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Revista Viernes 07072017

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Archivo


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Portal Editorial La resina que emana del tronco herido de un algarrobo, desciende lentamente; a su paso envuelve un insecto y lo retiene intacto, hasta que millones de años después un explorador descubre fascinado esa burbuja ambarina en un depósito de sedimentos. Es como si aquel árbol hubiera recurrido a una estratagema, digamos fotográfica, deteniendo para nosotros uno de esos instantes que eslabonan la cadena evolutiva de la materia orgánica en el planeta. Hoy, como consignamos en estas páginas, un paleoentomólogo de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, se ocupa de revisitar, uno a uno, los registros guardados en este antiguo suelo, que por un lado sustenta, y por el otro informa, y al hacerlo nos transforma. Sustenta porque abriga y alimenta; informa porque sus elementos contienen la irrefutable evidencia de lo que somos. Esto necesariamente transforma, pues el conocimiento es energía en perpetuo movimiento. De ahí la importancia de la memoria mineral que nos muestra el rostro mutante de lo eterno. De ahí el compromiso irrenunciable con la vida que, en última instancia, consiste en defender el derecho que tienen nuestros hijos de iluminar su propio tramo de tinieblas; de ser, en fin, el aire fresco de su tiempo.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández

Guatemala, viernes 7 de julio de 2017

Atala Va

En el otoño y las m Sentimos que en Atala Valenzuela hay una genuina poetisa que prosigue su obra literaria superando tropiezos y titubeos en la forma y la expresión, lo cual es explicable en la fase inicial de toda disciplina, incluso espiritual. Por ende, es una poetisa en marcha y no estancada.”

Flavio Herrera

“Atala no necesita presentación. Ni su persona, ni su obra. En el triple aspecto de su quehacer como escritora, periodista, poetisa y aun como luchadora en lides cívico-políticas, su calidad humana se ha mantenido en escala ascensional en busca de altura para el vuelo de su espíritu.” Angelina Acuña

“En sus poemas está el antes y después, allí está todo lo que su voz nos canta, la Atala romántica, la Atala analítica, filosófica, nostálgica y sensual. Una voz elevadamente humana, versos que leídos uno a uno, demuestran la gran fuerza de su pluma y de su corazón.” Irina Darlee

Gal

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Guatemala, viernes 7 de julio de 2017

alenzuela

o, los cielos mieses

lería

Principia mathematica Principios matemáticos de la filosofía natural fue publicada por Isaac Newton el 5 de julio de 1687. Ahí recoge sus descubrimientos en mecánica y cálculo matemático. Es considerada una de las obras científicas más importantes de la historia.

Cuento 190 Francisca y la muerte -Santos y buenos días -dijo la muerte, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla al bolsillo. -Si no molesto -dijo-, quisiera saber dónde vive la señora Francisca. -Pues mire -le respondieron, y asomándose a la puerta, señaló un hombre con su dedo rudo de labrador: -Allá por las cañas bravas que bate el viento, ¿ve? Hay un camino que sube la colina. Arriba hallará la casa. “Cumplida está”, pensó la muerte y dando las gracias echó a andar por el camino aquella mañana que, precisamente, había pocas nubes en el cielo y todo el azul resplandecía de luz. Andando pues, miró la muerte la hora y vio que eran las siete de la mañana. Para la una y cuarto, pasado el meridiano, estaba en su lista cumplida ya la señora Francisca. “Menos mal, poco trabajo; un solo caso”, se dijo satisfecha de no fatigarse la muerte y siguió su paso, metiéndose ahora por el camino apretado de romerillo y rocío. Efectivamente, era el mes de mayo y con los aguaceros caídos no hubo semilla silvestre ni brote que se quedara bajo tierra sin salir al sol. Los retoños de las ceibas eran pura caoba transparente. El tronco del guayabal soltaba, a espacios, la corteza, dejando ver la carne limpia de la madera. Los cañaverales no tenían una sola hoja amarilla. Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida subiendo de las flores. Natural que la muerte se tapara la nariz. Lógico también que ni siquiera mirara tanta rama llena de nido, ni tanta abeja con su flor. Pero, ¿qué hacerse?; estaba la muerte de paso por aquí, sin ser su reino. Así, pues, echó y echó la muerte por los caminos hasta llegar a casa de Francisca: -Por favor, con Panchita -dijo adulona la muerte. -Abuela salió temprano -contestó una nieta de oro, un poco temerosa aunque la parca seguía con su trenza bajo el sombrero y la mano en el bolsillo. -¿Y a qué hora regresa? -preguntó. -¡Quién lo sabe! -dijo la madre de la niña-, Depende de los quehaceres. Por el campo anda, trabajando. Y la muerte se mordió el labio. No era para menos seguir dando rueda por tanto mundo bonito y ajeno. -Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí? -Aquí quien viene tiene su casa. Pero puede que ella no regrese hasta el anochecer o la noche misma. “¡Contra!”, pensó la muerte, «se me irá el tren de las cinco. No; mejor voy a buscarla». Y levantando su voz, dijo la muerte: -¿Dónde, al fijo, pudiera encontrarla ahora? -De madrugada salió a ordeñar. Seguramente estará en el maíz, sembrando. -¿Y dónde está el maizal? -preguntó la muerte. -Siga la cerca y luego verá el campo arado detrás. -Gracias -dijo seca la muerte y echó a andar de nuevo. Pero miró todo el extenso campo arado y no había un alma en él. Sólo garzas. Soltóse la trenza la muerte y rabió: “¡Vieja andariega, dónde te habrás metido!”. Escupió y continuó su sendero sin tino.

Una hora después de tener la trenza ardida bajo el sombrero y la nariz repugnada de tanto olor a hierba nueva, la muerte se topó con un caminante: -Señor, ¿pudiera usted decirme dónde está Francisca por estos campos? -Tiene suerte -dijo el caminante- , media hora lleva en casa de los Noriegas. Está el niño enfermo y ella fue a sobarle el vientre. -Gracias -dijo la muerte como un disparo, y apretó el paso. Duro y fatigoso era el camino. Además, ahora tenía que hacerlo sobre un nuevo terreno arado, sin trillo, y ya se sabe cómo es de incómodo sentar el pie sobre el suelo irregular y tan esponjoso de frescura, que se pierde la mitad del esfuerzo. Así por tanto, llegó la muerte hecha una lástima a casa de los Noriegas: -Con Francisca, a ver si me hace el favor. -Ya se marchó. -¡Pero, cómo! ¿Así, tan de pronto? -¿Por qué tan de pronto? -le respondieron-. Solo vino a ayudarnos con el niño y ya lo hizo. ¿A qué viene extrañarse? -Bueno… verá – dijo la muerte turbada-, es que siempre una hace su sobremesa en todo, digo yo. -Entonces usted no conoce a Francisca. -Tengo sus señas -dijo burocrática la impía. -A ver; dígalas -esperó la madre. Y la muerte dijo: -Pues…, con arrugas; desde luego ya son sesenta años… -¿Y qué más? -Verá…, el pelo blanco…, casi ningún diente propio…, la nariz, digamos… -¿Digamos qué? -Filosa. -¿Eso es todo? -Bueno…, por demás nombre y dos apellidos. -Pero usted no ha hablado de sus ojos. -Bien; nublados…, sí, nublados han de ser…, ahumados por los años. -No, no la conoce -dijo la mujer-. Todo lo dicho está bien, pero no los ojos. Tiene menos tiempo en la mirada. Ésa, quien usted busca, no es Francisca. Y salió la muerte otra vez al camino. Iba ahora indignada, sin preocuparse mucho por la mano y la trenza, que medio se le asomaba bajo el ala del sombrero. Anduvo y anduvo. En casa de los González le dijeron que estaba Francisca a un tiro de ojo de allí, cortando pangola para la vaca de los nietos. Mas, solo vio la muerte la pangola recién cortada y nada de Francisca, ni siquiera la huella menuda de su paso. Entonces la muerte, quien ya tenía los pies hinchados dentro de los botines enlodados, y la camisa negra, más que sudada, sacó su reloj y consultó la hora: -¡Dios! ¡Las cuatro y media! ¡Imposible! ¡Se me va el tren! Y echó la muerte de regreso, maldiciendo. Mientras, a dos kilómetros de allí, escardaba de malas hierbas Francisca el jardincito de la escuela. Un viejo conocido pasó a caballo y, sonriéndole, le tiró a su manera el saludo cariñoso: -Francisca, ¿cuándo te vas a morir? Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre: -Nunca -dijo-, siempre hay algo que hacer. Anónimo/Cuba

