al esperanto. No se sabe si, al cabo, todo es un lenguaje encriptado (ni los máximos expertos estadounidenses en descifrado de códigos militares han sido capaces de asomarse a la cuestión con un mínimo de fiabilidad). Tan solo el año pasado Stephen Bax, profesor de la Universidad de Berdfordshire en el Reino Unido, aseguró que había descifrado 14 símbolos de los miles que pueblan el libro. Una certeza reina sobre el misterio: en 2011, la prueba del Carbono 14 practicada al manuscrito por un equipo de la Universidad de Arizona arrojó la aproximada partida de nacimiento del Voynich: un día entre 1404 y 1438. El día en que -probablemente, solo probablemente- un monje culminó, sobre las tablas de un scriptorium del norte de Italia y con el olfato de la paciencia, lo que 600 años después la fiel y entregada secta de seguidores del Códice Voynich sigue llamando el libro imposible. Entre semejante maraña de incertidumbres, la aparición de cualquier noticia confirmada en torno a este enigma editorial hay que recibirla como lo que es: un hito. Por vez primera, y más allá de las reproducciones más o menos afortunadas elaboradas en el pasado, el Voynich tendrá su fotocopia: la editorial española Siloé, con sede en Burgos, ha sido la elegida entre aspirantes de todo el mundo por la Universidad de Yale para clonar el manuscrito.

Orfebrería editorial

Juan José García y Pablo Molinero son los dos socios propietarios de Siloé, una editorial especializada desde hace 20 años en clonar con igual altura de sensibilidad y rigor libros de horas medievales, volúmenes miniados, beatos, códices y cartularios de toda especie. Apenas 30 libros editados en dos décadas dan cuenta del trabajo de orfebrería puesto en pie por estos editores enamorados de su obra, y ahora emocionados con este auténtico pelotazo editorial. “Supimos de la existencia del Voynich en 2005 y nos dijimos inmediatamente: Hay que copiarlo. Lo que más nos incitó a ello fue el hecho de que es uno de los libros más solicitados para exposiciones del mundo. Y es más sencillo para una institución como la Biblioteca Beinecke, en vez de estar poniendo trabas al préstamo una y otra vez, anunciar: ya existe una réplica exacta del códice, y usted puede dirigirse a ella. Esto fue un buen argumento para que nos concedieran el proyecto”, explica Juan José García en una de las salas del pequeño museo del libro antiguo Fadrique de Basilea, en el casco histórico de Burgos, un escaparate de las obras facsimilares ejecutadas por la editorial a lo largo de su trayectoria (Beato de Ginebra, Libro de horas de Laval, Vida y milagros de San Luis, Codex Calixtinus de Salamanca, Cartulario de Valpuesta… todo ello en un museo privado y “sostenible”, ya que las obras expuestas, además, están a la venta).

Imágenes del ‘Códice Voynich’.

Hace dos años ya que los responsables de la Beinecke Library de Yale les anunciaron que eran ellos los elegidos para un contrato por el que suspiraban editores de todo el mundo. Desde entonces, los socios de Siloé, poseedores de 12 premios nacionales del Ministerio de Cultura a la mejor labor editorial en la modalidad de facsímiles y expositores habituales en las ferias

