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Revista Viernes No. 136 03062016

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Lesionados por la mĂşsica

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Guatemala, 3 de junio de 2016 AĂąo 3 No. 136

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Editorial El dolor físico es un acompañante natural de quienes hacen uso intensivo de su cuerpo en el desempeño de sus labores. Es el caso de los deportes, especialmente aquellos considerados de alto rendimiento y que demandan elevados grados de entrenamiento, preparación, acondicionamiento y desgaste. Pero el dolor está presente también en actividades cuya intensidad depende de la energía interior y la psiquis, especialmente los procesos creativos involucrados en las artes plásticas, escénicas o literarias. En efecto, hay una suerte de atletismo espiritual en eso de desnudar el alma en diversas manifestaciones artísticas. Desde la ceguera de Homero hasta la sordera de Beethoven, pasando por la mano lisiada de Cervantes, la literatura y la música dan cuenta de que detrás de las musas siempre aguarda una cuota de dolor de cuya intensidad depende a veces la fuerza expresiva de una obra. De ahí que no resulte extraño, como se muestra en la nota que al respecto publicamos en este número, que los músicos también sean víctimas -por así decirlo- del virtuosismo, de su entrega y pasión creativa. Paradójicamente, ese dolor ha hecho posible la constitución de un legado intangible e invaluable para la humanidad. Louis Armstrong, se quedó sin labios para que pudiéramos asomarnos al río encrespado de sus notas. Nina Simone se quedó sin alma para que recuperáramos la nuestra... Y qué decir del universo, cuyo dolor sin orillas tañe su propia lira silenciosa.

DIRECTORIO

Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina.

Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.

Hace 200 años Con el fin de liberar a Venezuela de las fuerzas españolas, el Libertador, Simón Bolívar, organizó el 1 de junio de 1816, desde Haití, dos avanzadas, derrotando a las tropas realistas en las costas de Carúpano. Tal hecho se conoció como la Expedición de Los Cayos de San Luis.


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Cuento 136

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Pedro Molina

La tristeza

El loco

El profe me ha dado una nota para mi madre. La he leído. Dice que necesita hablar con

ISBN: 978-9929-560-15-4 l doctor Pedro Molina (Guatemala, 1777-1854) es una de las personalidades capitales en la historia centroamericana del siglo XIX. Destacó como catedrático en la Universidad de San Carlos de Guatemala; en 1820 fundó El editor constitucional, uno de los primeros medios escritos independientes de Centroamérica, y en cuyas páginas introdujo las ideas fundamentales del pensamiento liberal en la región. Su marcada influencia, desarrollada en ámbitos académicos, periodísticos y políticos, así como su destacada participación dentro del proceso que desembocó en la independencia de Centroamérica, y las complicadas circunstancias que enfrentó mientras fue jefe del Estado de Guatemala entre 1829 y 1830, hacen que la leyenda y el personaje se conozcan más y mejor que sus obras. Así, una buena parte de la actividad filosófica y literaria de Pedro Molina ha quedado prácticamente en el olvido. Este es el caso de El loco, uno de sus escritos más arriesgados y complejos, donde se ve con nitidez la capacidad y la amplitud intelectual del autor. Construido a la manera de un monólogo informal, híbrido y anómalo que va nutriéndose a partir de los accesos y los paroxismos de un loco, este libro desarrolla los temas más profundos de la existencia humana, la naturaleza del mundo y las características de la sociedad, con agilidad, sutileza y penetrante capacidad crítica. Esta edición, enriquecida con una serie de artículos literarios que Molina publicó periódicamente, es una puerta directa al pensamiento de una figura determinante dentro de nuestra historia intelectual. En uno de esos artículos, sobre El bien comunal, escribió: “Es grande, es sublime la idea de una nación opulenta que ha excluido de su seno el semblante marchito del hambre y los harapos asquerosos de la miseria. (...) Infeliz del género humano si le fuera imposible llegar a este grado de perfectibilidad. Educación, socorros filosóficos, distribución proporcional de los beneficios de la sociedad, pueden hacer feliz a un pueblo”.

ella porque yo estoy mal. Se la he puesto en la mesilla, debajo del tazón lleno de leche que le dejé por la mañana. He metido en el microondas la tortilla congelada que compré en el supermercado y me he comido la mitad. La otra mitad la puse en un plato en la mesilla, al lado del tazón de leche. Mi madre sigue igual, con los ojos rojos que miran sin ver y el pelo, que ya no brilla, desparramado sobre la almohada. Huele a sudor la habitación, pero cuando abrí la persiana ella me gritó. Dice que si no se ve el sol es como si no corriesen los días, pero eso no es cierto. Yo sé que los días corren porque la lavadora está llena de ropa sucia y en el lavavajillas no cabe nada más, pero sobre todo lo sé por la tristeza que está encima de los muebles. La tristeza es un polvo blanco que lo llena todo. Al principio es divertida. Se puede escribir sobre ella, “tonto el que lo lea”, pero, al día siguiente, las palabras no se ven porque hay más tristeza sobre ellas. El profesor dice que estoy mal porque en clase me distraigo y es

Galería

que no puedo dejar de pensar que un día ese AFP

polvo blanco cubrirá del todo a mi madre y lo hará conmigo. Y cuando mi padre vuelva, la tristeza habrá borrado el “te quiero” que le escribo cada noche sobre la mesa del comedor. Rosario Barros Peña/ España

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Abecedario

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Jorge González Alzate* a élite ladina de la región, en los años que siguieron a la independencia, lideró un movimiento federalista cuyo objetivo era emancipar a los distritos de occidente del control administrativo y político de Ciudad Guatemala. Dicho proyecto secesionista fructificó en 1838, y por corto tiempo en 1848, cuando Quetzaltenango, el centro comercial y político más importante del altiplano occidental, actuó como la capital del Estado de Los Altos, el sexto de la Federación Centroamericana. Desafortunadamente para los impulsores del movimiento separatista, el caudillo conservador Rafael Carrera (18141865) se opuso tajantemente al establecimiento y consolidación de dicho estado y con el apoyo de muchos indígenas de la región logró reincorporar el efímero sexto estado a la recién creada República de Guatemala.

Nueva etapa

De 1850 en adelante, la región de occidente inició una nueva etapa en su evolución socioeconómica y política. Por lo que hace a la población indígena, el largo período de dominio conservador (1839-1871) resultó ser una época de relativo florecimiento político y cultural. Con el respaldo del caudillo Carrera, las comunidades lograron obtener protección para sus tierras comunales y reconquistar muchos de los privilegios corporativos que les habían sido arrebatados bajo los primeros gobiernos liberales. Por su lado, la élite ladina, con sus anhelos de autonomía política truncados, decidió concentrar todos sus esfuerzos en el desarrollo y promoción de un nuevo sector de exportación: el café. Las tierras de occidente ubicadas en la boca costa del Pacífico resultaron ser óptimas para el cultivo de la valiosa planta. En consecuencia, fincas de mediana y gran extensión surgieron en dicha zona, a la par de numerosas plantaciones de pequeña escala, establecidas por un creciente número de familias, en su mayoría ladinas, provenientes de las tierras altas.

La Reforma

El general Carrera portando los colores de la bandera de Guatemala instituida en 1858.

A lo largo del siglo XIX, la región de occidente, conformada por los departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, Quetzaltenango, San Marcos, Retalhuleu, Suchitepéquez y Sololá, desempeñó papel preponderante en los más relevantes procesos sociales, económicos y políticos que desembocaron en la transición al capitalismo agrario dependiente y la creación del Estado guatemalteco.

Pero la falta de apoyo por parte del régimen conservador, especialmente en lo concerniente al desarrollo de la infraestructura de transporte vial y marítimo, indispensable para afianzar la naciente industria, motivó a los sectores ladinos a brindar apoyo militar y político al movimiento de oposición liberal que surgió a mediados de la década de 1860. Fue así como la región de occidente, bajo el liderazgo de las élites hispanas de Quetzaltenango y San Marcos, y con el respaldo de la población ladina y muchos indígenas, desempeñó papel decisivo en la llamada revolución liberal de 1871 (también conocida como La Reforma). Esta vez su objetivo no era la autonomía regional sino la conquista del estado nacional mismo. Dos años después, el caudillo liberal de San Marcos, Justo Rufino Barrios (18351885), asumió el mando militar y político del nuevo régimen. Con el apoyo decidido de las familias principales -tales como los Aparicio, los Gálvez, los Robles, los López, los Alejos, entre otras- así como de los sectores populares ladinos y muchos indígenas, Barrios procedió


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El sexto Estado a imponer y consolidar un orden sociopolítico enteramente dominado por la nueva oligarquía cafetalera ladina, fundamentado en un modelo de desarrollo capitalista agrario dependiente y la subordinación política así como la gradual ladinización de la mayoría indígena. Durante los 50 años posteriores a la victoria liberal, cuatro caudillos altenses, dos naturales de San Marcos ( Justo Rufino Barrios y José María Reina Barrios, 1854-1898) y dos de Quetzaltenango (Manuel Lisandro Barillas , 18451907 y Manuel Estrada Cabrera, 1857-1924), sostuvieron las riendas del poder en Guatemala. Ese marco sociopolítico y modelo económico implantado por los finqueros liberales altenses continúa hasta hoy en día condicionando de manera decisiva el desarrollo histórico de Guatemala. Como esta apretada síntesis demuestra, la región de occidente ha jugado un papel central en el devenir histórico de Guatemala. Aún así, la región no ha recibido la atención que merece de los estudiosos del pasado guatemalteco. Es sólo en años recientes que un corto grupo de investigadores ha comenzado a producir estudios que iluminan una gran variedad de aspectos del pasado de la región. Pero aún quedan por emprenderse estudios monográficos detallados que describan y analicen el desarrollo social, económico, político, étnico y cultural de la región. En lo que sigue del presente ensayo, examinamos a grandes rasgos el desarrollo de la investigación histórica que se ocupa de la evolución socio-económica y política de la región de occidente durante la colonia y primer siglo de la independencia.

Síntesis históricas

Iniciando el presente ensayo con un somero repaso a lo que podríamos llamar historias tradicionales de Guatemala, advertimos que un buen número de ellas de hecho contienen referencias a varios aspectos de la evolución histórica de la región de occidente. Pero el tratamiento es por lo general episódico y disparejo, enfatizando más que todo los sucesos políticos y militares relacionados con la campaña dirigida a establecer el Estado de Los Altos en las primeras décadas del siglo XIX. Las obras de historiadores norteamericanos tales como Hubert Bancroft, Chester Lloyd Jones y Ralph Lee Woodward , por ejemplo, usualmente incluyen una breve referencia al tema del sexto estado, pero sin tener en cuenta

La creación del Estado de los Altos, según Montúfar, contribuía a una estructura federal mucho más balanceada. Pero aparte de lo anterior, Montúfar no muestra interés alguno en rastrear las raíces socioeconómicas de los sentimientos separatistas en occidente.

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Fotos: Archivo

los antecedentes históricos que dieron origen al movimiento secesionista. Además, dichos trabajos no hacen la más mínima mención del hecho de que occidente surgió a comienzos del siglo XIX como un destacado centro federalista y que subsecuentemente desempeñó papel decisivo en la llamada revolución liberal de 1871, así como en el proceso de reforma que le siguió y que marcó la transición al capitalismo agrario dependiente con base en el cultivo del café. En su monumental obra acerca de los años de dominio conservador (1839-1871), Woodward ha expandido sustancialmente su cubrimiento sobre el movimiento federalista de occidente. Pero su tratamiento, basado predominantemente en periódicos y la literatura histórica sobre dicho tema, tiende aún a reflejar la perspectiva de Ciudad Guatemala, en detrimento de los desarrollos y puntos de vista de los actores sociales de la región misma. Un análisis más balanceado y veraz sólo se puede lograr con la utilización de fuentes de archivo locales y regionales.

Perspectiva liberal

Las historias tradicionales de investigadores centroamericanos igualmente presentan un tratamiento limitado y fragmentario sobre la región de occidente. Por lo general, el tratamiento de los acontecimientos relacionados con el movimiento secesionista es más extenso, pero el análisis tiende a enfatizar los aspectos políticos y militares en detrimento de los orígenes socioeconómicos del movimiento regionalista. Adicionalmente, estas obras tienden a ser marcadamente influenciadas por las perspectivas partidistas de la época. La perspectiva “liberal” fue articulada inicialmente por el influyente historiador Lorenzo Montúfar. En su Reseña histórica, Montúfar incluye una narrativa más o menos detallada de los eventos políticomilitares asociados con la creación del sexto estado, argumentando que la existencia de dicha entidad política sólo se justificaba en el contexto del proyecto federal centroamericano. La creación del Estado de Los Altos, según Montúfar, le restaba influencia al de Guatemala, lo que contribuía a una estructura federal mucho más balanceada y, por tanto, menos conflictiva. Pero aparte de lo anterior, Montúfar no muestra interés alguno en rastrear las raíces socioeconómicas de los sentimientos separatistas en occidente. Ignora completamente las

El capitán general Rafael Carrera junto a miembros del Clan Aycinena.