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Abecedario

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La casa de Fotos: Archivo

Fragmento de esta novela con escenario urbano y reminiscencia política.

Mario Mérida* a plaza del Ferrocarril era el estacionamiento de las camionetas hacia la Costa Sur. En la actualidad en el lugar funciona una terminal del transmetro y la estación ferroviaria es un museo histórico acerca del ferrocarril. Al mediodía descendí del bus y vi para todos lados. Era un extraño en mi propio país. Le pregunté a un señor por dónde quedaba el Cerrito del Carmen, porque en sus cercanías posiblemente estaría mi futuro alojamiento. Luego de sus indicaciones caminé durante una hora hacia el Norte, por toda la 12 avenida hasta la iglesia del Cerrito del Carmen, situada en el parque del mismo nombre. La referencia de la primera dirección era el 2º. Cuerpo de Policía, localizado entre la 4ª. calle y 11 avenida de la zona 1, posteriormente me enteraría de su tétrico historial. Un par de cuadras e inmediatamente a la derecha sobre la 10 avenida “A”, conocida también como “El Callejón del Fino” hasta una casa verde, decía la nota de don Efra. Cierto, ahí estaba la casa verde, me abrió la puerta una señora de unos 50 años, delgada, tez blanca, pelo castaño, de 1.60 m de estatura, con agradable tono de voz. Le indiqué que don

Efra me recomendó su casa para alquilar un cuarto y que ese mismo día estaba llegando a la ciudad. Pilar, la propietaria, me vio de pies a cabeza e inició preguntando: —¿Cómo te llamas? —Pablo —respondí. —¿Pablo qué? —preguntó de nuevo. —Pablo Saúl Márquez Heredia —respondí inmediatamente. —¿Eres católico? —Sí —expresé. —¿Casado? –—No. —¿Tienes familia aquí en la capital? —No, —volví a responder. Para mis adentros pensaba que estaba perdiendo el tiempo, porque al final tendría que seguir buscando y ya era tarde. Estos pensamientos fueron interrumpidos por la pregunta lapidaria. —¿Tienes trabajo? —No,—se acabó— pensé. —¿Pero si tienes para pagar el primer mes? Fue su pregunta de cierre, que me permitió pasar de interrogado a interrogador. La observé discretamente mientras me preguntaba. Ella no era alta ni baja, sino delgada, cara más o menos cuadrada, ojos verdes, cabello rubio hasta los hombros. Su manera de hablar y el

acompañamiento de sus gestos denotaban un carácter fuerte. En el instante que dejó de hablar pregunté: —¿Cuánto cobra por cuarto? —No alquilo cuartos, sino habitaciones — aclaró. —Tengo una habitación a veinte quetzales y una para dos personas a treinta. —La habitación compartida está desocupada —continuó— si aún no tienes trabajo es la que te conviene, se paga por adelantado y no se admiten visitas ni reuniones en las habitaciones, ¿te quedas? Con esta pregunta cerró la conversación y yo el trato… —¡Me quedo! Saqué el dinero del bolsillo, pero me indicó. —Ven a conocer la habitación, luego te hago el recibo. La habitación media 3 x 3 metros, cuyo espacio estaba ocupado por dos camas cada una de 80 centímetros de ancho y un metro noventa de largo, a la par de las camas las respectivas mesas de noche, pero sin lámpara para no elevar el consumo de luz; en medio de la pared y frente a las camas, un crucifijo de madera y, debajo de éste, un ropero de cedro para compartir. Comencé a colocar mis cosas, no sin antes ordenar la cama. Gracias a la preven-


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huéspedes ción de mi madre llevaba conmigo dos juegos de ropa de cama, en los que aún se distinguía el nombre del Ingenio de azúcar “Concepción”. Pasarían de las siete de la noche, cuando Pilar tocó la puerta de la habitación, para invitarme a pasar al comedor. Ahí me presentó con Felipe, Ester, Rodrigo y Guillermo. Además de autorizar que la llamará solamente Pilar. Los tres varones se veían personas formales. El más viejo de los tres era Rodrigo. En la mesa sólo faltaban Gertrudis y Justo, quienes llegarían más tarde. Mientras se hacían las presentaciones, Rosaura servía la cena, que para mí fue desmedida, por primera vez tenía ante mí, sopa de verduras, pollo, ensalada, postre de plátano, café y dos tortillas. Normalmente mi madre nos ponía un rimero de esos deliciosos discos de masa. Rosaura se distinguía por su traje típico de Alta Verapaz, tendría entre 40 y 45 años de edad, era de tez morena, rostro ovalado, cabello negro del que sobresalían algunas canas prematuras, complexión delgada, quizás 1.60 m de estatura y andar erguido, como si retara a quienes se cruzaban en su camino. Percibí que entre los huéspedes no había una comunicación amable, menos de interés por las ocupaciones o los trabajos que desempeñaban. La muchacha de nombre Ester, trataba de motivar la conversación, pero no lograba mayor respuesta. Al fin y al cabo, yo no había viajado a la capital para socializar, sino para triunfar. Después de la cena, recorrí la casa para conocer el baño que compartíamos los varones, situado a varios metros del que utilizaban las mujeres, seguramente para evitar equivocaciones. En medio de la casa había un jardín con una mesa, algunas sillas y una banca de hierro forjado. En la parte frontal del baño de hombres, un reloj con números romanos. Rosaura me informó que la mensualidad sólo cubría la cena. El desayuno y el almuerzo se pagaban aparte, quizás por eso la mayoría salía temprano a sus trabajos y regresaban hasta la noche. También me enteré de que la última hora para cenar era a las nueve de la noche, asimismo, que la señora que lavaba y planchaba la ropa cobraba veinticinco centavos por pieza. Esa primera noche dormí poco, en realidad no pude conciliar el sueño. Pensaba acerca de los retos del día siguiente, por ejemplo ¿cómo y en dónde buscaría trabajo?, pero más importante de responder ¿en qué podría trabajar un bachiller? Ningún profesor nos preparó para responder estas preguntas, cada uno tendría que encontrar sus propias respuestas. Ese mismo día también me advirtieron que para reducir los costos de la factura de la energía eléctrica, a partir de las nueve de la noche, la mitad de la casa se quedaba sin luz, al principio fue un inconveniente, pero lo acepté como algo positivo. A las cinco de la mañana sonó el primer despertador y en seguida se escucharon los pasos de quienes se dirigían hacia los baños. Media

Portada de la primera pieza narrativa de Mario Mérida.

hora más tarde oí otro despertador y pasos que se dirigían hacia la puerta de la calle, mientras otros iban en dirección de las duchas. Me vestí para ir al baño, debo aceptar, con humildad, que nunca en mi vida había usado una bata y pantuflas de baño. En mi casa bastaba una toalla anudada a la altura de la cintura. Pilar había salido temprano, sólo quedó en la casa Rosaura. Le informé que saldría y dejaría los quince quetzales del primer mes. —Entrégueselos mejor a la señora Pilar —sugirió. Seguidamente me invitó a tomar café acompañado con pan. —Ojalá no la regañen —expresé. —No se preocupe joven. Ayer no vino a cenar la seño Ester —respondió. Igual que a mi llegada, no estaba seguro hacia dónde caminar. Así que tomé la 12 avenida y luego hacia el Parque Central, por la sexta calle. Ahí me senté; el reloj de la catedral marcaba las diez de la mañana. Del Palacio Nacional (sede del gobierno), entraban y salían personas bien vestidas y algunos militares con sus vistosos uniformes. Al observar a las personas dirigirse hacia diferentes lugares, siempre atentas a la Policía y a la gente que caminaba a la par o dirección contraria, presentí que algo estaba mal. No sabía a ciencia cierta qué. La respuesta me la dio la portada de Prensa Libre, que anunciaba a grandes titulares “ATRIBUYEN A FACCIOSOS PLAGIO DE BUONAFINA”. Compré el diario Prensa Libre, para conocer más acerca de la noticia. En la página 6 explicaban cómo ocurrió el plagio y razones para suponer que

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se trataba de un secuestro político-económico. Otra noticia hacía referencia a la erupción del volcán de Pacaya, lo que generaba temor en los pobladores. El mayor beneficio de leer la prensa ese día fue descubrir que el precio que pagaría por el hospedaje era más que justo. El otro aspecto relevante fue la información de la sección de empleos, que informaba también de los salarios, que oscilaban entre Q25.00 hasta Q45.00, así como la disponibilidad de algunas posibilidades. Sin pensarlo dos veces, regresé a la casa a traer mi saco, obedeciendo el dicho “como te ven te tratan”. Llegué a una casa situada en las cercanías del parque Morazán, después de unos breves golpes en la puerta, ésta fue abierta por una señora de edad, que preguntó. —¿Viene por el empleo o es vendedor de libros? —Vengo por el empleo —respondí. —Ojalá se lo den, porque estoy cansada de estar abriendo la puerta a cada rato. Me guio hacia el interior de la casa, hasta una especie de oficina. —¡Espere, ya lo atenderán! —dijo entre dientes. No me sentía cómodo, nunca pensé, ni me preparé a enfrentar una cita para pedir trabajo. Comencé a distraerme mirando los gigantescos cuadros de las paredes, el escritorio con la pila de libros azules y rojos sobre el escritorio y sus dos sillas al frente. Me inquietaba no tener la más peregrina idea de qué tipo de trabajo me ofrecerían. Meditaba en el anuncio, aun retorcido en mis manos, que decía: “Se necesita joven, con educación media, mayor de edad, sin compromisos, con cartas de recomendación”; horario de trabajo de seis de la mañana a cinco de la tarde, sábado, mediodía. Esta meditación fue interrumpida por la ronca voz de un señor de unos 60 años aproximadamente, que dijo. —¡Buenos días! Me paré rápido, más por el susto que por cortesía. —¿Viene por el trabajo? —fueron sus palabras iniciales. —¡Sí! —contesté — me llamo Pablo Saúl Márquez Heredia, para servirle. —Soy Manolo —dijo extendiendo su mano. —¿Qué puedes hacer? —preguntó. —Todo lo que pueda hacer un bachiller —respondí. Me observó de pies a cabeza, principalmente las manos. Luego explicó que el trabajo era sencillo, pero que necesitaba paciencia y dedicación. Después me advirtió que el salario era de Q40.00 mensuales y el horario de 7:00 a.m. a 5:00 p.m. Su siguiente pregunta tenía que ver con las recomendaciones o referencias laborales. —Tienes cartas de recomendación —preguntó. —No, —respondí— ayer vine de Escuintla. —Esto lo complica, ¿con quién vives? —En una casa de huéspedes por el Cerrito del Carmen —contesté.

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iernes Don Manolo me veía fijamente a los ojos, sin mostrar emoción alguna. Durante los segundos que tardó su examen de mi persona, me preguntaba ¿Qué me correspondería? De repente se me ocurrió sugerir. —Puedo pedirle la carta a doña Pilar. —¿Qué Pilar? —inquirió. —La señora que me alquiló la habitación donde me hospedo —contesté sin titubear. —Si te aceptó en su casa, te quedas con el trabajo… ven mañana a las siete de la mañana y te lo explicaré. Salí contento. Tenía trabajo a pocas cuadras de donde me hospedaba y un buen salario. Pasé a comer al Mercado Central, además compré una pasta y un cepillo para lustrar zapatos, quería llegar bien presentable al día siguiente. En la tarde pasé arreglando la ropa que usaría. Terminé de leer la prensa y de comprobar que la situación no pintaba bien en las calles. Había que andar con cuidado y con todos los papeles de identificación. A las 7:00 p.m. me acerqué al comedor. Sólo se encontraba una dama de 25 o 30 años, morena, pelo negro, casi azul clarinero, que caía generosamente sobre sus hombros, quien leía con detenimiento la prensa del día. —Buenas noches, ¿se puede? —saludé con timidez. —Buenas noches —respondió sin quitar la vista del periódico. En ese momento llegó Rosaura con la cena para la antipática señorita que contestó desdeñosamente. —Gracias. —Ahorita le traigo su cena joven Pablo. —Está bien, no se preocupe. Cuándo regresó con la bandeja, pregunté. —¿Puedo comer en la habitación? —Sólo regréseme la bandeja —advirtió. — Gracias doña Rosaura —respondí agradecido. —Sólo Rosaura Joven. —Muy bien, buen provecho y buenas noches, señorita —dije despidiéndome. Después de cenar todavía quedaba una hora de luz antes de que disminuyeran la energía eléctrica y quedáramos parcialmente a oscuras, ya que siempre permanecía una luz en el corredor. Tomé un viejo volumen del Visitador, de Pepe Milla, que obligadamente leímos y resumimos en la secundaria, tarea complicada que ninguno hizo bien; así que lo incluí como parte del equipaje, junto con un pequeño Larousse de Ramón García – Pelayo y Gross de 1964; que de pequeño no tenía nada, pues sumaba más de 1,634 páginas. Sin tener nada más qué hacer, inicié la lectura en la página 33, en la que describe a Fray Pablo y Fray Bonifacio, y advierte cómo uno era sonámbulo y el otro dormía con un ojo abierto, creo que así dormiría esa noche. Después repasé la descripción que Milla hace del viajero que llegó a la portería de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced: “Un viajero montado en una mula que parecía en extremo fatigada. Apeóse muy despacio y echando descuidadamente la vida sobre la silla, dejó en plena libertad a la cabalgadura, como quien sabía que la pobre bestia no había de moverse de aquel sitio, tal iba de cansada…”. Me dije, qué poco observador he sido. Y seguí leyendo: “Acababa de sentarse el viajero cuando se entreabrió la ventanilla del portón

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La trama se desarrolla en el Centro Histórico de la ciudad hacia la década de los 60.

que daba entrada al claustro procesional, y asomó la cabeza tonsurada y redonda de lego que desempeñaba el importante cargo de portero, que dirigió a nuestro hombre -el viajero- una mirada asaz curiosa y escudriñadora. El resultado del examen fue sin duda la idea que el recién llegado era un mendigo, aunque a decir verdad su aspecto y traje estaban muy distantes de autorizar aquella suposición”. Pepe Milla, describe el retrato del viajero de tal forma, que ubica al lector parado frente al portón, viéndolo físicamente, como lo demuestran en estas las líneas: “El resultado del examen fue sin duda la idea de que el recién llegado era un mendigo; aunque, a decir verdad, su aspecto y traje estaban muy distantes de autorizar aquella suposición. Era de mediana estatura un poco más que mediana; delgado y lento en sus movimientos; su fisonomía revelaba un hábito profundo de reflexión y de cálculo, aplicado a las acciones más insignificantes, como a las más trascendentes de la vida. Pálido, enjuto, de ojos negros y con una mirada algo de soñolienta. La frente espaciosa, la nariz perfectamente delineada y

la boca en la cual era fácil advertir expresión un tanto desdeñosa, estaba sombreada por un bigote bien poblado, en el que apuntaba ya una que otra cana. Las manos eran finas y denotaba no haberse empleado jamás en oficios viles. Vestía calzón, jubón y capa corta de perpetuán negro, y estaba cubierto de polvo, consecuencia del largo camino que parecía acababa de hacer aquel individuo cuyo porte y traje eran los de una persona que bien pudiera ser un caballero, pero que de seguro no pertenecía tampoco a la clase ínfima de la sociedad”. Pensando en los párrafos leídos me dormí, hasta que retumbó el despertador de las cinco de la mañana, aún no sabía quién era el dueño para agradecer tal servicio. Camino al baño me crucé con la odiosa Gertrudis y con Rodrigo, quién preguntó. —¿Por qué tan temprano Pablito?… es sábado. —Hoy comienzo a trabajar —respondí— ah y gracias por la despertada. Su respuesta fue señalar hacia el baño de mujeres. Así que el reloj era de Gertrudis. *Escritor


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Gavetas

Hemeroteca del Diario de Centro América

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John Considine DCA, 25 de junio de 1934.Solemnemente clausuró sus labores la Escuela Politécnica, que dedicó los actos a la Revolución Liberal. El general John Considine, director del establecimiento, dijo en su discurso que, en cumplimiento de la orden presidencial de construir buenas carreteras en toda la República, se graduaba la primera clase de Oficiales Camineros que “van hacia adelante plenos de conocimientos científicos y técnicos”. Recordó además que “Civilización es sinónimo de progreso y progreso quiere decir cambio; cambio en busca de lo mejor para satisfacer las necesidades de la vida humana (...) . Condiciones de vida, cultura, arte, educación y demás actos de progreso y adelanto, es lo único que puede hacer placentera nuestra efímera existencia en la faz de la Tierra”, concluyó.


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Reporte en V

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Inteligencia

Todos conocemos a personas brillantes que no han alcanzado sus metas o que no les va bien. Además de la suerte, hay otros factores que determinan que esto ocurra.

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Marta Palomo* os resulta tranquilizador pensar que las personas inteligentes llegan más lejos que los demás. Por un lado, porque es una de esas cualidades personales que siguen valorándose de forma positiva, aunque en un alto grado sea innata, ya que se considera que este factor es lo que nos hace humanos. Por otro, y de manera más sutil, porque casi todos nos consideramos inteligentes (lo seamos más o menos), por lo que de esa manera nos sentimos merecedores del éxito. No obstante, la realidad es muy diferente. Todos conocemos a individuos terriblemente brillantes que no solo no han conseguido alcanzar las metas vitales que se plantearon de jóvenes, sino que son tremendamente infelices y sus condiciones materiales son, por decir lo menos, mejorables. Habrá quien diga que a lo mejor no son tan inteligentes, ya que han terminado así, pero casos dramáticos como esos o, mejor aún, el del pasmado de turno que termina ostentando un puesto de gran responsabilidad, a pesar de no tener muchas luces, nos hacen preguntarnos cuál es la relación entre inteligencia y éxito.

ca Diamond, por lo que es multiplicativo y no aditivo, y la distribución es logarítmica normal y no gaussiana, lo cual quiere decir que, como ocurre con las superestrellas deportivas, hay muy pocos ejemplos de individuos que destaquen realmente por encima del resto. La clave se encuentra en que no hay un único factor que lo pueda predecir: como recuerda Diamond, aunque parezca una obviedad, la mayor parte de factores está relacionada con lo que considera “determinación” ( grit). Además, hay que meter en la ecucación a la suerte; es decir, estar en en lugar indicado en el momento apropiado.

Directo hacia el éxito

¿La cima es solo para inteligentes? Ser persistente también parece decisivo.

Una entrada del sitio Quora escrita por el profesor de Física Patrick Diamond que se ha viralizado rápidamente por su capacidad de síntesis, intenta responder a esa pregunta. Aunque se centra en el mundo académico —entendiendo la “inteligencia” como “la habilidad cognitiva relevante para hacer ciencia” y el “éxito” como “productividad en la investigación científica”—, su razonamiento es aplicable a casi todos los ámbitos. En primer lugar, porque hay algo obvio: hay muy poca gente que de verdad destaque por encima del resto. Esto se debe a que el éxito no está relacionado con una única área de excelencia, expli-

En otras palabras, la mera inteligencia no determina cuán lejos vamos a llegar, sino una combinación de elementos entre los cuales este no es más que uno. El profesor recurre a una vieja clasificación del también físico William Shockley para delimitar cuáles son esas otras cualidades: la capacidad de tener ideas (descubrir un problema), habilidad técnica (para trabajar), experiencia (reconocer un resultado que merece la pena y saber cuándo parar), la habilidad para escribir adecuadamente, la determinación (aprender de las críticas) y la persistencia a la hora de hacer cambios. De entre todos esos factores, la inteligencia es uno de los menos relacionados directamente con el éxito, a pesar de que solemos considerarlo como algo esencial; el investigador recuerda que damos más importancia a los puntos relacionados con las ideas y con la capacidad de escritura, pero no, por ejemplo, con los dos últimos, relacionados con la capacidad de gestionar el fracaso y aprender de ello. Como notaba Shockley, estar un 50 por ciento por encima del resto


en cada uno de estos aspectos te hace un 2460 por ciento más productivo que la media. Algo muy superior a estar un 200 por ciento en uno de ellos… pero por debajo en el resto. Así pues, ser inteligente es tan solo una pequeña parte del complejo proceso de alcanzar el éxito. Como concluye el autor, es probable que los que destacan estén por encima de la media en todas y cada una de estas cualidades; pero también, que aquellas personas inteligentes que no son capaces de triunfar sean rematadamente malos en alguna de ellas. Por ejemplo, frustrándose rápidamente cuando uno de sus proyectos es rechazado, al no ser capaces de saber cuándo deben dar por finalizado un texto o no estar dispuestos a escuchar los consejos ajenos y realizar cambios. Es una vieja discusión que ha emergido en multitud de artículos y conversaciones informales, pero que también se nos ha pasado por la cabeza en un momento u otro ante el fracaso de los talentosos y el éxito de los mediocres. En Forbes, por ejemplo, Josh Linkner planteaba ciertas cualidades (quizá un tanto tópicas) que definen a estas personas: que por sus características tardan más tiempo de la media en lanzarse a actuar, que conscientes de los riesgos que tiene cada empresa deciden no dar un paso adelante (¿son las personas inteligentes más pesimistas?) o que se apoyan demasiado en las evidencias y los datos y muy poco en su intuición.

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Fotos: Archivo

Pensar puede sobrevalorarse si no va acompañado de la determinación.

Sagacidad y actitud

Muchas de las discusiones sobre el éxito o el fracaso de las personas sagaces están relacionadas con la actitud que mantienen con los demás. Hay dos teorías enfrentadas: por una parte, que al saberse tan inteligentes, tienden a tratar peor a aquellos que los rodean (o, indirectamente, estos se sienten peor al tratar con ellos); por otra, que las personas más inteligentes dudan de todo y que, por lo tanto, tienen menos seguridad en sí mismas. La primera tesis era defendida en un reportaje publicado en BBC apropiadamente llamado El problema con los listos. Este aseguraba que pensar que sabes más que los demás “no te ayuda mucho cuando estás intentando que los demás compren lo que sea que estás vendiendo”. Incluso en el caso de que, efectivamente, seas mucho más inteligente que la media y suelas tener buenas ideas, en los entornos laborales debemos codearnos con iguales a los que debemos convencer de que lo que mantenemos es lo correcto. No solo hace falta ser inteligente, sino también saber vender, una habilidad no necesariamente relacionada con el coeficiente intelectual. Lo más probable es que sea completamente al contrario. El conocido como efecto DunningKruger, acuñado a finales del siglo pasado, sugiere que las personas aparentemente muy inteligentes —y seguras de sí mismas— son en realidad mucho más estúpidas de lo que parecen. Es precisamente esa ignorancia pertinaz la que provoca que confíen exageradamente en su limitado conocimiento, ya que están ciegos incluso a la gran cantidad de cosas que desconocen. Por otra parte, las personas inteligentes son tremendamente conscientes de todo aquello que les escapa. Como se puede leer en la Apología de Sócrates, de Platón, “este hombre cree que sabe algo, mientras que no sabe nada; yo, que igualmente no sé nada, tampoco creo saber

La inteligencia consiste en aprender de los errores y hacer cambios.

algo”. Esta peculiar distribución de factores nos hace entender un poco mejor el funcionamiento del entorno laboral y de la sociedad meritocrática. Esta, como hemos visto, no premia necesariamente la inteligencia —no dispone de las herramientas necesarias para identificarla, protegerla y promoverla—, sino la capacidad de

promoverse y vender sus ideas de cada uno de los individuos, estén en lo cierto o no. ¿Meritocracia? Sobre todo, de los comerciales de sí mismos, en cuanto que se adaptan de forma más estrecha a los factores del éxito definidos en el pasado siglo. *El Confidencial


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Contando el tiempo

El SOS de las abejas

Guatemala, viernes 7 de julio de 2017

Las abejas son especialmente vulnerables al cambio climático, ya que tienen poca capacidad de reacción ante los desastres naturales.

Los efectos del cambio climático y El Niño se recrudecen cada vez más en Latinoamérica. Los incendios ocurridos en Chile y las inundaciones de Argentina este año han reducido el número de colmenas y la población de abejas en estos países. Pero el impacto podría ser mayor entre los insectos nativos silvestres en el resto del continente, donde sufren con dureza las consecuencias del clima y de las acciones antropogénicas. Patricia Luna* n enero, las llamas arrasaron más de medio millón de hectáreas del centro-sur de Chile, aniquilando a su paso bosques, matorrales, viñas, animales, casas, y hasta poblados enteros. De entre las cenizas surgieron nuevas víctimas con la que nadie había contado: las abejas. Se calcula que 4 mil 500 colmenas resultaron quemadas en los incendios, lo que equivaldría a entre 250 y 400 millones de abejas, según los catastros realizados por la Red Nacional Apícola de Chile. Pero no son las que perecieron las que preocupan a los expertos, sino las que sobrevivieron. Las flores de las que extraían el néctar han desaparecido con el fuego y tardarán años en recuperarse. Chile alberga cerca del 2 por ciento del total de abejas silvestres de todo el mundo; es decir, unas 440 especies que se caracterizan por no ser sociales, no vivir en familia y no producir miel. Sin embargo, “resultan vitales para el sustento de los ecosistemas naturales, el bosque nativo y para todo lo que conocemos que era Chile antes de la intervención humana”, explica Patricia Aldea, investigadora y directora del Centro para el Emprendimiento Apícola de la Universidad Mayor de Santiago (Chile). Estos insectos son especialmente vulnerables al cambio climático, ya que tienen poca capacidad de reacción ante los desastres naturales, cada vez más frecuentes en la región. “Los incendios son un grave factor para la biodiversidad de los polinizadores nativos”, estima Aldea, que evalúa la pérdida de abejas nativas, para la cual todavía no hay estudios oficiales.

Efectos de los desastres

Además de incrementar los incendios, el calentamiento global está cambiando rápidamente los regímenes de lluvia en América Latina. “Zonas con relativa o poca precipitación, comparativamente están teniendo más agua,

y otras que habitualmente eran más húmedas se están secando. Ante esto hay algunos animales que tienen más posibilidad de moverse que otros”, indica Leonardo Galetto, biólogo e investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal de la Universidad de Córdoba (Argentina). Ante estas inundaciones, los incendios o el cambio del uso del suelo, como ocurre con los grandes monocultivos de soja en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, la mayoría de estas abejas —que son solitarias y hacen nidos en el suelo o en madera— “se ven directamente afectadas”, añade Galetto. Con mosquitos y mariposas, las abejas son los polinizadores más importantes. De las 20 mil especies registradas en el mundo, 5 mil se encuentran en Sudamérica. Mil de ellas están en Argentina, donde desempeñan un papel esencial en la polinización de algunos productos típicos de este continente (maracuyá, cacao, cocos o café), un rol que no pueden ejercer las abejas de la miel. “Es un impacto importante para las poblaciones de abejas nativas porque algunas están en retroceso, y esa pérdida de diversidad es difícil de cuantificar”, señala el biólogo, quien ha participado recientemente en una publicación de Naciones Unidas sobre las políticas necesarias a escala global para mantener la población de estos insectos.

Lo que el fuego se llevó

En Chile, de las 500 mil hectáreas quemadas en el país a principios de año, más de 200 mil correspondían a flora apícola. “Contabilizamos unas 35 mil colmenas en áreas calcinadas. Ahora hay que mantenerlas durante los próximos 6 u 8 meses porque no tienen de dónde sacar alimento”, recalca Misael Cuevas, presidente de la Federación Red Nacional Apícola de Chile.Los efectos de los incendios se suman a una extensa sequía que ya sufría el país latinoamericano. “Las colmenas estaban pasando por un perio-

do largo y más o menos anormal de hambre porque, a causa de la aridez, mucha flora que debería haber estado disponible en enero no lo estuvo. Muchos apicultores empezaron a suplir con alimento desde entonces”, señala Aldea. El suplemento consiste en la preparación de un jarabe con azúcar o sacarosa y productos multavitamínicos o proteicos para que las abejas puedan subsistir sin néctar. Pero esta alimentación mantenida a largo plazo resulta cara para el apicultor. La pérdida de bosque nativo y de praderas —fuentes de alimento natural de las abejas— empeorará la situación de estos insectos, tan importantes para los ecosistemas; la riqueza de las plantas, la vida de otros animales y responsables de casi tres cuartos de los alimentos que consumimos. Las próximas temporadas posiblemente agraven la disponibilidad de alimento y las hambrunas para las abejas.

Nuevas amenazas

“Las zonas que antes podían sustentar una carga apícola determinada, ahora se reducirá a la mitad o menos”, dice Aldea. Esto puede obligar al apicultor a tomar decisiones difíciles; como trasladar las abejas a otro lugar, o cambiar de actividad apícola o fin productivo —es decir, dejar de producir miel para criar abejas polinizadoras o producir abejas reinas—, o incluso, en los casos más extremos, abandonar la actividad. Son las soluciones que se barajan mientras el bosque se recupera, “si se recupera”, continúa la investigadora. Pero a la sequía y los incendios se une el síndrome de la desaparición de las abejas, que ya afecta a las poblaciones de todo el mundo y que se asocia al uso de plaguicidas y pesticidas.


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Guatemala, viernes 7 de julio de 2017 Fotos: Archivo

argentina de Corrientes, un área donde el 80 por ciento de los apicultores son pequeños productores. Debido a estas inesperadas lluvias, la manutención de las colmenas se ha visto comprometida. “Como consecuencia, se ha perdido la cosecha, los panales han sido arrastrados por las corrientes de agua, y ha disminuido la productividad de las colonias. Pero más grave aún, se ha producido el abandono de la actividad por parte de los productores”, comenta Cerquetti, cuya asociación ha disminuido en los últimos años de 28 socios, con entre mil 320 y 2 mil 300 colmenas, a 10 socios, con un promedio de 550 colmenas.

Factores de abandono

EFE

“El principal factor de abandono de la actividad ha sido justamente la influencia ambiental; es decir, el período de sequías luego de intensas lluvias. Esto ha empeorado por la falta de un manejo técnico adecuado y la inexistencia de políticas públicas para el desarrollo del sector”, asevera. Los datos recogidos en otra provincia vecina del noroeste argentino, Santa Fe, corroboran los hechos. “Los informes técnicos muestran registros de agua desde menos de 300 milímetros hasta franjas de 600 milímetros, en un período de 20 a 25 días a comienzos de año”, manifiesta Germán Masciangelo, especialista en apicultura del centro regional de Santa Fe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria argentino. En los primeros 5 meses de 2017 se han registrado más lluvias que las esperadas para todo el año en la zona. “Este fenómeno puntual afecta gravemente la producción, e incluso la población de abejas en la colmena”, indica Masciangelo. Según el experto, las situaciones que se derivan de la variabilidad climática que vive la provincia están duplicando la mortandad de colmenas. “Esto implica un mayor esfuerzo y una mayor inversión de los apicultores para poder mantener la cantidad”, insiste. Para los expertos, es posible que los efectos del cambio climático no se vean inmediatamente, porque “nuestras miradas son siempre parciales y tratamos de determinar causa-efecto”, dice Leonardo Galetto, de la Universidad de Córdoba en Argentina. Sin embargo, “en los sistemas agroecológicos las respuestas siempre son complejas y multifactoriales”, concluye el experto.

El dilema de las abejas de la miel Los incendios de principios de año en Chile arrasaron alrededor de 500 mil hectáreas.

“En general, las abejas están disminuyendo en el mundo, y esto es un fenómeno que también está afectando a nuestra región”, subraya Lisette Bosshard, de la oficina del Ministerio de Agricultura en O’Higgins, en el centro de Chile y una de las más afectadas. La experta propone incentivar a los apicultores para que dediquen una parte de sus colmenas a la producción de miel y la otra a aumentar la masa de abejas y a crear polinizadoras. “Esto es beneficioso para el ecosistema, y también abre la puerta a una forma de negocio distinta”, concreta Bosshard, que además apunta a la exportación de grupos de abejas, un negocio incipiente en el país. En Argenti-

na, uno de los mayores países exportadores de miel del mundo, la situación se repite, pero en este caso, provocada por las intensas lluvias que se registraron este año en varias provincias del norte del país que pasaron de sequía intensa a exceso hídrico. Las precipitaciones que se han visto acentuadas por el fenómeno El Niño han generado la eliminación de los nectarios, una glándula que permite a algunas flores segregar el néctar. Así, las abundantes y fuertes lluvias han producido pérdidas de “cadenas de floración de las especies nativas más relevantes”, apunta Luis Dante Cerquetti, presidente de la Asociación de Apicultores del Nordeste, en la provincia

Las abejas melíferas o productoras de miel pertenecen a una especie no nativa en América Latina que fue introducida en el continente en la época de la colonia española. Por eso, su situación es aún más compleja. “Para los ecólogos y entomólogos es una especie invasora, porque es un polinizador que se trajo de Europa”, manifiesta Patricia Aldea, de la Universidad Mayor de Santiago en Chile. Sin embargo, para el productor apícola es una fuente laboral. Según la investigadora, la abeja es un factor importante para la actividad agrícola y la agricultura familiar, pero “también afecta a la biodiversidad por sí sola”, añade Aldea. Ejemplo de ello es que las abejas nativas silvestres o solitarias, que no viven en colmenas, se han ido adaptando a esta invasión y se han desplazado hacia zonas más salvajes con menor intervención humana. *Sinc

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Tragaluz

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Inmortalizando

bichos

Fotos: Archivo

El paleoentomólogo de Harvard Ricardo Pérez de la Fuente, en su laboratorio, donde fotografía los miles de insectos fósiles de una de las mayores colecciones que existen en el mundo.

Federico Kukso* n el tercer subsuelo de un megaedificio de laboratorios de Harvard, una hilera que parece infinita de válvulas blancas, asépticas y que imponen respeto aguarda el fin del mundo. En su interior descansan y acumulan horas, días y semanas cientos de miles de fósiles, los restos de organismos que vivieron y murieron hace millones de años y que esperan su turno de ser digitalizados para la posteridad. En el caso de los insectos fosilizados, el encargado de hacerlo se llama Ricardo Pérez de la Fuente. Nació hace 30 años en Barcelona y es único. Al menos, en esta centenaria universidad estadounidense. Aquí, en Cambridge, no hay nadie como él: es “el” paleoentomólogo de Harvard. Rodeados por el silencio solo interrumpido por el ruido de sus pensamientos, este investigador y su equipo de técnicos desarrollan una actividad pensada para el fin de los días: en las profundidades del Museo de Zoología Comparada, digitalizan con paciencia los más de

60 mil especímenes de insectos fosilizados que componen una de las colecciones de este tipo más grandes del mundo, la generada durante 90 años por el metódico profesor Frank M. Carpenter, quien falleció en 1994: hormigas, avispas, libélulas, cucarachas y polillas, muchas de ellas ya extintas. “Es maravillosa —dice, cargado de entusiasmo, este científico—. La colección estuvo durante décadas a la sombra, oculta del mundo. Ahora la estamos compartiendo con investigadores y con el público. La joya es la mariposa fosilizada mejor conservada. También un ala de libélula gigante, un insecto que era tan grande como una gaviota. La colección está colmada de secretos: uno puede llegar a descubrir tesoros guardados durante años en un cajón. Aquí veo bichos que nadie jamás ha visto antes”.

La eternidad digital

Como todo niño —y todo adulto—, Ricardo Pérez de la Fuente cayó bajo el influjo de Jurassic Park. “Los dinosaurios siempre son lo que más engancha”, reconoce. Pero en 2008, un profesor de la facultad lo invitó a una expedición y, sin dudarlo, se sumó a ella.

Es la única persona en la Universidad de Harvard especializada en conservar insectos antiguos. Su trabajo le apasiona: debe digitalizar para la posteridad los más de 60 mil especímenes fósiles de una colección fascinante que ha pasado años en la sombra. Con extrema delicadeza digitaliza insecto por insecto.


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“Fue alucinante —recuerda—. Hallar fósiles de insectos es una sensación incomparable. Tan pequeños, tan frágiles y con tantas historias que contar”. Desde entonces, exploró y estudió los tesoros del yacimiento de El Soplao descubiertos en 2008 en Cantabria, el más extenso y rico en ámbar en Europa de mediados del período Cretácico, hace unos 100 millones de años. En la resina fosilizada alguna vez secretada por los árboles, los insectos han quedado aprisionados, congelados en el tiempo, como en una fotografía de antiguos ecosistemas. Allí, por ejemplo, este investigador encontró en 2012 un espécimen único: una larva depredadora a la que llamó Hallucinochrysa diogenesi (o larva crisopa alucinante de Diógenes) que aparece recubierta por una maraña de pequeños filamentos de origen vegetal recolectados con sus mandíbulas con el fin de confundirse así con el entorno. “Se trata de la evidencia de camuflaje en insectos más antigua conocida hasta ahora”, cuenta hoy uno de los apenas 50 paleontomólogos que hay en el mundo. Con la ayuda de artistas, como el peninsular José Antonio Peñas, este insecto de unos cuatro milímetros de longitud ya extinguido, que convivió con los dinosaurios, ha sido recreado digitalmente.

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En el yacimiento de ámbar de El Soplao, en Cantabria (España). Imagen cedida por el investigador.

Reconstruir la historia

“Lo que intentamos es reconstruir la historia de la vida —explica Pérez de la Fuente—. El único modo de comprender el presente y el futuro es estudiar el pasado. Descifrarlo. Para muchos, mirar hacia atrás puede parecer un ejercicio absurdo. Pero grabada en el registro fósil y en la tierra hay una infinidad de procesos que, si somos capaces de comprender, nos permitirán adelantarnos a lo que puede llegar a acontecer. Cada muestra de un insecto fosilizado es una pieza de un rompecabezas gigante. Cuantas más piezas seamos capaces de encajar, mejor podremos ver la conexión entre ellas, y así descifrar su sentido”. Como un copista medieval, Pérez de la Fuente también trabaja para la conservación y transmisión del saber. “Lo orgánico en algún momento perece —advierte—. Si queremos mantener esta información para la eternidad, la única vía es la digital”. De un lado de las amplias oficinas del Departamento de Zoología Comparada están los malacólogos, los científicos que estudian los moluscos. Del otro, él, sus microscopios, cámaras fotográficas y, como le dice con cariño, su mausoleo de “bichos”. Desde hace más de tres años, Ricardo Pérez de la Fuente recorre estas hileras de bóvedas blancas —un gran banco del pasado— de las que extrae las muestras, que lleva con cuidado a las estaciones. “Les tomamos varias fotografías. No podemos captar la riqueza del fósil en una sola imagen —dice—. La mano siempre va debajo de la muestra. Siempre. Por suerte, aún no he tenido ningún accidente. Toco madera”. Y entonces, como parte de la Fossil Insect Collaborative —un proyecto de digitalización pionero en Estados Unidos en los que se aúnan los esfuerzos de instituciones como Yale, la Universidad de Colorado, el American Museum of Natural History y Harvard—, ingresa a una base de datos para, finalmente, fomentar estudios globales con Big Data. Pero, curiosamente, no todas las muestras de la colección que digitaliza este científico han

Ala de libélula del tamaño de una gaviota.

sido correctamente identificadas. En caso de detectar un error, él es el único con la potestad de rectificarlo. De toda la colección, ya lleva un 70 por ciento digitalizado. “Me encantaría hacer algo así en España —confiesa—, pero en estos momentos es impensable”.

Ticket de lotería

“Esto es una avispita”, aclara Pérez de la Fuente mientras desliza bajo la luz lo que solo parece ser una roca. Hay que tener el ojo entrenado para detectar que allí hay algo más que ha llegado a nuestros días después de sortear varios obstáculos. Por ejemplo, las mariposas son muy escasas en el registro fósil. “Muchos de los insectos que se han fosilizado lo han hecho al depositarse en el fondo de lagos con poco oxígeno —cuenta el paleoentomólogo—. Para eso tuvieron que llegar allí, hundirse. Pero las mariposas por lo general flotan y allí se las comían. Cada insecto fósil es como un ticket de lotería. La probabilidad de que se haya fosilizado es mínima.”

Hace 480 millones de años aparecieron los primeros insectos. Según un estudio en el que participó un centenar de investigadores de 16 países, se originaron al mismo tiempo que las primeras plantas terrestres. Los insectos, de hecho, fueron los primeros organismos en la tierra en volar: hace 400 millones de años los ancestros de las libélulas comenzaron a desarrollar alas. Desde el Cretácico, hace 100 millones de años, hay varios grupos de insectos que han cambiado muy poco. Por ejemplo, los mosquitos. La diferenciación morfológica ha sido mínima. Saber más de ellos y de su historia también tiene un potente efecto psicológico. “El estudio de estos insectos antiguos te vuelve humilde —reconoce el científico—. A veces me pongo a pensar que tengo entre mis manos los restos de un organismo que vivió cuando ni siquiera los seres humanos éramos un sueño. Es el mismo sentimiento que comparten muchos aficionados a la astronomía. Nos pone en perspectiva. Ayuda a quitarle dramatismo a las cosas”. *Sinc


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Réquiem

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José Luis Cuevas:

único y múltiple

“Mi obra es una larga meditación sobre la muerte”, dijo alguna vez el Gato Macho.

Merry MacMasters* a sombra de la muerte no era algo nuevo para el dibujante, grabador, escultor, pintor, ilustrador y escritor. En 1973, una enfermedad del corazón lo obligó a permanecer en reposo durante un par de meses. De allí surgió el libro Confesiones de José Luis Cuevas, de Alaíde Foppa, cuyo primer capítulo, Enfermedad y muerte, arranca así: “José Luis Cuevas dice que se va a morir; y no se sabe si lo dice de veras, o si está actuando su personaje; o si está actuando y luego se cree la actuación.” A la periodista guatemalteca, el artista le confió: “Siempre he estado aterrado por la muerte. Ya lo sabes, mi obra es una larga meditación sobre la muerte. A los 11 años enfermé del corazón como consecuencia de unas fiebres reumáticas; y por eso es tan grave lo que estoy pasando: revivo la enfermedad de niño que me tuvo un año en cama”. Sin embargo, se repuso el nacido en los altos de la fábrica de lápices y papeles El lápiz del Águila, administrada por su abuelo paterno, y quien en 1944-46 ingresó como alumno irregular en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. Asesorado por Lola Cueto, en el Mexico City College, realizó sus primeros grabados. En 1948 montó su primera exposición en el Seminario Axiológico. Su hermano Alberto, médico psiquiatra, lo llevó cuatro años después al manicomio de La Castañeda, en la que tuvo como modelo a enfermos mentales. Expuso de nuevo en 1953, ahora en la Galería Prisse. En la internacionalización de Cuevas

El enfant terrible, el rupturista, el harto, el narcisista, el Gato Macho, el artista mediático, creador de un mundo de deformes y desdichados, famoso por la frase la cortina del nopal y haber bautizado a la Zona Rosa, el artista José Luis Cuevas (Ciudad de México, 26 de febrero de 1934) murió el 3 de julio. jugó un papel protagónico el abogado y crítico de arte cubano José Gómez Sicre, arraigado en Estados Unidos, quien en 1954 lo invitó a exponer en la Unión Panamericana, en Washington. Tres años después viajó a Filadelfia para ilustrar a Franz Kafka por encargo de la Editorial Falcon Press. El libro se tituló El mundo de Kafka y Cuevas. Siguieron exposiciones en La Habana, Caracas, Lima, Buenos Aires, Nueva York, Roma, San Luis Misuri, y en 1959 ganó el primer Premio Internacional de Dibujo de la Bienal de Sao Paulo. En la Zona Rosa (en una entrevista, Cuevas había dicho sobre su muestra en la Galería Proteo: “Expongo temas de la zona roja en esta zona rosa”) dibujó un Mural efímero, en el que se

mofaba de los afanes continuistas del muralismo. Tras autoexiliarse tres años en Francia, regresó a México y en 1981 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Bellas Artes. En 1992 se inauguró el museo que lleva su nombre en la casona conventual de Santa Inés, ubicada en Academia 13, Centro Histórico, cuyo patio es dominado por La Giganta, escultura monumental en bronce de ocho metros de altura. El recinto, que alberga la colección de arte que su primera esposa, Bertha Riestra (primera directora y fallecida en 2000), y él reunieron durante más de 30 años, se ha dedicado a promover el arte mexicano y latinoamericano, en particular. En 2005 asumió la dirección su segunda esposa, y ahora viuda, Beatriz del Carmen Bazán. “José Luis Cuevas ha buscado con meticulosa paciencia que su figura sea monumental y monstruosa”, escribe Juan García Ponce en la introducción del libro que en 1996 le dedicó Jaime Moreno Villarreal. “En el seguimiento de los datos que han figurado la fisonomía del monstruo se encuentra una historia general que se ha formado valiéndose de José Luis Cuevas y una historia particular de José Luis Cuevas. Las dos juntas pueden provocar la creación de un panorama único y múltiple, de un monumento y de un monstruo”. “Pero, en el instante en que el monstruo pueda provocar la creación de un monumento basado en su figura, ¿no deja de ser un monstruo para convertirse en el monumento que su monstruosidad ha hecho posible y revela?”, pregunta García Ponce en José Luis Cuevas: el monstruo y el monumento, iconografía de una imagen pública. *La Jornada


Pasos de la semana

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Economía, prevención y diálogo, en agenda Brenda Jiguan

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Danilo Ramírez

vanzar en la integración económica regional, mediante la Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras, reducir la desnutrición aguda, combatir la criminalidad y consolidar acciones de desarrollo en San Marcos, fueron parte de las acciones que promovió el Ejecutivo en la semana reciente. El jueves, durante la XLIX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Sistema de Integración Centroamericana (Sica), el presidente Jimmy Morales hizo un llamado a sus homólogos para unir esfuerzos y comprometerse a hacer del Istmo un solo territorio. Al mismo tiempo, el gobernante resaltó el trabajo de la Fuerza Trinacional Antipandillas, creada en noviembre de 2016 por El Salvador, Honduras y Guatemala, contra las estructuras del crimen organizado que operan en la región. Durante su intervención, el mandatario invitó a sus colegas a participar en la XXVI Cumbre Iberoamericana, la cual se llevará a cabo del 15 al 16 de noviembre de 2018, en Antigua Guatemala, para impulsar acciones que permitirán trabajar bajo la premisa de una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible.

Transparencia

Ese mismo día, Zaira Mejía, contacto de la iniciativa Gobierno Abierto, dio a conocer que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con sede en Francia, hará un estudio en Guatemala para promover un Estado transparente y orientado a la rendición de cuentas. La funcionaria manifestó que el país está siendo visto como líder en Latinoamérica por impulsar reformas de Gobierno Abierto, ya que antes no se le daba el impulso correspondiente.

Combate a la desnutrición

El lunes, al concluir el Gabinete de Gobierno, German González, titular de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), manifestó que mediante el Plan contra el Hambre Estacional se redujeron en mil 267 los casos de desnutrición aguda en el país, contabilizados hasta el 18 de junio. En esa línea, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación informó que en coordinación con la Sesan han repartido 32 mil 534 raciones alimenticias, y para julio y agosto esperan incrementar el aporte.

Vigilarán pago

Por aparte, Carlos Sandoval, encargado de la Inspección General de Trabajo, indicó que a partir del 17 de julio comenzarán las diligencias para verificar el cumplimiento del pago del bono 14. Además, agregó que para

La Policía Nacional Civil continúa los esfuerzos por apoyar a las viudas de los agentes caídos en cumplimiento del deber.

este año tienen programado visitar no menos de 3 mil empresas. Entre tanto, Julio Héctor Estrada, ministro de Finanzas, dijo que el Gobierno erogará Q1 mil 468 millones para atender el compromiso con los empleados públicos.

Controlan motín

Ese mismo día, un equipo multidisciplinario de la Policía Nacional Civil, integrado por agentes especializados en temas de niñez, adolescencia y derechos humanos evitó la fuga de un grupo de jóvenes que se amotinaron en el centro correccional Las Gaviotas, en la zona 13. Por este hecho, no menos de 200 personas fueron trasladadas a la Torre de Tribunales, para que aclararan su situación legal. La revuelta dejó como saldo 3 víctimas mortales y daños en el 70 por ciento del recinto. El martes, la PNC destacó a un equipo de 100 uniformados para resguardar las instalaciones de ese establecimiento, mientras un juzgado móvil resolvía la situación de otros internos. En tanto, la Secretaría de Bienestar Social, que tiene bajo su cargo a los menores, trasladó a otros adolescentes a módulos que recién fueron construidos.

A su vez, las fuerzas de seguridad anunciaron que desde el sábado se puso en marcha la Operación Regional contra Armas, en coordinación con autoridades de México, Honduras y El Salvador, con el fin de combatir el tráfico de armamento y municiones. En el aspecto de prevención, la Comisión Presidencial de Diálogo subrayó que se está elaborando una estrategia para reducir los conflictos, la cual estaría lista para agosto. En este tema, el vicepresidente Jafeth Cabrera anunció que prorrogarán el estadio de sitio en Ixchiguán y Tajumulco, San Marcos, para concluir con los procesos de pacificación entre las comunidades de esos distritos. “Debido a que aún no se ha completado la instalación de una comisaría de la PNC ni la de un cuartel del Ejército, se pedirá la amplitud de la medida, para dejar condiciones de seguridad y que la población no vuelva a entrar en un choque directo”, explicó el vicemandatario. El miércoles, la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor anunció que intensificará las verificaciones en comercios, con el propósito de garantizar la estabilidad de los precios de los artículos de consumo, y que las acciones se intensificarán la próxima semana.


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