de París, Nueva York o Fráncfort, han estado negociando el convenio de edición y las condiciones de trabajo para clonar el Voynich. “Este tipo de decisiones”, explica Juan José García, “no se toman de la noche a la mañana, en las universidades norteamericanas las cosas se maduran y se meditan muchísimo, hay departamentos cuasi estancos sobre todo tipo de materias que hasta que se ponen de acuerdo pasan años”. Pero el momento de la verdad ha llegado. En febrero, García y su equipo viajarán hasta New Haven (EE. UU.) para, en una sala semioscura, tranquila y con luz fría de la Beinecke Library, con el original del Códice Voynich ya sobre la mesa de trabajo y un guarda de seguridad que no les quitará el ojo, iniciar las tareas de clonación. “¡Bueno, lo de la vigilancia es normal!”, bromea el editor burgalés. Las universidades estadounidenses y británicas, sobre todo, son enormemente cuidadosas con las medidas de seguridad. “Cuando clonamos el Bestiario de Westminster en esa abadía, por ejemplo, nos pidieron certificados de seguridad hasta de las clavijas de los focos que utilizábamos para iluminar; es que claro, ¡con un foco defectuoso puedes incendiar una abadía o una biblioteca!”. La actuación de clonación sobre joyas de la codicología como esta es compleja. No caben los atajos, tampoco los engaños, tal y como explican Pablo Molinero y Juan José García: “Cada folio se trabaja de modo independiente, no utilizamos flejes, no utilizamos troquelado, todo se hace a mano, página a página, para que el libro tenga el mismo contorno envejecido que el original. Y luego hay que tener en cuenta que estamos ante una materia viva que ha permanecido prácticamente inerte durante 600 años y pasando por diferentes fases climatológicas y de conservación, que habrá estado en sitios con humedad, en sitios secos, que le habrá dado más luz, menos luz, estos libros suelen tener una deshidratación en mayor o menor grado, y todo eso le ha dado en algunas zonas un aspecto como quemado… y cuando pasas las páginas hay como un cuarteo, una especie de semichasquido, y todo eso hay que lograrlo, y es técnicamente muy complicado”. Pero además el Voynich presenta sus propias dificultades añadidas: “Es un libro hecho en vitela, es decir, en piel de animal no nato, o sea, la piel del feto de un cordero o de una ternera, el material más suave y delicado que te puedes echar a la cara; además, el libro tiene folios que se abren, se desdoblan, se multiplican… y eso lo hace todo más complicado técnicamente”. Paradójicamente, el caso del Códice Voynich, un libro de 600 años de edad, tiene el poder de retrotraernos a la infancia por su indescifrabilidad: al no poder ser leído, es meramente contemplado, a la manera en que el niño contempla un tebeo o un libro cuando aún no ha aprendido a leer. Y es eso: que el mundo aún no ha aprendido a leer el Voynich. Y ya se verá si un día lo hace… * El País

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Tragaluz

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La vocación literaria de este individuo admirable de Aracataca se debe a su contacto con la poesía. Gabriel García Márquez y sus escrituras no pueden entenderse cabalmente, si no se toma en cuenta su visión de esta. David Huerta* arcía Márquez le dijo, hace muchos años, a su paisano, el poeta y crítico Juan Gustavo Cobo Borda, lo siguiente: “La verdad es que si no hubiera sido por [el grupo literario] Piedra y Cielo no estoy muy seguro de haberme convertido en escritor. Gracias a esta herejía pude dejar atrás una retórica acartonada, tan típicamente colombiana… Creo que la importancia histórica de Piedra y Cielo es muy grande y no suficientemente reconocida... Allí no sólo aprendí un sistema de metaforizar, sino lo que es más decisivo, un entusiasmo y una novelería por la poesía que añoro cada día más y que me produce una inmensa nostalgia.” Esta verdad puede formularse también de una manera sinóptica: la vocación literaria de este individuo admirable de Aracataca se debe a su contacto con la poesía. Lector asiduo de versos de toda laya; admirador de un puñado de figuras poéticas (Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, Rubén Darío, entre muchos otros); discípulo en Cundinamarca del poeta piedracielista Carlos Martín, quien lo animó a publicar por vez primera; amigo personal de Pablo Neruda y lector cuidadoso de Octavio Paz, Gabriel García Márquez y sus escrituras no pueden entenderse cabalmente, en las estribaciones estilísticas de su obra y en su actitud general ante el lenguaje, si no se toma en cuenta su visión de la poesía.

Los piedracielistas

¿Quién se acuerda de ellos? Y sin embargo ahí están, en la historia y en la memoria de la literatura colombiana, y en las raíces de los libros más famosos del país. La declaración de García Márquez es impresionante: le da crédito al piedracielismo, como hemos dicho, por su vocación literaria. En los Textos costeños, sin embargo, no faltan páginas en las cuales arremete contra todos ellos y los juzga con severidad. Algunos nombres de piedracielistas: desde luego, y a la cabeza del grupo o movimiento, Eduardo Carranza; Jorge Rojas; Aurelio Arturo; el ya mencionado Carlos Martín, maestro de García Márquez en Zipaquira, según las noticias de Juan Gustavo Cobo Borda. Del origen del piedracielismo colombiano -y sobre todo de su nombre- es muy fácil dar noticia. En 1919, Juan Ramón Jiménez publicó el libro Piedra y cielo. Sus admiradores en Bogotá y en Cundinamarca lo leyeron con avidez; adoptaron la frase para echar a andar un movimiento poético. La herencia simbolista les pareció a esos jóvenes sudamericanos digna de tomarse en cuenta y más todavía: de aclimatarse al español latinoamericano, colombiano, bogotano, sobre todo para desuncirse del carro del modernismo, conducido cansinamente por Guillermo Valencia. Unos cuantos años más tarde, la aparición de Pablo Neruda en los años 20 y 30 dividiría el campo poético en lengua española en dos bandos definidos: los juanramonianos y los nerudófilos. Allí, en esa división, nace una cantidad enorme de mitos, de tomas de posición, de actitudes combativas.