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Igualmente importante es el hecho de que ninguna de estas historia tradicionales, liberal o conservadora, presta atención a las conflictivas relaciones entre la élite de occidente y el caudillo conservador Rafael Carrera, durante el periodo 1851-1865, así como a la decisiva participación de occidente en la transición al régimen liberal en los años 1870. No cabe duda que ha sido la carencia de estudios monográficos detallados sobre esta problemática lo que ha impedido que tan distinguidos estudiosos del pasado guatemalteco hayan podido incorporar la experiencia histórica de occidente en sus respectivas narrativas.

Otras interpretaciones

La actual conformación socioeconómica de occidente se asentó a principios del XIX.

dimensiones regionales y las inveteradas quejas de los dirigentes altenses en contra de lo que ellos consideraban las actitudes desdeñosas y tiránicas de la élite política y económica de Ciudad Guatemala. Con todo, la obra de Montúfar contiene abundante documentación primaria relacionada con ese notable episodio de la historia de occidente que puede resultar útil a los investigadores. La interpretación “conservadora-nacionalista” de la historia guatemalteca adolece de problemas similares. Las pocas referencias a occidente en estas obras están dedicadas a una descripción muy breve de los sucesos relativos a la creación del sexto estado, desde una perspectiva marcadamente partidista. Los autores más representativos de esta corriente historiográfica, Clemente Marro-

quín Rojas, Luis Beltranena Sinibaldi y Manuel Coronado y Montúfar coinciden en interpretar la idea de un sexto estado como un siniestro proyecto del caudillo liberal Francisco Morazán (1792-1842), con el específico fin de aniquilar el poderío guatemalteco. Y, al igual que Montúfar, ninguno de estos estudiosos manifiesta interés alguno en considerar las raíces regionales del movimiento separatista. Es por ello que, al centrar el análisis en los sucesos políticomilitares, ellos pasan por alto el hecho clave de que el Estado de Los Altos en realidad representaba la culminación de una larga lucha regionalista, con raíces sociales y económicas en las primeras décadas del siglo XIX, en oposición a las que se percibían como políticas absolutistas y monopolistas de la élite mercantil guatemalteca.

Los investigadores estadounidenses Mario Rodríguez y Hazel Ingersoll fueron los únicos estudiosos de su generación que se ocuparon en estudiar más a fondo una variedad de aspectos de la historia moderna de occidente, aunque ninguna de sus obras enfoca exclusivamente la historia de la región. Rodríguez trata indirectamente algunos aspectos relacionados con la creación del sexto Estado y el papel clave que dicha entidad política desempeñó en los convulsionados procesos que culminaron en la disolución del pacto federal centroamericano. Este historiador también señala de paso algunas de las reivindicaciones políticas y económicas que los dirigentes del movimiento secesionista aducían como justificación de sus sentimientos antichapines. En su excelente estudio sobre el llamado Experimento de Cádiz , Rodríguez asimismo incluye referencias valiosas a los orígenes coloniales del movimiento separatista altense. Pero debido a que su interés principal es el período que abarca la primera mitad del siglo XIX, el autor no incluye consideración alguna sobre occidente bajo el régimen conservador y la reforma liberal del decenio de 1870. La tesis doctoral de Hazel Ingersoll, The War of the Mountain (La guerra de la montaña), incluye un extenso análisis de la campaña separatista de occidente. Ella es sin duda una de las primeras investigadoras en utilizar una gran variedad de documentación primaria relacionada con el sexto estado, especialmente los materiales pertenecientes a la colección de Arturo Taracena Flores (tanto publicaciones periódicas como documentos de archivo), un descendiente directo de una familia notable de occidente. En contraste con los trabajos mencionados anteriormente, Ingersoll incursiona en los orígenes coloniales del movimiento altense y señala su significado en la trayectoria histórica de Guatemala. Sin embargo, el tema central de su obra es el movimiento de la montaña liderado por el caudillo campesino Rafael Carrera. Es por ello que la autora sólo se refiere a occidente en el contexto del ascenso al poder del caudillo y su eventual campaña por aniquilar el sexto estado. Con todo, el breve bosquejo sobre el papel de occidente en la revolución liberal de 1871 resulta bastante valioso, ya que es la primera investigadora en señalar la sugerente idea de que “de muchas maneras, el triunfo de la revolución de 1871 en realidad constituyó el resurgimiento de occidente, pero esta vez no un occidente buscando emanciparse de Guatemala, sino más bien decidido a conquistar el control sobre el aparato estatal nacional mismo.” (Primera de dos partes) *Historiador


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Gavetas

Hemeroteca del Diario de Centro América

Lorenzo Montúfar

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DCA, 22 de mayo de 1933.- Esquela mortuoria que circuló el 21 de mayo de 1898 con motivo de la muerte del patricio: El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, en nombre del Gobierno, cumple con el penoso deber de invitar a Ud., para que hoy a las 4 p.m., se sirva asistir al entierro del Benemérito de la Patria, doctor Lorenzo Montúfar, cuya muerte acaecida anoche, deploran la instrucción, las leyes, las instituciones y los órdenes de cultura, todos a los cuales aquel ilustre liberal impulsó y caracterizó con alientos de trabajador incansable y de patriota insigne.


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Reporte en V

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El lado oscuro del virtuosismo

Lesionados por la música Núria Jar*

a de músico es una profesión sufrida por muchos motivos, entre otros, el dolor físico. Tres de cada cuatro músicos han padecido lesiones por su trabajo, que en muchos casos les impiden seguir tocando. Sin embargo, el tema es todavía un tabú y los intérpretes reciben poca atención asistencial. Médicos y fisioterapeutas especialistas en este tipo de casos luchan para conseguir el reconocimiento que se le ha concedido a la medicina del deporte. En 1935, Louis Armstrong tuvo que dejar de tocar durante un año por una rotura en el delicado músculo orbicular de la boca. Su lesión, descrita en 1982 por Jaime Planas, recibe el nombre de Síndrome de Satchmo, por el apodo del trompetista de Nueva Orleans.

El peso cuenta

Seis libras y media de saxo rodean el cuello de su dueño con una correa. Tres libras de violín -sin mentonera- se sostienen por un juego de mandíbula. Una viola de 3 libras y un violonchelo de 20 lo acompañan a las cuerdas. El peso es un detalle importante en la calidad de un instrumento. Sin embargo, pocas veces se piensa en las consecuencias para la salud de llevarlo colgado del cuello o sostenido con la cabeza ladeada para tocarlo durante las horas y horas de ensayo que requieren movimientos de labios y manos ágiles. Robert Schumann, uno de los grandes compositores de la música clásica, se casó con la hija de su maestro, la también talentosa pianista Clara Schumann, que parió 8 hijos y nunca dejó de dar conciertos. Al quedarse viuda tuvo que aumentar el número de actuaciones para mantener económicamente a la familia. Fue entonces cuando empezaron los dolores en el brazo de la concertista. Primero durante periodos cortos, más adelante incluso cuando no se sentaba delante del piano. Clara desarrolló un dolor crónico que la obligó a dejar los escenarios y someterse a terapia. El primer diagnóstico fue reumatismo, pero después el dolor se le atribuyó a la sobreestimulación de sus músculos. “Este caso demuestra de forma impresionante los factores estresantes con los que tuvo

Los músicos son los profesionales que más se lesionan. Algunas lesiones incluso han llegado a ser bautizadas con el nombre de quienes las padecen, como el Síndrome de Satchmo.

que lidiar una compositora de élite en el siglo XIX”, comenta Eckart Altenmüller, músico y neurólogo que investiga en el Instituto de Fisiología de la Música y Medicina de Músicos de Hannover (Alemania) sobre “el lado oscuro del virtuosismo” que ha recopilado en trabajos que describen los casos clínicos de músicos como Clara Schumann y Alexander Scriabin. Desde la época de los grandes pianistas alemanes y austríacos hasta el día de hoy los problemas de dolor causados por tocar un instrumento siempre han sido habituales entre los profesionales.

Dolor musculoesquelético

La Federación Estadounidense de Músicos encargó en 1988 una encuesta nacional entre casi 50 orquestas para conocer la salud de más de 2 mil artistas. Un 82 por ciento había pasado por incidentes médicos, mientras que 3/4 declararon tener al menos un “problema serio” con consecuencias para su interpretación. Además la mitad de ellos sufría dolor musculoesquelético en zonas que coincidían con las áreas donde interpretaban el instrumento como los dedos, la mano, el cuello y la espalda. En Cataluña Jaume Rosset, director médico del Instituto del Arte de Terrassa, un centro asistencial pionero en España, llevó a cabo un estudio similar con mil 639 músicos. Tres de cada 4 encuestados aseguraba tener o haber tenido algún problema durante su carrera musical, mientras que al 37.3 por ciento de ellos les supuso un empeoramiento de la técnica, según estudio publicado a finales de 2010.

Las lesiones van en aumento y las más comunes se localizan en el sistema musculoesquelético, sobre todo entre los intérpretes de instrumentos de cuerda, tal y como recoge en un trabajo Han-Sung Lee de la Escuela Médica de la Universidad de Ulsen en Seúl (Corea del Sur). La edad es otro factor que pasa factura. La orquesta cubana Buena Vista Social Club está formada por músicos de 22 a 91 años, y la mayoría ronda las 54 primaveras. Los artistas que superaban los 60 años sufrieron algún problema musculoesquelético (89por ciento) durante el último año, muchos más que los jóvenes (67por ciento), según el médico cubano Luis Heredia en una investigación del año pasado.

Sufrir por el futuro

“Los músicos son los profesionales que más se lesionan”, comenta Rosset desde su consulta. Este médico especialista asegura que entre un 10 y un 15 por ciento de los músicos de orquesta están lesionados, sin que sus gerentes lo sepan. “La lesión es un tabú y aunque tengan derecho a una baja algunos prefieren tomar días de permiso o excedencias para no ser descubiertos”, asegura. Según él, en la profesión musical, lesionarse se asocia con una mala técnica y muchos sufren por su futuro. Un guitarrista joven que prefiere mantener su anonimato cuenta por teléfono que está a punto de recuperarse de una tendinitis de De Quervain, una inflamación del tendón que se extiende del pulgar a la muñeca de su mano derecha, la que usa para tocar las cuerdas. “Cuando noté las primeras molestias seguí


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En su época de estudiante de medicina, el dolor era una consecuencia inherente a la lesión. En cambio, ahora el dolor se entiende como una decisión del cerebro que lo activa como sistema de protección después de evaluar la información que le llega. “Vemos músicos con dolor sin lesión”, pone como ejemplo para expresar la dificultad del diagnóstico.

Sarna con gusto no pica

Louis Armstrong dejó de tocar un año a causa de la rotura del labio superior.

El dolor es una sensación subjetiva, por eso su umbral varía en función de cada persona. Anna Zamorano, investigadora de la Universidad de las Islas Baleares, fisioterapeuta y profesora de conservatorio, ha descrito que los músicos sanos tienen la misma sensibilidad que una persona con dolor crónico, mucho más alta que la población general, y el umbral del dolor más bajo, después de analizar 85 personas entre músicos y no músicos, con y sin dolor crónico. “Un músico no para de tocar hasta que no puede tocar. Se convierte en una persona sufrida porque se ha habituado a estas condiciones”, dice Zamorano sobre los resultados que publicó este año en la revista Frontiers in Human Neuroscience, coordinados por Pedro Montoya, catedrático de Psicobiología de la Universidad de las Islas Baleares. La investigadora denuncia que se da mucha importancia al instrumento, la técnica y la postura para tocar mejor, pero no a los cuidados del cuerpo.

Cuidar el cuerpo y la técnica

En Buena Vista Social Club, los años también pasan su factura en lesiones profesionales, sobre todo entre quienes sobrepasan el medio siglo de acordes contínuos.

tocando porque pensaba que ya se me irían”, relata desde la consulta de su fisioterapeuta. Pero el dolor le condenó a meses sin tocar y le obligó a cancelar las siguientes actuaciones. Ahora este artista tiene el tendón aliviado pero a su cerebro todavía le queda reponerse de la señal de alarma producida por el dolor. Un músico repite un determinado tipo de movimientos muchas veces cada día. De tanto soplar, los intérpretes de instrumentos de viento presentan lesiones en el músculo ‘besador’ que rodea la boca. Los guitarristas, baterías, demás

percusionistas y pianistas comparten lesiones de tendón aunque los gestos de sus manos sean diferentes. A los violinistas se les reconoce por una mancha en el cuello que a veces puede conllevar molestias. “La aparición de una lesión depende de la capacidad de adaptación de la persona”, resume Rosset. El conocimiento científico sobre el dolor ha cambiado mucho en los últimos años y ha dado respuesta a observaciones cotidianas que hasta ahora no tenían respuesta, relata Rosset. Él ha vivido esta evolución a lo largo de su carrera.

Los buenos hábitos, entre los que se destaca la higiene postural, pueden evitar los problemas y dolores asociados a tocar un instrumento. Como pianista, Clara Schumann “se desarrolló en concordancia con las consideraciones actuales de la fisiología de la música”, destaca Altenmüller. Su padre no la dejaba tocar más de tres horas al día, y tenía que compensarlo dedicando al menos las mismas horas a practicar ejercicio al aire libre. Limitar la práctica diaria del instrumento, evitar la monotonía, hacer ejercicios mecánicos de los dedos, aportar aspectos de teoría musical en la práctica, prestar atención a las cuestiones de salud haciendo estiramientos y paseos regulares al aire libre son elementos que contribuyen a desarrollar una mayor resiliencia y acelerar el ritmo de aprendizaje. Rosset recuerda que “la música siempre se ha asociado con bienestar y equilibro emocional”, quizás por eso es “difícil que los músicos y su público reconozcan los riesgos que tiene para la salud”. *Sinc

El uso reiterado de ciertos músculos y articulaciones deja su huella en los virtuosos.


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Contando el tiempo

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Itinerarios del pasaje religioso

Los carismáticos católicos

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Martha Gutiérrez* ar cuenta de los cambios socioreligiosos era el principal encargo cuando me involucré en un equipo de investigación de la Universidad Rafael Landívar. Dos investigaciones unipersonales se encontraban en marcha. Encontré el camino llano para sugerir una tercera idea. Independientemente de nuestras propias experiencias religiosas, habré de decir que, en el campo investigativo, era una problemática relativamente nueva para mí. Ya en 1999 había intentado explorar el cambio religioso dentro de la Iglesia católica. Trabajaba para un proyecto particular de la institución consistente en la recopilación de testimonios asociados a lo que se llamó oficialmente “conflicto armado interno”. En las asambleas parroquiales o diocesanas, más en unos lugares que en otros, era recurrente la distinción que los agentes de pastoral hacían entre la Acción Católica -más allegados a la iniciativa pastoral de registrar las violaciones a los derechos humanos- y los carismáticos, que, en su mayoría rechazaban la iniciativa y llamaban a una renovación en el Espíritu, sin necesidad de hablar del pasado inmediato. Atrajo mi atención aquel dato de la realidad.

Tránsito hacia la renovación

Se trataba de explorar los itinerarios de pasaje hacia la Renovación Carismática, independientemente de que los actores pensaran en un proceso de conversión en el sentido que se rebelaban contra las prácticas y creencias tradicionales católicas, mientras experimentaban cambios benéficos en sus vidas. Conceptualmente, cuando hablamos de los itinerarios de pasaje estamos ante ritos de paso, viajes personales en búsqueda de lo divino y procesos de transición dentro de la institución eclesial. Aunque recopilé alguna literatura usada por sus miembros y uno que otro libro escrito por los conocedores. Abandoné la idea por su aparente complejidad. La ausencia de distancia nos acalambra y las cosas parecen más complejas de lo que en realidad resultan ser. Eustaquio, un agente de Acción Católica, podía en un tiempo ser perfectamente un exitoso líder campesino y hasta revolucionario. Pero en otro tiempo, quizás inmediato, mediado por la atrocidad y por motivos de sobrevivencia, podía ser también un reconocido líder carismático y jefe temible de la patrulla militar de la aldea. Algo así eran las imágenes que guardo de aquellos intensos años, en tierras a veces agrestes.

El movimiento y el tiempo

Entre los grupos católicos tradicionales ya se habla de pentecostalización, es decir, del bautismo por medio del Espíritu Santo.

Ya asociada laboralmente, con la mencionada casa de estudios, realicé un inventario de las expresiones religiosas en un municipio de Chimaltenango y escribí algo sobre la interacción entre política y religión a finales de 1970, cuando llegaron los carismáticos al altiplano central guatemalteco. Quizás el mayor aprendizaje que se puede entresacar es que el cambio religioso no tiene necesariamente efectos polarizantes. La polarización, aunque pueda dejar huellas en la realidad, es ante todo una construcción interpretativa, que puede ser inconsciente o no, ya sea por motivaciones prácticas, ceguera conceptual o por la necesidad de la construcción de un argumento académico o político blindado. Desde el punto de vista epistemológico, una visión polarizante


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El creyente carismático usa un lenguaje corporal con mucha riqueza emotiva.

en sí misma es una forma de estar en el mundo de forma estática. Menos mal, las personas, el mundo y las experiencias se mueven más de lo que a veces quisiéramos, o de forma tan sutil que no somos capaces de percibir lo que sucede o el movimiento es tan abrupto que tampoco somos capaces de observarlo. Percibir ese proceso de cambio -del que hablan los antropólogos- en el ámbito religioso supone observar su correlato en la convivencia social, las prohibiciones, las inhibiciones, las permisibilidades, el ejercicio del poder. Los conocedores dirían que los itinerarios de pasaje suponen que el creyente rehaga en forma de creencia la concepción que tiene de sí mismo, del mundo, de la interacción con Dios, de lo que se percibe en el ámbito de lo sagrado y de lo mundano.

Lenguaje gestual

En los documentos oficiales, instructivos, oraciones y conductas permisibles en el pasaje de los católicos tradicionales a los católicos carismáticos, no se encontrarán mitos de origen, relatos históricos o leyendas para analizar. Se trata de escritos que buscan regular comportamientos con el propósito de acreditar una nueva expresión religiosa en el seno de la Iglesia católica con sede en Roma. Por otra parte, las herramientas convencionales de “extracción” de datos como la entrevista se presenta insuficiente para los investigadores. La observación participante sigue siendo un buen instrumento -pero quizás no sea suficiente- usado por los etnógrafos para comprender el lenguaje de los creyentes. El creyente usa un lenguaje con mucha riqueza emotiva que se expresa por medio del movimiento corporal y la imagen del cuerpo expresada en las oraciones o prédicas, el uso de palabras sencillas y repetitivas por medio de oraciones y cantos, y el propiciamiento de un ambiente de eufórica alegría o tristeza que puede llevar al llanto, el sollozo o el lamento. Durante el trabajo que realicé pensaba que las investigadoras, no solo no tenemos paciencia de participar y observar ese tipo de prácticas que incluso exageramos (volviéndolas ininteli-

¿La masiva ritualidad carismática es lo mismo que entender la historia como un proceso gobernado por Dios? ¿O más bien, se entiende como parte del proceso de cambio en las sociedades y las instituciones católicas del que no se puede decir la última palabra? Son interrogantes abiertas a la reflexión. gibles incluso para nosotras mismas), resultado de que se perciben como extrañas o extravagantes. ¡Cómo hacer una crítica de algo que no se entiende! Su aparente falta de racionalidad, teología o doctrina nos desconcierta. Y puede ser el momento de preguntarnos ¿a dónde llegarían nuestras reflexiones si consideramos la gestualidad corporal y emotiva como formas sagradas-paganas, en que los carismáticos establecen la relación con Dios y lo trascendente?

Contagio

Quizás en esos comportamientos rutinarios del culto existe una forma de comprender las relaciones de poder. Si el rito es un lenguaje que por lo tanto se traduce en ideas. Creo que los carismáticos defienden una relación vertical entre ellos y la divinidad ungiéndose del Espíritu Santo en forma de carismas. Pero esa descripción es insuficiente, porque como resultado de la acción sistemática y disciplinada configuran relaciones con sus semejantes. Una vez se ha recibido la gracia del Espíritu (en una relación vertical), el creyente participa de las comunidades con plenos derechos como persona miembro de una comunidad extraterritorial. Al mismo tiempo que se construyen templos en los pueblos como formas de distinción religiosa entre comunidades; las fronteras entre éstas se vuelven porosas, haciéndose compati-

bles los préstamos y los contagios. Los carismáticos han renovado la ritualidad católica tradicional, incorporando al culto signos corporales admitidos por la efusión del Espíritu Santo, el poder de la oración gozosa, la prédica, hablar en lenguas extrañas, las oraciones de sanación y liberación, la portación cotidiana de la biblia, la música casi estridente. La música puede ahuyentar a cualquier observador externo. La música calla al cuerpo, pero ahí en el movimiento corporal se encuentra el contagio. Me detuve en la gestualidad corporal, tal vez porque había leído a Marcel Mauss, que propuso a principio de los 70 a la Unesco hacer un inventario mundial de los movimientos del cuerpo, patrimonio infinito de la humanidad. Para Mauss (1971) el contagio puede ser entendido como las relaciones de similitud, contigüidad y contraste (o diferencia) que existen en las prácticas mágicas. Perfectamente, la noción de contagio, nos puede ayudar a comprender otras formas de acción colectiva o de masas, como la religiosa. La simpatía o contigüidad en la tradición mágica puede tener lugar por medio de la relación que el todo tiene con una de las partes, o bien resultado del contacto accidental. Quizás el contacto o pentecostalización del mundo católico sea también resultado de prácticas cada vez más toleradas y admitidas en el medio social. Para que tenga lugar el contagio y los préstamos, el hombre habrá tenido que vencer el temor a ser tocado por lo desconocido o lo extraño.

El límite se respeta

“El hombre elude siempre el contacto con lo extraño”, escribió Elías Canetti en Masa y Poder (1981), y “Solo inmerso en la masa puede el hombre redimirse de este temor al contacto”. A diferencia de la “masa abierta” cuya desintegración comienza a penas a dejado de crecer; la masa cerrada renuncia al crecimiento y pone su mirada en la necesidad de perdurar. Sabe fijar sus límites. “Se hallan vigilados los accesos a su propio espacio; a ella no puede ingresarse de cualquier manera. El límite se respeta” -escribió Canetti. Probablemente, la movilización carismática sea un tipo de “masa cerrada” cuyos ritos de adhesión o de ingreso se encuentran institucionalmente regulados, aunque no siempre bajo control absoluto. Pero la masa de que habla Canetti, encuentra su expresión en la historia con lo que llama la descarga. La descarga de la masa es “el instante en el que todos los que pertenecen a ella quedan despojados de sus diferencias y se sienten como iguales… Entre estas diferencias, debe hacerse especial hincapié en las impuestas desde fuera: diferencias de rango, posición y propiedad”. Es el instante de la descarga el que consuma la posibilidad de destrucción. Pero volviendo al terreno, son las emociones y sentimientos de la acción colectiva lo que caracteriza a los carismáticos católicos. En las comunidades domiciliares formadas por relaciones de vecindad o parentesco es el lugar del encuentro íntimo y cotidiano de los fieles; los grupos de oración la forma de organización y la asamblea es la forma de movilización. Se trata a fin de cuentas de formas heterodoxas de religiosidad dentro del catolicismo que admite signos de forma pentecostal, doctrina católica y la pervivencia de costumbres locales, envueltas en las expresiones gestuales de los creyentes. *Antropóloga

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Tragaluz Ricard Torrent* ranz Kafka Löwy, nació en Praga en 1883 en el seno de una familia judía. Fue hijo de un hombre de negocios, cuyo carácter dominante lo obsesionó tanto en su vida afectiva como en su obra. Marcado por la personalidad de su padre, adoleció siempre de una gran inseguridad e inestabilidad vital y afectiva que le hizo trabar relaciones amorosas con diversas mujeres con las que acabaría, ineluctablemente, rompiendo: Felice Bauer, Julie Wohryzek, Milena Jesenska... Solo con Dora Dymant llegaría a vivir, al final de su vida, unos meses de felicidad. Murió en un sanatorio cerca de Viena el 3 de junio de 1924, tras haber pedido a su gran amigo Max Brod la destrucción de su obra, que aparecería casi toda ella póstumamente. Se ha dicho hasta la saciedad que la figura paterna resultó siempre avasallante para la sensibilidad de este escritor, muerto prematuramente a la edad de 41 años. Y es que algo de eso resulta patente en el fragmento inicial de su célebre Carta al padre, publicada años después de su fallecimiento: “Querido padre: No hace mucho me preguntaste porqué digo que te tengo miedo. Como de costumbre no supe qué contestarte; en parte, precisamente, por el miedo que te tengo; en parte porque en la explicación de dicho miedo intervienen demasiados pormenores para poder exponerlos con mediana consistencia. Y si, con esta carta, intento contestar a tu pregunta por escrito, lo haré sin duda de un modo muy incompleto, porque, aún escribiendo, el miedo y sus consecuencias me atenazan al pensar en ti, y porque las dimensiones de la materia exceden con mucho los límites de mi memoria y de mi entendimiento...”

País fronterizo

La carta fue escrita en noviembre de 1919 en Schelesen, pequeña localidad al norte de Praga, durante una de las frecuentes huidas que Kafka, el solitario, se imponía para estar más solo, y que en aquel entonces le imponían también los médicos para curarlo de una tuberculosis pulmonar diagnosticada dos años antes. Esas ausencias de Praga fueron siempre breves; jamás abandonó su ciudad, pese a los propósitos repetidos de huir de ella y a la esperanza de “poner casa en un país lejano”. Por esa misma época, consigna en el diario: “el país fronterizo entre la soledad y la compañía lo he traspasado raras veces; me he establecido en él incluso más largamente que en la soledad misma. ¡Qué país más vivo y hermoso debió de ser, en comparación con éste, la isla de Robinson!” Schelesen fue también un país fronterizo. En una primera estancia, durante el otoño de 1918, conoció en él a Julie Whoryzek, hija de un servidor de sinagoga, una especie de sacristán, y a la primavera siguiente se hacían novios. Es el tercer compromiso matrimonial de Kafka y el más breve; es también el que ocasiona la carta al padre. En noviembre, roto ya el noviazgo, vuelve a la pensión de Schelesen y, durante las pocas semanas que pasa en ella, interrumpe el diario y escribe de corrido, como solía hacer, dos largas cartas: además de escribir a su padre, lo hace a la hermana de Julie, contándole con detalle las razones que le han inducido a renunciar al matrimonio. Los meses que preceden y siguen a la carta constituyen una época en la que Kafka se

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Archivo

obstina con nueva intensidad en sopesarse, en describirse dentro de su situación. Hacía más de cuatro años que escribía poco (Aforismos y Un médico rural), después de un periodo muy fecundo, entre 1912 y 1914, en que había escrito América, La condena, La metamorfosis, gran parte de El proceso y En la colonia penitenciaria. El año 1919, como el 1912, año de su encuentro con Felice Bauer, marca justamente el inicio de un nuevo periodo de fecundidad creadora con la reanudación de los aforismos titulados El; continúa con un gran número de narraciones cortas y se corona con El castillo, escrito entre enero y septiembre del 22. El deterioro de las relaciones con su padre concreta el momento biográfico de la carta. Siempre habían sido frías, por no decir hostiles. “…Vivo en el seno de mi familia, en medio de las personas mejores y más amables, sintiendome más extranjero que un extranjero. Con mi madre, en los últimos años, habré intercambiado por término medio unas veinte palabras diarias; con mi padre, nunca cambiamos apenas más que palabras de saludo. Con mis hermanas casadas y los cuñados no hablo en absoluto, sin que esté enfadado con ellos. El motivo es simplemente que no tengo una sola palabra que decirles. Todo lo que no sea literatura me aburre y lo odio, porque me demora o me estorba, aunque solo me lo figure así”. Sin embargo, esta muda indiferencia hacia el padre se convierte en indignación cuando se siente ofendido en las dos cosas más intocables que poseía: su obra y sus proyectos de matrimonio. Al llevarle Un médico rural y En la colonia penitenciaria, publicados ese mismo año, el padre le dice con desdén: “Ponlos en la mesita de noche”. Y al comunicarle que quiere casarse, el padre le reprocha que aquel matrimonio va a ser una vergúenza para los Kafka y le aconseja el burdel: “¿Es que no hay otras posibilidades? Si tienes miedo, yo mismo te acompañaré”.

Un anarquista metafísico

Hijo de su época por asimilación de cultura y por voluntad de vivir en su tiempo, Kafka no participó activamente en ninguna de las transformaciones que la época producía a su alrededor. Vivió en el centro mismo de las luchas de la burguesía alemana instalada en Praga por conservar sus privilegios minoritarios, de las luchas de los checos nacionalistas por librarse de los yugos alemanes o austríacos, de las de los grupos revolucionarios por implantar el socialismo, pero no combatió en ningún frente. Fue, como ha dicho Heinz Politzer, un anarquista metafísico. La vida intelectual intensísima que llevó, con lecturas, estudios y amistades (conoció a Einstein, trató a los pioneros del psicoanálisis y de la teoría de los quanta de Planck) no borró totalmente la imagen de un Kafka desinteresado de cuestiones teóricas, de un Kafka casi provinciano. El momento literiario en que se formó su obra fue igualmente contrastado. La llamada “Escuela de Praga”, con Rilke, Max Brod, Franz Werfel, cultivaba exotismos líricos u originalidades de gusto equívoco, con reacciones de diáspora almana en una lengua forzada y subvencionada por el Estado. Era la época en que Jaroslav Hasek escribía El buen soldado Schweick y emprendía sabotajes políticos por su cuenta, en que Musil com-

De 1933 a 1945, Franz Kafka fue perseguido por el nazismo: las tres hermanas, Elly, Valli y Ottla, fueron asesinadas en campos de concentración, como lo fueron por otra parte la mayoría de sus parientes y amigos. batía el tedio en Viena escribiendo El hombre sin atributos y Thomas Mann ganaba el Premio Nobel y conquistaba el título del más grande novelista de la primera mitad alemana del siglo XX, Kafka en medio de todo ello no bailaba otro baile que el suyo propio. Sin embargo, de nadie se alejó más que de sus amigos de Praga, y nadie como él guardó fidelidad a la lengua degradada con que había de trabajar. La rara belleza de su alemán limpio y claro, puro de tan pobre, donde las palabras nunca quieren decir más que lo que dicen, no se explica con justeza por las condiciones excepcionales en que hablaban y escribían aquella lengua los ciudadanos de Praga. Resulta sugerente pensar en otros contemporáneos suyos más lejanos, como James Joyce o como el propio Proust. Un genial solitario que siguió su camino cruzándose con todos los caminos de su tiempo y más allá de su tiempo. De 1933 a 1945 fue perseguido por el nazismo: la tres hermanas, Elly, Valli y Ottla, fueron asesinadas en campos de concentración, como lo fueron por otra parte la mayoría de sus parientes y amigos. Desaparecieron manuscritos, archivos y recuerdos, las obras fueron prohibidas. A partir del 45, la existencia de Kafka fue oficialmente ignorada en Checoeslovaquia y en toda el área de influencia staliniana, mientras que su obra era redescubierta y reintepretada por el existencialismo europeo. En 1963, Kafka regresa al Este, cuando los intelectuales socialistas, reunidos en Leblice, huéspedes de la Universidad de Praga, se dieron cuenta de que estaban a punto de perderlo por estrechez mental. *Ensayista


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Ventanas

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Retorno

Fuego neandertal

Un grupo internacional de investigadores descubre en las profundidades de la cueva francesa de Bruniquel hasta 400 estalagmitas colocadas de forma intencionada en un círculo por los neandertales hace unos 176 mil años. Junto a esta composición, se hallaron restos de fuego que prueban que estos homínidos dominaban la técnica antes de la llegada del hombre moderno hace 40 mil años. Al datar su antigüedad, los expertos calculan que esta composición tiene unos 176 mil años, periodo que se corresponde con la presencia de los primeros neandertales (Homo neanderthalensis) en Europa, y unos 140 mil años antes de la llegada del hombre moderno al continente. “Hemos realizado cerca de 15 dataciones y todas apuntan a 175 mil años de antigüedad, y esto se debe a la calcita que recubre estas estructuras, que es un material muy antiguo. Pero en Europa, en esas fechas, solo vivía una especie del género Homo, los neandertales. Solo pueden haberlo hecho ellos”, explica Jacques Jaubert, coautor del trabajo y profesor de Prehistoria en la Universidad de Burdeos en Francia. Los neandertales alinearon estas estructuras en cuatro filas de círculos y las apilaron, después de arrancarlas de la pared de la cueva. Además, El equipo realizó una fotogrametría 3D y una prospección

arqueo-magnética para identificar las zonas calentadas y los focos hallados. «estos análisis físicos confirmaron la presencia de material calentado», observa el investigador francés. Este descubrimiento asombra a los investigadores ya que no solo es la evidencia más antigua de la capacidad constructora de los neandertales, sino también la de su control del fuego antes de la llegada del Homo sapiens a Europa. “Los neandertales circularon en las profundidades de las cuevas, han superado obstáculos como la oscuridad, y el miedo a lo desconocido gracias al alumbramiento con el fuego”, señala Jaubert. Pero el significado y función de esta composición es un misterio. “No se va a más de 300 metros bajo tierra por placer”, exclama el científico francés. Al ubicarse en la profundidad de la cueva, donde apenas llega la luz, el equipo sugiere que podría tener fines rituales, pero no descarta que los neandertales utilizasen este espacio para almacenar el agua que se filtraba por las paredes. El análisis del terreno revela marcas de calor a partir de las que el equipo trazó un mapa de los puntos de luz simple.Los restos de fuego revelan que antes del Homo sapiens los primeros neandertales sabían utilizarlo para circular en un espacio cerrado.

Sinc*

estera Muierii, que significa literalmente ‘Cueva de la Mujer’, en Rumania, es un monumento natural de piedra caliza que alberga un verdadero tesoro paleontológico, compuesto por huesos de osos de las cavernas y de humanos antiguos. Allí se han encontrado los restos de una mujer que vivió hace 35 mil años, identificada por las siglas PM1. Ahora, el análisis de su ADN mitocondrial revela que pertenecía a un linaje genético ancestral que nunca antes se había encontrado en un humano. Y algo más: apoya la idea de que hace 45 mil años, algunos de los humanos modernos que se expandieron por Eurasia emprendieron una migración de vuelta al norte de África, posiblemente huyendo de las inclemencias climáticas. Hace entre 60 mil y 120 mil años, los humanos iniciaron su dispersión fuera de África. Estos individuos se expandieron por Asia y con el paso del tiempo acumularon mutaciones genéticas. De esa manera, sus genomas mitocondriales –información genética que solo se transmite de madre a hija–, con origen africano, dieron lugar a otros linajes. Uno de ellos, el U6 basal, de origen euroasiático, no había sido identificado hasta ahora en ningún humano. Esta mujer llamada PM1 representa un descendiente en Rumania de la migración de vuelta que se inició hace más de 40 mil años Gracias al análisis del genoma mitocondrial de PM1, un equipo internacional de científicos, liderado por españoles, ha demostrado por primera vez que un individuo de 35 mil años de antigüedad porta el linaje mitocondrial U6 basal. “Es la primera evidencia de la existencia de este linaje en un individuo de 35.000 años de antigüedad en Europa”, señala Concepción de la Rúa, investigadora principal del estudio publicado en Scientific Reports y profesora en el departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal de la Universidad del País Vasco. Con la extracción del ADN de dos dientes de PM1 y el análisis y secuenciación de su mitogenoma, los autores presentan una prueba directa y real de que este linaje mitocondrial existió en el este de Europa, proveniente del oeste de Asia. Su dueña formó parte de la primera población de nuestra especie


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a África Los restos de una Homo sapiens hallados en una cueva de Rumanía revelan que durante el Paleolítico superior, grupos humanos retornaron al norte de África desde Eurasia. La mujer, descendiente de estas poblaciones, pertenece a un linaje mitocondrial que hasta ahora no se había identificado en ningún otro humano.

que habitó en Europa tras la expansión eurasiática de Homo sapiens desde África. Dadas las condiciones climáticas y ambientales adversas que azotaban Eurasia en aquellos tiempos, las poblaciones de este linaje ancestral pudieron retornar a África hace entre 40 mil y 45 mil años, durante el Paleolítico superior. “Como esta migración duró miles de años, se fueron acumulando mutaciones en el genoma U6 basal, dando lugar a los linajes descendientes que existen en la actualidad en el norte de África”, declara la científica.

Evidencia directa de la vuelta a África

Los hallazgos del trabajo sugieren que se produjo una migración de vuelta a África desde Eurasia de grupos humanos que portaban genomas mitocondriales tipo U6. “El origen euroasiático del linaje U6, la existencia del linaje basal en Rumania hace 35 mil años, y los datos de los linajes del U6 de las poblaciones actuales norteafricanas, avalan la existencia de ese retorno”, recalca De la Rúa. Para los investigadores, esta mujer llamada PM1 representa un descendiente en Rumanía de la migración de vuelta que se inició hace más de 40 mil años. Gracias a su genoma, “hemos podido recalcular el tiempo de origen del ancestro común de los linajes U6”, afirma la experta. Hasta ahora, los científicos no habían podido obtener evidencias directas de este fenómeno migratorio debido a la escasez de muestras antiguas. Además, como se trata del ADN mitocondrial, este puede desaparecer si una mujer no tiene hijos o si sus únicos descendientes son varones. “La extinción del linaje mitocondrial de PM1 pudo haber ocurrido hace cientos o miles de años después de la existencia de esta mujer. Las personas que volvieron a África estaban genéticamente relacionadas con ella, pero no podemos hablar de parientes porque transcurrió un gran número de generaciones entre las poblaciones que empezaron a volver a África y las que llegaron al continente”, apunta De la Rúa. Una vez que los científicos terminen de secuenciar el genoma nuclear de PM1, podrán analizar algunas de las conexiones que existieron entre las poblaciones del norte de África y las poblaciones antiguas de Eurasia. *Sistema de información y noticias científicas.

Dadas las condiciones climáticas y ambientales adversas que existieron en ese periodo en Eurasia, las poblaciones de este linaje ancestral pudieron retornar a África hace entre 40 y 45 mil años.

Antes de la llegada del Homo sapiens a Europa, los neandertales exploraban el viejo continente en busca de cuevas en las que protegerse del clima y de depredadores como los osos. Uno de estos lugares es la caverna de Bruniquel –al sureste de Francia– en la que, desde 1990, se han encontrado numerosos huesos y marcas del paso de estos homínidos.

La realización de los anillos se planificó cuidadosamente, aseguran los investigadores, porque emplearon estalagmitas de tamaño similar. Para evitar derrumbes apuntalaron las figuras. Además, en la zona han aparecido elementos para la construcción y rastros en las paredes de donde extrajeron las estalagmitas.

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Revista Viernes No. 136 03062016 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu