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Revista Viernes 04112016

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Archivo


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Portal Editorial Las cartas de amor son piezas perfectas por la simple razón de que quien las escribe tiene en mente un destinatario preciso. De ahí su coherencia, sencillez y precisión. Esto viene a cuento porque hace 504 años se empezaron a mostrar al público los frescos de la Capilla Sixtina en el Vaticano, donde la magnificencia proviene no de las alturas, sino del terrible sentido terrenal de quien los pintó. Nos atrevemos a sugerir que esos trazos majestuosos son los tatuajes que Dios pidió hacerse en la piel por mano de Miguel Ángel Buonarroti. Cuéntase que allá por 1508 los demonios anidaban a sus anchas en las cúpulas vaticanas. Invocáronse seres alados para su expulsión, pero solo un ángel llamado Miguel sobrevivió triunfante a las batallas. Con mano de acero, dicen, liberó la luz prisionera, y sobre la piel etérea y terrena de Dios tatuó uno a uno los días de la Creación y registró con lujo de detalle el encuentro entre lo que está arriba y lo que está abajo, como dejó escrito Hermes Trismegisto en la Tabla Esmeralda. Así, durante unos 4 años pudo verse a un ser cuyo principal soporte era un espíritu indoblegable, pegado al techo aún humeante, buscando entre silencios el espacio para herir con su paleta la piel del Supremo, escribiendo y dibujando incansable en el aire pleno de resonancias. Y en la magnífica soledad de lo alto, Miguel Ángel fue un poco Dios, un poco luz y un poco ceniza. Por eso su escritura de colores fue perfecta, como una carta de amor.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández

Guatemala, viernes 4 de noviembre de 2016

Juan José

El candidato blan

ISBN: 978-992

Gal Archivo


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Guatemala, viernes 4 de noviembre de 2016

é Arévalo

nco y el huracán

929-560-20-8 l 4 de julio de 1944, Juan José Arévalo Bermejo (Taxisco 1904-Guatemala 1990) recibe un cablegrama que cambiará radicalmente su destino y el destino de su país: una coalición de jóvenes partidos políticos lo ha postulado como candidato presidencial, gracias a que con la caída del régimen ubiquista parecen abrirse espacios genuinamente democráticos. Aquí es donde se inicia la narración de El candidato blanco y el huracán, última entrega de los escritos autobiográficos de su autor. A lo largo de sus páginas entramos una descripción de extraordinaria riqueza en torno a la lucha que significó la campaña política de este candidato (verdaderamente blanco), y a la euforia masiva que la naciente democracia producía en un pueblo acostumbrado a la dictadura y el silencio. Ese es, precisamente, el núcleo de este libro: testimonio valiosísimo y apasionado de una época de apertura, participación activa y esperanza en cuanto al porvenir; narración y ensayo de impecable factura, donde se entrecruza lo histórico y lo pasional con maestría; evidencia del triunfo de una generación que se planteó cambios radicales y que con su entrega los logró. El recorrido que plantea Arévalo permite registrar con su mirada el final abrupto del intento dictatorial de Federico Ponce Vaides, la instalación de la Junta Revolucionaria de Gobierno y las argucias electorales de sus contrincantes. Sin embargo, la narración concluye el 15 de marzo de 1945 con una especie de catarsis colectiva: Arévalo ingresa triunfalmente al despacho presidencial, iniciando el período democrático de mayor relevancia en la historia política guatemalteca.

lería

Caja registradora Al finalizar la Guerra Civil estadounidense, James Ritty, gerente de una berlina en Dayton, Ohio, desarrolló un “artilugio incorruptible” que patentó el 4 de noviembre de 1879 bajo el nombre de Ritty Modelo I. Fue el primer ejemplo de una caja registradora en la historia.

Cuento 157

Intermedio en Niza Los imperiales han acampado en las afueras de la ciudad. El césar Carlos V se retira después de haber intentado privar a su rival, Francisco I, de las hermosas tierras de Provenza. El emperador está en su tienda, a la caída de la tarde, y despacha algunos asuntos con los enviados que han llegado de tierras alemanas con noticias sobre la sorda conspiración de los electores protestantes. Los emisarios teutones salen con la impresión de no haber sido escuchados con todo el interés que el asunto demandaba. El césar tiene su espíritu en otra parte. Piensa en esa pequeña fortaleza de Muey en donde cincuenta arcabuceros resisten denodadamente el asedio de los imperiales. No quiere dejar tras de sí ni la más leve señal de resistencia. Buena parte de sus ejércitos deben pasar por allí en la retirada. Envió a dos de sus más probados y cercanos caballeros para terminar con el sitio: don Francisco de Borja, marqués de Lombay, futuro duque de Gandía, que subirá a los altares como uno de los más preclaros santos de la Iglesia, y Garcilaso de la Vega, espejo de caballeros, que ha escrito ya algunos de los poemas más hermosos de la lengua de Castilla. La preocupación de Carlos V va en aumento. Dejan sobre su mesa de campaña despachos que llegan de Portugal y de Flandes. Ni siquiera se acerca para hojearlos. Medita con melancolía, esa melancolía que le viene de su sangre portuguesa, en el triste destino de quien dispone de las vidas ajenas y nada puede hacer para que el dictado de sus afectos desvíe la fatal trayectoria que le impone su destino de monarca. Tiene treinta y seis años y ya la vida ha comenzado a pesarle. A su lucidez sin sosiego aúna un alma de caballero andante, soñador de quimeras inasibles. El sol de otoño deja sobre las telas y los paños con las insignias imperiales un halo cobrizo y tibio que les da un aire intemporal y señero. Una mano en la empuñadura de la espada y la otra acariciando distraídamente el Toisón de Oro que perteneció a su abuelo el Temerario, Carlos de Europa se pierde en la ansiedad de sus dudas y en el aciago laberinto de sus certezas. Hay un ruido de pasos, un tintineo de armas y el césar mira fijamente al marqués de Lombay que se acerca con las ropas manchadas de sangre y en el rostro un gesto de dolor insondable. Informa sobre lo sucedido: Muey cayó, finalmente, pero en sus muros dejó la vida Garcilaso de la Vega, quien expiró en brazos del marqués sin haber recobrado el conocimiento. Varios caballeros se acercan a escuchar el relato. Carlos permanece en una extraña rigidez, en una inmovilidad de bestia acosada. Su labio inferior tiembla ligeramente. Por fin, alza la mano derecha; se la lleva a la frente, luego al hombro izquierdo, luego al derecho y la deja un instante sobre el corazón. Los presentes imitan el gesto del monarca. Carlos pronuncia con su voz en tonos bajos, que tratan de disimular la emoción, estas palabras de cristiano y de amigo: «Dios guarde a su vera tan buen caballero». Cumplido adiós para el más alto poeta de España.

Álvaro Mutis/Colombia

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Abecedario

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Fotos: Archivo

Marai en una fotografía de su infancia.

El mund Edmundo Urrutia* ecuerdo con exactitud la primera vez que escuché el nombre de Sandor Marai. Íbamos por las calles de Roma con mi esposa y una amiga que rondaba los 80 años, quien se movía con sorprendente pericia por las estrechas calles de esa hermosa ciudad en su carro compacto. En los últimos años, ella había ingresado en la universidad y estudiaba una licenciatura en Literatura en uno de esos programas que permite el bienestar europeo. El origen aristocrático de su esposo le había ahorrado los desvelos de la universidad temprano en su vida, pero ahora, ya viuda, nos relató con entusiasmo el placer de estudiar y, entre otras cosas, de haber descubierto a “dos escritores checos”: Milan Kundera y Sandor Marai. Su confidencia me produjo un fuerte desconcierto. Durante años había seguido la obra de Kundera, leído cada línea escrita por el autor de La insoportable levedad del ser, explorado su historia personal, la historia checa y fielmente buscado y leído a cada autor que él recomendaba o consideraba antecedente de su obra. Kundera me puso a leer a los grandes de la novela centroeuropea, el corazón de la novela filosófica y cuna del espíritu del Occidente, de acuerdo con su opinión. Sin embargo, nunca se cruzó ante mi atenta lectura el nombre de

Marai, algo que me parecía inverosímil si el entusiasmo de la hábil conductora se correspondía con la realidad. Kundera me hizo volver al mapa de la novela de aquella región europea, al Hombre sin atributos, de Robert Musil, me hizo buscar la trilogía Los sonámbulos, de Herman Broch, desempolvar La cripta de los capuchinos, de Joseph Roth, envolverme de nuevo con la obra de Kafka, de Schnitzler, de Hofmannstahl, Zweig... Marai no aparecía por ninguna parte.

Pequeño libro verde

Consulté, pero nadie me daba razón de este “estupendo checo”, como nos lo describió la baronesa italoguatemalteca. Con el tiempo, desistí de mi búsqueda, atribuí la desorientación a la memoria, a un error de deletreo, quizá a una invención inocente, un lapsus involuntario de una venerable anciana, una aristócrata que había recorrido mucho mundo. Hasta que un día, en mis habituales recorridos por King´s Road en Londres, durante mis rutinarias paradas por las librerías de viejo, en especial aquella que se halla al lado del pub The World´s End, sobre la curva que marca la línea divisoria entre el elegante barrio de Chelsea y el barrio más popular de Fulham. Ahí, escondido entre las novelas de Mailer, Melville, Mishima y Moravia se encontraba un pequeño libro verde oscuro, un poco anodi-

no, con un nombre extraño: Embers, es decir, Rescoldo o Cenizas, y que en español ha sido traducida como El último encuentro, publicada en 1956. Lo había descubierto, no era una equivocación, ahí estaba el nombre perdido. Sandor Marai, nacido en 1900 y muerto por su propia mano en San Diego, California, en 1989. La solapa no dejaba duda, y despejaba el equívoco: no era de origen checo, era húngaro, pero lo que dejaba sin resolver era el injustificado olvido de un escritor cuya novela Embers el editor no dudaba en calificar de pieza maestra. Con el nerviosismo que siempre me produce un hallazgo literario que promete, me dirigí al counter y deposité la libra que costaba el pequeño libro, tratando de ocultar mi agitada respiración y mis manos sudorosas. La indiferencia pétrea del viejo librero no dejó de sorprenderme al no encontrar en él la esperada complicidad de dos adictos a la misma droga.

Lectura sin fin

De ahí me fui al Café Nero, mi favorito por sus cómodos sillones y por la compañía de gente desclasada y ociosa, desempleados la mayoría, aquellos que han roto con lo establecido (mis admirados dropouts), y comencé la lectura. Con el atardecer de domingo cayendo sobre la calle Fawcett llegué a la última página y cerré el libro con tristeza, con la misma


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El escritor y su mujer, Lola Matzner, 1923.

El novelista, en compañía de su hijo adoptivo.

sensación que me atraviesa cuando termino una lectura que quisiera que continuara hasta el fin de mis días, como cuando terminé Spohie´s Choice, de William Styron, hace ya varias décadas, pero en la Ciudad de México, o más recientemente lo que sentí con Vida y destino, de Vasili Grossman, aquí en Guatemala, cuando de nuevo se me hizo evidente el alma emocional del pueblo ruso, y su enorme capacidad para la ternura y la metafísica, la poesía y el sacrificio.

En El último encuentro, una especie de ensayo filosófico se intercala en la narración. La novela de Marai es una simbiosis, una fusión simétrica, en la que no puede separarse la historia, el conjunto de anécdotas y las tesis filosóficas sobre la existencia humana, sobre las pasiones y sus sufrimientos, los dilemas y sus consecuencias, la muerte y Dios. Pero en El último encuentro Marai se detiene y vuelve una y otra vez sobre el significado de la amistad, “la amistad es la relación más noble que pueda surgir entre dos personas”, dice, el sentimiento que define la relación entre Henrik y Konrád, así como los temas aledaños, y que aparecen a lo largo de las vidas de sus protagonistas, de los hechos que forjan ellos y la esposa de Henrik, Krisztina, el amor prohibido de Konrád, y su supuesta cobardía al abandonarla.

do perdido de Marai Un ciclo que se cierra

Pero volviendo a esta novela de Marai, olvidada durante medio siglo y rescatada por la editorial italiana Adelphi, debo decir que se trata de una obra redonda, que no le falta nada. Con la última palabra se cierra un ciclo de la vida, solo queda el rescoldo, pues la amistad de dos personas concluye; su tránsito por esta vida llega al punto final; ya no hay nada más que decir, pues hacerlo sería redundante. El tema central es la amistad, enfocada con una gran riqueza filosófica. Y como en la tradición de la novela centroeuropea, en la que este rasgo alcanza su forma más elevada, más articulada, la reflexión sobre la amistad, que surge, que se desarrolla, que emerge naturalmente del encuentro de dos hombres jóvenes, nunca es una digresión impostada, una forma de distraer o de vagabundear.

La amistad

La belleza de la idea de la amistad, la riqueza de matices y la profundidad de sus significados, emerge una y otra vez. El lugar especial que ocupaba la amistad en el mundo de Henrik, ese mundo que portaba Marai en su alma, ese mundo que murió con la Primera y la Segunda Guerra Mundial; ese gusto, maneras, sensibilidad, valores del imperio de los Habsburgo, de su Hungría que no sobrevivió al desarrollo del capitalismo del siglo XX y a las guerras impe-

riales. Su idea de la amistad recoge ese mundo cultural ya desaparecido, pero al profundizarlo lo trasciende y alcanza la idea universal de la amistad humana. Cuando se conocen los dos jóvenes protagonistas, Marai escribe: “La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada. La desea con fervor, pero sin esperanza… la amistad entre Konrád y Henrik brillaba en este caos como la luz suave de una ceremonia votiva medieval. No hay nada más singular entre dos muchachos que ese tipo de afecto sin egoísmos, sin intereses, un afecto donde no se desea nada del otro, donde no se pide nada, ninguna ayuda, ningún sacrificio”. Mientras los otros jóvenes se enamoran, huyen a escondidas buscando sentir intensamente, vivir todas las experiencias posibles, Henrik y Konrád vivían en otro mundo: “Seguían viviendo en la pureza, como si la amistad -cuya capa mágica cubría sus jóvenes vidas- pudiera compensarlo todo, todo aquello que los demás, los curiosos e impacientes, perseguían entre terribles sufrimientos que los conducían hacia los pasajes oscuros de los bajos fondos de la vida”. La amistad es un sentimiento desinteresado, sin mezquindad, si pierde estos rasgos ya es otra cosa. Marai afirma: “El hijo del guardián imperial (Enrik) pensaba que era preciso mantener su amistad y su alianza -compleja y

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Mónica, de la película La gaviota.

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que une a los hombres y las mujeres con fuerza desesperada”. Más que el hecho del amor hacia su esposa, la pasión, la forma en que el amigo responde, maneja la relación, es lo que importa, lo que vale para Henrik. Este no objeta el sentimiento, sino la manera de conducirlo, la falta de valor, de dignidad, la cobardía, la traición. La violencia que un acto de traición ejerce sobre la amistad, sobre la relación más poderosa entre las personas; la traición como cataclismo moral, como si una ley de la naturaleza se hubiera violado y se hubiera producido una fractura en el orden de las cosas, un colapso del orden natural y legal en las relaciones entre los hombres. Al final, cuando ya han caído todos los velos, Henrik le muestra a Konrád el Diario de Krisztina, le ofrece compartir los íntimos secretos de la mujer que los había separado, los sentimientos de la mujer abandonada por la cobardía. Konrád lo rechaza. Henrik lo tira al fuego y solo quedan cenizas, rescoldos.

La mujer justa

Sandor recrea minuciosamente la vida de los refugiados judíos.

frágil como cualquier relación humana intensa y cargada de fatalidad- alejada de los asuntos del dinero, alejada incluso de la sombra de la envidia o de la falta de tacto”. Marai se atreve a ir al fondo de la amistad y aclara: “A veces pienso -dice Henrik- que la amistad es la relación más intensa de la vida… y que por eso se presenta tan pocas veces en la vida. ¿Qué está detrás de la amistad?... ¿Habrá tal vez cierto erotismo en el fondo de cada relación humana?... Al erotismo de la amistad no le hace falta el cuerpo, no le es atractivo, resulta incluso inútil. Sin embargo, no deja de ser erotismo”. Tal vez aquí, Marai nos da la mejor definición de la amistad, tal y como se entendía en su mundo periclitado: “Uno está convencido, y mi padre todavía lo entendía así, de que la amistad es un servicio. Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. No espera ningún galardón, no idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conoce sus defectos y la acepta así, con todas sus consecuencias”. La amistad supone confiar, como Henrik confió en Konrád; sin embargo, la amistad es algo tan superior que, al final, Konrád no logra cumplir con esa ley de la vida. “La ley de la amistad es muy severa. En la antigüedad, esa ley fue más importante, y en ella se basaba todo el sistema jurídico de las grandes civilizaciones. Más allá de las pasiones, de los egoísmos, esta ley, ley de la amistad, prevalecía en el corazón de los hombres. Era más poderosa que la pasión

Desde entonces, desde el momento en que cerré el libro, no he cesado de leer las novelas traducidas al español de Marai para disfrutar esa forma original de elaborar los diálogos, con la herencia de la mejor tradición literaria centroeuropea, pero con sus propios registros y ritmos expresivos, con su prosa precisa y la observación de los detalles que llenan de significado las escenas y enriquecen el flujo narrativo. Marai es hijo de esa época de intensa creatividad que caracterizó los años que antecedieron el final del imperio de Habsburgo, los años de decadencia que crearon el entorno propicio para Mahler, Freud, Musil, Klimt, Shönberg, Wittgeinstein. En Londres ya no encontré otro libro de Marai, tal vez porque el tiempo se encogió, y entonces fue Madrid y Guatemala. Primero me encontré con Divorcio en Buda, sorprendente enfoque sobre la muerte, reposado y frío, junto con un profundo conocimiento de la ley y el papel de juez en Buda, ciudad húngara, hermana de Pest. El breve libro La Herencia de Eszter le siguió, con su mundo de amor y sus desencuentros; de amor y credulidad; amor e indefensión; audacia y mentira. La extraña, la otra novela de mi itinerario por el mundo de Marai, es desafortunadamente una historia que no va a ninguna parte, que tiene los rasgos de la prosa del escritor húngaro, lúcida, llena de observaciones agudas, fina descripción psicológica de personajes y lugares, y sin faltar la capacidad incomparable de juzgar y pensar filosóficamente situaciones, actitudes y decisiones, pero que se pierde en un laberinto de anécdotas y disquisiciones, que no termina de formar un todo. En ese momento me dije, se agotó Marai, escribió tres obras maestras y ahora asentada su fama, van a traducir todo, sin importar el valor literario o artístico de los textos. Pronostiqué una sucesión de malos libros que, lastimosamente, iban a empañar la calidad excepcional de las que había leído originalmente. Me equivoqué, pues me crucé con la novela La mujer justa, y entonces volvió el entusiasmo, el minucioso y completo mundo subjetivo de tres personas que no se tocan, que son radicalmente diferentes, que aún conviviendo son mundos autónomos, cada uno una versión

diferente, opuesta a las otras. Aquí me comenzó a maravillar, a desconcentrar la finura, la pulcritud, la elegancia, la exquisitez de sus retratos psicológicos. Esta novela es un ejemplo dilecto de una novela polifónica, pero en una versión más drástica, tres voces, tres cosmovisiones, tres mundos de valores y principios, tres subjetividades inmersas en un mismo mundo, pero separadas radicalmente, tres realidades de una misma realidad. Aunque El último encuentro y Divorcio en Buda ya lo había evidenciado, La mujer justa también es el acceso a un mundo cultural que, como hemos dicho, pereció tras las dos Guerras Mundiales: el mundo burgués centroeuropeo del Imperio austrohúngaro, que describe al detalle en su libro temprano, Confesiones de un burgués.

Un mundo extinguido

Me encontré después con El amante de Bolzano, y entonces sí que la capacidad de penetración y descripción psicológica llega a la genialidad, el duelo verbal del seductor y la seducida, y la inversión maravillosa de los papeles, la seductora logra subyugar al seductor. Florencia del Renacimiento y el Casanova pintado como héroe y antihéroe al mismo tiempo. Leí finalmente el Diario de sus últimos tres años de vida, impactantes por la profunda soledad del poeta, del gran narrador, el incomprensible abandono por todos; muere en la más profunda soledad, enfermo, tras prometerse que cuando perdiera la habilidad de valerse por sí mismo, se mataría. Se suicidó en 1989, después de haber vivido con el siglo. ¿Por qué nos gusta tanto Sandor Marai? ¿Por qué se ha convertido en una lectura esperada, obligada, buscada con grandes expectativas? Quizás se deba a su manera de na -rrar, el estilo, el uso del lenguaje, la manera de articular y el ritmo que adquiere la sucesión de imágenes, los cortes, el movimiento hacia el detalle significativo. También, el enfoque con el que aborda la vida, la visión del mundo que trasunta sus historias, la filosofía que subyace y emerge sutil en la obra. Marai nos lleva a un mundo ya finiquitado, desconocido por nosotros, habitantes del siglo XXI, después del catastrófico siglo XX, que barrió con violencia universos culturales, maneras de ser, así como sensibilidades particulares. Tal vez es esto lo que atrae de cualquier autor y cualquier obra, lo que lo hace original y atractivo, el llevarnos de la mano a través de sus historias a otros mundos, a mundos fantásticos; historias inmersas en épocas pasadas, períodos históricos que sucumbieron al carácter corrosivo del tiempo. El novelista húngaro cumple con este rasgo cuando nos lleva al universo subjetivo de su época. Nos permite conocerlo, familiarizarnos con él, sentirlo, saborearlo, transitar por sus avenidas, vivir sus dolores, gozar sus placeres, enriquecernos y hacer más densa nuestra mirada sobre el mundo. Mis últimas tardes en Londres, cuando las recuerdo, me conducen inevitablemente a Embers, a Cenizas o Rescoldos, a El último encuentro, y me llevan, sin que pueda oponer ninguna resistencia, a las penas que me produjo descubrir que yo también perdí alguna vez a un amigo por la frivolidad y la traición. *Escritor


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Gavetas

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Hemeroteca del Diario de Centro América

Orden de Boyacá DCA, 7 de noviembre de 1933.- Hoy a las once horas se entregó con las formalidades del caso la condecoración extraordinaria de la Gran Cruz de Boyacá, otorgada por el Gobierno de Colombia, al señor presidente de la República, general de división don Jorge Ubico. El Certificado de Mérito, firmado por el canciller de la Orden, dice: Orden de Boyacá 1819. El Canciller de la Orden de Boyacá certifica: que por decreto número 1588 del 19 de septiembre de 1933, el Presidente de Colombia concedió al Excelentísimo señor General don Jorge Ubico, Presidente de la República de Guatemala, la condecoración de la Gran Cruz Extraordinaria de la Orden de Boyacá. Leopoldo Montijo Canciller. Dado en Bogotá al 22 de septiembre de 1933. Registrado bajo el número 131 del libro respectivo. La condecoración mide 43 milímetros. Es de oro, con esmalte azul y el filete central de platino. En el centro se yergue, en relieve, el busto del Libertador Simón Bolívar, en broche de esmeraldas, perlas y demás piedras preciosas de Colombia. Esta condecoración solo se otorga a los jefes de Estado y representa la mejor ofrenda del pueblo colombiano.


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Reporte en V

Guatemala, viernes 4 de noviembre de 2016 Fotos: Archivo

La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que proclama cada 2 de noviembre como el Día Mundial contra la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas.

Impunidad y mujeres en el periodismo Leonel Armas * a Resolución A/RES68/163 - 2013 de la ONU insta a los Estados miembros a aplicar medidas concretas en la lucha contra la actual cultura de la impunidad. La fecha fue elegida en conmemoración del asesinato de dos periodistas franceses en Mali el 2 de noviembre de 2013. Esta resolución histórica condena todos los ataques y la violencia contra los periodistas y trabajadores de los medios. También insta a los Estados miembros a que hagan todo lo posible para prevenir la violencia contra los periodistas y trabajadores de los medios, para asegurar la rendición de cuentas, enjuiciar a los autores de delitos contra comunicadores y personal de apoyo en los medios, y asegurar que las víctimas tengan acceso a los recursos apropiados. Además, exhorta a los Estados a promover un entorno seguro y propicio para que los periodistas realicen su trabajo de forma independiente y sin interferencias indebidas. El enfoque en la impunidad de la presente resolución se deriva de que durante la última década alrededor del mundo más de 800 periodistas han sido asesinados por llevar noticias e información al público. En 2015, la directora general de la Unesco condenó el asesinato de 115 periodistas, trabajadores de los medios y

productores de medios periodísticos de interés público. En 2012, el año más mortífero para los periodistas, fueron condenados 123 casos. Estas cifras no incluyen a los periodistas que a diario sufren de ataques como la tortura, las desapariciones forzadas, la detención arbitraria, la intimidación y el acoso, tanto en situaciones de conflicto como en escenarios ordinarios. Por otra parte, existen riesgos específicos que enfrentan las mujeres periodistas, incluyendo ataques sexuales.

Aumento de amenazas

Al respecto, la publicación de la Unesco Tendencias mundiales en la libertad de expresión de los medios refiere que en el curso de los últimos 6 años las amenazas sobre la seguridad de las mujeres han aumentado en paralelo a su mayor compromiso con la expresión pública en todas las plataformas de medios. Dos son las

tendencias que impactan de manera particular sobre las mujeres: primero, el aumento de la intimidación y la violencia contra las periodistas (y del temor a este tipo de ataques); luego, la violencia sexual, que puede ser dividida en tres categorías (ataques sexuales dirigidos, violencia colectiva y agresiones en cautiverio), se ha tornado cada vez más manifiesta. La directora general de la Unesco ha condenado el asesinato de 23 mujeres periodistas, ocurridos entre 2007 y 2012, lo que representa el 5 por ciento de todos los asesinatos condenados por la Organización. La causa más común de muerte entre las periodistas mujeres es el asesinato, pero otra es la muerte en la línea de fuego durante un enfrentamiento armado. Regionalmente, 52 por ciento de los asesinatos de periodistas mujeres tuvieron lugar en Asia y el Pacífico; en América Latina y el Caribe, 35 por ciento; en los Estados Árabes, 9 por ciento,


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Guatemala, viernes 4 de noviembre de 2016

Las comunicadoras necesitan un marco jurídico idóneo para el ejercicio profesional y para garantizar su pleno acceso a los mecanismos reparadores de la justicia.

y en Europa Central y Oriental, 4 por ciento. No existió ningún asesinato de periodistas mujeres condenado por la Unesco en Europa Occidental ni en América del Norte. Si bien las mujeres se han beneficiado considerablemente gracias al acceso a las comunicaciones a través de Internet, esta tecnología también facilita el ejercicio de nuevas formas de violencia, como acoso en línea, cibernético, invasión de la privacidad, campañas de difamación, amenazas de violación, videos virales con violaciones, seducción y abuso a través del correo electrónico y los sitios web, entre otras amenazas. Se trata de un ambiente en línea particularmente difícil para las mujeres periodistas que cubren temáticas típicamente dominadas por los hombres (por ejemplo, deportes, política, etcétera).

Relatando la experiencia

Pese a que algunos grupos han comenzado a rastrear la incidencia de este tipo de violencia, en la actualidad la evidencia solo es anecdótica, y no ha sido recolectada y agregada de manera sistemática. Además del asesinato, las mujeres periodistas también han sido “desaparecidas” o han sufrido ataques físicos y sexuales, aparte de encarcelamiento. Si bien la mayoría de los grupos que monitorean esta problemática no desagregan los datos según género, algunos de ellos han rastreado casos individuales de encarcelamiento o violencia contra mujeres periodistas, y han registrado testimonios de mujeres víctimas a través de entrevistas. En la medida en que la presencia de mujeres periodistas se ha extendido hacia las zonas de conflicto, así también algunas organizaciones han intensificado esfuerzos para registrar los casos de censura y violencia contra los periodistas con cifras desagregadas por género. Algunas de las sobrevivientes de este tipo de crímenes han relatado sus experiencias a través de entrevistas o de libros. Esto representa un indicador del aumento de la conciencia de que los ataques y el acoso sexual constituyen crímenes que impiden la libre expresión de las mujeres y su capacidad para ejercer su profesión. Aunque las periodistas se han mostrado reticentes a denunciar un ataque sexual, en razón del estigma cultural y el temor a las consecuencias

destacar que la igualdad de género debe ser prioritaria para cada sociedad hasta lograr el equilibrio en todos los espacios, incluyendo el ejercicio profesional en los medios de comunicación y en su estructura organizativa y velar por la igualdad y seguridad de la información periodística acerca de mujeres y hombres. En general, es preocupante que menos de uno de cada 10 casos de atropellos cometidos contra trabajadores (mujeres y hombres) de los medios en la última década haya dado lugar a condena, pues cuando quedan impunes se envía un mensaje negativo a la sociedad, que pierde la confianza en su propio sistema judicial. Los autores de crímenes contra periodistas y la libertad de expresión se sienten poderosos cuando se dan cuenta de que pueden atacar a sus objetivos sin tener que enfrentarse a la Justicia. La información a la ciudadanía es por excelencia la base para la toma de decisiones en sus vidas, ya sean decisiones económicas, sociales o políticas. Este acceso a la información fiable y de calidad es la piedra angular de la democracia, el buen gobierno y de instituciones eficaces. Esta fecha ofrece una oportunidad para centrar la atención sobre la importancia de poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas y el rol fundamental que tienen los operadores de justicia frente a la libertad de expresión y seguridad a periodistas y comunicadores.

Derecho a la información

La libertad de información debe ser válida para todos los sectores sociales.

profesionales, cada vez más sobrevivientes de este tipo de crímenes transmiten su experiencia. Asimismo, las ONG que trabajan por la libertad de prensa y la protección de los periodistas hoy prestan mayor atención a las dinámicas de género propias de la violencia y la censura. Cada vez se presta cada vez más atención a los problemas de igualdad de género en todo el mundo, respaldados por varios instrumentos legales y normativos, como convenciones y declaraciones. Es el caso de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, esta última producto de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas en 1995. Esta Declaración pone énfasis en el protagonismo clave de los medios de comunicación para promover la igualdad de género en todas las esferas, instando a unir fuerzas para evitar “estereotipos sobre la mujer y desigualdad de acceso y participación de la mujer en todos los sistemas de comunicación, especialmente en los medios de difusión”. También la campaña ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra la Mujer del secretario general de las Naciones Unidas y la iniciativa Las Mujeres Hacen las Noticias tienen como objetivo

De igual manera, es importante ejercer el derecho de la libertad de expresión y el libre acceso a la información pública, derecho que es reconocido también en la Declaración de Finlandia de 2016, refiriendo que “las violaciones de la libertad de prensa también tienen un impacto adverso sobre el derecho a la información, incluyendo el bloqueo arbitrario de acceso en línea” y la intromisión arbitraria en la “ intimidad digital…” Insta además a “promover la seguridad de las salas de redacción y periodistas en línea y fuera de línea a través de la formación, protocolos y sistemas de seguridad, así como la importancia de la confidencialidad de las fuentes periodísticas en la era digital.” Es contra la falta de castigo, en especial de los delitos contra periodistas, que la ONU ha declarado el 2 de noviembre como el Día Mundial contra la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas. Esta fecha también apunta a la Agenda 2030, en particular a la Meta 16 para el desarrollo sostenible que se dedica a la promoción de sociedades pacíficas y no excluyentes, el acceso a la justicia para todos, y la construcción de instituciones responsables y eficaces en todos los niveles. Su objetivo es reducir todas las formas de violencia, que incluye puntos clave srelevantes para la libertad de prensa, el acceso a la información, la seguridad de los periodistas y el Estado de derecho. Es con este telón de fondo que Unesco y ONUMUJERES, junto a organizaciones de sociedad civil, periodistas y comunicadoras comunitarias, y otros socios, llevarán a cabo el foro Los retos fundamentales de las mujeres periodistas y comunicadoras comunitarias en Guatemala, el 4 de noviembre en un hotel capitalino. Especialista de Unesco en Políticas de Libertad de Expresión y Ciencias l.armas@unesco.org

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Contando el tiempo

Guatemala, viernes 4 de noviembre de 2016

Nigel Hitchin:

“Investig Ana Hernando * l británico Nigel Hitchin ha sido homenajeado recientemente en Madrid, coincidiendo con su 70 cumpleaños, con una serie de conferencias impartidas por sus discípulos en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), donde cuenta con su propio laboratorio. Desde 1997 ocupa el puesto de catedrático Savilian de Geometría en la Universidad de Oxford y este año ha recibido el Premio Shaw en Ciencias Matemáticas, considerado como el Nobel oriental, por ser uno de los mayores referentes en geometría diferencial y algebraica y por su relación con la física teórica. Numerosos objetos matemáticos llevan su nombre: las ecuaciones autoduales de Hitchin, cuyas soluciones se denominan fibrados de Higgs, el sistema integrable de Hitchin, la conexión de Hitchin sobre el espacio de Teichmüller y el teorema de Atiyah-Hitchin-Singer, entre otros.

¿Desde cuándo se sintió fascinado por las matemáticas?

Creo que fue cuando estaba en secundaria. Inicialmente no eran algo que considerara tan importante. Mi padre era químico y mi hermano mayor estaba más interesado en ciencia e ingeniería. Con 15 o 16 años empecé a destacar en matemáticas. Aun así pensé estudiar ingeniería, pero me di cuenta de que las matemáticas estaban más cerca de mi corazón y que había muchas más cosas que quería aprender.

¿Hubo algún profesor que le influyera más en esos inicios?

Nigel Hitchin (Holbrook, Reino Unido, 1946) es el padre de múltiples descubrimientos matemáticos que llevan su nombre. Hace 15 años, durante un puente lluvioso del 1 mayo en Madrid, gestó la geometría generalizada que ahora se utiliza como una importante herramienta en teoría de cuerdas. Hablamos con él en el Instituto de Ciencias Matemáticas, donde ha celebrado su 70 cumpleaños rodeado de las ideas inspiradoras de sus discípulos.

En Oxford, donde fui a la universidad, cada semana había tutoriales alternativos, uno con el tutor de matemáticas aplicadas y el siguiente con el de matemáticas puras. Pese a que me considero un matemático puro, me sentía más cerca del aplicado porque tenía un enfoque muy claro y limpio del tema. Para mí es importante que las cosas encajen bien. A veces tienes que hacer mucho trabajo sucio, pero las matemáticas deberían expresarse de una forma elegante para que otra gente las pueda entender. Aunque fueran matemáticas aplicadas, que no eran el campo que yo iba a elegir, la forma en la que enseñaba este profesor, llamado Christopher Bradley, me cautivó. Bradley acabo siendo profesor de secundaria. Supongo que para él la forma de comunicar las matemáticas era más importante que las matemáticas en sí mismas.

Después de tantos años, ¿cómo encuentra nuevas ideas e inspiración?

La inspiración es difícil de describir y viene de muy diversas fuentes. Puedes basarte en analogías que te llevan a crear una nueva idea, y a veces la inspiración viene de otras disciplinas.


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gar es como irte de viaje” Fotos: Archivo

Ahora, por ejemplo, al escuchar conferencias puede aparecer una idea. No es que estés robando ideas. Lo que ves en la pizarra y escuchas provoca que a veces ‘suene la campana’ y pienses en algo nuevo. Una sala llena de matemáticos que hablan y argumentan es un buen ambiente para generar ideas que tal vez no están relacionadas directamente con lo que se habla. Pero normalmente cuando resuelves un problema se crean otros que piden respuesta.

Y ahora está teniendo impacto como una herramienta importante en teoría de cuerdas…

Como la física, por ejemplo…

Usted ha tenido más de 40 estudiantes de doctorado. ¿Cuál es el consejo más valioso que puede darles?

Sí, durante mi carrera he sido muy afortunado por haber tenido mucho contacto con físicos. Ellos tienen puntos de vista muy diferentes de los matemáticos, aunque sean físicos muy teóricos. Por ejemplo, piensan en términos de teoría cuántica de campos, y cada vez que dirigen su atención a un problema de matemáticas puras, la manera en la que lo interpretan está condicionada por su aprendizaje, que es muy diferente al de un matemático. A menudo, he dependido de la mirada de los físicos. Su intuición ayuda a formular problemas matemáticos.

Una de sus aportaciones más importantes son los fibrados de Higgs, que tienen gran relación con la física. ¿Cómo se gestó esta teoría?

Uno de los participantes en la conferencia que hemos celebrado en el ICMAT ha sido el matemático indio M.S. Narasimhan, que ahora tiene 84 años. En los 60 planteó la teoría de fibrados vectoriales sobre curvas. En los 70 y 80 hubo nuevos puntos de vista sobre este tema. El primer teorema de Simon Donaldson –uno de mis estudiantes de doctorado, que ganó una medalla Fields– consistió en volver a probar el teorema original de Narasimhan y Seshadri usando nuevos métodos analíticos. Por esta época comenzó la influencia de la física en matemáticas. Estábamos estudiando problemas que involucraban objetos de las teorías de gauge, implicadas en el modelo estándar de la física de partículas. Estas ideas comenzaron a ser absorbidas por varias ramas de las matemáticas. Yo estaba estudiando varios problemas que venían de la física, uno de ellos, relacionado con monopolos magnéticos, involucraba un campo extra llamado campo de Higgs. Adapté este método al estudio de fibrados vectoriales y suministré un componente extra.

¿Qué repercusión tuvieron esos avances matemáticos sobre el campo de Higgs?

Al principio no me di cuenta de lo útil que iba a ser, pero seguí investigando. Fueron meses en los que cada día descubría algo nuevo. En 1987, escribí un trabajo largo (The self-duality equations on a Riemann surface), en la revista Proceedings of the London Mathematical Society con estos temas. El campo de Higgs en matemáticas

Empecé mirando algo que tenía una estructura matemática, y cuanto más miraba, más reconocía objetos que antes había visto en la literatura física. Me di cuenta de que había objetos que desempeñan un rol particular en teoría de cuerdas y vi que algo en mi geometría generalizada también representaba eso.

está vinculado a un objeto que de alguna forma juega el mismo rol que en física, relacionado con lo que se llama ruptura de simetría.

¿Y cómo funciona esta ruptura de simetría en matemáticas?

En el modelo estándar de la física de partículas, el campo de Higgs rompe la simetría, y de ello se obtiene masa. En mi teoría de fibrados de Higgs, la ruptura de la simetría en matemáticas introduce cierta irregularidad. A veces, lo que necesitas cuando el problema es muy homogéneo –y por tanto más impenetrable– es traer este objeto extra que rompe la simetría y te permite abrir nuevos caminos para resolverlo.

¿Cuáles son sus principales aplicaciones?

Gran parte de las aplicaciones pertenecen a las matemáticas puras, pero en los últimos diez años los teóricos de cuerdas se han dado cuenta de que el espacio moduli de Hitchin juega un papel en la teoría cuántica de campos y es un buen terreno de prueba para analizar la dualidad entre el nivel cuántico y la carga eléctrica y magnética. Se puede decir que son físicos mirando una pieza de matemáticas para detectar algo que encaje en sus nociones preconcebidas sobre teoría cuántica de campos.

Otra de sus contribuciones es la geometría generalizada, que nació en Madrid…

Sí, esta teoría se me ocurrió aquí hace 15 años, durante una estancia universitaria. Vine con intención de escribir un libro que nunca escribí [risas]. Estaba dándole vueltas a algo que había escuchado en una conferencia hacía unas semanas. Era la semana del primero de mayo. Ya sabe que en esas fechas hay varios días de vacaciones, en la universidad todo estaba cerrado y no paraba de llover, así que me centré en trabajar. En unos días me di cuenta de que las cosas encajaban.

Trato de darles un tema que pueda resolverse en tres o cuatro años. Yo tampoco sé cómo resolverlo, y eso es parte del problema. Sus tesis no deben ser puramente abstractas, siempre les ayudo a construir el problema a través de ejemplos que demuestren que hay un marco más general en el que hacer descubrimientos. Me gusta que mis estudiantes tengan una mente abierta para buscar información de varias fuentes. También procuro darles consejos prácticos. Hacer investigación es como irte de viaje, nunca sabes cuánto equipaje llevar contigo. Aunque tengan que afrontar un problema que requiere consultar un montón de estudios, no se debe intentar abarcarlo todo. Deben poseer un conocimiento amplio, pero selectivo.

Usted les da un buen equipaje para ese viaje…

No sé, eso espero. Creo que necesitan estar equipados para su futuro trabajo en la vida académica y aprender a respetar a los matemáticos del pasado, que ya apenas se estudian, pero pueden ayudarles en su investigación actual.

¿Y usted suele recurrir a los matemáticos clásicos?

Sí, claro. En mi trabajo empleo nuevas herramientas, pero me enfrento a problemas clásicos. Es muy gratificante cuando te das cuenta de que puedes hacer alguna contribución a algo que se planteó largo tiempo atrás, antes de las técnicas modernas o las que se derivan de la física actual.

¿Le sorprenden a menudo sus alumnos de doctorado?

Sí, muchos me han sorprendido. A veces las tesis de los estudiantes te permiten reconocer su talento, y otras veces las elecciones que hacen les frenan. Recuerdo en particular el caso de un estudiante cuyo problema consistía en probar que un objeto conjetural no existía. Cada vez que argumentaba que este objeto no existía, encontramos fallos en el argumento. Me fui un año sabático y empezó a hablar con otro matemático que le dijo que tal vez ese objeto sí existía. Entonces revisó todos sus argumentos previos y les dio la vuelta para que fueran positivos. Al final, construyó este objeto que creíamos que no existía. *Sinc


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Tragaluz Ignacio Viloria* as cotas de genialidad que Michelangelo Buonarroti (Caprese, 6 de marzo de 1475-Roma, 18 de febrero de 1564) alcanzó en tres artes plásticas (arquitectura, escultura y pintura) suelen hacer olvidar que también fue un buen escritor, tanto en verso como en prosa. Gracias a ello y a su profusa afición epistolar, hoy en día podemos hablar de él casi con el mismo grado de certeza con el que nos referimos a artistas contemporáneos. Sabemos que consideraba que la pintura no era propiamente un arte, sino un mero ejercicio de “magia ilusoria” que se limitaba a imitar la apariencia de las cosas y a crear fantasmas vanos. De entre todas las técnicas, denostaba especialmente la pintura al óleo, que consideraba “propia de mujeres o de vagos como Sebastiano del Piombo”. Hilando aún más fino, creía que los retratos solo eran “pábulo para la vana curiosidad y las ilusiones imperfectas de los sentidos”, y que los paisajes no pasaban de significar “un bosquejo vago y grosero, un juego para niños e ignorantes”, entre los que incluía a Leonardo, a Giorgione, a Durero o al joven Rafael. Miguel Ángel, procedente de una familia de la aristocracia burguesa florentina, era un hombre muy culto para su época y trataba de fundamentar su fobia pasional hacia la pintura en las enseñanzas platónicas, que en ocasiones llegaba a tomar casi como una religión. Así, entre otros muchos ejemplos en el mismo sentido, en una carta fechada en 1547 escribe lo siguiente: “La escultura es la antorcha de la pintura; entre la una y la otra hay la misma diferencia que entre el sol y la luna”.

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El 31 de octubre de 1512 fueron abiertos al público por primera vez los frescos de la Capilla Sixtina encargados a Miguel Ángel.

Una oferta irrechazable

Sin embargo, incluso admitiendo su buen fundamento teórico, y al igual que Leonardo simulaba despreciar el cincel, es posible detectar cierta reacción de mal perdedor en su aversión hacia los pinceles. Tan bien como se sabía el mejor tallador en lo que iba de historia, no se mostraba tan seguro de su técnica pictórica a la hora de compararse con sus coetáneos, de modo que cuando en 1508 comenzó a cubrir la bóveda de la Capilla Sixtina, no lo hizo por gusto, sino porque el papa Julio II le lanzó “una oferta que no pudo rechazar”. Miguel Ángel tardó más de 4 años en rellenar los cerca de mil metros cuadrados que se habían puesto a disposición de su genio; casi un lustro que, a juzgar por los sonetos que compuso en ese período, debió de ser uno de los peores de su vida: “De trabajar incómodo, me ha salido un bocio, como le hace el agua a los gatos de Lombardía (...), con la fuerza que el vientre aplica sobre el mentón. Mi barba apunta al cielo, siento la nuca sobre la espalda, tengo pecho de arpía, y la pintura que sin cesar cae sobre mi rostro me hace allí un rico pavimento. Los riñones me llegan a la panza, el culo hace contrapeso a la grupa, los ojos buscan los pies en vano (...). Falaces y extraños son los juicios que me llegan a la mente, ¡¿quién puede apuntar con cerbatana tuerta?! Esta carroña de pintura… defiéndela, Giovanni, y también mi honor: no siendo bueno el lugar ni yo el pintor”. A principios de 1505, Julio II llamó a Miguel Ángel a su presencia para encomendarle el diseño y la talla de su mausoleo. Como

La bóveda de la Capilla Sixtina:

la mano de Migu todos los proyectos que salían de la cabeza del Santo Padre en cualquier ámbito, la obra debía presentar unas proporciones faraónicas, y no encontraba en Roma a ningún artista que considerara digno del encargo. Parece ser que Julio II nunca había contemplado ninguna escultura de Miguel Ángel, pero había oído maravillas de su trabajo en Florencia, la mayoría de ellas por boca del cardenal Juan de Médici, hijo de Lorenzo el Magnífico, futuro sumo pontífice con el nombre de León X y, muy probablemente, amigo íntimo del escultor.

Esculpir una montaña

Dado el tamaño de la encomienda, Miguel Ángel tuvo que pasar cerca de un año en Carrara seleccionando personalmente los bloques adecuados, estancia durante la que llegó a plantearse la idea de esculpir directamente la montaña entera. Como vemos, si la megalomanía del mecenas ya resultaba exagerada,

la de su patrocinado superaba lo nunca visto, y esa característica compartida les llevó tanto a entablar rápidamente una gran amistad como a pasarse la vida sacándose de quicio mutuamente.

El Papa Guerrero

Calificado popularmente como el Papa Guerrero, Julio II constituye una de las personalidades políticas más apasionantes de todo el Renacimiento. Aplicó con gran habilidad los principios maquiavélicos para tratar de devolver a la Santa Sede su poder secular, esforzándose por dar continuidad a una labor que en 1471 ya había comenzado su tío, Sixto IV. A pesar de su apodo, Julio II fue ante todo un diplomático excepcional. Pero, dejando a un lado sus triunfos militares, el papado de Julio II destaca por un fomento de las artes que no sería igualado hasta los tiempos de Urbano VIII, ya bien entrado el


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El diluvio universal.

uel Ángel siglo XVII. Ambos papas estaban convencidos de que el poder político debía ir unido al esplendor cultural, y si Urbano VIII eligió a Bernini como su principal factótum, Julio II confió en Bramante, Rafael y Miguel Ángel. Esta elección tricéfala ofrece una muestra más de su habilidad para dominar las voluntades humanas, pues conocía a la perfección la antipatía correspondida que Miguel Ángel sentía hacia Bramante y, por extensión, hacia su protegido Rafael. Julio II no tardó demasiado en darse cuenta de que explotando esa rivalidad podría sacar lo mejor de cada uno de ellos, tal y como obtenía lo que quería de los soberanos europeos.

A regañadientes

De hecho, más que la amenaza de poner su carrera ulterior en serios apuros si rechazaba la encomienda de decorar la Capilla Sixtina, la advertencia de que el trabajo le sería inmediatamente encargado a Rafael fue lo que deter-

minó a Miguel Ángel a aceptarlo a regañadientes. Bramante, no menos dotado de capacidad maquiavélica que su mecenas, aplaudió la decisión, convencido de que supondría la tumba profesional de su adversario, pues le apartaba durante unos años de la escultura para embarcarle en un proyecto pictórico de una dificultad técnica inenarrable. Bramante conocía la inseguridad de Miguel Ángel ante la pintura, y daba por hecho que este abandonaría el encargo antes de concluirlo o que, en el peor de los casos, acabaría presentando una obra muy mediocre. Con lo que no contaba era con la terquedad y la capacidad de sacrificio de su magnífico enemigo, que ya en su juventud había llegado a enfermar varias veces por estudiar los cadáveres hasta que la podredumbre los hacía irreconocibles. Así, lo primero que hizo Miguel Ángel fue ordenar que se retirase el andamio que el propio Bramante, con la excusa de garantizar su seguridad física mediante anclajes en el techo, le había colocado de una manera que hacía prácticamente imposible el trabajo. Jugándose el tipo, diseñó otro en su lugar, sostenido sobre su propio peso y dotado de varias frágiles plataformas sobre las que tendría que pintar tumbado de espaldas. En esa postura inhumana se vio obligado a recrear cerca de trescientas figuras; y lo hizo completamente en solitario, sin más ayuda que la de algunos jóvenes que se encargaban de acercarle la comida o los útiles que necesitase en cada momento mediante poleas, pues las tarimas más altas no habrían aguantado el peso de dos personas. Comenzó esbozando enormes cartones en el suelo, cuyos trazos después calcaba en la bóveda para que le sirvieran de guía. Las primeras jornadas consistieron en un subir y bajar casi constante para comprobar que las dimensiones de sus dibujos resultaban adecuadas a la visión de los futuros espectadores, hasta que creyó dar con la proporción exacta y decidió prescindir de los bocetos previos para pintar directamente sobre el techo. Más de 4 años después relataba a su padre en una carta, con una sencillez y una humildad nada frecuentes: “He terminado la capilla que estaba pintando: el papa está muy contento. Los demás asuntos no van tan bien como yo quisiera, pero los tiempos no son muy favorables para nuestro arte”. El que se refiera a la cumbre de la pintura sacra como “la capilla que estaba pintando” lo dice todo. Sin embargo, el artista se equivocaba en algo: aún no había terminado. *Líneas sobre arte

La creación de los astros y las plantas.

La sibila de Libia.

El profeta Jeremías.

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Ventanas

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Josep

Sociedades tradicionales Jared Diamond es profesor de Geografía y Ciencias del Medioambiente en la Universidad de California en Los Ángeles, pero antes ha estudiado dos doctorados; ha vivido entre las sociedades tradicionales de Nueva Guinea y ganó un Premio Pulitzer por su libro Armas, gérmenes y acero. A finales de octubre pasado, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) se acabaron las entradas para acudir a la presentación de El mundo hasta ayer, ¿Qué podemos aprender de las sociedades tradicionales?, su último libro, editado por Debate. El biogeógrafo señala que las sociedades contemporáneas en algunos aspectos son claramente mejores: “Tenemos la comida asegurada, mayor esperanza de vida, nuestros hijos tienen más posibilidades de sobrevivir que en una sociedad tradicional, donde casi la mitad mueren a la edad de 5 años, y tenemos la suerte de viajar a distintos países. Alguien de Nueva Guinea apenas se mueve 15 kilómetros del lugar de donde ha nacido”. Apunta que solo quedan algunas sociedades tradicionales apenas intactas, solo en Nueva Guinea y en el Amazonas. Pero que su libro se titula El mundo hasta ayer porque existen muchas poblaciones, sobre todo en las zonas más rurales, en las que el ‘ayer’ todavía sigue vivo y,

pese a pertenecer a sociedades modernas, mantienen muchas características de las tradicionales. Sostiene que el cambio de la sociedad ha sido tan rápido que el ser humano no ha tenido tiempo de adaptarse físicamente y lo percibimos en la incidencia de enfermedades no infecciosas. “Sabemos que somos una especie con una espectacular capacidad de aprendizaje, y nos adaptamos rápidamente a un cambio de sociedad. Hace apenas 30 años, mis amigos de Nueva Guinea hacían herramientas de piedra y mantenían guerras tribales. Ahora leen, tienen teléfonos móviles, utilizan ordenadores y hasta son pilotos de avión. Todo ello sin un cambio genético”. El científico sostiene que en los siguientes 30 años vamos a descubrir si los cambios son irreversibles. “Si sobreexplotamos los recursos naturales, el primer mundo colapsará por razones ecológicas y volveremos a las condiciones tradicionales. En este caso, ser de Nueva Guinea supondrá una gran ventaja porque no creo que mucha otra gente sepa construir herramientas de piedra. También lo será el vivir en un ambiente rural remoto, donde la gente saldrá adelante mucho mejor de lo que lo harían los urbanitas de Madrid o Barcelona”. concluye. Marta Palomo, Sinc


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ph Pulitzer

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Fotos: Archivo

Biografías.es

ue el creador de una nueva concepción de la profesión de periodista, concepción que, en ciertos aspectos, fue considerada polémica para su época. Fue el inspirador y mecenas del famoso premio a la excelencia periodística que lleva su nombre y que todos los años, desde 1917, otorga la Universidad de Columbia de Nueva York a periodistas y escritores estadounidenses. Joseph Pulitzer nació en Makó, un pueblo cerca de Csongrad (Hungría), el 10 de abril de 1847. Hijo de un rico comerciante judío; su madre, de origen alemán, era católica. Joseph recibió una excelente educación y adquirió el gusto por la lectura y los idiomas extranjeros. En 1864 emigró a los Estados Unidos. Se alistó en el ejército federal y, cuando obtuvo la ciudadanía estadounidense, en 1867, dejó las armas para dedicarse al periodismo. Su carrera comenzó en 1868 en Saint Louis (Missouri), donde en su juventud trabajó como reportero para el periódico Westliche Publicar divulgado en alemán, del que compraría parte de la propiedad en 1871. En estos años en Saint Louis, Pulitzer realizó sus primeros contactos con la política, que sería su principal campo de interés por el resto de la vida. En 1869 se postuló a la legislatura estatal, venciendo su escaño en las filas del Partido Republicano. Este fue el primer paso oficial en su lucha contra la corrupción pública y privada, una búsqueda, sin embargo, adelantada con medios poco ortodoxos y muy criticados, que incluían incluso las amenazas armadas. A pesar de su compromiso político, Joseph Pulitzer no abandonó el periodismo, trabajo que tanto amaba. Cada vez más se fue convirtiendo en portavoz de los ciudadanos y la democracia, revelando la densa red de corrupción política inherente al gobierno. Defendió a los trabajadores y se opuso al monopolio y los consorcios, luchando para que la profesión periodística se convirtiera en “una manera honesta de ganarse la vida”. Con solo 31 años era propietario de una pequeña fortuna; después de obtener su título de abogado, en 1878, invirtió dinero y esfuerzo para fusionar en Saint Louis los periódicos Evening Post y St. Louis Evening Dispatch, lanzando así el St. Louis Post-Dispatch. La operación fue un éxito. El ambicioso editorperiodista aspiraba a un público aún más amplio y no se detuvo en la periferia. Cinco años más tarde, en 1883, se trasladó a Nueva York y, con el apoyo del financista Jay Gould, publicó el New York World, llevándolo a altos niveles de popularidad y difusión. El World era considerado un “pez pequeño” entre los muchos que se publicaban en la metrópoli, pero Pulitzer pudo transformar en calidad y estilo el pequeño cotidiano, que en poco tiempo se convirtió en uno de los periódicos más grandes e influyentes de su tiempo, promotor de una información libre de cualquier interés político o empresarial, y agresivo en la búsqueda de la verdad de los hechos. En 1903, Pulitzer donó a la Universidad de Columbia un millón de dólares para el establecimiento de una escuela de periodismo. Murió en Charleston (Carolina del Sur) el 29 de octubre de 1911. Gracias a sus últimas voluntades, presentes en su testamento, después de su muerte se fundó la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia y se formó el mencionado premio que lleva su nombre. Su legado, un total deUS $20 millones, dio lugar a 21 premios que se otorgan cada año, a partir de 1917, para las diferentes categorías, que también incluyen diseño humorístico y fotografía. Antes de su muerte, Joseph Pulitzer delegó la gestión de los premios a un comité con las más amplias facultades. Hoy se le conoce como la Junta del Premio Pulitzer, y está formada por editores, periodistas, profesionales de otras áreas y de los más altos cargos de la Universidad de Columbia.

Algunos premiados

El 29 de octubre de 1911 fallecía en Estados Unidos el periodista de origen húngaro Joseph Pulitzer, adversario del empresario de la prensa Randolph Hearst.

Son una serie de 21 galardones que abarcan las modalidades de teatro, literatura, música y periodismo. Fueron creados por Pulitzer, editor del New York World. Se convocan anualmente desde 1917 por la Universidad de Columbia, a instancias de The Pulitzer Prize Board. El premio a la mejor fotografía de prensa se concedió por primera vez en 1942, y el premio a la mejor composición musical en 1943. Entre 1970 y 1979 se crearon los premios de ensayo, crítica y ficción literaria. Novela 1918, Ernest Poole (1880-1950) por, His Family . 1921, Edith Wharton (1862-1937), por La edad de la inocencia. 1928, Thornton Wilder (1897-1975), por El puente de San Luis Rey . 1930, Oliver La Farge (1901-1963), por Laughing Boy . 1931, Margaret Ayer Barnes (1886-1967), por Years of Grace . 1932, Pearl S. Buck (1892-1973), por La buena tierra. 1933, T. S. Stribling (1881-1965), por The Store. 1937, Margaret Mitchell (1900-1949), por Lo que el viento se llevó. 1940, John Steinbeck (1902-1968), por Las uvas de la ira. 1943, Upton Sinclair (1878-1968) por Los dientes del dragón. 1947, Robert Penn Warren (1905-1986), por Todos los hombres del Rey. 1953, Ernest Hemingway (1899-1961), por El viejo y el mar. 1955, William Faulkner (1897-1962), por Una fábula. 1961, Harper Lee (1926-2016), por Matar un ruiseñor. 1963, William Faulkner, por Los rateros. 1966, Katherine Anne Porter (1890-1980), por The Collected Stories of... 1967, Bernard Malamud (1914-1986), por El hombre de Kiev. 1968, William Styron (1925), por Las confesiones de Nat Turner. 1976, Saul Bellow (1915-2005), por El legado de Humboldt. 1980, Norman Mailer (1923-2007), por La canción del verdugo. 1981, John Kennedy Toole (1937-1969), por La conjura de los necios. 2007, Cormac McCarthy (1933), por The Road.


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