El piedracielismo fue una rebelión contra el pasado más o menos reciente de la poesía colombiana, y específicamente contra Valencia, figura autoritaria y digna de todo rechazo, según esos jóvenes. No sé, no estoy seguro de si García Márquez pensaba en Valencia cuando habló con Cobo Borda de “dejar atrás una retórica acartonada, tan típicamente colombiana”. Lo cierto es esto: la rebelión antimodernista de Piedra y Cielo se explica por la cercanía, en el tiempo, de sus integrantes y la generación de Valencia. García Márquez pertenece, claro, a una generación posterior, y quienes sirven como mediadores (mediadores críticos) entre él y Valencia fueron los piedracielistas.

Novelería por la poesía

Para García Márquez el piedracielismo es “una herejía”: porción grande y necesaria de salud rebelde en un ambiente acartonado, adocenado, estéril. Un sistema de metaforizar, la adquisición de una “novelería por la poesía”: eso le dio el piedracielismo al futuro novelista. Le dio un lenguaje, dicho de otro modo: el lenguaje de la poesía. Pero hay aquí mucho más. Algo fundamental: los inicios literarios del fabulista de Aracataca: inicios en verso. Más adelante transcribo algunos de esos versos: heptasílabos y endecasílabos rimados en un romancillo y en un soneto, respectivamente. En 2007 se celebraron los 40 años de la publicación de Cien años de soledad y la Real Academia de la Lengua decidió marcar esa celebración con una edición popular de la novela; unos cuantos ensayos acompañaban la edición a modo de apéndices informativos o críticos. El ensayo más interesante de los publicados en esa edición, para mí, es el de Cobo Borda, titulado significativamente “El patio de atrás”; lo mismo podría llamarse “Los fundamentos”, “Los principios”, o cualquier otra frase evocadora de los primeros años del escritor colombiano más famoso de la historia. En 1945, a los 17 años, García Márquez es capaz de componer sonetos bien escandidos y bien acentuados. Los firma con el pseudónimo de Javier Garcés; quienes saben del estilo piedracielista, o de los estilos de esa escuela, como Cobo Borda, afirman el aire cómplice con ese movimiento de los versos de “Javier Garcés”, conservados por su maestro Carlos Martín y por sus condiscípulos. He aquí el principio de uno de esos sonetos: Si alguien llama a tu puerta, amiga mía, y algo en tu sangre late y no reposa y en su tallo de agua, temblorosa, la fuente es una líquida armonía… Las estrofas siguientes -el segundo cuarteto y los tercetos- penden, por así decirlo, de la anáfora del “si” condicional: si llaman, le dice el poeta a esa mujer… “abre, que es el amor, amiga mía”. La carga de cierto romanticismo estereotipado es indisimulable; pero el soneto está bien hecho.Algo semejante ocurre con los heptasílabos de 1947: Elegía a Marisela - Geografía celeste. He aquí los primeros versos del romancillo: No ha muerto. Ha iniciado un viaje atardecido, de azul en azul claro -de cielo en cielo- ha ido por la senda del sueño con su arcángel de lino.

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Márquez poesía

Fotos: Archivo

Los primeros versos de García Márquez constituyen el cimiento de sus libros y andanzas.

Ese “arcángel de lino” ya es una promesa, una prefiguración, de las visiones poéticas de los cuentos y las novelas futuros del joven poeta. Cobo Borda anota con acierto: “Si Borges ya viejo todavía bromeaba con el fantasma ultraísta que lo habitaba, también García Márquez lleva consigo un fantasma piedracielista”. En la página 199 de las memorias de García Márquez (en la primera edición), Vivir para contarla, este recuerda a un poeta muy popular, ahora enteramente olvidado, llamado José Manuel Marroquín. Cuenta el memorialista haber estado alguna vez “obnubilado por completo por un disparate genial” de ese poeta bogotano, que enloquecía al auditorio desde la primera estrofa”: “Ahora que los ladros perran, / ahora que los cantos gallan, ahora que albando la toca / las altas suenas campanan”, verdadero juguete prodigioso del ingenio. La cita continúa algunos versos más, como para permitirle al lector acostumbrarse al mecanismo verbal de la pieza de Marroquín. El poema de Marroquín se titula “Serenata” y cuenta con cierto pormenor, en octosílabos romanceados con una rima en a, precisamente la serenata de un individuo llamado Calixto a su novia Carmen, pareja a la cual no cuesta imaginar muy joven. Aquí abajo reproduzco versos del mismo poema, no citados en las memorias del novelista de Aracataca: Tú en tanto duerma tranquiles en tu rega camalada ingratándote así burla de las amas del que te ansia. ¡Oh, ventánate a tu asoma! ¡Persiane un poco la abra y suspire los recibos que esta pobra exhale alma! Una parte de la obra narrativa de García Márquez está dedicada a la poesía, a los poetas, a los poemas, acompañantes suyos de toda la vida. En El otoño del patriarca, Rubén Darío hace una aparición formidable. El dictador asiste con desgano al Teatro Nacional a escuchar las declamaciones de un poeta llamado Félix Rubén García Sarmiento, “que había de hacerse famoso con el nombre de Rubén Darío”. Los poemas leídos en voz alta por el autor toman por asalto al patriarca: nadie le ha hecho experimentar algo semejante. Se siente, ante el poeta y sus poderes, “disminuido y solo”. Para sus adentros, exclama: “carajo, cómo es posible que este indio pueda escribir una cosa tan bella con la misma

mano con la que se limpia el culo”. La “cosa bella” es el poema Marcha triunfal, portento de la versificación acentual; el novelista glosa algunos versos, engastados libre y juguetonamente en el flujo irresistible de la prosa de esa novela torrencial, la entrega inmediatamente posterior a la novela Cien años de soledad. Cuando mu chos escépticos o descreídos no acababan de sentenciar “está liquidado”, “no volverá a escribir nada parecido [a Cien años…]”, el escritor colombiano dio a conocer El otoño del patriarca, con ese bello homenaje al patriarcalibertador Darío, nicaragüense. Pablo Neruda es protagonista notorio de uno de los cuentos peregrinos: el titulado Me alquilo para soñar. Lope de Vega aparece citado como hombre de sabiduría en Vivir para contarla, aun cuando la memoria creadora y recreadora de García Márquez le hace decir algunas cosas imposibles de hallar en la obra del pródigo madrileño. Pero la aparición más deslumbrante de la poesía, los poetas y los poemas ocurre en la novela Del amor y otros demonios, homenaje cartagenero al poeta toledano Garcilaso de la Vega. Desde el homenaje de Juan Goytisolo a Góngora en la novela Reivindicación del conde don Julián, ningún otro novelista le había dedicado páginas tan bellas y emocionantes a la poesía de nuestra lengua. Los personajes de Del amor y otros demonios (1994) se llaman Sierva María de Todos los Ángeles y Cayetano Alcino del Espíritu Santo Delaura y Escudero. Son una poseída por el demonio y un exorcista -pareja improbable de una tragedia romántica, pero he aquí la temeridad de un escritor de raza. En el nombre del galán, “Alcino” recuerda una serie de poemas lopescos: los célebres sonetos de los mansos. Pero el tiro va por otro lado: en la página 107 de mi edición (reimpresión de 1994), la historia toma un rumbo imprevisto; Cayetano está convencido “de que su padre era descendiente directo de Garcilaso de la Vega”. Esa noticia está más o menos a la mitad del relato. La novela se transforma entonces en un largo testimonio de admiración por el príncipe de los poetas castellanos; sin dejar de ser, a la vez, una extrañísima historia de amor. *Revista de la Universidad de México

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Ventanas

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El rastro genético de los cimarrones

Foto: Cortesía Elycefeliz

El palenque de Yanga, en México, es el primer núcleo de esclavos africanos rebeldes -conocidos como cimarrones- que se estableció en América. Analizando el ADN de sus descendientes, se ha descubierto que en ellos queda muy poco rastro genético africano, como consecuencia del mestizaje. UCM*

nas décadas después de que Cristóbal Colon llegara a América, los europeos llevaron al continente esclavos africanos, puesto que la población nativa que utilizaban para los trabajos forzados, especialmente los relacionados con plantaciones y los de extracción minera, había sido diezmada por la sobreexplotación y las epidemias. Los esclavos que se rebelaban -conocidos como cimarrones- huían para formar sus propias comunidades autónomas, llamadas palenques. El de Yanga, situado en lo que hoy es Veracruz (México), se creó en 1630 y fue el primero que surgió en todo el continente, convirtiéndose en un referente para los esclavos africanos.

Modelo trihíbrido

Científicos españoles y mexicanos han analizado la composición genética de los descendientes de este asentamiento y han descubierto que en sus genes apenas queda rastro africano. “El componente africano está más diluido, en comparación con el amerindio y europeo”, afirma Antonio González-Martín, investigador deldepartamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y autor principal del estudio, publicado en Anthropological Science. Este modelo genético se conoce como trihíbrido de mestizaje, porque todas las poblaciones mestizas de América tienen, en mayor o menor porcentaje, aportes de estos tres grupos humanos. Los amerindios son el sustrato ancestral, sobre el que se solapa el europeo y el africano. “El componente africano presenta la singularidad de que llegó al nuevo mundo en un período muy concreto (principalmente durante el siglo XVII), aunque de forma muy intensa. Mientras que, el flujo genético europeo (fruto de la emigración) ha sido constante desde los primeros estadios de la colonización”, explica el antropólogo de la UCM. Los científicos analizaron el ADN extraído de muestras capilares de 60 descendientes de los primeros pobladores de Yanga. El requisito era que los cuatro abuelos de los participantes hubieran nacido en la comunidad.

Los esclavos que se rebelaban huían para formar sus propias comunidades.

Para averiguar el peso genético que tenían en la población los tres grupos ancestrales se compararon los datos obtenidos con la información genética procedente de descendientes de los grupos parentales: andaluces (representando a la población europea), africanos de Guinea Ecuatorial y el pueblo indígena purépecha, como descendientes de los amerindios. Además, para tener una imagen más amplia del fenómeno, los investigadores compararon el ADN de miembros de otras 10 poblaciones mestizas de México con el de amerindios, europeos y africanos. Las poblaciones procedían de Yucatán, Campeche, Veracruz, Puebla, México DF, Metztitlán, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León y Chihuahua.

Cambios según la historia

Los datos revelan que el linaje genético de estos pueblos sigue una distribución geográfica determinada. En el norte de México, el principal componente es europeo, seguido del indígena y, en mucha menor proporción, el africano. El modelo cambia en el sur y sureste, con una mayor presencia indígena, seguida de la europea y un bajo componente africano. “Es el resultado de la historia demográfica, el reflejo de los lugares donde, tradicionalmen-

te, se asentaron los europeos, donde sobrevivieron grupos indígenas y donde se requería la mano de obra africana, normalmente empleada en la minería, la estibación (carga de buques) o los cultivos”, señala González-Martín.

Pasado desapercibido

Teniendo en cuenta esta distribución geográfica, los 11 pueblos comparten un modelo genético parecido, con una alta presencia de componente amerindio y europeo (que oscilan en función de las regiones) y una baja presencia de marcadores africanos. En cuanto al aspecto físico (fenotipo), apenas se distinguen rasgos africanos en las poblaciones mestizas actuales. “En algunas regiones muy concretas y en algunos individuos sí se puede percibir un pasado africano pero, en general, pasa desapercibido”, asegura el científico. En la investigación, además de la Universidad Complutense de Madrid, participan la Universidad de Barcelona, el laboratorio GENOMICA (Madrid) y, por parte de México, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Autónoma de Yucatán y la Universidad de Guadalajara. *Universidad Complutense de Madrid


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Foto: Archivo

Teresa de Jesús:

la toma de la palabra José Ramón Enríquez Alcázar* o es algo fácil, inclusive hoy, que una mujer tome la palabra fuera de su casa y en medio de cualquier asamblea, pero era incomparablemente más difícil en la España del siglo XVI. Y era casi imposible si esa mujer venía de una familia con sangre impura, es decir, descendía de una familia judía por más que sus padres ya fueran conversos. Y peor aun, si era nieta de un “marrano” que debió llevar el sambenito en Toledo por haberle encontrado relapso la Santa Inquisición y por tal causa cambiar de domicilio con toda su familia a la ciudad de Ávila para huir de la memoria de una mancha indeleble. Esa mujer sin certificado de limpieza de sangre escogió la vida religiosa como estado civil y lo hizo para no volverse esclava de un marido elegido por conveniencias económicas sino para vivir con un Señor que le permitía crecer en el amor, gracias al silencio y al rompimiento con un mundo que acorrala al más débil. Sí, lo repito, para cualquier mujer de prácticamente todas las épocas y todas las geografías, tomar la palabra en una sociedad de hombres resulta no sólo un ejercicio heroico sino un testimonio de fe. Y así se lo escribe ella misma al Amado elegido por ella y por Él elegida en un párrafo de Camino de perfección, que le censuraron los inquisidores en múltiples ediciones: “No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas [...] No lo creo yo de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez y no

como los jueces del mundo que, como son hijos de Adán y, en fin, todos varones, no hay virtud de mujeres que no tengan por sospechosa...”. Con la Inquisición pisándole los pies prácticamente todavía, su voz se escucha mientras ella demuestra un milagroso equilibrio entre la ortodoxia dogmática y la heterodoxia que se enfrenta a la tajante orden de San Pablo en su Carta a los Corintios: “... que las mujeres callen en las Iglesias”. Por obediencia a esta orden se negó Pío XI a declararla Doctora de la Iglesia, en 1923: “Obstat sexus”, su sexo lo impide.

Magisterio profético

También por eso, tras declararla finalmente Doctora, a la luz del Vaticano II y ya en 1970, el siempre hamletiano Paulo VI tuvo que conformar su decisión con la doctrina paulina, diferenciando entre el magisterio carismático (profético) y el magisterio jerárquico: “¿Acaso se quebranta ahora el precepto apostólico? Podemos responder con claridad: no. Realmente no se trata de un título que comporte funciones jerárquicas de magisterio”. Ni el Vaticano II ni los avances culturales pueden contra la losa sexista de San Pablo. Sin embargo, en la sociedad oscurantista del siglo XVI, ya el Amado había hablado con Teresa al respecto y ella así lo había escrito en una de sus Relaciones y mercedes: “Diles que no se sigan por sólo una parte de la Escritura, que miren otras, y que si podrán por ventura atarme las manos”. Teresa de Jesús no inventaba para engañar a los varones, tampoco deliraba ni hablaba

sola. Realmente oía una voz, la Voz. Fue eso lo que entusiasmó a una de sus biógrafas más inteligentes y propositivas, la investigadora marxista recientemente fallecida Rosa Rossi: “Indagar sobre Teresa significaba indagar sobre alguien que llegó a tener una extraordinaria experiencia de la escritura como escritura dictada”. Teresa no deseaba tomar la palabra tan sólo para expresar intimidades propias sino para expresar a esa misma Palabra que le hablaba. Coincidía con De los nombres de Cristo de fray Luis de León para quien era la poesía “una comunicación del aliento celestial y divino”. Y en eso también rompía moldes inquisitoriales, porque no sólo le estaba vedado el uso sino también, y sobre todo, la escucha de la Palabra. Para la mujer “y los idiotas sin letras que es lo mismo”, como escribiera el inquisidor Melchor Cano, sólo aves marías a repetir sin sentido una tras otra mientras hacían labores propias de su sexo o las que su idiotez aconsejara “que es lo mismo”. Teresa defendió la oración mental para la mujer y, en su Libro de la Vida, citó a uno de los confesores que mejor la llegaron a entender y más influyeron en ella: “Hay muchas más [mujeres] que hombres a quien el Señor hace estas mercedes, y esto oí al santo fray Pedro de Alcántara (y también lo he visto yo)”. Teresa de Jesús desemboca en los espejos de estas páginas no sólo para festejar 500 años de su nacimiento y para dejar algún eco desde la cátedra que ganara contra todo. *Ensayista

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