LA VIDA PUEDE SER TRISTE Autora: Prof. Zita Condori Cruz
CAMARGO
Municipio: Camargo, U.E. Huaca Cancha
Embarazo forzado / servidumbre costumbrista
En la comunidad de Huaca Cancha vivía una madre viuda, cuyo nombre era Sabina Contreras. Su esposo enfermó de chagas, falleció y la dejó a cargo de cinco hijos. Doña Sabina también tenía la enfermedad de chagas, por esta razón no podía trabajar tan duro como ella quería y por eso no podía sostener la economía de su hogar ni podía cubrir la alimentación de sus hijos. La hija mayor se llamaba Estela Quispe Contreras y tenía apenas 10 años. Al ver sufrir a su madre, pensaba cómo podía ayudar, así que decidió irse de su pueblo con el fin de ganar dinero y ayudar a su madre. Estela había llegado a la feria de Chinimayu, sola y desorientada, no sabía a donde dirigirse, mientras observaba alrededor con ojos extraviados, se le acercó una comerciante de abarrotes. Le preguntó qué estaba haciendo, y Estela un poco animada le dijo que estaba buscando trabajo. La comerciante la miró y la convenció de irse con ella a la ciudad de Potosí. Estela, emocionada le dijo que si y le preguntó – Señora, ¿Cuánto me vas a pagar? -, la señora le respondió - Usted, ¿cuánto quiere ganar? Estela no sabía bien qué decirle, no sabía cuánto podía cobrar, pero pronto le respondió que quería ganar mil bolivianos y la comerciante le aceptó. Llegaron a la ciudad de Potosí y llegaron a su casa. Al llegar la señora le preguntó a Estela cómo se llamaba y cuántos años tenía y de dónde era. Estela contestó a sus preguntas, mientras que la señora le dijo – Yo soy la señora Rosa -. Estela estaba ilusionada, porque tenía la posibilidad de apoyar a su mamá en la casa. La señora amablemente le mostró un cuartito muy pequeño y frío y le dijo, este va a ser tu cuarto y desde mañana empiezas a trabajar, Estelita. Al día siguiente, aunque Estela estaba emocionada, no sabía qué hacer ni por dónde empezar. La señora Rosa le llamó para mostrarle e indicarle todo lo que tenía que hacer. Al día siguiente salió de viaje otra vez. Estelita soy yo, y hasta aquí mi historia parecía que iba a mejorar cada día más. En la vida real no siempre es así. Yo cocinaba en la casa para sus dos hijos universitarios y para su esposo. Mientras que la señora Rosa siempre viajaba. Cuando sus hijos Juan y Arturo volvían de la universidad y sonriendo me decían: - Cholita ¿me puedes servir comida? - Uno de esos días el hijo Juan me tiró la comida en la cara porque dijo que se la había servido fría. Empecé a sentir que todo estaba cambiando, ya no me sonreían amablemente. Me empezaron a tratar mal, una tarde el joven Arturo me mostró un billete de 10 bolivianos y yo me acerqué para tomarlos y él me tocó en aquellos lugares donde no debía, no supe que hacer. Los días pasaron así entre gritos y toques inapropiados por parte de los dos hermanos quienes me amenazaban para que no le contara a la señora Rosa: -Si le avisas, te vamos a matar -.
102