Skip to main content

Revista Viernes 11112016

Page 1

Archivo


2

Portal Editorial El saxo no se sopla sino se toca, advierten los ejecutantes de este entrañable instrumento al que dedicamos la portada, con motivo de los 202 años del nacimiento del belga Joseph Sax, su conspicuo inventor. Como indica Francois-René Tranchefort, en Los instrumentos musicales del mundo (Alianza, 1994), aunque el sonido de los instrumentos de viento es el resultado de la vibración de la columna de aire que contienen por efecto del soplo del instrumentista, algunos suenan por la acción del aire ambiental. El saxo, pues, es un aerófono cuyo antepasado más remoto es el prehistórico rhombos. De hecho, se ha localizado uno de madera en la gruta de La Roche, en la Dordoña francesa, que data de hace más de 25 mil años. Y es que, contrario a lo que solemos dar por sentado, la función del viento que nos rodea no es soplar sino hacer vibrar las cosas. Lograr que suenen y de ese modo convertir un páramo desolado en un concierto de vibráfonos, o el desierto en una catedral de susurros. O el río… ¿Qué es a final de cuentas el río sino una sinfonía de guijarros y cenzontles? Pero nada hay más musical que el silencio. El silencio, esa música del absoluto cuyas notas sostenidas son apenas rotas por las campanillas mudas del rocío. Silencios de lava son las notas derramadas por el saxo. Explosión y sosiego. Turbulencia y delirio. El saxo es una máquina de hacer silencio. El viento que la mueve incendia pastizales y prodiga a los sedientos su miel cobriza en el universo sin lunas de la brisa.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

Humberto P

La eterna umberto Porta Mencos, nacido en Chiquimula en 1901 y fallecido en 1974, fue poeta y antologador. Autor reconocido por su importante aporte a la poesía nacional con su Parnaso guatemalteco, obra de gran dimensión y variadísimo conjunto de autores y formas métricas. Sobre el poeta han dejado valioso testimonio diversos escritores latinoamericanos y españoles como Rafael Cansinos Assens, Eduardo de Marquina, Guillermo Valencia, Enrique Labrador Ruiz, Salvador Mendieta y Pedro Juan Labarthe, entre otro. En una carta, el conocido escritor de Ambato (Ecuador), Ángel Gabriel Cisneros, dice a Porta Mencos que en aquella tierra sus poesías son tan gustadas como populares, pues a varias de ellas se les ha compuesto música y constituyen cantos corrientes en el pueblo, tal como sucede con la composición Jamás te desesperes llena de un delicado optimismo. Tiene también cartas de felicitación por sus poemas de los presidentes Roosevelt y Eisenhower de los Estados Unidos. La eterna tragedia es un poema de largo aliento, compuesto por 400 décimas en 4 mil versos octasílabos cuya temática aborda temas tan variados como la filosofía, la geografía, la teosofía, la sociología y la historia.

Gal Archivo


iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

orta Mencos

Cuento 158

tragedia

Eso sí

Archivo

lería

Rayos X El 8 de noviembre de 1895, el físico alemán Wilhelm Roentgen produjo radiación electromagnética en las longitudes de onda correspondiente a los actualmente llamados rayos X. Por su descubrimiento fue galardonado en 1901 con el primer premio Nobel de Física.

El Cholito se muere. El Cholito se va. La enfermedad lo atraviesa de lado a lado. Cinco años tiene. Cinco escasos años y la vida ya lo quiere dejar. Ahora no sufre. Ahora no. Está medio dormido, eso sí. Es por la medicación que le dan los doctores para sacarle el dolor. Junto a la cama del Cholito están los padres derramando lágrimas que se abrazan y corren juntas. El Cholito tiene la panza hinchada y le cuesta respirar. Cuando el Cholito empezó con el dolor en la pierna les dijeron que no era nada. Varios médicos lo miraron. Lo miraron un poco por encima, eso sí. Pero qué puede uno hacer, si los hospitales están sin recursos y el papá del Cholito perdió la seguridad social cuando se quedó sin trabajo. Lo llevaron a un médico privado, que sólo lo atendió cuando reunieron el dinero para pagar la consulta por adelantado. El médico privado tampoco lo examinó demasiado. Diagnosticó “dolores del crecimiento”, eso sí. Todo crecimiento va acompañado de dolor, todos menos justamente el que aludía el facultativo. El crecimiento de los huesos no duele. Pero qué puede saber un padre que apenas completó tres años de la enseñanza primaria. Qué le puede exigir a un médico que pasó por una universidad y salió de ella más miope y egoísta que cuando entró. Nada, sólo agacha la cabeza y acepta. Aunque el Cholo se haya seguido quejando, sin poder dormir a la noche, eso sí. El tiempo fue pasando y el dolor en aumento, acompañado por hinchazón en la rodilla. Artritis, les dijeron. El “güesero” del pueblo le quiso acomodar la rodilla, pero se le fracturó el fémur en el intento. Entonces llegó el momento de viajar a la gran ciudad. El Cholito en un grito con cada cimbronazo del autobús. El viaje largo. La llegada a Buenos Aires, con su multitud anónima hirviendo en la Terminal de Ómnibus. Finalmente llevaron al Cholo al Hospital grande. Los médicos estaban serios, mirando placas radiográficas de la rodilla y del tórax. Le practicaron una biopsia. Después vino un médico a hablarles de la enfermedad, que era maligna y se había desparramado por los pulmones. No respondió al tratamiento de quimioterapia y el Cholo empeoró. La pierna se hinchó como un zapallo. Cholo, Cholito, no te morís solamente de cáncer, también te morís de analfabetismo, de miseria, de desnutrición, de marginalidad. Te morís de injusticia. Te morís de deuda externa. Te morís de anonimato. Te morís de tan pequeño. Te morís aplastado en las vías del desarrollo. Te morís de intereses ajenos. Te morís de extremo sur. Te morís, eso sí.

Pedro Alberto Zubizarreta/Argentina

3


4

Abecedario

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016 Fotos: Archivo

Mark Twain

Huckleberry Finn, vivo

Como suele suceder con los futuros clásicos, Tom Sawyer y Huckleberry Finn de Mark Twain no tuvieron una recepción rutilante en el momento de su aparición, en los tramos finales del siglo XIX. En 1984, con ocasión del centenario de Huckleberry Finn, Norman Mailer publicó Fuera de la ley: los mejores ensayos (Emecé), donde los relee como textos contemporáneos conectados con la tradición radicalmente democrática de Mark Twain. He aquí un fragmento. Norman Mailer*

Existe un tónico más dulce que los momentos depresivos que las reseñas antiguas de las grandes novelas? En la Rusia del siglo XIX, Anna Karenina fue recibida con las siguientes: “La pasión de Vronski por su caballo corre paralela con su pasión por Ana”... “Basura sentimental”... “Que me muestren una página”, dice el Correo de Odessa, “que contenga una idea”. Moby Dick fue incinerada: “Descripciones gráficas tan monótonas que no recordamos haberlas visto antes en la literatura marítima”... “Puro trastorno lunático”... “Triste material. Los cuáqueros del señor Melville son horrendos imbéciles y emisores de tonterías y su capitán loco es un pelmazo monstruoso”. Con este patrón, Huckleberry Finn sale bastante bien parado. El Springfield Republican juzgó que no era peor que “un jugueteo burdo con todos los buenos sentimientos [...]. El señor Clemens no tiene un sentido confiable de decoro”, y la biblioteca pública de Concord, Massachussetts, tuvo la confianza suficiente como para prohibirlo: “La basura más auténtica”. El Boston Transcript informó: “Otros integrantes de la Comisión de la Biblioteca caracterizan la obra como áspera, ordinaria y poco elegante, siendo el libro entero más adecuado para los barrios bajos que para la gente inteligente, respetable”.

Con todo, la novela no fue considerada de un modo demasiado desagradable. No hubo grandes aclamaciones críticas, pero las reseñas fueron amistosas, tomadas en conjunto. Un buen relato, fue el consenso. No hubo la sensación de que una gran novela había aterrizado en el mundo literario de 1885.

Medio siglo después

El clima crítico difícilmente podía prever los encomios de T. S. Eliot y Ernest Hemingway 50 años después. En el prefacio de la edición inglesa, Eliot hablaría de “una obra maestra [...]. El genio de Twain se realiza por entero”, y Ernest iría más lejos. En Las verdes colinas de Africa, después de librarse de Emerson, Hawthorne y Thoreau, y liquidar la deuda con Henry James y Stephen Crane con una reverencia amistosa, pasó a declarar: “Toda la literatura norteamericana moderna viene de un libro de Mark Twain llamado Huckleberry Finn [...]. Es el mejor libro que hemos tenido. No hubo nada antes. No ha habido nada tan bueno desde entonces”. Hemingway, con un don sin igual para olfatear el vin du pays perfecto para una tarde ineluctable, era muy parecido a los demás novelistas en un aspecto nefasto: nunca se sintió perdido para adelantar él mismo sus juicios literarios. Valorando la escritura de los demás, solía seguir la regla básica del autor en carrera: si le doy buena nota a este libro, ¿ayuda a la apreciación de mi obra? Como es obvio, Huc-

kleberry Finn ha pasado la prueba. Aparece una sospecha inmediata. Mark Twain está haciendo el tipo de escritura que solo Hemingway puede hacer mejor. Es evidente que tenemos que dar un vistazo. Permítanme decir que ayuda haber leído Huckleberry Finn hace tanto tiempo que al tomarlo de nuevo se siente flamante. Tal vez yo tenía 11 años cuando lo vi por primera vez, tal vez 13, pero ahora solo recuerdo que llegué a él después de Tom Sawyer y quedé desilusionado.

Libro actual

Realmente no podía seguir Las aventuras de Huckleberry Finn. El personaje de Tom Sawyer, que me había gustado tanto en el primer libro, estaba cambiado, y ya no parecía buena persona. Huckleberry Finn estaba por entero fuera de mi alcance. Más tarde, recuerdo haberme sorprendido por la alta consideración que casi todos los que enseñaban literatura norteamericana le prodigaban al texto, pero eso no me llevó de nuevo a él. Permítanme darles algunas garantías. Puede haber valido la espera. Supongo que soy el lector número 10 millones que dice que Huckleberry Finn es una obra extraordinaria. De hecho, por todo lo que sé, es una gran novela. Fallida, extravagante, despareja, no está por encima de golpes bajos y de hacer efectivos demasiados cheques (rara vez está por encima de ordeñar su propio humor): de todos modos,


iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

¡qué libro tenemos aquí! Tuve la más curiosa sensación de entusiasmo. Después de un momento, comprendí el marco peculiar de mi atención. ¡El libro era tan actual! No estaba leyendo a un autor clásico tanto como mirando una obra nueva que un editor me había enviado en pruebas de galera. Era como si hubiese llegado con una de esas cartas escasas que dicen: “No hacemos esta afirmación con frecuencia, pero creemos que tenemos una primera novela extraordinaria para enviarle”. Así que era como leer De aquí a la eternidad en pruebas de galera, allá en 1950, o Tendidos en la oscuridad, Trampa 22, o El mundo según Garp (que se lee como una primera novela fabulosa). Uno se va sintiendo alternativamente deleitado, sorprendido, fastidiado, competitivo, crítico y, por último, entusiasmado. Un nuevo escritor se había mudado a la cuadra. Podría ser un enemigo o un amigo potencial, pero por cierto era talentoso.

Circo de virtuosismos

Así fue como me sentí al leer Huckleberry Finn por segunda vez. Seguí resistiéndome al contexto hasta que al fin me rendí. Uno siempre se rinde tarde o temprano a un libro con un fuerte campo magnético. Me sentí como si sostuviera la obra de un escritor joven de entre 30 y 35 años, un tipo de talento prodigioso del Medio Oeste, probablemente de Missouri, que había tenido la audacia de escribir una novela histórica sobre el Mississippi como podría haberlo hecho hace un siglo y medio, y este joven escritor había logrado darnos un circo de virtuosismos narrativos. En casi cada capítulo personajes nuevos y notables saltaban de la página impresa como si se tratara de una superficie sobre la cual ejecutar sus saltos. La confianza del autor parecía tan completa que podía hacerse cargo de cualquier tipo de hombre o de mujer que Dios le hubiera dado alguna vez al centro de Norteamérica. Borrachos salidos de la cárcel como el padre de Huck Finn hacen su reverencia, llenos de la violencia escabrosa que incluso llega al olor de la ropa. Caballeros y ratas de río, muchachas jóvenes, atractivas, llenas de agallas y “azúcar”, ancianas fuertes con aforismos chasqueando como agujas de tejer, tontos y estafadores: qué cornucopia de chusma y aristocracia habita las riberas del río del autor.

Influencias imaginarias

Sería un material soberbio con que solo el autor no siguiera revelando el hecho de que era un joven norteamericano moderno trabajando en 1984. Sus anacronismos no estaban tanto en los hechos históricos -esos parecían bastante precisos- pero el punto de vista era demasiado contemporáneo. Las escenas podían funcionar -digámoslo otra vez: ¡este escritor era talentoso!- pero seguía traicionando sus influencias literarias. Era obvio que el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn había aprendido mucho de escritores mayores como Sinclair Lewis, John Dos Passos y John Steinbeck. Por cierto, había tomado cosas de Faulkner y del tono demente que Faulkner podía alcanzar cuando escribía sobre hombres maníacos que peleaban en pantanos profundos. También había absorbido mucho de lo que Vonnegut y Heller podían enseñar sobre la elasticidad de la ironía. Aunque tenía un sentido más seguro de

El río Mississippi, que nace en el lago Itasca, en el norte de Minnesota (EE. UU.), y desemboca en el Golfo de México, es el espacio intemporal en el que tienen lugar Las aventuras de Huckleberry Finn. Su autor describe con humor, malicia y desenfado una ceremonia, por llamarla así, en la que se encuentra la Norteamérica negra y la blanca en un affaire que, según Norman Mailer, expresa la mentalidad tercamente democrática de Mark Twain. Mentalidad que se aleja de los parámetros condescendientes de la convivencia entre comunidades que, como los afluentes de un río, van a parar al caudal vivo de un país que dista mucho de ser una sola identidad y un solo rostro.

la picaresca que Saúl Bellow en Augie March, igual se sentía derivativo de esa obra. En algunos lugares uno podía jurar que había memorizado El cazador oculto, y probablemente haya echado mano de Deliverance y ¿Por qué estamos en Vietnam? Incluso podía haber estudiado los manierismos de las estrellas de cine. Uno podía sentir huellas de John Wayne, Victor McLaglen y Burt Reynolds en sus páginas. El autor sin duda había digerido gran parte de la comedia de Hollywood sobre la vida en los pueblos chicos. Su instinto para la vida en villorrios del Mississippi antes de la Guerra Civil era tan agudo como farsesco, y no podía ser más comercial. No importa. Con un talento tan amplio como este, uno podía perdonar el ojo tan obvio para el éxito. Más de un gran talento tiene que pasar por el gran préstamo de otros para encontrar su propio estilo, y un deseo de éxito popular, aunque peligroso para la escritura seria, no es necesariamente fatal. Sí, uno podía aceptar los pequeños robos de otros escritores, dado el alcance de su obra, el brillo del concepto: ¡captar la Norteamérica rural mediante un viaje con una balsa que baja por un gran río! Uno podía incluso maravillarse inquieto ante la profundidad del instinto para la ficción del autor. Con el muchacho Huckleberry Finn, este novelista nuevo había logrado darnos un personaje de una dimensión que no era cómoda ni medible. En las novelas modernas es fácil para los personajes parecer más vividos que las figuras de los clásicos pero, aun así, Huckleberry Finn parecía estar más vivo que Don Quijote y Julien Sorel, tan naturalmente cerca de su propia mente como lo estamos nosotros de la nuestra. ¿Pero con cuánta frecuencia un héroe que es tan absolutamente natural sobre la página logra adquirir también una estatura moral convincente a medida que sus aventuras se desarrollan?

Influencia mental

Hay que repetirlo. Atrapado en el cepo atractivo de su talento, uno está dispuesto a perdonar al autor de Huckleberry Finn por cada influencia que ha absorbido con tanta promiscuidad. Ha hecho un uso tan fértil de sus préstamos. Uno podría aclamar incluso su aparición en nuestra gastada escena literaria si no fuera por la única transgresión que va demasiado lejos. Estos son pasajes que hacen algo más que pedir prestado el estilo de un autor: ¡lo copian! La influencia es mental, pero el robo es físico. ¿Quién puede declarar con certeza que una gran parte de la prosa de Huckleberry Finn no está levantada directamente de Hemingway? Sabemos que no estamos leyendo a Ernest solo porque el autor, temeroso obviamente de que su tono se esté acercando demasiado, tiene el cuidado de salpicar su texto con “montonamientos” y “n’era” y “ningunas partes” y “lo’otros”. Pero hemos leído a Hemingway, y entonces vemos a través de él: sabemos que estamos leyendo Hemingway puro disfrazado: “Cortamos álamos y sauces jóvenes, y ocultamos la balsa con ellos. Después tendimos las líneas. A continuación nos deslizamos dentro del río y nadamos (...), después nos asentamos sobre el fondo arenoso donde el río llegaba a la rodilla y contemplamos llegar la luz del día. Ni un sonido en ninguna parte (...), lo primero

5


6

iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

Samuel Langhorne Clemens (18351910), conocido por el seudónimo de Mark Twain, escribió también El príncipe y el mendigo y Un yanqui en la corte del Rey Arturo, pero es conocido por las obras aquí comentadas.

por ver, mirando a través del agua, era una especie de línea aburrida: eran los bosques del otro lado; después un sitio pálido en el cielo; después más palidez desplegándose alrededor; después el río se ablandó al alejarse y subir, y ya n’era negro (...), poco a poco podías ver una veta en el agua y sabías, por el aspecto de la veta, que hay un escollo allí en una corriente rápida que se quiebra en él y hace que la veta se vea de ese modo; y ves la neblina enroscarse y subir fuera del agua y el este se hace rojo arriba y el río”.

La médula de la narración es el encuentro de un niño y el esclavo fugitivo cuyo nombre encarna la materia misma del sistema esclavista: su nombre no es Jim sino Negro Jim.

Novela joven y fresca

fresca y tan totalmente tonta en algunos de los riesgos que toma e incluso gana. Un viejo novelista más sabio nunca jugaría tanto cuando la obra ya estaba bien avanzada y tan claramente bajo control, pero Twain lo hace.

Hasta ahora he transmitido, espero, el placer de leer este libro hoy. Es el mejor cumplido que puedo ofrecer. Empleamos un estándar tácito de juicio relativo al elegir un clásico. En secreto, esperamos menos recompensa de él que de una buena novela contemporánea. El lector inteligente moderno promedio probablemente reconocería, bajo tortura, que Se acabó el pastel de Nora Ephron fue más divertido de leer, minuto a minuto, que Madame Bovary, y tal vez uno incluso aprendiera más. Eso no significa decir que la primera será superior a la segunda dentro de 100 años sino que una novela clásica es como un espléndido caballo que lleva un hándicap exorbitante. Los clásicos sufren por su distancia de nuestra chismografía cotidiana. La señal de lo buena que tiene que ser Huckleberry Finn es que uno puede compararla con una cantidad de nuestras mejores novelas norteamericanas modernas y se sostiene página por página, extravagante aquí, sensacional allí: absolutamente equivalente a una de esas raras primeras novelas increíbles que aparecen una o dos veces en una década. Así que he hablado de ella como semejante a una primera novela porque es tan joven y tan

Aura visible

En beneficio de la corrección literaria, permítanme, sin embargo, no perder de vista el contexto real. Las aventuras de Huckleberry Finn es una novela del siglo XIX y sus grandes demandas de magnitud literaria también deben destacarse. Por eso diré que la primera medida de una gran novela puede ser que presenta -como un ser humano de carisma palpable- un aura casi visible. Pocas obras de la literatura pueden ser tan luminosas sin la presencia de algún símbolo de majestad. En Huckleberry Finn nos entregan (dada la posible excepción de Anna Livia Plurabelle de Finnegans Wake) el mejor río que ha fluido alguna vez en una novela, nuestro propio Mississippi, y en el viaje aguas abajo de Huck Finn y un esclavo fugado sobre una balsa, nos retienen las cadenas del río. Más amplio que un personaje, el río es una presencia manifiesta, un demiurgo que apoya

al hombre y el muchacho, una deidad que los traiciona, los alimenta, casi los ahoga, los lanza aparte, los vuelve a hacer flotar juntos. El río serpentea como una fuga que es la médula de la auténtica narración, que es nada menos que la relación en curso entre Huck y el esclavo fugitivo, este Negro Jim cuyo nombre encarna la materia misma del sistema esclavista en sí: su nombre no es Jim sino Negro Jim. El crecimiento del amor y el conocimiento entre el fugitivo blanco y el fugitivo negro es una relación equivalente a la relación de los hombres con el río, porque también está llena de traición y alimento, separación y regreso. Leyendo Huckleberry Finn uno llega a darse cuenta por entero otra vez de que el affaire casi reducido a cenizas, estrangulado, lleno de odio entre los blancos y los negros sigue siendo nuestro gran affaire amoroso nacional, y ay de nosotros si termina con aversión y desdicha mutua. Siempre es la esperanza de la democracia de que nuestra riqueza estará allí para volver a gastarla, y el tesoro en desarrollo de Huckleberry Finn es que nos libera para pensar en la democracia y su premisa sublime, aterrorizante: dejemos que las pasiones y codicias y sueños y manías e ideales y avaricia y esperanzas y sucias corrupciones de todos los hombres y mujeres tengan su día y el mundo seguirá siendo mejor, porque hay más bien que mal en la suma de nosotros y nuestros funcionamientos. Mark Twain, encarnación entera de aquel humano democrático, comprendió la premisa en cada giro de su pluma, y cómo la puso a prueba, cómo la retorció y tentó y probó hasta que todos estamos débiles otra vez con nuestro amor por la idea. *Página 12


Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

Gavetas

7

Hemeroteca del Diario de Centro América

Homenaje liberal DCA, 10 de noviembre de 1933.- Anoche, frente a la casa particular del señor general don Jorge Ubico, presidente constitucional de la República, se llevó a cabo la serenata con la que los miembros del Partido Liberal Progresista agasajaron al jefe de la nación en el día de su cumpleaños. Estuvieron en la residencia particular del general Ubico más de 200 personas previamente invitadas para el caso: secretarios de Estado, miembros de la Asamblea Legislativa, del Poder Judicial, líderes políticos y amigos íntimos. La reunión fue cordial y democrática. Se tomó champagne, helados, pasteles, brindándose por la salud del general Ubico. El concierto se efectuó en la calle, el cual fue radiado, alternando con las notas de la marimba y la orquesta. A las 24 horas se despidió la concurrencia después de haber expresado, una vez más, su adhesión al ciudadano presidente de la República.


8

Reporte en V

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016 Fotos: Archivo

El mosquito Aedes aegypti, que transmite el virus del zika, la fiebre amarilla y el chikunguña, también podría ser un vector para mayaro.

El virus mayaro María Esperanza Sánchez*

Muchos pacientes en el Caribe y América del Sur podrían estar siendo diagnosticados erróneamente de chikunguña.

nvestigadores de la Universidad de Florida anunciaron hace poco que encontraron un caso de mayaro, una fiebre hemorrágica similar a la chikunguña, en Haití, donde nunca antes se había registrado. Aunque no es un virus completamente desconocido pues fue detectado inicialmente en los años 50, hasta ahora solo se habían encontrados brotes mínimos y esporádicos en el Amazonas y alrededores. Los expertos señalan que este caso puede ser un indicativo de que el virus se está esparciendo y ya comienza a circular activamente en el Caribe. “Realmente no sabemos qué cantidad de este virus está circulando por el Caribe”, aseguró en una entrevista el doctor John Lednicky, del equipo que lideró el estudio para el Colegio de Salud Pública de la Universidad de Florida. “Sus síntomas son muy similares a los de la chikunguña, por lo que cuando los pacientes van al doctor, estos piensan que se trata de la chikunguña. No saben que se trata del mayaro”, aseguró Lednicky y explicó que no hay realmente ningún síntoma que distinga a la chikun-

guña de la fiebre mayaro. Ambas provocan en el paciente fiebre, sarpullidos y dolores en las articulaciones, que en ambos casos son más prolongados que en pacientes con dengue y el zika, llegando incluso a durar entre 6 meses y 1 año. “Lo que está pasando es que estamos encontrando pacientes que se quejan de un sarpullido y dolores musculares prolongados, pero las pruebas médicas dan negativas para el zika y la chikunguña, y entonces se preguntan qué tienen”, afirmó Lednicky. Y lo preocupante es que el virus detectado en Haití es genéticamente diferente de los que han sido descritos previamente en Brasil, según dijo en rueda de prensa el doctor Lednicky. “No sabemos si este virus es nuevo o es una cepa nueva de diferentes tipos de virus del mayaro “, explicó.

Casos de mayaro

El virus mayaro fue descubierto en 1954 en Trinidad, pero hasta ahora solo ha habido pequeños brotes aislados en la selva amazónica y otras partes de América del Sur, como Brasil y Venezuela. El caso encontrado por la universidad de Florida fue identificado en una muestra de san-


iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

9

Los dolores causados por mayaro son más prolongados que los que provoca el zika.

En algunos casos, el mayaro se ha diagnosticado como zika, pues también produce sarpullido.

Los investigadores están preocupados por una posible expansión del mayaro en Haití tras el huracán Matthew.

Primero fue la chikunguya, después vino el zika. Y ahora científicos y epidemiólogos comienzan a preocuparse por otro virus: mayaro. gre de un niño de 8 años de una zona rural de Haití. El niño tenía fiebre y dolores abdominales, pero no sarpullidos ni conjuntivitis, que son síntomas asociados a la chikungunña.

¿Cómo se expandió la chikunguña en América Latina?

Investigadores del Instituto de Patógenos Emergentes de la universidad recogieron una serie de muestras durante y después del brote de chikunguña en Haití. “Muestras de sangre fueron obtenidas para determinar si estaba presente el virus de la chikunguña”, dijo Lednicky.

Las muestras fueron sometidas posteriormente a otros análisis virológicos y moleculares focalizados en la detección de dengue y el virus del Zika. “El virus del dengue fue detectado en el paciente, además de un nuevo virus, que posteriormente se identificó como el mayaro”, agregó Lednicky. Mientras la atención del mundo continúa focalizada en el zika, “el hallazgo de otro virus que empieza a circular en el Caribe es de gran preocupación”, dijo Glenn Moris, director del Instituto de Enfermedades Patógenas Emergentes de la Universidad de Florida.

Urgen más fondos para la investigación

El doctor Lednicky explicó que es “es difícil evaluar cómo de grave es el brote de mayaro en este punto”, ya que existen muy pocos estudios médicos sobre este virus. “En Brasil existen dos tipos genéticos diferentes del virus mayaro y no sabemos cuál es el más virulento, hacen falta más estudios y mayor monitoreo en las áreas afectadas”, dijo Lednicky. Pero un problema es la falta de fondos para realizar estos estudios. “En la Universi-

dad de Florida estamos tratando de obtener fondos para hacer estudios, pero es muy difícil obtenerlos para este tipo de investigaciones en Estados Unidos. Y el problema con Haití es que los pocos fondos que tienen los necesitan para cubrir las necesidades más básicas de los pacientes”, agregó. “No sabemos realmente qué va a pasar en Haití”, aseguró el doctor Lednicky, quien recordó que el paso del huracán Matthew por la zona pueda haber llevado los mosquitos que lo transmiten hasta República Dominicana y otras islas en el Caribe.

Posible adaptación del virus

La similitud con el virus de chikunguña también preocupa a los científicos. En un artículo publicado en la revista Scientific American, la periodista experta en temas científicos Marta Zaraska señala que esta similitud también puede explicar por qué el mayaro puede convertirse en un problema generalizado. “Ambos virus eran originalmente transmitidos por mosquitos de la selva,infectando a personas en zonas del Amazonas. Pero la chikunguña ya se ha adaptado y es transmitida por mosquitos urbanos como Aedes albopictus y el A. aegypti”, que también transmite la fiebre amarilla, el dengue y el zika. Según Marta Zaraska, “puede que esta adaptación ya esté ocurriendo en el caso de mayaro”. En pruebas de laboratorio se ha probado que ambos mosquitos pueden ser vectores para la transmisión de este virus. De acuerdo con la investigadora, el hecho de que haya sido detectado en Haití sugiere que el virus se está adaptando a un ambiente urbano. * BBC


10

Contando el tiempo

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

Roger Penrose:

ideas fantásticas

Fotos: Archivo

El científico muestra una de sus transparencias dibujadas a mano para ilustrar el origen del universo.

xxxxxxxxxxx

Adeline Marcos* pesar de haber cumplido los 85, su espíritu provocador e independiente se mantiene intacto. Solo Roger Penrose, ganador, entre otros, del Premio Wolf de Física junto a Stephen Hawking en 1988, es capaz de recurrir a tres conceptos como la moda, la fe ciega y la pura fantasía para explicar la teoría de cuerdas, la mecánica cuántica y la cosmología. Sin embargo, para el físico inglés, que acudió al Festival Starmus a finales de junio en la isla de Tenerife, los investigadores son tan sensibles a estas “fuerzas” como cualquier otra persona. En su nuevo libro, titulado Fashion, Faith, and Fantasy in the New Physics of the Universe, Penrose recoge estas “locas” ideas y critica algunos de los desarrollos más importantes de la física actual.

¿Explicar la física con moda, fe y fantasía?

Hace unos años di unas conferencias en la Universidad de Princeton y la editorial del centro me aconsejó titularlas Moda, fe y fantasía en la nueva física del universo. Creo que me despertaron muy pronto por la mañana y no estaba preparado para eso [risas]. La moda hace referencia a la teoría de cuerdas y su idea

Moda, fe y fantasía se unen en un libro para entender el universo. La mezcla puede parecer controvertida, y seguramente lo sea, como su autor, Roger Penrose (Colwester, Inglaterra, 1931), que a sus 85 años sigue yendo a contracorriente. El físico no renuncia a las ideas “alocadas”, como él las define, para explicar el origen y destino del universo. de que el espacio posee más dimensiones; tengo muchas razones por las que no creo en ello. La parte de la fe habla de la mecánica cuántica, una teoría preciosa que funciona muy bien para pequeñas cosas, pero no creo que sea correcta en su forma actual. Einstein y Shrödinger también lo pensaban. En mi libro también cuento que si Paul Dirac, que desarrolló la formulación de la mecá-

nica cuántica que todo el mundo usa, hubiera dicho lo que realmente pensaba, habría sido algo así: “No, la mecánica cuántica no puede ser la respuesta final”.

¿Y qué tiene que ver la fantasía con la física?

Ahí se mezclan ideas un poco locas. Creo que un poco de fantasía es necesaria. El universo es fantástico, así que también necesitamos ideas fantásticas. Pero además de fantásticas deben ser correctas. Hay que mostrar que las pruebas existen y que concuerdan con la teoría. Los agujeros negros eran una idea alocada, pero ahora empezamos a verlos en nuestras observaciones.

¿Qué descubrimiento le gustaría hacer?

Para mí lo más importante es encontrarle el sentido a la mecánica cuántica. No es solo que la mecánica cuántica no encaje con la teoría de la relatividad general, sino que no encaja muy bien consigo misma. Por eso Shrödinger introdujo su famoso gato en una caja para demostrar que estaba muerto y vivo a la vez. Pero algo parecía faltar. Creo que tenía razón, y Einstein también. Muchos físicos no quieren reconocerlo. Tenemos que establecer una teoría que incluya los


iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

11

cambios necesarios en la mecánica cuántica para que se ajuste con la teoría de la relatividad general de Einstein.

Según la física, ¿cuál es el destino del universo?

El destino del universo incluye una expansión normal y luego una expansión acelerada. El universo se expande y se vuelve cada vez más frío, menos estable y presenta agujeros negros, que son lo más interesante porque no hay nada más después de ellos. Pero según Stephen Hawking, los agujeros negros no son exactamente negros ni exactamente fríos. Tienen una temperatura más baja que cualquiera que se haya experimentado en la Tierra, pero cuando el universo se expande se vuelve mucho más frío aún. Este parece ser el destino final para nuestro mundo. Es muy aburrido, y encima es para siempre.

¿Cómo se puede entender el concepto “para siempre”?

En matemáticas nos acostumbramos al infinito. En mi caso fue al fijarme en las extraordinarias observaciones de LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory) y sus ondas gravitacionales. Uno de los mejores modos de entender el infinito es a través de las imágenes del artista holandés M.C. Escher, con ángeles y demonios que se ven desde el centro de un círculo hasta los bordes. Es un tipo de geometría en la que lo grande y lo pequeño son equivalentes. Lo importante no es el tamaño o las conexiones, sino los ángulos o las formas. Me encantaba jugar con esta geometría cuando era joven.

¿En qué momento se interesó por la forma del universo?

A mi padre le interesaba mucho la astronomía y una de las cosas que recuerdo fue cuando me enseñó por primera vez Saturno con un telescopio y pude ver sus anillos. Pensé: “Dios mío, son reales”, no se trataba solo de una imagen. Me imaginé que si podía verlo, no estaría tan lejos [risas]. Por supuesto que lo está, aunque no desde el punto de vista de la cosmología. No recuerdo cuántos años tenía. Aprendí mucho de mi padre. Era genetista, pero le interesaban mucho las matemáticas, tenía su propio telescopio y, sin duda, el entusiasmo por la astronomía me viene de él. Pronto empecé a pensar en el futuro de nuestro universo, en su fría muerte, y no me gustó, me pareció muy aburrido. Después pensé: “¿Pero quién va a aburrirse? No seremos nosotros, porque ya no estaremos”.

¿Quién o qué estará allí para aburrirse?

Serán los fotones, según la mecánica cuántica. Sin embargo, para la relatividad, los fotones no experimentan el paso del tiempo. Incluso si piensas que se necesitan millones de años para alcanzar una galaxia, para ellos no hay tiempo. Me puse a jugar con estas ideas y pensé que a lo mejor el infinito es un lugar al que van los fotones. Esto me hizo reflexionar sobre el big bang.

Sus teorías acerca del big bang no son muy aceptadas...

Hay una gran paradoja. Los cosmólogos no han hecho más que ignorarlo, pero es evidente. La famosa radiación que viene de todas direcciones, llamada fondo cósmico de microondas,

Portada de su libro más reciente. Es un alegato en favor del conocimiento científico, echando mano de la fantasía.

Para Penrose, uno de los mejores modos de entender el infinito es a través de las imágenes del artista holandés M.C. Escher.

que ha dado el premio Nobel en dos ocasiones (cuando se descubrió y cuando se analizó), proviene de cientos de miles de años después del big bang. Ahora es muy fría, pero cuando se produjo era muy cálida. Una de las características más importantes de esta radiación es que dibuja una curva que es exactamente igual que la curva de radiación del cuerpo negro de Max Planck.

¿Qué implica esto?

Que lo que Planck estaba observando es la radiación del cuerpo negro, es decir, una radiación con máxima entropía. Según la segunda ley de termodinámica, la entropía del universo siempre aumenta. Dicho de otra manera, si volvemos hacia atrás en el tiempo, las cosas se vuelven cada vez menos desordenadas. Así que el inicio del universo debería ser una etapa muy organizada, pero no es así, y por alguna razón los cosmólogos no parecen preocuparse por ello.

¿Cómo es su relación con Stephen Hawking?

He mantenido muchas discusiones con él y para mí han sido muy útiles, aunque tenemos puntos de vista diferentes. Rebatimos especialmente sobre el destino de la mecánica cuántica. Pero es muy irónico, porque cuando Hawking habló de la evaporación de los agujeros negros, de las últimas fases y de la desaparición, llegó a la conclusión de que los agujeros negros perdían información e intentó extender la mecánica cuántica. Luego se retractó y consideró que la información no se perdía. Y esta es nuestra principal discrepancia. Hemos llegado a tener grandes broncas sobre esto. Ahora nos vemos en contadas ocasiones.

¿Cuál fue el último tema del que hablaron?

Hace unos años le hablé sobre mi esquema cosmológico. Se cansó y no dijo mucho. No

El físico durante su visita a España a finales de junio.

creo que me creyera [risas], porque para mí la información se pierde una vez que los agujeros negros desaparecen, como él decía al principio. Entonces hay que tener en cuenta todos los grados de libertad del universo. Si todos estos son tragados por los agujeros negros, ¿cómo se calcula la entropía? Hay que encontrar una nueva definición. No se trata de cambiar la segunda ley de termodinámica, sino de cambiar de opinión. La ecuación parece funcionar. Estoy seguro de que a Hawking no le gustaría este punto de vista, y no sería el único. *Sinc


12

Tragaluz

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

Irma Gallo* ada año el nombre de Joyce Carol Oates suena en las quinielas sobre el Premio Nobel de Literatura. Quizá por su maestría al describir la naturaleza humana, sin adornos, con la violencia de sus secretos más sórdidos. Con su nombre, o bajo los seudónimos como los de Rosamond Smith y Lauren Kelly, Joyce Carol Oates ha escrito más de un centenar de obras entre novelas, libros de relatos, ensayos, novelas cortas, poesía y teatro. Maestra de Literatura en la Universidad de California de Berkley y crítica literaria en The New York Review of Books, Oates dedica las 24 horas del día a las letras. La escritora estuvo en San Miguel de Allende, durante el pasado Festival Internacional de Escritores que se celebra en el bajío mexicano, en esta ciudad donde parece que se habla más inglés que español. Es una mañana helada de principios de este año. La autora de La hija del sepulturero está vestida de negro, con un sombrero también oscuro y de ala ancha que enmarca su rostro alargado y pálido, y ojos pintados de rojo quemado. Alta y muy delgada, asemeja una aparición.

Personajes al límite

Joyce afirma, sin embargo, entre risas discretas, que ella “no ha oído” que se le mencione como candidata al Nobel. Para la autora de Mamá y Blonde -la libérrima biografía novelada de Marilyn Monroe-, su trabajo no se centra solamente en la sociedad norteamericana con sus vicios, aspiraciones, creencias y, por supuesto, sus zonas veladas: “Creo que escribo más bien sobre los seres humanos. Aunque sucede que son norteamericanos. Con frecuencia escribo sobre familias; escribo sobre madres e hijas y sobre la gente joven. Hablo de los lazos de las familias situados en contextos históricos porque algunas veces el ambiente propicia un cierto tipo de familia”. Los personajes que surgen de la mente de Oates son siempre personajes al límite, figuras de la oscuridad a punto de envolverse en llamas. Como Jacobo Schwart, en La hija del sepulturero, que le vuela los sesos a su esposa y luego hace lo propio con los suyos; Betsey, la madre de una estrella infantil del patinaje sobre hielo que asesina a su niña de 6 años para inten-

Joyce Carol Oates:

ser estadounidens Esta novelista es una de las voces más prolíficas de Estados Unidos; su más reciente entrega refleja un universo oscuro y doloroso. tar retener a su marido en Hermana mía, mi amor; o el soldado Brett Kincaid en Carthage, que regresa trastornado de la guerra de Irak a Carthage, Nueva York, convirtiéndose en el principal sospechoso de la desaparición de su cuñada Cressida, de 19 años de edad. Carthage es justo su novela más reciente traducida al español, editada bajo el sello de Alfaguara. Aquí ideó a un personaje al que la guerra vuelve huraño, con explosiones de violencia, agobiado aun en las horas de vigilia por las pesadillas de tanques, morteros y llamas. “El mundo de afuera, que está lleno de corrupción, lo implosiona y lo destruye”, dice la autora. Oscuro, el mismo soldado Kincaid no se reconoce en este ser que regresó de “defender a su país” del otro lado del mundo. “Creo que hoy es doloroso ser norteamericana, porque el país está haciendo estas guerras, como la de Irak, la de Afganistán. Quise escribir

sobre el destino de un hombre joven idealista que quiere servir a su país. Así que se va a la guerra y ve estas cosas terribles; cae herido, regresa a su comunidad y ya no puede encajar. Entonces empieza a beber y su compromiso se rompe. Es una historia muy norteamericana”, dice. Con la amplia obra publicada que tiene, el calificativo “prolífica” cuando se habla de Oates es, por decir lo menos, de una obviedad apabullante. Es probable que esta mujer que escribió Memorias de una viuda, un ejercicio entre el ensayo y la autobiografía, después de perder a su esposo Raymond J. Smith, esté harta de hablar de su “extensa” obra.

Maestra de vocación

Pero, maestra como es, de profunda vocación, le emociona compartir un poco de su método de escritura: “Es una pregunta difícil de responder porque la escritura comienza con el pensamiento. Así que pienso en un proyecto, y medito. Me gusta correr y caminar, y después de caminar algunas millas puedo trabajar en una novela que tengo en progreso. Quizá no termine un capítulo pero de verdad necesito estar caminando. Y luego regreso y escribo. Las atmósferas también se crean por medio de la meditación, del pensamiento. Escribo como si estuvie-


iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016 Fotos: Archivo

nse

ra recordando. No es que lo invente, pero lo recuerdo con una emoción que es una especie de nostalgia”. La imagen de esta delgada mujer con ropa deportiva, corriendo con agilidad aún a sus 78 años de edad en los bosques tupidos y fríos de su natal Nueva York, es casi natural. No se siente forzada. “Correr es muy importante. Pero si

una no puede correr, entonces hay que caminar rápido. Pero lo importante es estar sola. Para que no hables con otras personas. Porque tan pronto como comienzas a hablar con alguien tu imaginación se esfuma.” La extensión de sus textos tampoco le preocupa. Aunque las obras por las que es más conocida son novelas de más de 600 páginas, quien ha leído sus cuentos sabe que

también es capaz de desarrollar historias complejas y profundas, con personajes bien delineados, como los de La hembra de nuestra especie, en unas cuantas cuartillas. “El ritmo natural de escribir es hacer un borrador corto. Así que un capítulo es como un cuento. Escribes un capítulo, luego descansas y piensas, y luego escribes otro. Básicamente estas pequeñas unidades pueden ser un cuento tan corto como de 5 páginas o tan largo como de 20. Es un asunto de ritmo. Así que te preparas y te concentras en carreras cortas. Es como correr una carrera corta.” Unas horas después de esta entrevista, Oates dictó su conferencia magistral. Ante un auditorio lleno, expectante, no decepcionó a nadie. Habló, una vez más, del proceso de escribir. Citó a Norman Mailer, a quien describió como “un amigo; con una personalidad muy interesante, chispeante y original, hasta que tuvo que dejar de tomar”. Y luego lo citó: “Un texto se tiene que mover. Tiene que tener espíritu de movimiento.Puede haber sido investigado muy cuidadosamente, estar lleno de hechos, y de alguna manera resultar interesante, pero si es demasiado pesado para moverse será como un avión que no despegue o un águila que no planee”, apunta la autora de textos que vuelan alto. *Gatopardo

13


14

Ventanas

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

El saxofón en el jazz

El saxofón ocupa un lugar central en la imaginería del jazz, hasta el punto de ser el instrumento referencial del mismo. Sin embargo, al comienzo del jazz hot, y al menos hasta bien entrados los años 1920, el saxo no logró encontrar un lugar en las formaciones del género, pues estas se fundamentaban en lo que Peter Clayton llama “Santísima Trinidad del jazz de Nueva Orleans”, es decir, la sección de vientos formada por la trompeta, el trombón y el clarinete. Inicialmente serían apariciones muy puntuales: Sidney Bechet con el saxo soprano, los tenores Bud Freeman o Gene Sedric; Frankie Trumbauer con el saxo melódico en do (intermedio entre el tenor y el alto); o Ernie Caceres con el barítono, aunque todos ellos ya muy avanzada la década. Será solamente a raíz de los cambios que los estilos de Chicago y, sobre todo, Nueva York introdujeron en el jazz, y que acabaron conduciendo a la aparición del swing, que el saxofón comienza a ocupar un lugar predominante en el jazz, no sin las iniciales reticencias de la propia crítica jazzística. La historia del saxofón en el jazz no es homogénea para todos los tipos de saxos. Algunos de ellos se asentaron muy pronto y otros, en cambio, necesitaron una amplio período de desarrollo

antes de tener una posición sólida. Algunos cuentan sus ejecutores por centenares, o incluso miles, y otros, como el sopranino o el bajo, apenas tienen una o dos figuras reseñables (Art Themen, para el sopranino; Adrian Rollini, Min Leibrook y Harry Gold para el bajo). Por ello, es preciso realizar el análisis de cada saxo de forma independiente. En palabras de Joachim E. Berendt, el saxo soprano sigue donde el clarinete termina, lo que explica su “desproporcionada” historia dentro del jazz. Tradicionalmente, se ha achacado la escasa presencia del soprano en el jazz anterior a los años 1960 en su dificultad para “tocarlo limpio”, pues tiende por naturaleza a sonar sucio, ligeramente desafinado, en los tonos agudos. Por otra parte, apenas es posible encontrar músicos de hot que utilizaran el saxo alto, y menos aún que establecieran un estilo propio capaz de influir en otros instrumentistas. A finales de los años 1920 y comienzo de los 30, la nómina de altos era muy escasa y poco significativa. Estaba Don Redman, cuya influencia como arreglista y líder de big bands es indudable, pero que apenas se prodigaba como saxofonista ocasionalmente; también, Frankie Trumbauer (a quien podemos oír en la banda de Bix Beiderbecke), que ni siquiera tocaba el alto, sino el saxo melódico, afinado en do y con tesitura intermedia entre el alto y el tenor. Aparte, el saxo tenor se ha convertido en uno de los instrumentos del jazz por excelencia, hasta el punto de que se han afirmado del mismo cosas como: “Las mejores afirmaciones que los negros han hecho de lo que es su alma, las han realizado en el saxofón tenor”. Por último, en la medida en que el saxo barítono integró, desde finales de los años 1920, la sección de maderas de las big bands, ha estado presente en el jazz desde el nacimiento del swing. Sin embargo no puede hablarse de una verdadera eclosión del instrumento hasta que se afianza el hard bop y, sobre todo, el west coast jazz. Su estilo, potente, intenso y áspero, marcó a casi dos generaciones de instrumentistas entre los que destacaron Ernie Cáceres y Jack Washington. Con información de Wikipedia

El 6 de noviembre de hace 202 años nació en Bélgica el inventor de un aerófono de madera bautizado en su honor como saxofón. Con el tiempo este instrumento llegaría a formar parte de la batería de vientos de las grandes orquestas y, especialmente, de los grupos de jazz.

Adolph biografiasyvidas.com ntoine-Joseph Sax, nació en Dinant (Bélgica), en 1814 y murió en París en 1894; músico y constructor de instrumentos musicales, fue el creador del saxofón. Hijo de Charles Joseph Sax, un fabricante de instrumentos, estudió en el Conservatorio de Bruselas y llegó a ser un notable clarinetista y flautista. Establecido en París desde 1841, Adolphe Sax abrió una tienda en la capital francesa y trabajó en la creación de instrumentos de viento intermedios, por su timbre y sonoridad, entre los de madera y los de metal; en 1846 patentó el saxofón. El nombre del instrumento de viento que llamamos saxofón procede, en efecto, del apellido de este ilustre artesano belga. La intención de Adolphe Sax era construir un instrumento que cubriera el vacío tímbrico entre los instrumentos de viento de madera y los de metal, algo que hasta entonces solo hacía el cuerno de caza en solitario. Sax construyó el saxofón en metal (y así se siguen construyendo actualmente), pero se le considera de la familia de la madera debido a sus principales características. Al poco de su invención se utilizó en las orquestas militares francesas, y pasó luego a emplearse en la música de ópera. Transcurrió sin embargo bastante tiempo antes de que el saxofón entrara en las orquestas sinfónicas, a pesar de que, por ejemplo, el gran compositor romántico Héctor Berlioz admiró su sonido y


iernes

Guatemala, viernes 11 de noviembre de 2016

El instrumento que revolucionó el jazz

he Sax

Fotos: Archivo

apoyó a Sax frente a los críticos y detractores del mismo. Entre los compositores modernos que han compuesto música para saxofón o lo han incorporado con esmero cabe citar a Georges Bizet, Jules Massenet, Richard Strauss, Maurice Ravel, Arthur Honegger, Darius Milhaud y George Gershwin. El uso intensivo del saxofón y su consolidación como instrumento corrió paralelo al desarrollo del jazz, donde sus múltiples posibilidades técnicas (vibrato, portamento, etcétera) y su timbre sensual se explotaron ampliamente. En la orquesta de jazz el saxofón trabaja lo mismo como solista que como acompañante; Sidney Bechet, Charlie Parker, Lester Young, John Coltrane, Coleman Hawkins y Gerry Mulligan figuran entre sus principales intérpretes. A partir de su uso en el jazz, el saxofón fue incorporándose como instrumento solista y de concierto a la música clásica. Adolphe Sax introdujo asimismo mejoras en diversos instrumentos de viento y percusión e inventó otros, como el clarinete bajo, que había patentado en 1838. A partir de 1857 ejerció la docencia en el Conservatorio de París como profesor de saxofón. A pesar del éxito del instrumento entre las orquestas militares, Sax atravesó dificultades económicas a causa de que muchos fabricantes desconocían o no respetaron sus patentes. Al no poseer, en la práctica, la exclusiva de su fabricación, la competencia y los pleitos que hubo de entablar lo llevaron por dos veces a la ruina, y murió en la pobreza.

Al belga Adolphe Sax no solo le gustaba practicar con instrumentos musicales sino también inventarlos. En 1846, registró en París las 14 patentes del saxofón que, casi un siglo después, sería imprescindible en la música americana. Diseñado en siete tamaños –desde el sopranino al contrabajo–, el saxofón primitivo era de madera y combinaba la posición de dedos en los grandes instrumentos de viento con la boquilla de una sola caña típica del clarinete. Las bandas de música del ejército de Francia lo incorporaron rápidamente, pero el saxofón no tuvo tanto éxito en la corte. Cuando las patentes expiraron en 1886, Sax apenas cosechó ganancias debido a lo fácil que era imitar su invento. Dos años después, el saxofón cruzó el charco. Charles Gerard Conn fue el encargado de iniciar su producción y distribución en bandas militares en Estados Unidos. A comienzos del siglo XX, los asistentes a los vodeviles podían disfrutar de este instrumento empleado para imitar los sonidos de gallinas. Pero, sin duda, el protagonismo del saxofón

llegó con el auge del jazz. En la década de 1920, el músico Sidney Bechet sentía que la corneta de su compañero de banda ahogaba a su clarinete, así que decidió hacerse con un modelo de saxofón soprano para amplificar su sonido. Desde entonces, el instrumento de Adolphe Sax revolucionó la música americana. Coleman Hawkins, inspirado por solos de trompeta de Louis Armstrong, se convirtió en el primer virtuoso del jazz gracias al tono profundo de su saxofón tenor. Más tarde, Ben Webster y Lester Young siguieron sus pasos en las célebres bandas Duke Ellington y Count Basie, dando el característico aire sentimental a las piezas musicales de los años 30. Ya a mitad del siglo XX, el contralto Charlie Parker pasó a la historia de la música americana por sus improvisaciones e incursiones en el incipiente estilo bebop, muy alejado de las aspiraciones de Sax que, un siglo atrás, imaginó que su instrumento serviría para acompañar las distinguidas reuniones de las cortes europeas. Wired

El 28 de junio de 1846, Adolphe Sax patentó el primer saxofón hecho de madera.

15


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Revista Viernes 11112016 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu